ISAÍAS

CAPÍTULO 2
1 Isaías Profetiza la venida del reino de Cristo. 6 La impiedad es la causa del rechazo de Dios. 10 Exhorta a temer, debido a los poderosos efectos de la majestad de Dios.

1 LO QUE vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén.
2 Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.
3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.
4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.
5 Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová.
6 Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos; y pactan con hijos de extranjeros.
7 Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos, y sus carros son innumerables.
8 Además su tierra está llena de ídolos, y se han arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos.
9 Y se ha inclinado el hombre, y el varón se ha humillado; por tanto, no los perdones.
10 Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad.
11 La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día.
12 Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido;
13 sobre todos los cedros del Líbano altos y erguidos, y sobre todas las encinas de Basan;
14 sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados elevados;
15 sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte;
16 sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas las pinturas preciadas.
17 La altivez del hombre será abatida, y la 145 soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová será exaltado en aquel día.
18 Y quitará totalmente los ídolos.
19 Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra.
20 Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase,
21 y se meterá en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levante para castigar la tierra.
22 Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA

1.
Acerca de Judá y de Jerusalén.
Ver com. cap.1: 1.
2.
Acontecerá.
El mensaje de los vers. 2-4 ha sido interpretado de diversas maneras. La profecía: (1) se refiere al milenio en que habrá paz en la tierra, y los judíos serán restaurados a su patria ancestral y recuperarán su condición de pueblo escogido de Dios, gobernarán la tierra y lograrán la conversión del mundo; (2) describe un falso reavivamiento religioso que tendrá lugar en el final de la historia de la tierra, patrocinado por el cristianismo apóstata y diseñado para convertir al mundo, tal como se alude en 1 Tes. 5:1-5; Apoc. 13:11-17; etc.; (3) presenta el plan original que Dios tuvo de que el Israel literal llegara a ser su instrumento para salvar al mundo, pero que debido al fracaso y al rechazo de Israel, la predicción hecha aquí será cumplida por el pueblo escogido de Dios cuando éste proclame el Evangelio hasta los confines del mundo.
Como ocurre con todos los pasajes bíblicos, la única manera de determinar el verdadero sentido de Isa. 2:2-4 y su importancia para la iglesia de hoy, consiste en estudiar este pasaje dentro del contexto de toda la Biblia, y determinar lo que las Escrituras mismas dicen al respecto. Ver en las pp. 27-40 el estudio cuidadoso de lo que la Biblia enseña en cuanto a los problemas básicos implicados en las diversas interpretaciones imaginativas referentes al retorno de los judíos a Palestina y al papel de Israel dentro del plan divino. Ver en CM 439-441, los comentarios que hace Elena de White acerca del pasaje paralelo de Miq. 4:1-3. En esos comentarios ella afirma que ese pasaje es una de las lecciones prácticas que deben animar a la iglesia de hoy.
Debe señalarse que Miq. 4:1-3 es casi idéntico a Isa. 2:2-4. Él estudio del contexto de Miqueas ayudará a comprender este pasaje paralelo en Isaías. Estos dos profetas fueron contemporáneos durante varios años.
Lo postrero de los tiempos.
Heb. be'ajarith hayyamim, literalmente ,en el fin de los días". La palabra 'ajarith generalmente designa el fin de cualquier período, sea corto o largo. 'Ajarith aparece en relación con (1) el fin de los 430 años de la permanencia en Egipto (ver com. Gén. 15:13, 16), después de lo cual Israel poseería la tierra de Canaán (Gén. 49: 1); (2) el final de la peregrinación por el desierto (Deut. 8:16); (3) la conclusión de un período futuro de tribulación y exilio (Deut. 4: 30; Ose. 3: 5); (4) la terminación de un período histórico (Deut. 31: 29); (5) el resultado definitivo de determinada conducta (Prov. 14: 12;
23: 32; Isa. 47: 7); (6) "el fin" del año (Deut. 11: 12), y (7) la terminación de un período de prueba en la vida de un hombre (Job 42: 12). En las profecías bíblicas se emplea en relación con (1) el final del poderío de Grecia (Dan. 8: 23); (2) el fin de los 1.260 y los 2.300 días (Dan. 10: 14; 8: 19); (3) la reunión de los gentiles al fin del tiempo (Isa. 2: 2; Miq. 4:1; (4) la batalla de Gog y Magog inmediatamente antes del establecimiento del reino mesiánico (Eze. 38: 6-7, 16); (5) el gran día del juicio final (Jer. 23: 20; 30: 24); (6) el fin de los impíos (Sal. 37: 38).
En la LXX, la palabra 'ajarith se traduce comúnmente por ésjatos, "último", "final". Es lo contrario de re'shith, "comienzo" (ver com. Gén. 1: 1). Esto puede verse claramente en Isa. 41: 22; 46: 10, donde se hace el contraste entre "principio" y "postrimería", "lo por venir" y "principio".
