La Epístola del Apóstol San Pablo a los HEBREOS

CAPÍTULO 12
1 Exhortación a la constancia en la fe, la paciencia y la santidad. 22 Diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.


1 POR tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.
7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.
14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.
18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,
19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,
20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;
21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;
22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,
23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecharemos al que amonesta desde los cielos.
26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.
27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. 496
28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;
29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.

COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
Por tanto.
Los vers. 1 y 2 de este capítulo constituyen la conclusión del cap. 11. Sería mejor haber cerrado el capítulo después de Heb. 12: 2.
En derredor.
O "rodeados". Doquiera miremos en la historia sagrada, encontraremos "testigos" de que la fe y la fidelidad triunfan sobre todo obstáculo.
Nube de testigos.
O "hueste de testigos". La metáfora del vers. 1 compara al cristiano con un atleta que hace los últimos preparativos para competir en una carrera en un estadio de la antigüedad, mientras los espectadores observan sentados en las gradas circundantes. El atleta, que tiene el propósito de ganar la carrera, contempla por un momento la masa de rostros que lo rodean como una nube. Los "testigos" son aquí los incontables héroes de la fe que se mencionan en el cap. 11, cada uno de los cuales, a pesar de desventajas y obstáculos de toda clase, terminó su carrera con gozo. Su fidelidad y perseverancia les proporcionaron la victoria en la carrera de la vida. El atleta cristiano que, por así decirlo, sabe que los ojos de los fieles de todos los siglos están ahora completamente fijos en él, siente un ardiente impulso de esforzarse al máximo para triunfar en la carrera que tiene "por delante".
Los concursos atléticos griegos fueron durante varios siglos muy populares en el mundo mediterráneo, por lo tanto esta ilustración era bastante familiar para todos los lectores de Hebreos. El autor usa con frecuencia la figura de la carrera para representar su carrera como misionero entre los gentiles (Gál. 2: 2; Fil. 2: 16; 2 Tim. 4: 7) o, como aquí, para ilustrar lo que experimentan los cristianos en la vida (ver 1 Cor 9: 24-27).
Peso.
Gr. ógkos, "peso", "carga", "impedimento"; aquí, en este último sentido. En esta metáfora ógkos se refiere al peso de todo lo superfluo, como, por ejemplo, el vestido que estorbara o impidiera al corredor. Los que están motivados por la fe no vacilan en desprenderse de todo -pequeño o grande- lo que pueda impedirles llegar a su meta.
Los hallazgos arqueológicos han demostrado que los atletas se ejercitaban llevando pesas de piedra en las manos. En la carrera no las llevaban, aligerándose así para correr con más presteza. Esta costumbre podría reflejarse aquí.
El autor deja que cada lector descubra qué es lo que puede estorbar sus progresos como corredor cristiano. En esta carrera, por la gracia de Cristo, puede ganar cada participante, pues no está compitiendo con otros sino consigo mismo. No se le exige que aventaje a sus competidores o que sobrepase una marca impuesta por otro competidor previo. El yo es el único competidor, y el único requisito es que en su competencia con el yo ponga en acción fidelidad y paciencia, y que por la gracia de Cristo venza cada "peso", cada tendencia al mal.
Del pecado.
Cada ser humano tiene algún pecado que lo asedia, alguna tendencia al mal que amenaza con impedirle que corra la carrera cristiana, y cuando aferrado a Jesucristo gana la victoria sobre esa tendencia al mal, otra ocupa su lugar y tratará de dominarlo. En el sendero de la salvación hay que librar una batalla tras otra; pero cada cristiano tiene el privilegio de obtener la victoria a cada paso del camino. Cualquiera que sea el pecado que fácilmente nos acose, debemos dejarlo a un lado como los corredores antiguos se desprendían de sus ondeantes mantos o de las pesas con que se habían ejercitado, y se ceñían debidamente para la carrera.
Nos asedia.
O "fácilmente nos envuelve" (BA). Algunos MSS dicen 'distrae fácilmente", pero la evidencia textual favorece (cf. p. 10) el texto "enreda fuertemente". No importa cuán fuertemente pueda enredarnos un pecado y cuán penoso pueda ser el proceso de separación, debe dejarse a un lado para poder conquistar la victoria en la carrera de la vida.
Paciencia.
Gr. hupomoné, "paciencia", "resistencia", "fortaleza", "tenacidad", "perseverancia". Como la carrera cristiana dura toda la vida, exige paciencia y perseverancia: perseverancia ante los sucesivos chascos y dificultades, y paciencia para esperar el galardón al final de la carrera. En Hebreos hay admonición tras admonición en cuanto a soportar pacientemente (cap. 3: 6; 4: 14; 6: 1, 11-12; 10: 23, 36-39; etc.). 497
La carrera.
Es decir, la carrera cristiana, la experiencia permanente por medio de la cual el creyente se va pareciendo cada vez más a Jesús.
2
Puestos los ojos en Jesús.
Para obtener la gracia y la fortaleza para vencer cada dificultad y soportar hasta el fin. Es peligroso apartar los ojos de Jesús aunque sea por un momento, como le sucedió a Pedro cuando intentó caminar sobre las agitadas olas del mar de Galilea (Mat. 14: 24-32). Mantener "puestos los ojos en Jesús" es sostener una relación continua con Aquel que es la fuente de todo poder, con Aquel que puede fortalecernos para que resistamos y triunfemos.
