Evangelio Según SAN JUAN

CAPÍTULO 19
1 Cristo es azotado y coronado de espinas. 4 Pilato desea liberarlo, pero, vencido por el odio de los judíos, lo entrega para que lo crucifiquen. 23 Echan suertes sobre sus vestidos. 26 Encomienda su madre a Juan. 28 Muere. 31 Su costado es perforado. 38 José y Nicodemo lo entierran.


1 ASÍ que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura;
3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y te daban de bofetadas.
4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.
5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificada; porque yo no hallo delito en él.
7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.
9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para 1035 crucificarle, y que tengo autoridad para soltarte?
11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone.
13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.
14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro rey!
15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.
16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.
17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;
18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.
20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.
21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.
22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.
24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.
25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.
26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.
30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo* (pues aquel día de reposo* era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí.
32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.
33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron muerto, no le quebraron las piernas.
34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.
37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.
39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 1036
41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.
42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
Le azotó.
El cap. 19 continúa con el relato ya comenzado (cap. 18: 39). Esta fue la primera vez que Jesús fue azotado. Sería azotado nuevamente cuando se pronunció su sentencia de crucifixión (ver com. Mat. 27: 26). El propósito del primer azotamiento fue el de despertar, de ser posible, la compasión de la turba sedienta de sangre (DTG 683).
4.
Ningún delito hallo en él.
Cf. Juan 18: 38; 19: 6; 1 Ped. 2: 21-22. Pilato reveló su debilidad con estas palabras. Si Jesús era inocente, no debería haber permitido que fuera azotado. Una claudicación de la conciencia siguió a la otra, hasta que Pilato abandonó toda noción de justicia.
5.
¡He aquí al hombre!
Sin duda, el propósito de Pilato con esta exclamación fue provocar la compasión de la multitud. Allí estaba Jesús ante la turba con sus supuestos mantos reales, coronado de espinas, sangrante y pálido por su reciente flagelación, y, sin embargo, evidenciaba un porte real. Seguramente -pensó Pilato- las demandas de los caudillos judíos quedarán satisfechas. Pero en esto estaba engañado.
No hay modo de saber por qué Pilato usó el término "hombre". Sin saberlo, pronunció una gran verdad. Aquel que estaba ante él, el Verbo eterno (ver com. cap. 1: 1) se había hecho hombre (ver com. cap. 1: 14). Ciertamente, era el Hijo del Hombre (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10), pero también era el Hijo de Dios (ver com. Luc. 1: 35). Su encarnación y muerte ganaron para nosotros la salvación eterna.
6.
Tomadle.
Las palabras "y crucificadle" demuestran que Pilato no estaba entregando el asunto al sanedrín, pues la crucifixión era una forma de pena capital romana. Si los judíos hubieran aplicado la pena máxima, hubiera sido por apedreamiento (ver com. cap. 18: 32). Pilato parece haber estado hablando con exasperación y con airado sarcasmo: "Si demandáis la crucifixión, vosotros [en este caso. pronombre enfático en griego] debéis ejecutar la sentencia; yo no encuentro falta en él".
No hallo delito.
Esta es la tercera vez en que Pilato menciona el hecho (cap. 18: 38; 19: 4).
7.
Según nuestra ley.
Ver com. Juan 18: 32; cf. Lev. 24: 16.
Hijo de Dios.
Ver com. cap. 5: 18; 10: 33.
8.
Tuvo más miedo.
La carta de su esposa en la que le informaba de su sueño (Mat. 27: 19), dio lugar a la ocasión anterior para que tuviera miedo. La intimación de que Jesús fuera un ser sobrenatural lo llenó de malos presentimientos.
9.
Pretorio.
Ver com. Mat. 27: 2.
¿De dónde eres tú?
El temor ante la posibilidad de que Jesús fuera algún ser sobrenatural provocó una pregunta adicional de Pilato en cuanto al origen de Jesús. No tenía interés en conocer el país de origen de Cristo, pues ya sabía eso (Luc. 23: 6-7). Pero se apoderó de él un misterioso temor ante el pensamiento de que el noble ser que estaba ante él pudiera ser divino.
No le dio respuesta.
Comparar con el silencio ante Caifás (Mat. 26: 63) y ante Herodes (Luc. 23: 9). Pilato había tenido su oportunidad de aprender la verdad (ver com. Juan 18: 38). Mayores explicaciones no habrían servido para nada. Jesús sabía cuándo hablar y cuándo quedar callado.
10.
¿No me hablas?
Pilato se irritó por lo que podría llamarse un desacato a la autoridad de un juez.
11.
Si no te fuese dada.
Ver com. Dan. 4: 17; Rom. 13: 1.
El que a ti me ha entregado.
No se trata de Judas (cap. 6: 71; 12: 4; 13: 2; 18: 2), pues éste no entregó a Jesús a las autoridades romanas. El acusado aquí es Caifás, como sumo sacerdote y como el funcionario más encumbrado que representaba a los judíos (cf. cap. 18: 35).
Mayor pecado.
Caifás ejercía una autoridad delegada, pero al mismo tiempo pretendía ser adorador del Dios que delega la autoridad, y afirmaba ser el intérprete de la ley divina ante el pueblo; por lo tanto, su culpa era mayor. También había pecado contra una luz mayor. Jesús había dado repetidas pruebas de su divinidad, pero los líderes judíos habían endurecido sus corazones ante los rayos de luz.
El hecho de que el pecado de Caifás fuera "mayor", no significa que Pilato fuera inocente. El gobernador romano tuvo su parte 1037 de responsabilidad. Podría haber rehusado entregar a Jesús. El Salvador habría sido muerto, pero la culpa no habría recaído sobre Pilato.
12.
Soltarle.
La respuesta de Jesús (vers. 11)incremento los temores de Pitato. El endurecido gobernante quedó profundamente impresionado por las palabras y la conducta del misterioso personaje que estaba ante él.
Amigo de César.
Es decir, alguien que apoyaba firmemente a César. Al fin los judíos habían encontrado un argumento que iba a resultar eficaz. Su respuesta fue una amenaza, pues si el emperador sabía que Pilato había procurado amparar a un pretendiente al título de rey, iba a peligrar la posición del gobernante. Esa amenaza contra su seguridad indujo a Pilato a olvidar el temor religioso con que había considerado al preso.
La respuesta de los líderes fue completamente hipócrita. ¿Eran amigos del César los acusadores? Entre todos los pueblos, ninguno era un enemigo más enconado del yugo romano que los judíos, y, sin embargo, tuvieron la duplicidad de fingir ser celosos por el honor del César, a quien tanto despreciaban.
13.
Llevó fuera a Jesús.
