LEVÍTICOS

CAPÍTULO 23
1 Las fiestas solemnes de Jehová. 3 El sábado. 4 La pascua. 9 La gavilla por primicia de los primeros frutos. 15 La fiesta de Pentecostés. 22 Los restos de la cosecha debían quedar en el campo para los necesitados. 23 La fiesta de las trompetas. 26 El día de la expiación. 33 La fiesta de los tabernáculos.
1 HABLO Jehová a Moisés, diciendo:
2 Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas:
3 Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo,* santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo* es de Jehová en dondequiera que habitéis.
4 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos:
5 en el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.
6 Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura.
7 El primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.
8 Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis.
9 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
10 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega.
11 Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo* la mecerá.
12 Y el día que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová.
13 Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin.
14 No comeréis pan, ni grano tostado, ni 815 espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis.
15 Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo,* desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán.
16 Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo* contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.
17 De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová.
18 Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.
19 Ofreceréis además un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz.
20 Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote.
21 Y convocaréis en este mismo día santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.
22 Cuando segaréis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
23 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
24 Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación.
25 Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.
26 También habló Jehová a Moisés, diciendo:
27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.
28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliamos delante de Jehová vuestro Dios.
29 Porque toda persona que no se afligiera en este mismo día, será cortada de su pueblo.
30 Y cualquiera persona que hiciera trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo.
31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis.
32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.
33 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
34 Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días.
35 El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.
36 Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis.
37 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo,
38 además de los días de reposo* de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová.
39 Pero a los quince días del mes séptimo, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días; el primer día será de reposo, y el octavo día será también día de reposo.
40 Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.
41 Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis.
42 En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos,
43 para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehová.

2.
Las fiestas solemnes de Jehová.
Las "fiestas solemnes" anuales (Núm. 29: 39) son seis: (1) la pascua (Núm. 28: 16); (2) la fiesta de los panes sin levadura (Núm. 28: 17); (3) "la fiesta de la siega", "la fiesta de las semanas" o Pentecostés (Exo. 23:16; 34: 22; Núm. 28:26; Hech.2:1); (4) la fiesta de las trompetas (Núm. 29: 1); (5) el día de la expiación (Núm. 29: 7); (6) la "fiesta de la cosecha", la "fiesta de los tabernáculos" o de las cabañas (Exo. 23: 16; Lev. 23: 34; Núm. 29: 12).
Junto con estas seis fiestas se celebraban siete días de "santa convocación": el primero y último días de la Fiesta de los panes sin levadura (Núm. 28: 18, 25); el día de las primicias (Núm. 28:26); la fiesta de las trompetas (Núm. 29: 1); el día de la expiación (Núm. 29: 7); y el primero y último días de la fiesta de los tabernáculos (Lev. 23: 35, 36).
La palabra traducida "fiesta" en este capítulo viene de uno de los dos vocablos hebreos siguientes: (1) Mo'ed, una reunión señalada (por ejemplo se usa en Lev. 23: 2,4, 37; Núm. 29: 39). (2)Jag, una fiesta (se usa por ejemplo en Lev. 23: 6, 34, 39,41; Núm. 28: 17; 29: 12). Algunas veces estas dos palabras se emplean en forma intercambiable, aunque mo'ed recalca el tiempo de la fiesta, "vuestras fiestas" (Núm. 29: 39). Jag hace resaltar el carácter de la fiesta. Jag se deriva de un verbo que tiene como uno de sus sentidos posibles: "realizar un peregrinaje", "hacer un viaje hacia un objeto de reverencia". La palabra árabe relacionada hadj describe el sagrado peregrinaje a la Meca. En la lista de las "Fiestas solemnes" anuales, es de notar que sólo se aplica Jag a tres de ellas: la fiesta de los panes sin levadura, la fiesta de las primicias, y la fiesta de los tabernáculos. "Tres veces en el año me celebraréis fiesta" [Jag] (Exo. 23: 14). A fin de celebrar estas fiestas, todos los varones debían comparecer "delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiera" (Deut. 16: 16). Hasta allí debían "hacer peregrinaje".
Por lo tanto, no existe contradicción entre la declaración de Exo. 23: 14, deque los israelitas debían celebrar fiesta "tres veces en el año", y la enumeración levítica de seis fiestas anuales (cf. Núm. 28, 29). Cada una de estas seis fiestas era un mo'ed, pero tres de ellas se designan también como Jag. Es decir que había seis mo'ed, pero sólo tres jag. Estas tres eran "fiestas o festivales de peregrinaje" (International Standard Bible Encyclopedia).
Aunque la pascua con propiedad podría considerarse como una "fiesta" o mo'ed aparte, también se la puede considerar como parte de la fiesta de los panes sin levadura. El cordero pascual era degollado el día 14 del primer mes, y comido esa misma noche, al comienzo del día 15, primer día de la fiesta de los panes sin levadura. La pascua y la fiesta de los panes sin levadura eran en realidad dos partes de un todo, y en algunos casos se las consideraba así (Eze. 45: 21). En vista de esto, podríamos hablar de cinco fiestas anuales y no de seis.
3.
Será de reposo.
Literalmente "un sábado de observancia sabática". "Será de descanso completo" (BJ). "Sábado de reposo será" (Val. ant.). El original hebreo hace notar que es un sábado o día de reposo solemne y especial.
El sábado es diferente de todas las otras fiestas y santas convocaciones (vers. 37, 38), por cuanto se originó en la creación (Gén. 2: 1-3), mientras que las fiestas y los "sábados anuales" se originaron con la nación judía. El sábado del séptimo día "fue hecho por causa del hombre" (Mar. 2: 27), por lo tanto, es obligatorio para los hombres de todo tiempo. Las fiestas anuales fueron hechas para los judíos y dejaron de ser obligatorias cuando lo simbólico halló su cumplimiento en la muerte de Cristo (Col. 2: 16, 17). El día sábado forma parte de la ley de Dios, de los Diez Mandamientos, la constitución divina para este mundo. Puesto que fue instituido antes de que entrara el pecado, el sábado permanecerá después que el pecado haya sido eliminado (Isa. 66: 22,23). Por otra parte, las fiestas anuales judías tenían una aplicación solamente temporal, local y ceremonial, adaptada a las condiciones existentes en Palestina y no podían ser aplicadas en todo el mundo.
Así la fiesta de las primicias (de las cosechas de invierno), celebrada en mayo, a fines de la primavera en el hemisferio norte, no podría celebrarse hasta seis meses más tarde en el hemisferio sur. Tampoco hubiese sido posible que todos los pueblos de todos los países observasen la fiesta de los tabernáculos en el otoño. Los judíos han encontrado que no les es posible observar el día de la expiación como Dios lo mandó, salvo en relación con el templo. Con toda propiedad podía observarse la pascua en anticipación de un Redentor venidero, pero no así después de su venida. Todas estas fiestas cumplieron su propósito, adaptándose 817 a las necesidades de los judíos que vivían en Palestina antes de la venida del Mesías. Estas fiestas han cesado, pero el sábado semanal permanece.
A fin de asegurar que no se considerase el sábado como institución judía, que debía cesar con la nación judía. Cristo declaró enfáticamente: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre " (Mar. 2: 27). Luego añadió: " Por tanto, el Hijo del hombre es Señor aun del día del reposo " (vers. 28). El sábado es de Cristo. El es "Señor" de ese día. Nadie debiera violarlo, pues nadie tiene el derecho de tocarlo. Dios lo llama "mi día santo" (Isa. 58: 13).
Día de reposo es de Jehová.
Esto equivale a decir: "Es el sábado del Señor", y muestra de quién es ese día. Si Dios hubiese hablado del primer día de la semana como "mi día santo" o "sábado del Señor", no habría ninguna duda en cuanto a lo que quería decir. En lugar de eso, Dios usa esas mismas expresiones para referirse al séptimo día. Es su día.
5.
Pascua es de Jehová.