Autor.
Gr. arjegós, "caudillo", "originador", "fundador", "iniciador". Arjegós se ha traducido en Hech. 3: 15 como "Autor" (RVR), "Jefe" (BJ), "Caudillo" (BC), "Príncipe" (NC); en Hech. 5: 31 como "Príncipe" (RVR), "Jefe" (BJ), "Caudillo" (BC), "Príncipe" (NC); en Heb. 2: 10 como "autor" (RVR, BC, NC), "al que iba a guiarlos [el conductor]" (BJ). En cada caso se hace referencia a Cristo como el centro del plan de salvación y la fuente de toda gracia cristiana. El es quien llama a los hombres caídos a salir de las lúgubres tinieblas del pecado a fin de llevarlos a la gloriosa luz del Evangelio. El los limpia del pecado que ha manchado su vida anterior y los capacita para que se conviertan en hijos e hijas de Dios. El los justifica por su gracia en virtud de su expiación en el Calvario. El afirma los pies de ellos en su camino al ciclo.
Consumador.
Gr. teleiotés, "perfeccionador". " obra de la justificación es apenas el comienzo de la vida cristiana. No sólo debemos poner "el fundamento del arrepentimiento de obras muertas", sitio seguir "adelante a la perfección" (ver com. cap. 6: l). Debemos crecer "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Ped. 3:18). Mediante su fortaleza debemos conquistar victoria tras victoria sobre los pecados que nos asedian (ver com. Heb. 12: l) y crecer "en todo en aquel [Cristo] que es la cabeza" (Efe. 4: 15). Nuestros caracteres deben ser transformados "por medio de la renovación" de nuestro "entendimiento" (Rom. 12: 2). Esta es la obra del Cristo que mora interiormente (Gál. 2: 20) como "perfeccionador" de la fe; esta es la obra de la santificación. Ver com. Mat. 5: 48.
De la fe.
"De la fe" como un principio activo en nuestras vidas.
Por.
Gr. antí, "en vez de", "a cambio de", "en consideración de". Cristo sufrió el martirio de la cruz a cambio de la gozosa perspectiva de un universo libre de pecado.
Gozo.
Si para antí se acepta el significado "en consideración de" (ver el comentario de "por"), el pasaje podría entenderse así: Mirando a la cruz desde un punto de vista humano, podríamos decir que fue la fe en os resultados futuros de su sufrimiento y muerte lo que fortaleció a Cristo para soportar el oprobio y la ignominia de la cruz. El sabía que viviría para ver "el fruto de la aflicción de su alma" y que quedaría "satisfecho" (Isa. 53:11). Compartir la eternidad con los redimidos de todos los siglos y con los seres no caídos de otros mundos, fue una perspectiva que produjo intenso gozo a nuestro Señor cuando sufrió en el Getsemaní y en la cruz del Calvario. Ver com. Mat. 5: 12; Sant. l: 2.
Si para antí se acepta el significado "en vez de" (ver el comentario de "por"), entonces el pasaje enseña que en vez del gozo que estaba a su alcance, ya fuera por su existencia antes de la encarnación, o por su existencia desde la encarnación, con excepción de la cruz, Cristo prefirió soportar la cruz.
Sufrió la cruz.
Cristo "sufrió la cruz" para que pudiéramos tener fortaleza para soportar nuestros conflictos individuales con los poderes de las tinieblas. Sufrió la cruz para poder ganar la corona. El Autor de nuestra salvación fue perfeccionado "por aflicciones" (cap. 2: 10), y a medida que aprendemos a sobrellevar la cruz que es necesario que sobrellevemos, también podremos ser hallados perfectos en él en su venida. Así como el gozo futuro inspiró a Cristo para soportara cruz, de la misma manera, en las dificultades y duras vicisitudes de la vida tenemos el privilegio de mirar hacia adelante al gozo que nos reserva la eternidad.
Menospreciando el oprobio.
O "sin hacer caso de la ignominia" (NC), "sin importarle la vergüenza". "Las aflicciones del tiempo presente" son nada en comparación "con la gloria venidera" (Rom. 8: 18) y, por lo tanto, no deben ser tomadas en cuenta. Podemos regocijarnos mucho, "aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario", tengamos "que ser afligidos con diversas pruebas" (1 Ped. 1: 6). Como Pablo, podemos considerar todas las cosas terrenales como pérdida por el gozo inefable de conocer a Cristo Jesús como el Señor (ver Fil. 3: 8). 498
Se sentó.
La evidencia textual establece (cf p. 10) el texto "se ha sentado" (BA). La flexión del verbo griego de la variante preferida implica que Cristo se sentó a la diestra del Padre y que ha permanecido en ese puesto de honor: "Está sentado" (BJ, BC, NC).
A la diestra.
Ver com. cap. 1: 3.
3.
Considerad a aquel.
Los vers. 3-11 tratan de la naturaleza, el propósito y los resultados de la disciplina divina. A ningún cristiano se le impone que pase por un sendero de disciplina más estricto que el que recorrió Cristo. Podemos evitar el cansancio o desfallecer si consideramos la forma en que él hizo frente a las pruebas y tentaciones. Cristo soportó, y por su gracia nosotros también podemos soportar.
Sufrió.
Ver com. vers. 1.
Contradicción.
