NÚMEROS

CAPÍTULO 18

1 Cargo de los sacerdotes y levitas. 9 La parte de los sacerdotes. 21 La parte de los levitas. 25 Ofrenda mecida de los sacerdotes tomada de la porción de los levitas.

1 JEHOVA dijo a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio.
2 Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a ti y se junten contigo, y te servirán; y tú y tus hijos contigo serviréis delante del tabernáculo del testimonio.
3 Y guardarán lo que tú ordenes, y el cargo de todo el tabernáculo; mas no se acercarán a los utensilios santos ni al altar, para que no mueran ellos y vosotros.
4 Se juntarán, pues, contigo, y tendrán el cargo del tabernáculo de reunión en todo el servicio del tabernáculo; ningún extraño se ha de acercar a vosotros.
5 Y tendréis el cuidado del santuario, y el cuidado del altar, para que no venga más la ira sobre los hijos de Israel.
6 Porque he aquí, yo he tomado a vuestros hermanos los levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del tabernáculo de reunión.
7 Mas tú y tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vuestro sacerdocio; y el extraño, que se acercare, morirá.
8 Dijo más Jehová a Aarón: He aquí yo te he dado también el cuidado de mis ofrendas; 897 todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo.
9 Esto será tuyo de la ofrenda de las cosas santas, reservadas del fuego; toda ofrenda de ellos, todo presente suyo, y toda expiación por el pecado de ellos, y toda expiación por la culpa de ellos, que me han de presentar, será cosa muy santa para ti y para tus hijos.
10 En el santuario la comerás; todo varón comerá de ella; cosa santa será para ti.
11 Esto también será tuyo: la ofrenda elevada de sus dones, y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel, he dado a ti y a tus hijos y a tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; todo limpio en tu casa comerá de ellas.
12 De aceite, de mosto y de trigo, todo lo más escogido, las primicias de ello, que presentarán a Jehová, para ti las he dado.
13 Las primicias de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales traerán a Jehová, serán tuyas; todo limpio en tu casa comerá de ellas.
14 Todo lo consagrado por voto en Israel será tuyo.
15 Todo lo que abre matriz, de toda carne que ofrecerán a Jehová, así de hombres como de animales, será tuyo; pero harás que se redima el primogénito del hombre; también harás redimir el primogénito de animal inmundo.
16 De un mes harás efectuar el rescate de ellos, conforme a tu estimación, por el precio de cinco siclos, conforme al siclo del santuario, que es de veinte geras.
17 Mas el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová.
18 Y la carne de ellos será tuya; como el pecho de la ofrenda mecida y como la espaldilla derecha, será tuya.
19 Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren a Jehová, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de Jehová para ti y para tu descendencia contigo.
20 Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.
21 Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.
22 Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran.
23 Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.
24 Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.
25 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
26 Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos.
27 Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar.
28 Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón.
29 De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada.
30 Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto de la era, y como producto del lagar.
31 Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de reunión.
32 Y no llevaréis pecado por ello, cuando hubierais ofrecido la mejor parte de él; y no contaminaréis las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.


1.
Llevaréis el pecado.
Los sacerdotes, siendo diferentes del resto de los levitas, debían 898 encargarse de que ninguna persona no autorizada se acercara al tabernáculo, contaminado de esa manera. Esto mitigaría los temores de la congregación de que al acercarse al tabernáculo corría peligro de muerte.
2.
Tus hermanos también.
Una referencia a los gersonitas y a los meraritas, las otras dos ramas de la tribu de Leví.
Se junten contigo.
La forma verbal aquí traducida "junten" es probablemente la palabra que sirve de raíz al nombre de Leví (ver com. Gén. 29: 34).
3.
Guardarán lo que tú ordenes.
Eran los guardianes nombrados del santuario.
No se acercarán.
Esto no se refería a los coatitas (cap. 4: 15), sino sólo a los otros levitas. Los coatitas no debían manejar los utensilios cuando estaban descubiertos, ni aun debían mirarlos (cap. 4: 19, 20). Esta prohibición también incluía el altar de bronce (Exo. 29: 37) tanto como el altar del incienso, pues ambos eran "santos".
