| Esperimentar lo mejor que Dios tiene para ti |
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Cada día se presentan situaciones en nuestra vida que exigen tomar decisiones. Y, como ya sabemos, nuestras elecciones determinarán la calidad de nuestra 'vida. Debido a esto, es importante buscar la dirección divina, a fin de conocer lo que Dios tiene para nosotros. Lo que Dios se propone hacer en favor de cada uno de sus hijos siempre es lo mejor. ¿Cómo descubrir lo mejor de Dios para nosotros? La respuesta es doble. Primero, debemos estar convencidos de que los caminos de Dios son mejores que los nuestros. En segundo lugar, debemos aprender a escuchar su voz y seguir sus indicaciones.
No siempre es fácil aceptar que los caminos de Dios son lo mejor. Es un proceso difícil, porque siempre deseamos tener el control de nuestra vida y hallar soluciones humanas para nuestros problemas. Siempre estamos imaginando fórmulas para resolverlos. A veces, aunque no lo decimos de viva voz, nuestros hechos dicen que no necesitamos ayuda de nadie para afrontar nuestras cargas. Pero, gracias a Dios, él siempre está dispuesto a ayudarnos y bendecirnos. No hay nadie que conozca mejor nuestras necesidades que él. Solamente cuando entendemos esto estamos dispuestos a escuchar al Señor y a seguir sus instrucciones. Permitamos que eí Espíritu Santo tome control de nuestra vida y nos enseñe a discernir entre lo bueno y lo mejor.
Una señal de que escuchamos la voz de Dios y seguimos su voluntad es una sensación de paz que sobrepasa todo entendimiento. Dios dice: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros [...], pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» fjer. 29:11). Permite que Dios realice sus planes para ti. Es increíble que nosotros mismos impidamos que Dios realice lo que anhela hacer por nosotros.
EÍ salmista dijo: «Jehová cumplirá su propósito en mí». Esa confianza le daba paz y seguridad. Lo mismo nos ocurrirá a nosotros. Si ponemos nuestra vida en las manos de Dios y dejamos que él cumpla los propósitos de misericordia que tiene para nosotros, el resultado será la paz y la seguridad. Andaremos por la vida con paz, porque éí está obrando a nuestro favor.
Hoy tendrás que adoptar decisiones. Quizá tendrás que decidir la compra de una propiedad o iniciar una carrera en la universidad. O quizá tendrás que tomar la gran decisión de quién será tu futuro cónyuge. Deja que el Espíritu de Dios te guíe para encontrar lo mejor que Dios tiene reservado para ti.
Siempre Gozosos Experimentando el amor de DiosJuan O. Perla |
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| Cómo reconocer la voz de Dios |
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Eran aproximadamente las diez de la noche cuando un joven, miembro de la iglesia, se puso de rodillas para presentarle al Señor una de sus necesidades más urgentes. Para realizar su trabajo con mayor eficiencia necesitaba un carro. Como no tenía un solo centavo en el bolsillo, su única posibilidad de obtener ei dinero era pedir al Señor que hiciera un milagro. Pensó en comprar un billete de la lotería que se realizaría al día siguiente. En el país donde vivía se acostumbra que ia víspera del sorteo los vendedores de billetes de lotería recorrieran las calles, anunciando en voz alta los últimos billetes. En su oración, el joven al que nos referimos, dijo: «Señor, tú sabes que necesito con urgencia un carro. Si en este instante pasa un vendedor de lotería, anunciando sus billetes, reconoceré que tú estás hablando y lo compraré, y tú harás el milagro de que yo gane eí sorteo para conseguir el dinero que necesito para comprar el carro». En eí instante en que terminó de orar escuchó la voz de un vendedor. Se levantó de sus rodillas y compró el billete de lotería.
¿Fue Dios quien habló a aquel joven? Es importante discernir la voz de Dios, especialmente cuando se deben tomar decisiones difíciles.
Hay varios principios que todos podemos aplicar para saber con certeza si lo que escuchamos es la voz de Dios o una bien distinta. Lo más básico y seguro es que respondamos con sinceridad la siguiente pregunta: ¿Está ia decisión que pienso adoptar en armonía o en conflicto con la Palabra de Dios? El Señor nunca nos pedirá que hagamos nada que sea contrario a lo que ya ha revelado claramente en su Palabra. La mejor manera que tenemos siempre a nuestro alcance para reconocer la voz de Dios sin temor a equivocarnos es dedicar tiempo suficiente a leer y meditar en las Sagradas Escrituras.
Conocer la Palabra de Dios como resultado de un estudio diligente nos ayudará a distinguir la voz de Dios de ¡os engaños sutiles de Satanás o de los mensajes que envía la carne mediante sus deseos.
No desperdicies tu tiempo analizando las muchas voces que escuchas. Conoce la voz de Dios registrada en su Palabra y te será más fácil reconocerla a la primera en lo sucesivo, para descubrir su voluntad y tomar la mejor decisión en todos los asuntos de la vida.
Sed y hambre de Dios |
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Conocer a Dios es fundamental para ser salvo. Nuestro Señor lo dijo de la manera más clara posible: «Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17: 3). ¿Qué es conocer a Dios? Es conocer de él cuanto podamos, igual que sabemos muchas cosas de las personas que conocemos y por eso las amamos. No te pierdas en razonamientos. Conocer a Dios es tener una relación con él como la relación que tienes con ía persona que más amas en la vida.
¿Cómo podemos conocer a Dios? Ten la completa seguridad de que ninguna persona conocerá a Dios si se sienta a esperar hasta experimentar un sentimiento o una emoción que le confirme que el Señor le ha hablado.
Conocer a Dios requiere un esfuerzo constante. Es necesaria una búsqueda deliberada y sincera. Uno debe proponerse conocer a Dios y a su Hijo Jesucristo. Luego, confiar en que él responderá al deseo del corazón, al grito de su alma.
La manera principal que tenemos a nuestra disposición para aprender más de Dios es a través del estudio de su Palabra y de la comunicación con él a través de la oración. Tal vez ya hayas escuchado demasiado la amonestación de orar y estudiar la Palabra. Quizá estés cansado de escuchar el consejo: «Ora y estudia cada día la Palabra de Dios». Sin embargo, hay una razón fundamental detrás de ese consejo: únicamente a través del estudio constante de las Escrituras (sea leyéndola o escuchando cómo la lee otra persona) y de la perseverancia en la oración se puede profundizar en el conocimiento de Cristo.
Recuerda que la Biblia es el producto de la mente y el corazón de Dios. Es la herramienta principal que él utiliza para que podamos conocerlo mejor. Es la manera en que se revela a sí mismo, para evitar que nos inventemos un dios a nuestra imagen y semejanza, un dios a quien haya que convencer mediante muchos ruegos y sacrificios para que sea movido a compasión; o un dios que no demande un estilo de vida conforme a su propia voluntad.
Adopta una decisión que será una bendición para ti durante el resto de tu vida. Decide hoy que, a través de la oración, la asistencia a la iglesia, el estudio de !a Biblia, y otras lecturas y otras actividades piadosas, serás tenaz en tu esfuerzo por conocer a Dios y su voluntad, sus caminos y sus propósitos.
| Dios nos visita de diferentes maneras |
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Si alguien te dijera a hoy: «El Señor se te aparecerá en cualquier momento, entre ahora y la puesta del sol», probablemente responderías: «Bueno, si se me va a aparecer hoy, como usted dice, seguramente lo reconoceré». Elias nunca imaginó que estaba a punto de ver una manifestación de la gloria de Dios como nunca había tenido la oportunidad de verla (1 Rey. 19: 9-18). Pero él no había venido a buscar una manifestación de la gloria de Dios. Estaba muy deprimido. Venía huyendo de sus enemigos. Había abandonado el puesto del deber y había dejado inconclusa la obra de reforma que Dios le había encomendado.
