Evangelio Según SAN MATEO

CAPÍTULO 4

Resumen
1 Cristo ayuna y es tentado. 11 Los ángeles le sirven. 13 Vive en Capernaún, 17 y comienza a predicar. 18 Llama a Pedro y a Andrés, 21 a Santiago y a Juan, 23 y sana a todos los Enfermos.

Texto:

1ENTONCES Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.
7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,
9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;
13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaúm, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,
14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles;
16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.
17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.
25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.
COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
Entonces
[La tentación, Mat. 4:1-11 = Mar. 1:12-13 = Luc. 4:1-13. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 206; diagrama p. 220.] Gr. tóte, palabra empleada muchas veces por Mateo. Aparece en su Evangelio unas 90 veces; en Marcos aparece 6 veces, y en Lucas 14 veces (ver Mat. 2:7; 3:13; 4:1, 5, etc.). Indica una transición y ubica el comienzo de una nueva sección de la narración en un momento definido, el cual suele seguir inmediatamente después del hecho precedente.
Fue llevado
El desierto podría ser el de Judea o el de Perea, al otro lado del Jordán. Se desconoce el lugar preciso donde Jesús fue tentado.
Por el Espíritu
Desde su nacimiento, Jesús había sido guiado e instruido por el Espíritu Santo (ver com. Mat. 3:16; Luc. 2:52), pero en ocasión de su bautismo, el Espíritu descendió sobre él en su plenitud para llenarlo de sabiduría y capacidad para cumplir con la misión que le había sido asignada (Hech. 10:38; cf. cap. 1:8). Jesús fue guiado "paso a paso, por la voluntad del Padre", en armonía con "el plan" que "estuvo delante de él, perfecto en todos sus detalles" antes de que él viniera "a la tierra" (DTG 121; ver com. Luc. 2:49). Marcos emplea una expresión aún más expresiva: "El Espíritu le impulsó al desierto" (Mar. 1:12).
Al desierto
El lugar tradicional de la tentación se sitúa en los cerros escarpados y áridos que se elevan al oeste de Jericó. Su nombre, Yebel Qarantal, se relaciona con los 40 días que Jesús pasó en el desierto. El bautismo se realizó en el Jordán, al este de Jericó (ver com. cap. 3:1), y el hecho de que Jesús volviera a ese mismo lugar al terminar los 40 días implica que el sitio de la tentación no estaba muy distante de allí. Si bien la tradición indica que la tentación ocurrió al oeste del Jordán, es también posible que Jesús se hubiera retirado a la región desierta del monte Nebo, en las proximidades de los montes Abarim, al este del mar Muerto (ver com. Núm. 21:20; 27:12; Deut. 3:17). Desde las alturas del monte Nebo, Dios había mostrado a Moisés la tierra prometida (Deut. 34:1-4; PP 504-510), y es posible que desde este mismo 301 lugar, "un monte muy alto", Satanás le "mostró [a Cristo] todos los reinos del mundo" (Mat. 4: 8; ver DTG 102-103).
Para ser tentado.
Gr. peirázÇ, "tratar" (Hech. 9: 26), "intentar" (Hech. 16: 7; 24: 6), "probar" (Juan 6: 6; 2 Cor. 13: 5) con un propósito bueno, y "probar" o "tentar" (Mat. 19: 3; Luc. 11: 16), con un propósito malo, sobre todo con el de hacer pecar a una persona (1 Cor. 7: 5; 1 Tes. 3: 5; Sant. 1: 13). Aquí se emplea el verbo peirázÇ con este último sentido.
Jesús no provocó la tentación, ni tampoco se colocó a sabiendas en el terreno hechizado del diablo. Se retiró al desierto para estar solo con su Padre y para meditar en la misión que tenía por delante.
Jesús tomó sobre sí la naturaleza humana, y con ella la posibilidad de ceder al pecado (DTG 91-92). Se permitió que arrostrara "los peligros de la vida en común con toda alma humana", que peleara "la batalla como la debe pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida eterna" (DTG 33). Sólo así podría decirse "que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4: 15). Por otra parte, si, como algunos lo afirman, Jesús, siendo divino, no podía ser tentado, su tentación habría sido una farsa. Por medio de su naturaleza humana experimentó la tentación (cf. DTG 636-637). Si la forma en que experimentó la tentación hubiera sido en algo menos difícil que la nuestra, "él no podría socorrernos" (DTG 92). Ver la Nota Adicional de Juan 1; com. Luc. 2: 40, 52; Juan 1: 14; Heb. 4:15; Material Suplementario de EGW con referencia a Mat. 4: 1-11; Rom. 5: 12-19.
Tenemos un representante ante el Padre que puede "compadecerse de nuestras debilidades" porque "fue tentado en todo según nuestra semejanza". Por eso se nos invita a acercarnos "confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4: 15-16). Jesús sabe por experiencia propia lo que la humanidad puede soportar, y ha prometido moderar el poder del tentador de acuerdo con la fortaleza de cada uno de nosotros, a fin "de poderla resistir con éxito" (1 Cor. 10: 13, BJ). Dentro de cada corazón humano se repite el gran conflicto que Cristo debió soportar en el desierto de la tentación. Sin pruebas -sin la oportunidad de elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo- no puede desarrollarse el carácter. La fuerza para resistir a la tentación se desarrolla resistiendo a la tentación.
El diablo.
Gr. diábolos, del verbo diabállÇ, que literalmente significa "tirar a través de", pero que se emplea con el sentido de "acusar" con malas intenciones, ya sea falsa o justamente, o "calumniar". La palabra diábolos es empleada en la LXX para traducir la palabra hebrea Ñatan, "adversario" (ver com. Zac. 3: 1). Cuando se emplea la palabra diábolos para referirse a Satanás, suele usarse con artículo definido (1 Ped. 5:8 constituye una excepción). Sin artículo, la palabra diábolos se refiere a personas (Juan 6:70; 1 Tim. 3: 11; 2 Tim. 3: 3; Tito 2: 3).
Hay quienes afirman que no hay un diablo personal, pero las palabras diábolos, "calumniador" o "acusador", y Ñatan, "adversario", se basan en el concepto del diablo como un ser personal. Cristo vio "a Satanás caer del cielo como un rayo" (Luc. 10: 18). Sólo un ser personal podría haber desempeñado el papel del diablo en el relato de la tentación (Mat. 4: 1, 5, 8, 11), y podría coincidir con las otras afirmaciones que acerca de su persona se hacen en diversos pasajes del NT (Juan 13: 2; Heb. 2: 14; Sant. 4: 7; 1 Juan 3: 8; Jud. 9; Apoc. 2: 10; 20: 2, 7-10).
2.
Ayunado.
