Hechos de los apóstoles
CAPÍTULO 10
1 Un ángel ordena a Cornelio, un gentil devoto, 5 que mande a buscar a Pedro, 11 a quien el Señor le enseña en una visión 15, 20 que no debe rechazar a los gentiles. 34 Al predicar acerca de Cristo a Cornelio y a sus huéspedes, 44 el Espíritu Santo desciende sobre ellos y 48 son bautizados.
1 HABÍA en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana,
2 piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
3 Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.
4 El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.
5 Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro.
6 Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas.
7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían;
8 a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo.
9 Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta.
10 Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis;
11 y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra;
12 en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo.
13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
14 Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.
15 Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
16 Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.
17 Y mientras Pedro estaba perplejo dentro 244 de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta.
18 Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro.
19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.
20 Levántate, pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.
21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?
22 Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.
23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.
24 Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.
25 Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró.
26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.
27 Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido.
28 Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo;
29 por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?
30 Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente,
31 y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.
32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará.
33 Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado.
34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,
35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.
36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.
37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:
38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.
40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase;
41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.
42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y muertos.
43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.
45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.
47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.
COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
Cesarea.
Ver com. Hech. 8: 40. Cesarea era la capital de la provincia romana de Judea y residencia habitual del procurador romano. Sin duda era una ciudad cosmopolita e importante centro comercial. Ver mapa de la p. 240.
Cornelio.
Posiblemente Lucas conoció los detalles de este relato durante las veces que estuvo en Cesarea (cap. 21: 8; 23: 33; 24: 27). La conversión de Cornelio señaló una nueva etapa en la expansión del crecimiento de la iglesia. Cornelio, oficial romano, no era totalmente pagano. Era "piadoso y temeroso de Dios" y daba "limosnas al pueblo" (ver com. cap. 10: 2). De todos modos, según los judíos era un gentil e incircunciso; por lo tanto, su admisión en la iglesia marca una nueva etapa en la expansión del cristianismo. Puede entenderse por lo tanto que los apóstoles de Jerusalén prestaran atención especial a este caso (cap. 1l: 1-18). Las notables circunstancias sobrenaturales de la conversión de Cornelio tuvieron que ser un factor importante que indujo a los apóstoles a aceptar el hecho de que un gentil no circuncidado podía llegar a ser cristiano. Sin embargo, la iglesia tardó varios años más antes de llegar a comprender plenamente que los gentiles debían estar exactamente en el mismo nivel de los judíos y disfrutar de los mismos privilegios de ellos (Hech. 15: 1-31; Gál. 2: 12).
Centurión.
Ver com. Luc. 7: 2. Un centurión tenía bajo su mando aproximadamente a cien hombres. Era considerado como un oficial subalterno que tenía la responsabilidad de vigilar que sus soldados cumplieran con sus deberes y mantuvieran la disciplina. Los centuriones por lo general no ascendían a jerarquías más elevadas en el ejército romano. Lo más probable es que Cornelio fuera ciudadano romano.
De la compañía.
El griego indica claramente que Cornelio era de la compañía, pero no dice que fuera su comandante. La "compañía" -unidad administrativa de las fuerzas auxiliares romanas-, tenía 500 ó 1.000 hombres.
La Italiana.
Es probable que ésta fuera la Cohors II. Itálica, la cual estuvo en Siria durante la guerra entre judíos y romanos. Parece que estaba desde antes, según se puede deducir por este relato. Se piensa que la compañía la Italiana estaba compuesta mayormente de libertos, o por lo menos de personas que no eran de origen romano. Era una compañía auxiliar de arqueros.
2.
Temeroso de Dios.
Esta frase, el adjetivo "piadoso" y el verbo "temer" aparecen en Hechos en relación con Dios (cap. 10: 22, 35; 13: 16, 26, 50; 16: 14; 17: 4, 17; 18: 7) para referirse a gentiles que, como Cornelio, habían aceptado el judaísmo y adoraban a Jehová. En algunos casos también significaba que guardaban el sábado y se abstenían de alimentos prohibidos por la ley. Pero estos gentiles no se habían identificado plenamente con el judaísmo, pues no se habían sometido a la circuncisión ni guardaban minuciosamente todo lo que debía observar un judío piadoso. Ver t. V, pp. 63-64.
Las expresiones mencionadas han sido muy debatidas entre los eruditos. En 2 Crón. 5: 6 (LXX) aparecen, además de la congregación de Israel, "los que temían", lo cual induce a pensar que éstos no eran considerados como miembros de la congregación de los judíos. Josefo (Antigüedades xiv. 7. 2) habla también de los judíos y de "adoradores de Dios" que enviaban sus ofrendas al templo desde todas partes del mundo.
Se ha sugerido además que los que "temían a Dios" o "adoraban a Dios", que aparecen en Hechos, son los "prosélitos de la puerta", de quienes se dice que eran medio prosélitos porque aunque adoraban a Jehová y observaban parte de la ley judía no habían sido circuncidados, y por lo tanto no eran considerados completamente judíos. Algunos dudan de esta explicación.
Por eso podría decirse que las expresiones "temeroso de Dios" o "adorador de Dios" pueden haber sido frases convencionales en el período del NT para referirse a un determinado grupo de semiprosélitos del judaísmo, quienes, como muchas veces se ha sugerido, eran reconocidos hasta cierto punto en la sinagoga. Es posible que un término similar, "temerosos del cielo", pudiera haber representado al mismo grupo en el judaísmo posterior. Los que temían a Dios difícilmente podrían haber sido reconocidos formalmente dentro de la comunidad judía, y su relación con el judaísmo no debe haber tenido un carácter legal; sin embargo, el hecho de que existieran esos varones piadosos en todo el Imperio Romano proporcionaba a los predicadores cristianos un público de gentiles que, aunque no estaban atados al legalismo judío, eran sinceros buscadores de Dios y conocían algo de las Escrituras de los judíos 246 (especialmente la LXX) y las creencias judías.
Con toda su casa.
Cornelio no estaba satisfecho con haber encontrado una verdad superior, sino que procuraba impartírsela a su familia, a sus siervos y a los que estuvieran bajo su influencia. El soldado que fue enviado a buscar a Pedro es llamado "devoto" (vers. 7).
Muchas limosnas.
Cornelio era generoso como el otro centurión de quien los judíos dijeron:
"ama a nuestra nación,y nos edificó una sinagoga" (Luc. 7: 5).
Al pueblo.
El pueblo judío, no los gentiles.
Oraba.
La combinación de la generosidad y la oración era común en cl judaísmo y también en el cristianismo primitivo (cf. Mat. 6: 2, 5; Hech. 10: 4; 1 Ped. 4: 7-8; Tobías 12: 8).
La visión que se relata a continuación indudablemente puede considerarse como una respuesta a las oraciones de Cornelio, por esta razón es lógico pensar que él estaba buscando cómo conocer más ampliamente la voluntad de Dios (cf. Hech. 1l: 14).
3.
Una visión.
Gr. hórama, "lo que se ve", y especialmente, como aquí, lo que la Divinidad permite que se vea. El artículo no aparece en griego; podría traducirse sencillamente: "en visión". Ver com. 1 Sam. 3: 1.
La hora novena.
Las 3 de la tarde era la hora de la oración vespertina en el templo (ver com. Mat. 27: 45; Hech. 3: 1). Según parece, Cornelio se había habituado a las horas judías de oración, pues estaba orando cuando le fue dada esta visión (cap. 10: 30).
4.
Atemorizado.
Cornelio describió al ángel como "un varón con vestido resplandeciente" (vers. 30; cf. cap. 1: 10). La repentina aparición del ángel atemorizó a Cornelio al comienzo. Los soldados romanos que vigilaban la tumba de Jesús, pero que no tenían la experiencia espiritual de Cornelio, temblaron y quedaron como muertos ante la presencia de la resplandeciente gloria del ángel de la resurrección (Mat. 28: 2, 4; cf., Dan. 10: 7-11).
¿Qué es?
Esta pregunta de Cornelio indicaba que la visión implicaba más de lo que él podía comprender; y sus palabras dan a entender que estaba listo para seguir la conducción divina. Compárese con la respuesta de Santo cuando Cristo se le apareció cerca de Damasco (cap. 9: 6).
Señor.
La palabra griega kúrios, "señor", no es más que un título de cortesía cuando se aplica a las personas (cap. 16: 30); sin embargo, los judíos usaban el término kúrios para referirse a Jehová, y los cristianos lo utilizaron para indicar la soberanía y la divinidad de Jesús. No se sabe si Cornelio usó este término como una expresión de respeto, o si comprendió que estaba hablando con un ser celestial y lo usó como una señal de devoción y piedad. La segunda interpretación es más probable.
Mis oraciones y tus limosnas.
Ver com. vers. 2. Las limosnas de Cornelio eran una expresión concreta de la sinceridad de su vida espiritual íntima, fortalecida por sus constantes oraciones.
Han subido.
La oración se considera como un incienso que asciende al trono de Dios (Apoc. 5: 8; 8: 3-4) o como el humo del holocausto que en hebreo era llamado 'olah, "lo que sube". Esta expresión era especialmente apropiada para referirse a una oración ofrecida a la hora del sacrificio vespertino (ver com. Hech. 10: 3).
Memoria.
Gr. mn'mósunon, "memoria", palabra que se usa repetidas veces en la LXX para referirse a la parte de la ofrenda de granos que el sacerdote quemaba sobre el altar (Lev. 2: 2, 9, 16; 5: 12; 6: 15). El humo que subía de la ofrenda quemada representaba las oraciones de Israel. La misma palabra aparece en Tobías 12: 12, LXX: "Era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones" (BJ). Las oraciones de Cornelio eran aceptables a Dios, pues seguía "aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre" (Juan 1: 9), y compartía esa fe que desde la fundación del mundo abrió el camino a la justificación: la fe de que el verdadero Dios existe "y que es galardonador de los que le buscan" (Heb. 11: 6).
5.
Envía, pues, ahora hombres.
Dios anhelaba que Cornelio hiciera un esfuerzo intenso para obtener el conocimiento del Evangelio. Las verdades que se aprenden como resultado de la búsqueda personal, muchas veces son consideradas más preciosas que las que se nos enseña a aceptar.
Haz venir a Simón.
Sin duda, el centurión podría haber descubierto que Simón el apóstol estaba alojado con Simón el curtidor; pero Dios, el Omnisapiente, sabía dónde estaba Pedro y dio a Cornelio la dirección exacta. Dios conoce los detalles más íntimos de la vida de cada persona. Cuando el hombre 247 comprende esto se siente convencido de que no debe pecar; pero aún más: se siente animado a vivir una vida piadosa. Dios conocía las andanzas y las tristezas del salmista (Sal. 56: 8). El Señor se da cuenta hasta de la caída de un pajarillo y tiene contados los cabellos de cada persona (Mat. 10: 29-31). Es notable el paralelo que hay entre los casos de Cornelio, de Ananías y de Saulo (Hech. 9: 10-12).
6.
Simón curtidor.
Ver com. cap. 9: 43.
El te dirá.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de la última frase del versículo. Sin embargo, esta idea está implícita en el relato que hizo Pedro de su visita a Cornelio: "él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa" (cap. 11: 14). Este es uno de varios casos que aparecen en algunos manuscritos tardíos de Hechos, donde aparentemente se intentó presentar una narración completa en los primeros capítulos juntando y cotejando declaraciones que aparecían originalmente sólo en capítulos posteriores (cf. cap. 9: 6).
Respecto a la posición de los prosélitos y de los "temerosos de Dios", que habían aceptado parcialmente la fe judía, ver t. V, p. 63-64.
7.
Un devoto soldado.
El adjetivo "devoto" sugiere que este hombre era, como el centurión que lo mandaba, adorador del verdadero Dios; pero es difícil pensar que ya fuera un prosélito circuncidado (ver t. V, p. 64).
8.
A Jope.
De Cesarea a Jope había unos 50 km. Jope era la ciudad de donde huyó Jonás cuando fue llamado a predicar a los gentiles un mensaje que los salvó. En esta ocasión se llama a Pedro en esta misma ciudad para que fuera a predicar el Evangelio a los gentiles.
Haberles contado todo.
Es evidente la confianza que Cornelio tenía en quienes estaban bajo su mando, pues les contó franca e inmediatamente todo lo relacionado con su visión. Sin duda ya conocían sus esperanzas y oraciones, y ahora estaban listos para compartir la respuesta prometida. Todo esto proyecta luz sobre el carácter de Cornelio e indica que, hasta donde le fue posible hacerlo, había tratado de compartir con los que estaban al alcance de su influencia la verdad que lo había llevado a él a una vida mejor.
9.
Se acercaban.
Los acontecimientos que precedieron a la visión de Pedro ocurrieron de tal modo que la culminación de la visión se produjo justamente cuando llegaron los mensajeros (vers. 17-20).
La azotea.
Gr. dôma, "casa", "edificio". Estar "sobre la casa" (dôma), como dice en el griego, equivalía a estar sobre el techo de la casa, es decir, en la "azotea" o "terrado" (BJ), pues los techos solían ser planos. Este era un lugar apropiado para la oración y la meditación. En una ciudad como Jope y en la casa de un curtidor, la azotea era quizá el único lugar apropiado para un propósito tal. En 1 Sam. 9: 25; 2 Rey. 23: 12; Jer. 19: 13; Sof. 1: 5; Mat. 10: 27 aparecen otros usos que se daba a las azoteas.
La hora sexta.
A mediodía. Entre los judíos ésta no era probablemente una de las horas regulares de oración; la literatura judía más antigua nada dice al respecto. Es posible que las personas muy piadosas pudieran haberla observado (Sal. 55: 17), y quizá pueda interpretarse que así ocurría en el caso de Pedro (ver com. Hech. 3: 1); sin embargo, también son posibles otras explicaciones. La oración matutina, que regularmente se ofrecía a las 9 de la mañana podía elevarse en cualquier momento antes del mediodía; por lo tanto, Pedro podría muy bien haber estado haciendo la oración matutina. Un reglamento judío que se remonta por lo menos al siglo III d. C. sugiere otra posibilidad interesante: Si una persona no había comido hasta mediodía, entonces debía ofrecer primero su oración vespertina antes de comer, porque la oración vespertina (normalmente alrededor de las 3 de la tarde) no debía pronunciarse poco después de haber comido. Como se dice que Pedro tenía "gran hambre" (cap. 10: 10), es posible que ese día aún no hubiera comido, y por lo tanto quizá estaba ofreciendo su oración vespertina en una hora temprana.
Cualquiera que sea la explicación que se dé al hecho de que Pedro estaba orando a esa hora, es claro que su meditación y su devoción abrieron la puerta para que recibiera la visión exactamente en el momento apropiado que lo prepararía para recibir a los mensajeros enviados por Cornelio, un gentil.
10.
Gran hambre.
Pedro no estaba ayunando porque tenía intenciones de comer. El apetito que sintió antes de mediodía lo preparó para recibir la orden de comer que le sería dada en relación con su visión. En estas circunstancias la orden tenía un significado especial.
Un éxtasis.
Gr. éktasis, tiene la idea de estar fuera de sí, indica que la mente se ha alejado de su ambiente natural. En el cap. 22: 17 248 Lucas emplea de nuevo la palabra éxtasis para describir lo que Pablo vio en el templo. La LXX usa este mismo vocablo para describir el sueño profundo de Abrahán (Gén. 15: 12). Durante el éxtasis se presenta un estado en el cual la captación natural de los sentidos queda en suspenso, de modo que la visión es sólo mental, como en sueños (cf. 2 Cor. 12: 3). El éxtasis de Pedro fue un medio para recibir la revelación de la voluntad divina.
11.
El cielo abierto.
Esto indica que la visión y su mensaje eran de Dios (cf. cap. 7: 56).
Algo.
"Una cosa" (BJ). Gr. skéuos, "vasija", "tiesto", palabra empleada para describir muchos tipos de utensilios. Aquí es un término general que describe algún tipo de recipiente.
