El Libro Tercero de Moisés Llamado LEVÍTICO


CAPÍTULO 16
1 Forma como el sacerdote debe entrar en el lugar santísimo. 11 La reconciliación por sí y por su casa. 15 Expiación por el pecado del pueblo. 20 El macho cabrío. 29 Fiesta anual de la expiación.

1 HABLO Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron.
2 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.
3 Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.
4 Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.
5 Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.
6 Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa.
7 Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.
8 Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.
9 Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la, suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.
10 Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.
11 Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo.
12 Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo.
13 Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera.
14 Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre.
15 Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. 786
16 Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas.
17 Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.
18 Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor.
19 Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.
20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo;
21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.
22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí.
24 Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo.
25 Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado.
26 El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento.
27 Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol.
28 El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.
29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros.
30 Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová.
31 Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.
32 Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas.
33 Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación.
34 Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.
COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTAS
l.
Habló Jehová a Moisés.
Aunque Aarón había sido designado como sumo sacerdote, Dios reconocía a Moisés como dirigente y le dio a Aarón las instrucciones necesarias por intermedio de su hermano.
2.
No en todo tiempo.
Esto ocurrió poco después de la muerte de los dos hijos de Aarón, registrada en el cap. 10. Aunque aún faltaban varios meses hasta el día de la expiación, Dios instruyó a Aarón en cuanto a este día a fin de que tuviese suficiente tiempo para familiarizarse con el ritual.
Velo.
En el santuario había dos velos: uno a la entrada del primer compartimento; el otro entre los dos compartimentos. Aquí se hace referencia al segundo velo (Heb. 9: 3), que estaba delante del propiciatorio (Exo. 26: 31, 32). Era delante de este velo donde se paraban los sacerdotes para ofrecer el incienso sobre el altar del incienso, delante del propiciatorio. No podían mirar a través del velo, pero sabían que del otro lado estaba el arca con su propiciatorio, donde Dios había prometido encontrarse con su pueblo (Exo. 25: 22). Las figuras de los querubines bordadas en el velo representaban para ellos a los ángeles 787 que están delante del trono de Dios. El velo los protegía de la gloria consumidora, pero al mismo tiempo les permitía llegar muy cerca de Dios.
Los querubines deben haberles hecho recordar a los querubines ubicados a la puerta del Edén (ver com. Gén. 3: 24). Después de haber pecado, Adán y Eva no pudieron pasar más allá de esos querubines; los sacerdotes tampoco podían ir más allá de donde estaban los querubines simbólicos y entrar en la presencia de Dios. Esto debe haberles causado una profunda impresión en cuanto a la santidad de Dios. Sólo el sumo sacerdote podía entrar en el lugar santísimo para ministrar allí, y eso, sólo brevemente una vez al año.
Durante todo el año la sangre de las víctimas era llevada al santuario y rociada "siete veces delante de Jehová, hacia el velo del santuario" (Lev. 4: 6, 17), en los casos cuando el sacerdote ungido o toda la congregación hubiese pecado. Inmediatamente detrás del velo estaba el arca con las tablas de la ley. Debido a la ley se rociaba la sangre, porque al pecar los hombres habían quebrantado esa ley, y sus transgresiones exigían expiación. El acto de rociar la sangre era el reconocimiento de la autoridad de la ley y una forma de pago simbólico de sus demandas, ya fuese de obediencia perfecta, o de la vida del desobediente. Obedece y vivirás, desobedece y morirás: ésa era su sentencia.
Sin embargo, la sangre rociada nunca llegaba hasta la ley pues se interponía el velo. Aun en el día de la expiación, cuando se apartaba el velo y se rociaba sangre en el lugar santísimo, la sangre tampoco llegaba hasta la ley. El propiciatorio la cubría, y allí quedaba la sangre. El propiciatorio era símbolo de Cristo. Según Rom. 3: 25 Dios puso a Cristo "como propiciación", literalmente, para que fuese un "propiciatorio". Cristo es nuestro "propiciatorio". Por su muerte en la cruz y su ministerio en el santuario celestial, Cristo nos salva, habiendo tomado nuestro lugar en la cruz y habiendo intervenido en nuestro favor frente a la ley quebrantada. Se pone entre nosotros y la ley y nos salva de su castigo, no ignorándola ni aboliéndola, sino satisfaciendo sus justas exigencias. De este modo Cristo reconoce la autoridad de la ley y la honra.
Los sacerdotes entraban en el santuario llevando la sangre de un animal degollado, y por virtud de ella. Cristo, "según el poder de una vida indestructible" (Heb. 7: 16), entró, no con "sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino por su propia sangre ... una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención" (Heb. 9: 12). Se nos invita a entrar por fe allí con él (Heb. 4: 16). Cristo nos abrió el camino nuevo y viviente. El mismo transitó por ese camino. Es el camino de la cruz, el camino de la obediencia. No hay otro camino.
