Evangelio Según SAN MATEO

CAPÍTULO 22

Resumen:

1 La parábola de las bodas del hijo del rey; 9 el llamado a los gentiles 12 y el castigo para el que no tenía el vestido de bodas. 15 Debe pagarse el impuesto a César. 23 Cristo refuta a los saduceos en cuanto a la resurrección. 34 Responde a un intérprete de la ley sobre cuál es el mandamiento más importante. 41 Demuestra a los fariseos su Ignorancia en cuanto al Mesías.

Texto:
1 RESPONDIENDO Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;
3 y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.
7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.
12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
13 Entonces el rey dijo a los que servían: atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 466
15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra.
16 Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.
17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?
19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.
20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?
21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
22 Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.
23 Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,
24 diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano.
25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.
27 Y después de todos murió también la mujer.
28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?
29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.
30 Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.
31 Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo:
32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
33 Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.
34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.
35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:
36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
38 Este es el primero y grande mandamiento.
39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó,
42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David.
43 El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:
44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha. Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?
46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
Les volvió a hablar.
[La parábola de la fiesta de bodas, Mat. 22: 1-14. Con referencia a las parábolas, ver pp. 193-197] Cf. com. Luc. 14: 16-24. Con referencia a las circunstancias que llevaron a Jesús a pronunciar esta parábola, ver com. Mat. 21: 12, 23, 28, 33. El cap. 22 es, sin duda, una continuación del cap. 21, por lo tanto se refiere a acontecimientos ocurridos el día martes antes de la crucifixión.
La parábola de la fiesta de bodas tiene muchos elementos en común con la parábola de la gran cena (Luc. 14: 16-24). Algunos eruditos han llegado a la conclusión de que estos parecidos señalan que se originaron en un mismo relato. Esta conclusión niega que Cristo pudiera haber relatado la misma narración en diferentes ocasiones, y que hubiera variado sus detalles a fin de adaptarse a la verdad que deseaba enseñar en cada una de esas oportunidades. 467
Las siguientes diferencias parecen indicar claramente que se trata de dos parábolas diferentes: (1) La parábola de la gran cena fue dada en casa de un fariseo; la de la fiesta de bodas, en los atrios del templo. (2) El primer banquete fue dado por una persona cualquiera; el segundo, por un rey. (3) El primer banquete parece haber sido meramente una ocasión social; el segundo, fue ofrecido como fiesta de bodas en honor del hijo del rey. (4) En el primero, se destacan los débiles pretextos presentados por los que rechazaron la invitación; en el segundo, se subraya la preparación que debían haber hecho los invitados. (5) En el primer caso, se dan excusas para no asistir; en el segundo, no se las da. (6) En el primer caso, los mensajeros fueron tratados con indiferencia; en el segundo, algunos fueron afrentados y muertos. (7) En el primer caso, la única pena que se les impuso a los que no aceptaron la invitación fue la exclusión de la fiesta; en el segundo, quienes rehusaron la invitación fueron destruidos.
La expresión "les volvió a hablar" insinúa que esta parábola fue presentada en la misma ocasión cuando lo fueron las otras parábolas registradas en el cap. 21, según lo indica el contexto de Mat. 2 l. Esta expresión no sería apropiada si la parábola perteneciera al contexto en el cual se presentó la parábola de la gran cena en Luc. 14.
2.
El reino de los cielos.
Ver com. Mat. 3: 2; 4: 17; 5: 3; Luc. 4: 19.
Un rey.
En este caso, Dios Padre.
Fiesta de bodas.
Gr. gámoi. Así como en nuestro idioma, se emplea la forma plural para referirse a la fiesta de "bodas". Los placeres de una fiesta eran entre los judíos un símbolo común de los privilegios y de los goces del reino mesiánico (ver com. Mat. 8: 11; Luc. 14: 15). En el antiguo Cercano Oriente una fiesta tal podía durar varios días (ver Juec. 14: 17; com. Est. 1: 4-5; Juan 2: 1).
Su hijo.
Es decir, Cristo (ver com. cap. 25: 1). Con referencia a Cristo como Hijo de Dios, ver com. Luc. 1: 35; con referencia a Cristo como Hijo del Hombre, ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10. Ver la Nota Adicional de Juan 1.
3.
Envió a sus siervos.
Notar que los invitados ya habían recibido la invitación a las bodas. Aún se acostumbra en algunos lugares del Cercano Oriente honrar a los invitados mandándoles un mensajero personal para recordarles de una invitación que ya han aceptado (ver com. Luc. 14: 17).
