CAPÍTULO 2
1 El primer sábado. 4 Resumen de la creación. 8 El huerto de Edén, 10 y el río. 17 Prohibición de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. 19 El nombre de los animales. 21 La creación de la mujer y la institución del matrimonio.
1 FUERON, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.
2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.
3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.
4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,
5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra,
6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.
7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.
9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.
11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;
12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.
13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.
14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.
15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.
20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.
21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.
22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne, 232 ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.
24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

1.
Fueron, pues, acabados.
Los primeros versículos del capítulo segundo y la mitad del vers. 4 son en realidad una continuación ininterrumpida del relato de la creación del capítulo primero. El vers. 1, en solemne retrospección, vincula la obra de los seis días precedentes con el descanso sabático que siguió. Cuando Dios "acabó... la obra que hizo" no dejó nada inconcluso (Heb. 4: 3). La palabra "ejército", tsaba', denota aquí todas las cosas creadas.
2.
En el día séptimo.
Se han hecho varios intentos para resolver la aparente dificultad entre el vers. 1 y el vers. 2: uno declara que la obra de Dios fue terminada en el sexto día y el otro en el séptimo día. La LXX y las versiones samaritano y siríaca han elegido el camino más fácil para resolver el problema, sustituyendo con la palabra "sexto" la palabra "séptimo" del texto hebreo donde se la usa por primera vez. Algunos comentadores están de acuerdo con este cambio, pensando que la palabra "séptimo" del texto hebreo es un error de copista. Sin embargo, al proceder así infringen una de sus propias reglas básicas de crítica textual: que la más difícil de dos lecturas posibles es generalmente la original. "Acabó", yekal. Algunos eruditos, comenzando con Calvino, han traducido yekal como "había acabado", lo que es gramaticalmente posible. Otra interpretación considera que la obra de la creación fue terminada tan sólo después de la institución del día de reposo. La terminación consistió pasivamente en la cesación de la obra creadora y positivamente en la bendición y santificación del día séptimo. La cesación, en sí misma, formó parte de la terminación de la obra.
Reposó.
El verbo "reposó", shabath, significa literalmente "cesar" de una labor o actividad (ver Gén. 8: 22; Job 32: 1, etc.). Como un artífice humano completa su obra cuando la ha llevado hasta su ideal y entonces cesa de trabajar en ella, así también, en un sentido infinitamente mayor, Dios completó la creación del mundo cesando de producir algo nuevo, y entonces "reposó". Dios no descansó porque lo necesitara (Isa. 40: 28). Por lo tanto, el reposo de Dios no fue el resultado ni del agotamiento ni de la fatiga, sino el cesar de una ocupación anterior.
Debido a que la frase usual "tarde fue, mañana fue, el séptimo día" no aparece en el Libro Sagrado, algunos expositores bíblicos han pretendido que el período de descanso no continuó únicamente durante 24 horas -como cada uno de los seis días precedentes- sino que comenzó al terminar el sexto día de la creación y continúa todavía. Pero este versículo refuta tal punto de vista. Este no es el único texto de las Escrituras que impresiona al lector imparcial con el hecho de que el descanso de Dios sólo se efectuó durante el séptimo día, pues el Decálogo mismo declara palmariamente que Dios, habiendo trabajado seis días, descansó el séptimo día de la semana de la creación (Exo. 20: 11).
De acuerdo con las palabras del texto, los seis días de la creación fueron días terrestres de duración común. Ante la ausencia de cualquier clara indicación contraria, debemos entender de la misma manera el séptimo día, y más todavía puesto que en cada pasaje donde se menciona como la razón del día de reposo terrestre, es considerado como un día común (Exo. 20: 11; 31: 17).
3.
Bendijo Dios al día séptimo.
