Evangelio Según SAN MATEO

CAPÍTULO 19


2 Cristo sana a los enfermos. 3 Responde a los fariseos en cuanto al divorcio, 10 y expone las causas por la cuales algunos deciden no casarse. 13 Recibe a los niño, 16 Aconseja a un joven que deseaba saber cómo obtener la vida eterna 20 y cómo ser perfecto. 23 Dice a sus discípulos cuán difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios, 27 y promete una gran recompensa a quienes dejen todo por seguirlo.


1 ACONTECIO que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.
2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
4 El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,
5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?
6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.
9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.
10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.
11 Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado.
12 Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.
13 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.
14 Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.
15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.
16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 441
19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.
22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
26 Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.
27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?
28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA

1.
Terminó estas palabras.
[Ultima partida de Galilea; comienzo del ministerio en Samaria y Perea, Mat. 19: 1-2 = Mar. 10: 1 = Luc. 9: 51-56. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 212; diagramas pp. 219, 221.] Mateo emplea con frecuencia esta fórmula para indicar el final de uno de los discursos de Jesús (cap. 7: 28; 11: 1; 13: 53; 26: 1).
Se alejó de Galilea.
Aquí concluye, según Mateo, la narración de los acontecimientos ocurridos desde que Jesús "volvió a Galilea" (cap. 4: 12). Según el relato de Mateo, parecería que Jesús había permanecido desde ese momento hasta ahora (cap. 19: 1) en Galilea y las regiones del norte de Palestina. En realidad, ninguno de los Evangelios sinópticos habla de un viaje realizado por Jesús a Jerusalén en ocasión de la fiesta de los tabernáculos, probablemente en el otoño (septiembre-noviembre) del año 30 d. C. De este viaje nos informa Juan 7: 10.
La cronología adoptada por este Comentario aparece en los diagramas de las pp. 217-223. En apretada síntesis, podría decirse que, después de los acontecimientos de Mat. 17 y 18, Jesús fue en secreto a la fiesta de los tabernáculos (Juan 7: 2-13). Allí, el último día de la fiesta, intentaron prenderlo (Juan 7: 32, 37, 44-53; DTG 423). Al día siguiente, mientras enseñaba en el templo "por la mañana", le fue traída la mujer tomada en adulterio (Juan 8: 2-11; DTG 425). Por esa fecha, Jesús pronunció el discurso acerca de la luz del mundo (Juan 8: 12-20; cf. DTG 428). Luego de haber presentado otras enseñanzas, Jesús fue objeto de un intento de apedreamiento (vers. 59).
Entre la fiesta de los tabernáculos en el otoño (Juan 7: 10) y la de la dedicación en el invierno (Juan 10: 22; cf. DTG 435), Jesús sanó a un ciego en día de sábado (Juan 9), se presentó a sí mismo como el Buen Pastor (Juan 10: 1-18; DTG 442) y, evidentemente, volvió a Galilea por causa de la animosidad de los sacerdotes y rabinos (DTG 449). Hacia fines del otoño se alejó de Galilea (Mat. 19: 1), encaminándose hacia Jerusalén.
En esta ocasión no realizó el viaje en forma cautelosa como lo había hecho antes al ir a la fiesta de los tabernáculos (Juan 7: 10; DTG 413-414), sino en forma manifiesta. Entonces visitó Samaria (Luc. 9: 52) y Perea (Mar. 10: 1; cf. DTG 413-414).
Por ende, el ministerio en Perea se realizó antes y después de la fiesta de la dedicación (Juan 10: 40; DTG 449,452; diagrama p. 221). Dependiendo de la longitud del año judío 30/31 d. C., es decir, si tuvo 12 ó 13 meses (ver pp. 246-247), transcurrieron entre la fiesta de la dedicación y la pascua del año 31 entre 16 y 20 semanas. Esta fue la duración aproximada del ministerio en Perea (cf. DTG 452). Los acontecimientos de este período aparecen en Luc. 9: 51 a 18: 34.
El problema cronológico principal del período del ministerio en Perea (ver p. 180) está en ubicar los acontecimientos de la fiesta de la dedicación (Juan 10: 22-42) y los que se 442 relacionan con la resurrección de Lázaro (Juan 11: 1-57), dentro del relato de Lucas de este período del ministerio de Jesús (Luc. 9: 51 a 18: 34). En com. Luc. 11: 1 se dan las razones por las cuales se sitúa la fiesta de la dedicación entre los capítulos 10 y 11 de Lucas. En com. Luc. 17: 1, 11 se dan las razones para ubicar la resurrección de Lázaro y los episodios relacionados con ella entre los vers. 10 y 11 de Lucas 17 (ver p. 189; cf. com. Juan 10: 40).
Al otro lado del Jordán.
Esta expresión es empleada con frecuencia para referirse a las regiones al este del Jordán, aunque algunas veces designa a lugares al oeste del Jordán (ver com. cap. 4: 15). En este caso, se refiere al distrito de Perea, del otro lado del Jordán, frente a Judea. En ese tiempo Perea y Galilea estaban bajo la jurisdicción de Herodes Antipas (ver com. Luc. 3: 1).
2.
Grandes multitudes.
