El libro de los JUECES

CAPÍTULO 6


1 Los israelitas son oprimidos por Madián a causa de su pecado. 8 Un profeta los reprocha. 11 Un ángel envía a Gedeón a librarlos. 17 La ofrenda de Gedeón es consumida por el fuego. 25 Gedeón destruye el altar de Baal y ofrece un sacrificio sobre el altar de Jehová. 28 Joás defiende a su hijo y lo llama Jerobaal. 33 El ejército de Gedeón. 36 Las señales de Gedeón.

1 LOS hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años.
2 Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados.
3 Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban.
4 Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
5 Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla. De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.
7 Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas,
8 Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.
9 Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra;
10 y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.
11 Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.
12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.
13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.
14 Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?
15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.
16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.
17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.
18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina.
20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista.
22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara.
23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.
24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y 339 lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los Abiezeritas.
25 Aconteció que la misma noche le dijo Jehová:Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagende Asera que está junto a él;
26 y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.
27 Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.
28 Por la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortada la imagen de Asera que estaba junto a él, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el altar edificado.
29 Y se dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto? Y buscando e inquiriendo, les dijeron: Gedeón hijo de Joás lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás:
30 Saca a tu hijo para que muera, porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera que estaba junto a él.
31 Y Joás respondió a todos los que estaban junto a él: ¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Defenderéis su causa? Cualquiera que contienda por él, que muera esta mañana. Si es un dios, contienda por sí mismo con el que derribó su altar.
32 Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, esto es: Contienda Baal contra él, por cuanto derribó su altar.
33 Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de Jezreel.
34 Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él.
35 Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.
36 Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,
37 he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviera en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.
38 Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.
39 Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.
40 Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.


1.
Madián.
Los madianitas eran nómades que recorrían desde la parte sur de la península de Sinaí (Exo. 3: 1), hacia el norte al golfo de Akaba (1 Rey. 11: 18) y hasta las llanuras al este de Moab (Gén. 36: 35; Núm. 22: 4; 25: 1, 6; Jos. 13: 21). Eran parientes de los hebreos pues Madián era hijo de Abrahán y de Cetura, su segunda esposa (Gén. 25: 1-6). Se conocía como el sacerdote de Madián al suegro de Moisés (Exo. 2: 15-21).
Tan fuerte era la influencia de stis vecinos paganos y tan débil su propia convicción religiosa, que los israelitas pronto olvidaron la maravillosa intervención de Dios en su favor en el monte Tabor, y se volvieron a sus malas prácticas anteriores. En sin nuevo esfuerzo por hacer que la gente comprendiese sti pecado, el Señor nuevamente permitió que su territorio fuera invadido, esta vez por los madianitas.
2.
Cuevas.
Para salvar la vida, los hebreos abandonaron sus hogares para vivir en cuevas y escondites entre las montañas.
3.
Cuando Israel había sembrado.
Siendo nómadas, los madianitas no conquistaban la tierra para establecerse allí en forma permanente. A semejanza de los beduinos de hoy, preferían que los pueblos sedentarios hiciesen las siembras. Después, en tina serie de incursiones asolaban el país, y se llevaban las cosechas y todo el ganado que podían encontrar. Acostumbraban dejar intactas las viviendas para que los agricultores se sintieran tentados a volver y sembrar los campos de nuevo.
Amalecitas.
También eran pueblos nómadas 340
LAS TRES ÚLTIMAS SERVIDUMBRES DE ISRAEL
NOTA:- Las flechas indican la dirección de las invasiones cuya extención sedesconose.
(A) El opresor fue Cusan-risataim; el libertador fue Otoniel de Debir. Nose mencionan lugares.
(B) Eglón, rey de Moab, invadió por lo menos a Rubén y a Benjamín. Aod benjamita, mato a Eglón, provocó una revolución en Efraín y aisló a las guarniciones moabitas de los vados del Jordán.
(C) Jabín de Hazor oprimió la parte norte de Israel. Barac de Cedes, llamado a Efraín por Débora, derrotó al enemogo en el Cisós. Al huir, Sísara fue muerto por Jael en Zaanaim.
341 de los desiertos al sur de Palestina (Exo. 17: 8).
Los hijos del oriente.