Atado.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "era bajado de las cuatro puntas". En el griego se habla de "los cuatro comienzos del lienzo", y lógicamente se entiende que son sus puntas. Parece que lo que el apóstol vio fue un lienzo extendido que bajaba sostenido por sus cuatro puntas, lo que podría compararse con los cuatro extremos o puntos cardinales del cielo abierto.
12.
De todos los cuadrúpedos.
En la visión había toda clase de animales, tanto los que eran permitidos comer a los judíos como los que les eran prohibidos, pero los comían los gentiles.
13.
Mata y come.
Pedro tenía hambre, y lo que su apetito lo impulsaba a hacer fue confirmado por una voz del cielo. Pedro se negó a comer por causa de su conciencia; aún no había aprendido que la distinción entre judío y gentil había sido eliminada en Cristo (Gál. 3: 28-29). Y es evidente que Pedro no lo aprendió plenamente ni aun después de esta visión, pues más tarde en Antioquía procedió hipócritamente, y Pablo tuvo que reprenderlo en forma pública (Gál. 2:9-21).
14.
Señor, no.
La enfática negación de Pedro aun ante la orden del cielo, concuerda bien con su carácter (cf. Mat. 16: 22; Juan 13: 8). Esta exclamación suya recuerda la de Ezequiel cuando vio a Israel comiendo alimentos inmundos (cap. 4: 14). Abstenerse de las carnes inmundas era una de las características más resaltantes de los judíos, y una distinción a la cual se ceñían rigurosamente. Este había sido uno de los problemas básicos entre judíos y sirios durante la guerra de los Macabeos (2 Mac. 6: 18-31), y por cumplirlo los judíos más fieles habían estado dispuestos a sacrificar sus vidas.
Sin embargo, la distinción entre animales limpios e inmundos, presentada claramente en Lev. 11, era anterior a la nación judía. Esta distinción fue establecida por Dios y respetada por Noé cuando supervisó la entrada de los animales en el arca (Gén. 7: 2; cf. cap. 8: 20). La alimentación original del hombre se componía de frutas, cereales y leguminosas (Gén. 1: 29). Antes que la carne se añadiera a este régimen alimentarlo (Gén. 9: 2-3), ya se había presentado claramente la distinción entre animales limpios e inmundos; por lo tanto, no tiene una base sólida la posición de que la prohibición de los alimentos inmundos fue quitada cuando la ley ceremonial judía terminó en la cruz. En la visión de Pedro estas restricciones alimentarias se referían en forma simbólica a las distinciones que hacían los judíos, entre ellos y los gentiles, y a la abrogación de esas distinciones. Esta diferencia era lo que se estaba destacando en ese momento (ver com. Gén. 9: 3; Lev. 11; Hech. 10: 15; Nota Adicional de Lev. 11).
Común.
El uso de la palabra "común" para referirse a lo "impuro" según la ley mosaica, reflejaba la actitud judía hacia los gentiles. Se consideraba que todos los que no eran judíos eran gente "común" que estaba excluida del pacto de Dios. Las prácticas de esos parias espirituales, diferentes de las del pueblo escogido, eran llamadas "comunes" y como estas cosas "comunes" eran generalmente las que prohibía la ley, todas las costumbres o actos prohibidos se denominaban "comunes". Cuando las manos de una persona estaban ceremonialmente impuras también se las llamaba "manos comunes" (en Mar 7: 2 literalmente en griego, "inmundas").
15.
Lo que Dios limpió.
Nótese que en la visión todos los animales -limpios e inmundos- estaban en un mismo nivel, pues se los había hecho descender del cielo en un mismo lienzo. Representaban una mezcla general, de la cual ninguna parte debía llamarse "común o inmunda". Al interpretar la visión, debe reconocerse que aunque fue dada cuando Pedro sintió verdadera hambre (vers. 10), sin embargo no tenía nada que ver con comida sino con personas. Pedro debía llegar a sentir hambre por las almas de las personas de toda raza y lugar Después de haber aprendido esta lección, al menos en parte, Pedro declaró: "Me ha mostrado Dios 249 que a ningún hombre llame común o inmundo" (vers. 28). Los gentiles, a quienes solía considerarse "inmundos", estaban aguardando el ministerio espiritual de Pedro. El no debía vacilar en brindarles ese ministerio. Ya no debían ser considerados "inmundos".
16.
Se hizo tres veces.
La visión se repitió tres veces, sin duda para que pudiera ser fijada en la mente del apóstol. El sueño de Faraón también se le repitió dos veces (Gén. 41: 32), y Jesús había repetido a Pedro tres veces la orden de alimentar sus "corderos" y sus "ovejas"(Juan 21: 15-17), orden que ahora debía cobrar un significado nuevo y más amplio para el apóstol.
17.
Estaba perplejo.
Esta misma expresión se emplea para describir la perplejidad de Herodes cuando la gente decía de Cristo que era Juan el Bautista que había resucitado (Luc. 9: 7). Cuando Pedro sale del éxtasis, no sabe cómo aplicar lo que ha visto y oído; pero los enviados por Cornelio, que en ese momento lo llaman, le traen la respuesta. Ver Hech. 10: 28.
Llegaron a la puerta.
A Cornelio se le había dado en términos generales la dirección de la casa de Simón (vers. 6). Cuando los mensajeros comprobaron que los detalles eran correctos, sin duda sintieron confianza en que su misión tendría éxito. No fue por coincidencia que Cornelio recibiera la visión con el momento exacto de anticipación, para que la llegada de los mensajeros a la casa de Pedro después de caminar unos 50 km -(ver com. vers. 8)-, coincidiera con el momento preciso de la visión de éste.
19.
Pedro pensaba.
Pedro meditaba en su dificultad y se preguntaba qué era lo que Dios había querido enseñarle mediante la visión. Mientras estaba en esta condición, vino la respuesta.
Le dijo el Espíritu.
Pedro ya no estaba en éxtasis. El Espíritu divino le habló en lo más íntimo de su alma. Estas instrucciones implicaban que Pedro debía relacionar la llegada de la delegación que lo buscaba con la visión que había tenido.
Tres hombres.
Los dos siervos y el soldado a quienes Cornelio había enviado (vers. 7). Algunas versiones dicen: "dos hombres"; sin embargo la evidencia textual se inclina (cf. p.10) por el texto "tres".
20.
Desciende.
Pedro estaba todavía en la azotea.
No dudes.
"Ve con ellos sin vacilar" (BJ).Como en una ocasión anterior, Pedro aún no sabía lo que estaba haciendo su Señor, pero pronto lo conocería (Juan 13: 7). El y los mensajeros de Cornelio actuaban movidos por el Espíritu Santo. En la visión no se le había ordenado a Pedro que debía hacer un viaje; pero ahora se le informó que tenía que hacerlo, y comprendió que la orden "no dudes en ir" significaba que al viajar no debía hacer diferencias de ninguna clase entre judíos y otras personas. Por lo tanto, la visión se hizo poco a poco más comprensible y se disipó su perplejidad.
21.
Que fueron enviados por Cornelio.
Si bien es cierto que los hombres habían sido enviados por Cornelio, la evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta frase.
¿Cuál es la causa?
El Espíritu le había dicho a Pedro que los hombres lo aguardaban y que debía ir con ellos; pero no se le había informado en cuanto a la razón por la cual habían venido. Era, pues, natural que su primera pregunta se refiriera al propósito de la visita de ellos.
22.
Cornelio el centurión.
La descripción que dan los mensajeros parecería implicar que Cornelio no era del todo desconocido en Jope. Pedro bien pudo haber recordado aquel otro centurión cuyo nombre no se registra, que estaba en la guarnición de Capernaúm y había construido una sinagoga para los judíos (Luc. 7: 5). Al recordar ese caso también pudieron venir a su mente las palabras de su Maestro cuando alabó la fe del centurión, y dijo que vendrían "muchos del oriente y del occidente" y se sentarían "con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos" (Mat. 8: 11).
Temeroso de Dios.
Ver com. vers. 2.
Que tiene buen testimonio.
Tenía buen testimonio por las limosnas que había dado y por su evidente reverencia hacia el verdadero Dios. La piedad de Cornelio no sólo era conocida por la población de Cesarea, sino también entre todos los judíos.
Ha recibido instrucciones.
Gr. jr'matízÇ, "advertir", se usa con frecuencia para señalar las instrucciones dadas por Dios. Los autores paganos lo emplean para referirse a los oráculos de las divinidades paganas. Josefo lo usa varias veces para indicar que Dios habla a las personas. En el NT se aplica para describir las advertencias dadas a los magos (Mat. 2: 12) y a José (Mat. 2: 22), para la revelación dada a Simón (Luc. 2: 26) y los mensajes 250 divinos enviados a Moisés (Heb. 8: 5) y a Noé (Heb. 11: 7).
Para oír tus palabras.
Es decir, para aprender de Pedro lo que Dios quería que Cornelio hiciera (cap. 11: 14).
23.
Haciéndoles entrar.
Cuando Pedro invitó a estos gentiles a entrar en la casa, dio el primer paso hacia la eliminación de los escrúpulos que los judíos tenían contra los gentiles.
Al día siguiente.
Alrededor del mediodía "Pedro subió a la azotea para orar"; por lo tanto, la llegada de los mensajeros, después de la visión, debe haber ocurrido en las primeras horas de la tarde. Como ya era muy tarde para que llegaran ese mismo día a Cesarea, a unos 50 km de distancia, Pedro no emprendió el viaje en seguida. Además, sin duda los mensajeros necesitaban descansar de su viaje hasta Jope.
Algunos de los hermanos.
Según el relato del apóstol (cap. 11: 12) fueron seis los hermanos, sin duda cristianos judíos (vers. 45), que lo acompañaron. Es probable que Pedro recordara las palabras de Cristo: "Toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra" (Mat. 18: 16). Deseaba que ellos informaran a la iglesia de cualquier cosa que él hiciera. En Hech. 11: 12 se alude a la utilidad del testimonio que más tarde dieron en Jerusalén. Seguramente Pedro les informó de su visión y del mensaje que habían traído los siervos de Cornelio. La buena reputación de Cornelio tuvo que haber sido de importancia para ellos y los impulsó a ir con Pedro.
24.
Al otro día.
Parece que Pedro y sus compañeros se hospedaron en algún lugar entre Jope y Cesarea, lo que también pudieron haber hecho los mensajeros de Cornelio cuando viajaban a Jope (vers. 7-9, 17). El camino corría a lo largo de la costa del Mediterráneo.
Los estaba esperando.
Los preparativos de Cornelio demuestran cuán convencido estaba de que su visión había sido real y que Dios estaba a punto de dar respuesta a sus oraciones.
Sus parientes y amigos más íntimos.
Indudablemente, entre éstos había soldados que estaban bajo el mando de Cornelio, que más o menos simpatizaban con su creencia religiosa, y también amigos de la comunidad; y procuró que la nueva luz que estaba por recibir, llegara a tantos como fuera posible.
25.
Adoró
Gr. ProskunéÇ, significa "arrodillarse delante". Puede significar "rendir homenaje" o "adorar", según sea el caso y el objeto del homenaje. La BJ traduce literalmente: "Cayó postrado a sus pies". Caer a los pies de alguien era la forma más apropiada de rendirle homenaje. Así se postraron Jairo (Mat. 9: 18) y Juan (Apoc. 22: 8) delante de Jesús y del ángel, respectivamente. Esta actitud de Cornelio, oficial romano, demuestra que aceptaba a Pedro como un mensajero de Dios. Un acto tal sin duda no era común entre los soldados romanos, y mucho menos para con un judío.
26.
Le levantó.
La respuesta de Pedro indica que el homenaje y la adoración deben reservarse sólo para Dios. Nunca es correcto que una persona exija o reciba tal homenaje de parte de otro ser humano. Las palabras de Pedro son similares a las de Pablo en Listra (cap. 14: 15). Al adorar a los santos o aun a los ángeles se borra la distinción que siempre debe existir entre Dios y el hombre (Apoc. 22: 9).
27.
Hablando con él.
Lo que sigue indica que Cornelio le dijo al apóstol muchas cosas que no se mencionan específicamente en el texto.
Entró.
Parece que la recepción tuvo lugar cerca de la entrada de la casa de Cornelio. La acción de Cornelio al salir a recibir a Pedro mostraba algo del espíritu del centurión que dijo a Jesús: "No soy digno de que entres bajo mi techo" (Luc. 7: 6).
Muchos.
La personalidad y la conducta de Cornelio le habían ganado muchos amigos. Su entusiasmo y su fe lo habían inducido a reunirlos para que vieran y escucharan a un hombre acerca del cual él nada sabía (ver com. vers. 24).
28.
Cuán abominable es.
El apóstol dio por sentado que quienes le escuchaban sabían que un judío no podía juntarse con un gentil. Los autores clásicos conocían el exclusivismo judío. Juvenal (60?- 122 d. C.) escribió: "Ellos, acostumbrados a desobedecer las leyes de Roma, aprenden, y practican, y reverencian la ley judía, y todo lo que Moisés les entregó en su tomo secreto, prohibiéndoles que señalen el camino a cualquiera que no adore los mismos ritos y que no conduzcan a nadie a la fuente deseadas sino a los circuncidados" (Sátiras xiv. 100-104). Tácito escribió algo similar: "Los judíos son extremadamente leales el uno con el otro, y siempre están 251 listos para mostrar compasión; pero para con todo otro pueblo no sienten sino odio y enemistad. Se sientan aparte en las comidas, y duermen aparte" (Historia v. 5).
Por supuesto, Pedro hablaba desde el punto de vista del fariseísmo tradicional y no de la ley en sí; pero se hacía amplio alarde de tales sentimientos y se manifestaban en las rigurosas formas cada vez que se relacionaban judíos y paganos. Un judío estricto vacilaría en vivir en casa de un gentil. En la Mishnah se lee: "Las moradas de los paganos son inmundas" (Oholoth 18. 7). En un antiguo comentario judío sobre Levítico, aparece un notable ejemplo de contaminación ceremonial por contacto con un gentil. "Se relata que Simeón, hijo de Kimjith salió a hablar con un rey árabe, y un chorrillo de saliva de la boca de éste cayó sobre las vestiduras de aquél y lo contaminó. [Entonces] su hermano Judas entró, y ministró como sumo sacerdote en su lugar" (Midrash Rabbah, Lev. 20: 11). El sistema hindú de castas, según el cual las castas superiores no deben tener nada que ver con las inferiores -algo que va desapareciendo lentamente bajo la presión de la ley y los sentimientos liberales-, presenta un paralelo moderno muy semejante al sentimiento judío para con los gentiles.
Juntarse.
Es decir, tener contacto directo. Ver com. cap. 9: 26. Aunque el trato de la vida diaria obligaba a los judíos a estar constantemente en compañía de los gentiles, debían evitar un estrecho contacto para no contaminarse desde el punto de vista ceremonial.
A ningún hombre llame común.
El apóstol mostró de esta manera que había aprendido la enseñanza de la visión. La humanidad había sido redimida por la encarnación, el sacrificio y la ascensión de Cristo, y hasta el pagano más humilde ya no era común o inmundo. Dios estaba dispuesto a recibir a todos los hombres, y por medio de Jesús lo sigue haciendo. El pecado es lo único que puede separar al hombre de Dios (Isa. 59: 2). La impureza debe considerarse como una tacha moral, no física ni racial. El seguidor de Dios debe aprender la ver en cada pecador la posibilidad de que llegue a ser una persona justificada, santificada y redimida. Puesto que cada persona puede llegar a experimentar esta magnífica transformación, debe ser respetada como alguien en quien la imagen de Dios no se ha borrado totalmente y en quien puede restaurarse (1 Ped. 2: 17). El orgullo de clase social que sólo se basa en diferencias de cultura o de oportunidad, y se manifiesta en hechos y palabras de desprecio, es, desde cierto punto de vista, aun menos excusable que las diferencias que tienen una base religiosa. Estas últimas tienen más posibilidades de remediarse.
De este versículo se deduce claramente que la lección que Dios le enseñó a Pedro tenía que ver con gente y no con animales. El Evangelio debía alcanzar a todas las personas. Finalmente serían inmundos sólo quienes rechazaran los esfuerzos de Dios para su salvación.