Así como había ocurrido en el apogeo de su ministerio en Galilea (Luc. 12: 1; 14: 25, etc.), Jesús estaba rodeado de mucha gente. Antes de esta ocasión, Jesús no había actuado en Perea. En esa región vivían muchos Judíos y había una población bastante densa. Era apropiado que el Señor aliviara las necesidades de la gente de allí, como lo había hecho en Judea y en Galilea.
3.
Los fariseos.
[Jesús enseña sobre el divorcio, Mat. 19: 3-12 = Mar. 10: 2-12. Comentario principal: Mateo. Ver com. Mat. 5: 27-32.] Los pasajes registrados en Luc. 9: 51 a 18: 14, algunas veces llamados "la gran adición" de Lucas (ver com. Luc. 9: 51), deben insertarse entre los vers. 2 y 3 de Mat. 19. Lucas es el único evangelista que refiere los hechos y las enseñanzas de los cap. 9-18, en los cuales se describe mayormente el ministerio en Perea. Cuando transcurrió el episodio registrado aquí, faltaban, al parecer, sólo unas semanas hasta la pascua del año 31 d. C. Con referencia a las creencias y las prácticas de los fariseos, ver pp. 53-54.
Tentándole.
"Para ponerle a prueba" (BJ; ver com. cap. 4: 1), es decir, con el propósito de entramparlo. Durante unos dos años, espías comisionados por el sanedrín de Jerusalén habían seguido a Jesús con el doble propósito de encontrar alguna acusación contra él y para desacreditarlo ante el pueblo (DTG 184). En dos ocasiones anteriores, a partir de la fiesta de los tabernáculos (ver com. cap. 19: 1), se había intentado apedrear a Jesús en Jerusalén (Juan 8: 59; 10: 31-33). Era de conocimiento general que peligraría su vida si volvía a Judea (Juan 11: 8), porque los dirigentes judíos estaban procurando prenderle (Juan 11: 57). Vez tras vez, desde la curación del inválido junto al estanque de Betesda (Juan 5: 1-9), los escribas y los fariseos habían procurado enredar a Jesús con preguntas cuyo fin era conseguir que hiciera declaraciones que más tarde pudieran servir como base de acusaciones contra él (ver Mar. 7: 2, 5; 8: 11; Juan 8: 6; etc.; com. Mat. 16: 1).
Repudiar a su mujer.
Es decir, divorciarse de ella. Ver com. cap. 5: 31.
Por cualquier causa.
Ver com. cap. 5: 31-32.
4.
¿No habéis leído?
Ver com. Mar. 2: 25. Otra vez, como lo hacía siempre, Jesús dirigió a sus oyentes a las Escrituras, a la "ley", para encontrar allí una declaración doctrinal autorizada (ver com. Mar. 7: 7-13).
El que los hizo.
Se refiere aquí a la creación de la primera pareja (ver com. Gén. 1: 27). El griego empleado aquí es idéntico al de la LXX en Gén. 1: 27.
Al principio.
Es decir, en la creación (Mar. 10: 6). Jesús lleva a sus inquiridores más allá de la ley de Moisés, en la cual pensaban en ese momento, para llamarle la atención a los principios fundamentales del matrimonio, tal como fue instituido en la creación.
5.
Por esto.
Esta cita de Gén. 2: 24, es casi idéntica al texto de la LXX. En Génesis, las palabras aquí citadas parecen ser palabras de Adán citando Eva le fue dada por mujer, pero Jesús dice específicamente que Dios las pronunció.
Dejará padre y madre.
Durante la niñez y la juventud, los hijos deben rendir cuentas ante sus padres (Prov. 23: 22; cf. Mar. 7: 10-13). Tienen responsabilidades filiales para con ellos durante toda la vida (Exo. 20:12); pero por muy importante que sea esta obligación, cuando se casan queda subordinada a la ley matrimonial. En el caso de que las dos obligaciones estén en pugna, quizá como resultado de la debilidad humana y de los errores propios del hombre, la primera responsabilidad es la conyugal.
Una sola carne.
El "ser uno" no solo implica la unión sexual, sino también la unidad en lo mental y lo espiritual. Aquellas parejas que comparten mayor número de intereses, aun antes del matrimonio, serán las que tendrán más probabilidades de disfrutar de un mayor compañerismo y de lograr un matrimonio más dichoso. Por el contrario, cuando hay 443 grandes diferencias de procedencia, educación, actividades, principios y gustos mutuos, es mucho más difícil alcanzar la unidad mental y espiritual y lograr éxito en la relación matrimonial.
6.
Así que.
Aquí Jesús presenta la conclusión que debe sacarse del principio fundamental de la relación matrimonial, y para eso cita Gén. 2: 24.
No son ya más dos.
A la vista de Dios, marido y mujer constituyen una entidad, y por lo tanto no deberían dividirse así como un cuerpo humano no puede dividirse.
Lo que.
Es decir, la nueva unión formada en el matrimonio (vers. 5).
Dios juntó.
La relación matrimonial fue instituida por Dios y santificada por él. El Creador omnisapiente dio los medios para que existiera la relación matrimonial. El también la hizo posible y deseable. Por ende, todos los que participan de esta relación están unidos por toda la vida, según el plan original de Dios.
No lo separe el hombre.
Exceptuando el caso indicado por Jesús (ver com. vers. 9), el divorcio no es aceptable ante Dios. Cristo considera que a la vista de Dios, cualquier alianza con otra persona, contraída por cualquiera de los esposos separados, es adulterio.
7.
