La Epístola del Apóstol San Pablo a los HEBREOS


CAPÍTULO 1

1 Cristo, enviado a nosotros en estos últimos días procedente del Padre, 4 es exaltado por sobre los ángeles, o en su persona como en su oficio.

1 DIOS, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;
3 El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, Y el será a mí hijo?
6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.
7 Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego.
8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
10 Y: Tú,oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos.
11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,
12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán.
13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Sientate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
14 ¿No son todos espíritus ministradores enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

1.
Dios.
La epístola entra directamente en un tema doctrina, sin los saludos iniciales acostumbrados (ver los primeros versículos de las otras epístolas del NT; ver p. 402). En el texto griego la palabra "Dios" no se halla al comienzo; el orden es: "Muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo Dios habló". Ver el comentario inmediato, "hablado".
Hablado.
El autor destaca el hecho de que fue Dios quien habló por medio de los profetas. Un libro puede llevar el nombre de Isaías o Amós o Daniel, pero Dios es el verdadero autor (cf. Juan 5:46-47). El hecho de que él había dado revelaciones por medio de los profetas en los tiempos del AT, no impidió que más tarde también las diera, y aun mayores, cuando fue necesario hacerlo. En los tiempos del AT era imprescindible demostrar fe en el Redentor que vendría, ofreciendo un cordero sobre el altar; pero después de que Cristo vino, era completamente inapropiado seguir ofreciendo tales sacrificios. Si se hubiese continuado con ellos, no se ha demostrado fe sino incredulidad. Era necesario dejar a un lado los ritos y ceremonias que señalaban a Cristo y reemplazarlos por otros en que se demostrara confianza en que Cristo ya había venido. Pero para que el creyente en Dios pudiera hacerlo, eran necesarias nuevas revelaciones del cielo.
Terminar con ceremonias y costumbres que tenían la aureola de santidad que les daban los siglos-como el cristianismo lo exigía 410 de Israel- y adoptar otras nuevas que en ostentación y pompa no se comparaban con las antiguas; desprenderse de los majestuosos servicios del templo, parecía a muchos, sin duda, que no sólo era repudiar todas las experiencias religiosas y revelaciones del pasado sino poner fin a toda religión. Los judíos del siglo I y sus antepasados siempre habían ofrecido sacrificios, y Dios había aceptado su culto. ¿Podría haber algún perjuicio en continuar con lo que el cielo había bendecido tan manifiestamente? Recordaban cómo Dios había instruido a Moisés para que construyera el santuario, y cómo honró directamente su dedicación enviando fuego del cielo para encender la leña del altar. Conceptuaban que la religión que había sido buena para Abrahán, Moisés y Elías, tenía que ser también para ellos.
Siempre será una tarea difícil cambiar las costumbres de siglos; transformar los hábitos de una nación en unos pocos años es casi imposible. En el caso de la transición del judaísmo al cristianismo era particularmente difícil, pues el cambio debía hacerse mediante el liderazgo de hombres que, según el concepto de la mayoría, no estaban a la altura de los que habían instituido las prácticas ancestras. Por eso fue sumamente difícil el período de transición. Se necesitaba mucha sabiduría y sabio consejo. No hay duda de que había interrogantes casi siempre presentes: si Dios no exige ahora sacrificios, si en realidad le son desagradables, ¿entonces qué se puede decir de los hombres de la antigüedad, grandes y buenos, que enseñaron a Israel a ofrecer sacrificios a Dios y ellos también los ofrecieron? ¿No siguieron entonces las instrucciones específicas de Dios? ¿Y quiénes son Pablo y los otros apóstoles para que se atrevan a cambiar prácticas e instituciones antiguas? Los judíos podían preguntar directamente a los apóstoles si se consideraban mayores que los profetas y los patriarcas de la antigüedad (cf. Juan 4:12).
Estas preguntas son respondidas en las primeras palabras de la epístola. Los grandes dirigentes del pasado no estaban equivocados. Habían sido guiados por Dios. Eran hombres de Dios. Cuando hablaban, Dios hablaba. No habían seguido fábulas sutiles, engañosas. Al enfocar las cosas de esta manera, el autor del libro naturalmente se ganaba la confianza de la gente que creía que los grandes hombres y los profetas de la antigüedad habían sido guiados por Dios.