Muchas veces se habla -y quizá descuidadamente- de seguir a Cristo "hasta el fin". Cristo ha entrado en el lugar santísimo, donde está ahora ministrando por nosotros. Fue por el camino de la cruz, del Getsemaní y del Gólgota. Nos invita también a seguirle (Mat. 20: 22, 23). Aquellos que acepten su invitación, deben estar dispuestos a caminar con él por el camino de la cruz. Los que así lo sigan aquí, tendrán el privilegio de vivir en su presencia, en el mundo mejor.
La misma lección está contenida en el partimiento del pan y la participación de la copa. Dijo Cristo: "Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido... Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre" (1 Cor. 11: 24, 25). Al participar de la copa, al tomar el pan partido, entramos en un solemne pacto con Dios de que iremos hasta el fin, aunque esto pueda significar para nosotros un cuerpo quebrantado y el derramamiento de nuestra sangre en el martirio.
Parece sumamente adecuado que la iglesia de Dios sea "la prosapia más noble de todas las épocas". Sobre ella se proyecta toda la luz de las edades pasadas. Esta iglesia ha heredado no sólo las debilidades de las generaciones ya idas sino también el conocimiento bíblico acumulado durante los siglos. Esta iglesia ha recibido luz sobre las Escrituras como no lo ha recibido ningún otro pueblo. Tiene la luz sobre el santuario; tiene la palabra profética más segura; le han sido confiados los oráculos de Dios. Comprende la obra que Cristo está realizando ahora en el tribunal celestial. Ha recibido el inestimable privilegio de proclamar al mundo que ha llegado la hora del juicio de Dios, y que el fin de todas las cosas se acerca. ¡Cómo no debe andar "en santa y piadosa manera de vivir"! (2 Ped. 3: 11).
El arca.
En el arca, debajo del propiciatorio, estaban los Diez Mandamientos, el fundamento mismo del trono de Dios. En el arca 788 confluían justicia y la misericordia; aquí la "justicia y la paz se besaron" (Sal. 85: 10); en este lugar Dios se revelaba; allí estaba el lugar secreto del Altísimo. El arca y el propiciatorio eran el centro de todo el sistema de sacrificios.
A fin de que no muera.
Esta precaución recuerda el desastre que había sobrevenido a los hijos de Aarón por causa de su desobediencia (Lev. 10: 1, 2).
En la nube.
Dios le había prometido a Moisés que se encontraría con él "a la puerta del tabernáculo de reunión" (Exo. 29: 42), en el altar del incienso delante del velo (Exo. 30: 36; Núm. 17: 4) y, como se lo expresa aquí, directamente delante del propiciatorio (Exo. 25: 22; 30: 6). La presencia de la "nube" sobre el propiciatorio no implica de ninguna manera que el lugar santísimo hubiera sido oscuro, porque en la nube estaba la gloria del Señor (1 Rey. 8: 10, 11; 2 Crón, 5: 13, 14; Apoc. 15: 8). La Shekinah, evidencia visible de que Dios estaba en verdad con su pueblo, reposaba sobre el propiciatorio (Exo. 25: 22; Sal. 80: 1; Isa. 37: 16). Al hombre le puede parecer que Dios mora en la "oscuridad" (1 Rey. 8: 12; Sal. 18: 11), pero "Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él" (1 Juan 1: 5). Habita "en luz inaccesible" (1 Tim. 6: 16). Al revelarse a su pueblo, Dios siempre veló su gloria con una nube, a fin de que los mortales se percataran de su presencia y, sin embargo, pudieran resistirla (Exo. 16: 10; 19: 9; 24: 16; 34: 5; 40: 34, 38).
3.
El santuario.
En este capítulo Moisés usa la expresión "santuario" para referirse al lugar santísimo, y "tabernáculo de reunión" para indicar el lugar santo.
Un becerro para expiación.
En el caso de ofrecerse juntos el sacrificio por el pecado y el holocausto, se presentaba primeramente la ofrenda por el pecado. Esta ofrenda exigía la víctima más noble. Por lo tanto, la ofrenda por el pecado era un becerro, y el holocausto, un carnero.
4.
La túnica santa.
Al principio había tan sólo unos pocos sacerdotes, y el sumo sacerdote generalmente ayudaba a los sacerdotes comunes en su ministerio. Cuando aumentó el número de sacerdotes, el sumo sacerdote cumplía menos frecuentemente esta función. Finalmente llegó a ser la costumbre que los ayudara sólo en los días sábados, las lunas nuevas y las tres fiestas anuales. Se consideraba a los otros sacerdotes como representantes suyos, y cuando oficiaban, su ministerio era acepto como si el sumo sacerdote mismo lo hubiese realizado. Pero no podían oficiar en su lugar en el día de la expiación. El era el sacerdote por excelencia, y cuando oficiaba llevaba las gloriosas vestimentas áureas pertenecientes a su excelso cargo. Estas costosas vestimentas no sólo estaban adornadas con oro y piedras preciosas (Exo. 28: 13-36), sino que también estaban bordadas con los colores del santuario y con hebras de oro puro (Exo. 28: 4-6). Vestido de esta manera, el sumo sacerdote representaba a Cristo en su gloria divina como el Hijo de Dios.
