JEREMÍAS

CAPÍTULO 4
1 Dios llama a Israel conforme a su promesa. 3 Lo exhorta al arrepentimiento mediante juicios terribles. 19 Una Profunda lamentación por los pecados de Judá.

1 SI TE volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y no anduvieras de acá para allá,
2 y jurares: Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia, entonces las naciones serán benditas en él, y en él se gloriarán.
3 Porque así dice Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos.
4 Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.
5 Anunciad en Judá, y proclamad en Jerusalén, y decid: Tocad trompeta en la tierra; pregonad, juntaos, y decid: Reuníos, y entrémonos en las ciudades fortificadas.
6 Alzad bandera en Sión, huid, no os detengáis; porque yo hago venir mal del norte, y quebrantamiento grande.
7 El león sube de la espesura, y el destruidor de naciones está en marcha, y ha salido de su lugar para poner tu tierra en desolación; tus ciudades quedarán asoladas y sin morador.
8 Por esto vestíos de cilicio, endechad y aullad; porque la ira de Jehová no se ha apartado de nosotros.
9 En aquel día, dice Jehová, desfallecerá el corazón del rey y el corazón de los príncipes, y los sacerdotes estarán atónitos, y se maravillarán los profetas.
10 Y dije: ¡Ay, ay, Jehová Dios! Verdaderamente en gran manera has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: Paz tendréis; pues la espada ha venido hasta el alma.
11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Viento seco de las alturas del desierto vino a la hija de mi pueblo, no para aventar, ni para limpiar.
12 Viento más vehemente que este vendrá a mí; y ahora yo pronunciaré juicios contra ellos.
13 He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino; más ligeros son sus caballos que las águilas. ¡Ay de nosotros, porque entregados somos a despojo!
14 Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?
15 Porque una voz trae las nuevas desde Dan, y hace oír la calamidad desde el monte de Efraín.
16 Decid a las naciones: He aquí, haced oír sobre Jerusalén: Guardas vienen de tierra lejana, y lanzarán su voz contra las ciudades de Judá.
17 Como guardas de campo estuvieron en derredor de ella, porque se rebeló contra mí, dice Jehová.
18 Tu camino y tus obras te hicieron esto; esta es tu maldad, por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón.
19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí; no callaré; porque sonido de trompeta has oído, oh alma mía, pregón de guerra.
20 Quebrantamiento sobre quebrantamiento es anunciado; porque toda la tierra es destruida; de repente son destruidas mis tiendas, en un momento mis cortinas.
21 ¿Hasta cuándo he de ver bandera, he de oír sonido de trompeta?
22 Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron.
23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz.
24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos.
25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido.
26 Miré, y he aquí el campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades eran asoladas delante de Jehová, delante del ardor de su ira.
27 Porque así dijo Jehová: Toda la tierra será asolada; pero no la destruiré del todo.
28 Por esto se enlutará la tierra, y los 405 cielos arriba se oscurecerán, porque hablé, lo pensé, y no me arrepentí, ni desistiré de ello.
29 Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó toda la ciudad; entraron en las espesuras de los bosques, y subieron a los peñascos; todas las ciudades fueron abandonadas, y no quedó en ellas morador alguno.
30 Y tú, destruida, ¿qué harás? Aunque te vistas de grana, aunque te adornes con atavíos de oro, aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas; te menospreciarán tus amantes, buscarán tu vida.
31 Porque oí una voz como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza; voz de la hija de Sión que lamenta y extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que mi alma desmaya a causa de los asesinos.


1.
Oh, Israel.
Es probable que se refiera específicamente a las tribus del norte, que estaban en el exilio, aunque algunos piensan que tiene un sentido más general. En el vers. 3 Dios se dirige particularmente a los hombres de Judá.
Abominaciones.
Específicamente, sus ídolos (Deut. 27: 15; 29: 17; 1 Rey. 11: 5, 7; 2 Rey. 23: 13; 2 Crón. 15: 8; Eze. 20: 7-8).
Anduvieres de acá para allá.
Del verbo hebreo nud, "andar sin rumbo", "ser nómada". "Extranjero", en Gén. 4: 12, 14, tiene la misma raíz.
2.
Jurares.
