Evangelio Según SAN MATEO

CAPÍTULO 12



1 Cristo condena la ceguedad de los fariseos por la supuesta violación del sábado, 3 por medio de las Escrituras, 9 de la razón 13 y de un milagro. 22 Sana a un endemoniado, mudo y ciego. 31 La blasfemia contra el Espíritu Santo jamás será perdonada. 36 Se hará juicio contra toda palabra ociosa. 39 Reprende a los incrédulos que sólo buscan milagros. 49 Explica quién es su hermano, su hermana y su madre.


1 EN AQUEL tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo;* y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.
2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.*
3 Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre;
4 cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?
5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo* los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo,* y son sin culpa?
6 Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.
7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes;
8 porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.*
9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos.
10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?*
11 El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,* no le eche mano, y la levante?
12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.*
13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.
14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
15 Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos,
16 y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen;
17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
18 He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio.
19 No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz.
20 La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque a victoria el juicio.
21 Y en su nombre esperarán los gentiles.
22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.
23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?
24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. 381
25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.
26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?
27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.
29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.
30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.
32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.
33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
38 Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.
39 El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.
40 Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.
41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.
42 La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.
43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.
44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.
45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.
46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar.
47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar.
48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?
49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.
50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.

 

COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
En aquel tiempo.
[Los discípulos recogen espigas en el día de reposo, Mat. 12: 1-8 = Mar. 2: 23-28 = Luc. 6: 1-5. Comentario principal: Marcos. Ver mapa p. 208.] El uso que le da Mateo a esta expresión no necesariamente implica una relación cronológica específica entre lo que precede y lo que sigue. Es más bien una declaración general. Esto lo muestra el uso de la misma frase en el cap. 14: 1. El sermón junto al mar, registrado en el cap. 13, fue pronunciado hacia fines del año 29 d. C., en el otoño (ver com. cap. 13: 2), unos seis meses antes de la muerte de Juan el Bautista, la cual se registra en el cap. 14: 2.
Por los sembrados.
Literalmente, sembrados de grano. 382
Espigas.
Podría haberse tratado de cualquier cereal, quizá de trigo o cebada. Es interesante notar que todas las acusaciones contra los discípulos de Cristo que se registran en el libro de Mateo tuvieron que ver de alguna manera con el alimento (cap. 9: 14; 15: 2; etc.).
6.
Uno mayor.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) "algo mayor" (neutro), en vez de "uno mayor" (masculino). Parecería que ese "algo" tenía que ver con el verdadero espíritu de adoración (Juan 4: 23-24), pero quizá aún más con la presencia de Jesús, creador del sábado y centro de toda verdadera adoración.
Si el templo mismo estaba exento de las restricciones sabáticas que prohibían el trabajo, ¿como podría acusarse a Jesús, Señor del templo, dueño de esa "casa" e indudablemente mayor que ella, de quebrantar el sábado? Para los judíos el templo era más sagrado que cualquier otra cosa terrenal. Sin embargo, Cristo afirmó en forma audaz que él era mayor que el templo. Dijo Jesús que además de ser mayor que el templo, era "señor del día de reposo", la más sagrada de las instituciones religiosas judías (Mat. 12: 8). Cristo señaló que tanto el templo como el sábado habían sido ordenados para el servicio del hombre, y no para enseñorearse de él. El hombre no fue creado para que pudiera haber alguien que adorara en el templo y que observara el sábado; sino que el templo y el sábado fueron creados para servir al hombre (Mar. 2: 27).
7.
Misericordia quiero, y no sacrificio.
Ver com. cap. 9: 13.
No condenaríais a los inocentes.
Se hace referencia aquí a los discípulos. Con demasiada frecuencia la ignorancia en cuanto al verdadero sentido de las Escrituras -es decir, los falsos conceptos acerca de la verdad- y el falso orgullo, unidos con los celos hacia los que conocen y obedecen la verdad, llevan a la crítica y a la persecución (ver com. cap. 5: 10-12).
9.
Pasando de allí.
[El hombre de la mano seca, Mat. 12: 9-14 = Mar. 3: 1-6 = Luc. 6: 6-11. Comentario principal: Marcos y Lucas.]
Quizá esto ocurrió poco después del hecho registrado anteriormente (ver com. vers.1), pero no necesariamente como acto seguido. Difícilmente podría haber sido el mismo sábado (ver com. Luc. 6: 6).
15.
Sabiendo esto Jesús.
[El siervo escogido, Mat. 12:15-21 = Mar. 3: 7-12. Comentario principal: Marcos.] Es decir, cuando Jesús percibió la conspiración que estaban tramando los fariseos y los herodianos después de la curación del hombre de la mano seca en la sinagoga en un día de sábado (Mat. 12: 14; ver com. Mar. 3: 6). A medida que iba aumentando la popularidad de Jesús, también proporcionalmente aumentaba la oposición contra él (ver com. Mat. 4: 24).
Se apartó.
Quizá no partió hasta después del sábado, pues un largo viaje en día sábado innecesariamente habría despertado prejuicios entre los dirigentes judíos en contra de él. Con referencia al viaje en un día sábado, ver p. 52.
17
Lo dicho por el profeta Isaías.
