COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA

Evangelio Según SAN JUAN

INTRODUCCIÓN

1. Título.

Casi sin excepción, desde los primeros siglos se ha conocido el cuarto Evangelio con el nombre de Evangelio según Juan. El nombre Juan significa: "el Señor es benigno". Con referencia a la etimología del nombre, ver com. Luc. 1: 13. En cuanto al significado de la palabra traducida "evangelio" ver com. Mar. 1: 1.


2. Autor.
Este Evangelio es anónimo en el sentido de que, por razones conocidas sólo por el autor, éste evita deliberadamente toda mención de su persona por nombre. No se identifica como uno de los dos discípulos que primero siguieron a Jesús (cap. 1: 37; cf. DTG 111), y con obvia modestia se refiere a sí mismo con las expresiones: "aquel discípulo" (cap. 21: 23), "el discípulo a quien amaba Jesús" (vers. 20), "el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas" (vers. 24). Desde muy antiguo, la tradición cristiana ha señalado a Juan el amado, no sólo como la fuente de información, sino también como el escritor del Evangelio que lleva su nombre. En las pp. 182-183 se trata de la fecha en que se escribió el cuarto Evangelio, y la relación de la fecha con el problema de quién fue el autor.
Juan se distinguió por sobre los otros doce como "el discípulo a quien amaba Jesús" (cap. 21: 20). La llama de la lealtad personal y de la ardiente dedicación a su Maestro parecía arder más pura y más brillante en su corazón que en el de sus compañeros. Entre Juan y Jesús se desarrolló una amistad más íntima que la que cultivaron los otros (DTG 259). Así como Cristo, por ser el único que conocía perfectamente al Padre, era el único que podía revelarlo perfectamente, así también Juan estaba en magníficas condiciones para presentar, en su Evangelio, las sublimes verdades acerca de Cristo.
Cuando Juan y su hermano Jacobo llegaron por primera vez a Cristo, recibieron el apodo de "hijos del trueno". Eran orgullosos, seguros de sí mismos, ambiciosos de honores, iracundos; se ofendían fácilmente; a menudo albergaban el deseo de vengarse y lo llevaban a cabo cuando tenían la oportunidad (HAp 430-431). Eran graves defectos, y es indudable que Juan no fue escogido como discípulo por tener un carácter agradable o noble. Pero, por debajo de esta apariencia desalentadora Jesús discernió un corazón ardiente, sincero y amante. Fue al comienzo un alumno lerdo, pero en quien el Maestro vio un apóstol dinámico. Cuando Juan tomó sobre sí el yugo de Cristo, se transformaron su carácter y toda su vida. 870
Al contemplar a Jesús, Aquel que es "codiciable" en todo sentido, Juan sintió el supremo anhelo de asemejarse a su Maestro. Era menor que los otros discípulos (DTG 259) y, con la confianza y la admiración que la juventud siente por un héroe, le abrió el corazón a Jesús. Siempre estaba al lado de su Maestro y, como resultado de entregarse más de lleno a la influencia de esa vida perfecta, llegó a reflejarla más plenamente que sus compañeros. Su espíritu era más receptivo, más sumiso. Cuando la pura luz del Sol de justicia le reveló uno tras otro sus defectos, se humilló y aceptó el reproche implícito en la vida perfecta de Cristo y explícito en sus palabras de consejo y reprobación. A medida que entregaba su vida a la influencia del Salvador, el amor y la gracia divinos lo fueron transformando.
El hogar de la infancia de Juan estaba en Betsaida, una aldea de pescadores en la orilla norte del mar de Galilea. Su padre parece haber sido un hombre de bastantes recursos y de cierta posición social, y su madre se unió al grupo de mujeres piadosas que suplían las necesidades de Jesús y de los doce en sus viajes por Galilea y por otras partes de Palestina. Juan fue miembro de ese círculo íntimo de tres hombres a quienes Jesús tuvo como compañeros especiales, y que compartieron con él las vivencias más profundas de la misión de su vida. Ya en la cruz, Jesús le encomendó a Juan el cuidado de su madre. La tradición cuenta que muchos años más tarde ella fue a vivir con el apóstol a Efeso, donde él dirigía las comunidades cristianas de la región. Juan fue el primero de los discípulos en llegar a la tumba en la mañana de la resurrección, y el primero en comprender la gloriosa verdad de que el Señor había resucitado (cap. 20: 8). Desde ese momento se dedicó por entero a proclamar al Salvador crucificado, resucitado y próximo a volver, dando testimonio de lo que había oído, visto y experimentado del "Verbo de vida" (1 Juan 1: 1-2).
3. Marco histórico.
Ver en la p. 266 un breve resumen del marco histórico de la vida y la misión de Jesús. En las pp. 42, 68 se estudia más ampliamente el tema.
4. Tema.
Cuando el Evangelio de Juan fue escrito hacia fines del siglo I, tres grandes peligros amenazaban la vida y la pureza de la iglesia cristiana. El más serio era la decadencia de la piedad; otro era la herejía, sobre todo el gnosticismo, que negaba la realidad de la encarnación y fomentaba el libertinaje; el tercero era la persecución.
Habían transcurrido unos 30 años desde que se escribieron los Evangelios sinópticos (ver pp. 170-173), y el anciano Juan, único sobreviviente de los doce (HAp 432), sintió el deseo de presentar de nuevo la vida de Cristo, a fin de contrarrestar las fuerzas malignas que amenazaban destruir la iglesia. Se necesitaba un cuadro vívido del Salvador a fin de fortalecer la fe en la realidad de las grandes verdades del Evangelio, tales como la encarnación de Jesús, su verdadera divinidad y verdadera humanidad, su vida perfecta, su muerte expiatoria, su gloriosa resurrección y su prometido retorno. "Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él [Cristo] es puro" (1 Juan 3: 3). Solamente cuando la vida y la misión del Salvador se conservan como una realidad viviente en la mente y en el corazón, puede ser efectivo en la vida el poder transformador de su gracia. Por eso Juan declara que su relato fue "escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (cap. 20: 31). Admite francamente que podría haber referido mucho más (vers. 30), pero que sólo ha relatado aquellos hechos que considera más convenientes para atestiguar de las grandes verdades fundamentales del Evangelio. Lo movió la certeza de que lo que lo había convencido a él, convencería también a otros (cf. 1 Juan 1: 1-3).
Como se mencionara en la p. 173, hubo un tiempo cuando pesó sobre el Evangelio de Juan la acusación de que tendía hacia el gnosticismo. El pensamiento gnóstico 871 cristiano giraba en torno del concepto de que, en esencia, el bien y el mal deben identificarse con el espíritu y la materia, respectivamente. Se enseñaba que aquellos en cuyas almas reside una chispa de la luz celestial son prisioneros en este mundo de materia. Se afirmaba que la salvación consiste en obtener el conocimiento necesario para escapar del reino de la materia al reino del espíritu. El gnosticismo negaba la verdadera encarnación de Cristo y sostenía que la forma humana que los hombres creían ver era una apariencia. El Cristo divino -según el gnosticismo-, había entrado en el Jesús humano en su bautismo, y se había retirado antes de su muerte en la cruz.
Indudablemente, Juan procuraba contrarrestar, al menos en parte, estos falsos conceptos acerca del pecado y de la salvación mediante su relato de la vida de Jesús. Unos 30 años antes, Pablo había escrito a la iglesia de Colosas acerca de los peligros ocultos en lo que era entonces la nueva e intrigante secta del gnosticismo (Col. 2: 8; Hech. 20: 29-30). Ahora Juan se enfrentaba con una filosofía vigorosa y cada vez más popular, que amenazaba la misma vida de la iglesia.
Con buen criterio, emanado de la inspiración, Juan se abstiene de atacar directamente el gnosticismo, y se limita a la declaración positiva de la verdad. Es digno de notar que - evidentemente, en forma intencional- evita el uso de ciertos sustantivos griegos tales como gnÇsis, pístis, y sofía, "conocimiento", "fe", y "sabiduría", palabras claves del vocabulario gnóstico. Comienza el Evangelio afirmando con lenguaje inconfundible la verdadera deidad de Cristo y la realidad de su encarnación. Aparentemente, la selección que hizo de los sucesos relatados se debió al deseo de presentar aquellos aspectos de la vida y del ministerio de Cristo que revelan en forma muy clara estas verdades fundamentales.
Exceptuando unos pocos casos notables -las bodas de Caná, la visita a Sicar, la curación del hijo del "oficial", la alimentación de los 5.000 y el sermón acerca del pan de vida- Juan trata exclusivamente, y a menudo extensamente, aquellos sucesos ocurridos en Judea que implicaban a los dirigentes de la nación judía. En este sentido, su Evangelio es un complemento de los sinópticos, que se ocupan ampliamente del ministerio en Galilea y pasan por alto en relativo silencio la mayoría de los hechos ocurridos en Judea.
Existen otras diferencias entre Juan y los sinópticos. Hay extensas secciones de su Evangelio dedicadas a largas polémicas en el templo de Jerusalén. Además, se dedican varios capítulos a las instrucciones impartidas a los discípulos en la víspera de la crucifixión. Por otra parte, Juan no dice nada en cuanto a acontecimientos de tal magnitud como el bautismo, la transfiguración o la experiencia del Getsemaní. Tampoco relata ningún caso de curación de un demoníaco. Los milagros que él registra son presentados específicamente como pruebas del poder divino, y contribuyen al propósito ya anunciado de demostrar que Jesús es el Hijo de Dios. No relata ninguna de las parábolas de los sinópticos. Su meta no es tanto escribir biografía o historia como escribir teología, aunque también emplea mucho material histórico y biográfico. Mientras los escritores sinópticos presentan el mesianismo de Jesús en forma inductiva, Juan lo afirma osadamente en el primer capítulo, y luego presenta la prueba. Otras importantes diferencias radican en la diferente cronología de la vida de Cristo. Si no existiese otro registro sino el de los sinópticos, probablemente llegaríamos a la conclusión de que el ministerio de Cristo se extendió durante un período no mucho mayor que el de un año, mientras que el relato de Juan exige reconocer al menos 21/2 años, y da a entender un período de 31/2 años. También hay una diferencia entre Juan y los sinópticos en cuanto a su correlación de la última pascua con la crucifixión (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26). 872
La palabra clave de este Evangelio es "Verbo", Gr. lógos (cap. 1: 1), usada en su sentido literal solamente en el capítulo introductorio. Lógos, como palabra específica, parece haberse originado con los estoicos, que la empleaban para designar la sabiduría divina como la fuerza integrante del universo. El filósofo judío Filón usa la palabra lógos 1.300 veces en su exposición del AT. Se ha afirmado muchas veces que Juan usa la palabra lógos en este sentido filosófico; pero el Lógos de Juan es estrictamente cristiano. Presenta a Jesús como la expresión encarnada de la sabiduría divina que hizo posible la salvación, la encarnación de la voluntad divina y del carácter divino, del poder divino activo en la transformación de la vida de los hombres. Juan se refiere vez tras vez al hecho de que Jesús vino a la tierra como la expresión viviente de la mente, la voluntad y el carácter del Padre. Esto se ve en las 26 veces donde cita a Jesús cuando habla del Padre como de "el que me envió" o alguna frase equivalente, como también en su uso de verbos sinónimos para referirse a que la misión de Cristo provenía del Padre. Presenta al Salvador de la humanidad como el Creador de todas las cosas, la Fuente de luz y vida. También hace resaltar la importancia de creer la verdad acerca de Jesús. Para esto usa la palabra "creer" o su equivalente más de 100 veces. Si bien es cierto que el Evangelio según Juan es nuevo y definidamente cristiano en sus conceptos, se estima que 427 de sus 879 versículos reflejan el AT, ya sea por cita directa o por alusión.
5. Bosquejo.
Puesto que en las pp. 186-191 hay un bosquejo cronológico completo del Evangelio de Juan, este que aquí se presenta sólo abarca las etapas principales de la vida y del ministerio de Jesús.
I. Prólogo: El Verbo de Dios encarnado, 1: 1-18.
II. Comienzos del ministerio, bautismo hasta la pascua, 27-28 d. C., 1: 19 a 2: 12.
III. Ministerio en Judea, de pascua a pascua, 28-29 d. C., 2: 13 a 5: 47.
A. En la primera pascua, 2: 13 a 3: 21.
B. Ministerio en Judea, 3: 22-36.
C. Retiro temporario de Judea, 4: 1-54.
D. En la segunda pascua, 5: 1-47.
IV. Ministerio en Galilea, de pascua a pascua, 29-30 d. C., 6: 1 a 7: 1.
V. Ministerio, de pascua a pascua, 30-31 d. C., 7: 2 a 11: 57.
A. En la fiesta de los tabernáculos, 30 d. C., 7: 2 a 10: 21.
B. En la fiesta de la dedicación, invierno (diciembre-febrero), 30-31 d. C., 10: 22-42.
C. La resurrección de Lázaro, 11: 1-57.
VI. Ministerio final en Jerusalén, pascua, 31 d. C., 12: 1 a 19: 42.
A. Acontecimientos previos a la semana de la pasión, 12: 1-11.
B. Los dirigentes judíos rechazan a Jesús, 12: 12-50.
C. La última cena, 13: 1-30.
D. Enseñanzas antes de partir, 13: 31 a 16: 33.
E. Oración de intercesión de Jesús, 17: 1-26.
F. Getsemaní, 18: 1-12.
G. El enjuiciamiento, 18: 13 a 19: 16.
H. La crucifixión y la inhumación, 19: 17-42.
VII. La resurrección; apariciones posteriores; 20: 1-29; 21: 1-23.
VIII. Epílogo, 20: 30-31; 21: 24-25. 873


CAPÍTULO 1

1 La divinidad, la humanidad y la obra de Jesús. 15 El testimonio de Juan. 39 El llamamiento a Andrés, Pedro, Felipe y Natanael.


1 EN EL principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.
8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?
20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.
21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.
27 Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.
28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.
31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.
32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él.
33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.
34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.
36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 874
37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.
38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?
39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.
40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.
41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).
42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).
43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme.
44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro.
45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.
48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.
51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.


1.
En el principio.
[Prólogo al Evangelio de Juan, Juan 1: 1-18.] En la frase griega falta el artículo definido, y, sin embargo, su significado es inconfundible. Si en griego llevara aquí el artículo definido, tendería a indicar algún momento particular de tiempo o "principio". Sin el artículo definido y dentro del contexto de los vers. 1-3, la frase denota el tiempo más remoto que se pueda concebir, antes de la creación de "todas las cosas" (vers. 3), antes de todo y de cualquier otro "principio". Es decir, la eternidad pasada.
El relato de la creación comienza con las palabras hebreas equivalentes (ver com. Gén. 1: 1). Así como en Gén. 1 se expone la naturaleza de la creación y el hecho de que el hombre fue originalmente formado a la imagen de Dios, así también el prólogo del Evangelio de Juan hace resaltar la naturaleza del Creador (vers. 1-4) y los medios por los cuales Dios se propuso que fuera posible la nueva creación del hombre a la imagen divina (vers. 5-14). En Gén. 1: 1 se refiere al "principio" de este mundo. Pero el "Verbo" de Juan 1: 1-4 es el Creador de todas las cosas y por lo tanto precede al "principio" de Gén. 1: 1. De modo que "el principio" de Juan 1: 1 es anterior al "principio" de Gén. 1: 1. Cuando comenzó todo lo que tuvo un principio, el "Verbo" ya "era".
Era.
Gr. 'n, una forma del verbo eimí, "ser", que expresa continuidad de existencia, o "siendo". El Verbo era por toda la eternidad. Nunca llegó a ser tal. Pero en el tiempo, el Verbo "fue hecho [literalmente, 'llegó a ser', Gr. egéneto, una forma de gínomai, 'llegar a ser' que expresa una acción iniciada y completada en un momento dado] carne" (vers. 14). De modo que Cristo siempre ha sido Dios (Juan 1: 1; Heb. 1: 8); pero, por contraste, llegó a ser hombre (Juan 1-14; cf. Fil. 2: 7). Tanto con el significado de las palabras como con la forma de ellas, Juan hace resaltar la continua, atemporal e ilimitada existencia de Cristo antes de su encarnación. En la eternidad pasada no había un punto de referencia antes del cual se pudiera haber dicho que no existía el Verbo. El Hijo existía "con el Padre, desde toda la eternidad" (HAp 32). "Nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno" (Ev 446). Comparar con Apoc. 22: 13 donde Jesús se proclama a sí mismo "el principio y el fin". El es "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Heb. 13: 8).
La palabra gínomai, empleada en el vers. 14, aparece también en el vers. 3 al referirse a la creación de todas las cosas (literalmente, "todas las cosas por él llegaron a ser"). Jesús declaró: "antes que Abraham fuese [Gr. gínomai, literalmente 'llegara a ser' o 'viniera a ser'], yo soy [Gr. eimí]" (cap. 8: 58). El mismo 875 contraste aparece en la LXX, en el Sal. 90: 2: "Antes que las montañas llegaran a ser [Gr. gínomai], desde el siglo y hasta el siglo tú eres [Gr. eimí] Dios".
En se emplea tres veces en Juan 1: 1. Primero, en cuanto a la eternidad del Verbo; después, para referirse a su eterna unión con el Padre, y, finalmente, para su eterna igualdad de naturaleza con el Padre. El vers. 2 confirma la duración de este estado de ser por toda la eternidad.
Verbo.
Gr. lógos, "palabra", o "exclamación", "dicho", "discurso", "narración", "relato", "tratado", con énfasis en la disposición sistemática y llena de significado de los pensamientos así expresados. Aquí Juan emplea el término para designar a Cristo, quien vino para revelar el carácter, la mente y la voluntad del Padre, así como un discurso es la expresión de ideas. En la LXX lógos se usa por lo general tanto para la acción creadora (Sal. 33: 6; cf. Gén. 1: 3, 6, 9, etc.) como para la expresión de comunicación (Jer. 1: 4; Eze. 1: 3; Amós 3: 1) de la mente de Dios y de su voluntad. Sin duda, estas formas de emplear lógos en el AT estaban en la mente de Juan cuando escribió este pasaje. Dios ha expresado su voluntad divina y su propósito mediante la creación y mediante la revelación. Ahora (Juan 1: 14) lo ha hecho mediante la encarnación, que es su revelación suprema y perfecta (ver Material Suplementario EGW com. vers. 18). De modo que la palabra Lógos resume el tema dominante del libro de Juan (ver cap. 14: 8- 10; com. "el Verbo era Dios"; y la Nota Adicional del cap. 1). En el vers. 18, Juan presenta su razón para hablar de Cristo como "el Verbo": él vino para dar "a conocer" al Padre. La designación de Cristo mediante la palabra Lógos en el NT es empleada únicamente por Juan, en su Evangelio (cap. 1) y en 1 Juan 1: 1; Apoc. 19: 13. El término identifica a Cristo como la expresión encarnada de la voluntad del Padre de que todos los hombres sean salvos (1 Tim. 2: 4), como "el pensamiento de Dios hecho audible" (DTG 11).
Con Dios.
Gr. pros ton theón. La palabra pros denota relación íntima y compañerismo. Si Juan sencillamente hubiera querido decir que en el principio el Verbo estaba en las proximidades de Dios, podría haberse esperado que empleara la palabra pará, "al lado", o el vocablo metá, "con" (cf. com. cap. 6: 46). Pero Juan se proponía expresar más de lo que cualquiera de esas palabras podía significar cuando escribió "abogado tenemos para con [Gr. pros] el Padre" (1 Juan 2: 1); no en el sentido de que Jesús sencillamente está en la presencia del Padre, sino que está estrechamente relacionado con el Padre en la obra de la salvación. Pros se usa en el mismo sentido en Heb. 4: 13: "a quien tenemos que dar cuenta". Es decir, "con quien tenemos que vérnoslas". La palabra aquí implica estrecha relación personal en una empresa de interés mutuo e incumbencia de ambos. Cf. Juan 17: 5.
El hecho de que el Verbo era "con Dios", es decir con el Padre, enfáticamente declara que él era un ser completamente distinto del Padre. Como lo aclara el contexto, el Verbo estaba relacionado con Dios en un sentido único y exclusivo. El Verbo era "con Dios" en la eternidad pasada, pero se hizo "carne" a fin de estar con "nosotros" (ver com. vers. 14; cf. DTG 14-18). El era Emanuel, "Dios con nosotros" (ver com. Mat. 1: 23). Es imposible comprender la importancia de la encarnación a menos que se la proyecte en el telón de fondo de la existencia eterna de Cristo como Dios y como íntimamente unido a Dios (ver Material Suplementario EGW, com. Rom. 1: 20-25).
El Verbo era Dios.
En griego, la ausencia del artículo definido delante de la palabra "Dios" hace que sea imposible traducir esta declaración como "Dios era el Verbo". Traducirla así sería igualar a Dios con el Verbo, limitando así la Deidad exclusivamente al Verbo. Los dos términos "Verbo" y "Dios" no son enteramente intercambiables. Sería tan erróneo decir que "Dios era el Verbo" como decir que "el amor es Dios" (cf. 1 Juan 4: 16) o que "la carne fue hecha el Verbo" (cf. Juan 1: 14). Aunque aquí, en el vers. 1, a la palabra "Dios" le falta el artículo definido (lo cual en griego suele indicar que debe añadirse el artículo indefinido), sin embargo tiene un sentido definido. La declaración no se puede traducir "el Verbo era un Dios", como si el Verbo fuera un Dios entre muchos otros dioses. En griego, la ausencia del artículo con frecuencia hace resaltar una cualidad expresada por una palabra o inherente a ella. Por lo tanto, Juan quiere decir que el Verbo participaba de la esencia de la Deidad, que era divino en el sentido máximo y absoluto. De esa manera, en una breve declaración, Juan niega que el Verbo fuera un Dios, uno entre muchos, o el Dios, como si él solo fuera Dios.
En el prólogo (vers. 1-18) Juan declara el 876 propósito que lo guiaba al escribir el Evangelio: a saber, presentar al hombre Jesús como a Dios encarnado (cf. 1 Juan 1: 1). Narrando un acontecimiento y después otro, y registrando discurso tras discurso, Juan va fielmente en pos de ese fin. En su conclusión, observa que su propósito al escribir era guiar a otros para que creyeran "que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo" pudieran tener "vida en su nombre" (Juan 20: 30-31). En la introducción de su primera epístola, otra vez Juan se refiere a su experiencia personal con "el Verbo" (1 Juan 1: 1-3). Así también, las palabras iniciales del Apocalipsis declaran que éste es "la revelación de Jesucristo" (cap. 1: 1). Ver Nota Adicional al fin del capítulo; com. Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9.
Cristo es eternamente Dios en el sentido supremo y absoluto del término (ver Nota Adicional al fin del capítulo). En cuanto a la ficción de que Jesús fue meramente un gran hombre y un buen hombre, ver com. Mat. 16: 16.
Las evidencias de la deidad de Cristo son muchas e irrefutables. Se las puede resumir brevemente: (1) La vida que vivió (Heb. 4: 15; 1 Ped. 2: 22), (2) las palabras que habló (Juan 7: 46; 14: 10; cf. Mat. 7: 29), (3) los milagros que realizó (Juan 5: 20; 14: 11), (4) las profecías que se cumplieron en él (Luc. 24: 26-27, 44; Juan 5: 39; DTG 740). Ver DTG 372-373.
2.
Este.
Para dar énfasis, en el vers. 2 se repiten, en su esencia, los hechos del vers. 1.
3.
Todas las cosas.
Una frase filosófica común que denota el universo entero (1 Cor. 8: 6; Col. 1: 16; cf. Heb. 1: 1-2; ver com. Juan 1: 9).
Por él.
Juan no pensaba en el Lógos, o "Verbo", en el sentido abstracto y metafísico de la filosofía griega. La íntima relación de Cristo con el Padre en la obra de la creación se presenta vez tras vez en el NT (Rom. 11: 36; 1 Cor. 8: 6; Col. 1: 16-17; Heb. 1: 1-2; cf. Apoc. 3: 14). Aquí Juan presenta a Cristo como el Creador de todas las cosas, así como en Juan 1: 14 lo hace resaltar como el instrumento de la misericordia divina y de la gracia para la restauración o nueva creación de todas las cosas. En la eternidad pasada, el Verbo no fue una entidad pasiva e inactiva, sino que estuvo activa e íntimamente relacionado con el Padre en el desarrollo y en el manejo de "todas las cosas".
Fueron hechas.
Gr. gínomai, "llegar a ser", "llegar a existir", "aparecer" (ver com. vers. 1). Juan describe la creación como un acto completo. Las cosas materiales no son eternas; hubo un tiempo cuando "fueron hechas".
Sin él.
La misma verdad presentada negativamente. El "Verbo" es Creador única y exclusivamente.
4.
La vida.
Gr. zÇ', el principio de la vida compartido por todos los seres vivientes, la antítesis de la muerte. Evidentemente, Juan también piensa en la vida espiritual y, más particularmente, en la vida eterna, a la cual tiene acceso aquel que recibe a Cristo y cree en él (vers. 12). Debido al pecado, el hombre se separó de la fuente de la vida, y, por lo tanto, se convirtió en súbdito de la muerte; pero la esperanza de la vida eterna fue restaurada por medio de Jesucristo (Rom. 5: 12, 18; 6: 23), y con ella todo lo que Adán perdió debido a la transgresión. Ver Juan 10: 10; 11: 25; 14: 6. "En Cristo hay vida original, que no proviene ni se deriva de otra" (DTG 489).
La luz de los hombres.
En griego, el artículo definido precede tanto a "vida" como a "luz" y de ese modo equipara a "luz" con "vida". Durante mucho tiempo las tinieblas espirituales habían envuelto a las almas de los hombres, pero la "luz verdadera" (vers. 9) de la vida divina y de la perfección divina ahora resplandece para iluminar el sendero de cada hombre (cf. Isa. 9: 1-2). La luz del cielo no sólo brilla a través de Cristo; él es esa luz (Juan 1: 9). Juan cita esta afirmación de Jesús vez tras vez (Juan 8: 12; 9: 5; 12: 35, 46; cf. 1 Juan 1: 5-6; 2: 8). La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina (ver com. Gén. 3: 24). Dios inundó el mundo de luz en el primer acto de la creación (Gén. 1: 3); así también cuando Dios emprende la obra de volver a crear su imagen en las almas de los hombres, primero ilumina sus corazones y mentes con la luz del amor divino (2 Cor. 4: 6). "Contigo", dice el salmista, "está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz" (Sal. 36: 9).
5.
La luz.
Es decir, la luz del amor divino manifestado en el Verbo encarnado (ver com. vers. 4).
Tinieblas.
Se refiere a las tinieblas espirituales del pecado, la oscuridad mental de la ignorancia acerca del amor y la misericordia de Dios y la inevitable perspectiva de muerte (ver Efe. 2: 12). La Luz de la vida vino a este mundo para desvanecer esta mortaja de oscuridad (ver 2 Cor. 4: 6).
No prevalecieron.
"No la comprendieron" (RVA). Gr. katalambánÇ, "aprehender", "captar", 877 "aferrarse de", "comprender", ya sea literalmente con las manos o con la mente, en forma figurada. Katalambáno se usa en el sentido de "comprender" o "llegar a una conclusión" en Hech. 10: 34; 25: 25; Efe. 3: 18; pero, con más frecuencia, en el sentido de "tomar", "agarrar", "coger" en Mar. 9: 18; Juan 8: 3-4; 12: 35; 1 Tes. 5: 4; etc. La palabra castellana "captar" refleja ambos matices de significado. La traducción "no prevalecieron contra ella" (RVR) o "no la vencieron" (BJ) lleva la idea del bien que triunfa sobre el mal (cf. Efe. 6: 12; Col. 2: 15). Esta traducción quizá haya sido influida por el concepto moderno de que el Evangelio de Juan refleja el dualismo del mitraísmo y de los esenios (ver pp. 56, 94). Sin embargo, la evolución del pensamiento en Juan 1: 9-12 favorece la traducción "comprendieron", en el sentido de que las tinieblas de las almas de los hombres -personificadas- no comprendieron ni apreciaron la Luz de la vida (cap. 3: 19; cf. DTG 59).
6.
Enviado de Dios.
Con estas dramáticas palabras el evangelista afirma el origen divino del testimonio del Bautista acerca del Mesías (ver com. Juan 1: 23; cf. com. Amós 7: 14-15; Juan 4: 34).
Juan.
Es decir, Juan el Bautista. Juan el evangelista nunca se refiere a sí mismo por nombre. Ver com. Mat. 3: 1-12; Luc. 3: 1-18. En cuanto al significado del nombre, ver com. Luc. 1: 13.
7.
Diese testimonio.
En su estado de ceguera espiritual, en general los hombres se habían olvidado de la luz y no estaban dispuestos a recibirla (vers. 10, 26). Sin embargo, la percepción espiritual de Juan lo condujo a que reconociera al Mesías (vers. 32-34). Comparar con Isa. 6: 9; 2 Cor. 4: 4; Apoc. 3: 17-18.
Luz.
Gr. fÇs, una fuente de luz. Como resulta evidente por el contexto, aquí se dice que Cristo es la luz, así como en el vers. 4 se dice que él es el portaluz (ver com. vers. 4-5). Creyesen.
Esta palabra aparece más de cien veces en el Evangelio de Juan para hacer resaltar la importancia vital de una respuesta positiva a la voz de Dios.
8.
No era él la luz.
Ver com. vers. 20.
9.
Luz verdadera.
Es falsa toda otra llamada "luz" que no sea la que se origina con Jesucristo (cf. Isa. 50: 11; Sant. 1: 17). Sin embargo, es probable que Juan no use aquí la palabra "verdadera" en contraste con "falsa", implicando que todas las luces son falsas y engañosas, pues más tarde Cristo habló de Juan el Bautista como de "una antorcha [Gr. lújnos, 'lámpara', 'portaluz', en contraste con fÇs, la luz misma, ver com. vers. 71 que ardía y alumbraba" (cap. 5: 35). Pero Juan el apóstol niega (cap. 1: 8) que Juan el Bautista fuera "la luz" de la cual habla aquí. La diferencia entre Juan el Bautista y Jesús no era la diferencia entre falso y verdadero, sino entre lo parcial y lo completo (ver 1 Cor. 13: 10). El testimonio de Juan podría compararse con el brillo del planeta Venus o el de Sirio (ver com. Isa. 14: 12), pero en Jesús la luz de la verdad brillaba como el sol del medio día (ver com. Mal. 4: 2; 2 Ped. 1: 19). Juan también presenta a Jesús como el "verdadero pan" (cap. 6:32), la "vid verdadera" (cap. 15: 1), la verdadera "puerta" (cap. 10:7-9) y la verdad misma (cap. 14:6).
Alumbra a todo hombre.
Esto no significa que todos los hombres necesariamente son iluminados por la luz, sino que si los hombres son iluminados, debe ser por medio de esta luz (cf. Juan 6:68; Hech. 4:12). De Cristo procede toda la luz que tienen los hombres (DTG 429-430). La luz verdadera brilla sobre todos los hombres en el mismo sentido en que Jesús murió por todos los hombres, pero esto no significa que todos los hombres sepan en cuanto a él o que serán salvados. Juan aquí no se refiere a una chispa vaga de luz que esté en las almas de todos los hombres santos, pecadores y paganos por igual sino a la luz del conocimiento salvador de Jesucristo (ver DTG 283). En los vers. 10-12 Juan aclara que, en el caso de la mayoría, "el mundo no le conoció" y "los suyos no le recibieron". Por lo tanto, éstos no fueron iluminados por la "luz verdadera". Por eso Juan se apresura a añadir que sólo "los que le recibieron" y creyeron en él son aquellos a quienes aquí se hace referencia (vers. 12; cf. DTG 283).
Venía a este mundo.
En el griego esta cláusula podría referirse a "todo hombre" (BJ) o a la "luz verdadera". Otra vez se hace referencia (cap. 3:19) a que la luz vino a este mundo. En cap. 5:43; 7:28; 10:10; 16:28; 18:37 (cf. cap. 1:3 l; 6:14; 11:27) Jesús se refiere a su venida, no como un bebé en Belén, sino a su papel como Mesías. En cap. 12:46 Jesús dice: "Yo, la luz, he venido al mundo".
En cap. 1:10, Juan afirma que Cristo, la "luz verdadera", estaba en el mundo. ¿No sería apropiado que él mencionara la venida de Cristo al mundo en el versículo precedente? 878 Algunos han sugerido que si la cláusula "venía a este mundo" se refiere a "todo hombre", sería redundante, al paso que si se refiere a la "luz verdadera", parecería añadir significado a la declaración y prepararía el camino para la declaración acerca de la encarnación del vers. 14. Sin embargo, la traducción "todo hombre que viene a este mundo" tiene plena validez gramatical.
Mundo.
Gr. kósmos, generalmente el "mundo" teniendo en cuenta su orden armonioso (ver com. Mat. 4:8). Juan usa kósmos unas 80 veces. Por contraste, en los tres sinópticos sólo aparece 15 veces esta palabra. Juan la usa para designar al mundo de los hombres, especialmente los que se oponen a Dios y a la verdad.
10.
En el mundo.
Es decir, entre los hombres. Ver com. vers. 9.
Por él fue hecho.
Ver com. vers. 3.
No le conoció.
Es decir, "el mundo" no reconoció a Jesús como el Mesías, la "luz verdadera". No sólo eso, sino que lo rechazó y lo crucificó. Ver com. vers. 11.
11.
Lo suyo.
Gr. ta ídia, expresión idiomática que puede significar "su propia casa" (ver Juan 16: 32; 19: 27; Hech. 21: 6; Material Suplementario de EGW com. Juan 1: 1-3, 14). Probablemente, ésta no es una alusión directa al rechazo de Jesús en Nazaret, su "hogar" literal, sino a "la casa de Israel" en su conjunto (Mat. 10: 6; 15: 24; cf. Exo. 19: 5; Deut. 7: 6), la nación escogida. "Los suyos", en plural, es la traducción exacta del plural Gr. hoi ídioi en el sentido de su propio pueblo. Aunque los propios hermanos de Jesús (Juan 7: 3-5) y los habitantes de su misma aldea (Luc. 4: 28-29) no aceptaron su mesianismo, aquí probablemente Juan se refiere a los miembros de "la casa de Israel" individualmente, y en particular a sus dirigentes. Ellos eran "las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mat. 15: 24). Ta ídia se refiere a cosas, mientras que hoz ídioi se refiere específicamente a personas: vino a su casa, pero los miembros de la familia no lo aceptaron.
No le recibieron.
El cuarto Evangelio a veces es llamado el "Evangelio del Rechazo" porque se ocupa más plenamente que los otros Evangelios del proceso mediante el cual los dirigentes de Israel rechazaron al Mesías (cap. 3: 11; 5: 43; 6: 66; 8: 13; 9: 29; 10: 25; 12: 37, 42; 19: 15; cte.). Con seguridad, muchos corazones sinceros aquí y allá "le recibieron" (cap. 1: 12; cf. 2: 11; 3: 2; 4: 29, 39, 42, 53; 6: 14; 7: 31, 40-41, 43; 8: 30; 10: 19, 42; 11: 45; etc.).
12.
A todos los que le recibieron.
No meramente como a un hombre o aun como a un profeta, sino como al Hijo de Dios, al Enviado de Dios, al Mesías. Juan aquí presenta como un error la creencia de que sencillamente porque Cristo murió por todos los hombres, todos serán salvos. También presenta como igualmente falsa la creencia de que Dios predestina a ciertos hombres para que sean salvos y a otros para que sean condenados. Enfáticamente, Juan declara que el factor decisivo radica en los hombres mismos. "A todos" los que le reciben y creen en él se les da el derecho de ser hijos. Acerca de la predestinación, ver com. Isa. 55: 1; Efe. 1: 5; Apoc. 22: 17.
A los que creen.
Ver com. vers. 7.
En su nombre.
Creer en el nombre de alguien significa creer lo que esa persona dice. Los demonios creen que hay un Dios (Sant. 2: 19), pero esto es completamente diferente de creer "en el nombre de Dios". La primera es una vivencia intelectual; la segunda es moral y espiritual. Creer en el nombre de Cristo es posesionarse de los recursos de la salvación en Cristo Jesús. "La fe es la condición con la cual Dios ha creído conveniente prometer el perdón a los pecadores. No hay virtud alguna en la fe por la cual se pueda merecer la salvación, pero la fe puede aferrarse de los méritos de Cristo, el remedio concedido para el pecado" (EGW RH 4-11-1890).
"Nombre" se usa aquí en un sentido idiomático arameo; significa la persona misma.
Potestad.
Gr. exousía, "autoridad", "derecho", "poder de elección"; no dúnamis, "poder" o "fuerza". En cap. 5: 27 se traduce exousía muy apropiadamente como "autoridad". Debido al pecado, el hombre había perdido todos sus derechos y merecía la pena de muerte. El plan de salvación hizo que el hombre recuperara la oportunidad de conocer a Dios y de servirle por su propia elección.
De ser hechos.
"De hacerse" (BJ) o "de llegar a ser". Dios no hace arbitrariamente a los hombres sus hijos. Los capacita para que lleguen a ser sus hijos por su propia elección.
Hijos de Dios.
El griego dice: "niños de Dios". Expresión favorita de Juan (Juan 11: 52; 1 Juan 3: 1-2, 10; 5: 2), quien nunca -en el griego- usa "hijos de Dios" cuando se refiere a cristianos. Llegar a ser "niño de Dios" es aceptar la relación del pacto (ver com. Ose. 1: 10) mediante el nuevo nacimiento (Juan 3: 3).
13.
Engendrados.
Ver com. cap. 3: 3-8. 879
No... de sangre.
Es decir, por nacimiento físico.
Voluntad de carne.
"Deseo de carne" (BJ). Quizá el deseo sexual.
Varón.
Gr. an'r, "un varón", quizá sea aquí referencia al deseo de tener posteridad.
De Dios.
Los motivos humanos y los planes humanos no intervienen en el nacimiento de que habla Juan. Sólo se parece al nacimiento físico en el sentido de que ambos señalan el comienzo de una nueva vida (ver com. Juan 3: 3-8; Rom. 6: 3-5). No se realiza mediante una iniciativa o acción humana, sino es una creación completamente nueva que depende plenamente de la voluntad y la acción de Dios mismo. El es quien produce en nosotros "así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2: 13). Juan no excluye el libre albedrío del hombre respecto a la conversión (ver com. vers. 12), ni tampoco niega la necesidad de la cooperación humana con los instrumentos divinos. Sencillamente afirma que la iniciativa y el poder son de Dios.
14.
Fue hecho carne.
Desconcertado e incapaz de proseguir, el entendimiento limitado se detiene ante el umbral del amor infinito, la sabiduría infinita y el poder infinito. Pablo habla de la encarnación como de un gran misterio (1 Tim. 3: 16). Ir más allá de los límites de lo que la Inspiración ha hecho conocer, es sondear en misterios que la mente humana no tiene la capacidad de comprender. Ver com. Juan 6: 51; 16: 28.
Juan ya ha afirmado la verdadera deidad de Cristo (ver com. vers. 1), y ahora afirma su verdadera humanidad. Cristo es divino en el sentido absoluto y supremo de la palabra. También es humano en el mismo sentido, con la excepción de que "no conoció pecado" (2 Cor. 5:21). Repetidas veces y enfáticamente las Escrituras proclaman esta verdad fundamental (Luc. 1: 35; Rom. 1: 3; 8: 3; Gál. 4: 4; Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9; 1 Tim. 3: 16; Heb. 1: 2, 8; 2: 14-18; 10: 5; 1 Juan 1: 2; etc.; ver com. Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9). Aunque originalmente Cristo era "en forma de Dios", él "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo ['se despojó de sí mismo', BJ]" y "hecho semejante a los hombres" estuvo "en la condición de hombre" (Fil. 2: 6-8). En él estaba corporalmente "toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2: 9); sin embargo, "debía ser en todo semejante a sus hermanos" (Heb. 2: 17). "Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre" pero "prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo" a fin de "morar entre nosotros y familiarizarnos con su vida y carácter divinos" (DTG 11, 14-15).
Las dos naturalezas -la divina y la humana- estaban misteriosamente combinadas en una persona. La divinidad estaba revestida con la humanidad, no había sido sustituida por ella. En ningún sentido Cristo dejó de ser Dios cuando se hizo hombre. Las dos naturalezas llegaron a ser íntima e inseparablemente una, y, sin embargo, permanecieron distintas. La naturaleza humana no se convirtió en naturaleza divina, ni la naturaleza divina en humana. Ver Nota Adicional al fin del capítulo; com. Mat. 1: 1; Luc. 1: 35; Fil. 2: 6-8; Heb. 2: 14-17; Material Suplementario de EGW com. Juan 1: 1-3, 14; Mar. 16: 6; Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9, Heb. 2: 14-17.
Cristo "tomó las desventajas de la naturaleza humana" (EGW ST 2-8-1905), pero su humanidad era "perfecta" (DTG 619-620). Aunque como hombre podría haber pecado, ninguna mácula de corrupción o inclinación a ella hubo sobre él; no tenía propensión al pecado (EGW Carta 8, 1895; ver p. 1102). El fue "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (ver com. Heb. 4: 15; Nota Adicional al fin del capítulo).
Habitó.
"Puso su Morada" (BJ). Gr. sk'nóÇ, "acampó", o "levantó tienda" entre nosotros (cf. DTG 15). Cristo llegó a ser completamente uno de nosotros para revelar el amor del Padre, para compartir nuestras experiencias, para ponernos un ejemplo, para socorrernos en la tentación, para sufrir por nuestros pecados y para representarnos ante el Padre (ver com. Heb. 2:14-17). El Verbo eterno, que siempre había estado con el Padre (ver com. Juan 1: 1), ahora había de convertirse en Emanuel, "Dios con nosotros" (ver com. Mat. 1:23).
Gloria.
Gr. dóxa, aquí equivalente con el Heb. kabod, que se usa en el AT para la "gloria" sagrada de la presencia permanente del Señor (ver com. Gén. 3: 24; Exo. 13: 21; cf. com. 1 Sam. 4: 22). En la LXX se emplea dóxa 177 veces por kabod. Juan y los demás discípulos dieron su testimonio ocular del hecho histórico de que "aquel Verbo fue hecho carne" (Juan 1: 14; ver cap. 21: 24; 1 Juan 1: 1-2). Sin duda, Juan aquí piensa en casos tales como la transfiguración, cuando la divinidad momentáneamente fulguró a través de la humanidad. 880 También Pedro habla de haber "visto" la "majestad" y la "magnífica gloria" de Cristo en la transfiguración (2 Ped. 1: 16-18). Pedro añade que esa gloria acompañó a la declaración: "Este es mi Hijo amado". En cuanto a las varias ocasiones durante la vida de Jesús cuando la gloria del cielo le iluminó el rostro, ver com. Luc. 2: 48. En Juan 17: 5 Jesús ora al Padre: "Glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese". La fe cristiana se basa en el hecho de que esa "gloria" divina descansó sobre una persona histórica, Jesús de Nazaret. En segundo lugar, Juan quizá también tuvo en cuenta la perfección del carácter ejemplificada por el Salvador (ver el comentario "De gracia y de verdad").
Unigénito.
Gr. monogen's, de dos palabras que significan "único" y "clase", y que por eso se traduce correctamente como "único", "único en su género". Al igual que el título Lógos (ver com. vers. 1), sólo Juan usa la palabra monogen's para referirse a Cristo (Juan 1: 18; 3: 16, 18; 1 Juan 4: 9). La ausencia del artículo definido en griego convierte a monogen's en indefinido, "un único", o lo convierte en una expresión cualitativa, en cuyo caso Juan habría dicho "gloria como de único venido del lado del Padre". Evidentemente, éste parece haber sido el sentido aquí. Ver com. Luc. 7: 12; 8: 42, donde monogen's se traduce como "único" y "única" respectivamente.
En Heb. 11: 17 monogen's se usa para referirse a Isaac, el cual estuvo lejos de ser el "unigénito" de Abrahán, y ni siquiera fue su primogénito. Pero era el hijo de la promesa y como tal el destinado a suceder a su padre como heredero de la primogenitura (Gén. 25: 1-6; Gál. 4: 22-23). Monogen's se refiere a la posición (único en su género), pero no tiene nada que ver con nacimiento. "Así también respecto a los cinco textos de los escritos de Juan que se refieren a Cristo, la traducción debiera ser una de las siguientes: 'único', 'precioso', 'exclusivo', 'incomparable', 'el único de su clase', pero no 'unigénito' " (Problems in Bible Translation, p. 198).
La traducción "unigénito", aquí y en otras partes, indudablemente se originó con los primeros padres de la Iglesia Católica y entró en las primeras traducciones de la Biblia al castellano por la influencia de la Vulgata latina, texto oficial de la Biblia para la Iglesia Católica. Reflejando con exactitud el griego, varios manuscritos redactados en latín antiguo, anteriores a la Vulgata, dicen "único" y no "unigénito". La idea de que Cristo "nació del Padre antes de toda la creación" aparece por primera vez en los escritos de Orígenes, por el año 230 d. C. Arrio, aproximadamente un siglo más tarde, fue el primero en usar gegenn'ménon, la palabra griega para referirse a Cristo, que corresponde a "engendrado", y en afirmar que "fue engendrado de Dios antes de todos los siglos" (ver Nota Adicional al fin del capítulo). Esta palabra griega nunca se usó en la Biblia acerca de Cristo antes de la encarnación. La idea de que Cristo fue "engendrado" por el Padre en algún momento de la eternidad pasada es completamente extraña a las Escrituras. (Ver Problems in Bible Translation, pp. 197-204.)
Debidamente entendida la condición singular de Cristo como Hijo de Dios, la palabra monogen's distingue entre él y todos los otros que, por medio de la fe en él, reciben la "potestad de ser hechos hijos de Dios" (vers. 12) y de los cuales se declara específicamente que son "engendrados... de Dios" (vers. 13). Cristo es, y siempre ha sido, el mismo "Dios" (ver com. vers. 1), y en virtud de este hecho recibimos la "potestad de ser hechos hijos de Dios" cuando recibimos a Cristo y creemos en su nombre.
Es obvio que la declaración del vers. 14 se ocupa de la encarnación, y su propósito es hacer resaltar que el Verbo encarnado retuvo la naturaleza divina, como lo demuestra la manifestación de la gloria divina anterior a la encarnación (cap. 17: 5). Aunque la palabra monogen's significa, estrictamente hablando, "único" o "singular", antes que "unigénito", sin embargo, Juan aquí la aplica a Cristo en su encarnación, en el tiempo cuando el Verbo se hizo (se transformó en) carne a fin de habitar entre nosotros. Pablo confirma esta aplicación en Heb. 1: 5-6, cuando une las palabras gegénn'ka, "he engendrado" (de gennáÇ, "engendrar") y prÇtótokos, primogénito (de pro, "antes" y tíktÇ, "engendrar"), con el tiempo "cuando [Dios] introduce al Primogénito en el mundo", Por lo tanto, parece completamente injustificable entender que monogen's se refiere a un misterioso engendramiento del "Verbo" en algún momento de la eternidad pasada. En cuanto a Cristo como el Hijo de Dios, ver com. Luc. 1: 35; y como el Hijo del hombre, ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10; también el Material Suplementario de EGW, com. Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9. 881
Del Padre.
Gr. pará patrÇs, literalmente "con el Padre" o "al lado del Padre", aquí probablemente con la fuerza de "procedente del lado del Padre". La preposición griega para a veces tiene la fuerza de, ek "fuera de", "desde", que aquí concuerda con el contexto. El Verbo encarnado había procedido de la presencia del Padre cuando vino a este mundo. Ver com. cap. 6: 46.
Lleno.
Esto claramente se aplica al Verbo encarnado. Morando en la tierra como un hombre entre los hombres, el Verbo estaba "lleno de gracia y de verdad".
De gracia y de verdad.
Gr. járis y al'theia. Járis aquí significa "buena voluntad", "benevolencia", "favor inmerecido", "misericordia". Al'theia se refiere a la "verdad" en cuanto al amor de Dios el Padre por los pecadores tal como se reveló en el plan de salvación y en el Salvador encarnado. Aquí járis es equivalente al Heb. jésed (ver Nota Adicional com. Sal. 36; com. Job 10: 12), así como al'theia corresponde con el Heb. 'émeth, "fidelidad", "confiabilidad". Como "misericordia" y "verdad", estas palabras aparecen juntas en el AT, dentro de un marco claramente mesiánico, en Sal. 85: 10-11. Fueron esos atributos de Dios los que especialmente Cristo vino a revelar. Mientras estuvo en la tierra, estuvo "lleno" de ellos, y así pudo dar una revelación plena y completa del Padre. Dios es siempre fiel a su propio carácter, y su carácter se revela más completamente en su misericordia o gracia.
Quince siglos antes de la encarnación, Dios había instruido a los israelitas para que le construyeran un "santuario", o tienda, a fin de que pudiera habitar "en medio de ellos" (Exo. 25: 8). Así como en el pasado la presencia divina había aparecido en la forma de la gloria por encima del propiciatorio, sobre el arca, y en otras partes (ver com. Gén. 3: 24; Exo. 13: 21), así también ahora la misma gloria se había manifestado en la persona de Jesús. Juan y sus discípulos fueron testigos oculares de este hecho, y para ellos ésta era una evidencia incontestable de que Jesús provenía del Padre. Una gloria tal no podría haber provenido de otra fuente.
Es digno de notarse que en hebreo la palabra mishkan, "morada", "tienda", "tabernáculo", se deriva de shakan, "morar", "habitar". En griego sk'n' "tienda", "tabernáculo", también se relaciona con sk'nóÇ, "acampar", "hacer un tabernáculo", y, por lo tanto, "morar" o "habitar". En lo pasado la gloria divina, la santa "presencia", había morado entre el pueblo escogido en el tabernáculo literal. Ahora, así lo dice Juan, la misma gloriosa "Presencia", Dios mismo, había venido para morar entre su pueblo en la persona de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Se piensa que la "gloria" de que habla Pablo en Rom. 9: 4 debe identificarse con la gloria de la presencia divina sobre el arca del pacto, como también posiblemente la "nube de luz" que apareció durante la transfiguración (Mat. 17: 5). En el pasaje claramente mesiánico de Isa. 11: 1-10 se predice la venida del Mesías, y de él se dice literalmente, que "su habitación será gloriosa". De acuerdo con Sal. 85: 9-10, el día de salvación traería nuevamente la "gloria" de Dios para habitar en "la tierra", y en ese tiempo la "misericordia [o gracia, Heb. jésed, ver Nota Adicional com. Sal. 36] y la verdad [Heb. 'émeth, 'fidelidad', 'confiabilidad']" se encontrarían (ver DTG 710). Las mismas dos palabras, jésed y 'émeth, "misericordia" y "piedad", se vinculan en la proclamación del "nombre" de Jehová, cuando a Moisés se le permitió que contemplara su ",gloria [Heb. kabod]" (ver com. Exo. 33: 22; 34: 6). Estos y otros pasajes mesiánicos del AT encuentran un paralelisrno muy estrecho con Juan 1: 14, donde -en la encarnación- la gloria que podría haber procedido únicamente de la presencia del Padre se manifestó en el Verbo encarnado y "habitó entre nosotros", "lleno de gracia [misericordia], y de verdad".
Cada fase principal de la vida de Cristo jugó un papel importante en la obra de la salvación. Su nacimiento virginal reunió las apartadas familias de la tierra y del cielo. Jesús trajo a la Deidad a la tierra a fin de que pudiera llevar consigo la humanidad de vuelta al cielo. Su vida perfecta como hombre nos da un ejemplo de obediencia (Juan 15: 10; 1 Juan 2: 6) y santificación(Juan 17: 19). Como Dios, nos imparte poder para obedecer (Rom. 8-34). Su muerte vicaria hizo posible que nosotros disfrutáramos de un tiempo de prueba (CMC 143) y que él justificara a "muchos" (Isa. 53: 5, 11; Rom. 5: 9; Tito 2: 14). Por fe en su muerte somos liberados de la culpa del pecado, y por fe en su vida, del poder del pecado,(Rom. 5: 1, 10; Fil. 4: 7). Su gloriosa resurrección nos asegura que un día nosotros también seremos "revestidos" de inmortalidad (1 Cor. 15: 12-22, 51-55). Su ascensión confirma su promesa 882 de que volverá y nos llevará consigo ante el Padre (Juan 14: 1-3; Hech. 1: 9-11) y así completará la obra de salvar a "su pueblo". Estos cinco aspectos de la misión de Cristo en la tierra fueron anticipados en las profecías (Isa. 9: 6-7; 53; 61: 1-3; Sal. 68: 18).
15.
Juan dio testimonio.
Literalmente "Juan da testimonio" (BJ), o "Juan testifica". Había pasado más de medio siglo desde el martirio de Juan el Bautista, pero su testimonio acerca de Cristo resonaba a través de los años. Se cumplió en él, así como también fue en el caso de Abel, que "muerto, aún habla" (Heb. 11: 4; cf. Juan 1: 19-36; 3: 27-36; ver com. Mat. 3: 11-12; Luc. 3: 15).
Este es de quien.
El Bautista identifica a Jesús como al único de quien había hablado desde el comienzo de su ministerio (vers. 27, 30).
Después de mí.
Es decir, en cuanto a tiempo.
Es antes.
"Se ha puesto delante de mí" (BJ). Literalmente "ha llegado a ser", o aquí "ocupa la prioridad". Juan nunca cuestionó la superioridad, jerarquía y dignidad del Mesías (ver cap. 3: 28-31).
De mí.
Gr. émprosthen mou, "delante de mí". Es decir, en grandeza relativa.
Era primero que yo.
Es decir, en cuanto a tiempo. "Existía antes que yo" (BJ). En vista de que Juan era unos seis meses mayor que Jesús, aquí claramente se hace referencia a la existencia de Jesús anterior a su encarnación.
Algunos traductores y comentadores consideran el vers. 15 como una interpelación que interrumpe la línea de pensamientos entre los vers. 14 y 16. Sin embargo, el apóstol manifiestamente introduce aquí el testimonio del Bautista para confirmar el testimonio ya mencionado de los discípulos en el vers. 14 en cuanto a la excelsa posición de Cristo y su preexistencia. La importancia dada por la iglesia primitiva al testimonio del Bautista refleja las explícitas declaraciones de nuestro Señor (ver Juan 5: 32-36; cf. Mat. 11: 11).
16.
Su plenitud.
Ver com. Juan 1: 14; cf. Col. 1: 19; 2: 9; Efe. 3: 19; 4: 13.
Gracia sobre gracia.
Quizá con el significado de "gracia añadida a gracia". Día tras día, cada verdadero creyente va al almacén celestial en procura de gracia divina suficiente para afrontar las necesidades del día. Diariamente crece en gracia y comprensión del propósito de Dios para su vida (cf. 2 Ped. 3: 18). Avanza constantemente hacia la meta de un carácter perfecto (Mat. 5: 48).
17.
La ley.
Es decir, el sistema de religión revelada bajo el cual vivían los judíos en los tiempos del AT. Este sistema fue divinamente ordenado pero fue gradualmente pervertido por la tradición humana (ver com. Mar. 7: 9-13). En los días de Cristo, el término "ley" no sólo incluía el Decálogo sino todo lo que Moisés y los profetas habían escrito (Luc. 24: 27, 44), pero tal como lo interpretaban los rabinos. En sí misma y por sí misma, tal como fue dada originalmente por Dios, "la ley" era buena (cf. Rom. 3: 1-2). Tenía el propósito de conducir a los hombres a la salvación por medio de la fe en el Mesías venidero (Juan 5: 39, 45-47; Luc. 24: 25-27, 44). El hecho de que algunos hubieran "sido incrédulos" (Rom. 3: 3), y buscaran la salvación "por obras de la ley" (cap. 9: 32) y no por la fe -y como resultado no pudieron entrar en el reposo espiritual que Dios quería para ellos (Heb. 3: 18-19; 4: 2)- no significa que fuera defectuoso el sistema mismo tal como fue ordenado por Dios. Toda obra de Dios es "perfecta" (Deut. 32: 4). Hubo muchos en los tiempos del AT que "alcanzaron buen testimonio mediante la fe" (Heb. 11: 39). En realidad, nunca ha habido otra forma de lograr "buen testimonio" sino "mediante la fe".
Acerca de la manera en que la tradición humana había pervertido el plan de salvación haciendo resaltar las formas de la religión antes que sus propósitos espirituales y morales, ver com. Mar. 7: 1-13. En cuanto a la exposición hecha por Cristo del verdadero espíritu de la ley en su aplicación a los problemas de la vida diaria, ver com. Mat. 5: 17-22. En lo que atañe a la palabra "ley", ver com. Gál. 3: 24. Acerca del significado de la salvación en los días del AT, ver com. Eze. 16: 60.
Por medio de Moisés.
"La ley" no se originó con Moisés sino con Dios. Moisés fue sencillamente el instrumento por medio de quien fue impartida a los hombres la voluntad revelada de Dios (ver Deut. 5: 22 a 6: 1; Heb. 1: 1).
Pero.
Esta palabra ha sido añadida por los traductores. Implica un contraste más vigoroso entre "ley" y "gracia" que el que evidentemente se propuso Juan. Juan no tiene el propósito de insinuar que era malo el sistema revelado por medio de Moisés, en comparación con el que ahora era revelado por medio de Cristo, sino que, aunque era bueno el sistema de Moisés, el de Cristo es mejor (ver Heb. 7: 22; 8: 6; 9: 23; 10: 34).
La gracia y la verdad.
Ver com. vers. 14, 16. 883 Estos atributos divinos eran inherentes en el sistema de religión revelada en los días del AT (Exo. 34: 6-7), pero en la práctica habían desaparecido bajo una gruesa capa de tradiciones humanas. El contraste entre "ley" y "gracia" no es tanto un contraste entre el sistema de religión en los días del AT que anticipaba un Mesías venidero y el que fue revelado por Cristo (cf. Heb. 1: 1-2), como entre la interpretación pervertida que los rabinos, exponentes oficiales de la ley, habían colocado sobre la gracia y la verdad de Dios reveladas (cf. Rom. 6: 14-15; Gál. 5: 4), y la verdad tal como era revelada por Jesucristo.
Al afirmar que la "verdad" viene por medio de Cristo, Juan lo identifica como la realidad que era señalada por todos los símbolos y ceremonias del AT, que no eran más que una sombra de los bienes venideros. En Cristo el símbolo halla su cumplimiento en la realidad (Col. 2: 16-17). En ningún sentido Juan indicó que el sistema del AT era falso o erróneo.
Por medio de Jesucristo.
Era Cristo quien había hablado por medio de Moisés y de los profetas (1 Ped. 1: 9-10; PP 381). Ahora se aparecía en persona para confirmar las grandes verdades eternas reveladas a esos santos hombres de la antigüedad y para restaurarlas a su lustre original sin las manchas de la tradición humana (ver com. Mat. 5: 17-19). Vino para revelar al Padre en su verdadero carácter (cf. Exo. 34: 6-7), para convencer a los hombres de que practicaran justicia y misericordia y se humillaran ante Dios (Miq. 6: 6-8). Aquel que habló "en otro tiempo a los padres por los profetas", ahora hablaba a los hombres por medio de su propio Hijo (Heb. 1: 1-2).
Por primera vez, aquí Juan se refiere a nuestro Señor con el nombre histórico, Jesucristo (ver com. Mat. 1: 1). El "Verbo" eterno se ha encarnado -como hombre entre los hombres- y por eso, a partir de este pasaje, Juan habla de él como tal.
18.
A Dios nadie le vio.
Es decir, al Padre (cf. PP 381). Los pecadores no pueden ver a Dios cara a cara y vivir. Ni aun a Moisés, el gran legislador de Israel, se le permitió que lo contemplara (Exo. 33: 20; Deut. 4: 12). Algunos han contemplado la gloria, de la presencia divina (ver com. Juan 1: 14), pero, a no ser en visión, nadie ha visto a la persona divina (cf. Isa. 6: 5). Cristo vino para revelar al Padre, y prácticamente los que lo vieron a él vieron al Padre (Juan 14: 7-11; ver cap. 5: 37; 6: 46).
Hijo.
Ver com. cap. 1: 14; 3: 16. La evidencia textual favorece (cf. p. 147) el texto "único Dios". De todos modos, la referencia sería a Cristo. Si se acepta la variante "Dios", el sentido sería: "El único, el mismo Dios, el que habita en el seno del Padre", o "el único [quien es] Dios, el que habita en el seno del Padre".
En el seno.
Probablemente, una expresión idiomática que indica la más íntima relación posible (cf. cap. 13: 23). El que conoce mejor al Padre es el mismo que vino del cielo para darlo a conocer a los hombres (cap. 14: 7-9).
Le ha dado a conocer.
Gr. ex'géomai, "relatar", "explicar", "revelar", "interpretar". Nuestra palabra "exégesis" proviene de esta misma palabra griega.
19.
El testimonio de Juan.
[Jesús es declarado "el Cordero de Dios", Juan 1:19-34. Ver mapa p. 206.] Es decir, su testimonio concerniente a Cristo: (1) cuando la delegación procedente de Jerusalén vino a preguntarle (vers. 19-28), (2) el día siguiente, cuando públicamente identificó a Jesús como "el Cordero de Dios" (vers. 29-34), y (3) el tercer día, cuando en privado indicó a dos de sus discípulos quién era Jesús (vers. 35-36). Juan el evangelista comienza su narración evangélica con un relato del testimonio del precursor del mesianismo de Jesús de Nazaret. Cf. Mat. 3: 1-2; Mar. 1: 1-4; Luc. 3: 1-6; Hech. 10: 37-38; ver com. Luc. 3: 15-18.
Cuando los judíos enviaron.
Es decir, el sanedrín, la autoridad suprema de los judíos en ese tiempo (cf. cap. 5: 15-18; 7: 13; 9: 22; 18: 12; ver p. 68). Las preguntas que se le hicieron a Juan reflejan la elevada estima en que por lo general le tenía la gente (Mat. 14: 5; 21: 26) y cómo los dirigentes respetaban la creencia popular de que era un profeta, y que aun quizá podía ser el Mesías (Luc. 3: 15). Son evidentes los alcances de la influencia de Juan por el hecho de que su audiencia incluía no sólo a grandes multitudes del común del pueblo (Mat. 3: 5), sino también a los dirigentes religiosos (vers. 7) y políticos (Mat. 14: 4; DTG 185) de la nación. La excitación había alcanzado tal magnitud, que el sanedrín ya no podía eludir más la cuestión. Sin duda, el pueblo había presionado a sus dirigentes para que dieran una respuesta a las mismas preguntas con que la delegación ahora interrogaba a Juan. Posiblemente (ver com. Juan 1: 25) los dirigentes reconocían el derecho de un profeta -como portavoz directo de Dios- para que enseñara sin la autorización de ellos, una vez que hubiera reconocida 884 la validez de sus credenciales (ver com. Mat. 12: 38; 16: 1). En todos los otros casos, ejercían el derecho de fiscalizar todas las enseñanzas públicas (ver Mishnah Sanhedrin 11).
De Jerusalén.
Quizá a unos 40 km de distancia.
Sacerdotes y levitas.
Ver com. Exo. 28: 1; Deut. 10: 8. Aunque la mayoría de los sacerdotes y levitas eran saduceos, esta delegación estaba compuesta de fariseos (ver com. Juan 1: 24), quizá porque sentían más preocupación por el asunto. Así también posteriormente fueron los fariseos quienes acosaron a Jesús. Quizá se determinó que sacerdotes y levitas fueran los que interrogaran a Juan por consideración a que su padre había sido sacerdote y su madre hija de un sacerdote (Luc. 1: 5). Juan mismo tenía opción al sacerdocio, y por lo tanto podía llegar a ser maestro.
¿Tú, quién eres?
No se preocupaban por la identidad de Juan como individuo, sino por su autoridad para predicar y enseñar (vers. 25). Posteriormente, las autoridades formularon la misma pregunta a Jesús (cap. 8: 25). Quizá la delegación en cierta medida esperaba que Juan pretendiera que era el Mesías. Sin duda, su pregunta reflejaba esa suposición, pues la respuesta de Juan fue una categórica negativa de semejante pretensión (cap. 1: 20; cf. DTG 108).
20.
Confesó.
La categórica negación de Juan de que él fuera el Mesías decidió ese aspecto de la cuestión. En forma característica, Juan el evangelista enfatiza esta declaración afirmativa con una proposición negativa correspondiente: "y no negó" (cf. Juan 1: 3; 3: 16; 6: 50; 1 Juan 1: 5; 2: 4).
Yo no soy el Cristo.
La construcción de esta oración es enfática. Es como si Juan hubiera dicho: "yo mismo no soy el Cristo".
21.
¿Qué pues?
La negación de Juan dejó sin respuesta la pregunta básica en cuanto a su autoridad para predicar.
¿Eres tú Elías? Era popular la creencia de que Elías aparecería en persona para proclamar la venida del Mesías (Mat. 17: 10; DTG 390; cf. Mishnah Shekalim 2.5; Eduyoth 8. 7; Baba Mezia l. 8; 2. 8; 3. 4-5).
No soy.
Juan afirmó que él había venido para hacer la obra que los profetas de la antigüedad habían predicho que haría Elías (Juan 1: 23; cf. Mal. 3: 1; 4: 5; Mar. 1: 2-3), pero habría sido mal comprendido si hubiera pretendido que era Elías. Se había predicho de Juan que iría delante del Mesías "con el espíritu y el poder de Elías" (Luc. 1: 17). En cuanto a la declaración de Cristo de que Juan era Elías, ver com. Mat. 11: 14; 17: 12.
El profeta.
Es decir, el profeta predicho por Moisés en Deut. 18: 15 (ver allí el comentario). Había una creencia popular de que Moisés sería resucitado de los muertos, y sin duda alguna se preguntaban si Juan podía ser él (DTG 108). Posteriormente, la gente pensó lo mismo de Jesús (Juan 6: 14; 7: 40; cf. Hech. 3: 22; 7: 37).
22.
¿Quién eres?
La pregunta ahora era general y no específica (ver com. vers. 19-21).
Respuesta.
Hasta ahora las preguntas sólo habían logrado respuestas negativas. Ahora los sacerdotes y levitas procuraron que Juan diera una declaración positiva.
Los que nos enviaron.
Es decir, el sanedrín de Jerusalén (ver com. vers. 19).
23.
Yo soy la voz.
Ver com. Mat. 3: 3. Aquí Juan parece consignar las palabras exactas del Bautista, pues la cita que aquí se registra parece provenir directamente, de memoria, del hebreo. De otra manera, como en el caso de los sinópticos, probablemente provendría de la LXX. Se declara que Jesús es "el Verbo" (Juan 1: 1-3, 14); el Bautista pretendía ser sólo una "voz". Tan sólo era el portavoz de Dios; Jesús era el Verbo encarnado.
El camino del Señor.
Juan insinúa que los dirigentes de Israel deberían desviar su atención de aquel enviado para ser heraldo de la venida del Mesías y comenzar a buscar al Mesías mismo.
24.
De los fariseos.
Es decir, eran de la secta conocida como fariseos. Algunos han sugerido que la delegación estaba compuesta por saduceos enviados por los fariseos, pero parece no haber razón valedera para aceptar esta interpretación. Lo que dice en griego hace resaltar que la delegación estaba compuesta de individuos que eran "de" los fariseos, es decir que "pertenecían a" ellos. Ver com. vers. 19.
25.
¿Por qué, pues, bautizas?
Este era el punto crucial de la cuestión: la autoridad de Juan. Siendo que no pretendía ser el Mesías ni ninguno de los profetas, ¿qué autoridad tenia para presentarse como un reformador sin el permiso de las autoridades religiosas? Ver com. vers. 19. La pregunta implica conocimiento del rito de bautismo con agua, y a lo menos una comprensión parcial de su significado (ver com. Mat. 3: 6). Descubrimientos realizados en Qumrán revelan que en ese 885 tiempo se practicaban lavamientos e inmersiones con agua (ver com. Mat. 3: 6; ver pp. 64, 93). Acerca del rito del bautismo, ver Mat. 3: 6; Rom. 6: 3-6.
26.
Yo bautizo.
Ver com. Mat. 3: 11.
Está uno.
Jesús había sido bautizado (cf. vers. 29-34) por lo menos 40 días antes de esto, y acababa de volver del desierto (ver com. Mat. 3: 13 a 4: 11; cf. DTG 110). Mientras Juan hablaba, vio a Jesús, y esperaba que éste respondiera al anuncio que aquél había hecho (DTG 110).
El Evangelio de Juan no dice nada acerca del bautismo de Jesús. Una explicación del silencio de Juan en cuanto a éste y a otros hechos importantes, es que él daba por sentado que sus lectores ya conocían esos hechos por los Evangelios sinópticos. En cuanto al bautismo de Cristo, ver com. Mat. 3: 13-17.
A quien vosotros no conocéis.
La palabra "conocéis" proviene del Gr. óida. Más de tres años después los sacerdotes y ancianos declararon que no "sabían" (Gr. óida) si Juan el Bautista era un emisario del cielo (Mat. 21: 27). Los sacerdotes y levitas que habían llegado para interrogar a Juan miraron atentamente al auditorio, pero no vieron a nadie a quien pudieran aplicar la descripción hecha por Juan (DTG 109). Pero Juan hablaba principalmente de reconocer a Jesús como el Mesías de la profecía. En las tinieblas de sus almas, esos guías espirituales no habían captado la verdadera Luz (ver com. Juan 1: 5), no la reconocieron (vers. 10) y, por lo tanto, no "recibieron" a Jesús (vers. 11; cf. vers. 31-33; cap. 8: 19; 14: 7, 9; 16: 3). Ni ellos ni los que los enviaron pudieron llegar a una decisión que pudiera anunciarse públicamente, y por ello no quisieron comprometerse (ver com. Mat. 21: 23-27).
27.
Este es.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de "este es". En el griego este versículo no constituye una nueva oración, sino una cláusula descriptiva de "a quien vosotros no conocéis". La inserción "este es" entró en las Biblias en castellano mediante la influencia de la Vulgata latina. Por lo tanto, la primera parte del vers. 27 debiera leerse: "que viene detrás [o 'después'] de mí" (BJ).
Después de mí.
Ver com. Mat. 3: 11.
El que es antes de mí.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de esta frase aquí, pero establece su presencia en los vers. 15 y 30.
No soy digno.
Ver com. Mat. 3: 11.
28.
Betábara.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 147) la variante "Betania" (BJ), llamada "Betania más allá del Jordán" para distinguirla de la Betania cerca de Jerusalén. El nombre "Betábara" fue usado por Orígenes (c. 250 d. C.), el cual en sus días no encontró ningún pueblo cerca del Jordán de nombre Betania, pero sí encontró uno que entonces se conocía como Betábara. En los tiempos modernos, ninguno de esos lugares ha sido identificado. Hay un vado llamado Abarah, a unos 20 km al sur del mar de Galilea, pero está demasiado el norte. Betábara quizá se deba a una transposición de letras por la cual Beth-'arabah se convirtió en Beth-'abarah. Había un pueblo en los límites de Juda y Benjamín de nombre Bet-arabá (Jos. 15: 6, 61; 18: 22), pero no está junto al río. Betábara, literalmente "casa para cruzar", sería un nombre apropiado para una aldea cercana a cualquiera de los muchos vados que cruzan el Jordán. El lugar tradicional del bautismo de Jesús está cerca de Bet-hogla, ahora Ein-hayla, a unos 6 km al sureste de Jericó. Ver mapa p. 206; también el mapa frente a la p.961 en el t.I.
29.
El siguiente día.
Es decir, el día después de los sucesos de los vers. 19-28. Juan se caracteriza por una información detallada y, con frecuencia, cronológicamente precisa (cap. 1: 29, 39, 43; 2: 1, 12; 4: 43; 6: 22; 11: 6, 17; 12: 1, 12; 20: 26).
Vio Juan a Jesús.
La delegación procedente de Jerusalén se había retirado. Sin duda, los que la componían no tomaron en serio a Juan, pues de lo contrario habrían continuado con su investigación para descubrir, de ser posible, de quién hablaba él (vers. 26). El día anterior Jesús no había sido identificado como el Mesías, a pesar de la referencia indirecta hecha por Juan (vers. 26). Ahora lo hace resaltar entre la multitud.
He aquí.
¡Qué privilegio ser el primer heraldo de Jesús (ver com. Mat. 3: 1), de Aquél de quien dieron testimonio todos los profetas de la antigüedad, como el verdadero sacrificio! ¡Cuál de los profetas no se hubiera conmovido ante ese privilegio! No es de extrañarse que más tarde Jesús hablara de Juan como del profeta mayor que hubo en Israel (Luc. 7: 28).
Cordero de Dios.
Es decir, el Cordero proporcionado por Dios. Sólo Juan designa así a Cristo, aunque Lucas (Hech. 8: 32) y Pedro (1 Ped. 1: 19) emplean comparaciones similares 886 (cf. Isa. 53: 7). Juan el Bautista presenta a Jesús como "el Cordero de Dios" a Juan el evangelista (ver com. Juan 1: 35-36), y para el discípulo este título debe haber tenido un profundo significado. El símbolo -que hace resaltar la inocencia de Jesús y su perfección de carácter, y por ende la naturaleza vicaria de su sacrificio (Isa. 53: 4-6, 11-12; ver com. Exo. 12: 5)- hace recordar el cordero pascual de Egipto, que simbolizaba la liberación del yugo del pecado. "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada" (1 Cor. 5: 7). Mediante la figura de un cordero, Juan identifica al Mesías sufriente como aquel en quien se hace real y tiene significado el sistema de sacrificios de los tiempos del AT. En la presciencia divina y en el propósito de Dios, él era el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc. 13: 8).
En vista de que en el pensamiento judío de esa época no había lugar para un Mesías sufriente, los críticos dudan que Juan pudiera haber sostenido un concepto tal (ver Juan 12: 34; cf. Mar. 9: 31-32; Luc. 24: 21). Pero, como Robertson bien ha dicho (Word Pictures in the New Testament, com. Juan 1: 29), "ciertamente el Bautista no tenía por qué ser tan ignorante como los rabinos". Juan tenía la profecía mesiánica de Isa. 53 (ver com. Isa. 53: 1, 4-6; DTG 109). Además, hubiera sido extraño que Dios dispusiera que Juan el Bautista fuera el heraldo del Mesías venidero y no le impartiera el conocimiento de este aspecto fundamental de la misión del Mesías.
Quita.
Gr. áirÇ, "levantar", "llevarse", "quitar". Sólo en virtud de que el Cordero de Dios no tenía pecado (Heb. 4: 15; 1 Ped. 2: 22) él podía "quitar [Gr. airo] nuestros pecados" (1 Juan 3: 5). Debido a que la carga de pecado era demasiado pesada para que la lleváramos nosotros, Jesús vino para levantar la carga de nuestras vidas destrozadas.
Pecado.
Al emplear la forma singular de la palabra, Juan hace resaltar el pecado como un principio, y no los pecados específicos (ver 1 Juan 2: 2; 3: 5; 4: 10).
30.
De quien.
Mejor "por quien" (BJ), no "concerniente a quien".
Después de mí... antes de mí.
Ver com. vers. 15.
31.
Yo no le conocía.
Como si hubiera dicho con énfasis, "ni siquiera yo le conocía" que fuera el Mesías. El primer testimonio de Juan acerca del Mesías se basaba en una revelación directa. No había habido una confabulación entre Jesús y Juan. Conociendo las circunstancias referentes a los primeros años de la vida de Jesús y su perfección de carácter, Juan creía que Jesús era el Prometido, pero hasta el bautismo no tuvo una evidencia positiva de que eso era así (DTG 84).
Manifestado a Israel.
Juan era la "voz" proveniente de Dios (ver com. vers. 23) que dirigía a los hombres hacia "el Cordero de Dios" (ver com. vers. 29). El bautismo de Jesús señaló el pináculo de la misión de Juan, aunque sus labores continuaron quizá durante un año y medio más. Después del bautismo, declaró que Jesús debía crecer, y él menguar (cap. 3: 30).
32.
Dio Juan testimonio.
Ver com. vers. 19.
Vi al Espíritu.
Ver com. Mat. 3: 16-17; Luc. 3: 21-22.
33.
Yo no le conocía.
Ver com. vers. 29, 31.
El que me envió.
Juan señala a Dios como la fuente de su autoridad (ver com. vers. 6).
34.
Yo le vi.
Juan habla como testigo ocular (cf. 1 Juan 1: 1).
Hijo de Dios.
Si bien algunos MSS dicen "elegido de Dios", la evidencia textual (cf. p. 147) favorece el texto como aparece en la RVR. Ver com. Luc. 1: 35; cf. com. Juan 1: 1-3, 14. En el AT (Sal. 2: 7) y en el seudoepigráfico Libro de Enoc (105: 2), aproximadamente del siglo I a. C., "Hijo [de Dios]" aparece como un título claramente mesiánico. Sólo en el Evangelio de Juan se dice que Jesús usó este título refiriéndose a sí mismo (cap. 5: 25; 10: 36; 11: 4). Los judíos del tiempo de Cristo entendían claramente el título en su sentido más excelso (cap. 19: 7). El propósito de Juan al escribir un Evangelio era proporcionar una evidencia convincente de que "Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios" (cap. 20: 31).
35.
El siguiente día otra vez.
[Los primeros discípulos, Juan 1: 35-51. Ver mapa p. 206; diagrama p. 220.] Ver com. vers. 19; cf. vers. 29, 43. Juan usa con frecuencia la frase "otra vez", casi siempre como una conjunción, a fin de relacionar una nueva sección de su relato con la sección precedente, antes que con un sentido de repetición (cap. 8: 12, 21; 10: 7, 19; 21: 1; etc.).
Dos de sus discípulos.
Uno de ellos era Andrés (vers. 40). La actitud de Juan, a través de todo su Evangelio, de no referirse a sí mismo en relación con los hechos en que participaba, es un indicio bastante decisivo de que él era el otro de los dos discípulos (cf. cap. 20: 2; 21: 20-25; DTG 111). 887
36.
Mirando.
Aquí y en el vers. 42, una mirada fija, intensa, ferviente. Esta es la última ocasión en que el relato evangélico habla de que Juan estuviera con Jesús.
37.
Siguieron.
Gr. akolouthéÇ, "seguir", quizá no todavía en el sentido de convertirse en discípulos (Juan 8: 12; 10: 4, 27; 12: 26; 21: 19-20, 22; ver com. Mat. 4: 19). Aquí Andrés y Juan "siguieron" a Jesús en el sentido de que lo reconocieron como "el Cordero de Dios" (Juan 1: 36). Andrés y Juan fueron los primeros seguidores. Pronto Pedro, Felipe y Natanael (Bartolomé) se les unieron (Juan 1: 40, 43, 45; ver com. Mar. 3: 16-18). En este tiempo, los seguidores no interrumpieron permanentemente sus ocupaciones habituales para convertirse en discípulos en el sentido pleno de la palabra. Tan sólo más de un año después -entre marzo y mayo de 29 d. C.- recibieron la invitación para participar de un discipulado permanente (ver com. Luc. 5: 1, 11). Sólo entonces se pudo decir que "dejándolo todo, le siguieron" (Luc. 5: 11). La elección oficial de los doce fue aún posterior, entre junio y agosto del mismo año (ver com. Mar. 3: 14).
38.
¿Qué buscáis?
Estas son las primeras palabras de Jesús registradas por Juan (cf. Luc. 2: 49).
Rabí.
Gr. rabbí, del arameo rabi, que significa "mi grande", por lo general el equivalente de "señor". Se usa también en un sentido más restringido como un título de distinción y respeto para un maestro de la ley (ver com. Mat. 23: 7). Se ha sugerido que, en este último sentido, la palabra sólo se empezó a usar recientemente.
En Juan, "rabí" siempre es el término con el que se dirigen a Jesús los que lo reconocen como un maestro, quizá aun como un profeta, pero que todavía no comprenden que es el Mesías o no están dispuestos a admitirlo (cap. 1: 38, 49; 3: 2; 4: 31; 6: 25; 9: 2; 11: 8). Aquellos para quienes Jesús realizaba milagros, con frecuencia lo llamaban "Señor" (cap. 9: 36; 11: 3, 21, 27, 32). En el comienzo del trato de los discípulos con Jesús, Juan los cita llamándolo "rabí"; pero con la creciente convicción de que sin duda es el Enviado de Dios, más tarde lo llaman "Señor" (cap. 6: 68;11: 12; 13: 6, 25; 14: 5, 8, 22; 21: 15, 20; etc.). Después de la resurrección, el título "Señor" siempre se usa para referirse a Jesús (1 Cor. 16: 22), nunca "Rabí". Los autores de los sinópticos no hacen diferencia entre estos títulos como lo hace Juan. Los discípulos del Bautista lo llamaban "Rabí" (Juan 3: 26).
Los que llamaban a Jesús "Rabí" expresaban en esa forma su disposición de aprender de él, al paso que los que lo llamaban "Señor" (arameo mari, Gr. kúrios) expresaban así su respeto o su sumisión incondicional como siervos. Sin embargo, con frecuencia los términos eran usados sin que hubiera un claro sentido de diferencia entre ellos.
Que traducido.
Escribiendo para lectores griegos, con frecuencia Juan presenta las palabras arameas originales, pero siempre las traduce al griego (cap. 1: 41-42-, 4: 25; 5: 2; 9: 7; 11: 16; 19: 13, 17; 20: 16, 24; 21: 2).
¿Dónde moras?
Andrés y Juan desean una entrevista más prolongada y personal que la que podía realizarse en un lugar público.
39.
La hora décima.
Es decir, en torno de las 4 de la tarde (16 hs.). En los días de Jesús, según la costumbre romana en boga en Palestina, se dividía la parte clara del día en 12 horas (cap. 11: 9; p. 52; cf. Josefo, Vida 54). El recuerdo vívido de Juan en cuanto a las horas refleja la profunda impresión que hicieron en su memoria los sucesos de ese día (cap. 4: 6, 52; 18: 28; 19: 14; 20: 19). Esta exactitud concuerda con su afirmación de haber sido testigo ocular (Juan 19: 35; 21: 24; 1 Juan 1: 1-2).
40.
Andrés.
Ver com. Mar. 3: 18.
Simón Pedro.
Ver com. Mar. 3: 16.
Uno de los dos.
El autor sólo identifica a uno de los dos. Generalmente se cree que el otro era el mismo autor, Juan el hermano de Jacobo, que modestamente se abstiene de identificarse (ver com. vers. 35; cf. cap. 21: 20-24; DTG 111).
Habían seguido.
Juan y Andrés deseaban conversar con Jesús acerca de la afirmación del vers. 36: "He aquí el Cordero de Dios". Todavía no pensaban seguirle en el sentido de convertirse en sus seguidores habituales (ver com. vers. 43). Probablemente estaba terminando el otoño o comenzaba el invierno (noviembre-diciembre) del año 27 d. C. (ver diagrama 3, p. 218). Siguieron a Jesús intermitentemente durante un año y medio, antes de que él los llamara a un discipulado permanente (ver com. Luc. 5: 11). Jesús eligió definitivamente a los doce cuando estaba terminando el verano de 29 d. C. (ver com. Mar. 3: 13-19). Los cinco que "siguieron" a Jesús en el Jordán lo hicieron tan sólo en el sentido de haber aceptado el testimonio de Juan en cuanto al mesianismo de Jesús. 888
41.
A su hermano.
Andrés se convirtió en el primer discípulo que comenzó a llevar a otros ante Jesús. El lo hizo "primero", es decir antes de que hiciera ninguna otra cosa. Esto es un testimonio de la profunda impresión efectuada en su mente y en su corazón por esa primera conversación con Jesús.
Mesías.
Ver com. Mat. 1: 1.
Traducido.
Ver com. vers. 38.
42.
Simón... Cefas.
Ver com. Mat. 16: 18; Mar. 3: 16. El nombre "Simón" proviene de la forma griega del hebreo "Simeón" (ver com. Gén. 29: 33).
Quiere decir.
Ver com. vers. 38.
43.
El siguiente día.
Es decir, el día después de los sucesos de los vers. 35-42, y quizá el tercer día después de los de los vers. 19-28 (vers. 29, 35).
Quiso Jesús ir.
O estaba por ir.
Halló a Felipe.
Quizá como resultado de los esfuerzos de los tres que ya habían hallado a Jesús. Acerca de Felipe, ver com. Mar. 3: 18.
Sígueme.
Aquí se aproxima más al significado de convertirse en discípulo (ver com. Mar. 2: 14) y no tan sólo en el sentido de caminar en pos de alguien, como en el vers. 37. Sin embargo, ver com. Luc. 5: 11; Juan 1: 40.
44.
Betsaida.
Ver com. Mat. 11: 21.
45.
Felipe halló a Natanael.
Así como en el día anterior Andrés había llevado a su hermano ante Jesús, así también Felipe ahora lleva a un amigo. El primer impulso del corazón del que en realidad se convierte es compartir el gozo y la bendición de la salvación con otros, especialmente con los que están cerca y son amados. Es común identificar a Natanael con Bartolomé (ver com. Mar. 3: 18).
La ley.
Aquí es una designación técnica que corresponde con los cinco primeros libros del AT (ver com. Luc. 24: 44). Felipe se refiere particularmente a la predicción de Deut. 18: 15 (ver allí el comentario) que halló su cumplimiento en Jesús de Nazaret (ver com. Juan 6: 14).
Hijo de José.
Ver com. Mat. 1: 20-21; Luc. 2: 33, 41.
46.
Nazaret.
Ver com. Mat. 2: 23.
Algo de bueno.
Hay un dejo de sarcasmo en la réplica de Natanael ante el emocionante anuncio de Felipe. Natanael procedía de Caná (cap. 21: 2), que estaba a poca distancia de Nazaret, y sin duda hablaba de lo que sabía personalmente.
Ven y ve.
Cf. vers. 29. Encontrarse con Jesús cara a cara sería una evidencia más convincente que un largo argumento. Lo mismo sucede hoy día. La única forma de lograr una evidencia positiva de la certeza de la fe en Cristo es experimentándola.
47.
Un verdadero israelita.
O "un israelita de verdad" (BJ), es decir uno que servía a Dios con sinceridad de corazón (cap. 4: 23-24) y no un hipócrita (ver com. Mat. 6: 2; 7: 5; 23: 13). Natanael pertenecía a ese grupo pequeño y consagrado de los que fielmente esperaban "la consolación de Israel" (ver com. Luc. 2: 25) y anhelaban alcanzar los altos ideales puestos ante ellos por Dios (ver t. IV, pp. 28-32). Un verdadero israelita no era necesariamente un descendiente literal de Abrahán (ver Juan 8: 33-34), sino uno que elegía vivir en armonía con la voluntad de Dios (ver Juan 8: 39; Hech. 10: 34-35; Rom. 2: 28-29; 9: 6-7, 25-27; 10: 12-13; Gál. 3: 9, 28-29; 1 Ped. 2: 9-10).
Engaño.
Gr. dólos, literalmente "carnada", como la que se usa para pescar, pero en sentido figurado "ardid", "engaño", "traición". Pretextos falsos son la "carnada" usada por el hipócrita para convencer a los hombres de que es mejor de lo que realmente es.
48.
¿De dónde me conoces?
Natanael quedó asombrado al descubrir que su vida estaba abierta como un libro ante Jesús.
Higuera.
La higuera y el olivo eran en Palestina los árboles favoritos que se cultivaban por sus frutos. "Sentarse" debajo "de la higuera" de uno significaba estar en casa y en paz (Miq. 4: 4; Zac. 3: 10; etc.).
49.
Rabí.
Ver com. vers. 38.
Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35. La profunda impresión hecha por la afirmación de Cristo (vers. 47) se ve claramente por la directa e incondicional profesión de fe de Natanael (vers. 49). Evidentemente tenía el ferviente deseo de entender mejor por qué el Bautista había identificado a Jesús como el "Cordero de Dios" (vers. 29, 36) y como "el Hijo de Dios" (vers. 34). Por eso buscó un lugar apropiado para la meditación y la oración (DTG 113-114). En respuesta a esa oración, se le dio una prueba convincente de que Jesús era divino. Con frecuencia, Jesús leía los más recónditos pensamientos de los hombres y los secretos ocultos de sus vidas, dándoles así una evidencia de su divinidad (ver com. Mar. 2: 8). Hay otras declaraciones de los discípulos que muestran su fe en la divinidad de Jesús en Mat. 14: 33; 16: 16; Juan 6: 69; 16: 30; etc. 889
Rey de Israel.
Un título mesiánico adicional con el que reconocía Natanael a Jesús como Aquel prometido por los profetas para restaurar "el reino a Israel" (Hech. 1: 6). Este título era equivalente a la expresión "hijo de David" (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 10: 48; cf. Zac. 6: 13).
50.
Cosas mayores.
Jesús aquí se refiere a las muchas pruebas convincentes de su divinidad que Natanael había de recibir durante su relación con Cristo (DTG 115).
51.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18. De todos los escritores del NT, sólo Juan repite esta expresión como aparece aquí. Lo hace en total 25 veces, en cada caso citando a Jesús.
El equivalente hebreo de la expresión "de cierto, de cierto" aparece repetidas veces en el Manual de Disciplina (1QS), uno de los Manuscritos del Mar Muerto (ver p. 92), pero en un sentido algo diferente del que le da Juan.
Ángeles de Dios.
Con esta pintoresca figura de lenguaje, Jesús describe su propio ministerio para la humanidad (DTG 115-117). Indudablemente la figura se basa en el sueño de Jacob en Bet-el, mientras iba a Harán (Gén. 28: 12; cf. Heb. 1: 14).
Hijo del Hombre.
Ver com. Mar. 2: 10. Este es el primer caso que se registra en el que Jesús usó este título.
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 1
La fe cristiana tiene su fuente, su centro y su certeza en el Cristo histórico del NT. Tal como se presenta en, Juan 1: 13, 14 (ver allí el comentario) e invariablemente se afirma en todo el NT, Cristo es Dios en el sentido absoluto y pleno de la palabra y verdaderamente hombre en todo respecto, aunque sin pecado. En la encarnación, la deidad y la humanidad se unieron inseparablemente en la persona de Jesucristo, el Dios-hombre sin igual (ver com. Mat. 1: 1).
Pero las Escrituras también declaran que "Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6: 4; Mar. 12: 29). El legado de verdad que heredó la iglesia cristiana incluía, pues, la paradoja de un monoteísmo trino y uno y el misterio de un Dios encarnado. Ambos conceptos van más allá del entendimiento limitado y no permiten el análisis final ni la definición absoluta. Sin embargo, para los fervientes cristianos de los días apostólicos, el hecho dinámico de un Señor crucificado, resucitado y viviente, a quien muchos de ellos habían visto y oído (ver Juan 1: 14; 2 Ped. 1: 16; 1 Juan 1: 1-3), relegaba a un plano de menor importancia los problemas teológicos de la naturaleza de Cristo.
Sin embargo, cuando pasó esa generación (ver Apoc. 2: 4; cf. Jos. 24: 31), la visión de un Señor viviente se oscureció y palidecieron la pureza y la devoción prístinas; los hombres se apartaron cada vez más de las realidades prácticas del Evangelio y se ocuparon de sus complicados aspectos teóricos, con la ilusión de que escudriñando con los intrincados razonamientos de la filosofía quizá podrían descubrir a Dios (Job 11: 7; Rom. 11: 33). Entre las diversas herejías que surgieron para turbar a la iglesia, las más graves fueron las que atañían a la naturaleza y persona de Cristo. Durante siglos la iglesia fue sacudida por los conflictos suscitados por estos problemas, que dejaron una larga estela de herejías, concilios y cismas.
Para cualquiera, con excepción de los estudiantes de historia eclesiástica, un estudio detallado de esta controversia puede parecer desprovisto de interés y de valor práctico. Pero hoy día, no menos que en los tiempos apostólicos, la certeza de la fe cristiana se centra en el Cristo histórico del NT. También es un hecho que, de una manera u otra, varias herejías antiguas han sobrevivido o han revivido. Mediante un breve repaso del decurso de esa controversia de los primeros días, los cristianos modernos pueden aprender a reconocer -para estar vigilantes contra ellos- los mismos errores que perturbaron a sus consagrados hermanos en siglos pasados (ver Juan 8: 32; 1 Juan 4: 1).
Generalmente las dos principales fases de este prolongado debate se conocen como las controversias trinitaria y cristológica. La primera se ocupó de la condición de Cristo como Dios; y la segunda, de la relación intrínseca entre su naturaleza divina y su naturaleza humana. La controversia trinitaria se centralizó en las luchas de la iglesia con el docetismo, el monarquianismo y el arrianismo, desde el siglo I hasta el siglo IV, y la controversia cristológica en sus luchas con el nestorianismo, el monofisismo y el monotelismo, desde el siglo V hasta el VII.
La iglesia apostólica.
La creencia de la iglesia apostólica referente a Jesús está bien resumida en la afirmación de Pedro de que Jesús es "el Cristo, el Hijo del Dios viviente" 890 (Mat. 16: 16), y en la sencilla declaración de fe citada por Pablo: "Jesús Señor [Gr. kúrios, equivalente aquí al Heb. Yahwehl" (1 Cor. 12: 3). Los cristianos primitivos creían que él era Dios en el más excelso sentido de la palabra, y hacían de esta creencia la piedra angular de su fe (ver com. Mat. 16: 18). Ni "carne ni sangre" podían revelar o explicar esta verdad; debía ser aceptada por fe (Mat. 16: 17). Esta certeza implícita de la iglesia primitiva acerca de la Trinidad y de la naturaleza divino-humana de Cristo se fundaba en las enseñanzas explícitas de Jesús y los apóstoles. Sin embargo, no pasaron muchos años desde que Cristo había ascendido al cielo, cuando "lobos rapaces" comenzaron a asolar el rebaño, y dentro de la iglesia misma se levantaron hombres que hablaban "cosas perversas" y arrastraron discípulos tras sí (Hech. 20: 29-30).
Docetismo y gnosticismo.
El primer error de la naturaleza y la persona de Cristo generalmente se conoce como docetismo. Este nombre proviene de una palabra griega que significa "aparecer". El docetismo asumió diversas formas, pero su idea básica era que Cristo sólo parecía tener un cuerpo, que era un fantasma y no un hombre en lo más mínimo. El Verbo se hizo carne sólo en apariencia. Esta herejía surgió en tiempos apostólicos y persistió hasta muy cerca del fin del siglo II.
El docetismo caracterizaba a grupos tales como los ebionitas y los gnósticos. Los primeros eran judíos cristianos que se aferraban estrictamente a los ritos y a las prácticas del judaísmo. Los segundos eran principalmente cristianos gentiles. El gnosticismo fue poco más que una mezcla de varias filosofías paganas ocultas bajo el disfraz de una terminología cristiana.
Una antigua y posiblemente auténtica tradición identifica a Simón el Mago (ver Hech. 8: 9-24) como el que primero inició el error acerca de la naturaleza y la persona de Cristo y como el primer gnóstico cristiano. Unos pocos años más tarde, surgió en Alejandría un cristiano llamado Cerinto. Este es clasificado por algunos como ebionita y por otros como gnóstico. Negaba que Cristo hubiera venido en carne, y sostenía que su supuesta encarnación sólo fue aparente y no real. Los ebionitas no eran gnósticos, pero sostenían puntos de vista similares acerca de la humanidad de Cristo. Consideraban que Cristo era hijo literal de José, pero elegido por Dios como el Mesías debido a que se distinguió por su piedad y observancia de la ley, y que fue adoptado como el Hijo de Dios en ocasión de su bautismo. Un grupo de ebionitas, los elkesaitas, enseñaban que Cristo había sido literalmente "engendrado" por el Padre en siglos pasados, y que por lo tanto era inferior a él.
En contraste con los ebionitas, que consideraban a Cristo como esencialmente un tipo de ser humano superior, los gnósticos -en términos generales- negaban que fuera un ser humano. Concebían a Cristo como un fantasma, o "eón" (inteligencia eterna emanada de la divinidad suprema, según las enseñanzas gnósticas), que transitoriamente tomó posesión de Jesús, que para ellos era un ser humano común. La divinidad no se había encarnado realmente. Acerca del tremendo impacto del gnosticismo sobre el cristianismo, el historiador eclesiástico Latourette sugiere la posibilidad de que "por un tiempo la mayoría de los que se consideraban a sí mismos como cristianos se adhirieron a una u otra de sus muchas formas" (A History of Christianity, p. 123). Después de surgir gradualmente en los tiempos apostólicos, el gnosticismo ejerció su máxima influencia sobre la iglesia en el siglo II. Reconociendo la grave amenaza que significaba el gnosticismo, la iglesia lo combatió heroicamente.
Ireneo, que vivió durante la segunda mitad del siglo II, hace resaltar que Juan escribió su Evangelio con el propósito específico de refutar los puntos de vista docetistas de Cerinto (Ireneo, Contra herejías xi. 1; ver Juan 1: 1-3, 14; 20: 30-31). En las epístolas, Juan aún más claramente advierte contra la herejía del docetismo, a cuyos paladines los tilda como "anticristo" (1 Juan 2: 18-26; 4: 1-3, 9, 14; 2 Juan 7, 10). Durante su primer encarcelamiento en Roma (c. 62 d. C.), Pablo prevenía a los creyentes de Colosas contra el error del docetismo (Col. 2: 4, 8-9, 18), y más o menos por el mismo tiempo Pedro proclama una advertencia aun más vigorosa (2 Ped. 2: 1-3). Judas (vers. 4) se refiere a la herejía del docetismo. Los "nicolaítas" de Apoc. 2: 6 eran gnósticos, aunque no necesariamente docetistas (Ireneo, Contra herejías xi.1).
Durante la primera mitad del siglo 11 surgieron 891 varios maestros gnósticos que infestaron la iglesia con sus nocivas herejías. Sobresalieron entre ellos Basílides y Valentín, ambos de Alejandría. Pero quizá el más influyente paladín de las ideas del docetismo -y el de más éxito- fue Marción, durante la segunda mitad del mismo siglo. De ninguna manera era gnóstico, pero sus opiniones en cuanto a Cristo se parecían muchísimo a las de los gnósticos. Sostenía que el nacimiento, la vida física y la muerte de Jesús no fueron reales, sino que meramente dieron la apariencia de realidad.
La iglesia luchó valientemente contra los crasos errores del docetismo. Durante la segunda mitad del siglo II, Ireneo se destacó osadamente como el gran paladín de la ortodoxia contra la herejía. Su obra de polémica Contra herejías, específicamente contra la herejía gnóstica, ha sobrevivido hasta el día de hoy. Ireneo puso énfasis en la unidad de Dios.
Monarquianismo.
Como el nombre lo indica, el monarquianismo hacía resaltar la unidad de la Deidad. (Literalmente, un "monarca" es un "gobernante único".) En efecto, fue una reacción contra los muchos dioses de los gnósticos y los dos dioses de Marción: el Dios del AT, a quien consideraban como un Dios malo, y Cristo, un Dios de amor. Como sucede con tanta frecuencia con los movimientos reaccionarios, se fue al extremo opuesto, y, como resultado, se convirtió en una herejía que la iglesia más tarde creyó necesario condenar. La tendencia que caracterizaba al monarquianismo pudo haber servido en gran medida para eliminar de la iglesia las enseñanzas gnósticas, pero el remedio hizo casi tanto mal como la enfermedad que pretendía remediar. La lucha contra el monarquianismo comenzó hacia fines del siglo II y continuó hasta bien entrado el III. Hubo dos clases de monarquianos: los dinamistas (término que proviene de una palabra griega que significa "poder"), que enseñaban que un poder divino animaba el cuerpo humano de Jesús -suponían que Jesús no tenía divinidad propia en sí mismo y le faltaba un alma realmente humana-, y los modalistas, que concebían un Dios que se había revelado en diferentes formas.
A fin de mantener la unidad de la Deidad, los dinamistas negaban de plano la divinidad de Cristo, a quien consideraban como un mero hombre elegido por Dios para ser el Mesías y que había sido elevado hasta un nivel de deidad. De acuerdo con el adopcionismo -una variante de esta teoría- el hombre Jesús logró la perfección y fue adoptado como el Hijo de Dios en ocasión de su bautismo.
Los modalistas enseñaban que un Dios se había revelado en formas diferentes. Negando diferencia alguna de personalidad, abandonaron completamente la creencia en un Dios trino y uno por naturaleza. Aceptaban la verdadera divinidad tanto del Padre como del Hijo, pero se apresuraban a explicar que ambas sólo eran diferentes designaciones para el mismo ser divino. Esta posición a veces es llamada patripasianismo porque suponía que el Padre llegó a ser el Hijo en la encarnación y, por lo tanto, sufrió y murió como el Cristo. De la misma manera, en la resurrección el Hijo llegó a ser el Espíritu Santo. Esta teoría también es llamada sabelianismo debido a que su más famoso exponente fue Sabelio. Los sabelianos sostenían que los nombres de la Trinidad eran meras designaciones mediante las cuales la misma persona divina realizaba diversas funciones cósmicas. Sostenían que antes de la encarnación ese ser divino fue el Padre; en la encarnación el Padre se convirtió en el Hijo; y en la resurrección el Hijo llegó a ser el Espíritu Santo.
A comienzos del siglo III, Tertuliano refutó el monarquianismo modalista, haciendo resaltar tanto la personalidad del Hijo de Dios como la unidad de la Deidad. Sin embargo, pensaba que Cristo era Dios en un sentido subordinado. Esta teoría se conoce como subordinacionismo.
A mediados del siglo III, Orígenes propuso la teoría de la generación eterna. Según ella, sólo el Padre es Dios en el sentido más excelso. El Hijo es coeterno con el Padre, pero es "Dios" sólo en un sentido derivado. Orígenes creía, que el alma de Cristo -como todas las almas humanas, según su concepto equivocado- preexistió pero fue diferente de todas las otras por ser pura y no haber caído. El Logos, o Verbo divino, creció en indisoluble unión con el alma humana de Jesús. Distinguiendo entre theós (Dios) y ho theós (el Dios) de Juan 1: 1, Orígenes llegó a la conclusión de que el Hijo no es Dios en un sentido primitivo y absoluto, sino "Dios" sólo en virtud de haber recibido un grado secundario de divinidad que podría llamarse theós, pero no ho theós. Quedaría, pues, Cristo a la mitad del camino entre las cosas creadas y las que 892 no lo son. Orígenes puede ser llamado el padre del arrianismo.
Arrianismo.
A comienzos del siglo IV Arrio, un presbítero de la Iglesia de Alejandría, aceptó la teoría de Orígenes en cuanto al Logos, con la excepción de que no reconoció ninguna sustancia intermedia entre Dios y los seres creados. Por eso dedujo que el Hijo no es divino en ningún sentido de la palabra sino estrictamente una criatura, aunque la más excelsa y primera de todas, y que por lo tanto "hubo [un tiempo] cuando no existía". Enseñaba que sólo hay un ser -el Padre- a quien se le puede atribuir una existencia atemporal, que el Padre creó al Hijo de la nada y que antes de haber sido engendrado por un acto de la voluntad del Padre, el Hijo no existía. Para Arrio, Cristo tampoco era verdaderamente humano porque no tenía un alma humana, ni era verdaderamente divino, porque le faltaba la esencia y los atributos de Dios. Sencillamente era el más excelso de todos los seres creados. El ser humano, Jesús, fue elegido para ser el Cristo en virtud de su triunfo, que Dios conocía mediante su presciencia.
En el Primer Concilio de Nicea, reunido en 325 d. C. para resolver la controversia arriana, Atanasio se presentó como "el padre de la ortodoxia", sosteniendo que Cristo siempre existió y que no provino de la nada previa sino que era de la misma esencia del Padre. Aplicando a Cristo el término homobusios, "una sustancia", el concilio afirmó su creencia de que él es de la única y misma esencia como el Padre. Homoóusios no podría haberse entendido de otra forma. El concilio anatematizó al arrianismo y al sabelianismo como las dos principales desviaciones de la verdad exacta, y declaró que no negaba la unidad de la Deidad cuando defendía la Trinidad, ni negaba la Trinidad cuando defendía la unidad. Por eso el Credo Niceno afirma que el Hijo es "engendrado del Padre [... la sustancia del Padre, Dios de Dios], Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre" (citado en Enrique Denzinger, El magisterio de la iglesia, p. 23). Este credo se convirtió en la prueba crucial de la ortodoxia trinitaria.
Los arrianos rechazaron la decisión del concilio, recurrieron al cisma y durante varios siglos el arrianismo demostró ser el enemigo más formidable de la Iglesia Católica
Romana (ver com. Dan. 7:8). Después del Primer Concilio de Nicea, un grupo, a veces llamado de semiarrianos, también hostigó a la iglesia. Su palabra clave era homoióusios, con la cual describía al Hijo como de una "sustancia parecida" a la del Padre, en contraste con homoóusios ("misma sustancia"), del Credo Niceno. Apolinar y Marcelo se destacaron entre los opositores a la ortodoxia después del Concilio de Nicea. Ambos afirmaban la verdadera unidad de lo divino y lo humano en Cristo, pero negaban su verdadera humanidad, afirmando que la voluntad divina hizo de la naturaleza humana de Jesús un instrumento pasivo. Estos diversos problemas resultaron en otro concilio, celebrado en Constantinopla en 381. Este concilio reafirmó el Credo Niceno, aclaró su significado, y declaró la presencia de las dos verdaderas naturalezas en Cristo.
Nestorianismo.
Después del Concilio de Constantinopla, la atención de la iglesia se volvió al así llamado aspecto cristológico del problema de la naturaleza y persona de Cristo. Se intentó definir la naturaleza del elemento divino y del elemento humano en Cristo, y declarar la relación entre los dos. ¿Cómo podían coexistir dos naturalezas personales en una persona?
Esta fase de la controversia se centró en dos escuelas opuestas, una en Alejandría y la otra en Antioquía de Siria. Ambas reconocían la verdadera unidad de la divinidad y la humanidad en una única persona: Jesucristo. Pero la escuela de Alejandría hacía resaltar la unidad de las dos naturalezas y destacaba la importancia de la deidad, al paso que la escuela de Antioquía hacía resaltar la distinción entre las dos naturalezas y destacaba la importancia del aspecto humano. Los adeptos de Antioquía sostenían que la divinidad y la humanidad se habían relacionado en una coexistencia constante y en una cooperación, sin fusionarse realmente. Separaban las dos naturalezas en la persona de Cristo, declarando que no hubo una unión completa sino sólo una asociación permanente. Hacían una distinción radical entre Cristo como el Hijo de Dios y Cristo como el Hijo del hombre, y reconocían en forma más clara la naturaleza humana. Concebían la unidad de las dos naturalezas como si se hubiera realizado mediante la unidad de las voluntades respectivas. Preservaban la realidad y la integridad de la naturaleza humana de Cristo, pero ponían 893 en peligro la unidad de la persona. Era una unión imperfecta, incompleta, indefinida y mecánica, en la cual las dos naturalezas no estaban realmente unidas en una sola persona dotada de conciencia. Por otra parte, los alejandrinos concebían una compenetración milagrosa y completa de las dos naturalezas, habiéndose fusionado la humana con la divina y habiéndose subordinado aquélla a ésta. De esa manera, Dios entró en la humanidad, y por medio de esa unión de la Deidad y de la naturaleza humana se hizo posible que Cristo llevara a la humanidad de nuevo a Dios.
El choque de las dos escuelas llegó a su clímax en la controversia nestoriano, a principios del siglo V. Nestorio de Antioquía aceptaba la verdadera divinidad y la verdadera humanidad, pero negaba su unión en una sola persona autoconsciente. El Cristo de los nestorianos es en realidad dos personas que disfrutan de una unión moral afín. Sin embargo, ninguna de ellas está decisivamente influida por la otra. La Deidad no se humilla; la humanidad no se ensalza. Hay un Dios y hay un hombre, pero no hay un Dios-hombre.
El tercer concilio ecuménico de la iglesia se reunió en Efeso, en 431, con el propósito de decidir la controversia existente entre las escuelas de Antioquía y Alejandría. El concilio condenó a Nestorio y sus enseñanzas, pero no consideró necesario redactar un nuevo credo que reemplazara al Credo Niceno. En realidad, nada se decidió ni realizó, excepto ampliar la brecha, y la controversia resultante tomó tales proporciones que se pusieron a un lado todos los otros problemas doctrinales.
Monofisismo.
Después del Concilio de Efeso surgió otra teoría conocida como monofisismo, o eutiquianismo, que se caracterizó por presentar un concepto de Cristo precisamente opuesto al de Nestorio. Eutiques, su principal expositor, sostenía que la naturaleza humana original de Jesús se transformó en la naturaleza divina en la encarnación, con el resultado de que el Jesús humano y el Cristo divino llegaron a ser una persona y una naturaleza. Afirmaba la unidad de la autoconciencia, pero estaban fusionadas de tal manera las dos naturalezas que, en la práctica, perdían su identidad individual.
En 451 se reunió el Concilio de Calcedonia. Tenía el propósito de tratar el nestorianismo y el monofisismo, y condenó a ambos. Tanto Nestorio como Eutiques rechazaron la decisión del concilio, y fundaron sectas independientes del cristianismo así como lo había hecho Arrio más de un siglo antes.
El Concilio de Calcedonia afirmó la perfecta divinidad y la perfecta humanidad de Cristo, declarándolo de una misma sustancia con el Padre en cuanto a su naturaleza divina y consustancial con nosotros en cuanto a su naturaleza humana, pero sin pecado. Se preservó la identidad de cada naturaleza y se declaró que las dos eran distintas, sin mezcla, inmutables, indivisibles, inseparables. Se reconoció a la divinidad, y no a la humanidad, como la base de la personalidad de Cristo. Debido a que la persona de Cristo es una unión de dos naturalezas, el sufrimiento del Dios-hombre fue verdaderamente infinito; sufrió en su naturaleza humana y no en su naturaleza divina, pero la pasión fue infinita debido a que la persona es infinita. Lo que más tarde llegó a conocerse como el Símbolo de Calcedonia, reza en parte:
"Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Heb. 4: 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y en estos últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de la María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis" (Enrique Denzinger, El magisterio de la iglesia, p. 57).
Como resultado del Concilio de Calcedonia se perpetuó e intensificó el cisma en el Oriente. Finalmente, el emperador Justiciando, convencido de que la seguridad del imperio requería una solución del problema, clausuró permanentemente las escuelas de Antioquía y Alejandría, los dos centros de controversia. En el Segundo Concilio de Constantinopla, en 553, la iglesia decidió suprimir 894 por la fuerza el monofisismo, el cual se convirtió en un cisma permanente y persistente hasta hoy día en sectas cristianas tales como los jacobitas, los coptos y los abisinios. Confirmando el Símbolo de Calcedonia, la iglesia realizó una distinción definitiva entre la ortodoxia y la heterodoxia.
Monotelismo.
Es cierto que quedó sin ser resuelta una pregunta: Las dos naturalezas, la divina y la humana, ¿son movidas por una voluntad que rige ambas naturalezas o por dos voluntades? Los monotelitas consideraban como dominante a la voluntad divina, y a la voluntad humana como inmersa en ella. En el Tercer Concilio de Constantinopla, en 680, la iglesia decidió que la voluntad es un asunto de las naturalezas y no de una persona, y se pronunció en favor de dos voluntades en una persona dotada de voluntad. Así se completó la definición ortodoxa de la naturaleza y la persona de Cristo en lo que atañe a la iglesia occidental, y formalmente se dio fin a las prolongadas controversias trinitarias y cristológicas. Por el año 730, Juan Damasceno recapituló estas doctrinas para la iglesia oriental. Tanto para el Oriente como para el Occidente, las decisiones de los concilios llegaron a ser dogmas.
En los días de la Reforma.
La Reforma encontró que tanto la rama romana del cristianismo como la protestante estaban de acuerdo en lo fundamental en cuanto a lo que atañe a la Trinidad y a la naturaleza de Cristo. El Credo Niceno y el Símbolo de Calcedonia resultaron, por lo general, aceptables para ambas. Lutero enseñaba un intercambio mutuo de características entre las dos naturalezas, de modo que lo que era característico de cada una se convertía en común para ambas. La naturaleza divina se apropió de todo lo humano de Cristo, y la humanidad recibió lo que pertenecía a la naturaleza divina. Las iglesias reformadas destacaban la comunión de lo divino y lo humano en Cristo.
En la Reforma, dos pequeños grupos no concordaron con la posición nicena. El primero fue el de los socinianos, que resucitaron la idea básica monarquiana de que es inconcebible una Trinidad divina. El unitarismo moderno perpetúa este concepto. El segundo fue el de los arminianos que, en algunos respectos, adoptaron una posición similar a la de ciertos grupos anteriores, que el Hijo está subordinado al Padre. Esta posición se refleja en varias sectas cristianas de hoy día.
Adventistas del séptimo día.
Los autores y editores de este Comentario confiesan francamente que hay grandes misterios en las Escrituras que trascienden los límites del entendimiento limitado y por eso no se los puede definir con exactitud en lenguaje humano. Uno de tales misterios es la unión de lo divino y de lo humano en Cristo. Al tratar cuestiones teológicas de esta clase, los adventistas del séptimo día siempre han procurado evadir especulaciones y sutiles razonamientos a fin de no oscurecer el consejo con palabras (ver 8T 279). Si los escritores inspirados de la Biblia no han aclarado cada detalle de los misterios divinos, ¿por qué deberían hacerlo los escritores que no son inspirados? Sin embargo, la Inspiración ha proporcionado la información suficiente para que podamos comprender en parte el misterio del plan de salvación. Los adventistas del séptimo día creen en:
1. La divinidad. La Divinidad o Trinidad consiste de tres personas: el Padre eterno, el Señor Jesucristo, Hijo del Padre eterno y el Espíritu Santo (ver Mat. 28: 19; Juan 1: 1-2; 6: 27; 14: 16-17, 26; Hech. 5: 3-4; Efe. 4: 4-6; Heb. 1: 1-3, 8; com. Juan 1: 1-3, 14). "Hay tres personas vivientes en el trío celestial... el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo" (Ev 446), Cristo y el Padre son "uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos" (PP 12), "pero no en persona" (3JT 267; cf. 5TS 182). El Espíritu Santo "es una persona así como Dios es persona" (Ev 447).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Rom. 1: 20-25.
2. La Deidad y la preexistencia de Cristo. Cristo es Dios en el sentido supremo y absoluto del término: en naturaleza, en sabiduría, en autoridad y en poder (ver Isa. 9: 6; Miq. 5: 2; Juan 1: 1-3; 8: 58; 14: 8-11; Col. 1: 15-17; 2: 9; Heb. 1: 8; com. Miq. 5: 2; Mat. 1: 1, 23; Luc. 1: 35; Juan 1: 1-3; 16: 28; Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9). "Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo... Nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno... Era igual a Dios, infinito y omnipotente" (Ev 446; cf. DTG 434-436; Ev 445; PP 17, 48).
"Cristo era esencialmente Dios, y en el sentido más excelso. Estuvo con Dios desde toda la eternidad; Dios sobre todo, bendito para siempre. El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad, como persona diferente, y sin embargo una con el Padre" 895 (EGW RH 5-4-1906; cf. DTG 11).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Juan 1: 1-3, 14; Col. 2: 9; 3: 10.
3. La humanidad de Cristo. El Señor Jesucristo fue un ser humano verdadero y completo, en todo respecto como los otros hombres, excepto que "no conoció pecado" (2 Cor. 5: 21; ver Luc. 24: 39; Juan 1: 14; Rom. 1: 3-4; 5: 15; Gál. 4: 4; Fil. 2: 7; 1 Tim. 2: 5; Heb. 2: 14, 17; 1 Juan 1: 1; 4: 2; 2 Juan 7; com. Mat. 1: 23; Juan 1: 14; Fil. 2: 6-8).
"Cristo fue un verdadero hombre" (EGW Yl 13-10-1898), "plenamente humano" (EGW ST 17-6- 1897), "participante de nuestra naturaleza" (EGW RH 18-2-1890). "Vino como un nene desvalido revestido de la humanidad de que nosotros estamos revestidos" (EGW MS 21, 1895), y "como miembro de la familia humana, era mortal" (EGW RH 4-9-1900). "Oraba por sus discípulos y por sí mismo, identificándose así con nuestras necesidades, nuestras debilidades y nuestras flaquezas" (2T 508; cf. MC 329).
Ver Material Suplementario de EGW com. Juan 1: 1-3, 14; Col. 1: 26-27; Heb. 2: 14-18.
4. La encarnación de Cristo. La encarnación fue una unión verdadera, completa e indisoluble de las naturalezas divina y humana en una sola persona, Jesucristo. Sin embargo, cada naturaleza fue preservada intacta y diferente de la otra (ver Mat. 1: 20; Luc. 1: 35; Juan 1: 14; Fil. 2: 5-8; 1 Tim. 3: 16; 1 Juan 4: 2-3; com. Mat. 1: 18; Juan 1: 14; 16: 28; Fil. 2: 6-8).
"Cristo era un verdadero hombre... Sin embargo, era Dios en la carne" (EGW YI 1310-1898). "Su divinidad fue cubierta de humanidad, la gloria invisible tomó forma humana visible" (DTG 14). "El tiene una naturaleza doble, al mismo tiempo humana y divina. Es tanto Dios como hombre" (EGW MS 76, 1903).
"La naturaleza humana del Hijo de María, ¿se cambió con la naturaleza divina del Hijo de Dios? No; las dos naturalezas se combinaron misteriosamente en una persona: El Hombre Cristo Jesús" (EGW Carta 280, 1904). "Lo humano no ocupó el lugar de lo divino, ni lo divino de lo humano" (EGW ST 10-5-1899). "La divinidad no fue degradada en humanidad; la divinidad mantuvo su lugar" (EGW RH 18-2-1890).
"Presentaba una perfecta humanidad, combinada con deidad;... preservando cada naturaleza distinta" (EGW GCB 4.0 trimestre, 1899, p. 102).
"La humanidad de Cristo no podía ser separada de su divinidad" (EGW MS 106, 1897).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Juan 1: 1-3, 14; Efe. 3: 8; Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9.
5.La subordinación de Cristo. Asumiendo voluntariamente las limitaciones de la naturaleza humana en la encarnación, el Señor Jesucristo así se subordinó al Padre durante su ministerio terrenal (ver Sal. 40: 8; Mat. 26: 39; Juan 3: 16; 4: 34; 5: 19, 30; 12: 49; 14: 10; 17: 4, 8; 2 Cor. 8: 9; Fil. 2: 7-8; Heb. 2: 9; com. Luc. 1: 35; 2: 49; Juan 3: 16; 4: 34; Fil. 2: 7-8).
"Despojándose de su vestido y corona reales" (5TS 182), el Hijo de Dios "prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo" (DTG 14). "Voluntariamente asumió la naturaleza humana. Lo hizo por sí mismo y por su propio consentimiento" (EGW RH 4-9- 900). "Jesús condescendió en humillarse para tomar la naturaleza humana" (EGW ST 20-1-1890; cf. 5T 702). "Se humilló a sí mismo, y asumió la mortalidad" (EGW RH 4-9-1900).
"El Hijo de Dios se había entregado a la voluntad del Padre y dependía de su poder. Tan completamente había anonadado Cristo al yo que no hacía planes por sí mismo. Aceptaba los planes de Dios para él, y día tras día el Padre se los revelaba" (DTG 178-179; cf. 619). "Al paso que llevaba la naturaleza humana, dependía del Omnipotente para su vida. En su humanidad, se aferraba de la divinidad de Dios" (EGW ST 17-6-1897).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Luc. 1: 35.
6. La impecable perfección de Cristo. Aunque sujeto a la tentación y "tentado en todo según nuestra semejanza", sin embargo Jesús fue completamente "sin pecado" (ver Mat. 4: 1-11; Rom. 8: 3-4; 2 Cor. 5: 21; Heb. 2: 10; 4: 15; 1 Ped. 2: 21-22; 1 Juan 3: 5; com. Mat. 4: 1- 11; 26: 38, 41; Luc. 2: 40, 52; Heb. 2: 17; 4: 15).
Nuestro Salvador "asumió las desventajas y riesgos de la naturaleza humana, para ser probado y examinado" (EGW ST 2-8-1905; cf. DTG 33, 91, 104). "Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia" (DTG 32).
"Podría haber pecado... pero ni por un momento hubo en él una mala propensión" (EGW Carta 8, 1895, ver p. 1102). Tomó "la naturaleza del hombre, pero no su pecaminosidad" (EGW ST 29-5- 1901). "Venció a Satanás en la misma naturaleza sobre la cual en 896 el Edén Satanás obtuvo la victoria" (EGW Yl 25-4-1901).
"Jesús no reveló cualidades ni ejerció facultades que los hombres no pudieran tener por la fe en él. Su perfecta humanidad es lo que todos sus seguidores pueden poseer" (DTG 619-620; cf. 15). "En su naturaleza humana él mantuvo la pureza de su carácter divino (MeM 333). "Ningún vestigio de pecado mancilló la imagen de Dios en él" (DTG 52; cf. 98).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Mat. 4: 1-11; Luc. 2: 40, 52; Col. 2: 9- 10; Heb. 2: 14-18; 4: 15.
7. La muerte vicaria de Cristo. El sacrificio de Cristo proporcionó una expiación plena y completa para los pecados del mundo (ver Isa. 53: 4-6; Juan 3: 14-17; 1 Cor. 15: 3; Heb. 9: 14; 1 Ped. 3: 18; 4: 1; 1 Juan 2: 2; com., Isa. 53: 4; Mat. 16: 13).
"Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya" (DTG 17).
"En el huerto de Getsemaní Cristo sufrió en lugar del hombre, y la naturaleza humana del Hijo de Dios tambaleó bajo el terrible horror de la culpabilidad del pecado" (EGW MS 35; 1895). "En ese momento la naturaleza humana habría muerto bajo el horror de la sensación de pecado, si un ángel del cielo no lo hubiera fortalecido para que soportara la agonía" (EGW MS 35,1895).
"El sacrificio de Cristo en favor del hombre fue pleno y completo. La condición de la expiación se había cumplido. La obra para la cual él había venido a este mundo se había efectuado" (HAp 24; cf. 2JT 220).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Mat. 26: 36-46; 27: 50; Col. 2: 9; 1 Tim. 2: 5.
8. La resurrección de Cristo. En su divinidad, Cristo tenía poder no sólo para deponer su vida sino también para recobrarla nuevamente, cuando fue llamado de la tumba por su, Padre (ver Juan 10: 18; Hech. 13: 32-33; Rom. 1: 3-4; 1 Cor. 15: 3-22; Heb. 13: 20; 1 Ped. 1: 3; ver la Nota Adicional com. Mat. 28).
"Cuando la voz del poderoso ángel fue oída junto a la tumba de Cristo, diciendo: 'Tu Padre te llama', el Salvador salió de la tumba por la vida que había en él... En su divinidad, Cristo poseía el poder de quebrar las ligaduras de la muerte" (DTG 729; cf. 725).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Mar. 16: 6.
9. La ascensión de Cristo. Nuestro Salvador ascendió al cielo en su cuerpo glorificado, para ministrar allí en nuestro favor (ver Mar. 16: 19; Luc. 24: 39; Juan 14: 1-3; 16: 28; 20: 17; Hech. 1: 9-11; Rom. 8: 34; 1 Tim. 3: 16; Heb. 7: 25; 8: 1-2; 9: 24; 1 Juan 2: 1-2; com. Heb. 1: 9-11).
"Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza humana... Dios adoptó la naturaleza humana en la persona de su Hijo, y la llevó al más alto cielo" (DTG 17).
"Todos necesitan llegar a ser más inteligentes respecto de la obra de expiación que se está realizando en el santuario celestial" (2JT 219).
Ver el Material Suplementario de EGW com. Hech. 1: 9-11; Heb. 2: 14-18.
10. El ensalzamiento de Cristo. Cuando volvió al cielo, Cristo retomó el puesto que había tenido con el Padre. antes de la encarnación (ver Mat. 28: 18; Juan 12: 23; 17: 5; Efe. 1: 19-22; Fil. 2: 8-9; Col. 1: 18; 1 Tim. 2: 5; Heb. 1: 3; 2: 9; 1 Ped. 1: 11; com. Fil. 2: 9).
"Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles... Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre desde toda la eternidad... Como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra" (HAp 31- 32; cf. 3JT 266-267).
Estos y muchos otros grandes misterios relacionados con el plan de salvación serán el estudio de los redimidos a través de toda la eternidad.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 Ev 446-447
1-2 PP 11
1-3 DTG 248; FE 406
1-5 TM 60,135
3 CC 87; CM 409; DTG 255; Ed 130
3-4 MM 7
4 CC 17; DMJ 36; DTG 236, 430; Ed 25; MC 366; 8T 288, 324
4-5 DTG 428; TM 371 897
5 DTG 59, 436; FE 167; 1JT 158; PVGM 87
6 CV 273
9 CC 22; CM 26, 275, 409; CS 305, 514, 583; DTG 284, 429; Ed 11, 26, 130; FE 181, 183, 405, 437, 440, 468, 470; OE 51; PR 189, 279; PVGM 318; 8T 256; TM 426
9-12 TM 371
10 2JT 334
10-14 TM 135
11 CW 45; DTG 19; 3JT 392; PR 524; PVGM 87
12 AFC 78; CM 15; DTG 429; Ev 227; FE 405; HAd 30; HAp 306; 3JT 29, 266, 292,433; MC 328; MeM 181; MM 113; OE 51; PVGM 255; 6T 60, 372; 7T 39; 8T 102, 207; 9T 141, 152, 218; TM 91, 223,288,494
12-13 DTG 471; Ev 386
14 CM 199; CMC 142; CS 8; DTG 15,113, 351, 468; Ed 25; FE 378, 382, 400, 444; HAp 377, 415, 434; 2JT 220, 345; 3JT 83, 392; MB 57; MM 321; PP 282; 6T 59; 8T 207, 286; TM 61
16DMJ 23; DTG 215; FE 338, 362; HAp 415, 434; 3JT 83; 8T 151; TM 91, 206
18CC 9; DTG 429; 3JT 263; MC 326; OE 51; PR 511, 513; 8T 286
19-23 DTG 107
19-51 DTG 106-117
23 CV 275; PR 508
25 DTG 108
25-27 DTG 109
27 DTG 187
29 CC 18, 78; CH 422, 528; CM 358; CMC 303; CN 475; COES 12, 122; CS 451; DMJ 8, 13; DTG 87, 110, 147, 151, 187, 348, 407, 443, 532, 544, 575, 606, 698; Ev 103, 141, 215, 221, 326, 421, 423; FE 97, 239, 383; 1JT 527; 2JT 378, 393, 517, 533; 3JT 292, 310, 322; MC 114; MeM 176, 227; MM 31; NB 378-379; OE 26, 58, 154, 163, 182; PE 153; PVGM 55, 176, 196, 218; 2T 30; 5T 449, 729; 6T 20, 54, 67, 81; 7T 238; 8T 334; 9T 203; TM 152, 216, 220; 5TS 174
36-38 DTG 112
38-39 DMJ 111
39,41-43 DTG 112
43 DTG 259
45 DTG 119, 259; FE 365; 3JT 62
45-46 CV 281; Ev327; FE 142; 3T 566
45-49 DTG 114
45-51 COES 27
46 DTG 52; MJ 76; Te 199
47 3TS 386
47-48 CC 91; TM 107
50 DTG 116,122
51 CC 19; CS 21; DTG 116; PP 183