Literalmente, "hijos de Qédem". "Qédem" significa "oriente", pero aquí parecería tratarse de un nombre propio para designar el gran desierto sirio, al este de Moab y Amón. El pasaje del cap. 8: 26 presenta a los jefes de la gente de esta región vestidos de hermosos mantos, con zarcillos de oro, montados en dromedarios y camellos, cuyos cuellos estaban adornados con ornamentos de oro en forma de luna. Siendo que las incursiones que se describen en este pasaje fueron hechas por diferentes tribus, se cree probable que se trataría de un movimiento general de nómadas, causado tal vez por la falta de lluvia en sus propios distritos.
4.
Hasta llegar a Gaza.
Es probable que los saqueadores hubieran seguido la siguiente ruta: después de cruzar el Jordán en los vados de Bet-seán en el tiempo de la cosecha, estas bandas devastaban la rica llanura de Jezreel y toda la Sefela, hasta Gaza, al sur, donde eran detenidos por las murallas de la ciudad (cap. 16: 3).
5.
Como langostas.
Una comparación apropiada, porque los saqueadores barrían rápidamente el país, dejándolo desnudo y vacío (ver com. Exo. 10: 4-15).
6.
Clamaron a Jehová.
Después de perder la cosecha durante siete años consecutivos, los israelitas estaban al borde de la inanición. En esta condición desesperada recordaron la ayuda que Dios les había concedido en décadas pasadas, y clamaron pidiéndole ayuda. Aunque habían descuidado grandemente a Dios, y se negaban a clamar a él hasta que las circunstancias extremas se lo exigieron, Dios aún oyó su clamor. Esto muestra su disposición a perdonar y a oír la oración. Tal misericordia de parte de Dios debería animar a los pecadores a arrepentirse y volverse a él.
En todas estas circunstancias debería tenerse en cuenta la diferencia entre el trato de Dios con la nación de Israel y su relación con cada israelita. La calamidad y el juicio de la nación no significaban el rechazo de las personas que componían esa nación. La culpa que había causado el desastre descansaba sobre cada israelita sólo si él había participado personalmente en la apostasía. A pesar del rechazo de la nación, la puerta de la misericordia estaba tan abierta para la salvación personal como lo había estado antes. Sin duda, muchos encontraron a Dios durante esos tiempos peligrosos, y su aceptación individual no dependió de ninguna manera de que la nación recuperara el favor divino. Es decir, la relación de una nación con Dios debe distinguirse claramente de la relación personal del ciudadano con él, excepto en la medida en que la actitud de Dios para con la nación pueda determinarse por el número de personas de ese país que procuran seguir el plan divino.
8.
Profeta.
No se sabe si este profeta habló al pueblo cuando se reunió para una gran fiesta religiosa, o si viajó de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Su mensaje debe de haber encontrado una respuesta favorable, porque poco después de esto Dios mandó la liberación. Su mensaje los reprendía por su ingratitud para con Dios, quien tanto había hecho por ellos. Sin embargo, es animador recibir una reprensión de parte del Señor; es preferible al silencio. Recuerda a quien la recibe que el Creador piensa en él, y le sugiere que el propósito de los reproches divinos es acercarlo de nuevo a Dios.
10.
Amorreos.
Ver com. cap. 1: 34 (ver Jos. 24:15; 1 Rey. 21: 26).
11.
La encina.
Heb. 'elah. La palabra traducida aquí "encina" y en la BJ "terebinto", no se refiere a un árbol específico, sino a un árbol imponente. Entre tales árboles podrían estar los ya mencionados. Los árboles grandes solían ser venerados. La 'elah de Ofra parece haber estado en la propiedad del padre de Gedeón.
Ofra.
Aunque se desconoce la ubicación exacta de esta ciudad, el relato del cap. 9 daría a entender que estaba cerca de Siquem. Pertenecía al clan de los abiezeritas (Juec. 6: 24), que eran de la tribu de Manasés (Jos. 17: 2).
En el lagar.
Las eras generalmente se encontraban en el campo abierto. Pero esos lugares eran demasiado vulnerables a un ataque (1 Sam. 23: 1). Para no ser descubierto, Gedeón aventaba el trigo en un lagar, fosa cavada en la roca, con la esperanza de que los merodeadores madianitas no buscaran en un lugar tan inapropiado. Trabajando en el lagar no podía limpiar más que una pequeña porción de grano cada vez.