En el día de la expiación, el sumo sacerdote en persona oficiaba en todas las fases del servicio, ayudado por los otros sacerdotes. Dirigía los servicios matutinos y vespertinos ataviado con esas vestimentas áureas. Pero al realizar el ritual especial del día de la expiación, llevaba la "santa túnica de lino" (Lev. 16: 23), que se usaba exclusivamente en esa ocasión. Esta "túnica santa" se parecía a las túnicas de los sacerdotes comunes con excepción de los bordados jaspeados de aquélla. Probablemente era de una textura más fina que las túnicas de los otros sacerdotes.
El sumo sacerdote se cambiaba de vestimenta varias veces durante el día, lavándose todo el cuerpo cada vez que se mudaba. A la primera luz del día, según lo afirma el Talmud, se quitaba sus ropas personales y vestía las vestimentas áureas; así ataviado dirigía los servicios regulares de la mañana. Terminado este servicio, se quitaba las vestiduras áureas para colocarse la "túnica santa" a fin de oficiar en los servicios especiales del día (vers. 4). Luego se la quitaba para volver a ponerse las vestimentas áureas para el servicio vespertino (vers. 23, 24). Al concluir éste, se ponía sus vestidos personales para retirarse del recinto sagrado del santuario. Vestido con sus vestimentas áureas, el sumo sacerdote representaba a Cristo ante el pueblo, mientras que vestido de la "túnica santa" simbolizaba a Cristo como mediador y representante del pueblo ante Dios (CS 474).
El blanco inmaculado de las vestimentas que llevaba el sumo sacerdote en el día de la expiación simbolizaba la perfección de carácter que él y su pueblo buscaban mediante los ritos de ese día. "Como el sumo sacerdote, después de realizar su servicio en el lugar santísimo, salía vestido con sus ropas pontificias, 789 a la congregación que esperaba, así Cristo vendrá la segunda vez, cubierto de vestidos ... blancos" (HAp 27). Y así como el pueblo estaba "limpio" de todos sus pecados al concluir ese servicio (vers. 30), así también cuando Cristo aparezca ante su pueblo, éste estará "sin mancha delante del trono de Dios" (Apoc. 14: 5; Efe. 5: 27; Col. 1: 22; Jud. 24; Apoc. 19: 8).
5.
Para expiación.
Aarón debía tomar dos cabritos de la congregación para hacer "expiación". Esto no era común, pues en el servicio diario se exigía un becerro como ofrenda por el pueblo, y no una cabra (cap. 4: 14). Pero el día de la expiación era diferente de todos los otros días.
Holocausto.
Debía ofrecerse un carnero en holocausto, así como se hizo para la consagración de Aarón (cap. 9: 2).
6.
Hará traer Aarón.
Aarón no debía degollar el becerro en ese momento sino que debía presentárselo al Señor en la puerta del tabernáculo para que Dios lo aceptase (vers. 11). Dejaba el becerro junto al altar del holocausto listo para ser ofrecido cuando llegase el momento.
Por su casa.
El becerro debía ser ofrecido por Aarón y su familia. Sólo él debía oficiar en esta ocasión solemne, y debía estar libre de toda mancha de pecado a fin de simbolizar debidamente a Cristo en su papel de mediador (ver Juan 17: 19). Los otros sacerdotes ayudaban, pero no ofrecían ningún sacrificio.
7.
Los dos machos cabríos.
Aarón debía tomar los dos machos cabríos y presentárselos al Señor en la puerta del tabernáculo, donde permanecían mientras se echaban suertes sobre ellos.
8.
Echará suertes.
Esto se hacía poniendo dos objetos con inscripciones en una urna u otro receptáculo, y luego se los sacaba. De esa manera la selección quedaba en manos de Dios. En tiempos remotos, se usaban pedazos de madera con inscripciones que marcaban uno para el Señor, y otro para Azazel. Posteriormente, se hicieron de materiales más nobles, aun de oro. Según el Talmud, los machos cabríos debían ser tan parecidos entre sí como fuese posible conseguirlos. Para evitar la confusión luego de haberse echado suertes, se colocaba un cordón escarlata en los cuernos del macho cabrío para Azazel y un cordón en el cuello del macho cabrío para el Señor. Así era posible distinguir claramente entre los dos.
Por Azazel.
Algunos teólogos piensan que ambos machos cabríos representan a Cristo en dos fases diferentes de su obra expiatoria. Sin embargo, no pocos piensan que representan dos fuerzas opuestas; y como uno es para el Señor, el otro debe ser para Satanás. La gran mayoría de las versiones dejan sin traducir la palabra hebrea 'azazel, porque no hay unanimidad de opinión en cuanto al significado de esta palabra. Muchos eruditos modernos sostienen, juntamente con los judíos, que Azazel es un espíritu suprahumano, personal y maligno. Casi todos están de acuerdo en que el significado de la raíz de esa palabra es "el que quita", más específicamente el que quita algo "por una serie de actos". Otros sugieren que la palabra es una combinación de 'ez, "cabra", y 'azal, "irse", "partir".
