Evangelio Según SAN JUAN


CAPÍTULO 17

1 Cristo ruega a su Padre que lo glorifique, 6 que guarde a sus apóstoles 11 en la unidad 17 y la verdad, 20 para que sean glorificados con él en el cielo, y también todos los otros que crean.
1 ESTAS cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;
2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.
3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.
12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17 Santificalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA

1.
Estas cosas habló Jesús.
[La oración de intercesión de Jesús, Juan 17: 1-26.] Con esta oración terminan los consejos de despedida que Jesús comenzó en el aposento alto y continuó en el camino al Getsemaní. Esta oración es la más extensa de las oraciones de Jesús que se registran. Bengel dice respecto al cap. 17, que de todos los capítulos de las Escrituras es el más fácil en cuanto a las palabras; 1027 el más profundo en cuanto a las ideas. Esta oración se divide claramente en tres partes: (1) Oración por Cristo mismo (vers. 1-5); (2) oración por los discípulos (vers. 6-19); (3) oración por todos los creyentes (vers. 20-26).
Levantando los ojos.
Ver com. cap. 11: 41.
Padre.
Ver com. cap. 11: 41.
Glorifica.
Ver com. cap. 13: 31; cf. cap. 12: 16, 23. Jesús sería glorificado al ser levantado en una muerte victoriosa, que era el preludio necesario de su gloriosa resurrección.
2.
Potestad.
Gr. exousía, "autoridad" (ver com. Mat. 28: 18).
Carne.
Es decir, seres humanos (cf. Mar. 13: 20; Luc. 3: 6; etc.).
Vida eterna.
Ver com. Juan 1: 4; 3: 16; 8: 51; 10: 10; cf. Rom. 6: 23.
Los que le diste.
Ver com. cap. 6: 37.
3.
Te conozcan.
Un conocimiento experimental y viviente conduce a la vida eterna. No hay salvación en sólo conocer, pero tampoco puede haber salvación sin conocimiento (Rom. 10: 13-15). Aquí se define el conocimiento salvador como el que se centra en el "Dios verdadero" -en contraste con los dioses falsos- y en Jesucristo. Fue muy notable la ausencia del conocimiento de Jesucristo en la religión de los judíos. En el día final los hombres serán rechazados porque despreciaron el conocimiento esencial (ver com. Ose. 4: 6). En cuanto a la importancia del conocimiento en el desarrollo del carácter cristiano, ver com. Juan 17: 17; cf. 2 JT 331.
4.
Te he glorificado.
La segunda parte de la sentencia amplía la primera. Dios fue glorificado cuando fue completada la obra que Jesús vino a hacer para la salvación del hombre.
5.
Glorifícame tú.
Cf. vers. 1. Jesús pide volver a su antigua gloria. En cuanto a la preexistencia de Cristo, ver com. cap. 1: 1, 14; cf. cap. 8: 58. Pablo describe el cumplimiento de esta oración: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre" (Fil. 2: 9).
6.
Tu nombre.
"Nombre" aquí -como en otros casos- significa carácter. En cuanto a Jesús como la revelación personal del carácter de su Padre, ver com. cap. 1: 14, 18.
Me diste.
Ver com. cap. 6: 37. Se hace resaltar la unidad del Padre y del Hijo (ver com. cap. 10: 30).
Han guardado tu palabra.
Lo que equivale a "han guardado tus mandamientos". Esto no implica una perfecta obediencia, pero hace resaltar el hecho de que, en contraste con la mayoría de los judíos, los discípulos habían echado su suerte con Jesús y habían procurado cumplir con los requisitos del discipulado.
7.
Han conocido.
Es decir, de acuerdo con el griego, "han llegado a conocer y ahora están enterados". La relación de Cristo con el Padre -el Dios al cual los judíos adoraban- era un punto de énfasis constante en las enseñanzas de Jesús (cap. 8; 10; etc.). Los judíos lo acusaban de blasfemia y lo tildaban de impostor porque afirmaba que Dios era su Padre, pero los discípulos estaban persuadidos del verdadero origen y la verdadera identidad de Jesús.
8.
Que me diste.
Un énfasis adicional de que Cristo dependía del Padre durante la encarnación (cap. 1: 14; 5: 19, 30).
Las recibieron.
Ver com. vers. 7.
9.
Yo ruego por ellos.
Ya habían sido presentados los discípulos (vers. 6-8). Ahora comienza la oración por ellos.
No ruego por el mundo.
Es decir, en esa ocasión. En ese momento Jesús se ocupaba de sus discípulos. Jesús no quiere decir que el mundo esté fuera del alcance del cuidado de él o de su Padre. Dios ama al mundo, y gratuitamente ofrece salvación a todos (Juan 3: 16; Apoc. 22: 17). Después Jesús incluye en su oración a "los que han de creer en mí por la palabra de ellos" (Juan 17: 20).
Los que me diste.
Ver com. cap. 6: 37.
10.
Lo mío es tuyo.
La propiedad mutua hace resaltar más la unidad del Padre y del Hijo (ver com. vers. 6).
Glorificado.
El Padre fue glorificado por la obediencia de Cristo (ver com. vers. 4). Así también el Hijo fue glorificado por la obediencia de los discípulos, pero más por el hecho de que fueran sus mensajeros al mundo.
11.
Ya no estoy.
El futuro inmediato es considerado como presente. De acuerdo con el cómputo judío, ya había comenzado el día de la crucifixión.
Yo voy a ti.
Un presente futurista que se refiere al regreso de Jesús al Padre, no a su acercamiento a Dios en oración.
Padre santo.
Este título sólo aparece aquí en el NT. En los vers. 1 y 5 la forma de dirigirse a Dios es "Padre" y en el vers. 25 "Padre justo". Sin duda se emplea esta expresión en vista del pedido que sigue. El tema de los vers. 17-19 es la santificación. La palabra que aquí se usa en griego para "santificalos" es el verbo hagiázÇ (vers. 17), "hacer santo", y la palabra para "santo" en el título que se le da a 1028 Dios es hágios, que con toda corrección se traduce como "santo". La petición para que los discípulos sean santos se eleva al Padre Santo. En cuanto a la santidad de Dios, ver Lev. 11: 44; cf. 1 Ped. 1: 16. El título "Padre Santo" también aparece en una oración eucarística de la Didajé 10: 2.
Los que me has dado.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 147) la variante "lo que", es decir el "nombre". Esta variante implica el pensamiento de que Dios dio su nombre al Hijo. Este concepto debiera entenderse de acuerdo con otros pasajes (cap. 1: 18; 14: 9). Jesús vino a representar el nombre, o carácter de su Padre, y durante el tiempo de su encarnación actuó bajo la autoridad de su Padre.
Guárdalos.
Jesús estaba por irse. Por eso confió los discípulos al cuidado de su Padre (cf. vers. 11-12). Ellos quedarían en un mundo malvado y necesitarían de una gracia especial en su lucha contra el pecado. Cada cristiano puede pedir ese poder protector. Dios no permitirá que un hijo suyo sea tentado más allá de lo que pueda soportar (1 Cor. 10: 13). El cristiano será inexpugnable ante los ataques de Satanás mientras luche con la fortaleza y la luz del cielo. Sin embargo, Dios protege sólo a los que eligen ser protegidos. Cuando los hombres, yendo en contra del consejo divino, se colocan voluntariamente en el terreno del enemigo, no pueden esperar ser preservados por el poder de Dios.
12.
Yo los guardaba.
Ver com. vers. 11.
Los que me diste.
Ver com. cap. 6: 37.
Hijo de perdición.
Es decir, Judas Iscariote. Esta expresión describe a uno destinado a la perdición o destrucción. Esto se aplica al anticristo en 2 Tes. 2: 3. La palabra griega traducida como perdición (apÇleia) se usa con frecuencia en el NT y muchas veces describe la destrucción final de los impíos (ver Mat. 7: 13; Rom. 9: 22; Fil. 3: 19; Heb. 10: 39; Apoc. 17: 8, 11; etc.). Por su propia elección Judas se convirtió en un hombre destinado a la destrucción (ver com. Juan 3: 17-20).
Se cumpliese.
Sin duda, esta cláusula debiera entenderse como una consecuencia o un resultado, y no como un propósito. En el texto griego puede entenderse de una forma u otra (ver com. Mat. 1: 22; Juan 9: 3). Judas no estaba predestinado a traicionar a Jesús (ver com. Juan 6: 71; 13: 18). Su acto aborrecible fue fruto de su propia elección. El pasaje aludido probablemente es Sal. 41: 9, que se
menciona en Juan 13: 18.
13.
Voy a ti.
Una referencia de que Jesús regresaría al Padre, como en el vers. 11 (ver allí el comentario).
Gozo cumplido.
Ver com. cap. 15: 11; cf. cap. 16: 24.
14.
Les he dado.
Cf. vers. 8, 17. Los discípulos habían guardado (vers. 6) la palabra que les fue dada.
Los aborreció.
Ver com. cap. 15: 18-21.
No son del mundo.
Estaban en el mundo (vers. 11, 15), pero no participaban del espíritu del mundo. Fueron enviados al mundo (vers.18) para que pudieran persuadir a otros a que renunciaran al mundo (Mar. 16: 15).
15.
Quites del mundo.
Podría haberse pensado que ése era el medio más eficaz para que fueran preservados del mal del mundo. Pero los discípulos tenían una misión para cumplir en el mundo, así como Jesús había venido al mundo a cumplir su obra (vers. 4).
Del mal.
"Del Maligno" (BJ). En griego puede entenderse como una referencia al mal como un principio, o al maligno (ver com. Mat. 6: 13). Ambos significados encuadran bien con el contexto. La misma palabra aparece en 1 Juan 5: 18, donde, debido a una diferencia gramatical, se identifica el adjetivo como masculino, lo que hace que se vea con claridad que se trata del maligno.
16.
No son del mundo.
Ver com. vers. 14.
17.
Santifícalos.
Gr. hagiázÇ, "considerar como santo", "apartar para fines sagrados", "consagrar", "hacer santo". Los discípulos debían ser consagrados para su tarea. La santidad es uno de los atributos de Dios (1 Ped. 1: 16). Por lo tanto, ser hecho santo es llegar a ser semejante a Dios. El plan de salvación tuvo el propósito de que se cumpliera esta obra (2 Ped. 1: 4; Ed 121).
En tu verdad.
Hay una definición de la verdad en com. cap. 8: 32. La Palabra de Dios es declarada la "verdad". Las Escrituras nos revelan el carácter de Dios y de Jesucristo. Llegamos a ser nuevas criaturas haciendo de las verdades de la Palabra de Dios una parte de la vida.
18.
Me enviaste.
Ver com. cap. 3: 17.
Los he enviado.