Es decir, salió del pretorio adonde Pilato había hecho llevar a Jesús para tener con él una entrevista privada (vers. 9). Los dirigentes judíos no estaban dispuestos a entrar en el pretorio para no contaminarse y quedar impedidos de participar de la pascua (cap. 18: 28).
Tribunal.
Quizá en una silla improvisada que se dispuso afuera, puesto que los judíos querían entrar en el aposento del tribunal mismo.
Enlosado.
Gr. lithóstrÇton, que significa un pavimento de mosaico, quizá de mármol.
Gabata.
"Gabbatá" (BJ). Palabra de etimología dudosa. Algunos la hacen derivar del arameo geba', "ser alto", por lo que sería un lugar elevado. Habría estado apenas fuera del pretorio. En cuanto a la ubicación de este último, ver com. Mat. 27: 2.
14.
Preparación de la pascua.
Gr. paraskeu' tóu pásja. Esta frase sin duda equivale al Heb. 'éreb happésaj, "víspera de la pascua", término usual en la literatura rabínica para designar al 14 de Nisán (ver Mishnah Pesahim 4. 1, 5-6; 5. 1; 10. 1; cf. Pesahim 1.1, 3; 3. 6; 4. 7; 5. 4, 9; 7. 9). La expresión podría compararse con "la víspera" del sábado, que usaban los judíos para designar al día anterior al sábado. Su equivalente griego es paraskeu' (Mar. 15: 42; Luc. 23: 54). Paraskeu' todavía es el nombre del día viernes en el griego moderno. En el año de la crucifixión la Paraskeu' de la pascua coincidió con la Paraskeu' o "preparación" para el sábado (Juan 19: 31, 42).
De este modo, Juan parece indicar el día 14 de Nisán como el de la crucifixión. Los que sostienen que la crucifixión se efectuó el día 15 de Nisán explican que "preparación de la pascua" significa el viernes de la semana de la pascua. Un uso tal de esa expresión no se puede demostrar en ninguna otra parte. Juan emplea la palabra Paraskeu' para referirse al día que precede al sábado (vers. 31, 42). El problema del día de la crucifixión se trata en la primera Nota Adicional de Mat. 26.
En un comentario al Talmud (considerado legendario por algunos eruditos), fechado por el año 200 d. C., se dice lo siguiente: "En la tarde antes de la fiesta de la pascua colgaron a Jesús [Yeshua]. Antes de esto, sin embargo, un heraldo había caminado delante de él por cuarenta días clamando, 'Este hombre va a ser apedreado porque ha practicado la magia y ha pervertido y dividido a Israel. Que todo aquel que sepa algo en su favor venga y pleitee por él'. Pero no hallaron nada en su favor y lo colgaron en la víspera de la pascua" (Baraita Sanhedrin 43a).
Hora sexta.
Probablemente, empleando el cómputo romano del tiempo, aproximadamente las 6 de la mañana. Según el cómputo tradicional judío, la hora sexta sería como a mediodía. El Evangelio de Juan fue escrito cerca de la terminación del siglo I, y principalmente para creyentes gentiles (ver com. cap. 1: 38). Aquí se presenta la hora en términos familiares para ellos (ver com. Mat. 27: 45). En otras partes Juan parece computar las horas del día a partir de la salida del sol y no de la medianoche (cap. 4: 6, 52; 11: 9).
¡He aquí vuestro Rey!
Evidentemente, un aguijonazo irónico contra los judíos.
15.
No tenemos más rey que César.
Estas palabras fueron dichas a la ligera, pues los judíos no estaban dispuestos a abandonar su esperanza mesiánica ni a repudiar formalmente a Dios como a su Rey (ver Juec. 8: 23; 1 Sam. 8: 7; 12: 12). Su subterfugio revela su ansiedad de terminar con Jesús; pero con esta afirmación se apartaron de la relación del pacto con Dios y no fueron más su pueblo escogido (ver DTG 686-687).
16.
Lo entregó a ellos.
Juan no menciona 1038 cuando Pilato se lavó las manos (Mat. 27: 24). Jesús no fue entregado a los judíos sino a las autoridades romanas encargadas de cumplir la sentencia de crucifixión.
17.
Cargando su cruz.
[La crucifixión, Juan 19: 17-37 = Mat. 27: 31b -56 = Mar. 15: 20-41 = Luc. 23: 26-49. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 215; diagramas pp. 222-223.] Los diversos acontecimientos ocurridos en el camino al Calvario pueden verse en Luc. 23: 26-32.
18.
Le crucificaron.
Ver com. Mat. 27: 33-35.
21.
No escribas.
Sólo Juan registra esta protesta. Para lo que ella implicaba, ver com. Mat. 27: 37.
22.
He escrito.
Pilato estaba muy molesto con los judíos, y resolvió no concederles nada más. Debido a la presión de ellos -en contra de la advertencia de su esposa y de su propia conciencia- había condenado a un inocente. Ahora demostró que podía ser firme si así lo quería.
23.
Hicieron cuatro partes.
Los verdugos se quedaron con la vestimenta. Sólo Juan menciona el número de soldados. Se ha sugerido la siguiente división: el turbante (o su equivalente), las sandalias, el cinturón y la prenda de vestir externa con flecos o tallith (Robertson). No se dice qué pasó con las vestimentas de los ladrones crucificados.
Túnica.
Gr. jitÇn, una prenda de vestir interior (ver com. Mat. 5: 40).
Sin costura.
Esta prenda puede haber sido tejida a la manera de la que usaba el sumo sacerdote, que Josefo describe así: "Pero esta túnica no está compuesta de dos piezas que deben ser cosidas en los hombros y en los costados: es un género tejido, largo, con una abertura para el cuello" (Antigüedades iii. 7. 4).
24.
Para que se cumpliese.
Este pasaje podría traducirse: "Como resultado, la Escritura fue cumplida" (ver com. Mat. 1: 22; Juan 9: 3; cf. com. Juan 11: 4; 12: 38).
Repartieron.
La cita es de Sal. 22: 18.
25.
Su madre.
Juan no menciona el nombre de ella en su Evangelio. Jesús no olvidó a su madre en medio de su dolor físico y su sufrimiento mental. La vio cuando estaba allí al pie de la cruz. Bien sabía su angustia y la entregó al cuidado de Juan.
Y la hermana de su madre.
No es claro si en este versículo Juan menciona a tres o a cuatro mujeres. Es posible que las frase "la hermana de su madre" y "María mujer de Cleofas" estén en aposición. Cleofas podría ser el Cleofas de Luc. 24: 18 (ver allí el comentario). No es posible saber la identidad exacta sin tener referencias adicionales.
María Magdalena.
En cuanto a su identidad, ver Nota Adicional com. Luc. 7.
26.
A quien él amaba.
Ver com. cap. 13: 23.
Mujer.
En cuanto a esta forma de trato, ver com. cap. 2: 4.
He ahí tu hijo.