Así como un macho cabrío era para el Señor, un Ser personal, el otro animal debía ser también para un ser personal, y puesto que evidentemente existe aquí una antítesis, la posición más lógica sería la de pensar que Azazel está en oposición al Señor, y por lo tanto no puede ser sino Satanás.
9.
La suerte por Jehová.
Aarón debía ofrecer el macho cabrío sobre el cual cayera la "suerte por Jehová" como ofrenda por el pecado del pueblo (vers. 15).
10.
Mas el macho cabrío.
El contraste entre los dos animales es completo. El macho cabrío de Jehová era degollado; el de Azazel no lo era. La sangre del macho cabrío del Señor era llevada al santuario y rociada; no así la sangre del macho cabrío de Azazel, puesto que no era muerto. Siempre se quemaba sobre el altar la grosura de la ofrenda por el pecado. Así se hacía con el macho cabrío del Señor (vers. 25), pero evidentemente no se hacía así con el macho cabrío de Azazel. La sangre del macho cabrío del Señor era capaz de limpiar (vers. 15, 16); el macho cabrío de Azazel contaminaba (vers. 26). El contraste entre los dos animales era absoluto (ver com. vers. 20, 21).
La reconciliación.
Ver com. vers. 21.
11.
Hará traer Aarón el becerro.
Este becerro ya había sido presentado al Señor (vers. 6); ahora se lo acercaba para que fuese sacrificado. Antes de que Aarón pudiese estar preparado para hacer expiación por otros, debía hacer expiación por sí mismo.
12.
Brasas de fuego.
Se había degollado el 790 becerro y su sangre había sido guardada por uno de los sacerdotes en una vasija. Antes de entrar en el santuario con esa sangre, Aarón tomaba brasas del altar del holocausto y llenaba su incensario. Tomaba también dos puñados de incienso para colocarlos sobre las brasas una vez que entrara en el lugar santísimo.
Detrás del velo.
Esta era la primera vez que Aarón oficiaba en el lugar santísimo. Era también la primera vez en que oficiaba vistiendo la "túnica santa". Hasta ese momento había vestido las gloriosas vestiduras áureas y había hecho la expiación por otros. Ahora debía vestir las vestiduras de humildad, implorando misericordia por sí mismo y por el pueblo. Su papel había cambiado totalmente.
Según el Talmud, el sumo sacerdote pasaba la semana anterior al día de la expiación en una habitación reservada para él en el lugar donde se alojaban los sacerdotes, a fin de dedicarse a la oración y a la meditación y para repasar cuidadosamente todos los detalles del ritual de ese día. No podría menos que preguntarse cuál sería el significado de ese servicio que iba a realizar. ¿Comenzaba a comprender el significado del cambio de vestimentas, y el cambio de posición de Cristo en su encarnación? (Ver com. vers. 4.) ¿Comprendía el significado de despojarse de las vestiduras reales y pasar hasta detrás del velo a la presencia de Dios? Parece poco probable que el sumo sacerdote pudiese oficiar en el servicio más importante del año sin tener al menos alguna comprensión de su verdadero significado. Sacrificar becerros, carneros y machos cabríos, rociar su sangre sobre el altar o el lugar santísimo, sin conocer el significado de estos actos sería reducir esta solemnísima ceremonia del santuario a una farsa piadosa. No podemos concebir que así fuera. "Abraham ... se gozó de que había de ver mi día -dijo Cristo -; y lo vio, y se gozó" (Juan 8: 56). Si Abrahán comprendió, seguramente también Aarón habrá comprendido lo que representaba todo ese ritual.
Podemos llegar acertadamente a la conclusión de que Aarón entendía esta verdad espiritual, al menos en parte, sin quizá captar todos los detalles del plan de redención. Algunos de los hombres de antaño sabían más acerca de Dios y de la salvación que muchos sabios de hoy. De Moisés, Cristo dijo: "De mí escribió" (Juan 5: 46). Lo que Moisés escribió era tan claro que por lo escrito Felipe y Natanael pudieron reconocer al Mesías cuando lo vieron (Juan 1: 45). Pablo afirmó que no predicaba "nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos" (Hech. 26: 22, 23).
13.
El perfume.
Una vez apartado el velo, sólo el incienso separaba a Aarón de la sagrada presencia de Dios. Fuera del tabernáculo, las oraciones de los israelitas ascendían con el perfume del incienso, y por fe, ellos también entraban con Aarón en el lugar santísimo.
14.
La sangre del becerro.
Dejando el incensario en el lugar santísimo, Aarón volvía al atrio a buscar la sangre del becerro. Con el asperjamiento de su sangre, primero sobre el propiciatorio, luego siete veces delante del mismo, concluía su ministración en el lugar santísimo. Así había hecho expiación "por sí y por su casa" (vers. 17). Libre de pecado, entonces llegaba a ser un representante idóneo de Cristo, Aquel que no tiene pecado, y así podía mediar en favor de otros.