A llamar.
La primera invitación a la fiesta había sido dada a los judíos por los profetas de tiempos del AT (ver com. Mat. 21: 34; Luc. 14: 16). El llamado de la parábola, que para los judíos no era la primera invitación, fue dado por Juan el Bautista y por Jesús y sus discípulos (ver com. Luc. 14: 17; PVGM 249-251).
A los convidados.
Es decir, los judíos. En la frase griega dice: mandó "a llamar a los llamados".
Bodas.
Ver com. vers. 2.
No quisieron venir.
Esta negativa representa el rechazo del Evangelio por parte de los judíos, especialmente por sus dirigentes (ver com. cap. 21: 38; PVGM 249). Posteriormente, Jesús expresó la misma idea con las palabras "no quisiste" (cap. 23: 37). En esta ocasión, los dirigentes de Israel no sólo se estaban negando a entrar ellos mismos, sino que estaban procurando impedir por todos los medios posibles que otros entraran (ver. com. cap. 23: 13).
4.
Volvió a enviar.
En el relato, el rey está ansioso de que sus invitados acudan a su fiesta. A pesar de su amargo chasco y de su gran humillación, está dispuesto a perdonar la rudeza de sus invitados y a perdonar sus insultos. El hecho de que un poco más tarde enviara soldados para destruir a "aquellos homicidas" (vers. 7), indica que bien podría haber obligado a los invitados a asistir a la fiesta si así lo hubiera deseado. Dios podría obligar a los hombres a aceptar la invitación evangélica, pero no lo hace. Cada persona puede aceptarla o rechazarla, según su elección.
Otros siervos.
Según PVGM 250, esta segunda invitación de la parábola fue presentada a los judíos por los discípulos, después de que Jesús fue crucificado y hubo ascendido al cielo. Los discípulos habían de trabajar primeramente "en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1: 8).
Comida.
Gr. áriston, palabra que se emplea para designar tanto el desayuno como el almuerzo (ver com. Luc. 14: 12). Aquí, sin duda, se refiere al almuerzo. Según Josefo (Vida de Flavio Josefo 54), los judíos acostumbraban a comer el áriston, al menos en día sábado, a la hora sexta, o sea, al mediodía.
Está dispuesto.
Es decir, "el reino de los cielos se ha acercado" (ver. com. cap. 3: 2). Aquí Jesús se refería al reino de la gracia divina, inaugurado en ocasión de su primera venida (ver. com. cap. 4: 17; 5: 3). 468
5.
Sin hacer caso.
Ni siquiera presentaron excusas (ver com. Luc. 14: 18).
Negocios.
Gr. emporía, "comercio", "negocio", o "mercadería", de émporos, "comerciante"
6.
Otros.
Es mejor traducir "el resto", "los demás" (BJ). Es decir, los que no se habían conformado sólo con no prestar atención a la invitación.
Tomando a los siervos.
Según PVGM 250, esto se refiere, en primera instancia, a las persecuciones de los primeros cristianos (Hech. 8: 1-4).
Los mataron.
Cuando los judíos persiguieron a la iglesia cristiana primitiva, Esteban fue el primer mártir (Hech. 6: 9-15; 7: 54-60). Santiago, el primero de los doce que fue muerto, también resultó víctima de la enemistad de los dirigentes de los judíos (Hech. 12: 1-3).
7.
Enviando.
Es común que la narración hebrea siga un orden temático y no estrictamente cronológico (ver p. 268; com. Gén. 25: 19; Exo. 16: 33; etc.).
Ejércitos.
La palabra griega empleada aquí puede también designar a pequeños grupos de soldados.
Quemó su ciudad.
Probablemente sea ésta una alusión a la destrucción de la ciudad de Jerusalén efectuada por las legiones romanas en el año 70 d. C. (ver com. Mat. 24: 15; Luc. 21: 20; p. 78).
8.
Las bodas... están preparadas.
Algunos han encontrado problemático el hecho de que la fiesta de bodas estuviera esperando hasta que el rey eliminara a sus enemigos (vers. 7). Por otra parte, las fiestas de boda del antiguo Cercano Oriente solían durar varios días (ver com. vers. 2), y puesto que no habían llegado los invitados a participar en la fiesta del rey, las bodas bien podían estar "preparadas", aunque ya hubiera pasado el momento de comenzar la fiesta. Por otra parte, cabe señalar que no es preciso encontrar una explicación para cada aspecto de la parábola; lo que importa es la lección general que ella enseña.