12.
Varón esforzado y valiente.
Estas palabras podrían sugerir que Gedeón ya se había destacado por su valentía en la guerra. En la declaración del cap. 8:18 se insinúa que en el 342 monte Tabor había ocurrido algún encuentro anterior con los madianitas. Cuando pasó esto, Gedeón ya no era joven, pues tenía un hijo mozo (cap. 8: 20). El hecho de que tuviera muchos siervos y un criado que lo atendía personalmente (cap. 7: 10) podría indicar que era un hombre pudiente. Pero a pesar de ser un hombre rico y conocido, no pensó que fueran degradantes los humildes trabajos de un agricultor. Es digno de notarse que cuando Dios llama a un ser humano para realizar cierta tarea, o para darle un mensaje del cielo, generalmente lo busca entre los que están ocupados, quizá en las tareas comunes, como los apóstoles mientras pescaban y los pastores mientras guardaban sus rebaños. Es mucho más probable que los visitantes celestiales busquen a personas ocupadas en trabajos honrados y no a ociosos, porque Dios no puede usar haraganes en su causa.
13.
¿Por qué nos ha sobrevenido todo esto?
Gedeón no sólo era valiente y adinerado, sino también inteligente. Sin duda reflexionaba en la incapacidad de los israelitas para defender su país, y había tratado de formular planes para expulsar a los invasores. Quizá por esto el mensajero celestial comenzó la conversación con las palabras: "Jehová está contigo", como si le dijera: "Dios está contigo en tus valientes proyectos, Gedeón". "Si Jehová está con nosotros -pregunta Gedeón con ironía-, ¿porqué me veo obligado a sacudir un poco de trigo en el lagar, cuando debería estar trillando una cosecha abundante en la era?"
¿Y dónde están todas sus maravillas?
La salida de Egipto siempre fue el glorioso punto de partida de la narración de los portentos que Dios había realizado en favor de los israelitas. Gedeón insinúa que en dicho momento Dios había estado con ellos, pero que en el presente ya no los acompaña más, pues de lo contrario realizaría los mismos milagros para ayudarlos. Gedeón reconoció que los pecados del pueblo habían hecho que la presencia de Dios se alejara de la nación, pero su fe no parecía captar la verdad de que cuando el pueblo clama a Dios, él vuelve a ayudarlo con buena voluntad.
Le resultaba difícil a Gedeón reconciliar las penosas circunstancias con la afirmación que el mensajero hacía de que Dios estaba con ellos. Su fe era débil. Quería ver milagros sin avanzar por fe. El ángel intentó fortalecer su fe asegurándole que Dios estaba con ellos. Así también muchos interpretan falsamente los acontecimientos de su propia vida. "Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas", declaró Gedeón. Pero en verdad ninguna de estas aseveraciones era totalmente cierta. Dios no había desamparado a su pueblo, sino que éste lo había abandonado a él. Aún más, la propia debilidad de Israel, resultado de su voluntaria separación de la fuente de su fortaleza, era la que lo había entregado en manos de los madianitas. Es verdad que Dios no obró un milagro para mantener lejos a los madianitas, pero tiene un límite la intervención de Dios en los asuntos humanos. Nunca fuerza la voluntad, y cuando el hombre escoge un camino contrario al plan divino, Dios no impide que sigan las consecuencias naturales de tal conducta. En tales circunstancias, los hombres no tienen derecho de culpar a Dios por no haber intervenido en su favor. Por otra parte, cuando los hombres escogen trabajar con Dios, nuevamente él puede obrar para beneficio de ellos y lograr grandes cosas en su favor.
14.
Esta tu fuerza.
Esto es, utiliza la fuerza que ahora empleas en trillar el trigo, las habilidades que despliegas para eludir a los madianitas; sí, emplea la suma total de tus capacidades humanas en la noble tarea de liberar a tu pueblo. Dios estaría con él y le proporcionaría el poder que lo capacitaría para la tarea.
15.
Pobre.