Muchas veces.
Gr. polumeros. Este adverbio griego significa "en muchas partes" o " muchas maneras"; "de una manera fragmentaria" (BJ). La luz procedente del trono de Dios no irrumpió sobre los hombres como un gran relámpago de gloria, sino que descendió lentamente, poco a poco, a medida que los hombres podían comprenderla.
De muchas maneras.
Gr.polutrópós, "multiforme", "de muchos modos" (BJ). Dios hablo mediante profetas a través de mensajes verbales y escritos, por parábolas y por medios visuales. Pero cualesquiera que fueren los medios, era Dios el que hablaba (ver el comentario de "hablado").
En otro tiempo.
Gr. pálai, "hace mucho", "anteriormente". La referencia es sin duda a toda la revelación del AT.
Padres.
Con el sentido de "antepasados" o "ascendientes".
Profetas.
Gr profétes (ver com. Mat. 11:9).
2.
Estos postreros días.
Equivale a la expresión "en nuestro tiempo". Los escritores bíblicos a veces hablan de los acontecimientos relacionados con el primer advenimiento de Cristo como si ocurrieran en los "postreros días" (cf. Hech. 2:17; Heb. 9:26; 1 Ped. 1:5).
Por el Hijo.
"Por medio del Hijo" (BJ). Se establece un contraste entre la revelación mediante un profeta y la revelación mediante un "hijo". En el texto griego no se encuentra el artículo "el" que antecede a "Hijo". Cf. com. Dan. 7:13; Apoc. l: 13; Juan l:1.
A quien constituyó.
Es difícil ubicar este suceso en un momento preciso de la historia, pues los propósitos de Dios son eternos. Sin embargo, la designación a la cual se hace referencia quizá ocurrió después de la ascensión, cuando Cristo "se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (vers. 3).
El primer versículo presenta al Padre; el segundo, al Hijo. Cuando el autor de Hebreos presenta al Hijo, llega al corazón de su tema. Si Cristo tiene que reemplazar al sacerdocio aarónico instituido por Moisés, debe demostrarse que es superior a Moisés; de lo contrario no tendría poder para abrogar lo que Moisés había instituido. Por esto Cristo es presentado como Dios (ver com. Heb. 1: 3; cf. com. Juan 1: 1).
Heredero de todo.
Cuando Jesús vino a la tierra, se despojó "de su vestido y corona reales" (5TS 182). "Prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del 411 universo" (DTG 14). Con su ascensión tomó otra vez el puesto que había tenido con el Pare antes de su encarnación (ver HAp 31-32; cf. 3JT 266-267). Era importante que los hebreos entendieran el verdadero lugar del Hijo. Los escritores del AT no comprendían la naturaleza trinitaria de la Deidad. A Israel se le había enseñado: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6: 4). Era necesario que entendieran que el Mesías compartía el trono del universo con el Padre. Ver Nota Adicional de Juan l; cf. com. 1 Cor. 15:24-27.
Por quien asimismo hizo.
Se presenta al Hijo como asociado con el Padre y como agente activo en la creación (ver com. Juan 1:3; Col. 1:16-17).
Universo.
Gr. aión, "siglo", "edad", "mundo"; "mundos" (BJ, BC). Ver com. Mat. 13: 39. El plural del vocablo griego probablemente se refiera a todo el sistema de cosas que fue llamado a la existencia por Cristo. Son "todas las cosas" de Heb. l: 3, las "visibles e invisibles: sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades" (Col. l: 16-17).
Dios hizo los mundos por medio de Cristo; pero no usó a Cristo como una herramienta sino como un colaborador. Aquí se presenta una división de las actividades de la Deidad. El que sería el Redentor del hombre, fue su Creador; y porque es el Creador, puede crear al hombre como "nueva criatura" (2 Cor. 5:17).