O, "si juras". Continúa el sentido condicional que comienza en el vers. l. jurar por el nombre de Jehová significa reconocer la supremacía de Dios (Deut. 10: 20; Jer. 12: 16; ver com. Deut. 6: 13). Debían suprimirse los juramentos hechos en nombre de otros dioses. El pueblo debía demostrar que Dios era supremo en su pensamiento.
Las naciones.
Aquí concluye el sentido condicional: "entonces las naciones"... Dios tenía el propósito de que la conversión de Israel fuera causa de la conversión de las naciones vecinas (Sal. 102: 13, 15; ver PP. 537). Las bendiciones que se le aseguraban a Israel "se prometen, bajo las mismas condiciones y en el mismo grado, a toda nación y a todo individuo debajo de los anchos cielos" (PR 367).
En él.
Es decir, en el Señor.
3.
Todo varón de Judá.
La exhortación al arrepentimiento y a la reforma se dirige específicamente al reino del sur.
Jerusalén.
Unos pocos manuscritos hebreos, la LXX, las versiones latinas antiguas, las siríacas y los tárgumes, dicen: "y a los habitantes de Jerusalén".
Arad campo.
En el hebreo hay un juego de palabras, cuya idea sería "cultivad tierra no cultivada". "Cultivad el barbecho" (BJ).
No sembréis entre espinos.
Compárese con la parábola de Jesús, en la cual se mencionan los diferentes tipos de suelo (Mat. 13: 7, 22). Si no se sacaban las espinas y las malezas, éstas ahogarían las semillas de la reforma (Luc. 8: 7; 5T 53). Era necesario que Judá eliminara completamente la idolatría y los males morales y sociales. No bastaba una obra hecha a medias como la que ocurrió en tiempos de Josías.
4.
Circuncidaos.
Todos los Judíos habían sido circuncidados en la carne, pero no todos habían sido circuncidados "a Jehová". El profeta procuraba revelar el verdadero sentido del rito y contrarrestar el concepto formal y ritualista con que se lo practicaba. La circuncisión debía ser el símbolo de la dedicación del corazón a Dios, y una señal de haberse apartado de la idolatría (ver com. Gén. 17: 10-11). Cortar el prepucio del corazón significa eliminar toda impureza (Deut. 10: 16; 30: 6). La verdadera circuncisión es interna y no externa (Rom. 2: 28-29; Fil. 3: 3; Col. 2: 11).
No haya quien la apague.
El profeta compara la ira de Dios contra el pecado con un fuego que no se puede apagar hasta que haya completado su obra destructora (cap. 7: 20).
5.
Anunciad en Judá.
Aquí el profeta inicia un nuevo discurso. El tema es el mal que pronto ha de venir. Comienza describiendo los terribles preparativos para la invasión que está haciendo un enemigo formidable.
Tocad trompeta.
Esta era la señal de alarma por medio de la cual se advertía al pueblo de algún peligro inminente (Ose. 5: 8; Joel 2: 1). La "trompeta" es en realidad el shofar, o cuerno de carnero (ver t. III, p. 41).
Pregonad, juntaos.
Literalmente: "clamad, llenad", que podría interpretarse: "Clamad a toda voz". Esta advertencia permitiría que los habitantes abandonaran las campiñas con sus familias y sus posesiones, para buscar refugio en las ciudades fortificadas. El temor 406 de los ejércitos invasores impulsó a los recabitas a refugiarse en Jerusalén (cap. 35: 11).
6.
Alzad bandera.
Ver com. Sal. 60: 4. Debía izarse una señal en un lugar elevado, a fin de guiar a los refugiados hacia Sión.
Huid.
La forma del verbo hebreo 'uz, que aparece aquí, significa "albergar", "meter en el refugio". Las familias, con sus posesiones, debían refugiarse dentro de las ciudades amuralladas.
No os detengáis.
Compárese con Mat. 24: 16-18.
Yo hago venir.
Literalmente, "yo traigo" (BJ).
Del norte.
Una referencia evidente a los babilonios (ver com. cap. 1: 14). En Jeremías se afirma repetidas veces que el mal vendría del norte (cap. 1: 13-14; 6:1, 22; 13: 20; 25: 9). En tiempos recientes se ha sostenido la idea de que estos invasores del norte fueron los escitas. El historiador griego Herodoto (i. 103-107) afirma que durante el reinado de Ciajares I (c. 625-c. 585 a. C.), estos bárbaros se apoderaron de Asia por un breve tiempo. Además, relata cómo vinieron del Cáucaso, derrotaron a Media, subyugaron el Asia occidental y estuvieron a punto de invadir a Egipto. El rey egipcio, Psamético I les dio ricos regalos a cambio de que no invadieran su territorio (ver t. 11, p. 93).