Los que fueron convidados.
Ver com. vers. 3.
No eran dignos.
Es decir, no eran aceptos ante Dios (ver cap. 10: 11, 13).
9.
Id, pues.
Esta, la tercera invitación de la parábola, representa, sin duda, el llamamiento de misericordia para los gentiles.
10.
Juntamente malos y buenos.
La sala de fiesta representa la iglesia en la tierra, pues en el cielo no puede haber "malos y buenos".
11.
Entró el rey.
En la parábola de la gran cena (Luc. 14: 16-24) no hay nada que se parezca al pasaje de Mat. 22: 11- 14.
Para ver a los convidados.
El rey entró para ver si todo iba bien y especialmente para observar quiénes eran los invitados que sus siervos habían reunido por los caminos. En cierto modo, la inspección de los invitados representa un proceso de juicio, la determinación de quiénes podrían permanecer. Según PVGM 251-252, representa la obra del juicio investigador (ver com. Apoc. 14: 6-7).
Vestido de boda.
Un salón de fiesta lleno de invitados debidamente ataviados constituiría un honor para el rey y para la fiesta. Uno que estuviera vestido en forma inapropiada deshonraría al anfitrión e introduciría una nota discordante en las festividades.
El vestido de bodas, que simboliza la justicia de Cristo (PVGM 252), es obsequio del rey. El rechazarlo equivale a rechazar lo único que podrá convertirnos en hijos e hijas de Dios. Al igual que los invitados de la parábola, no tenemos nosotros ninguna ropa apropiada para vestir. Seremos aceptables a la vista del gran Dios sólo si estamos vestidos de la perfecta justicia de Cristo en virtud de sus méritos. Estas son las vestiduras blancas que aconseja a los cristianos que compren (Apoc. 3: 18; cf. cap. 19: 8).
El que no tenía vestido de bodas representa a los falsos cristianos que piensan que su justicia es suficiente (PVGM 256). Al parecer, este invitado se interesaba sólo en el privilegio de participar del banquete del rey. No valoraba verdaderamente el privilegio que le había sido concedido. No le importaba el honor del rey ni la importancia del acontecimiento. Olvidaba que la fiesta se hacía en honor del hijo del rey y, por lo tanto, en honor del rey mismo. No importa cuán bien se hubiera vestido, había rehusado recibir lo único que lo calificaba para sentarse a la mesa del rey y gozar de la fiesta y del banquete que acompañaban la celebración de las bodas.
12.
Amigo.
El rey se acercó al invitado con todo tacto y le dio amplia oportunidad de explicar su proceder. Sin duda, el rey habría estado dispuesto a perdonarlo si la carencia del vestido de bodas no se debía a su propia falta, sino a que, sin darse cuenta, los siervos del palacio no le hubieran dado el vestido.
Enmudeció.
Gr. fimóÇ, "amordazar", "imponer silencio". Evidentemente, el invitado mismo era culpable. De otro modo, al punto 469 se habría defendido. Su error había sido intencional; había rehusado aceptar el vestido que se le había dado, quizá por haber considerado que el que llevaba puesto era superior al que se le ofrecía, quizá por considerar que no era necesario incomodarse.
13.
Echadle.
Los seres humanos quedan excluidos del reino de los cielos debido a sus propias elecciones erradas. Esto fue lo que ocurrió en el caso de las cinco vírgenes fatuas (ver com. cap. 25: 11- 12). El que fue echado pudo entrar en el salón de fiesta sólo en virtud de la invitación real; pero sólo él era responsable de que fuera expulsado. Nadie puede salvarse a sí mismo, pero sí puede condenarse a sí mismo. Por el contrario, Dios puede "salvar perfectamente" (Heb. 7: 25, BJ), pero no condena en forma arbitraria a nadie, ni les niega la entrada en el reino.
Las tinieblas de afuera.
Cf. cap. 8: 12; 25: 30. Estas son las tinieblas del olvido eterno, de la separación eterna de Dios, de la aniquilación. En la parábola, las tinieblas se tornan más densas al contrastar con las brillantes luces del salón de la fiesta de bodas.
Allí.
Es decir, en "las tinieblas de afuera".
Crujir de dientes.
Ver com. cap. 8: 12.
14.
Muchos son llamados.