Los había enviado antes (Luc. 9: 1-2), y otra vez los enviaría antes de irse de este mundo (Juan 20: 21-22).
19.
Me santifico a mí mismo.
"Me consagro a mí mismo" (BJ, 1966). Aquí el significado "me consagro a mí mismo" o "me dedico a mí mismo" parece ser la definición más apropiada 1029 (ver com. vers. 17). Jesús se dedicó a sí mismo para completar la tarea que había venido a cumplir en este mundo. Ante él estaba la cruz, y en el acto de ofrecerse a sí mismo hizo posible la santificación de todos los creyentes (Heb. 10: 10).
20.
Sino también.
Aquí comienza la oración por todos los creyentes (ver com. vers. 1) hasta el fin del tiempo.
Por la palabra de ellos.
Es decir, por medio de su predicación, su enseñanza y sus escritos.
21.
Sean uno.
Habría diversidad de dones (1 Cor. 12), pero debía haber unidad de espíritu, propósito y creencia. No debiera haber contiendas por la supremacía, como las que hacía poco habían contaminado a los doce (Luc. 22: 24-30). La unidad que emanara de la mezcla armoniosa de las vidas de los cristianos impresionaría al mundo con el origen divino de la iglesia cristiana.
22.
Gloria.
Aquí, probablemente, la gloria del Cristo encarnado. Esa gloria había de relucir en el creyente. Bengel observa: "¡Cuán grande es la majestad de los cristianos!" Cf. Rom. 8: 30.
23.
En ellos.
Se hace resaltar más la unidad íntima entre el creyente y los miembros de la Deidad.
Sean perfectos.
Ver com. Mat. 5: 48. Sólo puede efectuarse el crecimiento hacia la perfección cuando el creyente permanece en Cristo (Juan 15: 1-5).
El mundo conozca.
Ver com. vers. 21.
24.
Estén conmigo.
Es decir, en el cielo. Jesús ora por la culminación del plan de redención en la glorificación de la iglesia de Dios, en el tiempo de su segunda venida. Por mucho tiempo la familia humana ha estado en tierra extranjera (Heb. 11: 13-14), alejada de la casa del Padre (Apoc. 14: 2-3). "Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto... esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo" (Rom. 8: 22-23). La redención acontecerá cuando el Señor descienda del cielo y reúna a sus hijos de los cuatro "vientos" de la tierra (Mat. 24: 31; 1 Tes. 4: 16). En ese tiempo, los fieles irán para estar "siempre con el Señor" (1 Tes. 4: 17). Jesús oró por la llegada de ese feliz momento. Todo cristiano debería orar para que se cumpla prontamente la promesa (Apoc. 22: 20).
Antes de la fundación.
La misma frase aparece en Efe. 1: 4; 1 Ped. 1: 20. Ver com. Juan 1: 1, 14.
25.
Padre justo.
Comparar con la expresión "Padre santo" (vers. 11). El mundo no había reconocido al Padre a pesar de que Jesús lo reveló.
26.
He dado a conocer.
Ver com. cap. 1: 18.
Nombre.
Es decir, el carácter.
Lo daré a conocer.
Por medio de nuevas revelaciones del Espíritu (ver com. cap. 14: 26; 16: 13).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 PR 50
1-3 DTG 634; FE 392, 431
3 CM 37, 129, 311; COES 122; Ed 122; Ev
136; FE 174, 223, 272, 285, 341, 376, 381, 403-404, 413, 415, 446, 484; HAp 213, 423, 2JT 334, 394, 412; 3JT 28; MC 318; MJ 187, 189; PVGM 85, 103; 8T 60, 62; TM 168
4 DMJ 18; DTG 769; HAp 20; PR 50
4-6 MC 360
4-8 CM 352
5 HAp 32
6 Ed 83; 2JT 334; 8T 286; TM 193
8 FE 272
10-11 DTG 635; HAp 20
11 HAp 74
11-15 FE 431
12 CS 704
14 HAp 74; HH 16; MC 315
14-15 1T 285
14-16 FE 182; HAp 373; PR 42; 2T 492
15 CC 99, 124; FE 153, 395; MJ 80, 421; 5T 334; TM 198
15-17 CM 245
15-18 CH 591; MM 218
17 CMC 32, 79, 88; COES 19, 75; CS 522, 666; CW 124; ECFP 78, 87; Ev 117; 214-215; FE 120, 432, 433; HAd 164; 1JT 112, 114, 157, 193, 286; 2JT 215; 3JT 50, 237, 305; MeM 260, 269; MJ 32, 457; OE 171, 439; PVGM 71; 1T 248, 285, 474, 543, 589, 621, 704; 2T 78, 184, 188, 317, 479, 505, 639; 3T 65; 4T 315, 371, 545; 5T 432; 6T 403; 8T 184, 235; Te 18; TM 108, 147, 158, 385; 5TS 10, 155, 182
17-19 FE 448
17-21 2JT 78; 5TS 270
18 CC 116; DMJ 37; MC 307; MJ 44; MM 24; PVGM 149
18-19 FE 432; MeM 260
19 CM 152, 245; COES 138; DMJ 33; FE 1030 161, 262, 466; 1JT 114; MM 203; OE 110; PVGM 108; 4T 457; 5T 442; TM 160
19-23 8T 80; TM 121
20 CC 75; 1JT 533; MeM 260; 3TS 381 20-21 1JT 166, 445; MC 329; PP 558; 1T 327; 3T 434
20-23 DTG 635; HAp 20; 1JT 345; 3JT 267; MeM 260; 5TS 272
20-26 3JT 244
21 CMC 47, 317; Ev 158; FE 240; HAp 17, 74; 1JT 46; 2JT 191, 263; 3JT 157, 390;
MB 313; MeM 11; OE 499; 1T 324; 5T
61, 94, 279; 6T 401; TM 21, 52, 392
21-23 Ed 82; 3T 446; 6T 151
22-23 MC 316
23 CC 116; DMJ 89; FE 178, 234; HAp 17, 20, 74; TM 217
23-24 TM 14
24 CS 556, 694; DTG 774; 3TS 381; OE
533; TM 17
25 2JT 334
25-26 FE 177; PR 50
26 DTG 11; FE 178, 466; 8T 286
CAPÍTULO 18
1 Judas traiciona a Jesús. 6 Los perseguidores de Jesús caen en tierra. 10 Pedro corta una oreja de Malco. 12 Jesús es llevado ante Anás y Caifás. 15 La negación de Pedro. 19 Jesús es interrogado delante de Caifás. 28 Su procesamiento frente a Pilato. 36 Su reino. 40 Los judíos piden que se suelte a Barrabás.
1 HABIENDO dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos.
2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.
3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas.
4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?
5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.
6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.
7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno.
8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos;
9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.
10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron,
13 y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.
14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.
15 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;
16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.
17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy.
18 Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.
19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto.
21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; 1031 he aquí, ellos saben lo que yo he dicho.
22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?
24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy.
26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él?
27 Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.
28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua.
29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.
31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie;
32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.
33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito.
39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?
40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
1.
Salió.
[Getsemaní, Juan 18: 1-12 = Mat. 26: 36-56 = Mar. 14: 32-52 = Luc. 22: 40-53. Comentario principal: Mateo.] Antes de esto, Jesús y sus discípulos habían salido del aposento alto (ver com. cap. 14: 31), y ahora estaban yendo al huerto de Getsemaní. En lo referente a la ubicación del huerto, ver com. Mat. 26: 30.
Cedrón.
Es el valle que se extiende de norte a sur, justamente al este de Jerusalén (ver mapa frente a la p. 353).
Huerto.
Identificado en otras partes como Getsemaní (Mat. 26: 36; Mar. 14: 32). Juan no menciona la oración en el huerto que describen todos los otros autores de los Evangelios.
2.
Judas.
Se describe el carácter de Judas en com. Mar. 3: 19.
3.
Compañía.
Gr. spéira, "una cohorte, la décima parte de una legión". Los soldados quizá provenían de la fortaleza romana Antonia. Acerca de la presencia de soldados romanos entre los que acompañaban a Judas, ver com. Mat. 26: 47.
Principales sacerdotes... y fariseos.
Ambos grupos se unieron para oponerse a Jesús (ver com. cap. 11: 47).
Linternas y antorchas.
Sólo Juan las menciona. Ya era tarde en la noche (ver com. Mat. 26: 57).
4.
Se adelantó.
Había llegado su hora. Se adelantó intrépidamente para hacer frente al traidor.
¿A quién buscáis?
Jesús dominaba completamente la situación. Tomó la ofensiva e interrogó a los que venían a prenderlo.
5.
Jesús nazareno.
Ver com. Mat. 2: 23. Este título se aplicaba con frecuencia a Jesús (Mat. 26: 71; Mar. 10: 47; 16: 6; Luc. 4: 34; 18: 37; 24: 19; Juan 19: 19).
Yo soy.
Este "yo soy" puede haber estado acompañado de su significado más profundo como en cap. 8: 58 (ver allí el comentario).
6.
Cayeron a tierra.
Los sinópticos no mencionan 1032 este hecho. El que la turba retrocediera y cayera en tierra sugiere alguna manifestación de divinidad. El milagro dio una prueba más a la turba asesina de la divinidad de Aquel a quien procuraban arrestar. Esta reacción fue momentánea, pues unos momentos después llevaron a cabo su designio (vers. 12).
7.
Volvió, pues, a preguntarles.
Jesús todavía dominaba la situación. Indudablemente, ése fue el momento cuando Judas se adelantó y traicionó a Cristo con un beso (ver com. Mat. 26: 49), lo que Juan no menciona.
8.
Dejad ir a éstos.
Este pedido muestra el cuidado de Jesús por los discípulos. Poco después todos ellos "dejándole, huyeron" (Mar 14: 50).
9.
Aquello que había dicho.
La referencia es al cumplimiento de un dicho del mismo Jesús, sin duda, la predicción implicada en Juan 17: 12.
10.
Que tenía una espada.
Ver com. Mat. 26: 51.
11.
¿No la he de beber?
Mejor "¿acaso no la he de beber?" Se espera una respuesta positiva. Se alude a la copa que, muy poco antes, Jesús había declarado que estaba dispuesto a beber (Mat. 26: 42).
12.
Compañía.
Gr. spéira (ver com. vers. 3).
Tribuno.
Gr. jilíarjos, "capitán de mil"; también el título del oficial comandante de una cohorte (ver com. vers. 3).
Le ataron.
Tal vez atándole las manos detrás de la espalda. En todo el relato resalta la forma voluntaria en que se entregó Jesús. No murió porque no podía evitar la muerte, ni sufrió porque no podía escapar al sufrimiento. Todos los soldados de la guarnición romana no podrían haber dañado ni un cabello de su cabeza sin el permiso divino.
13.
