El amor, principio básico
(Pr. Aarón A. Menares Pavez, Orador Nuevo Tiempo – Chile)
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¿Cómo definir el amor?  Ha sido motivo de poemas, canciones, obras literarias, obras fílmicas e incluso la filosofía ha tratado de explicarla.  El amor aparece como plataforma de acciones, actitudes, razones y pasiones.  Se habla de amor humano, de amor divino.  Del amor soñado o perfecto, que más está en las Pléyades que el romanticismo adolescente puede otorgar.

La Biblia habla del amor, entendemos el amor perfecto, que no se auto-complace, que es sinónimo de entrega, de dedicación sin condiciones a una causa o a  alguien en particular.  Jesús vivió el amor, lo entregó, es más su ministerio fue de amor, de entrega incondicional.  De todas las virtudes que aparecen en la Palabra de Dios, el amor es la mayor de todas (1Co 13:2).  Toda obra que no tenga la base del amor, se transforma en una obra egoísta, que finalmente no sirve.

En la relación con Cristo, el amor se convierte en un elemento esencial.  Al relacionarnos con Él, nuestra mente es transformada de acuerdo a lo que recibimos de su parte, a través de la Biblia.  Como en toda relación existe el crecimiento en confianza y cariño, por lo que llegamos a experimentar amor por Él.  Esta es la experiencia que está propuesta para cada uno de nosotros como enriquecimiento espiritual.  Él nos ha amado primero (1Jn 4:19), por esto es que ahora nosotros le amamos, como respuesta a su amor incondicional.  Él no pone condiciones para entregar su amor, lo entrega simplemente.  Su amor está expresado en cada momento, en nuestras relaciones familiares, en nuestros hijos, en cada alegría que disfrutamos, al comer, al amanecer vivos.  Nuestro amor no es altruista, siempre pensamos en dar y recibir, en cambio su amor es distinto, es entrega sin esperar recibir.  Su ruego tiene que ver con que recibamos y entreguemos, haciendo puente con otros.

Dios es amor.

Dios es amor (1Jn 4:8), esta es una declaración total y concreta.  Si bien es cierto que tanto en el Antiguo Testamento existen historias que para algunos son visiones de un Dios que es incluso cruel, estamos en condiciones de señalar que Dios es amor. 

Por ejemplo, nos creó (Gn 1:26-31).  Que bondad tan grande de compartir la vida con seres como nosotros.  Una explicación para que la vida en este planeta en todas las órdenes tienen que ver con su amor.  Piense en lo siguiente: Antes de crear a Adán y Eva, Dios hizo un mundo lindo, lleno de sorpresas, de hermosos paisajes y tiernos animales, un ambiente ideal para llevar una vida plena, sin enfermedades y dolores.  Eso es una expresión de amor.  Su naturaleza lo lleva a que seamos felices a que las criaturas experimenten la plenitud de la paz y la felicidad.  Incluso con el pecado, aquellos que mantenemos una relación estrecha con Cristo, podemos decir categóricamente que a pesar del pecado y el dolor que abundan en este planeta infectado con el pecado, podemos ser felices.  El propósito del evangelio es brindarnos una nueva visión de las cosas, es mirar la vida desde arriba o con los ojos de Dios.

Las historias dramáticas del Antiguo Testamento están registradas para comprender y asimilar los principios del gobierno divino y de ilustrar que cuando sean hechas todas las cosas de nuevo, no habrá más llanto ni dolor.  La erradicación final del pecado, por dolorosa que sea, será la consecuencia a todo ese amor brindado por Dios.  Los juicios registrados en la Biblia  contra otras naciones tenían el objetivo de ilustrar la obra final de Dios sobre el pecado, después de concluido el juicio.

Cristo y el amor

Pareciera más normal, ver el Nuevo Testamento, como un texto que presenta a un Dios bondadoso en contraste con el AT, sin embargo sigue siendo el mismo Dios, con las mismas virtudes, aunque en un tiempo distinto.  La venida de Jesús en el N T es el cumplimiento de las promesas del AT, es el símbolo hecho realidad.  Cristo vino y trajo paz, sano los enfermos, resucitó muertos, con sus palabras entregó esperanza, alegría, reconfortó los sueños y por supuesto la oportunidad de una nueva vida.

Él se entregó, el cielo lo obsequió a la humanidad (Jn 3:16; Fil 2:5-8), por esto es que su aspecto por siempre será el de un ser humano glorificado , dejó la gloria por tomar  la miseria.  Dejó su trono para rescatarnos, llevando sobre si y recibiendo el castigo que nosotros debimos recibir (Is 53), para que de esa manera  los resultados de nuestra transgresión no caigan sobre nosotros.  ¡Eso es amor!  En su ministerio no discriminó a nadie, no lo hizo siquiera con los que lo humillaron, incluso oró por ellos en la cruz.  No existe hombre capaz de realizar lo que Él hizo, porque nada de lo que hacemos está desprovisto de egoísmo.

El amor de Cristo nos constriñe

El regalo divino, incluye la transformación de todo el que se lo permita.  Pablo testifica de aquello en sus epístolas.  Su relación ha llegado a ser tan estrecha que incluso señala que “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi” (Ga 2:20).  Este es el ideal para todo cristiano, vivir en y para Cristo.  Entonces el apóstol categóricamente nos dice: “Porque el amor de Cristo nos constriñe” (2Co 5:14).  La palabra constreñir, tiene la idea  de  obligar a uno a que haga algo, es decir para Pablo se transforma en un deber, en una necesidad como respuesta a la misericordia divina, permitir una intervención divina en la persona.  Entonces diría el apóstol  que el amor de Cristo, su entrega y sacrificio se transforman en la motivación principal para nuestra aceptación de Jesús como salvador.  Entonces si Él murió, en Él también lo hicimos nosotros los penitentes y gracias a esto llegamos a experimentar el milagro de la nueva vida (1Co 5: 16, 17).

Es entonces una necesidad para el hombre aceptar la sustitución y redención lograda por Cristo cuando murió en nuestro lugar, por lo tanto llama a todo creyente a hacer real su comunión de dependencia con el Maestro.

Ante la realidad de la vida cotidiana, no podemos atribuir a Dios los resultados del dolor.  Tampoco es responsable de la muerte, la enfermedad y la maldad.  Todo aquello ha tenido un origen totalmente contrario a la naturaleza divina.

Dios es amor, es así porque su naturaleza es amor (1Jn 4:8), por lo que toda obra que realice, incluyendo los actos de  justicia, son expresiones de bondad para beneficio de sus hijos.  Vivir su amor, experimentar su presencia y bondad plena, no dependen del cielo ni de Dios mismo,  sino que dependen exclusivamente de nuestra respuesta a su amor que llega a manifestarse como resultado de la misma en una nueva vida en Cristo.


Elena de White, Deseado de Todas las Gentes, 17.

 

 

El amor, principio básico