Cristo había expresado esta verdad en otras ocasiones (Luc. 13: 23- 24). Se extiende la invitación evangélica a todos los que estén dispuestos a aceptarla: "El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Apoc. 22: 17). Todo aquel que tiene sed de las aguas de salvación puede aceptar la invitación: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7: 37). En el Sermón del Monte Jesús prometió que todos los que tuvieran sed y hambre de justicia serían saciados (Mat. 5: 6).
Pocos escogidos.
Esta verdad no se basa en ningún punto específico de la parábola misma, sino es una conclusión general que se relaciona con ella. En la parábola sólo se insinúa que los invitados que se negaron a asistir a la fiesta fueron "muchos". Jesús sencillamente está afirmando aquí el hecho fundamental de que, en comparación, pocos estuvieron dispuestos a aceptar la generosa invitación y a entrar en el salón de la fiesta. Del mismo modo, Jesús dio claramente en el Sermón del Monte que sólo eran pocos los que hallaban el camino a la salvación, mientras que eran muchos los que entraban por el camino ancho que lleva a la perdición eterna (cap. 7: 13- 14).
15.
Los fariseos.
[La cuestión del tributo, Mat. 22: 15-22 = Mar. 12: 13-7 = Luc. 20: 20-26. Comentario principal: Mateo.]
Consultaron.
Por segunda vez en el mismo día (ver com. cap. 21: 23), el martes antes de la crucifixión.
Sorprenderle.
Gr. pagidéuÇ, "entrampar", "tomar por sorpresa", "enredar". Una expresión que indica gráficamente lo que deseaban hacer los dirigentes judíos.
16.
Los discípulos.
Es probable que los "discípulos" de los fariseos fueran hombres más jóvenes, a quienes los dirigentes esperaban que Cristo no reconocería. Los fariseos bien podían temer que si ellos mismos se acercaban a Jesús para hacerle alguna pregunta, al punto él sospecharía que se trataba de algún complot, porque seguramente ya conocía a la mayoría de esos dirigentes. Pero es probable que los extraños que se le acercaron, tuvieran el aspecto de jóvenes honrados que sinceramente buscaban una respuesta a lo que era, entre los judíos de ese tiempo, un problema muy difícil de resolver (ver com. vers. 17). Lucas dice que estos discípulos de los fariseos eran "espías" (ver com. Luc. 20: 20). Durante tres años, los espías enviados por el sanedrín habían seguido a Jesús a casi todos los lugares donde iba (ver com. Mat. 19: 3; Luc. 11: 54).
Herodianos.
Los herodianos formaban un partido político judío que apoyaba a Herodes Antipas (ver p. 56). Los fariseos eran nacionalistas fervientes, y se oponían tanto a Herodes como al César, mientras que los herodianos colaboraban con el gobierno romano. Aunque acérrimos enemigos en cuestiones políticas, estaban unidos contra Jesús así como lo habían estado contra Juan el Bautista. En esta ocasión, los herodianos serían testigos de la respuesta de Jesús, y prestamente lo acusarían si mostraba la más mínima insinuación de deslealtad al gobierno.
Sabemos.
La integridad que aparentaban era en verdad un intento de engaño. Esperaban que sus halagos sirvieran para tomar por sorpresa a Jesús.
No te cuidas de nadie.
Con esto insinuaban que estaban convencidos de que Jesús era justo e imparcial (cf. Hech. 10: 34).
17.
Qué te parece.
Esos espías deseaban que Jesús se pusiera completamente de un lado o del otro. Si aprobaba el pago de tributos a Roma, lo presentarían como una evidencia de que estaba en contra de la ley de 470 Dios, la cual, según los fariseos, prohibía el pago de impuestos a un poder extranjero. Así perdería la aceptación popular como Mesías. Pero si prohibía el pago de tributos, lo presentarían ante las autoridades romanas como traidor o revolucionario. De cualquier modo, los fariseos esperaban salir ganando. Pero Jesús los chasqueó negándose a ponerse del lado de cualquiera de las dos partes del dilema. No se trataba de un asunto al cual se pudiera dar una respuesta totalmente en favor de un lado o del otro. Había que tomar en cuenta las obligaciones pertinentes a los dos.
¿ Es lícito?
Preguntaban si estaba en armonía con los preceptos de la ley judía. Los fariseos sostenían que no era lícito; los herodianos, que lo era. La pregunta realmente tenía que ver con el problema de que un individuo fuera a la vez buen judío y también sumiso a la autoridad romana.