15.
El macho cabrío.
Luego de haber concluido el servicio del becerro, Aarón traía el macho cabrío de Jehová, que era para la "expiación por el pecado del pueblo", y lo degollaba. Entonces llevaba su sangre dentro del lugar santísimo y la rociaba así como había rociado la sangre del becerro, una vez sobre el propiciatorio, y siete veces delante del mismo. Rociaba la sangre del macho cabrío en los mismos lugares donde había rociado la sangre del becerro.
16.
Así purificará.
Mejor, "así hará una expiación" o "de esta manera y con esta sangre hará un expiación por el lugar santo". De principio a fin, los servicios del santuario eran esencialmente una obra de expiación. En cada paso de los servicios del santuario se hacía una expiación por el pecado.
1. En cualquier momento del año, cuando un pecador presentaba su ofrenda y confesaba sobre ella sus pecados, se hacía una "expiación" por él. Era perdonado (caps. 4: 20, 26, 31, 35; 5: 6, 10, 13, 16, 18; 6: 7). Por la ministración de la sangre de la ofrenda, y por el acto de quemar parte de ella sobre el altar, y también algunas veces por el hecho de que el sacerdote comiese parte de la ofrenda, el pecado era transferido simbólicamente al santuario. 791 Sin embargo, no se había logrado así la expiación total. Aunque sus pecados habían sido perdonados, la persona debía continuar en el camino de la obediencia. Si no lo hacía así, y si en el día de la expiación no afligía su alma (cap. 23: 27-29), todos esos pecados que habían sido perdonados volvían sobre él, y debía morir (Eze. 18: 24; 33: 13). Su única seguridad estaba en perseverar "hasta el fin". Entonces y sólo entonces podía esperar ser salvo (Mat. 24: 13).
2. En el día de la expiación -el día de la expiación final y completa de todos los pecados confesados y perdonados durante el año (Lev. 16: 16, 19; Heb. 10: 1-3)- la sangre del macho cabrío de Jehová simbólicamente quitaba esos pecados del santuario, haciendo asimismo expiación por el recinto. También el santuario quedaba libre de pecado (Lev. 16: 17, 20).
En el primer día del séptimo mes se tocaban las trompetas para llamar la atención del pueblo al día de la expiación, que se celebraría diez días más tarde (Núm. 29: 1). Los nueve días que transcurrían entre las dos fechas eran días de escudriñamiento del corazón, de preparación para el día de la expiación, el día del juicio que sellaría el destino de cada uno. Los judíos creían que en ese día "se sella quien ha de vivir y quien ha de morir" (Jewish Encyclopedia, tomo 2, pág. 286, art. "Atonement, Day of " [Día de la expiación]).
17.
Ningún hombre.
Durante la ministración de la sangre del becerro y del macho cabrío en el lugar santísimo, el velo que lo separaba del lugar santo estaba corrido. De esta manera cualquier persona que estuviese en el lugar santo podría ver lo que ocurría en el lugar santísimo, pero esta era prerrogativa exclusiva del sumo sacerdote, porque era el único que podía comparecer ante la misma presencia de Dios. La prohibición aquí presentada se aplica a los vers. 12-16, que tratan de la ministración del sumo sacerdote en el lugar santísimo.
El pueblo esperaba ansiosamente oír las campanillas del manto del sumo sacerdote en el día de la expiación. Había entrado en el lugar santísimo vestido de blanco para rociar la sangre y, en forma simbólica, para quitar así para siempre el registro de los pecados cometidos. ¿Lo aceptaría Dios, y con él los aceptaría a ellos? Cuando se retiraba del lugar santísimo, y volvía a vestir sus vestimentas áureas, el pueblo oía el sonido de las campanillas con profundo regocijo y gratitud.
18.
Saldrá al altar.
Luego de haber purificado el lugar santísimo y de haber concluido su ministerio allí, entonces Aarón también debía purificar el "tabernáculo de reunión", es decir, el lugar santo (vers. 16). Entonces debía salir al altar del holocausto. Allí debía tomar de la sangre del becerro y del macho cabrío, y con ella debía purificar el altar de todas las "inmundicias de los hijos de Israel" (vers. 19). Según la tradición judía, se mezclaba la sangre del becerro con la del macho cabrío en una misma vasija. La estructura gramatical del versículo parecería corroborar esta tradición.
Además de colocar la sangre sobre los cuernos del altar -donde ya había sido puesta la sangre de las ofrendas por el pecado - el sumo sacerdote debía rociar la sangre sobre el altar mismo, donde había sido rociada la sangre de los sacrificios por las transgresiones, y de los holocaustos, como también la sangre de los corderos del sacrificio matutino y del sacrificio vespertino. Al hacerlo, el sumo sacerdote purificaba y santificaba el altar "de las inmundicias de los hijos de Israel".