Aunque ciertos aspectos de esta invasión escita corresponden con la descripción de Jeremías, por ejemplo, la dirección de la cual vinieron, sus movimientos rápidos, su lengua extraña y la desolación que dejaron detrás de sí, otros detalles no concuerdan. Los escitas no tenían ni la habilidad ni la paciencia para llevar adelante un largo asedio, ni se llevaron a los vencidos al exilio.
Además, no hay evidencia histórica de que los escitas hayan realzado una verdadera invasión a Palestina. Quizá pasaron por allí rumbo a Egipto, posiblemente por el camino del valle de Esdraelón (ver com. Juec. 1: 27), y después por el camino de la costa que llevaba al sur. No hay ninguna referencia a una invasión a Judá realizada por los escitas, ni a ninguna otra invasión desde el norte en tiempos de Jeremías. Herodoto tampoco afirma que los escitas invadieron el territorio de Judá.
Por otra parte, la descripción que Jeremías hace de este enemigo que viene desde el norte corresponde perfectamente con los caldeos. Se dice específicamente que Nabucodonosor es el invasor proveniente del norte (cap. 25: 9).
7.
El león.
Mejor, "un león". Se emplea esta figura para representar el poder irresistible y la fiereza de los invasores caldeos Jer. 49: 19; 50: 17, 44; cf. Gén. 49: 9; Prov. 30: 30; Isa. 5: 29; Dan. 7: 4; Apoc. 5: 5).
Sube.
Jeremías emplea el presente histórico para describir en forma más vívida la invasión que se aproxima.
De naciones.
Judea, como las naciones vecinas, sería atacada y derrotada (cap. 25: 9; 27: 6).
Está en marcha.
Heb. nasa', cuyo sentido básico es "quitar estacas", o sea, "levantar campamento", después de lo cual un ejército normalmente se pone en marcha. Nabucodonosor ya está "en marcha".
Desolación.
Un lugar tan asolado que causa espanto. Las repetidas invasiones caldeas dejaron el territorio de Judá casi sin habitantes (cap. 2: 15; 39: 9).
8.
Cilicio.
Una vestimenta suelta, o tela hecha de pelos toscos y de color oscuro, que se llevaba en señal de luto y humillación (ver com. Gén. 37: 34).
No se ha apartado.
Los sinceros esfuerzos de Josías por lograr la reforma no habían bastado. Mucha de la impiedad introducida durante el reinado de Manasés aún prevalecía (ver com. 2 Rey. 24: 3).
9.
Desfallecerá.
En el vers. 9 se describe la reacción de los dirigentes frente a la invasión. La expresión "desfallecer el corazón" es idiomática, y equivale a decir "perder el ánimo", "se desanimaron".
Los profetas.
Los falsos profetas habían seducido al pueblo inspirándole un falso sentido de seguridad. Cuando no se cumplieron sus predicciones quedaron atónitos y consternados.
10.
En gran manera has engañado.
Algunos han encontrado que este versículo es difícil de comprender, ya que, aparentemente, se acusa a Dios de engañar. Se supone que es Jeremías el que habla. La forma más natural de entender el pasaje es tomar las palabras del profeta como si fueran una expresión, en palabras vigorosas, de lo que él siente (cf. Isa. 63: 17; Jonás 4: 3-4; etc.). Jeremías emplea un lenguaje similar en otras ocasiones (Jer. 20: 7). Es posible que el profeta estuviera esperando que se cumplieran rápidamente las promesas hechas antes (ver Jer. 3: 14-18). También puede haber pensado en las profecías 407 de 2 Sam. 7: 12-16 y 1 Rey. 2: 33, donde se predice la permanencia del trono de David. Por eso se sintió muy frustrado frente a la visión de la calamidad inminente.