La palabra que así se traduce suele emplearse en el NT para referirse a la práctica ritual de abstenerse de alimento. Pero es evidente que en este caso no se trataba de un ayuno ritual. Jesús fue criticado durante toda su vida porque sus discípulos no cumplían con los ayunos prescritos por los fariseos (Mat. 9: 14; Luc. 5: 33; cf. Luc. 18: 12). Existe el peligro hoy, como existía en tiempos bíblicos, de creer que el ayuno es un medio para alcanzar méritos a la vista de Dios, de hacer algo para congraciarse con Dios. Pero este ayuno no es el que Dios manda (ver Isa. 58:5-6; cf. Zac. 7:5). Si se ha de ayunar, debería hacerse con el propósito de alcanzar claridad de pensamiento, lo opuesto de la modorra que causa el comer en exceso. La percepción espiritual de la verdad y de la voluntad de Dios aumenta notablemente cuando se sigue una dieta frugal. En algunos casos puede venir bien el abstenerse totalmente de comer. El ayuno no siempre significa no comer nada. Sin embargo, Lucas dice que Jesús no comió nada mientras estuvo en el desierto de la tentación (cap. 4:2). 302
Cuarenta días.
Comparar con ayunos similares de Moisés (Exo. 34:28) y Elías (1 Rey. 19:8). No tiene sentido el tratar de encontrar en el número 40 algún significado simbólico (ver com. Luc. 4:2).
3.
Vino a él.
Fue un diablo personal el que "vino a" Jesús. Fue un diablo personal el que Jesús derrotó. Ninguno de los evangelistas da la más mínima indicación de que la tentación fue una vivencia que existió tan sólo en el pensamiento de Jesús, como lo han supuesto algunos.
El tentador.
El diablo siempre nos ataca en los momentos de mayor debilidad, porque es entonces cuando con mayor facilidad podríamos caer. Por eso es de vital importancia que se conserven las fuerzas físicas y mentales en un elevado nivel de vitalidad y eficiencia. Todo lo que pueda debilitar esas fuerzas, debilita nuestra defensa contra los engaños del tentador. El trabajar demasiado, dejar de hacer ejercicio, comer mal, dormir poco, o hacer cualquier cosa que disminuya la viveza intelectual o el control de las emociones, tiende a abrir el camino para que el maligno penetre en el alma. El albergar pensamientos de desánimo, derrota o resentimiento tiene el mismo efecto. Debemos poner nuestros afectos y nuestros pensamientos en las cosas de arriba (Col. 3:2), y llenar la mente con lo verdadero, lo honesto, lo puro, lo amable (Fil. 4:8). Debemos someter el cuerpo a las leyes de nuestro ser físico, porque es imposible apreciar plenamente las cosas eternas si vivimos violando las leyes naturales que gobiernan nuestro ser.
Si eres.
Satanás había presenciado el bautismo de Jesús y había escuchado la proclamación del cielo que dijo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (cap. 3:17; ver DT(7 90-91, 93-94). Guiándose por las apariencias, parecía lógico dudar de la verdad de esa afirmación. Pálido, cansado, extenuado y sumamente hambriento (DTG 110-111), Jesús no tenía la apariencia de ser el Hijo de Dios. Las palabras de Satanás, "si eres" representaban para Jesús la pregunta: "¿Cómo sabes que eres el Hijo de Dios?" Del mismo modo, en el huerto del Edén, el tentador había tenido el propósito de inducir a Eva a no creer en las palabras que Dios tan claramente había pronunciado en cuanto al árbol del conocimiento. Así también Satanás se acerca a los hombres y a las mujeres hoy, tratando de conseguir que no crean las verdades que tan claramente aparecen en la Palabra revelada de Dios. Sólo aquellos cuya fe, como la de Jesús, descansa firmemente en lo que "escrito está", en un claro "así dice Jehová", podrán resistir los engaños del diablo. Una tentación siempre representa un desafío a alguna verdad claramente conocida. Induce a suponer que las circunstancias justifican el abandono de algún principio.
La forma de la frase griega indica que también podría traducirse de la siguiente manera: "Puesto que eres el Hijo de Dios". De este modo se insinuaría el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios, pero al mismo tiempo era un desafío a que mostrase su poder y autoridad.
Hijo de Dios.
Un claro eco de las palabras del Padre en el Jordán 40 días antes (ver com. cap. 3: 17). Con arrogante desprecio Satanás se dirigió a Aquel contra quien había hablado en forma tan desafiante antes de ser expulsado del cielo. En verdad, Jesús parecía más un ser humano moribundo que el Hijo de Dios (DTG 92-93, 110-111). Las palabras que Satanás empleó en esta ocasión fueron repetidas más tarde por los dirigentes judíos al burlarse de Jesús en la cruz (cap. 27: 40; ver com. Mat. 1: 23; Luc. 1: 35; Juan 1: 1-3, 14).
Di.
En diversas ocasiones durante su ministerio, se le pidió a Jesús que diera prueba de que era el auténtico Mesías mediante el despliegue de su poder milagroso (Mat. 12: 38; 16: 1; Mar. 8: 11-12; Juan 2: 18; 6: 30). Pero él se negó a realizar milagros cuando se lo desafiaba a hacerlo. Más bien, cada milagro debía responder a alguna necesidad específica de las personas a quienes estaba procurando ministrar. Es verdad que se podía esperar que las fuerzas y los elementos de la naturaleza obedecieran la voz de su Creador (Mat. 8:26; Juan 2:6- 11; etc.), pero Jesús no recurrió al empleo de su poder celestial para disponer de algo que no esté a nuestro alcance (ver p. 199).
Estas piedras.
Quizá Satanás señaló unas piedras en el suelo, a los pies de Jesús, algunas de las cuales bien podrían haber tenido forma redonda, que era común en el pan que se hacía en el Cercano Oriente. Satanás pudo haber tomado una de las piedras (cf. Luc. 4:3) y habérsela ofrecido a Jesús, así como había tomado la fruta del árbol prohibido y la había colocado en las manos de Eva (PP 37- 38).
303
Pan
Aquí el pan representa las exigencias materiales de la naturaleza física del hombre. Representa la filosofía materialista de la vida que supone que la vida del hombre consiste en la abundancia de lo que posee y que vive sólo de pan. Así como la tentación hecha por Satanás a Adán y Eva en el jardín del Edén se basó en la excitación del apetito, también el apetito fue la base de su primer ataque contra el Hijo de Dios. Muchas de las tentaciones que acosan a los hombres son de esta clase. En primer lugar, Satanás sabe que al tentar la naturaleza física del hombre, tiene mayor probabilidad de un éxito inmediato. En segundo lugar, dirige sus tentaciones contra las debilitadas y degradadas facultades físicas del hombre, sabiendo perfectamente que por medio de la naturaleza física, por medio de los sentidos, puede alcanzar todo el ser. La naturaleza física debe estar siempre bajo el control de las facultades superiores de la mente, la voluntad y la razón a fin de evitar la ruina. El cuerpo es el medio por el cual se desarrollan la mente y el alma, por medio del cual se forma el carácter (MC 92). Esta tentación fue real porque Jesús, como Hijo de Dios, tenía el poder de satisfacer su hambre creando alimento.
La tentación consistía en la sugerencia satánica de que Cristo satisficiera su hambre en una forma indebida, sin tomar en cuenta cuál podría ser la voluntad de Dios. Lo que proponía Satanás insinuaba que Dios debía ser poco bondadoso al dejar que su Hijo sufriera hambre y estuviera solo, sobre todo cuando eso era completamente innecesario.
Compárense las tentaciones en el desierto al comienzo del ministerio de Cristo con las que padeció en el Getsemaní al fin de ese período (ver com. cap. 26:38).