U "hostilidad". La hostilidad de los sacerdotes, gobernantes, escribas y fariseos, persiguió las pisadas de Cristo durante todo su ministerio terrenal; pero la corriente de popularidad finalmente se volvió contra él, y su propio pueblo pidió su sangre. La hostilidad acumulada de una raza de pecadores fue dirigida contra el Príncipe de los sufrientes con toda la fuerza de la inventiva diabólica.
Para que vuestro ánimo no se canse.
Si contemplamos las cargas que Cristo sobrellevó, por comparación las nuestras parecerán livianas (ver Mat. 11: 28-30). Si sólo miráramos a Jesús y consideráramos lo que él soportó, cada dificultad y chasco que tengamos que enfrentar sería más fácil de llevar.
4.
Resistido hasta la sangre.
O hasta la muerte. Aquí cambia ligeramente la metáfora de los vers. 1 y 2. El cristiano aún está en el centro del estadio, siendo contemplado fijamente por la simbólica "nube de testigos"; pero ahora tiene que hacer frente a un adversario que espera para trabarse con él en una lucha mortal. El cristiano aún no ha experimentado todo lo que el maligno puede lanzar en contra de él; por eso no debe pensar que está sufriendo en su lucha con el pecado más de lo que Dios puede, en justicia, esperar de él (ver 1 Cor. 10: 13). No obstante, al desprenderse del pecado que lo imposibilita se le exhorta que resista la tentación con toda la resuelta firmeza que desplegará al enfrentarse a un adversario en una lucha mortal.
Cristo se trabó una vez en mortal combate con los poderes de las tinieblas, combate que llegó a su clímax en el Getsemaní y en la cruz. Los mártires también resistieron "hasta la sangre". Pero aquellos a quienes fue escrito el libro de Hebreos aún no habían sido llamados a enfrentarse a lo que Cristo y los mártires se habían enfrentado.
5.
Habéis ya olvidado.
El texto griego puede entenderse aquí como una pregunta o como una afirmación. Una pregunta parece imprimir más fuerza y, al mismo tiempo, ser menos severa. El niño que soporta la disciplina puede darse cuenta de que su castigo es justo, que lo merece; pero quizá no capta que es administrado con amor. Los cristianos muy a menudo tienden a pasar por alto el valor disciplinario de las vicisitudes difíciles, y ese descuido los priva de preciosas lecciones que de otra manera podrían aprender. Con demasiada frecuencia se resienten porque Dios permite que les sobrevengan esas dificultades, y se quejan de su suerte.
Exhortación.
Gr. paráklesis, "ánimo", "exhortación", "consuelo". En cuanto a paráklesis y otras palabras afines, ver com. Mat. 5: 4; Juan 14: 16.
Hijos.
La sucesión de instrucciones contenidas en los vers. 5-11 se centra en la relación padre-hijo, y llega a su clímax con el anhelo del padre de que su hijo aprenda ciertas lecciones necesarias para que tenga éxito en la vida.
Se os dirige.
La cita de los vers. 5 y 6 proviene de Prov. 3: 11-12.
Hijo mío.
Una forma común de dirigir la palabra en el libro de Proverbios, de donde se toma esta cita. Equivale a la solicitud de un padre amoroso.
Menosprecien.
Gr. oligré, "tener en poco", "tomar livianamente"; es decir, no tomarlo en serio. El propósito de la disciplina es hacer una impresión. " disciplina que no produce gran impresión, no sirve para un propósito útil.
Disciplina.
Gr. paidéia, "educación de un niño", "instrucción", "disciplina", "corrección" (ver com. Efe. 6: 4), de paidíon, "niño pequeño". Disciplina es la preparación que corrige, modela, fortalece y perfecciona el carácter. Esta palabra se restringe muy a menudo al estrecho significado de castigo; pero la disciplina ha sido definida como el refinado arte de hacer discípulos, pues un verdadero discípulo se somete a un molde especial de disciplina o de preparación. Aunque paidéia puede incluir -pero no lo denota específicamente- 499 disciplina correctiva como es el caso en la palabra castigo, se refiere a todo el proceso por el cual los niños son preparados para desempeñar sus responsabilidades al llegar a la vida adulta.
Del Señor.
Todo lo que nos ocurre en la vida está bajo el control "del Señor"; nada puede sucedemos a menos que lo permita el Altísimo. Dios nunca ha sido el autor del sufrimiento y del pesar, aunque a veces puede permitir que pasemos por ellos. Ver com. 2 Crón. 18: 18; Job 42: 5; Sal. 38: 3;
39: 9.
Desmayes.
Gr. eklúo, en voz pasiva, "cansarse", "agotarse", "desanimarse". Un discípulo que desmaya nunca se graduará de la escuela de la experiencia. El que se descorazona y se siente inclinado a darse por vencido, recibe la invitación de dirigir sus ojos a Jesús y meditar en el Señor (ver com. vers. 23). Por sobre todo debe recordar que Dios no está enojado con él, sino que lo ama como un padre amoroso y está tratando de ayudarlo para que aprenda una lección muy necesaria. Frecuentemente lo que nos hace difícil la vida es la actitud que adoptamos frente a la disciplina, y no ésta.
Reprendido.
Gr. elégjo, "reprobar", "corregir", "castigar", "disciplinar". Nunca es agradable ser reprobado o corregido, mucho menos sufrir el castigo; la reacción natural es despreciarlo. La forma fácil de escapar es desmayar ante él; pero la actitud sabia es la de sacar provecho de él.