La pascua no fue instituida hasta la liberación de Israel de Egipto (Exo. 12: 14, 27). Conmemoraba el poder salvador de Dios demostrado en favor de Israel en esa ocasión histórica, y era, por lo tanto, para ellos, "pascua de Jehová". Por contraste, el "sábado del Señor" fue establecido cuando, al final de la semana de creación, Dios mismo descansó en ese día y lo apartó para el uso y el beneficio de toda la humanidad (Gén. 2: 1-3; Exo. 20: 8-11; Mar. 2: 27,28.). Todos los seres humanos deben la existencia al poder creador de Dios y están, por lo tanto, bajo obligación ante él de guardar siempre el día de reposo señalado.
Como ya se dijera, la pascua fue instituida como recordativo de la liberación de los israelitas de la esclavitud egipcia. En el día 10 del primer mes se escogía un cordero para cada casa, "según el número de las personas", o si la familia era pequeña, dos o más familias podían unirse para realizar el sacrificio. El cordero era guardado hasta el día 14, cuando se lo degollaba al atardecer, y se asperjaba su sangre en los postes y dinteles de las puertas (ver com. Exo. 12: 1-10). Esa misma noche se comía la carne, no hervida en la forma habitual, sino asada. Con el cordero sólo podía comerse pan sin leudar y hierbas amargas (vers. 8). En tiempos posteriores, este ritual sufrió ciertas modificaciones, pero en esencia no cambió.
El sacrificio de la pascua se distingue por cuanto Dios lo llama "mi sacrificio" (Exo. 23: 18; 34: 25). La pascua recordaba la salida de Israel de Egipto, pero también anticipaba a "nuestra pascua, que es Cristo", quien había de ser sacrificado "por nosotros" (1 Cor. 5: 7). En varios aspectos la pascua adecuadamente representaba la crucifixión. En la crucifixión, no fue quebrantado ningún hueso del cuerpo de Cristo (Juan 19: 36); no se debía quebrantar ni un hueso del cordero pascual (Exo. 12: 46; Núm. 9: 12). El cordero pascual era degollado el día 14 del mes de Abib, y comido esa misma noche (Exo. 12: 6- 10); Cristo murió cuando se celebraba la pascua (Juan 19: 14). El acto de asperjar la sangre significaba pasar por alto en forma misericordioso, una liberación de la muerte (Exo. 12: 13); así también por la sangre de Cristo, los pecados cometidos y confesados han sido "pasados por alto" (Rom. 3: 25). El sacrificio pascual era un cordero (Exo. 12: 3); Cristo también fue el "cordero de Dios" (Juan 1:29). El cordero debía ser sin mancha (Exo.12:5); Cristo no tuvo mancha (1 Ped. 1: 19). La carne del cordero debía comerse (Exo. 12: 7); así también debemos participar de la carne del Cordero de Dios (Juan 6: 51).
La pascua y la fiesta de los panes sin levadura están repletas de verdades evangélicas. Al degollar el cordero, se tomaba una medida para salvar a los primogénitos. Pero la muerte del cordero no bastaba para asegurar la salvación; la sangre debía ser aplicada al dintel de la puerta.
La pascua simboliza la muerte de Cristo. El es nuestra pascua (1 Cor. 5: 7). En la cruz aseguró la salvación de todos. Pero la cruz en sí y por sí sola no salva a nadie. Sólo hizo posible la salvación (Juan 1: 12). La muerte del cordero proporcionaba el medio de salvación; la aplicación de la sangre hacía eficaz el medio provisto. Ambas cosas eran necesarias. Así para el cristiano, la expiación en la cruz, aunque esencial y suficiente para todos, no salva a ningún individuo mientras no se haga una aplicación individual de la sangre. La acción de asperjar la sangre era tan importante como la muerte del cordero. Pero aun esto no bastaba; debía comerse la carne, y debía comérsela bajo las condiciones especificadas (Exo. 12: 11). Y aun esto no era suficiente; debía eliminarse toda levadura. El descuido en el menor detalle acarrearía resultados trágicos (Exo. 12: 13, 19, 23).
Una cosa es salvarse de la muerte. Otra cosa 818 es tener los medios necesarios para sustentar la vida. Esto lo proporcionaba en forma positiva el comer la carne; en forma negativa, el abstenerse de levadura. Cristo es "el pan vivo que descendió del cielo", del cual los hombres deben comer si quieren vivir "para siempre" (Juan 6: 51). El cordero debía asarse entero (Exo. 12: 9). Para cada cordero debía haber suficiente número de comensales como para que toda la carne fuese consumida (Exo. 12: 4). No debía sacarse nada de la casa, y nada debía dejarse hasta la mañana. Lo que quedara de aquellas partes que no podían comerse, debía ser quemado (Exo. 12: 10, 46), De la misma manera, el cristiano debe asimilar completamente la vida de Aquel a quien el cordero representaba. Esto implica la entera identificación del creyente con Cristo. Significa aceptar plenamente la vida y el carácter de Jesús.
En el NT, la equivalencia de la pascua es la Cena del Señor, el servicio de la comunión. Luego de haber venido Cristo, no podía haber más virtud en degollar al cordero pascual, que prefiguraba su venida. Pero si habría virtud en conmemorar el sacrificio del Calvario y su poder sustentador. Por esta razón nuestro Señor instituyó la comida simbólica de la comunión, cuyo propósito es recordarnos la provisión hecha en la cruz para nuestra salvación. Como su símbolo, señala tanto hacia atrás como hacia adelante: hemos de recordar el Calvario "hasta que él venga" (1 Cor. 11: 26).
6.
La fiesta solemne de los panes sin levadura.
Intimamente relacionada con la pascua, y sin embargo independiente de ella, se celebraba la fiesta de los panes sin levadura. En la práctica se consideraban las dos fiestas como una, y los nombres se usan a menudo en forma equivalente. Sin embargo, su propósito era un tanto diferente. La pascua simbolizaba la liberación (Exo. 12: 13); el pan sin levadura recordaba la presteza con que Israel salió de Egipto (Exo. 12: 33, 39; Deut. 16: 3). Dios dio indicaciones explícitas en cuanto a la manera de celebrar la fiesta de los panes sin levadura (Exo. 12: 15). Con respecto a esta Fiesta Pablo dijo más tarde: "Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad" (1 Cor. 5: 8).
La levadura debía ser totalmente excluida. Representa la malicia y la maldad (1 Cor. 5: 8), y la falsa doctrina, ejemplificada en las enseñanzas de los fariseos, los saduceos y los herodianos (Mat. 16: 6,12; Mar. 8: 15). La levadura de los fariseos es avaricia e injusticia (Mat. 23: 14), el espíritu del "perro del hortelano" (vers. 13), falso celo (vers. 15), estimación equivocada de los valores espirituales (vers. 16-22), omisión de la justicia, la misericordia y la fe (vers. 23), vana minuciosidad (vers. 24), hipocresía (vers. 25-28), intolerancia (vers. 29-33), y crueldad (vers. 34- 36). La levadura de los saduceos es escepticismo (Mat. 22: 23) y falta del conocimiento de las Escrituras y del poder de Dios (vers. 29). La levadura de los herodianos es lisonja, mundanalidad e hipocresía (vers. 16-21) y maquinaciones malignas en contra de los representantes de Dios (Mar. 3: 6).
7.
Trabajo de siervos -.
El primero y el último día de la fiesta eran días de santa convocación en los cuales no debía hacerse trabajo "servil" (BJ). Cada día se ofrecían dos becerros, un carnero y siete corderos en holocausto con su correspondiente oblación, y un macho de cabrío como ofrenda por el pecado (Núm. 28: 19-24).
10.
Una gavilla por primicias.
La presentación de las primicias era parte de la celebración de los días de panes sin levadura. La presentación tenía lugar "el día siguiente del día de reposo", el día 16 del mes de Abib (cap. 23: 11). Este día no era ni "santa convocación" ni "día de reposo". Sin embargo, en ese día se realizaba una obra importante. El día 14 de Abib, se marcaba cierta porción de un campo de cebada para ser cortada en preparación de la presentación del día 16. Tres hombres escogidos cortaban la cebada en presencia de testigos, luego de haberla atado previamente en gavillas. Luego se juntaban las gavillas en una grande y se la presentaba al Señor como "gavilla por primicia de los primeros frutos". Además, se presentaban a Dios un cordero macho perfecto, una oblación mezclada con aceite y una libación (vers. 12, 13). Mientras no se realizase esta ceremonia, Israel no podía usar para su consumo el fruto de los campos. Esta ceremonia señalaba a "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida" (1 Cor. 15: 23).
