III Trimestre de 2008

Para el 27 de Septiembre del 2008

Libro Complementario

Isaías: Dientes postizos y bombas

Capítulo 13

17 de julio de 2007, más de cien músicos de todo el mundo realizaron una serie de conciertos para destacar la amenaza ambiental del calentamiento global. Los que fueron a los conciertos se unieron a una audiencia estimada en dos mil millones de personas.
Los cínicos lo llamaron un truco, y aun algunos músicos tenían dudas de si cambiarían algo. "No soy científico", dijo el cantante Dave Matthews. "No estoy diciendo que podemos salvar el planeta. Pero tal vez podríamos agarramos de algunas ramas antes de caer, ¿no les parece?" l
Pero reinó el optimismo. El evento de veinticuatro horas concluyó en el Estadio de los Gigantes en Nueva Jersey, Estados Unidos, con el grupo británico, The Police, que cantó: "Enviaré un S.O.S. al mundo Espero que alguno reciba mi mensaje en una botella, sí"
Durante el canto, el rapero Kanye West se unió a la banda, y de repente comenzó a gritar una y otra vez: "¡Podemos salvar al mundo! ¡Podemos salvar al mundo! ¡Podemos salvar al mundo!"2 Fue una manera bastante ambiciosa de terminar el día. También fue una cosa extraña para el Oeste, que un profeso seguidor de Jesús, proclamara ese mensaje. Aun si conquistamos el cambio climático, no hemos salvado al mundo.

Salvar al mundo

A lo largo de toda la historia, Dios envió profetas como agentes humanos en su plan de salvar al mundo. En las Escrituras, las vacantes de profetas no eran anunciadas en los avisos clasificados. N o era un cargo que se pudiera solicitar (Dios no tolera a los profetas que se nombraron a sí mismos: ver Jeremías 14:14; 23:21).
La palabra hebrea para "profeta", nabí, significa "portavoz" o "intérprete" de Dios. La descripción de su trabajo suena impresionante, pero tiene sus contras. A los profetas se los ridiculizaba, se los atacaba, encarcelaba, torturaba y mataba en forma regular. Jeremías fue azotado y puesto en el cepo (ver Jer. 20:1, 2). Zacarías fue apedreado hasta morir (2 Crón. 24:21). Su trabajo no era un masaje para los oídos de su audiencia con palabras alegres. Los profetas entregaban un mensaje de Dios: con buenas o malas noticias, aun si la gente estaba dispuesta a oído o no.
Isaías, aunque fue llamado en forma dramática como profeta, no se sintió adecuado. Confrontado por una visión de la Divinidad, de inmediato confesó su pecado y su indignidad. Un serafín tomó un carbón encendido del altar celestial, tocó con él la boca del profeta y dijo: "He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa" (Isa. 6:7). Isaías había confesado, y Dios ahora podía usado. Estaba espiritualmente preparado.

Cuando el ángel apareció a María, ella se turbó y tuvo miedo (ver Luc. 1:29, 30). A ella le pareció que no tenía las cualidades para ser la madre de Jesús: "¿Cómo será esto? Pues no conozco varón", preguntó María al ángel (Luc. 1 :34). El ángel resolvió el problema: "Nada hay imposible para Dios" (vers. 37).
Dios purificó las labios inmundos de Isaías (ver Isa. 6:7), le dio a María el Espíritu Santo y "el poder del Altísimo" (Luc. 1:35), le dio al "mudo" Moisés un vocero (ver Éxo. 4:14-16) y puso palabras en boca de Jeremías (ver J er. 1: 9). Jesús oró en favor de Pedro (ver Luc. 22:32) y ungió a Saulo con el Espíritu Santo (ver Hech. 9:17, 18).
Pero recordemos la diferencia entre lo que necesitamos y lo que podemos desear. Cuando Dios llamó a Abraham para que saliera de Ur, no le proveyó un mapa y un plan de viaje detallado. No le dio asientos de primera clase en una aerolínea con comidas lacto-ovo-vegetarianas, con películas durante el vuelo, y acumulación de puntos como viajero frecuente. Llamó a Abraham a una aventura. Al igual que Isaías, Abraham estaba preparado para seguir el mandato de Dios sin saber hacia dónde iba.
Cuando Jesús llamó a los pescadores junto al mar de Galilea, no les ofreció una entrevista para el trabajo para analizar sus nuevas carreras. No les habló acerca de los pagos, el tiempo de vacaciones, el programa de jubilaciones, las provisiones para el cuidado de los niños, y otros beneficios para los empleados. Jesús los llamó a una aventura.
Cuando Isaías oyó que Dios preguntaba: "¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?" (Isa. 6:8), él contestó: "Heme aquí, envíame a mí". Él no pensó que era la mejor persona para la tarea. El trabajo no era tan atrayente que no pudiera resistido (ni siquiera sabía cuál era la tarea). Aceptó la invitación porque él sabía que aunque no era digno, Dios es digno. Aunque Isaías era impotente, Dios era poderoso. Isaías no eligió la misión: Dios lo hizo.