Otros sugieren (1) que se modifiquen las vocales para que en vez de 'dije" pueda traducirse, "alguien dirá", etc. Así el sujeto podría ser uno del pueblo o uno de los falsos profetas. El Códice Alejandrino de la LXX dice "ellos dijeron", y sin duda "ellos" se refiere a los falsos profetas. (2) Que las palabras son las de los falsos profetas al darse cuenta de que sus predicciones de paz no se cumplen. (3) Que este pasaje presenta a Dios como haciendo lo que no impide (ver com. 2 Sam. 12: 11; 16: 22; 24: l), lo cual equivaldría a que Jeremías dijera: "Has permitido que fueran engañados en gran manera por sus falsos profetas" (cf. 1 Rey. 22: 22; Isa. 63: 17; Eze. 14: 9; 2 Tes. 2: 11). (4) Que es una interrogación. "¿Es posible que permitas que tu pueblo sea engañado de esta manera?" (5) Que el término traducido como "engañado" debería traducirse como "chasqueado", o que se le debiera dar el sentido de permiso, con lo cual se leería: "Has permitido que este pueblo fuera en gran manera engañado".
11.
Viento seco.
Por causa de su violencia, su calor y su excesiva sequedad, el viento solano, seco y caluroso que soplaba desde el desierto oriental, era un azote climático para el país.
Las alturas.
Heb. shefayyim, "cerros pelados" (VM).
No para aventar.
En Palestina, las brisas prevalecientes eran las del oeste. Esos vientos no sólo refrescaban a los cosechadores, sino que servían para ayudar a aventar el grano. Pero un fuerte viento seco del este no era ni útil ni benéfico; arruinaba la vegetación y era demasiado violento para aventar el grano; era un mal sin mezcla de bondad, un símbolo apropiado del castigo sin misericordia.
12.
Viento más vehemente que éste.
Un viento más fuerte que el que servía para aventar y limpiar. Un viento tan fuerte como el que se describe aquí aventaría el grano junto con el tamo.
A mí.
O "para mí" "De mi parte" (BJ, VM).
Juicios contra ellos.
Este terrible viento solano era el símbolo de los juicios que estaban a punto de caer sobre los pecadores de Judá y Jerusalén. Dios pronunciará sentencia con hechos y no con palabras. En hebreo es enfático el pronombre "yo": "Yo pronunciaré".
13.
Subirá.
El sujeto tácito de este verbo es sin duda el "destruidor" de las naciones (vers. 7). El verbo hebreo que se emplea aquí es usado con frecuencia para referirse a la iniciación de actividades bélicas (ver com. Juec. 1: 1).
Como nube.
Este símil posiblemente represente la velocidad con la cual se abalanza el destruidor para ejecutar los castigos divinos y a las grandes masas del ejército invasor (cf. Eze. 38: 16; Joel 2: 2).
Torbellino.
Sin duda, esta figura representa la velocidad del enemigo y la confusión que resulta de su invasión.
Más ligeros... que las águilas.
Una figura frecuente en la Biblia (Jer. 48: 40; Deut. 28: 49; 2 Sam. 1: 23; Lam. 4: 19; Hab. 1: 8).
¡Ay de nosotros!
El pueblo clama con terror y aprensión al encontrarse desvalido en manos de las fuerzas invasoras (vers. 20; cap. 9: 18-19).
14.
Lava tu corazón.
La única esperanza de liberación para Jerusalén dependía de un arrepentimiento cabal y de una reforma de todo corazón. Ninguna reforma puede salvar si no alcanza al corazón. Debe limpiarse el manantial antes de que la fuente pueda ser pura. El árbol debe ser bueno para que pueda dar buen fruto (Isa. 1: 16-17; Mat. 15: 19; 2 Con 7: 1).
Para que seas salva.
Aunque este pasaje se refiere en primer lugar a la liberación temporal de los castigos inminentes, la regeneración espiritual debería acompañar al verdadero lavamiento del corazón (cf. 2 Tes. 2: 13; Tito 3: 5).
15.
Desde Dan.
El límite norte de Palestina (Deut. 34: 1), que frecuentemente aparece relacionado con Beerseba, el límite sur (Juec. 20: 1; 1 Sam. 3: 20; etc.). Dan estaba al pie del monte Hermón, junto a las primeras estribaciones de los montes del Líbano. Originalmente fue una colonia sidonia llamada Lais. Los "hijos de Dan" se trasladaron al norte del país, tomaron la ciudad de Lais, y la llamaron "Dan" (ver com. Jos. 19: 47). Cuando Jeroboam puso allí uno de los becerros de oro (1 Rey. 12: 29), la ciudad se transformó en un importante centro de idolatría. Desde este extremo norte del territorio llegarían los primeros informes del acercamiento del ejército caldeo.