6.
El Señor al que ama.
La disciplina paciente y continua es una expresión de solícito afecto. Las vicisitudes que tienen el propósito de ennoblecer y perfeccionar el carácter, constituyen la mejor evidencia de que el Señor nos ama. La disciplina es esencial para el carácter, ya se trate de un niño o de un cristiano adulto,
Azota.
Dios administra cualquier tipo de disciplina que considere necesaria para la formación del carácter, o permite experiencias que alcancen ese propósito (ver com. vers. 5); pero esta afirmación no debe tomarse muy literalmente, como si Dios personal o directamente autorizara u ordenara el sufrimiento y el pesar que acompañan a algunas de las vicisitudes disciplinarias de la vida. Ver com. vers. 5.
El que recibe.
Es decir, a todo aquel que recibe como su hijo. Cada hijo de Dios de esta tierra ha llegado a serlo por su adopción en la familia celestial.
Por hijo.
En cuanto a nuestra relación como hijos del Padre celestial, ver com. Mat. 6: 9; 1 Juan 3: l.
7.
Si soportáis la disciplina.
Ver com. vers. 3, 5. La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión del "si" condicional: "para disciplina soportáis" o "soportad". Bien puede ser una frase imperativa, una admonición basada en el principio expresado en el vers. 6. Muy frecuentemente oramos para pedir la victoria sobre pecados particulares; pero Dios nos responde permitiendo circunstancias que nos fortalezcan precisamente en aquellos puntos en que somos débiles. Reconozcamos entonces la respuesta de Dios a nuestras oraciones, y no vacilemos. Soportemos "la disciplina" con valor y humildad.
Como a hijos.
Generalmente los padres son reacios a castigar a quienes no son sus hijos; pero un padre sabio no vacila en castigar a sus hijos cuando lo necesitan. El castigo es una prerrogativa, un deber y una responsabilidad de los padres; por lo tanto, castigar es en cierto sentido una evidencia de paternidad.
¿Qué hijo?
Ningún niño nace con un carácter maduro; por eso cada hijo debe ser disciplinado para que pueda ocupar un lugar de utilidad en el mundo y sea una honra para la familia.
8.
Si se os deja sin disciplina.
Los hijos que no reciben castigo son privados precisamente de la preparación que necesitan para los deberes y las responsabilidades de la vida. Los padres que no aplican la debida disciplina tendrán que rendir un día una terrible cuenta delante de Dios. No sería correcto ni justo que nuestro Padre celestial dejara de disciplinarnos, o que nos librara de las circunstancias y situaciones que tienen un valor disciplinario.
Bastardos.
O "hijos ilegítimos".
9.
Por otra parte.
Se establece un punto más de comparación entre la disciplina paterna terrenal y la de nuestro Padre celestial.
Los venerábamos.
O "los respetábamos" (BJ, BA, NC); algo opuesto a despreciarlos (ver com. vers. 5). El respeto por la autoridad debidamente constituida -ya sea la del hogar, de la sociedad o de Dios- es básico para la paz, la armonía y la seguridad.
Obedeceremos.
O "nos someteremos" (BJ). ¿Dejaremos de reconocer y apreciar la disciplina del Señor y de beneficiamos con ella? ¿Debemos ser menos receptivos a la disciplina 500 de nuestro Padre celestial que los hijos a la de sus padres terrenales?
Espíritus.
Gr. pnéuma, "espíritu", "soplo", o, posiblemente, "vida" (ver com. Luc. 8: 55). "Padre de los espíritus" se refiere a Dios como la fuente de toda vida y de todo ser. Esta expresión contrasta con "padres terrenales", como lo hace evidente Heb. 12: 10. El argumento va de lo menor a lo mayor: si respetamos la disciplina de un padre terrenal, a quien debemos nuestra existencia corporal, ¿cuánto más no debiéramos ser obedientes o someternos a la corrección de nuestro Padre celestial, a quien debemos la vida?
"Espíritus" contrasta con "terrenales". Ambos se refieren a seres humanos vivientes, como se ve claramente en el contexto y la sintaxis del texto griego. Todo el contexto trata de la forma en que Dios, como nuestro Padre celestial, castiga a sus hijos terrenales. "Los espíritus" es traducción de una frase griega idiomática que equivale a "nuestros espíritus" (BA).
10.
Por pocos días.
O durante la niñez y la juventud; pero nuestro Padre celestial nos disciplina durante toda la vida.
Nos disciplinaban.
Ver com. vers. 8.
Como a ellos les perecía.
Es decir, como les parecía bueno o mejor.
Para lo que nos es provechoso.
Es decir, para nuestro bien. Puede ser que nuestros padres terrenales se equivocaron con su disciplina debido a su criterio defectuoso o a motivos egoístas; sin embargo, "los venerábamos". ¿Pero cuánto más no debiéramos apreciar y prestar atención a la disciplina de nuestro Padre celestial, un Padre cuya sabiduría y amor permite sólo lo que es para nuestro bien?
Participemos de su santidad.
El propósito de toda disciplina divina es la transformación del carácter; su meta es la perfección (ver com. Mat. 5: 48).
11.
Ninguna disciplina.
O "ninguna corrección" (BJ, NC). Ver com. vers. 5.