¿Por qué, pues, mandó Moisés?
Ver Deut. 24: 1-4.
Divorcio.
Ver com. Deut. 24: 4; Mat. 5: 31.
Repudiarla.
Ver com. cap. 5: 31.
8.
Moisés os permitió.
Ver com. Deut. 14: 26. Según lo que Cristo afirmó, la ley del AT que permitía el divorcio fue una concesión dispuesta para hacer frente a circunstancias que distaban mucho de las ideales (ver com. Deut. 24: 4). Sin embargo, la enseñanza de Cristo muestra claramente que las disposiciones de la ley de Moisés para el divorcio no constituyen el ideal divino para sus hijos (ver com. Mat. 19: 9).
Al principio.
La ley de Gén. 1: 27; 2: 24 es anterior a la ley de Deut. 24: 1-4 y es superior a ella, porque en la parte del Génesis que describe el Edén, se presenta el ideal divino para los hijos terrenales del Señor. Dios nunca invalidó la ley del matrimonio que enunció en el principio. No era el plan divino que el divorcio fuera alguna vez necesario. Por lo tanto, aquellos cristianos que tengan el deseo y el propósito de seguir el plan celestial, no buscarán el divorcio como solución para sus dificultades matrimoniales (ver com. Mat. 19: 9).
9.
Os digo.
Ver com. cap. 5: 22. La única modificación hecha en la ley original del matrimonio para adaptarla a un mundo caído, es que la violación del pacto matrimonial por infidelidad conyugal puede servir de razón legítima para disolver el matrimonio. De otro modo, no puede disolverse legítimamente.
Cualquiera.
La norma que Cristo enuncia a continuación es de aplicación universal. Ninguno que diga ser cristiano debería considerarse como una excepción a ella.
Fornicación.
Gr. pornéia (ver com. cap. 5:32). En el NT la palabra pornéia sirve para designar todas las relaciones ilícitas, tanto antes del matrimonio como después de él. Quizá la expresión "falta de castidad" traduciría mejor el significado de la palabra griega. Bajo la ley mosaica, la infidelidad en el matrimonio exigía pena de muerte (ver com. Lev. 20: 10), y no el divorcio. Además, bajo la ley de Moisés la pena de muerte era obligatoria. Según la ley cristiana aquí expuesta, el divorcio no es obligatorio, sino permitido. A partir de lo que Jesús enseña aquí, puede inferirse que la parte inocente queda en libertad de elegir si ha de continuar la relación matrimonial. Sin embargo, la reconciliación es siempre lo ideal, sobre todo si la pareja tiene hijos.
Tanto aquí como en el pasaje paralelo de Mat. 5:32, pareciera indicarse, aunque no se lo dice explícitamente, que la parte inocente queda en libertad de volverse a casar. En todo caso, así lo han entendido a través de los años la gran mayoría de los comentadores.
Se casa con la repudiada.
Cualquier enlace que contraiga la mujer repudiada viola su voto matrimonial, lo cual es adulterio. En consecuencia, el que se casa con ella también adultera.
10.
Sus discípulos.
Pareciera que fue después de que Jesús y sus discípulos se separaron de los fariseos y llegaron a una casa, cuando los discípulos se expresaron con referencia a este asunto (cf. Mar. 10: 10).
Si así es.
Es decir, si el matrimonio ata a una persona de una manera tan estricta como Jesús acababa de decirlo. Parecería que los discípulos no habían entendido claramente las afirmaciones que Jesús había presentado antes acerca del matrimonio (Mat. 5:31-32; Luc. 16:18) y por eso habían quedado profundamente perplejos por la interpretación que Jesús acababa de dar.
No conviene casarse.
Sugerían con esto que, en vista de la naturaleza humana y las 444 múltiples circunstancias que podrían llevar a la incompatibilidad matrimonial, quizá sería mejor no casarse nunca. Sin duda, la norma que Jesús había presentado pareció a primera vista demasiado elevada aun para los discípulos, lo que también ocurre hoy. Lo que los discípulos olvidaron, y que también olvidan los cristianos hoy, es que Cristo ofrece otra solución para el desacuerdo matrimonial. Según la fórmula de Cristo, cuando los caracteres y las personalidades no congenian, la solución está en cambiar el carácter, el corazón y la vida (ver com. Rom. 12:2), y no cambiar de cónyuge. Los principios en los cuales debe basarse esta transformación se presentan claramente en el Sermón del Monte (ver com. Mat. 5:38-48; 6:14-15). Si se aplican estos principios a situaciones matrimoniales difíciles, se efectuarán los mismos milagros que ocurren cuando se los aplican a otras relaciones sociales. No hay problema matrimonial que no pueda resolverse para satisfacción de ambos cónyuges si los dos están dispuestos a seguir los principios presentados por Cristo en el Sermón del Monte. Y si uno de los cónyuges está dispuesto a hacerlo, aunque el otro no lo esté, muchas veces es posible alcanzar un grado notable de paz matrimonial, y a menudo el resultado final es que se gana al que no estaba dispuesto a seguir las enseñanzas de Cristo. Esta recompensa vale más que la paciencia y la abnegación que exige.
11.
No todos son capaces.
El comentario hecho por los discípulos (vers. 10) revela su confusión y llevó a Cristo a presentar algunos detalles más (vers. 11-12).
Esto.