CAPÍTULO 2

1 Cristo convierte el agua en vino en Caná. 12 Se dirige a Capernaúm, y luego a Jerusalén, 14 en donde expulsa del templo a los compradores y los vendedores. 19 Predice su muerte y resurrección. 23 Muchos creen en él por causa de sus milagros, pero él no se fiaba de ellos.
1 AL TERCER día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,
10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.
11 Este principio de señales hizo Jesús 898 en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12 Después de esto descendieron a Capernaúm, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;
16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.
18 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?
19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?
21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.
23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,
25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.
1.
Al tercer día.
[La fiesta de bodas de Caná, Juan 2: 1-12. Ver mapa p. 206; diagrama p. 220;en cuanto a los milagros, las pp. 198- 203.] Se trata de un modismo común en hebreo y en griego, que significa "al segundo día" (cf. Luc. 13: 32; ver t. 1, pp. 191-193; t. V 239-241); en este caso, el segundo día después del hecho de Juan 1: 43-51. Jesús salió de las proximidades de Betábara (ver com. cap. 1: 28), viajó ó el resto del día mencionado en el cap. 1: 43, todo el día siguiente y la mayor parte del "tercer día", una distancia de unos 105 km. El relato del cap. 1 continúa sin interrupción. Si el bautismo de Cristo se realizó aproximadamente por el tiempo de la fiesta de los tabernáculos (ver com. Mat. 3: 13), esto habría acontecido por el mes de diciembre. Habían pasado unos dos meses desde que Jesús había salido de Nazaret (ver DTG 118-119).
Unas bodas.
Gr. gámos, "boda", "fiesta de boda". Por lo general, se realizaban en el hogar del novio y continuaban durante varios días (DTG 119-120; Mat. 25: 1-13).
Caná.
Desde los tiempos de Bizancio se identificó con Kafr Kanna, a unos 6 km al noreste de Nazaret, pero ahora se piensa que se trata de Kirbet Qana, a unos 13 km al norte de Nazaret (ver mapa p. 208). Caná significa "el lugar de cañas". Abundan las cañas en pantanos cerca de Kirbet Qana, y allí se han encontrado fragmentos de alfarería que datan de los tiempos romanos. Tiglat Pileser III de Asiria (745-727 a. C.) dice haber conquistado una ciudad galilea de nombre Qana.
Natanael era de Caná (cap. 21: 2). Aquí el noble encontró a Jesús aproximadamente un año después (cap. 4: 43-54).
La madre de Jesús.
Juan nunca se refiere a María por nombre (cap. 2: 12; 6: 42; 19: 25). Sin duda, para entonces José ya había muerto (ver com. Luc. 2: 51). Acerca de María como la madre de Jesús, ver com. Mat. 1: 23; Luc. 1: 27-28.
2.
Jesús.
Había sabido de la boda e indudablemente entonces volvió a Galilea a fin de estar presente (DTG 118).
Sus discípulos.
Eran cinco: Juan, Andrés, Pedro, Felipe y Natanael (cap. 1: 40-45). Quizá eran amigos o parientes de las dos familias. De lo contrario, recibieron su invitación cuando aparecieron en Caná como acompañantes de Jesús. Su presencia daba testimonio de que Jesús había comenzado su obra como maestro. Ver com. cap. 1: 37, 40.
3.
Faltando el vino.
Habiendo ayudado en los preparativos de la fiesta (DTG 120), María se sintió responsable de que se, supliera la falta, y procuró evitar la situación embarazosa que de otra manera se provocaría.
Es digna de destacarse la confianza de María al recurrir a Jesús con el problema. Como hijo respetuoso, Jesús siempre había estado atento a los deseos de ella y había resuelto debidamente cada problema. Por el relato, no se sabe claramente si María esperaba que Jesús realizara un milagro que no había hecho 899 hasta entonces (ver com. Luc. 2: 52), o que remediara la falta de otra manera (cf. DTG 119-120).
4.
¿Qué tienes conmigo?
Literalmente " '¿Qué a mí y a ti?', semitismo bastante frecuente en el AT, Juec. 11: 12; 2 Sam. 16: 10; 19:23; 1 Rey. 17: 18" (Nota de pie de p. de la BJ). Ver también 2 Rey. 3: 13; 2 Crón. 35: 21; Mat. 8: 29; Mar. 1: 24; Luc. 8: 28; etc. Esta expresión implica que aquel a quien se la dirige ha traspuesto los límites que le corresponden. Por las instrucciones que María dio a los que servían, es evidente que ella no entendió la respuesta de Jesús como una negativa (Juan 2: 5). Se conformaba con que Jesús satisficiera la necesidad a su debido tiempo y en la forma que a él le pareciera. Durante toda su vida privada en Nazaret, Jesús había respetado la autoridad de su madre. En realidad, siempre había sido un hijo respetuoso dentro del círculo de acción del hogar, donde prevalecía esa relación correcta (cap. 19: 26-27); pero ahora no actuaba más en forma privada, y María no comprendió plenamente que su autoridad sobre Jesús estaba limitada al no tratarse del círculo del hogar. Quizá creyó que tenía por lo menos algún derecho de dirigirlo en su misión (ver com. Mat. 12: 46-50). Por eso, con esas nítidas y corteses palabras, Cristo procuró hacerle clara la distinción entre su relación con ella como Hijo del hombre y como el Hijo de Dios (DTG 120). No había cambiado su amor por ella; pero de aquí en adelante debía trabajar día tras día bajo la dirección de su Padre celestial (ver DTG 178; com. Luc. 2: 49).
Como en el caso de María y de Jesús, con frecuencia a los padres de hoy día les resulta difícil ceder y finalmente despojarse de su autoridad sobre sus hijos a fin de que éstos puedan ganar experiencia para hacer frente a los problemas de la vida por sí mismos y aprendan a aceptar responsabilidades por sus decisiones. Sabios son los padres y afortunados los hijos cuando ese traspaso de autoridad se efectúa naturalmente y sin fricciones.
Mujer.
En el Cercano Oriente éste era un trato común y respetuoso (cap. 19: 26; DTG 120). El que había ordenado a los hombres que honraran a sus padres (Exo. 20:12; cf PP 381) era un ejemplo viviente de este principio. Durante 30 años había sido un hijo amante, obediente y atento (ver com. Luc. 2: 51-52; cf. DTG 120) y a pesar de su nueva misión, no dejaría de serlo.
Mi hora.
Cf. cap. 7: 6, 8, 30; 8: 20; etc. Es evidente que María esperaba que en esa ocasión Jesús se proclamara como el Mesías (DTG 118), pero no había llegado el tiempo para que hiciera esa declaración (ver com. Mar. 1: 25). Había un tiempo señalado para cada acontecimiento de la vida de Cristo (DTG 414; ver com. Luc. 2: 49). Tan sólo cuando estaba por terminar su ministerio, Jesús anunció públicamente que era el Mesías (ver com. Mat. 21: 1-2), y fue crucificado debido a esa afirmación (Mat. 26: 63-65; Luc. 23: 2; Juan 19: 7; ver com. Mat. 27: 63-66). Tan sólo cuando llegó la noche de la traición, Jesús dijo: "Mi tiempo está cerca" (Mat. 26: 18; cf. Juan 12: 23; 13: 1; 17: 1).
5.
Los que servían.
Gr. diákonos, de donde proviene nuestra palabra "diácono". Es evidente que los siervos recurrieron a María como quien tenía la responsabilidad de que hubiera más vino, pues aun el "maestresala" todavía no sabía que faltaba (DTG 121).
6.
Tinajas de piedra para agua.
Al parecer las tinajas de piedra eran preferibles a los cacharros comunes como recipientes de agua para la purificación (cf. Mishnah Kelim 10. 1; Talmud Shabbath 96a). El agua conservada en esos recipientes sin duda era para usar en alguna ceremonia o rito.
La purificación.
Es decir, el lavado ceremonial de las manos antes y después de las comidas (ver com. Mar. 7: 2-5) , y quizá también de los diversos utensilios necesarios para la preparación y consumo de los alimentos en la fiesta.
Los judíos.
Es evidente que Juan escribía para los que no eran judíos. La explicación aquí dada no hubiera sido necesaria para lectores judíos.
Dos o tres cántaros.
"Medidas" (BJ). Se piensa que el "cántaro" (o "medida") que era el equivalente del "bato" del AT (ver t. 1, p. 176; t. V, p. 52), y por lo tanto representaría unos 22 lt. Cada tinaja habría contenido por lo menos 44 lt, lo que daría un total mínimo de 264 lt. Debe haber habido una gran cantidad de invitados en la fiesta de bodas.
7.
Llenad estas tinajas.
Todo lo que el poder humano podía realizar debía ser hecho por manos humanas (ver p. 199). Estaba por revelarse el poder divino, pero debía ser acompañado por un concienzudo esfuerzo humano. Dios nunca hace por los hombres lo que ellos puedan hacer por sí mismos, pues eso los convertiría en debiluchos espirituales. A semejanza 900 de Moisés (Exo. 4: 2), la viuda (2 Rey 4: 2) y los mismos discípulos de Jesús (Mat. 15: 34), debemos utilizar plenamente los recursos de que disponemos si esperamos que Dios añada su bendición.
Hasta arriba.
Más tarde los siervos podían testificar que nada sino agua pura se había puesto en las tinajas.
8.
Maestresala.
Gr. arjitríklinos, literalmente "gobernante de los tres sofás para recostarse". En ocasión de las fiestas sociales, los invitados se recostaban en sofás inclinados colocados en tres lados de una mesa baja, el cuarto lado quedaba libre para servir la mesa. Esta disposición de la mesa y de los canapés era llamada un triklínion (ver com. Mar. 2: 15).
9.
Vino.
Este era "jugo puro de uva" (DTG 123). Jesús procedía de acuerdo con los principios revelados a anteriores escritores de la Biblia (ver Prov. 20: 1; 23: 29-32; cf. 1 Cor. 3: 16-17; 6: 19; com. Mat. 26: 27).
Sacado el agua.
Parece que el agua continuó siendo agua mientras estuvo en las tinajas, pues se dice que era "agua" cuando los siervos la sacaron. Quizá se convirtió en vino mientras la sacaban. Cf. com. Mar. 6: 41.
Llamó al esposo.
"Al novio" (BJ). En los países orientales se esperaba fue el novio, o su familia, proveyeran todo lo necesario para la fiesta de bodas.
10.
Todo hombre.
El "maestresala" quedó abochornado ante lo que parecía ser la transgresión de una práctica usual y temió que los invitados lo culparían de haber quebrantado una costumbre. Al recurrir al novio, procuró aclarar que la responsabilidad no era suya.
Bebido mucho.
Una vez que los hombres habían "bebido mucho" sus sentidos se embotaban, y no podían distinguir la calidad de los sabores.
Buen vino.
Este vino era superior a cualquier otro que el mayordomo de la fiesta hubiera jamás probado (DTG 121). Los invitados también apreciaron la calidad del vino -una prueba de que no habían "bebido mucho" hasta ese momento- y preguntaron acerca de su origen (DTG 122). El cielo siempre da al final lo mejor que tiene para los que esperan con paciencia.
11.
Este principio.
El primer milagro fue realizado aproximadamente una semana después de que fueran llamados los primeros discípulos (vers. 1). El segundo milagro que se registra fue hecho también en Caná, en ocasión de la siguiente visita de Jesús, aproximadamente un año más tarde (cap. 4: 43-54).
Señales.
Gr. s'méion, "señal" (ver p. 198).
Su gloria.
Es decir, la evidencia de su carácter divino y de su poder (p. 199; ver com. cap. 1: 14).
Sus discípulos creyeron.
Este milagro proporcionó a los primeros discípulos la evidencia inicial y visible del poder divino que operaba mediante Cristo, los fortaleció contra la incredulidad y la antipatía de los dirigentes judíos, y les brindó su primera oportunidad de testificar de la fe recién recibida. Honró la confianza de María, y de una manera práctica expresó la simpatía y el interés de Jesús en la felicidad humana.
12.
Después de esto.
Gr. Metá tóuto, frase que usa Juan para indicar el transcurso del tiempo (cap. 11: 7, 11; 19: 28) en una secuencia estrictamente cronológica, sin especificar la longitud del intervalo de tiempo.
Descendieron a Capernaúm.
Saliendo de Caná, en plena zona montañosa de Galilea, literalmente "descendieron" a Capernaúm a orillas del mar de Galilea, a unos 208 m bajo el nivel del Mediterráneo (ver com. Mat. 4: 13). No se indica el propósito de esta visita.
Sus hermanos.
Ver com. Mat. 12: 46.
No muchos días.
Probablemente durante la última parte del invierno (febrero) de 2728 d. C.
13.
La pascua de los judíos.
[Primera pascua: primera limpieza del templo, Juan 2: 13-25. Cf. com. Mat. 21: 12-17. Ver mapa p. 207; los diagramas de las pp. 219-221.] Esta pascua, la del año 28 d. C., fue la primera del ministerio de Jesús (ver pp. 183, 238). Si Juan hubiera estado escribiendo para lectores judíos, sencillamente habría dicho "la pascua". Acerca de la fiesta de la pascua, ver com. Exo. 12: 3-15; Lev. 23: 5; Deut. 16: 1-2.
A Jerusalén.
Ver com. Luc. 10: 30; 19: 28.
14.
El templo
Gr. hierón, el templo con sus atrios, pórticos y edificios adyacentes, no el naós, el edificio principal, como en el vers. 20 (ver com. Mat. 4: 5). En Juan 2: 21 Jesús usa naós refiriéndose a su cuerpo. El atrio externo, o atrio de los gentiles, era el escenario del tráfico profano aquí descrito.
Los que vendían.
Esta fue la primera limpieza del templo que hizo Jesús, su primer acto de importancia nacional. Al realizarlo Cristo declaró su derecho a manejar los asuntos del templo y anunció su misión como el Mesías. La segunda limpieza aconteció tres años más tarde, en ocasión de la cuarta pascua (ver pp. 901 183, 238; diagrama 5, p. 219; com. Mat. 21: 12-17) como un recordativo de que el derecho de Cristo todavía era válido.
Los cambistas.
O banqueros (ver com. Luc. 19 : 23).
15.
Un azote.
O "látigo" (BJ). Jesús no golpeó en realidad a la gente. El látigo simbolizaba su autoridad, y el blandirlo en el aire era suficiente para que su intención fuera clara. No se menciona un látigo en relación con la segunda limpieza.
Cuerdas.
Gr. sjoiníon, "cuerda de juncos trenzados".
16.
La casa de mi Padre.
El templo era el lugar donde moraba Dios entre los hombres (Exo. 25: 8). Vez tras vez los judíos criticaron a Jesús porque hablaba de Dios como su Padre (Juan 5: 17-18; 8: 18-19, 38-39; 10: 30- 33). Ellos también afirmaban que Dios era su Padre (cap. 8: 41), pero se daban cuenta de que Jesús lo hacía en un sentido más excelso. Percibían que en esas palabras Jesús exponía un derecho incondicional a la divinidad. En la segunda limpieza Jesús habló del templo como "mi casa" (Mat. 21: 13), y, al día siguiente, cuando los dirigentes rechazaron su exhortación final, él se refirió al templo como "vuestra casa" (Mat. 23: 38).
Casa de mercado.
Es decir, un lugar de comercio, de transacciones comerciales comunes. En la segunda limpieza, él usó la expresión "cueva de ladrones" (Mat. 21: 13). Los que hoy día, concienzudamente, procuran hacer de la casa de su Padre una "casa de oración" (Mat. 21: 13), evitarán convertirla en un lugar de pensamientos, palabras o acciones comunes. Desearán entrar en la casa de Dios con respeto y reverencia, conscientes de su santa presencia, con el corazón y la mente elevados en oración y alabanza (ver Juan 4: 23-24; cf. Sal. 96: 9).
17.
Se acordaron sus discípulos.
Quizá en ese mismo tiempo (cf. vers. 22).
Celo.
Gr. zlos, "ardor", "indignación", "celos". Esta es una cita de Sal. 69: 9 (ver allí el comentario). Jesús fervientemente deseaba que la casa de su Padre se usara exclusivamente para el propósito para el cual había sido delicada (ver com. Exo. 25: 8-9; Mat. 21: 13).
Me consume.
"Me devorará" (BJ). La lealtad a Dios era en Jesús una pasión que lo consumía. Así debiera ser en nuestro caso.
18.
Los judíos.
Una forma característica de Juan para designar a los dirigentes religiosos de la nación.
Señal.
Gr. sméion (ver p. 198; com. Isa. 7: 14; Mat. 12: 38-39). Los dirigentes exigían una prueba de que Jesús tenía derecho a tomar la dirección de los asuntos del templo. Su proceder significaba un desafío directo a las autoridades de ellos, algo que no podían pasar por alto (cf. com. Juan 1: 19, 25). Como de costumbre, el pedido de una "señal" de la clase que pedían esos censores, no halló respuesta (ver com. Mat. 12: 38-39; Luc. 23: 8).
19.
Destruid este templo.
La palabra que aquí se usa para templo es naós, el santuario propiamente dicho (ver com. vers. 14). Con estas palabras Jesús insinúa por primera vez la suerte que le aguardaba al fin de su peregrinación terrenal. Ya los judíos estaban tramando su muerte (DTG 136). Cuando fue juzgado, esta declaración fue tergiversada y convertida en la acusación de que se proponía destruir el templo, e hicieron de dicha acusación la excusa para el cumplimiento de esta profecía de Cristo (cf. Mar. 14: 58; ver com. Mat. 26: 61).
La analogía entre el templo literal y el cuerpo de Cristo no es tan lejana como podría parecer al principio. El santuario, y después el templo, tuvieron el propósito de ser la morada terrenal de Dios (ver com. Exo. 25: 89). Allí, por encima del propiciatorio, aparecía el símbolo glorioso de la sagrada presencia permanente de Dios (ver com. Gén. 3: 24; Exo. 25: 17). Pero, como ya lo hizo resaltar Juan (ver com. Juan 1: 14), esa misma gloria divina moró en el tabernáculo de carne humana en la persona de nuestro Señor. Cf. 1 Cor. 3: 16.
Tres días.
Ver pp. 239-242.
Lo levantaré.
Jesús se refirió a su resurrección (ver com. cap. 10: 18). Pero los judíos, no comprendieron plenamente la importancia de la declaración, y pensaron en la estructura del templo literal. Que finalmente discernieron la verdadera importancia de las palabras de Jesús se ve por Mat. 27: 63-64.
20.
Cuarenta y seis años.
Ver pp. 233-234. Aplicándose literalmente al templo, la observación de Jesús- evidentemente figurada- resultaba absurda. Siempre los judíos rehusaron ver más allá del significado superficial de las palabras de Jesús, ni quisieron ver en él nada más que el hombre común que parecía ser (cap. 7: 15, 20, 33-36; ver com. cap. 5: 17-18; 8: 52-59; 9: 29; etc.). Esta interpretación de la vida y de las enseñanzas de Jesús ha sido típica del judaísmo hasta el día de hoy. 902
21.
Mas él hablaba.
Ver com. Juan 2: 19-20; cf. 1 Cor. 3: 16-17.
22.
Por tanto, cuando.
Es decir, cuando la predicción se había cumplido (cf. com. Mat. 17: 9). Sólo abarcando el ministerio de Jesús en su conjunto, los discípulos podían entender el significado más profundo de algunas de sus palabras y actos. Después de la resurrección, el Espíritu Santo los guió para que tuvieran una comprensión más perfecta del significado de sus palabras y acciones (Juan 14: 26; 15: 26; 16: 13).
La Escritura.
Juan parece tener en cuenta algún pasaje particular de las Escrituras, quizá Sal. 16: 10, ó 69: 9, citado en vers. 17. Podría referirse en general a todas las profecías mesiánicas del AT, cuya importancia los discípulos entendieron más plenamente después de la resurrección (cf. com. Luc. 24: 25-27, 44; Juan 12: 16).
La palabra.
Es decir, lo que Jesús dijo y está registrado en el vers. 19.
23.
La pascua.
Ver com. vers. 13.
Muchos creyeron.
Este es el primer informe de una respuesta pública al mensaje de Jesús. Repetidas veces Juan hace notar que, en varias ocasiones, "muchos creyeron" (cap. 4: 39; 11: 45; 12: 42; ver com. cap. 1: 12). Esto señala el comienzo del ministerio en Judea, el cual continuó durante muchos meses y formalmente terminó en la pascua de 29 d. C. (ver Nota Adicional com. Luc. 4; diagrama p. 220; com. Mat. 4: 12).
Las señales.
"Los milagros" (VM). Este es el único registro de "señales" (o "milagros") durante el período del ministerio en Judea. El único milagro que se menciona específicamente es el que señaló la terminación de esta etapa: la curación del hombre en el estanque de Betesda (cap. 5: 1-9).
24.
No se fiaba.
O "no confiaba". Es decir, no tenía confianza en aquellos que aparentaban creer en él (vers. 23). Sabía que muchos de los que ahora estaban tan ansiosos de aclamarlo -a semejanza de la gente de Galilea dos años después-, lo abandonarían y no estarían más con él (cf. cap. 6: 66). Conocía la velocidad del corazón humano, y cuántos conversos en tiempo de bonanza eran superficiales o hipócritas (ver cap. 6: 64; com. cap. 7: 2-9).
25.
Lo que había en el hombre.
Con frecuencia Jesús leía los pensamientos de los hombres, dándoles así una evidencia de su divinidad (ver com. Mar. 2: 8).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 DTG 118; HAd 84-85, 457; MeM 192; Te 171
1-11 DTG 118-127; HAd 310; OE 376
3-4 DTG 120
4 DTG 121, 450
5 OE 67
5-10 DTG 121
7-9 MC 256; OE 218
12-13 DTG 128
12-22 DTG 128-139
13-14 DTG 130
14-15 DMJ 8; MM 122
15-16 DTG 131
16 DTG 542; 3JT 254; MJ 314
17 DTG 132; 1JT 529
17-19 DTG 729
18 DTG 163
18-20 DTG 136
19 DTG 137, 723
19-21 DTG 652 903


CAPÍTULO 3
1 Cristo enseña a Nicodemo la necesidad del nuevo nacimiento. 14 La fe en su muerte. 16 El inmenso amor de Dios por el mundo. 18 La condenación por causa de la incredulidad. 23 El bautismo, el testimonio y la doctrina de Juan concerniente a Cristo.


1HABÍA un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por él.
18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba.
23 Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas, y venían, y eran bautizados.
24 Porque Juan no había sido aún encarcelado.
25 Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación.
26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él.
27 Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido.
30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.
31 El que de arriba viene, es sobre todos: el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. 904
32 Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio.
33 El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.
34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.
35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.


1.
Nicodemo.
[Conversación con Nicodemo, Juan 3: 1-21. Ver mapa p. 207; diagrama p. 220.] Nombre griego que significa "vencedor del pueblo". En los días del NT muchos judíos habían adoptado nombres griegos. Los discípulos Andrés, Felipe, Dídimo y Alfeo tenían nombres tales. Nicodemo era rico, fariseo y miembro del consejo nacional, el sanedrín.
La división en capítulos impide apreciar la relación que hay entre el relato del cap. 3 con los últimos versículos del cap. 2. La entrevista con Nicodemo ilustra la declaración del cap. 2: 25, que Jesús "sabía lo que había en el hombre" (ver com. cap. 3: 3). Reconoció en este dirigente a un sincero buscador de la verdad, uno a quien podía "fiar", o confiar, un conocimiento más claro y más completo de su misión que a la mayoría de los hombres (cap. 2: 24). Nicodemo era una notable excepción del principio general presentado en cap. 2: 24-25. De esa manera, en el mismo comienzo de su ministerio público, Jesús ganó un amigo cuya influencia providencialmente torció los planes de los dirigentes que querían terminar prematuramente la misión de Cristo (ver cap. 7: 50-51; cf. cap. 19: 39; DTG 147, 424).
Principal.
"Magistrado" (BJ). Es decir, miembro del sanedrín (ver p. 68).
Los judíos.
Ver com. cap. 1: 19.
2.
Vino a Jesús.
Esta visita se realizó en el monte de los Olivos (DTG 140; cf. pp. 636-637), quizá no mucho después de la primera limpieza del templo, registrada en el cap. 2: 13-17. Nicodemo había presenciado ese hecho dramático (DTG 140), y, sin duda, había oído a Jesús y había presenciado algunos de sus milagros (cap. 2: 23). Indudablemente compartía con otros judíos la esperanza de un Mesías político que libertaría a la nación del yugo romano (ver com. Luc. 4: 19); y tuvo que sentirse perplejo cuando Jesús le explicó la naturaleza espiritual de su reino. Nicodemo era cauteloso por naturaleza, y no se manifestó abiertamente como seguidor del humilde nazareno hasta después de la crucifixión (Juan 19: 39; cf. DTG 148). La semilla sembrada en esta ocasión cayó en terreno fértil y finalmente produjo una abundante cosecha.
De noche.
Conociendo la actitud que por lo general mostraban los dirigentes para con Jesús, Nicodemo consideró que no era sabio comprometer su reputación o posición haciendo saber que tomaba a Jesús en serio hasta el punto de buscar una entrevista personal con él. Esta precaución dio más peso a los esfuerzos de Nicodemo para desviar a los dirigentes de su propósito de arrestar a Jesús.
Rabí.
Ver com. cap. 1: 38.
Sabemos.
Nicodemo estaba satisfecho con la evidencia de la aprobación divina manifiesta en las palabras de Jesús y en sus obras. Los otros dirigentes tuvieron las mismas oportunidades de observar y considerar la naturaleza de las credenciales de Jesús (cf. cap. 2: 18-20), y, sin duda, sabían tan bien como Nicodemo la conclusión a que se llegaba mediante esa evidencia; pero el orgullo y la perversidad de su corazón les impidieron reconocer su validez. En cambio, Nicodemo la reconoció. Fue uno de los "muchos" (cap. 2: 23) que "creyeron".
De Dios.
Estas palabras están en una posición enfática en griego. Con ellas Nicodemo reconoció que los milagros de Jesús constituían la prueba de una autoridad más que humana.
Como maestro.
Gr. didáskalos (ver com. cap. 1: 38), un título de respeto. Nicodemo mismo era "maestro [didáskalos] de Israel" (cap. 3: 10), y, sin embargo, estaba dispuesto a aceptar como su igual a Jesús- quien no tenía educación académica ni permiso oficial para enseñar-. La única explicación de esta visita es que comprendía en su corazón que Jesús era más que simplemente un maestro. Sin embargo, al principio su orgullo le impidió que revelara sus pensamientos más íntimos de que Jesús podía ser el Mesías. Pero cuando se compara su reacción con la de los otros dirigentes de la nación, es sorprendente hasta qué punto su ardiente deseo de conocer 905 la verdad venció a su orgullo natural.
Nadie.
Los milagros o "señales" (cap. 2: 23) constituían una evidencia de poder divino que no se podía negar. En ocasiones posteriores, Jesús llamó la atención de los dirigentes judíos al significado de sus milagros para probar su misión divina (cap. 5: 36; 10: 38; cf. DTG 372; t. V, p. 199).
Tu haces.
El pronombre personal "tú" es enfático. Los milagros de Jesús eran diferentes de los de otros hombres; demostraban ser genuinos.
Si no está Dios con él.
Los milagros demostraban aprobación divina y reconocimiento divino. Nicodemo fue llevado por la evidencia hasta sus conclusiones lógicas.
3.
De cierto, de cierto.
Ver com. cap. 1: 51. Jesús desdeñó la lisonja que se le brindaba, y dirigió su respuesta a la tácita súplica en procura de verdad, implícita en el hecho de que Nicodemo lo había buscado para una entrevista privada.
De nuevo.
"De lo alto" (BJ). Gr. ánthen que en otras partes en Juan significa "de arriba" (cap. 3: 31; 19: 11; etc.). Esta palabra puede usarse correctamente en ambos sentidos, y no es seguro qué significado quiso darle Jesús aquí. Es claro que Nicodemo la entendió en el sentido de "de nuevo" (vers. 4), pero quizá Jesús quiso decir "de lo alto", el sentido en que se usa ánthen después en el mismo capítulo (vers. 31). Con seguridad, el nacimiento al que Jesús se refiere aquí es un segundo nacimiento, pero no es una repetición del primer nacimiento como la traducción "de nuevo" podría implicar.
De acuerdo con la teología judía, el haber nacido como hijo de Abrahán era casi una garantía de admisión en el reino celestial (cap. 8: 33). Pero a fin de ser salvos, los que no eran judíos debían convertirse en hijos de Abrahán por adopción. No le habría sorprendido a Nicodemo oír que Jesús afirmara que los que no eran judíos debían nacer "de nuevo" a fin de "ver el reino de Dios", pero la idea de que él, un respetable judío, estuviera fuera del círculo de la salvación, era un pensamiento nuevo e inquietante. Dos años y medio más tarde (cap. 8: 39), Jesús explícitamente declaró que pertenecer al linaje de Abrahán significa tener una semejanza moral y no una relación física. Comparar esto con las enseñanzas de Pablo sobre el mismo tema (Rom. 2: 28-29; 9: 6-7; 10: 12-13; Gál. 3: 9, 28-29; etc.). La conversión y el nacimiento son semejantes en que ambos señalan el comienzo de una nueva vida (ver com. Juan 1: 13; Rom. 6: 3-6; 2 Cor. 5: 17; cf. Efe. 4: 22. 24; Col. 3: 9-11).
Ver.
Es decir "entrar en" (vers. 5).
El reino de Dios.
Jesús aquí se refiere en primer lugar a su reino espiritual, el reino de la gracia divina (ver com. Mat. 4: 17; 5: 2).
4.
¿Puede acaso entrar?
Nicodemo sabía que Jesús no hablaba de volver a nacer físicamente, y su respuesta no implica que en realidad pensaba así. Tan sólo reconocía la imposibilidad. Pero la otra conclusión le pareció igualmente increíble: la idea de que él -judío piadoso- necesitara experimentar lo que mencionaba Jesús. Hizo frente a un dilema: no podía aceptar la primera alternativa y no estaba dispuesto a aceptar la otra.
5.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
De agua y del Espíritu.
Jesús ahora explica lo que significa nacer "de nuevo" (ver com. cap. 1: 12-13). La referencia al "agua" es una clara alusión al bautismo con agua que se administraba a los prosélitos judíos y que parece haber sido practicado por los esenios (pp. 64, 92). Además, durante muchos meses Juan había estado bautizando a sus compatriotas judíos en el río Jordán (Mat. 3: 5-6, 11). Sin embargo, los fariseos, que pretendían poseer un grado superior de justicia, rehusaban el bautismo (Luc.7: 30) porque Juan lo convertía en el símbolo del arrepentimiento (ver com. Mat. 3: 6). Sin duda, Nicodemo había escuchado a Juan y quizá había oído sus afirmaciones en cuanto al bautismo con agua (Juan 1: 26) y con el Espíritu Santo (vers. 33). Nicodemo anticipaba su entrada en el reino de Dios por haber nacido judío y ser piadoso, pero Jesús declaró que cualquier cosa que fuera inferior a una transformación completa de la vida mediante el poder del Espíritu Santo, era inadecuada. Ver com. Rom. 6: 3-6.
Ser nacido "de agua y del Espíritu" equivale a ser "nacido de nuevo", es decir, "de lo alto" (ver com. Juan 3: 3). Los que son nacidos de lo alto tienen a Dios como a su Padre y se le parecen en carácter (ver 1 Juan 3: 1-3; cf. Juan 8: 39, 44). Por la gracia de Dios, en adelante aspiran a vivir superando el pecado (Rom. 6: 12-16) y a no entregar su voluntad para cometer pecados (1 Juan 3: 9; 5: 18).
6.
Nacido de la carne.
Es decir, por nacimiento natural (cap. 1: 13). El principio del 906mundo natural que todo ser viviente se reproduce "según su género" (Gén. 1: 21), también rige en el reino espiritual. En el NT "carne" y "espíritu" son antagónicos, y representan dos formas de vida opuestas y excluyentes. Cf. Rom. 6: 12-18.
8.
Viento.
Gr. pnéuma, "espíritu", "aliento", "viento". Es obvio que aquí se aplica el último significado.
Así es todo aquel
A semejanza de viento, el nuevo nacimiento es invisible. El razonamiento de que el nuevo nacimiento es una ficción de la imaginación debido a que no se lo ve con los ojos de la carne, no tiene más validez que si se lo usara para negar la acción del viento porque éste no se ve. En cada caso, el juicio que se haga debe basarse en los efectos que se producen.
10.
Maestro de Israel.
Literalmente, "el maestro de Israel". Nicodemo estaba perplejo ante cosas que debiera haber estado enseñando a otros.
11.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Hablamos.
En ese momento Jesús habló en plural quizá porque declaraba un principio general, que era cierto tanto para él como para Nicodemo. Lo que Nicodemo había dicho (vers. 9) demostraba que siendo "maestro de Israel" (vers. 10), no sabía mucho. Las afirmaciones y las preguntas de Nicodemo revelan lo que no sabía. Su conocimiento de la salvación sólo era teórico y se basaba en una falsa teoría. Si Nicodemo hubiese experimentado el nuevo nacimiento, no sólo lo hubiera comprendido él mismo, sino que hubiera podido hablar con inteligencia acerca de él a otros. Algunos sugieren que el plural que emplea Jesús se refiere a los miembros de la Deidad.
No recibís.
Si persistía en no entender de qué hablaba Jesús, Nicodemo iba a quedar clasificado con los perversos que "no le recibieron" (cap. 1: 11).
12.
Cosas terrenales.
La distinción aquí entre "cosas terrenales" y "las celestiales" no es del todo clara. Quizá por "cosas terrenales" Jesús se refiere a los principios elementales de la salvación, tales como el nuevo nacimiento. Por contraste, "las celestiales" serían los misterios más profundos de Dios cuya comprensión quizá sólo podría haberse esperado de un maestro de Israel. Nicodemo todavía estaba luchando por comprender los principios elementales y le faltaba del todo la preparación para tratar verdades más profundas (cf. 1 Cor. 3: 1-2; Heb. 5: 12-14).
13.
Nadie.
Nadie puede hablar con autoridad acerca de las "cosas celestiales" a menos que haya estado en el cielo (cf. vers. 11). Sólo por revelación los hombres pueden discernir los secretos del cielo, nunca especulando en cuanto a ellos.
Subió al cielo.
Es decir, ningún ser humano ha ido al cielo para conocer las "cosas celestiales" (vers. 12). Sólo el Hijo del hombre, que descendió del cielo, ha estado allí y sólo él puede revelarlas. No se hace referencia aquí a la ascensión de Cristo al cielo después de la resurrección.
Descendió del cielo.
Cf. cap. 6: 33, 38, 41 - 42, 50-51, 58; ver com. cap. 1: 14.
Hijo del Hombre.
El título característico que Jesús usa para sí mismo. Su empleo aquí prueba que Jesús todavía está hablando. Ver com. Mar. 2: 10.
Que está en el cielo.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por la omisión de esta frase. Si no se la elimina, se refiere a la existencia atemporal de Jesús en el ciclo, su morada permanente. Sin embargo, es posible que la frase fuera añadida por un escriba posterior, y, por lo tanto, en un tiempo cuando Jesús una vez más estaba "en el cielo".
14.
La serpiente.
Ver com. Núm. 21: 6-9.
Así.
En el desierto, la mirada ferviente de la fe provocó sanidad. Así también la fe en el infinito sacrificio del Calvario proporciona el sanamiento de la plaga del pecado. En su último día de enseñanza en el templo, Jesús declaró: "Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (cap. 12: 32). En Juan, la expresión "levantado" siempre se refiere a la crucifixión (cap. 8: 28; 12: 34; etc.). El registro evangélico no da ningún otro ejemplo, durante este período inicial del ministerio de Cristo, en el cual él revelara la profunda verdad que aquí dijo a Nicodemo. Cuando vio a Jesús que pendía de la cruz, Nicodemo debe haber recordado vívidamente la figura de Moisés levantando la serpiente en el desierto, y las palabras de Jesús en cuanto a que sería "levantado". Este suceso, que destruyó las esperanzas de los discípulos, convenció a Nicodemo de la divinidad del Hijo de Dios (DTG 721-722). En los sinópticos, sólo Mateo (cap. 20: 19) cita a Jesús cuando predijo su muerte en la cruz.
Es necesario que.
Cada vez que Jesús usa estas palabras refiriéndose a sí mismo 907(cap. 9: 4; 10: 16; 12: 34; cf. cap. 20: 9), afirma que el cielo estimó que era necesario que él viniera a esta tierra para cumplir el plan de salvación. Ver com. Luc. 2: 49.
La mayoría de los comentadores sostienen que las palabras de Jesús terminan con el vers. 15, y que comenzando con el vers. 16 se presenta el comentario del evangelista.
15.
Cree.
Ver com. cap. 1: 12; 3: 16.
No se pierda.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de estas palabras en el vers. 15 y su inclusión en el vers. 16.
16.
Amó Dios.
La palabra castellana "amor" es muy inadecuada para expresar la profundidad del solícito interés que expresan las palabras griegas agáp, "amor" y agapáÇ, "amar" (ver com. Mat. 5: 43). El amor es el atributo resaltante del Creador respecto a sus criaturas. Es la fuerza predominante en el gobierno divino. "Dios es amor" (1 Juan 4: 8).
Juan se refiere a sí mismo como "aquel discípulo a quien Jesús amaba" (cap. 21: 7; cf. cap. 13: 23; 19: 26; 20: 2; 21: 20), es decir, el que era más amado. Sencillamente, la razón era que Juan -más que cualquiera de los otros discípulos- se sometió a la influencia de la perfecta vida de Jesús y finalmente llegó a comprender y reflejar la perfección de esa vida más plenamente que ellos (ver pp. 869-870). Juan estaba mejor preparado que los otros discípulos para apreciar la magnitud del amor divino y para explicarlo a sus prójimos. Esto intenta hacerlo en cap. 3: 16: "De tal manera amó Dios", y en 1 Juan 3: 1 exclama otra vez: "Mirad, cuál amor nos ha dado el Padre". Le faltaban palabras para expresar la profundidad de ese amor eterno e inmutable, y Juan sencillamente invita a los hombres para que lo "miren" o "contemplen". La expresión suprema del amor divino es la dádiva que hizo el Padre al entregar a su propio Hijo (Juan 3: 16), mediante el cual se hace posible que seamos "llamados hijos de Dios" (1 Juan 3: 1). "Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15: 13).
Al mundo.
Gr. kósmos, el mundo como una entidad creada y organizada (ver com. Mat. 4: 8). El amor de Dios abarca a toda la humanidad, pero beneficia directamente sólo a los que responden a ese amor (ver com. Juan 1: 12). El amor requiere reciprocidad para ser plenamente efectivo. Pero es significativo que el amor de Dios abarque tanto a los que lo rechazan como a los que lo aceptan. Ninguno de los perdidos puede acusar a Dios de que no lo ama. Afirmar que Dios ha predestinado a algunas personas para que se pierdan -sin tomar en cuenta la propia elección de ellas en ese asunto- es como decir que las aborrece. Es tildarlo de injusto y hacerlo responsable por el destino de ellas. Ver Rom. 5: 8; 2 Cor. 5: 19; com. Juan 3: 17-20.
Que ha dado.
El amor es genuino sólo cuando está en acción. El amor de Dios por los pecadores lo indujo a dar todo lo que tenía por la salvación de ellos (ver Rom. 5: 8). La esencia del amor es sacrificar el yo en favor de otros; el egoísmo es la antítesis del amor.
Su Hijo unigénito.
Literalmente "su Hijo único" (BJ). Ver Nota Adicional del cap. 1; com. Luc. 1: 35; Juan 1: 14.
Todo aquel.
No hay límites para el amor de Dios. No hay nadie a quien él arbitrariamente le rehúse los beneficios de la gracia salvadora. Sólo hay una condición: creer en Cristo y cooperar voluntariamente con él. Ver com. cap. 1: 12. La bondad de Dios es la que induce a los hombres al arrepentimiento (Rom. 2: 4). Es la luz del sol de su amor la que enternece los corazones endurecidos, rescata a los perdidos y convierte a los pecadores en santos.
Cree.
Ver com. cap. 1: 12.
Se pierda.
"Perezca" (BJ). Gr. apóllumi, "destruir completamente", "raer", "desvanecer en la nada". "La paga del pecado es muerte" (Rom. 6: 23). Lo opuesto de la "vida eterna" no es un sufrimiento eterno, sino aniquilación eterna, muerte eterna. El pecado tiene en sí mismo las semillas de la disolución. El resultado es la muerte, no simplemente porque Dios lo quiera, sino porque el pecador ha elegido separarse de Dios, la fuente de la vida.
Vida eterna.
Gr. zǍ aiÇnios. En Juan, el adjetivo aionios, "eterno", sólo aparece con la palabra zoe, "vida" (cap. 3: 15-16, 36; 4: 14, 36; 5: 24, 39; 6: 27, 40, 47, 54, 68; 10: 28; 12: 25, 50; 17: 2-3). En cuanto al significado de zǍ, ver com. cap. 1: 4, y de aiÇnios, ver com. Mat. 25: 41. El texto griego de Juan 3: 16 dice literalmente: "pueda proseguir teniendo vida eterna". "Vida eterna" es vida que dura para siempre, vida que no tiene fin. Se hace posible únicamente mediante una conexión ininterrumpida con la Fuente de toda vida.
En 1 Juan 5: 11 el evangelista destaca el hecho de que Dios "nos ha dado vida eterna [zÇ'aiÇnios]". El don de la vida eterna se concretó 908 cuando Dios dio el inefable don de su único Hijo. El cristiano sincero tiene el privilegio de regocijarse en que tiene "vida eterna" ahora, como una dádiva de Dios y "esta vida está en su Hijo" (1 Juan 5: 11; cf. cap. 3: 2). "El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida" (1 Juan 5: 12). La posesión de la vida eterna depende de que Cristo habite por fe en el corazón. El que cree tiene vida eterna y "ha pasado de muerte a vida" (ver com. Juan 5: 24-25; 6: 54; 8: 51).
17.
Envió Dios.
Equivalente a "Dios... ha dado" (Juan 3: 16; cf. Mat. 15: 24; Mar. 9: 37; Luc. 4: 18, 43). Juan aquí no se preocupa por la relación teológico entre Aquel que es enviado y Aquel que lo envió, sino más bien por el propósito para el que fue enviado (ver com. Mat. 1: 23). El que Cristo fuera enviado no implica superioridad del que lo envió ni inferioridad del enviado. Durante toda la eternidad pasada Cristo "era igual a Dios" (Ev 446; ver com. Juan 1: 1).
Su Hijo.
Ver com. Luc. 1: 35; Juan 1: 14.
Al mundo.
Es decir, en la encarnación (ver com. cap. 1: 14).
Para condenar al mundo.
Juan se apresura a explicar (vers. 18-19) que los que no creen en el Hijo ya han sido condenados, sencillamente porque rehusaron creer. El propósito de Dios al enviar a su Hijo al mundo es salvar al mundo. Si debido a la venida del Salvador algunos hombres incurren en condenación, no se puede atribuir la culpa a Dios. La condenación no resulta de la venida de la Luz verdadera (ver com. cap. 1: 4-9) sino de que los hombres deliberadamente se apartaron de la luz porque prefirieron las tinieblas. Los judíos pensaban que el Mesías vendría como un Juez para condenar a los descreídos (ver com. Luc. 4: 19), y que los ángeles se regocijarían por la destrucción de los perdidos (ver com. cap. 15: 7). Pero Cristo no vino a condenar al mundo, como lo merecía, sino a salvarlo (cf. DTG 16).
Por él.
Ver com. Mat. 1: 21; Luc. 19: 10. Dios quiere que todos los hombres sean salvados, y mediante la gran dádiva de su Hijo dispuso su salvación. Pero la voluntad de Dios debe ser confirmada por la voluntad de cada uno individualmente a fin de que pueda ser efectiva. La salvación sólo es para los que creen y reciben a Cristo (ver com. Juan 1: 12; 3: 16).
18.
Ya ha sido condenado.
Así como los que creen en Cristo son justificados en virtud de su fe en él, así también los que no creen automáticamente son condenados debido a su falta de fe. Nunca fue la voluntad del Padre que algunos rechazaran a Cristo, y los que lo hacen traen así condenación sobre sí mismos. La ausencia de fe salvadora es la que provoca la condenación. "Todo lo que no proviene de fe, es pecado" (Rom. 14: 23). El propósito de la venida del Salvador al mundo no fue traer condenación; pero para los incrédulos es un resultado inevitable de su venida. Dios ha predeterminado que los que creen sean salvos y que los que no creen se pierdan; pero ha dejado con cada ser humano la facultad de elegir el creer o no creer. En este sentido, el caso de cada creyente y de cada incrédulo, de cada santo y de cada pecador fue decidido cuando se determinó el plan de salvación, pero se dejó con cada individuo la facultad de elegir ser santo o pecador. Esta es la predestinación bíblica. En el juicio final, se pronunciará una sentencia sobre los hombres individualmente, así como hace mucho se pronunció sobre ellos una sentencia colectiva. Ver com. Juan 3: 19; 5: 29; Efe. 1: 3-12.
El nombre.
Ver com. cap. 1: 12.
Unigénito.
Ver com. cap. 1: 14.
Hijo de Dios.
Ver Nota Adicional del cap. 1; com. Luc. 1: 35.
19.
Condenación.
Gr. krísis, el proceso de juzgar. No kríma, la sentencia o el resultado del juicio.
La luz vino.
Ver com. cap. 1: 4-5, 9. Juan explica cómo viene la condenación sobre los hombres. No es porque Dios quiera que los hombres se pierdan (ver com. cap. 3: 18), sino porque algunos han preferido las tinieblas a la luz. La sentencia no es arbitraria, sino el resultado inevitable de la ley que estipula que "la paga del pecado es muerte" (Rom. 6: 23). La suerte de cada hombre queda sellada por la forma en que reacciona ante la luz. Mientras los hombres permanecen sin la luz, no hay condenación (Sal. 87: 4, 6; Eze. 3: 18-21; 18: 2-32; 33: 12-20; Luc. 23: 34; Juan 15: 22; Rom. 7: 7-9; 1 Tim. 1: 13), pero cuando la luz de la verdad brilla en sus corazones, "no tienen excusa por su pecado" (Juan 15: 22). Los que no están dispuestos a renunciar a sus malos caminos prefieren las tinieblas, y al hacerlo, se enceguecen a sí mismos frente a la luz (2 Cor. 4: 4). Por otro lado, Jesús ha prometido que el que elige seguirle "no andará en tinieblas" (Juan 8: 12) y que nadie lo "arrebatará" de su mano (cap. 10: 28). 909
20.
Aborrece la luz.
Sólo el que aborrece la luz será cegado por el maligno (ver com. vers. 19). Rehúye la luz por la misma razón por la que un ladrón rehúye a un policía.
21.
Practica la verdad.
Es decir, fervientemente anhela que los principios de la verdad actúen más plenamente en su vida. Una persona tal, al igual que Pablo, reconoce que en ella "no mora el bien" (Rom. 7: 18) y que el mérito de una vida victoriosa pertenece a Dios, quien ha hecho eso posible por medio de Jesucristo (Rom. 8: 1-4; 1 Cor. 15: 57; Gál. 2: 20; ver com. Mat. 5: 48).
22.
Después de esto.
[Ministerio en Judea, Juan 3: 22-36. Ver mapa p. 211; diagramas pp. 219-220.] Gr. metá taúta, una frase común para indicar un cambio (cf. cap. 5: 1; 6: 1; 7: 1). "Esto", los sucesos (cap. 2: 13 a 3: 21), acontecieron en la pascua de 28 d. C. o poco después.
Sus discípulos.
Juan, Andrés, Pedro, Felipe y Natanael (cap. 1: 40-50).
A la tierra de Judea.
Los acontecimientos (cap. 2: 13 a 3: 21) ocurrieron en Jerusalén o en sus proximidades. Desde Jerusalén, Jesús ahora extendió su ministerio a los pueblos y aldeas de Judea, donde trabajó por un período de unos ocho meses, más o menos desde abril a diciembre del año 28 d. C. (ver diagramas pp. 219-220; Nota Adicional com. Luc. 4). Excepto el breve relato de Juan 3: 22-36, el registro evangélico no consigna los detalles de este período del ministerio de nuestro Señor. Jesús dedicó la fase inicial de su ministerio público a Jerusalén y Judea, con el propósito específico de dar una oportunidad a los dirigentes para que fueran testigos de las pruebas de su misión divina, para que lo aceptaran como el Mesías y para que guiaran a la nación en el cumplimiento de la tarea divinamente ordenada para ella (DTG 198; ver t. IV, pp. 28-32). Pero, a pesar del éxito aparente, los comienzos del ministerio en Judea carecieron mayormente de resultados prácticos (DTG 165, 211). En realidad, más conversiones verdaderas ocurrieron en el día de Pentecostés que en todo el ministerio terrenal de Cristo (ver Material Suplementario de EGW com. Hech. 2: 1-4, 14, 41). La gran popularidad de Jesús (Juan 3: 26) despertó los celos de los discípulos de Juan a favor de su maestro, quien simultáneamente predicaba y bautizaba en la misma región. Por eso, transitoriamente, en torno del mes de diciembre, Jesús regresó a Galilea (cap. 4: 1-3). Volvió a Jerusalén para la pascua de 29 d. C., cuando terminó su primer ministerio en Judea y se dedicó a su obra en Galilea (ver Nota Adicional com. Luc. 4; diagrama 219; com. Mat. 4: 12; Luc. 4: 16).
Estuvo. . . bautizaba.
Los verbos griegos indican un ministerio prolongado. Al bautizar, Jesús dio su aprobación al ministerio de su precursor, pero no bautizaba en realidad sino bautizaban sus discípulos (cap. 4: 2). Al igual que Juan, sin duda Jesús eligió lugares donde hubiera "muchas aguas" (cap. 3: 23). Acerca del rito mismo del bautismo, ver com. Mat. 3: 6.
23.
Juan bautizaba también.
El ministerio de Juan continuó a lo menos hasta después del tiempo del retiro transitorio de Jesús de Judea, en torno del mes de diciembre. Fue arrestado y encarcelado entre ese tiempo y la pascua siguiente (ver Nota Adicional com. Luc. 4; diagrama p. 219; com. Luc. 3: 19-20).
Enón, junto a Salim.
No se conoce con certeza la ubicación de estos antiguos lugares. Según W. F Albright, la identificación más probable corresponde con la aldea de Ainun, a unos kilómetros al noreste de Nablús (Siquem) (Studies in Honor of C. H. Dodd, "The Background of the New Testament and Its Eschatology", p. 159). Esta aldea está cerca de las cabeceras del Wadi Farah, donde hay numerosas vertientes. El lugar tradicional, ubicado por San Jerónimo, como a 12 km al sur de Escitópolis (Bet-sán), está cerca del río Jordán, donde parecería innecesario que Juan destacara que allí había "muchas aguas". Esta descripción sólo tendría significado para una localidad comparativamente poco conocida, donde la posible falta de una abundante provisión de agua podría levantar la duda en cuanto a cómo podía bautizarse allí. Ver mapa frente a la p. 353.
Muchas aguas.
Este detalle sugiere el bautismo por inmersión, la única forma del rito en la cual hubieran sido indispensables "muchas aguas". Ver com. Mat. 3: 6; Rom. 6: 3-6.
24.
Encarcelado.
Juan estuvo encarcelado aproximadamente un año, más o menos desde el tiempo de la pascua de 29 d. C. hasta el mismo tiempo del año siguiente (ver com. Luc. 3: 19-20).
25.
Hubo discusión.
Aunque por temor a la gente (Mat. 21: 26) las autoridades judías eludieron un ataque directo contra Juan, en formas menos llamativas procuraron estorbar su obra. El bautismo era el centro de la predicación de Juan (Mar. 1: 4; Luc. 3: 3) como un 910 símbolo de arrepentimiento y de limpieza del pecado. Los judíos bautizaban a los gentiles conversos para su purificación ceremonial. (ver com. Juan 3: 3-5). Pero Juan requería que los judíos aceptaran el rito, pues lo convirtió en una señal de arrepentimiento y de haberse apartado de una vida de pecado. Es cierto que los esenios practicaban el bautismo dándole un significado algo parecido al de Juan (ver pp. 64, 92), pero eran pocos en número y tenían poca influencia en la vida y el pensamiento de la nación.
Los judíos.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por el texto "un judío".
Purificación.
Es decir, un lavamiento ceremonial.
26.
Rabí.
Ver com. cap. 1: 38.
El que estaba contigo.
Cf. cap. 1: 29-36.
Bautiza.
Ver com. cap. 4: 2.
Todos vienen a él.
La predicación de Juan había recibido tal aprobación popular, que los escribas y fariseos estaban celosos de él (ver com. cap. 1: 19-25). Pero aquí estaba un Maestro aun más popular que Juan. Los discípulos de Juan se resintieron por el aparente éxito de Jesús y sintieron celos por su maestro (cf. Mar. 9: 38). Creían que como el bautismo de Juan les era característico (ver com. Juan 3: 25), Jesús y otros que no estaban directamente relacionados con Juan y con ellos, no tenían derecho a administrar el rito en la forma y para los propósitos con que lo hacía Juan.
27.
No puede el hombre recibir.
Juan reconocía que su éxito había, provenido del cielo, y confirmaba su creencia en que el éxito mayor que acompañaba los trabajos de Jesús también debía provenir del cielo. En ambos casos la iniciativa estaba con Dios, ¿y qué derecho tenían los hombres para desafiar los actos de Dios? Juan estaba seguro de que cumplía una misión divina y desde el principio había predicho la venida de Uno aun mayor que él (cap. 1: 26-27). ¿Por qué habría de resentirse por el cumplimiento de su propia predicción?
La completa humildad y la sumisión abnegada de Juan son rasgos característicos del verdadero seguidor de Cristo. Juan pudo decir: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (cap. 3: 30) sólo porque claramente entendió su relación con el Mesías y porque lo había transformado el toque del amor divino (DTG 151). En vano el orgullo y los celos atacaron su ecuanimidad intelectual y emotiva.
28.
Me sois testigos.
La actitud de Juan para con el Cristo ya permanecía en el recuerdo de sus discípulos.
Yo no soy el Cristo.
Ver com. cap. 1: 20.
Soy enviado delante de él.
Ver com. Mat. 3: 3.
29.
El que tiene la esposa.
La relación de Dios con su pueblo se compara con frecuencia con la del esposo y la esposa (Isa. 54: 5; Jer. 2: 2; 3: 20; Eze. 16: 8; 23: 4; Ose. 2: 19-20; 2 Cor. 11: 2; Efe. 5: 25-27; etc.). Parecía que ahora Jesús se estaba ganando al pueblo de Israel.
El amigo del esposo.
El "amigo del esposo" era el intermediario que hacía arreglos entre la familia del novio y la de la novia. Se complacía cuando la transacción culminaba con felicidad. Juan había cumplido el papel que le correspondía de exhortar a Israel para que aceptara a su Señor y Maestro espiritual, y ahora se regocijaba ante el indudable éxito de Aquel para quien había trabajado. Su "gozo" así se había "cumplido". Ver com. Mar. 2: 19.
Está a su lado y le oye.
Quizá Juan habla del amigo del novio como si estuviera atento por saber los deseos de éste para realizarlos. O quizá Juan se refiera al momento cuando el novio saluda a su novia por primera vez, cara a cara, y el amigo del novio se regocija ante la exitosa terminación de su tarea. Así también Juan no podía lamentarse porque los hombres fueran atraídos a Cristo. En realidad así se realizaban sus más acariciadas esperanzas.
30.
Es necesario que él crezca.
Ver com. vers. 27, 29. Juan declara que no podía ser de otra manera. Estas son casi las últimas palabras de Juan que se registran antes de su encarcelamiento. Con seguridad, nunca se han pronunciado palabras más llenas de humildad, de sumisión y de abnegación que las de Juan en esta ocasión. Cuando estaba en la plenitud de su vida y de su ministerio, se lo llama a retirarse y a dejar su lugar a otros. Ciertamente, "entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista" (Mat. 11: 11).
31.
El que . . . viene.
Modismo judío específico que significa "el Mesías" (ver Mat. 11: 3; 21: 9; 23: 39; Luc. 7: 19; etc.; com. Juan 1: 14).
De arriba.
Gr. ánÇthen (ver com. vers 3). Cristo vino "de arriba" para que los hombres pudieran nacer "de arriba". Juan declara que, debido a que Cristo vino "de arriba", es correcto y propio -en realidad, necesario- que él .911esté "sobre todos" los de origen terrenal.
De la tierra.
Lo que es de origen terrenal, también es terrenal por naturaleza.
Cosas terrenales habla.
Juan era "de la tierra" y hablaba como hombre. Jesús era "de arriba" y hablaba con sabiduría "de arriba". No es de extrañarse que la gente se volviera de Juan a Jesús, de lo menor a lo mayor.
Es sobre todos.
Aunque esta frase no aparece por segunda vez en el vers. 31 en algunos MSS, la evidencia textual se inclina por retenerla (cf. p. 147). Si se omitieran estas palabras, el vers. 31 se combinaría con el vers. 32 de esta manera: "El que viene del cielo, lo que vio y oyó, esto testifica". Al retener esa expresión, se hace notar que Juan admite que Cristo es infinitamente mayor que él; en realidad, que todos los hombres, y que Juan rehúsa considerarse a sí mismo como rival de Jesús.
32.
Lo que vio y oyó.
Es decir, lo que Cristo ha visto y oído del carácter y de la voluntad del Padre (ver com. vers. 11: 13). Juan siempre recuerda a sus lectores que el testimonio de Jesús acerca de las cosas celestiales se originó con el Padre (cap. 8: 40; 15: 15; etc.).
Nadie recibe.
Una hipérbole que hace resaltar cuán pocos de la multitud que seguía a Jesús en verdad lo aceptaron como al Enviado de Dios (cf. cap. 1: 11; 2: 24). Es evidente, sin embargo, que algunos recibieron el testimonio de Jesús y lo creyeron (cap. 3: 33; cf. cap. 1: 11-12).
33.
El que recibe.
Ver com. cap. 1: 12. Algunos hombres se destacan como excepciones notables a la declaración general del versículo precedente.
Este atestigua.
"Ha puesto su sello a esto" (VM). Colocando su sello personal en un documento, una persona atestigua de su exactitud y validez, añadiendo así su testimonio personal a la declaración del documento mismo. Al recibir a Jesús como al Cristo, un hombre expresa su convicción de que el mensaje de Dios acerca de Jesús "es veraz".
Que Dios es veraz.
Es decir, que el mensaje de Dios acerca de Jesús como el Cristo es veraz. La expresión negativa de esta misma verdad se ve en 1 Juan 5: 10.
34.
El que Dios envió.
Es decir, el Cristo (ver com. cap. 1: 14; 3: 31). En cuanto al sentido en que el Padre envió a su hijo a esta tierra, ver com. vers. 17. Jesús no vino en su propio nombre ni hablando sus propias palabras, sino en el nombre del Padre y hablando las palabras del Padre (cf. cap. 5: 19, 30; etc.).
Por medida.
Es decir, escasamente. Juan declara que la razón por la cual el ministerio de Jesús ha sido tan exitoso es el hecho de que él vino "de arriba" (vers. 31), y que viviendo aquí como un hombre entre los hombres había sido lleno del Espíritu Santo. Juan no podía pretender que tenía esas cualidades en el mismo grado en que Jesús las poseía, y, por lo tanto, Jesús es infinitamente superior a Juan. En el mejor de los casos, Juan sólo podía conocer "en parte" y profetizar en parte" (1 Cor. 13: 9). Como Ser divino, Jesús no tenía la menor necesidad de que le fuera dado el Espíritu Santo; pero como ser humano todo lo que tenía lo había recibido del Padre.
35.
Ama al Hijo.
Así como lo confirmó la voz del cielo en su bautismo (ver com. Mat. 3: 17). Antes de que viniera a esta tierra, el Padre y el Hijo estaban juntos como iguales en una comunión eterna (ver com. Juan 1: 1). Pero Juan aquí hablaba del amor del Padre por su Hijo que se había encarnado, cuando vivió en la tierra como un hombre entre los hombres. El amor infinito que existió entre el Padre y el Hijo a través de toda la eternidad en ninguna forma había sido menoscabado por la encarnación.
Todas las cosas ha entregado.
Aun como hombre entre los hombres, Jesús tiene plena autoridad para actuar en el nombre del Padre. Cf. Juan 5: 22, 26-27; 13: 3; 17: 2, 24; etc.; ver com. Mat. 11: 27; 28: 18.
36.
El que cree.
Literalmente "el que sigue creyendo". Estar una vez "amparado por la gracia" no es suficiente; el hombre debe permanecer "en la gracia", si ha de entrar en el reino. La condición en que un hombre se halla ante el Padre es determinada por la condición en que se encuentra ante el Hijo. Ver com. cap. 1: 12; 3: 15-16.
Rehúsa creer.
Gr. apeithéÇ, literalmente "ser desobediente", como en 1 Ped. 2: 7-8. Sin embargo, apeithé se refiere a un estado de rebelión mental y de la voluntad, y no a actos manifiestos de desobediencia. Cf. Efe. 5: 6 donde la forma del sustantivo de la misma palabra se traduce "desobediencia". El estado de la mente determina el curso de la vida. Cf. Juan 3: 18.
No verá la vida.
Es decir, no participará de la vida eterna (ver vers. 16; com. vers. 3). Un hombre no puede rechazar a Cristo y esperar que el Padre le dará la vida eterna. 912
La ira de Dios.
Ver com. Rom. 1: 18. En cuanto a la palabra traducida "ira" y usada con referencia a Cristo, ver com. Mar. 3: 5. "La ira de Dios" recae contra todo pecado. Dios ha proporcionado un camino por el cual los hombres pueden escapar de las garras del pecado, pero si rehúsan apartarse de él, inevitablemente participarán de la suerte del pecado y serán destruidos con él.


COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-3 DTG 141; HAp 85
1-17 DTG 140-149
2 FE 383
2-3 TM 373
3 CC 17, 66; CE (1949) 11; CMC 148; COES 70; CS 521; DTG 159; FE 279, 459; HAd 185; HAp 310; 3JT 356; MeM 324, 341; PVGM 29, 84; 8T 149; TM 376
3-8 PVGM 70
4 COES 72; DTG 142, 353
4-9 TM 374
5-6 DTG 143
5-7 COES 72
7 CC 17; Ev 211-212; FE 459; MJ 69; PVGM 29; 5T 189, 339; 8T 149
8 CC 56; DTG 143; 1JT 584
8-10 Ev 214
9 DTG 147; FE 178
9-10 DTG 144; FE 459, 517; 2JT 427
10-12 TM 375
11 Ev 218-219
11-13 FE 190
12 DTG 145
12-16 TM 376
14 DTG 146-148, 449; FE 284; HAp 86
4-15 CS 80; DTG 383, 615, 721; PP 458; 8T 50
14-16 HAp 184
15 PP 507
16 AFC 78; CC 12-13; CH 222, 507; CM 27, 258; CMC 21, 50; COES 12; CS 469, 520; DMJ 101; DTG 14, 17, 355, 456; Ev 386, 397, 445; FE 164, 177, 230, 295, 300, 383, 397, 427, 429, 447; 1JT 217, 353, 447, 470, 487, 518; 2JT 326, 336, 521; 3JT 25, 37, 307, 402; MC 40, 63, 308, 331; MeM 7, 225, 372; MJ 26, 136, 344; MM 19-20, 52; OE 162, 165, 373; PE 115, 125, 151; PP 49, 150; PVGM 243, 257, 266; 4T 418; 5T 629; 6T 66, 88, 446; 7T 225; 8T 10, 25, 204, 234, 287; 9T 60, 208; Te 256; TM 44, 78, 90, 120, 184, 189, 275, 313, 382, 494; 3TS 295; 4TS 326; 5TS 165
16-17 2JT 511
16-18 8T 208
17 DTG 181; Ed 75; 1JT 523; PVGM 167
19 CS 243, 308; DTG 539; Ed 70; Fe 258; OE 393; 4T 230
19-20 FE 295; 1JT 259; 2T 449, 689; TM 88
19-21 CMC 238
20 CS 511; 1JT 262; PP 62, 659; 1T 624; 3T 37; 5T 74
22-36 DTG 150-154
26-31 5T 224
27-30 CV 275; OE 57
29 DTG 242
30 DTG 153; Ed 152; 5T 729
31 DTG 152; OE 58
31-34 8T 334
31-36 TM 91
32-33 DTG 152
33 CC 114; HAp 444; MC 366; 8T 321
33-36 TM 494
34 DTG 152; Ev 507; MeM 60; OE 58
34-36 FE 392
36 CS 588; DTG 152, 361; PP 207 913

