Hechos de los apóstoles

CAPÍTULO 2
1 Los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, hablan en diversas lenguas; unos los admiran, pero otros se burlan. 14 Pedro desaprueba a éstos, y les muestra que los apóstoles hablan así por el poder del Espíritu Santo; que Jesús resucitó, ascendió al cielo y ha derramado el Espíritu Santo sobre sus discípulos; que el Mesías (Jesús), un hombre conocido por ellos como aprobado de Dios por sus milagros, maravillas y señales, no fue crucificado sin la previa voluntad y conocimiento del Padre, 37 Pedro bautiza a un gran número de conversos, 41 los cuales perseveran en la doctrina, en la caridad y la oración. Los apóstoles hacen milagros, y crece la iglesia.

1 CUANDO llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.
14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
17 Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones. Y vuestros ancianos soñarán sueños;
18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo;
20 El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; 137
27 Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,
31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.
32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA

1.
Llegó.
Literalmente "al haberse cumplido". Esta forma verbal parece expresar que el día ya había llegado. Posiblemente se habla aquí de una hora matutina.
Día.
Hasta hoy los judíos palestinos celebran la fiesta de Pentecostés en un solo día; pero los judíos de la diáspora lo celebran durante dos días. Antiguamente se hacía esto para tener la seguridad de que la fiesta se celebrara en el día correcto.
Pentecostés.
Gr. pent'kost'- del adjetivo quincuagésimo", el cual es una referencia a los cincuenta días entre el comienzo de la fiesta de los panes sin levadura y la fiesta de las primicias (fiesta de las semanas o Pentecostés). Hasta donde se sepa, esta palabra griega se usó por primera vez para referirse a la fiesta judía de las semanas en Tobías 2: 1 (escrito c. 200 a. C.) y 2 Macabeos 12: 32 (c, 120 a. C), lo cual indica que se había empleado entre los judíos mucho antes de la era cristiana. Se comenta más ampliamente la fiesta de Pentecostés y su posición en el calendario judío en com. Exo. 23: 16; Lev. 23: 16; cf. t. I, p.722; t. II, pp. 109, 112; t. V, diagrama 10, p. 223. A continuación presentamos un breve resumen de los hechos importantes relacionados con el derramamiento del Espíritu Santo en esa ocasión. La fecha de Pentecostés depende de la fecha de la pascua. El cordero pascual era sacrificado el 14 de Nisán. El 15 de Nisán comenzaba la fiesta de los panes sin levadura, y el 16 se mecía delante del Señor una gavilla de las primicias de la cosecha de cebada (Lev. 23: 5-11). Desde el día 16 se contaban, de 138 acuerdo con el cómputo inclusivo, siete semanas y un día, es decir 50 días, hasta la fiesta de las primicias de la cosecha del trigo, que también se llamaba fiesta de las semanas, debido a las siete semanas que transcurrían (Lev. 23: 15-16). Esta era la fiesta que llegó a conocerse con el nombre de Pentecostés.
En vista de que en el año de la crucifixión, el 16 de Nisán cayó en día domingo (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26), Pentecostés, 50 días más tarde, de acuerdo con el cómputo inclusivo, también habría caído en domingo ese año. Sin embargo, este hecho no le da apoyo bíblico a la santidad del día domingo (ver com. Mat. 28: 1).
De todas las fiestas judías, la de Pentecostés era la que atraía el mayor número de peregrinos de tierras lejanas. Los peligros propios de los viajes por mar y tierra a comienzos de la primavera o a fines del otoño (Hech. 27: 9), impedían que vinieran muchos de lugares lejanos para la pascua o para la fiesta de los tabernáculos. Pero la temporada de Pentecostés era favorable, y en ninguna otra fiesta habrían estado presentes en Jerusalén tantos representantes de otras naciones. No había ninguna otra ocasión cuando el don del Espíritu podría producir efectos tan directos, inmediatos y abarcantes. Además, el tipo de ofrendas, que eran principalmente de paz y de consagración, le daban a la ocasión un carácter de gozo. El pan era leudado, lo cual indicaba un nuevo espíritu de liberación y comunión que se manifestaba en medio de los celebrantes mientras se regocijaban juntos. La fiesta de Pentecostés se parecía mucho a una fiesta de cosecha. Hasta Pablo, que poco se interesaba en festividades como éstas (Rom. 14: 5), tenía deseos de celebrar la fiesta de Pentecostés en Jerusalén a pesar de sus viajes misioneros en Asia y Grecia (Hech. 18: 21; 20: 16).
Cada aspecto de la antigua fiesta de las semanas tenía un sentido figurado, lo que la hacía un símbolo de la obra que estaba a punto de consumarse. Como era la fiesta de las primicias, era apropiado que fuera la ocasión de la primera cosecha de los campos que ya estaban "blancos para la siega" (Exo. 23:16; Juan 4: 35). Cuando los israelitas recordaban en esta fiesta que habían sido esclavos en Egipto, podían sentir otra vez la libertad que les había dado el éxodo (Deut. 16: 9-12) y su liberación de la esclavitud (Lev. 23: 21). Por lo tanto, era un momento apropiado para el derramamiento del Espíritu del Señor, pues "donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Cor. 3: 17). Ese Espíritu habría de guiar a la iglesia en la verdad, la cual ciertamente libera a todos los que la reciben (Juan 8: 32).
Es interesante recordar que los rabinos, quienes computaron el intervalo entre la primera pascua y la entrega de la ley en el Sinaí, llegaron a la conclusión de que Dios "habló" (expuso con palabras) la ley al pueblo (Exo. 20: 1) en el día que más tarde fue observado como Pentecostés (Talmud, Pesaj 68b). Se cree que por medio de esta tradición la fiesta adquirió una naturaleza conmemorativa.
Pentecostés era un día importante en la vida de los israelitas, y se constituyó en un símbolo apropiado de un día aún más importante, cuando el Espíritu de Dios descendió sobre todos los que estaban preparados para recibirlo.
Todos.
Probablemente se refiera a los 120 y a otros creyentes que pudieron haberse unido a ellos.
Unánimes juntos.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "estaban todos reunidos en un mismo lugar" (BJ).
Aunque en el griego no se afirme que estaban "unánimes", es evidente que había unidad entre los discípulos. Los celos manifestados cuando no pudieron sanar al muchacho endemoniado (Mar. 9: 14-29; DTG 394,396398), cuando luchaban por los primeros puestos (Luc. 22: 24) y cuando se negaron a lavarse mutuamente los pies (Juan 13: 3-17; DTG 599-600), habían sido eliminados de sus corazones por las agonías de la crucifixión, la gloria de la resurrección y la majestad de la ascensión. Su Maestro había resucitado el día del ofrecimiento de la gavilla de cebada mecida, que lo representaba a él, las primicias. Durante 40 días Jesús había estado con ellos repetidas veces. Desde la ascensión habían transcurrido diez días, durante los cuales habían aguardado "la promesa del Padre". ¿Qué les depararía esa promesa? Los diez días de espera habían sido de ferviente oración (Hech. 1: 14), elevada con espíritu de unanimidad (HAp 29-30). Esta es la verdadera unidad que debe caracterizar al pueblo de Dios cuando aspire a disfrutar de una experiencia especial con su Señor, o espere de él una manifestación de poder. Todo lo que impida tal unidad debe quitarse para que no obstaculice la obra del Espíritu, que es la 139 obra de Dios en favor de su pueblo.
Es probable que todos estuvieran en el mismo aposento alto donde se había celebrado la última cena (Luc. 22: 11-14), lugar donde posiblemente también se refugiaron los discípulos después de la crucifixión, y al cual volvieron después de que Jesús ascendió (ver com. Hech. 1: 13). Algunos suponen que es probable que los discípulos se estuvieran reuniendo en uno de los aposentos del templo, a los cuales Josefo (Antigüedades viii. 3. 2) llama bikoi, "casas", y que podían ser usados por un grupo de amigos o miembros de una fraternidad durante una fiesta. Sin embargo, parece poco probable que los discípulos se hubieran arriesgado a que se los viera juntos en un lugar público como eran los recintos del templo.
2.
De repente.
Sin advertencia, en forma inesperada. Los 120 no podían tener ninguna idea de la manera en la cual habría de llegar el Consolador.
Del cielo.
Del mismo lugar de donde vino el Espíritu Santo para descender sobre Jesús cuando fue bautizado (Mat. 3: 16; Luc. 3: 2 1-22).
Estruendo.
Gr.' jos, "sonido", "ruido"; de donde deriva "eco". Lucas la usa en su Evangelio (cap. 21: 25) para describir el rugido de las olas del mar, y el autor de Hebreos (cap. 12: 19) para referirse al sonido de la trompeta tocada en el Sinaí.
Un viento recio.
Literalmente "un viento violento llevado", es decir, "un viento que sopla impetuosamente" (NC). Nótese que no fue un viento, sino "como" viento. La impresión sensorial de quienes vivieron esa experiencia fue la de un viento fuerte. La palabra que se traduce "viento" (pno') aparece en el NT sólo aquí y en el cap. 17:25, donde significa "aliento". En la LXX se usa con este mismo sentido. Lucas quizá escogió usar aquí la palabra pnoé como una descripción del "soplo" sobrenatural que los discípulos estaban a punto de experimentar, y que debe haberles recordado lo que sintieron cuando el Señor "sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20: 22). Ahora sintieron una vez más el impacto celestial de ese soplo divino que les inspiraba temor y reverencia.
Llenó.
Si bien la sintaxis exige que "estruendo" sea el sujeto de este verbo, es evidente que la casa se llenó del Espíritu Santo, representado en Juan 3:8 por el viento.
Toda la casa.