14.
Estatuto perpetuo.
Un resumen del ritual de la pascua recalca las grandes verdades centrales del cristianismo. La pascua simboliza la muerte de Cristo. Como moría el cordero pascual, así murió Cristo. La sangre del cordero 819 libró al antiguo Israel del ángel destructor. La sangre de Cristo ahora reconcilia a todos los que con fe se allegan a él. Por medio del simbolismo de la gavilla mecida, la pascua también simboliza la resurrección. El cordero moría la tarde del día 14 del mes de Abib. El día 16, "el día siguiente del día de reposo", las primicias, cortadas con anterioridad, eran presentadas ante el Señor. Cristo murió el viernes de tarde Y descansó en la tumba durante el sábado (Luc. 23: 53-56). Al día siguiente del sábado (Luc. 24: 1), Cristo surgió de la tumba como "primicias" (1 Cor. 15: 20) y se presentó ante su Padre celestial (Juan 20:
El "día siguiente del día de reposo" (Lev. 23: 11) no era día de "santa convocación" ni de "reposo", ni en el símbolo, ni en la realidad simbolizada, y sin embargo, se realizaba una importante obra en ese día. Cuando Cristo resucitó el primer día de la semana, ascendió al Padre para oír las palabras de aceptación por su sacrificio.
La pascua promovía la camaradería. Las familias y sus vecinos se reunían para comer el cordero pascual. Era una comida en común que simbolizaba la liberación, y la liberación demandaba consagración. Todo pecado debía ser dejado de lado. No debía quedar ninguna levadura en la casa. Debía examinarse cada rincón en busca de ella. No se podía aceptar menos que una completa "santidad a Jehová" (Sal. 29: 2; 96: 9). La pascua era una ocasión solemnísima.
La pascua representaba todo esto, y aún más para el antiguo pueblo de Israel. La Cena del Señor no debiera hoy tener menos significado. Existe el grave peligro de que olvidemos o dejemos de apreciar las maravillosas bendiciones que Dios tiene aparejadas para aquellos que participen dignamente de los ritos de la casa del Señor. Haríamos bien en estudiar la pascua, tal como le fue dada a Israel, a fin de apreciar más al que es nuestro verdadero Cordero pascual, y cuya muerte se conmemora en el servicio de la comunión.
16.
Cincuenta días.
Esta fiesta tenía lugar en el quincuagésimo día después de la presentación de la gavilla mecida el 16 del mes de Abib, es decir, en el sexto día del tercer mes; a fines de mayo o principios de junio. Esta fiesta era conocida como la "fiesta de las semanas", la de "las primicias de la siega" (Exo. 34: 22). En tiempos del NT, se la conocía con el nombre de "Pentecostés", palabra derivada del vocablo griego que significa "cincuenta".
Así como la gavilla mecida era presentada al comienzo de la cosecha, antes de que se pudiera usar cualquier parte de ella, así el Pentecostés marcaba el fin de la temporada de cosecha, aunque podía quedar todavía algún cereal por cosechar en los lugares más elevados de las montañas. En esta fiesta se reconocía con júbilo que Israel dependía de Dios, el dador de toda buena dádiva. En esta ocasión no se presentaba una gavilla, sino dos panes para ofrenda mecida, de flor de harina, cocidos con levadura, juntamente con siete corderos, un becerro y dos carneros (Lev. 23: 17,18). Esto se acompañaba con un macho cabrío como ofrenda por el pecado y dos corderos como ofrenda de paz (vers. 19).
Durante la celebración de la pascua, no debía consumirse ninguna levadura, ni se la debía encontrar en las casas del pueblo. En el día de Pentecostés se presentaban dos panes, "cocidos con levadura" (vers. 17). La gavilla mecida representaba a Cristo, "las primicias" (ver com. vers. 14). El no tuvo pecado.
Pentecostés simboliza el derramamiento del Espíritu Santo. Así como los panes eran ofrecidos 50 días después de la gavilla mecida, así también transcurrieron cincuenta días entre la resurrección de Cristo y el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Hech. 2: 1-4). Cristo pasó en la tierra cuarenta de estos días, instruyendo y ayudando a sus discípulos (Hech. 1: 3). Luego ascendió, y durante diez días, los once discípulos continuaron en oración y súplicas, hasta que "llegó el día de Pentecostés". En ese día recibieron la plenitud del Espíritu (Hech. 1: 8; 2:4). En Pentecostés la labor de los discípulos se sumó a la de Cristo, y el resultado fue glorioso para el reino del cielo.
Estos diez días fueron importantes para la iglesia en la tierra. También fueron importantes en el cielo. Cuando Cristo subió "a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres" (Efe. 4: 8). Aquellos cuyos sepulcros fueron abiertos en el momento cuando Cristo murió, y salieron "de los sepulcros, después de la resurrección de él", ascendieron con él al cielo y fueron entonces presentados ante el Padre, como una especie de primicias de la resurrección (Mat. 27: 52,53).
22.
El pobre.
En este versículo se repite la instrucción del cap. 19: 9, 10. Era apropiado 820 que se dedicara especial atención al pobre y al extranjero en una época cuando había abundancia para todos: la época de la cosecha.
24.
Son de trompetas.
El primer día del séptimo mes era un día de reposo; una "santa convocación". En ese día se tocaban las trompetas porque se avecinaba el día de la expiación y los primeros nueve días del mes debían ser días de preparación para esa ocasión. El primer día del séptimo mes del calendario religioso, era el día de año nuevo, el primer día del año civil.
27.
El día de expiación.
Este era el único día de ayuno obligatorio (ver Hech. 27: 9). Era un día solemne en Israel. En hebreo se lo llama "sábado de sábados" y la BJ traduce "día de descanso absoluto" (Lev. 23: 32). Era el único día, fuera del sábado semanal, en que se prohibía todo tipo de trabajo.
29.
Será cortada.
El día de la expiación era también un día de juicio, porque cualquiera que no afligía su alma, era "cortado" (ver com. Gén. 17: 14; Exo. 12: 15). Más aún, si un hombre trabajaba en ese día, Dios lo destruiría. En el comentario de Lev. 16 se trata en detalle la celebración del día de la expiación.
34.
La fiesta solemne de los tabernáculos.
Esta era la última fiesta del año eclesiástico y generalmente se celebraba durante el mes de octubre, luego de haberse completado la cosecha y de haberse recogido todos los frutos. Era una ocasión feliz para todos. El día de la expiación había pasado; todas las incomprensiones habían sido eliminadas; todos los pecados habían sido confesados y dejados de lado. Los israelitas estaban felices, y su felicidad hallaba expresión en la fiesta de los tabernáculos.
40.
Ramas.
Se usaban para hacer "tabernáculos", o cabañas en las cuales los israelitas habían de vivir durante la fiesta. En el día de la expiación, el pueblo debía afligir su alma. En la fiesta de los tabernáculos, debían regocijarse. Era la ocasión más feliz del año, cuando los amigos y vecinos reanudaban su camaradería y vivían juntos en amor y armonía. En este sentido, representaba proféticamente el momento cuando se realizará la gran cosecha del pueblo de Dios, y "vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos" (Mat. 8: 11).
La fiesta de los tabernáculos conmemoraba el tiempo cuando Israel vivió en tiendas en el desierto durante sus cuarenta años de peregrinaje (ver Deut. 16: 12-15).