Dios había escogido a Israel como nación sierva para seguir sus leyes y traer de regreso a otras naciones hacia él. Muchas veces Israel fracasó en su misión. En lugar de ser testigos, a menudo se comprometía con otras naciones. Isaías trató valientemente de llevar a Israel de vuelta a Dios y que saliera de Israel una visión de la luz de la verdad a todas las naciones de los gentiles.
Los planes de Dios se extendían más allá de lo que la gente imaginaba. Es cierto, él quería ver que las tribus de Judá e Israel, que estaban en guerra, se reconciliaran. Pero eso era solo el primer paso.
"Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel" dijo Dios (Isa. 49:6). En otras palabras, la visión de Dios incluía más que sólo Israel. "También te di por luz de las naciones, para que seas mi salivación hasta lo postrero de la tierra".
Isaías profetizó que un día habría "altar para Jehová en medio de la tierra de Egipto" (Isa. 19:19). Esto era casi incomprensible. "En los días de Isaías no había otra nación en la tierra que estuviera más en las garras de la superstición y la inmunda idolatría como Egipto", escribe el autor holandés Harry Bultema. "Monos, gatos, ranas, cocodrilos, lagartos: todo era venerado por ellos".3 No obstante, Isaías dedicó su vida para el día cuando no sólo Egipto se volviera a Dios, sino que los egipcios se unirían con los crueles asirios para adorar a Dios.
"Asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios a Jehová. En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra" (Isa. 19:23,24).
Dios escogió a Israel como su instrumento especial, pero eso no significaba que él los amara y los cuidara más que a las demás naciones. Todos eran sus hijos. No hay ciudadanos de segunda clase, en lo que se refiere a la salvación de Dios.