Sin embargo, Dios, que comprende las debilidades de sus siervos, de ti y de mí, vino a buscarlo a una cueva remota del monte Horeb. Primero le hizo la punzante pregunta: «¿Qué haces aquí, Elias? ¿Quién te envió aquí?» Luego le reveló aquello que él anhelaba ver y experimentar: «Éí íe dijo; Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado» (1 Rey. 19:11-12). Obsérvese que Dios no estaba en el poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas. Tampoco estaba Dios en el gran terremoto ni en el gran fuego. Seguramente Elias había creído que Dios estaba en aquellas poderosas manifestaciones del poder de la naturaleza. Como nosotros, tenía la noción clara del poder de Dios. Esperaba ver y sentir ese poder para creer que Dios estaba con él. Pero la Biblia dice algo maravilloso: «Y tras el fuego un silbo apacible y delicado» (1 Rey. 19:12).
Por supuesto, Dios había estado en el viento, en el terremoto y en el fuego. Pero quiso manifestarse a su siervo en la forma en que siempre lo hace por amor y compasión de nosotros: en forma humilde, como le apareció a Moisés en ía zarza ardiente o como apareció él mismo cuando vino a¡ mundo: «Como raíz de tierra seca. No tenía belleza ni majestad para atraernos» (Isa. 53:1).
¿Has escuchado el silbo apacible y delicado? Decide hoy reconocer a Dios en cualquier circunstancia de tu vida.
| Dios está más cerca de lo piensas |
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Muchas personas están inquietas y perturbadas por la aparente lejanía de Dios. Les parece distante y se imaginan que no tiene ninguna preocupa-.ción por lo que acontece aquí en la tierra. Creen que Dios los creó, pero que inmediatamente los abandonó. Les parece muy lejano, reservado e irreal. Se unen a Job en el grito: "¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! ¡Yo iría hasta su silla!» fjob 23: 3). Este concepto equivocado acerca de Dios es el que el apóstol Juan hace añicos en su Evangelio. En el prólogo enfatiza de tres maneras el hecho de que Dios vino al mundo.
Primero: Dice que Dios vino ai mundo. Pero no caigamos en el gran error de pensar que la primera vez que Dios vino al mundo fue en ocasión del nacimiento de Jesús. No. Él vino al mundo y nunca lo abandonó. Él es la luz verdadera que alumbra a todos los hombres: «Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (Juan 1: 9). Dios siempre ha estado en este mundo para dar a todos los seres humanos vida y luz. Si Dios no estuviera aquí, ya no viviríamos o estaríamos en completa oscuridad. Es más, estaríamos muertos porque solo él tiene luz y vida. Desde la fundación del mundo siempre estuvo aquí dando luz y vida a su creación. Cada cosa hermosa, buena y verdadera que hay en el mundo nos pertenece a través de Jesucristo. Ningún ser humano, por hundido que se encuentre, es dejado en completa oscuridad.
Segundo: Él vino al mundo porque es suyo; es su creación, su propiedad. Vino a encarnarse para rescatarla. «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron». El que había venido en forma velada, vino en persona, en carne, abierta y públicamente. El Verbo eterno se hizo carne y «habitó entre nosotros». Vino como ser humano. La tragedia es que el mundo no lo reconoció.
Tercero; Todavía sigue viniendo. Nos visita a través del Espíritu Santo: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1: 12).
Y podríamos añadir un cuarto punto. Tenemos la gloriosa promesa: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3).
Gózate. Tienes un Dios que está aquí, dentro de ti. Un Dios que te acompaña de día y de noche. Ama y sirve a tu Dios.
| Llmar a Dios mentiroso |
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La pregunta que Jesús le hizo a Felipe bien podría hacérnosla a nosotros también: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?» Felipe no tenía excusa para no conocer a su Maestro. Había vivido con él tres años y medio. Jesús reprendió a Felipe por dos cosas:
Primero, por no haber mejorado su relación con él durante los tres años y medio que habían pasado juntos. Debería haber alcanzado un profundo conocimiento de Jesús. Sin embargo, por su propia confesión, no lo conocía. Dios desea que lo conozcamos en una relación íntima y personal. Él se ha revelado y ha proporcionado una manera de conocerlo a través del sacrificio de su Hijo, Jesucristo. Cuando Felipe y sus compañeros vivieron con Jesús durante tres años y medio, vivieron con el Padre, porque Jesús y el Padre, son uno. Desde el primer día que Felipe conoció a Jesús dijo que lo reconocía como el Mesías ¡Juan 1: 45). Sin embargo, al final, dijo que no conocía al Padre.
Muchos que tienen un buen conocimiento de las Escrituras y de las cosas divinas, pero que no obtienen el conocimiento esencial que se espera de ellos, no conocen a Dios por experiencia. No conocen lo que se espera que conozcan de él. Recordemos que cuanto más tiempo hace desde que conocemos a Jesús, más se espera que los conozcamos en una escala más profunda. Cristo espera que nuestra experiencia con él esté en proporción con los privilegios que nos ha dado.
En segundo lugar, Jesús reprende a Felipe porque todos los que han visto a Jesús por la fe han visto ai Padre en él, aunque de repente no sean conscientes de haberlo visto. A la luz de la doctrina de Cristo, vieron a Dios como el Padre de las luces; en los milagros vieron al Padre como el Dios de poder. La santidad de Dios brilló en la inmaculada pureza de la vida de Cristo, y su gracia en todos los actos de gracia realizados por el Salvador.
El verdadero problema es que estamos acostumbrados a vivir con un Dios "de lejos", como se dice habitualmente. El Dios que sana al enfermo y restaura la vida de sus criaturas nos hace una invitación importante hoy. Nos invita a experimentarlo personalmente. Nos invita a hacer una realidad de su presencia en nuestra vida, a conocerlo de verdad. Creamos esta promesa hoy, pues, de lo contrario, hacemos a Dios mentiroso.
| Dialoga con las aves, las bestias y la tierra |
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Preguntar algo a las bestias de la tierra y a las de los cielos es entablar un diálogo con la naturaleza. Hablar a la tierra y a los peces del mar es entablar una conversación con la naturaleza. Se nos aconseja entablar ese diáiogo. Se nos aconseja conversar con la naturaleza. Lo malo es que la vida cotidiana que vivimos muchos de los cristianos no nos permite dialogar con la naturaleza tanto como deberíamos.
Como dice Ben Clausen, «además de la luz y otras formas de energía, el universo está formado de materia. La cubierta de aire y agua de la tierra, por ejemplo, hace ia vida posible. El veinte por ciento de oxígeno y el ochenta por ciento de nitrógeno de la atmósfera representan una mezcla ideal de gases. Más oxígeno haría que fuese casi imposible controlar los fuegos, y menos oxígeno sería insuficiente para la vida. El agua cubre el setenta por ciento del planeta y constituye más de la mitad de nuestro cuerpo. Su capacidad para absorber altas temperaturas hace descender las fluctuaciones de temperatura de ia tierra a un nivel aceptable para la vida. A diferencia de la mayoría de las sustancias, el agua se expande cuando se congela, lo que hace que el hielo flote; de otra manera, los mares se congelarían de abajo hacia arriba.
»La tierra tiene las propiedades exactas para sostener ia vida. La velocidad de su rotación es suficientemente rápida para asegurar un clima uniforme en casi toda la tierra, pero no tan rápida que cause un efecto "tío vivo" o carrusel. La fuerza de gravedad de un planeta mucho mayor sería demasiado pesada para los seres humanos. Una tierra más pequeña, con menor atracción de la gravedad, no podría retener la atmósfera».
Y ya no tenemos espacio ni tiempo para preguntarles a las aves, que van desde el colibrí, que pesa treinta gramos y puede batir sus alas doscientas veces por segundo, hasta el avestruz de 130 kilos, que puede correr a cincuenta kilómetros por hora y tiene una zancada de siete metros de largo. Si conversáramos más con la naturaleza, ¡cuántas cosas nos diría!
Cuando vemos las maravillas y singularidades de la naturaleza, nos emocionamos para decir: «Oh Jehová, Señor nuestro, cuan grande es tu nombre en toda la tierra» (Sal. 8: 9).
| El nombre Dios |
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Manoa preguntó por el nombre del ángel porque pensaba que era un profeta. Deseaba saber de qué tribu era. Quizá para llamar al niño como él. O para recomendarlo a otros que también necesitaban instrucción y consejo divino. También deseaba honrarlo, quizá enviándole un presente, un regalo, lo cual se hacía con toda persona importante. Es posible que también deseara devolverle la visita.