Los utensilios.
Literalmente, "el mobiliario". La palabra traducida "utensilios" incluye todos los vasos sagrados y muebles del santuario.
4.
Se juntarán, pues, contigo.
Los sacerdotes debían considerar a sus hermanos los levitas como una parte integral del cuerpo de hombres designados para servir a Jehová en el oficio sagrado, aunque en una categoría inferior.
Ningún extraño.
Es decir, cualquiera que no fuera levita (cap. 1: 51).
5.
No venga más la ira.
Los levitas eran responsables fuera del tabernáculo, como los sacerdotes lo eran dentro. Los sacerdotes debían cuidar de todas las cosas santas, tales como el pan de la proposición (el pan de la Presencia, Bj), las lámparas, etc. y debían cubrirlas al trasladarlas. Los levitas debían ver que los miembros de la congregación no profanaran el santuario inadvertida o impíamente.
6.
Vuestros hermanos los levitas.
Los levitas no debían procurar el oficio del sacerdocio, como lo hizo Coré, sino que debían ayudar a los sacerdotes en el ministerio del Señor. Pero los sacerdotes no debían menospreciarlos, sino siempre recordar que habían de ser tratados y considerados como "hermanos".
Don de Jehová.
Ver caps. 3: 12, 41, 45; 8: 6, 16, 18.
7.
Guardaréis vuestro sacerdocio.
Los obreros de Dios debieran estar orgullosos de su ministerio y servicio en la obra del Señor, y siempre debieran conservarlos íntegros delante de Dios.
El altar, y del velo adentro.
Estas palabras sirven para explicar la expresión "vuestro sacerdocio". Los sacerdotes debían ofrecer los sacrificios ante el altar de bronce, en el atrio, y debían realizar todos los deberes sagrados dentro del santuario mismo, como el ofrecimiento del incienso, la disposición de los panes de la proposición, recortar las mechas de las lámparas y encenderlas, así como los otros deberes relacionados con las ocasiones solemnes, tales como el día de la expiación.
El extraño.
Es decir, cualquiera que no fuera sacerdote. Los tales no debían atreverse a aproximarse al tabernáculo con la intención de realizar alguna función sacerdotal.
8.
Ofrendas.
Esta es una referencia a las contribuciones, aquellas partes del sacrificio que no se quemaban sobre el altar sino que eran reservadas para ser comidas por el sacerdote oficiante. Aarón debía ser responsable por ellas.
Por razón de la unción.
Algunos comentadores se refieren a Lev. 8: 12, y por eso leen: "Porque tú has sido consagrado por el aceite de la unción". El hebreo dice literalmente: "A ti, ellas son dadas como una porción consagrada, y a tus hijos como un privilegio para siempre" (ver Lev. 7: 35).
9.
Cosas santas.
"Cosas sacratísimas" (BJ). Para especificar las cosas que concernían al sacerdocio y para preservar la distinción entre "lo muy santo" y "las cosas santificadas", como se presenta en Lev. 21: 22.
Reservadas del fuego.
Es decir, del altar de los holocaustos. Los sacerdotes recibían algunas cosas que no provenían del altar, tales como las 12 hogazas del pan de la proposición, o pan de la Presencia (ver com. Exo. 25: 30; Lev. 24: 5-8).
Para ti y para tus hijos.
Esas porciones debían ser una compensación parcial por su falta de herencia entre las tribus de Israel.
10.
En el santuario la comerás.
Generalmente se ha entendido que esto se refiere al tabernáculo en contraste con el atrio exterior. En armonía con la intención obvia de las Escrituras (Lev. 16: 2; Heb. 9: 6, 7), Straubinger traduce "en lugar santísimo". 899
Todo varón comerá de ella.
Y ningún otro, como se declara específicamente en otras partes (Lev. 2: 3, 10; 6: 17, 18, 29; 7: 6).
11.
Esto también será tuyo.
"Esto" se refiere a las cosas menos santas.
La ofrenda elevada.