4.
Respondió y dijo.
Ver com. Job 3:2.
Escrito está.
La fe de Cristo en Dios y su conocimiento de la voluntad divina se fundaban en las Escrituras. Desde su niñez Cristo había estudiado con diligencia las Escrituras y las conocía íntimamente (DTG 50-51). En eso radicaba el secreto de su fuerza para hacer frente a la tentación. Es la fe la que trae la victoria sobre el mundo (1 Juan 5:4), y la fe se desarrolla mediante el estudio de las Escrituras (Rom. 10: 17). Aquí Cristo afirma que el obedecer la Palabra escrita de Dios tiene mayor valor e importancia que realizar un milagro. En esta ocasión todas las citas que Cristo empleó fueron del libro de Deuteronomio.
No sólo de pan.
Esta cita es de Deut. 8:3, y es una verdad que Cristo había revelado a Moisés 15 siglos antes. Cuando las tentaciones acabaron, Jesús estaba al borde de la muerte (DTG 104-105). Quizá Satanás sugirió que Cristo moriría a menos que se apartara de lo que él consideraba ser su deber. Si así fue, por su respuesta Jesús afirmó que la muerte dentro del ámbito de la voluntad de Dios es mejor que la vida lejos de esa voluntad. Satanás emplea esta forma de tentación con muchos de los que procuran ser obedientes a la voluntad de Dios. El que se propone vivir sólo con "pan" o con el único propósito de obtener ese "pan", en realidad no está viviendo, y en el mejor de los casos está sentenciado a muerte, porque el "pan" sin Dios lleva a la muerte y no a la vida.
Las primeras palabras de Jesús afirman una completa e inalterable sumisión a la voluntad del Padre, tal como está expresada en la Palabra de Dios. Jesús aceptó la obligatoriedad de esa Palabra (cf. Juan 15: 10) y negó que las cosas materiales fueran de primera importancia. Las cosas espirituales son supremas en su valor e importancia (ver com. Mat. 6: 24-34; Juan 6: 27).
Vivirá el hombre.
El hombre es más que un animal; sus más urgentes necesidades no son físicas ni materiales. Jesús afirmó: "Mi reino no es de este mundo" (Juan 18: 36). Mientras que Jesús afirmaba, por una parte, la vital importancia de ayudar en todas las formas posibles a los necesitados (Mat. 25: 31-46; etc.), también dejó bien en claro que esto no debía ocupar el lugar de la lealtad y la consagración que se le debía rendir a él personalmente como Mesías (cap. 26: 11). Es verdad que los hombres deben "hacer justicia, y amar misericordia" (Miq. 6: 8), y deben amar a sus prójimos como a sí mismos (Mat. 22: 39), pero también deben humillarse delante de Dios (Miq. 6: 8). La respuesta de Cristo al diablo es una condenación de la filosofía materialista de la vida, no importa cuál forma pueda tomar. La posesión de cosas no es el propósito final de la vida. Ni siquiera es un propósito deseable (ver Luc. 12: 15; com. Juan 6: 27-58).
Toda palabra.
Dijo Jesús: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió" (Juan 4: 34). Jeremías habló de hallar y comer las palabras de Dios, y dice que ellas se transformaron en "gozo y alegría" de su corazón (cap. 15: 16). Job declaró: "Guardé las 304 palabras de su boca más que mi comida" (cap. 23: 12). Jesús, el Verbo viviente (Juan 1: 1-3) era el "pan vivo que descendió del cielo" (cap. 6: 48-51). El autor de la carta a los Hebreos habla de gustar de "la buena palabra de Dios" (Heb. 6: 5). Pedro se refirió a la "leche espiritual no adulterada" (1 Ped. 2: 2) que permite el crecimiento del cristiano.
Además, es de vital importancia prestar atención a toda palabra de Dios. El hombre no tiene la libertad de elegir de la Palabra de Dios aquellas porciones que le agradan y rechazar otras. Dios ha proporcionado una dieta espiritual equilibrada para sus hijos terrenales, y quienes sólo comen lo que les place, no pueden esperar disfrutar de una experiencia cristiana saludable ni llegar a la madurez cristiana. Aun los "mandamientos muy pequeños" (Mat. 5: 19) son indispensables para el que quiera entrar en el reino de los cielos.
5
Entonces.
En el relato de Lucas, la tercera tentación de Mateo aparece como segunda. No sabemos cuál fue el orden cronológico, pero es razonable pensar que ocurrieron en el orden que da Mateo. Un estudio cuidadoso de la naturaleza y del propósito de cada tentación lleva a la conclusión de que se llega al pináculo de las tres cuando Satanás lleva a Jesús a "un monte muy alto" (vers. 8) y le muestra los reinos de este mundo. En las primeras dos tentaciones, según las registra Mateo, Satanás aparece bajo la figura de un ángel de luz, pero en la tercera abiertamente exige que Cristo le adore (vers. 9). Esta sugerencia blasfema es la que, según Mateo, recibe como respuesta la orden: "Vete, Satanás" (vers. 10). El Deseado de todas las gentes comenta las tentaciones en el orden en el cual las presenta Mateo (pp. 102-103; ver com. vers. 9).
La secuencia de los acontecimientos muchas veces es diferente en uno de los Evangelios sinópticos frente a los otros. Debe notarse que ninguno de los evangelistas pretende haber organizado el relato en orden cronológico exacto (ver p. 268), y es evidente que no lo han hecho siempre así. Ver la Nota Adicional 2 del cap. 3.
La santa ciudad.
Algunas monedas de los Macabeos llevan la inscripción: "Jerusalén la santa". Isaías denomina "ciudad santa" a Jerusalén (cap. 48: 2; 52: 1). En Mat. 27: 53 Jerusalén aparece como "santa ciudad". Es evidente que Satanás escogió el templo como el lugar de su segunda tentación no porque no hubiera alturas y precipicios en los montes del desierto. Tiene que haber existido otro motivo. Posiblemente Satanás quiso rodear a la segunda tentación con un ambiente de santidad.
Pináculo.
Gr. pterúgion, diminutivo de la palabra "ala". Se emplea la palabra para referirse a la punta o a la extremidad de algo. Por eso se entiende que alude aquí al borde exterior del templo. Diversos autores griegos emplean la misma palabra para referirse a las partes altas de un edificio o de un templo. La palabra "pináculo" viene de la palabra latina pinnaculum, que es el diminutivo de pinna, "pluma".
Templo.
Gr. hierón, término que se emplea para referirse a toda el área del templo y sus edificios. En griego, el edificio del templo, con su lugar santo y su lugar santísimo se llama naós. En el NT, ambas palabras, hierón y naós, se traducen como "templo".
6
Si eres.
Ver com. vers. 3. A primera vista, parecería que al no responder al desafío de Satanás, Jesús admitía tácitamente que no era Hijo de Dios. Al enfrentarse con la primera tentación, Jesús había demostrado su lealtad como Hijo a la voluntad del Padre. En esta ocasión el tentador le propone que demuestre su lealtad y su fe mediante un acto que, aparentemente, daría una prueba convincente de ese hecho.
Echate abajo.