Anás.
[La audiencia ante Anás, Juan 18: 13-24. Ver mapa p. 215; diagrama p. 223.] Ver com. Luc. 3: 2; cf. com. Mat. 26: 57.
Caifás.
Ver com. Luc. 3: 2; Mat. 26: 57.
Aquel año.
Ver com. cap. 11: 49.
14.
Había dado el consejo.
Ver com. cap. 11: 49-52.
15.
Simón Pedro.
Ver com. Mat. 26: 58.
Otro discípulo.
Es decir, Juan el hijo de Zebedeo, el autor del Evangelio. No se identifica por nombre (cf. cap. 13: 23).
Conocido.
Gr. gnÇstós. El grado de familiaridad o de intimidad no se puede determinar con esta palabra.
Patio.
Gr. aul' (ver com. Mat. 26: 58).
16.
Pedro estaba.
Ver com. Mat. 26: 69.
17.
No lo soy.
Ver com. Mat. 26: 70.
18.
Encendido un fuego.
Jerusalén está a unos 850 m sobre el nivel del mar, y las madrugadas de primavera son frecuentemente frías. Cf. Mar. 14: 54; Luc. 22: 55.
19.
Acerca de sus discípulos.
Sin duda, acerca de las condiciones que Jesús establecía para el discipulado, e, indirectamente, acerca del puesto que pretendía tener Jesús. Procuraban encontrar razones para acusarlo como sedicioso.
Doctrina.
Es decir "enseñanza" (ver com. cap. 7: 16).
20.
Públicamente.
Jesús sólo contestó a la segunda parte de la pregunta (vers. 19).
Sinagoga.
Ver Mat. 4: 23; Juan 6: 59; etc.; pp. 57-58.
Templo.
Cf. cap. 7: 14, 28; 8: 20; 10: 23; etc.
Nada he hablado.
Es cierto que Jesús había enseñado en privado. Un notable e ejemplo es su conversación con Nicodemo (cap. 3). Aquí niega la acusación implícita de haber hecho planes secretos de sedición. Su respuesta fue un reproche por los siniestros medios empleados por los judíos para entramparlo.
21.
¿Por qué me preguntas?
Aquí parece haber una apelación al sistema judicial judío. De acuerdo con la interpretación de Maimónides, erudito judío del siglo XII d. C., la ley no castigaba con la pena de muerte a un pecador debido a su propia confesión. Algunos han puesto en duda que este principio estuviera en vigencia en los días de Jesús. Este principio parece estar implicado en la Mishnah (por ejemplo, ver Sanhedrin 6. 1-2), y hay razones para creer que antes ya tenía validez (DTG 662). Desde un punto de vista legal, podríamos pensar que aquí Jesús está alegando y defendiendo sus derechos, y pidiendo que el tribunal busque testigos calificados.
22.
Sumo sacerdote.
Cf. Exo. 22: 28; Hech. 23: 2-5.
23.
Testifica.
Una respuesta escrutadora y llena de dignidad, una ilustración de cómo Jesús, por lo menos en una ocasión como ésa, interpretó el precepto de Mat. 5: 39.
24.
Atado.
El griego sugiere que las ataduras originales (vers. 12) le habían sido quitadas para la audiencia preliminar ante Anás (ver com. Mat. 26: 57), y que fue atado nuevamente cuando fue llevado a Caifás.
A Caifás.
Ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26.
25.
Estaba, pues, Pedro.
[Juicio nocturno ante el sanedrín, Juan 18: 25-27 = Mat. 26: 57-75 = Mar. 14: 53-72= Luc. 22: 54-65. 1033 Comentario principal: Mateo.] Según Mat. 26: 69, Pedro también estaba sentado con el grupo en torno del fuego.
Le dijeron.
Fue una mujer la que habló (Mat. 26: 71).
26.
Pariente.
El tercero en preguntar sólo es identificado por Juan. En cuanto a la negación de Pedro, ver com. Mat. 26: 69-75.
28.
Pretorio.
[Primer juicio ante Pilato, Juan 18: 28-38 = Mat. 27: 2, 11-14 = Mar. 15: 2-5 = Luc. 23: 1-5. Comentario principal: Lucas y Juan. Ver mapa p. 215; diagramas pp. 223-224.] Gr. praitÇrion (ver com. Mat. 27: 27).
Era de mañana.
"Era de madrugada" (BJ). Gr. prÇí, "madrugada". En Mar. 13: 35 prÇí ("a la mañana", RVR; "de madrugada", BJ) se usa técnicamente para la cuarta "vigilia" de la noche, que iba aproximadamente desde las 3 hasta las 6 de la madrugada. Quizá el juicio comenzó a las 6 de la mañana (ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26).
No contaminarse.
Juan presenta la cena pascual como un suceso todavía futuro. En cuanto al tiempo de la pascua en el año de la muerte de Jesús, ver la primera Nota Adicional de Mat. 26.
29.
Salió.
Puesto que los miembros del sanedrín no iban a entrar (vers. 28).
¿Qué acusación?
Pilato preguntaba por la acusación formal, en armonía con el debido proceder legal.
30.
Malhechor.
Gr. kakopoiós, literalmente "uno que hace mal". En Luc. 23: 32-33, 39, donde en la RVR se ha traducido "malhechores", la palabra griega es kakóurgos, "uno que comete un delito grave".
No te lo habríamos entregado.
No tenían ninguna acusación formal que pudiera ser corroborada con testigos. Esperaban que Pilato aceptara el veredicto del sanedrín y sentenciara a Jesús sin investigar formalmente los fundamentos de la acusación.
31.
Tomadle vosotros.
Pilato aprovechó las palabras de los mismos judíos. Tácitamente habían dicho que el juicio de ellos debía ser suficiente.
Dar muerte.
Por lo general se cree que el derecho a ejecutar la pena capital había sido suprimido de los tribunales judíos más o menos por el tiempo cuando Judea se convirtió en una provincia, en 6 d. C., o poco después. Según Josefo: "El territorio de Arquelao fue reducido entonces a una provincia, y Coponio -romano de la orden ecuestre- fue enviado como procurador, habiéndole conferido Augusto plenos poderes, incluso la aplicación de la pena capital (Guerra ii. 8. 1). Los tribunales tenían plena jurisdicción en otros asuntos. En lo que atañe a la pena capital, podían dictar sentencia, pero se requería la ratificación del procurador romano para llevarla a cabo. Que esta disposición no siempre se obedecía, parece evidente por casos tales como la muerte de Esteban (Hech. 7) y de Jacobo, hermano de Juan (Hech. 12: 2), por lo menos según nos lo informa Josefo (Antigüedades xx. 9. 1).
Un recordativo de la pérdida del poder judicial pleno de los tribunales judíos se encuentra en el Talmud de Jerusalén, que declara: "Cuarenta años antes de la destrucción del templo, la jurisdicción sobre asuntos criminales fue quitada de los israelitas" (Sanhedrin 1. 18a, 37). Se sabe que es erróneo el elemento cronológico en esta declaración, pero fuera de eso, sin duda, la declaración tiene una base histórica.
32.
Dando a entender de qué muerte.
Jesús había predicho la muerte por crucifixión (ver com. cap. 12: 32). Si Jesús hubiera muerto a manos de los judíos, sin duda hubiera muerto apedreado. Por lo menos en dos ocasiones los judíos trataron de apedrearle por blasfemia (cap. 8: 59; 10: 31-33). La Mishnah menciona el apedreamiento como el castigo de la blasfemia (Sanhedrin 7. 4). En lo que atañe a los antiguos métodos de apedreamiento, ver com. cap. 8: 7.
33.
¿Eres tú el Rey?
Esta es la segunda vez que Pilato había hecho esta pregunta. La primera vez se menciona en Mat. 27: 11 (ver allí el comentario; cf. DTG 674-675).
34.
Por ti mismo.
Es decir, ¿tienes un interés genuino en aprender la verdad? (cf. DTG 674-675).
35.
¿Soy yo acaso judío?
El orgullo impidió que Pilato reconociera cualquier interés sincero en aprender en cuanto a la misión de Jesús.
36.
Este mundo.
En cuanto a la naturaleza espiritual del reino que Jesús vino a establecer, ver com. Mat. 3: 2-3; 4: 17; 5: 2; Mar. 3: 14.
Pelearían.
Los reinos terrenales son establecidos por la fuerza de las armas, pero el reino de Jesús no era terrenal. Jesús negó la acusación de sedición presentada contra él por los judíos.
37.
¿Eres tú rey?
La construcción de esta pregunta en griego indica que se espera una respuesta positiva. 1034
Para esto.
El propósito de la encarnación era el establecimiento del reino de la gracia preparatorio del reino de la gloria (ver com. vers. 36).
A la verdad.
Puede verse una definición de la palabra "verdad" en com. cap. 8: 32. Durante siglos de tinieblas y tergiversación, el gran engañador había oscurecido la verdad en cuanto a Dios, el hombre y la salvación.
Oye mi voz.
Son como las ovejas que oyen la voz del pastor (cap. 10: 3, 16).
38.
¿Qué es la verdad?
Pilato estaba impresionado por las palabras de Jesús y habría escuchado más instrucciones, pero la turba de afuera clamaba pidiendo una decisión, y Pilato no esperó una respuesta. Con esto menospreció una oportunidad áurea. Al igual que Félix, esperaba una oportunidad más favorable (Hech. 24: 25). Si posteriormente el cielo le concedió otra oportunidad, también fue descuidada como ésta. Pilato se suicidó unos años más tarde (ver com. Mat. 27: 24).
Ningún delito.
Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús, y debiera haber dispuesto inmediatamente su libertad.
39.
Rey de los judíos.
[Segundo juicio ante Pilato, Juan 18: 39 a 19: 16 = Mat. 27: 15-31ª = Mar. 15: 6-19 = Luc. 23: 13-25. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p.215; diagramas pp. 223-224.] Cf. Mar. 15: 9.
En el relato de Juan, Jesús comparece ante Herodes en este punto dentro de la narración del juicio ante Pilato, según puede deducirse de la comparación de los relatos de Lucas y Juan (cf. Luc. 23: 6-12).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-12 DTG 636-646
4 PE 167
4-6 DTG 644
7-8 DTG 644
11 DTG 645
13-27 DTG 647-662
15 HAp 430
17 DTG 658
20-21 DTG 648
21-23 DTG 649
26 DTG 659
28-40 DTG 671-689
29-30 DTG 672
31 DTG 673
34-38 DTG 675
36 CS 342; DTG 470; SR 344
37 CM21, 199; FE 190, 405
38 COES 86; MC 362; 4T 263; 8T 317
40 DTG 688; HAp 35; TM 416
CAPÍTULO 19
1 Cristo es azotado y coronado de espinas. 4 Pilato desea liberarlo, pero, vencido por el odio de los judíos, lo entrega para que lo crucifiquen. 23 Echan suertes sobre sus vestidos. 26 Encomienda su madre a Juan. 28 Muere. 31 Su costado es perforado. 38 José y Nicodemo lo entierran.