Es bueno recordar como Dios nos ha guiado en el pasado. Es bueno traer a la memoria sus providencias, porque algunas veces tendemos a quejarnos de los caminos por los cuales nos guía hoy. ¿No sería bueno pensar en las múltiples bendiciones que Dios ha derramado sobre nosotros, y la manera maravillosa en que ha guiado nuestra vida? Si así lo hiciéramos, sentiríamos más aprecio y más gratitud hacia Dios. Y la gratitud es parte vital de la religión.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-44 Ed 38-40; PP 578-584
2 Ed 39
5 CS 450; Ed 39; PP 578, 581
6-11 PP 581
15-17 PP 581
24 PR 489
27 CS 471; DTG 412, 705; 5T 520
32 3JT 23; 1T 116
34 DTG 411; Ed 40
34-36 PP 581; PR 490
40 DTG 257
40-43 PP 582
CAPÍTULO 24
1 El aceite para las lámparas. 5 El pan de la proposición. 10 La blasfemia del hijo de Selomit. 13 El mandamiento sobre la blasfemia. 17 Mandamiento sobre el asesinato. 18 Mandamiento sobre el perjuicio. 23 Lapidación del blasfemo.
1 HABLO Jehová a Moisés, diciendo:
2 Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente.
3 Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo de reunión, las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová; es estatuto perpetuo por vuestras generaciones.
4 Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová. 821
5 Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa.
6 Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová.
7 Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda encendida a Jehová.
8 Cada día de reposo* lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo.
9 Y ser de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo.
10 En aquel tiempo el hijo de una mujer israelita, el cual era hijo de un egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento.
11 Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Moisés. Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan.
12 Y lo pusieron en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová.
13 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
14 Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación.
15 Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijera a su Dios, llevará su iniquidad.
16 Yel que blasfemara el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemara el Nombre, que muera.
17 Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte.
18 El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal.
19 Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho:
20 rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él.
21 El que hiere algún animal ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre, que muera.
22 Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
23 Y habló Moisés a los hijos de Israel, y ellos sacaron del campamento al blasfemo y lo apedrearon. Y los hijos de Israel hicieron según Jehová había mandado a Moisés.
2.
Aceite puro de olivas.
La instrucción dada aquí sobre el aceite de las lámparas del candelero es la misma que se encuentra registrada en Exo. 27: 20, 21. La congregación proporcionaba el aceite, como también la harina para los panes de la proposición y los panes de la fiesta de las semanas. Aarón mismo era responsable de las lámparas. Al principio las atendía él personalmente (Exo. 30: 8), pero más tarde este trabajo pasó a ser de los sacerdotes.
El aceite común era exprimido en una prensa, pero el aceite para las lámparas del santuario se hacía de aceitunas machacadas. Se lavaba la fruta y se quitaban todas las basuras, hojas o palitos, Entonces se las machacaba y se hacía que el aceite saliera solo. De esta manera se producía menos aceite que en la prensa, pero el resultado era un producto de superior calidad.
No hay total acuerdo entre los eruditos en cuanto a si las lámparas ardían día y noche. En el vers. 3 se dice que "las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová", mientras que en el vers. 2 se afirma que las lámparas debían arder continuamente. Según Exo. 30: 8, Aarón encendía las lámparas al anochecer, pero en 1 Sam. 3: 3 se habla de que la "lámpara de Dios" era apagada. Sin embargo, por regla general "las lámparas nunca se extinguían todas al mismo tiempo, sino que ardían día y noche" (PP 359, 360). Las diversas declaraciones, aunque aparentemente son contradictorias, están en armonía. Es probable que "la lámpara de Dios" (1 Sam. 3: 3) no hubiera sido el candelero. También es posible que Elí no hubiera sido tan cuidadoso en seguir el ritual prescrito como debiera haberlo sido. Así como debía siempre haber un sacrificio sobre el altar y pan sobre la mesa, también debía haber siempre 822 una lámpara encendida. Aun durante el día, la luz natural no era suficiente como para que los sacerdotes realizasen el ritual diario, dentro de una tienda tan cubierta y sin ventanas.
5.
Doce tortas.
Se dan aquí las instrucciones específicas para la preparación y el uso del pan de la proposición, ya mencionado tres veces (Exo. 25: 30; 35: 13; 39: 36). Cada torta era hecha de 4,4 litros de flor de harina. No se dice nada en cuanto a si este pan se hacía con levadura o sin ella, pero el hecho de que se lo pusiera delante del Señor en el primer compartimento pareciera implicar que no se usaba levadura. Puesto que era algo así como una oblación continua (Núm. 4: 7), debía regirse por las reglas de las oblaciones, y por lo tanto debe haberse hecho sin levadura (Lev. 2: 4, 11). Josefo declara específicamente que no se usaba levadura (Antigüedades iii. 6.6). En tiempos posteriores, se consideró que la preparación y el arreglo de las tortas era trabajo de los levitas (1 Crón. 9: 32).
6.
Dos hileras.
Es decir, montones. La palabra significa un arreglo ordenado de alguna forma. El tamaño de los panes exigía la colocación de los panes uno encima del otro y no en "hileras".
7.
Incienso puro.
Se colocaba el incienso en dos vasos de oro y, al quitarse el pan, el incienso era quemado sobre las brasas como ofrenda al Señor.
8.
Cada día de reposo.
Según el Talmud, el pan de la proposición era quitado una vez por semana, el día sábado, por cuatro sacerdotes. Dos sacaban el pan, y dos los vasos de incienso. Cuando estaban listos para sacar el pan y los vasos, entraban cuatro sacerdotes del nuevo turno que iniciaba su servicio, llevando el nuevo pan y dos vasos de incienso. Los que traían el nuevo pan se colocaban al lado norte, mirando hacia el sur; los que sacaban el pan, se ponían al lado sur, mirando hacia el norte. Cuando un sacerdote quitaba los panes, el que estaba en frente ponía los nuevos. Se tenía cuidado de no quitar lo viejo hasta que lo nuevo estuviese listo para ser colocado. Dé esta manera siempre había pan sobre la mesa. El pan viejo era entonces comido por los sacerdotes como la porción que les pertenecía. Lo hacían dentro del recinto sagrado del santuario. Fue de este pan del que Abimelec dio a David y a sus hombres (1 Sam. 21: 4-6; Mat. 12: 3, 4).
Este pan con frecuencia era llamado el "pan de la Presencia" (BJ) y simbolizaba a Cristo, el verdadero pan de vida (Juan 6: 51). El pan también daba testimonio de que Israel dependía constantemente de Dios para que él supliera todas sus necesidades, tanto espirituales como temporales (ver Mat. 6: 31-34). La mesa estaba siempre puesta; su provisión se renovaba todas las semanas. Como la llama de las lámparas del candelero subía hacia el cielo, así también el incienso sobre la mesa de los panes de la proposición ascendía como perfume agradable al Dador de toda cosa buena.
No hay más que un corto paso entre la mesa del Señor en el santuario y la mesa del Señor en el NT. Los sacerdotes participaban del pan que representaba a Aquel que descendió del cielo; nosotros comemos del pan que Cristo afirmó ser su cuerpo (1 Cor. 11: 24).
10.
El hijo de una mujer israelita.
El hecho de que el joven era hijo de un egipcio y que "salió entre los hijos de Israel", indica que aunque no se le permitía acceso al campamento propiamente dicho, había entrado en él. Se había producido una riña, y el joven blasfemó el nombre del Señor. Puesto que no pertenecía al campamento y era considerado extranjero, fue puesto en una prisión hasta que se conociera la voluntad del Señor, es decir hasta que se determinara cómo debían aplicarse las leyes de Israel a una persona que era extranjera, al menos en parte. Al entrar por primera vez en el campamento, lo había hecho con el propósito de levantar allí su tienda(PP 431).
11.
Blasfemó.
En vez de arrepentirse, demostró ser perversamente impenitente.
22.
Un mismo estatuto.
El incidente mencionado en los vers. 10-14 dio lugar a que se aclararan ciertas leyes civiles, especialmente en cuanto a su aplicación al "extranjero" (ver Exo. 21: 12, 24, 33). Dios perdona el pecado, cualquiera que sea, pero los delitos civiles no pueden resolverse sobre esta base. Israel era tanto nación como iglesia, y Dios dio reglas para ambas. Si un hombre mata a otro, Dios en su misericordia lo perdonará cuando se arrepienta. En realidad, no importa el pecado que pueda cometer un hombre; por atroz que haya sido, puede recibir la abundante misericordia divina. Dios conoce el corazón y por eso puede perdonar, y aun olvidar. Pero si el castigo fuese suspendido cada vez que un 823 hombre se arrepiente, todos los criminales pretenderían haberse arrepentido a fin de escapar de la horca. Si se hiciese saber que el castigo sería perdonado en caso de haber arrepentimiento, las prisiones no tardarían en quedar vacías.