Podemos comprender fácilmente la razón por la cual era necesario purificar los dos altares del santuario terrenal, puesto que la sangre de los holocaustos y de las ofrendas por el pecado había sido rociada sobre ellos (caps. 1: 5, 11; 4: 7, 18, 25, 30, 34). En el caso de los holocaustos y de las ofrendas por la transgresión, la sangre había sido rociada sobre el altar mismo (caps. 1: 5, 11; 5: 9); en el caso de las ofrendas por el pecado, había sido colocada sobre los cuernos (cap. 4: 7, 18, 25, 30, 34). Del altar del incienso se dice que Aarón debía hacer "expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación" (Exo. 30: 10). En cuanto al altar de los holocaustos se dice lo siguiente: "Saldrá al altar que está delante de Jehová ... y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor. Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel" (Lev. 16: 18, 19; cf. vers. 20).
El templo terrenal es imitación del templo celestial. La purificación en la tierra no es sino 792 un símbolo de la purificación en el cielo. De esto habla Daniel al decir que, al fin de los 2.300 días, el santuario sería "purificado" (ver com. Dan. 8: 14). Pero, ¿necesita ser purificado el santuario celestial? ¿Ha ocurrido en el cielo alguna contaminación que haga necesaria tal purificación? Pablo responde: "Fue, pues necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así [con los sacrificios de animales]; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos" (Heb. 9: 23).
20.
Cuando hubiere acabado.
La sangre del macho cabrío de Jehová que era ofrecido en el día de la expiación purificaba el lugar santísimo, el lugar santo y el altar de los holocaustos de "las inmundicias de los hijos de Israel" y "de sus rebeliones y de todos sus pecados" (vers. 16, 19). El pueblo ya había recibido el perdón por estos mismos pecados al haber presentado, en el servicio diario, sus ofrendas personales por sus pecados. En esos casos, la sangre era puesta sobre los cuernos del altar de los holocaustos, y el penitente se iba perdonado. Se afirma varias veces que el sacerdote debía hacer "por él la expiación de su pecado, y tendrá perdón" (cap. 4: 26, 31, 35). Sin embargo, aunque el pecado era perdonado, el registro del pecado permanecía hasta el día de la expiación, cuando era borrado. Al realizarse esto, la expiación del santuario estaba concluida (ver com. vers. 16).
21.
Macho cabrío vivo.
Mientras el sumo sacerdote había estado ocupado en hacer la expiación con el macho cabrío de Jehová y mientras limpiaba el santuario con la sangre del animal, el macho cabrío de Azazel estaba atado junto al altar, sin tener parte alguna en el ritual. Le llegaba su turno sólo después de haberse completado la expiación con el macho cabrío de Jehová (vers. 20), luego de haberse "acabado" la expiación del "santuario y el tabernáculo de reunión y el altar" (vers. 20).
El sumo sacerdote, después de haber limpiado el santuario de pecado, salía con esos pecados a la puerta del tabernáculo donde estaba esperando el macho cabrío de Azazel (PP 369; CS 474). Ponía las manos sobre la cabeza del macho cabrío, confesaba sobre el animal los pecados, y los transfería así del santuario al macho cabrío, quien debía transportarlos al desierto (PP 369, 371).
En la realidad simbolizada, Cristo finalmente habrá de purificar el santuario celestial, quitando de allí todos los pecados confesados y perdonados, y pondrá estos pecados sobre Satanás. Este será declarado culpable de todo el mal que ha hecho cometer, y deberá sufrir el castigo final (CS 474, 538, 614). "Los pecados de los redimidos con su sangre caerán al fin sobre el causante del pecado, quien habrá de sufrir el castigo de aquellos pecados" (PE 178).
Cuán apropiado es que el acto final del drama de la forma en que Dios trata el pecado, sea hacer caer sobre la cabeza de Satanás todo el pecado y toda la culpa que, emanando originalmente de él, trajeron una vez tal tragedia a las vidas de los que ahora se hallan liberados del pecado por la sangre expiatoria de Cristo. De este modo se completa el ciclo, termina el drama. Solamente después de que Satanás -el instigador de todo el pecado - haya sido finalmente quitado, se podrá afirmar con certeza que el pecado ha sido eliminado para siempre del universo de Dios. Sólo colocando los factores en este orden podemos entender que el "macho cabrío de Azazel" tuviera una parte en la expiación (vers. 10). Cuando los justos hayan sido salvos, los malvados "cortados" y Satanás ya no exista, entonces, y sólo entonces, se podrá decir que todo el universo está en perfecta armonía y unidad, como estuvo originalmente, antes de que entrara el pecado.
Lo enviará.