Pero el ángel se negó a satisfacer su curiosidad. Recordemos que cuando Jacob le hizo la pregunta al mismo ángel, este le respondió: «¿Por qué me preguntas por mi nombre?» (Gen. 32: 29). Recordemos que cuando Jacob comprendió que con quien había estado luchando era un visitante celestial, le preguntó su nombre, pero el ángel no se lo dijo. Pero a Manoa le dijo por qué no se lo decía: «Porque es maravilloso». Otra versión dice: «Porque es secreto». La pregunta de Manoa era honesta y sincera. No obstante, eí ángel no le contestó. Cuando pidió instrucciones para cumplir su deber, no se le negó la información. Pero cuando preguntó para satisfacer su curiosidad, se le negó la respuesta.
La razón por la cual Dios no revela su nombre es porque es incomprensible para el hombre. «La palabra hebrea peli es un adjetivo que significa "maravilloso". La forma sustantivada de la misma palabra se traduce "admirable" en Isaías 9: 6. La palabra indica algo extraordinario, inefable, que está más allá de la comprensión humana. La mejor ilustración del significado de esta palabra se encuentra en la forma como se usa en Salmo 139: 6: "Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender". Otra forma de la misma palabra es la que aparece en Job 42: 3: "Cosas demasiado maravillosas para mí». Manoa no era capaz de comprender el nombre del ángel» (Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 384). Y es que el "ángel" era Dios, era Cristo.
La palabra hebrea peli también significa milagro. Eso explica más todavía a Dios. Su nombre es milagro. Jesús siempre fue admirable y milagroso. Todavía sigue siendo milagroso. Cada día obra en nuestro favor para salvamos, sustentarnos y prepararnos para vivir con él por la eternidad. No podemos comprender eí nombre de Dios. Nadie lo conocerá perfectamente ni siquiera en la eternidad, porque conocer eí nombre es conocer perfectamente a quien lo lleva.
Preparémonos para conocerlo en todo lo que sea posible, ahora y en la eternidad.
| ¿Por que oras? |
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Qué esperaba hacer con la oración el discípulo que le pidió a Jesús que le enseñara a orar? Puede ser que la razón sea la de Jaimito, que habló así con su pastor: —¿Oras de noche, hijito? —le preguntó el pastor. —Sí, señor —repuso Jaimito.
—¿Y también lo haces por la mañana? —volvió a preguntar el pastor.
—No, señor —dijo Jaimito—. De día no tengo miedo.
La actitud de algunos cristianos puede ser muy parecida. La oración es un recurso muy útil cuando tenemos miedo, cuando estamos afligidos, cuando estamos pasando por una crisis. En broma se dice que quien pasa por un grave peligro en un vuelo transcontinental, llega al aeropuerto "santificado", porque se supone que oró mucho, se consagró de nuevo a Dios y renovó todos sus votos de lealtad. Pero nadie dice nada cuando el vuelo no tiene contratiempos. Se supone que el viajero no oró mucho, no se consagró, no renovó sus votos, porque no tuvo temor.
Cuan cierto es que oramos más cuando estamos en peligro de perder la vida, o de cualquier otro trance que cause preocupación. Oramos más cuando tenemos problemas de cualquier tipo. Oramos más cuando entramos a una crisis de salud, familiar, matrimonial o financiera. Oramos porque sentimos la necesidad de ayuda. Oramos porque necesitamos la intervención del poder y la providencia de Dios. Cuan parecida es nuestra actitud a la de Jaimito.
Otras veces oramos para hablar a Dios de nuestros problemas, carencias, necesidades y deseos, y para pedirle que nos ayude. Por ello, nuestras oraciones no son mucho más que una lista necesidades y peticiones. Pero Dios no necesita que le informemos de nuestros problemas. Él los conoce todos mejor que nosotros mismos. Se preocupa más por lo que nos preocupa que nosotros mismos. Está más interesado en nuestro bienestar que nosotros mismos. Dios mismo dijo: «Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído» (Isa. 65: 24). Verdaderamente esta declaración divina es una joya para los cristianos. Nos asegura que Dios no necesita que lo convenzamos con grandes clamores y largas y convincentes oraciones. ¿La razón? Porque él sabe todo lo que nos pasa, y, por su inmenso amor, se adelanta a nuestras necesidades.
Entonces, ¿por qué oramos? La respuesta es sencilla: Oramos porque deseamos estar en comunión con él.
| ¿Por qué oramos tan poco? |
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Es muy elevado el precio que tienen que pagar los cristianos que descuidan la oración. Un famoso evangelista cometió un grave pecado. Los medios lo publicaron y el escándalo fue muy grande. Cuando le preguntaron cuál había sido la razón, contestó: «Todo comenzó cuando descuidé mi vida de oración». Es natural. Nadie puede vivir la vida cristiana sin oración constante. La razón la sabemos con mucha claridad. La oración es el aliento del alma, ía vida del espíritu. El cristiano que no ora está muerto espirítuaí mente. Y una persona que está muerta espíritualmente tiene una enorme capacidad para deshonrar a Dios y para deshonrarse a sí misma.
Lo sabemos, pero conviene repetirlo otra vez: «Dios y los ángeles se asombran por l;i falta de interés que muestran muchos cristianos en la oración». SÍ Jesús, cuando estuvo en la tierra, pasaba noches enteras en oración, ¿no debiéramos hacerlo nosotros con más razón? Qué significativas suenan estas palabras: «En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios» (Lúe. 6: 12]. ¿Por qué pasó ía noche orando? Porque sentía su profunda necesidad. Si no hubiera orado como lo hizo, no habría podido vivir como vivió. Lo mismo necesitamos hacer nosotros. No pasarnos de rodillas las noches enteras, sino «viviendo en oración». Como si cada respiración íuera una oración elevada Dios.
Cuando la oración no es esencial en nuestra vida, perdemos la preciosa oportunidad de pasar tiempo a solas con ei Señor. Y los que fallan, experimentan un vacío en el corazón, acompañado por un extraño sentimiento de intranquilidad e inseguridad. En cambio, cuando vivimos una vida de oración, el peso de las cargas se quita de nuestros hombros por la mano poderosa del Dios altísimo. SÍ la oración es tan vital como el nire que respiramos, si la oración es considerada el aliento del alma, ¿por qué oramos van poco?
¿Cuál es la solución para este grave problema? Está en darle una alta prioridad ;il compañerismo y a la comunión con Dios. Si has permitido que algo se interponga rntre tu Padre celestial y rú, si has permitido que algún pecado destruya tu vida de oración, confiésalo hoy. Cuando revitalices tu vida de oración, que es ía clave de toda victoria y la antesala de toda vida cristiana poderosa, experimentarás de nuevo las bendiciones espirituales y tu vida cristiana será saludable. Decide hoy renovar tu vida ilc; oración.
| Incrementa tu nivel de oración |
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Uno de los servicios religiosos de la iglesia con menos asistencia es el culto de oración de los miércoles por la noche. Tan grave es el asunto que algunas iglesias han decidido suspender las reuniones de oración. ¿Por qué? ¿Por qué no tienen interés los miembros en asistir a una de las reuniones más importantes que celebra la iglesia? ¿Por qué a una actividad social, un paseo, un concierto, y muchas otras actividades recreativas asisten más personas que a la reunión de oración? Creo que para todo cristiano esto es motivo de seria preocupación.
Es posible que la causa sea que la reunión es, muchas veces, aburrida. Otros sienten que es agotador estar escuchando testimonios y oraciones que no son más que una simple repetición de asuntos triviales y comunes. Otros dicen que no asisten porque no pueden soportar escuchar oraciones desgarradoras en las que se pide por niños enfermos, por personas con enfermedades terminales, por matrimonios al borde del divorcio y problemas financieros.
¿No habrá otra causa más profunda que estas excusas? ¿Por qué para David era «mejor un día en tus atrios que mil fuera de ellos» (Sal. 84: 10)? ¿No hablará eso de una feligresía que no ama a Dios ni a su iglesia tanto como debiera? ¿No será algo peor que eso? Como dijimos, esto debe ser causa de las más serias reflexiones para los cristianos. Para cambiar esta actitud, cada miembro debiera detenerse para reflexionar en el propósito de la reunión de oración, así como en los principios de la oración.