Algunos olvidan que aunque Dios perdona, generalmente no elimina el castigo por la transgresión. David pudo pecar y arrepentirse; pero no escapó a las consecuencias de su pecado. Sufrió mientras vivió. Un hombre infringe las leyes de la vida, y cualquiera haya sido la transgresión, sin importar cuán profundo haya sido el pecado, Dios puede perdonar y lo hará. Pero sólo en circunstancias muy raras el hombre puede escapar de las consecuencias naturales de lo que ha hecho. Se lo perdona, pero generalmente debe sufrir por sus faltas.
El gobernante "es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo" (Rom. 13: 4). La ley civil tiene su lugar. Por lo tanto, la exigencia divina en cuanto al "ojo por ojo, diente por diente" no debe ser puesta de lado como una mera disposición del AT. Sobre este principio se funda el gobierno hoy en día. Si no hubiese castigo para los malos, las condiciones serían mucho peores de lo que son. "Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno" (Rom. 13: 3).
Pero si ha de haber castigo por lo malo ¿cómo será decidido ese castigo? La respuesta es que el castigo debe adecuarse al delito. Por lo tanto, "el que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal" (vers. 18). Esto parece ser perfectamente justo. Esto es justicia y equidad.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
5-9 PP 359
10, 11 PP 431
10-16 PP 432
20 DMJ 61
CAPÍTULO 25
1 El año sabático. 8 Cada cincuenta años la fiesta de jubileo. 14 Contra el engaño. 18 La bendición de la obediencia. 23 El rescate de la tierra. 29 El rescate de las casas. 35 Compasión con los pobres. 39 El uso de criados. 47 El rescate de los criados.
1 JEHOVA habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:
2 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová.
3 Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos.
4 Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña.
5 Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra.
6 Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo;
7 y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.
8 Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
9 Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.
10 Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
11 El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de 824suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos,
12 porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.
13 En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión.
14 Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, o comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano.
15 Conforme al número de los años después del jubileo comprarás de tu prójimo; conforme al número de los años de los frutos te venderá él a ti.
16 Cuanto mayor fuere el número de los años, aumentarás el precio, y cuanto menor fuere el número, disminuirás el precio; porque según el número de las cosechas te venderá él.
17 Y no engañe ninguno a su prójimo, sino temed a vuestro Dios; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
18 Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis ordenanzas, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros;
19 y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con seguridad.
20 Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí no hemos de sembrar, ni hemos de recoger nuestros frutos;
21 entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años.
22 Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo.
23 La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo.
24 Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión otorgaréis rescate a la tierra.
25 Cuando tu hermano empobreciera, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido.
26 Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y consiguiere lo suficiente para el rescate,
27 entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión.
28 Mas si no consiguiere lo suficiente para que se la devuelvan, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo saldrá, y él volverá a su posesión.
29 El varón que vendiere casa de habitación en ciudad amurallada, tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la venta; un año será el término de poderse redimir.
30 Y si no fuere rescatada dentro de un año entero, la casa que estuviera en la ciudad amurallada quedará para siempre en poder de aquel que la compró, y para sus descendientes; no saldrá en el jubileo.
31 Mas las casas de las aldeas que no tienen muro alrededor serán estimadas como los terrenos del campo; podrán ser rescatadas, y saldrán en el jubileo.
32 Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, éstos podrán rescatar en cualquier tiempo las casas en las ciudades de su posesión.
33 Y el que comprare de los levitas saldrá de la casa vendida, o de la ciudad de su posesión, en el jubileo, por cuanto las casas de las ciudades de los levitas son la posesión de ellos entre los hijos de Israel.
34 Mas la tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque es perpetua posesión de ellos.
35 Y cuando tu hermano empobreciera y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo.
36 No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo.
37 No le darás tu dinero a usura, ni tus víveres a ganancia.
38 Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán, para ser vuestro Dios.
39 Y cuando tu hermano empobreciere, estando contigo, y se vendiere a ti, no le harás servir como esclavo.
40 Como criado, como extranjero estará contigo; hasta el año del jubileo te servirá.
41 Entonces saldrá libre de tu casa; él y sus hijos consigo, y volverá a su familia, y a la posesión de sus padres se restituirá.
42 Porque son mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto; no serán vendidos a manera de esclavos.
43 No te enseñorearás de él con dureza, sino tendrás temor de tu Dios.
44 Así tu esclavo como tu esclava que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro 825 alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas.
45 También podréis comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los cuales podréis tener por posesión.
46 Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza.
47 Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciera, y tu hermano que está junto a él empobreciera, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero;
48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará.
49 O su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o un pariente cercano de su familia lo rescatará; o si sus medios alcanzaron, él mismo se rescatará.
50 Hará la cuenta con el que lo compró, desde el año que se vendió a él hasta el año del jubileo; y ha de apreciarse el precio de su venta conforme al número de los años, y se contará el tiempo que estuvo con él conforme al tiempo de un criado asalariado.
51 Si aún fueran muchos años, conforme a ellos devolverá para su rescate, del dinero por el cual se vendió.
52 Y si quedare poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces hará un cálculo con él, y devolverá su rescate conforme a sus años.
53 Como con el tomado a salario anualmente hará con él; no se enseñoreará en él con rigor delante de tus ojos.
54 Y si no se rescatara en esos años, en el año del jubileo saldrá, él y sus hijos con él.
55 Porque mis siervos son los hijos de Israel; son siervos míos, a los cuales saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
2.
La tierra guardará reposo.
El sábado semanal fue hecho para el hombre. Ahora Dios anuncia un descanso sabático también para la tierra. Debía cesar todo trabajo con la tierra, y ésta debía descansar. Lo que crecía de por sí podía ser usado por cualquiera, rico o pobre, o aun extranjero.
8.
Siete semanas de años.
Es decir, después de 49 años. Al final del día de la expiación debía tocarse la trompeta y proclamarse el año del jubileo.
10.
El año cincuenta.
Durante largo tiempo ha habido diferencia de opinión en cuanto a si el año del jubileo era el año posterior al 49º, que era de reposo, quedando así dos años sucesivos sin cosecha, o si se usaba el cómputo inclusivo, por el cual el año 50º era el mismo que el del reposo del año 49º. Cierta opinión judía prevaleciente es que durante la existencia del primer templo, ocurría lo primero, pero que más tarde se calculaba de la segunda forma. En los vers. 8-11 y en la analogía del cómputo del día de Pentecostés (cap. 23: 15, 16), pareciera implicarse un año de jubileo diferente del año de reposo, pero en los vers. 20-22 hay ambigüedad. Los únicos años de reposo mencionados en la historia fueron después del exilio, y no se hace referencia a ellos como si fuesen años de jubileo.
No tenemos pruebas históricas de que los israelitas hubieran seguido estas instrucciones antes del cautiverio, ni de cómo lo hicieron. Hay poca duda de que, después del cautiverio, los judíos observaron al menos el séptimo año y que Dios los bendijo. Encontramos la mejor evidencia de esta observancia en el hecho de que Alejandro Magno, y más tarde Julio César, eximieron a los judíos de pagar impuestos en los años de reposo, por considerarse que en esos años no tenían entradas (Josefo, Antigüedades xi. 8. 6; xiv. 10. 6).
15.
Número de los años.
Nadie podía vender tierra a perpetuidad, sino sólo hasta el año del jubileo. En ese año, todas las tierras volvían a sus dueños originales. Esto no causaba problemas para el que había comprado la propiedad y ahora debía devolverla, puesto que la había comprado sabiendo claramente que debía devolverla en el año del jubileo. De manera que si un hombre vendía su propiedad cinco años antes del año del jubileo, no recibía mucho dinero por ella; pues sólo quedaban pocas cosechas antes de ese año.
20.
¿Qué comeremos?
¿Cómo podría subsistir Israel durante todo un año, o posiblemente dos, sin cultivar sus campos ni juntar las cosechas? Dios lo había previsto.
23.
La tierra mía es.