CAPÍTULO 4

1 Cristo habla con la samaritana, y se manifiesta a ella. 27 Sus discípulos se maravillan de que hablara con la mujer, 31 y él les manifiesta su celo por la gloria de Dios. 39 Muchos samaritanos creen en él. 43 Viaja a Galilea, y en Capernaúm sana al hijo de un oficial.
1CUANDO, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan
2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
4 Y le era necesario pasar por Samaria.
5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritano? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os
digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, 914 porque ya están blancos para la siega.
36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
41 Y creyeron muchos más por la palabra de él,
42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
43 Dos días después, salió de allí y fue a Galilea.
44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.
45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.
48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.
49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.
54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
1.
El Señor.
[La mujer samaritana, Juan 4: 1-42. Ver mapa p. 207; diagramas pp. 219-220.] Si bien algunos MSS dicen "Señor", la evidencia textual se inclina por la variante (cf. p. 147) "Jesús".
Los fariseos habían oído.
Los fariseos se aprovecharon de los celos de los discípulos de Juan, ocasionados por la creciente popularidad de Jesús, y abrigaban la esperanza de crear disensiones entre Juan y Jesús, y perjudicar de esa manera los esfuerzos de ambos. Ver com. cap. 3: 25.
Más discípulos.
Ver com. cap. 3: 26, 30. Es obvio que Juan estaba todavía predicando y bautizando, y que aún no había sido encarcelado.
2.
Jesús.
"Jesús mismo" (BJ). Al aceptar personalmente el bautismo de manos de Juan, Jesús había aprobado el rito al declarar: "Así conviene que cumplamos toda justicia" (Mat. 3: 15). Además, los discípulos de Jesús realizaban el rito bajo su dirección (Juan 3: 22; 4: 1). No se nos dice por qué Jesús mismo no bautizaba. Quizá tuvo el propósito de evitar que se creara en la mente de algunos la idea de que tenían una autoridad superior en la iglesia porque habían sido bautizados por Cristo personalmente. Comparar con la disensión acerca de los respectivos méritos del bautismo realizado por Jesús y por los discípulos (ver com. cap. 3: 22; 4: 1-3). La siguiente mención del bautismo se relaciona con la comisión evangélica de Mat. 28: 19-20. Jesús puede haber interrumpido por un tiempo el rito debido a los conflictos que ocasionaba.
3.
Salió de Judea.
Esto fue en torno del mes de diciembre de 28 d. C. o enero de 29 d. C. La razón para este retiro transitorio de Judea fue para evitar conflictos inútiles con los fariseos por un lado, y con Juan y sus discípulos por el otro. La decisión de salir de Judea no fue movida por el temor sino por la prudencia (cf. Mat. 10: 23). Hay un estudio del marco cronológico de este retiro de Judea en la Nota Adicional, com. Luc. 4; diagrama 6, p. 219.
Otra vez a Galilea.
En cuanto a la visita anterior a Galilea, ver cap. 2: 1-12. 915
4.
Por Samaria.
La ruta directa a Galilea pasaba por Samaria. Sin embargo, debido a la enemistad entre los judíos y los samaritanos, los peregrinos galileos que viajaban a Jerusalén para las grandes fiestas nacionales preferían dar un rodeo yendo por el valle del Jordán (ver Luc. 9: 51-52; com. cap. 2: 42). En ese tiempo, Samaria y Judea eran una unidad política administrada por un procurador romano, Poncio Pilato (ver pp. 47, 69; el mapa frente a la p. 353; diagrama p. 224). Acerca de los samaritanos, ver t. III, p. 70; t.V, pp. 20, 47; com. 2 Rey. 17: 23-34.
5.
Sicar.
Quizá la moderna Askar. La designación "ciudad" comúnmente se usa en los Evangelios tanto para pueblos pequeños como para ciudades más grandes.
Heredad.
Ver Gén. 33: 19; 48: 22; Jos. 24: 32.
6.
Pozo de Jacob.
Este pozo se encuentra como a 1 km al sur de la aldea de Askar. Ningún sitio relacionado con la vida de Jesús se ha identificado con mayor certidumbre que este pozo, que todavía proporciona agua fresca a quienes llegan hasta la cripta de la antigua iglesia griega al pie del monte Gerizim, donde se encuentra el pozo. Las numerosas vertientes que hay en la región hacen que parezca extraño que alguien se tomara la molestia de cavar un pozo. Pero Jacob era forastero y quizá cavó el pozo para evitar una contienda por el uso de agua (cf. Gén. 26: 17-22).
Cansado.
Quizá Jesús y los discípulos habían estado en camino desde el alba, y tal vez habían viajado unos 25 ó 30 km. Juan con frecuencia menciona las emociones y limitaciones físicas de Jesús como un hombre entre los hombres (cap. 1: 14; 11: 3, 33, 35, 38; 12: 27; 13: 21; 19: 28; ver com. cap. 4: 7). Jesús nunca realizó un milagro para satisfacer sus necesidades personales o para mitigar sus malestares provocados por la sed o el hambre (ver com. Mat. 4: 3, 6).
La hora sexta.
No se sabe con certeza qué cómputo de tiempo usaba Juan (cf. cap. 1: 39; 4: 52; 19: 14). Sin embargo, generalmente se piensa que "la hora sexta" sería el medio día (DTG 155). Si hubiese sido al anochecer, probablemente Jesús hubiera acompañado a los discípulos a Sicar o hubiera proseguido a Siquem, un poco más lejos, a fin de buscar albergue para la noche. La mañana y el atardecer eran también los momentos cuando se sacaba agua, y sin duda otros estaban junto al pozo.
7.
Una mujer de Samaria.
Es decir, una mujer de estirpe samaritana (ver com. vers. 4), no una mujer de la ciudad de Samaria, que estaba a más de dos horas de distancia.
Dame de beber.
Es reconfortante saber que Jesús, al igual que nosotros, experimentó sed, hambre, cansancio y dolor (ver com. vers. 6). Se hizo uno con nosotros a fin de socorrernos en cualquier circunstancia que pudiera suscitarse (ver com. cap. 1: 14).
El proceso para ganar a la mujer de Samaria merece el más cuidadoso estudio de todos los que se proponen ganar a otros para Cristo. Hubo cuatro etapas principales en este proceso: (1) Despertar el deseo de algo mejor, vers. 7-15. (2) Despertar la convicción de una necesidad personal, vers. 16-20. (3) La exhortación sobre una decisión de reconocer a Jesús como el Mesías, vers. 21-26. (4) El estímulo a una acción apropiada para la decisión, vers. 28-30, 39-42. Hay un comentario detallado e inspirador de los pasos en cada una de las etapas del proceso en com. vers. 7, 16, 21, 28.
Jesús llamó la atención de la mujer con el pedido: "Dame de beber". Su sorpresa es evidente en la respuesta-pregunta del vers. 9: "¿Cómo tú ...?" Habiendo conseguido así su atención por completo, Jesús despertó su interés con el ofrecimiento del "agua viva" (vers. 10). La reacción de ella aparece en las preguntas "con qué" sacaría un agua tal (vers. 11), y si pretendía ser "mayor" que Jacob, que había cavado el pozo (vers. 12). Partiendo de la atención y el interés, Jesús la indujo a desear el "agua viva", declarando que el que bebe de ésta "no tendrá sed jamás" (vers. 14). La mujer respondió con el pedido: "Señor, dame esa agua" (vers. 15), aunque no comprendía bien todavía lo que estaba pidiendo.
8.
La ciudad.
Sicar, aproximadamente a 1 km en el camino hacia Siquem.
9.
¿Cómo tú?
El odio racial mantenía tan alejados a los judíos y a los samaritanos, que ambos procuraban no tener ningún contacto social. En cuanto al origen de los samaritanos, ver com. 2 Rey. 17: 23-29; y en relación al origen de la antipatía entre los judíos y los samaritanos, ver t. III, p. 70; com. Esd. 4: 1-3, 17-23; Neh. 2: 10; 4: 1-2. Un relato de esa época que se ocupa de las dificultades entre judíos y samaritanos se encuentra en Antigüedades, de Josefo, xx. 6. 2.
No se tratan.
Evidentemente, es un comentario explicativo añadido por Juan para 916 una mejor comprensión de los lectores que no eran judíos, y no una afirmación de la mujer a Jesús. Si bien en algunos MSS no aparece, la evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por la inclusión de esta frase. El pedido de Jesús sorprendió a la mujer. ¿Podía haber algo más extraño que un pedido tal que emanara de un judío?
10.
El don de Dios.
Es decir, Jesús mismo, como lo aclara la cláusula siguiente. El no aparentaba ser sino un viajero cansado y sediento, pero el ofrecimiento del "agua viva" superaba lo que la mujer había comprendido. Aunque el pedido de Jesús parecía extraño, había en él algo aún más misterioso. Lo significativo en cuanto a Jesús no era que fuera judío, sino que él era, y es, "el don de Dios" (Juan 3: 16; 2 Cor. 9: 15).
Quién es.
Jesús está por presentarse a la mujer como el Mesías (vers. 25-26), y aquí, con mucho tacto, la induce a comprender que hay mucho más implicado que lo que se ve a primera vista. Tácitamente, Jesús le dijo: "Tú puedes satisfacer mi sed física, pero yo puedo satisfacer la sed de tu alma".
Agua viva.
Gr. húdÇr zÇn, "agua fresca", "agua que fluye" o "agua que da vida" (cf. Eze. 47: 9). Jesús aquí se refiere a sí mismo (ver Juan 7: 37; cf. cap. 6: 27, 51). El profeta Jeremías hablaba de Jehová como la "fuente de agua viva" (cap. 2: 13; 17: 13; cf. Isa. 12: 3; Apoc. 22: 1). La mujer pensó que Jesús se refería al agua de un manantial, en contraste con el agua comparativamente quieta del pozo. Pero si Jesús tenía acceso al "agua viva" literal, ¿por qué tenía que pedir de beber?
11.
Señor.
Gr. kúrios, "Señor", en el sentido bíblico, o "señor" en su acepción común. Aquí se aplica al segundo caso, como una expresión de respeto. Algo en la voz y el proceder de Jesús impresionó a la mujer, y su indiferente "tú, siendo judío" (vers. 9), se transformó en un trato que reflejaba respeto.
¿De dónde?
La mujer todavía pensaba que Jesús hablaba de agua literal. Pero es obvio que no se refería a ese pozo -de más de 30 m de profundidad- pues no tenía con qué sacar agua de él.
12.
¿Eres tú mayor?
La palabra "tú" es enfática. ¿Quién pretendía ser Jesús? Cf. cap. 8: 53.
Nuestro padre Jacob.
La samaritana pretendía descender de Jacob a través de José, y consideraba que Jacob era el "padre" de los samaritanos, más o menos en la misma forma en que los judíos decían ser hijos de Abrahán (cap. 8: 33). El lugar donde estaban Jesús y la mujer había sido asignado a los descendientes de José (Jos. 24: 32).
14.
El que bebiere.
Literalmente "quien quiera que beba [una vez]". Beber una vez del "agua viva" que Jesús tiene para ofrecer satisfará permanentemente a las almas sedientas (ver com. cap. 7: 38).
Yo le daré.
La palabra "yo" es enfática, y establece un clarísimo contraste entre el "agua viva" y la del pozo de Jacob.
No tendrá sed jamás.
Literalmente "no [ou] no [m'] tendrá sed hasta el siglo [eis ton ai^na]". En castellano, las tres expresiones ou, m' y eis ton ai^na se concentran en dos palabras: "no" y "jamás". El griego es mucho más enfático que la traducción castellana. La expresión eis ton ai^na se traduce "para siempre" en el cap. 6: 51; "eternamente" en el cap. 6: 58; 11: 26; "nunca" en el cap. 8: 51-52, y "jamás" en el cap. 10: 28. En cuanto a la palabra griega ai^n, ver com. Mat. 13: 39.
En él una fuente.
Ahora se ve con claridad que es figurada el "agua viva" que Jesús ofrecía a la mujer. Esta agua satisface la sed que tiene el alma de mejores cosas que las que esta vida ofrece.
Para vida eterna.
Gr. eis zÇ'n aionion (ver com. cap. 3: 16). En cuanto a aionios, en su sentido de "eterno", ver com. Mat. 25: 41. El resultado de beber el "agua viva" (ver com. Juan 4: 10) es una vida que nunca termina.
15.
Dame esa agua.
Al fin, vislumbrando apenas lo que Jesús tenía para ofrecerle, la mujer respondió ávidamente a las promesas del vers. 14, que si bebía del "agua viva", "jamás" tendría "sed" y ciertamente tendría "vida eterna". Sin embargo, todavía vinculaba el ofrecimiento de "agua viva" con el agua literal, pensando que una vez que hubiera logrado el "agita viva", no necesitaría más hacer sus viajes diarios al pozo de Jacob. Quizá pensaba que el "agua viva" era sólo para ella y que todavía necesitaría sacar agua para su "marido" (vers. 16). Pero como Jesús se apresuró a explicar, esa "agua viva" atañía tanto a su esposo como a ella.
16.
Llama a tu marido.
Habiendo despertado plenamente el deseo del "agua viva" (vers. 15), súbitamente Jesús cambió el tema de la conversación. Su propósito (vers. 16-20) fue despertar en la mujer una convicción de su desesperada necesidad de esa agua (ver com. vers. 7). Hizo eso enfocando la atención 917en los secretos de la vida de ella. La mujer no estaba todavía lista para recibir el "agua viva" que pedía sin darle importancia (vers. 15). En primer lugar, había aguas de pecado estancadas que debían ser eliminadas. La antigua vida de pecado debía morir antes de que pudiera comenzar la nueva vida de rectitud. Las dos no pueden coexistir lado a lado (cf. Sant. 3: 11-12).
Pero la mujer rechaza el escudriñamiento que Jesús hace de su vida, negando que tuviera esposo. Prefiere no ocuparse de asuntos privados con un extraño. Jesús reconoce la exactitud de su afirmación (vers. 17), pero demuestra que conoce mucho más en cuanto a ella de lo que ella ha estado dispuesta a revelar (vers. 18). Así la convence de que él es profeta (ver com. vers. 10) y de que ella es una gran pecadora. Hábilmente, ella elude la estocada más directa desviando la conversación acerca de ella, para ocuparse de nuevo de Jesús (vers. 19), y para tratar después de religión en general (vers. 20). Como toda alma cuyo error o pecado queda manifiesto, trata de escapar.
Tratar de desviar la conversación de una verdad desadable a temas religiosos discutibles o baladíes, demuestra que existe la convicción de que será necesario un cambio de conceptos y de vida. Se realizan desesperados esfuerzos para evadir la verdad o para buscar pretextos a fin de ignorarla o rechazarla. Sin embargo, lo que se necesita no es aclarar los puntos suscitados para un debate. Jesús no perdió tiempo en analizar su condición de "profeta" o dónde debía rendirse culto. Más bien, con sencillez llamó la atención de la mujer (1) hacia el espíritu del verdadero culto, y (2) hacia sí mismo como el Cristo. Estos son los mismos puntos de que deben ocuparse los hombres hoy para que lleguen a una decisión (ver com. vers. 21).
17.
No tengo marido.
Este fue el primer intento de la mujer para mantener ocultos los secretos de su vida. (ver com. vers. 16).
18.
Cinco maridos.
Entonces Jesús le puso completamente de manifiesto toda su vida pasada, demostrándole que para él los secretos de su vida eran un libro abierto (ver com. cap. 1: 48). Era una mujer pecadora que necesitaba muchísimo el "agua viva" que Jesús le ofrecía generosamente.
19.
Tú eres profeta.
La mujer evadió que se tratara acerca de su vida, cambiando el tema de la conversación a un pensamiento sin implicaciones personales. Si podía lograr que Jesús se ocupara de una disputa religiosa, se vería libre del bochorno de confesar los tenebrosos hechos de su vida pasada.
20.
Este monte.
Es decir, el monte Gerizim, a cuyo pie están Sicar y el pozo de Jacob. Los samaritanos habían erigido un templo en Gerizim alrededor del año 432 a. C., pero había quedado en ruinas desde que lo destruyó Juan Hircano alrededor del año 129 a. C. (ver p. 35). En cuanto a los samaritanos y su religión, ver pp. 20, 47.
Donde se debe adorar.
Para esa mujer, como para la mayoría de los judíos y de los samaritanos, la religión consistía esencialmente de formas relacionadas con el culto. No comprendía todavía que "los verdaderos adoradores" son los que adoran "al Padre en espíritu y en verdad" (vers. 23).
21.
Mujer, créeme.
Este es el único caso del NT en que se usa la expresión enfática "créeme". Comparar con la solemne afirmación "de cierto, de cierto" (ver com. cap. 1: 51). Jesús solemnemente exhortó a la mujer a que se olvidara de las formas del culto y de la controversia tradicional entre judíos y samaritanos en cuanto a dónde debían practicarse esas formas cultuales.
La hora viene.
Cf. vers. 23.
Ni en este monte.
El culto divino no se restringiría a determinada localidad: Judea, Samaria u otro lugar.
Habiendo despertado en la mujer un deseo del "agua viva", cualquiera fuera ésta, y una convicción de que ella la necesitaba personalmente, Jesús prosiguió conduciéndola al punto de la decisión (vers. 21-27). Concentró en un punto sus pensamientos dispersos definiendo la verdadera religión (vers. 21-23); le extendió una invitación para que se convirtiera en una verdadera adoradora (vers. 23-24), y luego la llevó al punto de la decisión identificándose como el Mesías (vers. 26), y por lo tanto como alguien que hablaba con autoridad espiritual. Desbarató por completo sus prejuicios y frustró su intento de evadir la cuestión, aclarando que él no compartía los prejuicios religiosos que separaban a los judíos de los samaritanos. Ambos podían llegar a ser "verdaderos adoradores". Finalmente, no ha de haber sino un "redil" (cap. 10: 16). Ella respondió con una honrada confesión de fe en la esperanza mesiánica que compartían los samaritanos. Su pronta acción (cap. 4: 28-29) testificó elocuentemente de su 918 decisión. Aquí Jesús anticipó el día cuando los judíos dejarían de ser el pueblo escogido de Dios.
Adoraréis.
Esto incluye a todos los samaritanos que verdaderamente adoran a Dios.
22.
La salvación.
La única salvación que hay (Hech. 4: 12). La religión de los samaritanos era una combinación de la religión hebrea apóstata y del paganismo (pp. 20, 47). Los samaritanos tenían el Pentateuco como su Biblia y se jactaban de ser más ortodoxos que los judíos, pero adoraban a Dios a ciegas
-no sabían lo que adoraban- y por lo tanto lo adoraban "en vano" (Mar. 7: 7). Dios dispuso en su providencia que los judíos fueran sus testigos elegidos para las naciones de la tierra (ver t. IV, pp. 28-32). Llegaron a ser el recipiente de la voluntad divina revelada y los encargados de velar por ella (Rom. 3: 1-2; 9: 3-5). Por lo tanto, Jesús afirmó la absoluta superioridad de la religión judía, habiendo ya aclarado que la superioridad en ninguna forma se relaciona con el lugar del culto (Juan 4: 21). La superioridad del judaísmo consistía en que Dios había elegido al pueblo hebreo para que fuera su representante en la tierra, en que le había confiado los oráculos divinos y en que el Mesías había de ser judío (Rom. 9: 4-5).
23.
La hora viene.
La "hora" del vers. 21 -cuando el lugar del culto deja de ser un asunto de importancia- ha llegado ahora. No es necesario proseguir luchando en la huella del pasado. No es necesario esperar algún tiempo futuro para participar del verdadero culto, para recibir el "agua viva". Jerusalén había sido el lugar señalado para el culto (vers. 21) y permanecería así durante un corto tiempo más, pero el verdadero culto puede comenzar "ahora". Lo que importa es cómo se rinde culto y no dónde.
Verdaderos adoradores.
Es decir, aquellos cuya adoración emana del corazón, y no el culto que consiste esencialmente en formas rituales realizadas en algún lugar particular.
En espíritu y en verdad.
Es decir, con toda sinceridad, con las más excelsas facultades intelectivas y con todo fervor, cuando se aplican al corazón los principios de la verdad (ver com. Mat. 5: 3, 48; 7: 21-27; Mar. 7: 6-9). Jesús dice que ésta es adoración genuina; todo lo demás es falso. La misma distinción que aquí se hace entre la adoración verdadera y las formas del culto es claramente presentada por el profeta Miqueas (cap. 6: 7-8).
El Padre . . . busca.
El Padre no es un dios remoto que no se preocupa de sus hijos, sino que se interesa individualmente en ellos (Isa. 57: 15). No sólo acepta a los "verdaderos adoradores", sino que ansiosamente "busca" . a los que estén dispuestos a adorarle "en espíritu y en verdad", y los anima a que se le acerquen (ver Eze. 18: 31-32; Juan 3: 16; Hech. 17: 24-31; 2 Ped. 3: 9). La salvación no es el resultado de los débiles esfuerzos de los hombres que buscan a un Dios indiferente, sino de los incansables esfuerzos de un Padre celestial que, con solícita compasión, busca a sus hijos perdidos (ver com. Mat. 18: 12-14; Juan 10: 1-21). Juan destaca repetidas veces esta verdad (Juan 3: 16; 6: 44; 15: 16; 1 Juan 4: 10). Comparar esto con las parábolas de la oveja perdida, de la moneda perdida y del hijo perdido (Luc. 15: 1-32).
24.
Dios es Espíritu.
Literalmente "Espíritu el Dios". Como un ser espiritual infinito, Dios no está sujeto a las mismas limitaciones de los seres materiales finitos, y, por lo tanto, no se interesa tanto por lugares visibles y formas de culto como por el espíritu con que lo adoran los hombres (ver com. vers. 22).
25.
Sé.
La mujer tenía razón de vincular el culto verdadero con el tema del Mesías venidero. Los samaritanos basaban sus esperanzas mesiánicas en la predicción de Deut. 18: 15, 18. Generalmente, se referían al Mesías como a "Taheb", "el que vuelve" o "el Restaurador".
Llamado el Cristo.
Evidentemente esta es una frase explicativa añadida por Juan para beneficio de los lectores que no fueran judíos (ver com. cap. 1: 38).
26.
Yo soy, el que habla.
El camino había sido completamente preparado para esta asombrosa revelación que hizo que terminara súbitamente la conversación. ¿Acaso Jesús no había revelado un conocimiento sobrenatural de la vida de ella (ver com. vers. 17-19), y ella ya no lo había reconocido como "profeta" ? Teniendo en cuenta Deut. 18: 15, 18, ella había expresado la creencia de que cuando viniera el Mesías, él declararía "todas las cosas" (Juan 4: 25), y ahora este "profeta" declaraba que era el Mesías. Ella llegó en forma natural a la conclusión: No es sólo "un profeta", sino el Profeta a quien Moisés predijo.
27.
Se maravillaron.
O "quedaron sorprendidos" (BJ, 1966). Los judíos consideraban como algo sumamente indigno que un hombre investido con la dignidad de un rabino conversara en público con una mujer. 919 Una obra literaria judía antigua, Aboth R. N. 2 (Id), aconseja: "Nadie converse con una mujer en la calle; no, ni siquiera con su propia esposa". En la Mishnah se amonesta a los hombres: "No converséis demasiado con las mujeres" (Aboth 1. 5; cf. Talmud "Erubin 53b).
Ninguno dijo.
Debido al respeto que tenían por su Maestro, los discípulos no le dijeron nada a él ni a la mujer.
28.
Dejó su cántaro.
Cuando los discípulos volvieron de la aldea con alimento para Jesús, la mujer estaba por marcharse; su cántaro estaba lleno (DTG 155). Estaba ansiosa de llegar a la aldea y contar a otros su gran descubrimiento, y no se preocupó por el cántaro. Había experimentado el deseo, la convicción y la decisión (ver com. vers. 7), y el siguiente paso lógico era la acción: fue a narrar a otros su gran descubrimiento. Esto dio testimonio de la realidad de su decisión. El cántaro que la esperaba era una evidencia muda de su intención de volver sin demora.
29.
Todo.
Lo que decía la mujer era algo exagerado. Indudablemente, razonaba que si Jesús conocía los profundos y tenebrosos secretos de su vida, ninguna cosa podía ocultarse de él.
El Cristo.
En cuanto a la relación entre la evidencia presentada -el conocimiento sobrenatural de Jesús- y la conclusión de que debía ser el Cristo, ver com. vers. 26. Con tacto, la mujer presentó su hallazgo en forma de una pregunta, e invitó a los aldeanos para que fueran y examinaran por sí mismos la evidencia. Comparar con la invitación de Felipe a Natanael: "Ven y ve" (cap. 1: 46).
30.
Salieron.
El informe de la mujer impresionó a los aldeanos y los incitó a que investigaran. Al principio su creencia se basó en el informe de la mujer, pero después de la debida investigación, dependió de su propia comprobación (vers. 39, 42).
31.
Rabí, come.
Velando por el bienestar de su Maestro (vers. 6), los discípulos le habían evitado el esfuerzo innecesario de comprar el alimento. Hacían lo que podían por aliviarle sus cargas. En cuanto a la palabra "rabí", ver com. cap. 1: 38.
32.
Comida.
La ávida respuesta de la mujer fue más reconfortante para el alma de Jesús que el alimento para su cuerpo. Las cosas materiales son de poca importancia en la estimación de todos los que realmente son colaboradores con Cristo. La importancia relativa que los obreros cristianos dan a las cosas materiales en comparación con las cosas del espíritu, es un índice de su consagración (ver com. Mat. 20: 15).
33.
¿Le habrá traído alguien?
La forma de la pregunta en griego anticipa una respuesta negativa. En realidad, los discípulos no creían que Jesús había comido, pero estaban perplejos al descubrir que ya no tenía hambre (vers. 6).
34.
Mi comida.
Ver com. vers. 32. Jesús vivía para el único propósito de hacer la voluntad de su Padre (ver com. Mat. 4: 4; Luc. 2: 49; Juan 6: 38). La mayoría de los hombres vive para "la comida que perece" (Juan 6: 27), pero Jesús no deseaba nada excepto "la comida que a vida eterna permanece". Las necesidades materiales de la vida eran secundarias frente a su gran propósito de lograr la salvación del hombre (ver com. Mat. 6: 24-34; Juan 6: 26-58).
Del que me envió.
En cuanto al sentido en el que el Padre "envió" a Jesús al mundo, ver com. cap. 3: 17. Con frecuencia Juan cita a Jesús en relación con su misión divina (Juan 3: 17; 5: 30, 36-37; 6: 38, 44; 7: 18, 28, 33; 8: 16, 18, 26, 29; 9: 4; 10: 25, 32, 37; 12: 44, 49; 13: 20; 14: 10, 24, 31; 15: 21; 16: 5; 17: 4; ver com. Luc. 2: 49).
Acabe su obra.
Es decir, la "obra" para la cual Dios envió a su Hijo al mundo (ver com. Mat. 1: 21; Juan 17: 4).
35.
Siega.
En Palestina los cereales se sembraban en el otoño y se cosechaban en la primavera (ver t. II, pp. 112-113). Puesto que la cosecha de cereales en regiones como Sicar se efectuaba en abril o mayo, este incidente probablemente ocurrió en diciembre o enero (ver Nota Adicional com. Luc. 4; diagrama 6, p. 219; cf. DTG 162).
Mirad los campos.
Los discípulos podían ver a los aldeanos que iban al pozo por entre los campos de cereales todavía verdes (DTG 162). La semilla de la verdad sembrada en el corazón de esa mujer de Samaria ya había comenzado a dar fruto, y en los dos días siguientes hubo una abundante cosecha (vers. 39-42).
36.
El que siega.
El sentido y las versiones sugieren que la palabra "ya" debe leerse con el vers. 36: "Ya el segador recibe el salario" (BJ). En el caso de la mujer samaritano, apenas se había completado la siembra de la semilla, cuando llegó el glorioso tiempo de la cosecha (cf. Sant. 5: 7). 920
Recoge fruto.
Ver com. Mat. 13: 30.
Vida eterna.
Ver com. cap. 3: 16.
Goce juntamente.
Ver Sal. 126: 5-6; Isa. 9: 3; com. Luc. 15: 7.
37.
Uno es el que siembra.
Quizá Jesús pensaba en sí mismo como el sembrador y en los discípulos como los segadores (ver Juan 4: 38; cf. Mat. 9: 37-38; 10: 1), y anticipaba la cosecha mayor de Samaria después de su resurrección (ver com. Hech. 8: 6-8, 14, 25). En la cosecha de las almas con frecuencia el que siembra la semilla del Evangelio no es el que tiene el privilegio de cosechar (cf. 1 Cor. 3: 6-7). En cuanto a Jesús como el sembrador de la buena semilla, ver com. Mat. 13: 38, 18-23.
38.
Yo os he enviado a segar.
Indudablemente, Jesús se refería al ministerio en Judea mencionado brevemente (cap. 3: 22). En un sentido, Jesús y sus discípulos estaban recogiendo la cosecha de la semilla sembrada por Juan el Bautista. Después de la resurrección los discípulos segarían una abundante cosecha producida por la semilla sembrada durante el tiempo del ministerio de Jesús (ver Hech. 2: 41, 47; 5: 14).
39.
Muchos de los samaritanos.
Este fue el primer grupo de conversos. En el transcurso de los dos días siguientes hubo una segunda cosecha (vers. 41). Mientras cumplían su misión, los setenta visitaron muchos de los pueblos de Samaria, y recibieron una cordial recepción (DTG 452). Después de la resurrección, todavía hubo otra cosecha (ver com. vers. 38).
La palabra de la mujer.
Ver com. vers. 29. Los que la conocían deben haber vislumbrado lo que estaba incluido en su declaración de que Jesús le había dicho "todo" lo que ella había hecho. El que una persona como ella tuviera una convicción tan profunda en cuanto a cosas espirituales era suficiente para llamar la atención de cualquiera. Con frecuencia Juan hace resaltar que muchos "creyeron" en Jesús (cap. 7: 31; 8: 30; 10: 42; 11: 45; 12: 42; ver com. cap. 1: 12).
40.
Dos días.
Es decir, el resto de ese día y el día siguiente (vers. 43; ver t. I, pp. 190-192; t. V, pp. 239-241). Estos dos días fueron una ocasión gozosa de siembra y cosecha espiritual.
41.
Creyeron.
Ver com. cap. 1: 12.
Muchos más.
Cf. vers. 39.
Por la palabra de él.
Los que no se habían convertido por la palabra de la mujer, sin duda porque ponían en duda todo lo que ella pudiera decir, y quizá porque eran más cautelosos para aceptar alguna cosa sin llevar a cabo primero una investigación personal ahora creyeron. Además, quizá algunos no estuvieron presentes para escuchar el testimonio de la mujer.
42.
Hemos oído.
Testificaban de lo que habían oído. Ninguna evidencia es más convincente que la de la experiencia personal.
Verdaderamente éste es.
La presteza de estos samaritanos para aceptar la evidencia de que Jesús era el "Profeta" de quien habló Moisés (ver com. vers. 26), contrasta muchísimo con la incertidumbre con que los judíos lo recibieron (ver com. cap. 1: 10-11). Su vida y mensaje constituían una evidencia convincente para los samaritanos de que se había cumplido la predicción de Moisés en la persona de Jesús de Nazaret (ver com. Mat. 1: 23; cf. DTG 374).
El Salvador.
Ver com. Mat. 1: 21.
El Cristo.
La evidencia textual establece la omisión (cf. p. 147) de estas palabras.
43.
Dos días después.
[El hijo del funcionario, Juan 4: 43-54. Ver mapa p. 207; diagrama p.220; en cuanto a los milagros, pp. 198-203.] Es decir, el día después de los sucesos registrados en vers. 5-39 (ver com. vers. 40). Ahora se reanuda el viaje de los vers. 3-5.
44.
En su propia tierra.
Es decir, Nazaret (ver com. Mar. 6: 1, 4; cf. DTG 167), no Galilea (ver com. Juan 4: 45). Juan inserta este comentario para explicar por qué Jesús fue directamente a Caná, unos 13 km más al norte (ver com. cap. 2: 1).
45.
Los galileos.
Ver com. Mat. 4: 13. Sin embargo, notar que en Mat. 4: 13 se hace referencia al comienzo formal del ministerio en Galilea, unos seis meses más tarde (ver Nota Adicional com. Luc. 4).
Habiendo visto.
Quizá una referencia a los sucesos narrados en cap. 2: 13-23, especialmente los milagros del vers. 23. La limpieza del templo (cap. 2: 13-22) motivó la propagación de un informe según el cual Jesús se había declarado el Mesías (DTG 167).
También ellos habían ido.
Así como lo hacían todos los judíos piadosos (ver com. Exo. 23: 14-17; Deut. 16: 16).
46.
Caná.
Ver com. cap. 2: 1.
Había convertido el agua en vino.
Ver com. cap. 2: 1-11. Jesús estaba ahora entre amigos que ya habían sido testigos del poder divino que obraba mediante él. 921
En Capernaúm.
Cristo y el "oficial" estaban en Caná, y el hijo en Capernaúm, a unos 25 km de distancia. Jesús había visitado Capernaúm hacía aproximadamente un año (cap. 2: 12), pero no se consigna ninguna obra pública realizada allí en ese tiempo.
Oficial del rey.
"Funcionario real" (BJ), quizá en este caso un cortesano de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea. Este "oficial" era judío, probablemente herodiano (cf. com. Mar. 3: 6). Algunos han sugerido que se lo identifique con Chuza (Luc. 8: 3) o Manaén (Hech. 13: 1), funcionarios de Herodes que se hicieron cristianos.
47.
Cuando oyó.
La rapidez con que se divulgó la noticia de que Jesús había vuelto a Galilea testifica de su popularidad (ver Juan 4: 45; Mar. 3: 7-12).
Vino a él.
Este es el primer caso que se registra de un pedido de curación, aunque ya se han mencionado milagros en general (cap. 2: 23).
Descendiese.
Ver com. cap. 2: 12.
A punto de morir.
La sabiduría y la habilidad humanas no podían hacer más, y como último recurso el padre viajó a Caná con la esperanza de persuadir a Jesús para que fuera inmediatamente con él a Capernaúm (vers. 49). Al encontrar a Jesús rodeado por una multitud, el padre hizo arreglos para una entrevista privada con él (DTG 168).
48.
Si no viereis.
De acuerdo con lo que leemos en DTG 168, el padre estaba dispuesto a aceptar a Jesús como el Mesías (ver com. vers. 45) siempre que accediera a su pedido, pensando que Jesús estaría más dispuesto a condescender a fin de ganar a un "oficial" como seguidor suyo. Pero Jesús detectó la falta de sinceridad por el modo de hablar y el comportamiento del "oficial", y comprendió que su fe era imperfecta. En realidad, tenía algo de fe, pues de lo contrario no hubiera venido. Pero una fe como la suya está lejos de ser perfecta, y Jesús siempre requería una fe completa e incondicional, antes de que pudiera actuar el poder divino.
El "oficial" tenía el plan de creer si podía primero ver. Jesús le pidió que creyera antes de que viera. La fe que depende de la concesión de ciertos pedidos descansa sobre un débil fundamento, y se desmorona ante las circunstancias cuando Dios ve que lo mejor es no conceder lo que se desea. Jesús demoró la respuesta al pedido del funcionario porque éste no estaba listo para recibir lo que había venido a pedir. En su condición mental no merecía recibir nada del Señor (Sant. 1: 5-7), y Jesús no podía hacer nada para él hasta que comprendiera su gran necesidad y estuviera dispuesto a ser movido por una fe confiada e incondicional. Por lo tanto, Jesús no le contestó ni sí ni no, y el padre comprendió que su pedido no había sido concedido ni negado.
Señales y prodigios.
Es decir, milagros (ver pp. 198-199).
No creeréis.
O "nunca jamás creeréis". En griego, la doble negación da más énfasis a esta aseveración. El funcionario debe haber reconocido esto como un reflejo de sus propios pensamientos (ver com. cap. 1: 47-49). Las palabras de Jesús están en plural porque pensó en los dirigentes judíos y en otros cuyo proceder era igual al de este funcionario, y lo clasificó con sus compatriotas como incrédulos (ver Juan 2: 18; 6: 30; 1 Cor. 1: 22; com. Mat. 16: 1-9). Por el contrario, la gente de Samaria había creído en Jesús y lo había recibido cordialmente con fe sencilla (Juan 4: 41-42). Jesús sentía dolor porque sus propios compatriotas eran tan lentos para creer (ver com. cap. 1: 10-11). Tenía una dádiva mayor para el funcionario que la que él había venido a pedir, la dádiva de la salvación, y no podía concederle la dádiva menor, la curación del hijo, sin la mayor (ver p. 199; DTG 168).
49.
Señor.
Ver com. vers. 11.
Antes que mi hijo muera.
La transformación que se necesitaba tuvo lugar en un momento, fue instantánea. El padre, comprendiendo que Jesús le leía el corazón, sintió que sus motivos eran egoístas. Comprendió que su única esperanza de que se salvara su hijo estaba en que su fe fuera implícita e incondicional, y sin vacilaciones renunció a su orgullo descreído y falso. Refiriéndose con amor a su hijo, el padre empleó un diminutivo (paidíon, "niñito" en griego), palabra diferente de la que se traduce como "hijo" (Gr. huiós) en el vers. 46.
50.
Ve.
Una vez que se efectuó la transformación necesaria, no hubo demora en la concesión del pedido, aunque en una forma que el padre no había esperado. Había buscado a Jesús para que "descendiera" a Capernaúm, pero Jesús sencillamente le dijo "ve" ("vete", BJ). De esa manera, le pidió al funcionario que se fuera sin la seguridad de que había sido concedida su petición (ver com. vers. 48). La fe del funcionario fue puesta a prueba. 922 Debía aceptar la dádiva por fe. Debía actuar por fe, creyendo que había recibido lo que había venido a pedir.
Vive.
El texto griego expresa la idea no sólo de que el hijo "vive" sino que continuaría viviendo.
El hombre creyó.
Aunque su intención había sido ver antes de creer, aceptó la palabra de Jesús. Procedió por fe, y como resultado la paz y el gozo llenaron su corazón (ver DTG 168-170; com. cap. 1: 12).
51.
Descendía.
La distancia no era más que unos 25 km. Caná estaba en la zona montañosa de Galilea, quizá a una altura de unos 250 m; Capernaúm, en cambio, estaba a orillas del mar de Galilea, a 208 m bajo el nivel del mar, unos 450 m más abajo. El viaje de regreso normalmente le habría llevado cuatro o cinco horas, y con facilidad podría haber sido hecho esa misma tarde. Aunque el padre había estado ansioso por la vida de su hijo, su nueva fe le hizo comprender la realidad de la dádiva preciosa que había recibido, y no se apresuró indebidamente para regresar.
Sus siervos salieron a recibirle.
Esto ocurrió a la mañana siguiente, mientras el funcionario todavía estaba a cierta distancia de su hogar.
Tú hijo vive.
Los siervos fueron el eco de las mismas palabras que Jesús había hablado el día anterior (vers. 50).
52.
A las siete.
Es decir, aproximadamente a la 1: 00 de la tarde (cf. cap. 1: 39; 4: 6).
53.
Aquella era la hora.
"La misma hora" (BJ). Era evidente la relación de causa y efecto. Si la curación se hubiera efectuado más temprano o más tarde, habría quedado una duda en cuanto a si se podía atribuir a otra causa que a la voluntad y a las palabras de Jesús.
Creyó.
La palabra aquí se usa en el sentido absoluto. El padre aceptó a Jesús como el Mesías o -como diríamos- se hizo cristiano. Fueron abarcantes los resultados de este milagro. El muchacho se curó, toda la familia creyó, y el camino quedó preparado para Jesús cuando, unos seis meses más tarde, hizo de Capernaúm el centro de su ministerio en Galilea (ver com. Luc. 4: 31).
54.
Segunda señal.
"Segundo milagro" (VM). Cf. cap. 2: 11. En cuanto a la bienvenida popular que le brindaron a Jesús los habitantes de la ciudad de Capernaúm, ver com. Mar. 1: 32-37, 45.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-42 DTG 155-166
2 DTG 150
6 PP 203
6-7 OE 203; 3T 217, 322
7-14 MC 17
9 PVGM 380-381
9-10 OE 203
9-12 DTG 156
10 Ev 198; MC 114; TM 228, 396
10-14 3JT 153; 6T 64
13-14 MeM 143; OE 203
14 CE (1949) 12; CH 508; CM 261, 407; CMC 31; DMJ 22; DTG 157, 407, 417 418, 731; EC 458; ECFP 79; Ed 79, 187; Ev 198, 201, 213-214, 495; FE 127; HAd 277; 1JT 178, 299, 359; 2JT 327, 439, 539; 3JT 238, 378; MC 114, 396; MeM 158, 162, 195, 234; MJ 26, 388; OE 304; PE 209; PP 203, 438; SC 25; 1T 604; 2T 88; 3T 322; 4T 555, 567; 5T 569; 6T 51; TM 86, 146, 167, 228, 396
14-15 DTG 417
14-18 DTG 157
19-22 DTG 158
20 PR 498
21 7T 53
23 CM 199; Ev 276-277; FE 177; 3JT 29;
PR 35
23-24 DTG 159; FE 399; 7T 53
24 Ed 70; 3JT 251, 262
25-27 DTG 160
26 DTG 165; MC 18
28-30 MC 70; OE 204
29 HAp 87; 3JT 216; MC 17; MeM 234; 3T 217
29-30 DTG 162
31-32 DTG 161
34 CC 76; DTG 161; ECFP 15; HAp 293; MB 57, 120; MeM 237; MM 20; OE 196; PVGM 225, 333; 2T 269; 3TS 269
35 EC 460; 2JT 227; 3JT 219; MB 85; RC 67; 6T 89; 7T 98; 9T 226; Te 229; TM 234
35-36 DTG 162; FE 201; MC 71; 5T 86, 187; 6T 23, 416
35-37 3JT 216
36-38 OE 425
37-38 DTG 162
39 MC 18; MeM 234
39-42 HAp 16
40-42 3JT 216 923
41 HAp 88
41-42 RC 67
42 DTG 163; ECFP 109; TM 152
43-54 DTG 167-170
44, 46 DTG 167
47 DTG 167
48 DTG 168, 282; Ev 431-432
49-50 DTG 169
51-53 DTG 169
53 DTG 170
CAPÍTULO 5
1 Jesús cura en día sábado a un hombre enfermo durante treinta y ocho años; 10 por esto los judíos lo persiguen y tratan de matarlo. 17 Jesús demuestra quién es, basado en el testimonio de su Padre 32 y en el de Juan, 36 en sus propias palabras 39 y en las Escrituras.
1 DESPUES de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo* aquel día.
10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo;* no te es lícito llevar tu lecho.
11 El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?
13 Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.
14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.
15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.
16 Por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.*
17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
18 Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo,* sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
21 Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán 924 la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
27 y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
33 Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
35 El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaras por un tiempo en su luz.
36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
37 También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto,
38 ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis.
39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;
40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
41 Gloria de los hombres no recibo.
42 Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.
44 ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
45 No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.
46 Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
47 Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?
1.
Después de estas cosas.
[Segunda pascua: El inválido de Betesda, Juan 5: 1-15. Ver mapa p. 207; diagrama p. 219; acerca de los milagros pp. 198-203.] La misma frase, o su equivalente, se usa en el comienzo de los cap. 6 y 7 (ver com. cap. 6: 1).
Una fiesta.
Si bien unos pocos MSS dicen "la fiesta", como si fuera una fiesta específica, la evidencia textual tiende a confirmar (cf. p. 147) el texto "tina fiesta".
Desde tiempos antiguos los comentadores han estado divididos acerca de la identidad de esta fiesta. La opinión de los padres de la iglesia está dividida entre la pascua y el Pentecostés, y un manuscrito del siglo IX, de este Evangelio, ahora en Oxford, llega aun a insertar "fiesta de los ázimos" en vez de "fiesta de los judíos", identificando así esta fiesta como la pascua. Pero otro manuscrito posterior presenta una tentativa diferente de identificación al insertar las palabras "los tabernáculos" después de "judíos". Algunos comentadores modernos creen que se trataba de la fiesta de la dedicación, y muchos otros sostienen que esta fiesta debe identificarse con Purim. De modo que casi cada fiesta del año religioso judío ha tenido su defensor.
Aunque debe admitirse que no se puede dar respuesta final al problema, hay ciertas evidencias que pueden tomarse en cuenta para llegar a una conclusión provisoria. En el capítulo anterior (cap. 4: 35), Jesús declaró que quedaban cuatro meses hasta la siega. Puesto que la cosecha de los cereales en Palestina se llevaba a cabo en abril y mayo, los sucesos del cap. 4 parecerían haber ocurrido en diciembre o enero. En ese mismo tiempo se celebraba la fiesta de la dedicación (también conocida como Hanuca) en todas las sinagogas de palestina. Sin embargo, es dudoso que ésta sea la fiesta a la que se hace referencia aquí, no sólo porque no era una de las fiestas que los judíos celebraban regularmente 925 en Jerusalén (Exo. 23: 14; Deut. 16: 16), sino también porque correspondía con el invierno (Juan 10: 22), un tiempo cuando difícilmente los enfermos habrían estado en los pórticos que rodeaban el estanque de Betesda. La fiesta siguiente era Purim, que acontecía en la mitad del último mes del año judío, cerca del primero de marzo. Aunque para entonces la temperatura habría sido más benigna, todavía es dudoso que Purim fuera la fiesta a que se hace referencia aquí porque -al igual que la fiesta de la dedicación- no era una de las grandes festividades cuando por lo general los judíos iban a Jerusalén.
Las otras tres fiestas con las cuales se ha identificado la del cap. 5: 1 -la pascua, Pentecostés y de los tabernáculos- todas se celebraban en Jerusalén y correspondían con períodos generalmente de un tiempo agradable. De estas tres, parecería que la pascua es la que más se puede identificar con la de este pasaje. Ya la identificó así Ireneo en el siglo II (Contra herejías ii. 22. 3). La misma expresión, "fiesta de los judíos" se usa para la pascua en cap. 6: 4, y la fiesta del cap. 5: 1 es la primera fiesta después del cap. 4: 35 a la cual Jesús, al igual que los judíos en general, habría "subido" "a Jerusalén". Ver pp. 183-184; diagrama 5, p. 219; com. Mat. 20: 17.
Este milagro, que dio lugar a una acusación contra Jesús ante el sanedrín (ver com. vers. 16-18), señala la terminación del ministerio en Judea. Posiblemente era entonces la pascua del año 29 d. C. (ver p. 183; diagrama 5, p. 219; Nota Adicional com. Luc. 4), un año después de la primera limpieza del templo (ver com. Juan 2: 13). De modo que el ministerio en Judea abarcó más o menos un año, habiéndose interrumpido transitoriamente por el retiro a Galilea (cap. 4: 1-3).
Subió Jesús a Jerusalén.
Ver com. Mat. 20: 17.
2.
Puerta de las ovejas.
Gr. probatik', un adjetivo que se refiere a algo relacionado con ovejas. Los intérpretes difieren en cuanto a si aquí debiera entenderse "mercado de ovejas" (KJV), "estanque de ovejas", o "puerta de ovejas" (RVR, BJ). Todas estas interpretaciones son posibles. Se desconoce el lugar del "mercado de ovejas" y tampoco se sabe de ningún estanque de ovejas; en cambio se conoce la "puerta de las ovejas" (Neh. 3: 1; 12: 39). Si bien esta tercera interpretación pareciera ser la más acertada, no hay cómo probar a qué se refiere el adjetivo probatik'.
Estanque.
Aunque se ha debatido la ubicación de este estanque, por lo general se lo identifica con un estanque doble que está ligeramente al noroeste de la iglesia de Santa Ana, al norte de la Vía Dolorosa. Orígenes, que escribió en el siglo III, describió este estanque como que hubiera estado rodeado por cuatro pórticos, y añadió que un quinto lo dividía en dos partes. Esto corresponde con la descripción de Juan. El estanque que se ve hoy está bastante más abajo del nivel de la superficie del terreno, pues con el correr de los siglos se han acumulado escombros sobre los cuales se ha construido nuevos edificios. Se ven claramente varios arcos.
Betesda.
"Bezatá" (BJ). El nombre de este lugar aparece escrito en diferentes formas en varios manuscritos: B'thesda, B'thzatha, Belzetha y B'thsaida, y la evidencia textual en favor de cada una de estas variantes no deja de tener su importancia. Sin embargo, la evidencia textual sugiere el texto Bethzathá. El sector nororiental de la ciudad, donde parece que estuvo ubicado este estanque (ver el com. de "Estanque"), se llamaba Bezetha (Josefo, Guerra ii. 19. 4; v. 4. 2), y podría haber una relación linguística entre los dos nombres.
El nombre Betesda podría provenir del arameo (aquí llamado "hebreo", como en otros lugares de Juan; cap. 19: 13, 17) beth jesda', "casa de misericordia". Por otra parte, podría derivar de beth 'esda, "casa del derramamiento". En los documentos de Qumrán se menciona Beth 'esdatáyin, "casa de dos derramamientos", como nombre de un estanque cerca del templo.
Cinco pórticos.
Ver el comentario de "Estanque".
3.
Esperaban el movimiento del agua.
La evidencia textual tiende a confirmar la omisión de esta frase y de todo el vers. 4. Esta explicación parece haberse añadido posteriormente para explicar la expectativa descrita en el vers. 7. Al parecer, la tradición era que un ángel causaba el movimiento de las aguas (cf. DTG 171). Así lo consigna Tertuliano a principios del siglo III. La agitación del agua era real (cf. DTG 172) y puede fácilmente explicarse como fenómeno natural. Varias de las fuentes de Jerusalén son intermitentes; es decir, el agua sale en gran caudal por unos momentos y luego cesa. Si el estanque de Betesda era surtido por una de estas fuentes, la presión del agua podría fácilmente agitar la calma del estanque. 926
Junto a este estanque de Betesda los más fuertes atropellaban a los más débiles en su ansiedad por llegar al agua cuando se agitaba, y más de uno moría en vez de encontrar la salud (DGT 171-172, 176). Mientras más egoísta, más determinado y más fuerte fuera un hombre, era más probable que llegara primero al estanque para ser curado. Era muy improbable que los más necesitados se beneficiaran, por lo que Jesús eligió el caso peor. El primero en llegar al estanque cada vez que se agitaba el agua aparentemente se sanaba; pero los dones de Dios son igualmente para todos los que están en condiciones de recibirlos. Además, la curación se efectuaba sólo periódicamente. Los principios implícitos en este registro de esas "curaciones" en el estanque parecen extrañamente diferentes de los principios mediante los cuales Jesús efectuaba sus milagros (ver pp. 198-199).
5.
Treinta y ocho años.
Esta declaración es un testimonio importante en cuanto a la naturaleza verdaderamente milagrosa de la curación efectuado por Jesús, pues elimina cualquier posibilidad de que el hombre pudiera haber estado sufriendo de una invalidez transitoria. En Luc. 13: 11 y Hech. 4: 22 hay declaraciones similares referentes a otros milagros. Este inválido estaba solo, sin amigos, sin esperanza, tullido por la parálisis (DTG 171-172). Su caso era el peor de todos los que estaban reunidos al borde del estanque (DTG 176).
6.
¿Quieres?
La pregunta de Jesús era retórica, pues era evidente que el hombre deseaba liberarse de su enfermedad; pero sirvió para llamar inmediatamente la atención del doliente hacia Jesús y al problema del remedio de su aflicción.
7.
No tengo quien.
"No tengo a nadie" (BJ). La patética respuesta del afligido pone de manifiesto una historia de miseria física, de haber sido abandonado por sus amigos y de reiterados motivos de esperanza, seguidos cada vez por amargos chascos. En este punto del relato, su esperanza todavía radicaba en el estanque que se suponía que era milagroso. Es evidente que todavía no se le había ocurrido que Jesús podía sanarlo por otros medios.
8.
Levántate.
Estas palabras de Jesús son sorprendentemente similares a las de Mar. 2: 11. Su concisión y precisión deben haber inspirado confianza al Enfermo (DTG 171-172). Es evidente que Jesús no trató de refutar la superstición acerca del estanque ni puso en duda las causas de la enfermedad del hombre, sino que mediante un enfoque positivo le ordenó que demostrara su fe. Ver en la p. 199 las condiciones impuestas por Jesús al realizar sus milagros.
Lecho.
"Camilla" (BJ). Un jergón que podía enrollarse fácilmente y llevarse sobre el hombro.
9.
Al instante.
Juan usa esta expresión mucho menos frecuentemente que Marcos (ver com. Mar. 1: 10), y aquí establece un agudo contraste con los "treinta y ocho años" durante los cuales había estado enfermo el hombre.
Anduvo.
"Se puso a andar" (BJ). El griego emplea el pretérito imperfecto, "andaba", para señalar continuidad. El enfermo anduvo y siguió andando. Físicamente entró en una nueva forma de vida.
Día de reposo.
Este es el primero de los siete milagros que se registra que fueron realizados en sábado (ver los milagros 3, 5-6, 9, 27-29 en la lista de las pp. 210-213). Ahora, por primera vez, Jesús desafió abiertamente los reglamentos sabáticos de los rabinos (ver com. Mar. 1: 22; 2: 23-28; 7: 6-13). La importancia que daba a esta cuestión queda demostrada porque hizo el milagro cuando la ciudad estaba llena de visitantes que habían venido para la fiesta, y porque destacó su repudio a esas tradiciones al realizar un milagro y darle publicidad haciendo que el hombre llevara su lecho (ver com. Juan 5: 10, 16).
10.
No te es lícito.
Ver com. Mar. 2: 24. Los judíos no parecían interesarse en que el hombre hubiera sido curado en sábado, sino en que estaba llevando una carga, su lecho, en ese día. La ley tradicional judía contenía estrictos reglamentos en cuanto a llevar cargas en sábado. En este respecto, la Mishnah presenta una lista de 39 clases de trabajos que no deben ser efectuados en sábado, el último de los cuales es "acarrear algo de una propiedad a otra" (Mishnah Shabbath 7). Otro pasaje de la Mishnah declara que si un hombre lleva públicamente a "una persona viva en una cama, no es culpable aun respecto a la cama, porque la cama es secundaria respecto a él" (Mishnah Shabbath 10), lo que parece implicar que llevar un lecho vacío se consideraría como una transgresión.
11.
El que me sanó.
El que hasta entonces había sido inválido, evidentemente no intentó justificar su acción mediante la ley judía, sino más bien recurrió a la autoridad superior que Jesús le había demostrado que poseía. 927
12.
¿Quién es el que te dijo?
Los que hicieron esta pregunta sabían de sobra que nadie sino Jesús podría haber realizado el milagro, pero quizá buscaban una prueba directa por la cual pudieran demostrar que era un transgresor de los reglamentos sabáticos de ellos. Como lo comprueban acontecimientos posteriores (vers. 16-47), pensaban que tenían una acusación válida contra él.
13.
Se había apartado.
"Había desaparecido entre la gente" (BJ, 1966). Gr. ekneúÇ, "escurrirse", "escabullirse". El propósito de Jesús al realizar este milagro no fue el de verse implicado en un debate con los judíos, sino demostrar la naturaleza de la verdadera observancia del sábado mediante un acto llamativo, y poner de manifiesto la falsedad de las restricciones tradicionales con las que los fariseos procuraban trabar a su nación.
La gente.
"Un gentío" (VM). Jerusalén estaba verdaderamente atestada durante las grandes festividades (vers. 1), y, sin duda, este milagro fue realizado en la presencia de muchos que llevarían el informe más allá de los límites de Judea. Es notable que Jesús no le pidió una confesión de fe al inválido antes de sanarlo; sin embargo, es obvio que su fe estuvo a la altura de las circunstancias.
14.
Le halló Jesús.
Evidentemente, Jesús buscó al hombre pues el impacto espiritual de la curación todavía no había influido sobre él. Aunque el propósito principal del milagro parece haber sido mostrar a los judíos la insensatez de sus tradiciones (ver com. vers. 10), Jesús no descuidó la salvación de aquel a quien había sanado.
Templo.
Gr. hierón, una palabra que se refiere a todo el predio del templo y no al santuario propiamente dicho (ver com. Mat. 4: 5). Jesús quizá encontró al hombre en uno de los atrios del templo.
No peques más.
O "no continúes pecando". Jesús llevó la atención del hombre de su bienestar físico a su necesidad de limpieza espiritual. Su respuesta en Betesda a la orden de Jesús: "Levántate, toma tu lecho, y anda" había sido una respuesta de fe, el comienzo de una salud tanto espiritual como física. Esta nueva orden de Jesús: "No peques más" implicaba ambas cosas: que su vida interior había sido de pecado (DTG 171) y que esos pecados habían sido perdonados. La relación íntima entre la curación física y el perdón de los pecados quedó demostrada en la curación del paralítico (Mar. 2: 5-12).
Alguna cosa peor.
Esto podría entenderse como una recaída en una enfermedad mucho más grave que la que ya había experimentado el hombre, quizá una enfermedad aguda en lugar de la invalidez crónica que por tanto tiempo había sufrido. Sin embargo, por este pasaje no debe llegarse a la conclusión de que la enfermedad es un castigo divino por la vida inicua del que la sufre, o que una dolencia sigue necesariamente a una vida de pecado. El caso de Job y las palabras de Jesús acerca del ciego (cap. 9: 2-3) indican claramente que es peligroso establecer esa relación (ver com. Job 42: 5; Sal. 38: 3; 39: 9).
15.
Dio aviso a los judíos.
Es evidente que el hombre identificó a su Benefactor ante los judíos porque procuraba aminorar su propia culpabilidad cooperando al responder a la pregunta de ellos (vers. 10-13), y también porque deseaba divulgar el conocimiento de Aquel que lo había sanado.
16.
Perseguían a Jesús.
Jesús fue llevado ante el sanedrín y acusado de haber quebrantado el sábado (DTG 174), y a esa acusación fue añadida la de blasfemia (vers. 18). Los dirigentes de la nación procuraban contrarrestar la innegable y gran influencia que Jesús tenía sobre la gente (ver com. cap. 2: 23). También dispusieron que hubiera espías para que lo vigilaran, indudablemente para crear la atmósfera propicia para condenarlo a muerte (DTG 184).
Al censurar públicamente a Jesús en este momento, en la primavera (marzo-mayo) del 29 d. C., los dirigentes judíos procuraban socavar la autoridad e influencia de Jesús sobre la gente (DTG 184). Lanzaron una proclama pública para prevenir a la nación contra él y pusieron espías para que le siguieran los pasos, esforzándose por hallar una causa que les permitiera iniciar una acción legal contra él. Dándose cuenta plenamente de que su oposición a Jesús no tenía excusa, de allí en adelante se enconaron todavía más contra él, y comenzaron a trazar planes para ver cómo podían quitarle la vida. Consiguieron cumplir con ese designio dos años más tarde, en la pascua del 31 d. C.
Durante la primavera del 29 d. C. ya tenían amplias pruebas del mesianismo de Jesús: sabían de la visión de Zacarías (Luc. 1: 5-20), del anuncio hecho a los pastores (Luc. 2: 8-12), de la llegada de los magos (Mat. 2: 1-2), de la visita de Jesús al templo a la edad de 12 años (Luc. 2: 42-50), del testimonio de Juan 928 el Bautista en cuanto a Cristo como el Mesías (Juan 1: 19-34). Más recientemente habían tenido la prueba adicional de la perfección evidente del carácter de Jesús, de la rectitud de sus enseñanzas y del carácter divino de sus milagros. Además de todo esto, tenían las profecías. Los judíos deben haber recibido la impresión de que esas profecías se estaban cumpliendo en los sucesos que acontecían.
En el día de reposo.
Parece que los judíos censuraron públicamente al hombre por haber llevado su lecho en sábado, pero no lo castigaron. Sin embargo, procuraban matar a Jesús, el autor del milagro, quizá no sólo porque había curado al hombre sino también porque le había ordenado que llevara su lecho en sábado (ver com. cap. 7: 22-24; 9: 6, 14). Mientras que la ley judía permitía que se atendiera a un hombre atacado de una enfermedad aguda, prohibía tratar un caso crónico como éste. En ese sentido, un antiguo comentario judío, escrito muchos siglos después de los días de Jesús, pero que indudablemente refleja la situación de la época de Cristo, declara: "¿Es permisible que una persona cure en sábado? Nuestros maestros han enseñado: Un peligro mortal sobrepuja al sábado, pero si es dudoso que él [un enfermo] recupere la salud o no, uno no debiera pasar por alto el sábado [debido al enfermo]" (Tanchuma B. citado en Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 1, p. 624). Lo que prefirió hacer Jesús en este caso del hombre que había estado enfermo durante 38 años parece haber sido hecho a propósito para demostrar la falacia de esas restricciones legales judías.
17.
Hasta ahora trabaja.
Literalmente "está trabajando hasta ahora". Con estas palabras Jesús aseguró a sus oyentes que Dios -que había creado el mundo- todavía estaba trabajando activamente en medio de ellos, aun en el día sábado (ver Material Suplementario de EGW com. Hech. 17: 28). Esto contradecía la opinión deísta de algunos círculos del judaísmo, la cual tendía a alejar tanto a Dios del mundo que llegaba a tener poco contacto con él. Más que eso, las palabras de Jesús eran una afirmación de que sus propias obras, tal como se revelaban en el milagro de curación que acababa de realizar, ciertamente eran una obra de Dios. El pensamiento aquí expresado es básico en el discurso de Jesús de Juan 5: 19-47.
Y yo.
O "y yo también" (BJ). El uso enfático del pronombre con la conjunción "y", implica la igualdad de Jesús con Dios.
18.
Su propio Padre.
Hablar de Dios como "Padre" no era enteramente ajeno a la forma de hablar de los judíos. Ocasionalmente en la literatura judía intertestamentaria (pp. 85-87), Dios es llamado el Padre de los judíos (Jubileos 1: 24-25, 28; Tobías 13: 4). Unas pocas veces, en las oraciones, es llamado "Padre" (Eclesiástico 23: 1, 4; Sabiduría 14: 3). No era por una expresión tal por la que los judíos ahora acusaban a Jesús de blasfemia. Sin duda, comprendiendo que no tenían respuesta para la defensa que Jesús hacía por curar en sábado (ver com. Juan 5: 17), recurrieron a desafiar su afirmación de ser igual a Dios, que reconocían como implícita en su declaración: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo". Juan hace clara la diferencia en la mente de los judíos entre hablar de Dios como Padre y la afirmación implícita de Jesús de que Dios era su propio Padre en un sentido especial.
Igual a Dios.
Ver Fil. 2: 6; com. Juan 1: 1. Es muy significativo el reconocimiento que aquí se hace de que la relación Padre-Hijo entre Dios y Jesús es una relación de igualdad. A veces se ha presentado el argumento de que Jesús era el Hijo de Dios únicamente en el mismo sentido en que todos los hombres son hijos de Dios; es decir, en virtud de la creación y de la paternidad espiritual. Se ha hecho resaltar que el término "hijo de Dios" se usaba con frecuencia en el mundo grecorromano como un título para los emperadores, para indicar que eran semidioses, pero no necesariamente que poseían la deidad completa. Sin embargo, lo registrado por Juan muestra que los judíos entendieron claramente que las palabras de Jesús eran una declaración de su igualdad con el Altísimo.
19.
El Hijo.
Aunque frecuentemente Jesús se refiere a sí mismo como el Hijo del Hombre -un título que pone énfasis en su humanidad y quizá implica su mesianismo (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10)- en este contexto el título pleno de "el Hijo" claramente significa "el Hijo de Dios". Esto es evidente tanto por el hecho de que lo usa en relación con el Padre como por su referencia al Hijo de Dios en Juan 5: 25. Es significativo que cuando los judíos acusaron a Jesús de que pretendía ser Dios, él explicó y amplió esa pretensión y no la disminuyó en forma alguna. Ver Nota Adicional com. cap. 1. 929
Por sí mismo.
"Por su cuenta" (BJ). Es decir, por su propia iniciativa.
Lo que ve hacer al Padre.
Las acciones de Jesús estaban en completa armonía con la forma en que Dios trata al hombre. Más que eso, eran la expresión suprema del amante cuidado de Dios para el hombre. Jesús podía expresar perfectamente el carácter de Dios porque había sido uno con él (Juan 1: 1) y porque, como Hijo, prestaba entera obediencia a la voluntad del Padre.
20.
Ama al Hijo.
Cf. cap. 3: 35.
Todas las cosas.
Aquí Jesús asegura su perfecta comprensión de la voluntad del Padre. Sólo alguien que fuera Dios mismo podía honradamente hacer tal afirmación.
Mayores obras.
Es decir, mayores que los milagros de curación que Jesús había estado realizando (ver com. vers. 21). La fuerza de la declaración de Jesús es tanto más notable por haber sido hecha frente a la condenación del milagro que acababa de efectuar.
21.
Como el Padre.
La comparación implica en sí misma la igualdad del Hijo con el Padre. Los judíos creían correctamente que la resurrección de los muertos era una prerrogativa divina. Al pretender que tenía ese mismo poder, Jesús afirmaba su divinidad.
El Hijo. . . da vida.
Sin duda, esto se aplica tanto al poder de Jesús para levantar a los muertos "a la final trompeta" (1 Cor. 15: 52) como a su poder para dar nueva vida a cada cristiano que experimenta el nuevo nacimiento (cf. cap. 3: 3). Pasó mucho tiempo antes de que la literatura judía indicara que la resurrección era considerada como una obra del Mesías; pero en este discurso Jesús no hacía resaltar su mesianismo sino su divinidad.
22.
El Padre a nadie juzga.
El Padre ha entregado en las manos del Hijo el exitoso cumplimiento de la obra de la redención. El Padre no se ha hecho hombre, no ha dado su vida para salvar a los hombres. En cambio el Hijo, que sí se hizo hombre y dio su vida por la raza humana, en justicia es Aquel que juzga a los que lo han rechazado. Sólo él conoce todo el poder de la tentación, sólo él ha llevado los pecados del mundo (ver com. Juan 5: 27, 29; Heb. 4: 15).
23.
Honren.
En su contexto inmediato las palabras de Jesús amonestaron a sus oyentes, quienes profesaban honrar a Dios y que por esa misma razón debían también honrar al Hijo. En realidad, es imposible honrar a Dios sin honrar al Hijo, a quien Dios ha enviado.
24.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
El que oye.
Este versículo es significativo porque demuestra la estrecha relación entre oír y creer. En realidad, los dos actos están expresados en griego mediante participios que comparten un artículo común, lo que implica que oír no tiene valor a menos que también se crea (ver com. Mat. 7: 24). Aquí también Jesús hace resaltar su sumisión al Padre, pues el mensaje del Hijo ("mi palabra") tiene el propósito de que los hombres crean en el Padre y pongan su confianza en él.
Tiene vida eterna.
Esta declaración es más que una promesa de vida eterna futura. Es una afirmación de que el creyente, aquí y ahora, puede comenzar a disfrutar vida eterna porque está unido espiritualmente con su Señor, cuya vida comparte. "El Espíritu de Dios, recibido en el corazón por la fe, es el principio de la vida eterna" (DTG 352; ver Juan 6: 47; 1 Juan 5: 11-12; com. Juan 3: 16).
No vendrá a condenación.
Ver Juan 3: 18; Rom. 8: 1.
Ha pasado.
Pasar de muerte a vida no es sólo una transformación corporal que ocurrirá en la resurrección futura, sino también una experiencia por la cual ya ha pasado todo verdadero cristiano, y en cuyo fruto continúa deleitándose. Espiritualmente, el cambio crucial de muerte a vida se produce cuando un hombre nace de nuevo (ver Efe. 2: 5; Col. 2: 13; 3: 1; com. Juan 1: 13; 3: 5).
25.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Viene la hora, y ahora es.
La palabra "viene" claramente se aplica a la resurrección literal futura (vers. 28) pero las palabras "ahora es" parecen aludir a la experiencia a la que acaba de referirse Jesús, cuando el cristiano "ha pasado de muerte a vida" (vers. 24). Son, pues, un recordativo de que una resurrección espiritual está inmediatamente al alcance de cualquiera que, aunque esté espiritualmente muerto, sin embargo, oirá "la voz del Hijo de Dios". Hay un uso similar de estas frases en cap. 4: 21, 23.
También es verdad que este versículo parece hablar sólo de una resurrección parcial, al paso que en el vers. 28 se afirma en forma clara que en la resurrección futura "todos los que están en los sepulcros oirán su voz". Entendido de esta manera, podría verse en el vers. 25 una referencia a la resurrección especial de muchos "santos que habían dormido", 930 pero que se levantaron cuando resucitó Cristo, como las primicias de su victoria (Mat. 27: 52-53).
26.
Como. . . así también.
Ver com. vers. 21.
Ha dado al Hijo.
Ver com. cap. 6: 37.
Vida en sí mismo.
"En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG 489). Sin embargo, como el Hijo encarnado que se había despojado "a sí mismo" (Fil. 2: 7) del ejercicio de sus prerrogativas divinas, Cristo -hablando de su existencia en la tierra como hombre entre los hombres- podía referirse a la vida que poseía como una dádiva recibida de Dios. "La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna" (DTG 489; ver Nota Adicional com. cap. 1).
27.
Autoridad.
Al comisionar al Hijo para que realizara el plan de la redención para la salvación del hombre y la gloria de Dios, el Padre también le ha entregado la ejecución del juicio. Es razonable que esto sea así pues el Hijo de Dios, un ser divino, también es el Hijo del hombre, un ser humano que ha resistido la tentación (Heb. 4: 15), ha llevado el pecado por nosotros y ha probado la muerte. Sin embargo, ha triunfado en el gran conflicto con Satanás. Por lo tanto, ningún otro ser del universo está calificado para realizar el juicio eterno de los hombres, y ningún otro ser puede glorificar y vindicar a Dios mediante ese juicio (ver com. vers. 22).
28.
Vendrá hora.
Ver com. vers. 25.
Todos.
Esta es una referencia general a la resurrección de los muertos al fin del mundo, sin hacer distinción entre la primera y la segunda resurrección (Apoc. 20: 5-6). En los días de Jesús, las opiniones de los judíos estaban divididas en cuanto a la resurrección. Los saduceos negaban que resucitarían los muertos, al paso que los fariseos mantenían firmemente que eso ocurriría. Aun entre los judíos que sostenían la doctrina de la resurrección, indudablemente también existía la división en cuanto a quiénes estarían incluidos en ella; Algunos sostenían que sólo resucitarían los justos; otros opinaban que tanto los justos como los impíos saldrían de sus tumbas. Concordando con esta última opinión, un documento de fines del siglo II a. C. o comienzos del I manifiesta que los patriarcas habrían afirmado: "Entonces también nosotros resucitaremos, cada uno sobre nuestra tribu, adorando al Rey del cielo. Entonces también resucitarán todos los hombres, algunos para gloria y otros para vergüenza" (Testamento de Benjamín 10: 7-8). Conforme a su costumbre, Jesús no entró en disputas en cuanto a los diversos puntos de vista sostenidos por los judíos acerca de la resurrección, sino simplemente declaró la verdad que "todos los que están en los sepulcros. . . saldrán".
29.
Los que hicieron lo bueno.
No se debe inferir por estas palabras que la salvación se gana "haciendo lo bueno". Tanto las obras buenas como las malas son un reflejo de la condición espiritual de un hombre. Los árboles pueden ser considerados como buenos o malos de acuerdo con sus frutos, y por lo tanto merecen ser cultivados o deben ser destruidos, aunque la condición intrínseca de un árbol, buena o mala, no reside en sus frutos. Así también los hombres pueden ser clasificados conforme a sus obras, aunque ellas no son sino la indicación externa de su condición espiritual interna, que es el factor determinante de su salvación.
Resurrección de vida.
Es decir, una resurrección que se caracteriza por la vida eterna o resulta en ella. Ciertamente, es una resurrección que es vida en sí misma, pues es realizada por la vida de Cristo en que participa el creyente. "Cristo se hizo carne con nosotros, a fin de que pudiésemos ser espíritu con él. En virtud de esta unión hemos de salir de la tumba, no simplemente como manifestación del poder de Cristo, sino porque, por la fe, su vida ha llegado a ser nuestra" (DTG 352).
Condenación.
Gr. krísis, "juicio". El contraste de esta palabra con "vida" indica que se debe entender aquí en el sentido de "juicio adverso". Esta es la misma palabra traducida "condenación" en el vers. 24 y "juicio" en el vers. 22. Todo esto parece indicar que el juicio al que se hace referencia como entregado a Cristo es principalmente el juicio de los impíos (ver com. cap. 9: 39).
30.
Hacer nada.
Cf. vers. 19; cap. 6: 38.
Según oigo.
Es decir, lo que procede del Padre.
Juicio.
Gr. krísis, ver com. vers. 29. En vista del contexto, estas palabras de Jesús son una afirmación del juicio de su condenación de los pecadores en el juicio final (ver com. vers. 22, 27).
Padre.
La evidencia textual establece (cf. p.147) la omisión de esta palabra.
31.
Testimonio acerca de mí mismo.
En cuanto al testimonio legal de la vida personal de uno, por lo menos en lo que atañe a ciertas 931 fases, la Mishnah declara: "Nadie puede testificar acerca de sí mismo" (Mishnah Kethuboth 2. 9). La declaración de Jesús en este versículo quizá tenía el propósito de hacer mella en los que pensaban de esa manera entre sus oyentes judíos. A primera vista, otro pasaje (cap. 8: 14) parece contradecir esta declaración de Jesús. Sin embargo, en cada caso las palabras de Jesús eran adecuadas al modo de pensar de sus oyentes. En el otro pasaje (cap. 8: 14) el debate no era en cuanto a la relación de Cristo con el Padre sino más bien a su declaración: "Yo soy la luz del mundo", que los fariseos rechazaron porque dijo eso de sí mismo. Sin embargo, ante esa objeción, Jesús insistió en que sus palabras eran verdaderas. No obstante, en este pasaje el caso es diferente. Aquí Jesús procuraba demostrar que dependía de su Padre, indicando que tenía poder para realizar las obras, como una prueba de sus afirmaciones (cap. 5: 36-37). Para dar fuerza a su argumento, parece haber recordado a sus oyentes el principio judío de que un testimonio acerca de la conducta de uno mismo no se consideraba válido.
32.
Otro.
Desde la antigüedad, los comentadores han entendido este versículo en dos formas diferentes. Algunos han supuesto que la palabra "otro" se refiere a Juan el Bautista en vista del contexto inmediato (vers. 33-35), y, sin duda, los que oían a Jesús en ese tiempo lo entendieron en esa forma (ver com. vers. 34). Por eso, reconociendo que su propia autoridad no era aceptada (vers. 31), Jesús amplió su argumento recurriendo a cuatro testimonios diferentes: (1)El testimonio de Juan (vers. 32-35); (2) el de los milagros (vers. 36), el cual los judíos no podían ignorar; (3) el testimonio del Padre (vers. 37); y (4) el de las Escrituras (vers. 39), y, especialmente, los escritos de Moisés (vers. 45-47), a quien los judíos reconocían como su autoridad preeminente.
Muchos otros intérpretes, si bien no niegan el cuádruple desarrollo del argumento de Jesús, han entendido que este versículo se aplica más bien al Padre, en anticipación del vers. 37. Han destacado que el vers. 32 está en tiempo presente, como una expresión adecuada del testimonio continuo del Padre en cuanto a su Hijo, al paso que los vers. 33-35, que claramente se aplican a Juan, están en el pasado, puesto que su ministerio ya había terminado para entonces.
33.
Vosotros enviasteis.
Quizá sea una referencia a lo que se registra en cap. 1: 19-27.
34.
Testimonio de hombre alguno.
Cuando Jesús declaró que había otro que daba testimonio de él (vers. 32), sin duda muchos judios pensaron inmediatamente que se refería a Juan el Bautista (cf cap. 1: 7-8, 15-18, 26-27, 29-36). Jesús prosiguió haciendo notar que ciertamente Juan había dado testimonio de la verdad, pero que la validez de lo que Jesús afirmaba no dependía de ese testimonio humano.
Para que vosotros seáis salvos.
Aunque reconocía que la verdad de sus palabras no dependía de que Juan hubiera testificado de ellas, con todo, Jesús recordó a los judíos que Juan había testificado de él porque muchos creían en Juan (Mat. 21: 26). Recurriendo a un testimonio tal, Jesús podía animar a algunos para que creyeran en él, y así pudiera salvarlos.
35.
Antorcha.
Gr. lújnos, "una lámpara" (ver com. cap. 1: 9). El apóstol Juan declara del Bautista que "no era él la luz" (cap. 1: 8). Más bien, Juan el Bautista era una lámpara comparado con Cristo, que era "aquella luz verdadera" (cap. 1: 9). Así como no se necesita más una lámpara cuando ha llegado la luz del día, así también la obra de Juan era reemplazada por la de Jesús.
La palabra traducida "ardía" es una forma del verbo kaíÇ, "encender", y por eso podría implicar que Juan tan sólo era una luz secundaria que había sido "encendida" [o prendida] por la Luz mayor.
Quisisteis.
En Mat. 3: 5-7; 21: 26 se describe la popularidad de Juan.
Por un tiempo.
Cuando Cristo presentaba este discurso, ya había terminado el ministerio público de Juan, e indudablemente estaba encarcelado (ver com. Luc. 3: 19-20).
36.
Que el de Juan.
En vista del contexto del vers. 34, parece claro que Jesús quiere decir aquí que tenía un testimonio mayor que el que Juan dio de él.
Obras.
En ellas se incluían no sólo los milagros de Jesús, sino todo su ministerio en favor de los hombres: su vida impecable, sus enseñanzas, sus actos de misericordia, su muerte y su resurrección. En su conjunto, esas obras constituían un testimonio en cuanto a la verdad de lo que pretendía, testimonio que no puede ser igualado por ninguna declaración humana. "La más alta evidencia de que él provenía de Dios estriba en que su vida revelaba el carácter de Dios" (DTG 373). 932
37.
El Padre.
El testimonio supremo de la verdad que es en Cristo no se ha de buscar en el testimonio humano ni tampoco en las obras de Jesús, sino en la voz de Dios que habla al corazón humano. Cuando el cristiano sabe en su propio corazón que "el Padre. . . ha dado testimonio de" Cristo, queda poseído de una certidumbre que sobrepuja a toda otra seguridad. Quizá Jesús también pensó en la voz del cielo que se oyó en ocasión de su bautismo (ver com. Mat. 3: 17).
Nunca habéis oído.
Los que escuchaban a Jesús habían oído el testimonio de Juan y habían visto las obras de Jesús, pero no conocían en absoluto la tercera clase de testimonio -el testimonio del Padre que se revela en el corazón-, pues, como Jesús les dijo: "A quien él envió, vosotros no creéis" (vers. 38). Aunque el oír el testimonio humano y el observar los hechos de Jesús pueden venir antes de la fe, la prueba suprema del mesianismo y deidad de Jesucristo sólo se pueden captar después de que la fe ha comenzado a crecer en el corazón. Sólo mediante el oído y el ojo de la fe el Padre puede ser oído y visto, y la palabra que él habla acerca de Jesucristo puede morar en el hombre y ser aprehendida por él. Cuando esa palabra mora en forma real y es aprehendida, no puede haber una certeza mayor.
39.
Escudriñad las Escrituras.
Este pasaje puede traducirse como una simple afirmación: "Escudriñáis las Escrituras", o como una orden: "¡Escudriñad las Escrituras!" El contexto parece indicar que lo más probable es que estas palabras sean una sencilla declaración de Cristo a los judíos: "Escudriñáis las Escrituras porque pensáis tener vida eterna en ellas, y ellas testifican en cuanto a mí". Desde antiguo existía la creencia entre los judíos de que el conocimiento de la ley le garantizaba de por sí al hombre la vida eterna. Por ejemplo, se dice que Hillel, rabino del siglo I a. C., afirmó: "Uno que ha atesorado para sí las palabras de la Torah, ha adquirido para sí la vida del mundo venidero" (Mishnah Aboth 2. 7). Jesús aquí se refiere a esta creencia para recordarles a los judíos que las Escrituras en las cuales ellos pensaban encontrar la vida eterna eran precisamente los escritos que testificaban de él (PP 383). También este pasaje ha sido usado con eficacia como una orden para estudiar las Escrituras. Si los judíos las hubiesen escudriñado con los ojos de la fe, hubieran estado preparados para reconocer al Mesías cuando él estuvo entre ellos.
Un pasaje casi idéntico a este versículo aparece en un evangelio apócrifo, descubierto en Egipto en un papiro escrito no después del año 150 d. C. Dice: "Volviéndose a los gobernantes del pueblo, dijo estas palabras: 'Escudriñáis las escrituras, [aquellas escrituras] en las cuales pensáis tener vida, ellas son las que testifican acerca de mí'" (Papiro Egerton 2, líneas 5-10; texto griego en H. Idris Bell y T. C. Skeat, Fragments of an Unknown Gospel [Londres, 1935], pp. 8-9). Un pasaje como éste parece haberse basado en el Evangelio de Juan y, por lo tanto, es una prueba importante de la existencia de ese Evangelio durante la primera mitad del siglo II. El hecho de que el papiro que contiene ese evangelio apócrifo fuera descubierto en Egipto, indica que indudablemente el Evangelio de Juan había circulado allí -a una distancia considerable de Efeso, su probable lugar de origen- durante algún tiempo antes de que fuera usado para la preparación de un relato apócrifo sobre Cristo. Esto, junto con el Papiro Rylands de Juan, es una evidencia significativa de la validez de la fecha tradicionalmente atribuida al cuarto Evangelio: cerca de fines del siglo I d. C. (ver pp. 173-175).
40.
Venir a mí.
En dos discursos posteriores Jesús demostró claramente que ir a él da como resultado la vida eterna, y que "venir" a él es un sinónimo de creer en él (cap. 6: 35; 7: 37-38). Aunque repetidas veces los judíos fueron a él para oír y para hacerle preguntas, no lo hicieron con fe ni comprendiendo la necesidad que tenían de su poder para salvar.
Para que tengáis vida.
Ver com. cap. 3: 16; 10: 10.
41.
Gloria de los hombres.
El éxito final de la obra de Jesús no dependía de que los dirigentes judíos de sus días lo reconocieran como el Mesías. El propósito de su mensaje y de su ministerio iba más allá de cualquier aprobación que pudieran darle los seres humanos. Su meta suprema era vencer el reino del mal para la gloria de Dios.
42.
Amor de Dios.
Es decir, el amor de los hombres para con Dios, no el amor de Dios para ellos. Dios amaba a los fariseos, pero con demasiada frecuencia ellos no respondieron a ese amor (cf. 1 Juan 4: 10-11, 19).
43.
No me recibís.
Cf. cap. 1: 5, 10-11.
Si otro viniere.
Algunos comentadores han entendido esto como una alusión histórica 933 directa a Barcoquebas, el caudillo insurgente judío que fue aclamado como el Mesías durante la segunda revolución, 132-135 d. C. (ver la p. 80). Rechazando la posibilidad de una verdadera predicción profético, se han aventurado a interpretar este versículo como una indicación de que el Evangelio de Juan no podría haber sido escrito antes de la segunda revolución. Una interpretación tal debe ser rechazada teniendo en cuenta dos cosas: (1) Es clara la evidencia de que Juan fue escrito antes de ese tiempo (ver com. vers. 39; también las pp. 173-175); (2) la afirmación de Jesús en ninguna forma es una declaración de que alguien vendría en su propio nombre pretendiendo ser el Mesías, sino más bien una declaración hipotética de que si alguien lo hiciera, los judíos estarían dispuestos a recibirlo. Al mismo tiempo, es cierto que Barcoquebas fue aceptado como el Mesías, aun por el dirigente judío Akiba, y en esa forma se demostró la verdad de la proposición de Jesús.
44.
Gloria.
O "buena reputación". Muchos de los judíos se juzgaban a sí mismos en base a su propio criterio. Consideraban la reputación de un hombre como buena o mala en términos de las tradiciones de ellos, en vez de tener en cuenta a Dios y su carácter como su norma. Por lo tanto, no podían creer en Cristo.
Viene del Dios único.
El hecho de que Dios es único y absoluto significa que sólo hay una verdadera norma para juzgar el carácter: el carácter de Dios mismo tal como se revela en su ley. El principio de que Dios es único era un dogma primordial de la fe judía, pero los judíos lo negaban con sus hechos hasta el punto de que juzgaban a sus prójimos mediante normas tradicionales humanas.
45.
Moisés.
Para los judíos, la ley de Moisés era la base de la religión, y, ciertamente de toda la vida. Ahora Jesús hace resaltar ante sus oyentes el asombroso hecho de que si hubieran entendido correctamente esa ley, habrían visto a Cristo revelado en ella. Estaban, pues, condenados por su profeta máximo.
En un manuscrito de un evangelio apócrifo del siglo II d. C., aparece un pasaje muy parecido a este versículo. Dice: "No penséis que he venido a acusaros ante mi Padre; vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza" (Papiro Egerton 2, líneas 10-14; cf. com. Juan 5: 39). En cuanto al significado de éste y de otros pasajes de este documento, que son paralelos con Juan, ver com. vers. 39.
Vuestra esperanza.
Los judíos depositaban su esperanza de vida eterna en la conformidad con la ley de Moisés como se la interpreta tradicionalmente (ver com. vers. 39).
46.
De mí escribió él.
Indudablemente, ésta no es una referencia a ningún pasaje particular de los escritos de Moisés, a menos que sea Deut. 18: 15, 18 (ver allí el comentario), sino más bien una alusión general a los pasajes del Pentateuco que señalaban a Cristo, en particular los servicios del santuario y las profecías de Jacob (Gén. 49: 10) y de Balaam (Núm. 24: 17). Si los judíos hubieseis comprendido correctamente esos pasajes, habrían estado preparados para aceptar a Cristo cuando vino. En cambio, veían los preceptos de Moisés como la base de una forma legalista de vida. Por eso fracasaron en reconocer a Jesús como el Mesías, y de ese modo se colocaron bajo la condenación de los mismos escritos por los cuales pensaban que vivían.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-47 DTG 171-184
1-5 MC 53
2 DTG 171
5-9 CC 50; DTG 171
6 DTG 173
6-7 MC 55
8 MC 55
10 DTG 173
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14 CM 357; DTG 174, 764; MC 76; MeM 158
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17-20 3JT 266
18 DTG 178
19 CC 75; CM 314; DTG 178, 180; FE 268
21 DTG 180
22 DMJ 107; 3JT 383
24 PVGM 20
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28-29 CS 599
29 CS 536
30 CM 314; DTG 152, 302, 629; FE 347; OE 58; PVGM 40; 8T 334; 3TS 132
35 FE 366 934
38 DTG 182
39 CC 87; COES 17-24, 31, 57, 92, 125; CS 75; Ev 55, 318-319; FE 164, 182, 309, 382, 391, 404; 1JT 283, 512, 572; 2JT 101, 129, 219, 324; 3JT 236; NB 322; MeM 28, 75, 100; MJ 255, 257; PE 58, 221, 223; PP 383; PVGM 21, 82, 98-99; 2T 121, 343, 634; 3T 81, 449
40 CH 211; CN 440; CS 24; HAp 23; 1JT 251; 1T 505; 2T 409; 5T 221, 430
40-41, 43 DTG 183
43 5T 298
46 PVGM 99
46-47 DTG 184
CAPÍTULO 6
1 Cristo alimenta a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, 15 y el pueblo quiere coronarlo como rey; 16 pero él se retira y camina sobre el mar frente a sus discípulos. 26 Reprocha a la gente que lo busca y a todos los oyentes interesados sólo en las cosas materiales. 32 Declara que él es el pan de vida para los creyentes. 66 Muchos discípulos se apartan de él. 68 Pedro manifiesta su fe en él. 70 Judas es diablo.
1 DESPUES de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.
3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
4 Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:
9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.
16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar,
17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaúm. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.
19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.
21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.
22 El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.
23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor.
24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaúm, buscando a Jesús.
25 Y hallándole al otro lado del mar, le 935 dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?
29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.
42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.
46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.
47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan de vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.
51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.
58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.
59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaúm.
60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?
62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?
63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 936
64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quien le había de entregar.
65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.
66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?
68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
70 Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?
71 Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.
1.
Después de esto.
[Alimentación de los cinco mil, Juan 6: 1-14 = Mat. 14: 13-21 = Mar. 6: 30-44 = Luc. 9: 10-17. Comentario principal: Marcos y Juan. Ver mapa p. 210; diagrama p. 221; en cuanto a los milagros, pp. 198-203.] En el cuarto Evangelio esta expresión generalmente indica que había pasado un considerable lapso desde los acontecimientos previamente narrados, y no significa necesariamente que lo que se va a consignar ocurrió muy poco después de lo anterior (cf. cap. 5: 1; 7: 1). Los sucesos del cap. 6 ocurrieron casi un año después de los del cap. 5, si la fiesta anónima del cap. 5: 1 fue la pascua (ver pp. 135, 238; com. cap. 5: 1). En realidad, aquí Juan pasa por alto en silencio todo el período del ministerio público de Jesús en Galilea. De acuerdo con la cronología aceptada por este Comentario, el cap. 6 se ubica en torno del tiempo de la pascua (vers. 4) del año 30 d. C.
Los acontecimientos de este capítulo son los únicos, dentro del período del ministerio de Jesús en Galilea, de los cuales toma nota Juan (ver pp. 187-188). Al escribir Juan su relato de hechos aparentemente inconexos de la vida de Jesús, quizá dé lugar a que surja la pregunta de la razón por la cual prefirió relatar el milagro de la alimentación de los cinco mil. Podría observarse, primero, que de las cuatro pascuas del ministerio de Jesús, ésta fue la única que él no celebró en Jerusalén. Es evidente que Juan anota cuidadosamente estas fiestas y menciona que Jesús asistió a cada una de las otras (cap. 2: 13; 5: 1; 12: 1, 12). A lo menos en parte, quizá tenía el propósito de que el relato del cap. 6 señalara esta ocasión de la pascua y explicara por qué Jesús no subió a Jerusalén. Lo que es más importante, los acontecimientos del cap. 6 explican cómo el pueblo de Galilea -una vez tan ávido de seguir a Jesús (ver com. Mar. 1: 44-45; 3: 7-12; Juan 4: 45)- ahora se volvió contra él (ver com. Juan 6: 66), así como el año anterior los dirigentes en Jerusalén se habían vuelto contra él (ver com. cap. 5: 1). Así como aquel acontecimiento había hecho terminar el ministerio de Jesús en Judea, así también los sucesos del cap. 6 señalan la terminación de su ministerio público en Galilea (ver com. Mat. 15: 21).
El Evangelio de Juan presta especial atención a la evidencia de que Jesús ciertamente era el Mesías (ver p. 870), y al hecho de que los judíos creyeran o no en esa evidencia (ver com. Juan 1: 12). Por lo tanto, parecería que Juan consigna los pasos principales mediante los cuales la nación se volvió contra Cristo, y, finalmente, lo rechazó. Ese propósito justificaría plenamente la elección de los sucesos del cap. 6. Quizá Juan también pensó que los Evangelios sinópticos ya habían cubierto el período del ministerio en Galilea con suficientes detalles.
Al otro lado del mar.
Es decir, yendo de Capernaúm a las proximidades de Betsaida Julias (Luc. 9: 10; cf. com. Mar. 6: 33), en el extremo norte del lago. Al terminar el cap. 5, Jesús todavía estaba en Judea. Ahora se dice que había ido "al otro lado. . . el de Tiberias", lo que implica que entre los sucesos de los cap. 5 y 6 había regresado a Galilea. En cuanto a las circunstancias y el propósito de este viaje, ver com. Mar. 6: 30.
Tiberias.
Juan es el único escritor bíblico que se refiere al lago de Galilea como el mar de Tiberias (ver también cap. 21: 1). Esto podría deberse a que escribió su Evangelio quizá varias décadas después que los otros, y el nombre Tiberias, aplicado al lago, sin duda se usaba entonces más que antes. En los días de Jesús, la ciudad de Tiberias, de la cual el lago tomó su nombre, había sido edificada por Herodes Antipas, y, por lo tanto, el lago todavía no se conocía generalmente con ese nombre. 937
2.
Le seguía.
O, de acuerdo con el tiempo verbal griego, "estaban siguiendo", es decir, constantemente. Sin duda, esto se refiere a la popularidad general de Jesús en el apogeo de su ministerio en Galilea, después de un largo período de viajes, enseñanza y curaciones entre los pueblos y aldeas de Galilea (ver com. vers. 1).
Veían.
A medida que las multitudes seguían a Jesús, repetidas veces le veían efectuar milagros.
Señales.
En cuanto a los milagros, ver las pp. 198-203.
3.
A un monte.
Gr. eis to óros, "al monte" (BJ). Es decir, probablemente a determinada montaña o colina prominente cerca de la orilla en la proximidad de Betsaida. Todos los pasajes paralelos de los sinópticos dicen que era "un lugar desierto", es decir, un paraje deshabitado (Mat. 14: 13; Mar. 6: 32; Luc. 9: 12). Aquí Jesús esperaba estar a solas con sus discípulos después de que ellos regresaron de predicar por toda Galilea (Mar. 6: 31).
4.
Pascua.
Ver com. vers. 1.
Fiesta de los judíos.
Esta frase explicativa habría sido innecesaria para lectores judíos, e indica que Juan escribió teniendo en cuenta tanto a lectores gentiles como a judíos.
5.
Había venido.
Gr. "venía" (BJ). La forma verbal en griego implica que Jesús dirigió su pregunta a Felipe mientras la multitud se estaba congregando. Por otro lado, por la forma en que todos los sinópticos consignan este milagro, se ve que los discípulos llevaron el problema a Jesús cuando era tarde en el día. Parece razonable llegar a la conclusión de que Jesús mismo formuló la pregunta en cuanto al alimento cuando primero apareció la multitud, y varias horas más tarde, no habiendo hallado solución, Felipe y los otros discípulos volvieron a su Maestro con el problema, y sugirieron que Jesús despidiera a la gente sin alimentarla.
Felipe.
Juan es el único escritor evangélico que menciona específicamente a Felipe en relación con este milagro. Puesto que era de Betsaida (cap. 1: 44), resulta natural que Jesús se volviera a él pidiéndole consejo en cuanto a cómo y dónde se podría conseguir alimento. Sin embargo, ver com. cap. 6: 6, 8.
¿De dónde?
Así dice literalmente en griego. Pero debe entenderse en forma lógica y no geográfica. La respuesta de Felipe, que se refiere a los medios para conseguir alimentos y no al lugar en donde se podría obtenerlos, demuestra que entendía que Jesús preguntaba cómo sería posible alimentar a una multitud semejante.
6.
Para probarle.
Jesús tenía una razón mucho más profunda para dirigir su pregunta a Felipe que el mero hecho de que éste era oriundo de la zona (ver com. vers. 5), y por eso podría sugerir una manera de conseguir alimentos. La pregunta del Señor tenía el propósito de poner a prueba la fe de Felipe. La respuesta pesimista del discípulo en cuanto a la imposibilidad de alimentar a los miles de personas presentes sólo hizo que fuera más impresionante la solución que Jesús dio al problema. Al hacer que primero Felipe presentara lo que opinaba de la situación, Jesús pudo causar mediante su milagro un impacto todavía mayor sobre la mente de Felipe que lo que hubiera sido posible de otra manera.
Sabía lo que había de hacer.
Estas palabras reflejan la tranquilidad con la que Jesús hizo frente a lo que parecía ser un problema insoluble. Esa confianza emanaba de su completa fe en el poder de su Padre para cubrir las necesidades de aquellos por quienes pronto intercedería. A su vez, esa fe era el resultado de una completa comunión entre el Padre y el Hijo (ver com. Mar. 3: 13). No había ningún pecado ni ninguna forma de egoísmo que se interpusiera en el camino para obstruir la efusión plena del poder del Padre mediante su Hijo encarnado. Sólo de esa manera Jesús podía actuar entre los hombres con la plena seguridad de ser capaz de hacer frente a cualquier situación que pudiera suscitarse, y de responder ante cualesquiera necesidades humanas que pudieran serle presentadas.
7.
Doscientos denarios.
Ver com. Mar. 6: 37.
8.
Andrés.
Como en el caso de Felipe (vers. 5), Juan es el único evangelista que registra la parte de Andrés en la narración. Esas referencias a determinadas personas -no mencionadas de otra manera en relación con este milagro- son una evidencia de que el Evangelio de Juan es el relato de un testigo ocular.
Al igual que Felipe, Andrés provenía del cercano pueblo de Betsaida. En otro caso, Juan presenta a Felipe acudiendo a Andrés -tal vez en procura de consejo y apoyo para presetar a Jesús el caso de los griegos que preguntaban por él (cap. 12: 20-22). Parece probable que ahora también Felipe recurriera a Andrés en busca de ayuda para resolver 938 el problema que Jesús le presentaba, o Andrés voluntariamente presentó su observación cuando supo de la pregunta que Jesús había hecho a Felipe, su amigo.
9.
Un muchacho.
Gr. paidárion, literalmente "un niñito". Sin embargo, la palabra no se limita a ese significado y puede aplicarse aun a un muchacho bastante crecido, tal como se la usa en la LXX al referirse a José (Gén. 37: 30) cuando tenía por lo menos 17 años (Gén. 37: 2), y en el libro apócrifo de Tobías, de quien se dice que era un paidárion cuando ya estaba en edad de casarse (Tobías 6: 2). Como Andrés era de la cercana Betsaida, puede haber conocido personalmente a este muchacho, lo que explicaría por qué se sintió libre para sugerir que se emplearan los recursos del jovencito como alimento.
Panes de cebada.
Ver com. Mar. 6: 38. La cebada era considerada como un alimento de calidad inferior. Filón enseña que es adecuada para "animales irracionales y para hombres en tristes circunstancias" (De Specialibus Legibus iii. 57). Así también un antiguo comentario judío afirma que "las lentejas son alimento para hombres y el forraje de cebada para animales" (Midrash Rabbah, com. Rut 2: 9). De esta manera Jesús enseñó una lección de sencillez (ver com. Mar. 6: 42).
Pececillos.
Gr. opsárion, diminutivo de ópson, "alimento preparado", "bocadillo", "alimento para comer con pan". Puesto que se usaban pececillos conservados, secos o condimentados para comer como "bocadillos" o con pan, opsárion especialmente se refiere a ellos. Resulta claro que éste es su significado por los pasajes paralelos de los Evangelios sinópticos, donde en vez de este término se emplea la palabra habitual para "pez", ijthús. El pan constituía la parte principal de la comida, y el pescado le daba sabor. Esta costumbre queda ejemplificada por un papiro egipcio de fines del siglo I d. C., en el cual, al dar las instrucciones para una fiesta, se indica: "Para la fiesta de cumpleaños de Gemella envíense algunos manjares [opsárion]. . . y una artaba [una medida grande] de pan de trigo" (Papiro de Fayum 11931, citado en J. H. Moulton y George Milligan, The Vocabulary of the Greek Testament, p. 470). Ver com. cap. 21: 9.
¿Qué es esto?
Pareciera que Andrés pronunció la pregunta casi con espíritu de burla ante el pensamiento de que Jesús aun siquiera se imaginara que fuera posible alimentar a una multitud tan grande con tan pequeña cantidad de alimento. Los cinco panes y los pocos pececillos que les daban sabor tan sólo hacían resaltar más la indudable imposibilidad de la situación. Sin embargo, Jesús tomó lo que Andrés presentaba como algo imposible y lo convirtió en el medio para demostrar el poder de Dios para hacer lo que de otra manera sería imposible.
10.
Haced recostar la gente.
"Haced sentar a la gente" (BJ, 1966). La palabra griega para "gente" viene de ánthrÇpos, "hombre", en un sentido genérico, que, indudablemente, incluía a todos los presentes. No se piense que sólo se sentaron los hombres y que las mujeres y los niños quedaron de pie.
Se recostaron. . . varones.
La palabra griega que aquí se traduce "varones" deriva de an'r, que se usa específicamente para el sexo masculino. Si bien es cierto que todos se sentaron, sin embargo, de acuerdo con la costumbre de ese lugar y ese tiempo, sólo se contaron los hombres (ver Mat. 14: 21). Fácilmente podría haber estado presente en esta ocasión un total de 10.000 personas. En cuanto a las disposiciones tomadas para que se sentaran, ver com. Mar. 6: 39-40.
La instrucción específica que Jesús dio a sus discípulos de que hicieran sentar a la gente antes de que le sirvieran el alimento, hace resaltar la importancia del orden. Sin duda habría sido imposible que los discípulos distribuyeran equitativamente el alimento entre una multitud arremolinada, pero estando las personas sentadas en grupos sobre la hierba, cada uno pudo recibir su porción.
11.
Habiendo dado gracias.
Cada uno de los otros tres Evangelios dice que Jesús bendijo el pan. Juan añade el pensamiento de que dio gracias a su Padre por el milagro que sabía que sucedería. Lo que dice Juan es significativo en cuanto a la fuente del poder por el cual Jesús hacía milagros (DTG 117). Había velado su poder, propio de la segunda persona de la Deidad, cuando tomó "forma de siervo" (Fil. 2: 7). Declaró: "No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre" (Juan 5: 19; cf. vers. 30). Ahora dependía completamente del poder de su Padre ( DTG 302 - 303, 492 - 493), y demostraba esa dependencia ofreciendo una oración de agradecimiento aun antes de que ocurriera el milagro. "En su vida revestida de humanidad, el Salvador dependía implícitamente de Dios. Sabía que el poder de su Padre era suficiente para todas las cosas. . . Cristo 939 pidió la bendición de su Padre sobre el alimento, y éste vino" (EGW RH 29- 3-1898). Acerca de los medios por los cuales se realizaban los milagros de Jesús, ver DTG 117.
Discípulos.
La evidencia textual (cf. p. 147) establece la omisión de las palabras "entre los discípulos, y los discípulos". Desde el punto de vista del relato, carece de importancia el hecho de que estas palabras estuvieran originalmente en el texto de Juan, ya que cada uno de los otros Evangelios consigna que Jesús dio el alimento a sus discípulos y que ellos lo distribuyeron a la gente.
Cuanto querían.
La forma del verbo griego que se usa aquí puede entenderse como que la gente repetidas veces pidió alimento a los discípulos, hasta que todos quedaron completamente satisfechos. Los sinópticos consignan que "comieron todos, y se saciaron" (Mat. 14: 20; Mar. 6: 42; cf. Luc. 9: 17). No sólo la gente fue alimentada; cada uno recibió todo lo que quería.
12.
Recoged.
Cada uno de los sinópticos registra que se recogieron 12 cestas de alimentos después de que la gente se satisfizo, pero sólo Juan declara que Jesús de un modo especial pidió que se recogieran los fragmentos de alimento para que no se perdiera nada. Había satisfecho abundantemente las necesidades de la gente, todos habían recibido más de lo que podían desear. Pero ahora, para que nadie pensara que este generoso milagro autorizaba a derrochar, el Señor cuidadosamente enseñó la lección de frugalidad en el uso de las bendiciones divinas.
13.
Cestas.
Ver com. Mar. 6: 43.
14.
Hombres.
Gr. ánthrÇpos; ver com. vers. 10.
Señal.
"Milagro" (VM). Ver la p. 198.
Dijeron.
Gr. "decían". Es decir, la declaración fue repetida vez tras vez al irse propagando entre la multitud.
Profeta que había de venir.
Juan es el único escritor evangélico, repetimos, que registra la impresión que recibió la gente con este milagro (ver com. Mat. 14: 22).
La prontitud con que la gente común de Galilea estuvo dispuesta a aceptar a Jesús como el Mesías indica cuán general era la expectativa de un Salvador y cuán grande la popularidad que Jesús había alcanzado. Ya había demostrado que era un conductor de hombres; sabían que podría curar a cualquiera que fuera herido en batalla; habían visto cómo podía proporcionar alimento para un ejército. Ciertamente, un jefe tal sería invencible en una guerra contra los romanos opresores. ¡Tenía que ser el Mesías!
Bien se daban cuenta los judíos que el verdadero don profético no se había manifestado entre ellos desde hacía varios siglos. No es, pues, sorprendente que esperaran su renovación junto con la venida del Mesías (en 1 Macabeos 4: 46; 14: 41 se presenta esa expectativa en el siglo II a. C; cf. Juan 1: 21). Repetidas veces, en el siglo I d. C. algunos judíos demasiado entusiastas fueron engañados por impostores que se proclamaban a sí mismos como "profetas" y que prometían liberar a los judíos del yugo romano, tal como habría sucedido de acuerdo con el concepto popular en cuanto al Mesías. Josefo (Antigüedades xx. 5. 1; 8. 6) registra la caída de dos de esos "profetas": Teudas y un egipcio (cf. Hech. 5: 36; 21: 38). Jesús advirtió a sus discípulos respecto a la venida de falsos "cristos" o mesías (Mat. 24: 4-5).
15.
Apoderarse de él.
"Tomarle por la fuerza" (BJ). [Jesús camina sobre el lago, Juan 6: 15-24 = Mat. 14: 22-36 = Mar. 6: 45-56. Comentario principal: Mateo.] Gr. harpázÇ, "apoderarse rápidamente", quizá sea el origen de la palabra castellana "harpía" (o "arpía"), ser mitológico que se suponía que arrebataba a sus presas. Esta palabra describe gráficamente el intento de la gente a quien Jesús acababa de alimentar y que se había convencido de que él era el Mesías. Su renuencia a procurar la realeza tan sólo aumentó la avidez de la gente en hacerlo rey, y evidentemente se hizo general la convicción de que tenían que apoderarse de él rápidamente para proclamarlo rey. Sin duda, razonaban que una vez que lo hubieran proclamado como monarca, tendría que defender lo que ellos pretendían de él. Como se aproximaba la pascua, tal vez intentaban presentarlo ante las multitudes que pronto se congregarían en Jerusalén.
En vista del deseo demostrado más tarde por los discípulos para el establecimiento inmediato de un reino terrenal (Mar. 10: 35-40; cf. Luc. 24: 19-21), es razonable concluir de que ellos animaban a la turba para que forzara a Jesús a hacer valer sus derechos reales (DTG 340; ver com. Juan 6: 64-65).
Rey.
Ver com. vers. 14.
Volvió a retirarse.
Gr. anajréÇ, "retirarse", "regresar otra vez", lo que quizá implica que Jesús había descendido de la montaña o 940 de la región montañosa donde había buscado reposo con sus discípulos, y se había encontrado con la multitud a la orilla del mar. Por lo tanto, regresaba ahora a las montañas para continuar meditando. En lugar de anajÇréÇ, un importante manuscrito griego antiguo dice féugÇ, "huir". Esta variante también se ha conservado en algunas versiones antiguas. Cualquiera que fuera el texto exacto, es claro que Jesús comprendió que se avecinaba una crisis, y se retiró discretamente.
Monte.
Ver com. vers. 3.
Solo.
El hecho de que Jesús se retirara solo, cuando antes de que viniera la multitud había llevado a sus discípulos consigo para meditar y descansar, es una indicación más de que ellos mismos no entendían el propósito de Cristo al rehusar la realeza (ver com. Mat. 14: 22). Ese día, que había comenzado como un día de descanso con sus discípulos después de la gira por Galilea, se había convertido más bien en un momento crucial del ministerio de Jesús, y su terminación lo encontró incomprendido y completamente solo (ver com. Mat. 14: 23).
Una vez más Jesús venció la misma tentación con que Satanás lo había acosado en el desierto: la tentación de vender la naturaleza espiritual de su reino por la gloria mundana. Una vez más había tratado de mostrar a sus seguidores, quienes eran lentos para entender, que su reino no era "de este mundo" (Juan 18: 36), sino un reino de gracia (Mat. 5: 3, 10; 13: 18-52), un reino espiritual en el que entran los creyentes mediante la experiencia del nuevo nacimiento (Juan 3: 3). Sólo "a la final trompeta" el reino de la gracia se transformará en el reino de la gloria (1 Cor. 15: 51-57; ver com. Mat. 4: 17; 5: 2).
16.
Al anochecer.
Ver com. Mat. 14: 23.
Descendieron sus discípulos.
El relato de Mateo y Marcos indica que Jesús despidió a los discípulos mientras se alejaba de la multitud, es decir, antes de que se retirara al monte. Por otra parte, Juan consigna que Jesús se dirigió al monte, y que cuando anocheció los discípulos comenzaron a cruzar el mar. Esta aparente discrepancia puede reconciliarse comprendiendo que aunque Jesús ordenó a sus discípulos que se fueran, en realidad no zarparon durante algún tiempo, es decir, hasta que anocheció (DTG 342-343).
17.
Capernaúm.
Marcos consigna que Jesús dijo a sus discípulos que fueran en una barca en la dirección de Betsaida, que estaba aproximadamente al noreste del lago (ver Mar. 6: 45; com. Mat. 14: 22). Tanto Marcos como Mateo declaran que cuando finalmente desembarcaron, llegaron a la región de Genesaret (Mar. 6: 53; Mat. 14: 34), a unos 8 km al suroeste de Betsaida. Por otro lado, Juan dice que los discípulos se dirigieron hacia Capernaúm, el lugar desde donde Jesús dirigía sus actividades en Galilea, que estaba en la orilla noroeste del lago, entre Betsaida y Genesaret. El que finalmente llegaran a Genesaret quizá se debió a que el viento tormentoso desvió su rumbo.
18.
Se levantaba.
Las tormentas súbitas y violentas son frecuentes en el lago de Galilea, ocasionadas por el aire frío procedente de los cerros circundantes, que sopla con violencia a través de profundas hondonadas hasta la superficie del lago. Con frecuencia, estas tormentas se presentan con rapidez y terminan súbitamente. Desde donde zarparon, al este de Betsaida, normalmente los discípulos nunca hubieran estado lejos de la costa en su viaje a Capernaúm. Sin embargo, Mateo en esta ocasión habla de ellos como que estaban "en medio del mar" (Mat. 14: 24), y la evidencia textual sugiere (cf. p. 147) el texto: "Estaban a muchos estadios de la tierra". Ya sea que esa variante esté en el original o no, el hecho parece ser que debido a la tormenta, no llegaron a su destino, y arribaron en cambio, más al sur, a Genesaret. Por lo tanto, habían sido arrojados lejos de la orilla (ver com. Mat. 8: 24; 14: 24).
19.
Estadios.
Gr. stádioi (ver p. 52), medida de longitud de unos 185 m. Los discípulos habían avanzado como 5 km, con lo que fácilmente habrían llegado a Capernaúm, si no hubieran sido desviados por el viento.
Vieron.
Gr. theÇréÇ, "advertir", "prestar atención". La BJ, siguiendo al texto griego, traduce "ven". Este uso del presente hace que sea más vívida la aparición de Jesús en una forma tan inesperada.
Sobre el mar.
Gr. epí t's thaláss's. Esta expresión aparece otra vez (cap. 21: 1), donde se refiere a que Jesús caminaba por la orilla del mar. Por eso, se ha argüido que Juan no registra aquí necesariamente un milagro, y que los discípulos, estando cerca de la costa, vieron a Jesús que caminaba por la orilla. Si bien es cierto que el relato de Juan, y posiblemente también el de Marcos, pueden interpretarse en esta forma, la narración paralela de Mateo, donde se cuenta que Pedro caminó 941 sobre el agua, claramente indica que Jesús realmente caminó sobre el mar.
Para los discípulos de Jesús, este milagro fue un testimonio de su divinidad, como lo indica su reacción (ver Mat. 14: 33). Job habla de Dios como el que "anda sobre las olas del mar" (cap. 9: 9). Un antiguo comentario judío cita Sal. 86: 8 y después pregunta: "¿Por qué dice, 'oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses'?... Porque no hay nadie que pueda hacer las obras que tú haces. Por ejemplo, un hombre puede abrirse paso en un camino, pero no puede hacerlo en el mar, pero Dios abre para sí una senda en medio del mar" (Midrash Rabbah, com. Exo. 16: 4).
20.
Yo soy.
Gr. egÇ eimí, "yo soy". Estas palabras se encuentran repetidas veces en la LXX como la traducción del Heb. 'ani hu', "yo [soy] él", una declaración hecha por Jehová de que él es Dios (cf. Deut. 32: 39; Isa. 43: 10; 46: 4). Juan consigna que Jesús usó esta declaración repetidas veces en momentos cruciales de su vida. Por eso, al afirmar su preexistencia divina, declaró: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8: 58). Al predecir que iba a ser traicionado, dijo a sus discípulos: "Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy" (cap. 13: 19); y cuando fue acosado por Judas y los soldados en el huerto, en respuesta a los que decían que buscaban a Jesús de Nazaret, otra vez afirmó: "Yo soy" (cap. 18: 5). Refiriéndose a este último caso, Juan añade: "Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra" (vers. 6). Si bien es cierto que en muchos contextos las sencillas palabras "yo soy" quizá no debieran tomarse con un significado especial (cf. cap. 6: 35; 8: 12), sin embargo, cuando Jesús las usó en un momento de crisis al declarar su identidad, parecen tener un significado similar a las del AT, y son una afirmación de su deidad. En algunos casos, ésta parece ser claramente la verdad (cap. 8: 58; 13: 19; 18: 5). Si bien es cierto que en este contexto una interpretación tal quizá no esté claramente indicada, con todo, la reacción de los discípulos al declarar: "Verdaderamente eres Hijo de Dios" (Mat. 14: 33), implica que las palabras de Jesús egÇ eimí, "yo soy", aquí también implicaban más que una simple afirmación de su identidad humana.
21.
Con gusto.
Gr. thélÇ, "querer", "desear". "Quisieron recogerle en la barca" (BJ). Este verbo hace resaltar el cambio de actitud que se produjo en los discípulos al oír las palabras de Jesús. Antes estaban temerosos. Ahora no sólo estaban dispuestos a recibirlo, sino que deseaban su presencia.
Llegó en seguida a la tierra.
Esto podría interpretarse como un milagro adicional, que indicaría que, tan pronto como Jesús entró en la barca, ésta fue transportada sobrenaturalmente a la orilla. Por otro lado, las palabras de Juan podrían entenderse como si indicaran que la tormenta había arrojado la barca hasta cerca de la orilla occidental del mar cuando Jesús apareció. En favor de esta suposición está el hecho de que Mateo y Marcos no dicen que el viaje hubiera salido de lo normal, una vez que Jesús entró en la barca. La afirmación de Mateo de que los discípulos estaban "en medio del mar" (Mat. 14: 24) cuando vieron a Jesús, podría entenderse en el sentido no de que estaban en el centro del mar, sino que el agua los rodeaba (ver com. vers.17).
22.
La gente que estaba.
Seguramente la noche anterior muchos de los 5.000 volvieron a sus hogares en la zona circundante, pero sin duda algunos, con más celo religioso, habían quedado a la orilla del mar toda la noche, y quizá otros de los que habían sido alimentados el día anterior volvieron ahora esperando una repetición del milagro (ver com. vers. 24).
Otro lado del mar.
Es decir, la costa oriental del lago de Galilea, el lado opuesto de aquel en el que se acaba de decir que habían desembarcado Jesús y los discípulos (vers. 21).
Vio.
No es fácil especificar el momento exacto al cual se refiere cada uno de los verbos de este versículo, pero pareciera que, "vio" aquí debe entenderse en el sentido de "comprendió". Es decir, a la mañana siguiente, la gente que había quedado en la orilla oriental de Galilea comprendió el significado de lo que había advertido el día anterior, que los discípulos habían llevado la única barca disponible, y que Jesús se había ido con ellos.
23.
Pero.
Este versículo tiene el propósito de explicar el origen de las barcas que había usado la gente para cruzar el lago la mañana después del milagro (vers. 24), pues su indicación cronológica está explicada por las palabras "el día siguiente" (vers. 22). No se debe entender que fue el día anterior cuando los discípulos se fueron sin Jesús, y que de ese modo se deduzca que él podría haber viajado en las barcas que procedían de Tiberias. 942
Barcas... de Tiberias.
Ver com. vers. 1. Quizá eran barcas de pesca que habían estado en el lago durante la noche (cap. 21: 3), y el viento de la tormenta las había impulsado a la orilla.
Después.
La secuencia cronológica de la frase "después de haber dado gracias el Señor se refiere al tiempo cuando comió la gente, no a la llegada de las barcas de Tiberias, lo que no aconteció hasta el día siguiente.
Haber dado gracias.
Lo que Juan menciona aquí específicamente, que la gente comió "después de haber dado gracias el Señor", añade énfasis al pensamiento de que el milagro de Jesús de alimentar a 5.000 fue el resultado directo de su oración, y de ese modo el milagro fue obra del Padre por la intercesión de Cristo (ver com. vers. 11).
24.
Entraron en las barcas.
Es decir, las barcas que habían llegado esa mañana de Tiberias. Sin duda, eran embarcaciones pequeñas, por lo que la gente que viajó en ellas para cruzar el lago podría haber sido tan sólo una fracción de los miles que se habían congregado el día anterior.
Capernaúm.
El lugar donde se centraban las actividades de Jesús en Galilea, y donde era natural que la gente lo buscara (ver com. vers. 17).
Buscando a Jesús.
Ver com. vers. 26.
25.
Hallándole.
[Sermón acerca del pan de vida; rechazo en Galilea, Juan 6:25 a 7:1. Ver mapa p. 210; diagrama p. 221.] En el vers. 59 se indica que fue en la sinagoga de Capernaúm donde la gente del otro lado del mar encontró a Jesús.
Otro lado del mar.
En contraste con el vers. 22, aquí estas palabras se refieren a la orilla occidental del mar de Galilea. Se explican teniendo en cuenta el contexto precedente, donde el escenario es la orilla oriental del lago.
Rabí.
Ver com. Mat. 23: 7. La aplicación de este título a Jesús ilustra el concepto equivocado de la gente respecto a él y a su obra.
26.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18, Juan 1: 51.
Me buscáis.
Jesús no hizo caso de su pregunta, y comenzó inmediatamente a tratar los motivos que tenían para buscarle. Al dejar en claro los motivos materiales de ellos, no sólo se refería a la satisfacción de sus apetitos físicos, sino también a sus ambiciosas expectativas de que él haría valer sus derechos como vencedor militar y gobernante político.
Señales.
"Milagros" (VM). Ver la p. 198.
27.
Trabajad.
El trabajo que aquí Jesús reprocha no es el necesario para ganarse la vida. Su reproche más bien se aplica a los que trabajan hasta el punto de descuidar el alimento del alma. Lo que Jesús aquí reprocha es el hábito común de trabajar sólo por las cosas perecederas, e ignorar las cosas eternas.
Vida eterna.
Ver com. vers. 53-54.
Señaló.
"Ha marcado con su sello" (BJ). En la antigüedad, era costumbre usar un sello así como se emplea la firma hoy día. Era un signo de confirmación personal o de propiedad. Esta palabra se usa en el primero de esos sentidos (cap. 3: 33), y en este caso también parece que se usa para indicar que el Padre ha testificado que Jesús es su Hijo. Todos los milagros de Jesús, obrados por el poder del Padre, fueron testimonios tales. Sin embargo, puesto que el sellamiento está relacionado, particularmente por Pablo, con la recepción del Espíritu Santo que generalmente acompañaba al bautismo (ver Efe. 1: 13; 4: 30), no parece fuera de lugar entender que la referencia específica de Jesús aquí es a su propia recepción del Espíritu acompañada por la aprobación de su Padre en ocasión de su bautismo (Mat. 3: 16-17).
28.
¿Qué debemos hacer?
La forma verbal en tiempo presente podría entenderse como una implicación de que los judíos preguntaban acerca de una forma habitual de vida, y no un acto aislado. En esto estaban en lo correcto, tal como lo indica la respuesta de Jesús en el vers. 29. Su pregunta era un reconocimiento tácito de que comprendían que las palabras de Jesús eran una acusación en contra de su vida religiosa en general.
Obras de Dios.
Estas palabras se hallan también en Jer. 48: 10 (la LXX también usa el plural), donde se refieren a las obras que Dios desea. El concepto judío de la verdadera religión en gran medida se expresaba en términos de obras, por lo que era natural que al preguntar cómo podrían agradar a Dios, inquirieran en cuanto a las obras que podrían hacer.
29.
La obra de Dios.
Jesús les hizo frente en su propio terreno y encuadró su respuesta en términos de la pregunta de ellos. Así procuró desviar su atención de un concepto equivocado de la religión a una comprensión de lo que realmente significa agradar a Dios.
Creáis.
La evidencia textual establece (cf. p.147) la variante pistéu'te, que implica un 943 hábito permanente de creencia, en vez de pistéus'te, que indicaría un acto específico de creer en determinado momento. La primera forma tiene más significado en este contexto.
Las palabras de Jesús aquí presentan la verdad básica de la salvación por la fe. Creer (o confiar; la palabra griega pistéuÇ puede traducirse en cualquiera de las dos formas) es el acto fundamental de la vida cristiana. Ningún otro acto puede ser verdaderamente una "obra de Dios", un hecho deseado por Dios, y, por ende, que le sea agradable, a menos que lo preceda la fe, porque sólo la fe coloca al hombre en la verdadera relación con Dios (Heb. 11: 6). Las palabras de Jesús aquí son paralelas con la admonición de Pablo y Silas al carcelero de Filipos. El carcelero clamó: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" Los siervos de Dios le respondieron: "Cree en el Señor Jesucristo" (Hech. 16: 30-31). Ver 1 Juan 3: 23.
30.
Señal.
Gr. s'méion, la misma palabra traducida como "milagros" en el vers. 26 (VM). Ver pp. 198-200. Los que le preguntaban a Jesús ya habían visto el milagro de los panes y los peces, y habían llegado a creer que él era el Mesías; pero debido a que no cumplió sus expectativas en cuanto a lo que haría el Mesías, se habían chasqueado. Ahora, cuando él comenzó a examinar a fondo la verdadera condición del corazón de ellos y a demandarles que creyeran a pesar de su chasco, le pidieron un milagro más. Su actitud al exigir esto quizá es la misma que está indicada en un antiguo comentario judío sobre Deut. 18: 19, que dice: "Si un profeta comienza a profetizar y da una señal y prodigio, escúchesele entonces. Pero si no lo hace, no se le escuche" (Sifré Deuteronomio 18 y 19, sec. 177 [108a], citado en Strack y Bilierbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 1, p. 727).
Para que... te creamos.
Gr. pisteusÇmen soi. Esta declaración contrasta muchísimo con la admonición de Jesús del vers. 29, pistéus'te eis hón, "que creáis en el que" Dios ha enviado. Jesús había declarado que debían creer en él; los judíos replicaron exigiendo un milagro para que pudieran creerle, es decir, creer lo que él les decía. Una vez más no habían comprendido que la salvación no radica sencillamente en un asentimiento intelectual sino, lo que es más importante, en una unión por la fe con una Persona.
31.
Maná.
Ver com. Exo. 16: 15. Un antiguo comentario judío sobre Ecl. 1: 9 declara
acerca del Mesías: "Así como el anterior redentor [Moisés] hizo que descendiera maná... así también el Redentor posterior [el Mesías] hará descender maná" (Midrash Rabbah). Si bien esta afirmación, por lo menos en su forma actual, sólo se remonta al siglo IV d. C., parece reflejar una tradición más antigua que, sin duda, estaba en la mente de los judíos que disputaban con Jesús en Capernaúm. Por ejemplo, 2 Baruc 29: 8 afirma: "Y acontecerá en ese mismísimo tiempo [cuando el Mesías comience a ser revelado] que el tesoro de maná otra vez descenderá de lo alto, y comerán de él en esos años, porque éstos son los que han venido para la consumación del tiempo". Jesús acababa de suministrar milagrosamente pan al pueblo, pero, dudando de su mesianismo, la gente ahora declaraba que Moisés había hecho un milagro aún mayor al dar pan "del cielo" a sus padres. Además, sin duda ellos se referían tácitamente a que el milagro de Moisés había de ser repetido por el verdadero Mesías. Desde el punto de vista de ellos, Jesús no había traído pan del cielo, sino que sólo había multiplicado unos sencillos panes de cebada y peces de los que ya se disponía. Tienen que haber razonado que si Jesús era realmente el Mesías, realizaría por lo menos un milagro tan grande como el que creían que había hecho Moisés.
Les dio.
Las palabras aquí citadas no se encuentran exactamente en esta forma ni en el AT hebreo ni en la LXX. Parecen haber sido tomadas libremente del Sal. 78: 24, teniendo también en cuenta a Neh. 9: 15. En cada uno de esos pasajes se hace notar que fue Dios quien dio el maná, y no Moisés.
32.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
No os dio Moisés.
Indudablemente, los judíos creían que la dádiva del maná se debía a Moisés (ver com. vers. 31). Algunos han entendido que la respuesta que da aquí Jesús niega esa creencia, y que es una afirmación de la verdad de que el maná ("el pan del cielo") realmente había venido de Dios. Otros han entendido que Jesús no se ocupa de la cuestión de si Moisés había hecho descender el maná, sino que más bien declara que el maná, que materialmente era alimento, en realidad no era "pan del cielo" en un sentido espiritual, y, por lo tanto, no era "el verdadero pan del cielo". No parece irrazonable entender que Jesús aquí proclama ambas verdades: que Dios, y no Moisés, fue el dador 944 del maná material, y también que el verdadero pan del cielo debe ser reconocido como una dádiva espiritual y no material.
Da.
El uso aquí del tiempo presente, tanto en griego como en castellano, hace resaltar que el Don de Dios les estaba siendo ofrecido precisamente en ese tiempo en la persona de Aquel que estaba delante de ellos.
33.
Descendió.
Mejor, de acuerdo con el texto griego, "el que baja [desciende]" (BJ). La forma verbal en griego implica un acto continuo. Estas palabras hablan de la venida de Jesús a este mundo como un hecho eterno. (Por contraste, ver com. vers. 38, 41.) Hasta este punto, los judíos habían pensado en Jesús como un dador de pan. Ahora comenzó a presentarse como el pan mismo, aunque en este punto -en el griego- la declaración podría entenderse como que se aplicara indistintamente al pan o a Cristo. Por la respuesta de los judíos registrada en el vers. 34, es claro que entendieron que Jesús se refería al pan como el "que baja del cielo" (BJ). En ese tiempo, la mentalidad de los judíos de ningún modo estaba preparada para un concepto más espiritual.
Vida.
Gr. zÇ'. Ver com. cap. 1: 4; 8: 51; 10: 10. Así como el pan material estimula la vida física, así también Cristo "el pan de Dios... que baja del cielo" (BJ), es la fuente de vida espiritual.
34.
Danos siempre.
Con este pedido mostraron los judíos que no habían comprendido lo que estaba implícito en el vers. 33, que Jesús mismo era el pan del cielo. Todavía pensaban en él tan sólo como el que da pan. A semejanza de la samaritano que había pedido agua que para siempre apagara su sed a fin de que no necesitara sacar agua otra vez (cap. 4: 15), también los judíos ahora pedían una provisión continua de pan. Tal como lo entendían, Moisés había proporcionado a Israel pan celestial durante 40 años. Si Jesús era realmente el Mesías, con seguridad podría realizar un milagro todavía mayor y darles pan para siempre (ver com. vers. 31-32).
35.
Yo soy el pan.
Ahora Jesús claramente declara de sí mismo que es el pan celestial del cual ha estado hablando. Tres veces en este discurso repite esta declaración referente a sí mismo (vers. 41, 48, 51).
El que a mí viene.
La forma verbal griega, literalmente implica no un solo acto de venir a Cristo, sino un hábito permanente de vida. "El que a mí viene" claramente es paralelo con "el que en mí cree", pues sólo se puede venir a Cristo por fe (ver com. vers. 29). Venir y creer, ambos actos son "obra de Dios".
Nunca tendrá hambre.
Las palabras de Jesús contrastan nítidamente con las que se encuentran en Eclesiástico (libro familiar a los judíos del tiempo de Cristo), donde se le hace declarar a la sabiduría: "Los que me comen quedan aún con hambre de mí; los que me beben sienten todavía sed" (cap. 24: 21, BJ).
37.
Todo.
Gr. pan, adjetivo en el género neutro, por lo que debe entenderse en el sentido más amplio posible. Jesús aquí expresó la verdad de que todas las cosas le fueron dadas por su Padre: su poder y autoridad, su pan diario, sus seguidores. Declaró: "No puedo yo hacer nada por mí mismo" (cap. 5: 30; ver com. cap. 6: 1). Este versículo no debe entenderse como que indica que Dios ha elegido a ciertas personas para la salvación, y que ellas inevitablemente irán a Cristo y serán salvadas (ver com. vers. 40). Es más bien una declaración en los términos más amplios de la relación de Jesús con el Padre, una relación de entrega completa, de plena dependencia y de entera confianza en que todo lo que Dios quiso para Cristo con seguridad sería cumplido.
El que a mí viene.
La segunda cláusula de este versículo es una aplicación específica de la verdad general declarada en la primera cláusula. Tan sólo en el amor de Dios se proporciona la gracia mediante la cual el pecador puede venir a Jesús, y mediante él al Padre.
No le echo fuera.
Este es un ejemplo de una figura de retórica conocida como "litote", con la cual se dice menos que lo que se quiere expresar, negando lo contrario de lo que se quiere afirmar. De ésa manera, Jesús quiso decir que cordialmente da la bienvenida a aquel que viene a él.
38.
He descendido del cielo.
El tiempo perfecto, en griego, indica un acto específico en el pasado, junto con sus resultados que aún perduran. En el vers. 33 se hace referencia a la encarnación como un hecho eterno. Aquí se la ve desde el ángulo del acontecimiento específico del nacimiento de Jesús entre los hombres, y también se abarca el resultado de aquel suceso tal como se ve en su ministerio y presencia permanente (ver com. vers. 33, 41).
Mi voluntad.
La completa sumisión de Jesús a su Padre es para los creyentes una seguridad de que todo lo que Jesús hace para 945 ellos tiene su origen en el amante corazón de Dios. Las palabras de Cristo demuestran la falsedad de la opinión de que Dios está airado con el hombre y que la salvación de los pecadores se basa en que Cristo ha apaciguado la ira del Padre. El ministerio de la vida de Jesús y su muerte por el hombre fueron más bien expresiones del amor de su Padre.
39.
Del Padre.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de estas palabras, por lo que se leería: "Y esta es la voluntad del que me ha enviado" (BJ). Ya sea que las palabras hubieran estado o no en el texto original, la referencia es, por supuesto, al Padre.
Todo.
Gr. pan (ver com. vers. 37). Que este versículo no se debe tomar como una afirmación de que una vez que un hombre ha aceptado a Cristo es inevitablemente suyo para siempre, se ve con claridad por pasajes tales como Luc. 9: 62; Juan 15: 9-10; Heb. 6: 4-6. Este versículo tampoco enseña la predestinación en el sentido de que la elección de un hombre, hecha por Dios desde la eternidad, es el factor determinante para la salvación de un hombre y para la condenación de otro (ver com. Juan 6: 40). Es más bien una expresión de la confianza completa que Jesús tenía en su Padre. Ver com. cap. 3: 17-20.
Lo resucite.
Gr. anast'sÇ autó. Como en un caso anterior en este mismo capítulo, aquí el objeto que recibe la acción del verbo es neutro, lo que incluye no sólo a los hombres sino a todas las cosas dadas a Cristo por el Padre. En el vers. 37 Jesús había afirmado que la voluntad del Padre es que todas las cosas le sean dadas. Ahora lleva más lejos el pensamiento al afirmar que la voluntad de Dios en este respecto se extiende al "día postrero". Aquí Jesús vislumbra "el fin, cuando entregue el reino a Dios y Padre" (1 Cor. 15: 24); cuando todo ser creado del universo declarará: "Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (Apoc. 5: 13).
40.
Del que me ha enviado.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la variante "esta es la voluntad de mi Padre" (BJ), y no "esta es la voluntad del que me ha enviado". Aquí Jesús confirma lo que declaró en el vers. 37, que la voluntad del Padre es salvar. Ahora aclara que el deseo del Padre no sólo es que los pecadores vayan a Cristo, sino que su propósito también se extiende hasta la consumación del plan de salvación en el tiempo de la resurrección.
Todo.
Gr. pas, adjetivo del género masculino que indica una persona, y contrasta con pan, "todo [neutro, que se refiere a cosa]", en los vers. 37, 39. Así como en el vers. 37 primero se establece una verdad general, y después se hace una aplicación específica de esa verdad al caso del hombre que viene a Cristo, así también en el vers. 39 se establece la misma verdad general en un sentido aun más amplio, y en el vers. 40 se aplica esa verdad al caso específico de cada uno que ve a Jesús y cree en él. La seguridad que da el Padre de que finalmente su Hijo recibirá todas las cosas que le corresponden, asegura que cada uno que cree en el Hijo será individualmente resucitado por él cuando finalmente llame a los suyos.
Ve al Hijo.
Por supuesto, esto no significa que sólo los que vieron a Jesús en la carne participarán de la resurrección. La palabra "ve" implica aquí percepción espiritual, contemplar con los, ojos de la fe, como lo indica la palabra acompañante "cree" (cf. cap. 12: 45).
Cree.