El lugar donde se hallaban reunidos (vers. 1). Tanto el sonido como el viento pueden llenar rápidamente todos los rincones de un edificio. Así también la venida del Espíritu llenó el lugar donde estos cristianos estaban reunidos.
Estaban sentados.
Por la mañana (vers. 15), posiblemente aguardando la hora de la oración.
3.
Se les aparecieron.
Acababan de recibir una evidencia audible de la venida del Espíritu (vers. 2); ahora tenían una evidencia visible de que sí había venido.
Lenguas repartidas.
Mejor lenguas "de fuego que dividiéndose" (BJ, 1966). En el griego da la idea de un fuego que se divide en muchas lenguas pequeñas que luego se posan en cada miembro de la asamblea reunida. La figura de "lenguas" es apropiada en vista del don del habla que el Espíritu concedió a los creyentes.
Como de fuego.
Las lenguas no eran llamas de fuego, sino que parecían fuego (cf. "como de viento recio", vers. 2). La divinidad y el fuego muchas veces aparecen unidos en las Escrituras (cf. Exo. 3: 2; Deut. 5: 4; Sal. 50: 3; Mal. 3: 2), sin duda, debido al poder, el resplandor y los efectos purificadores del fuego. Juan el Bautista había prometido que Cristo bautizaría "en Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3: 11).
Asentándose.
En el texto griego el verbo está en singular; por lo tanto, el sujeto debe ser cada una de las lenguas de fuego por separado o el Espíritu Santo (vers. 4). La forma verbal griega que se traduce "asentándose", sugiere una acción momentánea y no continua. Aunque las lenguas con apariencia de fuego permanecieron sobre los creyentes sólo brevemente, los efectos de este acontecimiento perduraron durante toda la vida de los fieles cristianos que recibieron el Espíritu.
4.
Fueron todos llenos.
Este es el cumplimiento de "la promesa del Padre" (ver com. cap. 1:4-5) y el resultado gozoso de los diez días de espera en oración. A los discípulos se les había enseñado a orar pidiendo el Espíritu (Luc. 11:13). Jesús había soplado sobre ellos la noche que siguió a la resurrección, y les había dicho: "Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20:22). El Espíritu prometido se posesionó de ellos, llenando lo íntimo de su ser e instándoles a poner en intensa actividad todas sus facultades. Así participaron de las mismas experiencias de los profetas, pensando y hablando palabras que no eran las
LA DIÁSPORA
141 suyas, sino inspiradas (cf. 2 Ped. 1:21).
No debe pensarse que este derramamiento se limitó a los apóstoles. Las palabras y el contexto inducen al lector a creer que todos los que estaban reunidos, sin omitir las mujeres, compartieron la distribución del don del Espíritu Santo. De no haber sido así, Pedro difícilmente habría aplicado la profecía de Joel como lo hizo (Hech. 2: 16-18).
Espíritu Santo.
En el AT hay muchas claras referencias al Espíritu de Dios (Núm. 24: 2; Juec. 6: 34; 1 Sam. 16: 13; 2 Sam. 23: 2; 2 Crón. 24: 20; Sal. 51: 11; Isa. 48: 16; Eze. 11: 5; Joel 2: 28-29; etc.). Pero ninguna manifestación del Espíritu en el AT puede compararse con la que presenciaron los discípulos en el día de Pentecostés: (1) por la ineq uívoca identificación del Agente, (2) por la plenitud del derramamiento, y (3) por los resultados que siguieron. Por lo tanto, muchas veces se designa ese día como el cumpleaños de la iglesia. Los grandes episodios de la vida terrenal de Jesús -su nacimiento, su bautismo y la recepción del Espíritu Santo, su crucifixión, su resurrección, su ascensión- fueron de suprema importancia y vitales para el desarrollo del plan de salvación. Pero el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés vino inmediatamente después de la aceptación celestial del gran sacrificio de Cristo y su entronización con el Padre (HAp 31-32). Por medio de ese derramamiento la iglesia quedó capacitada para hacer por Cristo lo que nunca antes se había intentado: la predicación de las buenas nuevas de salvación a todas las naciones. Este no fue simplemente un movimiento del Espíritu; no fue sólo el soplo del Espíritu; fue el henchimiento de los discípulos, su completa posesión por el Espíritu Santo. A partir de ese momento la iglesia fue el instrumento del Espíritu. No hay nada en el registro posterior que sugiera que alguno de los que en ese día memorable fueron poseídos por el Espíritu, perdiera alguna vez esa posesión. Los cristianos, en las sucesivas generaciones, cada vez más alejados de la experiencia de Pentecostés, se hicieron menos y menos receptivos al don divino, y sobrevino la apostasía. Los creyentes de hoy pueden beneficiarse con esta realidad histórica de la iglesia primitiva.
Comenzaron.
Esto señala el efecto inmediato del descenso del Espíritu Santo sobre los discípulos. No hubo un período de espera ni de aprendizaje. "Comenzaron a hablar" inmediatamente.
Otras lenguas.
Es decir "lenguas diferentes" de su propio idioma. La palabra griega glÇssa, "lengua" (aquí y en el vers. 11), se refiere en primer lugar a la lengua que permite hablar, y también se refiere a un idioma cualquiera.
La capacidad de hablar otros idiomas fue un don que se dio a los discípulos con el propósito especial de que pudieran llevar el mensaje evangélico a todo el mundo. Para la fiesta de Pentecostés se habían reunido en Jerusalén peregrinos de los cuatro puntos cardinales (ver com. vers. 9-11). Estos judíos de la diáspora (ver mapa p. 140; t. V, pp. 61- 62) quizá entendían suficientemente el hebreo como para poder aprovechar los servicios del templo; pero posiblemente no estaban en condiciones de entender el arameo, idioma cotidiano de los discípulos. Por el bien de los discípulos y de aquellos que habrían de recibir el mensaje por medio de ellos, el Espíritu Santo los capacitó para proclamar el Evangelio con fluidez en los idiomas hablados por los peregrinos. Este fue un gran milagro, y cumplió una de las últimas promesas del Señor (ver com. Mar. 16: 17). Facilitó que hubiera una gran cosecha ese día (Hech. 2: 41), y tuvo efectos de alcance mundial en los años que siguieron. Ver com. Hech. 10: 45-46; 1 Cor.14.
La narración no dice claramente si este don de hablar en otras lenguas fue permanente, pero debería tenerse en cuenta que lo que el Espíritu hizo una vez, es capaz de repetirlo cuando sea necesario (HAp 33).
Según el Espíritu.
El Espíritu dio a los discípulos no sólo el don de hablar en otras lenguas, sino también el mensaje. Hablaron movidos por la conducción directa del Espíritu.
Daba.
El tiempo del verbo en griego sugiere que el Espíritu continuaba dando palabras a los oradores según surgiera la necesidad. Es posible que los discípulos se dirigieron sucesivamente a los diferentes grupos lingüísticos, y que el sermón de Pedro (vers. 14-36) ante toda la multitud resumía sus mensajes.
Que hablasen.
Gr. apofthéggomai, "declarar", "decir francamente". La LXX emplea esta palabra para describir el acto de profetizar (1 Crón. 25: 1; Eze. 13: 19; Zac. 10: 2). Aquí se emplea para dar la idea de expresarse en forma clara, digna y potente, lo cual llevó a la conversión de 3.000 personas en un 142 solo día. Con referencia a la relación entre el día del Pentecostés y la lluvia temprana, ver com. Joel 2: 23.
5.
Moraban entonces en Jerusalén.
Ha surgido la pregunta de cómo puede entenderse que los extranjeros mencionados en los vers. 9- 11 pudieran estar viviendo en Jerusalén. Hay dos explicaciones posibles. Estos Judíos posiblemente llegaron a la ciudad de sus antepasados para permanecer algún tiempo quizá por asuntos comerciales, o tal vez, como Pablo, para estudiar (cap. 22: 3), o algunos podían haber estado ya retirados de la vida activa. Además, no es imposible entender que estas personas que "residían" (BJ) en Jerusalén, estaban allí de paso, especialmente porque algunos son llamados habitantes de Mesopotamia (cap. 2: 9) y "forasteros romanos" (vers. 10, BJ).
Piadosos.
Este adjetivo se usa para describir a Simeón (Luc. 2: 25). En primer lugar se refiere a la circunspección, la manera de ocuparse cuidadosamente de las cosas sagradas, con reverencia y consagración. Este significado podría incluir tanto a los prosélitos como a los que eran judíos de nacimiento. La expresión "todas las naciones bajo el cielo" hace que esta inclusión sea necesaria. Este mismo adjetivo aparece nuevamente en Hech. 8: 2.
De todas las naciones bajo el cielo.
En su famoso discurso, pronunciado unos 35 años más tarde, y en un intento por conseguir que los judíos no se rebelasen contra los romanos, Herodes Agripa II declaró que "no hay pueblo en el mundo que no contenga parte de nuestra raza" (Josefo, Guerra ii. 16. 4); y Santiago dirigió su epístola inspirada "a las doce tribus que están en la dispersión" (Sant. 1: 1). Esta "dispersión" de los judíos se debía en primer lugar a los grandes cautiverios que habían sufrido: (1) las diez tribus llevadas a Asiria y a Media en el año 722 a. C. (2 Rey. 17: 6); (2) la tribu de Judá a Babilonia, en tres deportaciones diferentes, comenzando en el año 605 a. C. (ver coro. 2 Crón. 36: 1-21; Jer. 52: 1-30; Dan. 1: 1-7); (3) el gran número de personas llevadas a Egipto por el Macedonia Tolomeo Sóter (Josefo, Antigüedades xii. 1.1). Además de los cautivos que habían sido dispersos por el cautiverio, miles de los cuales habían ido a todas partes del mundo atraídos por las actividades comerciales.
6.
Hecho este estruendo.