En el primer capítulo de la carta a la iglesia en Éfeso, el apóstol San Pablo proporciona un maravilloso punto de inicio. Él nos recuerda que la motivación de la oración es la comunicación con Aquel que está en el centro de control de todas las cosas. En Efesios 1:18 afirma: «Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que os ha llamado y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos». Aunque en la oración presentamos nuestras pruebas y necesidades a Dios, nunca debemos olvidar expresar gozo, alabanza y júbilo en nuestras oraciones. La próxima vez que participes en un grupo de oración, hazlo con un corazón que tiene el propósito de rendir honor al Dios Todopoderoso. Entonces tu oración será, más que una serie de peticiones, un verdadero recuento de las abundantes bendiciones que has recibido de tu Padre celestial.
| El aliento del alma |
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La Palabra de Dios nos insta a orar sin cesar. La razón es que orar es tan indispensable para los cristianos corno la respiración. Por desgracia, la oración se está convirtiendo en una disciplina espiritual abandonada. Según algunas encuestas, los cristianos dedican menos de cinco minutos diarios a la oración.
La oración es esencial en la vida de todo hijo de Dios. Fue una prioridad en la vida de Jesús. Según las Escrituras, la oración fue una de las actividades a las que más tiempo dedicó. Continuamente estaba en comunicación con su Padre. Por eso, es incomprensible la poca disposición de muchos cristianos a orar: «¡Cuan extraño es que oremos tan poco! Dios está listo y dispuesto a escuchar la oración de sus hijos, y no obstante hay por nuestra parte mucha vacilación para presentar nuestras necesidades delante del Señor» (El camino a Cristo, p. 139).
La oración ha sido importante en la vida de toda persona usada poderosamente por Dios. Cuando descuidamos la oración, la comunión con Dios, nos volvemos vulnerables al desánimo, la duda y la desilusión, y el desastre será el resultado. Cuando le quitamos al alma su aliento, la debilitarnos y comenzamos a sentir el peso de las circunstancias terrenales.
La oración pone todas nuestras cargas en los brazos del Todopoderoso. Al orar compartimos con él nuestra carga. El Señor nos invita a «echar toda solicitud sobre él, porque él tendrá cuidado de nosotros». No importa que el peso de las cargas que llevamos sea resultado de nuestras decisiones equivocadas, él nos invita a traerlas a él.
Satanás sabe que el cristiano acongojado y abatido por las cargas de la vida es el blanco favorito de sus ataques. Por eso se esfuerza por desanimarlos, haciéndoles perder su esperanza, de modo que puedan ser golpeados por su siguiente arma: la duda. Un cristiano que duda está inclinado a escuchar aseveraciones satánicas como: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te sucede eso a ti? Como resultado, la fe se pierde.
La oración no solo es para confortar en la angustia y para pedir lo que se necesita. Es esencial para sobrevivir.
Deja que Jesús guíe tu vida hoy a través de la oración. Ora y di: «Señor, tengo mucha; cargas. Perdóname por haberlas llevado yo mismo y por haber ignorado tu invitación í ponerlas sobre ti. Toma mi vida y guíame a través de toda situación. Deposito toda m ansiedad sobre ti. Arregla todas mis cosas conforme a tu voluntad. Amén».
| Si mi pueblo orara |
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Rebeca, la esposa de Isaac, era estéril, mal que en aquel tiempo era una afrenta y se consideraba una maldición. En la cultura en que vivían, no tener hijos se consideraba una desgracia muy grande. Para las mujeres no había prueba más grande que esa. Ante los ojos de los demás, era como si Dios hubiera abandonado a la pareja y pronunciado una maldición sobre la mujer.
Pero Dios transforma todos los dolores y fracasos en victorias. Dios escuchó la oración de Isaac y Rebeca. Esa fue la señal de las bendiciones sin fin que Dios les tenía preparadas. Tal vez también tú tienes un dolor en su corazón. Quizá estás pasando por el valle de lágrimas. Y hasta es posible que estés pasando el valle de sombra de muerte. ¿Cuál es el motivo de tu oración? ¿Has orado mucho tiempo sin una sola respuesta? Acuérdate de Isaac. No sabemos cuánto tiempo oró sin recibir ninguna respuesta. Lo más probable es que haya ocurrido en tu vida lo que siempre produce la oración en la vida del cristiano: una serena confianza y una entrega total de todo su ser al que tenía la soberanía en su vida. Aunque la respuesta a la oración de Isaac no llegaba, Dios disfrutaba del compañerismo de su siervo. Cada oración de Isaac era un encuentro con Dios. Hasta que su vida misma se convirtió en una oración.
Aunque el Todopoderoso no está obligado a contestar nuestras oraciones, las contesta. Él no le rinde cuentas a nadie, pero nos atiende por el amor que nos tiene. Curiosamente, tal vez la oración no contestada sea la única forma en que Dios puede satisfacer su anhelo de compañerismo con sus hijos. Si les diera todo lo que quieren o piden, ya no vendrían a encontrarse con él. ¿Cuándo fue la última vez que oraste fervientemente? ¿Con cuánta frecuencia oras? ¿Qué está haciendo Dios en tu vida para
invitarte a orar?
Cuando no conseguimos todo lo que queremos nos convertimos en personas más humildes. Cuando recibimos todo lo que queremos, desarrollamos una actitud que convierte a Dios en parte adicional y no esencial de nuestra vida. Seguramente Isaac llegó a confiar en que Dios haría lo mejor para él y para su esposa. Dios quiere que sus hijos tengan hoy esa misma actitud.
Que tu oración hoy sea: «Señor, ayúdame a reconocer que tú estás guiando
mi vida».
| La autosuficiencia no precisa de la oración |
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El ataque enemigo era inminente. La amenaza habría sido evidente para cualquiera. Era tiempo de velar en oración. Jesús lo sabía. Conocía el peligro que se avecinaba. Decretó alerta roja. Advirtió a sus discípulos, especialmente a Pedro, de la urgente necesidad de orar. Les dijo: «Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mat. 26: 41). Esta advertencia del Maestro no preocupó a Pedro. Se sentía autosuficiente, y la autosuficiencia no necesita de la oración. Vivir sin oración significa un paso más hacia el fracaso. Mientras Pedro contaba ovejas en su sueño, Judas, los guardias del templo y los soldados prendieron al Señor. Cuando Pedro despertó y vio el ultraje que le hacían a su Señor; reaccionó con furia. «No te preocupes, . Señor. Yo te defenderé. Aquí estoy para protegerte». Sacó la espada y le cortó la oreja a uno de los que efectuaban el arresto. Los soldados se llevaron a Jesús y el mundo de Pedro se derrumbó. Por falta de oración, no estaba preparado para la hora de la prueba.
Ese era Pedro, pero, ¿qué podemos decir de nosotros mismos? ¿Es opcional la oración, o es una necesidad? ¿Oramos solo en momentos de emergencia? ¿Creemos que cuando las cosas son estables y seguras, se puede vivir sin oración? Pablo aconseja orar en todo tiempo, en los buenos y en los malos; en la adversidad y en la prosperidad. La oración constante y sin cesar es necesaria. Estamos bajo amenaza. Quizá pensemos que nuestras oraciones son pequeñas, como el ruido que un martillo hace Cuando se estrella en una plancha de metal; pero Jesús aseguró que el poder del mal no prevalecerá.
Una vida sin oración es una vida sin poder. El fracaso es el resultado seguro de la falta de oración. Satanás huye del cristiano que ora, pero hace fiesta con el que descuida la comunión con Dios. El valor real de la oración persistente no es tanto que Consigamos lo que queremos, sino que llegamos a ser la persona que deberíamos ser. La oración no cambia a Dios, pero nos cambia a nosotros. El débil se vuelve fuerte. El vencido se torna vencedor. El caído se levanta. El temeroso se vuelve valiente. El que duerme se despierta.