El monte de Efraín.
Con referencia a la 408 localización geográfica y el significado de este lugar, ver Nota Adicional de 1 Sam. 1. La mención de Efraín inmediatamente después de Dan, indica que la noticia de la invasión cundió rápidamente, o que la misma fue muy rápida. La frontera de Efraín estaba a corta distancia de Jerusalén.
16.
Decid.
El profeta invita a las naciones vecinas a que sean testigos del castigo que está a punto de sobrevenir al pueblo escogido. La caída de Jerusalén debería servir como advertencia para los paganos.
Guardas.
Los asediadores caldeos vigilarían tan de cerca a Jerusalén, que sólo unos pocos, si era que podían, escaparían (Isa. 1: 8).
17.
Como guardas de campo.
En Palestina por lo general no se cercaban los campos cultivados. Se marcaban los límites con piedras colocadas a intervalos como hitos (ver com. Deut. 19: 14). Se hacía necesario que alguien guardara los campos a fin de evitar el daño que pudieran causar los animales o los ladrones. Jeremías compara las tiendas y las fortificaciones del ejército de Nabucodonosor, con las cabañas o enramadas levantadas por los pastores y los cuidadores de los campos para proteger sus ganados y rebaños, y la producción agrícola.
18.
Tu camino y tus obras.
Esta frase, que aparece con frecuencia, describe las costumbres y los hábitos de una persona (cap. 7: 3, 5; 18: 11; 26: 13; 35: 15).
Te hicieron esto.
Ver com. cap. 2: 14; Sal. 107: 17; 1JT 160.
Tu maldad.
La palabra hebrea así traducida puede referirse tanto a la impiedad como a la calamidad que resulta de ella (ver com. cap. 1: 14). En este contexto cabe mejor la segunda acepción.
19.
¡Mis entrañas!
Un grito de profunda angustia. Los hebreos consideraban que la sede de las emociones más profundas se encontraba en las entrañas (Gén. 43: 30; 1 Rey. 3: 26). Este versículo consta de una serie de angustiosas interjecciones que expresan una tristeza enorme que raya en la desesperación. El profeta expresa aquí lo que siente ante la calamidad que se avecina. Dios le reveló a Jeremías la terrible destrucción y la total desolación que sobrevendrán a Judá en los días de Nabucodonosor (ver com. Jer. 1: 14). Sus palabras también describen los días finales de angustia que sobrevendrán al mundo impenitente (CS 355-356; 3JT 284).
20.
Quebrantamiento.
Literalmente, "rotura", "colapso", "quebradura".
Es anunciado.
Se recibirían noticias de catástrofe tras catástrofe (cf. Deut. 32: 23; Eze. 7: 26).
Toda la tierra.
La palabra Heb. 'érets, traducida "tierra", puede referirse a un territorio o al globo terráqueo. La destrucción que se describe en este capítulo se aplica en primer término a la desolación de la tierra de Judá efectuada por el ejército babilonio, pero también describe las condiciones que habrá en el gran día de Dios, al final del tiempo (Ed 176; CS 355-356).
Mis tiendas.
Es decir, las viviendas.
Cortinas.
Los "toldos" de las tiendas Jer. 10: 20; Isa. 54: 2).
21.
¿Hasta cuándo?
El clamor desesperado del que no ve ninguna perspectiva de que la guerra termine pronto.
Bandera.
Ver com. vers. 6.
22.
Porque.
Aunque Dios no responde directamente a la pregunta en cuanto a la duración de estos castigos, presenta la causa moral de ellos. Es obvio que mientras el pueblo de Dios persista en la necedad de la rebelión, puede esperarse que continúen los juicios o castigos.
23.
Miré.
El profeta presenta una descripción gráfica de lo que le fue mostrado en visión profético. La expresión "miré..., y he aquí", aparece cuatro veces en los vers. 23-26.
La tierra.
Heb. 'érets, "tierra", ya sea un territorio o el mundo (ver com. vers. 20). Con referencia a la aplicación de la profecía al presente inmediato, o al futuro próximo o al más distante, ver com. Deut. 18: 15; también PP. 27-40. En su aplicación secundaria, Jer. 4: 23-27 puede también interpretarse como una descripción de la desolación de la tierra durante el milenio (ver CS 717).