29.
Sin replicar.
Pedro había ido a Cesarea sin vacilar, y sin discutir la orden que había recibido; había seguido por fe la conducción del Espíritu aunque sólo veía vislumbres de lo que Dios quería que hiciera.
30.
Hace cuatro días.
Este es un claro ejemplo de cómputo inclusivo (ver. t. I, pp. 191-192; t. II, pp. 139-141; t. V, pp. 240-241). Cornelio recibió la visión y envió a sus siervos el primer día (vers. 3, 7-8); llegaron a Jope al segundo día (vers. 9, 17); y junto con Pedro y sus compañeros partieron de Jope al tercer día (vers. 23); y todos llegaron a Cesarea al cuarto día (vers. 24). Puesto que se encontraron con Cornelio aproximadamente a la misma hora en que había tenido su visión (ver com. "a esta hora"), el período total difícilmente habría sido mayor de 72 horas. Sin embargo, como en ese lapso se incluían partes de cuatro días, Cornelio dijo que habían transcurrido "cuatro días".
Estaba en ayunas.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) la omisión de esta frase.
A la hora novena.
Este versículo aparece en los manuscritos antiguos en diversas formas. En el griego dice: "estaba orando la novena", es decir, la oración de la hora novena. Quizá la forma más sencilla de traducir este pasaje sea la siguiente: "Hace cuatro días, alrededor de esta misma hora, estaba yo orando la [oración de la hora] novena en mi casa".
Con vestido resplandeciente.
Cf. cap. 1:10. La frase griega aquí empleada es la misma que se traduce como "ropa espléndida" en Sant. 2: 2-3. El mismo adjetivo es empleado por Juan para describir la vestimenta "resplandeciente" de los ángeles (Apoc. 15: 6) y de la esposa (Apoc. 19: 8).
31.
Tu oración.
En el pasaje paralelo (vers. 4) se habla de "oraciones" en plural; aquí 252 aparece en singular. Se insinúa aquí que Cornelio había presentado un pedido específico, que había orado por algo definido. Sin duda en esa oración había pedido mayor luz y un conocimiento más pleno de la verdad (ver com. vers. 2).
Tus limosnas.
Ver com. vers. 4.
Han sido recordadas.
En el griego aparece aquí una forma verbal del sustantivo que se traduce "memoria" en el pasaje paralelo (ver com. vers. 4).
32.
Jope.
Ver com. cap. 9: 36; 10: 8.
Simón, un curtidor.
Ver com. cap. 9: 43.
33.
Tú has hecho bien.
Cornelio expresa no sólo aprobación sino profunda gratitud (ver Fil. 4: 14).
Todos nosotros estamos aquí.
Estas palabras indican que los amigos reunidos con Cornelio compartían su ansiedad por ampliar su conocimiento de la verdad, y estaban dispuestos a cumplir con cualquier condición que les fuera revelada como la voluntad de Dios.
Para oír.
Esta expresión incluye también la intención de creer y de obedecer (ver com. Juan 5:24). El centurión esperaba escuchar de Pedro palabras por medio de las cuales él y toda su casa pudieran ser salvos.
34.
Abriendo la boca.
Expresión que se usa como introducción para dichos importantes (ver com. cap. 8: 35).
Acepción de personas.
Gr. prospolémptes, "el que recibe la cara", es decir, uno que distingue entre las personas según las apariencias externas. En hebreo se encuentra un paralelo interesante en la frase naÑa´fanim "levantar el rostro", que en el uso común significaba hacer distinciones injustas entre los hombres. Ver t. V, p. 108. Pedro había visto que su Señor no hacía "acepción de personas", es decir, no tomaba en cuenta distinciones ni de posición social, ni de conocimiento, ni de riqueza. Esto lo admitieron hasta sus enemigos (Mat. 22: 16). Santiago subraya este mismo rasgo de carácter como algo esencial en todos los que quieren ser verdaderos discípulos de Cristo (cap. 2: 1-9). Pedro necesitaba aprender que la total aplicación de este gran principio exigía que los cristianos judíos aceptaran a los de otras razas como iguales a ellos. Pablo, paladín del cristianismo entre los gentiles, destaca este principio en Rom. 2:9-11. Pedro estaba aprendiendo de la visión de Cornelio, semejante a la que él mismo había tenido, que Dios se hace conocer de todos los que aspiran a la justicia, ya sean judíos o gentiles, cf. Deut. 10: 17; 1 Sam. 16: 7.
35.
En toda nación.
Pedro vagamente comprendía que el cristianismo no debía ser una religión nacional. En su trato con Cornelio comenzó a comprender cómo podría ocurrir esto, aunque aún no lo entendía cabalmente. Pablo declararía poco después que delante de Dios no importan ni raza, ni sexo, ni posición social (Gál. 3:28; Col. 3: 10-11). Los judíos habían llegado a considerarse como el pueblo exclusivo del interés, del cuidado y de la misericordia de Dios. Antes del cautiverio babilónico habían amoldado su vida, sus creencias y prácticas religiosas a las de las naciones paganas que los rodeaban (ver t. IV, p. 33); pero cuando regresaron del cautiverio se esforzaron hasta el máximo por aislarse de sus vecinos gentiles. Se desarrolló en ellos un espíritu de exclusivismo que los llevó a despreciar a los que no eran israelitas y a negar que pudieran ser aceptados por Dios.
Al principio este espíritu exclusivista constituyó el principal obstáculo para el avance del Evangelio entre los que no eran judíos. Si el cristianismo hubiera seguido siendo sólo una secta judía -según lo concebían los primeros cristianos de origen judío- nunca podría haberse difundido entre toda clase de gente, por todas partes. Por lo tanto, la primera gran tarea de la iglesia fue romper las estrechas ataduras del judaísmo. Por medio de la conversión de Cornelio, el Espíritu Santo hizo que la naciente iglesia diera su primer paso importante en esa dirección.
Se agrada.
"Le es grato" (BJ). Dios acepta a todos. Ya no tiene una raza o un pueblo escogido. El llama a todos que se arrepientan, y acepta a los que lo hacen con sinceridad.
Le teme.
Puede pensarse que esta frase y la siguiente abarcan, respectivamente, las dos tablas de la ley: la primera, referente al deber del hombre para con Dios; la segunda, a su deber para con sus prójimos. Ver com. Miq. 6: 8; Mat. 22: 34-40.
36.
Mensaje.
Este era el mensaje del Mesías, que traía paz a la tierra por medio de un Salvador, Cristo el Señor (Luc. 2: 14). Este mensaje fue predicado en primer lugar a Israel como pueblo escogido de Dios; pero en esta ocasión Pedro reconoció que Dios perdona los pecados de todos los que creen en él (Hech. 10: 43). El mensaje de paz no sólo sería 253 dado por Dios a la raza escogida, sino también a los gentiles.
Anunciando el evangelio.
Gr, euaggelízomai, "dar buenas nuevas"; en el sentido cristiano, "predicar el Evangelio" (cf. Isa. 52: 7).
Paz.
Se dice que Dios da paz al que está lejos como también al que está cerca, tanto al gentil como al judío (ver com. Isa. 57: 19; cf. cap. 49: 6). Cristo predicó esta paz entre Dios y todas las naciones sin distinción (Mat. 8: 11; Juan 12: 32; cf. Mat. 28: 19). Los apóstoles llevaron estas buenas nuevas al mundo. Hablando a los gentiles, Pablo dijo: "Vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Efe. 2: 13). Los apóstoles siempre predicaban que no había otro nombre debajo del cielo, fuera del de Cristo, por el cual puedan ser salvos los hombres (Hech. 4: 12), y que para los judíos y también para los griegos, Cristo era el todo y en todos (Col. 3: 11). Por lo tanto, en esta doctrina de la paz por medio de Cristo, hay armonía entre el AT y el NT, entre profetas y apóstoles. Cristo es Señor de todos (Rom. 3: 29).
La paz que se ha prometido no es en primer lugar paz entre los hombres, sino entre Dios y cada persona, y se la obtiene cuando se recibe la expiación por medio de Jesucristo por la fe (Rom. 3: 24-26; 5: 1). Jesucristo es el mensajero de paz; la base de la paz es su obra expiatorio; los términos de la paz son la fe; la bendición de la paz es la remisión de los pecados; el fruto de la paz es la santidad.
Señor de todos.
Puesto que Jesucristo es Señor de todos, ante él cada persona debe ser considerada como igual. Al decir esto, también Pedro quería evitar que Cornelio pensara que el Jesús a quien él consideraba como Mesías era sólo profeta y maestro.
37.
Lo que se divulgó.
Es decir, todas las nuevas de salvación mediante Cristo que se habían esparcido después de la predicación de Juan el Bautista acerca de Jesús. Parece que Cornelio y sus amigos conocían estas cosas, quizá por medio de la enseñanza que ya había llegado a Cesarea (cap. 8: 40). El contenido de esta enseñanza era que aunque Jesús había vivido como hombre en Nazaret, era el Ungido de Dios, el Mesías, y lo comprobaban las maravillas que había hecho (cap. 10: 38). Esto demuestra que la historia de Jesús era ampliamente conocida, que las nuevas acerca de él habían sido divulgadas en forma fervorosa y efectiva por apóstoles y laicos.
Comenzando desde Galilea.
Después que Jesús fue bautizado en el Jordán, comenzó a predicar en Galilea (Mar. 1: 14).
38.
Ungió.
Gr. jríÇ, "ungir"; de este mismo verbo deriva la palabra jristós, "ungido", o sea Mesías o Cristo (ver com. cap. 4: 26). Como esta palabra está poco después de la referencia de Pedro a Cristo (cap. 10: 36), parece implicar que fue durante su bautismo cuando Jesús recibió el Espíritu y se convirtió en el Mesías en forma pública y oficial (Mat. 3: 16-17), en el "Ungido", aunque era el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc. 13: 8).
Espíritu Santo
Jesús fue ungido en su bautismo, no con aceite, sino con el Espíritu Santo (Mat. 3: 13-17).
Con poder.
Cuando el Hijo de Dios se humilló en la encarnación, dejó a un lado el ejercicio independiente de sus atributos como la Segunda Persona de la Deidad (cf. t. V, pp. 895-896). Todo lo que realizó en la tierra lo hizo, como deben hacerlo todos los hombres, dependiendo del poder de lo alto (ver DTG 117; cf., Juan 5: 19, 30; 8: 28).
Anduvo haciendo bienes.
La vida de Jesús fue un ejemplo consecuente de dedicación al servicio de la humanidad (cap. 2: 22; DTG 51).
Oprimidos por el diablo.
Toda enfermedad y todo sufrimiento en cierto sentido vienen de Satanás; hasta la espina que Pablo tenía en la carne era un "mensajero de Satanás" que lo abofeteaba (2 Cor. 12: 7). Además, también existe la posesión demoníaca específica, no siempre reconocida como tal por el diagnóstico médico moderno. Esta posesión se manifestó con todo su espanto y horror durante los primeros años de la proclamación del Evangelio. Jesús venció esta fuerza todas las veces que le hizo frente. Vez tras vez echó fuera demonios. Ver Nota Adicional de Mar. 1.
Dios estaba con él.
Nicodemo confesó: "No puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (Juan 3: 2).
39.
Nosotros somos testigos.
Pedro había estado con Jesús desde el principio de su ministerio (Juan 1: 40-42). El apóstol reconocía que el objetivo principal de su misión era ser testigo de Cristo ante los hombres, así como el Señor lo había ordenado (Hech. 1: 8, 21-22; cf. Mat. 28: 19-20; Luc. 24: 48).
La tierra de Judea.
Mejor "la región de los judíos". La palabra griega jóra significa 254 "distrito", o algunas veces "campiña", haciendo notar la distinción entre campo y ciudad. Probablemente aquí pueda dársele este segundo significado (cf. Luc. 2: 8; Hech. 26: 20).
Mataron colgándole.
Ver com. cap. 5: 30.
Como lo hiciera antes (cap. 2: 23), Pedro presenta la crucifixión principalmente como un acto de los dirigentes y del pueblo de Jerusalén, y no del gobernador romano.
40.
Al tercer día.
Este es un ejemplo de cómputo exclusivo. Este método de computar el tiempo se estudia en el t. I, p. 191; t, II, pp. 139-141; t. V, pp. 240-241; cf. com. vers. 30. con referencia al tiempo que pasó Cristo en la tumba, ver Mat. 16: 21; Luc. 23: 53 a 24: 6.
Hizo que se manifestase.
Jesús no se dejó de ver de todos(vers. 41), pero mediante muchas pruebas fue claro para los que lo vieron que era el mismo Jesús, ahora vivo y glorificado, que había estado colgado en la cruz.
41.
No a todo el pueblo.
Los judíos en general, que no habían reconocido a Jesús como el Mesías predicho en las profecías del AT, difícilmente habrían sido testigos voluntarios de su resurrección (Luc. 16: 31). El hecho de que aun algunos de sus discípulos al principio no estuvieron dispuestos a aceptar al Cristo resucitado (Mat. 28: 17; Mar. 16: 14), ilustra de cuán poco valor habría sido una presentación pública ante todos los judíos.
Testigos que Dios había ordenado.
Los discípulos habían sido escogidos desde el principio no sólo para ayudar a Jesús en su ministerio, sino aún más: para ser testigos de lo que habían visto y oído después que él se fuera (Mat. 28: 19-20; Juan 17: 6-8; Hech. 1: 8; 2 Ped. 1: 16-18).
A nosotros.
Cf. Hech. 1: 3; 1 Cor. 15: 5-8.
Comimos y bebimos.
Luc. 24: 42-43; Juan 21: 13-15. El hecho de que Jesús comiera y bebiera era una prueba segura de que no era un fantasma fruto de la imaginación de sus discípulos.
42.
Nos mandó que predicásemos.
Esta orden está implícita en Mat. 28: 18-20 y también en las instrucciones de Hech. 1: 8 dar testimonio del reino de Dios (cf. cap. 1: 2).
Dios ha puesto.
Bajo las condiciones del pacto eterno, Cristo efectuaría la salvación del hombre. Por esto es apropiado que también fuera el juez de los hombres, en pleno cumplimiento del pacto.
Vivos.
Pablo (cap. 17: 31) concuerda con Pedro al relacionar la resurrección con la seguridad de que el que había resucitado sería el futuro juez de todos los hombres. El hecho de que Jesús fuera hombre, pero un hombre victorioso sobre el pecado y la muerte, y de que al mismo tiempo era Dios, el autor de la ley por la cual los hombres serán juzgados, hacen que sea lógico y apropiado que sea él quien juzgue a todos los hombres (ver com. Juan 5: 22, 27).
43.
Todos los profetas.
Pedro, como lo había hecho en sus discursos anteriores (cap. 2:16, 30; 3: 18 ), aquí también revela que comprende el significado de las profecías del AT en cuanto a Cristo y a su obra. Sin duda gran parte de esta comprensión era el resultado de la enseñanza que él y los otros apóstoles habían recibido de Cristo en el intervalo entre la resurrección y la ascensión (Luc. 24: 27, 44). En esta ocasión es probable que Pedro se estuviera refiriendo a pasajes como Isa. 49: 6; Joel 2: 32. El hecho de que Pedro empleara las Escrituras del AT para reforzar su argumento es una evidencia de que sabía que Cornelio y su casa conocían esos escritos. Todos los que en él creyeren. Esta es la promesa de Juan 3: 16. Pedro la repite como lo hará Pablo más tarde (Hech. 16: 31). La salvación se obtiene por la aceptación de la gracia de Dios por medio de Jesucristo (Efe. 2: 5, 8), y no por medio de las obras de la ley (Gál. 2: 16, 20-21). Las obras son el fruto de recibir la dádiva de la salvación (Efe. 2: 10; Fil. 2: 12-13).
Perdón de pecados.
Cf. cap. 2: 38; 3: 19.
Por su nombre.