Cuando consideramos la magnitud de la creación de Dios, los innumerables millones de mundos que circundan el trono de la Deidad, no sólo obtenemos un concepto más amplio de Dios, sino que somos inducidos a decir con el salmista: "¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?" (Sal. 8: 4). Nuestro Dios es admirable en sabiduría, conocimiento y poder; y junto con esto, es admirable el amor de Aquel que creó y sostiene todas las cosas e invita al ser humano a participar activamente con él de la gloria.
3.
El cual, siendo.
O "el que es". El verbo griego eimí, "ser" o "estar", nunca puede traducirás "llegar a ser" o "convertirse en". La misma idea se nota en Juan l: l: "En el principio era el Verbo" (ver com. respectivo). En el principio Cristo no apareció ni vino a la existencia, ya era. Según Juan l: 14, cuando el que era o existía antes vino a la tierra, se hizo carne, lo que antes no había sido. Por otra parte, la frase "el que es" aparece la LXX de Exo. 3:14 como nombre de Dios; el que se use aquí la misma frase sin duda no es coincidencia (ver com. Apoc. 1:4).
Resplandor.
Gr. apáugasma, "resplandor", esplendor", "reflejo". El Padre y el Hijo son inseparables. El Hijo revela al Padre, es el reflejo del Padre. Cuando miramos el sol, no vemos el sol sino sus rayos; tampoco vemos al Padre sino al Hijo, pues el Padre es invisible, "habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver" (1 Tim. 6:16).
Gloria.
Gr. dóxa (ver com. Rom. 3:23; 1 Cor. 1l: 7). La gloria de Dios es la suma total de todos sus atributos. Moisés le pidió a Dios: "Te ruego que me muestres tu gloria" (Exo. 33: 18), y Dios le respondió: "Yo haré pasar todo mi bien ['mi bondad', BA, BC, NC] delante de tu rostro" (Exo. 33:19; cf. cap. 34:5-7).
La gloria de Dios es su carácter (ver DTG 1l; PR 231-232; OE 43l). Cristo no llegó a ser el resplandor de la gloria de Dios; ya lo era, y siempre lo había sido (ver com. Juan l: l; t. V, pp. 894-895). Esto constituye el fundamento esencial y eterno de su personalidad.
Imagen misma.
Gr. jaraktér originalmente una herramienta para grabar o marcar. Posteriormente llegó a significar la marca misma. La traducción "impronta" (BJ, BC, NC) se acerca más al significado de algo grabado o marcado. Esta misma dualidad de significa se puede advertir en algunas palabras. Por ejemplo, "sello" puede significar la impresión que se marca sobre un objeto y también el sello que la marcó. Cristo es el sello o la "impronta" exacta de Dios.
Sustancia.
Gr. hupóstasis, literalmente, "lo que está debajo", y por lo tanto, "meollo", "esencia", "realidad". Es realidad en contraste con imaginación y fantasía. Se usa esta palabra para designar la esencia de las cosas, la naturaleza íntima de algo, el verdadero ser. También se emplea para denotar firmeza, estabilidad, seguridad, confianza.
Cuando se dice que Cristo es "la imagen misma" de la hupóstasis del Padre, significa más que una semejanza externa: es la expresión exacta y verdadera de la naturaleza íntima de Dios. Así como es el Padre, así es el Hijo: uno en esencia, uno en carácter, uno en pensamiento y propósito. Son tan semejantes que Cristo pudo decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre... Yo y el Padre 412 uno somos" (Juan 14: 9; 10: 30). o de los grandes propósitos de la venida de Cristo a esta tierra fue para dar a los hombres una fiel representación del Padre.
Sustenta.
Gr. féro, "dirigir", "llevar", "sostener". Puede añadirse el significado de movimiento, propósito, conducción, de proceder con una intención definida. Cristo es el que sostiene todas las cosas en todo el universo y el que mantiene a los cuerpos celestes en sus órbitas prefijadas. Compárese con la oración "todas las cosas en él subsisten". Féro es más abarcante que "subsistir" o "consistir", pues abarca el concepto de una acción deliberada, llena de propósito. Esta definición cambia el concepto de un poder que sólo sostiene el universo físico, por el de un Ser inteligente que tiene un plan y se halla en el proceso de llevarlo a cabo.