Satanás insinuaba que sin duda tal acto de fe en Dios sería la suprema demostración de que Jesús era en verdad el Hijo de Dios. El Midrash Pesikta Rabbati, comentario bíblico rabínico de aproximadamente el año 845 d. C., afirma en la sección 36 que "cuando el rey Mesías se revele, vendrá y se parará sobre el techo del lugar santo". No se puede saber si esta tradición se remonta a tiempos de Jesús. Si Jesús se hubiera echado abajo, nadie más que Satanás y los ángeles de Dios lo hubieran visto (ISG 33).
Escrito está.
Satanás tergiversa y aplica mal el pasaje que ahora presenta ante Cristo como una razón para que se aparte del camino del deber. Emplea la Palabra de Dios en tal forma, que parece que este pasaje aprueba una conducta pecaminosa; tuerce su significado y lo emplea engañosamente (cf. 2 Cor. 4: 2).
A sus ángeles mandará
Satanás cita del Sal. 91: 11-12, pero omite las palabras "que te guarden en todos tus caminos". Quizá tenía el propósito de oscurecer el hecho de que tenemos derecho de reclamar el cuidado protector 305 de Dios sólo cuando andamos por los caminos que Dios escoge. Satanás bien sabía que cuando un hombre se aparta del camino estrecho y recto, se aleja del terreno escogido por Dios y se coloca en la tierra hechizada del enemigo. Pero Jesús se negó a apartarse del camino de la estricta obediencia a la voluntad del Padre.
7
Escrito está.
Satanás había sacado las palabras de Sal. 91: 11-12 de su contexto (ver com. Mat. 4:6). A fin de exponer el verdadero significado de las palabras citadas del Sal. 91 y probar que el diablo las había aplicado mal, Jesús citó otro pasaje (Deut. 6: 16), cuyo contexto muestra cuáles son las circunstancias en las cuales se puede pretender recibir la bendición de Dios (Deut. 6: 17-25). Los textos aislados de su contexto muchas veces dan lugar a interpretaciones erróneas. Además, un pasaje debe entenderse en armonía con todos los otros. Lo que algunos dicen, en el sentido de que puede torcerse la Escritura para que enseñe cualquier doctrina, sólo es cierto cuando se viola este principio. Cuando se estudia la Palabra de Dios en todo su conjunto, sus verdades son claras y armoniosas.
No tentarás.
Las palabras empleadas por Cristo para frustrar al enemigo fueron originalmente pronunciadas por Moisés en relación con la queja de los israelitas, cuando por primera vez protestaron en el desierto por falta de agua (Exo. 17: 1-7). Dios había proporcionado abundantes pruebas de que estaba guiando a su pueblo y que le proporcionaría todo lo que necesitara, por ejemplo, el despliegue de poder divino en Egipto, la dramática liberación en el mar Rojo, y posteriormente el envío del maná. Cuando se le dio alimento, el pueblo prometió humildemente que en el futuro confiaría en el Señor (PP 303-304), pero poco tiempo más tarde, cuando tuvieron oportunidad de ejercer su fe, los hebreos acusaron a Moisés de querer matarlos a fin de enriquecerse con sus posesiones (Exo. 17: 1-4; PP 303-305). A pesar de las evidencias del cuidado de Dios para con ellos, "tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? (Exo. 17: 7). Pusieron a Dios a prueba; es decir, lo desafiaron a que demostrara su divino poder. Su pecado consistió en acercarse a Dios con un espíritu equivocado, de exigencia y de impaciente ira, y no el de humilde y paciente fe. A menos de que se les diera lo que exigían, se negaban a creer en Dios.
Con este mismo espíritu Satanás propuso que Cristo pusiera a prueba al Padre. En vez de aceptar por fe lo que el Padre había proclamado en el Jordán, cuando afirmó que Jesús era el Hijo de Dios, Satanás sugería que Jesús pusiera al Padre a prueba para convencerse por sí mismo de que eso era así. Pero tal comprobación reflejaría duda y no fe.
Nunca debemos colocarnos innecesaria o descuidadamente en una posición en la cual Dios tenga que obrar un milagro a fin de salvarnos de los resultados adversos de nuestra necia conducta. No debemos albergar la presunción de que Dios nos rescatará cuando sin necesidad nos precipitamos hacia el peligro. Una fe madura nos inducirá a poner nuestra vida en armonía con lo que Dios ya nos ha revelado, y entonces hemos de confiar en él para lo demás.
8
Monte muy alto.
El registro inspirado no ha revelado el lugar de la tercera tentación. Algunos han sugerido que podría haber sido en el monte Nebo, desde cuya altura (unos 880 m) Moisés vio toda la tierra prometida (Deut. 34: 1-4), y después, en visión, contempló el desarrollo del plan de salvación a través de todas las edades (PP 505-510).
Le mostró.
Mateo hace notar que el diablo "le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos" (cap. 4: 8), y Lucas señala que esto ocurrió "en un momento" (cap. 4: 5). Es inútil especular en cuanto a la forma en que Satanás pudo presentar ante Jesús el vívido panorama que pasó delante de sus ojos.
Despojándose de su disfraz de ángel de gloria, Satanás se presentó ante Cristo como príncipe de esta tierra (DTG 102-103). No tenía derecho a ese título, pero había arrebatado a Adán y Eva el dominio que Dios les había dado. Satanás pretendía haber reemplazado a Adán como legítimo señor de la tierra (Gén. 1:28; Job 1:6-7), pero gobernaba como usurpador. Sin embargo, Cristo no refutó directamente las pretensiones de Satanás, y sólo negó que Satanás tuviera derecho alguno de recibir adoración. Jesús mismo habló de Satanás como el "príncipe" de este mundo, reconociendo así el gobierno de facto de Satanás (Juan 12: 31; 14: 30; 16: 11).
Mundo.
Gr. kósmos, "mundo", o "universo", desde el punto de vista de estar dispuesto en orden en el espacio. Lucas emplea la palabra oikoumén', "mundo habitado" (cap. 4: 5), la cual aparece también en Mat. 24: 14; Luc. 2: 1; Hech. 11: 28; 17: 6; etc. 306
La gloria de ellos.
Satanás ocultó hábilmente el lado peor de su reino y presentó sólo las deslumbrantes glorias de las proezas humanas. Ofreció a Jesús el papel de Mesías político. Si Jesús se hubiera presentado así, la nación Judía lo habría aceptado (ver Juan 6: 15; com. Luc. 4: 19).
9
Todo esto.
Ver com. vers. 8. Efectivamente Satanás dominaba los asuntos religiosos y políticos del mundo (Luc. 4: 6). Claro está que "todo esto" era una propiedad robada, pero mientras Satanás la tuviera en su poder, se proponía comerciar con ella para ventaja propia. Cristo era el verdadero dueño, y su posesión se basaba en el hecho de que había creado "todas las cosas" (Juan 1: 3). Nunca había renunciado a sus derechos. Satanás sabía que Jesús había venido a desafiar sus pretensiones, y ahora se proponía entregarlas sin lucha, pero a cambio de ciertas condiciones. Satanás no dominaba en forma total a la raza humana; había todavía quienes no le rendían lealtad. Comprendía el desafío implicado en la pureza impecable de Cristo.