El uso bíblico de la palabra 'ajarith muestra que en cada caso, es el contexto lo que deberá determinar cuán distante está ese "fin". El contexto de la frase "lo postrero de los tiempos", en Isa 2: 2, se refiere a la manifestación de la "majestad" de Dios (vers. 10), al día cuando sólo Jehová "será exaltado" (vers. 11,17), al "día de Jehová" (vers. 12), al tiempo cuando "él se levante para castigar la tierra" 146 (vers. 19). Compárese Isa. 2: 10-21 con Apoc. 6: 14-17. El contexto del pasaje paralelo de Miq. 4: 1-4 habla del tiempo cuando "Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre" (vers. 7), y se refiere al tiempo de la restauración del "señorío primero" a Sion (vers. 8), luego del cautiverio babilónico (vers. 10). Por lo tanto, "lo postrero de los tiempos" de Isa. 2: 2 precede inmediatamente al establecimiento del reino mesiánico .En consonancia con los principios de interpretación expuestos en las pp. 31-32, la edad mesiánica, según el plan que Dios tuvo originalmente para con Israel debería haber venido como clímax del período de restauración después del cautiverio babilónico (ver PR 519-520). Pero Israel no satisfizo las condiciones necesarias para que Dios pudiera cumplirle las numerosas promesas de gloria nacional y dominio universal. Como resultado, la predicción de Isa. 2: 1-4 nunca se cumplió en el Israel literal.
El monte de la casa de Jehová.
En la LXX, esta frase aparece como "el monte del Señor y la casa de Dios". La frase "casa del Señor" o casa de Jehová" se emplea comúnmente en el AT para designar el templo (1 Rey. 8: 63; etc.), situado en el monte de Moriah (ver com. 2 Crón. 3: 1; cf. Jer. 26: 18; Miq. 3: 12). Este lugar, escogido por el Señor como centro de su culto (Deut. 12: 5-6, 14; 16: 16), llegó a ser centro y símbolo del judaísmo (1 Rey. 8: 29-30; etc.). El sistema religioso judío estaba íntimamente ligado con el templo y sus servicios, que su destrucción en 586 a.C. y en 70 d.C. dejó prácticamente interrumpido el sistema de sacrificios. Cuando jeremías predijo la desolación del templo, los dirigentes religiosos de la nación pidieron a gritos su muerte (Jer. 26: 1-9). La falsa acusación de que Jesús había dicho que destruiría el templo fue la peor acusación que los falsos testigos pudieron inventar contra él (Mar. 14: 58; 15: 29; cf. Juan 2: 19). Los atrios interiores del templo eran los únicos lugares en Jerusalén de los cuales los gentiles estaban excluidos bajo pena de muerte (Hech. 21: 28-3l).
Por esto, decir que "el monte de la casa de Jehová" sería exaltado como "cabeza de los montes" equivalía a decir que el Dios de Israel sería honrado por encima de los otros dioses y religiones. La palabra "monte" es símbolo de poder y, por lo tanto, de dominio nacional (Isa. 2: 14; Jer. 51: 25; Eze. 6: 2-3; 36: 1, 4; Zac. 4: 7; Apoc. 17: 9-10). Daniel presenta al reino de Dios como transformándose en "un gran monte que llenó toda la tierra" (Dan. 2: 35). En Isa. 11 : 1, 10; 56: 6-8 también se hace alusión a los gentiles que vendrían al "santo monte" de Dios.
Como cabeza de los montes.
Heb. bero'sh heharim, frase que también puede traducirse como el "principal de los montes" o "en la cima de los montes" (BJ). En todo caso el sentido es el mismo. Si la frase "el monte de la casa de Jehová" representa la religión de Israel, "los montes" debe significar las otras religiones de la tierra. Por estar íntimamente ligado al judaísmo como fe religiosa, Israel sería también "confirmado" como nación sobre las otras naciones de la tierra (ver pp. 31-32; PP 324).
Correrán a él todas las naciones.
Según el plan que Dios originalmente formuló para Israel como su instrumento escogido para la salvación del mundo, habría de llegar el tiempo cuando las naciones de la tierra aceptarían la superioridad y liderazgo de Israel como nación (ver pp. 29-30). Vez tras vez se repite en los escritos proféticos del AT, y sobre todo en Isaías, el cuadro glorioso del ensalzamiento de la nación de Israel (PR 272- 273). Dice el profeta que los gentiles correrían a Israel por el interés de Jehová su Dios (cap. 55: 5); habla de naciones que vendrían de lejos (cap. 45: 14; 49: 6-8, 12, 18, 22) para unirse con Israel (cap. 14: 1) y con Jehová (cap. 56: 6); declara que Dios mismo los conduciría a su "santo monte", el cual por esa razón llegaría a ser "casa de oración para todos los pueblos" (cap. 56:7-8), y que los gentiles llevarían su riqueza a Jerusalén (cap. 60:311). Jeremías dice que todas las naciones gentiles vendrían "desde los extremos de la tierra" Jer. 16:19) y se reunirían "en el nombre de Jehová en Jerusalén" (Jer. 3:17). Zacarías previó el tiempo cuando "muchas naciones" se unirían a Jehová para ser pueblo suyo (Zac. 2:11) y "muchos pueblos y fuertes naciones" vendrían "a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén" (Zac. 8:21-22; cf. Zac. 14:16). De esta manera, el reino de Israel finalmente llegaría a ocupar toda la tierra (PVGM 232-233; Zac. 9:9-10). Aquellas naciones que se negaran a cooperar con el plan de Dios para unirse con Israel, perecerían (Isa. 60:12; cf. 54:3), y serían desposeídas (PVGM 232-233). Este glorioso cuadro del triunfo final de la verdad nunca se cumplió147 con el Israel literal, pero se cumplirá con el Israel espiritual. Es por esto que Isa. 2:1-5 se refiere al cuadro del glorioso triunfo del Evangelio por medio del instrumento escogido por Dios en nuestros días, que es su iglesia (ver com. Apoc. 18:1 y pp. 37-38).
3.
Vendrán muchos pueblos, y dirán.