Se añade una explicación del significado y la importancia de este día de reposo. Aquí el Registro sagrado relaciona estrechamente el día de reposo semanal con la obra de Dios de la creación y su descanso en el séptimo día así como lo hace el cuarto mandamiento. La bendición sobre el séptimo día implicaba que por ella era señalado como un objeto especial del favor divino y un día que sería una bendición para las criaturas de Dios.
Y lo santificó.
El acto de santificación consistió en una declaración de que el día era santo, o puesto aparte para propósitos santos. Así como después fue santificado el monte Sinaí (Exo. 19: 23) o, temporariamente, investido con santidad como la residencia de Dios, y así como Aarón y sus hijos fueron santificados, o consagrados, para el oficio sacerdotal (Exo. 29: 44), y el año del jubileo fue 233 santificado, o consagrado, para propósitos religiosos (Lev. 25: 10), así también aquí fue santificado el séptimo día y, como tal, fue proclamado como día festivo. Este acto de bendecir el séptimo día y declararlo santo se hizo en favor de la humanidad para cuyo beneficio fue instituido el sábado. El día de reposo semanal con frecuencia ha sido considerado como una institución de la dispensación judaica, pero el Registro sagrado declara que fue instituido más de dos milenios antes de que naciera el primer israelita (un descendiente de Jacob - Israel). Además tenemos la palabra de Jesús que declara: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre" (Mar. 2: 27), lo que indica claramente que esta institución no sólo fue ordenada para los judíos sino también para toda la humanidad.
Porque en él reposó.
Dios no podría haber tenido una razón más excelsa para ordenar que el hombre reposara en el séptimo día que aquella de que al descansar así el hombre pudiera disfrutar de la oportunidad de reflexionar en el amor y bondad de su Creador, y así asemejarse a él. Así como Dios trabajó durante seis días y descansó en el séptimo, así también el hombre debía trabajar asiduamente durante seis días y descansar en el séptimo. Este día de reposo semanal es una institución divina dada al hombre por Dios, el Creador, y su observancia es requerida por Dios, el Legislador. Por lo tanto, el hombre que retenga para sí cualquier parte de todo este tiempo santo se hace culpable de desobediencia contra Dios y de robarle como propietario original de las facultades y del tiempo del hombre. Como una institución establecida por Dios, el sábado merece nuestra honra y estimación. Su descuido Dios lo computa como pecado.
El sábado demanda la abstención de todo trabajo físico común y la dedicación de la mente y del corazón a las cosas santas. Se advirtió a los israelitas que lo usaran para santas convocaciones (Lev. 23: 3). Los Evangelios afirman que así fue usado por Cristo y los apóstoles (Luc. 4: 16; Hech. 17: 2; 18: 4, etc.) y que deberían continuar observándolo los cristianos después de que Cristo completara su ministerio terrenal (Mat. 24: 20).
El hecho de que el sábado continuará siendo celebrado en la tierra nueva como un día de culto (Isa. 66: 23) es una indicación clara de que Dios nunca tuvo el propósito de que su observancia se transfiriera a otro día. El sábado semanal es el monumento conmemorativo de la creación, que hace recordar al hombre, cada semana, el poder creador de Dios y cuánto le debe a un Creador y Sustentador misericordioso. Un rechazo del sábado, es un rechazo del Creador, y abre de par en par la puerta a toda suerte de teorías falsas. "Es un testimonio perpetuo de su existencia [de Dios], y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría y su amor. Si el sábado se hubiera santificado siempre, jamás habría podido haber ateos ni idólatras" (PP 348, 349).
4.
Estos son los orígenes.
La palabra "orígenes" ["generaciones" en hebreo], toledoth, generalmente se usa con referencia a la historia de la familia de un hombre, es decir, al nacimiento de sus hijos (cap. 5: 1; 6: 9; 11: 10, etc.). Esta es la única vez en que esta palabra se usa para algo que no son relaciones humanas, es decir "de los cielos y de la tierra", frase que hace recordar los pasajes de los caps. 1:1 y 2: 1. Un comentador sugiere que "orígenes" se refiere adecuadamente a "la historia o relato de su producción". The Jewish Encyclopedia dice con referencia a esta palabra: "El proceso de creación de los cielos y la tierra es considerado en el cap. 2: 4 como una historia genealógica" (art. "Generation"). "Cada día se llama un origen [generación], porque Dios originó o produjo en él una parte de su obra" (PP 103).