Estas palabras deben haber impresionado profundamente a los que atentamente escuchaban a Pedro. Esta era la respuesta a sus dudas y perplejidades. Debían encontrar la salvación sin someterse a la circuncisión, ni a las tradiciones de los judíos, ni a todo lo que estas obligaciones implicaban, sino mediante el sencillo acto de fe en Cristo y en el poder de su nombre (ver com. cap. 3: 16). La salvación de ellos dependía del poder de los atributos divinos de Cristo, de los cuales su nombre era un pleno símbolo. Por medio de Jesucristo de Nazaret, ellos, a pesar de ser gentiles, recibirían el perdón de sus pecados. Su conciencia sensibilizada les enseñaría que esa era la condición necesaria para tener paz con Dios. La satisfacción de sus anteriores anhelos los colocaría en la condición espiritual apropiada para participar en el maravilloso acontecimiento que se va a 255 narrar en el versículo siguiente.
44.
El Espíritu Santo cayó.
El descenso del Espíritu Santo sobre el gentil Cornelio y su familia antes de que fueran bautizados cumplió directamente ante los compañeros de Pedro la promesa de Cristo de que el Espíritu Santo los guiaría "a toda la verdad" (Juan 16: 13). A pesar de la visión de Pedro, "los fieles de la circuncisión" aún no estaban preparados para aceptar plenamente a los gentiles en la iglesia (Hec. 10: 45), hasta que el derramamiento del Espíritu Santo demostró que los gentiles eran aceptados por Dios.
Muchos cristianos afirman que la recepción del Espíritu Santo viene después del bautismo. Enseñan que el bautismo tiene una virtud sacramental y que, por lo tanto, es un rito que produce gracia divina en el que lo recibe. Pero Cornelio y su familia recibieron el don del Espíritu Santo antes de ser bautizados, lo que demuestra que la recepción del Espíritu no depende del bautismo (ver com. vers. 47). El bautismo más bien es un símbolo visible de una regeneración espiritual interior, y deriva su significado de esa experiencia (ver pp. 44-46; com. Mat. 3: 6; Rom. 6: 3-6).
45.
Los fieles de la circuncisión.
Es decir los seis cristianos judíos ya mencionados (cap. 11: 12; cf. cap. 10: 23) que acompañaron a Pedro. Su asombro es una prueba de la realidad del don que recibieron Cornelio y su familia. Los cristianos habían supuesto hasta este momento que si los gentiles habían de ser cristianos, debían, en primer lugar, convertirse en prosélitos judíos. Es probable que el eunuco etíope bautizado por Felipe no fuera una excepción a esta regla; pero Cornelio y su familia eran gentiles y los compañeros de Pedro, cristianos judíos, no pudieron entender cómo tales personas podían recibir el don del Espíritu Santo sin antes haber sido prosélitos judíos. Otra razón más por la cuales estuvieran atónitos posiblemente pueda sugerirla el Talmud, el cual dice que el rabino José había afirmado que en los días del Mesías no se recibirían en Israel más prosélitos (Talmud Abodah Zarah 3b). Como los compañeros de Pedro creían que los tiempos del Mesías habían llegado, bien pudieron haber sentido la influencia de tal actitud exclusivista hacia los prosélitos.
Sobre los gentiles.
Los compañeros de Pedro, cristianos de origen judío, vieron el claro cumplimiento de la visión del apóstol. Cornelio y su familia, henchidos del Espíritu Santo, demostraban que desde ese momento nadie debía llamar a los gentiles comunes o inmundos. Sin duda esta evidencia fue suficiente para los cristianos que acompañaban a Pedro.
46.
Hablaban en lenguas.
En esta ocasión se vio una manifestación de los dones de Dios, similar a la que se había visto en Jerusalén en el día de Pentecostés (ver com. cap. 2: 4). Estas palabras implican una repentina emoción de gozo y ensalzamiento espiritual que se manifestó en un estallido de alabanza espontánea. En la historia de la iglesia apostólica hay varios casos registrados de la manifestación del Espíritu Santo por medio del don de lenguas (cf. Hech. 19: 6; cf. cap. 2: 4; ver com. 1 Cor. 14). Este don fue dado con un propósito útil. En el día de Pentecostés permitió que los apóstoles predicaran el Evangelio a las multitudes reunidas para la fiesta, que no hablaban arameo. En el caso de los conversos de Apolos que fueron rebautizados por Pablo en Efeso, es razonable suponer que esto los preparó para una eficiencia cristiana más amplia (ver com. Hech. 19:6). Del mismo modo, en este caso el don de lenguas fue una señal y un testimonio para los compañeros de Pedro que no estaban preparados para recibir a los gentiles en la iglesia.
47.
Entonces respondió Pedro.
No se registra la pregunta que Pedro respondió, pero es evidente que sus palabras responden las preguntas de los atónitos cristianos de origen judío en cuanto a lo que debía hacerse en vista de que el gentil Cornelio y su familia habían recibido el Espíritu Santo. Pedro había seguido la dirección de Dios al viajar a Cesarea a predicarles; ¿se atrevería también a bautizarlos ahora?
Impedir el agua.
¿Podía negárseles a estos gentiles la señal visible, cuando la gracia invisible y espiritual a la cual simbolizaba había sido concedida por Dios tan directa y manifiestamente? Como había ocurrido en el caso de los samaritanos (cap. 8: 15-17), el bautismo por lo general era seguido por la imposición de las manos, acompañada por el don del poder espiritual. Pero en este caso el don del Espíritu había sido concedido primero, y lo único que quedaba era realizar el acto visible de hacer que estos creyentes formaran parte de la sociedad de la iglesia. Este acontecimiento mostró que Dios da sus dones en forma directa y en la medida en que los hombres 256 estén listos para recibirlos (ver com. cap. 10: 44). Pero demostró de forma igualmente clara que ningún don espiritual, no importa cuán maravilloso sea, hace innecesario seguir ciertas formas visibles, tales como el bautismo. En verdad, el don excepcional fue concedido para que quitara cualquier escrúpulo que pudieran tener los de la circuncisión en cuanto a bautizar a esos gentiles. El don del Espíritu abrió el camino y siguió el bautismo.
También como nosotros.
Pedro reconocía que Dios había escogido a los gentiles tanto como a los judíos y concedido a ambos la misma gracia.
48.
Mandó bautizarles.
La construcción sintáctica de esta frase parece sugerir que Pedro no bautizó a estos conversos. Jesús ( Juan 4: 1-2) y Pablo (1 Cor. 1: 14-16) no bautizaron a sus conversos, y según parece, Pedro hizo lo mismo en esta ocasión. Pablo afirma que, por lo general, no bautizaba para que no surgieran diferentes grupos y se rompiera la unidad cristiana, pues los conversos se dividían según el que los había bautizado. Esta también pudo haber sido la razón que movió a Pedro en este caso (cf. 1 Cor. 1: 12).
No se dice quién fue el que bautizó. Quizá bautizaron los compañeros de Pedro. Es posible que ya hubiera una congregación organizada en Cesarea como resultado de la obra de Felipe, y los ancianos o diáconos de esta congregación, o Felipe mismo, pueden haber actuado siguiendo instrucciones de Pedro.
Señor Jesús.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "Jesucristo".
Que se quedase.
Es probable que Pedro hubiera aceptado la invitación (cf. cap. 11: 3), y de este modo hubiera mostrado que estaba preparado para actuar de acuerdo con la enseñanza de su visión. Pedro debe haberse juntado sin traba alguna con los nuevos conversos, comiendo y bebiendo con ellos (vers. 2-3), sin temor de contaminarse. Lucas le da tanta importancia al episodio de Pedro en Cesarea, que debe considerarse como un momento decisivo en la vida del apóstol, quien demostró que, en esencia, concordaba con Pablo. Aunque Pedro más tarde vaciló en su trato con los gentiles cristianos (Gál. 2: 11-13), y fue reprendido por Pablo, el relato de esa dura reprensión demuestra que Pedro había abandonado en gran parte sus prejuicios judíos; pero había actuado así porque fue presionado por la influencia de ciertos judíos muy estrictos que habían ido de Jerusalén a Antioquía.
Algunos días.
Ver com. cap. 9: 19.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-48 Ev 406; HAp 108-115; PE 79; SR 282-290
1-2 SR 282
2 CN 246; MC 160
2-5 HAp 108
4 1JT 386; 7T 216
4-6 SR 283
5,7-8 HAp 109
9-16 HAp 110
11-13 SR 306
11-16 SR 284
15 HAp 157; SR 307
17-20 HAp 111
17-24 SR 286
19-20 MC 375
21-23 HAp 111
24 HAp 112
25-26 HAp 112
25-29 SR 287
27-29 HAp 112
33 FE 108; 1JT 526; PVGM 39
33-34 HAp 112
33-35 SR 288
34 CMC 139, 168; 3JT 84; MB 114; PP 444; PR 21, 226, 274;
1T 475, 536; 4T 423
34-45 CRA 452
38 CC 10; CH 498; CS 22, 375; DTG 208; Ed 76; 1JT 209;
2JT 483; 3JT 298; MB 57, 60; MeM 121, 134,171,234; NB 95; PR 530;
PVGM 342; 1T 482; 2T 337; 3T 217; 4T 139, 268; 6T 415; 7T 221; 8T 208; 3TS 269
43 DTG 182
44-48 HAp 113; SR 289
46-47 SR 306 257
PALESTINA BAJO HERODES AGRIPA I
CAPÍTULO 11
1 Pedro es acusado de juntarse con los gentiles, 5 pero presenta su defensa, 18 y es aceptada. 19 El Evangelio es predicado en Fenicia, Chipre y Antioquía. Bernabé es enviado para que confirme a los creyentes. 26 Los discípulos son llamados "cristianos" por primera vez. 27 Hay hambre, y los discípulos envían socorro a los hermanos de Judea.
1 OYERON los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión,
3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?
4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo:
5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí.
6 Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.
8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca.
9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo.
11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea.
12 Y el espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón,
13 quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro;
14 él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.
15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.
16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.
20 Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.
21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.
22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía.
23 Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
25 Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía.
26 Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.
28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 258
29 Entonces los discípulos, cada uno conforme lo que tenía determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea;
30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
1.
En Judea.
O "por Judea" (BJ). El contexto implica que mientras Pedro permaneció en Cesarea la noticia de su entrevista con Cornelio se esparció, probablemente primero por Jope y Lida, y luego por Jerusalén.
Los gentiles.
La noticia de la conversión de los gentiles debe haber causado un gran impacto en la iglesia de Jerusalén. Hasta donde se sepa, esta fue la primera vez en que se bautizaron gentiles incircuncisos y se los recibió en la iglesia.
2.
A Jerusalén.
Donde aún estaba la sede central de la iglesia (ver com. cap. 8: 14).
Disputaban.
Gr. diakrínÇ, "separar", "vacilar", "dudar"; "distinguir", "hacer distinción", "discriminar"; "oponerse", "disputar con" (cap. 10: 20; 11: 12; 15: 9); lo que significa que se separaron de Pedro con hostilidad; se oponían a él y disputaban con él. Los que disputaban insistían en que la diferencia entre judíos y gentiles aún debía mantenerse; es decir, que los cristianos debían tener relaciones sólo con los que se habían hecho prosélitos del judaísmo y que observaban estrictamente la ley ritual. Cornelio no había sido recibido en la comunidad de judíos de Cesarea (cap. 10: 2), y el activo sentimiento judaizante en la iglesia tendía a impedir que fuera aceptado en la comunidad cristiana. Esto era comprensible debido al prejuicio que se había ido acumulando entre los judíos a través de generaciones de ritualismo. Es imposible hacer que toda una nación cambie radicalmente su modo de pensar en corto tiempo.
También debe señalarse que el hecho de que las ideas y la conducta de Pedro pudieran ser atacadas violentamente, demuestra que no se lo consideraba como cabeza de la iglesia, ni jefe de los apóstoles.
De la circuncisión.
No hay indicación alguna de que esta expresión describa a una clase especial de cristianos de origen judío, porque cuando esto ocurrió todos los conversos eran judíos o prosélitos. Por lo tanto, la protesta debe haberse levantado en toda la iglesia. Sin embargo la narración de Lucas fue escrita posteriormente, cuando "los de la circuncisión" se habían convertido en un partido separado, y su influencia estaba causando una clara división en las congregaciones cristianas. Por dicha razón, debe considerarse significativo el uso que le da Lucas a esta expresión. Ver com, vers. 3.
Los judíos de nacimiento, y que no habían oído acerca de la visión de Pedro ni habían visto el derramamiento del Espíritu Santo sobre Cornelio y su casa, deben ser perdonados si sus escrúpulos los hacían dudar del proceder de Pedro. Después de que escucharon su relato, quedaron satisfechos (cf. vers. 18); pero muchos cristianos de origen judío siguieron debatiendo este asunto en otras partes (Hech. 15: l; Gál. 2: 11-14).
3.
Has entrado.
Ver com. cap. 10: 28.
Incircuncisos.
En labios de un judío esto expresaba el máximo desprecio. En realidad indica el profundo sentimiento que se había despertado contra Pedro. Los hombres con los cuales había tenido trato no son llamados gentiles, sino "incircuncisos", palabra de amargo reproche en labios de un judío piadoso.
Has comido.
Pedro había comido con hombres entre los cuales, por lo general, no se tenía en cuenta la clase de alimento que se servía ni la forma de prepararlo, cosas muy importantes para el judío. Esta acusación era en esencia el problema. Compárese con las acusaciones de los fariseos contra Cristo (Luc. 5: 30; 15: 1-2; etc.). La actitud de los judíos en cuanto a comer con los gentiles se ve claramente en un pasaje del libro de los jubileos, escrito quizá a fines del siglo III a. C.:
"Y tú, hijo mío, Jacob, recuerda mis palabras, y observa los mandamientos de Abrahán, tu padre: Sepárate de las naciones, y no comas con ellos"(Jubileos 22: 16).
4.
Comenzó Pedro a contarles.
Esta repetición del relato del cap. 10, casi palabra por palabra, a primera vista parece no concordar con el pulido estilo literario de Lucas. Algunos comentadores explican que Lucas se informó de lo que presenta en la primera narración por lo que le contaron los discípulos con quienes se encontró en Cesarea, y que el segundo relato se lo contaron los discípulos 259 en Jerusalén; y comprendió que su semejanza confirmaba el episodio. Lucas hace lo mismo con las narraciones de lo sucedido a Pablo en Damasco (cap. 9; 22; 26), dejando las ligeras variantes como una prueba de que eran relatos independientes y como testimonio de diferentes testigos.
Si se quiere saber algo más detallado de lo que se presenta en los vers. 5-17, ver com. cap. 10: 9-48. Más adelante se verán sólo los puntos que no se trataron en el cap. 10 (ver com. cap. 11: 5- 17). Las variaciones entre el relato del cap. 10 y del cap. 11 son pequeñas y de poca importancia.
5.
Venía hasta mí.
Esta es una vívida pincelada que evoca un recuerdo personal en la descripción del lienzo que baja del cielo y se acerca a Pedro.
6.
Consideré.
Mejor "estaba considerando". Otro vívido detalle. El apóstol recuerda la atenta y anhelante mirada con que había contemplado la extraña visión.
9.
No lo llames tú común.
La advertencia se refiere al juicio de Pedro en cuanto a los hombres y no en cuanto a los animales (ver com. cap. 10: 28).
10.
Volvió todo a ser llevado.
Se presenta aquí una descripción algo más detallada que la del relato paralelo (cap. 10: 16.)
11.
Donde yo estaba.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "donde nosotros estábamos" (BJ). Así quedarían incluidos los seis compañeros.
12.
El Espíritu me dijo.
Pedro, guiado por el Espíritu, no había presentado obstáculos como lo estaban haciendo ahora los "de la circuncisión", quienes se estaban oponiendo a lo que el Espíritu había ordenado a Pedro que hiciera.
Estos seis hermanos.
Los seis habían acompañado a Pedro en el viaje a Cesarea, y éste también los había llevado a Jerusalén para que sus declaraciones apoyaran el relato de él, y para que dijeran a la iglesia lo que habían visto.
14.