Literalmente, "esta palabra". Aunque gramaticalmente podría referirse a lo que Jesús había dicho en los vers. 8-9, más bien parece referirse a lo que los discípulos habían dicho en el vers. 10, "no conviene casarse", cuando entendieron lo que Jesús enseñaba acerca de la fornicación y el divorcio (vers. 8-9).
Sino aquellos.
Cada persona debe tener la libertad de determinar si esto se aplica a su caso o no. Dios mismo había proclamado que no era bueno que el hombre estuviera solo (Gén. 2: 18); pero Jesús indica aquí que, bajo el dominio del pecado, podrían existir algunos casos o circunstancias que hicieran aconsejable que una persona no se casara (cf. 1 Cor. 7).
12.
Hay eunucos.
Jesús describe aquí a dos grupos de individuos para quienes la vida de solteros podría ser una alternativa preferible al matrimonio. El primer grupo se compone de los que no pueden tener relaciones matrimoniales y que no son responsables por su situación. Entre estos están los "eunucos que nacieron así", y que, sin duda, sufren algún defecto congénito.
Son hechos eunucos.
También entre los que no son responsables por su imposibilidad de tener relaciones matrimoniales están los que han sido hechos eunucos por otros. En tiempos antiguos, en el Cercano Oriente, se acostumbraba a castrar a los funcionarios del rey que cuidaban de las mujeres de la corte. Por otra parte, parece que algunos eunucos llegaron a casarse (ver com. Gén. 37: 36). Los eunucos eran objeto de lástima entre los judíos (ver Isa. 56: 3-5). Los sacerdotes que hubieran sufrido una mutilación de este tipo no podían ejercer el sacerdocio (Lev. 21: 20). En los últimos años del reino de Judá, aparecen eunucos en la corte (Jer. 29:2, Heb. y BJ), pero no se sabe si eran judíos o extranjeros (ver com. Est. 1: 10; 2: 3). Al menos uno de ellos, Ebed-melec, era etíope (Jer. 38: 7).
Así mismos se hicieron eunucos.
El segundo grupo de individuos, para quienes la vida de solteros podría ser mejor que el casamiento, es descrito por Jesús como los que "a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos". Jesús sin duda habla aquí en forma figurada, refiriéndose a los que prefieren no casarse a fin de poder servir con mayor eficiencia a su Señor, Si bien es cierto que sólo por medio de la intimidad de la relación matrimonial se pueden experimentar ciertas dimensiones del amor de Dios para con su pueblo -ese amor que Dios tantas veces ha representado como la relación entre marido y mujer (Isa. 54: 5; 62: 5; Ose. 2: 19; 2 Cor. 11: 2; Apoc. 19: 7)-, algunas personas en ciertas circunstancias posiblemente tengan mayor libertad para servir a Dios en la misión a la cual han sido llamados, si no tienen las obligaciones específicas que acompañan a la relación matrimonial (cf. 1 Cor. 7: 32-35).
Debiera señalarse que Jesús recomienda el celibato sólo para los que sean capaces de recibirlo. En ningún caso recomienda el celibato para los cristianos en general, ni tampoco para los dirigentes cristianos. Este pasaje tampoco indica que el celibato en sí mismo pueda llevar a una santidad mayor que la que de otros modos podría alcanzarse. Entre los judíos de los días de Jesús, el celibato no 445 era bien mirado y lo practicaban sólo algunos grupos fanáticos de ascetas, tales como los esenios (ver pp. 55-56). Los Evangelios indican que Pedro era casado y, considerando las costumbres judías de la época, es muy probable que también los otros discípulos estuvieran casados (ver com. Mar. 1: 30).
El que sea capaz de recibir esto.
Ver com. vers. 11.
13.
Entonces.
[Jesús bendice a los niños, Mat. 19: 13-15 = Mar. 10: 13-16 = Luc. 18: 15-17. Comentario principal: Marcos.] Aquí parece ser más importante la secuencia de las ideas que la secuencia cronológica.
Le fueron presentados.
Los judíos acostumbraban a llevar a sus hijos pequeños a algún rabino para que los bendijera (DTG 472).
Les reprendieron.
Los discípulos no comprendieron en absoluto a Jesús. Consideraron que este pedido significaba una pérdida de tiempo para su Maestro y pensaron que era una interrupción innecesaria en lo que para ellos era la tarea más importante, la de predicar el Evangelio a los adultos. Pensaron que estaban protegiendo a Jesús de quienes lo molestaban. Según Marcos, Jesús se indignó por la actitud de los discípulos (cap. 10: 14).
14.
Dejad a los niños.
Es evidente que Jesús amaba a los niños y que ellos lo amaban a él. Apreciaba su amor sincero y su afecto sin artificios. Se interesaba en ellos y los quería. En más de una ocasión hizo referencia a las características y a los intereses de los niños a fin de ilustrar alguna verdad espiritual (cap. 11: 16-17; 18:2-4; etc.).
No se lo impidáis.
Literalmente, "no sigáis impidiéndolos". Cualquiera que haga que a los niños les resulte difícil encontrar al Maestro, sin duda será objeto del desagrado divino y de la severa reprensión de Cristo. Hay lugar para los niños en el reino de la gracia divina. En el hogar, en la escuela, en la iglesia, las necesidades y los intereses de los niños siempre deben tenerse en cuenta como de la mayor importancia. Todos los que tienen alguna relación con los niños, o que puedan tener voz en las decisiones que los afectan, deben cuidarse de no hacer nada que pueda dificultar que lleguen hasta Jesús.