El pecho del sacrificio de paz era mecido delante de Jehová y la espaldilla (o muslo) era elevada delante de él (ver com. Exo. 29: 27 y Lev. 7: 14). Ambos llegaban a ser de los sacerdotes (Ley. 7: 30-34). Lo mismo se hacía con la espaldilla del carnero ofrecido por un nazareo (Núm. 6: 19, 20).
Y a tus hijas.
Estas dádivas no eran exclusivamente para el uso de los varones (Lev. 10: 14; 22: 13). Sin embargo, la comida debía hacerse en un lugar limpio (Lev. 10: 14) dentro del campamento (Deut. 12: 6, 7, 17, 18) y no se permitía que participara ninguna persona inmunda (Lev. 7: 20, 21; 22: 4).
12.
Todo lo más escogido.
Literalmente, "la gordura". La gordura era un símbolo de riqueza tanto en alimentos como en sacrificios (Deut. 32: 14; Sal. 63: 5; Exo. 23: 18; 29: 13, 22; 1 Sam. 2: 15, 16). También se usaba para referirse a los mejores productos de la tierra (Gén. 45: 18). Aquí se hace referencia a los productos de la tierra, antes de ser procesados para su consumo.
Las primicias de ello.
Esto puede ser una referencia al tiempo, lo primero que maduraba de la cosecha, pero podría también referirse a la calidad (cf. "las primicias de los primeros frutos" en Exo. 23: 19).
13.
Todo limpio.
Se permitía que todos los miembros de una familia sacerdotal comieran de "las primicias de todas las cosas". Sólo estaban excluidos los que se encontraban bajo el entredicho de inmundicia.
14.
Todo lo consagrado.
Todo lo que estaba sometido a un voto era completamente dado a Dios y no podía ser redimido (Lev. 27: 1-29; cf. Núm. 21: 2; Mar. 7: 11).
15.
Que abre matriz.
Lo que nacía primero, ya fuera varón o animal macho, pertenecía a los sacerdotes. Si nacía primero una hembra y un macho después, el macho no debía ser de los sacerdotes, puesto que en ese caso no había abierto la matriz (Exo. 13: 2).
Se redima.
Dos clases de primogénitos que pertenecían a los sacerdotes debían redimirse, es decir recobrarse por dinero: (1) los animales inmundos, que no se aceptaban como sacrificios, y (2) los seres humanos.
16.
Cinco siclos.
El precio fijado cuando el primogénito era permutado por los levitas (cap. 3: 46, 47). Los judíos de hoy celebran una ceremonia derivada de esta redención, cuando un hijo primogénito tiene un mes de edad.
17.
No redimirás.
Es decir, no se aceptaba una suma de dinero como redención, sino que el animal mismo debía ser sacrificado. Estos eran animales limpios, y sólo los inmundos que no podían ser sacrificados debían ser redimidos (vers. 15).,
Rociarás.
La fórmula usada para los sacrificios de paz (Lev. 7: 31-33).
18.
La carne de ellos.
Con la excepción de las partes con grasa, que eran quemadas, todo el sacrificio venía a ser de los sacerdotes.
El pecho de la ofrenda mecida.
Como esto y el muslo derecho ("espaldilla") de las ofrendas de paz se convertían en propiedad de los sacerdotes (ver Lev. 10: 14, 15), así también en este caso todo el cadáver les pertenecía.
19.
Pacto de sal.
Un pacto indisoluble, uno que nunca se deteriora, un vínculo de amistad sagrada. La sal, que en sí misma preserva otros cuerpos de la corrupción, es un símbolo apropiado de lo que es incorruptible. Es un emblema de una alianza valedera, como cuando dos hombres comían juntos pan y sal. La sal siempre se añadía a los sacrificios ofrecidos al Señor (Lev. 2: 13; Mar. 9: 49).
20.
De la tierra de ellos no tendrás heredad.
Es decir, los levitas no recibieron herencia territorial en la Tierra Santa como las otras tribus. Aarón mismo no entró en la Tierra Santa, pero se le hace a él esta declaración como representante de los levitas. Ciertos deberes sagrados iban a ocupar el lugar de una herencia de tierra.