Esta palabra puede también traducirse "débil" o "pequeña". Estos sentidos parecen estar más de acuerdo con el contexto (ver com. vers. 12). Literalmente, el pasaje podría leerse: "mi familia es la débil", es decir, de todas las familias de la tribu. En repetidas ocasiones se encuentra tal espíritu de humildad y modestia en las personas a quienes Dios llama a su servicio (ver Exo. 4: 10; Jer. 1: 6).
El menor.
Es posible que Gedeón quisiera indicar con esto que era el más joven de la familia, y dudaba que fuera prudente que él asumiera el liderazgo de una expedición cuando había hermanos u otros parientes mayores.
16.
Como a un solo hombre.
Gedeón destruiría a los madianitas mediante un poderoso ataque, tan efectivamente como si el enemigo hubiese sido una sola persona.
17.
Me des una señal.
Parecería entenderse por el vers. 22 que Gedeón no había estado 343 plenamente convencido de que su visitante era un ser celestial. Pidió, pues, un milagro como demostración de que el mensajero tenía suficiente poder y autoridad como para respaldar su declaración de que los madianitas serían derrotados.
18.
Ofrenda.
La palabra hebrea puede significar tanto "ofrenda" como "presente". Se la usa con este último sentido en el cap. 3: 15, 17, aunque su sentido más común era el de una ofrenda que se presentaba a Dios. Es posible que Gedeón hubiera usado a propósito un vocablo impreciso. Puede haber usado esta palabra ambigua porque sospechaba, aunque no estaba convencido de ello, que el forastero que estaba debajo de la encina era más que humano. Si el visitante era sólo un hombre, comería el alimento que se le proporcionaba; si era un ser celestial, lo aceptaría como ofrenda de sacrificio, y no como alimento.
19.
Un cabrito.
En el vers. 6 se afirma que todo Israel estaba empobrecido por las incursiones de los madianitas. El hecho de que Gedeón diera a su huésped un cabrito asado y panes hechos con unos 22 lt. de harina (nuestro equivalente de un efa), indica que Gedeón comprendió la importancia de su visitante, y de sus escasas provisiones deseó proporcionarle una comida abundante. Los panes eran sin levadura porque así podían hacerse con mayor rapidez. Con todo, los preparativos pudieron haber llevado una o dos horas.
20.
Esta peña.
En ese momento la peña sirvió como altar.
22.
He visto al ángel.
Inmediatamente después del milagro se esfumó toda la duda de Gedeón, y reconoció que su visitante era un mensajero celestial. Entonces se llenó de temor y consternación. Probablemente recordó las palabras de Dios a Moisés: "No me verá hombre, y vivirá" (Exo. 33: 20), y temió morir por haber mirado al ser divino (ver Juec. 13: 22; Gén. 32: 30; Deut. 5: 24; Heb. 12: 29).
24.
Jehová-salom.
A fin de conmemorar las palabras que expresaban el favor divino para con él, Gedeón construyó esa noche un altar al cual puso por nombre "Jehová es paz", o "Jehová habló paz". El nombre aludía a las palabras del ángel del vers. 23. El altar no sólo debía servir para ofrecer sobre él sacrificios, sino también para recordar la aparición divina (ver Gén. 33: 20; 35: 7; Exo. 17: 15). Se describe la construcción del altar en los vers. 25-27.
Hasta hoy en Ofra.
Cuando al autor escribió el libro de jueces, varios siglos más tarde, el altar estaba todavía en pie como testimonio de que Jehová habla paz a los que le aman y le sirven.
25.
Le dijo.
No se indica por qué medio Dios habló a Gedeón, pero éste reconoció la voz divina. Sin duda reflexionaba en cuanto a lo que aún en ese momento debía hacer.
La imagen de Asera.
Heb. 'asherah. El palo sagrado que se levantaba junto al altar (ver com. cap. 3: 7). En primer lugar, debían destruirse los altares de Baal. Dios no aceptaría un sacrificio mientras los ídolos no fueran derribados. Así ocurre hoy. Debe quitarse todo ídolo del corazón si se pretende la bendición divina.
26.
Edifica altar.
En la siguiente declaración se da la razón por la cual Dios podía mandar algo contrario a lo que ya había ordenado solemnemente (Lev. 17: 8, 9). "El ofrecimiento de sacrificios a Dios había sido encomendado solamente a los sacerdotes, y debía limitarse al altar de Silo; pero Aquel que había establecido el servicio ritual, y a quien señalaban todos estos sacrificios, tenía poder para cambiar sus requerimientos" (PP 590).