Literalmente, "lo expulsará". Este mismo vocablo se usa en los casos de divorcio (Deut. 21: 14; 22: 19, 22; Jer. 3: 8). Es una palabra fuerte. Así como se espanta una bestia peligrosa o repulsiva, así también se envía el macho cabrío al desierto (Heb. midbar). Una vez en el desierto, el macho cabrío podía morir o no, porque los hebreos pastoreaban sus rebaños en el midbar, término que puede significar un lugar deshabitado donde vivían las fieras. El Talmud menciona la costumbre de despeñar al macho cabrío, pero aun en este caso su muerte no desempeña parte alguna en la ceremonia de los sacrificios. En contraste con el macho cabrío de Jehová, el de Azazel era enviado vivo fuera del campamento israelita; su muerte eventual no era en manera alguna de sacrificio o vicaria.
22.
Todas las iniquidades.
Los israelitas sabían que habían pecado y que no alcanzaban la norma de lo que Dios esperaba de ellos. 793 Sin embargo, durante el día de la expiación habían tenido una demostración visual del completo alejamiento de los pecados que habían confesado y que les habían sido perdonados durante el año que había terminado, y podían ver también la bondad de Dios al haberles preservado la vida. Sabían que no merecían la gracia que les había sido extendida. Sin embargo, por la sangre derramada del sacrificio del día de la expiación, el mismo registro de sus pecados perdonados había sido raído del santuario. Al contemplar la partida del macho cabrío de Azazel, eran testigos del último acto del drama: Satanás, con todos los pecados que había instigado, ahora vueltos "sobre su cabeza" (Sal. 7: 16), alejándose hacia su condenación.
23.
Se quitará las vestiduras de lino.
Estas vestiduras, llamadas también "la túnica santa de lino" (vers. 4), sólo se usaban en el día de la expiación. Aarón se las ponía al entrar en el lugar santísimo con el incienso en la mañana de ese día. Luego de haber concluido la obra especial de mediación, se quitaba las vestiduras de lino y se ponía las áureas.
24.
Lavará luego su cuerpo.
Aarón se había relacionado con el pecado. No había quedado contaminado hasta el punto de necesitar ofrecer un sacrificio por el pecado. Sin embargo, debía bañarse, después de lo cual debía ponerse sus vestimentas áureas. Luego ofrecía el holocausto vespertino habitual, tanto para su persona, como para el pueblo. Con esto comenzaba el ciclo de las ceremonias religiosas de un nuevo año.
25.
La grosura.
No se quemaba hasta este momento la grasa de los sacrificios ofrecidos por el pecado durante el día (vers. 11, 15).
26.
El que hubiere llevado el macho cabrío.
Esta persona no necesitaba ser sacerdote. El "hombre destinado para esto" podía ser cualquier israelita que estuviese en condiciones de hacerlo (vers. 21). Se le había atado una cuerda al cuello del animal, y el hombre lo guiaba con ella, o lo aguijoneaba valiéndose de la vara que llevaba.
27.
El becerro.
La ley requería que fuesen quemados fuera del campamento los cuerpos de aquellos animales cuya sangre era introducida en el santuario por el sumo sacerdote para la remisión de los pecados. Pablo vio en esta práctica un simbolismo de Cristo, quien "padeció fuera de la puerta", y nos amonesta a salir "a él, fuera del campamento, llevando su vituperio" (Heb. 13: 11-13).
29.
Estatuto perpetuo.
El día de la expiación era el único día de ayuno en todo el año. Por esto se lo llamaba "el ayuno" (Hech. 27: 9). Los otros ayunos que fueron añadidos posteriormente no eran exigidos por Dios ni recibían su aprobación (Isa. 58: 3-7; Zac. 7: 3- 10). En los días de Cristo había 29 ayunos en el año, además de dos días de ayuno por semana.
Afligiréis vuestras almas.
Esto es más que ayunar. Comprendía un autoexamen, repaso del progreso logrado en la vida santa, buscar a Dios, confesar los pecados, hacer reparación por los deberes descuidados, ajustar las cuentas con Dios y con los hombres, redimiendo así el tiempo.
30.
Seréis limpios.
Por ser éste el día de la expiación, era necesario que cada alma cooperase en la obra de purificación. El sacerdote podía hacer expiación sólo en la medida en que Israel confesaba sus pecados e imploraba la ayuda de Dios. Sólo los pecados confesados, los pecados por los cuales los penitentes habían presentado sacrificios durante el año, eran los que podían ser expiados por el sumo sacerdote. Este día proporcionaba simbólicamente la oportunidad anual de lograr que los pecados fuesen borrados para siempre. Era el tiempo aceptable.
31.
Día de reposo.
"Día de descanso completo" (BJ). Literalmente, "un sábado de sábados", un gran día de fiesta espiritual.
32.
Que fuere ungido.
El sacerdocio y su servicio habían de continuar luego de la muerte de Aarón. Otro sacerdote debía entonces ser ungido y consagrado al oficio sacerdotal, para ponerse la túnica santa de lino, y para desempeñar el cargo.
Levitico 16 es uno de los grandes capítulos de la Biblia. En él se revela en forma impresionante y hermosa el plan de salvación. En sus 34 versículos están escondidas algunas de las cosas recónditas de Dios. La profundidad de significado que se revela en las ceremonias descritas revela un autor divino. La mente debe esforzarse a lo sumo para llegar a comprender sus enseñanzas.