En estas palabras, como en la afirmación del vers. 2 de que todas las naciones correrán a Jerusalén, el profeta Isaías coincide con las afirmaciones de otros profetas del AT en cuanto a lo que "dirán" otros pueblos. Al reconocer la evidente superioridad de Israel como nación (Deut. 4:6-7; 28:10; Isa. 61:9- 10; 62:1-2; Jer. 33:9; Mal. 3:12), y admitir que sus "padres" habían poseído "mentira" (Jer. 16:19), las naciones gentiles se dirían mutuamente: "Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos" (Zac. 8:21-22). Y a Israel le dirían: "Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros" (Zac. 8:23). Esta promesa de la reunión de las naciones para adorar al verdadero Dios, nunca se cumplió con el Israel literal, debido a que no alcanzó las condiciones exigidas; pero se cumplirá espiritualmente con el pueblo de Dios en esta generación (ver pp. 34-35, 37).
Venid, y subamos.
Si Israel hubiera sido fiel a Dios, los gentiles habrían pronunciado estas palabras al darse cuenta de las ventajas de honrar al verdadero Dios. Compárese con las palabras de Zac. 8:21, 23: "Vamos a implorar el favor de Jehová... Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros".
Monte de Jehová.
Equivale a "monte de la casa de Jehová" (vers. 2). Es otra forma de decir: "Vayamos a Jerusalén". En el rollo 1QIsª de los Manuscritos del Mar Muerto (ver t. I, p. 35; t. IV, pp. 128-130), no aparece la frase "al monte de Jehová".
Casa.
Es decir, el templo de Jerusalén (ver com. vers. 2).
Dios de Jacob.
O sea, "Dios de Israel". Cuando Dios hizo un pacto con Jacob le puso el nombre de Israel (ver com. Gén. 32: ,28). El hecho de que los gentiles no dijeran solamente, "Vayamos a Jerusalén", sino "Subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob", indica que comprendían plenamente que la grandeza de Israel se debía a la cooperación del pueblo con el plan divino, y que ese pueblo adoraba al verdadero Dios.
Nos enseñará sus caminos.
En el cap. 55: 5, Isaías menciona que las naciones correrían hacia Jerusalén "por causa de Jehová tu Dios". Cuando siguieran "a Jehová para servirle" y amar su nombre (cap. 56: 6-8), el templo literalmente se transformaría en "casa de oración para todos los pueblos". Ver pp. 3032.
Caminaremos por sus sendas.
De todas las naciones vendrían personas para unir sus intereses con los de Israel, diciendo: "Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros" (Zac. 8: 23). Finalmente quedaría "también un remanente para nuestro Dios" (cap. 9: 7), y todas las naciones subirían "de año en año para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos" (cap. 14:16). Esto sucedería después de que "las naciones que vinieron contra Jerusalén" (vers. 16) hubieran sufrido el castigo impuesto por Dios (vers. 12-13, 19) y el Señor fuera "rey sobre toda la tierra" (vers. 9).Cf. Eze. 38: 8, 16, 18, 20-23; 39:1-3; Zac. 12: 2-3, 8-9; 14:1-3.
De Sion.
Jerusalén debería haberse "destacado en la gloria de la prosperidad, como reina de los reinos" y haberse establecido "como poderosa metrópoli de la tierra" (DTG 529-530). Tanto el templo (PR 32) como la ciudad "habrían sido para siempre" (CS 21). Las naciones de la tierra hubieran honrado a los judíos y los hubieran reconocido como depositarios y expositores de la ley divina para todos los pueblos (Deut. 4:7-8; Rom. 3:1-2). Los principios revelados por medio de Israel debían transformarse en "los medios de restaurar la imagen moral de Dios en el hombre" (PVGM 229). Y "a medida que aumentara el número de los israelitas, éstos habían de ensanchar sus fronteras, hasta que su reino abarcara el mundo" (PVGM 232-233).
4.
Juzgará.
No todas las naciones de la tierra estarían dispuestas a obedecer "la palabra de Jehová" que emanaría "de Jerusalén" (vers. 3). Los que se negaran a someterse a la autoridad de Dios, manifestada a través de los judíos como pueblo escogido del Señor, se unirían para conseguir por la fuerza de las armas lo que no habían estado dispuestos a obtener poniendo su carácter en armonía con la ley de Dios (Jer. 25: 32; Eze. 38: 8-12; Joel 3:1, 12; Zac. 12: 2-9; 14: 2). Al llegar a Jerusalén y sitiarla descubrirían, para su espanto, que en realidad luchaban con el Dios del cielo (Jer. 25: 31-33), y que él los juzgaría (Joel 3: 9-17) y destruiría allí mismo (Isa. 34: 1-8; 60: 12; 63:1-6; 66:15-18). Cuando los 148 paganos se hubieran concentrado en la zona del valle de Josafat (Joel 3: 2, 12), situada inmediatamente al este de Jerusalén, Dios se sentaría "para juzgar a todas las naciones de alrededor" (Joel 3:12). La palabra Yehoshafat (Josafat) significa literalmente "Jehová juzgará".
Reprenderá a muchos pueblos.