Parece tratarse de una traducción libre o paráfrasis de Isa. 42: 1-4, aunque también podría ser una cita de alguna versión griega que desde entonces se ha perdido. Los primeros tres versículos siguen bastante de cerca el hebreo de Isa. 42:1-3, mientras que Mat. 12: 21 sigue casi exactamente a la LXX en la última parte de Isa. 42: 4; pero omite las dos primeras frases del versículo (ver com. Isa. 42: 1-4).
18.
Mi siervo.
Es decir Cristo, el Mesías (ver com. Isa. 42: 1).
Juicio.
No la justicia de portarse bien, sino la justicia del juicio.
20.
Caña cascada.
O "caña aplastada". Jesús no consideraba que la caña rota o el pábilo que humeaba fueran inútiles; en ambos casos había posibilidad de mejoría.
No quebrará.
Mientras hubiera el menor atisbo de esperanza de restauración, Jesús trabajaría diligentemente para "hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados" (Isa. 57: 15).
El pábilo que humea.
Gr. línon, sugiere algo hecho de lino, probablemente un pábilo o una "mecha" (BJ) de una lámpara, que está a punto de apagarse. Pero el dueño de la lámpara desea tener su luz y no escatima esfuerzos por lograr que siga ardiendo.
22.
Entonces.
[El endemoniado ciego y mudo; la blasfemia contra el Espíritu Santo, Mat. 12:22-45 = Mar. 3:20- 30 = Luc. 11:14-32. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 209; diagrama p. 221.] El resto de este capítulo (vers. 22-50) es uno de los pasajes más difíciles de ubicar en la secuencia de acontecimientos del ministerio de Cristo. Parece haber buena razón para pensar que los vers. 22- 50 constituyen el registro de un solo episodio y del conflicto que surgió de él: (1) Al parecer hubo sólo un breve lapso entre la curación 383 del endemoniado ciego y mudo y la acusación hecha por los fariseos (vers. 24). (2) La demanda de una señal fue repetida por lo menos dos veces durante el ministerio de Cristo, y el episodio que aquí se presenta parece haber sido la primera ocasión cuando se pidió una señal (la segunda vez ocurrió en Magdala, según Mat. 15: 39 a 16: 5, probablemente a mediados del año 30 d. C.). Debería notarse que este pedido (cap. 12: 38) de que Jesús hiciera una señal fue hecho enseguida después de que Jesús negara que expulsaba demonios por el poder de Beelzebú. (3) La presentación del asunto del espíritu inmundo y de los siete espíritus peores que él (vers. 43-45), sin duda siguió a la enseñanza de los vers. 22-42 sin gran interrupción, según se desprende de DTG 290. (4) La visita de la madre y de los hermanos de Cristo, que aparece en los vers. 46-50, acaeció "mientras él aún hablaba" (vers. 46; cf. DTG 292).
Según el cap. 13: 1, Cristo pronunció las parábolas del sermón junto al mar, consignado en el cap. 13, el mismo día cuando dio las instrucciones del cap. 12: 22-50. Con referencia a la evidencia de la estrecha relación cronológica entre el cap. 12: 22-50 y el cap. 13: 1-58, ver com. cap. 13: 1. De este modo lo que se presenta en el cap. 12: 22-50 habría transcurrido en la última parte del año 29
d.C. (ver com. Mat. 13: 1; Mar. 3: 13).
Un endemoniado.
Por lo menos en dos casos Cristo sanó a un endemoniado ciego y mudo (DTG 238; cap. 9: 32-35). Con referencia a la posesión demoníaca, ver Nota Adicional de Mar. 1.
23.
Estaba atónita.
Ver com. Mar. 2: 12.
Hijo de David.
Ver com. cap. 1: 1. La forma de la pregunta en griego insinúa que se espera recibir una respuesta negativa (ver com. Luc. 6: 39). Es como si la gente hubiera dicho: "Este no puede ser el hijo de David, el Mesías, ¿verdad?". Posiblemente, comprendieron que el Mesías de la profecía había de realizar los milagros que Cristo realizaba, pero les resultaba difícil ver en Jesús, al parecer un hombre común, al Mesías de la profecía (cf. DTG 168, 348). El hecho de que mucha gente oyera a Cristo de buena gana (Mar. 12: 37), lo reconociera como un gran maestro (Juan 3: 2) y aun como profeta (Mat. 21: 11), no significa necesariamente que lo aceptaran como Mesías. Sus muchos milagros encendían la llama de la esperanza en sus corazones de que quizá fuera el Mesías (ver com. Luc. 24: 21; cf. DTG 372), pero sus preconceptos en cuanto a cómo sería el Mesías (ver com. Mat. 4: 17; Luc. 4: 19; cf. DTG 22) apagaban casi inmediatamente la débil llama.
24.
Los fariseos, al oírlo.
Evidentemente la tenue esperanza de la gente de que Jesús podría ser el Mesías de la profecía (vers. 23) airó a los fariseos. Marcos dice que estos fariseos eran "escribas que habían venido de Jerusalén" (Mar. 3: 22), posiblemente enviados como espías por el sanedrín para observar a Cristo e informar en cuanto a él (ver com. Mar. 2: 6). Estos astutos enemigos de Jesús no podían negar que se hubiera realizado un genuino milagro, porque el hombre sanado podía hablar y ver (Mat. 12: 22). Cuanto mayor era la evidencia de la divinidad de Jesús, tanto mayores eran su ira y su odio. Por esto, algunos de los enemigos de Jesús finalmente llegaron a cometer el pecado imperdonable (ver com. vers. 31-32).