1 ASÍ que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura;
3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y te daban de bofetadas.
4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.
5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificada; porque yo no hallo delito en él.
7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.
9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para 1035 crucificarle, y que tengo autoridad para soltarte?
11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone.
13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.
14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro rey!
15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.
16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.
17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;
18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.
20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.
21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.
22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.
24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
Y así lo hicieron los soldados.
25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.
26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.
30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo* (pues aquel día de reposo* era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí.
32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.
33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron muerto, no le quebraron las piernas.
34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.
37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.
39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 1036
41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.
42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
1.
Le azotó.
El cap. 19 continúa con el relato ya comenzado (cap. 18: 39). Esta fue la primera vez que Jesús fue azotado. Sería azotado nuevamente cuando se pronunció su sentencia de crucifixión (ver com. Mat. 27: 26). El propósito del primer azotamiento fue el de despertar, de ser posible, la compasión de la turba sedienta de sangre (DTG 683).
4.
Ningún delito hallo en él.
Cf. Juan 18: 38; 19: 6; 1 Ped. 2: 21-22. Pilato reveló su debilidad con estas palabras. Si Jesús era inocente, no debería haber permitido que fuera azotado. Una claudicación de la conciencia siguió a la otra, hasta que Pilato abandonó toda noción de justicia.
5.
¡He aquí al hombre!
Sin duda, el propósito de Pilato con esta exclamación fue provocar la compasión de la multitud. Allí estaba Jesús ante la turba con sus supuestos mantos reales, coronado de espinas, sangrante y pálido por su reciente flagelación, y, sin embargo, evidenciaba un porte real. Seguramente -pensó Pilato- las demandas de los caudillos judíos quedarán satisfechas. Pero en esto estaba engañado.
No hay modo de saber por qué Pilato usó el término "hombre". Sin saberlo, pronunció una gran verdad. Aquel que estaba ante él, el Verbo eterno (ver com. cap. 1: 1) se había hecho hombre (ver com. cap. 1: 14). Ciertamente, era el Hijo del Hombre (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10), pero también era el Hijo de Dios (ver com. Luc. 1: 35). Su encarnación y muerte ganaron para nosotros la salvación eterna.
6.
Tomadle.
Las palabras "y crucificadle" demuestran que Pilato no estaba entregando el asunto al sanedrín, pues la crucifixión era una forma de pena capital romana. Si los judíos hubieran aplicado la pena máxima, hubiera sido por apedreamiento (ver com. cap. 18: 32). Pilato parece haber estado hablando con exasperación y con airado sarcasmo: "Si demandáis la crucifixión, vosotros [en este caso. pronombre enfático en griego] debéis ejecutar la sentencia; yo no encuentro falta en él".
No hallo delito.
Esta es la tercera vez en que Pilato menciona el hecho (cap. 18: 38; 19: 4).
7.
Según nuestra ley.
Ver com. Juan 18: 32; cf. Lev. 24: 16.
Hijo de Dios.
Ver com. cap. 5: 18; 10: 33.
8.
Tuvo más miedo.
La carta de su esposa en la que le informaba de su sueño (Mat. 27: 19), dio lugar a la ocasión anterior para que tuviera miedo. La intimación de que Jesús fuera un ser sobrenatural lo llenó de malos presentimientos.
9.
Pretorio.
Ver com. Mat. 27: 2.
¿De dónde eres tú?
El temor ante la posibilidad de que Jesús fuera algún ser sobrenatural provocó una pregunta adicional de Pilato en cuanto al origen de Jesús. No tenía interés en conocer el país de origen de Cristo, pues ya sabía eso (Luc. 23: 6-7). Pero se apoderó de él un misterioso temor ante el pensamiento de que el noble ser que estaba ante él pudiera ser divino.
No le dio respuesta.
Comparar con el silencio ante Caifás (Mat. 26: 63) y ante Herodes (Luc. 23: 9). Pilato había tenido su oportunidad de aprender la verdad (ver com. Juan 18: 38). Mayores explicaciones no habrían servido para nada. Jesús sabía cuándo hablar y cuándo quedar callado.
10.
¿No me hablas?
Pilato se irritó por lo que podría llamarse un desacato a la autoridad de un juez.
11.
Si no te fuese dada.
Ver com. Dan. 4: 17; Rom. 13: 1.
El que a ti me ha entregado.
No se trata de Judas (cap. 6: 71; 12: 4; 13: 2; 18: 2), pues éste no entregó a Jesús a las autoridades romanas. El acusado aquí es Caifás, como sumo sacerdote y como el funcionario más encumbrado que representaba a los judíos (cf. cap. 18: 35).
Mayor pecado.
Caifás ejercía una autoridad delegada, pero al mismo tiempo pretendía ser adorador del Dios que delega la autoridad, y afirmaba ser el intérprete de la ley divina ante el pueblo; por lo tanto, su culpa era mayor. También había pecado contra una luz mayor. Jesús había dado repetidas pruebas de su divinidad, pero los líderes judíos habían endurecido sus corazones ante los rayos de luz.
El hecho de que el pecado de Caifás fuera "mayor", no significa que Pilato fuera inocente. El gobernador romano tuvo su parte 1037 de responsabilidad. Podría haber rehusado entregar a Jesús. El Salvador habría sido muerto, pero la culpa no habría recaído sobre Pilato.
12.
Soltarle.
La respuesta de Jesús (vers. 11)incremento los temores de Pitato. El endurecido gobernante quedó profundamente impresionado por las palabras y la conducta del misterioso personaje que estaba ante él.
Amigo de César.
Es decir, alguien que apoyaba firmemente a César. Al fin los judíos habían encontrado un argumento que iba a resultar eficaz. Su respuesta fue una amenaza, pues si el emperador sabía que Pilato había procurado amparar a un pretendiente al título de rey, iba a peligrar la posición del gobernante. Esa amenaza contra su seguridad indujo a Pilato a olvidar el temor religioso con que había considerado al preso.
La respuesta de los líderes fue completamente hipócrita. ¿Eran amigos del César los acusadores? Entre todos los pueblos, ninguno era un enemigo más enconado del yugo romano que los judíos, y, sin embargo, tuvieron la duplicidad de fingir ser celosos por el honor del César, a quien tanto despreciaban.
13.
Llevó fuera a Jesús.
Es decir, salió del pretorio adonde Pilato había hecho llevar a Jesús para tener con él una entrevista privada (vers. 9). Los dirigentes judíos no estaban dispuestos a entrar en el pretorio para no contaminarse y quedar impedidos de participar de la pascua (cap. 18: 28).
Tribunal.
Quizá en una silla improvisada que se dispuso afuera, puesto que los judíos querían entrar en el aposento del tribunal mismo.
Enlosado.
Gr. lithóstrÇton, que significa un pavimento de mosaico, quizá de mármol.
Gabata.
"Gabbatá" (BJ). Palabra de etimología dudosa. Algunos la hacen derivar del arameo geba', "ser alto", por lo que sería un lugar elevado. Habría estado apenas fuera del pretorio. En cuanto a la ubicación de este último, ver com. Mat. 27: 2.
14.
Preparación de la pascua.
Gr. paraskeu' tóu pásja. Esta frase sin duda equivale al Heb. 'éreb happésaj, "víspera de la pascua", término usual en la literatura rabínica para designar al 14 de Nisán (ver Mishnah Pesahim 4. 1, 5-6; 5. 1; 10. 1; cf. Pesahim 1.1, 3; 3. 6; 4. 7; 5. 4, 9; 7. 9). La expresión podría compararse con "la víspera" del sábado, que usaban los judíos para designar al día anterior al sábado. Su equivalente griego es paraskeu' (Mar. 15: 42; Luc. 23: 54). Paraskeu' todavía es el nombre del día viernes en el griego moderno. En el año de la crucifixión la Paraskeu' de la pascua coincidió con la Paraskeu' o "preparación" para el sábado (Juan 19: 31, 42).
De este modo, Juan parece indicar el día 14 de Nisán como el de la crucifixión. Los que sostienen que la crucifixión se efectuó el día 15 de Nisán explican que "preparación de la pascua" significa el viernes de la semana de la pascua. Un uso tal de esa expresión no se puede demostrar en ninguna otra parte. Juan emplea la palabra Paraskeu' para referirse al día que precede al sábado (vers. 31, 42). El problema del día de la crucifixión se trata en la primera Nota Adicional de Mat. 26.
En un comentario al Talmud (considerado legendario por algunos eruditos), fechado por el año 200 d. C., se dice lo siguiente: "En la tarde antes de la fiesta de la pascua colgaron a Jesús [Yeshua]. Antes de esto, sin embargo, un heraldo había caminado delante de él por cuarenta días clamando, 'Este hombre va a ser apedreado porque ha practicado la magia y ha pervertido y dividido a Israel. Que todo aquel que sepa algo en su favor venga y pleitee por él'. Pero no hallaron nada en su favor y lo colgaron en la víspera de la pascua" (Baraita Sanhedrin 43a).
Hora sexta.
Probablemente, empleando el cómputo romano del tiempo, aproximadamente las 6 de la mañana. Según el cómputo tradicional judío, la hora sexta sería como a mediodía. El Evangelio de Juan fue escrito cerca de la terminación del siglo I, y principalmente para creyentes gentiles (ver com. cap. 1: 38). Aquí se presenta la hora en términos familiares para ellos (ver com. Mat. 27: 45). En otras partes Juan parece computar las horas del día a partir de la salida del sol y no de la medianoche (cap. 4: 6, 52; 11: 9).
¡He aquí vuestro Rey!
Evidentemente, un aguijonazo irónico contra los judíos.
15.
No tenemos más rey que César.
Estas palabras fueron dichas a la ligera, pues los judíos no estaban dispuestos a abandonar su esperanza mesiánica ni a repudiar formalmente a Dios como a su Rey (ver Juec. 8: 23; 1 Sam. 8: 7; 12: 12). Su subterfugio revela su ansiedad de terminar con Jesús; pero con esta afirmación se apartaron de la relación del pacto con Dios y no fueron más su pueblo escogido (ver DTG 686-687).
16.
Lo entregó a ellos.
Juan no menciona 1038 cuando Pilato se lavó las manos (Mat. 27: 24). Jesús no fue entregado a los judíos sino a las autoridades romanas encargadas de cumplir la sentencia de crucifixión.
17.
Cargando su cruz.