Cuando fueron creados.
Así termina el relato de la creación que comenzó con Gén. 1: 1. Estas palabras se han interpretado de varias formas. Son una traducción de behibare'am, que no debiera traducirse "después de que fueron creados", como se ha hecho a veces. Puesto que literalmente su significado es "en su creación", toda la cláusula "estos son los orígenes", etc. tiene su mejor traducción así: "Esta es la historia del origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados".
El día.
Estas palabras comienzan el relato de Gén. 2. Muchos comentadores se inclinan a considerar el pasaje del cap. 2: 4 a 3: 24 como un registro de la creación, segundo y diferente, que se originó en otra pluma en un tiempo posterior al del cap. 1: 1 a 2: 4. Acerca de esta insostenible teoría, véase la Introducción al Génesis. Un estudio de los contenidos aclara que, en ningún sentido, puede considerarse que el cap. 2 es otra versión del relato de la creación del capítulo precedente. Su 234 propósito es colocar a Adán y a Eva en su hogar en el huerto del Edén, y esto se logra proporcionando información adicional, la mayor parte de la cual en realidad no pertenece al relato de la creación como tal. Describe el hogar edénico después de que había sido creado. Sin esta información, no sólo sería tristemente incompleto el informe que tenemos de esta tierra en su estado edénico, sino que los sucesos de Gén. 3, la caída del hombre, difícilmente serían inteligibles. Este capítulo (Gén. 2) incluye detalles adicionales acerca de la creación del hombre, una descripción de su hogar edénico, la prueba de su lealtad a Dios -o derecho moral a su hogar-, la prueba de su inteligencia -o idoneidad mental para gobernar las obras creadas por Dios- y las circunstancias que rodeaban el establecimiento del primer hogar.
5.
Toda planta.
Los vers. 4-6 anticipan la creación del hombre descrita en el vers. 7, al detallar brevemente la apariencia de la superficie de la tierra, particularmente con respecto a la vegetación, poco antes de que el ser humano fuera formado en el sexto día de la semana de la creación. Aquí estaba el paraíso perfecto, pero faltaba alguien "que lo labrara". Toda la naturaleza vibrante con expectativa, por así decirlo, esperaba la aparición de su rey, así como los miembros de una orquesta sinfónico, con los instrumentos afinados, esperan la llegada de su director.
6.
Un vapor.
La palabra hebrea traducida "vapor", 'ed, es de un significado algo dudoso porque, fuera de este texto, aparece sólo en Job 36: 27. Algunos eruditos la han comparado con la palabra asiria edú, "inundación", y han aplicado este significado a los dos pasajes bíblicos donde aparece. Pero la palabra "inundación" no cuadra con el contexto de ninguno de estos pasajes, al paso que la palabra "neblina" o "vapor" encuadra bien en ambos casos. En traducciones antiguas solía usarse la palabra "manantial", lo que revela que no se la entendía bien. La imposibilidad de que un manantial pudiera haber regado la tierra, claramente muestra que "manantial" no puede ser la traducción correcta de 'ed. "Neblina" parece ser la mejor traducción y en este caso podemos pensar en "neblina" como un sinónimo de "rocío" (PP 84).
El hecho de que la gente del tiempo de Noé se mofara de la idea de que la lluvia del cielo pudiera traer destrucción sobre la tierra en un diluvio, y que Noé fuera alabado por creer "cosas que aún no se veían" (Heb. 11: 7), indica que la lluvia era desconocida para los antediluvianos (PP 83, 84). Sólo Noé, con los ojos de la fe, pudo imaginar agua que cayera del cielo y ahogara a todo ser viviente que no buscara refugio en el arca que él construyó. El hecho de que el arco iris fuera instituido después del diluvio (Gén. 9: 13-16), y no parece haber existido antes, da mayor firmeza a la observación de que la lluvia había sido desconocida antes de ese acontecimiento.