Te daré.
Satanás dio a entender que Jesús conseguiría algo pagando prácticamente nada. "Todo esto" sería suyo por el bajísimo precio de postrarse una vez ante el que pretendía ser el legítimo dueño. Es como si Satanás hubiera insinuado que Jesús había venido a ganarse el título de este mundo, y le ofrecía que lo aceptara como un regalo de su parte, con toda la honra y el poder, sin lucha alguna. A cambio, todo lo que Satanás pedía era que Cristo transfiriera su lealtad personal del Padre a Satanás.
Postrado me adorares.
En los países del Cercano Oriente, el postrarse es todavía una señal de absoluta sumisión y homenaje. Esta propuesta diabólica -que el Dios encarnado adorase al diablo- constituye la más grande blasfemia. Los grandes principios que estaban en juego y la impía temeridad de la propuesta parecen mostrar el límite máximo de la ingeniosidad del diablo, y sugieren que el orden en que Mateo presenta las tres tentaciones, y no el orden de Lucas, es el verdadero orden cronológico. Después de haber dado este paso atrevidísimo, Satanás no tenía nada más que ofrecer.
10
Vete.
Se había llegado a la culminación. Satanás se había desenmascarado y había aparecido tal como era. El príncipe de este mundo se había acercado a Cristo ofreciéndole la satisfacción de los anhelos humanos: (1) aplacar las necesidades materiales propias del bienestar humano, (2) tener la prerrogativa de hacer lo que a uno le plazca y gozar del privilegio de desobedecer sin aceptar las responsabilidades que eso entraña, (3) orgullo y popularidad, y (4) ejercer poder y autoridad sobre otros.
El príncipe de este mundo se acercó a Cristo y no encontró en él nada que respondiera, ni en el más mínimo grado, a la tentación (Juan 14: 30). El Hijo de Dios "en semejanza de carne de pecado... condenó al pecado en la carne" (Rom. 8: 3), y si nosotros tan sólo nos acercamos a él con fe, si preferimos no andar "conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom. 8: 4), Cristo por su gracia nos capacitará para andar así. Si tan sólo nos sometemos a Dios, también podremos resistir al diablo, y el huirá de nosotros (Sant. 4: 7-8). Dios nos será una defensa segura (Prov. 18: 10).
Satanás.
Ver com. vers. 1.
Al Señor tu Dios adorarás.
Esta cita es de la LXX y corresponde a Deut. 6: 13. La creencia de que el hombre puede servir a dos señores es un engaño satánico (Mat. 6: 24). Cualquier filosofía de la vida que nos ofrezca "todo esto" y además el cielo, es parte de la doctrina del diablo mismo.
A él solo servirás.
Jesús había afirmado su lealtad a los principios en lo que atañe al cuerpo, la mente y el alma. A través de toda su vida, fue la voluntad del Padre, y no la suya propia, la que dirigía su elección en todas las cosas (cf. cap. 26:39).
11
Entonces.
Ver com. vers. 1.
Le dejó.
No en forma permanente, sino "por un tiempo" (Luc. 4: 13). Desde su misma infancia, la vida de Jesús fue "una larga lucha contra las potestades de las tinieblas" (DTG 52, 90-91; ver com. Luc. 4: 2). El diablo tentó a Cristo, pero no tenía poder para obligarlo a pecar. Lo mismo ocurre con nosotros. Sus más terribles tentaciones carecen de poder a menos que consintamos ante el pecado (MJ 65). Cuando resistimos al diablo, él huye de nosotros (Sant. 4: 7). Cristo salió triunfante de la lucha; el diablo se alejó como un enemigo derrotado.
Le servían.
Cuando acabaron las tentaciones, Jesús cayó exhausto a tierra. Su rostro tenía la palidez de la muerte: estaba como moribundo (DTG 104-105).
Satanás había prometido el ministerio de los ángeles sin tomar en cuenta la obediencia a la voluntad de Dios, pero Jesús rehusó eso. 307 Ahora ángeles celestiales vinieron y le sirvieron sin que hubiera desobedecido. Cuando le aseguraron que el Padre lo amaba y que todo el cielo se regocijaba por su victoria, el Salvador debe de haberse sentido muy fortalecido y consolado.
12.
Cuando.
[Comienzo del ministerio en Galilea, Mat. 4: 12 = Mar. 1: 14-15 = Luc. 4: 14-15. Comentario principal: Mateo. Ver mapa, p. 208; diagramas pp. 219, 221.] Ninguno de los tres Evangelios sinópticos relata lo que se conoce como primer ministerio de Jesús en Judea. Este período se extendió desde la tentación hasta el comienzo del ministerio en Galilea, es decir, desde la pascua del año 28 d. C. hasta la del año 29 d. C., con un retiro fugaz a Galilea durante el invierno (diciembre-marzo) del año 28/29 (ver Nota Adicional de Luc. 4; diagrama 6, p. 219). La inspiración no ha explicado en forma directa el silencio de los evangelistas sinópticos en cuanto a este primer ministerio en Judea. Lucas habla del ministerio de Jesús como si hubiera comenzado en Galilea (Hech. 10:37-38).
Algo del éxito del primer ministerio de Jesús en Judea se deduce por la queja de los discípulos de Juan en el sentido de que "todos" acudían "a él" (Juan 3: 26) y por la respuesta de Juan: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (cap. 3: 30). A pesar de la evidente popularidad y éxito de Jesús (DTG 152-153), el ministerio en Judea produjo poco fruto (DTG 165, 211-212). Aunque los breves comentarios de Juan constituyen toda la información de lo que ocurrió en este período, es claro que transcurrió un lapso considerable (cf. DTG 185, 198). Evidentemente (Juan 3: 22-24) Juan el Bautista y Jesús predicaban ambos en Judea en este tiempo, y la popularidad de que había gozado Juan se estaba volcando gradualmente hacia Jesús (cap. 3:26; DTG 150).
No pasó mucho tiempo hasta que el poder de Jesús sobre las multitudes excedió al que había tenido Juan, que por algún tiempo había sido mayor que el de los mismos dirigentes (DTG 150, 152-153; ver com. Juan 3: 22, 26; 4: 3).
El rechazo de Jesús por parte del sanedrín después de la curación en Betesda (Juan 5: 16, 18), provocó la terminación de su obra en Judea y lo indujo a retirarse a Galilea para comenzar formalmente su ministerio allí. Otro factor determinante fue el encarcelamiento de Juan el Bautista (Mat. 4: 12; Mar. 1: 14; ver com. Juan 4: l).
Jesús oyó.
Es interesante notar que el encarcelamiento de Juan el Bautista había coincidido aproximadamente con el momento cuando Jesús fue rechazado por los dirigentes judíos y con el fin de su primer ministerio en Judea (ver el diagrama p. 219), y que la muerte de Juan ocurrió más o menos un año más tarde, poco antes de la crisis que dio fin a la obra de Cristo en Galilea (ver cap. 14: 10-21; diagrama p. 221). El encarcelamiento de Juan junto con el rechazo de Jesús por parte de los dirigentes judíos, indujo a Cristo a retirarse a Galilea para seguir allí con su obra (ver Nota Adicional de Luc. 4).