De los tales.
Ver com. cap. 18: 3.
15.
Puesto sobre ellos las manos.
Cf. com. Mar. 10: 16. El toque de Jesús que tantas veces había impartido salud a los enfermos, fue en esta ocasión una fuente de bendición para los niños. Jesús no bautizó a los niños sino que sencillamente los encomendó al amor y al cuidado del Padre.
16.
Entonces.
[El joven rico, Mat. 19: 16-30 = Mar. 10: 17-31 = Luc. 18: 18-30. Comentario principal: Mateo.] Esto parece haber acaecido en seguida después que Jesús bendijera a los niños (vers. 13-15). El joven rico habría seguido de cerca la bendición de los niños, y al ver esa enternecedora demostración de amor, se sintió impulsado a formular su pregunta (DTG 477).
Vino uno.
Según Mateo, se trataba de un joven (cap. 19: 20); Lucas dice que era un hombre principal muy rico (cap. 18: 18, 23). Según el concepto que tenía de sí mismo, era concienzudo y había vivido una vida ejemplar (ver com. Mat. 19: 19). Como "hombre principal" ocupaba una posición de responsabilidad y según Elena de White era "miembro del honorable concilio de los judíos" (DTG 477, 479). No se sabe si se refiere al sanedrín de la ciudad donde vivía o al gran sanedrín de Jerusalén (ver p. 68).
El joven rico parece haberse acercado a Jesús cuando éste se retiraba de la ciudad (Mar. 10: 17). El que el joven viniera corriendo bien podría reflejar la impaciencia de la juventud y el que se arrodillara indicaría sinceridad (Mar. 10: 17). Su actitud era notablemente diferente de la de los fariseos quienes hacía poco se habían acercado a Jesús para tentarlo (Mat. 19: 3).
Este episodio y la enseñanza derivada de él que Jesús después dio a sus discípulos (vers. 23-30) destaca en primer lugar la importancia de la abnegación como requisito para entrar en el reino de los cielos (ver com. Luc. 9: 61-62; 14: 26-28, 33); y en segundo lugar el peligro del amo al dinero (ver com. Mat. 6: 19-21; Luc. 12: 13-21; 16: 1-15).
Maestro bueno.
Aquí la evidencia textual favorece la omisión de la palabra "bueno". En Mar. 10: 17 y Luc. 18: 18 los manuscritos dicen "maestro bueno".
¿Qué bien?
Esta pregunta refleja el típico concepto farisaico de la justificación por las obras como pasaporte para la vida eterna (ver com. vers. 17). El joven rico había cumplido concienzudamente con todos los requisitos de la ley (PVGM 322), por lo menos según todas las apariencias. Sin duda también había hecho todo lo que mandaban los rabinos, pero estaba consciente de que algo le faltaba. Admiraba grandemente a Jesús, y había pensado seriamente en la posibilidad de 446 hacerse discípulo de él (DTG 477). En Luc. 10: 25 aparece una pregunta similar formulada por un intérprete de la ley.
17.
¿Por qué me llamas bueno?
Al parecer, la forma en la cual el joven se dirigió a Jesús era inusitada (cf. Juan 3: 2). En la literatura rabínica no hay registro de que se llamara "bueno" a un "rabino". Por el contrario, en la Mishnah, Dios es "el bueno y el hacedor del bien" (Berakoth 9. 2). Puesto que el joven tenía una buena posición y al parecer gozaba de la confianza de su pueblo (ver com. Mat. 19: 16), podría decirse que no llamó "Maestro bueno" a Jesús por ignorancia o descuido. Era obvio que tenía alguna razón para hacerlo, y Jesús buscó que el joven dijera públicamente esa razón. Cuando Jesús dijo que sólo Dios era bueno, estaba procurando ayudar al joven a comprender claramente el significado de su saludo. Jesús reconoció la sinceridad y el discernimiento del joven, y quiso fortalecer su fe haciéndole presentar una declaración aun más clara de su parecer.
Ninguno hay bueno sino uno.
La bondad suprema es característica exclusiva de Dios (Exo. 34: 7; Sal. 27: 13; 31: 19; 52: 1; Rom. 2: 4; etc.). Jesús no negó su divinidad, como podría parecer en primera instancia, sino más bien la aclaró e hizo resaltar el pleno significado de la afirmación del joven.
Entrar en la vida.
Esto equivale a entrar en "el reino de los cielos" (cf. cap. 5: 20). En vista de que Jesús incluye tanto la vida presente como la venidera en sus comentarios sobre las recompensas del discipulado (Mat. 19: 29; Mar. 10: 30; Luc. 18: 30), podría ser apropiado suponer que aquí se habla tanto del reino de la gracia como del reino de la gloria.
Los mandamientos.