"Bien que todas las naciones de la tierra" se junten contra Jerusalén (Zac. 12: 3), "Jehova defenderá al morador de Jerusalén" (vers. 8) y destruirá a "todas las naciones que vinieron contra Jerusalén" (vers. 9). Lo que se describe en estos pasajes nunca se cumplió en el caso del Israel literal, puesto que la nación no desempeñó la misión que se le encomendó. Sin embargo, como lo señaló Juan el revelador (Apoc. 20: 7-15), esta profecía se cumplirá en cierta medida al final del milenio, cuando Satanás engañe a las naciones de la tierra, "a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla" (vers. 8), para rodear "el campamento de los santos" (vers. 9). Los impíos estarán "de pie ante Dios" y serán "juzgados" "por las cosas que estaban escritas en los libros" (vers. 11- 12), "cada uno según sus obras" (vers. 13). Las naciones de la tierra sabrán que Jehová es Dios (Eze. 38: 23). Cf. Zac. 12: 4; Apoc. 19:19-21.
Rejas de arado.
Heb. 'ittim, instrumentos agrícolas de hierro, probablemente "rejas de arado", piquetas, "azadones" (BJ). En acadio, la palabra designa la vara del tiro del arado. El contraste es claro: se transformarían las armas de guerra en herramientas de paz. Cuando los enemigos de Israel fueran vencidos, el remanente (Zac. 14:16) transformaría sus armas bélicas en herramientas pacíficas.
Este era el plan divino que nunca se cumplió en el caso del Israel literal.
No alzará espada.
Cuando los enemigos de Israel fueran eliminados, las naciones que quedaran se someterían voluntariamente al liderazgo de Israel. "La paloma de la paz hubiera salido de sus muros [de Jerusalén] rumbo a todas las naciones" (DTG 530). Jerusalén habría sido "habitada confiadamente (Zac. 14: 1 l). "Extraños no . . . [habrían pasado] más por ella" (Joel 3:17-18). En consonancia con su nombre, la ciudad sería "posesión de paz" o "fundamento de paz". De nuevo: el plan original que Dios tuvo para con Israel no se cumplió por causa de la apostasía.
Ni se adiestrarán más para la guerra.
Cf. Ose. 2: 18; Sal. 46:9. Los que creen que un retorno literal de los judíos a Palestina presagia su restablecimiento a la relación del pacto del AT, han interpretado que Isa. 2: 1-4 y su pasaje paralelo de Miq. 4:1-3 constituyen una predicción de mil años de paz, época en que los judíos gobernarán la tierra y la convertirán a Dios. Por supuesto, esta interpretación carece de base bíblica (ver pp. 27, 39). En un intento por demostrar el error de esta posición, algunos han procurado explicar que estos versículos de Isaías se refieren a un falso reavivamiento religioso. Esta interpretación debería examinarse comparando el pasaje de Isaías con otros pasajes similares del AT. Tal como se presenta en las pp. 27-40, la Biblia siempre aplica la descripción hecha aquí a la situación que habría prevalecido si Israel hubiese sido fiel a Dios, cuando los gentiles se hubieran unido al pueblo de Dios. Pero la infidelidad del Israel literal hizo que este propósito fuera imposible de realizar. En consecuencia, se cumplirá con el Israel espiritual mediante la proclamación final del Evangelio a las naciones de la tierra (Apoc. 14: 9-11; 18:1-4; ver pp. 37-38).
En CM 439 se cita parte del pasaje paralelo de Miq. 4:1-3 junto con Isa. 54: 11-14 y Jer 31: 33-34, como una de las muchas "lecciones prácticas en la Palabra de Dios, lecciones que Cristo quiere que maestros y padres presenten a los niños en la escuela y en el hogar". Se afirma que es uno de los pasajes bíblicos que "contienen gran estímulo" y "son un tesoro de perlas preciosas" (CM 440). Si Isa. 2: 1-4 y Miq. 4: 1-3 constituyen hoy una lección práctica de "gran estímulo" para el pueblo de Dios, difícilmente podrían describir un falso reavivamiento religioso. Sin embargo, cuando las palabras de Isaías y Miqueas se consideran dentro del marco y contexto de pasajes similares del AT, entonces se destaca su importancia. Nótese lo siguiente:
l.
Isaías afirma específicamente que el mensaje de los vers. 2-5 concierne a "Judá" y a "Jerusalén" (Isa. 2: l; cf. Miq. 4:2), el pueblo escogido de Dios. En todo el AT, "Judá" y "Jerusalén" siempre son el pueblo de Dios, a pesar de sus imperfecciones y defectos, y Dios los reconoce como tal (Núm. 23:21). Aquellos a quienes Dios no reconoce como su pueblo nunca son designados con el nombre de "Judá" y "Jerusalén". Nunca se dirige él a Babilonia, Egipto o Edom llamándolos "Judá" y "Jerusalén". Nótese también la 149
exhortación que se hace a la "casa de Jacob" en el vers. 5. La gloriosa perspectiva de la recompensa por la fidelidad a Dios debiera haber sido un gran incentivo para que Israel caminara "por sus veredas" (ver CM 439-440).
2.
Algunas veces se hace resaltar la frase "vendrán muchos pueblos, y dirán" (Isa. 2: 3), como evidencia de que estas palabras se oponen a lo que el Señor ha dicho. Sin embargo, debiera notarse que lo que aquí se afirma que dicen los "pueblos" está en plena armonía con la voluntad de Dios tal como se revela en otros pasajes de su Palabra, y que sería sumamente apropiado en boca de los que sinceramente aman al Señor. Además, en varios pasajes del AT con frecuencia se pone en boca de los gentiles convertidos al judaísmo esta misma idea, algunas veces expresada con las mismas palabras. Por ejemplo, compárese con Zac. 8: 21-23: "Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos... Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto de un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros". En este pasaje los "pueblos" de las "naciones" dicen exactamente lo mismo que se registra en Isa. 2: 3, y Dios confirma que lo dicen a Israel como representante de la congregación de las naciones. Difícilmente Podría concebirse que las palabras de Isa. 2:2-4 describan un falso reavivamiento y que las de Zac. 8: 21-23 se refieran a un verdadero reavivamiento. Ver también Deut. 4: 6-7; Isa. 45: 14; 49: 6, 12, 18, 22; 55: 5; 56: 6-8; 61: 3-11; Jer. 3:17; 16: 19; Zac. 2:11; 14:16; Mal. 3: 12.