7.
Dios formó al hombre.
Se presentan importantes detalles adicionales en cuanto a la creación de Adán. Se nos permite atisbar, por así decirlo, dentro del taller de Dios y observar su mano que realiza el misterioso acto de la creación. La palabra "formar", yatsar, implica el acto de moldear y dar una forma correspondiente en diseño y apariencia con el plan divino. Se usa esta palabra al describir la actividad del alfarero (Isa. 49: 5, etc.), del orfebre que confecciona ídolos (Isa. 44: 10; Hab. 2: 18) y de Dios que forma varias cosas, la luz entre otras (Isa. 45: 7), el ojo humano (Sal. 94: 9), el corazón (Sal. 33: 15) y las estaciones (Sal. 74: 17).
Del polvo de la tierra.
La ciencia confirma que el hombre está compuesto de materiales derivados del suelo, los elementos de la tierra. La descomposición del cuerpo humano después de la muerte, da testimonio del mismo hecho. Los principales elementos que constituyen el cuerpo humano son oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno. Existen muchos otros en proporciones menores. Cuán cierto es que el hombre fue hecho "del polvo de la tierra" y también que volverá "a la tierra" de donde fue tomado (Ecl. 12: 7).
Aliento de vida.
"Aliento", neshamah. Proveniente de la Fuente de toda vida, el principio vitalizador entró en el cuerpo inerte de Adán. El instrumento por el cual la chispa de vida fue transferida a su cuerpo se dice que es el "aliento" de Dios. El mismo pensamiento aparece en Job 33: 4: ."El soplo [neshamah] del Omnipotente me dio vida". Impartido al hombre, el "aliento" es equivalente a su vida; es la vida misma (Isa. 2: 22). En la muerte, "no quedó en él aliento [neshamah, vida]" (1 Rey. 17: 17). Este "aliento de vida" en el hombre no difiere en nada del "aliento de vida" de los animales, pues todos reciben su vida de Dios 235 (Gén 7: 22; Ecl. 3: 19). Por lo tanto, no puede ser ni la mente ni la inteligencia.
Un ser viviente.
Cuando a la forma inerte del hombre se le comunicó este divino "aliento" de vida, neshamah, el hombre se convirtió en un "ser" viviente, néfesh. La palabra néfesh tiene una diversidad de significados: (1) aliento (Job 41: 21), (2) vida (1 Rey. 17: 21; 2 Sam. 18: 13, etc.), (3) corazón, como sede de los sentimientos (Gén. 34: 3; Cant. 1: 7; etc.), (4) ser viviente (o persona) (Gén. 12: 5; 36: 6; Lev. 4: 2, etc.), y (5) para hacer resaltar un pronombre personal (Sal. 3: 2; 1 Sam. 18: 1; etc.). Nótese que la néfesh es hecha por Dios (Jer. 38: 16) y puede morir (Juec. 16: 30), ser muerta (Núm. 31: 19), ser devorada (metafóricamente) (Eze. 22: 25), ser redimida (Sal. 34: 22) y ser convertida (Sal. 19: 7). Ninguno de estos casos se aplica al espíritu, rúaj, lo que indica claramente la gran diferencia entre los dos términos. Por lo expuesto se ve que la traducción "alma" dada a néfesh en la versión Reina-Valera, antes de su revisión de 1960, no es apropiada si se quiere referir a la expresión comúnmente usada "alma inmortal". Aunque sea popular, este concepto es completamente ajeno a la Biblia. Cuando "alma" se considera como un sinónimo de "ser", tenemos el significado de néfesh en este texto.