Al igual que en el vers. 35, aquí Jesús otra vez afirma la gran importancia que tiene creer en él. Este énfasis puesto en la fe muestra claramente, que no es suficiente el asentimiento intelectual. Los que tendrán parte en la resurrección de los justos son los que creen, los que tienen una fe que actúa más allá de los límites de sus sentidos naturales.
Vida eterna.
Ver com. Juan 8: 51; 10: 10; 1 Juan 5: 12; cf. DTG 352.
Le resucitaré.
En contraste con el pasaje similar del vers. 39, esta afirmación es notable porque quien recibe la acción "le" (Gr. autón) es del género masculino, lo que indica una persona, y no es del género neutro como en el vers. 39 (ver allí el comentario). Aquí Cristo habla específicamente de los justos que serán resucitados de sus tumbas, en vista de que todo lo, que es de Cristo finalmente será recuperado por él.
Este pasaje también es significativo por la ubicación enfática del pronombre "yo". El sentido de la declaración de Jesús es: "Yo, precisamente yo, lo resucitaré". Así como Cristo es el mediador entre Dios y el hombre y el que salva al hombre del pecado, así también él es quien resucitará a los hombres en el día final (cf. cap. 5: 25-27).
41.
Que descendió.
Gr. ho katabás. El descenso de Cristo del cielo a la tierra se enfoca aquí desde el ángulo de su encarnación (ver com. cap. 3: 13; 6: 33, 38). Al no reconocer 946 con certeza a Jesús como el Hijo de Dios, los judíos se irritaban ante el solo pensamiento de que prendiera haber descendido del cielo.
42.
Hijo de José.
Las palabras de este versículo parecen reflejar la forma aramea Yeshua' bar Yosef, "Jesús, hijo de José", el nombre por el cual probablemente Jesús era conocido entre sus vecinos. Para ellos, la idea de que era hijo de José y de María a quienes conocían eliminaba por completo la posibilidad de que tuviera un origen celestial.
43.
No murmuréis.
Es significativo que Jesús no intentara explicar el misterio de su nacimiento y de su ascendencia divina. Más bien se ocupó inmediatamente del problema espiritual, que era la razón por la cual los judíos interpretaban mal sus palabras. Las murmuraciones no podrían darles una solución.
44.
Si el Padre... no.
la salvación es esencialmente obra de Dios y no del hombre. El hombre debe ir a Dios por su propio libre albedrío, pero el que vaya a Dios sólo es posible en vista de que él lo atrae por medio de su amor (ver com. Jer. 31: 3).
Le resucitaré.
Ver com. vers. 40.
45.
Los profetas.
Evidentemente, estas palabras se usan en un sentido literal para referirse a la sección profético de la Biblia hebrea, que ya se designaba así en los días de Jesús (ver Luc. 24: 44; Hech. 7: 42; 13: 40; t. 1, p. 40; comparar con el prólogo del Eclesiástico).
Serán todos enseñados.
Esta cita está tomada de Isa, 54: 13, pero no sigue exactamente ni el texto hebreo (que se refleja en la RVR) ni a la LXX, que podría traducirse así: "Y todos tus hijos [serán] enseñados de Dios". En este pasaje, probablemente, la cita fue adaptada para que concordara con el contexto.
Los antiguos intérpretes judíos entendían este pasaje de Isaías como una profecía de la obra de Dios en el día cuando viniera el Mesías. Afirmaban: "Dios dijo a Abrahán: Tú has enseñado a tus hijos la Ley en este mundo, pero en el mundo futuro yo les enseñaré la Ley de mi gloria, como dice: Y todos tus hijos serán discípulos de Jehová" (de Tanjuma B, citado en Strack y Bilierbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 4, p. 919). Si esto se entendía así en los días de Jesús, su empleo de este pasaje parecería haber tenido un significado mesiánico para sus oyentes, y esto hace más clara su conclusión de que todo aquel que oyó acerca del Padre, viene a él.
Al Padre.
Literalmente "lo que procede del Padre". Lo que hace que los hombres vayan a Cristo no es meramente el oír y el aprender acerca del Padre, sino que uno oye procedente del Padre el mensaje que él quiere que los hombres conozcan acerca de la salvación que se puede encontrar en Jesús. La misma expresión aparece en cap. 8: 26, 40 con referencia al mensaje predicado por Jesús, que había recibido de su Padre, y en cap. 7: 51 del testimonio de un hombre acerca de sí mismo. Ciertamente, la palabra que Dios ha hablado al mundo en Jesús es un testimonio de su amor por el hombre. La verdad importante que también se enseña aquí es que es insuficiente oír lo que procede de Dios si el hombre no aprende, es decir, si no escucha o presta atención.
46.
De Dios.
Literalmente "del lado de Dios", "de cerca de Dios". Cristo, que es Dios mismo, vino a esta tierra desde su lugar al lado del Padre. Ver cap. 7: 29; 16: 27; 17: 8; com. cap. 1: 1; 3: 13.
47.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
El que cree.
Es decir, el que tiene fe o confianza.
En mí.
La evidencia textual tiende a confirmar (cf. p. 147) la omisión de estas palabras (ver com. cap. 1: 12).
Tiene vida eterna.
Mediante la fe en Cristo, el cristiano participa de la vida de Dios. Al tener fe ahora, también recibe de esa vida eterna ahora (ver com. 3 Juan 8: 51; 10: 10; 1 Juan 5: 21; cf. DTG 352).
48.
Yo soy.
Ver com. vers. 35.
49.
Murieron.
Jactanciosamente, los judíos pretendían que Moisés había dado a sus padres maná del cielo para que comieran (vers. 30-31), y habían desafiado a Jesús para que demostrara su mesianismo realizando un milagro todavía mayor. Pero él no hizo frente a su demanda con un milagro, sino más bien destacó ante ellos el significado espiritual del mesianismo, el hecho de que él les ofrecía alimento para vida eterna. Ahora, con toda razón, les recordó que sus padres -de quienes estaban tan orgullosos- no obstante haber comido el maná, estaban muertos. Como una prueba de su afirmación de que era más grande que Moisés, Jesús declaró -que él que era el pan que descendió del cielo- podía dar vida eterna (ver com. vers. 50).
50.
Que desciende.
Jesús no había aquí específicamente de su nacimiento, sino del hecho 947 o de que, desde la eternidad, es el Mediador entre Dios y el hombre, Aquel mediante el cual Dios se comunica con el mundo y por cuyo medio salva al mundo (1 Cor. 8: 6).
No muera.
El maná que los judíos pretendían que Moisés había dado a sus padres (vers. 31), no había impedido que murieran, pero Jesús les ofrece un alimento celestial que asegura vida eterna.
51.
Yo soy.
Ver com. vers. 35.
Que descendió del cielo.
En contraste con el versículo anterior, aquí el griego simplemente presenta el hecho de que Cristo vino del cielo a la tierra en el tiempo de la encarnación. En esto basaba Jesús su derecho de tener vida eterna para el mundo.
Comiere de este pan.
Cf. vers. 53; ver DTG 354-355.
Yo daré.
Al hablar de la dádiva de Cristo para el mundo en los vers. 32-33 se usa el tiempo presente, con lo que resalta que Cristo es una dádiva continua, eterna. Pero aquí, como en el vers. 27, se usa el futuro, lo que enfoca el acontecimiento específico de la cruz, cuando Cristo dio su "carne", en un acto culminante, "por la vida del mundo'.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) una variante más sencilla en este punto, pero esa variante de ninguna manera cambia el sentido de la sentencia: "Y el pan que yo daré es mi carne, por la vida del mundo".
Carne.
Gr. sarx, palabra que Juan ya ha usado refiriéndose a la encarnación de Cristo (ver com. cap. 1: 14; comparar con su uso en cap. 17: 2). En este pasaje, "carne" parece referirse claramente a la humanidad de Cristo, sin que haya el pensamiento de la imperfección implícita en la palabra (ver cap. 3: 6; 6: 63). Al tomar sobre sí la humanidad, el Hijo de Dios pudo dar su "carne", es decir, morir y de esa manera hacer que su perfecta humanidad estuviera al alcance de los que participan de él por fe.
52.
Contendían.
Gr. májomai, "luchar", y, por lo tanto, cuando se usa como aquí para una discusión verbal, "disputar", "querellar". Cuando Jesús afirmó ser el pan del cielo, los judíos comenzaron a murmurar (vers. 41). Ahora, cuando los invitó a comer de su carne, sus emociones fueron más violentas. Sin duda, algunos vieron un significado más profundo en sus palabras que otros, pero todos ellos parecen haber estado confundidos al dar un significado demasiado literal a sus expresiones. Ver com. vers. 53,
53.
Bebéis su sangre.
Esta declaración debe haber escandalizado aún más a los oyentes de Jesús, que interpretaban todo en forma literal (vers. 52), pues la ley prohibía específicamente que se usara sangre como alimento (Gén. 9: 4; Deut. 12: 16). Si los judíos hubieran recordado la razón de esa prohibición, podrían haber entendido mejor el significado de las palabras de Jesús. La razón dada para la prohibición es que la sangre es la vida (Gén. 9: 4). Así podrían haber comprendido que comer la carne de Cristo y beber su sangre significaba apropiarse de su vida por fe. "Comer la carne y beber la sangre de Cristo es recibirlo como Salvador personal, creyendo que perdona nuestros pecados, y que somos completos en él" (DTG 353; cf. SC 108; 8T 170; EGW RH 23-11-1897). Tan sólo porque Cristo dio su vida humana por nosotros, podemos participar de su vida eterna, divina.
54.
El que come.
Gr. ho trÇgÇn, un participio activo que implica comer continuamente, una alimentación constante. No es suficiente participar una vez de Cristo. Sus seguidores deben nutrir continuamente su ser espiritual alimentándose de Aquel que es el pan de vida. Jesús acababa de declarar "el que cree en mí, tiene vida eterna" (vers. 47). Ahora añadió: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna". Por eso es claro que comer su carne y beber su sangre significa creer, tener fe en él (ver com. vers. 53).
Le resucitaré.
Ver com. vers. 40.
55.
Mi carne es verdadera comida.
Ver com. vers. 53.
56.
En mí permanece.
En otro pasaje, Juan declara que el que guarda los mandamientos de Dios mora en él (1 Juan 3: 24), lo que, comparado con este pasaje, hace resaltar la naturaleza práctica de comer la carne y beber la sangre de Cristo.
57.
Padre viviente.
Repetidas veces se habla de la Deidad como del "Dios viviente" (Deut. 5: 26; Mat. 16: 16; Hech. 14: 15; 2 Cor. 6: 16). El es Aquel que vive por sí mismo, sin depender de ningún otro para su vida. Por lo tanto, también es la fuente de la vida de todos los otros seres del universo. Lo que es cierto en este respecto acerca del Padre lo es también en cuanto al Hijo, pues "en Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG 489; ver Nota Adicional com. Juan 1).
Por el Padre.
Literalmente "mediante el Padre". Aunque es Dios, sin embargo, mientras 948 estuvo en la tierra en carne humana, Jesús dependía completamente de su Padre (ver com. vers. 11). Vivía "mediante el Padre". Así el cristiano ha de depender de Cristo y recibir de él la vida divina y la naturaleza divina (ver DTG 98). Es de esta vida eterna de la que el cristiano puede participar ahora, y es también esta vida la que se manifestará en él en la resurrección (cap. 5: 26-29; cf. DTG 352).
58.
Maná.
La evidencia textual tiende a confirmar (cf. p. 147) la omisión de esta palabra. No importa la variante que se use, es claro que la referencia es al maná.
59.
Enseñando en Capernaúm.
Si bien algunos MSS añaden la frase "en el sábado", la evidencia textual establece (cf. p. 147) el texto como aparece en la RVR. Al paso que es virtualmente seguro que el texto original de este pasaje no contenía esas palabras, algunos manuscritos preservan la interesante tradición de que el sermón de Jesús en cuanto al pan de vida fue presentado en el día sábado. Los discípulos no hubieran caminado de regreso a Capernaúm después de la puesta del sol, el viernes de noche (ver p. 52; com. Mat. 14: 22-36).
Que Jesús repetidas veces enseñaba en las sinagogas, es claro por una cantidad de referencias (Mat. 4: 23; 9: 35; 12: 9; 13: 54; Mar. 1: 39; 3: 1; Juan 18: 20). La sinagoga era el centro de la vida de la comunidad judía, por lo tanto, era un lugar lógico para que allí Jesús se relacionara con la gente y la estimulara a pensar en cosas religiosas (ver p. 57).
Quizá esta sinagoga de Capernaúm era la misma que el centurión donó a los judíos (Luc. 7: 5). Antes se pensaba que las ruinas que todavía existen en Teil Hum (por lo general reconocidas como la antigua Capernaúm) eran las de aquella sinagoga. Sin embargo, ahora es claro que las ruinas en cuestión quizá no vayan más allá del siglo III d. C. Con todo, sin duda están encima de los restos de un edificio más antiguo, que podría haber sido la sinagoga donde enseño Jesús. Si es así, sería razonable pensar que las ruinas que se ven hoy día, en general, reproducen la apariencia de la sinagoga de los días de Jesús.
Las ruinas actuales, de unos 15 m de ancho por 21 m de largo, son de piedra caliza blanca, y están orientadas de tal manera que la congregación miraba al sur, es decir hacia el templo de Jerusalén. En tres de los lados del recinto principal había una galería para las mujeres y los niños, que estaba sostenida por columnas, y a la que se llegaba por unas gradas desde el exterior. El piso principal parece haber sido reservado para los hombres. Al lado del edificio hay un atrio.
60.
Sus discípulos.
Los vers. 66-77 muestran claramente que éstos no eran principalmente los doce, sino otros de entre las grandes multitudes que habían estado siguiendo a Jesús. A partir de su chasco, en ocasión de la alimentación de los 5.000, cuando Jesús rehusó que lo hicieran rey, esa gente lo había criticado cada vez más. Lo habían seguido a Capernaúm con la esperanza de continuar recibiendo alimento milagrosamente proporcionado, pero cuando Jesús reprochó a la gente por esto y declaró que más bien debían esperar alimento espiritual y debían participar de Jesús, la crítica de la gente se transformó en un claro rechazo.
La puede oír.
El verbo griego que aquí se emplea, akóuÇ, puede significar "escuchar a" u "obedecer" (en una forma muy parecida a la del Heb. shama'; ver com. Mat. 7: 24). El pronombre también puede traducirse como "la", con referencia a la declaración que Jesús acababa de hacer o como "lo" que se referiría a Jesús mismo. Por eso la pregunta que los discípulos hicieron con disgusto, podría entenderse como: ¿Quién puede oírlo a él (u oír lo que dice)? ¿Quién puede obedecerle (u obedecer lo que dice)? Rehusando comprender la verdad espiritual de las palabras de Jesús, e insistiendo sólo en su significado literal, protestaron por la completa imposibilidad de comer la carne de Jesús o beber su sangre. Para sus mentes mal dispuestas, las palabras de Jesús eran, ciertamente, "dura... palabra".
61.
Sabiendo Jesús en sí mismo.
Cf. cap. 2: 25.
Discípulos murmuraban.
Hasta este momento sólo se había dicho que los judíos habían murmurado contra Jesús (vers. 41). Ahora, los que habían sido abiertamente sus seguidores, se apartaron de él y se unieron a sus compatriotas que se habían opuesto a Jesús. Parece que hubo tres grupos en la sinagoga durante este discurso: los doce, que habían cruzado el lago durante la tormenta; los seguidores de Jesús, que habían cruzado a Capernaúm al día siguiente; y aquellos de quienes Juan había como "los judíos", que, evidentemente, en su mayor parte criticaron a Jesús desde el comienzo.
Ofende.
Gr. skandalízÇ (ver com. Mat. 5: 29). 949
62.
¿Pues qué, si?
Jesús presenta su pregunta sin una conclusión. Podría entenderse como que significa que si veían al Hijo del Hombre ascender al cielo, entonces, en su obstinación, se iban a ofender aún más. O podría entenderse que implicaba que si lo veían ascender, eso les iba a ser una prueba de que ciertamente había venido del cielo e iban a comprender el verdadero significado espiritual de sus palabras. El hecho de que, evidentemente, Jesús no presentó la conclusión de su pregunta, es significativo en sí mismo, pues cualquiera de esas conclusiones podría haber sido correcta. Habría dependido del corazón del hombre que hubiera visto su ascensión.
Adonde estaba primero.
Cf. cap. 3: 13.
63.
El que da vida.
Jesús había estado exhortando a sus oyentes para que participaran del alimento celestial que les daría vida. Ahora destacó aún más claramente que un alimento tal es espiritual. Sus oyentes no habían comprendido hasta entonces este hecho.
Carne.
Esta no es la carne a la que se hace referencia en los vers. 51-56. Allí se presentan juntas la carne y la sangre de Cristo al hablarle del alimento espiritual que reciben los que son participantes de la vida de su Señor. Aquí la palabra "carne" se usa en un contexto diferente; se la hace contrastar con "espíritu y así, claramente se refiere a las cosas materiales de esta vida, en particular al alimento material que no puede nutrir la vida eterna y espiritual.
He hablado.
Es una referencia directa a las palabras de este discurso. Las palabras que Jesús acababa de hablar y que seguramente todavía estaba hablando.
Son espíritu.
Las verdades que Cristo enunció atañen a cosas espirituales, y recibirlas por fe en el corazón es recibir vida espiritual (ver com. cap. 3: 16; cf. cap. 17: 3).
64.
Que no creen.
Nuevamente Jesús hace resaltar la importancia de creer, o sea, de la fe. Sus palabras eran espíritu y vida sólo para los que creían. Ver com. vers. 29, 40.
Sabía desde el principio.
Cf. cap. 2: 25.
Quién le había de entregar.
Indudablemente, la afirmación: "Hay algunos de vosotros que no creen", incluía tanto a Judas como a los judíos descreídos. La dificultad de Judas estribaba en que rehusaba aceptar la verdad de que el reino de Jesús había de ser espiritual. En cambio, él esperaba un reino material y terrenal, en el que ansiaba ocupar un lugar prominente (DTG 665-669). Si hubiese aceptado las palabras de Cristo en esta ocasión, se hubiera corregido su error en un concepto básico.
65.
Si no le fuere dado.
"Si no se le concede" (BJ). Este versículo es una secuela lógica de la afirmación de Jesús: "Hay algunos de vosotros que no creen" (ver com. vers. 64). Estas palabras debieran haber tenido un significado especial para Judas (ver com. vers. 64). Pero éste, en su orgullo y confianza propia, estaba tratando de manejar los acontecimientos de tal manera que Jesús fuera proclamado rey de los judíos (ver com. vers. 15). Con su propia habilidad, estaba tratando de que se constituyera el reino venidero, tal como él lo concebía. Pero en todo to no reconocía que el hombre no es el autor del plan de salvación y no puede salvarse a sí mismo; y que aunque el hombre puede cooperar con Dios para apresurar el triunfo de la causa divina en el mundo, la dádiva de la salvación y la venida del reino son obra de Dios (ver com. vers. 27, 39).
66.
Volvieron atrás.
Esto señala el momento decisivo de la obra de Jesús en Galilea, y, ciertamente, de todo su ministerio. Hasta entonces, había sido ampliamente aceptado como un maestro y profeta popular. Ahora, muchos de sus seguidores lo abandonaron y desde ese momento en adelante estuvo más y más en la sombra de la cruz.
67.
Los doce.
Esta es la única vez en que Juan se refiere a los doce discípulos como a "los doce", y lo hace así sin indicar previamente cómo eligió Jesús a ese grupo. Así también presenta a Pilato (cap. 18: 29) y a María Magdalena (cap. 19: 25) en su relato, sin explicar quiénes eran. Esto parece indicar muy claramente que Juan -escribiendo varias décadas después de que los otros Evangelios estaban en circulación- se daba cuenta de que, mediante los Evangelios sinópticos y otros informes, los que leían su relato ya estarían familiarizados con los principales personajes implicados en la vida de Jesús. Teniendo en cuenta este hecho, es más fácil comprender por qué en el cuarto Evangelio no se procura presentar el relato sistemático que se encuentra en los sinópticos, sino más bien una interpretación teológico de ciertos acontecimientos significativos del ministerio de Cristo.
¿Queréis acaso iros también?
La construcción de esta pregunta en griego implica 950 una respuesta negativa, de modo que la fuerza de la sentencia es: "Vosotros no queréis iros también, ¿no es cierto?" Como Juan acababa de declarar, Jesús sabía quiénes de sus seguidores le eran leales y quiénes no (vers. 64). Por ende, esta pregunta no fue formulada para la información de Jesús sino más bien para probar a los doce en cuanto a los motivos que tenían para seguirlo.
68.
¿A quién iremos?
Contrástense estas palabras con la afirmación de Pedro en otra ocasión, Luc. 5: 8.
Palabras de vida eterna.
Aunque, sin duda, Pedro no comprendía todavía plenamente la naturaleza espiritual del reino de Cristo, sin embargo su declaración aquí muestra que había comenzado a percibir que las palabras que Jesús había hablado eran ciertamente la clave para la vida eterna espiritual.
Un antiguo comentario judío describe las palabras que Dios habló desde el Sinaí como "palabras de vida" (Midrash Rabbah, com. Exo. 20: 2). El hecho de que Pedro usara aquí un término similar para referirse a lo que Jesús acababa de decir, junto con su reconocimiento de Jesús como el Mesías inmediatamente después, revela que comprendía el origen divino de las palabras de Jesús.
69.
Conocemos.
"Sabemos" (BJ). El verbo griego puede traducirse "hemos descubierto", lo que implica que ya habían aprendido la verdad, y todavía creían que era verdad, a pesar de los muchos que ahora rechazaban a Jesús. Pedro, hablando en nombre de los doce, declaró que no sólo tenían fe en que Jesús era el Mesías, sino que también, debido a los milagros que habían visto y las palabras que habían oído, ahora podían decir que sabían que él era el Hijo de Dios. Los judíos descreídos habían visto los mismos milagros y habían oído las mismas palabras. Pero les faltaba fe, y, como resultado, se habían ido sin creer. Los discípulos, aceptando las palabras y las obras de Jesús por fe, habían llegado a la conclusión opuesta, y ahora estaban convencidos de que Jesús era el Mesías. En los asuntos del espíritu, la fe precede al conocimiento.
Que tú eres el Cristo.
La evidencia textual tiende a confirmar (cf. p. 147) el texto "que tú eres el Santo de Dios". Sin embargo, el texto de Tertuliano dice simplemente "el Cristo", mientras que en otros dice: "el Cristo, el Santo de Dios", "el Hijo de Dios" y "el Cristo el Hijo de Dios".
El título "el Santo" aparece repetidas veces en la literatura judía escrita en el período intertestamentario como un título para Dios (ver Eclesiástico 4: 14; 23: 9; 43: 10; Baruc 4: 22, 37; 5: 5). Probablemente, en este sentido era familiar para los discípulos, y por eso el empleo que Pedro hace de ese título para Jesús, aquí parecería constituir un reconocimiento de su divinidad.
70.
Les respondió.
Juan reconoce que Pedro habla en nombre de los doce.
Diablo.
Es decir, inspirado por el diablo (cf. cap. 13: 2). Las palabras de Jesús podrían ser comparadas con su afirmación similar dirigida a Pedro en otra ocasión (Mar. 8: 33). Aquí Jesús reconoció que, aunque Pedro se consideraba como el portavoz de los doce, Judas no compartía la consagración de Pedro (ver com. vers. 64-65).
71.
Judas Iscariote.
Ver com. Mar. 3: 19. La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por la variante "Judas, hijo de Simón Iscariote" (BJ). Como es probable, si el nombre Iscariote se refiere al lugar del origen de Judas, razonablemente ése sería su apellido y el de su padre.
Le iba a entregar.
El texto griego en ninguna manera indica que Judas estaba inevitablemente predestinado a entregar (o traicionar) a Jesús. Juan escribió su Evangelio muchos años después. Retrocede mentalmente, mira el futuro, y, desde su punto de vista, cuando escribe, exclama: "Pues éste, ¡uno de los doce!, iba a traicionar a Jesús".
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-71 CH 370; FE 456
1-13 DTG 332-339
5 DTG 259; MC 29
5-10 DTG 333
7 DTG 259
7, 9 MC 29
9 DTG 337
9-13 2JT 571
12 CE (1967) 204, 209; CH 300; CMC 41, 264, 281, 283; CN 125; CRA 320, 352; DTG 335, 343; HAd 346; 2JT 468; 3JT 74; MB 161; MC 30, 159; MM 176; PVGM 287; 2T 292; 4T 451; 5T 413, 415; 7T 239; TM 261, 350 951
14 DTG 340
14-21 DTG 340-346
15 DTG 340; FE 382
21 DTG 346
22-71 DTG 347-359
24 DTG 347
25-27 DTG 348
26 PE 57, 95, 121
27 CM 28; DMJ 96; FE 185; 2JT 426
27-31 DTG 348
28 MJ 138
28-29 DMJ 75
30 DTG 579
31 MC 240
32 2JT 413
32-36 DTG 349
33 CC 67; PVGM 100
33-35 FE 455
35 DMJ 21; Ev 365-366; 2JT 572; MC 348; 3T 190; 8T 288, 307
37 DTG 350, 396, 760; HAp 23; MC 43; PP 458; PR 236; PVGM 162, 223; 8T 101; TM 526
38 DTG 297; 3TS 132
40 DTG 350; HAp 408; SR 319
42, 44-45 DTG 350
44-45 FE 460
45 DTG 351, 381; MeM 372; TM 496
45-51 CW 120
47 MG 348; 6T 88
47-51 DTG 352; FE 383, 518
47-57 8T 170
47-63 3JT 277
48-51 PP 303, 367
50 2JT 432; 5TS 11
51 CM 329; CRA 106; DMJ 96; DTG 16; FE 456; PVGM 176; 7T 226; 8T 308; TM 391, 496
52-58 CW 121
53 CC 88; CH 593; CMC 31; DTG 666; 3JT 189, 238; MB 21; 7T 270; TM 344, 350, 495
53-54 CH 371; 2JT 432; PP 282
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53-57 DTG 353, 615; 2JT 220
54 CH 423; DTG 352, 731; FE 378, 474; OE 265; 6T 444; TM 396
54-57 FE 457
54-63 PVGM 101
56 3JT 367; 6T 52; TM 448
57 DTG 12; OE 265; 8T 288
58 CM 322; FE 237; 2JT 430; 3JT 165, 188; 6T 150
60 DTG 354, 357; 1JT 549; PVGM 29; IT 543; 5T 431
61-63 DTG 354; FE 518
63 CC 88; CM 160, 290, 337; COES 47; CW 121; DTG 216; Ed 122; FE 182, 378, 383, 408, 456; 2JT 220; 3JT 367; MC 348; MM 324; OE 265; PP 282; PVGM 20; 1T 361; 5T 433; 8T 288, 307; 9T 136; TM 158, 395, 500
64 Ed 88
64-65 DTG 356
66 DTG 356; FE 460; 2JT 414; 4T 90
67-69 DTG 358; 2JT 428
68 TM 289
70 DTG 611, 627, 667; 4T 41
CAPÍTULO 7
2 Jesús reprocha la ambición y atrevimiento de sus parientes; 10 sube desde Galilea a la fiesta de los tabernáculos, 14 y enseña en el templo. 40 Diversas opiniones de la gente en cuanto a Jesús. 45 Los fariseos están disgustados porque los alguaciles no han apresado a Jesús y discuten con Nicodemo porque defiende a Jesús.
1DESPUES de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle.
2 Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos;
3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.
4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.
6 Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto.
7 No puede el mundo aborrecemos a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. 952
8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.
9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
10 Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto.
11 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
12 Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo.
13 Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos.
14 Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.
15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?
16 Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
17 El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo, hablo por mi propia cuenta.
18 El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
19 ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?
20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte?
21 Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis.
22 Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo* circuncidáis al hombre.
23 Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo,* para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo* sané completamente a un hombre?
24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.
25 Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan para matarle?
26 Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo?
27 Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
28 Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
29 Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió.
30 Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora.
31 Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?
32 Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen.
33 Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió.
34 Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir.
35 Entonces los judíos dijeron entre sí. ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos?
36 ¿Qué significa esto que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir?
37 En el último y gran día de fiesta Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
40 Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta.
41 Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
42 ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?
43 Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él.
44 Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano.
45 Los alguaciles vinieron a los principales 953 sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído?
46 Los alguaciles respondieron: ¡jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!
47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados?
48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?
49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es.
50 Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos:
51 ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?
52 Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.
53 Cada uno se fue a su casa.
1.
Después de estas cosas.
Es común en Juan esta frase (cap. 3: 22; 5: 1, 14; etc.). Denota una transición de una narración a otra, pero no indica si el intervalo es largo o corto.
Andaba.
Gr. peripatéÇ, "caminar al rededor", metafóricamente, "vivir", "pasar la vida", etc. Aquí se aplican tanto el significado literal como el metafórico.
Judea.
Para distinguirla de Galilea, Samaria, Perea e Idumea.
Matarle.
Cf. cap. 5: 18. La denuncia ante el sanedrín registrada en el cap. 5, ocurrió aproximadamente un año antes de los acontecimientos de los cap. 6: 1 a 7: 1. Poco después de la denuncia, Jesús se había retirado a Galilea (ver com. Mat. 4: 12), y, aproximadamente, un año después presentó el sermón del pan de vida (Juan 6), con el que terminó su ministerio activo en Galilea. En ese tiempo "estaba cerca la pascua" (cap. 6: 4), y la frase "no quería andar en Judea" (cap. 7: 1) implica que Jesús no asistió a la pascua que se aproximaba (cf. DTG 360).
2.
Tabernáculos.
[En la fiesta de los tabernáculos, Juan 7: 2-13. Ver mapa p. 211; diagramas pp. 219, 221.] Esta fiesta comenzaba el día 15 de Tisri (Lev. 23: 34). El intervalo entre la pascua y los tabernáculos era de unos seis meses. La fiesta se prolongaba durante siete días; en ese lapso los israelitas moraban en enramadas ("tabernáculos", Lev. 23: 42), en recuerdo de que habían vivido en tiendas cuando salieron de Egipto (Lev. 23: 40-42; cf. Neh. 8: 16). Además, el octavo día debía ser "día de reposo" (Lev. 23: 39). A semejanza de la fiesta de los ázimos y la fiesta de la cosecha de cereales (pentecostés), la fiesta de la recolección de frutas era una de las "tres veces en el año" cuando se requería de cada judío varón que se presentara delante de Jehová (Exo. 23: 14; Deut. 16: 16). Josefo dice que esta fiesta era "considerada especialmente sagrada e importante por los hebreos" (Antigüedades viii. 4. 1). Al mismo tiempo, era un recordativo de gratitud por la liberación nacional y un regocijo anual al término de cada cosecha (Ley. 23: 42-43; Deut. 16: 13-16).
3.
Sus hermanos.
En cuanto al tema de los hermanos de Jesús, ver com. Mat. 1: 18, 25; 12: 46; cf. DTG 413-414. Ellos todavía no creían en Jesús (Juan 7: 5; ver Material Suplementario, EGW com. Hech. 1: 14).
Sal de aquí.
Los "hermanos" de Jesús estaban chasqueados con él. No podían entender su proceder. No comprendían por qué no se aprovechaba de su popularidad. Sin duda pensaban en la gloria personal y en los beneficios que recibirían si él hacía valer su mesianismo. Ahora, cuando muchos de sus discípulos lo habían rechazado (cap. 6: 66), quizá estos hermanos esperaban que, al manifestar su poder en la ciudad capital, el centro religioso de la nación, Jesús podría recuperar algo de su prestigio perdido.
Tus discípulos.
El ministerio en Judea sólo había dado magros resultados (ver com. Mat. 4: 12; Juan 3: 22). Sin embargo, Jesús tenía allí discípulos. En realidad, había salido de Judea debido a las dificultades provocadas por su popularidad entre la gente de esa región (Juan 4: 1-3).
4.
Al mundo.
Estos "hermanos" deseaban que Jesús se manifestara abiertamente ante las multitudes reunidas en Jerusalén para la fiesta, y que desplegara ante ellas sus maravillosos milagros. Esperaban que allí los gobernantes comprobarían las aspiraciones de Jesús, y si él era el Mesías y sus obras eran genuinas, entonces, en medio del regocijo de la fiesta, en la ciudad real del reino de Juda, esperaban ellos que sería proclamado rey. Su afán puede compararse con el de María en la fiesta de bodas, cuando esperó que Jesús demostrara al grupo allí reunido que Dios lo había escogido (cap. 2: 3-4).
5.
Ni aun sus hermanos creían.
Sabían que obraba milagros, pues, sin duda, le habían visto realizarlos. También ahora esperaban 954 que fuera a Jerusalén y deslumbrara con sus milagros a las multitudes reunidas. Pero, a pesar de los milagros, estaban llenos de dudas e incredulidad. Jesús no encuadraba dentro del concepto que tenían del Mesías, y dudaban de que cambiara alguna vez. Quizá creían que era demasiado tímido y procuraban darle el ánimo que pensaban que necesitaba.
6.
Tiempo.
Gr. kairós, "momento auspicioso", "oportunidad" (ver com. Mar. 1: 15).
Aún no ha llegado.
Comparar con la declaración de Jesús a su madre (cap. 2: 4). Sus hermanos pueden haber tenido una buena intención en lo que proponían, pero Jesús sabía mejor. Para él, los acontecimientos de la vida estaban encuadrados por ciertas oportunidades divinamente ordenadas, en las que había un tiempo apropiado para el cumplimiento de cada propósito (ver com. Luc. 2: 49; Juan 2: 4).
Siempre está presto.
Como todos los judíos respetables, los hermanos de Jesús asistían regularmente a la fiesta, y el día particular que eligieron para comenzar su viaje no dependía de un momento muy especial.
7.
Mundo.
Los hermanos le habían pedido a Jesús que se mostrara al mundo (vers. 4), pero él les recordó que "el mundo" lo aborrecía (cf. cap. 15: 18). Las suposiciones de ellos eran falsas (ver com. vers. 3-4). Si hubiese hecho caso a lo que le proponían, no hubiera recibido la aclamación que ellos anticipaban. Por otro lado, los intereses de ellos armonizaban con los del mundo. Por lo tanto, el mundo no podía odiarlos puesto que el mundo ama a los que son suyos (cap. 15: 19).
Testifico de él.
A los hombres les molesta que se les ponga de manifiesto sus malos caminos. Caín mató a Abel "porque sus obras eran malas, y las de su hermano buenas" (1 Juan 3: 12). "Todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz" (Juan 3: 20).
8.
Vosotros.
La construcción gramatical del griego hace que este pronombre sea enfático.
Todavía.
La evidencia textual se inclina (cf. p.147) por la omisión de esta palabra.
Aún no se ha cumplido.
Ver com. vers. 6.
9.
Se quedó.
No se nos dice cuánto tiempo permaneció Jesús en Galilea. Llegó a Jerusalén cuando promediaba la fiesta (vers. 14).
10.
En secreto.
Esto sugiere que no viajó por la ruta usual de las caravanas. Quizá eligió un camino poco transitado por la región de Samaria (cf. DTG 415).
11.
Los judíos.
Con esta expresión Juan generalmente se refiere a los representantes oficiales de la nación y no al pueblo común (vers. 12, 25). Sin duda, había considerable incertidumbre en cuanto a si Jesús se iba a presentar en la fiesta. Había estado ausente en la pascua anterior (ver com. cap. 6: 1; 7: 1).
¿Dónde está aquél?
Gr. ekéinos, que aquí quizá se usa con un sentido despectivo.
12.
La multitud.
Es decir, los peregrinos de diversas regiones, incluso los de Galilea, que habían estado presentes cuando fueron alimentados los 5.000 y que trataron de coronar a Jesús como rey (cap. 6: 1-15). Murmuraron cuando Jesús frustró sus esfuerzos (vers. 41; cf. vers. 61). Sin duda, continuaron murmurando durante la fiesta y contagiaron a otros con su actitud. Aquí la palabra parece significar una discusión sosegada, más o menos secreta, y no una queja manifiesta. La declaración: "Es bueno", difícilmente puede ser una queja.
Bueno.
Gr. agathós, "bueno" desde un punto de vista moral. Usando la palabra en su sentido absoluto, Jesús habló de Dios como del único que es "bueno" (ver com. Mat. 19: 17). Entre la multitud se encontraban algunos que se habían convencido de que Jesús ciertamente era el Mesías y defendían sus convicciones, aunque no abiertamente (Juan 7: 13).
Engaña.
Gr. planáÇ, "descarriar", "inducir al error". Los dirigentes judíos se refirieron a Jesús como "aquel engañador" (Mat. 27: 63).
13.
Por miedo a los judíos.
Cf. cap. 19: 38; 20: 19.
14.
A la mitad de la fiesta.
[Enseñando en el templo, Juan 7:14-52. Ver mapa p. 212.] Puesto que la fiesta duró hasta el octavo día, tal vez la mitad era por el cuarto día (cf. com. vers. 2, 37).
15.
Letras.
Gr. grámmata. "Letras" puede significar los símbolos del alfabeto por separado (Luc. 23: 38), correspondencia (Hech. 28: 21), libros o escritos (Juan 5: 47), las "Sagradas Escrituras" (2 Tim. 3: 15), o conocimiento, ya sea elemental o más avanzado. La última definición parece aplicarse mejor aquí. La sorpresa no dependía de que Jesús pudiera leer o escribir, sino de que estuviera tan bien informado y pudiera presentar un discurso con tanto conocimiento. Sabían que no se había preparado en las escuelas rabínicas. De acuerdo con su concepto, una persona verdaderamente educada era aquella que no sólo había recibido su instrucción de un 955 maestro reconocido, sino que también había estado en estrecha relación con ese maestro y había estado a su servicio. Existían autodidactas en las Escrituras, pero se consideraba que una educación tal era muy inferior a la que se recibía en las escuelas rabínicas reconocidas. Ver Talmud Sotah 22a.
16.
Doctrina.
Gr. didaj', "enseñanza", de didáksÇ, "enseñar", palabra que aparece 97 veces en el NT y que siempre se traduce como enseñar".
No es mía.
Jesús negó que él se hubiera enseñado a sí mismo, y al mismo tiempo aludió a una fuente mucho más excelsa que las escuelas rabínicas. Dios mismo había sido su Maestro.
Que me envió.
Frase común en Juan (cap. 4: 34; 5: 30; 6: 38; etc.; ver com. cap. 3: 17).
17.
Quiera hacer la voluntad de Dios.
El griego tiene un juego de palabras: "Si alguien quiere el querer de él" (desea el deseo de él). El que sinceramente desea hacer la voluntad de Dios será iluminado por él, y será capacitado para evaluar correctamente los derechos de otros. Un prerrequisito para recibir luz es que el buscador de la verdad debe estar dispuesto a seguir en la luz que le sea revelada. En cuanto a la forma en que se puede usar la Biblia para determinar la voluntad de Dios, ver com. Eze. 22: 28.
Con mucha frecuencia los hombres se quejan de que es difícil discernir "qué es verdad" en religión. Destacan las muchas diferencias que prevalecen entre los cristianos en asuntos de doctrina, y afirman que no pueden decidir quién tiene la razón. En millares de casos esa supuesta incapacidad para descubrir la verdad se convierte en una excusa para vivir sin ninguna religión.
18.
Gloria.
Gr. dóxa, que aquí significa "honor", "fama", "reputación". Los que se declaran así mismos maestros se enorgullecen de su conocimiento, y buscan la alabanza y la honra de los hombres. El cielo ve con desaprobación el orgullo y el egoísmo (ver Mat. 6: 2, 5, 16). El que exhibe esas características no es un verdadero maestro.
Verdadero.
Gr. al'th's. Cuando se refiere, como en este caso, a personas, significa "genuino", "verdadero", "honrado". Este adjetivo se aplica a Jesús (Mat. 22: 16; Mar. 12: 14; Juan 7: 18) y a Dios (Juan 3: 33; 8: 26; Rom. 3: 4); pero en el NT no se lo usa con relación a seres humanos, con excepción de 2 Cor. 6: 8. Al'th's aquí equivale a "no hay en él maldad" (o iniquidad). El contraste tácito es que los falsos maestros, con una estima exagerada de su propia importancia y méritos, son engañosos, fraudulentos e injustos.
19.
¿No os dio Moisés?
La forma de la pregunta en griego muestra que se espera una respuesta positiva. Todos los oyentes cristianos responderían afirmativamente a esta pregunta. Moisés fue el intermediario mediante el cual la ley de Dios fue entregada a Israel (Lev. 1: 1-2; 4: 1-2; etc.; cf. Juan 1: 17). La gente lo tenía en la más alta estima y profesaba obedecerte con suma fidelidad. "Ley" se usa aquí en un sentido general, aplicada a las instrucciones del Pentateuco.
Ninguno de vosotros.
Jesús está construyendo su argumento sobre la premisa establecida en el vers. 17. En el Pentateuco estaba contenida la voluntad de Dios, pero los judíos no obedecían esa voluntad. Por lo tanto, no podían juzgar si las enseñanzas de Jesús procedían del cielo o no.
Procuráis matarme.
Ver Juan 5: 16, 18; com. Mat. 20: 18. Con demasiada frecuencia, los prejuicios individuales y las opiniones acerca de lo que constituye la obediencia obstaculizan el acatamiento de la voluntad divina. Demasiados se contentan con lo que es meramente externo. Son poquísimos los que se esfuerzan por lograr de Cristo la perfecta justicia.
20.
Demonio.
Comparar con la acusación en Mat. 9: 34; 11: 18.
21.
Una obra.
Es decir, la curación del paralítico en día sábado, en la última visita de Jesús a Jerusalén, 18 meses antes (cap. 5; cf. DTG 413).
22.
Circuncisión.
Ver Lev. 12: 3.
De los padres.
La circuncisión no se había originado con Moisés. Había sido introducida en el tiempo de Abrahán como una señal del pacto (Gén. 17: 10-14; cf. Rom. 4: 11).
En el día de reposo.
De acuerdo con la Mishnah, se permitía que los judíos realizaran en sábado todas las cosas necesarias para la circuncisión (Shabbath 18. 3). El rabí José enseñaba: "La circuncisión es un gran precepto porque está por encima de [la severidad del] sábado" (Mishnah Nedarim 3. 11).
23.
No sea quebrantada.
El rabí Eliezer (c. 90 d.C), cuyo pensamiento tal vez reflejaba de los dirigentes judíos de los días de Cristo, razonaba así: "La circuncisión está por encima del sábado. ¿Por qué? Porque si uno la pospone más allá del tiempo señalado, debido 956 a eso se expone a una extirpación... Si alguien quebranta el sábado debido a uno de sus miembros, ¿no debiera quebrantar el sábado debido a todo su cuerpo [si corre peligro de muerte]?" (Tosefta Shabbath 15. 16).
Sané completamente.
La circuncisión sólo significa una intervención en un miembro del cuerpo. Jesús había curado todo el cuerpo. La siguiente declaración del Talmud data aproximadamente del año 100 d. C., pero quizá refleje un modo de pensar anterior: "Si la circuncisión que atañe a sólo uno de los doscientos cuarenta y ocho miembros del cuerpo humano, deja sin efecto el [mandato del] sábado, ¡cuánto más [la curación] de todo el cuerpo dejará sin efecto el sábado!" (Yoma 85b). Si la vida estaba en peligro, los judíos permitían que se atendiera a los enfermos. Pero si no había un peligro inmediato, se prohibía el tratamiento y se lo posponía (ver com. cap. 5: 16). El caso del paralítico de Betesda entraba en esta última categoría. El doliente había esperado durante 38 años y no habría diferencia si su curación se pospusiera un día más. Por eso, de acuerdo con la tradición de los judíos, Jesús fue declarado culpable. Sin embargo, el razonamiento de ellos era ilógico. Si permitían que la circuncisión estuviera por encima del sábado, con una razón mucho mayor debían permitir que Jesús realizara un acto de curación. Además, permitían que el sábado fuera ignorado repetidas veces, pues durante cada sábado se llevaban a cabo muchos actos de circuncisión, y, sin embargo, estaban condenando a Jesús por "una obra" (cap. 7: 21).
24.
No juzguéis.
Mejor "dejad de juzgar". Es decir, dejad vuestro hábito de juzgar por las apariencias externas.
Las apariencias.
Cf. Deut. 16: 18-20; 1 Sam. 16: 7.
Juzgad con justo juicio.
Tales juicios habrían llevado a la conclusión de que los actos de misericordia, como el que Jesús había realizado en sábado, no eran una violación de la ley del sábado. La ley tradicional judía respecto al sábado contenía numerosas disposiciones mediante las cuales podía ser evadida. Por ejemplo, había leyes restrictivas que prohibían que se llevara cargas en sábado. Sin embargo, si los judíos deseaban trasportar un objeto en ese día, tenían medios para realizar legalmente su propósito. La siguiente declaración de la Mishnah ilustra esa ficción legal: "Si uno carga [una cosa] ya sea con su mano derecha o con su izquierda, en su seno o sobre el hombro, es culpable porque así es como cargaban los hijos de Coat. Pero si la lleva al revés [por ejemplo], con su pie, en su boca, con el codo, en el oído, en el cabello, en su cinturón con la abertura hacia abajo, entre el cinturón y la camisa, en el dobladillo de la camisa, en los zapatos o sandalias, no es culpable porque no [la] ha llevado como la gente [por lo general] carga" (Shabbath 10. 3).
25
De Jerusalén.
Se hace aquí referencia a los residentes de Jerusalén, aparentemente para distinguirlos de las multitudes de Galilea y de otras regiones exteriores de Palestina. ¿No es éste? La forma de la pregunta en griego muestra que se esperaba una respuesta positiva.
26.
No le dicen nada.
Seguramente, era una sorpresa. Jesús hablaba clara y osadamente, y quedaban callados los principales de los judíos. La gente presentaba una posible razón: que una mayor investigación habría llevado a los dirigentes a la conclusión de que Jesús ciertamente era el Mesías.
Reconocido.
El razonamiento de la gente era equivocado. Los dirigentes estaban tan determinados como siempre a destruir a Jesús.
27.
Este.
Conocían bien a los padres terrenales de Jesús. "¿No es éste el hijo del carpintero?", dijeron una vez (Mat. 13: 55). Sin embargo, parecía que ignoraban su nacimiento en Belén (Juan 7: 42).
Cuando venga el Cristo.
En cuanto a que Cristo significa Mesías, ver com. Mat. 1: 1; cf. Juan 7: 41. La declaración "nadie sabrá de dónde sea" no se debe entender como que signifique ignorancia acerca de que el Cristo descendería del linaje de David, pues los judíos estaban familiarizados con esa realidad (Mat. 22: 42). Tampoco implica ignorancia acerca del lugar de nacimiento del Mesías, pues cuando Herodes preguntó a los principales sacerdotes y a los principales escribas dónde debería nacer el Mesías, contestaron: "en Belén de Judea" (Mat. 2: 4-5). Quizá sea una referencia a una creencia popular acerca del Mesías, reflejada en una afirmación de Trifón el judío: "Pero Cristo - -si realmente ha nacido y existe en algún lugar- es desconocido, y él ni siquiera se conoce a sí mismo y no tiene poder hasta que venga Elías a ungirlo y a manifestarlo a todos" (Justino Mártir, Diálogo con Trifón 8).
28.
A mí me conocéis.
Jesús no negaba la realidad acerca de sus antepasados terrenales. 957 Tampoco se detuvo para discutir los puntos de vista teológicos de ellos. Más bien debatió con ellos acerca de su ignorancia con respecto a Dios, y otra vez afirmó que no había venido por su propia autoridad (ver com. vers. 15-16). La gente lo conocía por su forma humana; pero él quería que conocieran también su divinidad y su condición de Hijo de Dios.
Verdadero.
Gr. al'thinós (ver com. cap. 1: 9).
A quien vosotros no conocéis.
Los judíos tenían un concepto muy distorsionado del carácter del Padre celestial. Siglos de empecinamiento y rebelión les había impedido que vieran a Dios como él es realmente, un Padre bondadoso y misericordioso. Pensaban que era cruel y exigente, y, en muchos respectos, no muy diferente de las deidades paganas adoradas por las naciones vecinas. Dios había dispuesto que ese falso concepto se corrigiera mediante Jesús. Al contemplar los hombres a Aquel a quien Dios había enviado, habían de obtener un cuadro de lo que es el Padre (ver com. cap.1: 18). Jesús afirmó: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (cap.14: 9). Al rechazar a Jesús, los judíos rechazaban la revelación que el Padre hacía de sí mismo, y así continuaban ignorándolo.
29.
Yo le conozco.
En cuanto a la estrecha relación que hay entre el Padre y el Hijo, ver com. cap. 1: 1, 18.
30.
Procuraban.
Más bien "comenzaron a procurar".
Aún no había llegado.
Ver com. vers. 6.
31.
La multitud.
A diferencia de los más encumbrados que procuraban matar a Jesús.
Más señales.
"Milagros" (VM). La construcción griega muestra que se espera una respuesta negativa a la pregunta. La siguiente traducción ilustra la fuerza de la construcción: "El no hará más milagros que éste, ¿verdad?" En cuanto a los milagros, ver pp. 198-199.
32.
Fariseos.
Esta secta era especialmente hostil a Jesús, y ahora tomó la iniciativa para que se convocara al sanedrín. En su mayor parte, los principales sacerdotes eran saduceos. En cuanto al sanedrín, ver p. 68.
Murmuraba.
Gr. goggúzÇ . Aquí, indudablemente, denota un debate mesurado y no una queja (ver com. vers. 12).
Alguaciles.
Quizá la policía del templo.
33.
Un poco de tiempo.
Había unos seis meses desde la fiesta de los tabernáculos hasta la pascua de la siguiente primavera (marzo-abril) cuando Jesús fue crucificado. Habían pasado tres años de su ministerio, y sólo quedaba medio año.
34.
Me buscaréis.
Esta es, probablemente, una referencia al juicio futuro, cuando los hombres lamentarán el haber rechazado a Cristo, y buscarán en vano la salvación, porque es demasiado tarde (ver Jer. 8: 20; Amós 8: 11-12; Mat. 7: 21-23; 25: 11-12; Luc. 13: 25-30).
35.
Dispersos.
Gr. diasporá, "dispersión". De este vocablo deriva la palabra "diáspora". Este término se refiere específicamente a los judíos esparcidos por el mundo antiguo después del exilio.
Griegos.
Este término, con frecuencia, se refiere a naciones paganas en general (Rom. 1: 16; 2: 9; etc.). Aquí se tiene en cuenta probablemente a los judíos helenísticos.
36.
¿Qué significa?
Los judíos no podían entender la enigmática declaración. Ni aun Pedro podía captar lo complicado en las aseveraciones de Jesús (cap. 13: 37).
37.
Ultimo y gran día.
Hay diferencia de opiniones en cuanto a si esto se refiere al 7º o al 8º día de la fiesta. Hay alguna duda en cuanto a si la expresión "el último y gran día de la fiesta" podría aplicarse realmente al 8º día. La fiesta duraba siete días (Lev. 23: 34), pero el octavo era una "santa convocación" (Lev. 23: 36). Si la afirmación de Jesús se refiere a la ceremonia de la libación de agua, inmediatamente anterior (ver más adelante; cf. DTG 417), parecería necesario identificar el "último día" como el 7º día, pues en el tiempo de Jesús, indudablemente, la ceremonia sólo se realizaba en los primeros siete días de la fiesta (ver Mishnah Sukkah 4. 1. 9).
Si alguno tiene sed.
Este dicho de Jesús, sin duda, se refiere a la ceremonia de la libación de agua realizada durante los siete días de la fiesta. La Mishnah describe de esta manera la ceremonia: "¿Cómo era la libación de agua? Un frasco de oro, que contenía tres logs (medida hebrea de capacidad de 0. 3 lt), era llenado en el Siloé. Cuando llegaban a la Puerta del Agua, hacían resonar una teki'ah [trompetazo largo], una teru'ah [nota trémula] y otra vez una teki'ah [trompetazo largo]. [Entonces el sacerdote] subía por las gradas [del altar] y se volvía a su izquierda donde había dos tazones de plata... El del oeste era para agua y el del este para vino" (Sukkah 4. 9). De acuerdo con el Talmud (Sukkah 48b), los tres trompetazos se referían a la declaración bíblica: "Sacaréis con gozo aguas de las fuentes 958 de la salvación" (Isa. 12: 3). La ceremonia seguía al holocausto matutino (Tosefta Sukkah 3. 16) y se relacionaba con el ritual dé la libación. Los dos tazones tenían aberturas conectadas con una especie de pasaje subterráneo. El tamaño de las aberturas era tal como para que el agua y el vino se escurrieran aproximadamente al mismo tiempo (Mishnah Sukkah 4. 9); Talmud Sukkah 48b; DTG 413).
Venga a mí.
Durante siete días sucesivos la gente había presenciado la ceremonia de la libación de agua y había participado de las otras actividades de la fiesta, pero había habido poco para satisfacer los anhelos de la vida espiritual. Entre la gente estaba Aquel que era la fuente de la vida, que podía proporcionar las aguas vivas para satisfacer toda verdadera necesidad.
Millares de cristianos pueden testificar de la satisfacción que se encuentra en Cristo. Han hallado en él más de lo que habían esperado. Han gustado de su paz, y sus dudas y temores se han disipado. Han encontrado gracia para hacer frente a su necesidad, y sus fuerzas han correspondido con sus días. Ellos a menudo se desencantaron consigo mismos, pero nunca fueron chasqueados en Cristo.
38.
El que cree en mí.
Es posible alterar la puntuación del texto en el original -como lo han hecho algunos eruditos antiguos- de modo que se una esta cláusula con el verbo "beber" del vers. 37. Entonces el pensamiento sería: "Si alguno tiene sed, venga a mí; el que cree en mí, beba". Si esto refleja la relación que Cristo quiso darle, entonces el adjetivo "su" de la cláusula siguiente se refiere a Cristo, y no al creyente. Sin embargo, la evidencia parece estar en favor de la puntuación seguida en la RVR, la BJ, etc., que es apoyada por los padres griegos. Según esto, "su" se refiere al creyente, el cual se convierte en una fuente de bendiciones espirituales (ver com. "ríos de agua vida"). Los antiguos manuscritos griegos no tenían puntuación; la puntuación que ahora aparece en la Biblia es obra de editores posteriores. Si se buscan ejemplos de puntuación defectuosa, ver com. Luc. 23: 43; cf. com. Juan 4: 35-36.
Como dice la Escritura.
No se sabe con certeza a qué pasaje de las Escrituras se hace referencia aquí. Quizá la frase se refiere al pensamiento anterior o al siguiente. Puede compararse con los siguientes pasajes: Prov. 18: 4; Isa. 12: 3; 44: 3; 55: 1; 58: 11; Eze. 47: 1; Zac. 14: 8.
Su interior.
"Su seno" (BJ). Gr. koilía, "vientre", que aquí se usa metafóricamentre para referirse al ser interior.
Ríos de agua viva.
El que está en comunión viviente con Cristo se convierte en un centro de influencia espiritual. Hay en él un poder de vida que, cuando se vivifica mediante la fe, fluye como un río que lleva vida y refrigerio a otros. El verdadero cristiano que se aferra de una gran verdad que satisface sus propios anhelos, no puede quedar mucho tiempo sin expresarla. Anhela transmitirla a otros que están buscando aguas espirituales. Se forma en su interior un río de aguas que ninguna represa puede detener completamente (ver com. cap. 4: 14).
39.
Del Espíritu.
Este versículo es un paréntesis explicativo que Juan empleó para aclarar el pensamiento precedente y darle énfasis. Juan escribió su Evangelio unos 60 años después del suceso aquí relatado. En ese lapso había visto la obra eficaz del Espíritu Santo en la propagación del Evangelio.
Aún no había venido.
Ver Hech. 1: 4-5, 8; 2: 1-4.
No había sido aún glorificado.
Referencia a la muerte y resurrección de Jesús (cap. 12: 16, 23-24).
40.
El Profeta.
Ver com. Deut. 18: 15; Juan 1: 21. En el pensamiento de los judíos "el profeta" no siempre había sido identificado como el Mesías.
41.
Cristo.
Es decir, el Mesías (ver com. Mat, 1: 1).
¿De Galilea?
Cf. cap. 1: 46. Los argumentos de ellos se basaban en la apariencia externa. Jesús había pasado la mayor parte de su vida allí, y su ministerio mayormente se había limitado a esa provincia. Estaban familiarizados con la profecía de Miq. 5: 2 (ver Juan 7: 42), pero, indudablemente, ignoraban la importancia de Isa. 9: 1-2.
42.
Del linaje de David.
Ver com. 2 Sam. 7: 12-13.
La aldea de Belén.
Ver com. Miq. 5: 2.
De donde era David.
Ver 1 Sam. 16: 1.
43.
Hubo entonces disensión.
Cf. cap. 9: 16; 10: 19
44.
Querían prenderle.
Quizá para entonces algunos de la multitud estaban listos para proceder, o, a lo menos, para ayudar en su tarea a los desconcertados gobernantes; pero nadie le puso las manos encima. Su hora no había llegado todavía (ver com. vers. 6).
45.
No le habéis traído.
Cf. vers. 32. Sin 959 duda, los miembros del sanedrín estaban muy indignados por la derrota de su plan de arrestar a Jesús.
46.
Como este hombre.
Ver com. Mat. 7: 29. Tan sólo podemos formarnos una remota idea cuanto a la manera exacta en que hablaba en público nuestro Señor. La acción y la voz, la expresión y la articulación son cosas que deben ser vistas y oídas para ser apreciadas. No necesitamos dudar de que la modalidad de nuestro Señor era peculiarmente solemne, impresionante e imponente. Quizá era algo muy diferente de la entonación que los judíos daban a la lectura de la ley, y muy diferente de lo que los magistrados y el pueblo estaban acostumbrados a oír todos los días.
47.
¿También vosotros habéis sido engañados?
En griego, el énfasis está en "vosotros". "Vosotros" está además de "multitud" (vers. 40-41). De acuerdo con el relato, los fariseos no preguntaron qué había sido dicho. Ya se habían decidido. En lo que a ellos concernía, Jesús era un engañador de la gente (ver Mat. 27: 63; cf. Juan 7: 12).
48.
Gobernantes.
Es decir, las autoridades, los miembros del sanedrín y quizá otros. Cuando les falta el apoyo de las Escrituras, los hombres procuran suplir la deficiencia empleando la fuerza y el poder de la autoridad. Los que resisten esa autoridad, frecuentemente sellan su testimonio con su sangre. El futuro será testigo de un intento similar hecho por las autoridades civiles para suprimir la verdad (Apoc. 13).
49.
Gente que no sabe.
Antiguamente, los judíos educados se referían despreciativamente al pueblo común llamándolo literalmente" gente del suelo", Heb. 'am ha'árets. Ver p. 57; com. cap. 7: 52.
50.
Nicodemo.
En cuanto a su identidad, ver com. cap. 3: 1. El que buscó a Jesús de noche, ahora habla en su favor a la luz del día. Su declaración fue una respuesta a la pregunta de ellos: "¿Ha creído en él alguno de los gobernantes?" (vers. 48).
51.
Si primero no le oye.
Acerca del principio aquí expresado, ver Deut. 1: 16-17; 17: 2-7, 19: 15. Nicodemo pide un trato justo y equitativo de acuerdo con la ley. Más tarde, cuando Jesús fue arrestado y condenado a muerte, se violaron muchas de las reglas de la jurisprudencia judía (ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26).
52.
¿Eres tú también galileo?
Con esta pregunta los gobernantes procuraron evadir la pregunta de Nicodemo, una pregunta para la cual sólo podía haber una respuesta. Los fariseos, tácitamente, decían que Nicodemo se había unido con los galileos simpatizantes de Jesús. Su celo exclusivista se refleja en su desdén por los judíos de Galilea, que eran menos cultos que ellos (ver com. cap. 7: 49).
Ha levantado.
Esto hace resaltar la confusión de su pensamiento, pues no podrían haber defendido semejante generalización. Se dice de Jonás (2 Rey 14: 25) que era de Gathefer, pueblo de Zabulón, en la baja Galilea (ver t. IV, p. 1019). Quizá Elcos, el lugar del nacimiento del profeta Nahum, también estaba en Galilea (ver com. Nah. 1:1). Contra esa falsa generalización también está el testimonio del rabino Eliezer (c. 90 d. C): "No hubo una tribu de Israel de la cual no provinieran profetas" (Talmud Sukkah 27b).
En la BJ en vez de leerse "se ha levantado", se lee: "No sale ningún profeta". Esta variante permitiría aplicar esta afirmación al futuro. Es decir, no se podría esperar que "saliera" o "se levantara" de Galilea ningún futuro profeta.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DMJ 8
1-15 DTG 411-418
3 - 4 DTG 414
6 DTG 449
6-9 DTG 414
10 DTG 415
11-13 DTG 415
14 DTG 416
15 DTG 50, 416
16 CS 284
16-17 DTG 419
16-36 DTG 419-427
17 CC 113; CE (1949) 53; CE (1967) 63; COES 29; CS 583, 657; DTG 224, 423; FE 125, 307; 2JT 3 10; OE 394; PP 403; PVGM 18; 2T 514; 4T 335; TM 178; 3TS 378
18 DTG 12
18-22 DTG 420
19 TM 72
19-23 TM 73
23-32 DTG 420 960
27-28 TM 73
33-35 DTG 422
37 DTG 417-418; Ed 112; Ev 197; 3JT 378; MC 134; MeM 162; OE 34; 8T 12, 309; 9T 146; Te 94
37-38 CM 346; DTG 417; Ed 79; MC 70; 7T 276
37-39 PP 437
38 Ev 281; HAp 12; 2JT 512; 3JT 86; PR 175
44-48 DTG 423
45-46 PE 160
46 CM 26, 200; COES 52; CW 80; DTG 216, 423; Ed 76; FE 181, 236; 2JT 345; MC 14, 34, 372; PE 160; 5T 433; 6T 248
47-48 DTG 424
51 DTG 647
51-52 TM 376
51-53 DTG 424
53 MC 57; 2T 508
CAPÍTULO 8
1 Cristo perdona a la mujer adúltera. 12 Enseña que él es la luz del mundo, y fundamenta su doctrina. 33 Responde a los judíos que se jactan de ser hijos de Abrahán, 59 y se aparta de ellos para no ser apedreado.
1 Y JESUS se fue al monte de los Olivos.
2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él les enseñaba.
3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndole en medio,
4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.
5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?
6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.
7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.
9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.
10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.
15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.
16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.
19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.
20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
21 Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.
22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se 961 matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?
23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
25 Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.
26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.
27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre.
28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.
29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.
36 Así que, si el Hijo os libertara, seréis verdaderamente libres.
37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.
38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.
39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.
43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.
48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?
49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis.
50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.
51 De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.
52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.
53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?
54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.
55 Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra.
56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
57 Entonces le dijeron los judíos: Aún 962 no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.
1.
Jesús se fue.
[La mujer sorprendida en adulterio, Juan 7: 53 a 8: 11. Ver mapa p. 212; diagrama p. 221.] Toda esta sección (cap. 7: 53 a 8: 11) aparece sólo en uno de los manuscritos unciales antiguos (el códice de Beza del siglo V ó VI), aunque Jerónimo afirma que estaba en una cantidad de manuscritos griegos. La gran mayoría de los antiguos manuscritos latinos no la tienen. El pasaje no se comenta en ninguno de los escritos existentes de los primeros padres de la iglesia. Los primeros comentarios se encuentran en el Occidente después del tiempo de Jerónimo, y no antes del siglo X en el Oriente. Unos pocos manuscritos ubican la narración después de Luc. 21: 38. Estas y algunas otras consideraciones -tales como una supuesta diferencia de estilo- han llevado a los eruditos a la conclusión de que este relato no estuvo en el ejemplar escrito directamente por Juan. Sin embargo, admiten que el relato parece ser auténtico y que está en plena armonía con lo que Jesús hacía y enseñaba. Este Comentario toma la posición de que el relato es auténtico.
Monte de los Olivos.
Ver com. Mat. 21: 1; 26: 30.
2.
Por la mañana.
"De madrugada" (BJ). Esto ocurrió a la mañana siguiente, en el 8º día de la fiesta de los tabernáculos (ver com. cap. 7: 37).
Sentado.
En cuanto a esta posición mientras enseñaba, ver com. Mat. 5: 1.
Enseñaba.
O "se puso a enseñarles" (BJ), como lo había hecho antes (cap. 7: 14).
3.
Le trajeron.
Correspondía que estos casos fueran llevados a los tribunales. Los escribas y fariseos habían tramado un complot para entrampar a Jesús, a fin de asegurar su condenación. Este proceder era despreciable. No se necesitaba hacer semejante exhibición pública del caso ante las multitudes congregadas en el templo. La humillación a que se vieron sometidos posteriormente (vers. 9) fue completamente merecida.
5.
Apedrear.
La ley de Moisés dictaminaba pena de muerte para adulterio cuando estaba implicada una mujer casada, pero no especificaba la forma de la ejecución. Según la Mishnah, en esos casos se mataba por estrangulación (Sanhedrin 11. 1). La ley dictaminaba pena de muerte mediante apedreamiento cuando estaba implicada una mujer comprometida (Deut. 22: 23-24). Esta es también la regla de la Mishnah (Sanhedrin 7. 4. 9). Por lo tanto, parece probable que en este caso se trataba de una mujer comprometida.
Tú, pues, ¿qué dices?
En griego, el pronombre "tú" resalta como enfático. Se puso a Jesús en conflicto con Moisés. A los fariseos les preocupaba más entrampar a Jesús que castigar a la mujer. Creían que cualquiera fuese la respuesta de Jesús, podrían hacerlo caer en condenación. Sin duda, conocían su buena voluntad para perdonar, y quizá esperaban que recomendara lenidad. En este caso, podrían acusarlo de poner de lado la ley. Si aconsejaba que se cumpliera el castigo, podrían acusarlo de que usurpaba la autoridad de Roma, que en ese tiempo se había reservado la determinación de los casos de pena capital.
6.
Tentándole.
Ver com. vers. 5.
Escribía.
Este es el único caso en el que se consigna que Jesús escribía. Se ha escrito mucho acerca de él, pero no se ha preservado nada de lo que él escribió. Los caracteres que escribió sobre el polvo del pavimento pronto fueron borrados por el tránsito en el templo. De acuerdo con la tradición, escribió los pecados de los acusadores (cf. DTG 425). En la Mishnah se hace referencia a la práctica de escribir en la arena (Shabbath 12. 5).
7.
Sin pecado.
Jesús dio a los persistentes inquiridores una respuesta que no esperaban y para la cual no estaban preparados. Ninguno de ellos podía pretender no tener pecados. Quizá ante el tribunal del cielo algunos de ellos eran más culpables que la mujer (cf. DTG 425). Ninguno de ellos aceptó el desafío.
Con esto Jesús no estableció un principio general, según el cual se necesitaría una impecabilidad absoluta como condición necesaria para participar en el castigo de la culpa; esto anularía la ley, pues no se podría encontrar a nadie calificado para cumplir con una ejecución. Aquí se trata de un caso cuando los hombres se erigieron a sí mismos como jueces de alguien a quien no debían condenar 963 a menos que ellos mismos estuvieran sin pecado. Jesús aborrecía el adulterio (ver com. Mat. 5: 27-32), pero también aborrecía el juicio farisaico (ver com. Mat. 7: 1-5).
Primero.
Es decir, el primero del grupo en arrojar una piedra.
En arrojar la piedra.
Según Deut. 17: 7 (cf. cap. 13: 9), los testigos debían ser los primeros en arrojar una piedra sobre el condenado. El procedimiento para apedrear se describe así en la Mishnah: "El lugar del apedreamiento era dos veces la altura de un hombre. Uno de los testigos lo empujaba por las caderas, [de modo que] se lo hacía caer sobre su corazón. Entonces era dado vuelta sobre su espalda. Si esto le ocasionaba la muerte, había cumplido [su deber]; pero si no, el segundo testigo tomaba la piedra y se la arrojaba sobre el pecho. Si así moría, había hecho [su deber]; pero si no, él [el criminal] era apedreado por todo Israel, pues está escrito: La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo [Deut. 17: 7]" (Sanhedrin 6. 4).
8.
Siguió escribiendo.
Ver com. ver. 6.
9.
Acusados.
Habían venido para acusar a la mujer. Se fueron, acusados por su propia conciencia. Abandonaron la escena temiendo sin duda que las faltas secretas de sus vidas, y especialmente su complicidad en este caso (DTG 425), quedarían de manifiesto ante la multitud. Su derrota no podría haber sido más dramática.
10.
Mujer.
Ver com. cap. 2: 4.
11.
Señor.
Gr. kúrios, aquí sencillamente como una expresión de respeto (ver com. cap. 4: 11). Sin embargo, es posible que ella hubiera oído antes de Jesús y supiera algo de lo que él decía ser. De ser así, podría haberlo llamado "señor" con un significado más profundo, en reconocimiento de que era el Hijo de Dios. No intentó defenderse. Tampoco pidió perdón.
No peques más.
Cf. cap. 5: 14. "No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (cap. 3: 17). Hasta la trémula mujer llegaron las palabras de Jesús como palabras de misericordia, en pronunciado contraste con las iracundas palabras de sus acusadores. Jesús le indicó cuál era su mayor necesidad: el abandono inmediato de sus pecados. Su arrepentimiento debía ser honrado y sincero. No sólo debía sentir pesar por su pecado; debía apartarse de él. A la vista de Dios es completamente inútil el arrepentimiento que consiste nada más que en sentimientos, palabras, deseos, esperanzas. Hasta que un hombre no deja de hacer el mal y se aparta de sus pecados, no se ha arrepentido realmente (ver com. Sal. 32: 1, 6; 1 Juan 1: 7, 9).
12.
Yo soy.
[La luz del mundo, Juan 8:12-30.] Ver com. cap. 1: 4-9; 6: 20.
Luz del mundo.
Así como la afirmación de Jesús acerca del agua viva (cap. 7: 37-38) se refería a la ceremonia de la libación de agua de la fiesta de los tabernáculos, así también su afirmación en la que se declaraba como la luz del mundo, sin duda estaba relacionada con la ceremonia de las luces. Esta ceremonia se describe así en la Mishnah: "A la terminación del primer día de la fiesta de los tabernáculos descendían al atrio de las mujeres donde se había efectuado una gran promulgación. Había allí candelabros de oro con cuatro tazones áureos encima de cada uno de ellos y cuatro escaleras [según el Talmud, los candelabros tenían 50 codos de alto: unos 25 m] para cada uno, y cuatro jóvenes tomados del linaje sacerdotal llevaban en sus manos frascos de aceite que contenían ciento veinte logs que derramaban en los tazones.
"De los calzoncillos y cintos gastados de los sacerdotes hacían mechas y con ellas encendían las lámparas; y no había ningún patio en Jerusalén que no estuviera iluminado con la luz del lugar donde se sacaba agua.
"Hombres piadosos y de buenas obras solían danzar delante de ellas, con antorchas encendidas en las manos, entonando cantos y alabanzas. E innumerables levitas con arpas, liras, címbalos y trompetas y otros instrumentos musicales estaban sobre los quince peldaños que descienden del atrio de los israelitas al atrio de las mujeres, correspondientes con los quince cánticos graduales [cf. t. III, p. 631] de los Salmos [Sal. 120-134]. Era allí donde estaban los levitas con sus instrumentos de música y donde cantaban sus cantos" (Sukkah 5. 2-4; cf. DTG 428).
En cuanto al significado de Jesús como "la luz verdadera", ver com. cap. 1: 4; cf. DTG 429-430.
En tinieblas.
En uno de sus comentarios acerca del libro del Exodo, los judíos representan las palabras de la Torah (Ley) como que iluminaban al que estaba ocupado en el estudio de ellas. Acerca del que no se ocupaba en el estudio de esas palabras o las ignoraba, dice el comentario: "El tropieza contra 964 una piedra; después da contra un canal, cae en él, y se golpea el rostro en la tierra. Y todo porque no tiene una lámpara en su mano. Lo mismo sucede con cualquier individuo que no tiene la Torah en él; golpea contra el pecado, tropieza, y muere" (Midrash Rabbah, com. Exo. 27: 20).
En medio de los judíos estaba Aquel que era mayor que la Torah, pues él mismo la había dado. El era la fuente de la luz de la Torah (ver PP 381). Pero los rabinos habían oscurecido aquella luz con sus tradiciones de tal manera, que el que intentaba caminar a la luz de la Torah, como la interpretaban los rabinos, estaba realmente caminando en tinieblas.
Luz de la vida.
Esta frase puede interpretarse como la luz que es vida, o que da vida, o que tiene su fuente en la vida. Jesús no sólo es la luz; también es la vida (cap. 11: 25; 14: 6; ver com. cap. 1: 4). El que lo recibe, recibe vida. "El que tiene al Hijo, tiene la vida" (1 Juan 5: 12). En Jesús "hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG 489). Vino a esta tierra para que los hombres "tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10: 10). "Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo" (1 Juan 5: 11).
13.
Tu testimonio no es verdadero.
Después del caso de Betesda, Jesús mismo presentó los principios a los que aquí recurrían los judíos (cap. 5: 31). La ley de Moisés claramente estipulaba que, en los casos graves, el testimonio de un solo hombre era insuficiente para una acusación (Núm. 35: 30; Deut. 17: 6). El principio aparece también en la Mishnah: "Nadie puede testificar acerca de sí mismo" (Kethuboth 2. 9). "Un individuo no está autorizado [a decir 'santificado'] por sí mismo" (Rosh Hashanah 3. 1).
14.
Mi testimonio es verdadero.
El testimonio que un hombre da de sí mismo no es necesariamente falso. Sería digno de confianza el testimonio de un hombre honrado. Jesús, siendo quien era -un Ser divino- y procediendo de Dios -que no puede mentir (Tito 1: 2)-, naturalmente hablaba la verdad. Pero los discípulos lo estimaron como un hombre cualquiera. No reconocieron su origen divino ni su destino. Además, si se necesitaba un testigo adicional, tenía uno. El Padre que lo había enviado, estaba con él (Juan 8: 16, 18; ver com. cap. 5: 31-39).
15.
Según la carne.
Juzgaban el lado humano de Jesús, sin discernir su divinidad.
Esta expresión aparece también en 1 Cor. 1: 26; 2 Cor. 5: 16. Cf. Juan 7: 24.
Yo no juzgo a nadie.
La obra que Jesús hacía no era de juicio sino de salvación (ver com. cap. 3: 17). Tan sólo al fin de los siglos "juzgará a los vivos y a los muertos" (2 Tim. 4: 1; cf. Hech. 10: 42; 2 Cor. 5: 10).
16.
Mi juicio.
Ver com. vers. 14.
17.
Vuestra ley.
Esta expresión aparece otra vez en cap. 10: 34; y la expresión similar "su ley", en cap. 15: 25. Estos pasajes no significan que Jesús se desligaba de la ley o estaba en contra de ella. No había venido a destruir la ley ni los profetas (Mat. 5: 17). El mismo había entregado los sagrados preceptos a Moisés. Con las palabras "vuestra ley" Jesús se refería a la ley que ellos pretendían exponer, defender y guardar, o a la interpretación tradicional de ella (ver com. Mar. 7: 5-13).
Testimonio de dos hombres.
Ver Deut. 17: 6; 19: 15; cf. Núm. 35: 30.
18.
Doy testimonio.
Ver com. vers. 14.
19.
¿Dónde está tu Padre?
Quizá estas palabras fueron pronunciadas en son de mofa, y con una posible alusión a las circunstancias del nacimiento de Jesús.
Ni a mi Padre.
Jesús rastreó hasta su verdadera causa el hecho de que ignoraran al Padre. Se debía a que habían descuidado el medio por el cual el Padre había elegido para revelarse. El medio estaba a su alcance en ese momento. Jesús estaba revelando ante ellos el carácter y la personalidad del Padre (ver com. cap. 1: 14). Si hubiesen conocido correctamente a Jesús, hubieran conocido a su Padre. Jesús dijo a sus discípulos: "Nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais" (cap. 14: 6-7).
20.
Lugar de las ofrendas.
"El Tesoro" (BJ). En cuanto a la ubicación del "tesoro" donde Jesús enseñaba, ver com. Mar. 12: 41. Quizá Jesús estaba en el atrio de las mujeres, porque el relato señala la presencia de éstas (Mar. 12: 41). Ver Josefo, Guerra v. 5. 2.
No había llegado.
Ver com. vers. 6.
21.
Me buscaréis.
Ver com. cap. 7: 34.
En vuestro pecado moriréis.
Muchos de los oyentes de Jesús lo buscarían demasiado tarde al descubrir, también demasiado tarde, que él era el Mesías a quien deberían haber recibido mientras habían tenido la oportunidad de hacerlo. Pero la puerta de la misericordia estaría cerrada para ellos. Buscarían en vano. El resultado sería que perecerían en sus pecados, sin perdón (ver com. Jer. 8: 20). 965
22.
¿Se matará a sí mismo?
La forma de la pregunta en griego indica que se esperaba una respuesta negativa. Lo que se sugiere es muy diferente del cap. 7: 35. Algunos han conjeturado que los judíos hacían referencia al "más oscuro lugar del Hades" en el cual van a parar los suicidas, según Josefo (Guerra iii. 8. 5). Ese lugar sería inaccesible para los vivientes.
La pregunta de ellos no era del todo desacertada. Jesús moriría, y su muerte lo colocaría más allá del alcance de ellos. Pero iría al cielo, un lugar al que nunca llegarían ellos debido a su impenitencia, y no al Hades, como ellos habían tratado de insinuar. La pregunta de ellos del cap. 7: 35 también era vagamente profético. Después de la muerte de Cristo, sus emisarios habían de ir a los judíos dispersos entre los gentiles, y también debían enseñar a los gentiles (Hech. 1: 8).
23.
De abajo.
Ver com. cap. 3: 31. El contraste se establece entre este mundo actual y el cielo (cf. Col. 3: 1). Ellos procedían de este mundo inferior. Por lo tanto estaban influidos por consideraciones que emanaban de lo terrenal, sensual, superficial y transitorio. Jesús provenía del cielo como Redentor del hombre, el largo tiempo esperado Mesías. Jesús procuraba hacerles comprender este gran hecho.
24.
Moriréis en vuestros pecados.
La salvación de los judíos dependía de que aceptaran al Libertador a quien Dios había enviado. En ningún otro hay salvación (Hech. 4: 12). Al rechazar al Salvador quedaron sin excusa por sus pecados (Juan 15: 22).
Yo soy.
Gr. egÇ eimí. Varias veces se repite esta expresión (vers. 28, 58; cap. 13: 19). En la LXX egÇ eimí representa el Heb. 'ani hu', literalmente "Yo soy él" (Deut. 32: 39; Isa. 43: 10). Comparar con la expresión "YO SOY EL QUE SOY" (Gr. egÇ eimí ho on) (Exo. 3: 14). Puede haber sido una alusión directa a Isa. 43: 10, donde las palabras son llamativamente similares a las de este pasaje: "para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy" (ver com. Juan 6: 20).
25.
¿Tú quién eres?
Literalmente "tú, ¿quién eres tú?" Había cierta vaguedad en la declaración de Jesús, por lo que esta pregunta quizá tenía el propósito de que dijera algo que pudiera servir de base para una acusación formal. Pero Jesús eludió dar una respuesta definida a la pregunta.
Desde el principio.
Gr. t'n arj'n. Se ha debatido mucho acerca de la traducción de esta frase, pero en su conjunto la traducción que aparece en la RVR, la VM, etc., parece preferible y se puede defender. Otros sugieren la traducción: "En primer lugar" o "en esencia" (BJ). Sin embargo, el contexto favorece la traducción "desde el principio". En esencia, dijo Jesús: "Os he estado informando acerca de esto todo el tiempo".
26.
Muchas cosas tengo.
La primera parte de este versículo podría traducirse así: "Mucho podría hablar y condenar en vosotros" (BJ). Esta traducción proporciona una explicación mejor para la conjunción adversativo "pero" que la traducción común.
De vosotros.
Literalmente "acerca de vosotros".
El que me envió.
Cf. vers. 16; cf. cap. 12: 49; ver com. cap. 3: 17.
27.
No entendieron.
Debido a que sus pensamientos estaban oscurecidos espiritualmente (ver com. Ose. 4: 6).
28.
Levantado.
Aquí la referencia es a la crucifixión, aunque la palabra traducida "levantado" también se usa para el ensalzamiento de Cristo a la diestra del Padre (Hech. 2: 33; ver com. Juan 3: 14; cf. Juan 12: 32). Esta afirmación era enigmática para los judíos, aunque, evidentemente, algunos de los presentes la entendieron después de la crucifixión. Es significativo que el vergonzoso levantamiento en la cruz fuera el preludio del verdadero ensalzamiento de Cristo (Fil. 2: 9).
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
Entonces conoceréis.
Los acontecimientos relacionados con la crucifixión y la resurrección demostraron que Jesús era todo lo que afirmaba ser. La destrucción de Jerusalén confirmó la profecía de Jesús.
Yo soy.
Ver com. vers. 24.
29.
No me ha dejado.
Otra vez Jesús hace resaltar su unión con el Padre (cf. cap. 17: 21). Siempre había cooperado con el Padre en el propósito de Dios y en el plan divino, y siempre había hecho lo que agradaba al Eterno. Nunca fue dejado solo. El Padre había testificado de su complacencia en el Hijo (Mat. 3: 17).
30.
Creyeron.
Mejor "comenzaron a creer", o "llegaron a creer".
31.
Dijo entonces Jesús.
[El debate acerca de descender de Abrahán, Juan 8:31 - 59.]
En él.
Literalmente "a él" (Gr. autÇ). En cambio las palabras del vers. 30 "en él", traducen literalmente el Gr. eis autón. Es posible 966 que se haya querido hacer una distinción entre el grupo mencionado en el vers. 30 y el mencionado aquí. Hay una diferencia entre creer en un hombre y creer a un hombre (ver com. cap. 1: 12; cf. cap. 3: 16). En el segundo caso, uno meramente puede creer que ciertas cosas que él dice son verdaderas. Si la distinción es válida, el cambio de actitud de los "creyentes", que es evidente en el resto del capítulo, se explica más fácilmente.
Permaneciereis.
Gr. ménÇ. La misma palabra también se traduce como "permanecer" en el cap. 15: 4-7. Continuar en la doctrina de Jesús es una evidencia de la sinceridad de la profesión de fe original en Jesús.
Verdaderamente.
Gr. alethÇs, que se ha traducido también como "verdaderamente" en otros pasajes (Mat. 26: 73; 27: 54; 1 Juan 2: 5), y como "en verdad" (Luc. 9: 27). La paciente perseverancia en la palabra ante las pruebas y la oposición es la señal del verdadero discipulado. Jesús exhortaba a los que habían depositado su fe en él a que permanecieran firmes. Había el peligro de que muchos de ellos fueran como los oyentes junto al camino o los de los pedregales (ver com. Mat. 13: 4-5).
32.
Verdad Palabra frecuente en Juan.
En su significado básico, verdad es lo que corresponde con la realidad. Como en este caso, Juan con frecuencia usa la palabra en un sentido más amplio para indicar lo que es verdadero en las cosas que atañen a Dios y a los deberes del hombre, o, en un sentido más restringido, las realidades enseñadas en la religión cristiana acerca de Dios y la ejecución de los propósitos divinos mediante Cristo. Esta revelación había sido dada por Jesús (cap. 1: 17). En realidad, él era "la verdad" (cap. 14: 6). Estaba "lleno de gracia y de verdad" (cap. 1: 14). Estas realidades concernientes a la religión cristiana también son reveladas por el Espíritu, el cual en sí mismo es verdad (1 Juan 5: 6; cf. Juan 14: 17, 26) y por la Palabra (Juan 17: 17; ver com. cap. 1: 14).
Os hará libres.
Las gloriosas verdades del Evangelio habían sido anticipadas en los escritos de Moisés y los profetas. Pablo describe la era del AT como una era de "gloria", y advierte que la nueva era la sobrepujará grandemente (2 Cor. 3: 9). Pero muchas de las verdades concernientes a la religión de Jehová habían sido oscurecidas por las innovaciones de los judíos. La mente del pueblo estaba cegada, y un velo cubría su corazón cuando leía el AT (2 Cor. 3: 14-15). Estaban atados por las pesadas tradiciones de los ancianos (Mat. 23: 4; ver com. Mar. 7: 1-13) y por sus pecados (Rom. 2: 17-24; cf. Rom. 6: 14; Gál. 4: 21). Jesús vino para libertarlos. Declaró que su ministerio era "pregonar libertad a los cautivos" (Luc. 4: 18) y prometió libertad a los que aceptaban la verdad (cf. 2 Cor. 3: 17; Gál. 5: 1).
33.
Linaje de Abraham.
En cuanto a la jactancia de los judíos por ser descendientes de Abrahán, ver com. Mat. 3: 9; Juan 3: 3-4.
Jamás hemos sido esclavos.
Esta era una falsedad si se hace referencia a esclavitud literal. Egipto les había sido "casa de servidumbre" (Exo. 20: 2). El período de los jueces se había caracterizado por repetidas opresiones bajo el dominio de extranjeros. Posteriormente, la nación había sido humillada por los asirios y babilonios. Sin embargo, es posible que los judíos se refirieran a la libertad espiritual del alma, de la cual aquí, sin duda, se jactaban que nunca habían perdido. Esto puede reflejarse en una afirmación de Eleazar, caudillo de un grupo de judíos que se resistió contra los romanos después de la caída de Jerusalén: "Desde hace mucho, mis bravos varones, nos determinamos a no servir a los romanos ni a nadie sino a Dios, porque él es el único verdadero y justo Señor del hombre" (Josefo, Guerra vii. 8. 6).
34.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Hace pecado.
Es decir -según el texto griego-, habitualmente (ver com. 1 Juan 3: 9).
Esclavo.
Gr. dóulos, "esclavo". En la Biblia, los doúloi frecuentemente contrastan con los libres (1 Cor. 12: 13; Gál. 3: 28; Efe. 6: 8; Col. 3: 11; Apoc. 19: 18). Onésimo, el esclavo prófugo, es llamado dóulos, y Pablo recomienda que ya no se lo trate como a un dóulos (File. 16). En Juan 8: 33, la expresión "hemos sido esclavos" deriva del verbo douléuÇ que significa lo mismo que el sustantivo dóulos. En el texto griego se ve claramente la relación entre los vers. 33-34. Los judíos dijeron: "jamás hemos sido esclavos". Jesús les replicó: "Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado".
Pablo también emplea la figura de la esclavitud al pecado (Rom. 6: 16-20).
35.
El esclavo.
La posesión del esclavo no es permanente. En cualquier momento puede desagradar a su amo y ser expulsado. No pasa así con el hijo. La sangre de su amo corre por sus venas. Es el heredero y permanece en casa mientras viva. Los judíos se jactaban 967 de ser descendientes de Abrahán (ver com. vers. 33). Pero Abrahán tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la libre (ver la alegoría de Gál. 4). Los judíos eran esclavos (ver com. Juan 8:34), y, por lo tanto, estaban en peligro de ser rechazados. Pero el Hijo podía emanciparlos cambiándoles su condición (ver com. cap. 3: 3-4; 8: 36).
36.
Verdaderamente libres.
Los judíos se consideraban a sí mismos como hijos libres de Abrahán y se jactaban de su libertad (ver com. vers. 33). No estaban dispuestos a reconocer su esclavitud, ya fuera literal o espiritual. Pero su decantada libertad era espuria. Jesús había venido para ofrecerles libertad genuina (Rom. 8: 2; 2 Con 3: 17; Gál. 5: 1). Sólo es libre el que es libertado del pecado. Los que desean esa libertad deben recurrir al Señor Jesucristo, y deben cumplir con las condiciones. Cristo se deleita en su misión peculiar de Libertador de todos los que lo aceptan. Sólo mediante la libertad espiritual podía la nación alcanzar la libertad política que tan ardientemente deseaba (ver t. IV, pp. 32-34).
37.
Descendientes de Abraham.
No podía negarse que éste era un hecho literal (cf. vers. 33).
Matarme.
Cf. cap. 7: 1, 19, 25; etc. El hecho de que los judíos tramaran un asesinato era una prueba de que eran esclavos del pecado (ver com. Juan 8: 34; cf. Rom. 6: 16).
Mi palabra no halla cabida.
Comparar con la frase "permanecierais en mi palabra" (vers. 31). Los judíos no estaban dispuestos a aceptar el mensaje de Jesús, un mensaje que los habría liberado de la esclavitud del pecado (ver com. vers. 32).
38.
Cerca del Padre.
"Mi Padre" (BJ). En cuanto a la estrecha relación de Cristo con el Padre, ver com. cap. 1: 1; 5: 19.
Hacéis.
Es decir, habitualmente, de acuerdo con el texto griego. Es natural que los hijos reflejen las características de sus padres y obedezcan sus órdenes.
Vuestro padre.
Posteriormente, Jesús lo identifica con el diablo (vers. 44), la verdadera antítesis del Padre de amor infinito.
39.
Nuestro padre es Abraham.
Ya habían afirmado esto (ver com. vers. 33). Tal vez habían comprendido lo que Jesús quiso decir en su afirmación del vers. 38, y esperaban contrarrestarlo. Jesús procedió a mostrarles que no era una ventaja ser meramente descendientes literales del patriarca. Dios da valor a las cualidades del carácter. Comparar con el razonamiento de Pablo en Rom. 2: 28-29; 9: 6-7.
Obras de Abraham.
Literalmente, los judíos eran descendientes de Abrahán, pero no eran hijos espirituales. Un verdadero hijo lleva la impronta moral del padre. La Mishnah describe a los discípulos de Abrahán de esta manera: "Los discípulos de Abrahán, nuestro padre, [poseen] un buen ojo, un espíritu humilde y un alma sumisa" (Aboth 5. 19).
40.
Matarme.
Cf. vers. 37; cap. 7: 1, 25.
Hombre.
Gr. ánthropos, que aquí se usa en el sentido genérico de personas.
Verdad.
Ver com. vers. 32. El único "crimen" de Jesús era que había venido a presentar la verdad que había recibido de Dios.
No hizo esto Abraham.
Abrahán estaba dispuesto a obedecer la voz divina. Cuando se le pidió que dejara su parentela y la casa de su padre, "obedeció . . . y salió sin saber a dónde iba" (Heb. 11: S; cf. Gén. 12: 1). Al caminar siempre con fe, se ganó el título de "padre de todos los creyentes" (Rom. 4: 11). Cuando Cristo visitó a Abrahán en el encinar de Mamre, Abrahán no lo trató mal, sino que lo recibió como a un huésped distinguido (Gén. 18: 1-5).
41.
Vuestro padre.
Jesús ya había informado a los judíos que su Padre no era el padre de ellos (vers. 38), pero todavía no había identificado al padre de ellos como el diablo (vers. 44). Quizá vieron lo que decía tácitamente, y se apresuraron a negarlo.
De fornicación.
Este es sin duda un vituperio debido a las circunstancias en que se suponía que nació Jesús. Se pretendía que era hijo de fornicación.
Dios.
Si Jesús se refería a una ascendencia espiritual, entonces los judíos pretendían tenerla tanto como Jesús. No era nueva la idea de que Dios era el padre de Israel (Deut 32: 6; Isa. 64: 8; etc.).
42.
Si vuestro padre fuese Dios.
Es evidente que los judíos no eran los hijos de Dios. Si lo hubieran sido, habrían aceptado a Aquel a quien Dios había enviado. Se afirma este principio en 1 Juan 5: 1-2.
De mí mismo.
Este es un tema frecuentemente repetido en el Evangelio de Juan. Jesús niega que hubiera ambición personal alguna de su parte (ver cap. 7: 16, 18; etc.).
43.
Porque no podéis escuchar.
Quizá con el sentido de "no podéis sufrir mi palabra" (Straubinger), o "no estáis en disposición de oír mis palabras" (BC). El resultado fue incomprensión 968 comprensión y tergiversación de las palabras de Jesús. Si hubieran sido verdaderos hijos del Padre celestial, habrían entendido el lenguaje de lo alto.
44.
El diablo.
Literalmente "el calumniador" (ver com. Mat. 4: 1).
Deseos.
Gr. epithumía, "deseo", ya sea bueno (Luc. 22: 15; Fil. 1: 23), o, con más frecuencia, malo (Rom. 1: 24; 6: 12; 7: 7-8; etc.). Con epithumía se relaciona el verbo epithuméõ que corresponde con el "codiciarás" del décimo mandamiento, tal como lo cita Pablo en Rom. 7: 7; 13: 9. Los "deseos de vuestro padre" son los malos deseos que lo caracterizan, o los deseos que él instila en los que le obedecen.
Queréis hacer.
O "queréis cumplir" (BJ).
Desde el principio.
Con frecuencia, se ha considerado que es una alusión al primer asesinato registrado, el de Abel (Gén. 4: 1-8). Pero el espíritu de homicidio se remonta al origen del pecado. Con su rebelión, Lucifer atrajo la sentencia de muerte sobre sí mismo y sobre los ángeles que se le unieron en su rebelión (2 Ped. 2: 4). Cuando indujo a nuestros primeros padres a que pecaran, atrajo la sentencia de muerte sobre ellos y sobre toda la familia humana (Rom. 5: 12). El deseo de los judíos de matar a Jesús demostraba su estrecha afinidad con el gran asesino.
No ha permanecido.
Referencia a la caída original de Lucifer (Jud. 6; 2 Ped. 2: 4; ver com. Isa. 14: 12-14; Eze. 28: 12 - 14).
En la verdad.
En cuanto a una definición de la verdad, ver com. vers. 32.
No hay verdad.
Es decir, veracidad. La verdad y Satanás no tienen nada en común.
De suyo.
Más literalmente, "dice lo que le sale de dentro" (BJ); es decir, de su naturaleza íntima. Miente por naturaleza. Por el otro lado, Jesús no hablaba de sí mismo sino de la verdad que había oído de su Padre (vers. 38).
Es mentiroso.
Su carrera de mentiras comenzó en el cielo, donde primero tergiversó el carácter y los propósitos de Dios ante los ángeles. Con sus insinuaciones y mentiras en el huerto del Edén provocó la caída de nuestros primeros padres (ver com. Gén. 3: 4).
El Talmud (Sanhedrin 89b) registra la leyenda de que antes del sacrificio de Isaac, Satanás trató de instilar dudas en la mente de Abrahán en cuanto a Dios, y que Abrahán lo rechazó con las palabras: "Es el castigo de un mentiroso que aun cuando diga la verdad, no se le escucha".
Padre de mentira.
Según el texto griego, esto podría significar padre del mentiroso o el padre de la mentira. En ambos casos se presenta correctamente al gran originador de las falsedades. Como mentiroso, Satanás fue expulsado del cielo y nunca podrá morar otra vez allí. Tampoco sus hijos, pues "los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira" (Apoc. 22: 15).
45.
Porque.
Jesús se está presentando como un contraste, haciendo resaltar enfáticamente el hecho de que él dice la verdad y Satanás es mentiroso. Los judíos ávidamente creyeron las mentiras fraguadas por el gran engañador. Fue él quien les había sugerido falsos conceptos en cuanto al Mesías (ver com. Luc. 4: 19). Los aceptaron fácilmente porque esas falsas ideas halagaban sus ambiciones personales. La verdad que Jesús les presentaba no era atrayente para su corazón inclinado a pecar, de modo que la rechazaron (cf. Juan 3: 19).
46.
Me redarguye.
Gr. elégjo, "acusar", "reprobar", aquí en el primer sentido. " ¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador ? " (BJ). Este verbo se ha traducido como "acusados" en el vers. 9, y también podría traducirse así en cap. 16: 8, donde en la RVR la traducción es "convencerá" (ver allí el comentario). Jesús recurrió a su vida impecable, que bien conocían los judíos. El mismo había dado testimonio de su completa conformidad con la voluntad del Padre (cap. 8: 29). A pesar del continuo espionaje de los dirigentes religiosos, no habían detectado una sola mancha de pecado. Su silencio en esta ocasión confirmó el testimonio de Jesús. Ya que reconocían tácitamente la pureza de la vida de Jesús, quedaba de manifiesto lo irracional de la conducta de ellos.
La absoluta impecabilidad de Jesús resalta varias veces (2 Cor. 5: 21; Heb. 4: 15; 7: 26; 1 Ped. 1: 19; 2: 22; 1 Juan 3: 5).
47.
De Dios.
Cf. Juan1: 13; 1 Juan 3: 10; 4: 6.
Oye.
La inclinación a prestar atención a la Palabra de Dios es el verdadero indicador de la condición del corazón. Alguien ha hecho notar: "No hay una característica más segura de una naturaleza no santificada que el disgusto por la Palabra de Dios".
48.
¿No decimos bien?
Es decir "¿no decimos, con razón?" (BJ).
Samaritano.
En cuanto a los sentimientos de los judíos para con los samaritanos, ver cap. 4: 9. 969
Demonio.
Una vieja acusación (Mat. 12: 24; Juan 7: 20; 10: 20).
49.
Yo no tengo demonio.
Jesús no hizo caso de la acusación: "Tú eres samaritano", quizá porque no valía la pena prestarle atención. En realidad, no era una deshonra ser samaritano, pues Dios "no hace acepción de personas" (Rom. 2: 11). "No hay judío ni griego" (Gál. 3: 28), "sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hech. 10: 35). Por medio de una parábola, posteriormente Jesús presentó a un samaritano como un prototipo de amor al prójimo (Luc. 10: 33-37). También hizo notar que de los diez leprosos que fueron limpiados, el único que volvió a dar gracias era samaritano (Luc. 17: 16; ver com. Mat. 12: 22-30).
Jesús negó la acusación de que tenía demonio. Dijo a los litigiosos judíos que más bien honraba a su Padre, mientras que ellos, por su parte, lo denigraban.
50.
Mi gloria.
Cf. cap. 5: 41; 7: 18; 8: 54.
Hay quien la busca.
Es decir, Dios. El es quien procura honrar al Hijo (vers. 54).
Juzga.
El Padre es quien juzgará en este conflicto. Vindicará a su Hijo y condenará a sus adversarios.
53.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Nunca verá muerte.
El pensamiento de este versículo sin duda está relacionado con el del precedente. Jesús había introducido el tema del juicio que hace su Padre. En ese juicio se concederá vida eterna a los que perseveren en el mensaje de Cristo. La muerte a la que se hace referencia aquí no es la muerte física, que sobreviene tanto a justos como a impíos, sino la muerte segunda, que finalmente aniquilará a los impíos (Apoc. 20: 6, 14-15). Lo opuesto de la segunda muerte es vida eterna (Juan 3: 16), que en las Escrituras se dice que es dada al creyente en el momento en que acepta a su Señor (1 Juan 3: 14; 5: 11-12; cf. DTG 352). Esta dádiva que se da al vencedor nunca se pierde. La descomposición física que se produce con la muerte y el estado de inconsciencia entre la muerte y la resurrección no lo priva de esa dádiva. Su vida continúa "escondida con Cristo en Dios" (Col. 3: 3) para convertirse en inmortalidad gloriosa en la mañana de la resurrección.
52.
Ahora conocemos.
Creían que tenían una prueba convincente de que Jesús estaba bajo el control de un demonio (ver com. Mat. 12: 24).
Abraham murió.
Una tradición judía posterior nombraba a nueve que entraron en el paraíso sin ver la muerte, pero Abrahán no estaba en la lista. Sin embargo, los judíos entendieron mal la afirmación de Jesús. Pensaban que Jesús hablaba de la muerte física cuando dijo "nunca verá muerte" (vers. 51). Ciertamente Abrahán debería haber sido preservado de los estragos de la muerte, pues Jesús mismo había testificado de su rectitud (vers. 39-40).
Nunca sufrirá muerte.
Una figura de dicción común (Mat. 16: 28; Heb. 2: 9). Su significado esencial no es diferente del de la expresión: "verá muerte" (Juan 8: 51), otra figura empleada por Jesús. Por lo tanto, los judíos en realidad no estaban tergiversando las palabras de Jesús como podría parecer.
53.
¿Eres tú acaso mayor?
La construcción en griego indica que se espera una respuesta negativa. Probablemente, sospechaban que Jesús presentaría la pretensión de que era el Mesías (cf. cap. 5: 18). En una, tradición posterior, los judíos no se oponían al pensamiento de que el Mesías fuera mayor que Abrahán (Midrash Sal. 18, sec. 29), y una objeción tal podría no haber existido. Sin embargo, no estaban dispuestos a conceder que Jesús fuera el verdadero Mesías. El no cumplía con lo que esperaban acerca del papel del Mesías. Comparar con la pregunta de la mujer samaritana: "¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob?" (cap. 4: 12).
54.
Glorifico a mí mismo.
Los judíos habían preguntado: "¿Quién te haces a ti mismo?" La pregunta decía tácitamente que a Jesús le faltaba base para sus pretensiones. Sin embargo, repetidas veces había negado que hubiera venido por sí mismo (cap. 7: 28; 8: 28, 38, 42, 50), y una vez más ahora asegura que su gloria provenía de su Padre.
El que vosotros decís.
Cf. vers. 41.
55.
No le conocéis.
Si hubiesen conocido a Dios, hubieran guardado sus mandamientos (1 Juan 2: 4). Hubieran aceptado a Jesús pues él venía de Dios (Juan 8: 42).
Yo le conozco.
Ver com. cap.1: 18; cf. cap. 8: 42.
Mentiroso como vosotros.
Profesaban conocer a Dios, y, sin embargo, lo negaban con sus hechos (cf. 1 Juan 2: 4).
56.
Ver mi día.
Una antigua tradición judía en relación con el caso registrado en Gén. 15: 9-21, enseñaba que Abrahán recibió una revelación del futuro. El libro apócrifo 4 Esdras 970 contiene lo siguiente: "Elegiste para ti uno entre aquellos cuyo nombre era Abrahán; a él lo amaste, y sólo a él le revelaste el fin de los tiempos secretamente por la noche" (3: 14, ed. R. H. Charles).
Lo vio, y se gozó.
Los judíos se resintieron porque Jesús se aplicara a sí mismo la visión de Abrahán acerca del futuro. Abrahán anhelaba fervientemente ver al Salvador prometido, y se regocijó cuando le fue dada la revelación. Por el contrario, los judíos que en realidad tuvieron el privilegio de ver los días del Mesías, estaban turbados y enojados.
57.
Cincuenta años.
Según Núm. 4: 3, los hijos de Coat debían prestar su servicio entre las edades de 30 y 50 años. Por lo tanto, en un sentido, la edad de 50 años era la edad de su jubilación. Más allá de ella, cesaba el servicio obligatorio, pero podían ayudar en el tabernáculo de acuerdo con sus capacidades (Núm. 8: 25-26). Sin duda, los judíos hablaban en números redondos. En realidad, Jesús sólo tenía unos 33 años (ver p. 233; com. Luc. 3: 23).
58.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18. La declaración siguiente era solemnísima y estaba impregnada de significado eterno.
Antes que Abraham fuese.
"Antes que naciese Abrahán" (BJ, 1966). El verbo es gínomai ("aparecer", "llegar a ser") como en el cap. 1: 6, y no eimí ("ser") como aparece posteriormente en este versículo (ver com. cap. 1: 1). La misma combinación de verbos aparece en la LXX (Sal. 90: 2). "Antes que naciesen ["aparecieron", gínomai] los montes . . . desde el siglo y hasta el siglo, tú eres [eimí] Dios" (ver com. Juan 1: 1).
Yo soy.
Gr. ego eimí, que aquí se usa en su sentido absoluto y que fue entendido por los judíos como una afirmación de su divinidad (ver com. vers. 24). En el t. I, pp. 179-182, hay un estudio de los títulos de la Deidad.
59.
Tomaron entonces piedras.
Si se preguntara de dónde pudieron conseguir piedras en el templo, se podría responder que el templo de Herodes todavía estaba en construcción. Unos pocos meses más tarde los judíos intentaron otra vez apedrear a Jesús por haber proclamado su divinidad (cap. 10: 30-33).
Se fue.
Su hora todavía no había llegado (ver com. cap. 7: 6).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 MC 57; 2T 508
1-5 DTG 424
1-11 DTG 424-427
4-5 MC 57
6-11 DTG 425
7 DTG 426; MC 58; OE 509; 3T 105; 4F 238, 326; 5T 35, 53 10-11 MC 58
11 3JT 364; MC 59; MM 28; 7T 96
12 CM 26, 394; CMC 149; COES 197; CS 358, 529; DTG 428-430; FE 47, 128; 1JT 157; MC 326; MJ 61, 167; MM 203; NB 43-44; OE 38; PP 383; IT 31; 4T 190, 231; 9T 141; TM 177, 214, 337
12-59 DTG 428-441
25 DTG 430
28 DTG 12
28-29 DTG 431; MC 389
29 CS 523; DMJ 19; DTG 433, 636; MC
332; MeM 76; PP 389; 8T 289
31 5T 433
31-34 DTG 431
32 DTG 223; 3JT 254; 8T 152 33 PVGM 212
36-40 DTG 431
39 PP 149
39-40 PVGM 212
41-42 DTG 432
44 CS 556; DTG 688; Ev 433-434; 2JT 33; MJ 427; PE 90, 228, 264; PP 349; TM 371
44-46 DTG 433
46 DTG 254
47 DTG 433; 5T 433, 694, 696
48 DMJ 26; PVGM 314
50 DTG 12
51-52 DTG 731
56 DTG 434; PP 150; PR 503
57-58 DTG 435
59 DTG 436; PE 158 971
CAPÍTULO 9
1 Jesús devuelve la vista a un hombre que nació ciego, 13 y este es llevado ante los fariseos, quienes se ofenden por este milagro y expulsan al hombre de la sinagoga; 35 pero Jesús lo acoge, y el hombre lo acepta. 39 A quienes ilumina Jesús.
1 AL PASAR Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los Ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
14 Y era día de reposo* cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.
15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.*Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.
23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos.
29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no 972 sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos.
31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.
32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.
33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.
38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?
41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
1.
Al pasar Jesús.
[El ciego de nacimiento, Juan 9: 1-41. Ver mapa p. 212; diagrama p. 221; en cuanto a los milagros, pp. 198-203.] Respecto al marco cronológico de este suceso, ver com. Mat. 19: 1. El milagro de curación acaeció en un día sábado (Juan 9: 14), quizá el sábado después de la fiesta de los tabernáculos, con la cual se relacionan los sucesos de los cap. 7 y 8 (ver com. cap. 7: 2; 8: 2). Sin embargo, es posible que hubieran pasado varios meses entre el sermón del cap. 8 y el milagro. De ser así, este hecho tuvo lugar durante la visita de Jesús a Jerusalén, con motivo de la dedicación, unos pocos meses más tarde (ver com. cap. 10: 22).
Ciego de nacimiento.
En el Cercano Oriente, la ceguera todavía es común, y se debe a diversas causas, especialmente a la tracoma. Entre los milagros mencionados en los Evangelios, éste es el único del que se destaca que el mal había existido de nacimiento.
2.
¿Quién pecó?
Los judíos enseñaban que los sufrimientos de esta vida eran castigos divinos por los pecados. De acuerdo con el Talmud: "No hay muerte sin pecado, y no hay sufrimiento sin iniquidad" (Shabbath 55a). "Un enfermo no sana de su enfermedad hasta que no le hayan sido perdonados todos sus pecados" (Nedarim 41 a). Los rabinos también enseñaban que Dios se encargaba de que el pecado fuera castigado de acuerdo con la regla: medida por medida. De esta regla se dan varios ejemplos en la Mishnah: "En la medida con que un hombre mide, él es medido a su vez". "Sansón fue en pos [del deseo] de sus Ojos; por lo tanto, los filisteos le sacaron los Ojos . . . Absalón se gloriaba de su cabello; por eso fue colgado de su cabello. Y debido a que cohabitó con las diez concubinas de su padre, fue atravesado con diez lanzas . . . Y debido a que robó tres corazones, el corazón de su padre, el corazón del tribunal de justicia y el corazón de Israel . . . por lo tanto tres dardos lo traspasaron" (Sotah 1. 7-8).
Los judíos sostenían que cada pecado acarreaba su castigo peculiar y creían que era posible determinar -por lo menos en ciertos casos- la culpa de un hombre por la naturaleza de su sufrimiento. Después de la destrucción del templo y el fin del sanedrín, y cuando concluyó la matanza de judíos, el rabí José enseñaba que Dios castigaba con calamidades naturales a los que merecían la muerte. "El que hubiera sido sentenciado a apedreamiento, o bien se cae del tejado, o una bestia salvaje lo pisotea. El que hubiera sido sentenciado a la hoguera, o bien cae en el fuego, o es víctima de una serpiente. El que hubiera sido sentenciado a la decapitación, es entregado a las autoridades, o lo asaltan los ladrones. El que hubiera sido sentenciado a estrangulamiento, o se ahoga en un río, o muere asfixiado" (Talmud Kethuboth 30a, 30b).
Aunque estas declaraciones son de una fecha posterior a los días de Jesús, reflejan, sin duda, el pensamiento de los judíos en su tiempo. Esto es evidente por la pregunta de los discípulos en esta ocasión; también por la pregunta de Jesús sobre este tema en Luc. 13: 2, 4.
Debiera tenerse en cuenta que, aunque esto representa la opinión de una mayoría abrumadora, los judíos aceptaban la existencia de lo que llamaban "el castigo de amor". Creían que, en ese caso, Dios enviaba el castigo para probar y purificar. Sostenían que tales castigos nunca interferían con el estudio de la Torah o con la oración. El que voluntariamente 973se sometía a esos castigos, sería ricamente recompensado. Sin embargo, consideraban que esos castigos de amor eran excepciones a la regla general: donde hay sufrimiento, también hay culpabilidad.
¿Pecó, éste?
Si este hombre estaba ciego como resultado de sus propios pecados, entonces debía haber pecado antes de que naciera, puesto que su ceguera era de nacimiento. Hay unos pocos indicios en la literatura rabínica que muestran que los judíos consideraban que a lo menos había la posibilidad de que un niño pecara antes de nacer. Por ejemplo, el Midrash Rabbah com. Gén. 25: 22 sostiene que Esaú cometió pecado tanto antes de nacer como en el momento de nacer. Sin embargo, la opinión predominante entre los judíos era que un niño no podía ser culpado de mala conducta antes de su nacimiento. El Midrash Rabbah, com. Lev. 22: 27, narra el relato de una madre que llevó a su hijo ante el juez debido a alguna falta. Al observar que el juez condenaba a otros a ser azotados, comenzó a temer que, si denunciaba la falta de su hijo, el juez lo mataría. Cuando le llegó su turno, no dijo nada de la falta, sino sencillamente acusó a su hijo de que antes de que naciera le había dado puntapiés [como un animal díscolo]. El juez preguntó: ¿Ha cometido algo más? Ella contestó que no. Entonces él dijo: Esa no es ninguna falta. La respuesta del juez refleja la enseñanza generalizada entre los judíos acerca de un supuesto pecado prenatal cometido por un niño.
Sin duda, los discípulos habían oído los sutilísimos argumentos de los rabinos en cuanto a esta difícil cuestión, y estaban ansiosos de oír lo que Jesús tenía que decir respecto al asunto.
Sus padres.
Esta parte de la pregunta de los discípulos tenía por lo menos cierta base bíblica, pues la ley declara que el Señor castiga "la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que" aborrecen a Dios (Exo. 20:5). Frecuentemente, los hijos sufren las consecuencias de las iniquidades de sus padres, pero no son castigados por las culpas de sus padres (ver com. Eze. 18: 1-2; cf. PP 313).
Algunos de los rabinos enseñaban que la epilepsia, cojera, mudez y sordera eran el resultado de la transgresión de las más triviales reglas tradicionales (ver Talmud Pesahim 112b; Gittin 70a; Nedarim 20a, 20b).
Habían recibido de Satanás su filosofía errónea en cuanto al sufrimiento, pues el "autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrariamente infligido por causa del pecado" (DTG 436). No habían captado la lección del libro de Job que muestra que "el sufrimiento es infligido por Satanás, pero que Dios predomina sobre él con fines de misericordia" (DTG 436; ver com. Sal. 38: 3).
3.
Ni sus padres.
Una enseñanza tal iba directamente en contra del concepto popular sostenido por los judíos (ver com. vers. 2).
Se manifiesten.
Con frecuencia, esta declaración ha sido entendida -o, más correctamente, mal entendida- como una enseñanza de que un inocente niño había sido castigado con ceguera a fin de que 38 años más tarde Dios pudiera revelar su grandioso poder. La traducción de la RVR (y también de la BJ y la VM) tiende a apoyar esta observación. Sin embargo, la preposición "para" (Gr. hína) con que comienza esta cláusula, aunque con frecuencia expresa propósito, también muchas veces puede dar comienzo a una oración consecutiva o a una que da la idea de resultado. Ejemplos de este último uso son los siguientes: Luc. 9: 45; Gál. 5: 17; 1 Tes. 5: 4; 1 Juan 1: 9; ver com. Mat. 1: 22. Si hína en Juan 9: 3 se interpreta como expresando un resultado, entonces parece eliminarse el problema que presenta este pasaje, y el versículo podría ser parafraseado así: "Ni este hombre pecó, ni sus padres; pero como resultado de su sufrimiento las obras de Dios serán manifestadas en él". Jesús "no explicó la causa de la aflicción del hombre, sino que les dijo [a los judíos] cuál sería el resultado" (DTG 437). Para aquellos que le aman, Dios hace que todas las cosas -incluso las aflicciones enviadas por el enemigo- les ayuden a bien (Rom. 8: 28). En la providencia de Dios, los castigos del enemigo son encauzados para nuestro bien.
4.
Me es necesario hacer las obras.
La evidencia textual sugiere el texto "nos es necesario" (cf. p. 147), frase que hace resaltar la asociación de los discípulos con Jesús en sus labores.
Que me envió.
Frase frecuentemente repetida por Juan (cap. 4: 34; 5: 24; 6: 38; etc.; ver com. cap. 3: 17).
Entre tanto que el día dura.
Es decir, el tiempo para trabajar (Sal. 104: 23). La frase 974 sugiere urgencia. Una figura similar se encuentra en la Mishnah, donde el rabí Tarfón, comentando en cuanto al tiempo diurno de la vida, dice: "El día es corto, y la obra [a realizarse] es mucha; y los obreros son indolentes, pero la recompensa es mucha, y el amo de la casa es insistente" (Aboth 2. 15).
La noche viene.
Para Jesús, la noche no estaba lejos (cap. 7: 33). Su breve "día" era el tiempo de su ministerio aquí en la tierra; la llegada de su noche, el tiempo cuando se alejaría de este mundo (cap. 9: 5).
5.
Entre tanto.
Esto no significa que Jesús fue la luz del mundo sólo durante el tiempo de su permanencia histórica en la tierra, pues él todavía es la luz del mundo. Se refería particularmente a su papel como la "luz" durante el tiempo cuando anduvo visiblemente entre los hombres. En el griego no hay artículo ante "luz" (tal como se ha traducido en la RVR), y tampoco figura el pronombre "yo", como en la declaración: "Yo soy la luz del mundo" (cap. 8: 12). En cuanto al significado de la figura, ver com. cap. 1: 45; cf. DTG 429-430).
6.
Escupió en tierra.
Los antiguos creían que la saliva contenía virtudes curativas (ver, por ejemplo, Talmud Baba Bathra 126b). Sin embargo, es difícil que Jesús haya usado la saliva por su supuesta propiedad curativa. Es posible que lo haya hecho simplemente para robustecer la fe del hombre. En otros dos milagros se menciona el uso de saliva (ver com. Mar. 7: 33; cf. cap. 8: 23).
La preparación de lodo estaba sin duda comprendida dentro de las restricciones de las leyes rabínicas en cuanto al sábado (cap. 9: 14; ver com. cap. 5: 10, 16; 7: 22-24). Específicamente se prohibía amasar (Mishnah Shabbath 7. 2). Por ejemplo, se permitía que los hombres echaran agua sobre afrecho para prepararlo como alimento para los animales, pero no se les permitía "mezclarlo" (Mishnah Shabbath 24. 3; ver com. cap. 5: 16; 9: 16).
Untó . . . los ojos.
Aquí también (ver com. "escupió en tierra") Jesús transgredió la tradición rabínica que sólo permitía ese tipo de untura cuando normalmente se realizaba en otros días. Se prohibía cualquier untura o ungimiento desacostumbrado. Por ejemplo, los antiguos usaban vinagre para aliviar el dolor de muelas. Una persona aquejada de ese dolor no debía chupar vinagre por entre la dentadura durante el sábado, pero podía tomar vinagre en la forma acostumbrada durante las comidas, y en esa manera podía hallar alivio (Mishnah Shabbath 14. 4).
7.
Siloé.
Estanque de la parte meridional de Jerusalén (ver com. Isa. 8: 6; ver mapa frente a la p. 513; Josefo, Guerra v. 4: 1-2; 9: 4).
Que traducido es, Enviado.
Siloé es una transliteración, a través del griego, del Heb. Shilóaj, que proviene del verbo shalaj, "enviar". Era característico en Juan añadir el significado de los nombres propios hebreos para los lectores griegos (cap. 1: 38, 42). La orden de lavarse en el estanque no se debía a que hubiera algún poder curativo en el agua misma, sino, sin duda, a que Jesús deseaba probar la fe del hombre. Cf. 2 Rey. 5: 10.
8.
Que era ciego.
La evidencia textual (cf. p.147) establece el texto "era mendigo" (BJ).
¿No es éste?
La construcción del griego muestra que se esperaba una respuesta positiva. Estaban seguros de que era él.
Se sentaba y mendigaba.
Es decir, "solía sentarse y mendigar". Tenía esa costumbre. El Midrash cita varias fórmulas empleadas por los mendigos cuando pedían una limosna: "'Benefíciate por mi intermedio"' (Rabbah, com. Lev. 25: 25). "'Dame limosnas"' (Id. [131a]). En el Talmud se lee lo siguiente: " ' Amo', ella le dijo a él, 'aliméntame' " (Kethouboth 66b).
9.
A él se parece.
Sin duda, la apariencia del hombre había cambiado mucho. Sus ojos abiertos le iluminaban ahora todo el rostro. Se había despertado muchísima excitación acerca de su identidad, pero el hombre mismo resolvió la cuestión afirmando: "Yo soy".
10.
¿Cómo?
Una pregunta perfectamente natural. Evidentemente, los vecinos no pusieron en duda la validez del milagro, como, en cambio, lo hicieron después los dirigentes (vers. 18).
11.
Que se llama Jesús.
Sin duda, Jesús sólo se había identificado por nombre. El ciego no sabía que era el Mesías (vers. 35-38). Nunca había visto a Jesús, pues cuando fue a lavarse en el estanque de Siloé -en la parte sur de Jerusalén- todavía era ciego.
12.
¿Dónde está él?
Era natural el deseo de ver al obrador del milagro. Cf. cap. 7: 11.
13.
Llevaron.
Literalmente "están llevando" o "llevan" (BJ). Juan narra el relato con dramática intensidad. No se presenta la razón por la cual la gente llevó al hombre restaurado ante los fariseos. Quizá el hecho de que la curación fuera una violación de las leyes sabáticas tradicionales (ver com. vers. 6) 975 llevó a la gente a la conclusión de que el caso requería la atención de los fariseos.
14.
Día de reposo.
Puesto que el caso del ciego no era una emergencia, es decir, su vida no estaba en peligro, la curación efectuada por Jesús era una violación de la ley tradicional judía (ver com. cap. 7: 22-24). Esas leyes también prohibían hacer lodo y untar (o ungir) los ojos (ver com. cap. 9: 6).
Los judíos, los pretendidos paladines de la ley, tergiversaban completamente la intención y el propósito del sábado (ver com. Mar. 2: 27-28). No se daban cuenta de que el día era santificado para el bien del hombre: física, mental y espiritualmente. Su santificación nunca tuvo el propósito de impedir obras de necesidad y de misericordia que concuerdan con la energía creadora que conmemora el sábado (ver com. Gén. 2: 1-3). Sanar al enfermo no era una violación de la ley divina del sábado. Al condenar a nuestro Señor por una violación tal, los judíos demostraban su ignorancia de una ley que debían observar.
En total, se registran siete milagros realizados en sábado (números 3, 5, 6, 9, 27, 28, 29, en las pp. 200-203).
15.
También los fariseos.
Esos dirigentes religiosos averiguaron en cuanto a los hechos que rodeaban el caso. No negaron el milagro. El hombre restaurado daba una respuesta breve e indudablemente cortés.
16.
De Dios.
Los fariseos concedían que el milagro era verdadero, pero insinuaban que el poder por el cual fue obrado era del maligno (ver com. Mat. 12: 24).
No guarda el día de reposo.
Se consideró que la curación era pecaminosa porque se trataba de un caso crónico que no requería inmediata atención. No estaba en peligro la vida (ver com. vers. 14). La preparación de lodo y el untamiento de los ojos también fueron considerados como violaciones de las leyes del sábado (ver com. vers. 6).
Otros decían.
Entre los fariseos, había algunos de un espíritu y una actitud mejores, tales como Nicodemo (cap. 3: 1-21; 7: 50-51) y José (ver com. Mat. 27: 57).
Pecador.
Los judíos enseñaban que Dios obraba milagros sólo para los que eran dignos. El Talmud registra el siguiente interesante debate: "Dijo R. Papa a Abaye: ¿Cómo es que se efectuaban milagros para las generaciones pasadas, y para nosotros no se realizan milagros?... Además, cuando el rabí Judá se sacaba un zapato [en preparación para el ayuno], llovía, al paso que nos atormentamos y clamamos a gritos, y no se nos toma en cuenta. Le contestó: Las generaciones anteriores estaban listas para sacrificar la vida por la santidad del nombre [de Dios]. Nosotros no sacrificamos nuestra vida por la santidad del nombre [de Dios]" (Berakoth 20a). Cf. Luc. 7: 4.
17.
¿Qué dices tú?
El énfasis recae en el "tú". Los fariseos no se ponían de acuerdo, y esta pregunta puede haber tenido el propósito de ocultar su división.
Del que te abrió.
El pensamiento del texto griego es el siguiente: "¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?" (BJ).
Que es profeta.
En griego (así como en la RVR) no hay artículo delante del sustantivo "profeta". El hombre restaurado no reconocía a Jesús como "el profeta", como lo había hecho la multitud alimentada con panes y peces (ver com. cap. 6: 14; cf. cap. 1: 21); pero reconocía a Jesús como más que un hombre común. Estaba convencido que el poder que lo había sanado era de Dios, y que la persona en que obraba ese poder era mensajera de Dios. Su testimonio contradecía el de los fariseos, que afirmaban: "Ese hombre no procede de Dios" (cap. 9: 16).
18.
No creían.
Hasta este momento, el milagro no había sido puesto en duda. Pero los judíos afrontaban una aparente contradicción impuesta por las circunstancias: ¿Cómo podía violar el sábado un hombre dotado de un poder de curación tan extraordinario, que indudablemente provenía de Dios? Quizá el milagro no era genuino. Andaban a tientas buscando una solución, y decidieron preguntar a los padres.
19.
¿Es éste vuestro hijo?
Aquí hay tres preguntas quizá formuladas como para confundir a los padres: ¿Es éste vuestro hijo? ¿Decís que nació ciego? ¿Cómo explicáis que ahora vea?
20.
Nació ciego.
Este era el punto que los judíos esperaban que podría demostrarse que no era cierto. Su plan para invalidar el milagro había fallado.
21.
No lo sabemos.
Esto no era cierto, o a lo menos estaban eludiéndola verdad. Aparentemente, no estuvieron presentes en el momento cuando fueron untados los ojos del ciego o cuando se lavó en el estanque, por lo que no podían ser testigos oculares. Pero, junto con sus vecinos, habían oído de la curación y conocían las circunstancias (vers. 22).
Edad tiene.
Los judíos consideraban que la 976 madurez comenzaba a partir de los 13 años y un día, en el caso de los muchachos, y un año antes en el caso de las niñas. El que había sido ciego tenía más de 13 años, pero sólo se puede conjeturar cuántos más tenía. En el vers. 1 se lo identifica sencillamente como "un hombre" (Gr. ánthrÇpos), un miembro de la familia humana.
22.
Tenían miedo de los judíos.
Esta observación prueba que los padres conocían bien las circunstancias de la curación (ver com. vers. 21). El temor de ser excomulgados los indujo a ocultar la verdad.
Era el Mesías.
Muchos de los judíos (ver com. Juan 7: 41) y aun de los gobernantes (cap. 7: 50-51; ver com. cap. 9: 16) estaban convencidos de que ciertamente era el Enviado de Dios.
Fuera expulsado de la sinagoga.
Esto, sin duda, se refiere a una excomunión (o entredicho) por 30 días que aplicaban los judíos por ciertas faltas, tales como el uso de lenguaje ofensivo contra los que estaban en autoridad (ver Mishnah Eduyyoth 5. 6; Talmud Nedarim 50b; Moed, Katan 16a; Kiddushin 70a. En cuanto al tema de la excomunión (o entredicho), ver Strack y Bilierbeck, Commentar zum Neuen Testament, t. 4, pp. 293-333.
23.
Edad tiene.
Ver com. vers. 21.
24.
Da gloria a Dios.
De acuerdo con esta fórmula, se requería que la persona implicada -dentro de sus circunstancias- procediera de tal forma que honrara a Dios. El contexto indica la clase de proceder que se esperaba. En el caso de Acán, la fórmula demandaba una confesión de culpabilidad (Jos. 7: 19). En este caso, el pedido implicaba que la conducta y la confesión del hombre que había recibido la vista no habían honrado a Dios. Los judíos procuraron conseguir la declaración de que no había sido Jesús, sino Dios quien había curado al hombre.
Pecador.
Es decir, porque de acuerdo con el parecer de ellos había violado el sábado (ver com. vers. 14).
25.
No lo sé.
No estaba tan seguro como los judíos. Ellos afirmaban "sabemos" (vers. 24); sin embargo, no habían dado pruebas suficientes, ni habían resuelto el dilema de cómo un pecador podía realizar milagros tales (vers. 16).
Una cosa sé.
El que había sido sanado manifestó notable sagacidad. Rehusó apelar a sutilezas en cuanto a si Jesús era pecador. Basó su testimonio en una evidencia indiscutible.
26.
¿Qué te hizo?
Evidentemente, este nuevo interrogatorio tenía el propósito de confundir al que había sido ciego. Esperaban hallar algún defecto o alguna contradicción en su testimonio.
27.
No habéis querido oír.
Es decir, no aceptáis mi testimonio.
Haceros sus discípulos.
La construcción en griego muestra que se espera una respuesta negativa. "¿Acaso vosotros también queréis ser sus discípulos?" El Espíritu Santo capacitó a ese ignorante para que hiciera esa valiente defensa (ver com. Mat. 10: 19).
28.
Discípulos de Moisés.
Aunque no se trata de una designación común, esta expresión se halla en el Talmud con referencia a los eruditos fariseos (Yoma 4a). Se hace resaltar el contraste entre los discípulos de Jesús y los de Moisés. Un contraste similar se presenta en la Mishnah entre los discípulos de Abrahán y los de Balaam, nombre que se atribuye a los cristianos (Aboth 5. 19).
29.
Dios ha hablado a Moisés.
Esta cláusula aparece con frecuencia en el AT. (Lev. 4: 1; 6: 1; 8: 1; etc.; cf. Exo. 33: 11; Heb. 1: 1).
No sabemos.
Entre la gente había quienes pretendían saber (cap. 7: 27). Claramente Jesús informó a los judíos que él procedía de Dios (cap. 8: 42), pero decidieron no creer su testimonio.
30.
Esto es lo maravilloso.
Esos dirigentes religiosos deberían haber conocido bien el origen y las pretensiones de un obrador de milagros tan notable como Jesús. Había estado en actividad entre ellos durante más de tres años. Se habían dado una prueba tras otra para inspirar fe, pero los judíos rechazaban la evidencia de sus sentidos. Eran ignorantes porque así lo querían, y merecían plenamente la forma dramática en que quedaron desenmascarados en esta ocasión.
31.
Dios no oye a los pecadores.
Esta afirmación concordaba con la opinión de por lo menos una parte de los fariseos (ver com. vers. 16). El razonamiento del ex ciego era irrefutable. Como lo admitían algunos de los fariseos, si Dios obra milagros sólo para los que son dignos, entonces debían aceptar que el obrador de milagros provenía de Dios, especialmente en vista del carácter desusado del milagro (vers. 32).
Por supuesto, la afirmación "Dios no oye a los pecadores" se aplica al pecador voluntario o impenitente. Pero Dios siempre oye la oración del arrepentido que suplica misericordia 977 y perdón (ver com. Luc. 18: 13). Con frecuencia, también oye las oraciones de los que se han apartado de la senda correcta; no abandona inmediatamente a los que se descarrían. Con frecuencia, continúa bendiciéndolos como un incentivo para que vuelvan. Debido a este hecho, lo inverso de esta declaración no siempre es verdad. El hecho de que Dios responda a la oración de un hombre no necesariamente demuestra que aprueba toda la conducta de ese hombre. El que recibe claras respuestas a sus oraciones, no debiera regocijarse pensando que eso es una evidencia de rectitud y de aceptación. Debiera escudriñar diligentemente su corazón para estar más plenamente en armonía con el modelo divino. No debe interpretar la bendición de Dios como una sanción de toda su conducta. Cualquier persistencia voluntaria en un pecado conocido finalmente llevará a una separación irrevocable entre el pecador y Dios (Apoc. 22: 11).
Hace su voluntad.
Cf. 1 Juan 3: 22; CC 95.
32.
Desde el principio.
Literalmente "desde los siglos". Expresión equivalente a "jamás" (BJ). Los registros históricos no mostraban ningún ejemplo de un caso de ceguera congénita que se hubiera curado.
33.
Nada podría hacer.
Algunos de los mismos fariseos habían suscitado esta cuestión (vers. 16). Nicodemo había confesado lo mismo (cap. 3: 2). El hombre había logrado una victoria completa. Su lógica era irrefutable. Los fariseos quedaron frustrados. No teniendo nada para responder a los argumentos del hombre, recurrieron a los insultos.
34.
Naciste del todo en pecado.
Le enrostraron la calamidad que había sufrido desde su nacimiento como una demostración de algún pecado especial, quizá insinuando un pecado prenatal (ver com. vers. 2).
Le expulsaron.
Quizá en cumplimiento de la amenaza mencionada en el vers. 22 (ver allí el comentario).
35.
Hallándole.
El Buen Pastor (Juan 10: 11; ver com. Luc. 15: 1-7) halla a la oveja perdida que los pastores de Israel habían expulsado. Jesús nunca está lejos de los que están dispuestos a recibir la influencia divina (Rom. 10: 8-9).
Hijo de Dios.
La evidencia textual tiende a confirmar el texto (cf. p. 147) "Hijo del Hombre". El reconocer a Jesús como "Hijo de Dios" era una confesión común de fe (Juan 1: 49; 11: 27; cf. Mat. 16: 16; Juan 1: 34; 20: 31). Concuerda con el testimonio que el hombre sanado había presentado ante los fariseos (Juan 9: 30-33). Sin embargo, Jesús usaba el título "Hijo del Hombre" para referirse a sí mismo (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10).
36.
¿Quién es?
El que había sido curado no había visto a Jesús antes. Cuando el Señor le ordenó que fuera a lavarse en el estanque de Siloé, el hombre todavía era ciego. Habiendo sido ciego de nacimiento, nunca había visto un rostro humano antes de ese día. ¡Cuán emocionado debe haberse sentido al contemplar la faz de sus padres y sus allegados! Ahora, por primera vez, contempla el amante rostro de Jesús. ¡Qué contraste con las ásperas caras de los fariseos hipócritas! Sin duda, la voz identificó a Jesús con el que lo había sanado.
Señor.
Gr. kúrios, aquí quizá sencillamente en señal de respeto, sin ningún sentido religioso.
Para que crea en él.
Estaba dispuesto a creer en el Mesías, y creía que ese hombre a quien había reconocido como profeta (vers. 17) podía decirle quién era el Mesías.
37.
Pues le has visto.
Las palabras no se refieren a un encuentro anterior sino a ese momento. Vio en Jesús a Aquel a quien los que habían tenido el uso de la vista durante toda su vida eran incapaces de ver. ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver! Comparar este proceder de los judíos con lo registrado en el cap. 6: 36.
38.
Señor.
Gr. kúrios, ahora quizá la palabra expresa reverencia e implica el reconocimiento de la divinidad de Cristo (ver com. vers. 36).
Le adoró.
Como una secuela dramática del relato, el hombre cuya vista física fue restaurada vio a Jesús, la verdadera luz del mundo. No sólo se regocijó en la luz del cuerpo, sino que también vio con los ojos del alma.
39.
Juicio.
Gr. kríma, no el acto de juzgar -que es krísis- sino el resultado del juicio, en este caso, de zarandeo o separación. Este versículo no es, pues, una contradicción del cap. 3: 17 (cf. cap. 8: 15). El propósito final del primer advenimiento no fue juzgar al mundo, sino salvar al mundo (cf. Luc. 19: 10). Sin embargo, la venida de Cristo llevó luz hasta las tinieblas de los corazones de los hombres, y al aceptar o rechazar los hombres aquella luz, pronunciaban juicio sobre sí mismos. La luz misma no juzgaba a nadie, pero eran juzgados por ella aquellos sobre los cuales brillaba. 978 Este efecto del ministerio de Cristo había sido predicho por Simeón (Luc. 2: 34-35).
Los que no ven.
Esto era cierto en dos sentidos. Cristo curaba a los físicamente ciegos (Mat. 11: 5). También curaba a los ciegos espirituales. Ambos aspectos del ministerio de Cristo fueron demostrados en este milagro.
Sean cegados.
Cf. Isa. 6: 9-10; Mar. 4: 11-12. Cuando los hombres aman las tinieblas más que la luz (Juan 3: 19), finalmente pierden su sentido de percepción espiritual (ver Mat. 6: 23; 1 Juan 2: 11).
40.
¿Nosotros somos también ciegos?
La construcción del griego anticipa una respuesta negativa. El énfasis está en "nosotros". Seguramente nosotros, los líderes religiosos, ¡no somos ciegos! No se trataba de una pregunta humilde, llena de ansiedad. Sin duda, los fariseos vieron lo que estaba implicado en la afirmación del Señor, y sus palabras fueron pronunciadas en son de mofa.
41.
Si fuerais ciegos.
Es decir, si no hubiera habido oportunidad de recibir la luz. Dios juzga a los hombres por la luz que han recibido o que podrían haber recibido si se hubiesen esforzado por recibirla. Ver com. cap. 15: 22.
Vemos.
El engreimiento que experimentaban por su conocimiento hacía imposible que Dios les impartiera más conocimiento. Al rechazar a Jesús, los judíos rechazaron el vehículo mediante el cual el cielo procuraba impartirles luz.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-41 DTG 436-441
1-3 DTG 436
4 CM 319; DTG 53; Ev 474; FE 201, 355, 359; 2JT 329, 457; 3JT 294, 353; MC 148; MeM 112; MM 333; OE 26; IT 694; 2T 401, 429; 4T 377; 5'r 353; 6T 26; 8T 178; 9T 200; 3TS 292
5 DTG 437; FE 177; 3JT 369
6-7 DTG 436
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8 DTG 437
9, 11-12 DTG 437
14 DTG 437
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20-27 PE 29
24-26 DTG 439
27-35 DTG, 439
29 PVGM 57
35-41 DTG 440
41 2T 124