3.
Las palabras de Isa. 2: 2 son palabra de Jehová y no la palabra de "muchos pueblos" (vers. 3). Dios mismo afirma en el vers. 2 la verdad de que "correrán... todas las naciones" al "monte de la casa de Jehová". Tomar como un falso reavivamiento religioso lo que Dios exige, equivale a negar que Dios sabía lo que estaba diciendo. En el vers. 2 Dios dice que "correrán a él todas las naciones", y en el vers. 3, "muchos pueblos... dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová". Es evidente que están actuando en armonía con Dios y no en oposición a él.
4.
Si las palabras pronunciadas por el pueblo en el vers. 3 describen un falso reavivamiento religioso, deben entenderse del mismo modo todas las otras expresiones similares del AT.
5.
Hacer coincidir las palabras de Isa. 2: 3 con el clamor de "paz y seguridad" de 1 Tes. 5:3 implica pasar por alto la importancia de pasajes del AT como Sal. 46:9; Ose. 2: 18. La promesa adicional de Miq. 4: 4, pronunciada por boca del Señor, junto con su contexto (vers. 5-8), deja en claro que estas palabras se refieren a la paz eterna del reino mesiánico (Isa. 32: 15-18).
Los escritos inspirados señalan claramente que en los últimos días habrá un gran movimiento de reavivamiento religioso falso. Pero al estudiar la siguiente evidencia también se deduce que Isaías no escribió en cuanto a ese falso reavivamiento.
Cristo predijo que el mensaje de los predicadores del falso reavivamiento religioso sería de tal naturaleza que engañaría, "si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:23-27). Se nos dice que "el engaño se asemejará tanto a la realidad, que será imposible distinguirlo sin el auxilio de las Santas Escrituras" (CS 651). Cuando llegue ese tiempo, sólo el amor genuino por la verdad y una atención muy diligente a las instrucciones dadas mediante la Biblia y el espíritu de profecía nos proteger án de los engaños del enemigo, los espíritus seductores y las doctrinas de demonios (Ose. 4:6; 2 Tes. 2: 9-12; 6T 401; 3JT 276; TM 475).
Excepto los que conocen y aman la verdad, todo el mundo se descarriará por causa de estos engaños (Apoc. 13: 13-15; CS 618). A medida que las iglesias cristianas nominales se unan, los dirigentes religiosos populares verán en esa unión un gran movimiento para evangelizar al mundo. En realidad enseñarán específicamente que todo el mundo se convertirá (CS 645-646; PE 260-261; cf. 282). Este falso reavivamiento sucederá justamente antes de la proclamación del último gran mensaje divino de misericordia y advertencia presentado en Apoc. 18:1-4, y procurará impedir que los hombres acepten el mensaje de Dios (CS 517). Este es el clamor de "paz y seguridad" mediante el cual Satanás desea crear en los hombres una falsa sensación de seguridad, una modorra de la cual no despertarán hasta que sea demasiado tarde (1 Tes. 5:1-5; cf. Jer 6:14; 8: 11; PE 282; PP 93-94; CS 618; PVGM 338- 339; 2JT 322). 150
Se unirán en este gran movimiento de falso reavivamiento todos los que tengan una forma externa de piedad pero nieguen la eficacia de ella (2 Tim. 3:1, 5).
Como el falso reavivamiento se asemejará tanto al verdadero, naturalmente la descripción bíblica del verdadero también será en cierta medida una descripción del falso. Así, en pasajes tales como Apoc. 14:6-1l; I8:1-4, y en otros que la Inspiración destaca como descripciones del verdadero reavivamiento de la piedad que será la obra final del Evangelio, sin duda es posible que se encuentren algunas características que Satanás procurará falsificar. Es apropiado y conveniente que estudiemos todo lo que la Inspiración nos ha revelado concerniente a estas cosas, haciendo un sincero esfuerzo a fin de estar preparados para la gran crisis que se avecina para la iglesia.
Al hacer frente a las falsas pretensiones y a la exégesis defectuosa del sionismo y de otros movimientos que confunden y aplican mal las profecías del AT, dándoles interpretaciones imaginativas, "nunca nos permitamos emplear argumentos que no sean completamente correctos . . . Debemos presentar argumentos sólidos, que no sólo acallen a nuestros oponentes sino que soporten el examen más estricto y escrutador" (2JT 313). Los escritos inspirados nos proporcionan mucha información concerniente al falso reavivamiento religioso, y al estudiar tan importante tema deberíamos limitarnos a esos pasajes bíblicos que claramente predicen tal movimiento. En esto, como en todo nuestro estudio y exposición de la Biblia, sobre todo de los mensajes de los profetas del AT, haríamos bien en seguir muy de cerca los principios expuestos en las pp. 27-40.
5.
Casa de Jacob.
Cuando el profeta Isaías pronunció este mensaje, el reino el norte, las diez tribus, aún no había sido llevado en cautiverio. Aunque los mensajes de Isaías se dirigían en primer lugar al pueblo de Judá y de Jerusalén (ver com. Isa. 1: 1), aquí se extiende a las doce tribus una invitación para caminar en "la luz de Jehová". Y si bien la apostasía del reino del norte era casi completa, la misericordia divina todavía invitaba a Israel para que se volviera a Dios antes de que terminara el día de la salvación.