Al presente.
La perspectiva del tiempo y de la experiencia generalmente es necesaria para apreciar plenamente la disciplina que se recibe. Cuando los niños y los jóvenes llegan a la madurez -y sólo entonces- pueden comprender todo lo que sus padres, maestros y amigos han contribuido en el desarrollo de su carácter. Este aprecio es, sin duda, un indicio seguro de madurez. Los cristianos maduros aprecian el valor disciplinario de las diversas vicisitudes de la vida mientras están pasando por ellas. Comprenden que el resentimiento frente a la disciplina divina es señal de puerilidad e inmadurez.
Causa de gozo.
O "agradable" (BJ, NC).
Tristeza.
No en el sentido de ser severa, intensa u opresiva, sino porque causa aflicción, sufrimiento o dolor.
Después.
Las bestias sólo viven en el presente y para el presente; pero una de las características distintivas de los seres inteligentes es que pueden proyectarse hacia el pasado o el futuro por medio de la memoria o de la imaginación. En esta forma pueden estimar su situación actual dentro de la perspectiva del tiempo y de la experiencia, y decidir y actuar con inteligencia.
La manera como una persona puede contemplar el presente en relación con el pasado y el futuro es una medida bastante segura de que ha pasado de la niñez a la madurez. Otro tanto es cierto en el caso de la madurez cristiana, especialmente en relación con las vicisitudes disciplinarias de la vida. Felices aquellos cristianos que han aprendido a considerar las cosas del tiempo a la luz de la eternidad.
Da fruto.
La disciplina siempre da "fruto apacible de justicia", si se acepta; rara vez, si es resistida; nunca, si es rechazada.
De justicia.
La disciplina se hace necesaria cuando surge un conflicto entre las tendencias y los deseos naturales y los principios correctos. El propósito de la disciplina es resolver ese conflicto armonizando las tendencias y los deseos naturales con los principios. Así, la disciplina produce paz. Las persona sometida a la disciplina se encuentra en paz con Dios, consigo misma y con sus prójimos.
Ejercitados.
O "adiestrados". Los que aceptan la preparación que proporcionan las vicisitudes disciplinarias, tienen el privilegio de disfrutar del "fruto apacible de justicia", que crece en el árbol de la obediencia a la voluntad revelada de Dios.
12.
Por lo cual.
Es decir, en vista de que las vicisitudes disciplinarias son permitidas por un Padre celestial sabio y amoroso, con el propósito de que haya el "fruto apacible de justicia" que dé madurez a nuestra vida.
Levantad.
"Las manos caídas y las rodillas paralizadas" son símbolos de desánimo e inactividad. Representan la antítesis de la paciencia (ver com. vers. 2). El cristiano maduro no se cansa ni desmaya (vers. 3) cuando 501 pasa por la disciplina; no deja caer las manos ni vacilan sus rodillas. Como entiende no poco de la naturaleza y del propósito de la disciplina y tiene confianza en la sabiduría y la bondad de su Padre celestial, destierra el resentimiento, el desánimo y la inactividad. Cumple sus tareas con valor y confianza.
Son demasiados los cristianos que sufren de "rodillas paralizadas" y de "manos caídas". En vez de aceptar la disciplina del ciclo, comienzan a culpar a otros por las circunstancias desfavorables en que se encuentran. Rechazan la oportunidad que les proporciona su Padre celestial para desarrollar el carácter. Su vida comienza pronto a dar frutos de disensión y amargura (ver com. vers. 13, 15) en vez del "fruto apacible de justicia" (vers. 11). Cf. Isa. 35:3.
Caídas.
"Caídas" por causa del desánimo y los chascos.
Rodillas paralizadas.
Las rodillas paralizadas son una desventaja en la carrera cristiana (ver com. vers. 1-2).
13.
Sendas derechas.
La renuencia a aceptar la disciplina de la vida, lleva con frecuencia a una persona por caminos tortuosos. El cristiano maduro avanza por una senda derecha porque acepta con valor y confianza, sin vacilaciones ni quejas, las vicisitudes disciplinarias necesarias para la formación de un carácter cristiano simétrico. No trata de encontrar un desvío para evitar la disciplina, sino que prosigue por el camino verdadero y aprovecha las buenas oportunidades que la vida ofrece.
Lo cojo.
Otra referencia a las personas de "manos caídas", "rodillas paralizadas" y pies que necesitan "sendas derechas" (vers. 12-13). Su cojera les dificulta caminar por las desagradables experiencias disciplinarias a lo largo del camino de la vida.
Salga del camino.
Gr. ektrépo, en voz media "desviarse", "apartarse", "dejar el camino". El sentido en que este verbo se usa aquí, no es completamente claro. Es posible una de estas dos interpretaciones: (1) los pies cojos se salen "del camino", o se apartan de las "sendas derechas' a "sendas" torcidas donde es más posible tropezar y caer; (2) ektrépo debe entenderse en sentido médico: "dislocado", "descoyuntado". La cojera haría difícil caminar; una dislocadura lo haría imposible. Si la admonición se entiende de esa manera, diría a menos que se ofrezcan "sendas derechas y para los pies cojos, existe el peligro de que se produzcan dislocaduras de las articulaciones. El segundo sentido, "dislocado" o "descoyuntado", concuerda mejor con el contexto, pues es más probable que "lo cojo" se disloque y no que se extravíe. Además, la admonición 'que sea sanado" presenta un sentido más apropiado si hay descoyuntamiento que si hay extravío. "No se descoyunte" (BA, BJ); "no se disloque" (NC).