CAPÍTULO 10

1 Cristo es la puerta y el buen pastor. 19 Diversas opiniones en cuanto a Cristo. 24 Cristo, el Hijo de Dios. 39 Se escapa de los judíos, 40 y se va al otro lado del Jordán, en donde muchos creen en él.
1 DE CIERTO, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.
2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.
4 Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5 Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
6 Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7 Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
8 Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.
9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.979
10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
19 Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.
20 Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?
21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?
22 Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,
23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.
24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
25 Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;
26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, Y me siguen,
28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
30 Yo y el Padre uno somos.
31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
32 Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?
33 Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?
35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada),
36 ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?
37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.
38 Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.
39 Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.
40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se quedó allí.
41 Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.
42 Y muchos creyeron en él allí.
1.
De cierto.
[El buen pastor, Juan 10:1 - 21.] Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51. Este pasaje es una secuela de la curación del ciego. Los fariseos -los pastores reconocidos de Israel- habían sido desleales a su cometido. Habían expulsado del redil a quien había expresado fe en el Mesías (Juan 9: 34).
Redil.
Gr. aul', un recinto cercado, sin techo, en torno de una casa, como un patio amplio (ver com. Mat. 26: 58). A veces se lo usaba como lugar para las ovejas. Algunos eruditos piensan que se hace referencia a algún recinto sin techo, en el campo.
Ladrón.
Gr. klépt's, uno que hurta o roba, como robaba Judas de la bolsa común (cap. 12: 6). Podría usar o no de violencia. La idea de violencia resalta más en la palabra "salteador", l'st's, "uno que saquea". Tal era Barrabás (cap. 18: 40). El que sube por sus propios medios por encima del vallado del redil demuestra que no es el dueño de las ovejas. 980 Puede ser un ratero solitario que hurta amparándose en la oscuridad, o puede pertenecer a una banda de ladrones que roban empleando violencia. En cualquier caso es un falso pastor.
Aquí, de un modo especial, Jesús llama ladrones y salteadores a los fariseos que pretendían ser los pastores de Israel. Decretaban quiénes debían ser admitidos en el redil y quiénes debían ser expulsados. Cerraban "el reino de los cielos delante de los hombres" y no dejaban entrar a los que querían hacerlo (Mat. 23: 13). Recorrían la tierra y el mar para ganar un prosélito, pero cuando lo habían logrado, lo hacían "dos veces más hijo del infierno" que ellos (Mat. 23: 15). Quitaban la "llave de la ciencia" (Luc. 11: 52), y con sus falsas interpretaciones de las Escrituras impedían que los hombres reconocieran y aceptaran la luz.
Ladrones y salteadores son los que ofrecen a los hombres cualquier otro medio de salvación que el que ha sido proporcionado mediante Jesucristo (Hech. 4: 12). El mundo ha tenido, y continuará teniendo, sus falsos mesías. No entran por la puerta, Cristo Jesús (Juan 10: 9). Sus pretensiones son falsas, y sus designios, cuidadosamente trazados, terminarán en un desastre.
2.
El pastor de las ovejas.
El verdadero pastor entra en el redil por la puerta que corresponde. Se acerca a ella y hace salir las ovejas a la plena luz del día. Aquí se distingue entre el pastor y la puerta. Posteriormente Jesús se identificó tanto con la "puerta" (vers. 9) como con el "pastor" (vers. 14).
El símbolo del pastor es común en las Escrituras. Jehová se presenta como el Pastor divino (Sal. 23; Isa. 40: 11), y los gobernantes desleales de Israel son los falsos pastores (Eze. 34: 1-10; cf Jer. 23: 14). En Efe. 4: 11 se habla de los "pastores" que Dios puso en la iglesia.
3.
Portero.
El "portero" cuidaba del rebaño durante la noche. A la mañana volvía el pastor, llamaba a las ovejas por su nombre y las hacía salir a pastar.
Sus ovejas.
Esto implica que dentro del redil se cobijaban otras ovejas, además de las que pertenecían al pastor. Quizá en un mismo recinto se albergaban dos o tres rebaños. Sólo respondían al llamado del pastor las ovejas que le pertenecían. En algunos lugares del Cercano Oriente, hoy día varios rebaños se albergan juntos por la noche, y por la mañana cada pastor sale en una dirección diferente llamando a sus ovejas.
Las saca.
Comparar con el lenguaje de Núm. 27: 17.
4.
Las ovejas le siguen.
Los pastores del Cercano Oriente viven muy cerca de su rebaño. Cuando la última oveja ha sido sacada del aprisco, el pastor se coloca a la cabeza del rebaño, y las ovejas lo siguen, normalmente sin vacilación. Se hace referencia a esta costumbre en el Midrash: "'Condujiste a tu pueblo como ovejas' [Sal. 77: 20]. Así como un rebaño sigue al pastor mientras el pastor lo conduce, así también Israel, doquiera se dirigían Moisés y Aarón, los seguían" (Rabbah, com. Núm. 33: 1). "Qué lección para los pastores que tratan de arrear a la iglesia como a ganado, y fracasan. El verdadero pastor guía en amor, en palabras, en hechos" (Robertson).
5.
Extraño.
Especialmente, el ladrón y salteador mencionados en el vers. 1, aunque, por supuesto, cualquiera, aun el pastor de otro rebaño.
No seguirán.
Esta negación se expresa con mucha fuerza en el griego. El timbre familiar de la voz del pastor significa para el ganado protección, conducción y apacentamiento. La voz del extraño despierta alarma.
6.
Alegoría.
Gr. paroimía, que es diferente de parabol' (parábola). Su definición está en la p. 193. En la LXX, paroimía y parabol' son traducciones del Heb. mashal, cuya definición está en el t. III, p. 957. Paroimía sólo aparece cinco veces en el NT: aquí, en Juan 16: 25 (dos veces), 29 y en 2 Ped. 2: 22 (donde se ha traducido como "proverbio" en la RVR). La palabra "proverbio" no encuadra con el uso de ese vocablo en Juan, donde se la usa para describir un dicho simbólico o figurado, quizá enigmático, por lo que la traducción "alegoría" de la RVR es muy exacta. El discurso de Juan 10 difiere de lo que generalmente se denomina una "parábola" en que no establece una diferencia completa entre el aspecto externo (los detalles) y las verdades ideales (centrales), tal como se hace en las verdaderas parábolas.
No entendieron.
Es decir, no captaron la verdad que Jesús estaba ilustrando. Por supuesto, entendieron el aspecto externo (los detalles), pero las verdades espirituales permanecieron ocultas para ellos. Estaban ciegos espiritualmente (cap. 9: 40-41).
7.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Puerta de las ovejas.
Es decir, la puerta 981 por la cual entran las ovejas. Mas tarde, Jesús se identifica también como el pastor (vers. 11). Ahora declara que él es la única verdadera entrada al redil espiritual (cf. vers. 9). Sólo mediante Cristo es posible el acceso al reino espiritual. Los que presentan cualquier otro medio para llegar a Dios son falsos pastores, falsos maestros. Tales eran los fariseos a quienes se dirigieron estas palabras. Se aferraban a la enseñanza de que la salvación es alcanzada por los que observan la Torah (ver com. Mat. 19: 16). Rechazaron a Jesús, "el camino, la verdad, y la vida" (Juan 14: 6), y trataron de impedir que otros pudieran aceptarlo, como en el caso del ciego del cap. 9.
8.
Ladrones son y salteadores.
Ver com. vers. 1.
9.
Yo soy la puerta.
Ver com. vers. 7.
El que.
La invitación es universal. La puerta está abierta para todos los que desean entrar (cf. Apoc. 22: 17).
Entrará , y saldrá .
Disfrutar de todos los privilegios que ofrece la verdadera salvación: protección, tranquilidad, seguridad y paz, así como alimento espiritual para su alma.
10.
El ladrón.
Ver com. vers. 1. El pastor constantemente entra y sale en medio de sus ovejas. El ladrón va hasta el rebaño en raras ocasiones, y lo hace por motivos puramente egoístas, arruinando el rebaño.
Yo.
En posición enfática en el griego, y contrasta con el ladrón.
Vida.
ZÇ', aquí se usa en un sentido teológico equivalente a vida eterna. Cuando Adán y Eva fueron creados, poseían zÇ' pero la perdieron al pecar. Es verdad que se prolongó su vida física, pero no tenían más inmortalidad condicional (ver com. Gén. 2: 17). Jesús vino a restaurar la zÇ', cuyo derecho había perdido Adán (ver com. Juan 8: 51).
En abundancia.
La "vida" incluye lo físico, lo intelectual y lo espiritual. La vida física es considerada como abundante en un cuerpo que está lleno de vigor y en perfecta salud. Los milagros de curación física de Jesús dieron abundante vida física a aquellos cuyas fuerzas vitales declinaban. Pero de ninguna manera la restauración física era el cumplimiento completo de la misión de Jesús. El hombre también tiene vida intelectual y espiritual, que asimismo debe revitalizarse y ser abundante, pues "no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová " (Deut. 8: 3). Aunque son importantes los aspectos físicos e intelectuales de una vida bien equilibrada, ninguna vida es plenamente completa a menos que se nutra su naturaleza espiritual.
11.
El buen pastor.
En cuanto al símbolo del pastor, ver com. vers. 2. La imagen de Jesús como el pastor ha impresionado profundamente a la iglesia en su literatura, arte, música y escultura. El adjetivo "buen" (Gr.kalós) designa a quien realiza bien su servicio, a uno que es extraordinario, sobresaliente, excelente. En 1 Tim. 4: 6, kalós describe a un buen ministro, y en 2 Tim. 2: 3 a un buen soldado.
La figura del Mesías como pastor, no era nueva para los Judíos. En el libro apócrifo llamado "Salmos de Salomón", escrito a mediados del siglo I a. C., se habla del Ungido de esta manera: "Pastoreando con fidelidad y rectitud el rebaño del Señor, no permitirá, que ninguno de ellos tropiece en su pastura. Los conducirá con toda santidad y no habrá entre ellos arrogancia para que ninguno sea oprimido" (17: 40-41).
Su vida da.
Este es el contraste con el ladrón que viene "para hurtary matar y destruir" (vers. 10). En el AT no hay ningún ejemplo de un pastor que realmente‚ hubiera dado su vida por sus ovejas, aunque los riesgos de esa ocupación se reflejan en 1 Sam. 17: 34-37. La abnegación que induce al pastor a arriesgar su vida por un miembro de su rebaño tiene su cumplimiento ideal en el Buen Pastor que hubiera dado su vida por cada uno de los miembros de la raza humana (DTG 447).
12.
El asalariado.
La Mishnah menciona cuatro clases de depositarios (guardianes): "un depositario que no recibe pago, uno que pide prestado, un depositario pagado y uno que contrata a otro. Un depositario que no recibe pago debe jurar por todas las cosas [si el depósito se pierde o es destruído por alguna causa, excepto negligencia, el depositario que no recibe pago debe aclarar lo que ocurrió mediante, juramento, y queda libre de responsabilidad]. Uno que ha recibido un préstamo debe pagar por todo. Uno que recibe pago o uno que contrata a otro debe jurar en cuanto a un animal que fue lastimado, capturado [en una incursión] o que pereció; pero debe pagar por la pérdida o el robo" (Baba Mezia 7. 8). El mismo tratado expone la responsabilidad del guardián de esta manera: "Si un lobo ataca, no es un accidente inevitable; si dos atacan, es un accidente inevitable. . . El ataque de dos perros no es un 982 accidente inevitable. . . El ataque de un ladrón es un accidente inevitable. El daño hecho por un león, oso, leopardo, una pantera y serpiente está en la categoría de un accidente inevitable. ¿Cuando es así Si vinieron y atacaron por su propia iniciativa: pero si el pastor las condujo a un lugar infestado por bestias salvajes y ladrones, no es un accidente inevitable" (id. 7. 9).
El asalariado se preocupa mas por su salario que por las ovejas. No se interesa personalmente en el rebaño (cf. 1 Ped. 5: 2). En la hora del peligro se ve la diferencia entre él y el verdadero pastor.
El lobo arrebata.
De acuerdo con la Mishnah, si sólo atacaba un lobo, el pastor era considerado responsable por el rebaño. Si eran dos, se consideraba un accidente inevitable (ver com. "El asalariado"). Pero el verdadero pastor arriesgaba su vida para proteger el rebaño. Cf. Mat. 10: 6; Hech. 20: 29.
Las dispersa.
Cf. Zac. 13: 7.
13.
El asalariado huye.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de esta cláusula. (Está suprimida en la BJ.) Sin embargo, la idea cuadra perfectamente en el contexto. En cuanto al "asalariado", ver com. vers. 12.
14.
El buen pastor.
Ver com. vers. 11.
Conozco mis ovejas.
El conoce a sus ovejas por nombre (vers. 3). Ellas no sólo conocen su voz (vers. 4), sino que lo conocen a él. El conocimiento induce a la acción. El buen pastor que conoce las ovejas de su rebaño se interesa en forma personal y amante en cada una de ellas. A su vez, las ovejas, conociendo el carácter de su pastor, depositan una confianza implícita en su guardián y le rinden una obediencia amante e incondicional (DTG 445).
15.
Yo conozco al Padre.
En cuanto a la estrecha relación entre el Padre y el Hijo, ver com. Mat. 11: 27; Juan 1: 1, 18; cf. Juan 7: 29; 8: 55.
Pongo mi vida.
Ver com. vers. 11.
16.
Otras ovejas.
Se trata de los gentiles. Isaías había predicho que el Mesías sería "luz de las naciones" (Isa. 42: 6; cf. Isa. 49: 6). Jesús declaró que él mismo era aquella luz (Mat. 12: 16-21). El era la luz no sólo de la nación judía sino del mundo (Juan 8: 12). "De tal manera amo Dios al mundo, que ha dado" a Jesús (cap. 3: 16). Cuando los gentiles ocuparan su lugar en el reino espiritual, muchos de los judíos serían rechazados (Mat. 8: 11-12; Rom. 11: 1-26). La enseñanza de Jesús era explícita en cuanto a este tema, aunque no fue claramente encendida. La verdadera condición de los gentiles en la iglesia primitiva fue algo muy discutido (ver com. Hech. 15: 1).
Oír n mi voz.
Tal como la oyen las otras ovejas (vers. 3).
Un rebaño.
Existe la variante "un solo redil" (nota de Pie de página de la BJ), pero no tiene apoyo en ningún manuscrito griego, y fue introducida por Jerónimo, quien tradujo tanto la palabra aul' (redil) como poímn' (rebaño) con la palabra latina ovile (redil). La traducción de Jerónimo concuerda con la pretensión de que la iglesia católica es el verdadero redil. Por otro lado, no se insinúa en este pasaje la interpretación dada por muchos comentadores protestantes, de que hay muchos rediles en los cuales está albergado el único rebaño.
17.
Por eso.
La demostración de amor abnegado como fue el de la ofrenda voluntaria que hizo, Jesús de sí mismo para redimir a la humanidad, se convirtió en una razón más para el amor del Padre.
Volverla a tomar.
El plan de salvación había sido trazado antes de la fundación del mundo Apoc. 13: 8 PP 48). La resurrección de Jesús era una parte del plan eterno tanto como la crucifixión. Jesús habría de pasar bajo el dominio de la muerte, pero sólo por un breve período (Sal. 16: 10; cf. Hech. 2: 31-32), y después saldría glorificado para ser la resurrección y la vida (Juan 11: 25) y el intercesor del hombre (Heb. 7: 25). Como resultado de su humillación, el Padre lo ensalzaría grandemente y le daría un nombre por encima de todo nombre (Fil. 2: 9).
18.
Nadie.
Un término que podría incluir a los seres sobrenaturales. La entrega de la vida de Jesús para la salvación de los hombres fue algo enteramente voluntario. En ninguna forma fue obligado por su Padre (ver com. vers. 17). Tampoco Satanás podría haberle tocado la vida si él no la hubiera puesto voluntariamente.
Quita.
Si bien algunos MSS dicen "quitó", la evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por el uso del presente, "quita". Esta última variante podría entenderse en el sentido de que la muerte de Cristo fue destinada "desde antes de la fundación del mundo" (1 Ped. 1: 20). El era el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc. 13: 8). Pero la ofrenda de su vida fue voluntaria. 983
Poder.
Gr. exousía, "autoridad", "derecho", "privilegio" antes que capacidad o fuerza (ver com. cap. 1: 12).
Recibí de mi Padre.
El procedimiento estaba en armonía con la voluntad de Dios el Padre. Al mismo tiempo, era la propia voluntad de Cristo el tornarla otra vez; fue fruto de su libre albedrío. El Padre y el Hijo procedían plenamente de acuerdo con el convenio establecido antes de la fundación del mundo (1 Ped. 1: 20; PP 48).
19.
Disensión.
Como había habido en el caso del ciego de nacimiento (cap. 9: 16; cf. cap. 7: 43).
20.
Demonio tiene.
Vieja acusación (Juan 7: 20; 8: 48; cf. Mar. 3: 21-22). Hay un estudio en cuanto a la posesión demoníaca en la Nota Adicional de Mar. 1. La locura se consideraba como uno de los resultados de la posesión demoníaca.
21.
De endemoniado.
Este grupo razonaba que las palabras y acciones de Jesús eran muy diferentes de las de un poseso del demonio. Cuando un demonio toma posesión de una persona, por lo general le perturba la mente, le confunde y nubla el pensamiento, por lo que su habla y razonamiento son incoherentes. En ninguna circunstancia un poseído por un mal espíritu podría realizar un milagro tan asombroso como abrirle los ojos a un ciego de nacimiento. En este versículo se halla la evidencia de que había un grupo mejor encaminado en el sanedrín.
22.
Fiesta de la dedicación.
[En la fiesta de la dedicación, Juan 10: 22-42. Ver mapa p. 213; diagrama p. 221.] Esta fiesta fue instituida por Judas Macabeo para celebrar la limpieza del templo y la restauración de sus servicios después de la profanación realizada por Antíoco Epífanes (ver com. Dan. 11: 14). Según 1 Mac. 4: 59: "Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, decidió que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Kisleu, se celebrara con alborozo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar" (BJ). Josefo dice que ese festival era llamado "la fiesta de las luces" (Antigüedades xii.7. 7). Se celebraba mas o menos como la fiesta de los tabernáculos (2 Mac. 10: 6-7). El mes de Kisleu (Kislev, o Quisleu) corresponde con nuestros noviembre/diciembre (ver t. II, p. 119). En la literatura rabínica, la fiesta es llamada Hanuca, que significa "dedicación".
Era invierno.
Según el Talmud (Baba Mezia 106b) el invierno se extendía mas o menos desde mediados de Kisle hasta mediados de Sebat (aproximadamente desde mediados de diciembre a mediados de febrero). La palabra griega para invierno (jeimÇn) podría referirse a la estación, o, sencillamente, a un tiempo húmedo y tormentoso. Juan puede haber introducido esta observación sólo para mostrar que Jesús estaba en el pórtico de Salomón (vers. 23) porque el tiempo era inclemente en esa estación.
23.
Pórtico de Salomón.
Un peristilo (o columnata) al este del templo propiamente dicho, que se suponía que sobrevivió a la destrucción del templo en 586 a. C. y que, por lo tanto, era parte de la obra de Salomón (Josefo, Antigüedades xx. 9. 7; Guerra v. 5. 1). El pórtico se menciona también en Hech. 3: 11; 5: 12.
24.
¿Hasta cuando nos turbarás?
Literalmente, "levantarás nuestra alma". Se piensa que la expresión significa: "¿Hasta cuando vas a tenemos en vilo?" (BJ) o quizá "nos mortificarás, o vejarás". juzgando por la actitud que los judíos habían manifestado hasta este momento, no era una pregunta sincera.
Cristo.
Es decir, el Mesías (ver com. Mat. 1: 1). Jesús evitaba aplicarse ese título a si mismo, quizá principalmente debido a su significado político (ver com. Luc. 4: 19).
25.
Os lo he dicho.
Si Jesús hubiese contestado con un "sí" categórico a la pregunta, los judíos lo hubieran entendido mal pues no correspondía con el mesías de las expectativas judías (ver com. Luc. 4: 19). No podría haber dicho "no" sin negar su misión divina. Hasta donde sepamos por lo que está registrado, nunca había afirmado publicamente que le correspondía ese título (cf. Juan 4: 26). Sin embargo, repetidas veces había afirmado su parentesco con su Padre, de modo que -en la mente del que honradamente inquiriría- no quedara ninguna duda en cuanto a su identidad (cap. 5: 17-47; 7: 14-44; 8: 12-59).
Las obras que yo hago.
Ver com. cap. 5: 36.
26.
No sois de mis ovejas.
La fe y la obediencia son las señales inequívocas de los seguidores del Verdadero Pastor. La incredulidad de los judíos no era el resultado de no pertenecer al redil de Cristo, sino era la evidencia de que no eran sus ovejas.
Como os he dicho.
La evidencia textual favorece la omisión (cf. p. 147) de esta cl cláusula. Nada esencial está implicado. Lo hubiera dicho o no, Jesús se refería al asunto del buen pastor de los vers. 1-18. 984
27.
Oyen mi voz.
Ver com. vers. 4.
28.
Les doy.
El tiempo verbal es presente. La dádiva se da ahora da (ver com. cap. 8: 51; 10: 10).
No perecerán jamás.
Esta negación se expresa muy vigorosamente en griego. En su significado más pleno, "perecerán" se refiere aquí a la muerte final, irrevocable, la muerte segunda (Apoc. 20: 14, cf. Mat. 10: 28; Juan 3: 16). La primera muerte es sólo un corto sueño (Sal. 146: 4; 2 Cor. 5: 1-4; 1 Tes. 4: 13-18), un breve entrar en el descanso "delante de la aflicción" (Isa. 57: 1-2), durante cuyo tiempo la vida del, justo "está escondida con Cristo en Dios" (Col. 3: 3). La muerte física llega tanto a los justos como a los impíos, y de ella no están protegidas las "ovejas". Sin embargo, se les da la promesa de que de la muerte segunda (Apoc. 2: 11; cf. cap. 20: 6). Ver com. Juan 3: 16; 5: 25-29.
Nadie.
Ni el mismo Satanás. Sólo hay una forma en la que las ovejas pueden ser arrebatadas de la mano del pastor, y es por su propia elección voluntaria. Cuando las ovejas se apartan, lo hacen voluntariamente, y en ese caso a nadie pueden culpar sino así mismas. No pueden culpar a Satanás por su defección, pues aun cuando él puede instigar no puede forzar a los hombres a que apostaten (MJ 65). Este versículo no apoya la fatal presunción de que una vez que el hombre está salvado, es imposible que se pierda. No hay nada que impida que las ovejas se descarríen apartándose del cuidado del pastor, si así lo eligen.
29.
Mi padre que me las dio.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 147) la variante: "Mi Padre, lo que me ha dado es más que todo". El contexto definidamente parece favorecer el texto tal como aparece en la RVR, BJ (en su texto), VM, etc. Es evidente que aquí se trata de la superioridad del Padre sobre todas las cosas como la base de la seguridad de las ovejas, y no la superioridad de ellas.
30.
Uno somos.
"Somos una sola cosa" (BJ, 1966). La palabra traducida "uno" está en género neutro, lo que muestra que no se discute la unidad de las personas. Jesús afirmó su unidad con el Padre en voluntad, propósito y designios. El Padre respalda las palabras y acciones de Jesús. Más allá de eso, las palabras implicaban la estrecha relación de Jesús con el Padre. Los judíos entendieron sus palabras como una pretensión a la divinidad (cap. 10: 32-33; cf. cap. 5: 18-19).
31.
Volvieron a tomar piedras.
Ya lo habían hecho unos dos meses antes, en la fiesta de los tabernáculos (cap. 8: 59)
33.
De mi Padre.
Cf. cap. 5: 19, 36; 9: 4.
¿Por cuál?
Literalmente "¿por qué clase?"
Apedreáis.
Es decir, el intento de apedrear, como puede interpretarse el griego. Se intenta la acción, pero no se realiza.
32.
Por la blasfemia.
Los judíos sintieron la fuerza del reproche de Jesús, y no querían admitir que las buenas obras de él no tenían significado para ellos. Sin embargo, era cierto que las buenas obras de Cristo habían estimulado su mala voluntad, incitándola a una mayor actividad. Con todo, pretendían que los impulsaba un motivo más elevado que un punto doctrinal; pretendían ser muy celosos del honor de Dios. La acusación de blasfemia posteriormente fue presentada ante Pilato (cap. 19: 7).
34.
En vuestra ley.
Si bien falta en algunos MSS, la evidencia textual favorece (cf. p. 147) retener el pronombre posesivo "vuestra". Sin embargo, aun cuando se acepte la variante "en vuestra ley", no debe tomársela como una desautorización que Jesús hubiera hecho de la ley que él mismo había dado. El posesivo "vuestra" podría hacer resaltar el pensamiento de que la ley que vosotros mismos reconocéis como autoridad dice, etc. Cf. cap. 8: 17. La palabra "ley" (Gr. nómos) aquí, así como en los cap. 12: 34; 15: 25; etc., se usa para designar a todas las Escrituras del AT como se las reconocían entonces, y no sólo el Pentateuco, como frecuentemente era el caso (cap. 1: 17; etc.). Tal uso de la palabra "ley" también se encuentra en la literatura rabínica. Por ejemplo, al responder a la pregunta en cuanto a dónde la Torah (Ley) afirma la resurrección de los muertos, como una prueba el Talmud cita Sal. 84: 4 (Sanhedrin 91b).
Dioses sois.
La cita es de Sal. 82: 6. El Salmo es una acusación contra los jueces injustos de los cuales se habla como de "dioses" (ver la introducción del Sal. 82 y com. vers. 1, 6). La tradición rabínica aplicaba el término "dioses" a los que recibían la ley. "Los israelitas aceptaban la Torah sólo para que el Ángel de la Muerte no tuviera dominio sobre ellos [Sal. 82: 6-7]" (Talmud 'Abodah Zarah 5a). Jesús parece usar en su respuesta los tradición de esta tradición (ver com. Juan 10: 35). Sin embargo, él era "Dios" en una forma completamente diferente a la del Sal. 82: 6.
35.
Vino la palabra de Dios.
Como parece,985 si Jesús pensaban en la interpretación rabínica de Sal. 82: 6 (ver com. Juan 10: 34), entonces se hace referencia a los israelitas en términos generales porque ellos recibieron la ley.
Quebrantada.
Gr. lúÇ, "soltar", "quebrar", "anular", "cancelar" (ver com. Mat. 5: 19). Los judíos reconocían este principio. Por lo tanto, también debían reconocer las conclusiones basadas en este principio. Si las Escrituras llamaban "dioses" a los israelitas, ¿cómo podían acusar los judíos a Jesús de blasfemia por pretender ser el Hijo de Dios?
36.
Santificó.
Es decir, puso aparte para un propósito especial (ver com. Gén. 2: 3).
Envió.
Ver cap. 3: 17; 20: 21. También la venida de Jesús a este mundo fue voluntaria (cf. com. cap. 5: 18).
Hijo de Dios.
No había pretendido la divinidad directamente sino por inferencia (cf. cap. 2: 16; 5: 19-30; 10: 30).
37.
No me creáis.
"Dios nunca nos exige que creamos sin darnos suficiente evidencia sobre la cual fundar nuestra fe" (CC 105). Los milagros que Jesús realizaba tenían el propósito de proporcionar la base necesaria para la fe (ver p. 199). Además, el carácter de Jesús armonizaba completamente con el del Padre. Así también en la iglesia primitiva las obras de los apóstoles y los dones sobrenaturales del Espíritu conferidos a los creyentes confirmaban "el testimonio acerca de Cristo" (1 Cor. 1: 6).
38.
Creed a las obras.
Ver com. vers. 37.
Conozcáis y creáis.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 147) la variante "conozcáis y entendáis". Es decir, llegar a conocer y continuar en el conocimiento. El sentido literal de la variante reflejada en la RVR es "llegar a conocer y afirmar vuestra fe".
En mí.
Una vez más Jesús afirma su unidad con el Padre (ver com. vers. 30).
39.
Procuraron otra vez.
Cf. cap. 7: 30, 32, 44; 8: 20, 59.
Se escapó.
Cf. cap. 8: 59.
40.
Al otro lado del Jordán.
Para un estudio del ministerio de Jesús en Perea, ver com. Mat. 19: 1.
Donde. . . Juan.
Ver com. cap. 1: 28.
Se quedó allí.
Jesús parece haber pasado en Perea la mayor parte de su tiempo entre la fiesta de la dedicación (ver com. vers. 22) y la pascua unos meses más tarde (ver com. Mat. 19: 1).
41.
Muchos venían.
Esto contrasta consoladoramente con el rechazo en Jeresalén (vers. 39).
Juan. . . ninguna señal hizo.
En contraste con Jesús, quien realizó allí milagros (Mat. 19: 2). Respecto al testimonio de Juan acerca de sí mismo, ver cap. 1: 19-28. Juan pretendía ser tan sólo una voz. Sin embargo, su ministerio había hecho una profunda impresión sobre la gente de la región donde actuaba, la recepción que ahora recibió Jesús, sin duda, se debía grandemente a la obra de Juan. La gente recordaba el mensaje del precursor.
42.
Muchos creyeron.
Una frase frecuente en Juan (cap. 4: 41; 7: 31; 8: 30).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 443
1-30 DTG 442-448
2-4 DTG 444
3 DTG 445-446; FE 273; 2JT 115 140; MM 181; 4T 444, 503
4 DTG 445-446; FE 271; IT 232; 3T 228
5 PP 189; 2T 142; 4TS 156
9-10 DTG 443
10 DTG 236, 731; MeM 304
11 CM 201; DTG 16, 442; 2JT 115; NB 206; OE 189
11-14 PP 189
14 TM 155
14-15 DTG 442; OE 189
14-17 DTG 447
15 ECFP 107
16 2JT 533
17 CC 12; ECFP 107
17-18 DTG 447, 729
18 MeM 304
27 CM 88; CN 440; Ev 502; HAd 276
27-28 DTG 445
28-29 CC 72; FE 308; HAp 441, 468; 3JT 33; MC 137; PR 43 1; 1 T 97
30 3JT 263; MC 326; 5TS 182
33 DTG 436
41 DTG 191 986

CAPÍTULO 11

1 Cristo resucita a Lázaro cuatro días después de ser sepultado. 45 Muchos judíos creen en Cristo. 47 Los principales sacerdotes y los fariseos consultan entre sí para destruir a Cristo. 49 Profecía de Caifás. 54 Jesús se aparta. 55 Durante la pascua preguntan por él, y lo acechan.
1 ESTABA entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)
3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.
4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6 Cuando oyéndolo, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7 Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez.
8 Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearse, ¿y otra vez vas allá?
9 Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, por que ve la luz de este mundo;
10 pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.
11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.
12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanar.
13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
15 y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.
16 Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.
17 Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;
19 y muchos de los Judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.
20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.
21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22 Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.
23 Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.
25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
27 Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
28 Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.
29 Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.
30 Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.
31 Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
32 María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,
34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
35 Jesús lloró. 987
36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.
37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?
38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.
39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.
40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.
42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: !Lázaro, ven fuera!
44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.
45 Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en ‚él.
46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.
47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: "Qué‚ haremos? Porque este hombre hace muchas señales.
48 Si le dejamos así, todos creerán en ‚él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación.
49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
53 Así que, desde aquel día acordaron matarle.
54 Por tanto, Jesús ya no andaba abierta mente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos.
55 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse.
56 Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: "Qué os parece? "No vendrá a la fiesta?
57 Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen.
1.
Estaba entonces enfermo uno.
[La resurrección de Lázaro, Juan 11: 1 - 45. Ver mapa p. 213; diagrama p. 221; en tanto a los milagros, pp. 198 - 203.1 Acerca de la cronología de este suceso, ver com. Mat. 19: 1; Luc. 17: 1, 11.
Lázaro.
Este nombre se deriva del Heb. 'El' azar, que probablemente significa "a quien Dios ayuda", "cuya ayuda es Dios", o "Dios ayuda". No se menciona a Lázaro en los Evangelios sinópticos, aunque Lucas se refiere a la visita de Jesús al hogar de María y Marta (cap. 10: 38-42). Sin embargo, Lucas hace notar que esas hermanas tenían un hermano que era muy amado por Jesús. El mendigo de la parábola de Luc. 16: 19-31 se llamaba Lázaro. Algunos ven una posible relación entre esta resurrección y la elección del nombre para el mendigo (ver com. Luc. 16: 20).
Betania.
Una aldea a unos 15 estadios (aproximadamente 3 km) al sureste de Jerusalén (vers. 18), sobre la falda oriental del monte de los Olivos, en el camino a Jericó. Generalmente se identifica este lugar con la moderna El Azariyeh, que significa "(aldea) de Lázaro".
María.
Para la identificación de María ver la Nota Adicional com. Luc. 7.
Marta.
Para una descripción del carácter de Marta ver com. Luc. 10: 41.
2.
Ungió al Señor.
Ver com. cap. 12: 1-7. También la Nota Adicional com. Luc. 7. Aunque Juan no menciona este hecho hasta más tarde, indudablemente daba por sentado que sus lectores estaban familiarizados con el relato.
3.
Enviaron.
Es decir, enviaron un mensajero.
Amas.
Gr. filéÇ "amar como a un amigo". Respecto a la distinción entre filéÇ, Y agapáÇ, el amor de respeto, estima y abnegación, ver 988 com. Mat. 5: 43-44. AgapáÇ se usa en Juan 11: 5 para el amor de Jesús por Lázaro y sus hermanas. El ruego de las hermanas por su hermano enfermo fue enunciado con palabras sencillas que muestran su estrecha amistad Y su gran amor. Creían que bastaba con que Jesús fuera informado de su necesidad para que acudiera inmediatamente en su socorro. No podían comprender la demora de Jesús. Cuando Lázaro falleció, el corazón de ellas se llenó de pesar. Sus oraciones parecían haber quedado sin respuesta. Sin embargo, Aquel que comprendía todo y que conocía el futuro, tenía en cuenta una respuesta más gloriosa que la que ellas anticipaban.
4.
No es para muerte.
La enfermedad ocasionó la muerte, pero en este caso la muerte sólo fue de corta duración y pronto dio paso a la vida.
Sino para.
Gr. hína, que aquí se entiende debidamente como una cláusula que denota resultado (ver com. cap. 9: 3). Es decir, la gloria aumentaría para el nombre de Dios como un resultado de la enfermedad y muerte de Lázaro. Dios se deleita en tomar los designios del enemigo y los encauza para propósitos de misericordia en favor de los que lo aman (Rom. 8: 28; DTG 436).
5.
Amaba.
Gr. agapáÇ, el amor de respeto, estima y abnegación (ver com. Mat. 5: 43-44). La palabra filéÇ sólo se usa en el caso del amor de Jesús hacia Lázaro (ver com. Juan 11: 3). Algunos comentadores ven en los vers. 3 y 5 la evidencia de que Juan aquí usa filéÇ y agapáÇ como sinónimos. Esta no es una conclusión necesaria. En realidad, puede haberse elegido a propósito agapáÇ en el vers. 5. cuando se trata de las hermanas, para impedir una posible deducción de que meramente se tienen en cuenta afectos humanos. Con frecuencia Juan usa agapáÇ en sus escritos para describir el amor que los cristianos deben manifestarse mutuamente (Juan 13: 34; 15: 12; 1 Juan 4: 7, 11; etc.).
6.
Se quedó dos días más.
La demora tenía un propósito conocido por Jesús, pero desconocido por la expectante familia de Betania. Si Jesús permitía que Lázaro cayera bajo el dominio de la muerte, le iba a ser posible demostrar su divinidad, dando una prueba irrefutable de que ciertamente él era la resurrección y la vida. Mediante el milagro de la resurrección de Lázaro, Jesús se proponía dar la prueba máxima a los judíos incrédulos de que él era el Mesías, el Salvador del mundo. Desde donde estaba Cristo en Perea hasta Betania en Judea -una distancia de quizá 40 km- había aproximadamente un día de camino. El viaje de Jesús podría haber sido más pausado, por lo que hubiera demorado quizá dos días. Tenía la costumbre de auxiliar a los que encontraba en su camino (DTG 487). Evidentemente, Lázaro estaba todavía vivo cuando el mensajero volvió después de entrevistar a Jesús (DTG 484), pero debe haber muerto poco después, pues cuando llegó Jesús ya hacía cuatro días que Lázaro estaba muerto (vers. 17). Es, pues, posible establecer una sincronización de los sucesos de este capítulo sin que sea necesario llegar a la conclusión -como lo han hecho algunos- de que Lázaro ya había muerto cuando el mensajero llegó para informarle a Jesús.
7.
A Judea otra vez.
Hacía poco que Jesús había salido de Judea debido a la hostilidad de los judíos (Juan 10: 39-40; ver com. Mat. 19: 1). Cuando dio a sus discípulos que regresaran, no mencionó a Lázaro, e indudablemente ellos no pensaban en Lázaro como lo parece indicar su respuesta (Juan 11: 8).
8.
Rabí.
Título que se aplicaba a maestros eminentes, y que significa literalmente "mi grande" (ver com. cap. 1: 38).
Apedrearte.
Cf. cap. 10: 39.
Otra vez.
A los discípulos les pareció una verdadera locura que Jesús arriesgara la vida en una región donde reinaban la incredulidad y una enemistad acérrima.
9.
Doce horas.
El día judío se computaba desde la salida del sol hasta la puesta del sol y estaba dividido en doce partes. Como la longitud del día variaba con las estaciones -desde unas 14 horas y 12 minutos en tiempo del solsticio de verano, hasta unas 10 horas y 3 minutos en el solsticio de invierno-, también variaba la duración de las horas. Unos 20 minutos era la variación máxima en la duración de una hora.
Anda de día.
Comparar el pensamiento de los vers. 9 y 10 con el que se expresa en el pasaje del cap. 9: 4 (ver ese comentario). Allí el énfasis recae en el pensamiento de trabajar mientras dura la oportunidad; aquí, en el hecho de que no había llegado todavía la hora de Jesús (ver com. cap. 7: 6).
11.
Nuestro amigo.
Aquí se presenta a Lázaro como amigo también de los discípulos (ver com. vers. 3).
Duerme.
Gr. koimáÇ, palabra que se usa tanto para el sueño común (Mat. 28: 13; Luc. 989 22: 45; etc.) como para el sueño de la muerte (Mat. 27: 52; 1 Cor. 7: 39; etc.). Los discípulos entendieron que Jesús hablaba de un sueño natural (ver p. 106).
Las siguientes comparaciones demuestran que es adecuado emplear el sueño como una figura para representar la muerte: (1) Dormir es estar inconsciente. "Los muertos nada saben" (Ecl. 9: 5). (2) Dormir es descansar de toda actividad externa de la vida. "En el Seol. . . no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría" (Ecl. 9: 10). (3) El sueño hace que sea imposible el pensamiento consciente. "Sale su aliento. . . perecen sus pensamientos" (Sal. 146: 4). (4) El sueño continúa hasta que uno despierta. "Así el hombre yace. . . hasta que no haya cielo" (Job 14: 12). (5) El sueño impide que se participe en las actividades de los que esten despiertos. "Nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol" (Ecl. 9: 6). (6) El sueño anula las emociones del alma. "Su amor y su odio y su envidia fenecieron" (Ecl. 9: 6). (7) El sueño llega normal e inevitablemente a todos. "Los que viven saben que han de morir" (Ecl. 9: 5). (8) El sueño hace que cese toda alabanza. "No alabarán los muertos a JAH" (Sal. 115: 17; cf. Isa. 38: 18).
13.
Pero.
No fue comprendida la referencia de Cristo al sueño. Los discípulos tenían la esperanza de que había pasado la crisis de Lázaro y que estaba recuperándose mediante un sueño reparador.
14.
Claramente.
Jesús no habló más en forma metafórica.
15.
No haber estado allí.
Se deduce que la muerte no habría ocurrido si Jesús hubiera estado allí.
Para que creáis.
La fe de los discípulos en Jesús como el Hijo de Dios sería robustecida con el milagro culminante de su ministerio (cf. com. vers. 6).
16.
Tomás.
Transliteración del Heb. te'om, "gemelo" (ver com. Mar. 3: 18).
Dídimo.
Transliteración del Gr. dídumos, que también significa "gemelo". No tiene ningún fundamento la antigua tradición -por ejemplo, la del libro apócrifo Hechos de Tomás- de que era gemelo de Jesús. Comparativamente, Tomás desempeña un papel importante en Juan (cap. 14: 5; 20: 24-29; 21: 2). Aparece con su naturaleza característica: "fiel, aunque tímido y miedoso" (DTG 263). Puesto que su Maestro estaba decidido a ir a Betania, su lealtad lo indujo a seguirlo, aunque él -con la mente llena de las aprensiones más oscuras- le parecía que iban derecho a entregarse a la muerte.
17.
Cuatro días.
Ver com. vers. 39. En lo que atañe a la relación de este lapso con los "dos días", ver com. vers. 6.
18.
Betania.
Ver com. vers. 1.
Cerca de Jerusalén.
Sin duda, se menciona para mostrar que era fácil que hubiera presentes muchos visitantes de Jerusalén (vers. 19). Entre ellos había algunos que eran acérrimos enemigos de Jesús.
Quince estadios.
Unos 3 km (ver p. 52).
19.
Para consolarlas.
Entre las obras de amor a las que estaban ligados los israelitas, se contaba la de consolar a los afligidos. Se creía que los que cumplían con esta obligación recibían grandes recompensas, y se amenazaba con castigos a los que descuidaban sus responsabilidades.
20.
Entonces Marta.
Marta refleja los mismos rasgos de carácter que se destacan en ella en Luc. 10: 38-42. Era impulsiva, enérgica e inclinada a los deberes prácticos. Por el otro lado, María -que era contemplativa y meditabunda, pero que tenía muchísimo amor- "se quedó en casa". Jesús estaba fuera de la aldea cuando Marta llegó hasta él (Juan 11: 30).
21.
Si hubieses estado.
Las mismas palabras fueron pronunciadas por María cuando se encontró con Jesús (vers. 32). Sin duda, este sentir había estado con frecuencia en los labios y en el corazón de las hermanas desde la muerte de su hermano. Las hermanas tenían razón al decir eso (ver com. vers. 15; cf. DTG 486).
22.
Lo que pidas.
Marta reconocía a Jesús como el Hijo de Dios (vers. 27), y creía que Dios siempre escuchaba las peticiones de su Hijo. No se sabe con seguridad hasta qué punto se atrevió a albergar la esperanza de que Jesús resucitaría a su hermano. Sin duda había oído de la resurrección de la hija de Jairo (Mar. 5: 35-43), y de la del hijo de la viuda de Naín (Luc. 7: 11-15). Estaba segura de que Jesús haría algo para proporcionarles consuelo.
23.
Resucitará.
Aunque los saduceos negaban la resurrección (ver com. Mat. 22: 23), los fariseos -el más numeroso de los dos bandos- claramente manifestaban su creencia en la resurrección y en la vida futura (Hech. 23: 8). Sin duda, muchos que pertenecían a esta tendencia habían procurado 990 consolar a Marta con las palabras empleadas por Jesús en esta ocasión.
24.
En el día postrero.
Era grande la confianza de Marta en la resurrección futura y le servía para mitigar su dolor (cf. 1 Tes. 4: 13-18). Pero ese día parecía estar muy distante. Ella buscaba algo más inmediato para aliviar su pena (ver com. Juan 11: 22).
25.
Yo soy la resurrección.
Esta es otra de las veces cuando Jesús dijo: "Yo soy" (cf. cap. 6: 35, 51; 8: 12; 10: 7, 9, 11, 14; 14: 6; 15:1, 5). Jesús aquí declara que el es el Dador de la vida. En él "hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG 489). El que lo recibe, recibe la vida (1 Juan 5: 11-12) y tiene la seguridad de una resurrección futura para vida eterna (cf. 1 Cor. 15: 51-55; 1 Tes. 4: 16; etc.).
Cree.
Jesús estaba procurando desviar la atención de la resurrección en un futuro remoto y, en cambio, dirigirla a él. Sólo los que fijan su fe en Cristo durante el período de su peregrinación terrenal, pueden esperar recibir la vida en aquel día. La fe en Cristo es de importancia inmediata.
Aunque esté muerto.
Mejor "aunque muera, vivirá " (BJ).
26.
No morir eternamente.
La negación está vigorosamente expresada en el texto griego (ver com. cap. 4: 48). Claramente aquí se hace referencia a la segunda muerte y no a la cesación de la vida que sobreviene a todos al término de su peregrinación terrenal (ver com. cap. 10: 28). Esta última experiencia está implícita en la expresión "aunque esté muerto, vivirá ". (cap. 11: 25), que se traduce mejor "aunque. muera, vivirá". La segunda muerte es sinónima de la expresión "no se pierda" (cap. 3: 16). Quedaran libres de este terrible fin los que vivan en Jesús y crean en él (Apoc. 20: 6).
27.
He creído.
Marta reafirma su fe en Jesús como el Mesías, y de ese modo, indirectamente, en lo que él acaba de afirmar.
Cristo.
Ver com. Mat. 1:1.
Hijo de Dios.
En lo que atañe al significado de esta frase aplicada a Jesús, ver com. Luc. 1: 35 y la Nota Adicional com. Juan 1.
Has venido al mundo.
Comparar esta expresión con Mat. 11: 3; Juan 1: 9; 3: 31; 6: , 14; 9: 39; 16: 28; 18: 37.
28.
En secreto.
Sin duda, para que las plañideras no siguieran a María hasta el lugar donde estaba Jesús y para que María pudiera encontrarlo solo. Las hermanas también sabían el complot para matar a Jesús, por lo que tomaron precauciones a fin de que no se divulgara que él estaba en las proximidades. También quizá esta consideración las indujo a no pedirle directamente que fuera a Betania.
Maestro.
Gr. didáskalos, que, literalmente, significa "el que enseña". Este título fue usado muchas veces para Jesús (cap. 13:13; ver com. cap. 1: 38).
29.
Se levantó de prisa.
Había estado sentada en la casa (vers. 20).
30.
Todavía no había entrado.
Sin duda, debido a la hostilidad de los Judíos (vers. 8), y también para que pudiera encontrarse a solas con las hermanas.
31.
La siguieron.
Tiene significado el que la hubieran seguido, pues de ese modo fueron testigos del milagro que Cristo estaba por realizar.
32.
Se postró.
Era más expresiva que su hermana (cf. vers. 20-21).
Si hubieses estado aquí.
Exactamente lo que Marta había dicho (ver com. vers. 21). pero, indudablemente, no hubo una conversación como en el caso de Marta. María quedó postrada a los pies de Jesús, llorando. Quizá su emoción era tan grande que no la dejaba hablar.
33.
Los judíos... también llorando.
El llanto de María y de los amigos íntimos de Lázaro era genuino, pero, en gran medida, el llanto de los otros quizá sólo eran las lamentaciones superficiales características en los funerales del Cercano Oriente. La palabra aquí traducida "llorando" aparece en Mar. 5: 39 para describir los lamentos artificiosos de las plañideras contratadas.
Se estremeció.
Gr. embrimáomai, que, básicamente, significa "jadear" o "bufar" [de indignación]". Esta palabra está en la LXX en Dan. 11: 30, dentro de un contexto que sugiere indignación. Esta idea parece encontrarse también en Mar. 14: 5. La frase acompañante "se conmovió" (Juan 11: 33) sugiere aquí la mismas idea. Por lo tanto, embrimáomai describe una conmoción de la mente. Una profunda experiencia emotiva, en este caso de justa indignación, sin duda causada por el dolor hipócrita de los Judíos reunidos, algunos de los cuales pronto harían planes para dar muerte a aquel a quien ahora lamentaban, y a Aquel que pronto impartiría vida al muerto (DTG 490).
34.
Pusisteis.
Gr. títh'mi, "colocar", palabra que comúnmente se usaba para describir 991 la sepultura (cap. 19: 41-42; 20: 2, 13, 15), y que, por lo tanto, equivale aproximadamente a "enterrar".
35.
Lloró.
Gr. dakrúÇ. "derramar lágrimas". La palabra sólo aparece aquí en el NT. En la LXX se emplea en Job 3: 24; Eze. 27: 35; Miq. 2: 6. El vocablo traducido como "llorando" en Juan 11: 33 deriva del verbo kláiÇ, que describe no sólo un llanto sosegado sino también los lamentos que acompañaban en el Cercano Oriente a las expresiones de dolor por los muertos (ver com. vers. 33). Sin embargo, kláiÇ también aparece en Luc. 19: 41, pero en otro sentido.
En su humanidad, Jesús fue conmovido por el dolor humano y lloró con los afligidos. "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos" (Heb. 2: 17). Debido a su identificación con la humanidad, "es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Heb. 2: 18). Para el tema de la humanidad de Jesús, ver com. Luc. 2: 52; Juan 1: 14. En cuanto a la causa de las lágrimas de Jesús, ver DTG 490-491.
36.
Amaba.
Gr. filéÇ (ver com. vers. 3, 5).
37.
¿No podía éste?1
Superficialmente, estas palabras parecen ser una repetición de la idea expresada tanto por Marta como por María que si el Señor hubiera estado presente, Lázaro no habría muerto (vers. 21, 32). Sin embargo, dentro de su contexto (ver com. vers. 38) parece más natural interpretarlas como una expresión de escepticismo y de duda -en realidad, aún de mofa-, como si hubieran dicho: "Si fuera realmente el obrador de milagros que pretende ser, con seguridad habría hecho algo por uno de sus amigos más íntimos". Querían llegar a la conclusión de que, después de todo, ese fracaso era una prueba de que él no había abierto los ojos del ciego.
38.
Conmovido.
Ver com. vers. 33. La nota de incredulidad expresada por algunos de los judíos (vers. 37) contribuyó para ese estado de ánimo de Jesús.
Sepulcro.
Gr. mn'méion, literalmente "recordativo", de mn'monéuÇ "recordar", que se usa frecuentemente como recordativo de los muertos, pero principalmente para la tumba o la cámara mortuoria (Mar. 16: 5; etc.).
Cueva.
Era común que en Palestina se usaran las cuevas naturales, mejor adaptadas mediante excavaciones, como sepulturas (cf. Gén. 23: 19; Isa. 22: 16). La Mishnah describe lo que es probablemente una típica tumba familiar: "El espacio central de la caverna debe contener [una superficie de] seis codos por ocho. Y trece cámaras deben desembocar en ella; cuatro en un lado, cuatro en el otro; tres en frente [de la entrada], y una a la derecha de la entrada y una a la izquierda. Fuera de la entrada de la caverna debe hacerse un atrio de seis [codos] por seis, [que es] el espacio destinado al féretro y a los que lo sepultan. Dos cavernas deben desembocar en él; una a un lado y la otra al otro" (Baba Bathra 6. 8). Los descubrimientos arqueológicos muestran que las entradas a las tumbas generalmente estaban en un plano horizontal.
Piedra.
La entrada a las cuevas estaba cubierta con frecuencia con piedras circulares a fin de que se las pudieran hacer rodar. Con frecuencia, una piedra de sostén mantenía en su lugar a la piedra circular (ver Mishnah Ohololh 2. 4).
39.
Quitad.
Jesús podría haber quitado la piedra milagrosamente. Pero ésa era una tarea que las manos humanas podían realizar. Los hombres deben cooperar con Dios y no deben esperar que Dios haga para ellos lo que pueden hacer por sí mismos (ver p. 199).
Hiede.
Esta impulsiva exclamación muestra que la fe de Marta era demasiado débil para captar todo el significado de lo que estaba implicado en los vers. 23-26 (ver com. vers. 22). Pero su reacción también proporcionó una evidencia positiva a los judíos de que no se estaba realizando ningún engaño y que Lázaro estaba realmente muerto. El hecho de que Marta temiera que ya hubiera comenzado la putrefacción sugiere que el cuerpo no había sido embalsamado, aunque el vers. 44 indica una cuidadosa preparación del cuerpo.
Cuatro días.
Una tradición judía del siglo III d. C., que quizá refleja algo de lo que se creía en los días de Jesús, enseñaba que durante tres días el alma vuelve al cuerpo con la esperanza de entrar de nuevo en él. Cuando al fin de ese lapso el alma observa que el rostro se ha desfigurado, se aleja y nunca regresa. Por lo tanto, durante tres días los parientes visitaban la tumba con la esperanza de que la persona sólo estuviera en estado de coma sin haber muerto en realidad. Cuando llegaba el cuarto día, ya no había más ninguna duda en cuanto a la muerte. Si esas tradiciones eran admitidas en el tiempo de Jesús, el hecho de que ya fuera el cuarto día habría sido una evidencia convincente de que Lázaro 992 estaba realmente muerto. Quizá Jesús tuvo en cuenta este concepto popular cuando demoró su llegada hasta el cuarto día.
40.
¿No te he dicho?
Las palabras exactas no se encuentran en los vers. 21-27, pero están implícitas al compararse estos versículos con el mensaje que mandó Jesús cuando se le informó de la enfermedad de Lázaro (vers. 4; cf. DTG 484).
41.
Piedra.
Ver com. vers. 38.
De donde.
La evidencia textual establece la omisión (cf. p. 147) de la frase explicativa: "donde había sido puesto el muerto". (Esta omisión se ha efectuado en la BJ.)
Alzando los ojos.
Lo que Jesús solía hacer al orar (cf. Mar. 6: 41; Juan 17: 1). En lo que atañe a los otros, rara vez se menciona esta costumbre. De acuerdo con una tradición del siglo II d.C., que, sin embargo, tal vez refleje costumbres más antiguas, la práctica era al menos dirigir los ojos hacia el templo (por ejemplo, ver Mishnah Berakoth 4. 5).
Padre.
Forma habitual de Jesús para dirigirse a Dios (Luc. 22: 42; Juan 12: 27; 17: 1, 11, 25). En el Padrenuestro, Jesús enseñó a sus seguidores que se dirigieran así a Dios (ver com. Mat. 6: 9).
Por haberme oído.
Jesús estaba en constante comunión con su Padre. Todo lo que le sucedía en la vida concordaba con un plan convenido antes de que Jesús dejara el cielo (ver com. Luc. 2: 49). La realización de ese plan demandaba que se diera una evidencia máxima de la divinidad de Cristo. La oración fue simple, en marcado contraste con los encantamientos de los que recurren a la magia. No hubo ningún pedido, tan sólo una expresión de agradecimiento, pero con ella un reconocimiento tácito de la completa armonía del Hijo con la voluntad del Padre.
42.
Por causa de la multitud.
De lo contrario, no hubiera habido necesidad de la oración. La resurrección del hijo de la viuda de Naín (Luc. 7: 11-17) se había efectuado en un pequeño y oscuro pueblo de Galilea. La resurrección de la hija de Jairo (Luc. 8: 41-56) acaeció en la intimidad de un dormitorio, con sólo unos pocos testigos presentes. Además, ella había estado muerta sólo un corto tiempo (ver com. Juan 11: 39). Este milagro, en cambio, se realizó a plena luz del día, con la presencia de amigos y enemigos como testigos. Se hizo frente a todo posible motivo de dudas. Los fariseos habían acusado a Jesús de que expulsaba a los demonios mediante el príncipe de los demonios (Mat. 12: 24). Jesús reconoció abiertamente su unión con el Padre, sin el cual no intentaba hacer nada (Juan 5: 19-30; 7: 28-29), y ahora declaró que su propósito era que creyeran que Dios lo había "enviado".
43.
Clamó.
Gr. kraugázÇ, "vocear fuertemente". Este verbo aparece en otras partes del NT (Mat. 12: 19; 15: 22; Juan 18: 40; 19: 6, 15; Hech. 22: 23).
A gran voz.
Gr. fÇn' megál'. Estas dos palabras griegas aparecen juntas también en Mat. 24: 31; Mar. 15: 34, 37; Apoc. 1: 10.
Lázaro.
Jesús se dirigió a él como nosotros lo haríamos con un amigo familiar para despertarlo de un sueño.
Ven fuera.
Gr. déuro éxÇ. Déuro, que significa "hacia acá", tiene la fuerza del imperativo "ven", y así se ha traducido en Mat. 19: 21; Mar. 10: 21; Hech. 7: 34; etc. ExÇ significa "fuera".
No hay el menor indicio en todo el relato de que el alma de Lázaro dejó su cuerpo en el momento de la muerte y ascendió al cielo. Si tal hubiera sido el caso, podríamos haber esperado que Jesús se dirigiera al alma consciente y no al cuerpo muerto. Podría haber dicho: "Lázaro, desciende y vive otra vez en la carne". Pero, a semejanza de David, Lázaro "no subió a los cielos" (Hech. 2: 34). Los últimos cuatro días habían sido para él un período de olvido e inconsciencia (ver Sal. 146: 4). Si alguno esperaba oír de él un relato glorioso de las andanzas de su alma después de la muerte, estaba condenado a chasquearse, pues Lázaro no tenía nada que relatar.
44.
Atadas las manos y los pies.
Se ha conjeturado mucho en cuanto a cómo Lázaro pudo moverse en esas circunstancias. No hay duda de que estaba trabado en sus movimientos, pues Jesús ordenó que lo desataran (cf. DTG 493).
Vendas.
En la Mishnah se habla de "un cadáver" y su "ataúd y mortaja" (Shabbath 23. 4). Cf. cap. 19: 40.
Sudario.
Gr. soudárion, del latín sudarium, "un paño para limpiarse la transpiración". Esta palabra se usa también en Luc.19: 20; Juan 20: 7; Hech. 19: 12.
45.
Creyeron en él.
En el caso de muchos, este milagro cumplió su propósito. Tuvo alcances mucho mayores de lo que se podría haber esperado (vers. 42; cf. cap. 2: 23; 7: 31). Esta respuesta debe haber reconfortado a Jesús y a sus discípulos. 993
46
A los fariseos.
[Retirada a Efraín, Juan 11: 46-57. Ver mapa p. 213.] Ver p. 53. Es probable que entre los informantes estaban algunos de los espías que constantemente seguían los pasos de Jesús. Quizá otros, sencillamente, pensaron que un acontecimiento tan notable debía ser conocido por los dirigentes religiosos. Pueden haber deseado recibir consejo en cuanto a su forma de reaccionar frente a ese hecho.
47.
Los principales sacerdotes.
En su mayoría eran saduceos (ver p. 54). Los saduceos negaban la posibilidad de la resurrección (Mat. 22: 23; Hech. 23: 8). Quedaron grandemente perturbados al ver que una de sus principales teorías era comprobada como errónea. Entonces se unieron con los fariseos en una abierta hostilidad contra Jesús. En realidad, los principales sacerdotes desempeñaron un papel muy importante en el arresto, el juicio y la condenación de Jesús (Mat. 20: 18; 21: 15, 23, 45; 26: 3; etc.).
Fariseos.
Ver p. 53.
Concilio.
Gr. sunédrion, que deriva de sun, "junto" y hedra, "asiento", que se ha transliterado en castellano como "sanedrín". En cuanto a este concilio, ver p. 68.
¿Qué haremos?
Comprendieron que la situación había tomado un cariz que no permitía más demoras. Algunos oponentes se habían vuelto creyentes; enemigos se habían convertido en amigos; y en sus propias filas había algunos que estaban llegando a una convicción profunda. La influencia de ellos ante el pueblo disminuía rápidamente.
48.
Vendrán los romanos.
Irónicamente, cuando se escribió este Evangelio (ver p. 173), los romanos habían hecho exactamente lo que se temía (ver las pp. 74-78), pero por una razón muy diferente. Si Jesús hubiese sido el mesías político de las expectativas judías, las represalias de los romanos habrían sucedido inmediatamente después de cualquier intento de colocarlo en el trono. Pero Jesús nunca aspiró a ser un libertador nacional. Cuando las multitudes procuraron hacerlo rey a la fuerza, rápidamente despidió a la gente y se alejó de la escena (cap. 6: 15).
Nuestro lugar santo.
En el texto griego no está el adjetivo "santo". Con todo, probablemente la referencia es al templo (ver Jer. 7: 15; 2 Mac. 5: 19), o, en un sentido más amplio, se puede entender Jerusalén.
Nación.
A pesar del nombramiento de un procurador romano (ver p. 67) y la presencia en la misma colina del templo de la fortaleza romana Antonia (ver mapa p. 215), los judíos disfrutaban de un considerable grado de libertad en lo que atañía a sus asuntos locales. Estaban en peligro de perder esa libertad, y, en realidad, la perdieron unos 40 años más tarde.
49.
Caifás.
Ver com. Mat. 26: 57; Luc. 3: 2.
Aquel año.
Esto no significa que el sumo sacerdote estaba en su cargo sólo durante un año. Antiguamente, el cargo era vitalicio; pero durante el dominio romano el sumo sacerdote era depuesto en cualquier momento y se nombraba otro. Caifás estuvo en su cargo aproximadamente desde 18 d. C. hasta 36 (ver com. Luc. 3: 1). "Aquel año" sin duda significa aquel año decisivo o memorable en el cual fue crucificado nuestro Señor.
50.
Que un hombre muera.
Este principio está confirmado en la literatura rabínica. Midrash Rabbah, com. Gén. 43: 8, dice: " Mejor que se arriesgue una vida antes que todos ciertamente deban [morir]". El mismo Midrash, com. Gén. 46: 26 y siguiente dice: "'Mejor que tú seas ejecutado antes que toda la comunidad sea castigada debido a ti '". Tácitamente, Caifás argüía que aun en el caso de que Jesús fuera inocente, su eliminación sería para el bien de Israel.
51.
No lo dijo por sí mismo.
Es cierto que Caifás conocía las profecías, pero las predicciones divinas eran entendidas sólo borrosamente. Le preocupaba mantener su poder y que continuara la vida nacional de los judíos; sin embargo, sus palabras fueron notablemente proféticas de lo que Jesús estaba por hacer. Jesús moriría, pero, irónicamente, la nación que Caifás esperaba así salvar de la destrucción, perecería miserablemente.
52.
No solamente por la nación.
Este es un comentario añadido por Juan. Caifás sólo se había referido a la nación de los judíos. Sin embargo, la muerte de Jesús sería para todos, y de cada nación, los que lo aceptaran, se unirían en un gran conjunto de creyentes (Efe. 2: 11-22). Estas eran las "otras ovejas" que atraería el Buen Pastor (Juan 10: 16).
53.
Acordaron.
Oficialmente, el sanedrín acordó hacer morir a Jesús. Les quedaba el problema de la forma en que podrían ejecutar su plan sin suscitar un tumulto popular. Había habido intentos anteriores de matar a Jesús (cap. 5: 18; etc.), pero la resurrección de Lázaro había llevado esto a una crisis. El consejo de Caifás de proceder sin establecer 994 necesariamente la culpabilidad o inocencia de Jesús (ver com. vers. 50) parecía ser la solución que buscaban los miembros del concilio.
54.
Efraín.
Generalmente, se identifica con Taiyibeh, lugar a unos 6 km al noreste de Bet-el (ver 2 Sam. 13: 23; 2 Crón. 13: 19; Josefo, Guerra iv. 9. 9). Estaba cerca del desierto que se extiende junto al valle del jordán.
55.
La pascua de los judíos.
Considerando que la fiesta anónima del cap. 5: 1 (ver allí el comentario) fuera una pascua, ésta es la cuarta pascua mencionada por Juan (ver pp. 185, 238; diagrama 5, p. 219).
Región.
Es decir, la región de Palestina, en términos generales, aunque asistían a la pascua judíos de todas partes del mundo.
Para purificarse.
En cuanto a la purificación ceremonial como un requisito para comer la pascua, ver 2 Crón. 30: 17-20; cf. Núm. 9: 10. Durante el enjuiciamiento de Jesús, los sacerdotes se negaron a entrar en el pretorio para no contaminarse y quedar así excluidos de comer la pascua (Juan 18: 28).
56.
Buscaban.
Como lo habían hecho antes de la fiesta de los tabernáculos (cap. 7: 11). Pero ahora, al unirse el esfuerzo de los saduceos y los fariseos (ver com. cap. 11: 47) su búsqueda se intensificó muchísimo.
¿No vendrá?
En vista de la reciente orden de arrestar a Jesús, había muchas dudas en cuanto a su presencia en la fiesta. El texto griego puede ser interpretado como que expresa la idea: "No se atrevería a venir a la fiesta, ¿verdad?" Indudablemente, esperaban que se presentara, y así facilitara su arresto.
57.
Principales sacerdotes.
Ver com. vers. 47.
Supiese.
Es decir "hubiese descubierto".
Manifestase.
Gr. m'núÇ, "descubrir", "informar".
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 483
1-44 DTG 482-494
3-7 DTG 484
5 MeM 214
8-16 DTG 485
9-10 FE 471; 2JT 433; 3T 108
14-15 DTG 486
19-21 DTG 488
21-28 DTG 488
25 CS 344; 2JT 487; MeM 360; PR 462
25-26 MeM 304
29-35 DTG 489
36-39 DTG 491
39-41 DTG 492
40 PVGM 111
41-44 DTG 493
45-47 DTG 495
47 DTG 497
47-54 DTG 495-500
48 CS 30; DTG 498
49-50 DTG 498
50 CS 673
51-52 DTG 498
54 DTG 500
56 DTG 512

CAPÍTULO 12

1 Jesús defiende a María por ungir sus pies. 9 La gente se reúne para ver a Lázaro. 10 Los principales sacerdotes deciden matar a Lázaro. 12 Cristo entra triunfalmente en Jerusalén. 20 Unos griegos desean ver a Jesús. 23 Cristo predice su muerte. 37 Los judíos, completamente ciegos. 42 Muchos gobernantes creen secretamente en Jesús. 44 por lo tanto, él pide fervorosamente una confesión de fe.
1 SEIS días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
4 Y dijo uno de sus discípulos, judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
5 ¿Por qué no fue este perfume vendido 995 por trescientos denarios, y dado a los pobres?
6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.
7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto.
8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mi no siempre me tendréis.
9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.
10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro,
11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.
12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,
13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!
14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito:
15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna.
16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho.
17 Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.
18 Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal.
19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.
20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.
21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.
22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.
23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviera, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.
27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.
28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré, otra vez.
29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado.
30 Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros.
31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.
32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré‚ a mi mismo.
33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.
34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?
35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.
36 Entre tanto que tenéis luz, creed en la luz, para que seais hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.
37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él;
38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:
40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, 996 y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane.
41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.
42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
45 y el que me ve, ve al que me envió.
46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mi no permanezca en tinieblas.
47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
50 Y sé‚ que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.