La relación entre Juan y Jesús era más íntima que la relación de Jesús con cualquiera de los otros discípulos (ver pp. 869-870), y, por lo tanto, el apóstol podía cumplir con los deberes de un hijo más fielmente que los otros. El hecho de que Jesús dejara a su madre al cuidado de un discípulo, demuestra que José había muerto, y algunos piensan que esto indica que María no tenía otros hijos, por lo menos en condiciones de cuidar de ella. Los hermanos mayores de Jesús -hijos de José, de un matrimonio anterior (ver com. Mat. 12: 46)-, en ese tiempo no creían en Cristo, y tal vez el Señor pudo haber pensado que el proceder de ellos para con María habría sido de crítica y de falta de simpatía, como lo había sido con él (ver com. Juan 7: 3-5).
28.
Todo estaba consumado.
Cf. Hech. 13: 29.
Se cumpliesen.
Cf. Sal. 69: 20-21.
29.
Vinagre.
Esta es la segunda bebida que se le ofreció a Jesús (ver com. Mat. 27: 34, 48).
30.
Consumado es.
Jesús había completado la obra que su Padre le había dado para que hiciera (cap. 4: 34). De acuerdo con lo establecido, se había cumplido cada paso del plan de la redención forjado antes de la fundación del mundo (ver com. Luc. 2: 49). Satanás había fracasado en sus intentos de desbaratar ese plan. La victoria de Cristo aseguraba la salvación de los hombres (DTG 706-713).
31.
Preparación.
Gr. Paraskeu' (ver com. vers. 14).
No quedasen en la cruz.
De acuerdo con Deut. 21: 22-23, los cuerpos no debían quedar en un "madero" durante la noche, sino que tenían que ser sepultados en el mismo día. El hecho de que el día siguiente fuera sábado hacía aún más imperativo que se cumpliera con esa orden.
Gran solemnidad.
Sin duda, se lo presenta como una "gran solemnidad" porque ese sábado también era el primer día de los panes sin levadura (Lev. 23: 6; ver la primera Nota Adicional de Mat. 26). El uso de la expresión 1039 "gran solemnidad" ("muy solemne", BJ) no se puede explicar por medio de la literatura judía de la época. Los que sostienen que el día de la crucifixión de Jesús fue el 15 de Nisán, argumentan que ese sábado fue "solemne" debido a que el sábado semanal coincidió con el día cuando se mecía "la gavilla" "de los primeros frutos" (Lev. 23: 9-14). Sin embargo, Jesús resucitó en el día cuando se ofrecían los primeros frutos como un cumplimiento exacto de los símbolos (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26; cf. DTG 728-730).
Se les quebrasen las piernas.
Con el propósito de acelerar la muerte.
33.
Ya muerto.
Era sumamente extraño que la muerte ocurriera tan pronto después de la crucifixión. Algunas víctimas vivían durante varios días. Orígenes, que vivió en el tiempo cuando todavía se practicaba la crucifixión, menciona que la mayoría de las víctimas sobrevivían toda la noche y el día siguiente (Orígenes, Comentario sobre Mateo, sec. 140; Migne, Patrologia Graeca, t. 13, col. 1793; ver también Eusebio, Historia eclesiástica, viii. 8).
34.
Sangre y agua.
Se han presentado varias explicaciones para este fenómeno. Ya en 1847 el Dr. W. Stroud (Physical Cause of the Death of Christ) sugirió que la sangre y el agua constituían una evidencia de que Jesús murió de la rotura física del corazón, pero falta la comprobación de esta teoría. Es evidente que Jesús murió con el corazón quebrantado como resultado de la horrible presión del peso de los pecados del mundo (DTG 717); pero es arriesgado tratar de llegar a un diagnóstico preciso contando con los escasos detalles del relato evangélico. Sin duda fue abundante el flujo de sangre y agua, puesto que normalmente la sangre no fluye de un cadáver, o por lo menos no fluye copiosamente. Juan llama especialmente la atención a este flujo y lo afirma con un testimonio solemne (vers. 34-35). Se ha sugerido que hace resaltar ese hecho a fin de exponer la realidad de la verdadera humanidad de Jesús para combatir así el docetismo, que era la herejía de sus días. Según esa herejía, Jesús se había encarnado sólo en apariencia. Los padres de la iglesia le daban una interpretación sumamente alegórico a este pasaje.
36.
No será quebrado.
Ver com. Exo. 12: 46.
37.
Al que traspasaron.
Ver com. Zac. 12: 10.
38.
José de Arimatea.
[La inhumación, Juan 19: 38-42 = Mat. 27: 57-61 = Mar. 15: 42-47 = Luc. 23: 50-56. Comentario principal: Mateo y Marcos.] Los cuatro Evangelios describen la participación de José en la sepultura de Jesús. Sólo Juan observa que era un discípulo secreto.
39.
Nicodemo.
Ver com. cap. 3: 1.
Mirra.
Ver com. Mat. 2: 11.
Aloes.
Mejor "áloe" (BJ). Resina aromática del árbol Aquilaria agallocha. Este producto se menciona sólo aquí en el NT, y en el AT en Núm. 24: 6; Sal. 45: 8; Cant. 4: 14.
Libras.
Gr. lítra, unos 330 g (ver com. cap. 12: 3). Por lo tanto, "como cien libras" serían unos 33 kg. Esta gran cantidad sin duda fue comprada a un costo elevado.
41.
Huerto.
Sólo Juan menciona este detalle.
42.
Preparación.
Gr. Paraskeu' (ver com. vers.14).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-16 DTG 680-689
4 DTG 697
4-5 DTG 684
6 HAp 35; PE 109
6-11 DTG 685
11-12, 14-15 DTG 686
15 COES 51; DTG 694; PP 509; PVGM 236
16-30 DTG 690-705
18 DTG 699
19, 21-22 DTG 694
24 DTG 695
25 DTG 693; PE 175
26-27 DTG 700; ECFP 69; HAp 430; PE 177
27-28 SR 224
28 DTG 98
30 CS 396, 558; DTG 455, 633, 656, 681, 704, 706, 713, 716, 721, 731, 774; 1JT 228-229, 472; PE 177, 179, 183, 209, 252, 281; PP 56; SR 227
33 DTG 716
34 PE 209
34-37 DTG 717
36 PP 282
37 FE 197
38-42 HAp 86; SR 227
39 DTG 718
40-42 DTG 719 1040
CAPÍTULO 20
1 María va al sepulcro, 3 y también Pedro y Juan, que ignoran la resurrección. 11 Jesús se aparece a María Magdalena, 19 y a sus discípulos. 24 Incredulidad y confesión de Tomás. 30 Propósito de las Escrituras.
1 EL PRIMER día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.
6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.
22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes remitierais los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuvierais, les son retenidos.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las 1041 les no están escritas en este libro.
31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
1.