Cansados de los ritos
En el capítulo inicial de Isaías, Dios dice que los rituales religiosos lo cansaban: "Hastiado estoy de holocaustos". "El incienso me es abominación". "Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecida mi alma" (Isa. 1:11-14) El libro de Amós repite como un eco este tema: "Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas" (Amós 5:21).
Varios siglos más tarde, Jesús continuó este tema profético, condenando a los fariseos por seguir un ritual e ignorar su significado.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!" dijo, "porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino" (Mat. 23:23).
Los fariseos eran estrictos. Iban a sus huertas y diezmaban cada gramo de todo lo que crecía, aún las hierbas aromáticas. "Pero", añadió Jesús, "dejáis lo más importante de la ley; la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello". Para dar más énfasis al punto, Jesús añadió: "¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!" (vers. 24).
Los mosquitos pican y molestan. Pero son pequeños. Insignificantes. Por otro lado, es difícil ignorar un camello. Es especialmente difícil ignorados en la temporada de celo, cuando pueden volverse violentos. Pueden herir o hasta matar con una patada bien dada. Por lo menos, lo escupirán cuando se sienten molestos. Jesús estaba diciendo: "Ustedes, líderes religiosos, tienen sus prioridades completamente al revés. Los mosquitos ocasionalmente captan su atención, pero no son nada comparados con los camellos grandes, escupidores y malolientes".
Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, los bombarderos japoneses atacaron la ciudad de Darwin, en el norte de Australia. La ciudad se preparó para lo peor. Las autoridades evacuaron los edificios públicos. Se cuenta la historia de que el oficial ejecutivo principal del hospital de la ciudad corría de un lado a otro asegurándose que todo el personal y los pacientes estuvieran fuera del edificio. Al repasar su lista, vio que la matrona faltaba. Heroicamente, volvió a entrar al edificio para buscada. Corriendo de una habitación a otra, finalmente la encontró buscando en los cajones de una cómoda.
-¿Qué está haciendo? -le gritó-o Salgamos de aquí.
-Estoy buscando mis dientes postizos -replicó ella.
-¿Está buscando qué?
-Mis dientes postizos. He perdido mis dientes postizos.
-Salga de aquí -le gritó el director del hospital-o ¡Están tirando bombas, no sándwichs!
Ahora bien, si usted ha perdido sus dientes naturales, los dientes postizos pueden ser una bendición. Pero no sirven de mucho si una bomba cae encima de usted. Es un asunto de prioridades.
Demasiado a menudo estamos dando vuelta por dientes postizos cuando hay cosas más importantes que hacer. El diezmo es importante. Pero no es nada si descuidamos la justicia, la fidelidad, y la misericordia. Los ritos pueden mantenemos centrados, pero son una maldición si son un fin en sí mismos.
Isaías sabía esto muy bien. Aparece teniendo amigos en lugares encumbrados, y con libre acceso al palacio real. Algunos especulan que debe haber pertenecido a la clase alta. Pero él estaba más preocupado por los que estaban en el extremo inferior de la escala socioeconómica: las viudas, los huérfanos, los extranjeros y los pobres. "¡Aprended a hacer el bien! ", tronaba. "Buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda" (Isa. 1:17).
Las palabras de Isaías anticipaban las prioridades de Jesús cuando vino a la tierra. Levantándose por primera vez para hablar en una sinagoga, Jesús leyó de Isaías:
"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos, a predicar el año agradable del Señor" (Luc. 4:18, 19).
Esa fue la declaración de misión de Jesús. Estaba mirando desde la sinagoga al mundo donde la gente era pobre, estaba en la cárcel, era ciega y oprimida.
Muchos cristianos hablan con desprecio del "evangelio social": un evangelio, dicen ellos, que se preocupa sólo con el cuidado humanitario e ignora "lo espiritual". Ciertamente hay ese peligro. ¿Podemos estar contentos con darle a alguien un vaso de agua si no conoce acerca del Agua de Vida? Pero en un sentido importante, el evangelio es un evangelio social. No es sólo algún conocimiento intelectual; que cambia la forma en que tratamos a los demás. ¿Qué beneficio dan las buenas nuevas si no cambian a las personas? Jesús reveló las buenas nuevas para todas las dimensiones de nuestras vidas.
Cuando Jesús separe las ovejas de los cabritos, al final del tiempo, su norma no será algún tema teológico profundo que ha ocupando la atención de los mejores eruditos de la iglesia. Los problemas que los separan son, sencillamente:
"Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mal. 25:35, 36).
De acuerdo con Isaías, no es suficiente mencionar al Señor por su nombre y realizar ritos religiosos. Dios quiere mucho más que eso. Él nos dice que nos arrepintamos ("lavaos y limpiaos", "quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos", (Isa. 1:16), y vivan adecuadamente, cuiden de los pobres y oprimidos, huérfanos y viudas.
¿Cómo podría Israel enseñar a otras naciones si ellos no podían atender a sus propios necesitados? ¿Qué clase de ejemplo era una nación a la que le faltaba la ética comercial, y que maltrataban a las viudas y los huérfanos? Para Isaías, la verdadera religión en la práctica cambia la sociedad. Compasivamente trabaja por la justicia. Se levanta para juzgar a todos los que profesan ser religiosos pero que ignoran a los pobres y a los que sufren.


