Reacción
Uno de los grandes pensadores de los siglos XVIII y XIX, Pierre
Laplace, escribió un libro acerca del movimiento de los planetas. Lo
llamó Mecánica celeste, y presentó en persona un ejemplar del libro
al emperador Napoleón. Alguien le había dicho anticipadamente,
a Napoleón, que el libro nunca mencionaba a Dios. El Emperador
tomó el libro y dijo: “Sr. Laplace, me dicen que usted escribió este
libro grande sobre el sistema del universo, y que ni siquiera mencionó
a su Creador”. Laplace, resueltamente, respondió: “No tengo
necesidad de esa hipótesis”.
Este incidente es una metáfora para lo que ha sido conocido
como “la Era Moderna”, una era en la cual la lógica, la razón y la
ciencia han formado el fundamento de toda verdad. De acuerdo con
este concepto, toda la realidad se puede reducir a fórmulas, leyes y a
predicciones científicas. Si algo no se puede explicar por medio de la
lógica, la razón y la ciencia, entonces no es real.
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Dios es amor. Cuando permitimos que Cristo permanezca
dentro de nosotros, este amor se revelará en nuestras vidas.
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Nuestra experiencia de fe debería servir como una guía a
lo largo de la vida. Al estudiar la Biblia y desarrollar una relación con
Cristo, podemos permitir que nuestra fe se manifieste en todos los aspectos
de nuestra vida.
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La esperanza que tenemos en Cristo es un elemento integral
de la fe cristiana. Sin ella somos miserables. Permite que tu esperanza
realmente afecte tu visión de la vida.
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Esta semana nos concentramos en la vida “abundante”, o “plena”,
que se encuentra en Jesucristo. Es una vida vivida en forma responsable,
que atiende nuestra vida física de la mejor manera posible. También
es una vida de relaciones, pues Dios diseñó a los seres humanos para vivir
en comunidad con otros. Pero, sobre todo, es una vida totalmente renovada
en Jesús, una vida que será transformada por la gracia de Dios y que
crecerá en ella.
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Dios nos ama tanto que desea tener un diálogo permanente
con nosotros. Él nos habla de muchas maneras, la más poderosa de las
cuales es Jesús.
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En un mundo terrible, repleto de pecado, Dios en su misericordia
nos ofrece una salida por medio de Jesús. Acepta este don y vive
en armonía con esa aceptación.
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Cristo murió para que podamos tener vida eterna. Sin él,
estamos perdidos.
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El sábado es un día santo, puesto aparte del resto de la semana.
Es el tiempo para que descansemos y tengamos comunicación
con Dios.
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Jesús aseguró a sus discípulos que él iba a “preparar lugar”
para ellos. Cuando el desánimo y el pesimismo se introducen en tu
vida, recuerda que tu Creador está preparando el cielo para ti.
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La vida de un discípulo está llena de la presencia de Dios. Es
una devoción que dura toda la vida. Haz o renueva este compromiso y
consérvalo presente a pesar de las pruebas.
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La mayordomía es vital para el discipulado. Pon en tu vida las
responsabilidades y los valores en orden de prioridad, y vive de acuerdo
con el plan de Dios.
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Como miembros del cuerpo de Cristo, tenemos el privilegio
de servirlo como familia de la iglesia. Debemos esforzarnos para recordar
nuestro propósito y mantener la verdadera unidad en Cristo.
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Es nuestra responsabilidad participar en la Comisión Evangélica.
Comprométete a aceptar el desafío
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