En lugar conveniente.
Tal vez mejor, "altar bien preparado" (BJ), es decir, arreglado en forma conveniente y ordenada.
27.
De noche.
Gedeón era tan prudente como enérgico. Escogió realizar esta hazaña de noche, no porque fuese cobarde, sino porque temía que no pudiera completar la tarea si intentaba realizarla de día. Durante el día se habría levantado inevitablemente una voz de protesta seguida de una contienda. Esto habría aterrorizado a los indecisos. Un hecho consumado impresiona y da ánimo. Su tarea consistía no sólo en derribar el altar de Baal, que bien puede haber sido muy sólido, sino también en levantar un altar ordenado y digno para el Señor sobre la peña donde había sido consumado el sacrificio. Esta tarea bien pudo haber llevado la mayor parte de la noche.
Si bien Gedeón actuó con cautela, no permitió que la prudencia le impidiera hacer la voluntad de Dios, aunque sabía que las consecuencias podrían ser desastrosas para él. En este sentido Gedeón es ejemplo para muchos 344 que hoy día permiten que el temor a los hombres les impida ser osados en la obra de Dios.
29.
¿Quén ha hecho esto?
No se sabe quién reveló el secreto. Era natural que las sospechas recayeran sobre Gedeón, cuya inclinación al verdadero culto de Dios puede haberse conocido bien.
30.
Para que muera.
Resulta difícil entender cómo pudieron los israelitas ser tan adictos al culto a Baal, hasta el punto de estar dispuestos a matar a un compatriota que valientemente había destruido dicho altar y en su lugar había levantado un altar al Señor. El altar de Baal pertenecía al padre de Gedeón (vers. 25), y sin embargo los hombres de la aldea se sintieron libres para juzgarlo por el insulto que se había hecho a esa deidad pagana. Insistieron en que el padre mismo les entregara a Gedeón para que pudieran matarlo, sin por ello incurrir en una riña de muerte entre familias.
31.
¿Contenderéis vosotros por Baal?
El padre de Gedeón, que sabía de la visita del ángel (PP 590), había cobrado valor por la atrevida acción de su hijo. En ese momento se puso intrépidamente de parte de Gedeón. Razonó, poco más o menos, con la airada multitud: "Si Baal es verdaderamente dios, él puede defenderse a sí mismo. ¿Por qué necesitan Uds., pobres aldeanos, defender a Baal? Lo han adorado como señor del cielo. ¿No es capaz de cuidarse a sí mismo? Al defenderlo, muestran que Baal no tiene poder alguno; así que, siguiendo su razonamiento, son Uds. los que deben morir. Y respecto a mi hijo, que destruyó el altar de Baal, concédanle a Baal un poco de tiempo para que se vengue él mismo". Con este razonamiento, el padre de Gedeón convenció a los hombres a que esperaran para ver lo que haría Baal. Sabía que en esta clase de tumultos populares, las intensas emociones se calmarían un poco y la oposición se desvanecería si se lograba que transcurriera algún tiempo. Quizá estaba plenamente convencido de que Baal era impotente para dañar a su hijo. Su estratagema dio resultado. El sentimiento pupular, tan cambiante, pronto estuvo de parte de Gedeón. Este fue vindicado y aceptado como caudillo en Manasés.
32.
Jerobaal.
Literalmente, "pelee Baal", o "que Baal sea adversario" (ver cap. 7: 1). El nombre era un permanente reproche y desafío al culto de Baal, porque la vida y la prosperidad de Gedeón fueron de allí en adelante un testimonio diario de la impotencia de ese dios pagano para vengarse. Demostró que el temor a Baal no tenía fundamento. Un escritor posterior lo llama Yerubbésheth, o sea, "que contienda la vergüenza" (2 Sam. 11: 21).
33.
Todos los madianitas.
