INTRODUCCIÓN |
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Uno de los grandes pensadores de los siglos XVIII y XIX, Pierre
Laplace, escribió un libro acerca del movimiento de los planetas. Lo
llamó Mecánica celeste, y presentó en persona un ejemplar del libro
al emperador Napoleón. Alguien le había dicho anticipadamente,
a Napoleón, que el libro nunca mencionaba a Dios. El Emperador
tomó el libro y dijo: “Sr. Laplace, me dicen que usted escribió este
libro grande sobre el sistema del universo, y que ni siquiera mencionó
a su Creador”. Laplace, resueltamente, respondió: “No tengo
necesidad de esa hipótesis”.
Este incidente es una metáfora para lo que ha sido conocido
como “la Era Moderna”, una era en la cual la lógica, la razón y la
ciencia han formado el fundamento de toda verdad. De acuerdo con
este concepto, toda la realidad se puede reducir a fórmulas, leyes y a
predicciones científicas. Si algo no se puede explicar por medio de la
lógica, la razón y la ciencia, entonces no es real.
En años recientes, ha habido una reacción contra esta forma de
pensar. La gente no cree, y con razón, que toda la realidad pueda ser
explicada con la fría racionalidad sola. Hay algo acerca de nosotros
que ninguna fórmula, ningún tubo de ensayo, ninguna ley científica,
alguna vez pudo captar.
Esta reacción se ha difundido a todos los ámbitos de la vida,
incluyendo la religión; sin embargo, como sucede con la mayoría
de las reacciones, en algunos casos ha ido demasiado lejos, hasta el
punto de poner a un lado o ignorar el concepto de la verdad doctrinal.
Lo que es importante, se nos dice, no son las enseñanzas o la
doctrina, sino la experiencia. Lo que hace tu fe por ti ahora, eso es lo
que importa. En lugar de decir: “Aquí hay razones que nos obligan a
creer en Jesucristo y en su promesa de salvación”, la tendencia (otra
vez, una reacción) es decir: “Nuestra comunidad de fe te invita a
unirte con nosotros en esta aventura de confianza y compromiso”.
Ahora bien, esto no es del todo malo. ¿No dijo Jesús que su verdad
tendría resultados concretos y prácticos en nuestras vidas (Juan
8:32)? Por supuesto. La verdad no es solo el conocimiento de doctrinas
y textos, sino algo que influye sobre el creyente en el ámbito
personal. La verdad afecta la vida espiritual e impacta en cómo una
persona se relacionará con los desafíos de la vida diaria. Hay un
aspecto práctico de nuestra religión, que cambia la vida, que nunca debiera ser negado o denigrado. Al mismo tiempo, el lugar de la experiencia
nunca debería disminuir la importancia de las enseñanzas
bíblicas correctas.
Este trimestre queremos considerar ambos aspectos de nuestra fe:
la doctrina y la experiencia. En nuestro estudio durante este trimestre,
nos concentraremos en trece temas esenciales de la fe cristiana, trece
enseñanzas esenciales. La lección de cada semana intentará mantener
un equilibrio cuidadoso entre una comprensión bíblica correcta
de estos diversos elementos de nuestra fe y cómo impactan en nuestra
experiencia diaria. Es nuestra esperanza que al final del trimestre
no solo entiendas mejor estos temas, sino también hayas sido enriquecido
en lo que se refiere a tu experiencia cristiana. Cada lección
no es solo acerca de la verdad sino acerca de “la verdad como es en
Jesús”.
Después de todo, él es el Alfa y la Omega de nuestra fe. Puede
haber trece temas diferentes, pero tendrán un mismo centro: aquel en
quien “vivimos, y nos movemos, y somos” (Hech. 17:28).