Primer día de la semana.
[La resurrección, Juan 20: 1-18 = Mat. 28: 1-15 = Mar. 16: 1-11 = Luc. 24: 1-12. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 216; diagramas pp. 222-224.] El tema de la secuencia de los acontecimientos del cap. 20 se trata en la Nota Adicional com. Mat. 28.
2.
Al que amaba Jesús.
Ver com. cap. 13: 23.
3.
Fueron al sepulcro.
El hecho relatado en los vers. 3-10 refleja notablemente los diferentes temperamentos de Pedro y Juan. Juan era tranquilo, reservado, de sentimientos profundos (ver com. Mar. 3: 17). Pedro era impulsivo, entusiasta y apresurado (ver com. Mar. 3: 16). Cuando recibieron la noticia de María, cada uno de ellos reaccionó en su forma característica.
7.
Sudario.
Gr. soudárion (ver com. cap. 11: 44). El hecho de que los lienzos y el sudario estuvieran cuidadosamente guardados muestra que no se trató de un robo perpetrado en la tumba. Los ladrones no se hubieran tomado la molestia de quitarle las envolturas al cadáver.
8.
Creyó.
Es decir, creyó que Jesús había resucitado. Sin duda recordó la predicción de la resurrección de Jesús. Tal vez Pedro era más escéptico. Lucas registra que Pedro se maravilló "de lo que había sucedido" (cap. 24: 12).
9.
No habían entendido la Escritura.
No entendían las Escrituras del AT que predecían la resurrección. Eran como los discípulos que iban a Emaús, a quienes Jesús reprochó con las palabras: "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!" (Luc. 24: 25; cf. vers. 26-27). En el AT hay una significativa predicción de la resurrección, en Sal. 16: 10 (cf. Hech. 2: 24-28).
10.
A los suyos.
"A casa" (BJ). Tal vez la madre de Jesús ya estaba en casa de Juan, y el discípulo "al que amaba Jesús" (vers. 2) compartiría con ella la noticia.
11.
María estaba.
María Magdalena había seguido a Pedro y a Juan a la tumba, pero, sin duda, había ido con menos prisa. Estaba abrumada de dolor. Sus ojos llenos de lágrimas y su estado emotivo le impidieron reconocer a los visitantes celestiales, que tenían noticias que habrían calmado su dolor.
12.
Con vestiduras blancas.
Generalmente se describe a los ángeles con esta clase de vestidura (Mat. 28: 3; Luc. 24: 4; Hech. 1: 10).
13.
Mujer.
Ver com. cap. 2: 4.
No sé dónde.
Indudablemente, no reconoció que esos seres eran ángeles "enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (Heb. 1: 14). No se nos dice quiénes se imaginó que eran los que estaban en la tumba. No esperó una respuesta, sino se dio vuelta.
14.
No sabía.
Quizá sus ojos estaban "velados" como los de los discípulos en el camino a Emaús (Luc. 24: 16). O tal vez estaban demasiado llenos de lágrimas para que pudiera ver con claridad.
Era Jesús.
Esta es la primera aparición después de la resurrección (Mar. 16: 9).
15.
¿Por qué lloras?
La misma pregunta que hicieron los ángeles (vers. 13). Estas son las primeras palabras que se registran del Salvador resucitado.
María no abrigaba ninguna esperanza de resurrección. Su única preocupación era recuperar el cuerpo de su Señor. Podía sepultarlo en la misma tumba en que había estado su hermano, pero que había sido vaciada por Jesús (Juan 11: 1, 38; ver Nota Adicional com. Luc. 7).
16.
¡María!
Evidentemente, Jesús la llamó en un tono que para ella era familiar. Una gran emoción la embargó cuando comprendió que había resucitado su Señor.
Le dijo.
"Le dice en hebreo" (BJ). La evidencia textual establece (cf. p. 147) la añadidura de las palabras "en hebreo".
¡Raboní!
Gr. rabbouní, transliteración del arameo rabbuni, que significa literalmente "mi grande", y que se usa para dirigirse a los maestros. Este término equivale esencialmente a "rabí" (ver com. Mat. 23: 7; Juan 1: 38).
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña". "Raboní" quizá fuera el saludo habitual de María (cf. cap. 11: 28).
17.
No me toques.
El griego puede interpretarse con el significado de "deja de tocarme" (lo que implicaría que María estaba abrazando los pies de Cristo), o "detén el intento de tocar". Este es indudablemente el significado aquí. La objeción no indica que hubiera sido pecaminoso o malo tocar el cuerpo resucitado. 1042 Más bien apremiaba el tiempo. Jesús no quería detenerse para recibir el homenaje de María. Primero deseaba ascender a su Padre para recibir allí la seguridad de que su sacrificio había sido aceptado (DTG 734). Después de su ascensión temporaria, Jesús permitió sin ninguna protesta que lo tocaran (Mat. 28: 9); lo que ahora le pedía a María era que pospusiera ese acto.
Mis hermanos.
Es decir, los discípulos.
A mi Padre y a vuestro Padre.
No "nuestro Padre". Quizá con el propósito de mostrar que hay ciertas importantes diferencias entre la relación de Cristo con el Padre y la nuestra. "Padre" y "Dios" aquí aparecen claramente como sinónimos.
18.
Dar a los discípulos.
María procedió inmediatamente a hacer lo que se le había dicho. Sin embargo, los discípulos persistían en su incredulidad (Mar. 16: 11; Luc. 24: 11).
19.
La noche.
[Primera aparición en el aposento alto, Juan 20: 19-23 = Mar. 16: 13 = Luc. 24: 33-49. Comentario principal: Lucas y Juan. Ver mapa p. 216; diagrama p. 223.] Esta reunión es, sin duda, la misma que se describe en Luc. 24: 36-48. La reunión se efectuó poco después de que los dos discípulos volvieron de Emaús cuando ya era tarde, de noche (ver com. Luc. 24: 33).
Primero de la semana.
Es decir, de acuerdo con el cómputo romano que hacía comenzar los días a medianoche. Según el cómputo judío, que hacía comenzar los días con la puesta del sol, la reunión se efectuó en el segundo día de la semana.
Por miedo de los judío.
Esta frase puede tener relación con "las puertas cerradas" o con "los discípulos estaban reunidos". La construcción del texto griego y el contexto favorecen la primera posibilidad. El lugar de su reunión era el aposento alto donde habían celebrado la pascua (ver com. Luc. 24: 33). Parece improbable que los discípulos hubieran procurado ocultarse en un lugar tan bien conocido como ése. Sin embargo, tener las puertas trancadas para protegerse de los enemigos es perfectamente comprensible (cf. DTG 743). La siguiente traducción ilustra esa clase de relación entre las frases: "Estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar" (BJ).
22.
Recibid el Espíritu Santo.