Únicamente los que luchan en oración son gigantes espirituales y vencedores a la hora de la tentación. ¿Cómo está tu vida de oración?
| Si lo pides, asegúrate de que lo quieres |
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Ten cuidado al orar si no estás dispuesto a aceptar la manera en que Dios responderá a tu petición. Puede ser que la respuesta de Dios a nuestras oraciones nos meta en tremendos conflictos y cause dificultades a nuestra vida cristiana. Oramos para que Dios nos ayude a amar a otros y el Señor nos envía personas que nos hacen sufrir, difíciles de amar, que irritan los nervios y hieren y rompen nuestro corazón. Puede ser que él haga eso para ayudarnos a comprender que «el amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso [...]. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor. 13:4,5,7, NVI).
Pedimos amabilidad, e inmediatamente viene una tormenta de problemas que a veces nos hace perder el control emocional. Oramos, pidiendo tranquilidad, y de pronto alguien nos grita y nos insulta; quizá para que aprendamos que la paz de Dios nadie la puede perturbar.
Oramos pidiendo ayuda para vivir como vivió Jesús, y se nos pide desempeñar una tarea humillante, o se nos acusa injustamente, sin darnos la oportunidad de defendernos. Puede ser que esa sea la respuesta de Dios, porque Jesús «como cordero fue llevado al matadero [...]. Enmudeció, y no abrió su boca» (Isa. 53: 7).
Pedimos a Dios que nos dé mucha fe. Entonces nuestro dinero pareciera tener alas y vuela, nuestros hijos se enferman, los empleados son lentos y malgastan el tiempo; y luego vienen más pruebas, que requieren más fe que las pruebas anteriores.
Pedimos paciencia, y Dios envía personas a nuestro encuentro que nos prueban hasta el límite. Oramos para que Dios nos limpie de la fea mancha del egoísmo, que es la esencia de todo pecado, y el Señor nos presenta la oportunidad de sacrificarnos poniendo personas necesitadas en nuestro camino.
Puede ser que esa sea la manera extraña en que Dios responde, para sanar nuestro egoísmo, quitar nuestro orgullo y limpiarnos de sentimientos de odio y venganza. Es la manera en que su brazo nos hace fuertes. Es su disciplina para que lleguemos a ser como Jesús. ¿Aceptas la respuesta de Dios a tus oraciones? Entonces continúa orando al Señor, pidiendo que aumente tu amor, tu fe y tu paciencia. «Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación» (2 Cor. 1:5).
| Cuando Dios está de duelo |
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Es un tema constante en todas las Escrituras: Dios nos anima a vivir una vida de oración. ¿Por qué insiste Dios tanto en la oración, como algo que necesitamos desesperadamente, como el aire que respiramos? ¿Porque necesita saber lo que falta para suplirlo? ¿O desea saber qué problemas tenemos para resolverlos? La respuesta a estas preguntas sería negativa. Dios conoce todas las cosas incluso de que ocurran, o antes de que le pidamos algo. Nuestro texto de hoy dice que las oraciones de los hijos de Dios son perfume agradable delante del Señor, que alegran el corazón. Escuchar nuestras oraciones produce alegría en el cielo. Nos pide insistenteniente que oremos, porque le agrada escuchar nuestra voz, le agrada conversar con nosotros, porque no quiere que nos olvidemos de él.
Cuando dejamos de orar, el corazón de Dios está de luto. Sufre porque lo hemos olvidado, por la distancia que hemos puesto entre él y nosotros, por nuestra ausencia. Cuando Dios nos invita a orar, nos invita a volver a casa. Porque si no oramos es como si viviéramos en un país lejano y Dios no tuviera noticias de nosotros. Pero cada vez que Oramos es como si volviéramos a nuestro hogar, el hogar del cual nos separó el pecado. Orar es una invitación a visitar la sala del trono, donde llegan nuestras oraciones. Como perfume agradable. Orar es como entrar al corazón de Dios, donde, con toda confianza y comodidad, podemos conversar tranquilamente. Es una invitación a la cocina de su amistad, al comedor de su confianza, para departir como buenos amigos. • Orar es una invitación a la biblioteca de su sabiduría, para que llenemos nuestra mente de la inteligencia del cielo. Orar es una invitación a la intimidad, donde le abrimos nuestro corazón y no le ocultamos nada, donde podemos ser vulnerables y libres.
Por causa del pecado, nos ha tocado la desgracia de vivir lejos de nuestra patria. Vivimos en un país lejano, donde nos atropellamos unos a otros, un lugar de carreras, de empujones, de tira y aflojas; un país de terrores, de frustraciones, amenazas y angustías. ¡Qué bueno es saber que el propósito principal de la oración no es presentar una lista de peticiones y necesidades urgentes! La oración es, más bien, un vehículo que me lleva a casa, al hogar de serenidad, paz y gozo, donde hay mil respuestas a uno solo de nuestros problemas.
Cae hoy de rodillas y viaja a tu hogar, tu eterno hogar.
| Oraciones con poder |
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Jesús nos enseñó en la oración modelo, el Padrenuestro, cómo deben ser nuestras oraciones. Nos recuerda que para que la oración tenga poder debe incluir algunos elementos: En primer lugar, debemos saber qué es la oración. «Orar es abrir nuestro corazón a Dios como quien habla con un amigo». Orar es conversar con Dios como miembros de la familia celestial y como ciudadanos del reino. Orar es hablar con Dios como cuando hablamos con un amigo. Pero no debemos permitir que esa confianza y seguridad con la que nos acercamos a Dios se convierta en irreverencia. Es posible llegar a pensar que, cuando oramos, hablamos con un igual o con un siervo, a quien le damos una lista de tareas que debe cumplir y con detalles de cómo y cuándo debe cumplir nuestros deseos. Jesús nos ha acercado a un Dios santo. No debemos temer acercarnos a él. Siempre debemos mantener un espíritu de reverencia en su presencia.
Jesús enseñó, además, que siempre debemos recordar el reino de Dios en nuestras oraciones. Cristo murió para establecer ese reino, y nos pide que oremos para que la familia del Rey crezca, para que cada día se unan nuevos subditos al reino. El número de miembros del reino no se completará sino hasta que regrese el Rey de reyes y Señor de señores. Oremos por ese reino cada día, para que miles sean parte de él y para que el rey venga pronto.
Jesús enseñó también que cada oración debe ser un suspiro de gratitud por la provisión diaria que viene de Dios. Todo lo que necesitamos para nuestra subsistencia proviene de nuestro Padre celestial. Cada oración debe rebosar gratitud. La gratitud debe marcar siempre tu vida de oración.
Nuestro Señor enseñó también, en la oración modelo, que toda plegaria debe ser una declaración de alabanza a Dios por el perdón que hemos recibido. El perdón es el mejor regalo que jamás hemos recibido. Alabemos a Dios por su gracia abundante, por la gracia incomprensible que nos ha declarado sin culpa delante de él.
Jesús enseñó cómo elevar oraciones poderosas. Oraciones que ayudarán a establecer un mundo nuevo. Muy pronto vendrá el reino de Dios, y en él habitarán las personas que santifican el nombre de Dios, y elevarán cánticos de alabanza por la gracia salvadora recibida.
| No te des por vencido en la oración |
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Señor, ayúdalo! Tú sabes la necesidad de mi hermano pequeño. Me parte el corazón ver los estragos que el vicio está haciendo en su vida. Pero él está "luchando. ¡Ayúdalo! Toca su vida hoy y cámbialo, por favor. ¡Que sea un hombre de bien! Él quiere serlo, ¡pero no puede! ¡Ayúdalo, por favor!»
Esta era la oración que elevé durante más de quince años por mi hermano Cristóbal. Oraba, clamaba, pedía, todos los días, con lágrimas; pero la respuesta tardó quince años en llegar. ¿Has experimentado un dolor similar? ¿Has orado durante mucho tiempo por alguien a quien amas? ¿Y te ha parecido que Dios se había escondido y solamente miraba, desde detrás de una nube, tu desesperación?
Hay momentos en la vida en que tenemos que admitir que no conocemos a Dios tan bien como creíamos conocerlo. A veces nos parece que las tardanzas y demoras de Dios no tienen sentido. Quizá alguien te haya dicho: «Mejor déjalo así. Has orado durante muchos años por eso. Quizá no es la voluntad de Dios».