[La crucifixión, Juan 19: 17-37 = Mat. 27: 31b -56 = Mar. 15: 20-41 = Luc. 23: 26-49. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 215; diagramas pp. 222-223.] Los diversos acontecimientos ocurridos en el camino al Calvario pueden verse en Luc. 23: 26-32.
18.
Le crucificaron.
Ver com. Mat. 27: 33-35.
21.
No escribas.
Sólo Juan registra esta protesta. Para lo que ella implicaba, ver com. Mat. 27: 37.
22.
He escrito.
Pilato estaba muy molesto con los judíos, y resolvió no concederles nada más. Debido a la presión de ellos -en contra de la advertencia de su esposa y de su propia conciencia- había condenado a un inocente. Ahora demostró que podía ser firme si así lo quería.
23.
Hicieron cuatro partes.
Los verdugos se quedaron con la vestimenta. Sólo Juan menciona el número de soldados. Se ha sugerido la siguiente división: el turbante (o su equivalente), las sandalias, el cinturón y la prenda de vestir externa con flecos o tallith (Robertson). No se dice qué pasó con las vestimentas de los ladrones crucificados.
Túnica.
Gr. jitÇn, una prenda de vestir interior (ver com. Mat. 5: 40).
Sin costura.
Esta prenda puede haber sido tejida a la manera de la que usaba el sumo sacerdote, que Josefo describe así: "Pero esta túnica no está compuesta de dos piezas que deben ser cosidas en los hombros y en los costados: es un género tejido, largo, con una abertura para el cuello" (Antigüedades iii. 7. 4).
24.
Para que se cumpliese.
Este pasaje podría traducirse: "Como resultado, la Escritura fue cumplida" (ver com. Mat. 1: 22; Juan 9: 3; cf. com. Juan 11: 4; 12: 38).
Repartieron.
La cita es de Sal. 22: 18.
25.
Su madre.
Juan no menciona el nombre de ella en su Evangelio. Jesús no olvidó a su madre en medio de su dolor físico y su sufrimiento mental. La vio cuando estaba allí al pie de la cruz. Bien sabía su angustia y la entregó al cuidado de Juan.
Y la hermana de su madre.
No es claro si en este versículo Juan menciona a tres o a cuatro mujeres. Es posible que las frase "la hermana de su madre" y "María mujer de Cleofas" estén en aposición. Cleofas podría ser el Cleofas de Luc. 24: 18 (ver allí el comentario). No es posible saber la identidad exacta sin tener referencias adicionales.
María Magdalena.
En cuanto a su identidad, ver Nota Adicional com. Luc. 7.
26.
A quien él amaba.
Ver com. cap. 13: 23.
Mujer.
En cuanto a esta forma de trato, ver com. cap. 2: 4.
He ahí tu hijo.
La relación entre Juan y Jesús era más íntima que la relación de Jesús con cualquiera de los otros discípulos (ver pp. 869-870), y, por lo tanto, el apóstol podía cumplir con los deberes de un hijo más fielmente que los otros. El hecho de que Jesús dejara a su madre al cuidado de un discípulo, demuestra que José había muerto, y algunos piensan que esto indica que María no tenía otros hijos, por lo menos en condiciones de cuidar de ella. Los hermanos mayores de Jesús -hijos de José, de un matrimonio anterior (ver com. Mat. 12: 46)-, en ese tiempo no creían en Cristo, y tal vez el Señor pudo haber pensado que el proceder de ellos para con María habría sido de crítica y de falta de simpatía, como lo había sido con él (ver com. Juan 7: 3-5).
28.
Todo estaba consumado.
Cf. Hech. 13: 29.
Se cumpliesen.
Cf. Sal. 69: 20-21.
29.
Vinagre.
Esta es la segunda bebida que se le ofreció a Jesús (ver com. Mat. 27: 34, 48).
30.
Consumado es.
Jesús había completado la obra que su Padre le había dado para que hiciera (cap. 4: 34). De acuerdo con lo establecido, se había cumplido cada paso del plan de la redención forjado antes de la fundación del mundo (ver com. Luc. 2: 49). Satanás había fracasado en sus intentos de desbaratar ese plan. La victoria de Cristo aseguraba la salvación de los hombres (DTG 706-713).
31.
Preparación.
Gr. Paraskeu' (ver com. vers. 14).
No quedasen en la cruz.
De acuerdo con Deut. 21: 22-23, los cuerpos no debían quedar en un "madero" durante la noche, sino que tenían que ser sepultados en el mismo día. El hecho de que el día siguiente fuera sábado hacía aún más imperativo que se cumpliera con esa orden.
Gran solemnidad.
Sin duda, se lo presenta como una "gran solemnidad" porque ese sábado también era el primer día de los panes sin levadura (Lev. 23: 6; ver la primera Nota Adicional de Mat. 26). El uso de la expresión 1039 "gran solemnidad" ("muy solemne", BJ) no se puede explicar por medio de la literatura judía de la época. Los que sostienen que el día de la crucifixión de Jesús fue el 15 de Nisán, argumentan que ese sábado fue "solemne" debido a que el sábado semanal coincidió con el día cuando se mecía "la gavilla" "de los primeros frutos" (Lev. 23: 9-14). Sin embargo, Jesús resucitó en el día cuando se ofrecían los primeros frutos como un cumplimiento exacto de los símbolos (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26; cf. DTG 728-730).
Se les quebrasen las piernas.
Con el propósito de acelerar la muerte.
33.
Ya muerto.
Era sumamente extraño que la muerte ocurriera tan pronto después de la crucifixión. Algunas víctimas vivían durante varios días. Orígenes, que vivió en el tiempo cuando todavía se practicaba la crucifixión, menciona que la mayoría de las víctimas sobrevivían toda la noche y el día siguiente (Orígenes, Comentario sobre Mateo, sec. 140; Migne, Patrologia Graeca, t. 13, col. 1793; ver también Eusebio, Historia eclesiástica, viii. 8).
34.
Sangre y agua.
Se han presentado varias explicaciones para este fenómeno. Ya en 1847 el Dr. W. Stroud (Physical Cause of the Death of Christ) sugirió que la sangre y el agua constituían una evidencia de que Jesús murió de la rotura física del corazón, pero falta la comprobación de esta teoría. Es evidente que Jesús murió con el corazón quebrantado como resultado de la horrible presión del peso de los pecados del mundo (DTG 717); pero es arriesgado tratar de llegar a un diagnóstico preciso contando con los escasos detalles del relato evangélico. Sin duda fue abundante el flujo de sangre y agua, puesto que normalmente la sangre no fluye de un cadáver, o por lo menos no fluye copiosamente. Juan llama especialmente la atención a este flujo y lo afirma con un testimonio solemne (vers. 34-35). Se ha sugerido que hace resaltar ese hecho a fin de exponer la realidad de la verdadera humanidad de Jesús para combatir así el docetismo, que era la herejía de sus días. Según esa herejía, Jesús se había encarnado sólo en apariencia. Los padres de la iglesia le daban una interpretación sumamente alegórico a este pasaje.
36.
No será quebrado.
Ver com. Exo. 12: 46.
37.
Al que traspasaron.
Ver com. Zac. 12: 10.
38.
José de Arimatea.
[La inhumación, Juan 19: 38-42 = Mat. 27: 57-61 = Mar. 15: 42-47 = Luc. 23: 50-56. Comentario principal: Mateo y Marcos.] Los cuatro Evangelios describen la participación de José en la sepultura de Jesús. Sólo Juan observa que era un discípulo secreto.
39.
Nicodemo.
Ver com. cap. 3: 1.
Mirra.
Ver com. Mat. 2: 11.
Aloes.
Mejor "áloe" (BJ). Resina aromática del árbol Aquilaria agallocha. Este producto se menciona sólo aquí en el NT, y en el AT en Núm. 24: 6; Sal. 45: 8; Cant. 4: 14.
Libras.
Gr. lítra, unos 330 g (ver com. cap. 12: 3). Por lo tanto, "como cien libras" serían unos 33 kg. Esta gran cantidad sin duda fue comprada a un costo elevado.
41.
Huerto.
Sólo Juan menciona este detalle.
42.
Preparación.
Gr. Paraskeu' (ver com. vers.14).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-16 DTG 680-689
4 DTG 697
4-5 DTG 684
6 HAp 35; PE 109
6-11 DTG 685
11-12, 14-15 DTG 686
15 COES 51; DTG 694; PP 509; PVGM 236
16-30 DTG 690-705
18 DTG 699
19, 21-22 DTG 694
24 DTG 695
25 DTG 693; PE 175
26-27 DTG 700; ECFP 69; HAp 430; PE 177
27-28 SR 224
28 DTG 98
30 CS 396, 558; DTG 455, 633, 656, 681, 704, 706, 713, 716, 721, 731, 774; 1JT 228-229, 472; PE 177, 179, 183, 209, 252, 281; PP 56; SR 227
33 DTG 716
34 PE 209
34-37 DTG 717
36 PP 282
37 FE 197
38-42 HAp 86; SR 227
39 DTG 718
40-42 DTG 719 1040
CAPÍTULO 20
1 María va al sepulcro, 3 y también Pedro y Juan, que ignoran la resurrección. 11 Jesús se aparece a María Magdalena, 19 y a sus discípulos. 24 Incredulidad y confesión de Tomás. 30 Propósito de las Escrituras.
1 EL PRIMER día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.
6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.
22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes remitierais los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuvierais, les son retenidos.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las 1041 les no están escritas en este libro.
31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
1.
Primer día de la semana.
[La resurrección, Juan 20: 1-18 = Mat. 28: 1-15 = Mar. 16: 1-11 = Luc. 24: 1-12. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 216; diagramas pp. 222-224.] El tema de la secuencia de los acontecimientos del cap. 20 se trata en la Nota Adicional com. Mat. 28.
2.
Al que amaba Jesús.
Ver com. cap. 13: 23.
3.
Fueron al sepulcro.
El hecho relatado en los vers. 3-10 refleja notablemente los diferentes temperamentos de Pedro y Juan. Juan era tranquilo, reservado, de sentimientos profundos (ver com. Mar. 3: 17). Pedro era impulsivo, entusiasta y apresurado (ver com. Mar. 3: 16). Cuando recibieron la noticia de María, cada uno de ellos reaccionó en su forma característica.
7.
Sudario.
Gr. soudárion (ver com. cap. 11: 44). El hecho de que los lienzos y el sudario estuvieran cuidadosamente guardados muestra que no se trató de un robo perpetrado en la tumba. Los ladrones no se hubieran tomado la molestia de quitarle las envolturas al cadáver.
8.
Creyó.
Es decir, creyó que Jesús había resucitado. Sin duda recordó la predicción de la resurrección de Jesús. Tal vez Pedro era más escéptico. Lucas registra que Pedro se maravilló "de lo que había sucedido" (cap. 24: 12).
9.
No habían entendido la Escritura.