Serás salvo.
Estas palabras no aparecen como parte de lo que dijo el ángel (cap. 10: 4-6), pero están implícitas en su declaración. Cornelio anhelaba la salvación, y cuando en respuesta a su oración se le dijo que mandara a buscar a uno que podría explicarle, comprendió que oiría acerca del camino de la salvación.
15.
Comencé.
El Espíritu Santo estaba listo para manifestarse sobre Cornelio y su familia tan pronto como todos los presentes estuvieran preparados psicológica y espiritualmente para apreciar lo que estaba por suceder. Sin duda las primeras palabras del sermón de Pedro (cap. 10: 34-43) influyeron para que sus oyentes participaran de este derramamiento. El Espíritu siempre está listo para bendecir, cada vez que los hombres estén dispuestos a recibirle.
Al principio.
Es decir, en el día de Pentecostés. Estas palabras de defensa fueron pronunciadas delante de los apóstoles y los discípulos que habían compartido con él el don del día de Pentecostés. Pedro testificó que lo que había visto en Cesarea era tan ciertamente obra del Espíritu como lo que los discípulos habían experimentado "al principio".
16.
Me acordé.
Cuán maravillosa experiencia debe haber sido la de permitir que el Espíritu les recordara las cosas que Jesucristo les había enseñado. Jesús había prometido que esto ocurriría (Juan 14: 26).
Lo dicho por el Señor.
La promesa específica a la cual Pedro hace referencia es la que se registra en el cap. 1: 5, referente al bautismo del Espíritu Santo. Cuando fue dada, a los discípulos les pareció que sólo se refería a ellos. Ahora Pedro veía el don del Espíritu con una perspectiva más amplia, como algo que también sería concedido a los que no eran de Israel. Puesto que el bautismo del Espíritu Santo les había sido concedido también a ellos, por lo tanto les correspondía también el bautismo de agua, así como lo mayor incluye lo menor.
17.
Mismo don.
Los gentiles recibieron el don del Espíritu Santo lo mismo que los cristianos de origen judío.
Que hemos creído.
Aquí se establece un paralelo entre "ellos", los gentiles, y "nosotros", los que ya antes habíamos creído (vers. 15). Porque así como la fe de Pedro y de los apóstoles existía antes de que fuera concedido el don del Espíritu, así también, antes de que recibieran el don, había existido en Cornelio y sus compañeros cierta medida de fe (ver com. cap. 10: 35). En el caso de "ellos", esta medida de fe fue suficiente para capacitarlos para recibir mayores dones, y así fueron hechos aptos para el bautismo y para que pudieran tener comunión con la iglesia.
18.
Callaron, y glorificaron a Dios.
El derramamiento del Espíritu Santo sobre Cornelio y su casa era evidentemente de gran importancia en relación con el conflicto que 260 pronto surgiría entre Pablo y los judaizantes (Hech. 15; Gál. 2). El Espíritu Santo guió en el primer paso para la libre admisión de los gentiles en la iglesia mediante Pedro, y se añadió la aprobación formal de los apóstoles y de los otros cristianos de origen judío de Jerusalén.
A los gentiles.
Los judíos tenían una elevadísima opinión de sí mismos, como si las bendiciones de Dios hubieran sido destinadas sólo para ellos, y las otras naciones hubieran sido abandonadas a su desventura. Este exclusivismo parece reflejarse en un pasaje del libro pseudoepigráfico de 2 Esdras, escrito a comienzos del siglo II d. C.: "Tú hiciste el mundo por amor a nosotros. En cuanto a las otras naciones... tú has dicho que no son nada, que son como un salivazo, y has comparado a la multitud de ellos con una gota en un balde" (2 Esdras 6: 55-56). Se había divulgado la creencia de que el Mesías salvaría a los judíos y los convertiría en un pueblo glorioso, pero que al mismo tiempo destruiría a las otras naciones o las sometería a los judíos. Para librar a la creciente iglesia cristiana de este arrogante exclusivismo, el Señor hizo algo espectacular al conceder su Espíritu a Cornelio y a los que le acompañaban.
La lección que la iglesia aprendió con el caso de Cornelio fue que Dios deseaba que la "pared intermedia de separación" (Efe. 2: 14) entre judíos y gentiles fuera derribado. Pablo sabía que el Evangelio de Cristo debía ser el medio de destruirla. Las ceremonias simbólicas concluyeron con la muerte de Cristo. Su gracia salvadora y su divina fuerza, impartidas al creyente a fin de capacitarlo para que observe la ley, libran al pecador de la condenación de la ley (Rom. 8: 1-4). No hay diferencia, puesto que así se benefician tanto gentiles como judíos: todos están condenados, pero todos los que creen en Dios son salvos (Gál. 3: 27-29; Col. 3: 10-11). Ambos grupos son reconciliados con Dios y puestos en armonía con el Padre celestial (Efe. 2: 11-22).
Este es el "misterio" que ahora se ha revelado (Efe. 3: 1-12). La gracia de Dios había descansado sobre Israel; pero los israelitas no habían reconocido que Dios tenía el propósito de que esa gracia se extendiera también a las otras naciones. Ahora, en Cristo todo se aclara. Los gentiles pueden entrar en "la dispensación del misterio" (Efe. 3: 9) de justicia, que incluye a todos en el mismo gran plan de salvación.
Ha dado Dios arrepentimiento.
Dios da arrepentimiento. La fe es un don de Dios (Rom. 12: 3) y también lo es el arrepentimiento que le sigue (Rom. 2: 4; 2 Tim. 2: 25). Dios, por medio de su Espíritu, no sólo había dado a esos gentiles la oportunidad de arrepentirse, sino había hecho que sintieran el arrepentimiento. Y con su corazón transformado (cf. Jer. 24:7; Eze. 11: 19; 36: 26), arrepentidos y perdonados, fueron aceptados por Dios, ¿Cómo podía Pedro oponerse a Dios?
19.
Habían sido esparcidos.
Lo que sigue es una continuación de lo que venía relatándose en el cap. 8: 1-4. Se hace una digresión para narrar la obra de Felipe con los samaritanos y el etíope, la obra de Saulo en Damasco y en Tarso de Cilicia (cap. 9: 27-30), y la de Pedro con Cornelio y su casa. Esta digresión prepara al lector para lo que sigue, que es el relato de la conversión de los griegos al Evangelio.
Persecución.
O "tribulación" (BJ). Se alude a la persecución en la cual Saulo había tomado una parte activa (cap. 8: 1; 9: 1-2).
Con motivo de Esteban.
La muerte del mártir fue seguida por una terrible persecución de los cristianos en Jerusalén (cap. 8: 1-4). Esto causó la dispersión de muchos creyentes. Felipe trabajó en Samaria y en Cesarea; otros fueron a Fenicia, a las ciudades de Tiro, Sidón y Tolemaida, y probablemente ayudaron a fundar las iglesias mencionadas en otros pasajes (cap. 21: 3-7; 27: 3). En Chipre se preparó el camino para la obra posterior de Bernabé y Saulo (cap. 13: 4-13; ver mapa, p. 264).
Hasta Fenicia.
Fenicia era el territorio en donde se hallaban las importantes ciudades de Tiro y Sidón (ver t. II, pp. 69-71).
Chipre.
Ver com. cap. 13: 4.
Antioquía.
Este es el primer contacto que se menciona entre la naciente iglesia cristiana y la capital de Siria. Después de Roma, Alejandría y Efeso, Antioquía era la ciudad más grande del Imperio Romano. Durante largo tiempo fue un importante centro del cristianismo. Nicolás, prosélito de Antioquía (cap. 6: 5), quizá había regresado allí a proclamar su nueva fe. La penetración del cristianismo en Antioquía fue de gran importancia. Estaba situada a orillas del río Orontes, a unos 25 km del puerto de Seleucia, y había sido fundada por Seleuco Nicator alrededor del año 300 a. C., quien le dio su nombre en honor de su padre el rey Antíoco. La ciudad había 261 alimentado en riqueza y en poder hasta llegar a ser la principal ciudad de Asia. El mundo aclamaba a sus eruditos y literatos. Cicerón dedicó un famoso discurso a Arquías, escritor antioqueño. Juvenal reconoció la influencia de Antioquía sobre la vida y el gusto de los romanos, cuando escribió: "¿Qué parte de nuestro sedimento viene de Grecia; El Orontes de Siria desde hace mucho ha desembocado en el Tíber, trayendo consigo su idioma, sus modales, sus flautas y sus liras de cuerdas diagonales" (Sátiras iii. 62-64).
En Antioquía había una numerosa colonia judía en cuyo honor Herodes el Grande hizo construir una columnata de mármol que atravesaba la ciudad. Antioquía era la sede del prefecto, o propretor romano de Siria. En Antioquía el cristianismo se relacionó más íntimamente con la cultura griega que en Jerusalén o en Cesarea. Aquí también tuvo que enfrentarse con el paganismo en sus formas más seductoras y degradantes. Los bosques de Dafne eran famosos por su culto lleno de voluptuosidad e idolatría. Una gran victoria fue la que hizo posible que la iglesia convirtiera a Antioquía en una de sus principales sedes.
Sino sólo a los judíos.
Naturalmente esto era de esperarse de quienes habían salido de Jerusalén antes de la conversión de Cornelio o antes de que se divulgara esa noticia. No habían sido informados, como en cambio lo había sido Pedro, de que había llegado el momento de llevar la misión profética de Cristo hasta su más completa extensión (cap. 1: 8). Parece que se destaca el hecho de que se predicaba sólo a los judíos como un contraste con el relato anterior acerca de Pedro y de Cornelio, y lo que sigue en cuanto a las labores misioneras.
20.
Varones de Chipre y de Cirene.
En el caso de estos hombres, de procedencia más cosmopolita, es probable que hubiera menos vacilación en mezclarse con los gentiles que la que hubo entre los judíos de Palestina, centro de la nación judía y baluarte de sus prejuicios. Sólo puede conjeturarse en cuanto a la identidad de estos varones: quizá Lucio de Cirene, que aparece en la lista de profetas del cap. 13: 1; posiblemente Simón de Cirene, quien probablemente fue discípulo de Jesús (ver com. Mat. 27: 32; cf. Mar. 15: 21). Los fundadores de la iglesia de Antioquía siguen en el anonimato.
En Antioquía.
Ver com. vers. 19.
Hablaron.
El verbo griego se traduce mejor "hablaban" (BJ), lo que indica una acción repetida.
Los griegos.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto "helenistas" (hell'nistás) y no "helenos", es decir griegos (héllenas). El problema no es sólo textual, sino que además aumenta debido a la controversia en cuanto a la identidad de los "helenistas" (ver com. cap. 6: 1). Generalmente se entiende que los "helenistas" eran personas de otros pueblos que habían adoptado la lengua y la manera de vivir de los griegos. En Hech. 6: 1 parece aplicarse este término a los judíos cuyo idioma era el griego y que no habían nacido en Palestina. Si así se entendiera, entonces los evangelistas anónimos de Antioquía predicaron a personas de cultura y lengua griega, pero no de raza griega, entre los cuales los judíos griegos ocupaban un lugar destacado. En cierto sentido, los helenistas serían el eslabón entre los judíos y los helenos o griegos.
Sin embargo, y a pesar de que el peso de la evidencia de los antiguos manuscritos griegos se inclina por el texto "helenistas", muchos sugieren que debe entenderse "helenos", o sea "gentiles". Afirman que: (1) si no se tratara de helenos gentiles, no tendría sentido la distinción que hace Lucas entre los judíos del vers. 19 (entre los cuales podrían perfectamente estar los judíos que hablaban griego) y los gentiles del vers. 20; (2) en vista de que había judíos de habla griega en Jerusalén, no sería una novedad que se los mencionara específicamente en Antioquía; (3) sería completamente natural diferenciar a judíos de helenos (cf. cap. 14: 1; 18: 4), y registrar el progreso que hacía la iglesia al extenderse más allá de los límites del pueblo judío; (4) referencias posteriores señalan la presencia de cristianos de origen gentil en Antioquía de Siria (cap. 15: 1, 28- 31; HAp 126-131, 153); (5) el hecho de que fueran helenos no significa que fueran paganos idólatras antes de convertirse, y que quizá, como Cornelio, algunos de ellos ya temían a Dios (ver com. cap. 10: 2) y asistían a la sinagoga (compárese con los corintios, Hech. 18: 4).
No se sabe si la conversión de los helenistas que se registra en este capítulo precedió o siguió a la conversión de Cornelio. Es probable que por mucho tiempo se hubiera trabajado en Antioquía entre los judíos, tanto griegos como palestinos o sirios, y que los varones de 262 Chipre y de Cirene llegaran después de que la historia de Cornelio hubiera puesto en acción fuerzas que permitieron proclamar el mensaje del Evangelio más allá de los límites de la raza judía.
21.
La mano del Señor.
Esta expresión aparece con frecuencia en el AT para referirse a la intervención directa de Dios en los asuntos de la tierra. Ver Exo. 14: 31, donde el "hecho que Jehová ejecutó" en hebreo es la mano (yad) de Jehová". Compárese también con la frase "mano de Jehová" en Exo. 9: 3; Rut 1: 13; 1 Sam. 7: 13; Neh. 2: 8; etc. que hace destacar la verdad de un Dios personal.
Gran número creyó.
Aquí hay nuevas señales del maravilloso crecimiento de la iglesia. Cf. cap. 2: 47; 4: 4; 5: 14; 6: 7; 8: 6, 12; ver com. cap. 9: 31; 11: 24.
22.
La noticia de estas cosas.
Es decir, el informe acerca de los conversos de Antioquía. Si, como es probable, los nuevos conversos eran gentiles, la recepción favorable que tuvo en Jerusalén la noticia de su conversión sin duda se debió a que Cornelio ya había sido aceptado.
Iglesia que estaba en Jerusalén.
Ver com. cap. 8: 14.
Enviaron a Bernabé.
Lo enviaron para que fortaleciera la obra en Antioquía y para darle el apoyo y la aprobación de la iglesia de Jerusalén, así como se había enviado a Pedro y a Juan a Samaria (cap. 8: 14). Quizá se escogió a Bernabé porque se sabía que simpatizaba con la obra que se estaba haciendo en Antioquía. Era amigo de Saulo, a quien había presentado a algunos de los discípulos en Jerusalén (cap. 9: 27), y debe haber conocido las convicciones de Saulo y sus esperanzas en cuanto a los gentiles. Por lo tanto, se sentiría feliz de tener la oportunidad de trabajar de ese mismo modo. También era ventaja el hecho de que era del mismo país de algunos de los misioneros que estaban trabajando en Antioquía.
Hasta Antioquía.
Es posible que Bernabé hubiera visitado otras congregaciones mientras se dirigía a Antioquía.
23.
La gracia de Dios.
Ver com. Rom. 3: 24.
Se regocijó.
Bernabé vio en la nueva obra sólo lo que era digno de su aprobación, y el hecho de que más miembros se estuvieran añadiendo a la iglesia fue para él motivo de profundo gozo. En verdad, toda la experiencia y el programa del cristiano debería ser siempre motivo de gozo continuo.
Exhortó.
Mejor "exhortaba" (BJ); el verbo griego expresa acción repetida o continua.
Propósito de corazón.
"Con corazón firme"(BJ).
Permaneciesen fieles al Señor.
La lealtad debe ser hacia el Señor Jesucristo, la cual debe permanecer en él con "corazón firme", como lo indica la frase anterior. Bernabé había visto el resultado de la acción de la gracia de Dios en los conversos de Antioquía, pero sabía, como lo sabe todo verdadero pastor, que la voluntad del hombre o la falta de ésta puede frustrar la gracia. No es cierto que el que ha aceptado a Cristo nunca más puede perderse, pues la gente puede apartarse de Cristo. Es necesario que la voluntad del hombre coopere con Dios para que se complete la obra de la santificación.
24.
Bueno.
Es decir, recto (cf. Luc. 18: 18-19). En relación con Bernabé, esto significa un gran elogio, y sin duda expresaba la opinión personal de Lucas respecto a él. Es posible que usara esta alabanza en su narración porque poco después se refería a la contienda que separó a Bernabé de Saulo de Tarso, amigo y compañero de labores de Lucas (Hech. 15: 39).