Pero debes estar seguro de una cosa: Si estás orando con un propósito egoísta y buscando solo tu beneficio personal, es casi seguro que Dios no te responderá como esperas, para que no tengas dificultades mayores de las que ya tienes. Pero, si estás orando por un hijo descarriado, o pidiendo ayuda para tu matrimonio y tu familia, espera con paciencia. Aquí se inserta la palabra clave para ver la respuesta a todas nuestras oraciones: Perseverancia.
Dios no tarda su respuesta por causa de él, sino por causa de nosotros. Ni siquiera podemos imaginar el largo proceso educativo por el que necesitamos pasar para que Dios pueda hacer por nosotros todo lo que quiere hacer. Por lo menos, al perseverar en la oración nos conocemos mejor a nosotros mismos y conocemos mejor a Dios. Pablo dijo que los cristianos deben ser «gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración» (Rom. 12:12).
La parábola destaca dos puntos: En primer lugar, la injusticia del juez. En segundo, la perseverancia de la viuda. Si el juez, a pesar de ser injusto, contestó afirmativamente la petición de la viuda, entonces, dijo nuestro Señor, «Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia» (Lúe. 18: 6,7).
Dios está más ansioso de contestarnos que nosotros de recibir su contestación. No desmayes en la oración.
| Consejos para el camino |
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El ser humano es tan defectuoso que hasta en las cosas sagradas incluye sus defectos. Nuestro Señor se refirió a los fariseos, a quienes les encantaba orar de pie, con las manos levantadas, con palabras muy bien dichas y con una duración muy respetable. También elegían "muy bien" el lugar para causar una buena impresión: la sinagoga, o las esquinas de las calles. Lo que querían era «ser vistos por los hombres», para que todos supieran cuan buenos, cuan fieles, cuan fervientes hijos de Dios eran. Nuestro Señor dijo: «De cierto os digo que ya tienen su recompensa» (Mat. 6: 5). Su recompensa la recibían de «los hombres», quienes tenían muy buena opinión de ellos.
En cambio, los cristianos, que oran mucho, lo hacen en secreto. Lo hacen en su cámara secreta, en el campo, en la soledad, porque su única preocupación es que su Padre oiga. Por eso, su recompensa la recibirán de él. El cristiano que no ora es la persona más extraña que se pueda uno imaginar. Porque no se puede ser cristiano sin mucha oración. Es «el aliento del alma», el oxígeno, el hálito de vida que mantiene vivo al cristiano. Si queremos disfrutar de la oración, como Jesús, o como Daniel, a quien ni la amenaza de muerte le impidió orar tres veces al día, aquí hay cinco secretos que haríamos bien de tener en cuenta.
Primero: Recuerda mantener una continua y creciente relación de amor con Dios.
Segundo: Si no oras tanto como quisieras, recuerda que aun en nuestra falta de oración podemos estar hambrientos de Dios, y esa hambre misma es una oración. Mary Clare Vincent llamó a eso «la oración del deseo».
Tercero: No te afanes por la oración, aunque esto parezca contradictorio. Hay quienes se esfuerzan tanto por orar que les da indigestión espiritual.
Cuarto: Puedes orar en cualquier lugar y en cualquier posición. Si tomas el consejo de algunos de que toda oración debe ser de rodillas, tu tiempo de oración disminuirá drásticamente. El salmista aconseja meditar «en vuestros corazones aun estando en vuestras camas» (Sal. 4:4).
Quinto: Habla con Dios con toda sinceridad, sin temor de lo que ocurre en tu interior. Quizá libras una batalla interior contra la ira, la lujuria, el orgullo, la gula o la ambición; eleva tu desobediencia y ponía también en los brazos del Padre.
Ora hoy, porque orar «es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como quien habla con un amigo».
| Una combinación furctífera |
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Imagínate los miles de millones de oraciones que llegan al trono de la gracia diariamente: oraciones para recobrar la salud, para resolver problemas financieros, para obtener liberación de la esclavitud de las drogas, y muchas otras más.
En medio de tantas peticiones que se elevan al trono de la gracia, ¿qué ocurre con las súplicas que tú presentas delante de Dios? ¿Crees que Dios las escucha? ¿Tienes la fe suficiente para creer que Dios te responderá? La fe combinada con la oración es una combinación de éxito. La Biblia dice que si nosotros queremos recibir respuesta a nuestras oraciones, hay dos cosas que debemos hacer:
Primero, creer que recibiremos lo que pedimos, tener fe, plena convicción de que habrá respuesta, que las cosas se darán, que la enfermedad desaparecerá, que los problemas económicos se resolverán, que el esposo esperado llegará, que el hijo anhelado nacerá.
En segundo lugar, no dudar; creer firmemente sin vacilar, aunque la respuesta se demore; perseverar en la oración, aunque el tiempo transcurra; no te desesperes, mantente a la expectativa todo el tiempo.
El concepto de la fe en la oración confunde a veces a los nuevos creyentes; pero a veces también a los cristianos más maduros. El versículo para la meditación de hoy aclara el asunto. Santiago aconseja orar al Señor con un corazón indiviso: «Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra» (Sant. 1: 6).
La clave está en orar con una confianza plena que no vacila, una confianza que no se mueve entre el sí el no de la incertidumbre, entre el creer y el dudar. Nos dice que cuando oramos sin dudar, recibiremos lo que pedimos; siempre de acuerdo con el amor, la justicia y la sabiduría de Dios. No siempre recibimos exactamente lo que pedimos, pero siempre recibimos la ayuda para salir adelante en todas las luchas de la vida. Nuestra responsabilidad consiste en eliminar toda duda de nuestra mente. La duda surge cuando consideramos que nuestros problemas son más grandes que el poder de Dios. La duda surge cuando nuestra relación con la Palabra de Dios es débil. Y también por alguna debilidad particular. Quizá tengamos que orar: «Creo, ayuda mi incredulidad» (Mar. 9:24).
Cree hoy que Dios contestará tus oraciones, aunque sea de una manera diferente a como lo has pedido.
| Tienes que ir a Samaria |
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Samaría" es, simbólicamente, el lugar donde están aquellos que no podemos soportar. Es la capital de todos nuestros prejuicios. "Samaritanos" son todos aquellos que son diferentes, los que no son nuestros preferidos, los que no nos gustan, los que no son como nosotros. Son los insoportables, los contrarios a nuestra cultura.
Galilea está al norte de Judea. La distancia entre esos dos lugares no es grande, pero entre ellos está Samaria. El viaje de Galilea a Jerusalén es corto si se pasa por Samaria. Pero muchos judíos de los días de Jesús hacían el viaje por la ruta del Jordán. Recorrían un camino largo y difícil porque no querían pasar por Samaria.
Juan dice que a Jesús «le era necesario pasar por Samaria». ¿Por qué, si los judíos no se trataban con los samaritanos, si no se relacionaban con ellos, si no los aceptaban ni los soportaban? Porque una fuerza mayor que el prejuicio, el amor de Dios, impulsaba el corazón de Jesús. El Maestro encontró a una mujer en el pozo de Jacob en Sicar, y le pidió que le diera un poco de agua para beber. La mujer se sorprendió por la petición de Jesús, pero entabló una conversación con él.
Aquella mujer de Samaria había estado casada ya con varios hombres, y el que convivía con ella cuando se encontró con Jesús no era su esposo. Sin embargo, cuando comprendió el significado del agua de la vida que Jesús le ofrecía, la aceptó, la bebió y recibió la vida eterna. Los samaritanos invitaron a Jesús y a sus discípulos a quedarse. Estos permanecieron allí dos días, enseñándoles y conviviendo con ellos como amigos.
¿Estás atrapado en las cadenas del prejuicio? Recuerda que Jesús ama a todas las personas. Él ama a todos los seres humanos. No tiene color, raza o grupo socioeconómico favorito. Sal de tu zona de confort. Vete a encontrarte con esa persona que no te gusta, pero que necesita a Jesús. Vete donde está. La samaritana acudió al pozo por agua, como todos los días, pero Jesús viajó desde Jerusalén para encontrarse con ella.