No entendían las Escrituras del AT que predecían la resurrección. Eran como los discípulos que iban a Emaús, a quienes Jesús reprochó con las palabras: "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!" (Luc. 24: 25; cf. vers. 26-27). En el AT hay una significativa predicción de la resurrección, en Sal. 16: 10 (cf. Hech. 2: 24-28).
10.
A los suyos.
"A casa" (BJ). Tal vez la madre de Jesús ya estaba en casa de Juan, y el discípulo "al que amaba Jesús" (vers. 2) compartiría con ella la noticia.
11.
María estaba.
María Magdalena había seguido a Pedro y a Juan a la tumba, pero, sin duda, había ido con menos prisa. Estaba abrumada de dolor. Sus ojos llenos de lágrimas y su estado emotivo le impidieron reconocer a los visitantes celestiales, que tenían noticias que habrían calmado su dolor.
12.
Con vestiduras blancas.
Generalmente se describe a los ángeles con esta clase de vestidura (Mat. 28: 3; Luc. 24: 4; Hech. 1: 10).
13.
Mujer.
Ver com. cap. 2: 4.
No sé dónde.
Indudablemente, no reconoció que esos seres eran ángeles "enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (Heb. 1: 14). No se nos dice quiénes se imaginó que eran los que estaban en la tumba. No esperó una respuesta, sino se dio vuelta.
14.
No sabía.
Quizá sus ojos estaban "velados" como los de los discípulos en el camino a Emaús (Luc. 24: 16). O tal vez estaban demasiado llenos de lágrimas para que pudiera ver con claridad.
Era Jesús.
Esta es la primera aparición después de la resurrección (Mar. 16: 9).
15.
¿Por qué lloras?
La misma pregunta que hicieron los ángeles (vers. 13). Estas son las primeras palabras que se registran del Salvador resucitado.
María no abrigaba ninguna esperanza de resurrección. Su única preocupación era recuperar el cuerpo de su Señor. Podía sepultarlo en la misma tumba en que había estado su hermano, pero que había sido vaciada por Jesús (Juan 11: 1, 38; ver Nota Adicional com. Luc. 7).
16.
¡María!
Evidentemente, Jesús la llamó en un tono que para ella era familiar. Una gran emoción la embargó cuando comprendió que había resucitado su Señor.
Le dijo.
"Le dice en hebreo" (BJ). La evidencia textual establece (cf. p. 147) la añadidura de las palabras "en hebreo".
¡Raboní!
Gr. rabbouní, transliteración del arameo rabbuni, que significa literalmente "mi grande", y que se usa para dirigirse a los maestros. Este término equivale esencialmente a "rabí" (ver com. Mat. 23: 7; Juan 1: 38).
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña". "Raboní" quizá fuera el saludo habitual de María (cf. cap. 11: 28).
17.
No me toques.
El griego puede interpretarse con el significado de "deja de tocarme" (lo que implicaría que María estaba abrazando los pies de Cristo), o "detén el intento de tocar". Este es indudablemente el significado aquí. La objeción no indica que hubiera sido pecaminoso o malo tocar el cuerpo resucitado. 1042 Más bien apremiaba el tiempo. Jesús no quería detenerse para recibir el homenaje de María. Primero deseaba ascender a su Padre para recibir allí la seguridad de que su sacrificio había sido aceptado (DTG 734). Después de su ascensión temporaria, Jesús permitió sin ninguna protesta que lo tocaran (Mat. 28: 9); lo que ahora le pedía a María era que pospusiera ese acto.
Mis hermanos.
Es decir, los discípulos.
A mi Padre y a vuestro Padre.
No "nuestro Padre". Quizá con el propósito de mostrar que hay ciertas importantes diferencias entre la relación de Cristo con el Padre y la nuestra. "Padre" y "Dios" aquí aparecen claramente como sinónimos.
18.
Dar a los discípulos.
María procedió inmediatamente a hacer lo que se le había dicho. Sin embargo, los discípulos persistían en su incredulidad (Mar. 16: 11; Luc. 24: 11).
19.
La noche.
[Primera aparición en el aposento alto, Juan 20: 19-23 = Mar. 16: 13 = Luc. 24: 33-49. Comentario principal: Lucas y Juan. Ver mapa p. 216; diagrama p. 223.] Esta reunión es, sin duda, la misma que se describe en Luc. 24: 36-48. La reunión se efectuó poco después de que los dos discípulos volvieron de Emaús cuando ya era tarde, de noche (ver com. Luc. 24: 33).
Primero de la semana.
Es decir, de acuerdo con el cómputo romano que hacía comenzar los días a medianoche. Según el cómputo judío, que hacía comenzar los días con la puesta del sol, la reunión se efectuó en el segundo día de la semana.
Por miedo de los judío.
Esta frase puede tener relación con "las puertas cerradas" o con "los discípulos estaban reunidos". La construcción del texto griego y el contexto favorecen la primera posibilidad. El lugar de su reunión era el aposento alto donde habían celebrado la pascua (ver com. Luc. 24: 33). Parece improbable que los discípulos hubieran procurado ocultarse en un lugar tan bien conocido como ése. Sin embargo, tener las puertas trancadas para protegerse de los enemigos es perfectamente comprensible (cf. DTG 743). La siguiente traducción ilustra esa clase de relación entre las frases: "Estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar" (BJ).
22.
Recibid el Espíritu Santo.
Este fue un cumplimiento preliminar y parcial de la promesa de los cap. 14: 16-18; 16: 7-15. El derramamiento pleno vino unos 50 días más tarde, en el Pentecostés (Hech. 2).
23.
A quienes remitierais los pecados.
Jesús habla aquí a los discípulos como representantes de su iglesia en la tierra, en cuyo conjunto él había confiado la responsabilidad de velar por los intereses espirituales y las necesidades de sus miembros individuales. Jesús ya les había explicado ampliamente cómo tratar con los miembros descarriados: primero, personalmente (ver com. Mat. 18: 1-15, 21-35); y después, con la autoridad de la iglesia (ver com. vers. 16-20). Ahora reitera las instrucciones dadas en la ocasión anterior.
La iglesia debe trabajar fielmente por la restauración de sus miembros descarriados, debe estimularlos para que se arrepientan y se aparten de sus malos caminos. Cuando existe la evidencia de que se han arreglado las cosas con Dios y con el hombre, la iglesia debe aceptar el arrepentimiento como genuino, debe exonerar al pecador de las acusaciones que pesaron sobre él (debe "remitir" sus "pecados") y recibirlo de nuevo en plena comunión. Tal remisión de pecados es ratificada en el cielo. En realidad, Dios ya ha aceptado y perdonado al arrepentido (ver com. Luc. 15: 1-7). Sin embargo, las Escrituras explícitamente enseñan que la confesión del pecado y el arrepentimiento de él deben dirigirse directamente al trono de la gracia en el cielo (Hech. 20: 21; 1 Juan 1: 9), y que la remisión de los pecados del alma sólo proviene de los méritos de Cristo y de su mediación personal (1 Juan 2: 1). Dios nunca ha delegado esta prerrogativa a los falibles mortales, los que con mucha frecuencia necesitan de la misericordia divina y de la gracia de Dios, aunque hayan sido nombrados como dirigentes de la iglesia (ver DTG 745-746; com. Mat. 16: 19).
Les son remitidos.
Cuando falta la evidencia de un arrepentimiento genuino, han de ser "retenidas" las acusaciones presentadas contra un miembro descarriado. El cielo reconocerá la decisión de la iglesia, pues nadie puede estar en buena relación con Dios cuando está voluntariamente reñido con sus prójimos. El que desprecia el consejo de los representantes de Dios nombrados en la tierra, no puede esperar disfrutar del favor de Dios. Hay una ilustración de la forma en que operaba este principio en la iglesia primitiva en Hech. 5: 1-11.
24.
Tomás.
[Segunda aparición en el aposento alto, Juan 20: 24-29 = Mar. 16: 14. Comentario 1043 principal: Juan. Ver el mapa p. 216; diagrama p. 223.] Ver com. Juan 11: 25; cf. com. Mar. 3: 18.
25.
Al Señor hemos visto.
Comparar con el mensaje de María (vers. 18).
Si no viere.
Dios siempre da a los hombres suficiente evidencia en la cual fundamentar su fe, y los que están dispuestos a aceptarla, siempre pueden hallar el camino para llegar al Señor. Al mismo tiempo, el Altísimo no obliga a los hombres para que crean en contra de la voluntad de ellos, pues si así procediera él, los despojaría del derecho de usar su libre albedrío. Si todos los hombres fueran como Tomás, las generaciones posteriores nunca podrían llegar a un conocimiento del Salvador. En realidad, nadie -fuera de los pocos centenares que con sus propios ojos vieron al Señor resucitado- habría creído en él. Pero a todos los que lo reciben por fe y creen en su nombre (ver com. cap. 1: 12), el cielo les reserva una bendición especial: "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (cap. 20:29).
No creeré.
En griego dice: "De ninguna manera creeré".
26.
Ocho días después.
Es decir "ocho días", según el cómputo inclusivo, o sea, el domingo siguiente (ver p. 240; Nota Adicional com. Mat. 28). De acuerdo con el cómputo judío, la nueva reunión se realizó una semana más tarde, quizá otra vez por la noche (ver com. vers. 19). El sistema de computar el tiempo puede verse en las pp. 239-242.
Algunos han atribuido un significado especial al hecho de que está segunda reunión de Jesús con los discípulos ocurriera en el primer día de la semana. Han insistido en que ese fue el comienzo de la conmemoración del día de la resurrección, la ocasión para la santificación y la consagración del domingo como un día de culto. Si tal hubiera sido el propósito de la reunión, de seguro esperaríamos alguna mención de un hecho tan importante; pero no hay el menor indicio de un propósito tal. Por otro lado, el relato suministra una razón válida para que se efectuara la reunión: Tomás, el discípulo escéptico, estuvo presente, y Jesús vino para robustecer su fe.
Estando las puertas cerradas.
Quizá por miedo a los judíos, como la vez anterior (ver com. vers. 19).
Paz a vosotros.
El saludo es el mismo de la vez anterior (vers. 19).
27.
Pon aquí tu dedo.
El Señor sabía lo que abrigaba el corazón de Tomás, y cuando llegó inmediatamente dirigió su atención al discípulo incrédulo. Le ofreció la prueba exacta que él pedía, aunque la petición hubiera sido irrazonable (vers. 25). No se dice que Tomás hubiera hecho uso del ofrecimiento. El hecho de que el Señor leyera las dudas de su corazón con tanta exactitud, fue para él una prueba convincente de la resurrección.
28.
Señor mío.