Aunque Dios le había dado la tierra de Palestina a su pueblo, él 826 todavía mantenía el título de propiedad. Los israelitas no eran dueños, sino mayordomos.
El año de reposo sabático y el año del jubileo eran instituciones únicas en su género y no tienen paralelo en ninguna otra religión. ¿Qué otra religión, sino la de Jehová, se atrevería a mandar a sus seguidores a abstenerse de trabajar un año de cada siete y prometerles la bendición y la protección de Dios a fin de que en el sexto año la tierra diese suficiente para dos años? Si Dios no les hubiese dado una bendición tan notable, ¿no se hubiera visto perjudicada su religión? Si Dios no proveía lo necesario, después de una experiencia tal el pueblo nunca más habría adorado a Jehová.
Al terminar el día de la expiación en el mes de Tishri (vers. 9) se tocaban las trompetas y se proclamaba la libertad. Qué momento feliz debe haber sido éste para los que habían estado en servidumbre, y que ese día habían recibido la expiación de sus pecados, y ahora quedaban en libertad. Podían volver a sus hogares para comenzar una nueva vida.
24.
Rescate a la tierra.
Todas las propiedades volvían automáticamente al dueño original en el año del jubileo, pero en cualquier momento podían ser redimidas por el dueño o por uno de sus parientes, mediante el pago de lo requerido. La suma a pagar debía calcularse según el número de cosechas que habría desde el momento del rescate hasta el año del jubileo. El que había comprado la propiedad la pagaba según el número de cosechas que tendría antes del año del jubileo -por supuesto, sin tomar en cuenta los años sabáticos cuando no había cosecha - y se le había de pagar de la misma manera. Esta legislación permitía que en cualquier momento un dueño pudiese recuperar su propiedad.
25.
Cuando tu hermano empobreciera.
Esta legislación favorecía al pobre y lo animaba a trabajar para recuperar su propiedad. Dios procuraba impedir que algunos llegasen a ser muy ricos y los otros muy pobres. Si se hubiese seguido el plan original de Dios para la tierra y la servidumbre, no se hubieran conocido situaciones de extrema riqueza ni de extrema pobreza.
29.
Casa de habitación.
En este caso la situación era enteramente diferente, y se aplicaba una regla distinta. De haberse seguido las disposiciones normales en cuanto al rescate de propiedades, el que había comprado una casa en la ciudad podía ser desalojado en cualquier momento. Pero tales propiedades podían "rescatarse" sólo durante el primer año después de haber sido vendidas. Si no había sido rescatada dentro de ese tiempo, el comprador la podía retener en forma permanente. Puesto que la casa no se había vendido teniendo en cuenta el año del jubileo, ésta constituía una venta lisa y llana, y no había posibilidad de rescate.
31.
Las casas de las aldeas.
Se las consideraba como pertenecientes a "los terrenos del campo", y por lo tanto podían redimirse en cualquier momento. En el año del jubileo volverían a sus dueños originales. Sin embargo los levitas estaban exceptuados de esta disposición. Sus propiedades podían ser rescatadas en cualquier momento y, en cualquier eventualidad, volvían a los propietarios en el año de liberación. Los campos en los suburbios de las ciudades eran propiedad común y nunca podían venderse,
35.
Cuando tu hermano.
Debía ayudarse al hermano, al extraño o al forastero necesitado. El que estuviese en situación holgada no debía cobrar usura del hermano pobre, ni obtener ganancia del alimento que le vendiese (ver com. Exo. 22: 25). De este modo se muestra nuevamente el cuidado de Dios hacia los pobres. Dios había librado a Israel de Egipto y estaba a punto de llevarlo a la tierra de Canaán. Así como ellos habían recibido tanta bondad, Dios deseaba que fuesen bondadosos con los desafortunados (Mat. 10: 8). Sólo así podrían recibir la aprobación divina.
39.
Servir como esclavo.
Un israelita vendido para servir a otro no debía ser tratado como esclavo sino como siervo asalariado. No debía tratárselo duramente y se lo debía liberar en el año del jubileo. No era necesario que un siervo aguardase el año del jubileo para ser rescatado. La ley disponía que fuese soltado luego de cualesquiera seis años de servicio, si así lo deseaba (Exo. 21: 1-6).
47.
Se vendiere al forastero.
Un israelita empobrecido que se había vendido para ser esclavo podía redimiese, él mismo, si le resultaba posible, o ser redimido por otro aunque el dueño no fuera israelita. El precio pagado variaba según los años restantes hasta el año del jubileo, porque en ese año automáticamente quedaría libre. De modo que tanto el precio pagado por el esclavo como el rescate pagado por él, se calculaban según el período 827 de servicio que mediaba hasta el año de liberad.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
4 FE 323
4, 5 Ed 41; PP 571
5 PP 571
8-11 PP 574
8-13 Ed 40
10 MC 139
14 MC 141
17 DTG 509
21, 22 PP 572
23 PP 574
23-28 MC 139
25 DTG 294
35 MC 140
35-37 DTG 508; PP 573; 1T 534
40 PP 574
47-49 DTG 294
CAPÍTULO 26
1 La idolatría. 2 La religiosidad. 3 Bendición para todos los que observan los mandamientos. 14 Maldición para los que los quebrantan. 40 Dios promete recordar a los que se arrepienten.
1 NO HAREIS para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
2 Guardad mis días de reposo* ,y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová.
3 Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusierais por obra,
4 yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.
5 Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra.
6 Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país.
7 Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros.
8 Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros.
9 Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros.
10 Comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo.
11 Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará;
12 y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
13 Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro erguido.
14 Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos,
15 y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciara mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto,
16 yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.
17 Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga.
18 Y si aun con estas cosas no me oyereis, 828 yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados.
19 Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce.
20 Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto.
21 Si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisierais oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.
22 Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número, y vuestros caminos sean desiertos.
23 Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que anduvierais conmigo en oposición,
24 yo también procederé en contra de vosotros, y os heriré aún siete veces por vuestros pecados.
25 Traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y si buscareis refugio en vuestras ciudades, yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo.
26 Cuando yo os quebrante el sustento del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, y no os saciaréis.
27 Si aun con esto no me oyereis, sino que procedierais conmigo en oposición,
28 yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados.
29 Y comeréis la carne de vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas.
30 Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.
31 Haré desiertas vuestras ciudades, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragancia de vuestro suave perfume.
32 Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren;
33 y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades.
34 Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo.
35 Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella.
36 Y a los que queden de vosotros infundiré en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja que se mueva los perseguirá, y huirán como ante la espada, y caerán sin que nadie los persiga.
37 Tropezarán los unos con los otros como si huyeran ante la espada, aunque nadie los persiga; y no podréis resistir delante de vuestros enemigos.
38 Y pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá.
39 Y los que queden de vosotros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos.
40 Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición,
41 yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado.
42 Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra.
43 Pero la tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio de mis estatutos.
44 Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios.
45 Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová.
46 Estos son los estatutos, ordenanzas y leyes que estableció Jehová entre sí y los 829 hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés.
3.
Si anduviereis.
Este capítulo de Levítico contiene una profecía condicional que indica las bendiciones que se derramarían sobre Israel si obedecía, y los castigos que seguirían a la desobediencia. Muchas de estas profecías se cumplieron en forma notable.
4.
Lluvia en su tiempo.
De un modo muy especial, la prosperidad y la abundancia en Palestina dependían de que las lluvias cayesen a su tiempo. En Egipto, los israelitas habían visto el desbordamiento regular del Nilo, por el cual la tierra era regada y se volvía fructífera (ver com. Gén. 41: 34). Palestina era "tierra de montes y de vegas" y por lo tanto no se adaptaba al riego (Deut. 11: 10- 12). Los Israel- litas no estaban acostumbrados a la lluvia, puesto que rara vez llueve en Egipto. Ahora habían de entrar en un país donde su misma existencia dependia de la lluvia del cielo. Para tranquilizarlos, Dios les prometió enviarles lluvia "a su tiempo, la temprana y la tardía", a fin de que recogieran el "grano", el "vino" y el ,"aceite" (Deut. 11: 13, 14). No se trataba solamente de recibir la lluvia, sino de recibirla "a su tiempo".