Tributo.
Gr. kénsos, "impuesto", "tributo". Es probable que el tributo al cual se hace referencia aquí fuera el impuesto de empadronamiento o capitación que se exigía en todos los territorios que estaban directamente bajo la jurisdicción romana. El pago del tributo era particularmente duro para los judíos, no porque fuera una suma elevada, sino porque era símbolo de sumisión a un poder extranjero y amargo recuerdo de las libertades que habían perdido. En cierto modo, la pregunta que le hicieron a Jesús tenía implicaciones políticas y atañía al problema de someterse a Roma o luchar por la independencia.
18.
La malicia.
Marcos habla de "hipocresía" (cap. 12: 15) y Lucas de "astucia" (cap. 20: 23). Las tres palabras son aptas para describir los motivos de los cuales había surgido la pregunta.
Me tentáis.
Es decir, "me ponéis a prueba" (ver com. cap. 6: 13). Jesús informó a quienes deseaban engañarlo que había comprendido perfectamente cuál era la trampa que con tanta habilidad le habían tendido.
Hipócritas.
Ver com. cap. 6: 2.
19.
Moneda.
Gr. nómisma, literalmente, "lo que es sancionado por ley". Así también hoy hablamos de billetes de "curso legal". Los romanos exigían que se pagaran los tributos romanos en moneda romana. A los gobiernos locales les estaba permitido acuñar monedas de cobre, pero Roma se reservaba el derecho de acuñar monedas de plata.
Denario.
Ver com. cap. 20:2.
20.
Imagen.
Gr. eikÇn "imagen", "figura", "efigie", de donde provienen la palabra "ícono" y sus derivados. A diferencia de las monedas romanas que llevaban la imagen del emperador, las monedas judías tenían dibujos de palmeras, olivos, etc., que para los judíos estaban más en armonía con el segundo mandamiento.
Inscripción.
Gr. epigraf', "inscripción" o "título".
21.
Dad.
Literalmente "devolved". La moneda del tributo (vers. 19) que circulaba en ese tiempo llevaba la imagen del César, y por lo tanto había sido acuñada por su autoridad. El hecho de que los judíos tuvieran esas monedas y las usaran como moneda legal era en sí mismo una evidencia de que reconocían, aunque de mala gana, la autoridad y la jurisdicción del César. Por lo tanto, éste tenía derecho de recibir lo que le pertenecía.
Lo que es de César.
En este pasaje Jesús presentó el principio fundamental que determina la relación del cristiano con el Estado. No debe desatender los justos requerimientos del Estado, porque existe "lo que es de César".
Lo que es de Dios.
La autoridad de Dios es suprema; por lo tanto la lealtad máxima del cristiano debe ser para con Dios. El cristiano coopera con las "autoridades superiores "porque" por Dios han sido establecidas" (Rom. 13: 1). Por lo tanto, el pago del tributo a César no puede ser contrario a la ley de Dios, como lo pretendían los fariseos (ver com. Mat. 22: 17). Pero hay ciertas cosas en las cuales el César, es decir los gobiernos terrenales, no tienen derecho de interferir (ver com. Hech. 5: 29). La jurisdicción de Dios es absoluta y universal; la del César, subordinada y limitada.
22.
Se maravillaron.
Los fariseos habían esperado que Jesús les daría una respuesta afirmativa o negativa a la pregunta que le habían formulado, y ni siquiera habían considerado la posibilidad de que les diera una alternativa al dilema que le habían propuesto. Se vieron obligados a admitir que, a pesar de sus planes tan cuidadosamente trazados, no podían contender con Jesús.
23.
Aquel día.
[La pregunta sobre la resurrección, Mat. 22: 23-33 = Mar. 12: 18-27 = Luc. 20: 27-38. Comentario principal: Mateo.] Es decir, el martes, día en el cual habían ocurrido los acontecimientos ya registrados en este capítulo (ver com. cap. 21: 23; 22: 1, 15), antes de la crucifixión.
Saduceos.
Ver pp. 54-55. Aunque afirmaban 471 creer en las Escrituras, en realidad la filosofía de los saduceos era materialista y escéptica. Creían en Dios como Creador, pero negaban que en forma alguna se interesara en los asuntos humanos. Negaban la existencia de los ángeles, la resurrección, la vida de ultratumba y la obra del Espíritu Santo en la vida de los seres humanos (Hech. 23: 8). Los saduceos se consideraban intelectualmente superiores a sus prójimos y se burlaban del estricto legalismo y de las tradiciones que tanto importaban a los fariseos.