Gr. ho kúriós mou. Tomás usa el título con su significado más excelso (ver com. cap. 13: 13). Kúriós (Señor) en la LXX es la traducción del Heb. YHWH, el nombre divino que se translitera en castellano como "Jehová" (RVR) y como "Yahveh" (BJ). (Ver t. I, pp. 180-182.) Mediante esta confesión, Tomás relacionó al que estaba ante él con el Jehová del AT. Es evidente que más tarde una confesión tal llegó a ser una fórmula de fe (cf. 1 Cor. 12: 3).
Dios mío.
Gr. ho theós mou. Theós (Dios) es en la LXX la traducción del Heb. 'Elohim, el título divino de "Dios". En el NT Theós por lo general se usa para el Padre (Rom. 1: 7; 1 Cor. 1: 3; etc.); pero aquí, como en Juan 1: 1 (ver allí el comentario), la palabra atribuye la deidad a Cristo. Aunque había muchas cosas acerca de la relación de las Personas de la Deidad que Tomás todavía no comprendía claramente, su confesión fue más profunda y más abarcante en sus alcances e implicaciones que las que habían hecho antes otros de los discípulos (por ejemplo, ver Mat. 16: 16).
29.
Me has visto.
Parece que Tomás no había aceptado la invitación de tocar las huellas de los clavos y la cicatriz dejada por el lanzazo (vers. 27); pero a lo menos demandaba comprobarlo con sus ojos. No estaba dispuesto a creer basándose en el testimonio de otros únicamente. Jesús reprochó su falta de fe y alabó a los que estaban dispuestos a creer sin la comprobación de sus sentidos.
Bienaventurados.
Gr. makários (ver com. Mat. 5: 3).
30.
Señales.
[Epílogo del Evangelio de Juan, Juan 20:30-31; 21:24-25.] Gr. s'méion (ver p. 198). "Muchas" en este versículo puede referirse a las otras "señales" con las cuales estaba familiarizado el lector por otros relatos de la vida de Cristo que ya se estaban divulgando.
31.
Estas se han escrito.
Juan aquí resume el propósito de lo que escribió y el plan que siguió al elegir el material. No tenía la meta de presentar una historia completa de Jesús, 1044 ni siquiera una biografía que abundara en detalles. Eligió las "señales" que formaban el fundamento de su tema y que eran el propósito por el cual escribía.
Jesús es el Cristo.
Jesús era el nombre que Cristo usó como ser humano (ver com. Mat. 1: 21). Era su nombre personal, el nombre con el cual lo conocieron sus contemporáneos. Para muchos, ese nombre sólo identificaba al hijo del carpintero. El propósito de Juan era demostrar que el Jesús que los hombres conocían ciertamente era el Mesías. "Cristo" significa "Mesías" (ver com. Mat. 1: 1).
Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35.
Vida.
Gr. zÇ' (ver com. cap. 1: 4; 8: 51; 10: 10). Cf. cap. 6: 47; ver com. cap. 3: 16.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-18 DTG 732-737
2 CS 476; DTG 733
2-4 HAp 430
3-4 ECFP 70
5-12 DTG 733
13 CS 455; DTG 737; PE 186, 239, 243; SR 371
13-17 DTG 734
15 MeM 188
16-17 PE 186
17 DTG 699, 774; HAd 493; MB 163
17-18 Ev 344; MB 152
19 HAp 22
19-29 DTG 743-748
20 CS 476; DTG 744
21-22 2JT 530
22 MeM 38; PVGM 263; TM 217
22-23 DTG 745
23 1JT 446
24 DTG 747
24-29 PE 187
25 1T 328; 2T 696; 4T 233
25-29 DTG 747
27-29 2T 104, 696
28 DTG 748; 6T 416
29 1T 492; 4T 233
31 CC 50; DTG 369
CAPÍTULO 21
1 Cristo se aparece de nuevo a sus discípulos, quienes lo reconocen por la gran cantidad de peces que sacan del mar. 12 Come con ellos. 15 Pide con insistencia a Pedro que alimente a sus ovejas y corderos. 18 Predice cómo morirá Pedro. 22 Reprende la curiosidad de éste en cuanto a la suerte de Juan. 25 Conclusión.
1 DESPUÉS de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también, contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.
6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.
7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar.
8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.
9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.
10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.
11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta 1045 y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.
12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado.
14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?
22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
1.
Después de esto.
[Aparición junto al mar de Galilea, Juan 21:1-23.] Es decir, entre la segunda aparición en el aposento alto (cap. 20: 26-29) y la aparición en una montaña de Galilea (Mat. 28: 16-20). Resulta evidente porque ahora se describe como "la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos" (Juan 21: 14). Ver Nota Adicional de Mat. 28.
Mar de Tiberias.
Ver com. cap. 6: 1.
2.
Simón Pedro.
Ver com. Mar. 3: 16.
Tomás.
Ver com. Mar. 3: 18.
Dídimo.
Ver com. cap. 11: 16.
Natanael.
Ver com. Mar. 3: 18; Juan 1: 45.
Caná de Galilea.
Ver com. cap. 2: 1.
Hijos de Zebedeo.
Es decir, Jacobo y Juan, que sólo aquí son llamados de esa manera por Juan (Mat. 4: 21; Mar. 10: 35).
3.
Voy a pescar.
La pesca había sido el oficio de Pedro antes de que se convirtiera en discípulo de Jesús (Mat. 4: 18-20). Jacobo y Juan también eran pescadores (Mat. 4: 21). Sin duda, en esa ocasión su propósito era el de aumentar sus escasos recursos. Los discípulos no estaban abandonando su vocación más excelsa. Habían ido a Galilea para encontrarse con su Maestro (ver com. Mat. 28: 16; DTG 749-750).
Aquella noche.
Debido a la claridad de las aguas del mar de Galilea, la noche era el momento apropiado para pescar (ver com. Luc. 5: 5).
No pescaron nada.
Como en la ocasión anterior (ver com. Luc. 5: 5).
4.
No sabían.
Quizá los ojos de ellos estaban "velados" como los de los discípulos que iban en el camino a Emaús (Luc. 24: 16). Quizá todavía había poca luz. Tampoco María reconoció a Jesús cuando se le presentó por primera vez (Juan 20: 14-16).
5.
Hijitos.
En los Evangelios sólo se registra esta ocasión en que Jesús se dirige así a sus discípulos. Juan usa esta forma en su primera epístola (1 Juan 2: 13, 18). Moulton y Milligan sugieren que esta palabra podría aquí ser el equivalente de "muchachos", y citan una balada en la cual este término se aplica a soldados (The Vocabulary of the Greek Testament). Como quiera que fuere, la forma de hablar no identificó al que hablaba. Sin duda los discípulos pensaron que era un extraño.
Algo de comer.
"Pescado" (BJ). Gr. prosfágion, lo que se come además del pan; por ejemplo carne, pescado, huevos, verduras, etc. (cf. com. cap. 6: 9). El pan era el principal alimento de los judíos. Aquí, siendo que la pregunta 1046 se formula a pescadores, lo más probable es que prosfágion se refiera a pescado. La forma de la pregunta en griego muestra que se espera una respuesta negativa.
6.
A la derecha.
Este era el lado en que Jesús estaba en la orilla, y al pedirles que echaran la red a ese lado, quería enseñarles una lección de fe y de cooperación con el poder divino (DTG 751).
Gran cantidad de peces.
Este milagro haría recordar a los discípulos el milagro anterior cuando dejaron todo por seguir al Maestro (ver com. Luc. 5: 11).
7.
A quien Jesús amaba.
En cuanto a esta forma de denominar a Juan, ver com. cap. 13: 23. Juan fue el primero en reconocer al Maestro, así como también fue el primero en creer en la resurrección (cap. 20: 8).
Simón Pedro.
Pedro, impulsivo, ferviente, afectuoso, impetuoso y expresivo, respondió en su forma característica.
La ropa.
"El vestido de encima" (BJ). Gr. ependútes, "prenda exterior".
Se había despojado de ella.
"Pues estaba desnudo" (BJ). Gr. gumnós, palabra que aunque puede aplicarse para describir a una persona completamente desnuda, también puede referirse a uno que sólo se ha quitado las prendas exteriores, como debe ser el caso aquí. Sin duda Pedro deseaba estar debidamente vestido para saludar a su Maestro.
Al mar.
Probablemente, el agua era poco profunda. No debe haber necesitado nadar.
8.
La barca.
Gr. ploiárion, literalmente "bote", "barquito", "barca". En el vers. 3 la palabra también traducida como "barca" es plóion, "un barco". Por usarse ploiárion en el vers. 8, algunos han llegado a la conclusión de que la embarcación más grande fue abandonada debido a que el agua era poco profunda y que se usó otra más pequeña para arrastrar la red hasta la orilla. Sin embargo, es posible que se usen indistintamente plóion y ploiárion, como se ve con toda claridad en otros pasajes (cap. 6: 17, 19, 21-22, 24) que se refieren a un mismo hecho y en el que se trataba de una sola embarcación.
Como doscientos codos.
Unos 100 m.
9.
Brasas.
Cf. cap. 18: 18.
Pez.
Gr. opsárion (ver com. cap. 6: 9). Comparar con prosfágion (ver com. cap. 21: 5). Cristo previó el cansancio y el hambre de los desanimados pescadores. Los discípulos no preguntaron de dónde procedían los alimentos y el fuego.
10.
Traed de los peces.
Para añadirlos al alimento que estaba sobre las brasas.
11.
Subió.
Pedro respondió con su impulsividad característica.
Ciento cincuenta y tres.
El número exacto muestra que los peces fueron realmente contados. Algunos comentadores han forjado interpretaciones místicas y fantásticas en cuanto a este número. Por ejemplo, se ha dicho que el "tres" representa a la trinidad. Tales interpretaciones no merecen tomarse en cuenta.
12.
Comed.
Gr. aristáÇ, en este caso, "desayunar" '
Se atrevía a preguntarle.
Los discípulos comieron en silencio, asombrados y con reverencia. Por sus mentes pasaron muchos pensamientos que no se atrevieron a expresar.
13.
Tomó el pan.
Jesús era el bondadoso dador del alimento. El Códice Beza añade: "habiendo dado gracias". Pero aun sin esta añadidura puede darse por sentado que se elevó una oración de agradecimiento.
14.
Tercera vez.
Juan enumera sólo las apariciones a los discípulos, no las apariciones a las mujeres (Mat. 28: 9; Juan 20: 14-17). Las apariciones enumeradas son: (1) A los discípulos en el aposento alto, la noche del día de la resurrección (Juan 20: 19); (2) a los discípulos una semana más tarde, en el mismo aposento alto (Juan 20: 26); (3) a los discípulos, junto al mar de Galilea (ver Nota Adicional com. Mat. 28).
15.
Hubieron comido.
O "hubieron terminado de desayunar" (ver com. vers. 12).