Este fue un cumplimiento preliminar y parcial de la promesa de los cap. 14: 16-18; 16: 7-15. El derramamiento pleno vino unos 50 días más tarde, en el Pentecostés (Hech. 2).
23.
A quienes remitierais los pecados.
Jesús habla aquí a los discípulos como representantes de su iglesia en la tierra, en cuyo conjunto él había confiado la responsabilidad de velar por los intereses espirituales y las necesidades de sus miembros individuales. Jesús ya les había explicado ampliamente cómo tratar con los miembros descarriados: primero, personalmente (ver com. Mat. 18: 1-15, 21-35); y después, con la autoridad de la iglesia (ver com. vers. 16-20). Ahora reitera las instrucciones dadas en la ocasión anterior.
La iglesia debe trabajar fielmente por la restauración de sus miembros descarriados, debe estimularlos para que se arrepientan y se aparten de sus malos caminos. Cuando existe la evidencia de que se han arreglado las cosas con Dios y con el hombre, la iglesia debe aceptar el arrepentimiento como genuino, debe exonerar al pecador de las acusaciones que pesaron sobre él (debe "remitir" sus "pecados") y recibirlo de nuevo en plena comunión. Tal remisión de pecados es ratificada en el cielo. En realidad, Dios ya ha aceptado y perdonado al arrepentido (ver com. Luc. 15: 1-7). Sin embargo, las Escrituras explícitamente enseñan que la confesión del pecado y el arrepentimiento de él deben dirigirse directamente al trono de la gracia en el cielo (Hech. 20: 21; 1 Juan 1: 9), y que la remisión de los pecados del alma sólo proviene de los méritos de Cristo y de su mediación personal (1 Juan 2: 1). Dios nunca ha delegado esta prerrogativa a los falibles mortales, los que con mucha frecuencia necesitan de la misericordia divina y de la gracia de Dios, aunque hayan sido nombrados como dirigentes de la iglesia (ver DTG 745-746; com. Mat. 16: 19).
Les son remitidos.
Cuando falta la evidencia de un arrepentimiento genuino, han de ser "retenidas" las acusaciones presentadas contra un miembro descarriado. El cielo reconocerá la decisión de la iglesia, pues nadie puede estar en buena relación con Dios cuando está voluntariamente reñido con sus prójimos. El que desprecia el consejo de los representantes de Dios nombrados en la tierra, no puede esperar disfrutar del favor de Dios. Hay una ilustración de la forma en que operaba este principio en la iglesia primitiva en Hech. 5: 1-11.
24.
Tomás.
[Segunda aparición en el aposento alto, Juan 20: 24-29 = Mar. 16: 14. Comentario 1043 principal: Juan. Ver el mapa p. 216; diagrama p. 223.] Ver com. Juan 11: 25; cf. com. Mar. 3: 18.
25.
Al Señor hemos visto.
Comparar con el mensaje de María (vers. 18).
Si no viere.
Dios siempre da a los hombres suficiente evidencia en la cual fundamentar su fe, y los que están dispuestos a aceptarla, siempre pueden hallar el camino para llegar al Señor. Al mismo tiempo, el Altísimo no obliga a los hombres para que crean en contra de la voluntad de ellos, pues si así procediera él, los despojaría del derecho de usar su libre albedrío. Si todos los hombres fueran como Tomás, las generaciones posteriores nunca podrían llegar a un conocimiento del Salvador. En realidad, nadie -fuera de los pocos centenares que con sus propios ojos vieron al Señor resucitado- habría creído en él. Pero a todos los que lo reciben por fe y creen en su nombre (ver com. cap. 1: 12), el cielo les reserva una bendición especial: "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (cap. 20:29).
No creeré.
En griego dice: "De ninguna manera creeré".
26.
Ocho días después.
Es decir "ocho días", según el cómputo inclusivo, o sea, el domingo siguiente (ver p. 240; Nota Adicional com. Mat. 28). De acuerdo con el cómputo judío, la nueva reunión se realizó una semana más tarde, quizá otra vez por la noche (ver com. vers. 19). El sistema de computar el tiempo puede verse en las pp. 239-242.
Algunos han atribuido un significado especial al hecho de que está segunda reunión de Jesús con los discípulos ocurriera en el primer día de la semana. Han insistido en que ese fue el comienzo de la conmemoración del día de la resurrección, la ocasión para la santificación y la consagración del domingo como un día de culto. Si tal hubiera sido el propósito de la reunión, de seguro esperaríamos alguna mención de un hecho tan importante; pero no hay el menor indicio de un propósito tal. Por otro lado, el relato suministra una razón válida para que se efectuara la reunión: Tomás, el discípulo escéptico, estuvo presente, y Jesús vino para robustecer su fe.
Estando las puertas cerradas.
Quizá por miedo a los judíos, como la vez anterior (ver com. vers. 19).
Paz a vosotros.
El saludo es el mismo de la vez anterior (vers. 19).
27.
Pon aquí tu dedo.
El Señor sabía lo que abrigaba el corazón de Tomás, y cuando llegó inmediatamente dirigió su atención al discípulo incrédulo. Le ofreció la prueba exacta que él pedía, aunque la petición hubiera sido irrazonable (vers. 25). No se dice que Tomás hubiera hecho uso del ofrecimiento. El hecho de que el Señor leyera las dudas de su corazón con tanta exactitud, fue para él una prueba convincente de la resurrección.
28.
Señor mío.
Gr. ho kúriós mou. Tomás usa el título con su significado más excelso (ver com. cap. 13: 13). Kúriós (Señor) en la LXX es la traducción del Heb. YHWH, el nombre divino que se translitera en castellano como "Jehová" (RVR) y como "Yahveh" (BJ). (Ver t. I, pp. 180-182.) Mediante esta confesión, Tomás relacionó al que estaba ante él con el Jehová del AT. Es evidente que más tarde una confesión tal llegó a ser una fórmula de fe (cf. 1 Cor. 12: 3).
Dios mío.
Gr. ho theós mou. Theós (Dios) es en la LXX la traducción del Heb. 'Elohim, el título divino de "Dios". En el NT Theós por lo general se usa para el Padre (Rom. 1: 7; 1 Cor. 1: 3; etc.); pero aquí, como en Juan 1: 1 (ver allí el comentario), la palabra atribuye la deidad a Cristo. Aunque había muchas cosas acerca de la relación de las Personas de la Deidad que Tomás todavía no comprendía claramente, su confesión fue más profunda y más abarcante en sus alcances e implicaciones que las que habían hecho antes otros de los discípulos (por ejemplo, ver Mat. 16: 16).
29.
Me has visto.
Parece que Tomás no había aceptado la invitación de tocar las huellas de los clavos y la cicatriz dejada por el lanzazo (vers. 27); pero a lo menos demandaba comprobarlo con sus ojos. No estaba dispuesto a creer basándose en el testimonio de otros únicamente. Jesús reprochó su falta de fe y alabó a los que estaban dispuestos a creer sin la comprobación de sus sentidos.