Sin embargo, Dios les advirtió que la lluvia no caería sin falta, sino que no habría lluvia (Deut. 11: 17) si ellos se apartaban de él para adorar a los ídolos. Esto se cumplió en los días de Acab (1Rey. 17: 1).
14.
Pero si no me oyereis.
Dios amenazó con severos castigos si Israel dejaba de servirle y se volvía a otros dioses. Se predijeron cinco castigos, cada uno más fuerte que el anterior. Después de cada uno de los cuatro primeros Dios prometió enviarles un mal siete veces peor (vers. 18, 21, 24, 28). Es probable que aquí "siete" indique un castigo muy intensificado y no un aumento matemático preciso.
El primer paso del quíntuplo castigo por la rebelión persistente aparece en los vers. 14-17. Toda la historia de Israel atestigua del cumplimiento de esta amenaza.
18.
Y si aun con estas cosas.
En los vers. 18-20 (ver también Deut. 28: 23, 24) se describe el segundo paso. Esta amenaza halló su cumplimiento repetidas veces en la historia de Israel. En tiempos de Hageo, Dios explicó a su pueblo la razón por la cual había retenido la lluvia: "Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa" (Hag. 1: 9-11).
21.
Si anduvierais conmigo en oposición.
En los vers. 21, 22 aparece el tercer paso. Un ejemplo del cumplimiento de esto aparece en 2 Rey. 17: 25; otro en Juec. 5: 6.
23.
Y si con estas cosas no fuereis corregidos.
El cuarto paso aparece en los vers. 23-26.
25.
En vindicación del pacto.
Dios había establecido un pacto con Israel, y si ellos no cumplían su parte del mismo, enviaría sobre ellos espada y también pestilencia. Ezequiel repitió esta amenaza (Eze. 5: 12), que fue cumplida en la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, y más tarde por los romanos.
26.
Díez mujeres.
El hambre sería tan intensa y el pan tan escaso que sólo se necesitaría un horno donde antes se habían usado diez.
27.
Si aun con esto.
El quinto paso aparece en los vers. 27-33. Un cumplimiento de esto ocurrió durante el sitio de Samaria (2 Rey. 6: 28, 29), y otro en el de Jerusalén (Jer. 19: 9; Lam. 4: 10).
31.
Haré desiertas vuestras ciudades.
Samaria y Jerusalén, por ejemplo (ver com. vers. 27).
33.
A vosotros os esparciré.
No sólo en cautividad, por los asirios, babilonios y romanos, sino también por dispersión en diferentes comarcas. (Véase en el tomo 5 el artículo general "Los judíos del primer siglo cristiano", parte V, subtítulo "La diáspora".)
34.
Entonces la tierra gozará sus días de reposo.
Dios había mandado que la tierra descansara cada siete años. Parece haberse hecho esto durante algún tiempo, pero luego la costumbre se perdió. Sin duda, algunos pensaron que podían enriquecerse rehusando dejar descansar la tierra cada séptimo año. Pero como resultado, perdieron la tierra por completo. Dios conservó el registro del tiempo durante el cual la tierra había sido privada del descanso sabático. Y cuando vino la destrucción con la llegada de los caldeos, la tierra recibió "reposo" en compensación del tiempo de la transgresión (2 Crón. 36: 21). Los setenta años sugieren que durante 490 años la tierra no había observado su "reposo".
40.
Y confesarán su iniquidad.
Durante el transcurso de los siglos, los judíos han sufrido grandemente, y esta generación presente no constituye una excepción. Pero Dios no ha 830 desamparado a ningún judío que esté dispuesto a "confesar" sus pecados. La nación podrá ser rechazada, pero todo aquel que se vuelva a Dios aún puede obtener la salvación.
A fin de que los cristianos gentiles no se jacten de esto, ni piensen que están en una posición más favorecida, recuerden que Dios no hace acepción de personas (Hech. 10: 34; Rom. 11 : 20, 2 1). Las condiciones de la salvación son las mismas para todos, Dios es estricto y Dios es misericordioso; para todos por igual.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
3-6 Ed 136
4-17 PP 576
5, 6, 19-21 3JT 80
21 PR 316
23, 24 2JT 122; 1T 589
24 2T 154, 661
28, 33 PR 316
CAPÍTULO 27
1 Estimación del valor de las personas que hacen voto especial. 9 Estimación del valor de un animal dedicado por voto. 14 Estimación de una casa dedicada por voto. 16 Estimación de la tierra dedicada a Jehová y su rescate. 28 Las cosas consagradas dedicadas a Jehová no podían rescatarse. 32 El diezmo no podía ser cambiado.
1 HABLO Jehová a Moisés, diciendo:
2 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno hiciera especial voto a Jehová, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, lo estimarás así:
3 En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.
4 Y si fuere mujer, la estimarás en treinta siclos.
5 Y si fuere de cinco años hasta veinte, al varón lo estimarás en veinte siclos, y a la mujer en diez siclos.
6 Y si fuere de un mes hasta cinco años, entonces estimarás al varón en cinco siclos de plata, y a la mujer en tres siclos de plata.
7 Mas si fuere de sesenta años o más, al varón lo estimarás en quince siclos, y a la mujer en diez siclos.
8 Pero si fuere muy pobre para pagar tu estimación, entonces será llevado ante el sacerdote, quien fijará el precio; conforme a la posibilidad del que hizo el voto, le fijará precio el sacerdote.
9 Y si fuere animal de los que se ofrece ofrenda a Jehová, todo lo que de los tales se diere a Jehová será santo.
10 No será cambiado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permutare un animal por otro, él y el dado en cambio de él serán sagrados.
11 Si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote,
12 y el sacerdote lo valorará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será.
13 Y si lo quisiere rescatar, añadirá sobre tu valuación la quinta parte.
14 Cuando alguno dedicare su casa consagrándola a Jehová, la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala; según la valorare el sacerdote, así quedará.
15 Mas si el que dedicó su casa deseare rescatarla, añadirá a tu valuación la quinta parte del valor de ella, y será suya.
16 Si alguno dedicare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su siembra; un homer de siembra de cebada se valorará en cincuenta siclos de plata.
17 Y si dedicare su tierra desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará.
18 Mas si después del jubileo dedicare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del dinero conforme a los años que quedaren hasta el año del jubileo, y se rebajará de tu estimación.
19 Y si el que dedicó la tierra quisiere redimirla, añadirá a tu estimación la quinta parte del precio de ella, y se le quedará para él.
20 Mas si él no rescatara la tierra, y la tierra se vendiere a otro, no la rescatará más; 831
21 sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será santa para Jehová, como tierra consagrada; la posesión de ella será del sacerdote.
22 Y si dedicare alguno a Jehová la tierra que él compró, que no era de la tierra de su herencia,
23 entonces el sacerdote calculará con él la suma de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu precio señalado, cosa consagrada a Jehová.
24 En el año del jubileo, volverá la tierra a aquél de quien él la compró, cuya es la herencia de la tierra.
25 Y todo lo que valoraras será conforme al siclo del santuario; el siclo tiene veinte geras.
26 Pero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo dedicará; sea buey u oveja, de Jehová es.
27 Mas si fuere de los animales inmundos, lo rescatarán conforme a tu estimación, y añadirán sobre ella la quinta parte de su precio; y si no lo rescataran, se venderá conforme a tu estimación.
28 Pero no se venderá ni se rescatará ninguna cosa consagrada, que alguno hubiere dedicado a Jehová; de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, todo lo consagrado será cosa santísima para Jehová.
29 Ninguna persona separada como anatema podrá ser rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta.
30 Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.
31 Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello.
32 Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.
33 No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.
34 Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.
2.
Especial voto a Jehová.
Un voto es una promesa solemne hecha a Dios de realizar algún servicio para él, de ofrecer un presente o de efectuar algún sacrificio. En tiempos del AT los votos se hacían a menudo cuando los hombres estaban en angustia o peligro, o deseaban recibir un favor de parte de Dios. Hacían el voto a condición de que Dios les diera lo solicitado. Así Jacob prometió que si Dios lo bendecía, lo hacía prosperar y lo llevaba de vuelta a su tierra, serviría a Jehová (Gén. 28: 20-22). David hizo un voto incondicional (Sal. 132: 2-5).