"Al producirse aquel ruido" (BJ). La palabra griega que se traduce "estruendo" es fÇn', "voz", "sonido". Se la usa en Juan 3: 8 para referirse al viento y para explicar los movimientos del Espíritu. Aquí podría entenderse en dos formas: (1) que se trata del estruendo que vino del cielo como un viento recio (Hech. 2: 2), (2) o como el ruido que produjeron los diferentes discursos de los discípulos (vers. 4). Pero como fÇn' aparece en singular, parece mejor relacionarla con el sonido de origen divino, el cual bien pudo haberse escuchado fuera de la casa donde estaban los creyentes; pero también puede relacionarse con las muchas voces del vers. 4.
La multitud.
Es decir, las multitudes en Jerusalén, entre las cuales se menciona especialmente a los visitantes de tierras lejanas.
Estaban confusos.
Gr. sugjéó "mezclar con", "confundir", "trastornar". Esta palabra sólo se usa en los Hechos, en donde aparece cinco veces. La multitud naturalmente quedó sorprendida cuando llegó al lugar de donde provenía el ruido, y oyó a oradores que usaban tantas lenguas diferentes.
Les oía hablar.
Algunas veces surge la pregunta si los apóstoles recibieron el don de hablar en otras lenguas, o si el don operó en los oyentes para que entendieran lo que decían los apóstoles. Es cierto que Pablo más tarde reconoció la existencia del don de interpretación de lenguas (1 Cor. 12: 30; 14: 13, 27), pero parece ser bien claro que en el día de Pentecostés el don fue concedido a los apóstoles, porque el Espíritu fue derramado sobre ellos (Hech. 2: 3-4; HAp 33; DTG 760).
Lengua.
Gr. diálektos (ver com. cap. 1: 19). La lista que sigue (cap. 2: 9-11) se refiere a grupos lingüísticos. Es probable que cada orador hablase en una lengua diferente, según el grupo al que se dirigía. Los que llegaban a la reunión sin duda buscaban en un lado y otro hasta encontrar el grupo donde se hallaba su propia lengua. De este modo muchas nacionalidades recibieron simultáneamente el mensaje.
7.
Estaban atónitos y maravillados.
"Atónitos" se traduce de una palabra griega que literalmente significa "estar fuera de sí"; se refiere al asombro que sobrevino a quienes fueron testigos del milagro del don de lenguas. Compárese con el uso del mismo verbo en Mar 3: 21: "Está fuera de sí". "Maravillados" tiene la connotación de una acción continuada: cuanto más oían, más maravillados quedaban.
Galileos.
Esta descripción de los mensajeros 143 evangélicos podría referirse en primer lugar a los apóstoles, que eran todos galileos (ver com. Mar. 3: 14), si se incluye a Matías como oriundo de esa provincia. De un modo general, podría decirse lo mismo de los 120, muchos de los cuales sin duda eran de Galilea.
Parece que el gentilicio "galileo" se usaba despectivamente porque los habitantes de Galilea no eran cultos (ver com. Mat. 2: 22; 4: 15; 26: 73; DTG 199). Por lo tanto, era muy sorprendente encontrarse con galileos que hablaran correctamente idiomas extranjeros.
8.
Les oímos nosotros hablar.
Sin duda se trata de una declaración compuesta en la que el autor incorpora numerosos comentarios de representantes de las diversas nacionalidades que a continuación se enumeran. El hecho que atestiguan estos maravillados oidores era tanto una profecía como una promesa de que el Evangelio sería proclamado en todo el mundo, a pesar de la gran diversidad de idiomas.
En la que hemos nacido.
Muchos de los presentes, aunque judíos por religión, habían nacido en otros países y se habían criado hablando los idiomas de sus diferentes lugares de nacimiento. La lista que sigue revela a un historiador bien preparado, que había investigado cuidadosamente en cuanto a las naciones representadas en esta gran ocasión, quien después asistió por lo menos a una fiesta de Pentecostés (cap. 21: 15), y que por lo tanto conocía la heterogénea multitud que se congregaba en esa fiesta. Lucas sigue cierta secuencia al enumerar las naciones, como si tuviera una visión panorámica del Imperio Romano. Con Palestina al centro, mira primero al este; luego, en orden, pasa al norte, al oeste, y al sur. De este modo se justifica la referencia a "todas las naciones bajo el cielo" (cap. 2: 5). Los judíos de la diáspora (t. V, pp. 61-62; Juan 7: 35; Hech. 6: 1) parecen, por lo general, haberse dividido en cuatro clases. Estas clases, junto con algunos de sus componentes, a los cuales se refiere Lucas, son: (1) los que venían de Babilonia y otras regiones orientales: partos, medos, elamitas; los que habitaban en Mesopotamia; (2) los de Siria y de Asia Menor: Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia; (3) los del norte de Africa: Egipto, regiones más allá de Cirene; (4)los de Roma. Por lo tanto, parece que esta lista se presenta conforme a un esquema generalmente conocido. Con referencia a la situación geográfica de los diversos pueblos mencionados, ver mapas del t. I, p. 283; t. V, mapa frente a la p. 289; t. VI, p. 140.
9.
Partos.
La lista comienza por el oriente con el gran reino parto. Partia era aún el principal enemigo del gobierno romano, como lo había sido casi un siglo antes en los tiempos de Craso, general romano a quien derrotó. Partia quedaba al sur del mar Caspio, desde el Tigris hasta el Indo. Allí se hablaba el persa, idioma que quizá hablaban también los medos.
Medos.
Media, al sudoeste del mar Caspio, al este de la región de Asiria. Algunos israelitas de las diez tribus habían sido llevados cautivos a Media (2 Rey 17: 6). Ver com. Gén. 10: 2; Dan. 2: 39.
Elamitas.
Este pueblo vivía en un reino limítrofe con Partia, al este; con Media, al norte; y con Babilonia, al oeste. El golfo Pérsico quedaba al sur. Ver com. Gén. 10: 22; Est. 1: 2; Dan. 8: 2. En la LXX los elamitas son llamados "persas", pero el idioma de ellos era diferente al de Persia.
Los que habitamos en Mesopotamia.
Mejor "habitantes de Mesopotamia" (BJ). Mesopotamia quedaba entre dos ríos, es decir, entre el Tigris y el Eufrates (ver com. Gén. 24: 10). Sus habitantes incluían varios grupos lingüísticos que hablaban diversos dialectos del arameo (t. I, p. 34; ver com. Dan. 2: 4).
Judea.
Llama la atención que Lucas mencione aquí a Judea. Algunos han supuesto que debería leerse India o Idumea. Pero era natural que el gentil Lucas mencionara a Judea, el punto central de su relato. Su presencia hacía más completa la lista. Puede entenderse que "Judea" se refiere, en sentido más amplio, a toda Palestina.
Capadocia.
Al desplazarse de este a oeste, Lucas nombra a continuación la provincia que quedaba al noroeste de Mesopotamia. Capadocia estaba en la parte central de lo que ahora es Turquía; limitaba con Armenia por el este y con el mar Negro (Ponto Euxino) y la provincia del Ponto por el norte; con Galacia por el oeste, y con Cilicia, el país de Pablo (cap. 21: 39), por el sur. No se sabe qué idioma se hablaba allí. Quizá era similar a la "lengua licaónica" (Hech. 14: 11).
Ponto.
Esta región quedaba en la orilla sur del mar Negro, al norte de Capadocia. Como su vecina, estaba bajo la administración romana. No se conoce su lengua autóctona.
Asia.
No se refiere a lo que hoy llamamos 144 Asia, sino a la provincia romana que quedaba en la parte occidental del Asia Menor, la cual abarcaba parte de lo que hoy es Turquía. La ciudad principal era Efeso. En el segundo viaje misionero de Pablo, el Espíritu Santo le impidió que entrara en esta región; con frecuencia se la llamaba Jonia y, en cuanto a la población, era peculiarmente griega. Las siete cartas de Apoc. 2 y 3 están dirigidas a ciudades de la provincia de Asia. Aunque la mayoría de la población de esta región y de la zona circunvecina hablaba el griego, con toda seguridad el pueblo usaba sus idiomas autóctonos.
10.
Frigia y Panfilia.
Dos pequeños distritos al sureste de la provincia romana de "Asia".
Egipto.
Egipto y los hebreos habían tenido relaciones por más de mil quinientos años. Jacob y su familia habían estado allí; las tribus hebreas habían sido esclavas en Egipto, y más tarde los egipcios invadieron a Palestina (ver com. 1 Rey. 14: 25). En los tiempos de Jeremías había en Judea un partido político fuertemente favorable a los egipcios, y muchos, incluso Jeremías, fueron llevados a Egipto mientras Judea caía en manos de los babilonios (Jer. 42: 13 a 43: 7). Miles de judíos fueron llevados a Egipto por Tolomeo, y otros emigraron allí durante las luchas de los Macabeos contra los reyes seléucidas. En los tiempos de Lucas, los judíos constituían como la tercera parte de la población de Alejandría, y tenían a su propio etnarca que los gobernaba (Josefo, antigüedades xiv. 7. 2). El país se había helenizado, pero su idioma era el copto, derivado del antiguo egipcio, escrito con el alfabeto griego y modificado por influencias demóticas (la escritura egipcia simplificada).
Regiones de Africa...
Corresponde a lo que hoy se conoce como Libia. La BJ dice "la parte de Libia fronteriza con Cirene". Su ciudad principal en la costa del Mediterráneo se llamaba Cirene. Su cultura era muy helenística, pero tenía una gran colonia judía, que era el resultado de una deportación de Palestina en los días de Tolomeo I (Josefo, Contra Apion ii. 4). Simón cireneo, que cargó la cruz de Jesús (Mat. 27: 32), era de allí, y de esa región salieron los misioneros que habrían de evangelizar a Antioquía de Siria, misioneros que tuvieron tanto éxito que Bernabé y Saulo de Tarso fueron a ayudarles (Hech. 11: 19-26). Ver com. Gén. 10: 13.