Bienaventurados.
Gr. makários (ver com. Mat. 5: 3).
30.
Señales.
[Epílogo del Evangelio de Juan, Juan 20:30-31; 21:24-25.] Gr. s'méion (ver p. 198). "Muchas" en este versículo puede referirse a las otras "señales" con las cuales estaba familiarizado el lector por otros relatos de la vida de Cristo que ya se estaban divulgando.
31.
Estas se han escrito.
Juan aquí resume el propósito de lo que escribió y el plan que siguió al elegir el material. No tenía la meta de presentar una historia completa de Jesús, 1044 ni siquiera una biografía que abundara en detalles. Eligió las "señales" que formaban el fundamento de su tema y que eran el propósito por el cual escribía.
Jesús es el Cristo.
Jesús era el nombre que Cristo usó como ser humano (ver com. Mat. 1: 21). Era su nombre personal, el nombre con el cual lo conocieron sus contemporáneos. Para muchos, ese nombre sólo identificaba al hijo del carpintero. El propósito de Juan era demostrar que el Jesús que los hombres conocían ciertamente era el Mesías. "Cristo" significa "Mesías" (ver com. Mat. 1: 1).
Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35.
Vida.
Gr. zÇ' (ver com. cap. 1: 4; 8: 51; 10: 10). Cf. cap. 6: 47; ver com. cap. 3: 16.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-18 DTG 732-737
2 CS 476; DTG 733
2-4 HAp 430
3-4 ECFP 70
5-12 DTG 733
13 CS 455; DTG 737; PE 186, 239, 243; SR 371
13-17 DTG 734
15 MeM 188
16-17 PE 186
17 DTG 699, 774; HAd 493; MB 163
17-18 Ev 344; MB 152
19 HAp 22
19-29 DTG 743-748
20 CS 476; DTG 744
21-22 2JT 530
22 MeM 38; PVGM 263; TM 217
22-23 DTG 745
23 1JT 446
24 DTG 747
24-29 PE 187
25 1T 328; 2T 696; 4T 233
25-29 DTG 747
27-29 2T 104, 696
28 DTG 748; 6T 416
29 1T 492; 4T 233
31 CC 50; DTG 369
CAPÍTULO 21
1 Cristo se aparece de nuevo a sus discípulos, quienes lo reconocen por la gran cantidad de peces que sacan del mar. 12 Come con ellos. 15 Pide con insistencia a Pedro que alimente a sus ovejas y corderos. 18 Predice cómo morirá Pedro. 22 Reprende la curiosidad de éste en cuanto a la suerte de Juan. 25 Conclusión.
1 DESPUÉS de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también, contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.
6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.
7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar.
8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.
9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.
10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.
11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta 1045 y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.
12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado.
14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?
22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
Después de esto.
[Aparición junto al mar de Galilea, Juan 21:1-23.] Es decir, entre la segunda aparición en el aposento alto (cap. 20: 26-29) y la aparición en una montaña de Galilea (Mat. 28: 16-20). Resulta evidente porque ahora se describe como "la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos" (Juan 21: 14). Ver Nota Adicional de Mat. 28.
Mar de Tiberias.
Ver com. cap. 6: 1.
2.
Simón Pedro.
Ver com. Mar. 3: 16.
Tomás.
Ver com. Mar. 3: 18.
Dídimo.
Ver com. cap. 11: 16.
Natanael.
Ver com. Mar. 3: 18; Juan 1: 45.
Caná de Galilea.
Ver com. cap. 2: 1.
Hijos de Zebedeo.
Es decir, Jacobo y Juan, que sólo aquí son llamados de esa manera por Juan (Mat. 4: 21; Mar. 10: 35).
3.
Voy a pescar.
La pesca había sido el oficio de Pedro antes de que se convirtiera en discípulo de Jesús (Mat. 4: 18-20). Jacobo y Juan también eran pescadores (Mat. 4: 21). Sin duda, en esa ocasión su propósito era el de aumentar sus escasos recursos. Los discípulos no estaban abandonando su vocación más excelsa. Habían ido a Galilea para encontrarse con su Maestro (ver com. Mat. 28: 16; DTG 749-750).
Aquella noche.
Debido a la claridad de las aguas del mar de Galilea, la noche era el momento apropiado para pescar (ver com. Luc. 5: 5).
No pescaron nada.
Como en la ocasión anterior (ver com. Luc. 5: 5).
4.
No sabían.
Quizá los ojos de ellos estaban "velados" como los de los discípulos que iban en el camino a Emaús (Luc. 24: 16). Quizá todavía había poca luz. Tampoco María reconoció a Jesús cuando se le presentó por primera vez (Juan 20: 14-16).
5.
Hijitos.
En los Evangelios sólo se registra esta ocasión en que Jesús se dirige así a sus discípulos. Juan usa esta forma en su primera epístola (1 Juan 2: 13, 18). Moulton y Milligan sugieren que esta palabra podría aquí ser el equivalente de "muchachos", y citan una balada en la cual este término se aplica a soldados (The Vocabulary of the Greek Testament). Como quiera que fuere, la forma de hablar no identificó al que hablaba. Sin duda los discípulos pensaron que era un extraño.
Algo de comer.
"Pescado" (BJ). Gr. prosfágion, lo que se come además del pan; por ejemplo carne, pescado, huevos, verduras, etc. (cf. com. cap. 6: 9). El pan era el principal alimento de los judíos. Aquí, siendo que la pregunta 1046 se formula a pescadores, lo más probable es que prosfágion se refiera a pescado. La forma de la pregunta en griego muestra que se espera una respuesta negativa.
6.
A la derecha.
Este era el lado en que Jesús estaba en la orilla, y al pedirles que echaran la red a ese lado, quería enseñarles una lección de fe y de cooperación con el poder divino (DTG 751).
Gran cantidad de peces.
Este milagro haría recordar a los discípulos el milagro anterior cuando dejaron todo por seguir al Maestro (ver com. Luc. 5: 11).
7.
A quien Jesús amaba.
En cuanto a esta forma de denominar a Juan, ver com. cap. 13: 23. Juan fue el primero en reconocer al Maestro, así como también fue el primero en creer en la resurrección (cap. 20: 8).
Simón Pedro.
Pedro, impulsivo, ferviente, afectuoso, impetuoso y expresivo, respondió en su forma característica.
La ropa.
"El vestido de encima" (BJ). Gr. ependútes, "prenda exterior".
Se había despojado de ella.
"Pues estaba desnudo" (BJ). Gr. gumnós, palabra que aunque puede aplicarse para describir a una persona completamente desnuda, también puede referirse a uno que sólo se ha quitado las prendas exteriores, como debe ser el caso aquí. Sin duda Pedro deseaba estar debidamente vestido para saludar a su Maestro.