Este.
Gr. hóutos. Los fariseos mostraron su desprecio negándose a pronunciar el nombre de Jesús y refiriéndose a su persona de esta forma poco cortés (ver com. Luc.14: 30; 15: 2).
Beelzebú.
Ver com. cap. 10: 25. En la curación del endemoniado ciego y mudo se hizo evidente que estaba actuando un poder sobrehumano. Los espías se negaron a admitir que Jesús era divino y que poseía el poder de efectuar el milagro; por lo tanto, debía ser aliado del diablo.
25.
Sabiendo Jesús los pensamientos.
Ver com. Mar. 2: 8.
Todo reino.
Una nación donde hay guerra civil, evidentemente queda debilitada frente a otras naciones.
Casa.
Quizá se refiera a una división política como "casa" del que gobierna allí, o a una familia real, como la "casa de David" (1 Rey. 12: 16, 19-20, etc.). El mismo principio podría también aplicarse a una casa en el sentido de la morada de una familia.
26.
Echa fuera a Satanás.
Satanás estaba empeñado en combate mortal con Cristo (Apoc. 12: 7-9; cf. Mat. 4: 1-11; Juan 12: 31; 16: 11; etc.). El diablo difícilmente podría ser tan necio como para trabajar contra sí mismo confirmando las afirmaciones de Cristo, su enemigo mortal, y cooperando con él en la expulsión de demonios que él mismo había introducido en los hombres. Procediendo así, su reino seguramente caería. Con esto Jesús mostró cuán absurdo era el argumento de los fariseos, y su razonamiento fue tan claro y 384 sencillo que todos pudieron comprenderlo.
27.
¿Por quién los echan vuestros hijos?
Después de haber mostrado cuán absurdo era el argumento de los fariseos, Cristo les presentó un dilema. Evidentemente algunos fariseos pretendían poder echar fuera demonios; de otro modo, Jesús no hubiera presentado esto como un hecho. Josefo relata que en sus días se practicaba el exorcismo (Antigüedades 8. 2. 5), y los hijos de Esceva (Hech. 19:13-16) eran "exorcistas ambulantes". La palabra "hijos" no se refiere a los descendientes de los hombres a quienes Cristo estaba hablando, sino a sus seguidores. En tiempos del AT, los estudiantes en las escuelas de los profetas eran llamados "hijos de los profetas" (ver com. 2 Rey. 6: 1).
28.
Pero si.
Después de mostrar cuán absurdo era lo que pretendían los fariseos (vers.25-26) y de haberlos puesto frente a un dilema al cual no podían responder (vers. 27), Cristo los llevó a considerar la alternativa inevitable de que lo que ellos habían atribuido a Satanás no era en realidad otra cosa sino el poder de Dios (ver com. vers. 24). Lucas se refiere a este poder como el "dedo de Dios" (Luc. 11: 20; cf. Exo. 8: 19). Durante su ministerio terrenal, los milagros de Jesús fueron realizados por el poder de Dios mediante el ministerio de los ángeles (DTG 117). Sus milagros daban testimonio de que él era el Mesías (ver DTG 373), y si el Mesías estaba en la tierra (Mat. 12:23), su "reino" no podía estar lejos.
29.
¿Cómo puede alguno entrar?
La parábola que Cristo presenta a continuación refuerza la verdad expuesta en el vers. 28 de que "ha llegado a vosotros el reino de Dios" y de que el reino de Satanás está siendo invadido. Cristo es el que entra en la casa o en el reino de Satanás (ver com. vers. 25). Una persona no entra en su propia casa para saquear sus propios bienes. Satanás no echa fuera a Satanás (vers. 26). Por lo tanto, cualquiera que entra en la casa de Beelzebú (ver com. vers. 24), para "saquear sus bienes", debe ser su enemigo.
Del hombre fuerte.
El uso del artículo definido en griego hace que se refiera a una persona específica: Satanás.
Saquear sus bienes.
Satanás pretendía que este mundo era de él, que le había sido entregado (Luc. 4: 6). Desde ese punto de vista, este mundo era su casa, y los seres humanos que estaban en él eran sus "bienes". Cristo vino a libertar a los cautivos de Satanás, primero de la cárcel del pecado (ver com. Luc. 4: 18) y después de la cárcel de la muerte (Apoc. 1: 18). Al echar fuera demonios, Cristo estaba arrebatándole a Satanás sus víctimas: estaba saqueando sus "bienes".
Primero no le ata.
El que ata al "hombre fuerte", debe necesariamente ser más fuerte que él (Luc. 11: 22). Sólo Dios es más fuerte que Satanás. Por lo tanto, frente a la evidencia de que Jesús está libertando a los cautivos de Satanás, debe entenderse que el poder de Dios está actuando por medio de Jesús. Los milagros de Cristo no dan testimonio de una alianza con Satanás, sino de que estaba en guerra contra él (DTG 373).
30.
No es conmigo.