Romanos aquí residentes.
El griego dice hoi epidemountes rhomáioi, es decir, "los romanos que estaban viviendo en forma temporaria", los "forasteros romanos" (BJ). Los rhomáioi eran por lo general los "ciudadanos romanos" y no los "habitantes de Roma". Por lo tanto, estas palabras podrían referirse a judíos que habían vivido por un tiempo en Roma, o a judíos romanos que estaban en ese momento en Jerusalén. Había tantos judíos en Roma que cuando Varo les permitió enviar una embajada a Augusto, a los 50 embajadores se les unieron 8.000 compatriotas residentes en esa ciudad (Josefo, Antigüedades xvii, 11.1). Los judíos habían sido expulsados de Italia por Tiberio en el año 19 d. C. Por causa de ese edicto varios miles debieron salir en busca de asilo, y es natural que muchos de ellos hubieran regresado a Palestina. Tiberio revocó este edicto, pero es posible que muchos judíos romanos se hubieran quedado en Jerusalén (t. V, pp. 67).
Tanto judíos como prosélitos.
Estas palabras pueden aplicarse a toda la lista anterior, o pueden leerse como una nota explicativa que destaca la prominencia de los prosélitos romanos en esa multitud cosmopolita que venía a rendir culto.
Es natural que el gentil Lucas (t.V, p. 650), al escribir a Teófilo, también gentil (ver com. Luc.1: 3), mencionara a los visitantes que habían llegado de la capital del Imperio Romano. Con referencia a los prosélitos, ver com. Mat. 23: 15.
11.
Cretenses y árabes.
Estos dos gentilicios parecen haberse añadido a la lista anterior, lo cual se ha citado como una ilustración de la autenticidad del relato de Lucas, como si éste estuviera informando lo que un testigo ocular le había relatado. La isla de Creta, al sur de Grecia, tenía una numerosa población judía. Arabia, limítrofe con Palestina, era domicilio de muchos males de judíos.
Al estudiar la lista de los países mencionados en los vers. 9-11, se nota la ausencia de muchos nombres que se esperaría encontrar, y que, en cambio, están incluidos algunos de escasa importancia. Puede considerarse que esta es una evidencia adicional de que Lucas no inventó la lista, sino que la recibió de quienes habían sido testigos del milagro ocurrido en el día de Pentecostés. Sin embargo, esta lista no debería considerarse como una enumeración exacta de todos los que estaban en Jerusalén, sino más bien un intento de describir 145 la naturaleza cosmopolita de la multitud a la que se dirigieron los discípulos y los muchos y diversos idiomas que hablaban.
Las maravillas de Dios.
Esta frase abarca las providencias de Dios manifestadas en el transcurso de la obra y de la vida de Jesús.
12.
Atónitos.
Ver com. vers. 7.
Perplejos.
Gr. diaporéÇ "estar perplejo". Lucas es el único escritor del NT que emplea esta palabra.
¿Qué quiere decir esto?
Los oidores estaban genuinamente perplejos por el fenómeno, y discutían con vehemencia acerca de su significado.
13.
Otros.
Gr. héteros, "otro de clase distinta", no állos, "otro de la misma clase". Se sugiere un tipo de persona diferente al que se menciona en los vers. 5-12. Quizá estos "otros" eran los residentes oriundos de Jerusalén y Palestina, que no entendían ninguna de las lenguas habladas por los discípulos. Es probable que hubieran influido en ellos las muchas mentiras que se decían acerca de Jesús. Los judíos habían atribuido algunos de los milagros del Señor al poder del príncipe de los demonios (Luc. 11: 15), y Festo había dicho a Pablo que estaba loco (Hech. 26: 24). Los sacerdotes se habían burlado de Cristo en la cruz (Mat. 27: 41-43), y eran capaces de instigar viles rumores para explicar este milagro de las lenguas a fin de que no se debilitara la influencia de los sacerdotes sobre el pueblo (cf. HAp 33).
Mosto.
Gr. gléukos, "vino dulce", no "vino nuevo", puesto que Pentecostés caía en junio y las uvas no maduraban hasta agosto. Parece que aquí se refiere a una bebida embriagante. La acusación de estos burladores sugiere que había cierta excitación en la modalidad y el tono de los discípulos. Sin duda habría sido extraño que hubieran hablado con toda tranquilidad, como si nada hubiera ocurrido. El gran poder de Dios los había sobrecogido, y su tema era de inmensa importancia.
14.
Pedro.
En las pocas semanas transcurridas desde que negó a Jesús, se ha producido un gran cambio en el apóstol. Se ha convertido. Su mente ha sido abierta por la instrucción del Señor para que pueda comprender las Escrituras (Luc. 24: 45). Ha sido dotado de percepción y de poder por el Espíritu Santo. Y como resultado se destaca como un santificado dirigente de hombres. En vez de incertidumbre, hay convicción; en vez de temor, osadía; en vez de palabras apresuradas como las que se encuentran en los Evangelios, presenta un discurso detallado y bien razonado. Con método y claridad expone las profecías acerca de Cristo. Se observa aquí una prueba natural de autenticidad. Un inventor de cuentos difícilmente se habría atrevido a mostrar el cambio de carácter que Lucas muestra en Pedro.
Con los once.
Pedro no habla en forma aislada. Se levanta como representante de sus hermanos. En forma individual se han estado dirigiendo a los diferentes grupos nacionales; pero Pedro se dirige a la multitud y termina así esta gran reunión evangelística. La mención de "los once" muestra que Matías es contado entre los apóstoles, y que por lo tanto ha asumido rápidamente sus responsabilidades.
Alzó la voz.
Esta expresión es un hebraísmo, aunque también se encuentra en la LXX y en el griego clásico (Gén. 21: 16; 27: 38); y sugiere que Pedro clamó en alta voz, cosa que era necesaria para poder hacerse oír de la gran multitud.
Les habló.
Del Gr. apofthéggomai, "declarar" (ver com. vers. 4). El uso de esta palabra da más énfasis al hecho de que Pedro estaba hablando con el don del Espíritu. El apóstol no sólo hablaba, sino que estaba declarando lo que el Espíritu le había inspirado.
Varones judíos.
Parece que Pedro se dirigió en primer lugar a los judíos de Palestina (vers. 13), para hacer notar la diferencia entre éstos y los judíos de la diáspora, de los vers. 5-11.
Habitáis en Jerusalén.
Esta frase parece referirse a los que habitaban en la capital. Sin embargo, las palabras de Pedro podían abarcar a toda la multitud; y por el vers. 22 se llega a la conclusión de que el apóstol se dirigía a todo el conjunto.
Oíd.
Literalmente "prestad oído".
15.
No están ebrios.
Pedro apela al sentido común de sus oyentes. ¿Acaso era aceptable que los discípulos estuvieran ebrios por la mañana de la fiesta de Pentecostés? La ebriedad pertenecía a la noche (1 Tes. 5: 7). Indicaba una depravación completa el levantarse "de mañana para seguir la embriaguez" (Isa. 5: 11; cf. Ecl. 10: 16-17). Basando su práctica tradicional en Exo. 16: 8, los judíos comían pan por la mañana y carne por la noche (Talmud, Yoma 75a, 75b; Berakoth, 20b). Un judío de buenos modales no bebía vino sino hasta cerca del atardecer. 146
Como vosotros suponéis.
El apóstol encara con tacto la infundada acusación de ebriedad, y supone que se han equivocado y no que hayan hecho una acusación maliciosa.
Hora tercera.
Es decir, alrededor de las 9 de la mañana. Con referencia al cómputo de tiempo en el NT, ver t. V, p. 52; com. Mat. 27: 45. La hora tercera era la hora de la oración matutina.
16.
Esto es.
Pedro no encaró su tema con timidez. Sin temor identificó esta predicación como el cumplimiento de una profecía. Podía hacerlo, pues había sido enseñado por el Señor e inspirado por el Espíritu. Guiado por esta doble dirección, comenzó su primera exposición de la vida y las obras del Mesías registrada desde la ascensión. Los versículos que siguen son una prueba poderosa de lo que el apóstol era capaz de hacer ahora.
Joel.
Pedro no entró en controversias en cuanto a Jesús. Primero usó las Escrituras del AT -en las cuales creían sus oyentes- para demostrar la legitimidad del fenómeno que en ese mismo momento estaban viendo. Esto captó su atención, y les ayudó a aceptar el razonamiento del apóstol y los preparó para recibir las pruebas en cuanto a Cristo. Algunos creen que el libro de Joel es el libro profético más antiguo de la Biblia (t. IV, pp. 22-23). Joel, empleando el tema del "día de Jehová", llamó a Israel al arrepentimiento y prometió el derramamiento del Espíritu en un tiempo futuro, que identifica sólo como "después de esto" (ver com. Joel 2: 28-32; t. IV, pp. 961-962). La expectativa de tal derramamiento del Espíritu Santo era firme entre la gente piadosa del AT (ver com. Hech. 2: 3). Los vers. 17-21 se citan de Joel 2: 28-32, y siguen muy de cerca a la LXX.
17.
En los postreros días.
Pedro sugiere que el momento del cumplimiento de la profecía de Joel ha llegado; que ante los mismos ojos de sus oyentes se ha cumplido la profecía. Ver com. Joel 2: 28; cf. com. Isa. 2: 2.
Dice Dios.
Estas palabras no aparecen en el texto de Joel. Son una inserción de Pedro para efectos de su sermón, y para identificar al Dador de la promesa que sigue.