Al mar.
Probablemente, el agua era poco profunda. No debe haber necesitado nadar.
8.
La barca.
Gr. ploiárion, literalmente "bote", "barquito", "barca". En el vers. 3 la palabra también traducida como "barca" es plóion, "un barco". Por usarse ploiárion en el vers. 8, algunos han llegado a la conclusión de que la embarcación más grande fue abandonada debido a que el agua era poco profunda y que se usó otra más pequeña para arrastrar la red hasta la orilla. Sin embargo, es posible que se usen indistintamente plóion y ploiárion, como se ve con toda claridad en otros pasajes (cap. 6: 17, 19, 21-22, 24) que se refieren a un mismo hecho y en el que se trataba de una sola embarcación.
Como doscientos codos.
Unos 100 m.
9.
Brasas.
Cf. cap. 18: 18.
Pez.
Gr. opsárion (ver com. cap. 6: 9). Comparar con prosfágion (ver com. cap. 21: 5). Cristo previó el cansancio y el hambre de los desanimados pescadores. Los discípulos no preguntaron de dónde procedían los alimentos y el fuego.
10.
Traed de los peces.
Para añadirlos al alimento que estaba sobre las brasas.
11.
Subió.
Pedro respondió con su impulsividad característica.
Ciento cincuenta y tres.
El número exacto muestra que los peces fueron realmente contados. Algunos comentadores han forjado interpretaciones místicas y fantásticas en cuanto a este número. Por ejemplo, se ha dicho que el "tres" representa a la trinidad. Tales interpretaciones no merecen tomarse en cuenta.
12.
Comed.
Gr. aristáÇ, en este caso, "desayunar" '
Se atrevía a preguntarle.
Los discípulos comieron en silencio, asombrados y con reverencia. Por sus mentes pasaron muchos pensamientos que no se atrevieron a expresar.
13.
Tomó el pan.
Jesús era el bondadoso dador del alimento. El Códice Beza añade: "habiendo dado gracias". Pero aun sin esta añadidura puede darse por sentado que se elevó una oración de agradecimiento.
14.
Tercera vez.
Juan enumera sólo las apariciones a los discípulos, no las apariciones a las mujeres (Mat. 28: 9; Juan 20: 14-17). Las apariciones enumeradas son: (1) A los discípulos en el aposento alto, la noche del día de la resurrección (Juan 20: 19); (2) a los discípulos una semana más tarde, en el mismo aposento alto (Juan 20: 26); (3) a los discípulos, junto al mar de Galilea (ver Nota Adicional com. Mat. 28).
15.
Hubieron comido.
O "hubieron terminado de desayunar" (ver com. vers. 12).
Me amas.
Gr. agapáÇ. En su respuesta a la pregunta de Jesús, Pedro usa otro verbo para "amar", a saber, filéÇ. Estas dos palabras a veces se diferenciaban en su significado. Cuando hay diferencia, agapáÇ se refiere a una forma más excelsa de amor, un amor regido por principios y no por emociones; filéÇ tiene relación con un amor espontáneo, movido por una emoción. Hay un estudio de la diferencia de estos dos vocablos en com. Mat. 5: 43; Juan 11: 3. Los eruditos no están de acuerdo en cuanto a si las dos palabras tienen aquí un significado diferente o si se usan como sinónimos, como es el caso en Juan 14: 23; cf. cap. 16: 27.
En el registro de las dos primeras preguntas de Jesús se ha usado la palabra agapáÇ', y en las respuestas de Pedro, la palabra filéÇ. En la tercera vez aparece la palabra filéÇ en la pregunta de Jesús, y, como en las ocasiones anteriores, también filéÇ en la respuesta de 1047 Pedro. Si debe hacerse diferencia entre las dos palabras -lo que no se puede determinar con certeza-, es posible presentar la siguiente explicación: Dos veces Jesús le preguntó a Pedro si lo amaba con la forma más excelsa de amor (agapáÇ). Sin embargo, Pedro sólo admitió un sentimiento emanado de una amistad común: "Tú sabes que te amo [filéÇ]". La tercera vez en la pregunta se ha consignado la palabra que Pedro usó antes dos veces. En la tercera oportunidad, la pregunta es si realmente lo amaba como un amigo (filéÇ), lo cual el apóstol ya había admitido dos veces. Es evidente que para Pedro había una duda implícita en la tercera pregunta. De acuerdo con esta interpretación, le dolió no porque se le hubiera hecho la misma pregunta tres veces, sino porque la tercera vez Jesús cambió su pregunta y, aparentemente, puso en duda la sinceridad de las respuestas de Pedro.
Es posible que las tres preguntas de Jesús se relacionaran con las tres negaciones de Pedro. Tres veces el apóstol había negado a su Señor; ahora se le daba la oportunidad de confesarlo tres veces.
Más que éstos.
Gr. pléon tóutÇn. El pronombre tóutÇn puede tener por antecedente a cosas o a personas. Por lo tanto, la pregunta de Cristo podría entenderse de dos maneras en el texto griego. "¿Me amas más que a la barca y los aparejos de pesca [cosas]?"; es decir, más que a los instrumentos de que disponía Pedro para ganarse la vida. La segunda forma es: "¿Me amas más que éstos?", es decir, más que los otros discípulos. Teniendo en cuenta que los objetos materiales (barca, red, etc.) no han sido mencionados en el contexto inmediato, es mejor considerar que la referencia es a los discípulos (DTG 751-752).
Tú sabes.
La respuesta de Pedro es humilde. Ha desaparecido toda arrogancia.
Apacienta mis corderos.
Los corderos representaban a los que eran nuevos en la fe. Más tarde Pedro comparó a los ancianos de la iglesia con pastores y llamó "grey" a aquellos que debían ser alimentados (1 Ped. 5: 14). Los ministros de Dios son pastores que sirven a las órdenes del Pastor Supremo.
16.
La segunda vez.
Se repite la pregunta, pero sin la adición de "más que éstos" (vers. 15). El amor de Pedro es puesto en tela de juicio. Pedro da la misma respuesta humilde.
Pastorea.
"Apacienta" (BJ). Gr. poimáinÇ, muy similar al verbo bóskÇ (vers. 15). Este segundo verbo ha sido traducido como "apacienta" en la RVR. La BJ no hace diferencia entre los dos verbos griegos (pues traduce "apacienta" en los dos casos, y también en el vers. 17, donde se repite en griego el verbo bóskÇ). La diferencia de significado entre "apacentar" y "pastorear" es muy pequeña en nuestro idioma. El primero de los verbos se refiere más al hecho de dar pasto a los ganados. El segundo también da esa idea, pero le añade el cuidado general que debe tenerse de ellos. Es muy posible que ambas palabras se usen en este pasaje del NT como sinónimos o, por lo menos, como términos casi equivalentes. La responsabilidad de Pedro como pastor se hace resaltar más y se amplía. Si los "corderos" (vers. 15) eran las personas nuevas en la fe, las "ovejas" (vers. 16) sería un término general para referirse a todo el ganado o grey. A pesar de su fracaso, no se depuso a Pedro de su ministerio como "pescador" de hombres (Luc. 5: 10).