Lleno del Espíritu Santo.
Un hombre de buen carácter como Bernabé, destacado entre los judíos griegos de Antioquía, tendría una gran influencia entre judíos y griegos en esa ciudad. Esteban tenía la misma característica (cap. 6: 5). Como resultado de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, los misioneros habían ido a Antioquía. Algunos de ellos pueden haber sido helenistas activos en la obra por la cual fue apedreado Esteban.
Una gran multitud.
Esta frase sugiere un gran incremento, superior al que se registra en el vers. 2l. La aprobación de lo que se estaba haciendo en Jerusalén, tal como lo expresaban el gozo y la exhortación de Bernabé, el "hijo de consolación", sin duda serviría para aumentar el celo de estos fervientes obreros de Cristo.
25.
Fue Bernabé a Tarso.
Esto es importante, pues presupone que Saulo aprobaba la obra que se estaba haciendo en Antioquía, y demuestra la confianza de Bernabé en que Saulo era la persona apta para ayudar en la obra allí. También sugiere que había habido comunicación con Saulo, ya fuera mediante un mensajero o por carta, después de que éste salió de Jerusalén. Se puede deducir que 263 Saulo había permanecido en Tarso o en sus alrededores, predicando el Evangelio y también en las aldeas vecinas de Cilicia (ver pp. 104-105; com. cap. 15: 41).
Para buscar a Saulo.
Ahora se le pide a Saulo, a quien el Señor se le había aparecido y había sido señalado como "instrumento escogido" (cap. 9: 15) para llevar el nombre de Cristo a los gentiles, que se una a Bernabé en esta nueva tarea de predicar a los gentiles de Antioquía. Saulo aceptó la invitación, pues sin duda ya había oído de los resultados del poder de Dios allí.
26.
Todo un año.
Aquí se menciona el tiempo preciso, a diferencia de casos anteriores. Saulo, arriesgando su vida, había predicado en Damasco y en Jerusalén. En la iglesia de Antioquía halló cierta tranquilidad y amplias oportunidades adecuadas a su fervor.
Con la iglesia.
O "en la iglesia". No se trata de un edificio, pues la iglesia no tuvo edificios sino hasta el siglo III; se refiere a la congregación. Los interesados se reunían con los creyentes y eran incorporados en la iglesia tan pronto como aceptaban plenamente el mensaje evangélico.
Enseñaron a mucha gente.
Ver com. vers. 21, 24.
Se les llamó cristianos.
Juliano, el emperador romano llamado el apóstata (361-363 d. C.), hizo notar que la población de Antioquía de su tiempo se caracterizaba por la tendencia de inventar sobrenombres satíricos. Parece que esta tendencia existía cuando el cristianismo apareció en esa ciudad. La primera sílaba de la palabra jristianós viene del vocablo griego jristós, "Cristo", mientras que la última parte se parece más al latín, y se asemeja a palabras como pompeiani, nombre dado a los seguidores de Pompeyo. En los Evangelios aparece un vocablo similar: "herodianos" (h'rÇdianós Mat. 22: 16), que parece reflejar cierta relación con Roma. También es posible que los paganos hubieran dado el nombre a los cristianos para ridiculizarlos, así como 15 siglos más tarde los enemigos de Lutero usaron el término lutherani para burlarse de los seguidores del reformador.
Evidentemente, los discípulos de Cristo no se pusieron a sí mismos este nombre. Como su uso indicaba que los que lo llevaban eran seguidores del Mesías, el Cristo, no podía ser un nombre inventado por los judíos. Es clara la razón por la cual apareció este nuevo nombre. A medida que los nuevos conversos gentiles se unían a la iglesia en Antioquía, ninguno de los nombres anteriores servía para abarcar a todo ese conjunto cosmopolita. Ya no eran todos nazarenos, ni galileos, ni judíos griegos. Para los habitantes de Antioquía debe haber parecido una extraña mezcla. Por lo tanto, la palabra híbrida "cristiano", basada en un término griego con terminación latina, parecía ser adecuada. Y lo que en un principio fue una burla, más tarde se convirtió en un nombre en el cual gloriarse: "Si alguno padece como cristiano, no se avergüence" (1 Ped. 4: 16).
Existe una antigua tradición, por cierto no digna de mucho crédito, de que fue Evodio, primer obispo de Antioquía, quien comenzó a usar el término "cristiano". Uno de los primeros documentos cristianos que emplea este vocablo es la Didajé (12. 4), de comienzos del siglo II.
27.
En aquellos días.
Ver segunda Nota Adicional del cap. 12.
Unos profetas descendieron.
Cumplimiento de la profecía de Joel, a la cual Pedro se refirió en su sermón de Pentecostés (cap. 2: 17), de que en la joven iglesia habría profetas (Hech. 13: 1-2; Efe. 2: 20). Sin embargo, no es posible apreciar en el NT una descripción clara de lo que era la tarea del "profeta". Se trataba de personas que poseían un don del Espíritu, que algunas veces se ocupaban en predicar y explicar la Palabra de Dios, y en otras ocasiones tenían la capacidad de predecir acontecimientos futuros, como lo hizo Agabo (Hech. 13: 1; 15:32; 19: 6; 21: 9-10; Rom. 12: 6; 1 Cor. 12: 10, 28-29; 13: 2; 14: 6, 29-37). La misión de los profetas evidentemente debe ser considerada como otra muestra de aprobación dada por la iglesia en Jerusalén a la obra que Saulo y Bernabé estaban realizando en Antioquía.
28.
Agabo.
Este mismo profeta aparece después en Cesarea (cap. 21: 10-11). Corresponde señalar que en el Códice de Beza se lee en este versículo el siguiente texto: "Y había allí gran gozo. Y reunidos nosotros, uno de ellos, de nombre Agabo habló". Si este fue el texto original, se tendría aquí el primer pasaje en el cual Lucas, el médico amado, emplea la primera persona del plural (ver com. cap. 16: 10). En relación con esto es interesante notar que según una antigua tradición cristiana Lucas era oriundo de la ciudad de Antioquía. 265
PERSECUCIÓN Y ESPARCIMIENTO
Daba a entender por el Espíritu.
Cf. cap. 21: 11.
Una gran hambre.
Es probable que sea el hambre mencionada por Josefo (Antigüedades xx. 2. 5), quien relata que Helena, reina de Adiabene, país situado al este del Tigris, estando de visita en Jerusalén, socorrió a la gente consiguiéndole cereales de Alejandría e higos secos de Chipre. Puede entenderse que esta hambre fue un cumplimiento parcial de la profecía de Jesús de Mat. 24: 7. En cuanto a su relación con la cronología del NT, ver pp. 101, 103; primera Nota Adicional del cap. 12.
La tierra habitada.
Gr. oikoumén', vocablo correctamente traducido por la RVR. En Luc. 2: 1; 4: 5 y en otros pasajes del NT se emplea esta palabra para designar al Imperio Romano.
Claudio.
El reinado de Claudio duró desde el año 41 hasta el 54 d. C. Fue un período notable por sus frecuentes hambres (Suetonio, Claudio xviii. 2; Tácito, Anales xii. 43).
29.
Entonces los discípulos.
Es decir, los miembros de la iglesia de Antioquía.
Cada uno conforme a lo que tenía.
Es decir, "conforme a sus posibilidades financieras", "según era prosperado". Esta colecta parece que se hizo como resultado de la profecía, antes de que viniera el hambre. Sin duda Saulo y Bernabé activamente procuraron que los gentiles apoyaran esta colecta. Fue la primera de las colectas "para los pobres" que había "entre los santos" de Jerusalén (Rom. 15: 25-26). Posteriormente fueron tan importantes en el trabajo de Pablo (cf. Hech. 24: 17; 1 Cor. 16: 1; 2 Cor. 9; Gál. 2: 10), que el apóstol las consideraba como un lazo de unión entre los sectores judíos y gentiles de la iglesia. La liberalidad de los conversos de Jerusalén en el brillo de su primer amor (Hech. 2: 45), junto con la persecución que después sufrieron (cap. 8: 1), probablemente los había empobrecido más que a otros. Por eso, cuando hubo hambre quizá tuvieron que depender en gran medida de la ayuda de las iglesias que estaban en zonas no afectadas por el hambre. La iglesia de Antioquía dio un digno ejemplo a las otras iglesias.
30.
Los ancianos.
Gr. presbúteros, "mayor" [en edad], por lo tanto, "anciano", "presbítero". Esta es la primera noticia que se tiene de un cargo tal en la iglesia cristiana. Es probable que no se refiera a los apóstoles, porque en otro pasaje (cap. 15: 2, 4, 6) los apóstoles y los ancianos se presentan como dos grupos diferentes. Desde aquí en adelante, los ancianos aparecen como un elemento importante en la organización eclesiástica. El término "anciano" y hasta cierto punto el puesto en la iglesia al cual se refiere, tenía las raíces de su origen tanto en los antecedentes de los gentiles como de los judíos. Algunos papiros de Egipto muestran que los "ancianos" desempeñaban un papel importante en la vida económica de los aldeanos. A ellos se les pedía que decidieran en cuanto a cuestiones de alquiler de tierra y el pago de impuestos (J. H. Moulton y G. Milligan, The Vocabulary of the Greek Testament, p. 535). Este término se empleaba en el Asia Menor para designar a los miembros de una corporación; y en Egipto, para referirse a los sacerdotes de un templo (A. Deissmann, Bible Studies, pp. 156, 233). Entre los judíos la palabra "anciano" (presbúteros) era empleada para designar al dirigente de una sinagoga local, como se ve en la inscripción de Teodoto (ver com. cap. 6: 9). Los miembros del sanedrín también son llamados "ancianos" (Heb. zeqenim; ver com. cap. 4: 5). Por lo tanto, puede verse que el término era conocido, y fácilmente pudo haber sido adoptado para designar a los dirigentes que desempeñaban las responsabilidades principales en sus congregaciones locales. Además de llevar esas responsabilidades en las congregaciones, los ancianos de la iglesia de Jerusalén pueden también haber estado en un nivel algo similar al de los zeqenim del sanedrín judío, pues ellos, como los apóstoles, aparecen en el cap. 15 como quienes tenían cierta autoridad que trascendía los límites de sus propias congregaciones. En este caso los fondos recolectados en Antioquía fueron enviados mediante Bernabé y Saulo a los ancianos de Jerusalén, para que fueran distribuidos entre los pobres.
En la iglesia primitiva también se le daba el nombre de epískopos al anciano. Esta palabra significa "supervisor", y ha pasado al castellano como "obispo". Históricamente, por lo menos desde el siglo III d. C., el "anciano" (presbítero) y el "obispo" han ejercido funciones diferentes dentro de la iglesia. Sin embargo, la evidencia del NT indica claramente que en los tiempos apostólicos los dos términos se aplicaban indistintamente (cf. 1 Tim. 3: 2-7 y Tito 1: 5-9; ver com. Hech. 20: 28; cf. Fil. 1: 1). Clemente de Roma (c. 96 d. C.) parece hacer equivaler a los dos (Epístola a los 266Corintios 44), y Crisóstomo (m. 407 d. C.) declaró: "En tiempos antiguos, los ancianos [presbíteros] eran llamados obispos y diáconos de Cristo; y los obispos, ancianos [presbíteros]" (Comentario sobre la Epístola a los Filipenses 1).
Según la epístola de Santiago, uno de los deberes del anciano es visitar a los enfermos, orar al Señor para que les devuelva la salud y ungirlos con aceite para su curación (cap. 5:14). Respecto a la evolución posterior del cargo de anciano y de obispo, ver pp. 28, 39-44.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-4 HAp 114; SR 290
12 HAp 112; SR 290
15-17 HAp 115, 157; SR 290
18 HAp 115; SR 291
19 HAp 126
20 HAp 135
20-25 HAp 126; SR 301
26 HAp 127; SR 301
27-30 2JT 509
CAPÍTULO 12
1 El rey Herodes persigue a los cristianos, mata a Santiago y aprisiona a Pedro; pero la iglesia ora, y éste es liberado. 20 Herodes, lleno de orgullo, se atribuye el honor que pertenece sólo a Dios; es herido por un ángel y muere devorado por los gusanos. 24 Despues de su muerte, la palabra de Dios avanza.
1 EN AQUEL mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.
2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.
3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura.
4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua.
5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
6 Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.
7 Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.
8 Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme.
9 Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión.
10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él.
11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.
12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.
13 Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode,
14 la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta.
15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!
16 Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos.
17 Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le 267 había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar.
18 Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro.
19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí.
20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey.
21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó.
22 Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre!
23 Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.
24 Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
25 Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.
1.
En aquel mismo tiempo.
Lo que aquí se relata debe haber ocurrido poco antes de la muerte de Herodes Agripa I (cf. vers. 20-23). Puesto que este rey murió en el año 44 d.C., los acontecimientos de la primera parte de este capítulo quizá puedan ubicarse en el año 43 o a comienzos del 44 d. C.
El rey Herodes.
Herodes Agripa I era hijo de Aristóbulo y Berenice, y nieto de Herodes el Grande y de la princesa asmonea Mariamna; era también hermano de la Herodías que aparece en el relato de Juan el Bautista (ver t. V, p. 40). Su nombre era el del estadista que fue primer ministro de Augusto. Después de que su padre fue víctima de los recelos de su abuelo Herodes el Grande, en el año 7 a. C., (ver t. V, p. 43), fue enviado a Roma en parte como rehén y también para que no fuera implicado en intrigas políticas. Allí se hizo amigo de Calígula y de Claudio, los cuales más tarde llegaron a ser emperadores. Cuando Herodes Antipas se casó con Herodías, hermana de Herodes Agripa, éste fue nombrado como supervisor del mercado de Tiberias, pero pronto riñó con Antipas y se marchó a Roma. Allí sufrió el desagrado de Tiberio por haber expresado imprudentemente el deseo de que su amigo Calígula pudiera ser emperador. Fue encarcelado por Tiberio y permaneció en prisión hasta la muerte de ese emperador. Cuando Calígula sucedió a Tiberio en el trono, colmó de honores a su amigo Agripa; primero le dio la tetrarquía de Felipe y después la de Lisanias (Luc. 3: 1), y le concedió el título de rey Cuando Antipas fue depuesto (ver t. V, p. 66), Agripa pasó a gobernar sus territorios, además de los que ya tenía. En el t. V, pp. 69, 224 hay más detalles acerca de su reinado.
Maltratarles.
Puesto que Agripa anhelaba que lo consideraran como un judío piadoso, pudo ser fácilmente incitado por los judíos para que atacara a los cristianos. Por lo tanto, comenzó a perseguir a la iglesia, "despojando de casas y bienes a los creyentes" (HAp 116).
2.
Mató a espada a Jacobo.
Si este apóstol hubiera sido hallado culpable de blasfemia o de herejía, el sanedrín lo habría sentenciado a muerte por apedreamiento. Como ocurrió con Juan el Bautista (Mat. 14: 10), el hecho de que Jacobo fuera decapitado demuestra que su muerte fue decretada por un gobernante civil que empleaba métodos romanos de castigo (cf. Mat. 20: 23). Sólo puede conjeturarse en cuanto a la razón por la cual Herodes escogió a Jacobo como la primera de sus víctimas. Es posible que en la predicación del Evangelio, Jacobo hubiera seguido ocupando el lugar destacado que había compartido con Pedro y Juan en el relato evangélico. Quizá se distinguía por su elocuencia natural, pues lo llamaban hijo "del trueno" (Mar. 3: 17). En una tradición procedente de Clemente de Alejandría y conservada por Eusebio (Historia eclesiástica ii. 9), se relata que el que acusó a Jacobo, se convirtió al contemplar la fe y la paciencia de su víctima.
Según la cronología que se conoce de los Hechos, Jacobo desempeñó un corto ministerio de sólo 13 años después de la ascensión de Cristo. Fue el primero de los apóstoles en morir, mientras que Juan, su hermano, fue probablemente el último en fallecer.