Palabra.
Gr. rhema, "expresión", "palabra", "orden". El universo fue constituido por la "palabra" (rhema) de Dios (cap. 11:3). Compárese con el uso de la rhema de Dios en Rom. 10:8, 17-18; Efe. 6:17; 1 Ped. 1:25.
Su.
O de Cristo.
Poder.
Gr. dúnamis, "potencia", "vigor", "capacidad de realizar".
Purificación.
Con su expiación en la cruz Cristo obtuvo la limpieza del pecado en general -que incluye finalmente la purificación del pecado en el universo-, y también la limpieza de los pecados individuales. Esta última purificación, también hecha posible mediante la cruz, aún se lleva a cabo, y continuará hasta cuando sea posible salvar la última persona.
Cristo terminó su obra en la cruz como víctima y sacrificio. Derramó su sangre, y así se convirtió en "un manantial abierto... para la purificación del pecado y de la inmundicia" (Zac. 13: l). Pero continúa su obra como intercesor. Es nuestro abogado ante el Padre (ver Heb. 7:25).
Cristo venció toda tentación. Aunque los pecados del mundo fueron colocados sobre él, su alma permaneció inmaculada. Rechazó toda sugestión al mal. Satanás nunca obtuvo ventaja alguna. Atacó mil veces a Cristo, pero nunca tuvo éxito.
Nuestros.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta palabra. Por lo tanto, el texto significa que Cristo llevó "a cabo la purificación de los pecados" (BJ, BA, BC, NC). Es cierto que Cristo purificó "nuestros" pecados, pero el autor presenta aquí un panorama más abarcante, incluyendo a todos los pecados.
Por medio de sí mismo.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 10) la omisión de estas palabras. Las omiten la BJ, BA, BC y NC. Pero la idea está implícita en la expresión griega que se traduce "habiendo efectuado la purificación". Cristo pisó solo el lagar (Isa. 63:3).
Se sentó.
Esta expresión indica hacerse cargo de algo, asumir un cargo; sugiere una inauguración, una coronación. Significa investir con autoridad, reconocer el derecho de Cristo a tener jurisdicción. Era el principio, no el fin, de su actividad como mediador especial. Era la colocación del sello de Dios sobre su obra de intercesión. Dios, sentando en esa forma a Cristo a su diestra, colocó su aprobación sobre la obra que Cristo había hecho en la tierra, y la aceptó. Lo consagró como sumo sacerdote y, por lo tanto, lo autorizó para que se desempeñara como mediador según el orden de Melquisedec (cap. 7:17).
A Cristo se le concedió que se sentara a la diestra de la Majestad en las alturas porque había logrado la purificación de los pecados. Había triunfado donde fracasó Adán. Había ganado el derecho de hablar y actuar en favor de la humanidad. Por lo tanto, lejos de sentarse a descansar, estaba comenzando su nueva actividad. Cuando un juez se sienta para presidir una asamblea, ocupa su solio de magistrado y comienza el procedimiento judicial. Así también Cristo se sentó a la diestra de Dios, y recibió un reconocimiento oficial ante las multitudes congregadas de que actuaba por la designación y la voluntad de Dios.
En los servicios del santuario los sacerdotes ofrecían la sangre de las víctimas que la gente presentaba. Era necesario que Cristo, como sumo sacerdote, tuviera "algo que ofrecer" (cap. 8:3). Ese "algo" no fue la "sangre de machos cabríos ni de becerros, sino... su propia sangre" (cap. 9:12). No podía ofrecer esa sangre hasta que no la hubiera derramado en el Calvario. Pero tan pronto como la derramó, pudo comenzar su ministerio; y lo hizo inmediatamente después de ser instituido en su cargo. Ahora ya era sacerdote para siempre, y estaba listo para interceder por el hombre en el santuario del cielo.
Diestra.
El lugar de honor y autoridad. Hay sin duda una alusión a Sal. 110: 1. 413
Majestad.