Ellos, junto con las otras tribus del desierto, "pasaron" -el Jordán- tal vez en su incursión anual acostumbrada para robar el trigo. Mientras tanto, miles además de Gedeón indudablemente estaban trillando el trigo recién cosechado en lugares secretos; probablemente ya les había llegado la noticia del levantamiento dirigido por Gedeón. Después de haber cruzado el Jordán en los vados cerca de Bet-seán, acamparon, no en la amplia llanura al oeste de Jezreel, sino en el valle al este de Jezreel, donde se sube desde el Jordán, entre el monte de Gilboa y el collado de More, a la amplia y fértil llanura de Esdraelón. Este valle y la amplia planicie en la cual desemboca dividen las montañas del centro de Palestina de los cerros de Galilea.
34.
Vino sobre.
Literalmente, "revistió" (BJ). Gedeón no comenzó la campaña vestido sólo con la armadura de los soldados, sino "revestido" del poder de Dios. A los que Dios llama para realizar su obra, también los capacita para hacerla.
Tocó el cuerno.
Desde la destrucción del altar de Baal, es indudable que Gedeón había estado meditando en las instrucciones que el ángel le había dado para la erradicación de los madianitas. Cuando los enemigos de Israel entraron en el territorio israelita, el Espíritu de Jehová impulsó a Gedeón a comenzar la lucha que habría de liberar a su pueblo. Tomando el shofar o cuerno de carnero, dio el pregón de batalla, y envió mensajeros que fueran a su tribu de Manasés y a otras tres: Aser, Zabulón y Neftalí, instándoles a unirse a él para combatir contra el enemigo común. Se reunieron fuertes contingentes de todas estas tribus. Los abiezeritas, del clan de Gedeón, lo apoyaron totalmente.
36.
Si has de salvar.
Gedeón se dio cuenta de que con mera fuerza humana los israelitas no podrían repeler la gran hueste de invasores. Ya había demostrado su fe llamando a los israelitas a la batalla, pero ahora necesitaba nuevo ánimo. Es difícil censurar a Gedeón por desear que se le repitiera la promesa de victoria, y sin embargo había recibido la promesa 345 del mensajero celestial, la cual había sido confirmada por un milagro. Una fe madura no habría pedido otra señal. En contraste con esta vacilación de Gedeón está la del centurión romano. Este soldado pagano no pidió un milagro en el cual basar su fe. Jesús declaró de ese centurión: "Ni aun en Israel he hallado tanta fe"(Luc. 7: 9). Si Gedeón hubiese tenido tal experiencia, no habría pedido una señal más después de haber recibido la prueba convincente con el fuego que brotó de la peña. Sin embargo, Dios emplea a los mejores instrumentos disponibles, y cuando los que tienen una fe débil le piden una señal, muchas veces responde a su pedido. Sin embargo, mientras que la fe se va desarrollando, Dios espera que los hombres acepten su palabra y dependan cada vez menos y menos de señales confirmatorias. Muchos han arruinado su experiencia religiosa por su persistencia en recurrir al azar para ser guiados (ver com. Jos. 7: 14).
39.
Probaré ahora otra vez.
La primera señal que Gedeón pidió había sido concedida. El vellón juntó agua, y la tierra en torno de él quedó seca. Después de meditarlo, Gedeón pensó que, después de todo, esto era lo que naturalmente sucedería ya que la lana por naturaleza absorbe agua. Por lo tanto, podría no haber sido una señal. Posiblemente llegó a sentirse tan inseguro como antes.
La experiencia de Gedeón se repite con frecuencia hoy. Hay quienes están continuamente decidiendo cosas importantes, no sobre la base de lo que enseña la Biblia ni de lo que es lógico y razonable, sino sobre la base de señales que ellos mismos formulan. Muchas veces la señal pedida puede explicarse como coincidencia y no como un milagro innegable. Entonces comienzan a dudar. Esto le ocurrió a Gedeón. Temió que esto pudiera haber sucedido en su caso, y pidió que la señal fuera invertida. Reconociendo que la fe de Gedeón era limitada, el Señor condescendió a obrar el milagro para darle la señal que pedía. Cuánto mejor habría sido que Gedeón hubiese hecho confiadamente y sin vacilación lo que Dios le pedía.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-40 PP 588-591
1 PP 588
2-13 PP 588
11-16 OE 348
12 PP 597
14, 17-21 PP 589
22, 23 1T 410
25-31 PP 590
33-40 PP 591