Sino que sea sanado.
La renuencia a aceptar la disciplina producirá dificultades aún mayores; pero el cristiano sabio no lo permite, sino que aplica el remedio apropiado. Los males físicos tienden a empeorar, no a mejorar, cuando no se les presta la debida atención. Las condiciones de la mente y del corazón, como la renuencia a aceptar la disciplina o el resentimiento debido a ella, se agravan inevitablemente, a menos que se hagan esfuerzos inteligentes para diagnosticar la situación y aplicar el remedio apropiado.
14.
Seguid la paz.
Literalmente "perseguid la paz". El autor deja los problemas personales del cristiano individual, y se ocupa de las relaciones del cristiano con sus prójimos. En cuanto a la admonición de seguir "la paz", ver com. Rom. 12: 18; 1 Ped. 3: 11; cf. Sal. 34: 14.
Santidad.
Sólo los de corazón puro pueden esperar que verán a Dios (ver com. Mat. 5: 8).
Verá al Señor.
Es decir, en paz.
15.
Mirad bien.
Nadie entrará en el cielo yendo a la deriva. "Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14: 22; ver com. Mat, 7: 21-27; 10: 23). Debemos esforzarnos para entrar (Luc. 13: 24). Ningún esfuerzo a medias alcanzará el tesoro celestial (ver Mat. 13: 44-46).
Deje.
Gr. husteréo, "carecer de", "faltar", "llegar tarde". La forma en que se usa aquí implica un descuido continuo, no una sola deserción. En cuanto a caer de la gracia, ver com. Gál. 5: 4.
Raíz de amargura.
La declaración se basa en Deut. 29: 18 (LXX). Originalmente fue una advertencia contra la idolatría (ver com. Deut. 29: 18); aquí parece ser un consejo contra cualquier persona de la iglesia dada a las discusiones con el deliberado propósito de fomentar mala voluntad y división entre los hermanos. Una "raíz de amargura" generalmente germina en la oscuridad de algún alma marchita, y luego florece convirtiéndose 502 en una crítica pública y maligna contra los dirigentes de la causa de Dios en la tierra, y hace que los hermanos se dividan entre sí.
Muchos sean contaminados.
Los que tienen amargada el alma procuran siempre implicar tantos como pueden en su descontento y rebelión.
16.
Fornicario.
"Persona inmoral".
Profano.
Gn bébelos, "Profano", "vulgar", "irreligioso". Bébelos describe en el NT a una persona que no aprecia ni desea las cosas sagradas, cuyos deseos y ambiciones no se elevan por encima de las cosas de esta tierra.
Esaú.
En cuanto al carácter de Esaú y el episodio al cual se hace referencia, ver com. Gén. 25: 27-34.
Primogenitura.
En cuanto al significado de la primogenitura, ver com. Gén. 25: 31.
17.
Desechado.
Gr. apodokimázo, "se refiere a rechazar, después de someter a prueba, por no alcanzar la medida de las normas exigidas". En cuanto al episodio a que aquí se menciona, ver Gén. 27: 1-40.
No hubo oportunidad para el arrepentimiento.
Los largos años durante los cuales Esaú fue en pos de propósitos terrenales, lo incapacitaron para cumplir con las responsabilidades más serias de la vida. Su propia elección había modelado su manera de pensar y su carácter El autor de Hebreos no quiere decir que Esaú deseó realmente arrepentirse de sus malos hábitos, sino sencillamente que se arrepintió de haber vendido su primogenitura. Deseaba recuperarla; pero sabía que su decisión había sido irrevocable: la había perdido para siempre. Ningún acto arbitrario de Dios impidió que Esaú recibiera la herencia que normalmente hubiera sido suya; fue su carácter lo que lo descalificó para los privilegios y las responsabilidades de la primogenitura.
Con lágrimas.
Cuando Esaú se dio cuenta de lo que había perdido, "clamó con una muy grande y muy amarga exclamación" (Gén.27: 34).
18.
No os habéis acercado.
Ver Exo. 19: 9-25 en cuanto al suceso al cual se hace referencia en los vers. 18-21. Así como el antiguo Israel oyó en el monte Sinaí la voz de Dios (Heb. 12: 18-21), también los cristianos se han "acercado al monte de Sion" (vers. 22-23) y deben prestar atención a la voz de Cristo (vers. 24- 27).
Que se podía palpar.
No se trata de un monte literal en la tierra.
Que ardía en fuego.
En cuanto a las frases descriptivas de los vers. 18-19, ver Exo. 19: 16.
19.
Voz que hablaba.
O sea la voz de Dios.
Rogaron.
Ver Exo. 20: 19; Deut. 5: 5.
21.
Tan terrible.
Se destaca lo impresionante que fue lo que se vio y se oyó, especialmente el sonido de la voz de Dios. Cuando el pueblo estuvo frente a frente con el Dador de la ley y juez de toda la tierra, experimentó algo del "temor del Señor" (2 Cor. 5: 11). La entrega de la ley en el Sinaí fue acompañada por una exhibición tremendamente impresionante del poder y de la majestad de Dios. Nunca antes ni tampoco después ha contemplado el mundo algo tan impresionante y aterrador.