Estaba preso.
Ver com. Luc. 3: 19-20. Literalmente "fue entregado". Es posible que los dirigentes judíos, celosos de la popularidad de Juan entre el pueblo, dieran su consentimiento al plan de encarcelar a Juan. Así podrían librarse del profeta sin que el pueblo los considerara responsables. El hecho de que el sanedrín acusara públicamente a Jesús por este mismo tiempo (ver Nota Adicional de Luc. 4), indica una estrecha relación entre los dos acontecimientos. Así la amenaza del sanedrín después de la curación en Betesda (DTG 183-184) sin duda tuvo el propósito de intimidar a Jesús para que desistiera de su obra pública.
Volvió.
Es decir, transfirió su ministerio a esa región. Esto ocurrió en la primavera (marzo-mayo) del año 29 d. C., después de la pascua, y fue por lo menos la tercera vez desde su bautismo en que Jesús "volvió" de Judea a Galilea. La primera de esas idas a Galilea ocurrió en el invierno (hemisferio norte) de 27/28 d. C. (Juan 1: 43), y la segunda, un año más tarde, en el invierno 28/29 d. C. (ver com. Juan 4: 1-4). Después de partir de Judea, luego de la pascua del año 29 d. C., Jesús no volvió otra vez a Judea hasta la fiesta de los tabernáculos entre septiembre y octubre del año 30 d. C. (DTG 358, 360, 413-416). El alejamiento de Jerusalén en la primavera del año 29 d. C. después de la pascua, señala el comienzo formal de lo que comúnmente se llama el ministerio en Galilea (DTG 198-199; DMJ 8). Lejos de las autoridades judías, que ahora se proponían matarlo, Jesús podía realizar su obra con menos interferencia.
Al trabajar primero en Judea, Jesús se proponía dar a los dirigentes judíos la oportunidad de aceptarlo como al Mesías. Si lo hubieran 308 hecho, sin duda la nación judía se habría unido a él y habría tenido el privilegio de representarlo ante las naciones del mundo, plan que originalmente habían previsto los santos profetas de antaño (ver t. IV, pp. 27-30).
Galilea.
Ver com. cap. 2: 22. Estando en Galilea distante de Jerusalén, y por lo tanto menos expuesta a la influencia de los dirigentes religiosos que allí se encontraban, los judíos de Galilea eran de corazón más sencillo y tenían menos prejuicios. Sentían menos la influencia de los preconceptos religiosos que sus compatriotas de Judea. Eran más fervientes y sinceros y estaban más dispuestos a escuchar el mensaje de Cristo en forma imparcial. En verdad, su afán de escuchar lo que Jesús tenía que decirles, muchas veces obligó a Jesús a ir de lugar en lugar, a fin de que el entusiasmo suscitado no fuera tan grande como para que las autoridades creyeran que peligraba la paz y la seguridad de la nación.
13.
Dejando a Nazaret.
[Retiro a Capernaúm, Mat. 4: 13-17 = Luc. 4: 31ª. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 208; diagrama p. 221.] Mateo no dice nada del rechazo de Jesús por parte de sus coterráneos de Nazaret (ver com. Luc. 4: 28-29). Su silencio con referencia a muchos de los hechos registrados con más detalles por los otros escritores evangélicos, puede deberse a que le importaban más las enseñanzas de Jesús que las cosas que Jesús hacía (ver p. 181). Con referencia a las circunstancias que impulsaron a Jesús a alejarse de Nazaret, ver com. Luc. 4: 16-39.
Capernaúm.
Posiblemente este nombre se derive de las palabras hebreas kafar, "aldea", y najum, "Nahúm", y signifique "aldea de Nahúm". Algunos han pensado que el profeta Nahúm habría vivido en Capernaúm, pero no hay ninguna confirmación de esto. Se cree que la ciudad se encontraba en el lugar que hoy se conoce como Tell Hum, en la orilla noroeste del mar de Galilea. Puesto que el lago se encuentra a unos 210 m bajo el nivel del Mediterráneo, el clima de Capernaúm es suave y tibio.
Capernaúm era el principal centro judío de la región (cf. cap. 11: 23). Por estar en una de las principales rutas, con Damasco al este, Tiro y Sidón hacia el norte, Jerusalén hacia el sur, y el Mediterráneo al oeste, este centro era un importante puesto aduanero. Había además comercio marítimo con Decápolis, al sur del territorio de Felipe. Quizá Capernaúm no era tan grande como Séforis, la cual, por lo menos antes de que se construyera la ciudad de Tiberias, era la principal ciudad de Galilea. Se cree que Capernaúm no existió antes del exilio babilónico, o que era apenas un villorio, pues no se menciona en el AT.
Capernaúm era un centro ideal desde el cual las noticias de las enseñanzas y de los milagros de Jesús podrían esparcirse rápidamente a todas partes de Galilea, y aún más lejos. La curación del hijo del noble (Juan 4: 46-54) unos seis meses antes (28-29 d. C., ver diagrama p. 220) ya había encendido una chispa de interés en Capernaúm (ver com. Luc. 4: 23). El noble se convirtió con toda su familia (DTG 170), y sin duda esparció las noticias acerca de Jesús y de la curación de su hijo por toda la ciudad, preparando así el camino para el ministerio personal de Cristo.
Durante más o menos un año y medio Jesús vivió en Capernaúm, haciendo de esa ciudad el centro de sus actividades. Pedro ya había estado siguiendo a Jesús por más de un año (cf. Juan 1: 40-42) y, al parecer, abrió su propio hogar a Jesús cuando éste se encontraba en Capernaúm (ver Mar. l: 29-3l; 2: 1; DTG 224, 232-233). Capernaúm llegó a conocerse como "su ciudad" (Mat. 9: 1). Desde este centro Jesús emprendió cada una de sus giras de evangelización por las aldeas de Galilea.
Marítima.
Se entiende con referencia al mar de Galilea.
De Zabulón y de Neftalí.
Las tierras que habían correspondido a la tribu de Neftalí llegaban hasta el mar de Galilea por el oeste, mientras que las de Zabulón estaban aún más hacia el oeste (Jos. 19: 10-16, 32-40). Las fronteras de estas tribus habían dejado de tener importancia hacía ya mucho tiempo. Mateo destaca que el ministerio de Jesús en Galilea tuvo su centro en la zona anteriormente ocupada por esas dos tribus. Lo hace antes de su cita de Isa. 9: 1-2 (Mat. 4: 15-16). Nazaret estaba dentro de las antiguas fronteras de la tribu de Zabulón, así como Capernaúm estaba dentro de las de Neftalí.
14.
Para que se cumpliese.
Ver com. cap. 1: 22. Se cita aquí a Isa. 9: 1-2, pero con ligeras variantes, tanto con respecto al hebreo como con la LXX. Isaías escribió (en torno al año 734 a. C), cuando los ejércitos asirios estaban asolando la parte norte del reino de Israel. Esas tribus estuvieron entre las primeras que sufrieron las despiadadas invasiones asirias (2 Rey 15: 29; cf. 1 Crón. 5: 26).
309
15.
Camino del mar.
Ver com. Mat. 4: 13; Mar. 2: 14.