Al acercarse a Jesús en esta ocasión, los saduceos tenían el propósito de ponerlo en aprietos con una pregunta que siempre había servido para confundir a los fariseos, los cuales creían en la resurrección. Esperaban que Jesús no sería más capaz de responderles que los fariseos.
No hay resurrección.
Cf. Hech. 23: 8.
24.
Moisés dijo.
Los saduceos citaron en esencia la ley del levirato (ver com. Deut. 25: 56). Según ésta, si una mujer quedaba viuda sin tener hijos, el hermano de su extinto marido debía casarse con ella. El primer hijo del nuevo matrimonio debía considerarse como hijo de su primer marido, a fin de perpetuar su nombre y de heredar su propiedad.
25.
Siete.
En el pensamiento hebreo, este número solía usarse para expresar la idea de algo completo.
28.
¿De cuál?
Esta pregunta no tenía implicaciones políticas como las había tenido la pregunta acerca del pago del tributo a César (ver com. vers. 17). Estaba dentro de la esfera de la teología especulativa. Sin embargo, si Cristo no daba una respuesta satisfactoria, rebajaría la elevada estima en que el pueblo lo tenía (cf. cap. 21: 46).
29.
Erráis.
Gr. planáÇ (ver com. cap. 18: 12). Los saduceos demostraron que los educados pueden ser tan ignorantes y estar tan sumidos en el error como los indoctos. Los saduceos, a pesar de ser sabios según su propia filosofía, tenían una información incompleta acerca de este tema, y no habían tomado en cuenta por lo menos un factor vital: "el poder de Dios". Sin entrar en discusiones, Jesús indicó que, si bien la doctrina de la resurrección no estaba tan claramente explicada en el AT como algunos habrían querido que estuviera, habría resurrección.
Ignorando las Escrituras.
Se dice que los saduceos se enorgullecían de ser más estudiosos de las Escrituras que los fariseos, pero aquí Jesús afirma que, a pesar de su pretendido conocimiento de la Palabra de Dios, eran profundamente ignorantes. Los conceptos teológicos emanados de una especulación basada en informaciones incompletas descarrían por completo a los que emplean este método antojadizo para llegar a la verdad. Los cristianos de hoy debieran tener cuidado de no errar, "ignorando las Escrituras".
Poder de Dios.
Gr. dúnamis (ver com. Luc. 1: 35). Los saduceos habían olvidado que un Dios suficientemente poderoso como para resucitar de entre los muertos, tendría también la sabiduría y el poder de implantar un nuevo orden social perfecto, en una tierra nueva, perfecta. Además, todos los que sean salvos estarán felices con ese glorioso orden, aunque no puedan comprender plenamente en esta vida lo que el futuro les depara (cf. 1 Cor. 2: 9).
30.
Ni se casarán.
Es evidente que no habrá necesidad de matrimonio porque prevalecerá un orden de vida totalmente diferente.
Como los ángeles.
Los ángeles son seres creados y no procreados. "La doctrina de que nacerán niños en la tierra nueva no es parte de 'la palabra profética más segura' " (MM 99).
31.
¿No habéis leído?
Notar la reprensión implícita en estas palabras (ver com. cap. 21: 42).
32.
El Dios de Abraham.
¿Qué honor podría haber en ser un Dios de muertos? Abrahán, Isaac y Jacob estaban muertos cuando se le apareció Dios a Moisés en la zarza ardiente. ¿Por qué se iba a identificar Dios como Dios de los patriarcas a menos que fuera como una anticipación a la resurrección? Con la misma esperanza, por la fe, Abrahán "esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Heb. 11: 10). Se ha sugerido que Jesús citó el Pentateuco (Exo. 3: 6, 16) porque los saduceos sólo aceptaban como inspirados los libros de Moisés.
33.
Se admiraba.
Ver com. cap. 7: 28.
Su doctrina.
Es decir, "su enseñanza".
34.
Los fariseos, oyendo.
[El gran mandamiento, Mat. 22: 34- 40 = Mar. 12: 28- 34 = Luc. 20: 39- 40. Comentario principal: Marcos.] Con referencia a las circunstancias en las cuales se formuló la pregunta acerca del gran mandamiento, ver com. Mat. 21: 23, 28, 33; 22: 1, 15, 23; Mar. 12: 28.
Había hecho callar a los saduceos.