1.
Seis días antes de la pascua.
[La fiesta de Simón, Juan, 12:1-9 = Mat. 26: 6-13 = Mar. 14: 3-9 = Luc. 7: 36-50. Comentario principal: Mateo y Lucas. Ver mapa p. 214; diagramas pp. 219, 221.] En cuanto a la relación de esta fiesta con la registrada en los otros Evangelios, ver la Nota Adicional com. Luc. 7.
La cena quizá se realizó la noche del sábado anterior a la crucifixión (ver com. Mat. 21: 1; 26: 3) que, en realidad, seria el primer día de la semana (ver t. II, p. 104). Esto sería exactamente seis días, empleando el cómputo inclusivo (ver t. I, p. 191), antes de la pascua, que cayó en viernes (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26).
Donde estaba Lázaro.
Ver com. cap. 11: 1.
2.
Le hicieron.
La fiesta fue en la casa de Simón (Mat. 26: 6).
Cena.
Gr. déipnon (ver com. Luc. 14: 12).
Marta servía.
Como pareciera que era característico de ella (ver Luc. 10: 40).
3.
Libra.
Gr. litra, unos 330 g. Esta palabra sólo aparece aquí, en el NT, en el cap. 19: 36 y en Apoc, 6: 6.
Perfume de nardo puro.
En griego, "libra pura (o genuina) de perfume de nardo", siempre que se acepte que el sentido de pistikós es "puro" o "genuino". Algunos sugieren que se debe traducir como "líquido"; otros lo dan como nombre de algún lugar. En lo que respecta a la descripción de este perfume o ungüento, ver com. Luc. 7: 37.
Los pies.
Mateo (cap. 26: 7) y Marcos (cap. 14: 3) dicen que el perfume fue derramado sobre la cabeza. Sin duda, María hizo ambas cosas, y cada escritor evangélico nos informa sólo de una. Lucas, al igual que Juan, menciona el ungüento de los pies (Luc. 7: 38).
Olor del perfume.
El acto no podía ocultarse. El penetrante perfume llenó la habitación y llamó la atención a lo que había hecho María.
4.
Uno de sus discípulos.
Mateo afirma que "los discípulos se enojaron" (Mat. 26: 8). La crítica se originó en Judas, pero cundió entre los otros discípulos.
Le había de entregar.
Ver com. cap. 6: 71.
6.
Bolsa.
Gr. glÇssókomon, un recipiente pequeño para las boquillas de los instrumentos de viento, pero la palabra también llegó a emplearse para describir un receptáculo para artículos generales, y más especialmente para guardar dinero. De modo que "bolsa de dinero" sería una traducción adecuada. En la LXX aparece esta palabra en 2 Crón. 24: 8.
Sustraía.
"Se llevaba" (BJ). Gr. baztázÇ, que, generalmente, significa "llevar" (Luc. 7: 14; 22: 10; etc.), también "recoger" (Juan 10: 3 1). Aquí el significado es "hurtar", definición claramente confirmada en los papiros.
7.
Ha guardado.
La evidencia textual aquí establece el texto "déjala, para que para el día de mi entierro lo guarde". Sin embargo, es dudoso el significado de la cláusula griega así traducida. Parece extraño que Jesús se refiriera a la preservación de una parte del contenido para que se usara cuando él fuera sepultado. Más bien, alude al motivo que impulsó a la compra del perfume (ver Mat. 26: 12; Mar. 14: 48). Para un análisis de los motivos de María en el ungimiento, ver com. Mat. 26: 12; cf. DTG 513-514.
9.
Gran multitud.
En general, del común del pueblo. la expresión aparece otra vez en el vers. 12.
Supieron.
Más bien "descubrieron".
Para ver a Lázaro.
Una razón suficiente. 997 Hoy en día, un hombre resucitado de los muertos atraería grandes multitudes,
10.
Pero los principales sacerdotes.
[El complot de la traición, Juan 12: 10-11 = Mat. 26: 1-5, 14-16 = Mar. 14: 1-2, 10-11 = Luc. 22: 1-6. Comentario principal: Mateo. Ver diagrama p. 223.] Junto con el complot para dar muerte a Jesús, los principales sacerdotes tramaron también la muerte de Lázaro. No podían presentar ninguna acusación formal contra Lázaro. Sin embargo, debido a que su vida era un testimonio de la divinidad de Aquel a quien habían condenado a muerte y una negación de la doctrina que muchos de ellos propiciaban -es decir, que no había resurrección (ver com. cap. 11: 47)- les pareció necesario matarlo también a él.
11.
Se apartaban.
O "se les iban" (BJ). Es decir, se apartaban del judaísmo y se unían con las filas de los discípulos de Jesús.
12.
El siguiente día.
[La entrada triunfal, Juan 12: 12-19 = Mat. 21: 1-11 = Mar. 11: 1-11 = Luc. 19: 29-44. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 214; diagrama p. 223.] El día siguiente sería el que seguía a la fiesta, o sea domingo (ver com. vers. 1).
Grandes multitudes.
Ver com. vers. 9. Aunque la afirmación de Josefo de que era determinada pascua se reunieron en Jerusalén más de 2. 500. 000 personas (Guerra vi. 9. 3) es posiblemente exagerada, sin embargo, indica que enormes multitudes deben haberse reunido en Jerusalén durante este período.
13.
Ramas.
Mejor "palmas". Se mencionan "palmas" en 1 Mac. 13: 51 ("ramos de palmeras", BJ) en relación con la entrada triunfal de Simon, el sumo sacerdote, en la torre de Jerusalén. Las palmas en las manos de la gran multitud de Apoc. 7: 9 son un símbolo de triunfo (ver CS 723).
Rey de Israel.
La primera parte de las aclamaciones, evidentemente, es de Sal. 118: 25-26 y la ultima parte -"el Rey de Israel"- es una alusión a Zac. 9: 9. En cuanto al Mesías como rey de acuerdo con las expectativas de los judíos, ver com. Luc. 4: 19; cf. Juan 18: 37; 19: 19. Los escritores de los evangelios presentan con variantes el clamor de la multitud. Sin duda, las aclamaciones fueron variadas.
14.
Un asnillo.
Juan omite los detalles en cuanto a la forma en que se lo consiguió (ver Mar. 11: 1-7).
15.
No temas.
Esta frase no es del hebreo ni de la LXX en Zac. 9: 9, pero podría provenir de Isa. 40: 9.
16.
No las entendieron.
Los discípulos no entendieron el propósito ni la importancia de lo que Jesús estaba haciendo. En lo que atañe al propósito, ver com. Mat. 21: 5; cf. DTG 525-526. Aunque Jesús había dicho claramente a sus discípulos que su muerte estaba próxima (Mat. 17: 22-23; etc.), parece que lo olvidaron en la excitación del momento. El hecho de que él, en un acto sin precedentes, hubiera permitido que lo aclamaran como "Rey de Israel", alimentó las esperanzas de ellos de que, despues de todo, satisfaría sus expectativas y las de la multitud, se proclamaría rey y desempeñaría el papel de un mesías político. Después de la resurrección, mediante un estudio de las profecías -guiados por el Espíritu Santo- comprendieron el propósito de lo que hacía Cristo.
17.
Daba testimonio.
Los que habían sido testigos oculares de la resurrección de Lázaro se mezclaron con la multitud y daban su testimonio. Así cundía el entusiasmo.
18.
A recibirle.
Había dos multitudes, la que acompañaba a Jesús y la otra, que salía de Jerusalén para recibirle.
19.
El mundo.
Si bien unos pocos MSS dicen "todo el mundo", la evidencia textual establece el texto como aparece en la RVR. En todo caso, ambas expresiones son equivalentes. El lenguaje es hiperbólico. Emana de hombres frustrados y airados. En vez de que la gente estuviera dispuesta a apoderarse de Jesús y entregarlo en poder de ellos, resultó que la multitud lo rodeaba con gozosas aclamaciones y lo saludaba como a un rey. En esas circunstancias, cualquier intento de arrestar a Jesús hubiera provocado un tumulto. Algunos de los líderes recurrieron a Jesús pidiéndole que acallara a las multitudes, pero no tuvieron éxito (Luc. 19: 39-40). Todo lo que pudieron hacer fue observar el desfile y ver cómo su odiado enemigo entraba en Jerusalén en medio de un triunfo real. Quizá se sintieron algo así como Amán cuando conducía a Mardoqueo montado en un caballo real (Est. 6: 11). No sabiendo cual era en realidad el propósito de Jesús, sin duda, lo imaginaron a punto de proclamarse rey, aboliendo el poder de ellos y encabezando una revolución contra Roma.
20.
Ciertos griegos.
[Etrevista con los griegos, Juan 12: 20-36ª.] Este suceso quizá ocurrió el martes anterior a la crucifixión, en relación con la última visita de Jesús al templo (ver com. Mat. 23: 1; cf. DTG 574). 998
A adorar.
El hecho de que vinieran a adorar y no a participar de la pascua, sugiere que estos griegos no eran prosélitos plenos. Josefo menciona a extranjeros que acudían a Jerusalén para adorar en ocasión de la pascua (Guerra vi. 9. 3). Los prosélitos a medias, al igual que los gentiles, quedaban restringidos al atrio de los gentiles. Puede verse una descripción de los atrios del templo en la Mishnah Middoth; cf. Kelim 1.8.
21.
Felipe.
Ver com. Mar. 3: 18.
Betsaida.
Ver com. Mat. 11: 21.
Ver.
Aquí se usa en el sentido de "tener una entrevista", como en Luc. 8: 20. En cuanto a los propósitos de la entrevista solicitada, ver DTG 575.
22.
Lo dijo a Andrés.
Tanto Felipe como Andrés tenían nombres griegos, y sus antecedentes helenísticos quizá expliquen su parte en este hecho. No se da la razón por la cual Felipe consultó a Andrés, pero indudablemente buscó el consejo de este antes de presentar a Jesús el caso de los griegos (ver com. cap. 6: 8). En el relato de la alimentación de los cinco mil (cap. 6: 1-14), Andrés demostró ser más practico que Felipe, el cual, en esa ocasión, no sólo demostró ser más precavido sino también lento de corazón para creer.
23.
Les respondió.
Las palabras fueron más bien una respuesta ante la situación provocada por la visita de los griegos y no una respuesta directa para ellos.
Ha llegado la hora.
Antes Jesús había anunciado que su hora todavía no había llegado (cap. 2: 4; 7: 30; 8: 20; com. cap. 2: 4). Sin embargo, estaba próxima la hora de su muerte. Contando el martes, sólo faltaban cuatro días para su crucifixión. Indudablemente, la visita de los griegos le sugirió a Jesús cual sería el resultado de su muerte, a saber, la conversión de muchos procedentes de las naciones de los gentiles.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
24.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Muere.
Una sencilla ilustración de la naturaleza. Una semilla de trigo colocada en la tierra muere como grano de trigo, pero la vida no es destruida. Hay en la semilla un germen de vida que no se destruye con su disolución. En el crecimiento de la nueva planta la semilla se convierte en muchas semillas. Sin embargo, una multiplicación tal no ocurre si la semilla no es arrojada en la tierra. Tal fue el caso de Jesús. Si hubiera elegido no morir por la raza culpable, hubiera quedado "solo". La raza humana habría perecido y no habría habido una cosecha de almas para el reino. Mediante su muerte, Jesús proporcionó vida a todos los que perseveran en tener fe en él. Comparar esto con el razonamiento de Pablo en 1 Cor. 15: 36.
25.
Ama su vida.
Ver com. Mat. 10: 39; cf. Mar. 8: 35; 10: 39. La palabra para vida aquí es psuj'‚ (ver com. Mat. 10: 28), frecuentemente traducida como "alma" (Mar. 8: 36-37 etc.). El que tiende a salvar y preservar su vida física aquí, perderá su "alma", o sea, la vida eterna. El que esta dispuesto a sacrificarse sirviendo a Dios en este mundo, preservará su "alma" y disfrutara de vida eterna en el mundo venidero. De esta manera, "la ley del sacrificio propio es la ley de la conservación". "La ley del servicio propio es la ley de la destrucción propia" (DTG 576-577). El que está dispuesto a poner a un lado todo lo que le es más caro en esta vida, pero que se interpone en el camino de su crecimiento espiritual, a la larga descubrirá que no ha perdido nada que valiera la pena y que, en cambio, ha ganado las verdaderas riquezas (Fil. 3: 8-10). El mundo considera la senda de la abnegación y el sacrificio propio como necedad y perdida, así como un niñito podría considerar el arrojar el buen grano en la tierra como un despilfarro insensato. Pero el mundo futuro revelará que el que está apegado a este mundo actual ciertamente fue necio, y que el hijo de Dios realmente fue sabio. En Mat. 10: 28 se describe la perdida final y la destrucción del "alma".
Aborrece.
En el sentido de "amar menos" (ver com. Luc. 14: 26).
26.
Me sirve.
Ver com. Juan 12: 25; cf. Mar. 9: 35; 10: 43-45.
Sígame.
Ver com. Mat. 16: 24; cf. Mar. 8: 34.
Donde yo estuviera.
El compañerismo espiritual y la comunión con su Señor serán los privilegios de aquel que sirve al Señor en esta vida (Mat. 28: 20), y disfrutará de una comunión cara a cara en el mundo venidero.
Mi Padre le honrará.
En Mar. 10: 29-30 se trata de las recompensas por el servicio. Las condiciones y recompensas del discipulado, sin duda se presentan aquí con referencia a los griegos que querían ser discípulos.
27.
Turbada.
Gr.tarássÇ. El mismo verbo aparece en los cap. 11: 33; 13: 21, donde Jesús es el que se turba. Jesús aconseja a sus discípulos 999 que no se "turben" (cap. 14: 1, 27). El motivo de la turbación de Jesús en este caso se indica en su oración: "Padre, sálvame de esta hora'. La visita de los griegos le había hecho recordar la cosecha de los gentiles. Pero entre la cosecha del Evangelio y el momento en que Jesús estaba, se alzaba la cruz y la agonía mental y física que la acompañaría. La humanidad de Jesús rechazaba esto. La vívida contemplación de las escenas futuras fue la causa de la súbita angustia material del Señor (cf. con. Mat. 26: 38).
Mi alma.
Expresión idiomática que, prácticamente, equivale a "yo" (ver com. Sal. 16: 10).
Sálvame.
Esta oración es similar a la ofrecida unos pocos días más tarde en el Getsemaní (Mat. 26: 39). Estemos seguros de que, si se hubiera podido encontrar algún otro medio para salvar al hombre que implicara menos sacrificio, la oración de Jesús habría sido contestada. Pero era necesario el sacrificio infinito para realizar todo lo que debía lograr el plan de salvación (ver PP 54-55). En vista de esto, Jesús se sometió para cumplir el plan hasta su terminación.
28.
Padre.
Ver com. Mat. 6: 9; Juan 11: 41.
Glorifica tu nombre.
Esta oración estaba en armonía con lo que Jesús había enseñado antes acerca de su relación con el Padre, cuya gloria siempre buscaba el Maestro (cap. 7: 18; 8: 50). En cuanto a que "nombre" representa el carácter, ver com. Mat. 6: 9.
Entonces vino.
En dos ocasiones previas, se oyó una voz del cielo: en el bautismo (Mat. 3: 17) y en la transfiguración (Mat. 17: 5).
Lo he glorificado.
Por medio de la vida, el ministerio y los milagros de Jesús (por ejemplo, ver cap. 11: 4).
Lo glorificaré otra vez.
En la muerte y resurrección de Jesús.
29.
Un trueno.
Como en el caso de los que oyeron la voz que habló a Pablo en ocasión de su conversión (ver com. Hech. 23: 9), también esta vez la gente oyó el sonido de la voz procedente del cielo, pero no pudo comprender el significado.
Un ángel le ha hablado.
Algunos interpretaron el sonido como un mensaje divino. Esto parece implicar que entendieron lo que se decía. A juzgar por la respuesta de Jesús, que la voz vino "por causa de vosotros", parecería que los griegos, y sin duda otros, oyeron y comprendieron la voz (DTG 578). Para ellos fue como una evidencia que confirmaba que Jesús era el Enviado de Dios.
30.
Por causa de vosotros.
Ver com. vers. 29; cf. DTG 578.
31.
Ahora.
Había llegado una hora solemne en la historia del mundo. Jesús estaba por morir por la raza culpable, asegurando así la salvación de los hombres y confirmando la derrota del reino de Satanás. La palabra "ahora" estaba, pues, henchida de gran significado.
El juicio de este mundo.
No porque Jesús estuviera por sentarse como juez, pues "no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar [o 'juzgar', como se traduce por lo general krinÇ] al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (ver com. cap. 3: 17). Sin embargo, mediante su relación con el Hijo, los hombres estaban decidiendo su destino eterno (ver com. cap. 9: 39). Al rehusar aceptar a Jesús como el Mesías de la profecía y el Salvador del mundo, la nación Judía selló su suerte e incurrió en condenación.
Príncipe de este mundo.
Sólo en Juan se encuentra este título aplicado a Satanás (cf. cap. 14: 30; 16: 11). Otros títulos que se le dan son "dios de este siglo" (2 Cor. 4: 4) y "príncipe de la potestad del aire" (Efe. 2: 2). En lo que respecta a la autoridad de este mundo que usurpó Satanás, ver com. Mat. 4: 8-9.
Echado fuera.
Había habido una expulsión anterior, cuando Lucifer cayó de su encumbrada posición (ver. PP 22). Ahora su obra sería más restringida. Por la forma en que trató al Hijo de Dios, se desenmascaró el verdadero carácter de Satanás. De allí en adelante "no podría ya acechar a los ángeles mientras salían de los atrios celestiales, ni acusar ante ellos a los hermanos de Cristo" (DTG 709; ver com. Apoc. 12: 7-9).
32.
Levantado.
Es decir, sobre la cruz. El mismo verbo aparece en cap. 3: 14 (ver allí el comentario), donde Jesús compara su alzamiento con la elevación de la serpiente en el desierto. En el cap. 8: 28 Jesús ya ha mencionado que iba a ser levantado, y explica de que ese acto sería ejecutado por los judíos. Esto demuestra claramente que no se refería a su ascensión.
A todos.
No sólo los miembros de la raza humana fueron atraídos a Cristo por el sacrificio que el hizo de sí mismo, sino también los ángeles y los habitantes de los otros mundos fueron atraídos de nuevo a él por la demostración del amor de Dios que lo llevaba al sacrificio (Col. 1: 20).
Atraeré.
En millares de vidas, la cruz ha demostrado tener una atracción mayor que todas 1000 las fascinaciones del mundo. Después de su actuación casi infructífera en Atenas, donde hizo frente a la lógica con la lógica, en Corinto Pablo se propuso "no saber entre vosotros cosa alguna sitio a Jesucristo, y a este crucificado" (1 Cor. 2: 2; cf. HAp 198). Como resultado, tuvo un éxito muy grande en sus labores. Con el paso del los siglos, el magnetismo de la cruz no ha disminuido en lo más mínimo. Todavía es "el poder y la sabiduría de Dios para ganar almas para Cristo" (6 T 67)
33.
De que muerte.
Ver com. vers. 32.
34.
Ley.
Gr. nómos, que se aplica aquí al AT en terminos generales como en cap. 10: 34 (ver allí el comentario).
Cristo permanece para siempre.
Los que hablaban pueden haberse referido a pasajes tales como Sal. 89: 36; 110: 4; Isa. 9: 6; Dan. 7: 13-14. En la literatura apocalíptico de ese periodo, se presenta claramente como eterno el reino del Mesías. Por ejemplo, el libro seudoepigráfico de Enoc (ver p. 88) declara acerca del Elegido: "Pues la sabiduría es derramada como agua, y la gloria no falta delante de el para siempre" (49: 1). "Y el Señor de los Espíritus morar sobre ellos, y con ese Hijo de Hombre comerán y se echarán y se levantarán por siempre jamás" (62: 14).
El Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
Sea levantado.
Los que preguntaban no podían armonizar la referencia de Jesús a su muerte con lo que ellos creían que enseñaban las Escrituras acerca del reino eterno del Mesías. Si con el termino "Hijo del Hombre" Jesús quería decir el Mesías -como evidentemente los judíos creían que significaba (ver Enoc 62: 14, citado bajo "Cristo permanece para siempre"; ver también p. 88)-, entonces, ¿de que modo correspondía esta referencia a su muerte? La pregunta muestra que la gente entendió el termino "levantado" como una referencia a la muerte.
35.
Aun por un poco.
Jesús no respondió directamente la pregunta. Había otras cosas más importantes que ellos debían comprender en ese momento, El tiempo se estaba terminando. Jesús, la Luz del mundo (cap. 8: 12) pronto dejaría este mundo. Estaban brillando los últimos rayos de luz. Seis meses antes el había dicho: "Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros" (cap. 7: 33). Ahora sólo quedaban unos pocos días. Cristo exhortaba a los hombres a que lo aceptaran ahora. Debían aprovechar las oportunidades de ese momento y no gastar el tiempo en preguntas y dudas.
Andad.
Gr. peripatéÇ (ver com. cap. 7: 1).
Os sorprendan.
O "sobrevengan".
Anda en tinieblas.
Ver com. cap. 8: 12.
36.
Hijos de luz.
Ver com. Luc. 16: 8. El creyente llega a ser semejante a Aquel en quien cree. Los que reciben a Jesús, la Luz, ellos mismos se convierten en centros de los cuales irradia luz a otros (ver com. Mat. 5: 14-16).
Se ocultó.
Cf. cap. 8: 59. Este fue el último día de Jesús en el templo, y su último día de ministerio público. Tras una exhortación final a los dirigentes de Israel, Jesús dejó el templo para siempre. Ver com. Mat. 23: 38.
37.
No creían.
[Los dirigentes judíos rechazan definitivamente a Jesús, Juan 12: 36-50. Ver mapa p. 214.] En cuanto a los milagros como una base de la fe, ver pp. 198-199.
38.
Para que se cumpliese.
El griego puede traducirse como una indicación de resultado y no de propósito (ver com. cap. 9: 3; cf. com. cap. 11: 4). El pasaje entonces diría: "No creían en ‚Como resultado se cumplió la palabra del profeta Isaías, etc." (ver com. Mat. 1: 22; Juan 12: 39).
Señor, ¿quién ha creído?
Cita de Isa. 53: 1, tomada de la LXX y no del hebreo. Los dos textos son idénticos, con excepción del vocativo "Señor" que no aparece en el hebreo. Ver com. Isa. 53: 1.
39.
No podían creer.
Esta afirmación debiera entenderse en consonancia con el comentario del vers. 38. La presciencia de Dios no impide el libre albedrío. La profecía de Isaías era sencillamente una predicción de lo que había anticipado la presciencia de Dios. "Las profecías no determinan el carácter de los hombres que las cumplen. Los hombres proceden de acuerdo con su libre albedrío" (EGW RH 13-11-1900; ver com. Mat. 1: 22; Juan 3: 17-20).
40.
Cego los ojos.
Una cita de Isa. 6: 10, aunque no concuerda exactamente con el texto hebreo de que ahora disponemos ni con la LXX. Quizá Juan cita en forma aproximada o tenia ante si un texto ligeramente diferente a los que hoy tenemos. Ver com. Isa. 6: 10; Mat. 13: 15.
41.
Cuando vio su gloria.
La evidencia textual (cf. p. 147) favorece el texto "porque vio su gloria". En un caso u otro pareciera que se refiere a la visión de Iza. 6, en relación con la cual se pronunciaron las palabras de Juan 12: 40. 1001
42.
Aun de los gobernantes.
En contraste con la ceguera de la nación.
No lo confesaban.
Aquí está la respuesta a la pregunta formulada algún tiempo antes: "¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes o de los fariseos?" (cap. 7: 48). Más tarde, algunos lo confesaron manifiestamente, por ejemplo Nicodemo (cap. 19: 39; cf. cap. 3: 1) y José de Arimatea (ver com. Mat. 27: 57).
Expulsados.
Ver com. cap. 9: 22.
43.
Amaban más la gloria de los hombres.
Ver com. Mat. 23: 5.
44.
Jesús clamó.
No se puede señalar exactamente el momento específico de este discurso, con relación al retiro de Jesús y su ocultamiento mencionados en el vers. 36. Los vers. 37-50 parecen ser el comentario de Juan en cuanto a cómo fue rechazado el Mesías. Con la enseñanza de ese día en el templo, terminó el ministerio público de Cristo. De allí en adelante enseñó a sus discípulos en forma privada.
En el que me envió.
La frase "el que me envió" o "el que me ha enviado" es frecuente en Juan (cap. 5 :24, 30, 37; 6: 38-40, 44; etc.). Esta cláusula hace resaltar la completa unidad del Hijo con el Padre (ver com. cap. 3: 17; 10: 30).
45.
Al que me envió.
Cristo vino para presentar el carácter de su Padre ante el mundo (ver com. cap. 1: 18). Cuando Felipe dijo: "Señor, muéstranos el Padre", Jesús declaró: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (cap. 14: 8-9). El Padre y el Hijo estaban perfectamente unidos en sus metas, propósitos y forma de proceder (ver com. cap. 10: 30).
46.
Luz.
En cuanto a Jesús como la Luz, ver com. cap. 1: 4; 8: 12.
En tinieblas.
Ver com. 1 Juan 2: 11; cf. Juan 12: 35-36.
47.
No le juzgo.
Ver com. cap. 3: 17; 9: 39.
48.
Quien le juzgue.
Cf. cap. 5: 45. Aquí no es Moisés, sino la palabra de Cristo la que juzga. Los contemporáneos de Jesús quedaban sin excusa pues habían oído de él la verdad acerca de su identidad y misión. No podían aducir ignorancia en cuanto a los requerimientos para la salvación. Si no hubiesen oído la verdad, no hubieran sido considerados responsables (ver com. cap. 9: 39-41). Así pasa con los que oyen la Palabra de Dios hoy día. ¡Grande es la responsabilidad que Dios coloca sobre los que la oyen! Pueden ridiculizar y aun despreciar los sermones, pero para pesar suyo al fin encontrarán que deben rendir cuenta de lo que han hecho teniendo en cuenta lo que han oído.
49.
Por mi propia cuenta.
Al rechazar las palabras de Jesús, los judíos estaban rechazando a Dios el Padre, a quien profesaban adorar. Jesús procuró advertirles acerca de esto. Así también sucede cuando los hombres rehúsan las palabras de los mensajeros del cielo. Rechazan no meramente a los mensajeros sino también a Aquel que les dio su mensaje y los envió (ver com. Mat. 10: 40).
50.
Vida eterna.
Ver com. cap. 3: 16. La orden del Padre era que los hombres creyeran en Cristo a quien él había enviado al mundo. Sólo así podían ser salvados (Hech. 4: 12). En una declaración paralela, Juan afirmó: "Este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo" (1 Juan 3: 23). Los judíos creían que recibirían la salvación porque se esforzaban en el estudio y la observancia de la Torah. Muchos de ellos depositaban su esperanza de vida eterna en el hecho de ser descendientes de Abrahán. Jesús les advirtió que sólo los que lo aceptaran a él como el Hijo de Dios y como el Salvador del mundo, serían salvados. "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17: 3).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 511
1-11 DTG 511-522
3 MB 86; MeM 82
3-6 DTG 513; 1JT 564, 567; PE 165, 268
4-5 DTG 667; 1T 192; 4T 550
4-7 4T 42
8 DTG 595
9-11 PVGM 209
12-19 DTG 523-532
19 DTG 525
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20-43 DTG 574-580
24 EC 307 - Ed 106; PVGM 64
24-25 DTG 576
25 DTG 580; MJ 300; 5TS 171
26 Ev 497; 1JT 212; MC 172; 2T 40; 6T 312, 415
26-28 DTG 577
28 DTG 377; 8T 202 1002
28-33 DTG 578
31 DTG 633; 3JT 290
31-32 PP 55
32 CC 25; CM 332; DMJ 14, 40; DTG 579; Ed 186; HAp 202; MJ 135; OE 168; 4T 418, 624; 6T 449; 7T 11; TM 229, 385; 4TS 327; 5TS 9
34-36 DTG 579
35 CS 358; CV 273; FE 215, 450; FV 97; 1JT 91; 3JT 355; MJ 332; PP 274; 3T 65, 230; 8T 143; TM 161
35-36 CM 282
36 CH 40; 3T 50
40 DTG 579; FE 450
42 DTG 580; PVGM 77
48 DTG 580; 5T 434
CAPÍTULO 13
1 Jesús lava los pies a sus discípulos, y los exhorta a la humildad y el amor. 18 Predice, y lo dice a Juan, que Judas lo traicionará. 31 Ordena a los doce que se amen mutuamente, 36 y advierte a Pedro en cuanto a su negación.
1 ANTES de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase,
3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,
4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.
5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?
7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.
8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.
10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.
11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?
13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.
15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.
18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.
19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy.
20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.
22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba.
23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.
24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba.
25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? 1003
26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón.
27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.
28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto.
29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres.
30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.
31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.
32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará.
33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.
34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.
37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti.
38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
1.
Antes de la fiesta.
[Lavamiento de los pies de los discípulos, Juan 13: 1-20 = Luc. 22: 24-30. Comentario principal: Lucas y Juan.] Este acontecimiento ocurrió en relación con la cena pascual, el jueves de noche de la semana de la pasión. Se tratan los aspectos cronológicos de esta cena en la primera Nota Adicional de Mat. 26.
Su hora había llegado.
Anteriormente en su ministerio, Jesús había declarado que su hora no había llegado todavía (ver com. cap. 2: 4). Ahora había llegado la hora de la crisis.
Esa noche sería entregado a traición en manos de sus enemigos, y antes de que pasara el día judío, que empezaba con la puesta del sol, Jesús descansaría en la tumba de José.
Pasase de este mundo.
Jesús había venido de Dios (ver com. cap. 1: 1, 14), había sido enviado al mundo (ver com. cap. 3: 17), pero no debía permanecer en este mundo (cap. 16: 7). Después de completar su obra en la tierra, volvería a su Padre. Jesús hizo resaltar repetidas veces estos hechos (ver p. 870).
Los suyos.
Aquí se trata particularmente de los discípulos y no de la nación judía, como en el cap. 1: 11.
En el mundo.
Sus discípulos estaban "en el mundo", pero no eran "del" mundo (cap. 17: 11-16).
Hasta el fin.
Gr. eis télos, cuya traducción en 1 Tes. 2: 16 es "hasta el extremo". El mismo significado podría aplicarse aquí, aunque la traducción literal "hasta el fin" también corresponde con el contexto.
2.
Cuando cenaban.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por este texto antes que por la variante "acabada la cena". Reuniendo la información dada por los diversos escritores de los Evangelios se llega a la conclusión de que lo correcto es "cuando cenaban". Sin embargo, el lavamiento de los pies quizá ocurrió al comienzo de la cena pascual (cf. DTG 601-602; ver com. Luc. 22: 24). Los escritores de los Evangelios no consignan todos los detalles de lo que sucedió durante la última cena. Por lo tanto, no se puede saber con certeza en qué momento durante el rito pascual (ver com. Mat. 26: 21) -si es que Jesús siguió minuciosamente en esta ocasión el ritual acostumbrado- fue instaurada la Cena del Señor (cf. DTG 609).
Que le entregase.
Ver com. Mat. 26: 14; cf. Luc. 22: 3.
3.
Todas las cosas.
Es decir, todas las que tienen que ver con el plan de salvación (Juan 17: 2; Heb. 2: 8; ver com. Mat. 11: 27; Juan 3: 35).
Había salido de Dios.
Sin duda, se menciona este hecho para mostrar que en el momento en que Jesús lavaba los polvorientos pies de sus discípulos, estaba plenamente consciente de su divinidad. Este acto fue, pues, una demostración suprema de su humildad.
A Dios iba.
Ver com. vers. 1.
4.
Se levantó de la cena.
La costumbre era estar reclinado sobre un sofá durante la comida (ver com. Mar. 2: 15). 1004
Se quitó su manto.
La vestimenta externa podría haber estorbado sus movimientos. Ver com. Mat. 5: 40.
Se la ciñó.
El propósito de estos actos y de los que los siguieron puede inferirse del relato de Lucas en cuanto a la contienda por la supremacía entre los discípulos (ver com. Luc. 22: 24). Jesús tenía el propósito de dar un ejemplo de servicio humilde y abnegado. Esperaba que esa demostración práctica impresionara a sus discípulos como no podría hacerlo un mero precepto.
5.
Lavar los pies de los discípulos.
De acuerdo con la costumbre judía, que se remontaba quizá hasta los días de Jesús, lavar los pies del amo era uno de los deberes de un esclavo extranjero, pero no se esperaba que lo cumpliera un esclavo judío. Sin embargo, era un servicio que debía prestar la esposa al esposo y los hijos a su padre. (Ver Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 2, p. 557.) Se consideraba, pues, como un acto servil. Como en ocasión de la última cena no estaba presente ningún siervo, uno de los discípulos debería haberse encargado de la tarea, pero ninguno estuvo dispuesto a hacerla.
6.
¿Tú me lavas los pies?
En griego el énfasis recae en el pronombre "tú" y en mou ("de mí"). "¿Tú lavas mis pies?" Algunos comentadores sugieren que Pedro puede haber levantado las piernas cuando pronunció estas palabras. Ese acto habría estado en armonía con su naturaleza impulsiva (Mat. 16: 22; Juan 13: 37; ver com. Mar. 2: 15).
7.
Lo que yo hago.
En griego el énfasis está en los pronombres "yo" y "tú": "Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora". El significado pleno de lo que hacía Jesús no sería comprendido sino hasta más tarde. Entre tanto, Jesús le pidió a Pedro que tuviera fe y que se sometiera humildemente a la voluntad del Maestro.
8.
No me lavarás los pies jamás.
En griego esta negativa se expresa en forma muy categórica. Esos violentos estallidos son característicos de la forma de hablar de Pedro (ver com. vers. 6). Sus palabras reflejaban confianza propia y no humilde sumisión. No esperó saber lo que Jesús le iba a enseñar.
No tendrás parte conmigo.
En vista del significado simbólico de lo que Jesús estaba haciendo, sólo así Pedro podría tener parte con Cristo (ver com. vers. 12, 15). Además, el espíritu independiente y la altivez de Pedro no concordaban con el carácter de los que disfrutan de comunión espiritual con su Señor en esta vida y que albergan la esperanza de disfrutar de comunión eterna con él en el mundo venidero.
9.
No sólo mis pies.
Otro de los impetuosos estallidos característicos de Pedro. Comprendiendo que al no hacer caso a su Maestro afrontaba la perspectiva de separarse de él, Pedro se entregó inmediatamente, pero -como era característico en él- aun ahora procuró darle otro consejo a su Maestro. Todavía no comprendía el significado del acto.
10.
Lavado.
Gr. lóuÇ, "lavar" o "bañar". LóuÇ se usa cuando se trata de lavar todo el cuerpo (Hech. 9: 37 y en la LXX Exo. 2: 5; 29: 4; Lev. 14: 8-9; etc.). Cuando se lava sólo una parte del cuerpo generalmente se usa la palabra níptÇ, como sucede posteriormente en este versículo y en Mat. 6: 17; 15: 2; etc. Jesús quizá aquí se refiere a la costumbre de bañarse antes de asistir a un banquete. Cuando llegaban los invitados, lo único que necesitaban era que se les lavara los pies. Teniendo esto en cuenta, es evidente la lección espiritual. Los discípulos habían recibido limpieza espiritual en el "manantial abierto para la casa de David... para la purificación del pecado y de la inmundicia" (Zac. 13: 1). No habían incurrido en una apostasía como para que necesitaran ser limpiados por completo de nuevo. Sin embargo, sus vidas no habían estado sin pecado. Con frecuencia, se habían rendido ante las insinuaciones de Satanás. El lavamiento sólo tenía significado porque representaba la eliminación del pecado mediante un sincero arrepentimiento y confesión.
Los pies.
Unos pocos MSS omiten la frase sino los pies". De esa manera, el pasaje se lee así: "El que se ha bañado, no necesita lavarse" (BJ). Sin embargo, la evidencia textual (cf. p. 147) favorece el texto que aparece en la RVR.
Aunque no todos.
La referencia es a Judas que nunca se había entregado plenamente a Cristo.
11.
Porque sabía.
Jesús había sabido esto "desde el principio" (cap. 6: 64).
Quién le iba a entregar.
Literalmente "el entregador". En el griego aparece la acción como si ya se estuviera realizando, como lo era en realidad (ver com. Mat. 26: 14; cf. DTG 601).
12.
Tomó su manto.
Ver com. vers. 4.
¿Sabéis?
Ya habían sido impresionados 1005 con una parte del significado del acto. El ejemplo de servicio abnegado de Jesús había humillado el orgullo de ellos, pero el pleno significado espiritual del servicio todavía había de serles revelado.
13.
Me llamáis.
Es decir, es vuestra costumbre llamarme.
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña" (ver com. cap. 1: 38).
Señor.
Gr. kúrios, término usado tanto para los hombres (Mat. 6: 24; etc.) como para la Deidad (Mat. 1: 22; etc.). Lo más común era que kúrios significara sólo un título común que expresaba respeto, correspondiente a "señor", como se usa en castellano. Posteriormente, y quizá a veces antes de la ascensión de Jesús (Juan 20: 28), la palabra también se usó en su sentido más pleno, para referirse a la deidad de Jesús (Hech. 10: 36; Rom. 14: 8; etc.). Se hace referencia aquí a los dos títulos, sin duda para hacer resaltar que aunque Jesús había realizado esa tarea servil, todavía era Maestro y Señor. El servicio no había disminuido su dignidad (ver com. Juan 4: 11).
14.
Debéis.
Gr. oféilÇ, estar obligado. OféilÇ se ha traducido como "tener una deuda" (Mat. 18: 28) y "tener un deber" (Luc. 17: 10; Rom. 15: 27). El ejemplo de humilde servicio de Cristo debía ser imitado por sus seguidores. El servicio que se les demandaba era un ministerio de amor que se olvida del yo y coloca los intereses y las conveniencias propias después del bien de los de otros.
15.
Ejemplo.
Jesús estaba haciendo más que dar un ejemplo de servicio. Estaba instituyendo un rito que debía ser observado por sus seguidores hasta el fin del tiempo, un rito que debía hacer recordar vívidamente las lecciones del servicio original. El rito tiene un significado triple: (1) Simboliza la limpieza del pecado. El bautismo simboliza la limpieza original del pecado. La limpieza de las contaminaciones que posteriormente se han acumulado está simbolizada por el rito del lavamiento de los pies. Como en el caso del bautismo, el rito no tiene significado alguno a menos que el participante, por medio del arrepentimiento y de la conversión, haya renunciado al pecado en su vida. En el acto de lavar los pies no hay ningún mérito. El servicio adquiere significado sólo cuando ha habido la debida preparación. (2) Simboliza una renovada consagración al servicio. El que participa y se inclina para lavar los pies de sus hermanos indica así que está dispuesto a ocuparse en el servicio del Maestro, sin importarle cuán humilde sea ese servicio. (3) Simboliza el espíritu de compañerismo cristiano. El rito es, pues, un servicio preparatorio adecuado para participar en la Cena del Señor. Se estudia más ampliamente este tema en DTG 598-607.
16.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
El siervo.
O "esclavo".
No es mayor.
Si no era denigrante que el Maestro realizara una tarea servil, ciertamente el siervo, o esclavo, no debía sentir menoscabada su dignidad al hacerlo (cf. com. Luc. 6: 40; ver Mat. 10: 24; Luc. 22: 27).
17.
Si sabéis.
El conocimiento de su deber coloca al hombre bajo la responsabilidad de realizarlo. Una persona no es responsable de las cosas que ignora, por supuesto, siempre que su ignorancia no sea voluntaria (Juan 9: 41; 15: 22; Rom. 5: 13; Sant. 4: 17).
Bienaventurados.
Gr. makários (ver com. Mat. 5: 3).
Si las hiciereis.
El hacer no está divorciado del profesar (Mat. 7: 21; Luc. 6: 46; 12: 47; Rom. 2: 13; Sant. 1: 25).
18.
No hablo de todos vosotros.
Las palabras de bienaventuranza pronunciadas en el vers. 17 no se aplicaban a todo el grupo. Estaba excluido Judas, el traidor.
Yo sé.
Jesús conocía el carácter de cada uno de sus discípulos, y desde el principio sabía que Judas lo traicionaría (cap. 6: 64). En cuanto a las razones por las cuales se le dio un lugar entre los doce, ver com. Mar. 3: 19.
Elegido.
Cf. cap. 6: 70.
Para que se cumpla.
La profecía no había decretado que Judas traicionara a su Señor. La presciencia divina tan sólo había previsto lo que sucedería (ver com. cap. 12: 39).
El que come pan.
Una cita del Sal. 41: 9 (ver allí el comentario).
19.
Antes que suceda.
Si Jesús no les hubiese dicho de antemano a los discípulos que judas desertaría, podrían haber llegado a la conclusión de que el Maestro cometió un error de apreciación cuando permitió que Judas fuera uno de los doce. La elección de Judas no fue una idea de Jesús, sino de los mismos discípulos (ver com. Mar. 3: 19). El cumplimiento de la profecía demuestra la validez del que pronunció la predicción.
Yo soy.
Ver com. cap. 8: 24.
20.
Me recibe.
Ver com. Mat. 10: 40.
21.
Se conmovió.
[Se revela quién es el traidor, 1006 Juan 13:21-30 = Mat. 26:21-25 = Mar. 14:18b-21 = Luc. 22:21-23. Comentario principal: Mateo y Juan.] Ver com. cap. 12: 27.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Me va a entregar.
El anuncio es más específico que el de los vers. 18-19. Cf. Mat. 26: 21; Mar. 14: 18.
22.
Dudando.
Gr. aporéÇ, "no saber", "estar perplejo", como en 2 Cor. 4: 8. Los discípulos estaban perplejos porque no podían comprender cómo uno de su grupo traicionaría a Jesús.
Al cual Jesús amaba.
La forma favorita de Juan para nombrarse a sí mismo (cf. cap. 19: 26; 20: 2; 21: 7, 20). La palabra correspondiente a "amaba" es filéÇ en el cap. 20: 2, mientras que en los otros pasajes se usa agapáÇ (ver com. cap. 11: 5).
23.
Estaba recostado al lado de Jesús.
"Sobre el pecho de Jesús" (VM). Esta traducción refleja mejor lo que dice el griego. En com. Mar. 2: 15 hay un estudio de la costumbre de estar recostados en los banquetes. Los participantes estaban reclinados sobre sofás especiales para la ocasión, y se apoyaban en su brazo izquierdo. El hecho de que Juan hiciera descansar su cabeza sobre el pecho de Jesús demuestra que estaba a la derecha del Maestro. La famosa pintura de Leonardo da Vinci, La última cena, no representa correctamente la forma en que los participantes se recostaban.
24.
Hizo señas.
Algunos han sugerido que Pedro ocupaba el lugar a la izquierda de Jesús. Sin embargo, si ése hubiese sido su lugar, le hubiera sido difícil hacerle señas a Juan. Más verosímil es la suposición que Judas ocupaba el lugar importante (cf. DTG 600).
26.
Pan mojado.
"El bocado" (BJ). Gr. psÇmíon, "pedacito", "bocado", quizá de pan, aunque algunos piensan que aquí se refiere a hierbas amargas, una parte de las cuales -de acuerdo con el ritual de la pascua- debía mojarse en la salsa que servía de condimento, o jaroseth (ver com. Mat. 26: 21, 23).
Judas Iscariote.
Ver com. Mar. 3: 19.
Hijo de Simón.
Ver com. cap. 6: 71.
27.
Satanás.
Este es el único lugar en el cual Juan usa este nombre. En otros lugares, el apóstol llama "el diablo" a Satanás (cap. 8: 44; 13: 2). En lo que respecta al significado del nombre "Satanás", ver com. Job 1: 6; Zac. 3: 1; Mat. 4: 1.
Entró en él.
Es decir, tomó completa posesión de él. Hasta aquí todavía había habido oportunidad para que Judas se arrepintiera, pero en este momento pasó el límite.
Hazlo más pronto.
Si Jesús, el verdadero Cordero pascual, debía ser muerto en el día en que eran sacrificados los corderos pascuales (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26), no le quedaba mucho tiempo a Judas para cometer su cobarde acción.
28.
Entendió.
"Se enteró", "supo" o "reconoció". Habían estado tratando el tema de la traición, pero no necesariamente debían relacionar la declaración de Jesús con Judas (vers. 27) como traidor. Sin embargo, Judas mismo entendió lo que Jesús quiso decir.
29.
Bolsa.
Gr. glÇssókomon, "caja de dinero" (ver com. cap. 12: 6). Judas era el tesorero del grupo.
Para la fiesta.
Los discípulos ya habían provisto lo necesario para su propia cena pascual. Sin embargo, todavía estaban por delante la pascua y la fiesta de los panes sin levadura (o ázimos). Algunos que procuran establecer el día de la fiesta regular de la pascua, han argumentado que habría sido imposible que Judas comprara provisiones en un día de fiesta. No tiene validez este argumento. Los Judíos permitían que se comprara alimentos en ese día, siempre que las transacciones no se realizaran en la forma usual. Esto se aclara en la Mishnah: "Uno no debe afilar un cuchillo en una Fiesta, pero uno puede frotarlo sobre otro cuchillo [para afilarlo]. Un hombre no debe decirle a un carnicero: "Pésame el valor de un denario de carne", pero él mata [el animal] y lo comparte entre ellos. Un hombre puede decir [en una fiesta] a un vecino: 'Lléname este vaso', pero no en una medida. R. Judah dice: 'Si fuera un vaso para medir, no debe llenarlo'. Se cuenta de Abba Saúl b. Batnith que solía llenar sus medidas en la víspera de una Fiesta y las daba a sus clientes en la Fiesta. Abba Saúl dice: 'El solía hacerlo así también durante los días intermediarios de una Fiesta, en razón de la claridad de la medida'; pero los Sabios dicen: 'También solía hacerlo así en un día común con el propósito de achicar las medidas'. Un hombre puede ir a un almacenero de quien es cliente regular y decirle: 'Dame [tantos] huevos y nueces', y dar el número; pues ésta es la forma en que un dueño de casa cuenta en su propia casa" (Bezah 3. 7-8).
A los pobres.
La ocasión era apropiada para ayudar con dinero a los pobres, los que, de otra manera, quizá no podrían disponer 1007 de corderos pascuales para la fiesta.
30.
Luego salió.
Judas entendió el significado de lo que decía Jesús (ver DTG 611). Sabía que el Maestro leía sus propósitos. Su decisión de no quebrantarse hizo que cruzara la línea demarcatoria de su tiempo de gracia personal (ver com. vers. 27). La traición fue resultado de su propia decisión (ver com. cap. 3: 18-19).
Era ya de noche.
Literalmente, era noche (1 Cor. 11: 23), pues la cena pascual debía comerse después de la puesta del sol. De acuerdo con la Mishnah, la ofrenda de la pascua debía ser comida sólo durante esa noche y antes de la medianoche (Zebahim 5. 8). Pero quizá Juan quiso expresar más que eso. Era noche espiritual para Judas, quien se retiró de la presencia de la "luz del mundo" (Juan 8: 12), para ser poseído y guiado por el príncipe de las tinieblas (cf. Luc. 22: 53; ver Nota Adicional com. Mar. 1).
31.
Es glorificado.
[Consejos finales, Juan 13: 31 a 14: 31.] La salida de Judas fue la señal de que se aproximaban la traición cometida contra el Hijo del hombre y su muerte. Jesús sería glorificado en los acontecimientos que pronto ocurrirían (cap. 7: 39; 12: 16, 23-24). Este discurso (cap. 13: 31 a 14: 31) fue presentado en el aposento alto antes de que fueran al monte de los Olivos (ver cap. 14: 31; cf. DTG 626-627).
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
Dios es glorificado.
El Padre y el Hijo colaboraban en estrecha armonía para la salvación del mundo (ver com. cap. 10: 30). La gloria del uno era la gloria del otro.
33.
Hijitos.
Gr. tekníon. Este diminutivo cariñoso sólo aparece aquí en el Evangelio de Juan, pero es frecuente en 1 Juan (cap. 2: 1, 12, 28; 3: 7, 18; 4: 4; 5: 21). Una expresión similar ("mis hijos") era frecuente en los labios de los maestros Judíos cuando se dirigían a sus alumnos (ver el Talmud Ta'anith 21a; Baba Bathra 60b).
Un poco.
Cf. cap. 7: 33.
Dije a los judíos.
Cf. cap. 8: 21.
Vosotros no podéis ir.
Ver com. cap. 8: 22.
34.
Mandamiento nuevo.
El mandamiento de amar no era nuevo en sí mismo. Pertenecía a las instrucciones dadas por el Señor mediante Moisés (Lev. 19: 18). La orden se encuentra también en la Mishnah: "Sé tú de los discípulos de Aarón, amante de la paz y que sigue la paz, [sé tú] uno que ama a sus prójimos y los lleva cerca de la Torah" (Aboth 1. 12). El mandamiento era nuevo en el sentido de que se había dado una nueva demostración de amor que se ordenó a los discípulos que imitaran. Mediante una revelación del carácter de su Padre, Jesús había presentado ante los hombres un nuevo concepto del amor de Dios. El nuevo mandamiento ordenaba a los hombres que preservaran la misma relación mutua que Jesús había cultivado con ellos y con la humanidad en general. El mandamiento antiguo ordenaba a los hombres que amaran a su prójimo como a sí mismos, pero el nuevo los instaba a amar como Jesús había amado. En realidad, el nuevo era más difícil que el antiguo, pero se daba abundantemente la gracia para poderlo cumplir.
Améis.
Gr. agapáÇ; ver com. Mat. 5: 43-44. El tiempo verbal griego indica acción continuada: "que sigáis amándoos".
35.
En esto.
Los seguidores de los grandes maestros reflejan las características de sus maestros. El amor era uno de los principales atributos de Jesús. La vida de Jesús había sido una demostración práctica del amor en acción. Si los discípulos manifestaban esa misma clase de amor, eso demostraría su íntima relación y comunión con su Maestro. Es el amor y no la profesión de fe lo que destaca a un cristiano.
Tuviereis amor.
O "continuarais teniendo amor". Son evidencias del discipulado las manifestaciones de amor constantes y fervientes, y no los brotes de caridad aislados y espasmódicos. Pablo define esta clase de amor en 1 Cor. 13. La actitud que allí se estudia es la misma que se presenta aquí.
36.
¿A dónde vas?
[Jesús anuncia la negación de Pedro. Juan 13: 36-38 = Mat. 26: 31-35 = Mar. 14: 27-31 = Luc. 22: 31-34.] El comentario de Pedro parece eludir el tema del nuevo mandamiento. Quizá sus requisitos le resultaban entonces demasiado rígidos. Sin embargo, estaba interesado en lo que
Jesús había dicho en cuanto a que se iría. No entendió la naturaleza de ese alejamiento (vers. 37), como tampoco los fariseos la habían entendido antes (cap. 7: 35; 8: 22).
Me seguirás después.
El pasaje probablemente tiene una doble aplicación: (1) Que Pedro seguiría a Jesús en la muerte. En ese momento, el discípulo no estaba preparado para eso, como quedó demostrado claramente por los sucesos posteriores (Mat. 26: 56, 69-75). Sin embargo. más tarde fue crucificado 1008 por su fe (Juan 21: 18-19; cf. HAp 428-429). (2) Seguiría a Jesús en su ascensión al cielo. Para esto, Pedro tendría que esperar hasta el regreso de su Señor al fin de los siglos (cap. 14: 1-3). Quizá esta ambigüedad en la afirmación fue hecha a propósito.
37.
¿Por qué no?
En cuanto a la impaciencia característica de Pedro, ver com. Mar. 3: 16. Su impulsivo lealtad era, indudablemente, sincera en el momento cuando hablaba, pero resultó ser sumamente débil cuando fue puesta a prueba. Bien podría haber meditado Pedro en la parábola de la construcción de una torre y en la de un rey que va a la guerra (ver com. Luc. 14: 27-33).
Mi vida pondré.
Unos 35 años más tarde, en la ciudad de Roma, Pedro dio su vida por su Maestro. Por su propio pedido fue crucificado cabeza abajo (ver HAp 428-429; com. Mat. 26: 35).
38.
De cierto, de cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 599
1-17 DTG 598-607
3-17 Ev 202-206
4-5 DTG 600; 1JT 517; PE 116
6-7 DTG 602
7 MC 387; MeM 189; NB 41; 1T 30
8-10 DTG 602
10 DTG 603
11 DTG 609, 612-613
12-16 DTG 604
12-17 DTG 605
15 DTG 607; Ed 74; MC 400
15-17 Ev 203
16 OE 198; 3T 229; 5T 502
17 DTG 607; PVGM 216
18 DTG 610
18-19 DTG 612
18-30 DTG 608-616
20 4T 196
21-25 DTG 610
23 Ed 83
27 DTG 611, 665; 2JT 16
30 DTG 611
31 1JT 131
31, 33 DTG 617
34 CMC 25; CW 79; DMJ 113; DTG 465, 632; ECFP 107; Ed 237; Ev 216, 463; FE 51, 281; HAp 436, 439; 1JT 322; 2JT 371, 522; 3JT 245; MC 120; MeM 190, 198; OE 512; PE 27; PVGM 110, 314; 1T 151; 3T 248; 4T 648; TM 360
34-35 MM 120; 8T 165; 9T 219
35 DTG 632; Ev 502; 2JT 191; 3JT 157, 386; MeM 82; 1T 165; 5T 167
36-37 DTG 753
37 DTG 627
CAPÍTULO 14
1 Cristo consuela a sus discípulos con la esperanza del cielo. 6 Declara que él es el camino, la verdad y la vida, y que es uno con el Padre. 13 Les asegura que las oraciones hechas en su nombre, serán respondidas. 15 Pide amor y obediencia; 16 promete el Consolador, el Espíritu Santo, 27 y deja su paz con sus discípulos.
1 NO SE turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.
5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?
10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el 1009 Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.
13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.
19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.
20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
28 Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.
29 Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.
30 No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.
31 Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.
1.
No se turbe vuestro corazón.
O "vuestro corazón no se turbe más". Los discípulos estaban turbados porque Jesús había anunciado que pronto los dejaría (cap. 13: 33). Por eso les dijo que su ausencia sólo sería temporaria y que su partida sería para beneficio de ellos. El cap. 14 continúa la secuencia de la conversación comenzada en cap. 13: 31 (ver allí el comentario).
Creéis.
Gr. pistéuete, que se puede traducir de dos formas, "creéis" o "creed", como aparece en la frase siguiente. La forma verbal pistéuete puede ser imperativa (creed) o indicativa (creéis). En griego son idénticas las formas del imperativo y del indicativo en el tiempo aquí empleado; de manera que el contexto debe determinar la elección del modo verbal. Esto permite varias combinaciones
posibles:(1) Ambas formas verbales en imperativo: "Creed en Dios, creed también en mí". (2) Ambas formas verbales en indicativo: "Creéis en Dios y creéis también en mí". (3) La primera forma verbal en indicativo y la segunda en imperativo, como está en la RVR y en la BJ. (4) La primera forma en imperativo y la segunda en indicativo: "Creed en Dios y creéis en mí". Esta última combinación da lugar a una construcción algo extraña y es la menos probable de las cuatro; pero las otras tres están enteramente de acuerdo con el contexto. Cuando la primera parte se considera como imperativo, la admonición está en armonía con la instrucción dada antes, "tened fe en Dios" (Mar. 11: 22).
El discurso del cap. 14 fue presentado en el aposento alto antes de que fueran al monte de los Olivos y al Getsemaní (ver com. cap. 13: 31).
2.
Casa de mi Padre.
Una bella figura para referirse al cielo. La palabra traducida "casa" 1010 (Gr. oikía) también puede ser traducida como "hogar". La forma masculina óikos también podría traducirse como "hogar" (Mar. 5: 19; Luc. 15: 6; 1 Cor. 11: 34; 14: 35). Jesús estaba volviendo a su hogar. Finalmente se permitiría a los discípulos que se unieran con él allí.
Moradas.
Gr. mon', "lugar", "morada". En la literatura extrabíblica esta palabra a veces tiene el significado de lugares para detenerse brevemente. Debido a este concepto, Orígenes dedujo su falsa noción de que las "moradas" son a manera de posadas donde se detiene el alma en su viaje hacia Dios (De Principiis ii. 11. 6). Pero ése no es el significado bíblico de mon'. Esto queda en claro por el vers. 23, el único otro lugar donde aparece esta palabra en la Biblia. Es evidente que la morada de Cristo y del Padre con los cristianos no es algo temporario. La idea de permanencia en mon' se refleja en 1 Mac. 7: 38, el único lugar donde aparece esta palabra en la LXX.
El hecho de que haya "muchas" moradas asegura que haya suficiente lugar en la casa del Padre para todos los que escuchan su invitación.
Voy, pues.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 147) la presencia de la conjunción hóti ("porque", "que"). Si se la omite, el pensamiento se redondea con la frase precedente; si se la incluye, hay algunas preguntas en cuanto a la forma en que la frase que ella introduce debiera unirse con la precedente. Son posibles varias traducciones: (1) "Si así no fuera, yo os hubiera dicho que voy a preparar un lugar para vosotros". Esta traducción queda descartada porque, de acuerdo con el vers. 3, tal era uno de los propósitos del alejamiento de Jesús. (2) "Si así no fuera, ¿os hubiera dicho que voy a preparar un lugar para vosotros?" En esta traducción se supera la dificultad de la N.º 1, pero introduce un nuevo problema porque no se registra que Jesús hubiera dicho a sus discípulos que iba a preparar un lugar para ellos. Por supuesto, es posible que una afirmación tal, sencillamente hubiera quedado sin ser registrada. (3) "Hay muchas moradas (y si no fuera así, os lo habría dicho) porque voy a preparar un lugar para vosotros". (Ver C. K. Barrett, The Gospel According to St. John, com. cap. 14: 2.) De acuerdo con la evidencia textual que está en favor de retener la conjunción hóti, la última traducción parece ser la más natural. Con todo, el texto sería todavía perfectamente comprensible si se omitiera la conjunción.
Estas palabras tenían el propósito de consolar a los discípulos. Jesús estaba por dejarlos, pero no los olvidaría. Ansiosamente anticiparía su reunión con ellos en la casa del Padre. En el intervalo, prepararía la gloriosa recepción en el hogar.
3.
Si me fuere.
"Cuando haya ido" (BJ). Esta frase condicional no tenía el propósito de presentar una incertidumbre. La palabra traducida "si" (eán) aquí tiene fuerza temporal y probablemente debiera ser traducida "cuando" (BJ), como en 1 Juan 3: 2. (El mismo caso se ve en 1 Cor. 14: 16 donde "si" [eán] bendices" puede entenderse "cuando bendices".)
Vendré otra vez.
En griego se expresa esta promesa usando el tiempo presente. Este es el llamado presente futurista que hace resaltar la certidumbre del suceso. Se piensa que el acontecimiento es tan seguro como si ya se estuviera realizando. Claramente, se hace referencia al advenimiento personal de Jesús descrito vívidamente unos pocos días antes en respuesta a la pregunta: "¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?" (ver com. Mat. 24: 1-3; cf. vers. 30-31).
Os tomaré a mí mismo.
"Os tomaré conmigo" (BJ). Gr. paralambánÇ, literalmente "recibir al lado de" (ver com. Mat. 24: 40).
Donde yo estoy.
Se indicó a los discípulos el tiempo del segundo advenimiento como la ocasión cuando se reunirían con su Señor. No hay aquí ninguna insinuación que apoye la doctrina popular de que los creyentes van a estar con su Señor en el momento de su muerte, ni en ninguna otra parte de las Escrituras esta doctrina recibe apoyo. Pablo también dirigió la atención de los creyentes a la ocasión del segundo advenimiento como el momento de la magna reunión (1 Tes. 4: 16-17).
Jesús ha ido a la casa de su Padre. Está esperando con deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando su imagen sea perfectamente reproducida en los suyos, entonces él vendrá (PVGM 47). Tenemos el privilegio de apresurar el día del glorioso encuentro en el hogar (2 Ped. 3: 12; cf. DTG 586-588; PVGM 47).
4.
Sabéis a dónde voy.
Se les había dicho eso a los discípulos, y debieran haberlo entendido. Habían estado recibiendo las instrucciones del Salvador durante más de tres años (ver p. 183). En realidad, Jesús acababa de informarles que iba a su Padre (vers. 2), 1011 aunque ya antes les había informado (cap. 7: 33). Pero sus prejuicios hacían que fuera difícil que los discípulos captaran el significado pleno de muchas de las instrucciones de Jesús.
Sabéis el camino.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por el texto "y donde yo voy sabéis el camino". Sin embargo, esto último implica una dificultad gramatical en el griego. Sea como fuere el texto, Jesús había presentado con claridad el camino a la casa del Padre, pero la lentitud de la comprensión de los discípulos les impidió captar el significado pleno de sus palabras.
5.
Tomás.
Se describe el carácter de Tomás en com. Mar. 3: 18. En esta pregunta se revelan claramente su espíritu dubitativo y la lentitud de su corazón para creer.
No sabemos.
Los discípulos debieran haber sabido, pues se les había dicho claramente (ver com. vers. 4). Les resultaba difícil desprenderse del concepto judaico del reino mesiánico (ver com. Mat. 16: 22; Luc. 4: 19).
6.
Yo soy el camino.
Otro de los famosos "yo soy" de Jesús (ver com. cap. 6: 35; cap. 8: 12; 10: 7, 11; 11: 25).
Cristo es el camino que va de esta tierra al cielo. Con su humanidad toca esta tierra, y con su divinidad toca el cielo. El es la escalera que conecta la tierra con el cielo (cap. 1: 51; cf. PP 183). Debido a su encarnación y muerte, un "camino nuevo y vivo" ha sido dedicado para nosotros (Heb. 10: 20). No hay ningún otro medio de salvación (Hech. 4: 12; 1 Tim. 2: 5).
Verdad.
Ver com. cap. 8: 32.
Vida.
Ver com. cap. 1: 4; 8: 51; 10: 10.
7.
Si me conocieseis.
Cf. cap. 8: 19. En el texto griego, la construcción muestra que la condición aquí expresada es contraria a la realidad. Los discípulos no habían conocido a Cristo. Si lo hubieran conocido, habrían conocido a Aquel a quien Cristo vino a revelar (ver com. cap. 1: 18).
Desde ahora.
La muerte de Cristo sería un paso importante en la revelación del Padre. Las revelaciones posteriores del Espíritu Santo pondrían aún más de manifiesto el carácter divino de Dios (cap. 14: 26; 15: 26; 16: 13-14). Juan escribió acerca de los cristianos de fines del siglo I: "Habéis conocido al Padre" (1 Juan 2: 13).
8.
Felipe.
Se describe el carácter de Felipe en com. Mar. 3: 18.
Muéstranos al Padre.
Quizá Felipe esperaba una revelación de la gloria divina tal como la que le fue dada a Moisés (Exo. 33: 18-23).
9.
¿Tanto tiempo?
Le resultaba desanimador a Jesús el que sus discípulos tuvieran una comprensión tan borrosa. Sin embargo se ocupó pacientemente de su ignorancia.
Ha visto al Padre.
En cuanto a la forma en que Cristo reveló a los hombres el carácter de Dios, ver com. cap. 1: 18.
10.
En el Padre.
Ya antes Jesús había hecho resaltar que era uno con el Padre (ver com. cap. 10: 30).
Las palabras.
Tanto las palabras como las obras de Jesús daban testimonio de su divinidad. Los discípulos debieran haber creído las palabras de Jesús. Si eso les resultaba difícil, debieran haber aceptado sus palabras debido a la garantía de sus obras.
11.
Creedme.
El plural del verbo indica que Jesús no sólo se dirigía a Felipe sino a todos los discípulos.
Por las mismas obras.
Ver com. vers. 10.
12.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Mayores.
Es decir, mayores en cantidad y no en calidad. La obra de Cristo sólo había abarcado una pequeña zona del mundo. Después de la ascensión, el Evangelio se esparciría por toda la tierra.
Porque yo voy.
Después de su partida, Cristo enviaría el Espíritu Santo (vers. 16; cap. 16: 7), el cual infundiría poder a los discípulos (Luc. 24: 49). Como resultado del derramamiento del Espíritu en Pentecostés y de las subsiguientes dádivas del Espíritu, el Evangelio fue proclamado con gran poder, hasta el punto de que unos 40 años más tarde Pablo pudo decir que el Evangelio se predicaba "a toda criatura bajo el cielo" (Col. 1: 23, BJ; DTG 587).
13.
Todo lo que pidiereis.
A medida que los discípulos cooperaran con el cielo en la promulgación del Evangelio, podrían estar seguros de que estaban a su disposición los recursos ilimitados de la Omnipotencia. Dios cubriría todas sus necesidades y respondería a las peticiones expuestas ante el trono en el nombre de Jesús.
En mi nombre.
En cuanto al significado de orar en el nombre de Jesús, ver DTG 620-621. Cf. cap. 14: 26; 15: 16; 16: 23-24.
Lo haré.
El hecho de que los hombres deban pedir al Padre en el nombre de Jesús, pero que Jesús es el que da la respuesta, hace resaltar que el Padre y el Hijo son uno. En 1012 otros pasajes se dice que el Padre responde a las peticiones presentadas ante él (cap. 15: 16; 16: 23).
14.
Si algo pidiereis.
"Si me pedís algo" (BJ). Este versículo, tal como está en la RVR, es una repetición enfática de la promesa del ver. 13. Sin embargo, la evidencia textual favorece la inserción del pronombre personal "me", como aparece en la BJ. Esta variante implicaría que las peticiones pueden ser dirigidas tanto a Jesús como al Padre, como lo indican otros pasajes (cap. 15: 16; 16: 23). Hay varios ejemplos en el NT de oraciones dirigidas a Jesús (Hech. 7: 59; Apoc. 22: 20).
Yo lo haré.
El pronombre "yo" es enfático en el griego, en cambio no figura en el vers. 13, donde está tácitamente en la forma verbal poi'sÇ, "haré".
15.
Si me amáis.
El amor es el móvil impelente de la obediencia. Si se quiere una definición del "amor", ver com. Mat. 5: 43-44; 1 Cor. 13: 1. La obediencia que emana de la compulsión o del temor no es la forma ideal de obediencia. Por supuesto, puede haber ocasiones cuando el móvil impelente del amor falte o sea débil. En tales circunstancias, es necesario obedecer sólo por principio. Mientras tanto, el amor debiera ser cultivado. La falta del amor requerido nunca debiera usarse como una excusa para la desobediencia. Una de las mejores ilustraciones humanas de la obediencia que emana del amor es la de los hijos para con sus padres.
Guardad mis mandamientos.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por el texto "guardaréis mis mandamientos" (BJ). Si bien el futuro puede tener la idea de un imperativo (cf. Mat. 22: 37, 39), y Jesús sin duda deseaba que sus discípulos guardasen los mandamientos, el uso del indicativo "guardaréis" hace resaltar el significativo pensamiento de que la obediencia es el resultado natural del amor. La afirmación paralela de Juan 14: 23 está en el modo indicativo y de esa manera apoya este pensamiento.
Los mandamientos de Jesús eran también los mandamientos de su Padre, pues Jesús no hablaba por sí mismo (cap. 12: 49; 14: 10). El respaldó las órdenes de carácter moral dadas al antiguo Israel (ver com. Mat. 5: 17-19) y magnificó esos mandamientos (ver com. Isa. 42: 21). Presentó sus propios requerimientos, tales como el nuevo mandamiento (Juan 13: 34), no para reemplazar alguno de los preceptos morales -que reflejaban el carácter del Dios inmutable- sino para presentar su verdadero significado y para mostrar cómo sus principios debieran ser aplicados a las diversas situaciones de la vida.
16.
Otro.
Gr. állos, "otro de la misma clase". Jesús mismo era un Consolador (ver 1 Juan 2: 1, donde se traduce "abogado" la palabra que aquí se vierte como "Consolador"; ver el comentario de "Consolador"). El dejaría a sus discípulos (Juan 13: 33), pero pediría al Padre que enviara a Aquel que era semejante a Jesús para que quedara con los discípulos no transitoriamente como él había quedado, sino "para siempre".
Consolador.
Gr. parákl'tos, palabra que únicamente Juan usa en el NT (aquí; Juan 14: 26; 15: 26; 16: 7; 1 Juan 2: 1). Está compuesta de la preposición pará, que significa ,"al lado" y el participio kl'tós, "llamado" o "uno que es llamado", por lo que el significado literal es "uno llamado al lado de". Sin embargo, la forma en que se usa esa palabra en las Escrituras parece reflejar más un sentido activo, que corresponde con el verbo parákaléÇs, "exhortar", "consolar". Por ende, "uno que exhorta" (ver Juan 16: 8). Los padres latinos tradujeron parákl'tos con la palabra advocatus, pero su sentido literal de "abogado" o "defensor" sólo se aplica a unas pocas de las escasas menciones de la palabra en la literatura anterior al cristianismo y en la no cristiana. La palabra "abogado" no es enteramente apropiada para describir la obra ni del Espíritu Santo ni de Cristo. El Padre y el Hijo obran en la más plena cooperación para la salvación del hombre (cap. 10: 30). La obra de Satanás es presentar al Padre como severo, duro y reacio a perdonar al pecador, y como dispuesto a perdonar sólo ante la intercesión del Hijo. Es cierto que la encarnación, muerte y resurrección de Cristo hicieron posible el perdón; pero tanto el Padre como el Hijo aman al pecador y obran al unísono para su salvación. En el sentido humano del término, no se necesita un abogado para que induzca al Padre a que tenga misericordia del pecador. El que desea conocer el amor y la compasión del Padre, tan sólo necesita mirar al Hijo (ver com. cap. 1: 18). En la literatura anterior al cristianismo y en la no cristiana, parákl'tos retiene el significado más general de "uno que se presenta en lugar de otro", "un mediador", "un intercesor", "un ayudador". Ver com. Mat. 5: 4.
Aunque el verbo parakaléÇ se traduce como 1013 "consolar" 23 veces en el NT, también se traduce como "exhortar" 19 veces. Llamar al Espíritu Santo "Consolador" es hacer resaltar sólo uno de los rasgos de su obra. También es un "Exhortador". En realidad, este último significado es el rasgo prominente de la obra del Espíritu tal como la bosqueja Juan. El enseñará" y "recordará todo" (cap. 14: 26). Testificará de Cristo (cap. 15:26). "Convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (cap. 16: 8). "Guiará a toda la verdad" y hará "saber las cosas" venideras (cap. 16: 13). Glorificará a Cristo y recibirá de él para impartir a los discípulos (cap. 16: 14).
Para siempre.
No transitoriamente, como Cristo durante su ministerio terrenal.
17.
Espíritu de verdad.
Esta expresión aparece otra vez (cap. 15: 26; 16: 13). El énfasis parece estar en que el Espíritu define, imparte y defiende la verdad. Hay una definición de la verdad en com. cap. 8: 32. El Espíritu guiaría a los discípulos "a toda la verdad" (cap. 16: 13).
Mundo.
Gr. kósmos (ver com. Mat. 4: 8).
No le ve.
Al mundo le falta percepción espiritual. "El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios" (1 Cor. 2: 14).
Ni le conoce.
Si los discípulos de Efeso, bautizados "en el bautismo de Juan" "ni siquiera" habían oído que había "Espíritu Santo" (Hech. 19: 1-3), mucho menos podría tener el mundo conocimiento alguno acerca de él. El mundo ni conocía su existencia ni reconocía su exhortación al arrepentimiento (ver Gén. 6: 3; Apoc. 22: 17).
Vosotros.
El pronombre es enfático en el griego. Se traza un gran contraste entre los discípulos y el mundo.
Con vosotros.
Es decir, con la iglesia. Las palabras "en vosotros" hacen resaltar al Espíritu que mora en lo íntimo del corazón de cada cristiano.
18.
Huérfanos.
Gr. orfanós. En el NT orfanós sólo aparece aquí y en Sant. 1: 27. En Juan 14: 18 la idea es que Jesús no dejaría a los discípulos desprovistos de su Maestro. Vendría a ellos. Aquí no se hace referencia a la segunda venida (vers. 1-3), sino a la presencia de Cristo con sus discípulos mediante el Espíritu.
19.
Un poco.
Cf. cap. 13: 33; 16: 16-22.
Pero vosotros me veréis.
Después de la crucifixión y la sepultura, la gran mayoría de los seres humanos no vería más a Jesús; pero los discípulos lo verían en su cuerpo resucitado. Sin duda las palabras también tienen un significado espiritual. Aun después de la ascensión, los discípulos continuarían viendo a Jesús con sus facultades espirituales.
Viviréis.
Tanto en el sentido espiritual como literal (cap. 6: 57).
20.
En aquel día.
Es decir, en aquel día cuando el "Consolador" viniera y permaneciera con ellos (vers. 16). Había muchas, cosas del dominio espiritual que los discípulos no entendían en ese momento. Esas cosas les serían posteriormente aclaradas.
Yo estoy en mi Padre.
Cf. vers. 11.
Vosotros en mí.
Ver com. cap. 15: 4.
21.
Tiene mis mandamientos.
Es decir, los conoce y los entiende. Pero eso no es suficiente. También es necesario guardarlos. La pronta obediencia debe seguir a la convicción del deber cristiano.
Me ama.
Esta declaración es recíproca del vers. 15. El amor se manifiesta en la obediencia; la obediencia es una demostración de amor (cf. 1 Juan 2: 3-6).
Amado por mi Padre.
Cf. cap. 16: 27. Ya resaltó el amor del Padre por el mundo (cap. 3: 16). Aquí se pone de manifiesto su amor por los suyos. Donde hay una respuesta al amor divino puede haber una mayor manifestación de ese amor. Satanás había inducido a los hombres a que consideraran a Dios como severo e implacable. Jesús había venido para cambiar ese concepto. Enseñó a los hombres que el amor de su Padre era como el suyo propio.
Me manifestaré.
Quizá principalmente sea una referencia a la revelación más plena de Cristo mediante el Espíritu.
22.
Le dijo.
El discurso del aposento alto se caracteriza por sus frecuentes interrupciones (cap. 13: 36; 14: 5, 8).
Judas.
Generalmente identificado como Lebeo (Mat. 10: 3) o Tadeo (Mar. 3: 18), aunque la identificación no es enteramente segura (ver com. Mar. 3: 18).
No el Iscariote.
Judas Iscariote había salido del aposento alto algún tiempo antes de esto (cap. 13: 30).
No al mundo.
Sin duda, Judas pensaba en una manifestación visible de gloria tal como la que se esperaba que acompañaría al advenimiento del Mesías. Es evidente que quedaba chasqueado porque la manifestación debía efectuarse sólo ante unos pocos. No captaba la referencia de Cristo al reino de la gracia que debía preceder al reino de la gloria. Al igual que sus compatriotas judíos, compartía 1014 la esperanza de que el Mesías se manifestaría castigando a los gentiles y estableciendo nuevamente la teocracia espiritual.
23.
El que me ama.
Jesús no respondió directamente a la pregunta de Judas. Llamó la atención a las condiciones para que la manifestación a la cual se refería (ver com. vers. 22) se efectuara en el creyente individual.
Palabra.
En este caso es sinónimo de "mandamientos" (vers. 15, 21).
Vendremos.
El plural hace resaltar la unidad del Padre y del Hijo. Ellos "vienen" -de acuerdo con lo que aquí dice- para morar espiritualmente en el corazón del creyente. De modo que hay unidad no sólo entre el Padre y el Hijo sino entre el Padre, el Hijo y el creyente (ver TM 528).
Morada.
Gr. mon' (ver com. vers. 2).
24.
No me ama.
Lo opuesto de la declaración del vers. 23. El mundo no podría disfrutar de la comunión que aquí se presenta. El Padre y el Hijo no obligan a nadie a aceptar su compañía.
Palabras.
En este caso, sinónimo de "mandamientos" (cf. com. vers. 23).
No es mía.
Cf. cap. 7: 16; ver com. cap. 4: 34.
25.
Estando con vosotros.
Es decir, en la carne, antes de que Cristo se fuera y viniera el "Consolador" (vers. 16). Jesús estaba limitado en cuanto a la información que podía impartirles en ese momento (cap. 16: 12).
26.
Consolador.
Gr. parákl'tos (ver com. vers. 16).
Espíritu Santo.
Aunque ésta es la forma más común en la RVR para referirse a la Tercera Persona de la Divinidad, también se hace referencia a ella con las expresiones "Espíritu de Dios", "Espíritu del Señor" o simplemente "Espíritu".
Os enseñará todas las cosas.
Una de las principales funciones del Espíritu Santo es enseñar. Jesús dedicó mucho de su obra a la enseñanza (ver com. Luc. 4: 15). Más de 50 veces Cristo es llamado "Maestro" en el NT. Durante tres años los discípulos habían estado recibiendo instrucciones del Gran Maestro, pero había todavía muchas cosas que debían aprender. No podían comprender muchas de las verdades en el estado mental en que se encontraban (Juan 16: 12). Necesitarían instrucciones adicionales, y se las daría el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios conoce "las cosas de Dios" y "todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios" (1 Cor. 2: 10-11), y puede impartir esas "cosas" a quienes están dispuestos a ser instruidos.
Os recordará.
El Espíritu no sólo revelaría nuevas verdades; también haría recordar verdades olvidadas, de las cosas que Jesús había enseñado, o de aquellas que antes habían sido reveladas en las Escrituras de verdad. En momentos de crisis, por ejemplo cuando los discípulos fueran llevados ante los tribunales, el Espíritu pondría en su mente las ideas apropiadas (Mat. 10: 19-20). Cuando se les pida razón de la esperanza que albergan (1 Ped. 3: 15), los cristianos que han sido diligentes estudiantes de la Biblia pueden tener la confianza de que el Espíritu Santo hará que acudan a su mente pasajes adecuados para la ocasión.
27.
Paz.
Gr. eir'n', equivalente al Heb. shalom, palabra empleada como saludo en el Cercano Oriente, y que Jesús usó cuando se presentó después de su resurrección (cap. 20: 19, 21, 26). Aquí Jesús habla de la paz interior del alma, tal como la que reciben quienes son "justificados... por la fe" (Rom. 5: 1), cuyo sentimiento de culpabilidad ha sido dejado al pie de la cruz, y cuyas ansiedades en cuanto al futuro se han desvanecido ante su confianza implícita en Dios (Fil. 4: 6-7). Jesús llama "mi paz" a una paz tal. Con toda su ostentación de ciencia, el mundo no puede dar una paz de esa clase. Cf. Juan 16: 33.
Turbe.
Cf. vers. 1.
Ni tenga miedo.
Gr. deiliáÇ, "intimidarse", "acobardarse".
28.
Voy.
Cf. vers. 2-3; cap. 7: 33.
Vengo.
Cf. vers. 3, 18.
Si me amarais.
Los discípulos amaban a Jesús, pero no con la plenitud de amor con que lo habrían amado si lo hubieran entendido más plenamente a él y su misión.
Os habríais regocijado.
Si los discípulos hubiesen entendido más plenamente la humillación de Jesús en su encarnación, y también el ensalzamiento del que sería objeto después de su resurrección, y si hubiesen contemplado más plenamente la soledad de Jesús mientras estuvo separado del Padre, se hubieran regocijado ante el hecho de que volvía a su Padre. Si además hubiesen comprendido que el alejamiento de Jesús sería para provecho de ellos (cap. 16: 7), y que la ascensión de Cristo y su mediación en el santuario celestial era un paso importante en la realización del plan de salvación, se hubieran regocijado más. En ese momento sus pensamientos parecían concentrarse egoístamente en sí 1015 mismos. Tenían temor de hacer frente a los problemas de la vida sin la presencia corporal de su Maestro.
El Padre mayor es que yo.
Refiriéndose a la condición de Cristo antes de su encarnación, las Escrituras declaran que él "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil. 2: 6; ver com. Juan 1: 1-3). Sin embargo, "se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo" (Fil. 2: 7; cf. Heb. 2: 9; ver Nota Adicional com. Juan 1). Sin embargo, aun en su encarnación Jesús declaró que era uno con el Padre (Juan 10: 30). Cualquier atisbo de inferioridad que esta declaración (cap. 14: 28) parezca atribuir a Cristo, debiera entenderse con referencia a su encarnación, pues después de la crucifixión Dios lo ensalzó grandemente y le dio un nombre que está por encima de todo nombre (Fil. 2: 9). Era "igual al Padre" (3 JT 266). Ver también com. 1 Cor. 15: 27-28.
29.
Creáis.
Jesús sabía que los acontecimientos del futuro inmediato provocarían gran perplejidad a los discípulos, así como también las pruebas que afrontarían en su evangelismo posterior. Por eso procuró prevenirlos para que estuvieran en guardia (ver com. cap. 13: 19).
30.
Viene.
Referencia a acontecimientos que se aproximaban: Getsemaní, el arresto, el enjuiciamiento, la condenación y la crucifixión del Hijo del hombre, en los cuales el príncipe de este mundo haría un esfuerzo supremo para derrotar el plan de salvación. Pero Jesús bebió la copa hasta su amargo fin, y cuando declaró: "Consumado es" (cap. 19: 30), sonó el toque de difuntos para el príncipe de las tinieblas. Satanás no encontró nada en Jesús que respondiera a su sofistería (DTG 98).
El príncipe de este mundo.
En cuanto a este título, ver com. cap. 12: 31.
31.
Para que el mundo conozca.
Aquí hay una elipsis, y debieran añadirse palabras tales como éstas: "Estas cosas están sucediendo para que el mundo conozca, etc.". La frase que expresa propósito también podría entenderse como una cláusula que declara resultado (ver com. cap. 9: 3). Es decir, el mundo recibirá una demostración del amor de Jesús por el Padre, como resultado de los acontecimientos que estaban por suceder.
Levantaos, vamos de aquí.
Después de que Jesús y sus discípulos "hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos" (Mat. 26: 30). El himno era una parte del "aleluya" (Hallel) de la pascua (ver com. Mat. 26: 30). Muchos eruditos piensan que el discurso de Juan 15 y 16 y la oración del cap. 17 también se presentaron en el aposento alto; pero no hay necesidad de suponer una transposición en estos capítulos. Las instrucciones de estos capítulos habrían sido tan apropiadas, o aún más, entre las escenas de la naturaleza o en el camino al Getsemaní, especialmente al contemplar las vides florecientes que ilustraban la alegoría de la vid y los "pámpanos" (DTG 628). Las faldas del monte de los Olivos habían sido el escenario de una prolongada instrucción sólo dos noches antes (ver com. Mat. 24: 1).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-31 DTG 617-627
1 MB 24; MC 86
1-3 CS 346; NB 323; 8T 254
1-4 HAp 18
1-9 DTG 617
1-10 3JT 264; MC 327
2 HAd 104, 130, 260; MeM 86, 347-348; MJ 408; MM 327; OE 274; PE 18; SR 430; 8T 140
2-3 COES 87; CS 603; 2JT 328; 3JT 34; NB 56; PE 189; 1T 41; 4T 490
3 CH 213; CS 387; DTG 772; HAp 27, 427; PVGM 22; TM 127
5-8 DTG 260
6 CC 19; CE (1949) 54; COES 94; CW 120; DTG 16, 319; Ev 214; FE 239, 251, 399, 405, 466; 2JT 131; MeM 268; MM 22, 327; OE 161, 277; PVGM 22, 77, 137; 3T 193; 4T 230, 316; 5T 49; 6T 67; 7T 38; 8T 210; TM 103, 337
7 TM 121
8-9 CC 9; 2JT 335
9-10 TM 121
9-11 MC 20
10 CC 75
11-12 DTG 619
12 HAp 18; MB 313
12-14 DTG 620
13 HAp 23; 3JT 213; MeM 18; PVGM 113; 8T 177
13-14 PVGM 83
13-15 PE 29
14 CS 531; MC 172 1016
14-15 FE 399
14-21 DTG 340-346
15 DTG 621; FE 125; PVGM 109, 226
15-17 5T 432
15-19 TM 134
16 3JT 209; MC 192; TM 221, 526
16-17 HAp 39; MeM 37
16-18 DTG 622
17 CC 74; DTG 457, 624
18 3JT 209; TM 526
19 MC 187; MeM 304; TM 92
21 CMC 360; DTG 623; FE 125, 399; HAp 70; MJ 407; PVGM 109, 226; TM 65, 134
21-24 5T 432
23 PVGM 41; TM 168
23-24 FE 125; TM 134
24 PVGM 105, 226
26 CH 371, 561; CM 272, 345; COES 42, 44, 179; CS 11, 658; DTG 623; Ed 89; FE 433, 473; HAp 43; 3JT 209; MeM 46; MJ 257; PR 462; 6T 249; TM 108, 484
27 CC 126; DMJ 19; DTG 614, 626; HAp 69; MC 86, 190; MeM 79, 181
29 3JT 398
30 CRA 180; CS 681; DTG 98, 633; 5T 293, 422; Te 253
CAPÍTULO 15
1 La unidad y el amor entre Cristo y sus seguidores presentados en la parábola de la vid. 16 Consuelo en medio del odio y la persecución. 26 La obra del Espíritu Santo y de los apóstoles
1 YO SOY la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.
13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.
18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.
20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. 1017
21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.
23 El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece.
24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.
25 Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.
26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
1.
Yo soy.
[La vid verdadera, Juan 15:1-17.] Otro de los famosos "yo soy" de Jesús (ver com. cap. 6: 20; cf. cap. 8: 12; 10: 7, 11; 11: 25; 14: 6).
Verdadera.
Gr. alethinós, "genuino". En el lenguaje simbólico de la Biblia, se había comparado a Israel con una "vid", o "viña" (Sal. 80: 8-16; Isa. 5: 1-7; 27: 2-3; Jer. 2: 21; 12: 10). Una vid de oro adornaba la entrada al templo de Herodes (ver Mishnah Middoth 3. 8), y figuras de hojas de la vid o de racimos de uvas aparecían en monedas y en adornos arquitectónicos. Los judíos dependían de su conexión con la vid de Israel para su salvación. Pero Israel había demostrado ser desleal a sus oportunidades espirituales y había rechazado a Jesús, su verdadero rey. Ahora Jesús se presentaba como la vid verdadera. Los hombres podrían salvarse únicamente mediante una conexión vital con él.
Labrador.
Gr. georgós, "trabajador del suelo". En este caso, un viñador. Comparar con el uso de georgós en Luc. 20: 9; 2 Tim. 2: 6; Sant. 5: 7. Antaño Dios había sacado "una vid de Egipto" (Sal. 80: 8) y la había plantado en la tierra de Canaán. Ahora tomó otra viña -su propio Hijo- y la plantó en la tierra de Israel (DTG 629).
2.
Todo pámpano.
Se representa a los discípulos como las ramas de la vid. Así como las ramas dependen de su conexión con el tronco para su vida y productividad, así también el cristiano depende de su unión con Cristo para su vida espiritual y sus frutos para el cielo.
No lleva fruto.
Se espera que el que profesa estar en Cristo dé frutos que correspondan con su profesión. Esos frutos son llamados en otras partes "el fruto del Espíritu" (Gál. 5: 22; Efe. 5: 9), o "frutos de justicia" (Fil. 1: 11; cf, Heb. 12: 11), es decir, frutos de rectitud. Esos frutos son evidentes en el carácter y en la vida. Cuando faltan esos "buenos frutos" (Sant. 3: 17), se hace necesario cortar las ramas infructíferas.
Quitará.
Gr. áiro (ver com. de "Limpiará").
Limpiará.
Gr. katháirô, "limpiar", en este caso eliminando crecimientos superfluos. Hay un juego de palabras en griego con los vocablos áirô ("quitar") y katháirô ("limpiar") que no se puede reproducir en castellano. El carácter es "limpiado" mediante las pruebas y los sufrimientos de la vida. El Padre, el Labrador celestial, supervisa el proceso. Y aunque la "disciplina" pueda parecer penosa, "después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados" (Heb. 12: 11).
Más fruto.
No puede haber vida sin crecimiento. Mientras haya vida, habrá necesidad de un desarrollo continuo. El desarrollo del carácter es la obra de toda la vida (ver PVGM 45-46; com. Mat. 5: 48).
3.
Estáis limpios.
Ver com. cap. 13: 10.
Por la palabra.
Mejor, "gracias a la Palabra" (BJ). Los discípulos habían respondido a la palabra de salvación que les fue llevada por Jesús (cf. com. cap. 12: 48).
4.
Permaneced en mí.
Permanecer continuamente en conexión viviente con Cristo es esencial para el crecimiento y para dar frutos. No es suficiente prestar una atención esporádica a la religión. El crecimiento espiritual no se promueve mediante el fervor religioso, entusiasta y transitorio de un día, seguido por una profunda depresión ocasionada por el descuido al día siguiente. Permanecer en Cristo significa que el alma diariamente debe estar en constante comunión con Jesucristo y debe vivir la vida de Cristo (Gál. 2: 20). No es posible que una rama dependa de otra para su vitalidad; cada una debe mantener su relación personal con la vid. Cada miembro debe dar sus propios frutos.
5.
Separados de mí.
"La mente carnal . . . no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede" (Rom. 8: 7). Es imposible que el hombre por 1018 su propia fuerza escape del abismo de pecado en el que ha caído y dé frutos de santidad (CC 16). Doquiera los hombres se aferren al principio de que pueden salvarse por sus propias obras, no tendrán una barrera contra el pecado (DTG 26-27).
6.
El que en mí no permanece.
Esta afirmación refuta el engaño según el cual "el que es salvo en Jesús, ya es salvo para siempre y no puede perderse". Es posible que los que han estado en Cristo corten su conexión con él y se pierdan (ver com. Heb. 6: 4-6). La salvación depende de permanecer en Cristo hasta el fin.
Se secará.
El cristiano representado por la rama cortada quizá siga adelante con una forma de religión, pero le faltará el poder vital (2 Tim. 3: 5). La superficialidad de su profesión será vista ante las pruebas y las dificultades. Así como las ramas cortadas son finalmente juntadas y quemadas, así también sufrirá la extinción final el cristiano que no da frutos, junto con los que no reconocen ser cristianos (Mat. 10: 28; 13: 38-40; 25: 41, 46). No se menciona ningún acto de desobediencia manifiesta sino, sencillamente, el pecado de la negligencia. Comparar esto con la parábola de las ovejas y los cabritos (Mat. 25: 31-46). Los que estén a la izquierda del Rey serán excluidos del reino por haber descuidado los deberes cristianos prácticos.
7.
Si permanecéis en mí.
La permanencia es mutua, tal como se expresa en el vers. 4. Cuando los hombres permanecen en Cristo, él mora en ellos y ellos se convierten en participantes de la naturaleza divina (2 Ped. 1: 4). Sus pensamientos se identifican de tal forma con la voluntad divina, que los pedidos que hacen son únicamente los que están en armonía con esa voluntad (1 Juan 5: 14; DTG 621). Además, ningún pecado se interpone para evitar una respuesta favorable.
Mis palabras permanecen.
Estas palabras muestran que la morada interior de Cristo en el hombre no es completamente una experiencia mística, inexplicable, Los hombres reciben a Cristo al recibir su Palabra. Esa Palabra ilumina la mente del que se alimenta de ella. Para el que hace la decisión inteligente de seguir esa palabra y la obedece sin reservas mediante el poder del cielo que lo capacita, mora en su ser Cristo "la esperanza de gloria" (Col. 1: 27). Además, para que esto sea constante, diariamente debe alimentarse de la palabra (ver com. Juan 6: 53).
8.
Llevéis mucho fruto.
La gloria del viñador es que sus plantas produzcan frutos. Dios recibe esa gloria cuando su imagen se refleja en las vidas de sus seguidores. Satanás sostiene que los mandamientos de Dios son demasiado severos Y que los hombres no pueden alcanzar el ideal de la perfección cristiana. De modo que el carácter de Dios es vindicado cuando los hombres, mediante la gracia divina, llegan a ser participantes de la naturaleza divina.
Seáis así mis discípulos.
El fulgor de las virtudes cristianas es una prueba del discipulado, Sin una unión vital con Cristo es imposible dar los frutos de justicia (vers. 5; cf. cap. 13: 35).
9.
El Padre me ha amado.
Cf. cap. 3: 35; 5: 20;10: 17; 17: 24.
En mi amor.
Permanecer en Cristo significa permanecer bajo el amparo de su amor. Es consolador saber que el amor que Cristo nos tiene es tan permanente como el amor del Padre para el Hijo. Más que eso, "el Padre mismo os ama" (cap. 16: 27) con el mismo amor con que ama a su Hijo (EGW RH 4-11-1890).
10.
Mis mandamientos.
Ver com. cap. 14: 15.
Mandamientos de mi Padre.
Mirando retrospectivamente, Jesús podía decir con perfecta confianza: "He guardado los mandamientos de mi Padre". Siempre hacía las cosas que eran gratas a su Padre (cap. 8: 29). El "no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca" (1 Ped. 2: 22). Su vida impecable demostró que es posible, con la ayuda divina, que los hombres guarden los mandamientos (DTG 15).
11.
Mi gozo.
El gozo de Cristo consistía en comprender que había cumplido su misión con éxito. El Salvador se gozaba al llevar a cabo el propósito divino en la redención del hombre y en sufrir para que éste pudiera ser salvo. El propósito de su vida era glorificar a su Padre.
Vuestro gozo.
El gozo es el segundo de los frutos del Espíritu que presenta Pablo (Gál. 5: 22). El verdadero gozo no se encuentra en la risa bulliciosa ni en la atolondrada agitación que ocasionan los superficiales placeres del mundo. El cristiano encuentra su gozo en descansar en el amor de Cristo, en las victorias ganadas y en un servicio abnegado en favor de la humanidad, El gozo alcanzará su realización más excelsa en el mundo venidero, pero los que permanecen en Cristo pueden 1019 experimentar aquí y ahora un magnífico e intenso gozo.
12.
Mi mandamiento.
Ver com. cap. 13: 34.
13.
Mayor amor.
El "mandamiento nuevo" (cap. 13: 34; cf. cap. 15: 12) ordenaba a los discípulos que fomentaran entre sí el mismo amor que Jesús les había manifestado. Ahora Jesús reveló los alcances de ese amor. Ese amor lo indujo a entregar su vida por ellos. Sin embargo, el amor de Cristo sobrepujó el amor que ahora ordenaba: "Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom. 5: 6-8).
14.
Amigos.
Gr. fílos, de la misma raíz del verbo filéô, "amar" (ver com. Mat. 5: 43-44). Fílos significa uno que es amado, o querido, o uno que es amante o amistoso. En la verdadera amistad hay un amor recíproco. Los discípulos mostrarían su amor con una humilde obediencia (Juan 14: 15).
15.
Siervos.
Gr. dóulos, "esclavo"; aquí quizá un siervo sometido a un régimen estricto (ver com. cap. 8: 34). Un siervo de esta clase tenía la obligación de obedecer ciegamente sin ser consultado por el amo. Los discípulos habían disfrutado de la confianza de Jesús, y él les había revelado muchas cosas. El Espíritu Santo les daría aún más luz (cap. 14: 26). Jesús iba a dejarlos pronto, y debían proseguir trabajando sin su presencia corporal. La responsabilidad de ellos iba a ser pesada. Jesús quería que pensaran que su relación con él era como la de los amigos. Antes, tácitamente, los había tratado como a siervos (cap. 13: 16); ahora los trata como amigos.
16.
No me elegisteis vosotros.
Los discípulos habían elegido ser los seguidores de Cristo, pero fue Jesús quien, entre sus muchos seguidores, había elegido a 12 para que fueran apóstoles (Luc. 6: 13; ver com. Mar. 3: 14). Todos pueden elegir seguir a Cristo, pero él es Aquel que elige y capacita a los hombres para que ocupen cargos de responsabilidad y liderazgo en su causa (1 Cor. 12: 7-11, 28).
Llevéis fruto.
Es decir, que tuvieran éxito en su misión.
Vuestro fruto permanezca.
Cf. cap. 4: 36.
Todo lo que pidiereis.
Cf. cap. 14: 13. Permanecer en Cristo es la condición para que sean respondidas las oraciones.
En mi nombre.
Ver com. cap. 14: 13.
17.
Os améis unos a otros.
Ver com. cap. 13: 34; cf. cap. 15: 12.
18.
Si el mundo os aborrece.
[Una advertencia de que habrá persecución, Juan 15: 18 a 16: 4.] Habría odio procedente del mundo, pero en el grupo íntimo debería haber amor (vers. 17). Tendrían suficiente para soportar debido a los acerbos conflictos con el mundo, sin contar los antagonismos internos (Luc. 22: 24). El mundo odia a aquellos cuyos intereses y cuyas simpatías discrepan con él (ver com. cap. 7: 7).
Me ha aborrecido.
En el futuro los discípulos verían la furia plena del odio del mundo.
19.
Si fuerais.
Esta es una condición contraria a la realidad; es decir, la condición no se cumple. Los discípulos no son del mundo, por eso el mundo no los ama. Ellos habían sido del mundo, pero habían prestado atención a la invitación de Jesús de salir del mundo. De sus hermanos, los hijos de José (ver com. Mat. 12: 46), Jesús dijo: "No puede el mundo aborreceros" (Juan 7: 7; ver com. cap. 15: 18).
Os aborrece.
Las razones para el aborrecimiento se indican en los versículos precedentes: La permanencia en Cristo (vers. 4), el dar los frutos de justicia (vers. 5) y la demostración de esos frutos (vers. 16). Los hechos del mundo son reprobados por la vida recta y el testimonio manifiesto del cristiano (Juan 7: 7; 1 Juan 3: 13). Robertson hace una pregunta significativa: "¿Nos aborrece el mundo? Si no nos aborrece, ¿por qué no? ¿Se ha hecho el mundo más cristiano, o los cristianos más mundanos?"
20.
Acordaos de la palabra.
Ver Juan 13: 16; cf. Mat. 10: 24; Luc. 6: 40.
Os perseguirán.
Jesús había advertido de esto antes (Mat. 10: 17-23). No quería que los discípulos se desanimaran cuando toda la fuerza de la persecución se desatara sobre ellos. Había de verse más tarde cuán eficazmente había sido aprendida esta lección en el intrépido valor con que los discípulos hicieron frente a la prisión, los azotes, la tortura y la muerte (Hech. 5: 41; 16: 22-25; etc.). Haciendo frente a una persecución sumamente angustiosa (2 Cor. 4: 8-12; 11: 23-28), Pablo pudo decir: "Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria" (2 Cor. 4: 17). Temeroso de que las aflicciones abrumaran a la joven iglesia de Tesalónica, Pablo escribió a los creyentes: "Nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos" (1 Tes. 3: 3; cf. Fil. 1: 29; 2 Tim. 3: 12; 3 JT 233-234).
Han guardado mi palabra.
A pesar de haber sido rechazada por la mayoría, algunos creyeron la palabra de Cristo. Así también 1020 sería con los discípulos. Algunos recibirían la palabra de ellos, y serían salvos. Su obra sería recompensada.
21.
Por causa de mi nombre.
Es decir, por mi causa o debido a mí. Con frecuencia, "nombre" equivale a persona o carácter (cf. Mat. 10: 22; 12: 21).
No conocen.
Profesaban conocer a Dios y adorarlo, pero ignoraban su carácter y tergiversaban su palabra. Cf. cap. 14: 7; 16: 3; 17: 3.
22.
No tendrían pecado.
Ver com. cap. 9: 41. "Habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia" (Hech. 17: 30). Ahora que Jesús había venido y les había revelado el camino de salvación, no tenían más excusa. ¿Qué mayor revelación de sí mismo podría haber dado Dios? El pecado de ellos consistía en no aceptar a Jesús "el camino, la verdad, y la vida" (Juan 14: 6). "Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Sant. 4: 17). En el juicio, los hombres serán condenados no porque hayan estado en el error, sino por "haber descuidado las oportunidades enviadas por el cielo para que" aprendieran "lo que es la verdad" (DTG 454).
Excusa.
Gr. prófasis, "un pretexto".
23.
También a mi Padre aborrece.
Cf. cap. 13: 20;14: 7, 9-11.
24.
Obras.
En el vers. 22 el argumento se basaba en las palabras que Jesús había hablado. Aquí el argumento se basa en las obras. Cualquiera de los dos era una evidencia suficiente que podía servir de base para tener fe en él como el Salvador del mundo.
No tendrían pecado.
Ver com. vers. 22.
25.
Se cumpla la palabra.
El griego de esta frase puede interpretarse como que expresa un resultado antes que un propósito (ver com. Juan 9: 3; cf. com. Mat. 1: 22).
En su ley.
Ver com. cap. 10: 34.
Me aborrecieron.
La cita probablemente es de Sal. 69: 4. Sin embargo, cf. Sal. 35: 19.
26.
Consolador.
Ver com. cap. 14: 16.
Yo os enviaré.
En otro pasaje (cap. 16: 7) se presenta a Jesús como el que envía el Espíritu, al paso que también se nos enseña que el Padre envía el Espíritu (cap. 14: 26; cf. vers. 16). No se trata de una contradicción pues el Padre y el Hijo obran al unísono (ver com. cap. 10: 30).
27.
Vosotros daréis testimonio también.
Cf. Hech. 5: 32.
Desde el principio.
Habían sido preparados para ser testigos (Hech. 1: 21-22). Comparar esto con el uso de la frase "desde el principio" en 1 Juan 2: 7, 24; 3: 11; 2 Juan 5-6.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-27 DTG 628-633; TM 275
1 DTG 628-630; 2JT 73
1-2 Ev 265; 1JT 99, 514; 2JT 414; 8T 186
1-8 7T 171
2 DTG 631; ECFP 108; 1JT 366, 514; 2JT 113; 5T 18
3 1JT 114
4 1JT 516; 5T 232
4-5 CC 68; CM 250; COES 32; ECFP 105; FV 137; HAp 230; 1JT 115; 2JT 72; 1T 289; 5T 254; TM 149, 330
4-6 DTG 630; 1JT 99, 239; 2T 441, 454; 4T 542; 5T 49
4-16 MC 412
5 CM 176, 316; CN 216; COES 104, 177, 184, 188; CS 79; DTG 629; ECFP 7 1; Ev 252, 467; FE 110, 178, 196, 200, 225, 249, 284, 292, 349, 476; 1JT 366, 515, 580; 2JT 72-73, 113, 135, 228, 232, 354; 3JT 71, 152; MC 410; MeM 11, 15, 76; MM 41, 99, 150; OE 407; PE 73; PVGM 32, 267; 3T 522; 4T 320; 5T 306, 586; 6T 45, 247; 7T 39, 194; 9T 152, 203; TM 140, 151, 344, 387
6 DTG 688; 2JT 72; MeM 95
7 CN 472; 1JT 516; MeM 20; NB 88, 229; PVGM 109; 3T 209; 4T 259
7-8 DTG 631; PE 29, 73
8 CMC 316; COES 202; DTG 216; ECFP 110; 2JT 80, 117, 381; 3JT 247, 250; MJ 312; OE 304; PVGM 243; 3T 528
9-10 FE 399
10 CC 61; CS 523; DTG 254; ECFP 87, 106; Ed 74; FE 135, 402; 3JT 143; MC 332, 357; MeM 321; PVGM 226, 253; 8T 289, 312; TM 135
11 CC 126; MC 403; 7T 273
12 CH 32; DTG 596, 632; FE 210; 2JT 247; MB 88; MeM 193; 1T 150, 166, 371; 5T 35, 360; 6T 455; TM 155, 192
12-13 2T 169
12-14 1T 690
13 3T 529
14 2JT 100; MM 43; 5T 553
15 Ed 89; FE 303; OE 282; 2T 510
16 CC 101; CM 391; 3JT 199; 2T 426, 431; TM 215, 219
16-19 1T 285
17 DTG 465; PVGM 314
17-20 2T 492
18 1JT 167; PP 602
18-21 DTG 632; 5T 433 1021
19 2T 690
19-20 CS 154
20 CS 51
20-21 HAp 65
22 CS 175
25 DMJ 30-31
26 HAp 42
26-27 HAp 19; TM 66, 289
CAPÍTULO 16
1 Cristo conforta a sus discípulos para la tribulación, con la promesa del Espíritu Santo y con el anuncio de su resurrección y ascensión. 23 Asegura que las oraciones hechas en su nombre son aceptadas por el Padre. 33 Paz en Cristo y aflicción en el mundo.
1 ESTAS cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo.
2 Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.
3 Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.
4 Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.
5 Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?
6 Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón.
7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí;
10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;
11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.
15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.
16 Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.
17 Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre?
18 Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla.
19 Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?
20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.
21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
25 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre.
26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
27 pues el Padre mismo os ama, porque 1022 vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.
28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
29 Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices.
30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios.
31 Jesús les respondió: ¿Ahora creéis?
32 He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
1.
Tropiezo.
Gr. skandalízÇ (ver com. Mat. 5: 29). En lo que atañe a las advertencias a fin de evitar el desánimo provocado por una persecución, ver com. Juan 15:20.
2.
Las sinagogas.
Ver com. cap. 9:22.
Rinde servicio a Dios.
Los judíos que perseguían a los apóstoles razonaban que esos evangelistas eran blasfemos que procuraban derribar la religión que Dios había establecido (Hech. 6: 13-14; 21: 28-31). Un reflejo del celo de los judíos por su religión y de los extremos a que llegaban para proteger su culto se encuentra en uno de los preceptos de la Mishnah: "Si uno... maldice mediante un encantamiento, o cohabita con una mujer pagana [lit. siria], es castigado por los celotes. Si un sacerdote realiza el servicio del templo estando inmundo, sus hermanos sacerdotes no lo acusan por ello en Beth Din, sino los jóvenes sacerdotes lo sacan del atrio del templo y le parten el cráneo con garrotes. [De] un laico que realizó el servicio en el templo, R. Akiba dijo: Se lo estrangula; los Sabios dicen: [Su muerte está] en las manos del cielo" (Sanhedrin 9. 6). Las páginas de la historia registran repetidas persecuciones realizadas en el nombre de la religión.
3.
No conocen.
Cf. cap. 15: 21.
4.
La hora.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 147) la variante "la hora de ellos", es decir la hora de esos perseguidores (ver Luc. 22: 53).
Os acordéis.
La advertencia previa los fortalecería en la hora de la persecución (ver com. cap. 15: 20).
Yo estaba con vosotros.
No era necesario decirles antes, pues si hubiera venido la persecución, Jesús habría estado con ellos para animarlos. En realidad, mientras Jesús estuvo en la tierra, la persecución fue dirigida contra él. Pero después de su partida, el odio del enemigo se dirigiría contra sus representantes.
5.
Voy.
[La venida del Consolador, Juan 16: 5-33.]Cf. cap. 7: 33; 13: 33; 14: 2.
Pregunta.
Con el sentido de "preguntar repetidas veces". Así entendido, este versículo no contradice los pasajes de los cap. 13: 36 y 14: 5. Antes los discípulos habían preguntado acerca de este asunto, pero habían cesado de hacerlo. Estaban absortos en pensamientos egoístas y no pensaban en el gozo de su Maestro ante la perspectiva de volver a su Padre y de hacer avanzar el plan de salvación dando un paso más para su terminación. Era conveniente que se fuera (cap. 16: 7).
6.
Tristeza.
Ver com. cap. 14: 1. Más bien deberían haberse regocijado ante la perspectiva de la gloria a la cual volvía su Maestro. En vez de eso, el pensamiento de que quedaban separados de él llenó sus corazones con ansiosos presentimientos.
7.
Os conviene.
La muerte, resurrección y ascensión de Jesús fueron acontecimientos importantes para que se completara el plan de salvación. Sin ellos, la era del Espíritu no se hubiera convertido en una realidad. El alejamiento de Cristo fue, pues, para los discípulos un provecho y una ventaja. Con su cuerpo humano Cristo no podía estar presente por doquiera, pero por intermedio del Espíritu Santo podía estar con cada uno de sus seguidores en todo momento y en todo lugar (cf. Mat. 28: 20).
Consolador.
Ver com. cap. 14: 16.
Os lo enviaré.
De acuerdo con el plan de Dios, Jesús, debía completar su obra en la tierra y ascender al trono del Padre antes de que viniera el Espíritu.
8.
Convencerá.
Gr. elégjÇ, "convencer", "demostrar la culpabilidad". Por eso se ha traducido "convictos por la ley como transgresores" (Sant. 2: 9). Los diferentes matices de significado de elégjÇ se ponen de manifiesto en las diversas formas en que se ha traducido ese verbo griego en la RVR. Con alguna forma verbal de "reprender" en Luc. 3: 19; Efe. 5: 11; 1 Tim. 5: 20; Tito 1: 13; Heb. 12: 5; 1023 Apoc. 3: 19. Como "redargüir" en Juan 8: 46; 2 Tim. 4: 2. Como "convencer" en 1 Cor. 14: 24; Tito 1: 9. Como "acusar" en Juan 8: 9 y "poner en evidencia" en Efe. 5: 13.
De pecado.
Jesús también había hecho esto (cap. 7: 7). El día de Pentecostés, la ocasión cuando fue prodigado el don del Espíritu, hubo una notable manifestación de este aspecto de la obra del Espíritu. Los que escucharon la exhortación de Pedro, "se compungieron de corazón" (Hech. 2: 37). Una de las primeras evidencias de que está obrando el Espíritu Santo es la profunda convicción de que somos pecadores.
De justicia.
El Espíritu no sólo pone de manifiesto el pecado; también hace que se vea cuál es la verdadera rectitud. Estimula a los hombres a que acepten la justicia de Cristo, tanto la imputada (Rom. 10: 3-10) como la impartida (Gál. 2: 20; Fil. 2: 13).
De juicio.
Jesús también advirtió a los hombres acerca del juicio venidero (Mat. 5: 21-22; 10: 15; 11: 22, 24; 12: 36). Nadie puede escapar del juicio pues es tan seguro como la muerte (Hech. 9: 27). Aunque el temor al castigo no debiera ser el motivo principal para proceder rectamente, sin embargo, es un instrumento poderoso para despertar las mentes entenebrecidas por el pecado, y se recurre a ese juicio frecuentemente y con toda razón (ver Mar. 9: 43-48; Apoc. 14: 9-11; com. Juan 16: 11).
De modo que el Espíritu hace que los hombres reconozcan sus pecados, les señala la salvación y la justicia que hay en Jesús, y los amonesta de las consecuencias de continuar en sus pecados y de descuidar la salvación que se les ofrece gratuitamente.
9.
No creen en mí.
Dios ha dispuesto sólo un medio de salvación (Hech. 4: 12; 1 Cor. 3: 11), a saber, la fe en Jesucristo (Juan 3: 16, 18, 36). Los que tienen la luz que tuvieron los judíos, no tienen excusa cuando rehusan creer en Aquel a quien Dios envió al mundo (ver com. cap. 15: 22).
10.
Voy al Padre.
Mientras Jesús estuvo en la tierra, indicó el camino a la perfecta justicia requerida de los que entren en el reino de los cielos (Mat. 5: 48; 6: 33). Después de su partida, ésa sería la obra especial del Espíritu (ver com. Juan 16: 8).
11.
De juicio.
Gr. krísis, el acto de juzgar. La vindicación del carácter divino en la cruz aseguró que Satanás sería sometido a juicio y condenado. Y si esto era cierto en lo que respecta al caudillo de los rebeldes, también se cumpliría con todos sus cómplices (ver com. vers. 8).
Príncipe de este mundo.
Ver com. cap. 12: 31; cf. cap. 14: 30.
12.
Muchas cosas que deciros.
La mente humana puede asimilar la verdad a un ritmo limitado. Jesús había pasado más de tres años con sus discípulos, y en ese tiempo los había instruido fielmente en las cosas divinas. Habían aprendido mucho, pero había muchas cosas que todavía habían de series reveladas (ver com. cap. 14: 26). La sabiduría de Dios es infinita y no puede extinguirse. El tiempo de toda una vida dedicado diligentemente al estudio lo capacita a uno para obtener tan sólo un concepto limitado de los tesoros divinos del conocimiento espiritual.
A veces un letargo espiritual impide la adquisición de una verdad divina más amplia. Tal fue el caso de los corintios, a quienes Pablo llamaba "carnales", que necesitaban ser alimentados con "leche" y no con alimento sólido debido a que no podían tolerar una dicta espiritual sustanciosa (1 Cor. 3: 1-2). Se insta a los cristianos a que dejen "los rudimentos de la doctrina de Cristo" y que prosigan "adelante a la perfección" (Heb. 6: 1; cf. Heb. 5: 11-14).
13.
Espíritu de verdad.
Ver com. cap. 14: 17.
A toda verdad.
Ver com. cap. 14: 26; 16: 12. "Verdad" se usa aquí principalmente en su sentido teológico (ver com. cap. 8: 32). Sin embargo, también es cierto que todos los descubrimientos e inventos científicos correctos tienen su origen en Dios (ver CM 212).
No hablará por su propia cuenta.
Jesús declaró esto también acerca de sí mismo (cap. 12: 49; 14: 10). La fuente última de autoridad era Dios.
Cosas que habrán de venir.
Jesús había revelado cosas venideras (Mat. 24; etc.); pero había de darse más luz acerca del futuro. Las profecías del Apocalipsis son un ejemplo resaltante de cómo se cumplió esto. Juan declaró acerca de los mensajes a las iglesias: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Apoc. 2: 7, 11; etc.).
14.
Me glorificará.
Es decir, mediante la revelación de la majestad y de la gloria de Cristo resucitado y la manifestación de los misterios del plan de salvación.
De lo mío.
El Espíritu Santo impartirá una parte de la reserva plena de la verdad (ver com. vers. 12). 1024
15.
Todo.
Ver cap. 3: 35; cf. cap. 17: 10.
16.
No me veréis.
El primer "un poco" generalmente se entiende que se refiere al corto lapso hasta la pasión, y el segundo "un poco" a los tres días entre la crucifixión y la resurrección. Algunos han sugerido un significado doble a las palabras de Cristo. Primero, que se refieren a la muerte y resurrección; y segundo, que se refieren a la ascensión al Padre y al regreso de Jesús al fin de los siglos (cap. 14: 1-3). En otro pasaje se presenta ese regreso como que no estuviera lejano. "El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve" (Apoc. 22: 20; cf. cap. 1: 3). Sin embargo, en vista de la explicación de Juan 16: 20-29, pareciera mejor considerar que el pasaje se refiere a los sucesos del futuro inmediato.
17.
Unos a otros.
Indudablemente, no estaban dispuestos a preguntarle directamente a Jesús. Su declaración enigmática había despertado la curiosidad de ellos.
¿Qué es esto?
Antes, Jesús había hablado de su muerte y resurrección, pero los discípulos no habían captado plenamente el significado de sus palabras (ver com. Mat. 16: 21). De ahí la perplejidad de ellos ante esa declaración.
20.
Lloraréis y lamentaréis.
Jesús no da una respuesta directa a la pregunta de los discípulos, pero aclara algo en cuanto a las circunstancias que rodeaban los acontecimientos que sucederían después de "un poco". En Luc. 23: 27 y Juan 20: 11 se trata del cumplimiento de la predicción.
El mundo se alegrará.
Los enemigos de Jesús se regocijaron cuando él fue silenciado. Sin embargo, el gozo de ellos fue breve, como también fue breve el dolor de los amigos de Jesús.
Se convertirá en gozo.
Cf. cap. 20: 20.
21.
La mujer.
La figura de una mujer que da a luz se encuentra en el AT (Isa. 26: 17; 66: 7; etc.). Pero sólo aquí se menciona que su dolor se convierte en gozo.
Hombre.
Gr. ánthrÇpos, hombre en el sentido genérico. Es decir, un ser humano.
22.
Se gozará vuestro corazón.
Esta es la aplicación que Jesús hace de la figura presentada en el vers. 21. Por lo tanto, se fuerza demasiado la figura cuando se trata de ver en el parto de la mujer los dolores del nacimiento de un nuevo orden del reino. El regocijo de los discípulos ocurrió en el día de la resurrección.
Nadie.
Incluso el diablo y sus instrumentos. El gozo de los discípulos sería completo y permanente en su comunión espiritual con el Salvador resucitado, que estaría con ellos "todo los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28: 20)
23.
En aquel día.
Es decir, en la era del do del Espíritu Santo (cap. 14: 16-17, 26; 15: 26; 16: 7-14).
No me preguntaréis nada.
Jesús está i formando a los discípulos que en el día d don del Espíritu Santo no habría necesidad de hacer preguntas, pues el Espíritu les enseñaría todas las cosas (cap. 14: 26). En esta última noche, los discípulos habían hecho muchas preguntas y habían demostrado que eran muy lentos para comprender (cap. 14: 5, 8-9, 22; 16: 17). El Espíritu les iluminaría la mente comprenderían lo que entonces les parecía tan enigmático.
Los discípulos no contarían más con la presencia física de Jesús entre ellos, pero podrían pedir sin temor al Padre en el nombre de Jesús con la plena seguridad de que sus pedidos serían concedidos.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
En mi nombre.
Ver com. cap. 14: 13.
24.
Hasta ahora.
La relación del Hijo con el Padre no había sido entendida previamente en toda su plenitud. Se habían elevado plegarias ante la Deidad con un concepto limitado de ella, y quizá en algunos casos sin tener ningún concepto. Después de la ascensión de Cristo y el comienzo de su ministerio com sacerdote y rey, se comprendería su verdadera posición como el Mediador de las oraciones de los cristianos.
Vuestro gozo.
Ver com. cap. 15: 11.
25.
Alegorías.
Gr. paroimía (ver com. cap 10: 6).
Claramente os anunciaré.
El Espíritu aguzaría el entendimiento de ellos (cap. 14: 26; 16: 13).
26.
En mi nombre.
Ver com. cap. 14: 13.
No os digo.
La intercesión de Cristo no tenía el propósito de vencer ninguna renuencia o mala voluntad de parte del Padre par oír las oraciones de los santos. El Padre mismo amaba a los discípulos (vers. 27) y estaba tan dispuesto a responder a la oración como lo estaba el Hijo. Lo que se destaca al presentar a Jesús como intercesor (He 7: 25) es que únicamente por medio del sacrificio infinito del Hijo es posible que el Padre o el Hijo prodiguen una bendición plena al que pide. 1025
27.
El Padre mismo.
Ver com. vers. 26.
Porque vosotros.
Dios no sólo ama a los que aman a su Hijo. Ama al mundo (Juan 3: 16; cf. Rom. 5: 8). Sin embargo, cuando los hombres responden al amor de Dios, es posible una manifestación mayor de ese amor.
28.
Salí.
Aquí se resumen los grandes hechos de la fe cristiana: la preexistencia de Cristo ("salí del Padre"), la encarnación y los sucesos que la acompañaron ("he venido al mundo"), y la ascensión ("voy al Padre"). Ver com. cap. 1: 1, 14.
29.
Ninguna alegoría.
Ver com. cap. 10: 6.
30.
Entendemos.
Literalmente "sabemos" (BJ). Quizá los discípulos llegaron prestamente a la conclusión de que el momento de comprensión plena mencionado en el vers. 25 ya había llegado. Jesús procedió a mostrarles cuán limitado era el concepto de ellos (vers. 31-32).
Nadie.
Los discípulos aquí expresan su fe en la capacidad de Jesús para leer los corazones. El les había demostrado que era así al responder a los deseos íntimos que ellos no habían expresado (vers. 17-19).
31.
¿Ahora creéis?
Cristo no niega que hubieran creído. Sencillamente insinúa que la fe de ellos había sido imperfecta.
32.
Seréis esparcidos.
Ver Mar. 14: 27, 50.
Me dejaréis.
"Todos los discípulos, dejándole, huyeron" (Mat. 26: 56).
No estoy solo.
La comunión de Cristo con su Padre era ininterrumpida.
33.
Paz.
Ver com. cap. 14: 27.
Tendréis aflicción.
Ver com. cap. 15: 20; 16: 2.
Confiad.
"¡Ánimo!" (BJ). Gr. tharséÇ, "animarse", "confiar", "atreverse" (cf. Mat. 9: 2; 14: 27; etc.).
Yo he vencido al mundo.
Jesús esperaba con confianza la cruz, plenamente seguro de que triunfaría sobre los poderes de las tinieblas (ver Col. 2: 15). El príncipe de este mundo sería derrotado (ver com. cap. 12: 31; 14: 30; cf. cap. 16: 11), y los discípulos no tenían nada que temer.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-4 TM 66
2, 4 Ev 249; HAp 65; OE 385
7 CC 74; Ed 89; HAp 31 ; MC 71
7-8 TM 398
8 DTG 625; Ev 209; FE 197; HAp 43; 2JT 538; MeM 342; OE 301; 3T 428; TM 62, 408
8-9 MeM 44
11 DTG 633
12 DTG 468; Ev 47, 151, 271; HAp 219; MC 189; 6T 55; TM 484
12-14 DTG 624
13 COES 37; CS 11, 522; Ed 130; Ev 126;
FE 473; HAp 31, 42-43; 2JT 430; 3JT 209; OE 301; PE 189; 5T 439; TM 108
13-14 CC 111; DTG 624; 2JT 308; OE 312 13-15 Ed 89
14 CC 91; DTG 625; HAp 43; MeM 50;
TM 92, 402
15 PE 24
19-20 DTG 243
20, 22 DTG 62, 732
23 Ed 90; TM 206
23-24 AFC 78; CC 74; DTG 772; HAp 29; 3JT 94; TM 154
24 CC 113; CS 531; DTG 620; 1JT 22; 3JT 30; NB 81; 1T 55; 4T 315; 7T 251; 5TS 12
25 3JT 265; MC 328
26-27 AFC 78; CC 101; CS 469; 3JT 29
27 CC 64; FE 178; 2JT 339
32 DTG 646
33 CC 124; DTG 98, 634; FE 465; HAp 20, 69-70; 1JT 312; MeM 71, 334; NB 293-294; OE 40, 531; SC 139; 3T 423; 5T 82; 8T 127, 212 1026
CAPÍTULO 17
1 Cristo ruega a su Padre que lo glorifique, 6 que guarde a sus apóstoles 11 en la unidad 17 y la verdad, 20 para que sean glorificados con él en el cielo, y también todos los otros que crean.
1 ESTAS cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;
2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.
3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.
12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17 Santificalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
1.
Estas cosas habló Jesús.
[La oración de intercesión de Jesús, Juan 17: 1-26.] Con esta oración terminan los consejos de despedida que Jesús comenzó en el aposento alto y continuó en el camino al Getsemaní. Esta oración es la más extensa de las oraciones de Jesús que se registran. Bengel dice respecto al cap. 17, que de todos los capítulos de las Escrituras es el más fácil en cuanto a las palabras; 1027 el más profundo en cuanto a las ideas. Esta oración se divide claramente en tres partes: (1) Oración por Cristo mismo (vers. 1-5); (2) oración por los discípulos (vers. 6-19); (3) oración por todos los creyentes (vers. 20-26).
Levantando los ojos.
Ver com. cap. 11: 41.
Padre.
Ver com. cap. 11: 41.
Glorifica.
Ver com. cap. 13: 31; cf. cap. 12: 16, 23. Jesús sería glorificado al ser levantado en una muerte victoriosa, que era el preludio necesario de su gloriosa resurrección.
2.
Potestad.
Gr. exousía, "autoridad" (ver com. Mat. 28: 18).
Carne.
Es decir, seres humanos (cf. Mar. 13: 20; Luc. 3: 6; etc.).
Vida eterna.
Ver com. Juan 1: 4; 3: 16; 8: 51; 10: 10; cf. Rom. 6: 23.
Los que le diste.
Ver com. cap. 6: 37.
3.
Te conozcan.
Un conocimiento experimental y viviente conduce a la vida eterna. No hay salvación en sólo conocer, pero tampoco puede haber salvación sin conocimiento (Rom. 10: 13-15). Aquí se define el conocimiento salvador como el que se centra en el "Dios verdadero" -en contraste con los dioses falsos- y en Jesucristo. Fue muy notable la ausencia del conocimiento de Jesucristo en la religión de los judíos. En el día final los hombres serán rechazados porque despreciaron el conocimiento esencial (ver com. Ose. 4: 6). En cuanto a la importancia del conocimiento en el desarrollo del carácter cristiano, ver com. Juan 17: 17; cf. 2 JT 331.
4.
Te he glorificado.
La segunda parte de la sentencia amplía la primera. Dios fue glorificado cuando fue completada la obra que Jesús vino a hacer para la salvación del hombre.
5.
Glorifícame tú.
Cf. vers. 1. Jesús pide volver a su antigua gloria. En cuanto a la preexistencia de Cristo, ver com. cap. 1: 1, 14; cf. cap. 8: 58. Pablo describe el cumplimiento de esta oración: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre" (Fil. 2: 9).
6.
Tu nombre.
"Nombre" aquí -como en otros casos- significa carácter. En cuanto a Jesús como la revelación personal del carácter de su Padre, ver com. cap. 1: 14, 18.
Me diste.
Ver com. cap. 6: 37. Se hace resaltar la unidad del Padre y del Hijo (ver com. cap. 10: 30).
Han guardado tu palabra.
Lo que equivale a "han guardado tus mandamientos". Esto no implica una perfecta obediencia, pero hace resaltar el hecho de que, en contraste con la mayoría de los judíos, los discípulos habían echado su suerte con Jesús y habían procurado cumplir con los requisitos del discipulado.
7.
Han conocido.
Es decir, de acuerdo con el griego, "han llegado a conocer y ahora están enterados". La relación de Cristo con el Padre -el Dios al cual los judíos adoraban- era un punto de énfasis constante en las enseñanzas de Jesús (cap. 8; 10; etc.). Los judíos lo acusaban de blasfemia y lo tildaban de impostor porque afirmaba que Dios era su Padre, pero los discípulos estaban persuadidos del verdadero origen y la verdadera identidad de Jesús.
8.
Que me diste.
Un énfasis adicional de que Cristo dependía del Padre durante la encarnación (cap. 1: 14; 5: 19, 30).
Las recibieron.
Ver com. vers. 7.
9.
Yo ruego por ellos.
Ya habían sido presentados los discípulos (vers. 6-8). Ahora comienza la oración por ellos.
No ruego por el mundo.
Es decir, en esa ocasión. En ese momento Jesús se ocupaba de sus discípulos. Jesús no quiere decir que el mundo esté fuera del alcance del cuidado de él o de su Padre. Dios ama al mundo, y gratuitamente ofrece salvación a todos (Juan 3: 16; Apoc. 22: 17). Después Jesús incluye en su oración a "los que han de creer en mí por la palabra de ellos" (Juan 17: 20).
Los que me diste.
Ver com. cap. 6: 37.
10.
Lo mío es tuyo.
La propiedad mutua hace resaltar más la unidad del Padre y del Hijo (ver com. vers. 6).
Glorificado.
El Padre fue glorificado por la obediencia de Cristo (ver com. vers. 4). Así también el Hijo fue glorificado por la obediencia de los discípulos, pero más por el hecho de que fueran sus mensajeros al mundo.
11.
Ya no estoy.
El futuro inmediato es considerado como presente. De acuerdo con el cómputo judío, ya había comenzado el día de la crucifixión.
Yo voy a ti.
Un presente futurista que se refiere al regreso de Jesús al Padre, no a su acercamiento a Dios en oración.
Padre santo.
Este título sólo aparece aquí en el NT. En los vers. 1 y 5 la forma de dirigirse a Dios es "Padre" y en el vers. 25 "Padre justo". Sin duda se emplea esta expresión en vista del pedido que sigue. El tema de los vers. 17-19 es la santificación. La palabra que aquí se usa en griego para "santificalos" es el verbo hagiázÇ (vers. 17), "hacer santo", y la palabra para "santo" en el título que se le da a 1028 Dios es hágios, que con toda corrección se traduce como "santo". La petición para que los discípulos sean santos se eleva al Padre Santo. En cuanto a la santidad de Dios, ver Lev. 11: 44; cf. 1 Ped. 1: 16. El título "Padre Santo" también aparece en una oración eucarística de la Didajé 10: 2.
Los que me has dado.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 147) la variante "lo que", es decir el "nombre". Esta variante implica el pensamiento de que Dios dio su nombre al Hijo. Este concepto debiera entenderse de acuerdo con otros pasajes (cap. 1: 18; 14: 9). Jesús vino a representar el nombre, o carácter de su Padre, y durante el tiempo de su encarnación actuó bajo la autoridad de su Padre.
Guárdalos.
Jesús estaba por irse. Por eso confió los discípulos al cuidado de su Padre (cf. vers. 11-12). Ellos quedarían en un mundo malvado y necesitarían de una gracia especial en su lucha contra el pecado. Cada cristiano puede pedir ese poder protector. Dios no permitirá que un hijo suyo sea tentado más allá de lo que pueda soportar (1 Cor. 10: 13). El cristiano será inexpugnable ante los ataques de Satanás mientras luche con la fortaleza y la luz del cielo. Sin embargo, Dios protege sólo a los que eligen ser protegidos. Cuando los hombres, yendo en contra del consejo divino, se colocan voluntariamente en el terreno del enemigo, no pueden esperar ser preservados por el poder de Dios.
12.
Yo los guardaba.
Ver com. vers. 11.
Los que me diste.
Ver com. cap. 6: 37.
Hijo de perdición.
Es decir, Judas Iscariote. Esta expresión describe a uno destinado a la perdición o destrucción. Esto se aplica al anticristo en 2 Tes. 2: 3. La palabra griega traducida como perdición (apÇleia) se usa con frecuencia en el NT y muchas veces describe la destrucción final de los impíos (ver Mat. 7: 13; Rom. 9: 22; Fil. 3: 19; Heb. 10: 39; Apoc. 17: 8, 11; etc.). Por su propia elección Judas se convirtió en un hombre destinado a la destrucción (ver com. Juan 3: 17-20).
Se cumpliese.
Sin duda, esta cláusula debiera entenderse como una consecuencia o un resultado, y no como un propósito. En el texto griego puede entenderse de una forma u otra (ver com. Mat. 1: 22; Juan 9: 3). Judas no estaba predestinado a traicionar a Jesús (ver com. Juan 6: 71; 13: 18). Su acto aborrecible fue fruto de su propia elección. El pasaje aludido probablemente es Sal. 41: 9, que se
menciona en Juan 13: 18.
13.
Voy a ti.
Una referencia de que Jesús regresaría al Padre, como en el vers. 11 (ver allí el comentario).
Gozo cumplido.
Ver com. cap. 15: 11; cf. cap. 16: 24.
14.
Les he dado.
Cf. vers. 8, 17. Los discípulos habían guardado (vers. 6) la palabra que les fue dada.
Los aborreció.
Ver com. cap. 15: 18-21.
No son del mundo.
Estaban en el mundo (vers. 11, 15), pero no participaban del espíritu del mundo. Fueron enviados al mundo (vers.18) para que pudieran persuadir a otros a que renunciaran al mundo (Mar. 16: 15).
15.
Quites del mundo.
Podría haberse pensado que ése era el medio más eficaz para que fueran preservados del mal del mundo. Pero los discípulos tenían una misión para cumplir en el mundo, así como Jesús había venido al mundo a cumplir su obra (vers. 4).
Del mal.
"Del Maligno" (BJ). En griego puede entenderse como una referencia al mal como un principio, o al maligno (ver com. Mat. 6: 13). Ambos significados encuadran bien con el contexto. La misma palabra aparece en 1 Juan 5: 18, donde, debido a una diferencia gramatical, se identifica el adjetivo como masculino, lo que hace que se vea con claridad que se trata del maligno.
16.
No son del mundo.
Ver com. vers. 14.
17.
Santifícalos.
Gr. hagiázÇ, "considerar como santo", "apartar para fines sagrados", "consagrar", "hacer santo". Los discípulos debían ser consagrados para su tarea. La santidad es uno de los atributos de Dios (1 Ped. 1: 16). Por lo tanto, ser hecho santo es llegar a ser semejante a Dios. El plan de salvación tuvo el propósito de que se cumpliera esta obra (2 Ped. 1: 4; Ed 121).
En tu verdad.
Hay una definición de la verdad en com. cap. 8: 32. La Palabra de Dios es declarada la "verdad". Las Escrituras nos revelan el carácter de Dios y de Jesucristo. Llegamos a ser nuevas criaturas haciendo de las verdades de la Palabra de Dios una parte de la vida.
18.
Me enviaste.
Ver com. cap. 3: 17.
Los he enviado.
Los había enviado antes (Luc. 9: 1-2), y otra vez los enviaría antes de irse de este mundo (Juan 20: 21-22).
19.
Me santifico a mí mismo.
"Me consagro a mí mismo" (BJ, 1966). Aquí el significado "me consagro a mí mismo" o "me dedico a mí mismo" parece ser la definición más apropiada 1029 (ver com. vers. 17). Jesús se dedicó a sí mismo para completar la tarea que había venido a cumplir en este mundo. Ante él estaba la cruz, y en el acto de ofrecerse a sí mismo hizo posible la santificación de todos los creyentes (Heb. 10: 10).
20.
Sino también.
Aquí comienza la oración por todos los creyentes (ver com. vers. 1) hasta el fin del tiempo.
Por la palabra de ellos.
Es decir, por medio de su predicación, su enseñanza y sus escritos.
21.
Sean uno.
Habría diversidad de dones (1 Cor. 12), pero debía haber unidad de espíritu, propósito y creencia. No debiera haber contiendas por la supremacía, como las que hacía poco habían contaminado a los doce (Luc. 22: 24-30). La unidad que emanara de la mezcla armoniosa de las vidas de los cristianos impresionaría al mundo con el origen divino de la iglesia cristiana.
22.
Gloria.
Aquí, probablemente, la gloria del Cristo encarnado. Esa gloria había de relucir en el creyente. Bengel observa: "¡Cuán grande es la majestad de los cristianos!" Cf. Rom. 8: 30.
23.
En ellos.
Se hace resaltar más la unidad íntima entre el creyente y los miembros de la Deidad.
Sean perfectos.
Ver com. Mat. 5: 48. Sólo puede efectuarse el crecimiento hacia la perfección cuando el creyente permanece en Cristo (Juan 15: 1-5).
El mundo conozca.
Ver com. vers. 21.
24.
Estén conmigo.
Es decir, en el cielo. Jesús ora por la culminación del plan de redención en la glorificación de la iglesia de Dios, en el tiempo de su segunda venida. Por mucho tiempo la familia humana ha estado en tierra extranjera (Heb. 11: 13-14), alejada de la casa del Padre (Apoc. 14: 2-3). "Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto... esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo" (Rom. 8: 22-23). La redención acontecerá cuando el Señor descienda del cielo y reúna a sus hijos de los cuatro "vientos" de la tierra (Mat. 24: 31; 1 Tes. 4: 16). En ese tiempo, los fieles irán para estar "siempre con el Señor" (1 Tes. 4: 17). Jesús oró por la llegada de ese feliz momento. Todo cristiano debería orar para que se cumpla prontamente la promesa (Apoc. 22: 20).
Antes de la fundación.
La misma frase aparece en Efe. 1: 4; 1 Ped. 1: 20. Ver com. Juan 1: 1, 14.
25.
Padre justo.
Comparar con la expresión "Padre santo" (vers. 11). El mundo no había reconocido al Padre a pesar de que Jesús lo reveló.
26.
He dado a conocer.
Ver com. cap. 1: 18.
Nombre.
Es decir, el carácter.
Lo daré a conocer.
Por medio de nuevas revelaciones del Espíritu (ver com. cap. 14: 26; 16: 13).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 PR 50
1-3 DTG 634; FE 392, 431
3 CM 37, 129, 311; COES 122; Ed 122; Ev
136; FE 174, 223, 272, 285, 341, 376, 381, 403-404, 413, 415, 446, 484; HAp 213, 423, 2JT 334, 394, 412; 3JT 28; MC 318; MJ 187, 189; PVGM 85, 103; 8T 60, 62; TM 168
4 DMJ 18; DTG 769; HAp 20; PR 50
4-6 MC 360
4-8 CM 352
5 HAp 32
6 Ed 83; 2JT 334; 8T 286; TM 193
8 FE 272
10-11 DTG 635; HAp 20
11 HAp 74
11-15 FE 431
12 CS 704
14 HAp 74; HH 16; MC 315
14-15 1T 285
14-16 FE 182; HAp 373; PR 42; 2T 492
15 CC 99, 124; FE 153, 395; MJ 80, 421; 5T 334; TM 198
15-17 CM 245
15-18 CH 591; MM 218
17 CMC 32, 79, 88; COES 19, 75; CS 522, 666; CW 124; ECFP 78, 87; Ev 117; 214-215; FE 120, 432, 433; HAd 164; 1JT 112, 114, 157, 193, 286; 2JT 215; 3JT 50, 237, 305; MeM 260, 269; MJ 32, 457; OE 171, 439; PVGM 71; 1T 248, 285, 474, 543, 589, 621, 704; 2T 78, 184, 188, 317, 479, 505, 639; 3T 65; 4T 315, 371, 545; 5T 432; 6T 403; 8T 184, 235; Te 18; TM 108, 147, 158, 385; 5TS 10, 155, 182
17-19 FE 448
17-21 2JT 78; 5TS 270
18 CC 116; DMJ 37; MC 307; MJ 44; MM 24; PVGM 149
18-19 FE 432; MeM 260
19 CM 152, 245; COES 138; DMJ 33; FE 1030 161, 262, 466; 1JT 114; MM 203; OE 110; PVGM 108; 4T 457; 5T 442; TM 160
19-23 8T 80; TM 121
20 CC 75; 1JT 533; MeM 260; 3TS 381 20-21 1JT 166, 445; MC 329; PP 558; 1T 327; 3T 434
20-23 DTG 635; HAp 20; 1JT 345; 3JT 267; MeM 260; 5TS 272
20-26 3JT 244
21 CMC 47, 317; Ev 158; FE 240; HAp 17, 74; 1JT 46; 2JT 191, 263; 3JT 157, 390;
MB 313; MeM 11; OE 499; 1T 324; 5T
61, 94, 279; 6T 401; TM 21, 52, 392
21-23 Ed 82; 3T 446; 6T 151
22-23 MC 316
23 CC 116; DMJ 89; FE 178, 234; HAp 17, 20, 74; TM 217
23-24 TM 14
24 CS 556, 694; DTG 774; 3TS 381; OE
533; TM 17
25 2JT 334
25-26 FE 177; PR 50
26 DTG 11; FE 178, 466; 8T 286
CAPÍTULO 18
1 Judas traiciona a Jesús. 6 Los perseguidores de Jesús caen en tierra. 10 Pedro corta una oreja de Malco. 12 Jesús es llevado ante Anás y Caifás. 15 La negación de Pedro. 19 Jesús es interrogado delante de Caifás. 28 Su procesamiento frente a Pilato. 36 Su reino. 40 Los judíos piden que se suelte a Barrabás.
1 HABIENDO dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos.
2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.
3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas.
4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?
5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.
6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.
7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno.
8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos;
9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.
10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron,
13 y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.
14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.
15 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;
16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.
17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy.
18 Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.
19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto.
21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; 1031 he aquí, ellos saben lo que yo he dicho.
22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?
24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy.
26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él?
27 Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.
28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua.
29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.
31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie;
32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.
33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito.
39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?
40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
1.
Salió.
[Getsemaní, Juan 18: 1-12 = Mat. 26: 36-56 = Mar. 14: 32-52 = Luc. 22: 40-53. Comentario principal: Mateo.] Antes de esto, Jesús y sus discípulos habían salido del aposento alto (ver com. cap. 14: 31), y ahora estaban yendo al huerto de Getsemaní. En lo referente a la ubicación del huerto, ver com. Mat. 26: 30.
Cedrón.
Es el valle que se extiende de norte a sur, justamente al este de Jerusalén (ver mapa frente a la p. 353).
Huerto.
Identificado en otras partes como Getsemaní (Mat. 26: 36; Mar. 14: 32). Juan no menciona la oración en el huerto que describen todos los otros autores de los Evangelios.
2.
Judas.
Se describe el carácter de Judas en com. Mar. 3: 19.
3.
Compañía.
Gr. spéira, "una cohorte, la décima parte de una legión". Los soldados quizá provenían de la fortaleza romana Antonia. Acerca de la presencia de soldados romanos entre los que acompañaban a Judas, ver com. Mat. 26: 47.
Principales sacerdotes... y fariseos.
Ambos grupos se unieron para oponerse a Jesús (ver com. cap. 11: 47).
Linternas y antorchas.
Sólo Juan las menciona. Ya era tarde en la noche (ver com. Mat. 26: 57).
4.
Se adelantó.
Había llegado su hora. Se adelantó intrépidamente para hacer frente al traidor.
¿A quién buscáis?
Jesús dominaba completamente la situación. Tomó la ofensiva e interrogó a los que venían a prenderlo.
5.
Jesús nazareno.
Ver com. Mat. 2: 23. Este título se aplicaba con frecuencia a Jesús (Mat. 26: 71; Mar. 10: 47; 16: 6; Luc. 4: 34; 18: 37; 24: 19; Juan 19: 19).
Yo soy.
Este "yo soy" puede haber estado acompañado de su significado más profundo como en cap. 8: 58 (ver allí el comentario).
6.
Cayeron a tierra.
Los sinópticos no mencionan 1032 este hecho. El que la turba retrocediera y cayera en tierra sugiere alguna manifestación de divinidad. El milagro dio una prueba más a la turba asesina de la divinidad de Aquel a quien procuraban arrestar. Esta reacción fue momentánea, pues unos momentos después llevaron a cabo su designio (vers. 12).
7.
Volvió, pues, a preguntarles.
Jesús todavía dominaba la situación. Indudablemente, ése fue el momento cuando Judas se adelantó y traicionó a Cristo con un beso (ver com. Mat. 26: 49), lo que Juan no menciona.
8.
Dejad ir a éstos.
Este pedido muestra el cuidado de Jesús por los discípulos. Poco después todos ellos "dejándole, huyeron" (Mar 14: 50).
9.
Aquello que había dicho.
La referencia es al cumplimiento de un dicho del mismo Jesús, sin duda, la predicción implicada en Juan 17: 12.
10.
Que tenía una espada.
Ver com. Mat. 26: 51.
11.
¿No la he de beber?
Mejor "¿acaso no la he de beber?" Se espera una respuesta positiva. Se alude a la copa que, muy poco antes, Jesús había declarado que estaba dispuesto a beber (Mat. 26: 42).
12.
Compañía.
Gr. spéira (ver com. vers. 3).
Tribuno.
Gr. jilíarjos, "capitán de mil"; también el título del oficial comandante de una cohorte (ver com. vers. 3).
Le ataron.
Tal vez atándole las manos detrás de la espalda. En todo el relato resalta la forma voluntaria en que se entregó Jesús. No murió porque no podía evitar la muerte, ni sufrió porque no podía escapar al sufrimiento. Todos los soldados de la guarnición romana no podrían haber dañado ni un cabello de su cabeza sin el permiso divino.
13.
Anás.
[La audiencia ante Anás, Juan 18: 13-24. Ver mapa p. 215; diagrama p. 223.] Ver com. Luc. 3: 2; cf. com. Mat. 26: 57.
Caifás.
Ver com. Luc. 3: 2; Mat. 26: 57.
Aquel año.
Ver com. cap. 11: 49.
14.
Había dado el consejo.
Ver com. cap. 11: 49-52.
15.
Simón Pedro.
Ver com. Mat. 26: 58.
Otro discípulo.
Es decir, Juan el hijo de Zebedeo, el autor del Evangelio. No se identifica por nombre (cf. cap. 13: 23).
Conocido.
Gr. gnÇstós. El grado de familiaridad o de intimidad no se puede determinar con esta palabra.
Patio.
Gr. aul' (ver com. Mat. 26: 58).
16.
Pedro estaba.
Ver com. Mat. 26: 69.
17.
No lo soy.
Ver com. Mat. 26: 70.
18.
Encendido un fuego.
Jerusalén está a unos 850 m sobre el nivel del mar, y las madrugadas de primavera son frecuentemente frías. Cf. Mar. 14: 54; Luc. 22: 55.
19.
Acerca de sus discípulos.
Sin duda, acerca de las condiciones que Jesús establecía para el discipulado, e, indirectamente, acerca del puesto que pretendía tener Jesús. Procuraban encontrar razones para acusarlo como sedicioso.
Doctrina.
Es decir "enseñanza" (ver com. cap. 7: 16).
20.
Públicamente.
Jesús sólo contestó a la segunda parte de la pregunta (vers. 19).
Sinagoga.
Ver Mat. 4: 23; Juan 6: 59; etc.; pp. 57-58.
Templo.
Cf. cap. 7: 14, 28; 8: 20; 10: 23; etc.
Nada he hablado.
Es cierto que Jesús había enseñado en privado. Un notable e ejemplo es su conversación con Nicodemo (cap. 3). Aquí niega la acusación implícita de haber hecho planes secretos de sedición. Su respuesta fue un reproche por los siniestros medios empleados por los judíos para entramparlo.
21.
¿Por qué me preguntas?
Aquí parece haber una apelación al sistema judicial judío. De acuerdo con la interpretación de Maimónides, erudito judío del siglo XII d. C., la ley no castigaba con la pena de muerte a un pecador debido a su propia confesión. Algunos han puesto en duda que este principio estuviera en vigencia en los días de Jesús. Este principio parece estar implicado en la Mishnah (por ejemplo, ver Sanhedrin 6. 1-2), y hay razones para creer que antes ya tenía validez (DTG 662). Desde un punto de vista legal, podríamos pensar que aquí Jesús está alegando y defendiendo sus derechos, y pidiendo que el tribunal busque testigos calificados.
22.
Sumo sacerdote.
Cf. Exo. 22: 28; Hech. 23: 2-5.
23.
Testifica.
Una respuesta escrutadora y llena de dignidad, una ilustración de cómo Jesús, por lo menos en una ocasión como ésa, interpretó el precepto de Mat. 5: 39.
24.
Atado.
El griego sugiere que las ataduras originales (vers. 12) le habían sido quitadas para la audiencia preliminar ante Anás (ver com. Mat. 26: 57), y que fue atado nuevamente cuando fue llevado a Caifás.
A Caifás.
Ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26.
25.
Estaba, pues, Pedro.
[Juicio nocturno ante el sanedrín, Juan 18: 25-27 = Mat. 26: 57-75 = Mar. 14: 53-72= Luc. 22: 54-65. 1033 Comentario principal: Mateo.] Según Mat. 26: 69, Pedro también estaba sentado con el grupo en torno del fuego.
Le dijeron.
Fue una mujer la que habló (Mat. 26: 71).
26.
Pariente.
El tercero en preguntar sólo es identificado por Juan. En cuanto a la negación de Pedro, ver com. Mat. 26: 69-75.
28.
Pretorio.
[Primer juicio ante Pilato, Juan 18: 28-38 = Mat. 27: 2, 11-14 = Mar. 15: 2-5 = Luc. 23: 1-5. Comentario principal: Lucas y Juan. Ver mapa p. 215; diagramas pp. 223-224.] Gr. praitÇrion (ver com. Mat. 27: 27).
Era de mañana.
"Era de madrugada" (BJ). Gr. prÇí, "madrugada". En Mar. 13: 35 prÇí ("a la mañana", RVR; "de madrugada", BJ) se usa técnicamente para la cuarta "vigilia" de la noche, que iba aproximadamente desde las 3 hasta las 6 de la madrugada. Quizá el juicio comenzó a las 6 de la mañana (ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26).
No contaminarse.
Juan presenta la cena pascual como un suceso todavía futuro. En cuanto al tiempo de la pascua en el año de la muerte de Jesús, ver la primera Nota Adicional de Mat. 26.
29.
Salió.
Puesto que los miembros del sanedrín no iban a entrar (vers. 28).
¿Qué acusación?
Pilato preguntaba por la acusación formal, en armonía con el debido proceder legal.
30.
Malhechor.
Gr. kakopoiós, literalmente "uno que hace mal". En Luc. 23: 32-33, 39, donde en la RVR se ha traducido "malhechores", la palabra griega es kakóurgos, "uno que comete un delito grave".
No te lo habríamos entregado.
No tenían ninguna acusación formal que pudiera ser corroborada con testigos. Esperaban que Pilato aceptara el veredicto del sanedrín y sentenciara a Jesús sin investigar formalmente los fundamentos de la acusación.
31.
Tomadle vosotros.
Pilato aprovechó las palabras de los mismos judíos. Tácitamente habían dicho que el juicio de ellos debía ser suficiente.
Dar muerte.
Por lo general se cree que el derecho a ejecutar la pena capital había sido suprimido de los tribunales judíos más o menos por el tiempo cuando Judea se convirtió en una provincia, en 6 d. C., o poco después. Según Josefo: "El territorio de Arquelao fue reducido entonces a una provincia, y Coponio -romano de la orden ecuestre- fue enviado como procurador, habiéndole conferido Augusto plenos poderes, incluso la aplicación de la pena capital (Guerra ii. 8. 1). Los tribunales tenían plena jurisdicción en otros asuntos. En lo que atañe a la pena capital, podían dictar sentencia, pero se requería la ratificación del procurador romano para llevarla a cabo. Que esta disposición no siempre se obedecía, parece evidente por casos tales como la muerte de Esteban (Hech. 7) y de Jacobo, hermano de Juan (Hech. 12: 2), por lo menos según nos lo informa Josefo (Antigüedades xx. 9. 1).
Un recordativo de la pérdida del poder judicial pleno de los tribunales judíos se encuentra en el Talmud de Jerusalén, que declara: "Cuarenta años antes de la destrucción del templo, la jurisdicción sobre asuntos criminales fue quitada de los israelitas" (Sanhedrin 1. 18a, 37). Se sabe que es erróneo el elemento cronológico en esta declaración, pero fuera de eso, sin duda, la declaración tiene una base histórica.
32.
Dando a entender de qué muerte.
Jesús había predicho la muerte por crucifixión (ver com. cap. 12: 32). Si Jesús hubiera muerto a manos de los judíos, sin duda hubiera muerto apedreado. Por lo menos en dos ocasiones los judíos trataron de apedrearle por blasfemia (cap. 8: 59; 10: 31-33). La Mishnah menciona el apedreamiento como el castigo de la blasfemia (Sanhedrin 7. 4). En lo que atañe a los antiguos métodos de apedreamiento, ver com. cap. 8: 7.
33.
¿Eres tú el Rey?
Esta es la segunda vez que Pilato había hecho esta pregunta. La primera vez se menciona en Mat. 27: 11 (ver allí el comentario; cf. DTG 674-675).
34.
Por ti mismo.
Es decir, ¿tienes un interés genuino en aprender la verdad? (cf. DTG 674-675).
35.
¿Soy yo acaso judío?
El orgullo impidió que Pilato reconociera cualquier interés sincero en aprender en cuanto a la misión de Jesús.
36.
Este mundo.
En cuanto a la naturaleza espiritual del reino que Jesús vino a establecer, ver com. Mat. 3: 2-3; 4: 17; 5: 2; Mar. 3: 14.
Pelearían.
Los reinos terrenales son establecidos por la fuerza de las armas, pero el reino de Jesús no era terrenal. Jesús negó la acusación de sedición presentada contra él por los judíos.
37.
¿Eres tú rey?
La construcción de esta pregunta en griego indica que se espera una respuesta positiva. 1034
Para esto.
El propósito de la encarnación era el establecimiento del reino de la gracia preparatorio del reino de la gloria (ver com. vers. 36).
A la verdad.
Puede verse una definición de la palabra "verdad" en com. cap. 8: 32. Durante siglos de tinieblas y tergiversación, el gran engañador había oscurecido la verdad en cuanto a Dios, el hombre y la salvación.
Oye mi voz.
Son como las ovejas que oyen la voz del pastor (cap. 10: 3, 16).
38.
¿Qué es la verdad?
Pilato estaba impresionado por las palabras de Jesús y habría escuchado más instrucciones, pero la turba de afuera clamaba pidiendo una decisión, y Pilato no esperó una respuesta. Con esto menospreció una oportunidad áurea. Al igual que Félix, esperaba una oportunidad más favorable (Hech. 24: 25). Si posteriormente el cielo le concedió otra oportunidad, también fue descuidada como ésta. Pilato se suicidó unos años más tarde (ver com. Mat. 27: 24).
Ningún delito.
Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús, y debiera haber dispuesto inmediatamente su libertad.
39.
Rey de los judíos.
[Segundo juicio ante Pilato, Juan 18: 39 a 19: 16 = Mat. 27: 15-31ª = Mar. 15: 6-19 = Luc. 23: 13-25. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p.215; diagramas pp. 223-224.] Cf. Mar. 15: 9.
En el relato de Juan, Jesús comparece ante Herodes en este punto dentro de la narración del juicio ante Pilato, según puede deducirse de la comparación de los relatos de Lucas y Juan (cf. Luc. 23: 6-12).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-12 DTG 636-646
4 PE 167
4-6 DTG 644
7-8 DTG 644
11 DTG 645
13-27 DTG 647-662
15 HAp 430
17 DTG 658
20-21 DTG 648
21-23 DTG 649
26 DTG 659
28-40 DTG 671-689
29-30 DTG 672
31 DTG 673
34-38 DTG 675
36 CS 342; DTG 470; SR 344
37 CM21, 199; FE 190, 405
38 COES 86; MC 362; 4T 263; 8T 317
40 DTG 688; HAp 35; TM 416
CAPÍTULO 19
1 Cristo es azotado y coronado de espinas. 4 Pilato desea liberarlo, pero, vencido por el odio de los judíos, lo entrega para que lo crucifiquen. 23 Echan suertes sobre sus vestidos. 26 Encomienda su madre a Juan. 28 Muere. 31 Su costado es perforado. 38 José y Nicodemo lo entierran.
1 ASÍ que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura;
3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y te daban de bofetadas.
4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.
5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificada; porque yo no hallo delito en él.
7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.
9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para 1035 crucificarle, y que tengo autoridad para soltarte?
11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone.
13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.
14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro rey!
15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.
16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.
17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;
18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.
20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.
21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.
22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.
24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos,