Los romanos aplicaban la pena de muerte por decapitación. Posteriormente, como lo 268 declara la Mishnah (Sanhedrin 7. 3), los judíos la emplearon algunas veces.
3.
Había agradado a los judíos.
El objetivo de Agripa era agradar a los judíos. Josefo también señala esto. Cuando compara a Agripa con Antipas, dice que este último se mostraba más amigable con los griegos que con los judíos; pero que Agripa no lo era (Antigüedades xix. 7. 3).
En la Mishnah (Sotah 7. 8) se relata un caso que muestra cuán sensible era el rey ante las alabanzas o la censura popular. Cierta vez, el rey Agripa leía en el libro de la ley durante la fiesta de los tabernáculos en un año sabático. Cuando llegó a las palabras de Deut. 17: 15, donde dice, "no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano", se le llenaron los Ojos de lágrimas al pensar en su origen idumeo. El pueblo vio que lloraba, y pensando éste más bien en su ascendencia asmonea, exclamó: "¡Nuestro hermano! ¡Nuestro hermano eres tú!", con lo cual el corazón del rey se sintió confortado.
A menos que fuera a los dirigentes de los judíos a quienes Agripa deseaba complacer en primer lugar, este relato da a entender que se había obrado un gran cambio de sentir en el pueblo, pues es evidente que había un sentimiento popular en favor de los apóstoles (cap. 2: 47; 5: 26). Este cambio fue causado sin duda por el rápido aumento de la feligresía de la iglesia.
También a Pedro.
Después de encarcelar y matar a Jacobo, hizo prender a Pedro, quien era una figura destacada entre los doce y constituía un blanco lógico del ataque de Herodes.
Días de los panes sin levadura.
Se refiere a toda la fiesta de la pascua, lo cual puede deducirse de Luc. 22: 1: "La fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua".
4.
Le puso en la cárcel.
Para tenerlo ahí hasta que terminara la fiesta.
Cuatro grupos de cuatro soldados cada uno.
Es probable que dos soldados estuvieran encadenados a Pedro y dos estuvieran guardando la puerta (ver com. vers. 10). Eran necesarios cuatro grupos para que fueran rotándose.
Sacarle al pueblo.
Agripa quería presentarlo ante el pueblo para juzgarlo y condenarlo, así como Pilato había llevado a Jesús ante el tribunal (Juan 19: 13).
Pascua.
Se hace referencia a toda la fiesta de la pascua, y no sólo a un día. Pedro fue arrestado al comenzar la fiesta de la pascua (la cena pascual se comía la noche que daba comienzo al día 15 de Nisán), y el rey quería sentenciarlo y castigarlo el día 21, después de que terminara la fiesta.
5.
Estaba custodiado.
La frase griega sugiere que estuvo en la cárcel algunos días.
Sin cesar.
Gr. ektenÇs, "insistentemente" (BJ), "fervorosamente". Esta palabra se usa también para describir la oración de Jesús en el Getsemaní: "intensamente" (Luc. 22:44, RVR). En 1 Ped. 4: 8, se traduce "ferviente". Por lo que se sabe en cuanto a la situación general de la iglesia cristiana, puede conjeturarse que estas oraciones eran ofrecidas por grupos de cristianos reunidos en casas particulares (Hech. 12: 12), porque debido a la persecución de Agripa era peligroso celebrar públicamente los cultos cristianos, como ocurrió muchas veces en los primeros días del cristianismo.
6.
Le iba a sacar.
Esto indica que había transcurrido cierto tiempo desde su encarcelamiento al comienzo de la fiesta de la pascua, hasta que fuera ejecutado después de terminar dicha fiesta.
Estaba Pedro durmiendo.
Es una inspiración y una exhortación para la fe notar el tranquilo descanso del apóstol, que duerme como uno a quien Dios le ha concedido el sueño de sus amados (Sal. 127: 2), sin ser turbado por el temor del inminente sufrimiento o de la muerte.
Guardas.
Probablemente los dos soldados del grupo de cuatro (vers. 4) que no estaban encadenados al preso.
7.
Se presentó.
Gr. efist'mi, literalmente, "ponerse encima". Es el mismo verbo que se emplea al hablar de la aparición de los ángeles a los pastores (Luc. 2: 9).
Una luz resplandeció.
Así como "la gloria del Señor.. rodeó de resplandor" a los pastores, la presencia del ángel introdujo la gloria del cielo en la oscura cárcel.
La cárcel.
Gr. oik'ma, "vivienda", "habitación"; aquí, "celda". Los atenienses usaban este sustantivo como un eufemismo para referirse a la "cárcel".
Las cadenas se le cayeron.
Pedro estaba encadenado a dos soldados, y a pesar de que las cadenas se le cayeron de los tobillos y las muñecas, los soldados no se despertaron.
8.
Cíñete.
Pedro seguramente se había aflojado el cinturón y se había quitado las sandalias para dormir. "Ceñirse" podría 269 referirse literalmente a atarse un cinto; pero además tenía la idea más amplia de "vestirse" (Juan 2 1: 18), o la idea figurada de prepararse como para un viaje (Luc. 12:35).
Manto.
Gr. himátion, manto exterior, no la túnica interior (ver t. V, p. 49). Es probable que Pedro hubiera estado durmiendo envuelto en este manto.
Sígueme.
El ángel no dio ninguna explicación sino que sencillamente libró a Pedro de sus cadenas, y este acto fue suficiente para que el apóstol lo siguiera con confianza.
9.
No sabía.
A Pedro posiblemente le pareció ahora que la situación era parecida a la que había experimentado al recibir la visión narrada en el cap. 10. Debe haber pensado que al despertar se encontraría aún encadenado a los dos soldados, como cuando al volver en sí después de la anterior visión aún se encontraba en el terrado de la casa.
10.
Guardia.
Gr. fulak', "guardia". Podría referirse a los guardias apostados junto a la puerta interior de la cárcel y en alguna puerta a cierta distancia, o posiblemente a los guardias que estaban encadenados con Pedro y a los otros de la puerta (vers. 4). Pedro quizá había sido encerrado en una celda interior, y por lo tanto tenía que salir atravesando dos patios.
A la ciudad.
Evidentemente la cárcel estaba dentro de la ciudad. Pudo haber estado situada en la torre Antonia (ver t. V, p. 215; cf. com. "salidos", en este versículo).
Por sí misma.
Ningún ser humano abrió la puerta; sin duda, la abrió un ángel invisible. Nótese la forma sencilla y natural como Lucas narra este milagro.
Salidos.
El Códice de Beza añade: "descendieron los siete escalones y..", luego continúa el texto. Aunque la evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta frase, la misma podría sugerir un conocimiento más detallado de la ciudad de Jerusalén que la que hoy tenemos. Posiblemente se base en la tradición de que Pedro fue encarcelado en la torre Antonia, a la cual parece que se entraba por una escalinata (cap. 21: 34-35, 40).
Calle.
Gr. rhúm', "calle", aun mejor "calle estrecha".
El ángel se apartó de él.
Cuando Pedro ya no necesitaba la ayuda sobrenatural, el ángel lo dejó para que hiciera lo que era necesario para escapar.
11.
Volviendo en sí.
Pedro se encuentra libre en una calle de la ciudad de Jerusalén, envuelto en el aire fresco de la noche.
El Señor.
Pedro no tenía ninguna duda en cuanto al origen de su tan oportuna liberación.
Me ha librado.
El Señor de Pedro había enviado como antes (cap. 5: 19) a su ángel para librarlo. Ya no había duda en cuanto a la autenticidad de su liberación.
12.
Habiendo considerado esto.
"Consciente de su situación" (BJ). Pedro había estado en un primer momento como en un sueño (vers. 9; cf. Sal. 126: 1); pero al fin pudo comprender la maravillosa verdad y entró en acción. Entonces comprendió las circunstancias de su liberamiento y se dio cuenta qué debía hacer.
María.
Esta María era parienta de Bernabé (cf. Col. 4: 1 0, donde se llama a Juan Marcos "sobrino de Bernabé", aunque la palabra griega significa más bien "primo"). Puesto que no se menciona al padre de Marcos, se podría suponer que María era viuda. Al igual que Bernabé (Hech. 4: 36-37), parece que tenía ciertos recursos, ya que disponía de una casa suficientemente grande que servía como lugar de oración de la iglesia.
Juan.
Pedro llama "hijo" a Marcos (1 Ped. 5: 13), por lo tanto, es posible que el joven hubiera sido un converso del apóstol. El nombre latino Marcus sugiere que había alguna relación con romanos o judíos romanos.
Reunidos orando.
Estas reuniones probablemente eran comunes en la casa de María. En el mismo momento en que Pedro era liberado de la cárcel, el grupo estaba orando fervientemente (vers. 5) por su vida, pues estaban conscientes de que la iglesia se enfrentaba a una gran crisis.
13.
Llamó Pedro.
Cuando el ángel abrió las puertas de la cárcel, el poder sobrenatural intervino para ayudar en una necesidad extraordinaria; pero Pedro, unos minutos después del milagro de su liberación, tuvo que llamar a la puerta de una casa para poder entrar en forma normal.
Puerta.
Gr. pulón; ver com. Mat. 26: 71.
A escuchar.
El hecho de que Rode haya salido "a escuchar", da a entender que había un sentimiento de peligro por causa de la persecución que sufrían los discípulos motivada por el celo de Agripa a favor del judaísmo. Saulo había entrado antes en las casas (cap. 8: 3) para llevar hombres y mujeres a la cárcel; ahora existía la posibilidad de un peligro similar. Por esta razón Rode no abrió la 270 puerta hasta que supo quién pedía permiso para entrar.
Muchacha.
Gr. paidísk', "muchacha" o "sirvienta".
Rode.
Nombre griego que significa "rosa". Rode se menciona aquí; pero son pocas las muchachas de servicio tan bien conocidas como ella. A Rode, como al ladrón en la cruz, a María la que lavó los pies de Jesús y la viuda anónima que puso las dos blancas en el cofre de las ofrendas del templo, la han conocido por casi 20 siglos todos los lectores de la Biblia.
14.
la voz de Pedro.
El amor cristiano de esta joven por el piadoso y valiente soldado de la cruz, sin duda la había impulsado a escuchar atentamente a Pedro en anteriores ocasiones, y por eso conocía su voz. Además, Pedro hablaba con acento galileo, razón por la cual otra sirvienta lo reconoció en una ocasión anterior (Mat. 26: 73).
De gozo.
No fue por falta de fe que Rode no abrió en seguida la puerta a Pedro, sino debido al profundo gozo que sentía. Ella había compartido la preocupación que los hermanos sentían por Pedro, y había participado en las plegarias ofrecidas en su favor. Su intenso anhelo de contar las buenas nuevas de la liberación de Pedro hizo que perdiera su serenidad. Lucas también registra que los discípulos, al reconocer a Jesús en la tarde del día de la resurrección, "de gozo, no lo creían" (Luc. 24: 41).
15.
Estás loca.
Cuando Rode dio la noticia de que Pedro estaba a la puerta, los hermanos no podían creerle. No tenían suficiente fe para creer que Dios había contestado sus oraciones; por lo tanto, pensaron que la joven debía haber perdido la razón.
Su ángel.
En Heb. 1: 14 se expresa interrogativamente la creencia de los judíos en cuanto a los ángeles: "¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?" Los judíos creían que cada persona desde su nacimiento tenía un ángel guardián (Sal. 91: 13-15; jubileos 35: 17; Tobías 12: 12). Cuando Jesús habló de los ángeles de los niños (Mat. 18: 10), se refería a algo familiar para los judíos. Después del exilio, y quizá por la influencia pagana, la angelología judía fue tornándose cada vez más complicada. En la literatura rabínica los ángeles tienen funciones más explícitas que en la Biblia.
16.
Persistía en llamar.
Pedro persistía tanto en llamar a la puerta como habían persistido los creyentes en sus oraciones rogando por su liberación.
Se quedaron atónitos.
Es difícil encontrar una mejor ilustración de la incapacidad, aun de gente buena, para creer que sus oraciones son contestadas definitiva y específicamente. Cuando Pedro estuvo delante de ellos, les costó admitir que era , sin embargo, Jesús había dado a sus seguidores la más plena seguridad de que sus oraciones de fe serían respondidas (Juan 14: 13-14).
17.
Le había sacado.
Cuando fue liberado de la cárcel y volvió en sí, exclamó: "El Señor ha enviado su ángel" (vers. 11). Ahora testifica otra vez que había sido el Señor el que lo había librado.
Haced saber.
Gr. apaggéllÇ, "anunciar", "declarar".
Jacobo.
Sin duda el mismo que presidió el concilio de Jerusalén, en el cual se discutió el tema de la circuncisión, y pronunció su decisión en cuanto a ese asunto (cap. 15: 13). Esto hace pensar que, de una manera u otra, era la persona principal de la iglesia de Jerusalén y, por lo tanto, era natural que Pedro quisiera que Jacobo se enterara inmediatamente de su liberación.
Es posible que este Jacobo fuera el hijo de Alfeo, o el Jacobo que era hermano del Señor. Los hermanos de Jesús sólo creyeron en él cuando su vida terrenal llegaba a su fin, mucho después de que los doce fueron elegidos. Pablo llama "hermano del Señor" (Gál. l: 19; cf. cap. 2: 9) al mismo Jacobo que era una de las columnas de la iglesia de Jerusalén después de la muerte de Jacobo, hijo de Zebedeo. Es probable que este sea el Jacobo al cual Pedro se refiere aquí. Eusebio (Historia eclesiástica ii. 23) lo llama obispo de Jerusalén, y cita el libro quinto de Commentaria de Hegesipo, que aunque no necesariamente contiene datos exactos, puede contener algunos elementos de verdad: "Recibió el gobierno de la Iglesia, juntamente con los apóstoles, Santiago hermano del Señor, quien ya desde los tiempos de Cristo hasta nuestra edad ha sido llamado el Justo. Pues ciertamente han existido muchos que se llamaban con el nombre de Santiago pero éste fue santo desde el vientre de su madre. Nunca bebió vino ni zumo de dátiles; se abstuvo totalmente de las carnes de animales. Nunca se cortó la cabellera, ni acostumbraba a ungir ni a bañar su cuerpo. Era el único entre todos que tenía el 271 derecho y la facultad de entrar en el santuario íntimo del templo. No usaba vestidura de lana sino de lino. Acostumbraba a entrar solo en el templo y orar allí intercediendo ante Dios de rodillas por los pecados del pueblo, hasta el punto de que sus rodillas hubiesen encallecido como las del camello, cuando venerando a Dios asiduamente se postraba en el suelo haciendo votos por la salvación del pueblo" (traducción de Luis M. Cádiz [Buenos Aires: Editorial Nova, 1950], pp. 88-89). Luego sigue el relato de su martirio. De acuerdo con la tradición, Jacobo fue llevado a la cima del templo, y como siguió afirmando su fe en Jesús, fue lanzado al vacío, lo apedrearon, y finalmente un batanero lo mató a bastonazos (ver t. V, p. 73). Según Josefo, murió apedreado (Antigüedades xx. 9.1 ). Ver la Introducción del libro de Santiago.
A otro lugar.
El viaje de Pedro a otro lugar armonizaba con la orden que el Señor había dado a los doce (Mat. 10: 23). No se sabe adónde escapó Pedro. Algunos autores católicos dicen que fue a Roma, y que después de fundar allí la iglesia, regresó a Jerusalén para asistir al concilio que se registra en Hech. 15. Otros han sugerido que fue a Antioquía, lo que parece más probable; pero no hay huellas de su presencia en esa ciudad sino hasta después del concilio de Jerusalén (a menos que Gál. 2: 1-10 corresponda con Hech. 11: 30; ver la primera Nota Adicional del cap. 15; cf. Gál. 2: 12). Bien pudo bastarle con refugiarse en una ciudad más cercana, como Jope o Lida. El hecho de que no se dé el nombre del lugar sugiere que para el registro de Lucas era un detalle relativamente de poca importancia.
18.
No poco alboroto.