Yo soy tu parte.
Los sacerdotes estaban consagrados completamente a Dios (Deut. 10: 9). Por su parte, el pueblo debía manifestar un espíritu de generosidad con sus hermanos los sacerdotes que no habían recibido una herencia de tierra (ver Deut. 12: 12; Jos. 13: 14). Los sacerdotes vivían del altar de Dios y, por así decirlo, comían en la mesa de Dios.
21.
Todos los diezmos.
Como una recompensa por su servicio, los levitas debían recibir una décima parte de todo lo producido (vers. 26, 30). En Heb. 7: 5 el pago de los diezmos entra en el argumento de que el sacerdocio aarónico era inferior al sacerdocio de Cristo. 900
22.
No lleven pecado por el cual mueran.
Para que no murieran, los miembros de la congregación no debían osar aproximarse al tabernáculo con la idea de ocuparse en obra alguna del sacerdocio o de los levitas.
23.
Llevarán su iniquidad.
Si los levitas permitían que una persona no autorizada hiciera la obra de ellos, ellos mismos recibirían el castigo que correspondía al perpetrador de la falta.
24.
En ofrenda.
Para que el pueblo estuviera bien dispuesto a dar sus diezmos a los levitas, los diezmos son representados como una "ofrenda" para Jehová. Esto no significa que se seguía el ritual de las ofrendas elevadas o alzadas, sino más bien que los diezmos debían ser ofrecidos a Dios, y que él a su vez los daba a los levitas.
26.
Cuando toméis.
Una confirmación para Moisés (vers. 25) de las palabras dichas a Aarón (vers. 20).
Presentaréis.
Los levitas mismos debían dar un diezmo de lo que recibían de los diezmos de Israel.
27.
Vuestra ofrenda.
La contribución de los levitas, que debían dar a los sacerdotes, era una décima parte de los diezmos que recibían.
Se os contará.
Compárese con Lev. 7: 18, donde la misma palabra se ha traducido "tendrá cuenta" (BJ) o sea algo imputado. Se usa también en cuanto a la fe de Abrahán (Gén. 15: 6, "se lo reputó", BJ).
Como.
Los levitas no tenían cereales ni vino propios, pero debían diezmar su ingreso como si procediera de sus propias eras o de sus propios lagares.
28.
Al sacerdote Aarón.
Los que no eran levitas eran mucho más numerosos que los levitas, en una proporción, aproximadamente, de 30 a 1 (ver caps. 2: 32; 3: 39). Eso significaba que los levitas ciertamente estaban bien provistos. Por lo tanto, era adecuado que así como los levitas recibían diezmos del pueblo, a su vez pagaran diezmo a los sacerdotes.
29.
De todos vuestros dones.
De todo lo que llegaba a su mano los levitas debían dar ofrendas a los sacerdotes.
De todo lo mejor.
Nada menos que lo mejor podía ofrecerse a Dios.
La porción que ha de ser consagrada.
Esto era el diezmo, la parte del Señor (Lev. 27: 30).
31.
En cualquier lugar.
No en algún "lugar santo" designado.
Vuestra remuneración.
Quedaba librado a su arbitrio, para ser usado en el hogar, participado con toda la familia, o vendido para comprar otras cosas (ver Mat. 10: 10; Luc. lo: 7; 1 Cor. 9: 4; 1 Tim. 5: 18).
32.
No llevaréis pecado.
No serían culpados por usarlo para sus propios fines y necesidades.
Ofrecido.
Después de que habían sacado la décima parte para Dios.
No contaminaréis las cosas santas.
No habría contaminación, con su castigo acompañante, por el hecho de que usaran en forma personal y no religiosa lo que les quedara de los diezmos que habían recibido.
No moriréis.
Como ciertamente sucedería con los que dieran un uso común a las cosas santas.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
12 HAp 27 l; 1JT 466
15, 16 PP 281
20 6T 312
21 CMC 76, 108; MB 289, 291; PP 570