Gr. megalosúne "grandeza", "magnificencia". En el NT sólo aparece aquí, Heb. 8: 1 y Jud. 25. Aquí se usa como atrito de la divinidad en lugar del nombre divino, sin duda con propósito literario.
En Las alturas.
Es decir, en el cielo (cf. Sal. 93:3).
4.
Hecho.
Mejor "habiendo llegado a ser". Debido a su encarnación, Jesús llegó a ser "un poco menor que los ángeles" (cf.com. cap. 2: 9); ahora es grandemente ensalzado (cap. 1:3).
Tanto superior.
El resto del capítulo se dedica a presentar el contraste entre Cristo y los ángeles. El autor comienza mostrando que Cristo es Dios en sentido supremo. Si Cristo limpia a los hombres de los pecados, tiene que ser Dios, pues sólo Dios puede perdonar pecados. Aunque los ángeles fueran poderosos y aunque los judíos tuvieran un concepto tan elevado de ellos, ningún ángel puede ser jamás un salvador. Por eso el autor procede a mostrar que Cristo es "tanto superior" a los ángeles.
La deidad de Cristo era una gran piedra de tropiezo para que los judíos aceptaran el cristianismo. Israel se había sentido orgulloso durante siglos de adorar a un solo Dios, entre tanto que los paganos tenían muchos dioses. "Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6: 4) había sido el desafío a sus vecinos paganos. Los judíos necesitaban entender la naturaleza de la Deidad, que las palabras "Jehová uno es" incluían al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Heredó.
Cristo fue constituido "heredero de todo" (ver com. vers. 2). Con esta herencia también le fue dado "un nombre que es sobre todo nombre" (ver com. Fil. 2:9).
Más excelente nombre.
Algunos creen que este nombre es "Jesús". Este es el nombre que se le dio al nacer, y le fue dado reconociendo el hecho de que salvaría "a su pueblo de sus pecados" (Mat. l: 2 l). Puesto que el ángel que anunció el nombre sólo estaba cumpliendo una orden de Dios, en realidad fue Dios el Padre quien le dio el nombre. Otros piensan que se hace referencia al título "Hijo". Creen, que este es ensalzado con las diversas citas que se presentan del AT (Heb. 1:5-8). El título "Hijo" se aplicó especialmente con respecto a la encarnación (ver com. Luc. 1: 35). Los ángeles son sólo "espíritus ministradores" (Heb. l: 13- 14); el único "Hijo" es Jesús.
5.
Cuál de los ángeles.
Se da comienzo a una serie de citas del AT para probar la superioridad de Cristo sobre los ángeles. La respuesta anticipada a la pregunta es: "Nunca dijo esto a ningún ángel en ningún momento".
Mi Hijo eres tú.
Una cita de Sal. 2: 7 (ver el comentario respectivo). En cuanto al título "Hijo" aplicado a Cristo, ver com. Luc. 1: 35; cf. com. Rom. 1:4. El autor desbarata el argumento de algunos de que Cristo es sólo un ángel encumbrado. Si Cristo fuera realmente un ángel elevado a su condición de gloria, entonces Dios "habría dicho" a un ángel: "Mi Hijo eres tú"; pero Dios 'jamás" "dijo" esto a ningún ángel.
Algunos se refieren a Job 1: 6; 2: 1; 38: 7 como una prueba de que las Escrituras llaman hijos de Dios a los ángeles (ver el comentario de estos versículos). Debe notarse que todas estas expresiones están en plural. Las Escrituras no dicen en ninguna parte que un ángel es llamado hijo de Dios; y los ángeles, por supuesto, son seres creados (Col. 1: 16).
Yo te he engendrado hoy.
En cuanto a las diversas interpretaciones dadas a este pasaje, ver com. Hech. 13: 33; cf. com. Rom. 1: 4.
Yo seré a él Padre.
Una cita de 2 Sam. 7: 14 (ver el comentario respectivo). La profecía original se había aplicado en primer lugar a Salomón, pero aquí se le da no significado mesiánico. El propósito de la cita es destacar la condición de hijo de Cristo, y de ese modo establecer más firmemente su superioridad sobre los ángeles.