En el gran conflicto por el alma del hombre no hay territorio neutral pues la neutralidad es imposible (DTG 291). Todos son o leales o traidores. El que no está enteramente de parte de Cristo, está enteramente de parte del enemigo, vale decir que el peso de su influencia se inclina en esa dirección. El estar casi, pero no completamente con Cristo, es estar no casi sino plenamente contra él. Lo que Cristo aquí afirma no debe entenderse que contradice a Mar. 9: 40: "El que no es contra nosotros, por nosotros es". En cierto modo se complementan. El que se niega a seguir a Jesús, daña la obra de Cristo. Por otra parte, la declaración de Marcos indica que algunas personas que no proceden como nosotros creemos que deberían proceder, sin embargo, pueden estar haciendo la obra de Dios y fomentando la causa de Jesús (DTG 404).
31.
Todo pecado.
Salvo una excepción, todo pecado y blasfemia pueden perdonarse.
Blasfemia.
En la situación específica a la cual Cristo hace referencia, un grupo de fariseos había atribuido al diablo (vers. 24) el poder del Espíritu Santo (ver com. vers. 28), sabiendo plenamente que su acusación era falsa (DTG 289). Este deliberado rechazo de la luz los estaba llevando paso a paso a blasfemar "contra el Espíritu". Es importante notar que la afirmación hecha por los fariseos surgió en el momento culminante de un largo proceso de rechazo de las evidencias cada vez más claras de que Jesús era divino (DTG 184, 496), proceso que había comenzado cuando Jesús nació (DTG 44), pero que se había intensificado a medida que progresaba su ministerio. Cuanto más clara la evidencia, más decididamente se le opusieron 385 (cf. Ose. 4: 6). Con el correr del tiempo, cada encuentro con Jesús servía sólo para revelar la hipocresía de ellos, y se fueron amargando más y más y hablaron en forma más violenta. En esta ocasión afirmaron abiertamente que Jesús estaba endemoniado y que trabajaba en colaboración con Satanás, como uno de sus cómplices (cf. 2JT 265). En adelante quedaron bajo el control del mismo poder que habían dicho que dominaba a Cristo (DTG 290).
La blasfemia contra el Espíritu Santo, o sea el pecado imperdonable, consiste en la resistencia progresiva a la verdad, y culmina en una decisión final e irrevocable en contra de ella, hecha deliberadamente y sabiendo muy bien que al proceder así se está escogiendo seguir una conducta propia que se opone a la voluntad divina. La conciencia está cauterizada por la resistencia continua a las impresiones del Espíritu Santo y quien está en esa situación difícilmente comprende que ha hecho la decisión fatal. Puede también ocurrir que simplemente no se llegue nunca a hacer la decisión de actuar en armonía con la voluntad de Dios (DTG 291). La persona que se siente temerosa de que pudiera haber cometido el pecado imperdonable, en ese mismo temor tiene la evidencia concluyente de que no lo ha cometido.
La persona más desgraciada es aquella cuya conciencia la molesta por hacer el mal cuando sabe que debería hacer el bien. Una vida cristiana desdichada generalmente es el resultado de no vivir a la altura de la luz que se tiene. La persona cuya conciencia la molesta puede resolver el problema y librarse de la tensión de dos maneras: puede someterse al poder transformador del Espíritu Santo y responder a los impulsos del Espíritu rectificando los yerros cometidos con Dios y con el hombre, o puede cauterizar su conciencia y eliminar sus dolorosos impulsos, silenciando así al Espíritu Santo (ver Efe. 4: 30). El que hace esto último no puede arrepentirse porque su conciencia se ha tornado para siempre insensible y no quiere arrepentirse. Deliberadamente ha colocado su alma más allá del alcance de la gracia divina. Su persistente perversión del libre albedrío da por resultado la pérdida de la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Por último el mal parece ser bueno, y el bien parece ser malo (ver Miq. 3: 2; com. Isa. 5: 20). Tan engañoso es e pecado.
Bien se ha dicho que la conciencia es el ojo de Dios en el alma del hombre. Es un amonestador divinamente implantado que impulsa a los hombres a vivir siempre en armonía con la luz que les ha sido revelada. Corromper la conciencia, aun en el grado más pequeño, es arriesgarse a la muerte eterna. La desobediencia persistente y deliberada a Dios finalmente se transforma en hábito que no puede quebrantarse (DTG 291). Compárese esto con el proceso comúnmente descrito como endurecimiento del corazón (ver com. Exo. 4: 21).
No les será perdonada.
No porque Dios no esté dispuesto a perdonar, sino porque el que ha cometido este pecado no tiene deseo de ser perdonado. Tal deseo es imprescindible para alcanzar el perdón. La persona que ha cometido el pecado imperdonable ha cortado la comunicación con el cielo a fin de no ser molestada más por las advertencias y las admoniciones del Espíritu Santo.
32.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1 ; Mar. 2: 10.
Le será perdonado.
Comparar esto con la oración de Cristo en la cual pidió que Dios perdonara a los soldados que lo habían clavado a la cruz (Luc. 23: 34). Muchos de los sacerdotes y dirigentes de la nación, junto con miles de otras personas, finalmente creyeron en él, y después de Pentecostés se pusieron de parte de los discípulos (Juan 12: 42; Hech. 6: 7). Pudieron recibir el perdón porque antes no habían discernido plenamente el carácter divino de Jesús (DTG 289). El hecho de que no reconocieran a Jesús como el Mesías de la profecía, por causa de su entendimiento incorrecto de las profecías del AT (DTG 22), no los hizo insensibles a la verdad, y cuando vieron la verdad como es en Cristo Jesús, con valor se pusieron de parte de ella.