Caminaremos.
El glorioso futuro que aguardaba a Israel, profetizado en los vers. 1-4, inspiró en el profeta una conmovedora exhortación a andar en "la luz de Jehová". El que ha captado una visión de lo que Dios tiene reservado para los que le aman y le sirven, no podrá conformarse más con logros mediocres.
El cumplimiento del deber conocido es la única evidencia válida de que se ha aceptado con sinceridad el ofrecimiento divino de misericordia. En verdad, una profesión de fe sin obras de obediencia es considerada "muerta" (Sant. 2:26). Jesús dice que los que oyen la palabra del Señor, pero no la obedecen, son como el hombre que construye su casa sobre arenas movedizas (Mat. 7:26- 27).
Luz de Jehová.
Es decir, la luz de la verdad que Jehová tan misericordiosamente envió por medio de sus siervos los profetas. En los días de Isaías esta luz era la salvación mediante el Mesías prometido, el cual, cuando vino, dijo de sí mismo que era "la luz del mundo" (ver com. Juan 8:12). El era la "luz verdadera.... la luz de los hombres" (Juan 1:9, 4). Compárese este pasaje con las fervientes exhortaciones de nuestro Señor a los dirigentes del Israel de sus días para que anduvieran en la luz mientras ésta aún estuviera en medio de ellos (Juan 12:35-36; cf. Juan 1:9-12).
6.
Tú has dejado.
En vez de hallarse en condiciones de percibir el glorioso destino que Dios les tiene preparado, prácticamente han apostatado. Ya no son leales, fieles, ni obedientes al Señor, sino que han sido abandonados y dejados de lado por sus grandes iniquidades. Dios ya no está con ellos ni de parte de ellos, sino en contra de ellos, porque lo han rechazado. Esta era la inflexible realidad de la situación, un contraste notable con la gloriosa perspectiva de la cual acaba de hablar Isaías. En los vers. 6-9 se describe la situación real de Israel en ese momento. En los vers. 10-22 se describe el resultado inevitable: lo que ocurriría en el "día de Jehová" (vers. 12). Debido a la apostasía de Israel, ese día traería oscuridad y terror a la "casa de Jacob", el profeso pueblo de Dios, y también al resto del mundo.
Traídas del oriente.
Al oriente de Palestina estaba Babilonia, conocida por sus astrólogos, agoreros y hechiceros (Dan. 2:2, 27; 4:7; 5:7, 1l). Por cuanto había abandonado al Señor y se había vuelto a las falsas religiones del Oriente, Israel perdió el favor de Dios.
Como los filisteos.
Los habitantes de Palestina fueron expulsados delante de Israel151 debido a sus muchas abominaciones, ya que habían prestado atención a "agoreros y a adivinos" (Deut. 18:10-14). A semejanza de los babilonios, los filisteos tenían sus sacerdotes ocultistas y sus adivinos (1 Sam. 6:2); y ahora el profeso pueblo de Dios estaba practicando estas cosas. En vez de buscar la luz en Dios, acudían a dirigentes que estaban relacionados con el príncipe de las tinieblas.
Pactan con hijos de extranjeros.
"Con extraños chocan la mano" (BJ). Israel había pactado diversos acuerdos con extranjeros, para participar con ellos en empresas comunes. Israel ya no era más un pueblo separado y peculiar. En política, comercio, religión e impiedad armonizaba con el mundo que lo rodeaba. Cf. 2 Cor. 6:14.
7.
Plata y oro.
Judá se había convertido en una nación comerciante, y el gran interés de su vida era adquirir riquezas. Eran ricos en oro y plata; pero pobres en rectitud y fe. El reinado de Uzías había sido largo y próspero. Uzías había triunfado en sus batallas contra los filisteos y los árabes, y había recibido tributo de los amonitas (2 Crón. 26:7-8). junto con la prosperidad vinieron el lujo y la decadencia moral. Se tiene cierta idea de la riqueza de Judá en los días de Isaías por el tributo que Senaquerib afirma haber recibido de Ezequías, tributo que incluía 30 talentos de oro (unos 1.026 k) y 800 talentos de plata (unos 27.360 k; ver t. I, pp. 173 y siguientes).
Caballos.
El Señor había dicho al pueblo de Israel por medio de Moisés que no debía "aumentar" sus "caballos" (Deut. 17:16); y mediante Samuel había advertido que, al nombrar un rey, el pueblo se vería obligado a mantener tanto caballos como carros (1 Sam. 8:11-12). Salomón tuvo muchos caballos y carros (1 Rey. 10:25-29), y sin duda Uzías siguió su ejemplo en esto. En los tiempos del AT los caballos se usaban mayormente para la guerra. El aumento de los caballos y carros desviaría la atención del pueblo, de la fe en Dios, y lo haría confiar en cosas materiales. En Miq. 5:10, 12-13 se afirma que, como castigo, el Señor destruiría los caballos y los carros junto con los ídolos, las hechicerías y los agoreros.
8.
Llena de ídolos.
El reinado de Acaz se caracterizó por una gran decadencia moral en la cual el rey y su pueblo abandonaron al verdadero Dios y se volvieron a la adoración de ídolos. Se hicieron imágenes de Baal (ver t. I, p. 182), se ofrecieron sacrificios humanos a dioses paganos, se erigieron altares en toda Jerusalén, se dedicaron altos para quemar incienso a los ídolos en todo el país, y se levantó un altar pagano en el atrio del templo, donde había estado el altar de bronce de Salomón (2 Crón. 28:2-4, 23-25; 2 Rey. 16:10-14).