De mi Espíritu.
Ver com. cap. 3:19.
Sobre toda carne.
Es decir, sobre todos los seres humanos, concediendo así poder divino a los débiles mortales. El don no se concentra en los judíos, ni en ninguna clase social, ni en las personas de determinado sexo, aunque sin duda el pensamiento de Pedro lo imitaría, en esta etapa, a su propio pueblo.
Profetizarán.
La aplicación que hace Pedro de la profecía de Joel a este episodio de Pentecostés parece ligar el don de la profecía con el don de lenguas (ver com. Joel 2:28). La profecía también afirma que las mujeres y los hombres recibirían el don. Lucas registra el cumplimiento de esta promesa en Hech. 9: 10-16; 11: 27-28; 13: 1-3; 16: 6-7; 18: 9-10; 21: 9-11; 22: 17-18; 27: 10, 22-25. Ver com. Luc. 2: 36. Los dones del Espíritu siempre se han revelado en las actividades de los siervos de Dios, especialmente en momentos cruciales.
Vuestros jóvenes.
Se ha demostrado vez tras vez que los jóvenes tienen tanto los ideales como la energía para ver el futuro e intentar lo que parece imposible hacer. Parece que la mayoría de los discípulos de Jesús eran jóvenes, o quizá todos ellos. Muchos movimientos religiosos y empresas políticas y cívicas han tenido a jóvenes como sus protagonistas.
Verán visiones.
Con referencia a "visiones" y "sueños", ver com. Núm. 12: 6; 1 Sam. 3: 1. Los jóvenes tendrán visiones dadas por el Espíritu, con estímulo e instrucción para el presente y el futuro.
Vuestros ancianos.
En el libro de Joel éstos se mencionan antes que los jóvenes.
Sueños.
Esto es, revelaciones recibidas mientras se duerme, en contraste con las visiones que son revelaciones visuales, sin tomarse en cuenta si la persona duerme o no.
18.
Mis siervos.
El pasaje que aquí se cita (Joel 2: 29) dice "los siervos", tanto en el hebreo como en la LXX. Así se asegura que el Espíritu de Dios no está reservado para los nobles y los poderosos, sino que también será recibido por hombres y mujeres de los niveles más humildes de la sociedad (ver com. Joel 2: 28). Pero Pedro parece hacer en este contexto una aplicación más amplia de estas palabras. . En el vers. 17 habla de "vuestros hijos", "vuestras hijas", "vuestros jóvenes" y "vuestros ancianos". Luego, al comienzo del vers. 18 hace un cambio sutil del texto del AT, y dice: "Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas". Al añadir al texto del AT las palabras "de cierto" y "mis", Pedro parece insinuar que consideraba que los "siervos" y las "siervas" no eran otra categoría más de los que habrían de recibir el Espíritu, sino un resumen de todos los que ya habían sido mencionados. Vuestros hijos, hijas, jóvenes, y ancianos, 147 en realidad todo Israel (ver com. vers. 17), deberían ser mis siervos y siervas, verdaderos siervos de Dios.
En aquellos días.
Es decir "en los postreros días" (ver com. vers. 17).
De mi Espíritu.
Ver com. cap. 3:19.
Profetizarán.
Ver com. vers. 17. Estas palabras no aparecen en el pasaje paralelo de Joel 2: 29.
19.
Prodigios.
Gr. téras "portento", "prodigio" (ver t. V, p. 198).
En el cielo.
Pedro pudo haber pensado que la aplicación inmediata de esta profecía era el don del Espíritu que en ese momento descendía del cielo; pero la profecía de Joel también es importante para los últimos días (ver com. vers. 20).
Señales.
Gr. s'méion, "señal", "milagro". Esta palabra o su equivalente no aparece en Joel ni en el hebreo, ni en la LXX; pero sí con frecuencia en el NT con la palabra téras (ver com. "prodigios"), en cuyo caso ambas están en plural (Juan 4: 48; Hech. 4: 30; Rom. 15: 19; etc.).
En la tierra.
Podría referirse en forma inmediata al milagro de hablar en otras lenguas; pero como lo muestran las afirmaciones siguientes, su verdadera importancia es para los últimos días. Los adverbios "arriba' y "abajo" no aparecen en Joel; estas palabras fueron añadidas por Pedro para poner de relieve el contraste entre "cielo" y "tierra".
Sangre.
Sangre, fuego y humo son los terribles e inseparables compañeros de la guerra.
Vapor.
Aquí se sigue a la LXX. En el hebreo dice "columnas de humo".
20.
El sol.
Con referencia al cumplimiento específico de las señales mencionadas en este versículo, ver com. Joel 2: 10; Mat. 24: 29.
Antes.
Este adverbio insinúa que los "prodigios" y las "señales" precederán al "día del Señor", y que son en sí mismos parte de ese día.
Día del Señor.
Ver com. Isa. 13: 6; Joel l: 15; 2: 1. Ese día será terrible para los enemigos de Dios Joel 2: 1-2; Amós 5: 18-20; Apoc. 6: 15-17; etc.); pero grato para quienes acepten la invitación del Señor (Isa. 25: 9; Joel 2: 32).
Manifesto.
Gr. epifanés "manifiesto", "ilustre", "glorioso". La palabra hebrea que se usa en Joel 2: 31 significa "terrible", "temible" ' Hech. 2: 20 concuerda con ese pasaje de Joel como se lo registra en la LXX.
21.
Todo aquel.
Esta promesa se aplicó en primer lugar a los oyentes de Pedro; pero en su sentido más amplio abarca toda la humanidad y destaca la universalidad de la invitación evangélica.
Invocare el nombre del Señor.
"Invocar el nombre del Señor" era una frase hebrea comúnmente relacionada con los que adoraban a Dios (Gén. 12: 8; ver com. cap. 4: 26). Lucas y Pablo la utilizan (Hech. 7: 59; 9: 14; 22: 16; Rom. 10: 12; 1 Cor. 1: 2). En Hechos se emplea el mismo verbo con el sentido de apelar a un tribunal superior (cap. 25: 11-12, 21, 25).
La oración de fe proporcionará un espíritu de tranquila seguridad en medio de los terrores del día del Señor, y es cierto también que los que en cualquier momento sinceramente invocan el nombre del Señor encuentran el camino de la salvación (cap. 4: 12).
Pedro presenta la gran conclusión hacia la cual se había estado dirigiendo: Jesús es el "Señor y Cristo" (cap. 2: 36). Ha tomado una profecía del AT que habla de Yahweh "Jehová" (t. I. pp. 180- 182), y la aplica a Jesús. El título kúrios, "señor", empleado en la LXX para designar a Yahweh, se le atribuye al Maestro que ascendió al cielo: es una valiente afirmación. Demuestra cómo la convicción de que Cristo era Dios constituía la nota clave del pensamiento y de la doctrina de Pedro.
La palabra "nombre" en relación con el Señor aparece tantas veces en el libro de Hechos que constituye un tema guiador. El nombre del Señor se convirtió para los discípulos en un símbolo del glorioso carácter y del ilimitado poder de Aquel con quien habían recorrido Palestina.
Será salvo.
Aquí hay una doble aplicación: la salvación del hombre del pecado y también de los juicios de Dios que caerán sobre la tierra. En cuanto a estos juicios, los cristianos del siglo I que obedecieron el consejo de Jesús registrado en Mat. 24: 15-20, se salvaron de morir durante la destrucción de Jerusalén a manos de los romanos (Eusebio, Historia eclesiástica iii. 5. 3; ver com. Mat. 24: 16). Los verdaderos cristianos se salvarán de las catástrofes de los últimos días, si siguen fielmente los consejos del Señor como Salvador y Rey próximo a venir; sin embargo, la principal aplicación de las palabras de este versículo se refiere a la salvación del hombre del pecado.
22.
Varones israelitas.
La palabra Israel abarca la relación de pacto de Dios con su 148 pueblo (ver com. Gén. 32: 28).
Oíd estas palabras.
Estas impresionantes palabras constituyen el punto divisorio de la argumentación de Pedro. Hasta aquí ha presentado el aspecto profético; pero ahora comienza a presentar su tema principal: la divinidad de Jesús.
Jesús nazareno.
La primera parte del título que fue puesto sobre la cruz (cf. Juan 19: 19); pero siete semanas más tarde Pedro lo usa para presentar a quien está demostrando que es "Señor y Cristo" (Hech. 2: 36). El uso de ese título muy difícilmente podría haber sido algo casual.
Varón.
Pedro comienza su argumentación hablando del Jesús humano, el Hombre que había vivido y andado entre ellos manifiesta y públicamente, y había probado por medio de su vida y de sus obras que era todo lo que Pedro ahora afirmaba que era.
Aprobado por Dios.
Es decir, reconocido por Dios.
Maravillas, prodigios y señales.
Las maravillas son "obras portentosas" o "milagros". Los prodigios y las señales bien podrían aludir a las palabras de Joel citadas en el vers. 19. Las tres palabras en cierto modo son sinónimas, pero expresan diferentes aspectos del mismo hecho y no una minuciosa clasificación de las obras de Cristo.
Dios hizo.
Pedro afirma que Dios autorizó y aprobó los milagros de Jesús.
Vosotros mismos.
Difícilmente podían oponerse los oyentes a lo que Pedro decía, porque sabían que era cierto y se basaba en hechos sucedidos en medio de ellos.
23.
A éste.
Es decir, a Jesús nazareno (vers. 22).
Entregado.
Esto es, traicionado por judas. Dios, para darle a Satanás la oportunidad de demostrar la perversidad de su gobierno (el de Satanás), permite que ocurran muchas cosas que son contrarias al propósito final divino; sin embargo, en su divina sabiduría todo lo encauza para su gloria.
Determinado consejo.