No le será perdonado.
Ver com. vers. 31.
Este siglo.
Ver com. cap. 13:39.
El venidero.
El siglo venidero, o sea la vida futura. No habrá un segundo tiempo de gracia.
33.
O haced.
Los fariseos eran inconsecuentes. Habían atribuido la liberación del yugo de la posesión demoníaca -ciertamente algo bueno- a los demonios mismos (vers.24). Si los frutos son buenos, el árbol en el cual crecieron también debe serlo.
El árbol.
Según se desprende del contexto, Jesús habla aquí de sí mismo. La curación del endemoniado ciego y mudo (vers. 22) era el 386 "fruto", y ninguno que hubiera visto el milagro podía negar que ese "fruto" era bueno. Sin embargo, los fariseos atribuyeron este buen fruto a un árbol malo, a "Beelzebú, príncipe de los demonios" (vers 24). Pero Jesús declaró que sólo un buen carácter puede producir "buenas cosas", así como un carácter malo produce "malas cosas" (vers. 35). El árbol bueno siempre se conocerá por su buen fruto y el árbol malo por sus malos frutos (ver com. cap. 7: 16-20). De este modo los fariseos eran sumamente ilógicos al atribuir un fruto reconocido como bueno a un árbol malo. Con frecuencia en el AT se compara a una persona o a un pueblo con un árbol (ver com. Juec. 9: 8-10; Sal. 1: 3; Isa. 56: 3; Dan. 4: 10).
Más tarde Jesús se comparó con una "vid", y comparó a sus discípulos con los "pámpanos", y a los que eran ganados para el reino con el "fruto" (Juan 15: 5-8). En cuanto a otros casos en los cuales se emplea la figura del fruto para representar diferentes cosas y para enseñar diferentes verdades, ver com. Mat. 13: 33.
34.
¡Generación de víboras!
Literalmente, "progenie de víboras" (ver com. cap. 3: 7).
¿Cómo podéis hablar?
Eran malos tanto el fruto (vers. 33) como la progenie (vers. 34) de los fariseos. Lo que habían dicho -el fruto de ellos- era malo, y eso indicaba que procedía de una fuente mala. Actuaban como "víboras", y por lo tanto debían ser una progenie de víboras (ver com. Juan 8: 44).
Abundancia del corazón.
Las palabras que se pronuncian son en mayor o menor grado un reflejo de los pensamientos que llenan la mente; no puede ser de otro modo. Las palabras blasfemas de los fariseos (vers. 24) no fueron pronunciadas por accidente, sino representaban lo que estaba en su corazón. Las palabras de una persona muestran lo que piensa.
35.
El hombre bueno.
Esta es una aplicación literal del principio presentado en el vers. 33 con la figura de un árbol.
Tesoro.
Gr. th'saurós, "cofre [para joyas]", "tesorería", "almacén" (ver com. cap. 2: 11). Aquí se habla de la mente como si fuera el almacén donde se han guardado la experiencia y el conocimiento acumulados y las actitudes y emociones cultivadas para emplearlas en hacer frente a los problemas de la vida.
Del corazón.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de estas palabras.
Saca.
Literalmente, "echa fuera".
36.
Ociosa.
Literalmente, "que no trabaja", "improductiva", "inútil", y por lo tanto, como aquí, "mala" o "perniciosa". Al acusar a Cristo de echar a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios (vers. 24), los fariseos habían afirmado algo que sabían que no era cierto.
Darán cuenta.
El hombre es responsable de la manera en la cual emplea su libre albedrío.
Día del juicio.
Ver com. cap. 3: 12.
37.
Justificado.
Dentro del contexto del juicio final, el verbo griego dikaióÇ tiene el sentido forense de "declarar justo" o de "ser vindicado". Esto podrá ocurrir sólo si las palabras que se han dicho están de acuerdo con el conocimiento de la verdad que se ha tenido. De otro modo, se verá que la persona es hipócrita, y como tal, será condenada.
38.
Entonces.
Con referencia a la relación de los vers. 38-42 con la sección anterior del cap. 12, ver com. vers. 22.
Algunos de los escribas.
Casi todo el capítulo tiene que ver con ejemplos de la oposición de los fariseos a Cristo (vers. 2, 14, 24, 38). Sólo los vers. 46-50 tratan de otro tema. Con referencia a los escribas, ver p. 57; com. Mar. 1: 22.
Fariseos.
Ver pp. 53-54.
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña". Aunque le dijeron "Maestro" a Jesús, los escribas y fariseos no estaban aceptando que tuviera ninguna autoridad especial. Sólo se trataba de que Jesús estaba enseñando, y didáskalos era el título popular de los que enseñaban.
Deseamos ver de ti señal.