6.
Cuando introduce.
Una indudable referencia a la encarnación, aunque en ninguna parte se registra una orden tal. Algunos insisten en que no debe destacarse el elemento temporal. Cristo era Dios antes de la encarnación; era Dios durante la encarnación; y es Dios después de la encarnación. En cualquiera de esas etapas le correspondía la adoración. La orden de adorarlo destaca la supremacía del Hijo.
Primogénito.
Gr. protótokos (ver com. com. 8:29).
Adórenle todos los ángeles.
Una cita no textual de Deut. 32: 43, LXX, con elementos de Sal. 97:7. La cita no aparece así en la Biblia hebrea. Las citas de la LXX son características de esta epístola (ver p. 402). La orden de adorar a Cristo confirma la deidad del Salvador. Los ángeles son encumbrados, pero Cristo es tan superior a ellos, que se les 414 ordena que lo adoren. Sólo se debe adorar a Dios (Apoc. 22:8-9), por lo tanto, Cristo es Dios.
7.
Espíritus.
Gr. pnéuma, "viento", "espíritu", "aliento". Una cita del Sal. 104: 4. El propósito del autor al citar este texto es mostrar que los ángeles son siervos, y que Dios los usa como a sus ministros, en contraste con el Hijo que es Dios.
En cuanto a la diferencia entre Sal. 104:4 y Heb. 1:7, ver t.III, p. 875, com. Sal. 104:4. Nótese que "ángel" y "mensajero" tienen una misma raíz: en hebreo, mal'ak significa tanto "ángel" como "mensajero" (cf. com. 2 Sam. 14:17); y en griego, ággelos también puede traducirse o "ángel" o "mensajero" (cf. com. Apoc. l: 20). Otro tanto sucede con "espíritu" y "viento": ambos pueden ser o del hebreo ruaj (cf com. Job 1:3), o del griego pneúma (cf. com. Luc. 8:55).
Ministros.
Gr. leitourgós (ver com. Rom. 13:6). El Hijo es Dios y debe ser adorado; pero los ángeles son ministros, siervos que se deleitan en cumplir la voluntad de Dios. Desde el mismo principio han tenido una parte definida en el plan de Dios y han servido de muchas maneras. Después que el hombre pecó, custodiaron el camino que daba acceso al árbol de la vida (Gén. 3:24). Cuando se produzcan los sucesos finales y Cristo vuelva a la tierra, los ángeles vendrán con él (Mat. 25:31), y Cristo los enviará para que reúnan "a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro" (Mat. 24:31).
Los ángeles han sido a través de toda la historia los guardianes y protectores de los hombres, "enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (Heb. l: 14). Los ángeles se presentaron con frecuencia durante el ministerio terrenal de Cristo, desde el primer anuncio de su nacimiento hasta el momento de su ascensión. Aunque no estemos siempre conscientes de la presencia constante de los ángeles en nuestras vidas, con seguridad podemos saber que siempre estamos bajo su amoroso cuidado.
Llama de fuego.
Cf. com. Gén. 3:24.
8.
Del Hijo.
En contraste con "de los ángeles" (vers. 7).
Tu trono, oh Dios.
Una cita de Sal. 45:6-7 (ver el comentario respectivo). El Padre se dirige reverentemente al Hijo llamándolo Dios, lo cual puede considerarse como el clímax del tema de la posición y dignidad de Cristo. No puede haber un testimonio superior en cuanto a la deidad de Cristo, que esta exclamación del Padre dirigida al Hijo. En forma solemnísima se afirma la deidad de Cristo, y eso lo hace el mismo Padre.
La salvación del hombre y todo el plan de salvación se basan en la deidad de Cristo. Si Cristo no es Dios en el sentido más sublime y por su propio derecho, es vana nuestra fe y la salvación se vuelve imposible.