Pedro había desarrollado de tal modo su percepción espiritual, que ahora podía comprender cómo Dios estaba cumpliendo su propósito en armonía con su presciencia, en los trágicos acontecimientos relacionados con la muerte de Cristo (cf. cap. 1: 16). Ver com. Isa. 53: 10; cf. Luc. 22: 22.
Prendisteis.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de este verbo.
Matasteis.
"Vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos" (BJ). Pedro incluye a sus oyentes entre los que son culpables de la muerte del Señor. Esta es una terrible acusación si se tiene en cuenta cómo concluye (vers. 36).
24.
Al cual Dios levantó.
Probablemente había circulado entre la gente el relato de la resurrección de Jesús, pero es posible que se estuviera poniendo en duda debido al falso relato registrado en Mat. 28: 11-15. Esta es la primera vez que se registra que uno de los seguidores de Jesús diera testimonio público de su resurrección.
Dolores.
Literalmente "dolores de parto". Esta palabra también se usa en Mat. 24: 8.
Imposible.
La convicción de Pedro se basa, en parte, en las seguras palabras profiéticas citadas en los vers. 25-28, en donde se predice el triunfo del Mesías sobre la muerte; pero además hay otras razones: (1) la impecabilidad de Cristo (Juan 8:46; 1 Ped. 2: 22; ver com. Mat. 4: 1 -11; Nota Adicional de Juan 1): la muerte no podía retener al Inocente; (2) el Dador de la vida no podía ser sujetado indefinidamente por la muerte (Juan 5:26; 10: 17-18).
25.
De él.
Sin este complemento podría parecer que el Sal. 16 sólo presenta la esperanza de David de que sería librado de sus enemigos. La resurrección dio un nuevo significado a las profecías, que ellas mismas no habrían sugerido, pero sin el cual eran incompletas.
Señor.
Dios el Padre.
A mi diestra.
Puede aludirse a la escena de una batalla, durante la cual un soldado se sitúa a la diestra de su amigo para protegerlo contra un ataque. También puede representar a un abogado al lado de su cliente. Esta cita destaca el apoyo inquebrantable que Dios da al Hijo.
26.
Mi corazón se alegró.
Ser uno con Dios es el mayor motivo de felicidad.
Mi lengua.
Ver com. Sal. 16: 9.
Mi carne.
Es decir "mi cuerpo".
Descansará.
Literalmente "pondrá tienda" o "vivirá en tienda" (ver com. 2 Ped. 1: 13-14). En Sal. 16 se habla de la seguridad de David en esta vida, pero Pedro aplica las palabras del salmista a la resurrección.
27.
Alma.
Ver com. Sal. 16: 10; Mat. 10: 28.
Hades.
Gr. hád's, "sepulcro" (ver com. Sal. 16: 10; Mat. 11:23). La muerte de Cristo fue real, pero su resurrección garantizó la victoria 149 sobre la muerte, la cual él había gustado por todos los hombres (Heb. 2:9).
Santo.
Gr. hósios, "piadoso", "santo". Esta palabra transmite la idea de piedad personal (Heb. 7: 26; Apoc. 15: 4), y en eso difiere de hágios, "santo", que se refiere a la consagración o la dedicación (Mar. 1: 24). Ver Nota Adicional del Sal. 36.
Corrupción.
En el texto hebreo del versículo citado se emplea la palabra shajath, "sepulcro" (ver com. Sal. 16: 10). Sin duda Lucas seguía la LXX de Sal. 16: 10, en donde se traduce "corrupción".
28.
Los caminos de la vida.
Esto concuerda con la LXX, la cual presenta una traducción muy libre del hebreo (ver com. Sal. 16: 11).
Gozo.
Gr. eufrosún', "gozo", "alegría", "bienestar".
Con tu presencia.
Literalmente "con tu rostro" (BJ). El rostro, o sea la presencia de Dios, es el motivo de gozo y de alegría.
29.
Varones hermanos.
Pedro sigue con su forma persuasiva de dirigirse a la multitud.
Se os puede decir libremente.
Los que escuchaban las palabras del apóstol no podían contradecir los sucesos de la muerte y sepultura de David; por lo tanto, la profecía que se acababa de citar debía tener otra aplicación.
Patriarca.
En sentido primario, el patriarca era el fundador de una familia o de una dinastía. En el NT se emplea también este término para referirse a los 12 hijos de Jacob (cap. 7: 8) y a Abrahán (Heb. 7: 4).
Su sepulcro.
El rey David fue sepultado en Jerusalén, en "la ciudad de David" (ver com. 1 Rey. 2: 10; 3: 1).
30.
Siendo profeta.
Una rara descripción del rey David, aunque justificada porque el Sal. 16 va más allá de la experiencia personal de David para convertirse en un salmo mesiánico.
Dios le había jurado.
Ver com. 2 Sam. 7: 12-14, 16. El juramento al cual se refiere Pedro aparece en Sal. 132: 1 1.
En cuanto a la carne.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la frase "en cuanto a la carne, levantaría al Cristo". De ese modo, el versículo se leería: "Siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que sentaría a uno de sus descendientes en su trono". Esto concuerda mejor con Sal. 132: 11.
31.
Viéndolo antes.
Se atribuye visión profética a David, pero no se indica que él mismo hubiera comprendido que la profecía se refería a la resurrección del Mesías (cf. 1 Ped. 1: 11).
Su alma.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de "su alma", y que sólo se leía "no fue dejado en el Hades". Ver com. vers. 27 con referencia a "hades" y "corrupción"; con referencia a "alma", ver com. Sal. 16: 10; Mat. 10: 28.
32.
Este Jesús.
Jesús de Nazaret, el crucificado, de los vers. 22-23.
Resucitó Dios.
Cristo se levantó al ser llamado por Dios el Padre, quien comisionó a los ángeles para que llamaran a su Hijo a fin de que saliera de la tumba (Mat. 28: 2-6; Rom. 8:11; DTG 729).
Testigos.
Ver com. cap. 1: 8, 22.
33.
Exaltado.
Ver com. Juan 1: 1-3, 14; Nota Adicional de Juan 1.
Por la diestra de Dios.
O también "a la diestra de Dios". Esta era una posición de honor (Mat. 20: 21; 25: 33), y Pedro dice que Cristo la ocupó cuando fue glorificado (Mat. 26: 64; Heb. 1: 3; cf. Hech. 2: 34).
La promesa del Espíritu Santo.
Ver com. Juan 14: 16, 26; 15: 26.
34.
No subió.
El argumento de Pedro es claro: David había muerto y había sido sepultado (ver com. vers. 29); por lo tanto, la declaración de Sal. 16: 10 "no dejarás mi alma en el Seol" (ver com. Hech. 2: 27) no podía referirse a él. Aquí hay una evidencia de que Pedro creía que el hombre no asciende al cielo cuando muere (cf. 1 Tes. 4: 14-17; com. 2 Sam. 12: 23; 22: 6; Job 7: 9).
Dice.
Pedro cita Sal. 110: 1. Este es el salmo más citado en el NT (Mat. 22: 44; 1 Cor. 15: 25; Heb. 1: 13; 5: 6; 7: 17, 21; 10: 13). Los judíos consideraban que este era un salmo mesiánico, y así también lo interpretó Jesús (Mat. 22: 41-46). Ver coro. Sal. 110: 1.
El Señor.
Dentro de este contexto, este título se refiere a Dios el Padre (ver com. Sal. 110: 1).
Mi Señor.
Dentro de este contexto, este título se refiere a Cristo (ver com. Sal. 110: 1).
Siéntate.
Estas palabras sugieren el reconocimiento de que Cristo mantiene una jerarquía única (Efe. 1: 20; cf. Fil. 2: 10-11).
35.
Tus enemigos.
Cristo es el vencedor en la gran lucha con Satanás y sus huestes. En el triunfo final sobre el mal, el "postrer enemigo que será destruido es la muerte" (1 Cor. 15: 26).
Estrado.
El poderoso rey sentado en un 150 trono seguro, pone su pie sobre un estrado (ver com. Sal. 99: 5). Poner a un enemigo en el vergonzoso lugar de un estrado para los pies, es símbolo de un completo triunfo (ver com. Jos. 10: 24). Cristo finalmente vencerá en forma completa a todos sus enemigos, y su reino será establecido con gloria eterna (Apoc. 11: 15). En ese tiempo triunfal, el Hijo entregará el reino universal al Padre (1 Cor. 15: 24-28).
36.
Casa de Israel.
Pedro tiene el propósito de que sus palabras vayan más allá del círculo inmediato de sus oyentes: a todo Israel; sin embargo, hasta este momento su visión evidentemente está limitada a la raza judía, y lo mismo ocurría con los otros discípulos. El propósito de Pedro se hace evidente por su experiencia con Cornelio (cap. 10: 9-16; 11: 1-18).
A este Jesús.
Mejor "a este mismo Jesús" (cf. vers. 22-23).
Vosotros crucificasteis.
En el griego aparece el pronombre "vosotros" (huméis) como para destacar el contraste entre la forma en que los judíos habían tratado a Jesús y cómo lo había reconocido el Padre. En el griego la forma verbal "crucificasteis" aparece al final de la oración y significa una conclusión muy solemne. Pedro acusa sin temor a los judíos del crimen perpetrado. Con firmeza insiste en la culpabilidad de ellos, y de ese modo prepara el camino para los efectos que se describen en el vers. 37.
Señor y Cristo.
La palabra "Señor" refleja la idea del salmo citado en el vers. 34. El título "Cristo" identifica a Jesús como el Mesías (ver com. Sal. 2: 2; Mat. 1: 1). La sintaxis del griego original tiene una fuerza que se pierde con la traducción: "Tanto Señor como Cristo hizo Dios a este Jesús".
37.