Es probable que el pedido de ver una señal que se registra en el cap. 16: 1-5 ocurriera a mediados del año 30 d. C., unos nueve meses después del hecho registrado aquí. En vista del notable milagro que acababa de realizarse (cap. 12: 22-23; DTG 288), la exigencia de ver una señal (ver p. 198; com. Luc. 2: 12) era en verdad un insulto. Esto implicaba que lo que había ocurrido no era un milagro y sutilmente insinuaba que hasta ese momento Cristo no había dado ninguna evidencia de sus pretensiones sobrenaturales. ¿Qué clase de señal esperaban ver? Quizá algún portento en el cielo (ver Joel 2: 30; cf. Apoc. 13: 13), o algún "milagro" como los que Moisés efectuó ante Faraón para comprobar su misión (Exo. 7: 9-13; etc.). Quizá hubieran considerado que una señal tal era una manifestación convincente de un poder sobrenatural. Durante el juicio 387 de Cristo ante el sanedrín, los dirigentes judíos nuevamente exigieron que Jesús realizara un milagro (DTG 651). Herodes demandó algo similar y prometió libertar a Jesús si realizaba ese milagro (DTG 676).
La insinceridad de quienes exigían una señal parecería verse en el hecho de que no se menciona que alguno de ellos hubiera respondido favorablemente a los milagros que Jesús realizó. Al contrario, con cada evidencia de la divinidad de Cristo, sólo se sintieron más decididos a silenciarlo, hasta que finalmente la resurrección de Lázaro sirvió para que rodoblaran sus esfuerzos por eliminar a Jesús.
39.
Generación.
Ver com. cap. 11: 16; 23: 36.
Mala y adúltera.
Eran adúlteros en el sentido de que habían roto el lazo que los unía a Dios como pueblo escogido. En el AT la apostasía era descrita comúnmente como adulterio (ver com. Sal. 73: 27).
Señal no le será dada.
Ese pueblo empedernido y apóstata no tenía derecho a exigir una señal, y si la hubiera visto, no la habría aceptado. No había nada que ganar con echar "perlas delante de los cerdos" (ver com. cap. 7: 6). En "Moisés" y "los profetas" (Luc. 16: 31) había suficiente luz como para guiar a los hombres al camino de la salvación, y la verdadera razón por la cual los escribas y fariseos se negaban a aceptar a Cristo era porque realmente no habían aceptado las escrituras del AT que testificaba de él (Juan 5: 45-47).
Jonás.
Jesús mismo explicó cual era la señal de Jonás. En primer lugar, hizo notar la experiencia de Jonás con el gran pez (vers. 40), y después citó su exitosa predicación al pueblo de Nínive (vers. 41).
40.
Como estuvo Jonás.
La resurrección de Cristo fue el supremo milagro de su misión a la tierra, y hacia ese gran acontecimiento futuro Jesús dirige la atención de quienes lo criticaban.
Gran pez.
Gr. ktos, que se emplea para designar a cualquier pez de gran tamaño o monstruo marino (ver com. Jon. 1: 17; 2: 1). La constelación de la Ballena (o Cetus) representa a un monstruo marino, y su nombre latino es meramente una transliteración del Gr. ktos.
Tres días.
Ver pp. 239-242.
Corazón de la tierra.
Sin duda, Cristo se refería aquí al tiempo que pasaría en la tumba de José, desde las últimas horas de la tarde del viernes hasta las primeras horas de la mañana del domingo.
Tres días y tres noches.
Ver pp. 239-242.
41.
Los hombres del Nínive.
La "señal del profeta Jonás" (vers. 39) no sólo consistía en su milagroso escape del "vientre del gran pez", sino también comprendía su exitoso ministerio para los habitantes de Nínive, capital de la antigua Asiria (DTG 373).
Se levantarán en el juicio.
Es decir, se adelantarán a dar testimonio en el día del juicio final. Se ha sugerido que la expresión aramea empleada por Cristo en este pasaje originalmente significaba "acusar".
Esta generación.
Ver com. cap. 11: 16; 23: 36; 24: 34
Se arrepintieron.
No podemos saber si Jonás relató a los ninivitas lo que había ocurrido con el monstruo marino. Las Escrituras nada dicen al respecto. Lo importante es que ellos se arrepintieron a pesar de que Jonás no realizó, hasta donde lo sepamos, ningún milagro en presencia de ellos. Aceptaron su mensaje por la autoridad que demostraba, porque llegó hasta sus corazones (Jonás 3: 5-10). Lo mismo debería haber ocurrido con los escribas y fariseos, porque el mensaje que Cristo presentaba ciertamente llevaba con él la evidencia convincente de la autoridad de Jesús (ver com. Mar. 1: 22, 27). Pero además de las palabras que pronunció, obró muchas maravillas, y ellas fueron un testimonio adicional de que sus palabras eran verdaderas (Juan 5: 36). Pero apesar de toda esa evidencia, los escribas y fariseos tercamente se negaron a creer la evidencia que les era presentada.
Más que Jonás.
Es decir, Cristo mismo (ver com. vers. 6).
42.
La reina del Sur.
La reina de Sabá, quien visitó la corte del rey Salomón (ver com. 1 Rey. 10: 1, 3, 9).
La sabiduría de Salomón.
Ver com. 1 Rey. 3: 12. La sabiduría divina, que se dejó ver en lo que Salomón decía, convenció a la reina de Sabá de que Dios estaba con el rey. Al igual que Jonás (ver com. vers. 41), Salomón no realizó ningún milagro; sus palabras bastaron. Si las palabras de Jonás y de Salomón no daban una evidencia de que Dios hablaba por medio de ellos, Jesús insinuaba que sus propias palabras también deberían ser suficientes.