Gr. entol', "precepto", "orden", "comisión", "mandato" (ver com. Sal. 19:8). Los mandamientos son los requerimientos específicos e individuales que la ley (Gr. nómos; cf. com. Sal. 19: 7; Prov. 3: 1) ordena a los hombres. Es la voluntad de Dios que el hombre refleje el carácter divino, y ese carácter puede resumirse en la palabra "amor" (1 Juan 4: 7-12). Al reflejar el carácter, o sea el amor de Dios, le amaremos sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (ver com. Mat. 22: 37, 39). Si preguntamos cómo hemos de expresar nuestro amor a Dios y a nuestros prójimos, encontraremos la respuesta dada por Dios en los Diez Mandamientos (Exo. 20: 3-17), los cuales fueron explicados y ensalzados por Cristo (ver com. Isa. 42: 21) en el Sermón del Monte (Mat. 5: 17-48). Todas las leyes civiles de Moisés en el AT y las instrucciones de Cristo y de los apóstoles en el NT, explican los requerimientos divinos expuestos en los Diez Mandamientos y los aplican a los problemas prácticos del diario vivir. El joven rico profesaba amar a Dios, pero, según Jesús, la verdadera prueba de ese amor debe encontrarse en la forma como trataba a sus prójimos (1 Juan 4: 20). "Si me amáis -dijo Jesús- guardad mis mandamientos" (Juan 14: 15).
18.
¿Cuáles?
En respuesta a esta pregunta, Jesús cita específicamente varios de los Diez Mandamientos que se refieren a la relación de una persona con sus prójimos. Sin duda, a la vista de los hombres el joven rico era honrado; pero a la vista de Dios, que lee el corazón, en realidad no se preocupaba por los intereses de sus prójimos (ver com. vers. 19-20).
19.
Amarás a tu prójimo.
Este precepto resume todos los mandamientos a los cuales Jesús hace alusión (ver com. cap. 22: 39-40). Aunque el joven no lo comprendía aún, estos preceptos de conducta llegaban hasta el mismo corazón de su problema. No amaba a otros tanto como se amaba a sí mismo. Sin embargo, creía que había guardado "todo esto". Había guardado la ley según su letra, pero no con el debido espíritu, y sin embargo consideraba que estaba viviendo en armonía con sus principios. Jesús intentó abrir los ojos del joven para que comprendiera que los principios de la ley deben aplicarse concienzudamente a todas la relaciones prácticas de la vida.
20.
Desde mi juventud.
Esta frase aparece en los manuscritos griegos de Marcos y de Lucas, pero la evidencia textual establece su omisión en este pasaje. El joven rico creía sinceramente que había guardado todos los mandamientos y no se daba cuenta de ninguna imperfección (DTG 478).
¿Qué más me falta?
Al parecer, el joven confiaba en que le faltaba apenas un paso para llegar a la perfección. Sin embargo, a pesar de que con toda diligencia había obedecido la letra de la ley, todavía le parecía que le faltaba algo y que su obediencia no era suficiente. Pero no sabía lo que le faltaba. Su vida había sido pura, honrada y veraz. Pero su actitud para con sus prójimos había sido esencialmente negativa: no les había robado los bienes, no había levantado falso testimonio contra ellos, ni les había quitado la mujer 447 o la vida. En verdad, la letra de la ley es negativa en su forma, pero su espíritu demanda una acción positiva. No basta dejar de odiar o herir a nuestros prójimos; el Evangelio nos pide que los amemos y les ayudemos como nos amamos a nosotros mismos. A este joven le faltaba el amor de Dios en el corazón (DTG 478), sin el cual su observancia de "todo esto" carecía de valor real a la vista del cielo.
21.
Perfecto.
Ver com. cap. 5: 48. Jesús da por sentado que lo que el joven decía o insinuaba en la pregunta: "¿Qué más me falta?", lo hacía con sinceridad de corazón. El joven había tenido como ideal llegar a la perfección. Pero, como lo señala Pablo, no se puede alcanzar la perfección por medio de las obras (Gál. 2: 21; Heb. 7: 11). Por lo tanto, si el joven rico había de alcanzar la perfección, no debía esperar hacerlo mediante la realización de obras para ganar méritos. Debía experimentar un completo cambio de corazón y de vida. Su mente debía ser transformada; su manera de alcanzar la perfección debía ser otra.
Anda, vende.
Dentro de su carácter, que en otros sentidos era digno de encomio (Mar. 10: 21), quedaba un defecto serio: el egoísmo. A menos que se eliminara la devastadora influencia del egoísmo, el joven rico no podía progresar más hacia la perfección. Puesto que la enfermedad varía de persona a persona, también varía el remedio. Cuando Pedro, Andrés, Jacobo y Juan fueron llamados por primera vez (Juan 1: 35-51) para seguir al Maestro, Jesús no les pidió que vendieran sus barcas y sus redes pues esas cosas no impedían que ellos le siguieran; pero cuando fueron llamados definitivamente, dejaron todo para seguir al Maestro (ver com. Luc. 5: 11).
Todo aquello que una persona ama más que lo que ama a Jesús, lo hace indigno de Cristo (ver com. Mat. 10: 37-38). Aun las más importantes responsabilidades terrenales son menos importantes que seguir a Cristo por el camino del discipulado (ver com. Luc. 9: 61-62). Pablo lo perdió todo "para ganar a Cristo" (Fil. 3: 7-10). A fin de posesionarse del tesoro celestial o comprar la perla de gran precio (ver com. Mat. 13: 44-46), uno debe estar dispuesto a deshacerse de todo lo que tiene. Pero el joven rico no estaba listo para hacer esto. Aquí estaba su cruz, pero se negaba a tomarla.
Lo que tienes.
Literalmente, "tus posesiones".
Tesoro en el cielo.