Los guardias, que estaban encadenados con Pedro, al despertar deben haberse dado cuenta que su prisionero había escapado. Estaban conscientes de que merecían la pena de muerte porque el prisionero se les había escapado.
A partir de este momento Pedro sólo aparece cuando participa en el concilio de Jerusalén (Hech. 15: 7). Pablo lo menciona en Gál.1: 18; 2:7-8, 11, 14) y se sabe algo de sus actividades por lo que él mismo dice en sus epístolas (1 Ped. 1: 1; 5:12-13; 2 Ped. 1: 14). El NT no dice nada más en cuanto a él. La tradición sí dice mucho; pero lo que afirma no siempre puede aceptarse o rechazarse con seguridad. Jerónimo afirma en su paráfrasis del Crónicon de Eusebio, que Pedro predicó durante 25 años en Roma; pero esto es muy dudoso, pues estuvo en el concilio de Jerusalén (Hech. 15), y después estuvo en Antioquía -posiblemente después del concilio (Gál. 2: 11-14; ver Nota Adicional de Hech. 15)-.Además, Pedro mismo insinúa que trabajó en la zona noroeste del Asia Menor (1 Ped. 1: 1; Eusebio, Historia eclesiástica iii. 1). Según Hech. 8-12, todo esto tuvo que haber ocurrido después de que Pedro fue liberado de la cárcel alrededor del año 44 d. C.
19.
Llevarlos a la muerte.
El carcelero de Filipos estuvo a punto de suicidarse cuando creyó que todos sus prisioneros se habían escapado, pues sabía que sería condenado a muerte, según lo ordenaba la ley (Hech. 16: 27; cf. Hech. 27: 42). Parece que era ley, o por lo menos costumbre, que el carcelero era responsable por los presos que le habían sido confiados. Una ley romana, promulgada alrededor del año 529 d. C., dice: "La custodia y el cuidado de las personas encarceladas, es deber del carcelero, quien no debe pensar que un despreciable y vil subordinado será responsable si, de algún modo, se escapa un preso; porque [en tal caso] deseamos que él sufra el mismo castigo que se demuestre que debería haber sufrido el preso que se escapó (Justiniano, Código ix. 4. 4).
A Cesarea.
Agripa, y no un gobernante romano, era quien gobernaba en Cesarea en este tiempo, porque Josefo dice que había recibido de Claudio la jurisdicción de Judea y de Samaria, además de la de los distritos que había gobernado en los días de Calígula (Antigüedades xix. 8. 2).
20.
Estaba enojado.
"Estaba... fuertemente irritado" (BJ). Estaba muy airado contra ellos.
Tiro y.. Sidón.
Estas dos ciudades fenicias, sedes de la industria marítima, no estaban sometidas a Agripa. En cierto sentido eran ciudades autónomas, aunque estaban bajo el control de Roma. La simpatía de Agripa por la gente de Berito, hoy Beirut, otro puerto marítimo fenicio un poco al norte de Sidón, quizá pudo haber estado relacionada con su enojo contra la gente de esas dos ciudades más antiguas. Josefo describe los espléndidos edificios construidos por Agripa en Beirut (Antigüedades 7. 5; cf. t. V, p. 70). Es claro que la ira del rey se hizo sentir de algún modo, y fue un obstáculo para la prosperidad comercial de Tiro y de Sidón.
Vinieron.
Las dos ciudades se unieron 272 para enviar una embajada común que las representara, y para tratar de apaciguar la ira de Herodes.
Sobornado.
En el griego dice, "habiendo persuadido a Blasto". No es raro que la cooperación de Blasto se hubiera logrado mediante un cohecho.
Blasto.
Nada más se sabe de este personaje. El "camarero" era el encargado del dormitorio del rey. El mismo título aparece en inscripciones del período bizantino. El "camarero", que después se denominó "camarlengo" o "chambelán", era un funcionario de alta jerarquía, algunas veces secretario personal o encargado de los asuntos especiales del rey.
Pedían paz.
Esto no significa que Agripa estuviera en guerra con Tiro y Sidón, sino que no tenía buenas relaciones con ellas. Israel había tenido buenas relaciones comerciales con Tiro desde mucho tiempo atrás (1 Rey. 5: 11). En Eze. 27: 12-25 se describe el comercio de la ciudad de Tiro con diversas naciones.
Era abastecido.
El dominio de Herodes Agripa era amplio (ver t. V, pp. 70, 224), y si favorecía a otro puerto y desviaba el tráfico de Tiro y Sidón, podía perjudicar seriamente su comercio.
21.
Un día señalado
Josefo dice (Antigüedades xix. 8. 2) que era un día festivo dedicado para hacer votos por el bienestar del César.
Se sentó.
Josefo describe con detalles este episodio en Antigüedades xviii. 6-8. Ver la primera Nota Adicional de este capítulo.
22.
El pueblo.
Gr. d'mos, "la masa del pueblo", el populacho pagano reunido en un lugar público. Sólo Lucas usa esta palabra y lo hace dentro de un contexto que no es judío.
¡Voz de Dios!
Probablemente deba entenderse en el sentido de culto al emperador, y no de adoración a un ser celestial o un dios pagano (ver com. vers. 21).
23.
Le hirió.
En el vers. 7 un ángel tocó a Pedro para despertarlo y liberarlo; pero aquí, en agudo contraste, un ángel toca a Herodes para destruirlo. Ser golpeado por un agente divino equivale generalmente a un severo castigo (1 Sam. 25: 38; 2 Rey. 19: 35; Hech. 23: 3).
No dio la gloria a Dios.
Estas palabras no necesariamente significan que Agripa sólo había fallado en rendir a Dios la alabanza que le corresponde a él, y sólo a él. Dar gloria a Dios siempre implica proceder de tal forma que se glorifique su nombre a pesar de las circunstancias. "Dar gloria a Dios" algunas veces ha significado confesar los pecados y las debilidades, como en Jos. 7: 19 (cf. com. Juan 9: 24).
Comido de gusanos.
Josefo no menciona en su relato paralelo la enfermedad en forma específica. Es posible que la descripción más detallada de Lucas responda a sus conocimientos médicos, aunque difícilmente pueda considerarse que la frase "comido de gusanos" represente la descripción literal de una enfermedad específica. Este fue un castigo divino. Los antiguos consideraban que el ser comido de gusanos era un castigo celestial porque era una muerte espantosa. En la historia se registran varios casos: Feretime, reina de Cirene (Herodoto, Historia iv. 205); Antíoco Epífanes (2 Mac. 9: 5-10); Herodes el Grande (Josefo, Antigüedades xvii. 6. 5), y Galerio, enemigo de la iglesia en los tiempos de la persecución de Diocleciano, 303-313 d. C. (Lactancio, De la manera que murieron los perseguidores, 33). Hay un relato similar en cuanto a la muerte de Felipe II, rey de España. Agripa murió en el año 44 d. C., en el séptimo año de su reinado, a los 53 años de edad.
24.
La palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
Cf. cap. 6: 7; 19: 20; ver com. cap. 11: 24. "La semilla es la palabra de Dios" (Luc. 8: 11), dijo Cristo. Lucas, el historiador cristiano, refiere que la palabra fue como semilla: cuando era sembrada en forma diligente, crecía y daba fruto. Esta declaración describe una expansión continua. La muerte de Agripa, principal perseguidor, dejó a los predicadores del Evangelio en libertad para proclamar su mensaje, y no fueron tardos para aprovechar esta oportunidad.
25.
Bernabé y Saulo... volvieron.
Regresaron de su visita a Jerusalén (cap. 11: 27-30) para seguir trabajando entre los gentiles de Antioquía (ver com. "de Jerusalén"; también la segunda Nota Adicional de este capítulo).
De Jerusalén.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) el texto "a Jerusalén", como si los apóstoles hubieran regresado desde Antioquía a Jerusalén. Sin embargo, los redactores de manuscritos griegos posteriores, tomando en cuenta el contexto, y considerando que el vers. 25 es la conclusión del relato que comienza en el vers. 27, cap. 11, pusieron "de Jerusalén", como se lee en la RVR y en la BJ. Además, existe la posibilidad de que en el 273 texto griego, que no tenía puntuación, pudiera haberse leído "Bernabé y Saulo volvieron habiendo completado su ministerio en Jerusalén".
Servicio.
Literalmente "su diaconado"; es decir, su "ministerio". La palabra griega es la misma que se traduce como "socorro" en el cap. 11: 29. Bernabé y Saulo completaron la misión que les había confiado la iglesia de Antioquía.
Llevando también consigo a Juan.
Ver com. vers. 12. Esta elección se explica, en parte, por el parentesco de Juan Marcos con Bernabé (Col. 4: 10); pero también demuestra que Juan Marcos entraba de lleno en la obra de convertir a los gentiles. Ver Hech. 13: 5, 13; 15: 37-39; 2 Tim. 4: 11. Evidentemente, hasta este momento había estado viviendo en su casa en Jerusalén.
NOTAS ADICIONALES DEL CAPÍTULO 12
Nota 1
Al comparar los relatos de Lucas y de Josefo, parece probable que los delegados de Tiro y de Sidón estuvieron entre los que clamaron "voz de Dios, y no de hombre", y añadieron, como lo informa Josefo, "ten misericordia de nosotros". Nótese el agudo contraste entre la actitud de Pedro, quien se negó a recibir el homenaje de Cornelio, y la de Agripa, que aceptó la lisonja blasfema de la multitud en Cesarea. El relato de Josefo concuerda con el de Lucas en los siguientes detalles: (1) Entre la multitud que lisonjeaba a Agripa había algunos que estaban procurando recuperar su favor. (2) La fiesta se celebró en un "día señalado". (3) Herodes estaba vestido de ropas reales. (4) La lisonja consistió en llamarlo "dios". (5) El rey no los reprendió por eso. (6) Cayó enfermo inmediatamente, y fue llevado a su palacio. Josefo añade que Agripa reconoció que el castigo era de Dios por aceptar los elogios blasfemos, y que todos esperaban que muriera en seguida. En cuanto a la última parte del relato de Josefo donde dice que el dolor violento aumentó rápidamente, y al relato del NT que dice que Agripa fue comido de gusanos, debe señalarse que en el relato de la muerte de Antíoco Epífanes se describen en forma separada estos dos mismos hechos como características de la misma enfermedad: "Pero el Señor Dios de Israel que todo lo ve, le hirió con una llaga incurable e invisible: apenas pronunciada esta frase, se apoderó de sus entrañas un dolor irremediable, con agudos retortijones internos,... hasta el punto que del cuerpo del impío pululaban gusanos, caían a pedazos sus carnes, aun estando con vida, entre dolores y sufrimientos, y su infecto hedor apestaba todo el ejército" (2 Mac. 9: 5, 9, BJ). Josefo, quien apoyaba decididamente a Agripa, sólo describió los primeros síntomas de la enfermedad del rey y omitió los repugnantes detalles del relato de la muerte de quien, en su opinión, era un gran rey. En el libro de Hechos se da una presentación más detallada, porque el objetivo de su autor era destacar en toda su gravedad el pecado por el cual, como lo relata Josefo, Agripa sabía que había sido castigado. Los puntos de concordancia entre los dos relatos son tantos, y las diferencias tan pequeñas y tan fácilmente explicadas, que debe considerarse que el relato de Josefo es un tributo a la precisión y al cuidado de Lucas como historiador.
Nota 2
Al Final del cap. 12 surge la pregunta en cuanto a si la visita de Bernabé y de Saulo, para llevar socorro a los cristianos de Jerusalén (cap. 11: 27-30) ocurrió antes o después del encarcelamiento de Pedro y de la muerte de Herodes Agripa I, pues el último vers. del cap. 12 es evidentemente la conclusión del relato que comienza en el cap. 11: 27. Este problema aparece porque la evidencia cronológica sugiere que la muerte de Herodes ocurrió antes de la misión de Bernabé y de Saulo, secuencia que parece invertirse en el relato de Lucas.
Al considerar este problema debe reconocerse que Lucas no siempre procura presentar los acontecimientos en estricto orden cronológico, ni en su Evangelio ni en Hechos. En su Evangelio menciona a "muchos" que habían "tratando de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas" (Luc. 1: 1). Lucas escogió de lo que aquellos habían registrado, tal como a él le había "parecido.... después de haber investigado 274 con diligencia todas las cosas desde su origen", aquellos acontecimientos que proporcionaban una narración coherente de determinadas fases de la historia primitiva (cap. 1: 3). Después de haber seguido las actividades de un personaje (principalmente Pedro, Hech. 1-12), o de haber presentado un cuadro coherente de un aspecto de la marcha de la obra (la predicación del Evangelio en Palestina, hasta el cap. 1l: 18), Lucas se ocupa de otro personaje u otro aspecto del trabajo misionero, y lo sigue hasta llegar a otra culminación o conclusión lógica (ver la transición, cap. 11: 18-19). El orden cronológico a veces es menos importante para Lucas que otras clases de presentación ordenada, por ejemplo la presentación por determinado tema o por área geográfica. Esta actitud es característica de la literatura de su época, como también del AT (ver com. Gén. 25: 19; 27: 1; 35: 29; Exo. 16: 33, 35; 18: 25).
Las frases "en aquellos días" (cap. 11: 27) o "en aquel mismo tiempo"(cap. 12: 1) se emplean como acontece con frecuencia en los Evangelios, sólo como frases rutinarias que indican una transición, pero no necesariamente con el fin de señalar un momento cronológico específico. Es muy posible que los acontecimientos del cap. 12: 1-24 hubieran ocurrido entre los vers. 26 y 27 del cap. 11; el cap. 12: 25 sigue lógicamente al 11: 30. El "servicio" del cap. 12: 25 parece referirse al "socorro" enviado por los hermanos de Antioquía a los hermanos de Judea (cap. 11: 29). Por lo tanto, la visita debida al hambre pudo haber ocurrido después de que Pedro fue encarcelado, milagrosamente liberado y partió de Jerusalén, y después de la muerte de Herodes Agripa, que tuvo lugar en el año 44 d. C.
Siguiendo el método histórico ya descrito, Lucas ha relatado el comienzo de la obra en favor de los gentiles en Antioquía. Al concluir ese relato, sus héroes, Bernabé y Saulo, son enviados a Jerusalén para llevar a los ancianos de la iglesia el socorro necesario por causa del hambre. En vista de este cambio de escenario, Lucas tiene que relatar lo que mientras tanto ha estado ocurriendo en Jerusalén (cap. 12: 1): la persecución de la iglesia, la muerte de Jacobo, el encarcelamiento de Pedro y el terrible fin de Herodes el perseguidor. Después retoma su relato en Antioquía, y narra el envío de Bernabé y de Saulo como misioneros ordenados (cap. 13: 1-3). Pero primero, debe hacer volver a sus personajes principales a Antioquía, diciendo que "cumplido su servicio volvieron de Jerusalén" (cap. 12: 25). También se vale de esta oportunidad para introducir a un nuevo personaje: Juan Marcos (ya mencionado de paso en Jerusalén, vers. 12), porque Marcos acompañará a dos misioneros de más edad en el viaje que Lucas describe a continuación (cap. 13: 4 a 14: 27): el primer viaje de Pablo.
Si se tiene en cuenta el método habitual de Lucas para organizar su material, este pequeño desplazamiento carece de importancia, y no es necesario que se haga un reajuste especial de los dos acontecimientos o del registro de los mismos, como se hace cuando se siguen ciertos puntos de vista (ver la primera Nota Adicional del cap. 15).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-25 Ev 422-423; HAP 116-125; SR 292-300
1-3 HAp 116; SR 292
2 HAp 477
2-3 PE 185
4-5 HAp 117
5-6 SR 293
6-7 HAp 118
6-10 CN 40
6-11 2Jt 345
7 HAp 123; PE 185
7-8, 10 SR 295
8-10 HAp 119
11 SR 296
11-15 HAp 120
13-17 SR 296
16-19 HAp 120
19 SR 297
21 HAp 121
21-23 PE 185
22 SR 298
22-23 HAp 122
23 HAp 123; SR 299 275