9.
Se ha inclinado el hombre.
La humillación del "hombre" ('adam) y del "varón" ('ish) se refiere en este pasaje a la humillación de los humanos ante el Señor. Ahora no se humillan, pues son orgullosos y arrogantes; pero cuando venga el Señor serán humillados (ver Isa. 2:10-12).
No los perdones.
Cuando venga el "día de Jehová" (vers. 12), terminará el tiempo de gracia para los pecadores, y no podrán ya arrepentirse (Ose. 13:14; cf. Heb. 9:28). El Señor no los puede perdonar, porque no desean el perdón.
10.
Métete en la peña.
En Palestina abundaban (y aún hoy abundan) cuevas y cavernas que proporcionaban protección natural en tiempos de peligro (Juec. 6:2; 15:8; 1 Sam. 13:6; 14: 11; 24:3; 1 Rey. 18:4). En el gran "día de Jehová" la gente huirá aterrorizada hacia cualquier lugar de refugio, buscando protección de las calamidades que sobrevendrán en la tierra (Apoc. 6:15). El rollo 1QIsª no tiene la última frase del vers. 9, ni tampoco está el vers. 10 de Isa.1.
11.
La altivez de los ojos.
Los humanos han desafiado al Dios del cielo; han exaltado sus propias opiniones por encima de los decretos de Dios. En el gran día del juicio los orgullosos y altivos de la tierra serán humillados delante del Señor de los cielos (cap. 13:11).
Jehová solo.
Cf. Sal. 46:10. Cuando Dios venga en poder y gloria toda carne será como hierba delante de él. Entonces el Señor será conocido en toda su grandeza y majestad como Creador y Sustentador, no sólo de esta tierra sino del universo. Ensalzado sobre el trono de su gloria, es juez de todos los pueblos y Rey del universo.
Aquel día.
Es decir, el "día de Jehová" (vers. 12), cuando Jesús vuelva para reinar, cuando redima a su pueblo y destruya a los impíos (cap. 13:9; 34:8).
12.
Día de Jehová.
El "día de Jehová" es el día cuando se hará sentir la ira de Dios sobre las distintas naciones y sobre el mundo en general. Cuando una nación se vuelve tan impía que su suerte queda sellada, y el Señor152 pronuncia contra ella su sentencia final, ése es el "día de Jehová" para esa nación. Este día de juicio, específico y localizado, era para cada una de las naciones implicadas su "día del Señor". Estos juicios pronunciados contra Israel (Amós 5: 18), Judá y Jerusalén (Lam. 2: 22; Eze. 13: 5; Sof. 1: 7, 14, 18; 2: 2-3; Zac. 14: 1), Babilonia (Isa. 13: 6, 9), Egipto (Jer. 46: 10; Eze. 30: 3) y Edom, y los paganos en general (Abd. 15) son símbolos del día del juicio del Señor que vendrá sobre toda la tierra (1 Tes. 5: 2; 2 Ped. 3: 10). Ver también Isa. 34: 8; Joel 1: 15; 2: 1; 3: 14; Zac. 14: 1; Mal. 4: 5. Las profecías concernientes a un "día de Jehová" de efectos locales, con frecuencia pueden también describir el "día [universal] de Jehová", que acaecerá al fin del mundo. Asimismo Jesús entremezcló las predicciones de la caída de Jerusalén con las de su segunda venida.
Todo soberbio y altivo.
"Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Prov. 16: 18). El orgullo llevó a los hombres a oponerse a Dios y a oprimir a sus prójimos. El orgullo induce a los hombres a desafiar a Dios, obligándolo a transformarse en enemigo de ellos. En consecuencia, todo el poderío del cielo está desplegado contra ellos. Sólo es asunto de tiempo hasta que perezcan junto con todas sus obras. Isaías vio que el profeso pueblo de Dios se estaba jactando y gloriando de sus proezas. También lo vio humillado en el polvo ante el Creador en el gran día de Jehová.
13.
Los cedros del Líbano.
Muchas veces se compara la gloria y el orgullo de hombres y naciones con árboles hermosos (Isa. 14: 8; Eze. 31: 3-14; Dan. 4: 10-23; Zac. 11: 1-2), sujetos a ser cortados y despojados de su gloria.
14.
Los montes altos.
En la Biblia, los montes muchas veces representan reinos. Así como la ira de Dios caerá sobre los orgullosos y altivos en el gran día de su ira, así también acontecerá con las naciones orgullosas. Las naciones que se han vanagloriado y exaltado contra el Señor de los ejércitos serán abatidas y desoladas.
15.
Toda torre alta.
En contraste con las defensas que Dios proporciona a los suyos, éstas son las que inventan los hombres. Uzías había fortificado en gran manera las defensas de Judá: había construido fuertes torres en Jerusalén, había ampliado las murallas de la capital y erigido torres en diversas zonas rurales. Sus sucesores siguieron la misma política (2 Crón. 26: 9-10; 27: 3-4; 32: 2-6; Isa. 22: 8-11; Ose. 8: 14). Ninguna de esas defensas podría quedar en pie en el día de la ira de Dios.
16.
Las naves de Tarsis.