Literalmente, "había amordazado a los saduceos" (ver com. vers. 12). Aunque los fariseos pueden 472 haberse alegrado de que sus inveterados enemigos teológicos habían sido "amordazados", no querían aceptar que Jesús hubiera ganado esa victoria. Puesto que no habían abandonado aún la esperanza de entrampar a Jesús, los fariseos llamaron a uno de los suyos para que hiciera un último intento de llevar a Jesús a decir alguna cosa que pudiera interpretarse como contraria a la ley (ver com. cap. 5: 17).
Se juntaron a una.
Ver com. vers. 15.
35.
Intérprete de la ley.
Es decir, uno versado en las leyes civiles y religiosas del judaísmo (ver p. 57). Este "intérprete" era uno de los fariseos (vers. 34), al igual que la mayoría de los otros escribas.
Por tentarle.
O para "ponerle a prueba" (BJ). Los fariseos que propusieron la pregunta estaban "tentando" a Jesús, al paso que el que le hizo la pregunta probablemente lo estuviera "poniendo a prueba". No importa cuáles hubieran sido los motivos que llevaron a proponer la pregunta, el intérprete de la ley parece haber sido honrado y sincero (ver com. Mar. 12: 28, 32- 34). Evidentemente, no tenía animosidad personal contra Jesús.
36.
El gran mandamiento.
Aunque esta pregunta tenía que ver con principios fundamentales, es probable que se hubiera formulado con el afán rabínico de poner todos los mandamientos de la ley en orden de importancia. En el caso de que las exigencias de dos mandatos parecieran estar en conflicto, el que se suponía mayor tenía precedencia, y la persona quedaba liberada de la responsabilidad de violar el mandato menor (ver com. cap. 5: 19). Aquí el adjetivo "gran" significa, en realidad, "el más grande". Los fariseos exaltaban los primeros cuatro preceptos del Decálogo como de mayor importancia que los últimos seis; por ende, fracasaban en los asuntos de la religión práctica.
37.
Amarás al Señor.
Jesús cita aquí de Deut. 6: 5 (ver com. Luc. 10: 27). Antes de que, mediante el poder y la gracia de Cristo, una persona pueda comenzar a observar los preceptos de la ley divina, debe tener amor en el corazón (cf. Rom. 8: 3-4). La obediencia a Dios que no nace del amor es tan imposible como inútil. Donde existe el amor para Dios, la persona automáticamente pondrá su vida en armonía con la voluntad divina como está expresada en sus mandamientos (ver com. Juan 14: 15; 15: 10).
Todo tu corazón.
Al enumerar aquí estas tres dimensiones del ser humano, Cristo estaba enseñando que si el amor de Dios verdaderamente existe, saturará todos los aspectos del ser y de la vida.
39.
Semejante.
La semejanza radica en que los dos mandamientos se basan en el gran principio del amor, y que los dos demandan la atención concertada y la cooperación de todas las partes del ser.
Amarás a tu prójimo.
Ver com. Mat. 5: 43; 19: 19; Luc. 10: 27-29. Jesús aquí cita de Lev. 19:18 donde "tu prójimo" es un compatriota israelita. Pero Jesús amplió la definición de "prójimo" para incluir a todos los que necesitaban ayuda (Luc. 10: 29-37). La ley de amor a Dios y a los hombres no era de ningún modo nueva. Si bien Miqueas casi llegó a unir las ideas de Deut. 6: 4- 5 y de Lev. 19: 18 al expresar cuál era el deber del hombre (ver com. Miq. 6:8), fue Jesús quien realmente unificó estas dos ideas que constituyen la base de la ética cristiana.
Como a ti mismo.
La tendencia natural del hombre es la de ponerse a sí mismo en primer lugar, no importa cuáles sean sus obligaciones para con Dios y sus prójimos. Para ser totalmente abnegado en el trato con los prójimos, se debe amar en primer lugar a Dios en forma suprema. Este es el fundamento de toda conducta correcta.
40.
La ley y los profetas.
Esta frase se emplea comúnmente para designar a todo el AT (ver com. Luc. 24: 44). En otras palabras, Jesús afirma aquí que el AT no es ni más ni menos que la exposición de los dos grandes principios aquí enunciados: amor a Dios y amor al hombre. Con referencia a la reacción del intérprete de la ley frente a la declaración de Jesús, ver com. Mar. 12: 32.
4 l.
Estando juntos los fariseos.