Ver com. cap. 6: 19-21. Jesús puso al joven ante la elección entre el tesoro terrenal y el celestial. Pero el joven quería tener ambos, y al descubrir que eso no era posible, "se fue triste" (cap. 19: 22). El penoso descubrimiento de que no podía servir a Dios y a las riquezas (ver com. cap. 6: 24) le resultó imposible de sobrellevar.
Ven y sígueme.
Ver com. Luc. 5: 11.
22.
Triste.
"Apenado" (BJ). Grande fue su chasco cuando comprendió el sacrificio que implicaba alcanzar la vida eterna. La impaciente alegría con la cual se había acercado corriendo a Jesús (ver com. vers. 16), se transformó en tristeza y pena. El precio de la "vida eterna" (vers. 16), en busca de la cual había venido el joven, era mayor que el que estaba dispuesto a pagar.
Muchas posesiones.
Sus posesiones eran lo más importante de toda su vida. Constituían un ídolo y a ellas les rendía la adoración y la devoción de su corazón. Jesús le propuso que vendiera todo lo que tenía a fin de librarlo de las garras del dios de las riquezas. Esta era su única esperanza de alcanzar el cielo (DTG 479). Tenía muchas posesiones, pero sin la sabiduría celestial para administrarlas debidamente, encontraría que le eran una maldición y no una bendición. Finalmente perdería aun lo que tenía (ver com. cap. 25: 28-30).
23.
A sus discípulos.
El joven rico se fue, y Jesús con sus discípulos siguieron su camino.
Un rico.
Ver com. cap. 13: 7. Es difícil que un rico entre en el reino de los cielos, no porque sea rico, sino por causa de su actitud hacia las riquezas (ver com. Luc. 12: 15, 21). Abrahán era "riquísimo" (Gén. 13: 2) y a la vez "amigo de Dios" (Sant. 2: 23). Para el joven rico, la puerta señalada por Jesús, mediante la cual podía entrar en la vida (Mat. 19: 17) era demasiado estrecha, y el camino por el cual debería caminar en adelante era demasiado angosto (ver com. cap. 7: 13-14). En este episodio los discípulos tuvieron la oportunidad de ver un ejemplo de cuán difícil es entrar en el reino de los cielos para el que tiene su corazón puesto en las riquezas. Satanás logra atar al mundo con los lazos de la riqueza a personas que son rectas en todos los otros sentidos.
Reino de los cielos.
Ver com. Mat. 3: 2; 4: 17; 5: 3; cf. Luc. 4: 19.
24.
Camello.
Jesús aquí presenta lo que para el ser humano es imposible (vers. 26). La verdad que aquí se afirma es precisamente 448 lo opuesto de lo que muchos creían, incluso los discípulos (ver com. vers. 25). Los fariseos creían y enseñaban que las riquezas constituían una evidencia del favor divino (ver com. Luc. 16: 14). En cierta medida, Judas, quien parece haber sido amante del dinero (ver Juan 12: 6; 13: 29), tenía un problema similar al del joven rico (ver com. Mar. 3: 19).
Ojo de una aguja.
La explicación de que el "ojo de una aguja" era una puerta pequeña, abierta en la puerta grande del muro de una ciudad, por la cual podían pasar las personas cuando la puerta grande estaba cerrada al tránsito, se originó siglos después de los días de Jesús. No hay ninguna base histórica para tal explicación, por más que parezca lógica. Jesús aquí estaba hablando de cosas imposibles (vers. 26) y no tiene sentido recurrir a una explicación que podría hacer posible lo que Jesús específicamente dijo que era imposible.
Que entrar un rico.
Ver com. Luc. 12: 15, 21. A diferencia de la mayoría de los que poseen riquezas, Mateo abandonó sus bienes a fin de seguir al Maestro (ver com. Mar. 2: 13-14), y Zaqueo, otro rico recaudador de impuestos, transfirió a Jesús su afecto por las riquezas (ver com. Luc. 19: 2, 8).
25.
Se asombraron en gran manera.
Debido al falso concepto de los discípulos acerca de la naturaleza del reino de los cielos (ver com. Luc. 4: 19) y de las riquezas como una señal del favor divino (ver com. Luc. 16: 14), quedaron asombrados ante esta afirmación tan categórica.
¿Quién, pues?
Los discípulos razonaron que si el prestigio, la influencia y las riquezas no eran una evidencia del favor divino, aquellos que no los poseían tenían aun menos posibilidad de ser salvos.
26.
Mirándolos Jesús.
"Mirándolos fijamente" (BJ). Es probable que Jesús observara la expresión de asombro en el rostro de los discípulos.
Esto es imposible.
Era imposible para los hombres, pero no para Dios. Es imposible que un rico entre en el cielo mediante el esfuerzo humano, porque no tiene cómo librarse de las garras del amor a las riquezas. Por otra parte, la salvación es imposible para cualquiera que intente buscarla por sus propios esfuerzos. Sólo un milagro de la gracia divina podrá salvar al rico de su supremo amor a las riquezas o a cualquier otra persona del pecado específico que lo tiene atrapado (cf. Heb. 12: 1).
Todo es posible.
Es decir, para el que esté dispuesto a permitir que Dios rija su vida (Fil. 4: 13). Sólo el poder de Dios que obra en la vida del hombre puede efectuar aquella transformación de carácter que se demanda para entrar en el reino de los cielos.
27.