Grandes naves, capaces de llegar hasta Tarsis (en España) o en las cuales se transportaban los metales desde las refinerías hasta los centros comerciales. Navegaban por el Mediterráneo y el mar Rojo. Se las empleaba en el comercio con países distantes (1 Rey. 10: 22; 22: 48; 2 Crón. 20: 36). El castigo del cielo caería sobre todas esas empresas comerciales, pues estaban motivadas por el egoísmo y la codicia.
Todas las pinturas preciadas.
Mejor "todos los barcos cargados de tesoros" (BJ). La palabra hebrea sekiyyah debe traducirse como "nave" o "barco". Esta traducción corresponde mejor al contexto. La LXX traduce "naves". También es interesante notar que, en egipcio, skti significa "nave".
17.
La altivez del hombre.
Cf. vers. 11. Para darle mayor énfasis, se repite aquí un mensaje de condenación dirigido a los orgullosos y altivos. La humillación y la vergüenza serán el destino final de los que piensan y actúan contrariamente a los propósitos del Señor de los cielos.
19.
Las cavernas de las peñas.
Ver com. vers. 10. Nuevamente se pinta el cuadro de uno que busca amparo en las numerosas cuevas naturales y hendiduras de las rocas de Palestina, que con frecuencia brindaban un medio eficaz para escapar y defenderse en tiempos de peligro. Cf. Ose. 10: 8; Apoc. 6: 15-16.
Para castigar.
Mejor, "para hacer temblar" (BJ). La palabra hebrea 'arats significa "temblar" o "estar aterrorizado". Un gran terremoto ha de acompañar el regreso de Cristo. Cf. Isa. 2: 2l; Apoc. 11: 19; 16: 18. Esto traerá desolación a toda la tierra, anegará las grandes ciudades, desplazará las islas de sus lugares y arrancará las montañas de sus cimientos. Es la voz de Dios la que causará esta sacudida de la tierra (ver CS 694-695).
20.
Topos.
Pequeños animales (mamíferos insectívoros) que viven bajo tierra, en cuevas, ruinas o edificios deshabitados. A este tipo de lugar la gente huirá en busca de refugio (vers. 10, 19, 21).
Idolos de plata.
Los que corran a protegerse de la presencia de Dios las cuevas, desecharán sus ídolos, que ahora reconocen como incapaces de socorrerlos. No necesariamente 153 se trata de ídolos literales; podrían ser tesoros de oro y plata que han acumulado. Ahora ven que son totalmente inútiles y no pueden proporcionarles alivio alguno, y los desecharán como vanos.
21.
Las hendiduras de las rocas.
Con ciertas añadiduras y variantes, Isaías repite la figura del vers. 19. Este es el clímax de la escena que le fue presentada a Isaías de los terribles acontecimientos que habrían de sobrevenir a la tierra. Se acerca la hora cuando esta profecía se cumplirá (ver 3JT 142) y el Señor se revelará sacudiendo y castigando la tierra, y haciendo justicia contra los que a sabiendas han rechazado su misericordia y violado su ley.
22.
Dejaos del hombre.
Si tal es la suerte de los impíos, ¿por qué confiar más en ellos? El pueblo de Dios confiaba en su propia inteligencia y en la ayuda de sus vecinos paganos. Debía volverse a Dios para hallar en él su socorro y fortaleza.
El sentido de las palabras "Dejaos del hombre" es similar al de la advertencia de Cristo a sus discípulos, registrada en Mat. 10: 17: "Guardaos de los hombres". Vez tras vez Dios advirtió a Israel que no confiara en la fuerza humana, ni en la propia, ni en la de naciones vecinas como Egipto y Asiria, sino que más bien confiara en lo que Dios podría hacer y haría en su favor, si le era fiel. Como en el mar Rojo, en Jericó, y frente a las puertas de Jerusalén en los días de Senaquerib, Dios podía probar la suficiencia del poder divino.
Cuyo aliento.
Estas palabras hacen resaltar la fragilidad de la vida del hombre (Gén. 2: 7; 7: 22; Sal. 146: 3-4). Dios fue quien dio al hombre aliento de vida, y cuando queda sin aliento, la vida cesa. ¿Por qué se ha de depender de débiles seres mortales para obtener ayuda, cuando Dios promete proporcionar conducción y fortaleza?
¿De qué es él estimado?
"¿Qué vale él?" (BJ). ¿Quién es el hombre y qué puede hacer para que se deposite en él tanta confianza? Los hombres se vanaglorian y desafían al gran Dios del cielo, rechazando su Palabra y negándose a andar en sus caminos. Esos hombres serán raídos completamente junto con las cosas que han hecho, mientras que Dios y la verdad permanecerán para siempre. ¿Por qué acudir a los hombres que se han vuelto contra Dios? De toda la ponderada civilización que el hombre ha construido y de la cual se jacta tanto, nada valdrá la pena conservar. Sus elevadas torres y murallas, sus naves de Tarsis, sus tesoros de oro y plata, perecerán en el día cuando Jehová "se levante para castigar la tierra" (vers. 19). Los altivos y arrogantes serán humillados y sólo Jehová será ensalzado en ese día.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
5 EC 39; FE 222; 3T 190
8-9 PR 227
10-12 CS 696
11 PR 138
11-12 PR 227
17 1JT 40, 247
17-18 PR 536
19 1JT 495; 3JT 143; NB 452; MJ 87; OE 280
20 Ev 5l; MB 28O; 1T 169
20-21 CMC 237; CS 696; PP 354; PR 537; PVGM 352
21 1JT 495; MJ 87; PE 34
22 FE 222; 5T 301; TM 382, 484, 491