Más que Salomón.
Ver com. vers. 6, 42.
43.
Espíritu inmundo.
[El espíritu inmundo que vuelve, Mat. 12: 43- 45. En cuanto a las parábolas, ver pp. 193- 197.] El espíritu inmundo 388 era un demonio. Los comentarios que Cristo hizo aquí (vers. 43-45) pueden considerarse como una continuación del tema acerca del pecado imperdonable (vers. 31-37). La ilación del pensamiento de Jesús se había interrumpido (vers. 38-42) por la demanda de una señal, y aquí Cristo prosigue a partir de donde había dejado, después de haber contestado a ese pedido. El consejo que aquí se da (vers. 43-45) es especialmente aplicable a los que han escuchado de buena gana el mensaje evangélico, pero que no se han entregado al Espíritu Santo (DTG 290). Esa gente no había cometido aún el pecado imperdonable, y Jesús les advirtió que no lo hicieran. Con referencia a la posesión demoníaca, ver Nota Adicional de Mar. 1.
En el caso de las enfermedades, las recaídas suelen ser mucho más graves que la enfermedad inicial. La fuerza física, ya muy disminuida por la enfermedad, con frecuencia es impotente ante el renovado ataque de la enfermedad. Muchas veces la recaída ocurre porque el paciente no se da cuenta de su debilidad física y confía demasiado en sí mismo. Cuando una persona se está recuperando de la enfermedad del pecado, debería confiar plenamente en los méritos y en el poder de Cristo.
Lugares secos.
Regiones desiertas, donde el espíritu no encontraría seres humanos que le sirvieran de casa (vers. 44). Por lo tanto, estaría intranquilo por no tener casa.
44.
Volveré.
El espíritu inmundo insinúa con esto que su ausencia era sólo temporaria. Cristo probablemente pensaba en el hombre de quien había echado un demonio tan sólo poco tiempo antes (ver com. vers. 22). Es probable que ese hombre estuviera entre los presentes, y bien podría haber sido ésta una advertencia específica para él así como era general para los demás. Sin duda era una advertencia para los fariseos (cf. vers. 31-37).
Desocupada, barrida y adornada.
La condición de la "casa", o sea de la persona, era ahora la que había sido antes de que el demonio se estableciera allí. La religión cristiana no consiste principalmente en abstenerse del mal, sino en aplicar la mente y la vida a lo bueno con inteligencia y diligencia. El cristianismo no es una religión negativa compuesta de diversas prohibiciones, es una fuerza positiva y constructiva para el bien. No basta que los demonios, ya sean literales o figurados, sean echados del corazón y de la mente; el Espíritu de Dios debe entrar en la vida y controlar el pensamiento y la conducta (2 Cor. 6: 16; Efe. 2: 22). No basta odiar el mal; debemos amar y atesorar ardientemente lo que es bueno (Amós 5: 15; 2 Tes. 2: 10; ver com. Mat. 6: 24).
El desdichado individuo representado por la "casa" no se puso de parte de Dios en forma positiva. Tenía buenas intenciones. No pensaba que volvería el espíritu inmundo, y por lo tanto no entregó su "casa" al control de Cristo. Si se sometía a Cristo, posiblemente no podría emplear su "casa" como a él le parecía bien, y por lo tanto, al menos por el momento, decidió vivir como le placía. Si se hubiera entregado a Cristo, habría predominado un nuevo poder (Rom. 6: 16), y el espíritu inmundo nunca podría haber logrado entrar. Nuestra única seguridad está en la entrega completa a Cristo, para que él pueda entrar y vivir su vida perfecta dentro de nosotros (Gál. 2: 20; Apoc. 3: 20). Esta parábola es una solemne advertencia contra las mejoras logradas eliminando diferentes males. No basta evitar el mal; debemos buscar activamente "las cosas de arriba" (Col. 3: 1-2).
45.
Otros siete espíritus.
Siete, el número simbólico que representa plenitud, indica aquí que la posesión demoníaca era completa.
El postrer estado.
Con demasiada frecuencia los que han sido sanados de la enfermedad del pecado, por así decirlo, sufren una recaída, y por ella llegan a ser espiritualmente más débiles que antes. Sin darse cuenta de cuán cuidadosos deben ser para evitar la tentación y rodearse de influencias par el bien, se exponen innecesariamente a las tentaciones del mundo, y los resultados muchas veces son fatales (DTG 221). Así ocurrió con Saúl, quien, aunque estuvo por un tiempo sujeto al poder y a la influencia del Espíritu Santo (1 Sam. 10: 9-13), no se sometió plena y completamente a Dios, y en consecuencia quedó expuesto al control de un espíritu malo (1 Sam. 16: 14; 18: 10; 19: 9), que finalmente lo llevó a suicidarse. Lo mismo ocurrió con Judas, quien al principio era sensible a la influencia suavizadora de Cristo, pero que no sometió su vida en forma exclusiva a esa influencia (DTG 260, 664; com. Mat. 13: 7).
Esta mala generación.
Ver vers. 39; com. cap. 11: 16; 23: 36. Los dirigentes de Israel estaban rechazando la luz que les había brillado.
46.
Mientras él aún hablaba.