Respondiendo Pedro.
Otra vez, como en tantas ocasiones, Pedro es el primero en responder (ver com. Mar. 3: 16; Mat. 16: 16; 17: 4; etc.).
Lo hemos dejado todo.
Pedro sólo dijo lo que era cierto (ver com. Luc. 5: 11). Básicamente, los discípulos habían cumplido con el requisito que Jesús acababa de presentarle al joven rico (ver com. Mat. 19: 21). Habían hecho lo que él no estaba dispuesto a hacer. ¿Estarían, pues, bien encaminados hacia la perfección de la cual hablaba Jesús? ¿Tendrían el derecho de "entrar en la vida" (vers. 17)?
¿Qué, pues, tendremos?
Pedro estaba pensando en las recompensas del discipulado. La abnegación practicada con un ojo puesto en la recompensa esperada nunca merecerá la aprobación que el cielo concede por el servicio fiel (cap. 25: 21, 23).
28.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Regeneración.
O "renovación". Aquí Jesús se refiere a la regeneración o renovación de la tierra, es decir, al mundo cuando sea creado de nuevo (Isa. 65: 17; 2 Ped. 3: 13; Apoc. 21: 1).
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
Trono de su gloria.
Es decir, "su glorioso trono" (ver com. cap. 16: 27; 25: 31).
Doce tronos.
Los discípulos reinarían con Jesús, como también lo harían todos los santos (2 Tim. 2: 12; Apoc. 3: 21; 20: 6).
29.
Haya dejado casas.
Los discípulos habían dejado casas y familias a fin de seguir a Jesús (ver com. Luc. 5: 11), aunque no puede decirse que habían dejado desamparados a los suyos. Sin embargo, habían hecho del servicio de Cristo su principal propósito. Poco antes, Jesús había expuesto este requerimiento del discipulado con palabras aun más significativas (ver com. Luc. 14: 26).
Por mi nombre.
Ver com. cap. 5: 11.
Cien veces más.
Cf. Job 42: 10; Luc. 18: 30. Evidentemente, Jesús habla aquí en lenguaje figurado. Quizá un año y medio antes de esta fecha, Jesús había dicho que los que hacían la voluntad de su Padre celestial eran su madre, su hermana y su hermano (Mat. 12: 46-50). Cuando el cristiano recibe "cien veces más en 449 esta vida", experimenta el gozo de la camaradería cristiana y la satisfacción mayor y más intensa que proviene de servir a Dios. Pablo habla de no tener nada, pero de poseerlo todo (2 Cor. 6: 10).
Vida eterna.
Ver com. Juan 3: 16. Cuando una persona lo deja todo para seguir a Cristo, recibe en recompensa un "más excelente y eterno peso de gloria" (2 Cor. 4: 17). Jesús había hecho lo mismo a fin de hacer posible el plan de salvación (Fil. 2: 6-8).
30.
Primeros serán postreros.
Ver com. Luc. 13: 30. Muchos que, al igual que el joven rico, tenían toda la apariencia de ser los primeros en entrar al reino, serían en realidad los últimos. El pasaje de Mat. 19: 30 es el vínculo entre el episodio del joven rico y la subsiguiente discusión registrada en los vers. 23-29, y la parábola de los obreros de la viña, registrada en el cap. 20. Notar que al final de la parábola (vers. 16) se repite la misma frase. En cierto modo sirve de introducción y resumen a dicha parábola, que fue narrada especialmente para ilustrar esta gran paradoja de la fe cristiana.
Pocas semanas más tarde, durante el transcurso de su último día de enseñanza en el templo, Jesús declaró a los principales sacerdotes y a los ancianos que los publicanos y las rameras entrarían en el reino de los cielos antes que ellos (cap. 21: 31-32). En verdad, de todas partes de la tierra vendría una hueste de humildes y fieles que se sentarían "en el reino de Dios" (Luc. 13: 29), mientras que los dirigentes religiosos de Israel serían "excluidos" (vers. 28). En la parábola de Lázaro y el rico se presenta otro comentario a esta inversión de situaciones en la vida futura (ver com. Luc. 16: 19-31). En este mundo el éxito y la popularidad se miden por normas completamente diferentes de las que usa Dios para medir el valor de un hombre.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
3 DMJ 56
5 HAd 91
8 DMJ 56; HAd 309
13 DTG 472; MeM 237
13-14 HAd 248
13-15 DTG 472-476
14 CM 138; COES 59; DTG 472, 476; FE 69; 3JT 374; MeM 235
16 CMC 222; 1JT 128; MJ 389; PR 165; 4T 49
16-17 PVGM 322
16-22 CMC 156, 158; DTG 477-481; PE 49; 1T 207
16-26 1T 170
16-30 PVGM 322-326
17 CV 299; 2JT 482; 2T 43
17-22 PVGM 322
18-19 DTG 477
19 2JT 249; 2T 43
19-20 DTG 477
20 CMC 222
20-21 4T 49
20-22 1JT 129; 1T 483; 4T 220
21 PVGM 326
21-22 CMC 223; DTG 479; PR 165; 4T 50
23-24 CMC 156; 2T 680
24 MC 165; 1T 151, 537; 6T 82
27 PVGM 326
27-28 PVGM 326
28 CMC 354
29 CMC 164, 247; HH 16; 2JT 138; 1T 88
29-30 1T 173
30 CMC 353