Muchos de los judíos habían visto a Jesús en persona, y quizá les era más difícil que a las generaciones posteriores creer que Cristo era divino. ¿Acaso no conocían a su supuesto padre y a su madre, y no vivían todavía algunos de su familia? ¿Cómo podía ser Dios este hombre? El autor procura quitar esta piedra de tropiezo, y por eso recurre al testimonio de las Escrituras para confirmar su posición. De poco valdría presentar los temas vitales que trata la Epístola a los Hebreos si este punto no era aclarado y plenamente aceptado.
Cuando consideramos la historia de la iglesia desde los días de los apóstoles, sentimos la necesidad de destacar la deidad de Cristo. Hay muchos hoy día que reverencian a Cristo y lo estiman altamente a su manera, y sin embargo se niegan a darle el lugar al que tiene derecho. No comprenden que la deidad de Cristo es el hecho central en el plan de redención, y que "no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hech. 4:12).
Por el siglo del siglo.
Cf. com. Apoc. 11: 15; 14: 11.
Equidad.
Gr. euthúts, "rectitud", "justicia". Son dignas de notarse las referencias al "trono" y al "cetro": indican verdadera posesión de poder y no una posibilidad. No presentan el reino como futuro, sino como presente y en función activa. El trono y el reino son eternos; y el cetro -símbolo de verdadero ejercicio de autoridad- se caracteriza por su rectitud.
9.
Justicia.
Gr. dikaiosúne (ver com. Mat. 5:6). Se refiere especialmente a la vida terrenal de Cristo. Por eso fue ungido, como se menciona en la última parte del versículo.
Amar la justicia es una virtud más noble que simplemente practicar la justicia. Muchos sinceros cristianos participan activamente en diversas empresas buenas más por un sentido de obligación que por un amor inherente a la obra. Un misionero puede ir a un lugar necesitado 415 movido por un alto sentido del deber y de responsabilidad, y puede hacer una gran obra; pero sólo alcanzará la norma establecida por Dios cuando esté dominado por el amor a la obra y cuando comience a amar verdaderamente a ala gente entre quienes trabaja. Es digno de alabanza que uno trabaje motivado por el deber; pero una experiencia mayor a ésa es trabajar motivado por el amor. Muchos aceptan la doctrina de la iglesia y obedecen lo que Dios ordena debido a la lógica abrumadora de la verdad y su excelente presentación; "el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tes.2: 10)finalmente pueden ser hallados faltos.
El amor movió a Dios actuar: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito" (Juan 3:16) "Cristo amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella" (Efe.5: 25). Pablo, quien declara, "he trabajado más que todos ellos" (1 Cor.15:10), testifica: "el amor de Cristo nos constriñe" (2 Cor.5:14).
Maldad.
Gr.anomía,"ilegal", "violación de la ley"; "iniquidad" (BJ).El amor es una virtud cristiana esencial; pero es necesario destacar también la cualidad de odiar el mal. Dios alaba a Cristo por su amor a la justicia, y también por su odio al pecado.
Es posible resistir el pecado sin odiarlo realmente. Un cierto pecado puede no atraer a una persona, y por lo tanto no serle una tentación. Otros pecados quizá la atraigan, pero como sabe que son pecado y que podría ser descubierta, se abstiene de hacer lo que en realidad le agradaría hacer. No sabemos cómo se considerará una persona tal en los libros del cielo; pero sí sabemos que no es suficiente que no es suficiente el motivo de abstenerse de pecar por temor de que se arruine la reputación propia si se es descubierto. El ha aprendido en realidad a odiar el pecado es el único que puede estar seguro. El que se abstiene de pecar y sin embargo desea hacerlo y encuentra que el pecado es atrayente e interesante, no está en terreno seguro. Necesita aprender a odiar el pecado. La iglesia de Efeso fue alabada por que odiaba la obra de los nicolaítas (Apoc. 2:6)En los libros de Dios no sólo lo que amamos sino también lo que odiamos.
Ungió.
Este ungimiento es con el "óleo de alegría", es decir, con aceite que es alegría. El ungimiento es un símbolo de bendiciones y de gozo (ver Deut. 28:40; Sal. 23:5; 92: 10).
Compañeros.