Al oír esto.
Dios ha ordenado que la predicación de su Palabra sea uno de los medios más eficaces para llevar al hombre a la fe y a la convicción de que es pecador (Rom. 10: 17; 1 Cor. 1: 21).
Se compungieron.
Del Gr. katanússomai, "traspasar", y en sentido metafórico, "causar dolor mental". Este es el profundo dolor que debe acompañar al verdadero arrepentimiento (2 Cor. 7: 9-11).
Apóstoles.
Deben haber estado cerca, apoyando a Pedro en su dinámico ministerio.
Varones hermanos.
Esta misma expresión fue empleada entre los discípulos (cap. 1: 16), y Pedro ya la había usado al dirigirse a la multitud (cap. 2: 29). El sermón inspirado por el Espíritu Santo impulsó a la gente a simpatizar con los apóstoles.
¿Qué haremos?
El clamor genuino de los corazones arrepentidos (cf. cap. 16: 30; 22: 10).
38.
Arrepentíos.
Con referencia al significado de esta palabra, ver com. Mat. 3: 2; 4: 17. Este es el mensaje que Cristo ordenó que se predicara (Luc. 24: 47).
Bautícese.
Ver com. Mat. 3: 6; Mar. 16: 16. El bautismo debía ser una parte vital del ministerio de los apóstoles (Mat. 28: 19).
Cada uno.
Pedro insiste en que todos, sin excepción, deben bautizarse. Aunque el bautismo no salva, sí es un símbolo visible de la muerte a la vida antigua y el comienzo de una vida nueva.
En el nombre.
Si bien la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "sobre el nombre", entendiéndose así que se bautizaban al confesar el nombre de Jesús -interpretación que corresponde al contexto que trata de Jesús como "Señor y Cristo" (vers. 36)-, no hay una verdadera diferencia entre el sentido de las preposiciones "en" y "sobre" según su uso en el griego koiné.
Surge la pregunta: ¿Por qué en este caso, como también en otros pasajes (cap. 10: 48; 19: 5), sólo se menciona el nombre de Jesús en relación con el bautismo, y no la triple fórmula que aparece en Mat. 28: 19? Se han dado varias explicaciones. La más satisfactoria parece ser la que dice que Lucas no registra la fórmula bautismal, sino la exhortación de Pedro a quienes están dispuestos a confesar a Jesús como el Cristo. Era lógico que algunas veces se relacionara el bautismo cristiano con un solo nombre, pues, de las personas de la Deidad, el bautismo se relaciona específicamente con Cristo. Esto puede verse en la literatura cristiana primitiva, tanto en el NT como después. Por ejemplo, en la Didajé o Doctrina del Señor [predicada] por los doce apóstoles a los [cristiano-] gentiles (7; 9), se usa tanto el nombre de Cristo solo como también los tres nombres en relación con el bautismo. Esta antigua actitud fue también la de Ambrosio (m. 397 d. C.), quien declaró lo siguiente en cuanto a la fórmula bautismal: "El que dice uno, quiere decir la Trinidad. Si se dice Cristo, se ha designado también a Dios el Padre de parte de quien el Hijo fue ungido, y también el Hijo, el mismo que fue ungido, y el Espíritu Santo por quien fue ungido" 151 (De Spiritu Sancto, i. 3). Los oyentes de Pedro ya creían en Dios el Padre. En lo que a ellos concernía, la verdadera prueba consistía en aceptar a Jesús como el Mesías.
Como Cristo lo había enseñado, el bautismo se administró "en el nombre"; es decir, en relación vital con la persona de Jesucristo. El converso sólo podía ser bautizado si lo aceptaba. Los discípulos acababan de recibir el don del Espíritu Santo, y por lo tanto estaban en condiciones de reconocer el significado de la profecía de Juan el Bautista de que Cristo los bautizaría con "Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3:11). Con el rito del bautismo se simboliza la unión mística entre el creyente y su Señor, hecha real por el Espíritu.
Los pecados.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "vuestros pecados" (BJ). De este modo el perdón se convierte en un asunto muy personal (ver com. Mat. 1: 21; 3: 6; 26: 28; Luc. 3: 3).
El don del Espíritu Santo.
Estas palabras pueden entenderse como una identificación del don, y por lo tanto podrían leerse "el don que es el Espíritu Santo". La palabra griega dÇrJa es un término general, y se diferencia de járisma, vocablo que se aplica a los dones más específicos del Espíritu (1 Cor. 12: 4). El apóstol promete la presencia del Espíritu de Dios como una posesión personal para cada creyente, sin necesariamente preocuparse de que se concedan poderes especiales.
Nótense los pasos en la bendita experiencia de llegar a ser verdadero cristiano, según se presentan en este versículo: (1) arrepentimiento, (2) bautismo, (3) remisión o perdón de los pecados, (4) recepción del Espíritu Santo.
39.
Para vosotros.
Los mismos que habían participado en la crucifixión del Señor. Sus hijos también estaban en condiciones de beneficiarse de la promesa (cf. Mat. 27: 25).
Promesa.
Ver com. cap. 1: 4.
Los que están lejos.
Los judíos de la diáspora (t. V, pp. 61-62), a quienes el apóstol más tarde escribió (1 Ped. 1: 1-2), y posiblemente también las naciones paganas entre las cuales vivían los judíos dispersos (cf. Efe. 2: 13, 17). Es posible que, movido por la inspiración, Pedro hubiera estado pronosticando aquí la entrada de los gentiles en la iglesia (Mat. 28: 19).
El Señor nuestro Dios.
Dios el Padre, a quien los judíos afirmaban que servían.
Llamare.
Mejor "llamare a sí". La invitación de Dios es para todos. Todos tienen la oportunidad de ser salvos. Según la invitación, los "llamados" son muchos; pero los "escogidos" son sólo los que responden al llamamiento (ver com. Mat. 22: 14). Estos últimos son, en sentido esencial o básico, los "llamados" (ver com. Rom. 8: 28-30).
40.
Otras muchas palabras.
En este versículo Lucas resume el resto del discurso de Pedro, citando sólo su exhortación final (cf. com. Juan 21: 25).
Testificaba.
"Advertía" o "conjuraba". En el griego el pretérito imperfecto sugiere, como en castellano, repetición de la acción.
Sed salvos.
Nótese que no dice "salvaos". Los hombres no pueden salvarse a sí mismos, pero sí pueden aceptar o rechazar las provisiones que Dios ofrece para la salvación.
Perversa.
"Torcida", "inescrupulosa". La misma palabra aparece en Luc. 3: 5; Fil. 2: 15. Cf. com. Deut. 32: 5.
41.
Se añadieron.
Se agregaron a los que ya confesaban a Cristo (ver com. cap. 1: 15).
Tres mil.
Debido al gran número de personas que pidieron el bautismo, se ha sugerido que el rito se administró por aspersión y no por inmersión. Pero no es necesario suponer que fue así (ver com. Mat. 3: 6). En Jerusalén y en sus proximidades había suficiente agua para bautizar a un gran número de personas. Estaban los estanques de Betesda (ver com. Juan 5: 2), de Siloé (ver com. Juan 9: 7) y los de Salomón. Además, no debe pensarse que sólo los doce administraron el rito. Los capítulos siguientes muestran que se convirtieron muchos de entre los judíos helenísticos que estaban presentes en la fiesta (Hech. 6: 1) y que muy pocos conversos pertenecían a las clases gobernantes locales (cap. 4: 1). Algunos de estos conversos regresaron a sus lugares de origen, y bien pueden haber sido los fundadores desconocidos de iglesias en ciudades como Damasco, Alejandría o aun Roma.
42.
Perseveraban.
Gr. proskarteréÇ, "perseverar", "atenerse a", "prestar atención constante a". Este verbo extiende la narración más allá del día de Pentecostés, abarcando la acción de los creyentes en los días que siguieron (ver com. cap. 3: 1).
Doctrina.
Es decir, la enseñanza. Los recién bautizados habían escuchado el sermón de Pedro, y los diferentes grupos se habían beneficiado con los mensajes presentados en 152 muchos idiomas. Esa primera instrucción sería reforzada en días futuros por nuevas lecciones acerca de Cristo. Toda esta instrucción está comprendida en el término "doctrina", o sea enseñanza. Es difícil pensar que los apóstoles ya hubieran redactado algo que se asemejara a un credo.
Comunión.
Gr. koinónía, "comunión", "asociación", "participación". La RVR traduce generalmente "comunión" (1 Cor. 1: 9; 10: 16; 2 Cor. 13: 14; Fil. 1: 5; 1 Juan 1: 3, 6-7; etc.); pero la misma palabra se usa en Rom. 15: 26; 2 Cor. 9: 13; Heb. 13: 16 para referirse a contribuciones con fines de caridad, y se traduce, respectivamente, "ofrenda", "contribución", "ayuda mutua". Queda claro dentro del contexto de Hech. 2 que la palabra se refiere a la hermandad que existió entre los apóstoles y sus conversos.
El partimiento del pan.
Es probable que este término abarque tanto la Cena del Señor (1 Cor. 10: 16) como las comidas habituales en conjunto (pp. 46-47; Hech. 2: 44, 46).