Al otro lado del Jordán.
Es decir, dentro de los límites de la tierra prometida.
Gentiles.
Después de la deportación de las diez tribus a Asiria en el año 722 a. C., la región conocida como Galilea (Isa. 9: l) pasó a ser habitada casi exclusivamente por gente que no era judía. Pero en el tiempo de Cristo muchos judíos se habían establecido allí, por lo cual la población era muy cosmopolita, una mezcla de judíos y gentiles.
16.
Asentado en tinieblas.
Las "tinieblas" eran la oscuridad del cautiverio. La "luz" era la liberación de ese cautiverio. Cristo vino como el gran Libertador que disipa las lúgubres tinieblas del cautiverio del pecado y proclama la gloriosa luz de la verdad que ciertamente libera a los hombres. Ver com. Juan 1: 5.
Gran luz.
Es decir, Jesús, la "luz verdadera" (ver com. Juan 1:4, 7, 9).
Sombra de muerte.
Desde que el pecado entró en el mundo, los hombres han vivido en la "sombra de muerte". Jesús vino a "librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2: 15).
Luz les resplandeció.
La luz siempre ha sido el símbolo de la presencia divina (ver com. Gén. 1: 3). Jesús proclamó que él era la luz del mundo (Juan 8: 12; 9: 5), cuyos brillantes rayos disipan las tinieblas del pecado y de la muerte. Ver com. cap. l: 14.
17.
Desde entonces.
Ver com. Mat. 4: 12; Mar. l: 15.
Comenzó Jesús a predicar.
Es decir, en Galilea. Esta frase no indica necesariamente que ésta fue la primera ocasión en la cual Jesús predicó. Ya había transcurrido aproximadamente un año y medio de su ministerio público (ver com. vers. 12).
Arrepentíos.
Del verbo Gr. metanoéÇ. En cuanto a su significado ver com. cap. 3: 2. Los escritos rabínicos dan mucha importancia a la doctrina del arrepentimiento, pues se consideraba que era un requisito necesario para la salvación mediante un Mesías. Al referirse al motivo por el cual el Mesías no había venido aún, el Talmud cita a rabinos que dicen: "Si Israel se arrepiente, será redimido; si no, no será redimido" (Talmud Sanhedrin 97b) y "Grande es el arrepentimiento, porque trae la redención" (Talmud Yom Tob 86b). Según lo que ellos enseñaban, el arrepentimiento incluía pesar por el pecado, restitución siempre que fuera posible, y la resolución de no repetir el pecado (ver com. cap. 3: 2; 5: 2-3).
El reino de los cielos.
Expresión empleada exclusivamente por Mateo (31 veces) en su Evangelio. Mateo emplea cinco veces la expresión "reino de Dios", que es la única que usan los otros evangelistas. El uso de la palabra "cielo" en lugar del nombre "Dios" responde a la costumbre de los judíos del tiempo de Jesús de no decir el nombre sagrado. Empleaban la expresión "nombre del cielo" en lugar de "nombre de Dios"; "temor del cielo" por "temor de Dios"; "honor del cielo" por "honor de Dios", etc. (ver t. I, p. 181). La expresión "reino de los cielos" no aparece en el AT, aunque la idea está implícita en los escritos proféticos (Isa. 11: 1-12; 35; 65: 17-25; Dan. 2: 44; 7: 18, 22, 27; Miq. 4: 8; etc.).
El "reino de los cielos" o "reino de Dios" era el tema de la enseñanza de Jesús (Luc. 4: 43; 8: 1). Muchas de sus parábolas comienzan con las palabras "el reino de los cielos es semejante a" (Mat. 13: 24, 31, 33, 45-47). Enseñaba a sus discípulos a que oraran por la venida del reino (cap. 6: 10). Su Evangelio era la buena nueva del reino (cap. 4: 23; etc.). Sus discípulos eran los "hijos del reino" (cap. 13: 38). El Padre se complacía en darles el reino (Luc. 12: 32), que habían de heredar (Mat. 25: 34). En esta vida, los cristianos deben darle al reino el lugar supremo en sus afectos y deben convertirlo en la más importante meta de la vida (cap. 6: 33). Cuando Jesús envió a los doce, los mandó que predicaran "el reino de Dios" (Luc. 9: 2, 60).
Juan proclamó la inminencia del establecimiento del reino de los cielos (Mat. 3: 2). Jesús también declaró que el reino se había acercado (cap. 4: 17) e instruyó a sus discípulos, cuando los envió a predicar, que llevaran el mismo mensaje (cap. 10: 7).
El "reino de los cielos" se estableció en la primera venida de Cristo. Jesús mismo era el Rey, y los que creían en él eran sus súbditos. El territorio de ese reino era el corazón y la vida de los súbditos. Evidentemente el mensaje de Jesús se refería al reino de la gracia divina. Pero, como Jesús mismo lo indicó claramente, el reino de la gracia antecedía al reino de la gloria (ver DTG 201-202; CS 394-395). Con respecto a este último, los discípulos preguntaron en el día de la ascensión: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hech. 1: 6-7). El reino de la gracia se había acercado en los días de Cristo 310 (Mat.3: 2; 4: 17; 10: 7), pero el reino de la gloria estaba en el futuro (cap. 24: 33). Sólo "cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos sus santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria" (cap. 25: 31).
Se ha acercado.
Ver com. Mar. 1: 15.
18.
Jesús.
[Llamamiento junto al mar, Mat. 4: 18-22 = Mar. 1:16-20 = Luc. 5:1-11. Comentario principal: Lucas.] La RVR añade el nombre "Jesús" para mayor claridad. En el griego se trata de un sujeto tácito.
Simón.
Forma griega del nombre Heb. shim'on, Simeón. En los días de Jesús muchos judíos llevaban nombres griegos o adoptaban formas griegas para sus nombres hebreos. Esto ocurría especialmente en el caso de los judíos que vivían fuera de Palestina. Pero aun en Palestina era conveniente tener un nombre griego en vista de que el griego era el idioma comercial e intelectual del mundo de esa época (ver pp. 27, 30-3 l).
Pedro.
Gr. Pétros, "canto rodado" o "piedra" (ver com. cap. 16:18), traducción del arameo kefa', palabra que se translitera como Cefas, y que también significa "piedra" (Juan 1:42). Ver un esbozo biográfico de Pedro, en com. Mar. 3:16.
Andrés.
Ver com. Mar. 3: 18.
Red.
Gr. amfíbl'stron, "atarraya", y no díktoun, palabra más genérica que se emplea para cualquier red de pescar o cazar, tampoco sag'n', "brancada, red barrera" (ver com. cap. 13:47).
19.
Venid en pos de mí.
En el sentido de convertirse en discípulos que dedicaran todo su tiempo al discipulado. De allí en adelante, Pedro y Andrés debían tener como única ocupación el ser alumnos de la escuela de Jesús (ver com. Luc. 5: 11).
Pescadores de hombres.
Ver com. Luc. 5: 10.
21.
Jacobo.
Gr. IákÇbos, equivalente al nombre Jacob (ver com. Gén 25: 26; Mar. 3: 17). Cuando aparecen juntos Jacobo y su hermano Juan como es el caso aquí, Jacobo aparece primero con una sola excepción (Luc. 9: 28). Jacobo era el mayor de los dos (DTG 259).