22.
Os habéis acercado.
El autor deja ahora aquella experiencia del antiguo Israel para referirse a los cristianos. Habla en sentido figurado de los cristianos como si estuvieran congregados alrededor del trono de Dios en el cielo, o en una gran reunión de la iglesia invisible.
Monte de Sion.
El nombre de uno de los cerros sobre los cuales estaba situada la antigua Jerusalén (ver com. Sal. 48: 2). Este llegó a ser un nombre poético favorito para la ciudad de Jerusalén. Aquí se hace referencia a "Jerusalén la celestial".
Dios vivo.
Ver com. cap. 3: 12; 9: 14; 10: 31.
Jerusalén la celestial.
En cuanto a la aplicación del nombre Jerusalén o nueva Jerusalén a ciudad del Dios vivo", ver com. Apoc. 3: 12; 21: 2.
Compañía de muchos millares.
Literalmente "miríadas". Ver com. Apoc. 5:11.
23.
Congregación de los primogénitos.
En el texto griego hay dos sustantivos en este pasaje, ambos con relación a "los primogénitos": paneguris, "convocación festiva" y ekklesía, "congregación" o "iglesia". "A la asamblea general e iglesia de los primogénitos" (BA). Esta iglesia "de los primogénitos" la constituyen los que han nacido de nuevo. Se alude a la iglesia invisible.
Inscritos en los cielos.
O "registrados en los cielos", es decir en el libro de la vida del Cordero (ver com. Fil. 4: 3; Apoc. 3:5).
Dios el juez.
Dios fue el que dio la ley en el monte Sinaí. En el monte de Sión aparece como "el juez de todos" los hombres para juzgarlos por la ley que proclamó desde el Sinaí. No será menos aterrador encontrarse 503 frente a Dios cuando juzgue a todos los seres humanos de acuerdo con la norma de su ley.
Espíritus.
Gr. pnéuma (ver com. vers. 9). " idea de que pnéuma signifique alguna entidad del ser humano que es consciente y capaz de existir separada del cuerpo, no es parte esencial de esta palabra, ni tampoco puede hacerse derivar de ella objetivamente tal significado por el uso que tiene en el NT. El concepto de espíritu inmortal se basa únicamente en opiniones preconcebidas de los que creen que una entidad consciente sobrevive al cuerpo cuando éste muere, preconcepto que aplican a palabras como "espíritu" y "alma". En cuanto a rúaj, el equivalente hebreo del griego pnéuma, ver com. Ecl. 12: 7. Ver también com. Sal. 16: 10 y Mat. 10: 28.
Justos hechos perfectos.
O cristianos maduros (ver com. Mat. 5: 48). Las palabras "os habéis acercado" (Heb. 12: 22) son dirigidas a cristianos vivos, como lo demuestra el contexto. El autor no se está dirigiendo a los justos muertos de los siglos pasados, como si estuvieran realmente reunidos delante del "Juez de todos" los hombres, en el "monte de Sion", en "Jerusalén la celestial" (vers. 22-23). Todos convendrán en que únicamente en sentido figurado pueden, todos los cristianos que viven, congregarse delante del trono de Dios como se describe en los vers. 22-24. El autor los invita en el mismo sentido a acercarse "confiadamente al trono de la gracia" (cap. 4: 16), y en la misma forma figurada pueden imaginarse a "los espíritus" de todos los otros "justos hechos perfectos" reunidos allí en espíritu, no en un estado imaginario de seres desencarnados. Afirmar que la expresión "los espíritus de los justos hechos perfectos" se refiere a supuestos "espíritus" desencarnados, sería poner en antagonismo al autor de Hebreos con las claras afirmaciones de las Sagradas Escrituras acerca de la inconsciencia del hombre en la muerte (ver com. Ecl. 3: 21; 12:7; Juan 11: 11; cf. com. Gén. 2: 7).
24.
Mediador.
En cuanto a Cristo como mediador del nuevo pacto, ver com. cap. 8: 6; 9: 15.
Nuevo pacto.
Ver com. cap. 8: 8- 10.
Sangre rociada.
Ver com. Exo. 24: 6, 8; Heb. 9: 19, 21; 10: 22. Es una referencia a la sangre expiatorio de Cristo, por medio de la cual fue ratificado el nuevo pacto y por cuyo medio es perdonado el pecado.
Habla.
Ver com. Gén. 4: 10; cf. com. Heb. 11: 4.
Mejor.
La sangre de Abel clamó pidiendo venganza; la de Cristo habla elocuentemente de la misericordia y el perdón de Dios.
25.
Mirad que no desechéis.
En los vers. 25-29 el autor extrae su conclusión de toda la serie de argumentos presentados en los vers. 18-24. El antiguo Israel quedó aterrorizado por la voz de Dios que hablaba desde el monte Sinaí (vers. 18-21). Si los cristianos penetran por fe hasta la presencia de "Dios el juez de todos" y de "Jesús el Mediador del nuevo pacto" (vers. 23-24), no se sentirán menos profundamente impresionados; sin embargo, Israel no quiso escuchar la voz de Dios (Exo. 20: 18-19), y ese rechazo prefiguraba una desobediencia persistente (ver t. IV, pp. 34-35). Los cristianos deben cuidarse para no caer en el mismo error que cometió el antiguo Israel (ver com. 1 Cor. 10: 1-12; Heb. 3: 11; 4: 1).