La expresión "partimiento del pan" o su equivalente, aparece en Mat. 14: 19; 15: 36; Mar. 8: 6, 19; Luc. 24: 30, 35 para referirse a comidas que evidentemente no eran la celebración de la Cena del Señor. "Partimiento del pan" era una frase idiomática, judía equivalente a "comer". En Mat. 26: 26; Mar. 14: 22; Luc. 22: 19; 1 Cor. 10: 16; 11: 24 se emplea específicamente para referirse a la Cena del Señor; pero en Hech. 2: 42, 46; 20: 7, 11 podría tener cualquiera de los dos sentidos. No se menciona la copa en relación con el pan, pero esto no necesariamente excluye la posibilidad de que se haga referencia a la Cena del Señor. Si bien el contexto no justifica una conclusión dogmática, podría señalarse que la expresión "partimiento del pan" aparece en un conjunto que describe actividades religiosas. El vers. 41 habla de que los creyentes habían recibido la palabra, habían sido bautizados, y añadidos a la iglesia. Por lo tanto, podría ser lógico suponer que el "partimiento del pan" que nos ocupa también tuvo un significado religioso específico. Ver com. Hech. 20: 7; 1 Cor. 11: 20-21.
Oraciones.
Ver com. cap. 1: 14. He aquí cuatro elementos básicos en la vida de la nueva sociedad cristiana: (1) los creyentes creían en el conocimiento de la verdad por medio de la enseñanza de los apóstoles; (2) eran conscientes de su comunión con Cristo y con sus hermanos por medio de cultos en conjunto y en bondad y caridad mutuas; (3) participaban en el "partimiento del pan, lo cual probablemente incluía la Cena del Señor; y (4) oraban con frecuencia, tanto en privado como en público.
43.
Sobrevino.
Mejor "les sobrevenía".
Temor.
Reverencia, no miedo.
Toda persona.
El temor reverente tuvo que haber sobrevenido tanto a los creyentes como a los no creyentes. Durante los meses que acababan de pasar, Jerusalén había experimentado momentos difíciles. La obra de Jesús había llegado a su culminación, y la atención del público se concentró en él. Había sido crucificado y se había levantado de los muertos. Los discípulos sin temor habían proclamado su resurrección y ascensión. Luego habían transcurrido los notables sucesos del día de Pentecostés. El derramamiento del Espíritu Santo había sido presentado como una prueba de que Cristo había sido aceptado en el cielo. El impacto de la comunidad cristiana sobre los incrédulos había resultado en la conversión y el bautismo de millares. Había muchos motivos para que hubiera un reverente temor en el corazón de los habitantes de Jerusalén.
Maravillas y señales.
Había un motivo más para maravillarse. El Espíritu se manifestó dando a los apóstoles gran poder, no sólo para predicar, sino también para hacer milagros, tal como Jesús lo había prometido (ver com. Mar. 16: 14-18).
44.
Juntos.
Podría referirse a la reunión literal de los creyentes o a su unidad espiritual.
Tenían en común todas las cosas.
"Tener,en común todas las cosas" no era desconocido en la vida cotidiana de ese tiempo. Quienes llegaban a Jerusalén para celebrar las fiestas anuales recibían lo que necesitaban de sus amigos en esa ciudad; sin embargo, es claro que la afirmación de Lucas sugiere más que esto. Los cristianos tenían que depender de sí mismos, y eso dio lugar a una nueva forma de vida cristiana; sin embargo, esto no significa que se hubiera instituido lo que se llama "socialismo cristiano". Era quizá la continuación y la ampliación de la "bolsa" común de Juan 12: 6; 13: 29. Los nuevos conversos estaban más dispuestos a compartir sus posesiones materiales por causa del nuevo amor que habían hallado en Cristo y en sus hermanos, y su ferviente expectación del pronto retorno del Señor (Hech. 1: 11). No estaban obligados 153 a compartir nada (cap. 5: 4). Era el cumplimiento literal de las palabras de nuestro Señor (Luc. 12: 33), y una actitud muy natural en una sociedad fundada, no sobre la ley del interés propio y de la competencia, sino sobre la ley de la simpatía y de la abnegación. El Espíritu de Dios estaba manifestando su poder no sólo en dones específicos, sino en forma de amor.
No hay evidencia alguna de que esta forma de vida hubiera continuado en la iglesia por mucho tiempo, salvo en la generosa caridad que la iglesia sin duda mostró en toda oportunidad posible. Sin embargo, al mismo tiempo la iglesia aprendió a discriminar en su manera de proceder (2 Tes. 3: 10; 1 Tim. 5: 8, 16). La iglesia de Jerusalén repetidas veces tuvo que depender de la generosidad de las iglesias gentiles, según se ve en Hech. 11: 29; sin embargo, no debiera pensarse que la iglesia de Jerusalén quedó reducida a la pobreza por haber practicado excesivamente la caridad en sus primeros años, sino debido a las duras persecuciones y hambres a que fue sometida (ver com. Hech. 11: 27-30; Rom. 15: 26; 1 Cor. 16: 1-3).
45.
Vendían.
Las ventas se hacían cuando se presentaban situaciones difíciles que exigían el gasto de fondos para ayudar a los necesitados.
Sus propiedades y sus bienes.
Gr. ktéma, "bienes raíces", y húparxis, "posesiones", "bienes muebles".
Lo repartían.
Distribuían lo que juntaban por la venta de sus posesiones.
A todos.
Es decir, a todos los creyentes.
Según la necesidad de cada uno.
Estas palabras implican una juiciosa discriminación. La ayuda dependía del grado de necesidad. Pronto quedó preparado el camino para la ayuda sistemática (ver com. cap. 6: 1-6).
46.
Perseverando... cada día.
Los nuevos creyentes eran constantes en su culto público.
Unánimes.
Ver com. cap. 1: 14.
En el templo.
Podría pensarse que los seguidores de Aquel a quien los dirigentes habían condenado a muerte, habrían dejado de ir al templo; al contrario, lo frecuentaban aun antes del día de Pentecostés (Luc. 24: 53). Tuvo que ser ahora para ellos un lugar más precioso que en los días en que no sabían que su Señor era el Mesías. Por medio de él habían aprendido a conocer en verdad al Dios del templo. También podrá parecer extraño que se les permitiera rendir culto y enseñar en el templo, porque más tarde se les prohibió hacerlo. Pero debe recordarse que los atrios del templo estaban abiertos a todo israelita que no alterara el orden; esto se debía quizá, en parte, a que había en el sanedrín personas como Gamaliel, Nicodemo y José de Arimatea, que estaban a punto de aceptar a Cristo. También es posible que la iglesia hubiera adquirido cierta popularidad por la santidad de la vida de sus miembros y la liberalidad de sus limosnas. En cuanto a los discípulos, éstos no concebían que su religión significara que habían apostatado del judaísmo, sino que era más bien el cumplimiento de éste. Por lo tanto, los cristianos rendían culto con sus hermanos de sangre judíos (Hech. 3: 1), no sólo por costumbre y por deseo, sino también con la esperanza de ganarlos para el Evangelio. Ver com. cap. 3: 1.
Partiendo el pan.
Ver com. vers. 42.
En las casas.
Los cristianos rendían culto en el templo, pero los rasgos distintivos de su vida en común, el partimiento del pan y el compartir el alimento se practicaban en las casas.
Comían juntos.
Es evidente que el partimiento del pan era una práctica habitual de los cristianos (ver com. Hech. 2: 42; 1 Cor. 11: 20-22).
Con alegría.
Gr. agallíasis, "gozo", "exaltación". Se regocijaban por el privilegio de ser cristianos.
Sencillez.
Gr. afelót's, que literalmente significa "libre de piedras", es decir, suelo liso; aquí se refiere a sencillez de carácter, a la benevolencia pura y la generosidad. Es natural que estas emociones fueran evidentes entre los primeros cristianos.
47.
Alabando a Dios.
Esta frase es empleada con frecuencia por Lucas (Luc. 2: 13, 20; 19: 37; Hech. 3: 8-9). El gozo que sentían en su nueva fe naturalmente los inducía a alabar al Padre. El verdadero hijo de Dios siempre halla suficiente razón para alabar al Señor.
Favor.
Jesús había sido bien recibido por el pueblo. Ahora la iglesia gozó de un favor similar, posiblemente porque sus miembros alababan a Dios y eran caritativos.
El Señor.
La iglesia reconocía que el aumento del número de quienes aceptaban la fe se debía al Señor y no a ella misma.
Añadía.
El pretérito imperfecto del verbo sugiere la idea de continuidad después del día de Pentecostés, idea que se refuerza por 154 medio del complemento del verbo: "cada día".
A la iglesia.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de esta frase; sin embargo, aparece la frase epí to autó, expresión idiomática que según algunos debería entenderse como "a la comunidad" (BJ).
Los que habían de ser salvos.
La frase griega dice hoi sÇzoménoi, "los que estaban siendo salvados". La traducción "habían de ser salvos" quizá refleje la idea teológica de los traductores, pero no representa correctamente lo que dice el griego.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-47 HAp 29-38; SR 241-247; 5TS 270
1 DTG 767; Ed 90; 1JT 495; MeM 59; MM 201
1-2 Ed 90; Ev 505; HAp 31-32; PVGM 90-91; 5T 252; TM 168
1-4 CS 11; SR 242; TM 63; 5TS 11
2 3JT 193
2-4 3JT 206; MeM 61
3-5 HAp 32
4 DTG761; 3JT 193; PE 24;8T 26
5 HAp 72
5-8 SR 243
6-8, 13 HAp 33
13-16 TM 63
14-18 HAp 33
17 CS 669; PE 78
19 PP 100
21 CS 669; MeM 63
22-25 HAp 34
23 FE 535
25-27 SR 244
26-27, 29 HAp 34
29 CS 602
30 1JT 74
31-32 HAp 34
34 CS 602
36 HAp 134
37-38 SR 245
37-39 HAp 35
38 CC 21
38-39 CS 11
39 8T 57
41 Ev 30, 507; DTG 240, 715, 767; HAp 19, 36; 3JT 206, 211; MeM 62; PVGM 91; SR 245; 8T 26
41-47 MB 285
43 Ev 30
46 HAp 37
46-47 DMJ 116; 2JT 81
47 CS 419; PE 174; PVGM 92; 5TS 12