NOTA ADICIONAL AL CAPÍTULO 16
A fin de comprender claramente los servicios 794 del día de la expiación, es necesario tener algún conocimiento respecto al edificio donde se desarrollaba el ritual del santuario, como también ciertas nociones en cuanto a sus alrededores. En el comentario de Exo. 26: 1 se encontrará una descripción general. La descripción detallada se encuentra en los comentarios de Exo. caps. 25 al 40.
El tabernáculo original, construido por Moisés, era una tienda, cuyas paredes eran de madera (ver com. Exo. 26: 15-26). El techo estaba hecho de cuatro capas, y la interior era de lino fino, y las otras eran de diversos tipos de pieles (ver com. Exo. 26: 1-14). La tienda misma medía aproximadamente 13, 34 m por 4,5 m; estaba ubicada dentro de un atrio que medía unos 50 m por 25 m (ver com. Exo. 27: 9-18).
El edificio estaba dividido en dos compartimentos; el primero y más grande era el lugar santo y el segundo, el lugar santísimo. Una cortina, o velo de ricos colores, separaba los dos ambientes. Como no había ventanas en el edificio, en el primer compartimento un candelero de siete lámparas proporcionaba suficiente luz artificial como para que los sacerdotes desempeñasen sus tareas.
En el primer compartimento había tres muebles: la mesa de los panes de la proposición, el candelero y el altar del incienso. Al entrar en el tabernáculo por la puerta que daba al este, se veía el altar del incienso hacia el final de la habitación. A la derecha estaba la mesa del pan de la proposición, y a la izquierda el candelero. Sobre la mesa estaban los panes de la proposición, dispuestos en dos pilas de seis panes cada una, como también el incienso para el pan, y las vasijas para las libaciones. También había vasos, cucharas y otros implementos usados en el ritual. El candelero era de oro puro; sus lámparas tenían forma de almendras.
El mueble más importante en este compartimento era el altar del incienso. Medía aproximadamente 88,9 cm de alto, y su cubierta cuadrada tenía unos 44,45 cm de lado. Estaba recubierto de oro, y alrededor de su cubierta tenía como una corona de oro. Sobre este altar el sacerdote ponía la vasija que contenía las brasas tomadas del altar de los holocaustos, como también el incienso. Cuando ponía el incienso sobre las brasas, ascendía el humo, y puesto que el velo no llegaba hasta el techo, el incienso no sólo llenaba el primer compartimento, sino que penetraba también en el segundo. De este modo, el altar del incienso, aunque estaba en el lugar santo, servía también al lugar santísimo.
En el segundo compartimento sólo estaba el arca, un cofre aproximadamente de 1, 12 m de largo por 0,66 m de ancho y 0,66 m de alto. La cubierta del arca era llamada el propiciatorio, lugar donde se hacía la expiación en el día de la expiación. En torno de la parte alta del propiciatorio había una corona de oro, similar a la que se encontraba en el altar del incienso. Dentro del arca estaban las tablas de la ley escritas con el dedo de Dios.
Encima del propiciatorio había dos querubines de oro. En este lugar Dios se ponía en comunión con su pueblo (Exo. 25: 22).
En el atrio fuera de la tienda se hallaba la gran fuente de bronce que contenía agua para lavarse. En esta fuente los sacerdotes debían lavarse las manos y los pies antes de entrar en el santuario o antes de comenzar su servicio (Exo, 30: 17-21; 38: 8).
También en el atrio, al este de la fuente, estaba el altar de los holocaustos, que desempeñaba un papel importantísimo en todas las ofrendas de sacrificios. El altar tenía aproximadamente 1,34 m de alto, lo que exigía que hubiese una especie de plataforma para que el sacerdote pudiera oficiar cómodamente ante el altar. Esto también permitía que el pueblo viera cómo oficiaba el sacerdote ante el altar. Este era cuadrado y medía unos 2,23 m de lado. Estaba hecho de madera recubierta de bronce. Posteriormente este altar fue muy agrandado para dar cabida a un mayor número de practicantes del culto. Sobre este altar se quemaban los sacrificios. Por eso tenía el nombre de altar de los holocaustos. Aquí también se quemaba la grasa de las víctimas sacrificadas como asimismo ciertas partes de otras ofrendas. En los cuatro ángulos del altar había proyecciones a modo de cuernos, conocidas con el nombre de "los cuernos del altar". En ciertos sacrificios, los sacerdotes tocaban estos cuernos con sangre. En otros casos, la sangre era rociada alrededor del altar. La sangre sobrante, no usada en el servicio, era derramada en el suelo al pie del altar.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
2 MC 344 795
7, 8 PP 368
8, 10 CS 471
13, 14 4T 124
14 CS 472
15 PP 368
16 CS 471; PP 368
17 CS 481; MC 344
19 CS 471; PP 368
21 CS 472; PP 369
21, 22 CS 472; PE 177; PP 369
22 CS 539
29-34 CS 451