Al que habla.
En el cap. l: 1-2, Dios el Padre es presentado como si nos hablara por medio de su Hijo. Aquí no es claro si el que habla es el Padre o es el Hijo. En todo caso, el mensaje es el mismo.
Si no escaparon.
Ver com. cap. 2: 2-3; 4: 1.
Los amonestaba en la tierra.
Es decir, desde el monte Sinaí.
Mucho menos.
Ver com. cap. 2: 3.
Desde los ciclos.
O sea a los cristianos que viven ahora en la tierra.
26.
La voz del cual conmovió.
Cf. Exo. 19: 18.
Aún una vez.
La cita está adaptada de Hag. 2: 6-7 (LXX; ver el comentario respectivo). Esta profecía se aplicó al templo cuando fue restaurado después del cautiverio babilónico y al primer advenimiento de Cristo; aquí se refiere al segundo advenimiento de Cristo (ver Apoc. 16: 17-18).
27.
Indica la remoción.
La frase "aún una vez" indica que la segunda sacudida será final, definitiva. No se necesitará otra sacudida más. Por lo tanto, todo lo que pueda ser sacudido y removido lo será en la segunda sacudida que se producirá con la venida de Cristo.
Cosas movibles.
Es decir, que pueden ser sacudidas. Serán removidos el pecado y todas sus consecuencias. Terminará este mundo y todo lo que hay en él.
Como cosas hechas.
No se ve con facilidad la relación de esta frase con toda la argumentación. El texto griego en este pasaje es breve y poco claro. El autor quizá aluda al hecho de 504 que así como Dios en el principio llamó a la existencia los cielos y la tierra mediante su palabra (ver com. Gén. 1: 3; Heb. 11: 3; cf. Sal. 33: 6, 9), así también hablará otra vez para hacer desaparecer todo lo movible.
Para que queden.
Cuando la voz de Dios sacuda de nuevo los cielos y la tierra, sólo permanecerá lo que es recto, puro y verdadero.
Las inconmovibles.
Es decir, el "reino inconmovible" (vers. 28), incluso todos "los justos hechos perfectos" (vers. 23).
28.
Un Reino
El autor describe al pueblo de Dios en la tierra como si ya estuviera en posesión de su herencia eterna (ver com. cap. 11: 1).
Tengamos gratitud.
Tener járis puede significar tener "gracia" o "favor".
Sirvamos a Dios agradándole.
Nada puede ser más agradable a Dios que la gratitud por las bondadosas disposiciones del plan de salvación, pues la gratitud inevitablemente conduce a un servicio leal.
Temor y reverencia.
O "devoción y profundo respeto". Ver com. Sal. 19: 9; Heb. 5: 7. El temor reverente que los seres humanos sienten en la presencia de Dios, se destaca en cap. 12: 18-21, 26-27.
29.
Fuego consumidor.
Esto quedó demostrado en el monte Sinaí (Exo. 24: 17). El fuego del último día destruirá todo lo que esté manchado de pecado (ver com. Mal. 4:1 ; cf. 2 Ped. 3: 7, 10-12; Apoc. 20: 9, 15).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CM 433; FE 134; 2T 517; 3T 43; ST 83; 5TS 228
1-2 FE 402; HAp 251; 1JT 184; 4T 35
2 AFC 370; CC 74, 76; CE (1967) 158; CH 299, 320; CMC 225; COES 17; DTG 481, 614; EC 458; ECFP 101; Ev 468; FE 383; 1JT 232, 365, 395, 490, 518; 2JT 59, 126, 341, 550; 3JT 72, 120; MB 54; MC 404; MeM 102, 108, 181; MJ 102; MM 21, 41, 99; PR 127; RC 58; 2T 115,
491; 4T 54, 366, 461, 583, 615; 8T 210; 5TS 174
2-3 HAp 373; PE 114
2-4 2T 709
3 PR 517; 3T 434
3-4 2JT 238 4 5T 222
5 DMJ 15 8 IT 632
8-11 2JT 293
10 DMJ 14; 2JT 339; MeM 301
11 MeM 95; PE 119; PP 242; 3T 416
12 4T 131; TM 496
12-13 TM 184-185
12-15 8T 79
13 CE (1967) 207; CH 575; CMC 270;
COES 14; CW 174; Ev 269, 296, 429; FE 222; 1JT 533; 2JT 117; 3JT 414; MJ 29; NB 359; 3T 441; 5T 518; 7T 130, 238; 8T 196, 212; TM 219, 229, 406, 468
13-15 3JT 173
14 CC 34; CM 415; CS 596; FE 136, 385; 2JT 340; MM 52; IT 23; 2T 401; 4T 332; TM 447
15 Ev 395; HAp 169; 2JT 82; PR 63; PVGM 63; IT 480; 3T 440, 452; 4T 2299 610
16 CH 110; CMC 144; CRA 174; CV 61
16-17 PP 180
17 2T 39
21 PP 312; 4T 342
22 CS 566
24 DTG 138; PP 387
25 PVGM 188
26 DTG 726; 1JT 64; PP 353
27 CE (1967) 20, 24; Ev 266; 2JT 549; 3JT 285, 312; MJ 27; 1 T 355; 7T 219
29 CC 16; CS 732; DTG 82, 552; HR 449 505