El mandato de amar a toda la humanidad se obedece cuando amamos a un solo ser humano. Si deseas dar vida a un mundo agonizante, vete a la orilla del pozo y espera. Hay muchas cisternas rotas donde los perdidos procuran beber ansiosamente. Vete allí y encuéntrate con ellos. Verás cómo fluye el agua de la vida.
| Destruye a tus enemigos, Hazlos amigos |
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Por qué Jonatán amaba a David y Saúl lo odiaba hasta el extremo de querer matarlo? ¿Cómo es posible que una misma persona unos la acepten y otros la rechacen? ¿Por qué para Jonatán David estaba en el grupo de los amigos, mientras que para el rey la misma persona estaba en el grupo de los enemigos?
Las relaciones entre los seres humanos producen dos grupos: amigos o enemigos. La distancia que hay entre las personas las clasifica como agradables o desagradables. Tomar tiempo para estar con alguien, escucharlo y conocerlo mejor es hacerlo aceptable.
Las personas se enamoran no tanto por los atractivos externos, sino por el conocimiento íntimo mutuo que obtienen cuando pasan mucho tiempo juntas. Incluso las guerras podrían evitarse si los habitantes del mundo se conocieran mejor. Es mucho más fácil amar a conocidos que a extraños. Es casi imposible destruir a quienes se conoce muy bien.
La geografía tiene mucho que ver con el amor y el odio. Acércate a tus enemigos. Hazlos amigos. Conócelos más de cerca, entiende sus motivos y descubrirás que son mejores de lo que piensas. Tu círculo de amigos se incrementará y el grupo de tus enemigos se terminará. No son las personas las que nos hacen sentir bien, sino lo que pensamos de ellas.
Hay más disposición a perdonar a las personas que conocemos mejor, y a ignorar, e, incluso, odiar, a aquellas con quienes la relación es mínima, casual o prácticamente nula. Hoy es un día excelente para aplicar tres principios que destruirán a tus enemigos.
En primer lugar, acorta la distancia y acércate a esa persona difícil de amar. Aproxímala más y más hacia ti. Es más fácil amar a quienes conoces de cerca. No permitas extraños en tu mundo.
En segundo lugar, menciona diariamente en tus oraciones, y de manera específica, a quienes encuentras desagradables. Pide bendiciones para ellos y para su familia. Puede ser que esas oraciones no cambien la manera de ser de ellos, pero, con toda seguridad, cambiarán la tuya.
En tercer lugar, nadie puede ser tu enemigo hasta que tú lo decidas. Nadie puede llevar ese título hasta que tú así lo determines.
Vete hoy a la cruz. Ella te recordará que Dios no tiene enemigos. Dios mató en la cruz «todas las enemistades» (Efe. 2:16) e hizo «la paz mediante la sangre de su cruz» (Col. 1:20).
| Poderoso amor |
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Este texto contiene una seria amonestación para todos los cristianos. Menciona los dones espirituales: hablar en lenguas, ser profeta y tener toda la fe. Estos son tres de los dones espirituales más importantes. Son los dones que el apóstol Pablo tiene en mente cuando aconseja: «Procurad los mejores dones» (1 Cor. 12: 31).
Una de las evidencias más claras de la vida consagrada de los cristianos es que el Espíritu Santo les imparta sus dones. Un cristiano que habla en «lenguas humanas y angélicas» tiene una evidencia poderosa de que el Espíritu Santo mora en él. La prueba quedó establecida de modo irrefutable el día de Pentecostés. Pero el apóstol dice que si uno es capaz de hablar en lenguas humanas y angélicas, pero no tiene amor, es tan inútil como el sonido hueco del címbalo solo y en despoblado.
Podría darse el caso de que una persona tuviera el don de profecía y que fuera reconocido como profeta en el seno del pueblo de Dios. Pero si esa persona carece de amor, no vale nada. Su don queda anulado.
Podría ocurrir, también, que una persona tuviese «toda la fe» que sea posible tener; pero si no tiene amor, de nada le sirve. La fe es la virtud más destacada del cristiano, pero después del amor. Si tiene fe, pero no tiene amor, la fe queda anulada.
Lo que el apóstol quiere decir es que los dones espirituales son muy importantes para los fines que Dios se propone alcanzar con ellos: la predicación del evangelio y la preparación de la iglesia para el reino de los cielos. Pero para alcanzar ese objetivo sublime, es más importante el amor. Tanto, que se pueden tener los dones espirituales, pero ser inútiles para el objetivo final si no se tiene amor.
Por otro lado, el amor es poderoso para todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Todos los grandes hombres y mujeres de Dios tuvieron amor supremo hacia Dios y amor abnegado hacia su prójimo. Ese fue el secreto de su poder. Sin ese amor, habrían sido tan inútiles como un címbalo resonando en despoblado.
No pidamos dones espirituales. Pidamos que el amor de Cristo sea implantado en nuestros corazones. Es todo lo que necesitamos: el poder del amor.
| Extiendo tu círculos de amor |
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Que Carlos salude con una sonrisa amable a su buen vecino José, o que Pedro bese con amor a su buena esposa Carmen, no tiene, en realidad, nada de extraordinario. Lo lógico es que los amigos se ayuden entre sí, se respeten y se amen. Lo normal es que los esposos expresen físicamente el amor profundo que los une. Es interesante notar que en medio de las guerras más destructivas se han producido los más dramáticos ejemplos de amor y solidaridad entre compañeros de milicia. Sabemos de soldados que se han arrastrado hasta una trinchera, en medio del fuego mortal y de la destrucción más salvaje, para rescatar, a costa de su propia vida, a un compañero malherido. Sé que has escuchado muchas veces esta pregunta, pero te la hago otra vez, porque quiero que reflexiones en este contexto. ¿Te has puesto a pensar en lo que ocurriría si, de pronto, todos los seres humanos decidieran no solo amar a sus amigos, sino también a sus enemigos? En un instante se resolverían todos los conflictos familiares, conyugales, nacionales, económicos, militares y sociales. Ya no habría más guerras en el mundo, ni violencia en nuestras calles. Los soldados tirarían sus fusiles para abrazar a sus adversarios. Las armas, desde un simple puñal hasta una destructiva bomba nuclear, desaparecerían de la faz de la tierra. Y la utopía de la paz mundial sería por fin una realidad.
Jesús, el Príncipe de paz, nos instó a amar a nuestros enemigos. Es sumamente difícil, pero, si todos lo intentáramos, el círculo de amor de la humanidad se extendería por todo el mundo; convirtiéndolo en una casa de armonía y paz. Recuerda:
• Lo generoso que Dios ha sido contigo.
• Que él se relaciona con nosotros aun cuando lo ofendemos.
• Que «él es bondadoso con los ingratos y malvados» (Lúe. 6: 35).
• Todos somos hijos de Dios.
El amor es un principio. Amamos a las personas no porque nos gusten, no porque lo que hacen nos atraiga, no porque posean alguna distinción, sino porque Dios lo ha mandado. Amamos a cada persona porque Dios la ama.
¿Por qué seguir ampliando el círculo del odio y no el círculo del amor? El odio y la amargura no pueden curar el temor; solamente el amor puede hacerlo. El odio paraliza la vida; el amor la libera. El odio oscurece la vida; el amor la ilumina. Extiende hoy tu círculo de amor.
| ¿Problemas para perdonar? |
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Tienes problemas para perdonar a las personas que te han perjudicado en la vida? Este es un problema muy común. No es fácil perdonar a una esposa o a un esposo infiel. Quizá todavía no puedes perdonar a tu padre o a tu madre porque no fueron buenos padres para ti. Muchos hijos sufren durante toda su vida los traumas que les causó el maltrato de padres y madres, ignorantes o abusadores. Muchos hijos no pueden orar porque, al hacerlo, deben llamar "Padre" a Dios, y esa palabra es odiosa para ellos.
Quizá algún familiar te jugó una mala pasada que todavía no puedes olvidar. Y es posible que un jefe injusto te maltratara y que nunca te diera el ascenso que merecías. Algunos sufrieron abusos y maltratos en su infancia bajo la autoridad de personas crueles a las cuales les parece imposible llegar a perdonar algún día. Tal vez tu deseo más grande el día de hoy es ver que esa persona que te hizo tanto daño reciba un castigo divino, que sea humillada y reciba su merecido.