Asolada y vacía.
Esta misma frase describe la condición original de la tierra (Gén. 1: 2). La tierra volverá parcialmente a esta condición en el gran día de Dios (CS 717; ver com. Apoc. 20: l).
No había en ellos luz.
Compárese con Gén. 1: 2; ver com. Jer. 4: 24.
24.
Temblaban.
El profeta describe en lenguaje figurado, tal como le fue presentada, la situación reinante en Jerusalén durante el asedio (ver com. vers. 25).
Fueron destruidos.
Mejor, "trepidaban" (BJ), "se conmueven" (VM). 409
25.
No había hombre.
En la escena que se muestra al profeta no se veía señal alguna de vida humana (ver com. cap. 36: 29; 44: 22).
26.
El campo fértil.
Específicamente, una plantación de árboles frutales, "vergel" (BJ), la parte más fértil de toda la tierra (ver com. cap. 2: 7). La tierra, una vez fértil y productiva ahora se había transformado en un desierto asolado.
27.
No la destruiré del todo.
Aunque la destrucción descrita sería terrible, no habría una aniquilación definitiva. El profeta predijo que Israel y Judá volverían a su tierra (ver com. cap. 3: 14-18). Del mismo modo la tierra, aunque sea reducida a la desolación durante el milenio, florecerá de nuevo (2 Ped. 3: 12-13).
28.
Por esto.
Se personifica a los diferentes elementos de la naturaleza: se enlutan por la desolación de la tierra.
Se oscurecerán.
Se describe a los cielos como amortajados con oscuras nubes de luto por causa de la tierra desolada.
Porque hablé.
La angustia venidera era tan segura como la condición pecaminosa que había motivado el castigo.
29.
Toda la ciudad.
O "todas las ciudades", como se traduce la Misma frase hebrea en la última parte de este mismo versículo. Los habitantes de las ciudades huirían cuando se aproximara el ejército enemigo.
Gente de a caballo y.. flecheros.
En los monumentos asirios y babilónicos siempre se representa a estas dos clases de guerreros.
A los peñascos.
Durante la historia de los judíos se habían usado muchas veces las cuevas y las peñas como lugares de refugio (Juec. 6: 2; 1 Sam. 13: 6; 14: 11; 24: 3; 1 Rey. 18: 13; Jer. 16: 16).
No quedó en ellas morador.
Heb. 'ish, "no hubo habitante varón en ellas". Se emplea la palabra 'ish, que designa a un varón adulto, y no la palabra 'adam (que aparece en el vers. 25) que se emplea en sentido genérico.
30.
Tú, destruida.
Jerusalén (vers. 31) aparece aquí como una mujer que en vano se adorna para agradar a sus admiradores.
¿Qué harás?
¿Qué podrá hacer la "hija de Sión" (vers. 31) cuando sea asediada por los babilonios? No tiene en qué basar su orgullo y su confianza porque su condición es desesperada. ¿Por qué sigue esperando, a pesar de todo, que de alguna manera habrá de salvarse?
Pintes con antimonio tus ojos.
Se refiere a la costumbre de las mujeres del Cercano Oriente de pintarse los ojos con antimonio (ver com. 2 Rey. 9: 30). Este polvo negro tiene brillo metálico y da a los ojos la apariencia de ser más grandes y luminosos.
Tus amantes.
Las potencias extranjeras a quienes Jerusalén estaba constantemente cortejando. Judá buscó repetidas veces seguridad en las alianzas con poderes extranjeros (ver com. cap. 2: 33, 36); pero todos los esfuerzos por encontrar la seguridad en estos, "amantes" extranjeros nada aprovecharían.
31.
Hija de Sión.
Personificación poética para representar a la ciudad de Jerusalén o a sus habitantes (Isa. 1: 8).
Lamenta.
"Gime" o "jadea", como si le faltara el aire.
Extiende sus manos.
Figura que indica angustia y clamor en procura de alivio y ayuda (Lam. 1: 17).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
3 3JT 312; PR 303; PVGM 41; RC 63; 5T 53
14 PR 303
19-20 CS 356; Ed 176; 3JT 284; PR 395, 536
22 4T 596
23-26 Ed 176; 3JT 284; PR 537
23-27 CS 717; PE 289; SR 415 410