En la profecía original éstos eran sin duda otros personajes celestiales. Cuando el pasaje se aplica a Cristo, algunos entienden que estos "compañeros" representan a todos los otros seres; otros creen que representan a los que están asociados con Cristo en el plan de salvación, es decir, los salvados que son coherederos con él.
10.
Tú.
Los vers. 10- 12 son una cita de Sal. 102:25-27. Se presenta una cita tras otra tomadas de la LXX, para establecer la deidad de Cristo por encima de toda duda. En el vers. 8 Cristo es llamado Dios; aquí Señor. Jesús es Señor y Dios (cf. com. Hech. 2:36).
Fundaste la tierra.
Ya se ha mencionado el hecho de que Cristo fue el agente activo en la creación (ver com. vers. 2). Aquí se muestra que una cita del AT que los judíos consideraban como referente a Dios, se refiere específicamente a Cristo.
11.
Ellos perecerán.
Es decir, los cielos atmosféricos y la tierra experimentarán cambios fundamentales (ver com. Mat. 24:35-, Apoc. 2 l: l).
Tú permaneces.
A Cristo se le atribuye eternidad. Como Creador, Cristo existió antes que todas las cosas (Col. l: 17), y cuando se desvanezcan las cosas perecederas, él permanecerá.
12.
Como un vestido.
Una impresionante figura de la naturaleza transitoria y pasajera de los cielos y la tierra (ver coro. vers. 11).
Tú eres el mismo.
Esta declaración afirma la inmutabilidad de Cristo. Todos los atributos de Dios son imprescindibles. Destacamos su amor, su bondad, su justicia; pero su inmutabilidad es igualmente importante, aunque no siempre la apreciemos. Gozamos de una infinita bendición al tener la certeza de que Cristo es siempre "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (cap. 13:8).
Inmutabilidad y eternidad dan la idea de coherencia, estabilidad, permanencia. Son " segura y firme ancla del alma" (cap. 6: 19). En estos tiempos de incertidumbre es bueno tener algo sobre lo cual edificar; es bueno tener un ancla que no vaya a la deriva.
13.
Los ángeles.
La respuesta anticipada a la pregunta (cf. com. vers. 5) es: "Dios nunca llamó a un ángel 'mi Hijo', ni jamás lo invitó a que se sentara a su diestra para compartir el lugar divino y sus prerrogativas".
Siéntate a mi diestra.
Cita de Sal. 11 0: l. 416 Ver com. Heb. 1:3.
Tus enemigos por estrado.
Referencia a una costumbre oriental, según la cual el vencedor colocaba un pie sobre el cuello de sus enemigos como señal de sumisión de los vencidos. Compárese con la referencia de Jesús a esta declaración de los Salmos (Luc. 20:42- 43).
14.
Ministradores.
Gr. leitourgikós, "destinado al servicio", "dedicado al ministerio". Es un vocablo relacionado con leitourgós, cuyo plural se ha traducido como "ministros" en el vers. 7. En cuanto al verbo leitourgéo, ver com. Hech. 13:2.
Para servicio.
En cuanto a diakonía, ver com. Rom. 12:7.
Cuando el autor presenta la supremacía de Cristo sobre los ángeles, no tiene el propósito de hablar livianamente de estos mensajeros de Dios. Su misión es destacada (ver com. vers. 7 ). Los judíos tenían un alto concepto de los ángeles. Por eso es tan grandioso el tema de este capítulo.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-5 3JT 266; MC 329
2 DTG 622; PE 157
3 MJ 46; DTG 36; Ed 128; Ev 446; 1JT 217; 3JT 263; MC 326; MM 19; PP 12, 25; PVGM 87; 2T 345; PE 77
6 CS 556; DTG 774; 2T 426
8-9 DTG 152,683; PP 12
13 MeM 313
14 (1967) 154; CS 565, 607; CW 140; DTG 593, 771; EC 403; Ed 99; HAd 291, 368; HAp 125; HR 157; 2JT 379, 441; MC 196; MeM 312-313; MJ 17,24; OE 513; PE 88, 262; PP 50; PVGM 140, 321; SC 266; 2T 125, 453; 3T 198; 5T 420; 6T 63, 433, 456