Zebedeo.
Gr. Zebedáios, equivalente del Heb. zabday, que probablemente significa "Jehová ha dado". Quizá Salomé era su esposa (Mat. 27: 56; cf. Mar. 15: 40; 16: 1).
Juan.
Ver com. Mar. 3:17. Con referencia al significado del nombre, ver com. Luc. 1: 13. Juan era el menor de los doce (DTG 259).
Remendaban.
Preparaban las redes para la próxima pesca.
Los llamó.
Ver com. Mar. 1: 17.
22.
Dejando al instante la barca.
Ver com. Luc. 5: 11.
Su padre.
Ver com. Mat. 4: 21; Mar. 1: 20.
Le siguieron.
Ver com. Luc. 5: 11. Antes de esto, al menos tres de los cuatro discípulos que ahora habían sido llamados a dedicar todo su tiempo a su nueva misión, habían seguido a Jesús en forma intermitente y habían vuelto a su trabajo habitual como pescadores.
23.
Recorrió Jesús toda Galilea.
[Primera gira en Galilea, Mat. 4: 23-25 = Mar. 1:35-39 = Luc. 4:42-44. Comentario principal: Marcos.] En su relato, Mateo no siempre sigue el estricto orden cronológico de la secuencia de los acontecimientos (ver p. 268). Tiende a agruparlos por su tema y no cronológicamente. El relato de Mateo de la curación de la suegra de Pedro y de los enfermos y afligidos que se reunieron en la puerta de la casa de Pedro al terminar el sábado (cap. 8: 14-17), debería insertarse entre los vers. 22 y 23 del cap. 4 a fin de que sigan la secuencia cronológica del relato de Marcos. En ese Evangelio el orden es el siguiente: el llamamiento junto al mar, la curación del endemoniado en la sinagoga de Capernaúm, lo ocurrido en casa de Pedro y el comienzo de la primera gira misionera en Galilea (Mar. l: 16-39).
Mateo presenta aquí un breve resumen del primer viaje misionero de Jesús por las ciudades, aldeas y pueblos de Galilea durante el verano (Junio-agosto) del año 29 d. C. (ver com. Mar. 1: 39). La forma del verbo que se traduce como "recorrió" indica una gira más extensa que la que parecen insinuar los autores sinópticos. Según Josefo, Galilea era una zona densamente poblada, con más de 200 aldeas y pueblos. El único suceso específico de esta primera gira es la curación de un leproso que Mateo relata (cap. 8: 2-4).
Evangelio.
Aquí Mateo emplea por primera vez esta palabra (ver com. Mar. 1: 1).
Enfermedad.
Gr. nósos, palabra que se emplea con frecuencia para designar una enfermedad grave.
Dolencia.
Gr. malakía, término genérico para referirse a la debilidad que resulta de alguna enfermedad. En este caso la palabra malakía describe enfermedades físicas y mentales, quizá menos graves que lo que indica la palabra nósos. Ambos vocablos: nósos y malakía aparecen juntos en la LXX de Deut. 7: 15. 311
24.
Fama.
Gr. ako', "lo que se oye", "informe" (ver com. Mar. 1: 28).
Siria.
No es del todo claro en qué sentido emplea Mateo la palabra "Siria". Es posible que se refiera a las regiones que quedaban más allá de Galilea, porque más tarde se señala que los que vivían en Tiro y Sidón sabían de Jesús (cap. 15: 21-22), y vinieron a escucharlo y a ser sanados de sus enfermedades (Luc. 6: 17). Por otra parte, el contexto sugiere que Mateo emplea aquí la palabra "Siria" con un sentido más general, e incluye a Galilea en Siria (por lo menos desde el punto de vista geográfico, aunque no político) o quizá con esta palabra se refiera a las regiones más septentrionales de Galilea, en la frontera con Siria (vers. 23, 25). Cualquiera de las últimas sugerencias parece más probable que la primera, sobre todo en vista de que los que vinieron a él en respuesta al informe que habían oído de Jesús vinieron desde Galilea, Decápolis, Judea y Perea (vers. 25). En ese tiempo, Palestina pertenecía a la provincia romana de Siria.
Tormentos.
"Sufrimientos" (BJ) o "dolores".
Endemoniados.
Ver com. Mar. 1: 23.
Lunáticos.
Del verbo Gr. sel'niázomai, "estar alunado". Este verbo sólo aparece en el NT aquí y en el cap. 17: 15. Por los síntomas que se dan en el cap. 17: 15, muchos han llegado a la conclusión de que el verbo sel'niázomai significa "ser epiléptico". También es posible que tuviera connotaciones más amplias.
Paralíticos.
Del Gr. paralutikós, de donde proviene la palabra "paralítico".
25.
Decápolis.
Ver p. 48.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 89
1-3 PR 128
1-4 CRA 77; 1JT 421; PE 155; 3T 380; 4T 29; Te 19, 244, 253
1-11 CMC 221; CRA 178; DTG 89-105; 3T 372; 4T 576; Te 250
2 CRA 198, 220; 1JT 416, 419; MC 256;
MM 264; 4T 32, 293
2-4 CRA 82, 201; DTG 92; 4T 257; 5T
510; Te 97, 142
3 DTG 16, 33, 93-94, 619, 696; MC 330;
2T 508
3-4 MJ 56; 1T 293
4 CH 423; CMC 161, 222; COES 29, 34, 47; CS 55, 616; DMJ 48; DTG 65, 68, 95-96, 99, 354- 355, 631; EC 402; Ed 122, 167; HAp 42; 2JT 374, 413, 426, 574; 3JT 285; MC 14, 136; MM 89, 97, 125; NB 101; OE 279, 325; PP 208; PVGM 21; 4T 45; 5T 330, 434; 6T 81; 7T 223; Te 244, 253; TM 448; 5TS 182
5-6 DTG 100; Te 253
5-7 PE 155
5-8 1JT 98, 118; MJ 50
5-9 CS 555
6 DTG 696
6-7 DTG 100
7 1JT 411; MM 15
7-10 4T45
8-9 CMC 150; DTG 103; 1JT 405; 2JT
369; MJ 52; 4T 495
8-11 CS 54; DTG 16; 1T 293; Te 253
9 CMC 222, 226; 1JT 407; 3JT 292; 4T 37
10 DTG 103; 2JT 365; PR 460; Te 247
10-11 3T 457
11 DTG 105; FV 74; PE 157; SR 202; Te 19
13 CH 500; SC 158
13-16 CH 316
15-16 CH 387; DTG 212; MC 13
16 CS 344; DTG 24; PP 509; PR 507
17 DMJ 8
18 1JT 568
18-22 DTG 211-216; OE 24, 118
18-24 CH 317
19 CM 424; CS 182; DTG 214; FE 339, 359; HAp 15; 1JT 361; 2JT 354; MC 15; MJ 301; PR 43, 47; 4T 615; 8T 56
20 Ev 459; HAp 294; MC 381
23 CH 535; DTG 76 l; Ev 44; 3JT 369
24-25 DMJ 8
25 DMJ 9
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