Y sobre mi ropa echaron suertes.
Y así lo hicieron los soldados.
25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.
26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.
30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo* (pues aquel día de reposo* era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí.
32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.
33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron muerto, no le quebraron las piernas.
34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.
37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.
39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 1036
41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.
42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
1.
Le azotó.
El cap. 19 continúa con el relato ya comenzado (cap. 18: 39). Esta fue la primera vez que Jesús fue azotado. Sería azotado nuevamente cuando se pronunció su sentencia de crucifixión (ver com. Mat. 27: 26). El propósito del primer azotamiento fue el de despertar, de ser posible, la compasión de la turba sedienta de sangre (DTG 683).
4.
Ningún delito hallo en él.
Cf. Juan 18: 38; 19: 6; 1 Ped. 2: 21-22. Pilato reveló su debilidad con estas palabras. Si Jesús era inocente, no debería haber permitido que fuera azotado. Una claudicación de la conciencia siguió a la otra, hasta que Pilato abandonó toda noción de justicia.
5.
¡He aquí al hombre!
Sin duda, el propósito de Pilato con esta exclamación fue provocar la compasión de la multitud. Allí estaba Jesús ante la turba con sus supuestos mantos reales, coronado de espinas, sangrante y pálido por su reciente flagelación, y, sin embargo, evidenciaba un porte real. Seguramente -pensó Pilato- las demandas de los caudillos judíos quedarán satisfechas. Pero en esto estaba engañado.
No hay modo de saber por qué Pilato usó el término "hombre". Sin saberlo, pronunció una gran verdad. Aquel que estaba ante él, el Verbo eterno (ver com. cap. 1: 1) se había hecho hombre (ver com. cap. 1: 14). Ciertamente, era el Hijo del Hombre (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10), pero también era el Hijo de Dios (ver com. Luc. 1: 35). Su encarnación y muerte ganaron para nosotros la salvación eterna.
6.
Tomadle.
Las palabras "y crucificadle" demuestran que Pilato no estaba entregando el asunto al sanedrín, pues la crucifixión era una forma de pena capital romana. Si los judíos hubieran aplicado la pena máxima, hubiera sido por apedreamiento (ver com. cap. 18: 32). Pilato parece haber estado hablando con exasperación y con airado sarcasmo: "Si demandáis la crucifixión, vosotros [en este caso. pronombre enfático en griego] debéis ejecutar la sentencia; yo no encuentro falta en él".
No hallo delito.
Esta es la tercera vez en que Pilato menciona el hecho (cap. 18: 38; 19: 4).
7.
Según nuestra ley.
Ver com. Juan 18: 32; cf. Lev. 24: 16.
Hijo de Dios.
Ver com. cap. 5: 18; 10: 33.
8.
Tuvo más miedo.
La carta de su esposa en la que le informaba de su sueño (Mat. 27: 19), dio lugar a la ocasión anterior para que tuviera miedo. La intimación de que Jesús fuera un ser sobrenatural lo llenó de malos presentimientos.
9.
Pretorio.
Ver com. Mat. 27: 2.
¿De dónde eres tú?
El temor ante la posibilidad de que Jesús fuera algún ser sobrenatural provocó una pregunta adicional de Pilato en cuanto al origen de Jesús. No tenía interés en conocer el país de origen de Cristo, pues ya sabía eso (Luc. 23: 6-7). Pero se apoderó de él un misterioso temor ante el pensamiento de que el noble ser que estaba ante él pudiera ser divino.
No le dio respuesta.
Comparar con el silencio ante Caifás (Mat. 26: 63) y ante Herodes (Luc. 23: 9). Pilato había tenido su oportunidad de aprender la verdad (ver com. Juan 18: 38). Mayores explicaciones no habrían servido para nada. Jesús sabía cuándo hablar y cuándo quedar callado.
10.
¿No me hablas?
Pilato se irritó por lo que podría llamarse un desacato a la autoridad de un juez.
11.
Si no te fuese dada.
Ver com. Dan. 4: 17; Rom. 13: 1.
El que a ti me ha entregado.
No se trata de Judas (cap. 6: 71; 12: 4; 13: 2; 18: 2), pues éste no entregó a Jesús a las autoridades romanas. El acusado aquí es Caifás, como sumo sacerdote y como el funcionario más encumbrado que representaba a los judíos (cf. cap. 18: 35).
Mayor pecado.
Caifás ejercía una autoridad delegada, pero al mismo tiempo pretendía ser adorador del Dios que delega la autoridad, y afirmaba ser el intérprete de la ley divina ante el pueblo; por lo tanto, su culpa era mayor. También había pecado contra una luz mayor. Jesús había dado repetidas pruebas de su divinidad, pero los líderes judíos habían endurecido sus corazones ante los rayos de luz.
El hecho de que el pecado de Caifás fuera "mayor", no significa que Pilato fuera inocente. El gobernador romano tuvo su parte 1037 de responsabilidad. Podría haber rehusado entregar a Jesús. El Salvador habría sido muerto, pero la culpa no habría recaído sobre Pilato.
12.
Soltarle.
La respuesta de Jesús (vers. 11)incremento los temores de Pitato. El endurecido gobernante quedó profundamente impresionado por las palabras y la conducta del misterioso personaje que estaba ante él.
Amigo de César.
Es decir, alguien que apoyaba firmemente a César. Al fin los judíos habían encontrado un argumento que iba a resultar eficaz. Su respuesta fue una amenaza, pues si el emperador sabía que Pilato había procurado amparar a un pretendiente al título de rey, iba a peligrar la posición del gobernante. Esa amenaza contra su seguridad indujo a Pilato a olvidar el temor religioso con que había considerado al preso.
La respuesta de los líderes fue completamente hipócrita. ¿Eran amigos del César los acusadores? Entre todos los pueblos, ninguno era un enemigo más enconado del yugo romano que los judíos, y, sin embargo, tuvieron la duplicidad de fingir ser celosos por el honor del César, a quien tanto despreciaban.
13.
Llevó fuera a Jesús.
Es decir, salió del pretorio adonde Pilato había hecho llevar a Jesús para tener con él una entrevista privada (vers. 9). Los dirigentes judíos no estaban dispuestos a entrar en el pretorio para no contaminarse y quedar impedidos de participar de la pascua (cap. 18: 28).
Tribunal.
Quizá en una silla improvisada que se dispuso afuera, puesto que los judíos querían entrar en el aposento del tribunal mismo.
Enlosado.
Gr. lithóstrÇton, que significa un pavimento de mosaico, quizá de mármol.
Gabata.
"Gabbatá" (BJ). Palabra de etimología dudosa. Algunos la hacen derivar del arameo geba', "ser alto", por lo que sería un lugar elevado. Habría estado apenas fuera del pretorio. En cuanto a la ubicación de este último, ver com. Mat. 27: 2.
14.
Preparación de la pascua.
Gr. paraskeu' tóu pásja. Esta frase sin duda equivale al Heb. 'éreb happésaj, "víspera de la pascua", término usual en la literatura rabínica para designar al 14 de Nisán (ver Mishnah Pesahim 4. 1, 5-6; 5. 1; 10. 1; cf. Pesahim 1.1, 3; 3. 6; 4. 7; 5. 4, 9; 7. 9). La expresión podría compararse con "la víspera" del sábado, que usaban los judíos para designar al día anterior al sábado. Su equivalente griego es paraskeu' (Mar. 15: 42; Luc. 23: 54). Paraskeu' todavía es el nombre del día viernes en el griego moderno. En el año de la crucifixión la Paraskeu' de la pascua coincidió con la Paraskeu' o "preparación" para el sábado (Juan 19: 31, 42).
De este modo, Juan parece indicar el día 14 de Nisán como el de la crucifixión. Los que sostienen que la crucifixión se efectuó el día 15 de Nisán explican que "preparación de la pascua" significa el viernes de la semana de la pascua. Un uso tal de esa expresión no se puede demostrar en ninguna otra parte. Juan emplea la palabra Paraskeu' para referirse al día que precede al sábado (vers. 31, 42). El problema del día de la crucifixión se trata en la primera Nota Adicional de Mat. 26.
En un comentario al Talmud (considerado legendario por algunos eruditos), fechado por el año 200 d. C., se dice lo siguiente: "En la tarde antes de la fiesta de la pascua colgaron a Jesús [Yeshua]. Antes de esto, sin embargo, un heraldo había caminado delante de él por cuarenta días clamando, 'Este hombre va a ser apedreado porque ha practicado la magia y ha pervertido y dividido a Israel. Que todo aquel que sepa algo en su favor venga y pleitee por él'. Pero no hallaron nada en su favor y lo colgaron en la víspera de la pascua" (Baraita Sanhedrin 43a).
Hora sexta.
Probablemente, empleando el cómputo romano del tiempo, aproximadamente las 6 de la mañana. Según el cómputo tradicional judío, la hora sexta sería como a mediodía. El Evangelio de Juan fue escrito cerca de la terminación del siglo I, y principalmente para creyentes gentiles (ver com. cap. 1: 38). Aquí se presenta la hora en términos familiares para ellos (ver com. Mat. 27: 45). En otras partes Juan parece computar las horas del día a partir de la salida del sol y no de la medianoche (cap. 4: 6, 52; 11: 9).
¡He aquí vuestro Rey!
Evidentemente, un aguijonazo irónico contra los judíos.
15.
No tenemos más rey que César.
Estas palabras fueron dichas a la ligera, pues los judíos no estaban dispuestos a abandonar su esperanza mesiánica ni a repudiar formalmente a Dios como a su Rey (ver Juec. 8: 23; 1 Sam. 8: 7; 12: 12). Su subterfugio revela su ansiedad de terminar con Jesús; pero con esta afirmación se apartaron de la relación del pacto con Dios y no fueron más su pueblo escogido (ver DTG 686-687).
16.
Lo entregó a ellos.
Juan no menciona 1038 cuando Pilato se lavó las manos (Mat. 27: 24). Jesús no fue entregado a los judíos sino a las autoridades romanas encargadas de cumplir la sentencia de crucifixión.
17.
Cargando su cruz.
[La crucifixión, Juan 19: 17-37 = Mat. 27: 31b -56 = Mar. 15: 20-41 = Luc. 23: 26-49. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 215; diagramas pp. 222-223.] Los diversos acontecimientos ocurridos en el camino al Calvario pueden verse en Luc. 23: 26-32.
18.
Le crucificaron.
Ver com. Mat. 27: 33-35.
21.
No escribas.
Sólo Juan registra esta protesta. Para lo que ella implicaba, ver com. Mat. 27: 37.
22.
He escrito.
Pilato estaba muy molesto con los judíos, y resolvió no concederles nada más. Debido a la presión de ellos -en contra de la advertencia de su esposa y de su propia conciencia- había condenado a un inocente. Ahora demostró que podía ser firme si así lo quería.
23.
Hicieron cuatro partes.
Los verdugos se quedaron con la vestimenta. Sólo Juan menciona el número de soldados. Se ha sugerido la siguiente división: el turbante (o su equivalente), las sandalias, el cinturón y la prenda de vestir externa con flecos o tallith (Robertson). No se dice qué pasó con las vestimentas de los ladrones crucificados.
Túnica.
Gr. jitÇn, una prenda de vestir interior (ver com. Mat. 5: 40).
Sin costura.
Esta prenda puede haber sido tejida a la manera de la que usaba el sumo sacerdote, que Josefo describe así: "Pero esta túnica no está compuesta de dos piezas que deben ser cosidas en los hombros y en los costados: es un género tejido, largo, con una abertura para el cuello" (Antigüedades iii. 7. 4).
24.
Para que se cumpliese.
Este pasaje podría traducirse: "Como resultado, la Escritura fue cumplida" (ver com. Mat. 1: 22; Juan 9: 3; cf. com. Juan 11: 4; 12: 38).
Repartieron.
La cita es de Sal. 22: 18.
25.
Su madre.
Juan no menciona el nombre de ella en su Evangelio. Jesús no olvidó a su madre en medio de su dolor físico y su sufrimiento mental. La vio cuando estaba allí al pie de la cruz. Bien sabía su angustia y la entregó al cuidado de Juan.
Y la hermana de su madre.
No es claro si en este versículo Juan menciona a tres o a cuatro mujeres. Es posible que las frase "la hermana de su madre" y "María mujer de Cleofas" estén en aposición. Cleofas podría ser el Cleofas de Luc. 24: 18 (ver allí el comentario). No es posible saber la identidad exacta sin tener referencias adicionales.
María Magdalena.
En cuanto a su identidad, ver Nota Adicional com. Luc. 7.
26.
A quien él amaba.
Ver com. cap. 13: 23.
Mujer.
En cuanto a esta forma de trato, ver com. cap. 2: 4.
He ahí tu hijo.
La relación entre Juan y Jesús era más íntima que la relación de Jesús con cualquiera de los otros discípulos (ver pp. 869-870), y, por lo tanto, el apóstol podía cumplir con los deberes de un hijo más fielmente que los otros. El hecho de que Jesús dejara a su madre al cuidado de un discípulo, demuestra que José había muerto, y algunos piensan que esto indica que María no tenía otros hijos, por lo menos en condiciones de cuidar de ella. Los hermanos mayores de Jesús -hijos de José, de un matrimonio anterior (ver com. Mat. 12: 46)-, en ese tiempo no creían en Cristo, y tal vez el Señor pudo haber pensado que el proceder de ellos para con María habría sido de crítica y de falta de simpatía, como lo había sido con él (ver com. Juan 7: 3-5).
28.
Todo estaba consumado.
Cf. Hech. 13: 29.
Se cumpliesen.
Cf. Sal. 69: 20-21.
29.
Vinagre.
Esta es la segunda bebida que se le ofreció a Jesús (ver com. Mat. 27: 34, 48).
30.
Consumado es.
Jesús había completado la obra que su Padre le había dado para que hiciera (cap. 4: 34). De acuerdo con lo establecido, se había cumplido cada paso del plan de la redención forjado antes de la fundación del mundo (ver com. Luc. 2: 49). Satanás había fracasado en sus intentos de desbaratar ese plan. La victoria de Cristo aseguraba la salvación de los hombres (DTG 706-713).
31.
Preparación.
Gr. Paraskeu' (ver com. vers. 14).
No quedasen en la cruz.
De acuerdo con Deut. 21: 22-23, los cuerpos no debían quedar en un "madero" durante la noche, sino que tenían que ser sepultados en el mismo día. El hecho de que el día siguiente fuera sábado hacía aún más imperativo que se cumpliera con esa orden.
Gran solemnidad.
Sin duda, se lo presenta como una "gran solemnidad" porque ese sábado también era el primer día de los panes sin levadura (Lev. 23: 6; ver la primera Nota Adicional de Mat. 26). El uso de la expresión 1039 "gran solemnidad" ("muy solemne", BJ) no se puede explicar por medio de la literatura judía de la época. Los que sostienen que el día de la crucifixión de Jesús fue el 15 de Nisán, argumentan que ese sábado fue "solemne" debido a que el sábado semanal coincidió con el día cuando se mecía "la gavilla" "de los primeros frutos" (Lev. 23: 9-14). Sin embargo, Jesús resucitó en el día cuando se ofrecían los primeros frutos como un cumplimiento exacto de los símbolos (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26; cf. DTG 728-730).
Se les quebrasen las piernas.
Con el propósito de acelerar la muerte.
33.
Ya muerto.
Era sumamente extraño que la muerte ocurriera tan pronto después de la crucifixión. Algunas víctimas vivían durante varios días. Orígenes, que vivió en el tiempo cuando todavía se practicaba la crucifixión, menciona que la mayoría de las víctimas sobrevivían toda la noche y el día siguiente (Orígenes, Comentario sobre Mateo, sec. 140; Migne, Patrologia Graeca, t. 13, col. 1793; ver también Eusebio, Historia eclesiástica, viii. 8).
34.
Sangre y agua.
Se han presentado varias explicaciones para este fenómeno. Ya en 1847 el Dr. W. Stroud (Physical Cause of the Death of Christ) sugirió que la sangre y el agua constituían una evidencia de que Jesús murió de la rotura física del corazón, pero falta la comprobación de esta teoría. Es evidente que Jesús murió con el corazón quebrantado como resultado de la horrible presión del peso de los pecados del mundo (DTG 717); pero es arriesgado tratar de llegar a un diagnóstico preciso contando con los escasos detalles del relato evangélico. Sin duda fue abundante el flujo de sangre y agua, puesto que normalmente la sangre no fluye de un cadáver, o por lo menos no fluye copiosamente. Juan llama especialmente la atención a este flujo y lo afirma con un testimonio solemne (vers. 34-35). Se ha sugerido que hace resaltar ese hecho a fin de exponer la realidad de la verdadera humanidad de Jesús para combatir así el docetismo, que era la herejía de sus días. Según esa herejía, Jesús se había encarnado sólo en apariencia. Los padres de la iglesia le daban una interpretación sumamente alegórico a este pasaje.
36.
No será quebrado.
Ver com. Exo. 12: 46.
37.
Al que traspasaron.
Ver com. Zac. 12: 10.
38.
José de Arimatea.
[La inhumación, Juan 19: 38-42 = Mat. 27: 57-61 = Mar. 15: 42-47 = Luc. 23: 50-56. Comentario principal: Mateo y Marcos.] Los cuatro Evangelios describen la participación de José en la sepultura de Jesús. Sólo Juan observa que era un discípulo secreto.
39.
Nicodemo.
Ver com. cap. 3: 1.
Mirra.
Ver com. Mat. 2: 11.
Aloes.
Mejor "áloe" (BJ). Resina aromática del árbol Aquilaria agallocha. Este producto se menciona sólo aquí en el NT, y en el AT en Núm. 24: 6; Sal. 45: 8; Cant. 4: 14.
Libras.
Gr. lítra, unos 330 g (ver com. cap. 12: 3). Por lo tanto, "como cien libras" serían unos 33 kg. Esta gran cantidad sin duda fue comprada a un costo elevado.
41.
Huerto.
Sólo Juan menciona este detalle.
42.
Preparación.
Gr. Paraskeu' (ver com. vers.14).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-16 DTG 680-689
4 DTG 697
4-5 DTG 684
6 HAp 35; PE 109
6-11 DTG 685
11-12, 14-15 DTG 686
15 COES 51; DTG 694; PP 509; PVGM 236
16-30 DTG 690-705
18 DTG 699
19, 21-22 DTG 694
24 DTG 695
25 DTG 693; PE 175
26-27 DTG 700; ECFP 69; HAp 430; PE 177
27-28 SR 224
28 DTG 98
30 CS 396, 558; DTG 455, 633, 656, 681, 704, 706, 713, 716, 721, 731, 774; 1JT 228-229, 472; PE 177, 179, 183, 209, 252, 281; PP 56; SR 227
33 DTG 716
34 PE 209
34-37 DTG 717
36 PP 282
37 FE 197
38-42 HAp 86; SR 227
39 DTG 718
40-42 DTG 719 1040

CAPÍTULO 20

1 María va al sepulcro, 3 y también Pedro y Juan, que ignoran la resurrección. 11 Jesús se aparece a María Magdalena, 19 y a sus discípulos. 24 Incredulidad y confesión de Tomás. 30 Propósito de las Escrituras.
1 EL PRIMER día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.
6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.
22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes remitierais los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuvierais, les son retenidos.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las 1041 les no están escritas en este libro.
31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
1.
Primer día de la semana.
[La resurrección, Juan 20: 1-18 = Mat. 28: 1-15 = Mar. 16: 1-11 = Luc. 24: 1-12. Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 216; diagramas pp. 222-224.] El tema de la secuencia de los acontecimientos del cap. 20 se trata en la Nota Adicional com. Mat. 28.
2.
Al que amaba Jesús.
Ver com. cap. 13: 23.
3.
Fueron al sepulcro.
El hecho relatado en los vers. 3-10 refleja notablemente los diferentes temperamentos de Pedro y Juan. Juan era tranquilo, reservado, de sentimientos profundos (ver com. Mar. 3: 17). Pedro era impulsivo, entusiasta y apresurado (ver com. Mar. 3: 16). Cuando recibieron la noticia de María, cada uno de ellos reaccionó en su forma característica.
7.
Sudario.
Gr. soudárion (ver com. cap. 11: 44). El hecho de que los lienzos y el sudario estuvieran cuidadosamente guardados muestra que no se trató de un robo perpetrado en la tumba. Los ladrones no se hubieran tomado la molestia de quitarle las envolturas al cadáver.
8.
Creyó.
Es decir, creyó que Jesús había resucitado. Sin duda recordó la predicción de la resurrección de Jesús. Tal vez Pedro era más escéptico. Lucas registra que Pedro se maravilló "de lo que había sucedido" (cap. 24: 12).
9.
No habían entendido la Escritura.
No entendían las Escrituras del AT que predecían la resurrección. Eran como los discípulos que iban a Emaús, a quienes Jesús reprochó con las palabras: "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!" (Luc. 24: 25; cf. vers. 26-27). En el AT hay una significativa predicción de la resurrección, en Sal. 16: 10 (cf. Hech. 2: 24-28).
10.
A los suyos.
"A casa" (BJ). Tal vez la madre de Jesús ya estaba en casa de Juan, y el discípulo "al que amaba Jesús" (vers. 2) compartiría con ella la noticia.
11.
María estaba.
María Magdalena había seguido a Pedro y a Juan a la tumba, pero, sin duda, había ido con menos prisa. Estaba abrumada de dolor. Sus ojos llenos de lágrimas y su estado emotivo le impidieron reconocer a los visitantes celestiales, que tenían noticias que habrían calmado su dolor.
12.
Con vestiduras blancas.
Generalmente se describe a los ángeles con esta clase de vestidura (Mat. 28: 3; Luc. 24: 4; Hech. 1: 10).
13.
Mujer.
Ver com. cap. 2: 4.
No sé dónde.
Indudablemente, no reconoció que esos seres eran ángeles "enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (Heb. 1: 14). No se nos dice quiénes se imaginó que eran los que estaban en la tumba. No esperó una respuesta, sino se dio vuelta.
14.
No sabía.
Quizá sus ojos estaban "velados" como los de los discípulos en el camino a Emaús (Luc. 24: 16). O tal vez estaban demasiado llenos de lágrimas para que pudiera ver con claridad.
Era Jesús.
Esta es la primera aparición después de la resurrección (Mar. 16: 9).
15.
¿Por qué lloras?
La misma pregunta que hicieron los ángeles (vers. 13). Estas son las primeras palabras que se registran del Salvador resucitado.
María no abrigaba ninguna esperanza de resurrección. Su única preocupación era recuperar el cuerpo de su Señor. Podía sepultarlo en la misma tumba en que había estado su hermano, pero que había sido vaciada por Jesús (Juan 11: 1, 38; ver Nota Adicional com. Luc. 7).
16.
¡María!
Evidentemente, Jesús la llamó en un tono que para ella era familiar. Una gran emoción la embargó cuando comprendió que había resucitado su Señor.
Le dijo.
"Le dice en hebreo" (BJ). La evidencia textual establece (cf. p. 147) la añadidura de las palabras "en hebreo".
¡Raboní!
Gr. rabbouní, transliteración del arameo rabbuni, que significa literalmente "mi grande", y que se usa para dirigirse a los maestros. Este término equivale esencialmente a "rabí" (ver com. Mat. 23: 7; Juan 1: 38).
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña". "Raboní" quizá fuera el saludo habitual de María (cf. cap. 11: 28).
17.
No me toques.
El griego puede interpretarse con el significado de "deja de tocarme" (lo que implicaría que María estaba abrazando los pies de Cristo), o "detén el intento de tocar". Este es indudablemente el significado aquí. La objeción no indica que hubiera sido pecaminoso o malo tocar el cuerpo resucitado. 1042 Más bien apremiaba el tiempo. Jesús no quería detenerse para recibir el homenaje de María. Primero deseaba ascender a su Padre para recibir allí la seguridad de que su sacrificio había sido aceptado (DTG 734). Después de su ascensión temporaria, Jesús permitió sin ninguna protesta que lo tocaran (Mat. 28: 9); lo que ahora le pedía a María era que pospusiera ese acto.
Mis hermanos.
Es decir, los discípulos.
A mi Padre y a vuestro Padre.
No "nuestro Padre". Quizá con el propósito de mostrar que hay ciertas importantes diferencias entre la relación de Cristo con el Padre y la nuestra. "Padre" y "Dios" aquí aparecen claramente como sinónimos.
18.
Dar a los discípulos.
María procedió inmediatamente a hacer lo que se le había dicho. Sin embargo, los discípulos persistían en su incredulidad (Mar. 16: 11; Luc. 24: 11).
19.
La noche.
[Primera aparición en el aposento alto, Juan 20: 19-23 = Mar. 16: 13 = Luc. 24: 33-49. Comentario principal: Lucas y Juan. Ver mapa p. 216; diagrama p. 223.] Esta reunión es, sin duda, la misma que se describe en Luc. 24: 36-48. La reunión se efectuó poco después de que los dos discípulos volvieron de Emaús cuando ya era tarde, de noche (ver com. Luc. 24: 33).
Primero de la semana.
Es decir, de acuerdo con el cómputo romano que hacía comenzar los días a medianoche. Según el cómputo judío, que hacía comenzar los días con la puesta del sol, la reunión se efectuó en el segundo día de la semana.
Por miedo de los judío.
Esta frase puede tener relación con "las puertas cerradas" o con "los discípulos estaban reunidos". La construcción del texto griego y el contexto favorecen la primera posibilidad. El lugar de su reunión era el aposento alto donde habían celebrado la pascua (ver com. Luc. 24: 33). Parece improbable que los discípulos hubieran procurado ocultarse en un lugar tan bien conocido como ése. Sin embargo, tener las puertas trancadas para protegerse de los enemigos es perfectamente comprensible (cf. DTG 743). La siguiente traducción ilustra esa clase de relación entre las frases: "Estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar" (BJ).
22.
Recibid el Espíritu Santo.
Este fue un cumplimiento preliminar y parcial de la promesa de los cap. 14: 16-18; 16: 7-15. El derramamiento pleno vino unos 50 días más tarde, en el Pentecostés (Hech. 2).
23.
A quienes remitierais los pecados.
Jesús habla aquí a los discípulos como representantes de su iglesia en la tierra, en cuyo conjunto él había confiado la responsabilidad de velar por los intereses espirituales y las necesidades de sus miembros individuales. Jesús ya les había explicado ampliamente cómo tratar con los miembros descarriados: primero, personalmente (ver com. Mat. 18: 1-15, 21-35); y después, con la autoridad de la iglesia (ver com. vers. 16-20). Ahora reitera las instrucciones dadas en la ocasión anterior.
La iglesia debe trabajar fielmente por la restauración de sus miembros descarriados, debe estimularlos para que se arrepientan y se aparten de sus malos caminos. Cuando existe la evidencia de que se han arreglado las cosas con Dios y con el hombre, la iglesia debe aceptar el arrepentimiento como genuino, debe exonerar al pecador de las acusaciones que pesaron sobre él (debe "remitir" sus "pecados") y recibirlo de nuevo en plena comunión. Tal remisión de pecados es ratificada en el cielo. En realidad, Dios ya ha aceptado y perdonado al arrepentido (ver com. Luc. 15: 1-7). Sin embargo, las Escrituras explícitamente enseñan que la confesión del pecado y el arrepentimiento de él deben dirigirse directamente al trono de la gracia en el cielo (Hech. 20: 21; 1 Juan 1: 9), y que la remisión de los pecados del alma sólo proviene de los méritos de Cristo y de su mediación personal (1 Juan 2: 1). Dios nunca ha delegado esta prerrogativa a los falibles mortales, los que con mucha frecuencia necesitan de la misericordia divina y de la gracia de Dios, aunque hayan sido nombrados como dirigentes de la iglesia (ver DTG 745-746; com. Mat. 16: 19).
Les son remitidos.
Cuando falta la evidencia de un arrepentimiento genuino, han de ser "retenidas" las acusaciones presentadas contra un miembro descarriado. El cielo reconocerá la decisión de la iglesia, pues nadie puede estar en buena relación con Dios cuando está voluntariamente reñido con sus prójimos. El que desprecia el consejo de los representantes de Dios nombrados en la tierra, no puede esperar disfrutar del favor de Dios. Hay una ilustración de la forma en que operaba este principio en la iglesia primitiva en Hech. 5: 1-11.
24.
Tomás.
[Segunda aparición en el aposento alto, Juan 20: 24-29 = Mar. 16: 14. Comentario 1043 principal: Juan. Ver el mapa p. 216; diagrama p. 223.] Ver com. Juan 11: 25; cf. com. Mar. 3: 18.
25.
Al Señor hemos visto.
Comparar con el mensaje de María (vers. 18).
Si no viere.
Dios siempre da a los hombres suficiente evidencia en la cual fundamentar su fe, y los que están dispuestos a aceptarla, siempre pueden hallar el camino para llegar al Señor. Al mismo tiempo, el Altísimo no obliga a los hombres para que crean en contra de la voluntad de ellos, pues si así procediera él, los despojaría del derecho de usar su libre albedrío. Si todos los hombres fueran como Tomás, las generaciones posteriores nunca podrían llegar a un conocimiento del Salvador. En realidad, nadie -fuera de los pocos centenares que con sus propios ojos vieron al Señor resucitado- habría creído en él. Pero a todos los que lo reciben por fe y creen en su nombre (ver com. cap. 1: 12), el cielo les reserva una bendición especial: "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (cap. 20:29).
No creeré.
En griego dice: "De ninguna manera creeré".
26.
Ocho días después.
Es decir "ocho días", según el cómputo inclusivo, o sea, el domingo siguiente (ver p. 240; Nota Adicional com. Mat. 28). De acuerdo con el cómputo judío, la nueva reunión se realizó una semana más tarde, quizá otra vez por la noche (ver com. vers. 19). El sistema de computar el tiempo puede verse en las pp. 239-242.
Algunos han atribuido un significado especial al hecho de que está segunda reunión de Jesús con los discípulos ocurriera en el primer día de la semana. Han insistido en que ese fue el comienzo de la conmemoración del día de la resurrección, la ocasión para la santificación y la consagración del domingo como un día de culto. Si tal hubiera sido el propósito de la reunión, de seguro esperaríamos alguna mención de un hecho tan importante; pero no hay el menor indicio de un propósito tal. Por otro lado, el relato suministra una razón válida para que se efectuara la reunión: Tomás, el discípulo escéptico, estuvo presente, y Jesús vino para robustecer su fe.
Estando las puertas cerradas.
Quizá por miedo a los judíos, como la vez anterior (ver com. vers. 19).
Paz a vosotros.
El saludo es el mismo de la vez anterior (vers. 19).
27.
Pon aquí tu dedo.
El Señor sabía lo que abrigaba el corazón de Tomás, y cuando llegó inmediatamente dirigió su atención al discípulo incrédulo. Le ofreció la prueba exacta que él pedía, aunque la petición hubiera sido irrazonable (vers. 25). No se dice que Tomás hubiera hecho uso del ofrecimiento. El hecho de que el Señor leyera las dudas de su corazón con tanta exactitud, fue para él una prueba convincente de la resurrección.
28.
Señor mío.
Gr. ho kúriós mou. Tomás usa el título con su significado más excelso (ver com. cap. 13: 13). Kúriós (Señor) en la LXX es la traducción del Heb. YHWH, el nombre divino que se translitera en castellano como "Jehová" (RVR) y como "Yahveh" (BJ). (Ver t. I, pp. 180-182.) Mediante esta confesión, Tomás relacionó al que estaba ante él con el Jehová del AT. Es evidente que más tarde una confesión tal llegó a ser una fórmula de fe (cf. 1 Cor. 12: 3).
Dios mío.
Gr. ho theós mou. Theós (Dios) es en la LXX la traducción del Heb. 'Elohim, el título divino de "Dios". En el NT Theós por lo general se usa para el Padre (Rom. 1: 7; 1 Cor. 1: 3; etc.); pero aquí, como en Juan 1: 1 (ver allí el comentario), la palabra atribuye la deidad a Cristo. Aunque había muchas cosas acerca de la relación de las Personas de la Deidad que Tomás todavía no comprendía claramente, su confesión fue más profunda y más abarcante en sus alcances e implicaciones que las que habían hecho antes otros de los discípulos (por ejemplo, ver Mat. 16: 16).
29.
Me has visto.
Parece que Tomás no había aceptado la invitación de tocar las huellas de los clavos y la cicatriz dejada por el lanzazo (vers. 27); pero a lo menos demandaba comprobarlo con sus ojos. No estaba dispuesto a creer basándose en el testimonio de otros únicamente. Jesús reprochó su falta de fe y alabó a los que estaban dispuestos a creer sin la comprobación de sus sentidos.
Bienaventurados.
Gr. makários (ver com. Mat. 5: 3).
30.
Señales.
[Epílogo del Evangelio de Juan, Juan 20:30-31; 21:24-25.] Gr. s'méion (ver p. 198). "Muchas" en este versículo puede referirse a las otras "señales" con las cuales estaba familiarizado el lector por otros relatos de la vida de Cristo que ya se estaban divulgando.
31.
Estas se han escrito.
Juan aquí resume el propósito de lo que escribió y el plan que siguió al elegir el material. No tenía la meta de presentar una historia completa de Jesús, 1044 ni siquiera una biografía que abundara en detalles. Eligió las "señales" que formaban el fundamento de su tema y que eran el propósito por el cual escribía.
Jesús es el Cristo.
Jesús era el nombre que Cristo usó como ser humano (ver com. Mat. 1: 21). Era su nombre personal, el nombre con el cual lo conocieron sus contemporáneos. Para muchos, ese nombre sólo identificaba al hijo del carpintero. El propósito de Juan era demostrar que el Jesús que los hombres conocían ciertamente era el Mesías. "Cristo" significa "Mesías" (ver com. Mat. 1: 1).
Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35.
Vida.
Gr. zÇ' (ver com. cap. 1: 4; 8: 51; 10: 10). Cf. cap. 6: 47; ver com. cap. 3: 16.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-18 DTG 732-737
2 CS 476; DTG 733
2-4 HAp 430
3-4 ECFP 70
5-12 DTG 733
13 CS 455; DTG 737; PE 186, 239, 243; SR 371
13-17 DTG 734
15 MeM 188
16-17 PE 186
17 DTG 699, 774; HAd 493; MB 163
17-18 Ev 344; MB 152
19 HAp 22
19-29 DTG 743-748
20 CS 476; DTG 744
21-22 2JT 530
22 MeM 38; PVGM 263; TM 217
22-23 DTG 745
23 1JT 446
24 DTG 747
24-29 PE 187
25 1T 328; 2T 696; 4T 233
25-29 DTG 747
27-29 2T 104, 696
28 DTG 748; 6T 416
29 1T 492; 4T 233
31 CC 50; DTG 369

CAPÍTULO 21

1 Cristo se aparece de nuevo a sus discípulos, quienes lo reconocen por la gran cantidad de peces que sacan del mar. 12 Come con ellos. 15 Pide con insistencia a Pedro que alimente a sus ovejas y corderos. 18 Predice cómo morirá Pedro. 22 Reprende la curiosidad de éste en cuanto a la suerte de Juan. 25 Conclusión.
1 DESPUÉS de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también, contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.
6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.
7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar.
8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.
9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.
10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.
11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta 1045 y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.
12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado.
14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?
22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
1.
Después de esto.
[Aparición junto al mar de Galilea, Juan 21:1-23.] Es decir, entre la segunda aparición en el aposento alto (cap. 20: 26-29) y la aparición en una montaña de Galilea (Mat. 28: 16-20). Resulta evidente porque ahora se describe como "la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos" (Juan 21: 14). Ver Nota Adicional de Mat. 28.
Mar de Tiberias.
Ver com. cap. 6: 1.
2.
Simón Pedro.
Ver com. Mar. 3: 16.
Tomás.
Ver com. Mar. 3: 18.
Dídimo.
Ver com. cap. 11: 16.
Natanael.
Ver com. Mar. 3: 18; Juan 1: 45.
Caná de Galilea.
Ver com. cap. 2: 1.
Hijos de Zebedeo.
Es decir, Jacobo y Juan, que sólo aquí son llamados de esa manera por Juan (Mat. 4: 21; Mar. 10: 35).
3.
Voy a pescar.
La pesca había sido el oficio de Pedro antes de que se convirtiera en discípulo de Jesús (Mat. 4: 18-20). Jacobo y Juan también eran pescadores (Mat. 4: 21). Sin duda, en esa ocasión su propósito era el de aumentar sus escasos recursos. Los discípulos no estaban abandonando su vocación más excelsa. Habían ido a Galilea para encontrarse con su Maestro (ver com. Mat. 28: 16; DTG 749-750).
Aquella noche.
Debido a la claridad de las aguas del mar de Galilea, la noche era el momento apropiado para pescar (ver com. Luc. 5: 5).
No pescaron nada.
Como en la ocasión anterior (ver com. Luc. 5: 5).
4.
No sabían.
Quizá los ojos de ellos estaban "velados" como los de los discípulos que iban en el camino a Emaús (Luc. 24: 16). Quizá todavía había poca luz. Tampoco María reconoció a Jesús cuando se le presentó por primera vez (Juan 20: 14-16).
5.
Hijitos.
En los Evangelios sólo se registra esta ocasión en que Jesús se dirige así a sus discípulos. Juan usa esta forma en su primera epístola (1 Juan 2: 13, 18). Moulton y Milligan sugieren que esta palabra podría aquí ser el equivalente de "muchachos", y citan una balada en la cual este término se aplica a soldados (The Vocabulary of the Greek Testament). Como quiera que fuere, la forma de hablar no identificó al que hablaba. Sin duda los discípulos pensaron que era un extraño.
Algo de comer.
"Pescado" (BJ). Gr. prosfágion, lo que se come además del pan; por ejemplo carne, pescado, huevos, verduras, etc. (cf. com. cap. 6: 9). El pan era el principal alimento de los judíos. Aquí, siendo que la pregunta 1046 se formula a pescadores, lo más probable es que prosfágion se refiera a pescado. La forma de la pregunta en griego muestra que se espera una respuesta negativa.
6.
A la derecha.
Este era el lado en que Jesús estaba en la orilla, y al pedirles que echaran la red a ese lado, quería enseñarles una lección de fe y de cooperación con el poder divino (DTG 751).
Gran cantidad de peces.
Este milagro haría recordar a los discípulos el milagro anterior cuando dejaron todo por seguir al Maestro (ver com. Luc. 5: 11).
7.
A quien Jesús amaba.
En cuanto a esta forma de denominar a Juan, ver com. cap. 13: 23. Juan fue el primero en reconocer al Maestro, así como también fue el primero en creer en la resurrección (cap. 20: 8).
Simón Pedro.
Pedro, impulsivo, ferviente, afectuoso, impetuoso y expresivo, respondió en su forma característica.
La ropa.
"El vestido de encima" (BJ). Gr. ependútes, "prenda exterior".
Se había despojado de ella.
"Pues estaba desnudo" (BJ). Gr. gumnós, palabra que aunque puede aplicarse para describir a una persona completamente desnuda, también puede referirse a uno que sólo se ha quitado las prendas exteriores, como debe ser el caso aquí. Sin duda Pedro deseaba estar debidamente vestido para saludar a su Maestro.
Al mar.
Probablemente, el agua era poco profunda. No debe haber necesitado nadar.
8.
La barca.
Gr. ploiárion, literalmente "bote", "barquito", "barca". En el vers. 3 la palabra también traducida como "barca" es plóion, "un barco". Por usarse ploiárion en el vers. 8, algunos han llegado a la conclusión de que la embarcación más grande fue abandonada debido a que el agua era poco profunda y que se usó otra más pequeña para arrastrar la red hasta la orilla. Sin embargo, es posible que se usen indistintamente plóion y ploiárion, como se ve con toda claridad en otros pasajes (cap. 6: 17, 19, 21-22, 24) que se refieren a un mismo hecho y en el que se trataba de una sola embarcación.
Como doscientos codos.
Unos 100 m.
9.
Brasas.
Cf. cap. 18: 18.
Pez.
Gr. opsárion (ver com. cap. 6: 9). Comparar con prosfágion (ver com. cap. 21: 5). Cristo previó el cansancio y el hambre de los desanimados pescadores. Los discípulos no preguntaron de dónde procedían los alimentos y el fuego.
10.
Traed de los peces.
Para añadirlos al alimento que estaba sobre las brasas.
11.
Subió.
Pedro respondió con su impulsividad característica.
Ciento cincuenta y tres.
El número exacto muestra que los peces fueron realmente contados. Algunos comentadores han forjado interpretaciones místicas y fantásticas en cuanto a este número. Por ejemplo, se ha dicho que el "tres" representa a la trinidad. Tales interpretaciones no merecen tomarse en cuenta.
12.
Comed.
Gr. aristáÇ, en este caso, "desayunar" '
Se atrevía a preguntarle.
Los discípulos comieron en silencio, asombrados y con reverencia. Por sus mentes pasaron muchos pensamientos que no se atrevieron a expresar.
13.
Tomó el pan.
Jesús era el bondadoso dador del alimento. El Códice Beza añade: "habiendo dado gracias". Pero aun sin esta añadidura puede darse por sentado que se elevó una oración de agradecimiento.
14.
Tercera vez.
Juan enumera sólo las apariciones a los discípulos, no las apariciones a las mujeres (Mat. 28: 9; Juan 20: 14-17). Las apariciones enumeradas son: (1) A los discípulos en el aposento alto, la noche del día de la resurrección (Juan 20: 19); (2) a los discípulos una semana más tarde, en el mismo aposento alto (Juan 20: 26); (3) a los discípulos, junto al mar de Galilea (ver Nota Adicional com. Mat. 28).
15.
Hubieron comido.
O "hubieron terminado de desayunar" (ver com. vers. 12).
Me amas.
Gr. agapáÇ. En su respuesta a la pregunta de Jesús, Pedro usa otro verbo para "amar", a saber, filéÇ. Estas dos palabras a veces se diferenciaban en su significado. Cuando hay diferencia, agapáÇ se refiere a una forma más excelsa de amor, un amor regido por principios y no por emociones; filéÇ tiene relación con un amor espontáneo, movido por una emoción. Hay un estudio de la diferencia de estos dos vocablos en com. Mat. 5: 43; Juan 11: 3. Los eruditos no están de acuerdo en cuanto a si las dos palabras tienen aquí un significado diferente o si se usan como sinónimos, como es el caso en Juan 14: 23; cf. cap. 16: 27.
En el registro de las dos primeras preguntas de Jesús se ha usado la palabra agapáÇ', y en las respuestas de Pedro, la palabra filéÇ. En la tercera vez aparece la palabra filéÇ en la pregunta de Jesús, y, como en las ocasiones anteriores, también filéÇ en la respuesta de 1047 Pedro. Si debe hacerse diferencia entre las dos palabras -lo que no se puede determinar con certeza-, es posible presentar la siguiente explicación: Dos veces Jesús le preguntó a Pedro si lo amaba con la forma más excelsa de amor (agapáÇ). Sin embargo, Pedro sólo admitió un sentimiento emanado de una amistad común: "Tú sabes que te amo [filéÇ]". La tercera vez en la pregunta se ha consignado la palabra que Pedro usó antes dos veces. En la tercera oportunidad, la pregunta es si realmente lo amaba como un amigo (filéÇ), lo cual el apóstol ya había admitido dos veces. Es evidente que para Pedro había una duda implícita en la tercera pregunta. De acuerdo con esta interpretación, le dolió no porque se le hubiera hecho la misma pregunta tres veces, sino porque la tercera vez Jesús cambió su pregunta y, aparentemente, puso en duda la sinceridad de las respuestas de Pedro.
Es posible que las tres preguntas de Jesús se relacionaran con las tres negaciones de Pedro. Tres veces el apóstol había negado a su Señor; ahora se le daba la oportunidad de confesarlo tres veces.
Más que éstos.
Gr. pléon tóutÇn. El pronombre tóutÇn puede tener por antecedente a cosas o a personas. Por lo tanto, la pregunta de Cristo podría entenderse de dos maneras en el texto griego. "¿Me amas más que a la barca y los aparejos de pesca [cosas]?"; es decir, más que a los instrumentos de que disponía Pedro para ganarse la vida. La segunda forma es: "¿Me amas más que éstos?", es decir, más que los otros discípulos. Teniendo en cuenta que los objetos materiales (barca, red, etc.) no han sido mencionados en el contexto inmediato, es mejor considerar que la referencia es a los discípulos (DTG 751-752).
Tú sabes.
La respuesta de Pedro es humilde. Ha desaparecido toda arrogancia.
Apacienta mis corderos.
Los corderos representaban a los que eran nuevos en la fe. Más tarde Pedro comparó a los ancianos de la iglesia con pastores y llamó "grey" a aquellos que debían ser alimentados (1 Ped. 5: 14). Los ministros de Dios son pastores que sirven a las órdenes del Pastor Supremo.
16.
La segunda vez.
Se repite la pregunta, pero sin la adición de "más que éstos" (vers. 15). El amor de Pedro es puesto en tela de juicio. Pedro da la misma respuesta humilde.
Pastorea.
"Apacienta" (BJ). Gr. poimáinÇ, muy similar al verbo bóskÇ (vers. 15). Este segundo verbo ha sido traducido como "apacienta" en la RVR. La BJ no hace diferencia entre los dos verbos griegos (pues traduce "apacienta" en los dos casos, y también en el vers. 17, donde se repite en griego el verbo bóskÇ). La diferencia de significado entre "apacentar" y "pastorear" es muy pequeña en nuestro idioma. El primero de los verbos se refiere más al hecho de dar pasto a los ganados. El segundo también da esa idea, pero le añade el cuidado general que debe tenerse de ellos. Es muy posible que ambas palabras se usen en este pasaje del NT como sinónimos o, por lo menos, como términos casi equivalentes. La responsabilidad de Pedro como pastor se hace resaltar más y se amplía. Si los "corderos" (vers. 15) eran las personas nuevas en la fe, las "ovejas" (vers. 16) sería un término general para referirse a todo el ganado o grey. A pesar de su fracaso, no se depuso a Pedro de su ministerio como "pescador" de hombres (Luc. 5: 10).
17.
La tercera vez.
En su tercera pregunta a Pedro, al referirse al verbo "amar", Jesús usó una palabra diferente de la empleada en las dos primeras interrogaciones. Es dudoso que hubiera una diferencia de significado. Ver com. vers. 15 en lo que atañe al significado de la pregunta si es que el nuevo verbo equivalente a "amar" ("querer", BJ) debe distinguirse del precedente.
Se entristeció.
Ver com. vers. 15 en lo que atañe a una posible causa de tristeza. Pedro sabía que había dado motivos a otros para que dudaran de su amor por su Maestro. Las repetidas preguntas le recordaron vívidamente las veces que negó vergonzosamente a su Maestro, y, como incisivos dardos, deben haberle herido el corazón.
Sabes todo.
La tercera vez Pedro omitió el "sí" (vers. 15-16). Recurrió al ojo que todo lo ve, que leía los secretos más íntimos de su vida.
Apacienta mis ovejas.
Jesús aquí repite la orden (cf. vers. 15-16). Pedro había demostrado que estaba plenamente arrepentido. Su corazón enternecido estaba lleno de amor. Ahora sí podía confiársele la grey
18.
De cierto.
Ver com. Mat. 5: 18; Juan 1: 51.
Extenderán tus manos.
Una evidente referencia a la crucifixión (cf. vers. 19). De acuerdo con la tradición, Pedro murió crucificado cabeza abajo, debido a que pidió que no lo crucificaran como a su Maestro, pues ese hubiera 1048 sido un honor demasiado grande para quien había negado a su Señor (HAp 428-429).
19.
Dando a entender.
Cf. cap. 12: 33.
Glorificar a Dios.
Es decir, al morir como mártir silenciosamente testificaría del poder del cristianismo (cf. 1 Ped. 4: 16).
Sígueme.
Hay una reflexión en cuanto a esta orden en 1 Ped. 2: 21.
20.
Volviéndose.
Esta palabra y las palabras "les seguía", sugieren que Jesús había llevado a Pedro aparte y le había hablado en privado en cuanto a la naturaleza de su muerte, quizá mientras caminaban a la orilla del lago. Tal vez Juan los seguía a cierta distancia.
Al lado de él.
Ver com. cap. 13: 23.
21.
¿Y qué de éste?
Pedro había recibido una revelación notable acerca de su propio futuro y debiera haber quedado contento con lo que el Señor había creído conveniente revelarle. Pero el apóstol estaba curioso por saber el futuro de Juan. Jesús aprovechó la oportunidad para grabar en Pedro la importante lección de poner en primer lugar lo que es más importante.
22.
Si quiero.
Esta oración expresa una suposición que se aclara en el vers. 23. Algunos tergiversaron esto y lo interpretaron como una declaración afirmativa. En realidad, Cristo sólo había dicho: "Supongamos que yo quisiera que él quedara, eso no debería preocuparte a ti, Pedro". La respuesta fue como un reproche para Pedro. No debería estar demasiado ansioso por el porvenir de sus prójimos. Debía preocuparse por seguir a su Señor. Esto no significa que no debía tener un amante interés por el bienestar de su hermano. Pero un afán tal nunca debe ser un motivo para que no mantengamos la vista puesta en Jesús. El mirar demasiado intensamente a nuestro hermano puede inducirnos a caer donde él cae.
23.
No moriría.
Los hermanos creyeron que era una realidad lo que Jesús sólo había presentado como suposición o frase condicional (ver com. vers. 22). Evidentemente, creían que la venida de Jesús estaba muy próxima (Hech. 1: 6-7).
24.
El discípulo.
Ver com. cap. 20: 30. "El discípulo a quien amaba Jesús" (cap. 21: 20) se identifica como el autor del Evangelio (ver p. 869). Los vers. 24 y 25 son un clímax adecuado para todo el Evangelio (ver com. cap. 20: 30).
Estas cosas.
Se refiere a la narración de este capítulo, y también al Evangelio entero.
Sabemos.
No sabemos a quiénes se refiere esta forma plural del verbo. Otros, quizá los ancianos de Efeso (ver p. 870), querían afirmar que lo que había sido escrito era sin duda la verdad. Circulaban narraciones espurias, obra de autores inescrupulosos, y Juan deseaba fervientemente que se conocieran los hechos verdaderos.
25.
Otras muchas cosas.
En este versículo final Juan prorrumpe en una apasionada declaración acerca de las muchas cosas notables que había dicho y hecho su Maestro. Escribió su Evangelio teniendo en cuenta ciertos propósitos espirituales, y relató los acontecimientos y registró las cosas que contribuyeron a esos propósitos (ver p. 870). Los escritores de los otros Evangelios hicieron lo mismo. Por eso muchos de los hechos de Jesús quedaron sin ser registrados.
Ni aun en el mundo cabrían.
Este lenguaje es hiperbólico, pero sirve bien para hacer resaltar la inmensa cantidad de dichos y obras de Jesús. Una hipérbole similar, de la misma época en que escribió Juan, proveniente de Rabbán Johanán ben Zakkai, ha llegado hasta nosotros. Se registra que él dijo: "Si todo el cielo fuera un pergamino y todos los árboles cañas de escribir, y tinta todo el mar, eso no sería suficiente para consignar por escrito la sabiduría que he aprendido de mis maestros" (Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 2, p. 587). Esta figura literaria judaica ha sido popularizada en el himno evangélico "¡Oh amor de Dios!", de F. M. Lehman (Himnario adventista, Nº. 62). Comentando estas palabras finales de Juan, observa Calvino: "Si el evangelista, contemplando la grandeza de la majestad de Cristo, exclama con asombro que aun el mundo entero no podría contener el relato pleno de ella, ¿debiéramos asombrarnos por eso?"
Amén.

Ver com. Mat. 5: 18.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-22 DTG 749-756
3-13 DTG 749
6 3JT 193; 1T 436
15 CM 35; DTG 751; Ev 254; 2JT 463, 522; OE 190, 219; PVGM 119 1049
15-16 CM 194; COES 84; 5T 335
15-17 HAp 411, 429
16 DTG 753; Ev 254; OE 191
16-17 DTG 752
17 Ed 86; 1JT 514; PVGM 119
18 HAp 428
18-19 DTG 754
20 ECFP 69, 103
20-21 DTG 755
22 DTG 755; Ed 86; 3T 65; 4T 39; TM 337 1051