[La madre y lo hermanos de Jesús, Mat. 12: 46-50 = Mar. 389 3: 31-35 = Luc. 8: 19-21. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 209; diagrama p. 221.] Con referencia a la relación de esta sección (vers. 46-50) con la sección anterior del capítulo, ver com. vers. 22. Ver otro episodio relacionado con esta narración en Luc. 11: 27-28.
Su madre.
Aunque indudablemente estaba preocupada por Jesús, María tenía fe en él, una fe que sus hermanos no compartían (Juan 7: 5). Eran ellos, y no María, quienes deseaban impedir que Jesús hiciera algo más por la gente (DTG 288). Esperaban que él habría de ceder ante la insistencia de María. Creían que difícilmente les escucharía si ellos se lo pedían (cf. DTG 66).
Sus hermanos.
Parecería que los Evangelios sugieren que se trata de hijos de José tenidos en un matrimonio anterior. El que Jesús confiara a su madre al cuidado de Juan (Juan 19: 26-27) podría indicar que los hermanos (y las hermanas) de Jesús no eran hijos de María. Por su proceder para con Jesús y por la forma en que lo consideraban, parecería que eran mayores que él. Intentaron impedir su obra (ver com. Mar. 3: 21), le hablaron con palabras hirientes (Juan 7: 3-4) y en otras formas interfirieron su misión (cf. Mar. 3: 31), como sólo se habrían atrevido a hacerlo hermanos mayores. Tanto Elena de White, como la tradición cristiana, afirman que los hermanos eran hijos de José pero no de María (DTG 65-66, 69, 288).
Aunque estos "hermanos" no siempre creyeron en Jesús (Juan 7: 3-5), al menos algunos más tarde lo aceptaron y se contaron entre sus seguidores (ver com. Hech. 1: 14). En esta ocasión, los hermanos de Jesús estaban desalentados por los informes que habían oído acerca de su obra, especialmente de que escasamente tenía tiempo para comer y dormir. Creían que no era prudente en sus actividades (DTG 288) y procuraban convencerlo de que se conformara con las ideas que ellos tenían de cómo debía conducirse (DTG 292). Sin duda también estaban preocupados por las relaciones cada vez más tensas entre Jesús y los dirigentes judíos.
Estaban afuera.
No es claro si esto significa que quedaron fuera del círculo que rodeaba a Jesús, o si quedaron fuera de la casa que se menciona poco más adelante (ver com. cap. 13: 1).
47.
Le dijo uno.
Si bien en algunos MSS falta, la evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por la inclusión de este versículo. Sin embargo, todos los manuscritos tienen la sección paralela en Mar. 3: 32 y Luc. 8: 20 y el contexto parecería indicar que debe retenerse.
48.
¿Quién es mi madre?
Ver com. Juan 2: 4. Es evidente que Jesús sentía un cariño especial para su madre (Juan 19: 26- 27). Su posición acerca del deber de los hijos para con los padres resalta en su enseñanza (Mar. 7: 9-13). Teniendo esto en cuenta, lo que quiso decir aquí fue que aun los que le eran más queridos no tenían el derecho de interferir con su obra ni decirle cómo debía realizarla (cf. Mat. 16: 23; ver com. Luc. 2: 49).
49.
Sus discípulos.
Los discípulos no sólo eran los doce, sino muchos otros (ver com. Mar. 3: 13; Luc. 10: 1). Pero de un modo muy especial, los doce eran "miembros de la familia de Jesús" (DTG 315), y Jesús era el jefe de la familia (1 Cor. 11: 3; Efe. 5: 23).
50.
La voluntad de mi Padre.
Ver com. Mat. 7: 21; cf. Luc. 8: 21.
Mi hermano.
Jesús hace aquí una aplicación personal al usar estos sustantivos en singular. Todos los que reconocen a Dios como Padre son miembros de la "familia en los cielos y en la tierra" (Efe. 3: 15). Los vínculos que unen a los cristianos con su Padre celestial y el uno con el otro son más fuertes y más duraderos que los de la familia humana.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 DTG 251
1-3 DTG 251-256
5-7 DTG 251
6 FE 399
10-12 DTG 253
12 CH 368, DTG 254; MeM 238
18-21 TM 124
21 DTG 453
22 CS 569
22-29 TM 76
22-50 DTG 288-294
29 FE 299; 6T 407
30 CH 35; FE 194, 254, 292; HAd 82; 1JT 27, 39, 230, 238, 445, 596; 2JT 133; PVGM 275; SC 136; 1T 336, 453, 485; 2T 47, 103, 176; 3T 243, 328, 529; 5T 130, 394; 8T 45; TM 89, 123
31 2JT 265
31-32 DTG 288, 292 390
31-37 TM 68, 76
32 PP 429
33 IT 228
34 CN 426; DMJ 108; DTG 290; 1JT 53, 159, 288; 2JT 37; MJ 75; 2T 248, 302, 460; 4T 48; 5T 287
34-35 TM 82
34-37 2T 95
35 OE 305
35-37 1T 499
36 FE 458; 1JT 586; PE 112; 3T 189
36-37 CS 535; DTG 290
37 MeM 345; MJ 365; 2T 315; 5T 287
40-41 DTG 373; PR 202, 204
43-45 DTG 290
45 DTG 291
46-50 DTG 292
48-50 CH 527