Pero debes recordar que el perdón divino se concede a cambio del perdón humano. Nuestro Señor nos enseñó el Padrenuestro, que dice: «Perdona nuestras deudas, como nosotros también perdonamos a nuestros deudores» (Mat. 6: 12). Y Jesús añade: «Si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas» (Mat. 6: 15). Es decir, el que no perdona no es perdonado.
Es cierto que hay heridas y dolores que duran toda la vida. Pero si estás experimentando alguno de esos sentimientos, permíteme que te diga que una vida así no es vida. Nunca podremos estar en paz con Dios y con nosotros mismos si somos incapaces de perdonar. Sin duda alguna perdonar a los demás es muy difícil, pero cuando decides no perdonar, ¿sabes cuál es tu posición? Sales perdiendo. Tú eres el que sufre. La otra persona está, probablemente, tranquila, disfrutando de la vida; y tú estás muriéndote por dentro, carcomido por el odio. Tú eres el único que le hará un daño irreparable a tu propia salud mental y espiritual. ¿Hay alguien que no te permite disfrutar la vida plenamente? Líbrate de esa persona: perdónela. Decide, por el poder de Dios, ser verdaderamente libre. Perdona hoy y experimenta la vida en toda su plenitud.
| Estás seguro de ser hijo del Altísimo |
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Es algo muy humano dar algo a otras personas con la esperanza de recibir en algún momento futuro algo a cambio de lo que damos. Debido a la expectativa de ser retribuidos, damos a aquellos con quienes simpatizamos y que son nuestros amigos. Pero la enseñanza de Jesús contradice ese principio humano. Él enseñó a sus discípulos a amar a sus enemigos sin esperar recibir nada. Es decir, Jesús dice: «Da amor al que más te odia, sonríe a esa persona que ni siquiera desea verte, sé cortés con los rudos y descorteses, elogia al que te critica, bendice al que te maldice».
Jesús fue el modelo de cómo tratar con amabilidad a los que nos persiguen para hacernos mal. El abre la puerta de su corazón de par en par para recibir a todos los seres humanos. A quienes lo aman, y también a quienes lo desprecian; a quienes lo reconocen como el Señor, y a quienes lo niegan; a quienes lloraban por él, mientras le crucificaban, y a quienes se mofaban y le escupían en el rostro; a quienes lo acompañaban en su dolor, y a quienes lo clavaban en la cruz. Él instruyó a sus discípulos a mostrar gracia a sus adversarios con la esperanza de que sus enemigos llegaran a ser, algún día, sus amigos.
Aunque a menudo los conflictos con las personas parecen insuperables, el poder y la gracia de Dios pueden hacer cosas más allá de lo que podemos imaginar. Los discípulos comprobaron esta verdad cuando Saulo, el perseguidor de los cristianos, se convirtió en Pablo, el amigo de Jesús y de su iglesia.
Habiendo recibido esta gracia, Pablo escribió: «Porque el siervo del Señor no debe de ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, que con mansedumbre corrija a los que se oponen» (2 Tim. 2: 24, 25). Dios espera que hoy tratemos a otros con amor y con espíritu perdonador para que puedan ser salvos, que seamos amables y gentiles con todos. Y por favor, no creas que esto sea una opción. Es el requisito para ser «hijos del Altísimo». Cuando Jesús venga, solo reconocerá como hijos suyos a quienes hicieron lo que él mandó: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos» (Mat. 5:
El capítulo 13 de la primera Epístola a los Corintios, el gran capítulo del amor en la Biblia, es una demostración perfecta de la causa y el efecto del perdón total. La culminación de nuestros versículos para hoy se encuentra al final del versículo 5, que dice: «No guarda rencor». En palabras más sencillas: «No guarda registro». La palabra griega traducida como "guarda" es logizomai, que da la idea de no imponer o imputar nada a los demás.
Esta palabra es sumamente importante para el apóstol Pablo en su doctrina de la justificación por la fe: «Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia» (Rom. 4: 5). La misma palabra aparece en este versículo. Es interesante cómo trabaja Dios con los seres humanos. Primero, les perdona sus pecados, pero ahí no termina todo. Es tan grande y profunda su misericordia que vuelve a dejar la hoja de registro de cada pecador completamente en blanco. No impone, no hay "logizomai", no lo recuerda más.
Sabemos que Dios es Todopoderoso, y a veces nos parece increíble que pueda olvidar las cosas. Pero es una realidad. Dios, en su amor, decide no recordar más nuestros pecados cuando clamamos por perdón en el nombre de Jesús. Y recordemos que nadie es más olvidadizo que el que no quiere recordar. Puede ser que seamos tan débiles que volvamos a cometer muchas veces el mismo pecado. Pero Dios es tan misericordioso y justo que, cada vez que cometemos el mismo pecado, él lo considera la primera vez, y nos vuelve a perdonar: hasta setenta veces siete, es decir, siempre. No hay límite.
Dios anhela que cada día nos parezcamos más a él. Que seamos semejantes a él en el perdón y en el olvido. Tanto el perdón como el olvido del pecado son dones de Dios. Él anhela que caminemos por este mundo con un espíritu perdonador total. Es decir, que olvidemos el pecado que hemos perdonado. Desea que hagamos lo mismo que él hace con nosotros: ¡Perdonar y olvidar! Por eso, después del perdón nos ve tan puros como si nunca hubiésemos hecho nada malo. Dios anhela que, además de perdonar, procuremos olvidar las ofensas que nos han hecho. Quiere que veamos a nuestros ofensores como verdaderos amigos que nunca nos han hecho nada. Por eso, perdonar es necesario; y olvidar es un arte.
| Sè sobrenatural |
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Necesitamos el don del perdón tanto como necesitamos alimentos y agua todos los días. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para poder perdonar a cada uno de nuestros enemigos. Nunca ha sido fácil perdonar a quien nos ofende; pero es mucho más difícil si se trata de nuestro enemigo declarado. Eso solo puede hacerlo aquel que ha aprendido en la escuela de Cristo. Creo que es la tarea más difícil que tenemos que realizar en nuestra vida. Quizá ese fue uno de los propósitos que tuvo nuestro Señor al darnos el Padrenuestro. Para que nos examináramos cada vez que lo leyéramos o lo repitiéramos de memoria, como lo hacemos a menudo.
Si uno lee con cuidado el Padrenuestro, verá que Jesús hace hincapié en el versículo que habla del perdón. Es como si el Señor quisiera enseñar a sus discípulos la importancia de perdonar a «nuestros deudores». Hasta es posible que quisiera decirles que si olvidaban el resto del Padrenuestro, no debían olvidar perdonar a sus ofensores. Seguramente la lección es más profunda de lo que vemos a simple vista.
La tendencia natural de todo ser humano es "ajustar cuentas" con cualquiera que lo haya ofendido. Pero no hablo de aclarar las cosas y reconciliarse, sino de vengarse. La venganza es dulce para el corazón natural. Como dice el diccionario, es «satisfacción que se toma del daño o agravio recibido». Vengarnos con nuestras propias manos es tan natural como todo lo demás que hacemos por naturaleza. Solo el corazón transformado por Dios perdona en lugar de vengarse.
Jesús nos invita en el Padrenuestro a hacer algo que no es natural, sino sobrenatural. De ahí el título de la meditación de hoy: "Sé sobrenatural". Cuando has perdonado completamente a tu enemigo, has cruzado las fronteras del mundo natural. Ahora actúas so-brenaturalmente. Perdonar a alguien verdadera y completamente es algo tan grande que se compara con un milagro, porque las personas que pueden perdonar verdaderamente son aquellas que han recibido el milagro de la unción del Espíritu Santo. Cuando Jesús dijo: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial» (Mat. 6: 14) no estaba hablando de la manera de obtener la salvación. Se refería a vivir una vida bajo el dominio del Espíritu Santo para hacer cosas sobrenaturales y participar de la plenitud del compañerismo con Dios.
Mientras no estés dispuesto a perdonar completamente, no podrás experimentar el gozo del Espíritu Santo obrando en tu vida. Recuerda que el perdón es algo sobrenatural.