El voto ideal nace del corazón rebosante de amor hacia Dios y poseído del sincero deseo de hacer algo por él, sin pensar en la recompensa. Este es el espíritu que llevó a los hombres de la antigüedad a ofrecer holocaustos a Dios. Los votos eran enteramente voluntarios. Dios no los exigía. "Cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado"; pero si un hombre hacía un voto, Dios esperaba que lo cumpliese (Deut. 23: 21-23).
A veces los hombres, bajo la presión de las circunstancias, hacen votos que, al reflexionar bien, saben que no pueden cumplir. Es a esto a lo que se refiere el sabio cuando dice: "Lazo es al hombre hacer apresuradamente voto de consagración, y después de hacerlo, reflexionar" (Prov. 20: 25). Se podría interpretar que esto significa que es necedad hacer un voto en forma apresurada y luego lamentar haberlo hecho. Antes de hacer el voto, la persona debería haber reflexionado en cuanto a la conveniencia de hacerlo. Encontramos un ejemplo de esto en el voto de los judíos que habían jurado no comer ni beber "hasta que hubiesen dado muerte a Pablo" (Hech. 23: 12). El voto de David de que ni entraría a su casa ni dormiría hasta haber encontrado lugar para la casa de Dios parece también un tanto apresurado (Sal. 132: 2-5). El voto de Jefté fue hecho apresuradamente (Juec. 11: 34-40).
Dios sabía que los hombres harían votos que no serían capaces de realizar. No deseaba desalentar a los hombres de que hiciesen votos, ni deseaba librarlos de cumplir los votos ya hechos. Por lo tanto proporcionó una salida por la cual pudiesen anular la obligación. Este capítulo trata de la redención de los votos.
De acuerdo con este plan, un voto podía redimiese mediante el pago de dinero, según una escala preestablecida. Si en el voto estaba implicado un animal de sacrificio, no podía 832 pagarse el valor del animal, sino que éste debía ser ofrecido sobre el altar. Pero todos los otros votos podían "redimirse".
Un hombre podía consagrarse a sí mismo o a cualquier persona o cosa sobre la cual tuviera jurisdicción: esposa, hijos, siervos adquiridos, animales, casas, campos. Si el santuario no podía recibir el presente -lo que ocurría en muchos casos -, el hombre podía de todos modos cumplir su promesa pagando el precio de la redención.
3.
Lo estimarás.
La suma a pagarse por la redención de una persona había sido establecida por Dios, y se ajustaba a una escala graduada basada en el sexo y la edad de la persona a redimiese. Para un varón este precio era de 5 siclos por un niño de hasta 5 años; 20 siclos, hasta los 20 años; 50 siclos hasta los 60 años; y por encima de esa edad, 15 siclos. Para la mujer, el precio era aproximadamente la mitad de estos valores. Sin embargo, si la persona era pobre, no era necesario atenerse estrictamente a esta escala, porque el precio de la redención podía ser computado por el sacerdote de acuerdo con la capacidad pecuniaria de la persona. Debe notarse que aunque existía diferencia en los precios de redención, esa diferencia se debía a la edad y no a la categoría. El sumo sacerdote no era estimado de más precio que el jornalero común.
9.
Y si fuere animal.
Cuando se prometía o dedicaba un animal limpio, éste se tornaba "santo" y no podía ser trocado ni redimido. Debía ser sacrificado. El que lo había prometido podría desear cambiarlo por un animal mejor, o acaso por uno peor. Ninguno de los dos trueques podía hacerse. Si se descubría esta permuta, los dos animales eran considerados "santos" y ambos debían ser sacrificados.
14.
Dedicare su casa.
Cuando un hombre dedicaba una casa, el sacerdote la avaluaba, y ese precio debía permanecer. No podía cambiarse, ni se admitía regateo. El hombre podía redimirla al precio fijado, más la quinta parte, y entonces sería "suya" (vers. 15).
16.
La tierra de su posesión.
Si un hombre dedicaba un campo, debía ser avaluado de acuerdo con la cantidad de semilla necesaria para sembrarlo. En el precio así convenido debía tomarse en cuenta el año del jubileo (vers. 17), porque entonces volvería al dueño.
20.
La tierra se vendiere.
El significado de esta declaración no es claro y se ha intentado darle diferentes interpretaciones. Es probable que signifique que ya había vendido la tierra a otro hombre antes de dedicarla, y que aunque ya no tenía ningún derecho de dedicarla, quería recibir crédito por aquello de que no podía disponer. Si éste fuese el sentido del versículo, tal hombre habría hecho en principio lo que hicieron Ananías y Safira al pretender dar cierta suma, sin haberío hecho en realidad.
22.
La tierra que él compró.
Si una persona le compraba un terreno a su dueño, sólo podía dedicarlo hasta el año del jubileo, puesto que entonces volvía a su dueño original.
26.
El primogénito de los animales.
Los primogénitos de todos los animales pertenecían a Dios, y nadie podía darle a Dios lo que ya era suyo. Ellos ya le pertenecían (Exo. 13: 2, 12; 22: 30). Sin embargo, podía redimirse un animal inmundo. Si no se rescataba el animal, debía ser vendido.
28.
Ninguna cosa consagrada.
La palabra hebrea aquí traducida "cosa consagrada" indica un voto mucho más solemne que lo que indica la frase castellana. Significa un voto que no puede quebrantarse ni redimiese y que debe ser observado bajo pena de severo castigo, aun de maldiciones e imprecaciones. Este fue el tipo de voto que formularon los hombres que estaban decididos a matar a Pablo: "Se juramentaron bajo maldición" (Hech. 23: 12). Una cosa consagrada no podía ser redimida. Si se la ofrecía al Señor, no podía hacerse ningún cambio ni sustitución.
30.
El diezmo de la tierra.
Puesto que ya pertenecía a Dios, el diezmo no podía ser dedicado. El diezmo del grano podía ser rescatado, pero no así el del ganado (vers. 33).
31.
Quisiere rescatar algo del diezmo.
Ha surgido la pregunta si será legítimo retener el diezmo si más tarde se lo aumenta con la quinta parte adicional. Esta pregunta revela una comprensión errónea de las palabras de la Escritura. No era el hecho de retener el diezmo lo que demandaba que se añadiera la quinta parte. Se trataba de pagar el diezmo en especie, ya fuese trigo, cebada o algún otro producto. Podría darse el caso de que la persona necesitase el trigo para sembrarlo, prefiriendo, entonces, pagar en dinero y no en trigo. En estas condiciones podía rescatar el diezmo si hacía avaluar el trigo y luego pagaba esa suma más la quinta parte. Nunca se 833 contempló la posibilidad de retener el diezmo. Como ya se hiciera notar, solamente podían redimirse de esta manera los granos y los productos de la tierra. El ganado no podía rescatarse ni cambiarse.
32.
Todo lo que pasa bajo la vara.
Los escritores rabínicos dan la siguiente explicación: cuando una persona tenía que dar a Dios el diezmo de sus ovejas o de sus terneros, encerraba todo el rebaño en un corral en el cual había una salida angosta, sólo capaz de permitir salir a los animales uno por uno. El dueño que estaba por dar el diezmo al Señor se ubicaba junto a esa salida teniendo en la mano una vara mojada en bermellón u ocre rojo. Las madres de estos corderos o terneros estaban fuera del recinto. Cuando se abría la puerta, los animalitos corrían en busca de sus madres. Al pasar los animales por la puerta, el dueño dejaba pasar nueve y tocaba al décimo con su vara, dejándole una marca de color. No importaba que el animal fuese de calidad inferior o flaco, perfecto o defectuoso, era recibido como legítimo diezmo.
34.
Estos son los mandamientos.
Con estas palabras termina el libro de Levítico, presentando a Dios como la autoridad que respalda su contenido.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
14-16 1JT 546
30 CMC 70,76; COES 146; Ed 41; HAp 61, 270; 1JT 546; MJ 306
30, 32 Ed 134; PP 564
32 3T 546 837