Corazones endurecidos
Debe haber frustrado a Isaías compartir un mensaje claro de Dios, y ser totalmente ignorado. Debe haber también frustrado a Dios. En un momento, Dios le dice a Isaías:
"Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad" (Isa. 6:10).
Esto parece muy extraño: que Dios quiera aturdir la comprensión del pueblo. Pero es un problema de traducción. En vez de decir que Dios causaría eso, el pasaje predice lo que ocurriría a pesar de la voluntad de Dios. La Septuaginta, una traducción temprana del Antiguo Testamento al griego, clarifica este pasaje:
"Vosotros realmente oiréis, pero no entenderéis; y realmente veréis, pero no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo ha llegado a estar engrosado, y sus oídos duros de oír, y tienen los ojos cerrados; no sea que vean con sus ojos, y oigan con sus oídos, y entiendan con su corazón, y se conviertan, y yo los sane".4
Isaías quería suavizar los corazones de la gente. Pero, al rechazar sus advertencias, sus corazones naturalmente se endurecieron.
Nunca olvidaré cuando hace algunos años, visité los restos del campo de concentración de Dachau, en una pacífica calle suburbana en las afueras de Munich, Alemania. Se encontraba junto a un campo de fútbol lleno de gritos y risas de niños que jugaban. Era una escena corriente. Me preguntaba si los niños habían jugado en este campo cincuenta años antes, más interesados en el siguiente gol que en los oscuros muros que había detrás de ellos.
La mayoría de los edificios del campamento estaban destruidos, pero los muros, las puertas y el crematorio todavía están en pie como un escalofriante recordatorio.
Yo estaba fascinado de repasar un folleto para turistas acerca del pueblo. En ét el alcalde de Dachau daba una bienvenida a los visitantes:
"¡Los horrores de los campos de concentración alemanes no deben repetirse nunca! Después de su visita, quedará aterrorizado. Pero sinceramente esperamos que no transfiera su indignación al antiguo pueblo bávaro de Dachau, de 1.200 años de antigüedad, que no fue consultado cuando se construyó este campo de concentración, y cuyos ciudadanos votaron en forma bien decisiva contra el surgimiento del nacionalsocialismo (nazismo) en 1933 ".
El folleto añadía: "Ellos [los ciudadanos de Dachau] no conocían los detalles de lo que sucedía detrás de los muros del campamento". ¿Puede haber sido éste el caso? ¿Cómo explicaban los centenares de miles de personas que veían transportadas a Dachau y empujadas como ganado al interior del campamento? ¿Pero qué diremos de nosotros, los cristianos de hoy? ¿Hemos levantado murallas alrededor de la iglesia que bloquean nuestra vista de lo que está ocurriendo en nuestra comunidad? ¿Somos ciegos Y no vemos a los que están con necesidades?
El filósofo danés Soren Kierkegaard describe un hospital donde los pacientes morían como moscas. Los médicos estaban en pánico y buscaban desesperadamente una curación. Pero nada funcionaba. El veneno contaminaba el edificio.
Así sucedió, dijo Kierkegaard, con la iglesia del Estado en Dinamarca. Las congregaciones se estaban muriendo, y todos ofrecían una cura: un nuevo himnario, un estilo de adoración diferente, un nuevo libro de oraciones para el altar. Pero todo era en vano. Un veneno espiritual emanaba del "edificio", sofocando a toda la organización. La iglesia no había sido ventilada, espiritualmente, durante años. 5
En 1980, mi buena amiga Bronwyn Reid estaba viviendo en una especie de comuna en el centro de Sydney, Australia. Ella y sus amigas "liberaron" (para usar la palabra de ella) un edificio del gobierno que estaba vacante, se mudaron a ét y vivían sin pagar alquiler.
Su estilo de vida alternativo atraía a artistas, músicos, caminantes con sus mochilas, hippies, y un "surtido de habitantes marginales" de diversos trasfondos étnicos. "Yo era una joven idealista, sumergida en la contracultura de las filosofías de la Nueva Era, pero no convencida todavía de que estos gurúes tuvieran las respuestas", dijo ella.
Bronwyn había crecido en otra denominación, pero la abandonó cuando era adolescente. Ahora se sentía impresionada a estudiar la Biblia por sí misma, y eligió ponerse en contacto con los adventistas porque había oído hablar de su estilo de vida total. Siendo vegetariana, Bronwyn sintió que era un "espíritu familiar".
"Con un corazón escudriñador y una mente abierta nerviosamente caminaba por la calle y fui a mi primer culto sabático", dice ella. "Me senté en el fondo de la iglesia, sólo para ser informada por una mujer con un tono un tanto intimidador de que estaba sentada en el espacio reservado para ella. Fue una bienvenida interesante".
Bronwyn recuerda cantar los himnos antiguos y escuchar un sermón que contenía palabras y frases que nunca había oído antes, tales como "el remanente", "espíritu de profecía", y "los mensajes de los tres ángeles". Al final, alguien anunció un "record" (¿un disco?) gratuito disponible en el atrio, y que la semana próxima tendrían un potluck (comida a la canasta).
Como le gustaba la música, Bronwyn estaba interesada en escuchar lo que había en el disco adventista. Como hippy fumadora de marihuana, estaba interesada en lo que podría ser ese "pot" luck [pot es uno de los nombres de la marihuana]. "Después del culto pregunté por ese record", recuerda ella, "y me dirigieron a una diaconisa, que me miró fijamente de arriba abajo y luego me dijo que como no era miembro de la iglesia no tenía derecho a recibir ninguno ". Bronwyn se volvió a casa preguntándose si se requería una cirugía de by pass carismático para ser adventista.
Más tarde descubrió que el Record era la revista de la Iglesia Adventista para la División del Pacífico Sur, y que los adventistas no fuman pot (marihuana) en un potluck (aunque todavía hay la posibilidad de envenenarse).
"Esa primera visita fue un choque cultural", dice Bronwyn. "Yo era obviamente tan diferente y me sentía como alguien extraña que no conocía el idioma y ciertamente no parecía ser una parte de ellos. Seriamente dudé si la Iglesia Adventista sería un buen lugar para mí, y sólo mi hambre interior de encontrar la verdad me impidió abandonarla".6
¿Cómo podemos ventilar espiritualmente nuestras iglesias? ¿Cuál es el antídoto para el envenenamiento espiritual? Necesitamos una nueva visión de Isaías para alcanzar al mundo con el amor y la compasión de Jesús. Necesitamos tomar esas puertas y arrancarlas de sus bisagras. Necesitamos tomar las ventanas de la iglesia y abrirlas de par en par.


Referencias