17.
La tercera vez.
En su tercera pregunta a Pedro, al referirse al verbo "amar", Jesús usó una palabra diferente de la empleada en las dos primeras interrogaciones. Es dudoso que hubiera una diferencia de significado. Ver com. vers. 15 en lo que atañe al significado de la pregunta si es que el nuevo verbo equivalente a "amar" ("querer", BJ) debe distinguirse del precedente.
Se entristeció.
Ver com. vers. 15 en lo que atañe a una posible causa de tristeza. Pedro sabía que había dado motivos a otros para que dudaran de su amor por su Maestro. Las repetidas preguntas le recordaron vívidamente las veces que negó vergonzosamente a su Maestro, y, como incisivos dardos, deben haberle herido el corazón.
Sabes todo.
La tercera vez Pedro omitió el "sí" (vers. 15-16). Recurrió al ojo que todo lo ve, que leía los secretos más íntimos de su vida.
Apacienta mis ovejas.
Jesús aquí repite la orden (cf. vers. 15-16). Pedro había demostrado que estaba plenamente arrepentido. Su corazón enternecido estaba lleno de amor. Ahora sí podía confiársele la grey
18.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Extenderán tus manos.
Una evidente referencia a la crucifixión (cf. vers. 19). De acuerdo con la tradición, Pedro murió crucificado cabeza abajo, debido a que pidió que no lo crucificaran como a su Maestro, pues ese hubiera 1048 sido un honor demasiado grande para quien había negado a su Señor (HAp 428-429).
19.
Dando a entender.
Cf. cap. 12: 33.
Glorificar a Dios.
Es decir, al morir como mártir silenciosamente testificaría del poder del cristianismo (cf. 1 Ped. 4: 16).
Sígueme.
Hay una reflexión en cuanto a esta orden en 1 Ped. 2: 21.
20.
Volviéndose.
Esta palabra y las palabras "les seguía", sugieren que Jesús había llevado a Pedro aparte y le había hablado en privado en cuanto a la naturaleza de su muerte, quizá mientras caminaban a la orilla del lago. Tal vez Juan los seguía a cierta distancia.
Al lado de él.
Ver com. cap. 13: 23.
21.
¿Y qué de éste?
Pedro había recibido una revelación notable acerca de su propio futuro y debiera haber quedado contento con lo que el Señor había creído conveniente revelarle. Pero el apóstol estaba curioso por saber el futuro de Juan. Jesús aprovechó la oportunidad para grabar en Pedro la importante lección de poner en primer lugar lo que es más importante.
22.
Si quiero.
Esta oración expresa una suposición que se aclara en el vers. 23. Algunos tergiversaron esto y lo interpretaron como una declaración afirmativa. En realidad, Cristo sólo había dicho: "Supongamos que yo quisiera que él quedara, eso no debería preocuparte a ti, Pedro". La respuesta fue como un reproche para Pedro. No debería estar demasiado ansioso por el porvenir de sus prójimos. Debía preocuparse por seguir a su Señor. Esto no significa que no debía tener un amante interés por el bienestar de su hermano. Pero un afán tal nunca debe ser un motivo para que no mantengamos la vista puesta en Jesús. El mirar demasiado intensamente a nuestro hermano puede inducirnos a caer donde él cae.
23.
No moriría.
Los hermanos creyeron que era una realidad lo que Jesús sólo había presentado como suposición o frase condicional (ver com. vers. 22). Evidentemente, creían que la venida de Jesús estaba muy próxima (Hech. 1: 6-7).
24.
El discípulo.
Ver com. cap. 20: 30. "El discípulo a quien amaba Jesús" (cap. 21: 20) se identifica como el autor del Evangelio (ver p. 869). Los vers. 24 y 25 son un clímax adecuado para todo el Evangelio (ver com. cap. 20: 30).
Estas cosas.
Se refiere a la narración de este capítulo, y también al Evangelio entero.
Sabemos.
No sabemos a quiénes se refiere esta forma plural del verbo. Otros, quizá los ancianos de Efeso (ver p. 870), querían afirmar que lo que había sido escrito era sin duda la verdad. Circulaban narraciones espurias, obra de autores inescrupulosos, y Juan deseaba fervientemente que se conocieran los hechos verdaderos.
25.
Otras muchas cosas.
En este versículo final Juan prorrumpe en una apasionada declaración acerca de las muchas cosas notables que había dicho y hecho su Maestro. Escribió su Evangelio teniendo en cuenta ciertos propósitos espirituales, y relató los acontecimientos y registró las cosas que contribuyeron a esos propósitos (ver p. 870). Los escritores de los otros Evangelios hicieron lo mismo. Por eso muchos de los hechos de Jesús quedaron sin ser registrados.
Ni aun en el mundo cabrían.
Este lenguaje es hiperbólico, pero sirve bien para hacer resaltar la inmensa cantidad de dichos y obras de Jesús. Una hipérbole similar, de la misma época en que escribió Juan, proveniente de Rabbán Johanán ben Zakkai, ha llegado hasta nosotros. Se registra que él dijo: "Si todo el cielo fuera un pergamino y todos los árboles cañas de escribir, y tinta todo el mar, eso no sería suficiente para consignar por escrito la sabiduría que he aprendido de mis maestros" (Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 2, p. 587). Esta figura literaria judaica ha sido popularizada en el himno evangélico "¡Oh amor de Dios!", de F. M. Lehman (Himnario adventista, Nº. 62). Comentando estas palabras finales de Juan, observa Calvino: "Si el evangelista, contemplando la grandeza de la majestad de Cristo, exclama con asombro que aun el mundo entero no podría contener el relato pleno de ella, ¿debiéramos asombrarnos por eso?"
Amén.
Ver com. Mat. 5: 18.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-22 DTG 749-756
3-13 DTG 749
6 3JT 193; 1T 436
15 CM 35; DTG 751; Ev 254; 2JT 463, 522; OE 190, 219; PVGM 119 1049
15-16 CM 194; COES 84; 5T 335
15-17 HAp 411, 429
16 DTG 753; Ev 254; OE 191
16-17 DTG 752
17 Ed 86; 1JT 514; PVGM 119
18 HAp 428
18-19 DTG 754
20 ECFP 69, 103
20-21 DTG 755
22 DTG 755; Ed 86; 3T 65; 4T 39; TM 337 1051