[¿De quién es hijo el Cristo?, Mat. 22: 41-46 = Mar. 12: 35-37 = Luc. 20: 41-44. Comentario principal: Mateo.] Al parecer, en este momento se había reunido una gran delegación de sacerdotes para escuchar lo que Jesús podría decir (ver com. cap. 21: 23, 28, 33; 22: 1, 15, 23, 34). Marcos señala que Jesús todavía estaba enseñando en el templo (cap. 12: 35).
Les preguntó.
Habían fracasado los tres intentos (ver com. vers. 15, 23, 34) de conseguir que Jesús se incriminara. Ahora Jesús formula una pregunta a los que estaban deseosos de acusarlo.
42.
Del Cristo.
Es decir, del "ungido", del "Mesías" (ver com. cap. 1: 1). Jesús no empleó 473 a palabra "Cristo" como nombre personal, sino como título. Los judíos aceptaban que habría un Mesías o Cristo, pero negaban que Jesús fuera ese Mesías.
De David.
Ver com. cap. 1: 1.
43.
¿Pues cómo?
Jesús presenta a sus críticos una aparente paradoja que ellos no pueden resolver, un dilema para el cual no tenían mejor respuesta que la que habían tenido cuando en una ocasión anterior Jesús les había formulado una pregunta difícil (cap. 21: 25, 27).
En el Espíritu.
Es decir, "por inspiración". Marcos dice "por el Espíritu Santo" (cap. 12: 36).
44.
A mi Señor.
Jesús cita aquí del libro de Salmos (ver Luc. 20: 42; com. Sal. 110 : 1; cf. Hech. 2: 34; Heb. 1: 13).
45.
¿Cómo es su hijo?
Si David reconoce al Mesías como "Señor", insinuando así que el Mesías es mayor que David mismo, ¿cómo puede el Mesías también ser hijo de David, y por lo tanto menor que David? La única respuesta posible a la pregunta de Jesús era que Aquel que había de venir como Mesías había existido antes de su encarnación. Como "Señor" de David, el Mesías no era otro sino el Hijo de Dios; como "hijo" de David, el Mesías era el Hijo del hombre (ver com. cap. 1: 1). Evidentemente, los dirigentes judíos no estaban preparados para responder a esta pregunta por causa de sus conceptos erróneos acerca del Mesías (ver com. Luc. 4: 19). Ellos no podían contestar legítimamente la pregunta sin admitir que Jesús de Nazaret era el Mesías, el Hijo de Dios. Por lo tanto, al formular esta pregunta, Jesús puso a los fariseos y escribas frente a frente con la esencia medular de su misión en la tierra. Si le hubiesen dado una respuesta sincera e inteligente, sin duda hubieran sido inducidos a reconocer el mesianismo de Jesús.
46.
Nadie le podía.
Los dirigentes judíos descubrieron que no tenía sentido hacerle más preguntas a Jesús, porque cada vez que le presentaban un dilema, Jesús demostraba que eran ignorantes de las Escrituras e incompetentes para ser los dirigentes espirituales del pueblo. Al menos en un caso más, Jesús presentó a los judíos una pregunta que los puso en aprietos (cf. cap. 21: 23-27). Cada vez que procuraban confundir a Jesús, ellos salían perdiendo.
1-4 CS 481; PVGM 249- 260
4, 7 PVGM 249
8- 13 PVGM 250
9 2JT 386; MB 77, 82, 257
11 CS 481; 1JT 506; 6T 296
11-12 TM 186
11-13 PVGM 249; 5T 509
12 PVGM 257
13 2T 242
14 2T 294; 5T 50
15-46 DTG 553-561
21 CMC 272; 1JT 362; 3T 120
22 DTG 554
23 DTG 555; HAp 64
24-30 DTG 557
29 FE 279, 438, 448
30 MM 99
31- 32 DTG 558
36- 40 PR 242
37 CS 527; 2JT 214; 1T 436; 2T 42; 3TS 287
37- 38 CM 250; 1T 289
37, 39 CMC 164; DTG 559; Ev 449; FE 187; 1T 173
37- 39 CM 263; HAp 402; MB 53, 116
37- 40 1T 710; 2T-228; 3T 511
39 Ed 14; 1JT 95; 2JT 507; 3JT 117; MB 36; MeM 231; PVGM 314- 315; 2T 520, 547, 639, 681; 3T 58; Te 189
40 DTG 559
42 DTG 561; MC 363
43- 46 DTG 561 474