Me amas.
Gr. agapáÇ. En su respuesta a la pregunta de Jesús, Pedro usa otro verbo para "amar", a saber, filéÇ. Estas dos palabras a veces se diferenciaban en su significado. Cuando hay diferencia, agapáÇ se refiere a una forma más excelsa de amor, un amor regido por principios y no por emociones; filéÇ tiene relación con un amor espontáneo, movido por una emoción. Hay un estudio de la diferencia de estos dos vocablos en com. Mat. 5: 43; Juan 11: 3. Los eruditos no están de acuerdo en cuanto a si las dos palabras tienen aquí un significado diferente o si se usan como sinónimos, como es el caso en Juan 14: 23; cf. cap. 16: 27.
En el registro de las dos primeras preguntas de Jesús se ha usado la palabra agapáÇ', y en las respuestas de Pedro, la palabra filéÇ. En la tercera vez aparece la palabra filéÇ en la pregunta de Jesús, y, como en las ocasiones anteriores, también filéÇ en la respuesta de 1047 Pedro. Si debe hacerse diferencia entre las dos palabras -lo que no se puede determinar con certeza-, es posible presentar la siguiente explicación: Dos veces Jesús le preguntó a Pedro si lo amaba con la forma más excelsa de amor (agapáÇ). Sin embargo, Pedro sólo admitió un sentimiento emanado de una amistad común: "Tú sabes que te amo [filéÇ]". La tercera vez en la pregunta se ha consignado la palabra que Pedro usó antes dos veces. En la tercera oportunidad, la pregunta es si realmente lo amaba como un amigo (filéÇ), lo cual el apóstol ya había admitido dos veces. Es evidente que para Pedro había una duda implícita en la tercera pregunta. De acuerdo con esta interpretación, le dolió no porque se le hubiera hecho la misma pregunta tres veces, sino porque la tercera vez Jesús cambió su pregunta y, aparentemente, puso en duda la sinceridad de las respuestas de Pedro.
Es posible que las tres preguntas de Jesús se relacionaran con las tres negaciones de Pedro. Tres veces el apóstol había negado a su Señor; ahora se le daba la oportunidad de confesarlo tres veces.
Más que éstos.
Gr. pléon tóutÇn. El pronombre tóutÇn puede tener por antecedente a cosas o a personas. Por lo tanto, la pregunta de Cristo podría entenderse de dos maneras en el texto griego. "¿Me amas más que a la barca y los aparejos de pesca [cosas]?"; es decir, más que a los instrumentos de que disponía Pedro para ganarse la vida. La segunda forma es: "¿Me amas más que éstos?", es decir, más que los otros discípulos. Teniendo en cuenta que los objetos materiales (barca, red, etc.) no han sido mencionados en el contexto inmediato, es mejor considerar que la referencia es a los discípulos (DTG 751-752).
Tú sabes.
La respuesta de Pedro es humilde. Ha desaparecido toda arrogancia.
Apacienta mis corderos.
Los corderos representaban a los que eran nuevos en la fe. Más tarde Pedro comparó a los ancianos de la iglesia con pastores y llamó "grey" a aquellos que debían ser alimentados (1 Ped. 5: 14). Los ministros de Dios son pastores que sirven a las órdenes del Pastor Supremo.
16.
La segunda vez.
Se repite la pregunta, pero sin la adición de "más que éstos" (vers. 15). El amor de Pedro es puesto en tela de juicio. Pedro da la misma respuesta humilde.
Pastorea.
"Apacienta" (BJ). Gr. poimáinÇ, muy similar al verbo bóskÇ (vers. 15). Este segundo verbo ha sido traducido como "apacienta" en la RVR. La BJ no hace diferencia entre los dos verbos griegos (pues traduce "apacienta" en los dos casos, y también en el vers. 17, donde se repite en griego el verbo bóskÇ). La diferencia de significado entre "apacentar" y "pastorear" es muy pequeña en nuestro idioma. El primero de los verbos se refiere más al hecho de dar pasto a los ganados. El segundo también da esa idea, pero le añade el cuidado general que debe tenerse de ellos. Es muy posible que ambas palabras se usen en este pasaje del NT como sinónimos o, por lo menos, como términos casi equivalentes. La responsabilidad de Pedro como pastor se hace resaltar más y se amplía. Si los "corderos" (vers. 15) eran las personas nuevas en la fe, las "ovejas" (vers. 16) sería un término general para referirse a todo el ganado o grey. A pesar de su fracaso, no se depuso a Pedro de su ministerio como "pescador" de hombres (Luc. 5: 10).
17.
La tercera vez.
En su tercera pregunta a Pedro, al referirse al verbo "amar", Jesús usó una palabra diferente de la empleada en las dos primeras interrogaciones. Es dudoso que hubiera una diferencia de significado. Ver com. vers. 15 en lo que atañe al significado de la pregunta si es que el nuevo verbo equivalente a "amar" ("querer", BJ) debe distinguirse del precedente.
Se entristeció.
Ver com. vers. 15 en lo que atañe a una posible causa de tristeza. Pedro sabía que había dado motivos a otros para que dudaran de su amor por su Maestro. Las repetidas preguntas le recordaron vívidamente las veces que negó vergonzosamente a su Maestro, y, como incisivos dardos, deben haberle herido el corazón.
Sabes todo.
La tercera vez Pedro omitió el "sí" (vers. 15-16). Recurrió al ojo que todo lo ve, que leía los secretos más íntimos de su vida.
Apacienta mis ovejas.
Jesús aquí repite la orden (cf. vers. 15-16). Pedro había demostrado que estaba plenamente arrepentido. Su corazón enternecido estaba lleno de amor. Ahora sí podía confiársele la grey
18.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Extenderán tus manos.
Una evidente referencia a la crucifixión (cf. vers. 19). De acuerdo con la tradición, Pedro murió crucificado cabeza abajo, debido a que pidió que no lo crucificaran como a su Maestro, pues ese hubiera 1048 sido un honor demasiado grande para quien había negado a su Señor (HAp 428-429).
19.
Dando a entender.
Cf. cap. 12: 33.
Glorificar a Dios.
Es decir, al morir como mártir silenciosamente testificaría del poder del cristianismo (cf. 1 Ped. 4: 16).
Sígueme.
Hay una reflexión en cuanto a esta orden en 1 Ped. 2: 21.
20.
Volviéndose.
Esta palabra y las palabras "les seguía", sugieren que Jesús había llevado a Pedro aparte y le había hablado en privado en cuanto a la naturaleza de su muerte, quizá mientras caminaban a la orilla del lago. Tal vez Juan los seguía a cierta distancia.
Al lado de él.
Ver com. cap. 13: 23.
21.
¿Y qué de éste?
Pedro había recibido una revelación notable acerca de su propio futuro y debiera haber quedado contento con lo que el Señor había creído conveniente revelarle. Pero el apóstol estaba curioso por saber el futuro de Juan. Jesús aprovechó la oportunidad para grabar en Pedro la importante lección de poner en primer lugar lo que es más importante.
22.
Si quiero.
Esta oración expresa una suposición que se aclara en el vers. 23. Algunos tergiversaron esto y lo interpretaron como una declaración afirmativa. En realidad, Cristo sólo había dicho: "Supongamos que yo quisiera que él quedara, eso no debería preocuparte a ti, Pedro". La respuesta fue como un reproche para Pedro. No debería estar demasiado ansioso por el porvenir de sus prójimos. Debía preocuparse por seguir a su Señor. Esto no significa que no debía tener un amante interés por el bienestar de su hermano. Pero un afán tal nunca debe ser un motivo para que no mantengamos la vista puesta en Jesús. El mirar demasiado intensamente a nuestro hermano puede inducirnos a caer donde él cae.
23.
No moriría.
Los hermanos creyeron que era una realidad lo que Jesús sólo había presentado como suposición o frase condicional (ver com. vers. 22). Evidentemente, creían que la venida de Jesús estaba muy próxima (Hech. 1: 6-7).
24.
El discípulo.
Ver com. cap. 20: 30. "El discípulo a quien amaba Jesús" (cap. 21: 20) se identifica como el autor del Evangelio (ver p. 869). Los vers. 24 y 25 son un clímax adecuado para todo el Evangelio (ver com. cap. 20: 30).
Estas cosas.
Se refiere a la narración de este capítulo, y también al Evangelio entero.
Sabemos.
No sabemos a quiénes se refiere esta forma plural del verbo. Otros, quizá los ancianos de Efeso (ver p. 870), querían afirmar que lo que había sido escrito era sin duda la verdad. Circulaban narraciones espurias, obra de autores inescrupulosos, y Juan deseaba fervientemente que se conocieran los hechos verdaderos.
25.
Otras muchas cosas.
En este versículo final Juan prorrumpe en una apasionada declaración acerca de las muchas cosas notables que había dicho y hecho su Maestro. Escribió su Evangelio teniendo en cuenta ciertos propósitos espirituales, y relató los acontecimientos y registró las cosas que contribuyeron a esos propósitos (ver p. 870). Los escritores de los otros Evangelios hicieron lo mismo. Por eso muchos de los hechos de Jesús quedaron sin ser registrados.
Ni aun en el mundo cabrían.
Este lenguaje es hiperbólico, pero sirve bien para hacer resaltar la inmensa cantidad de dichos y obras de Jesús. Una hipérbole similar, de la misma época en que escribió Juan, proveniente de Rabbán Johanán ben Zakkai, ha llegado hasta nosotros. Se registra que él dijo: "Si todo el cielo fuera un pergamino y todos los árboles cañas de escribir, y tinta todo el mar, eso no sería suficiente para consignar por escrito la sabiduría que he aprendido de mis maestros" (Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 2, p. 587). Esta figura literaria judaica ha sido popularizada en el himno evangélico "¡Oh amor de Dios!", de F. M. Lehman (Himnario adventista, Nº. 62). Comentando estas palabras finales de Juan, observa Calvino: "Si el evangelista, contemplando la grandeza de la majestad de Cristo, exclama con asombro que aun el mundo entero no podría contener el relato pleno de ella, ¿debiéramos asombrarnos por eso?"
Amén.
Ver com. Mat. 5: 18.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-22 DTG 749-756
3-13 DTG 749
6 3JT 193; 1T 436
15 CM 35; DTG 751; Ev 254; 2JT 463, 522; OE 190, 219; PVGM 119 1049
15-16 CM 194; COES 84; 5T 335
15-17 HAp 411, 429
16 DTG 753; Ev 254; OE 191
16-17 DTG 752
17 Ed 86; 1JT 514; PVGM 119
18 HAp 428
18-19 DTG 754
20 ECFP 69, 103
20-21 DTG 755
22 DTG 755; Ed 86; 3T 65; 4T 39; TM 337 1051