8.
Dios plantó un huerto.
Se desconoce la ubicación del Edén. El diluvio alteró de tal manera los rasgos fisicos originales de la tierra, como para hacer imposible la ubicación actual de localidades antediluvianas. Comúnmente nos referimos a este huerto como al "paraíso", palabra de origen persa que significa "parque". La palabra hebrea para paraíso, pardes, aparece unas pocas veces en el AT (Neh. 2: 8; Ecl. 2: 5; Cant. 4: 13), pero con referencia a los árboles más bien que a un nombre para el huerto del Edén. La palabra "paraíso", en griego parádeisos, fue aplicada originalmente al hogar de nuestros primeros padres por los traductores de la LXX.
9.
Todo árbol.
En la preparación de la maravillosa morada del hombre se prestó atención al ornamento tanto como a la utilidad. Se proporcionó toda especie de vegetación que pudiera servir para suplir las necesidades del hombre y también para su deleite. Flores, árboles y arbustos regalaban sus sentidos con su fragancia, deleitaban sus ojos con sus formas exquisitas y colorido encantador y satisfacían su paladar con su fruto delicioso. El Edén se convirtió para siempre en el símbolo del concepto más elevado del hombre en cuanto a excelencia terrenal.
También el árbol de vida.
El orden en que aparecen estas palabras, como si se tratara de una idea tardía, nos parece extraño en el contexto de un idioma moderno. Esto ha inducido a algunos eruditos a sostener que la última mitad del vers. 9 es o una adición posterior o una corrupción del original. Pero esta disposición, que parece extraña al traducirse al castellano, es común en hebreo. No proporciona la menor excusa para dudar de la pureza del texto tal como lo tenemos. Por ejemplo, el pasaje del cap. 12: 17 dice literalmente: "El Señor plagó a Faraón con grandes plagas y a su casa". Otros ejemplos de esta misma construcción de las sentencias, aunque no son tan reconocibles en las versiones castellanas, se pueden encontrar en Gén. 28: 14; Núm. 13: 23; Deut. 7: 14.
Al comer del árbol de la vida, Adán y Eva iban a tener la oportunidad de expresar su fe en Dios como el sustentador de la vida, así como al guardar el sábado demostraban fe en su Creador y lealtad a él. Con ese propósito, Dios había dotado al árbol con una virtud sobrenatural. Su fruto era un antídoto para la muerte y sus hojas servían para el sostén de la vida y la inmortalidad. Los hombres continuarían viviendo mientras pudieran comer de él (MM 366; PP 44).
Uno de los árboles fue llamado el árbol de "vida", literalmente "la vida", hajayyim. El hecho de que esta palabra sea plural en su forma, se explica reconociéndola como un plural de abstracción; el artículo definido indica que este árbol tenía algo que hacer con "la" vida como tal. Es decir, que se obtendría o preservaría la vida al consumir su fruto. Sin embargo, los otros árboles del huerto, siendo buenos "para comer" también estaban destinados a sustentar la vida. Si un árbol se distingue de los otros por el extraordinario nombre de "árbol de vida", sus frutos deben haber tenido el propósito de mantener la vida de una manera diferente de los otros árboles y con un valor resaltante. La declaración de que comer del fruto de este árbol haría que el hombre viviera "para siempre" (cap. 3: 22) muestra que su valor difería enteramente del de los muchos otros árboles útiles del huerto.
El nombre del segundo árbol es "el árbol de la ciencia del bien y del mal". El artículo "la" 236 antes de la palabra "ciencia" significa que el árbol no podía proporcionar cualquier clase de conocimiento, sino sólo un cierto y triste conocimiento del "mal" en contraste con el "bien".
Los nombres de estos árboles son importantes. En ambos casos, la palabra "árbol" se relaciona con términos abstractos: vida y ciencia. Esto no es una razón para declarar que estos dos árboles no existieron, sino que les atribuye más bien derivaciones espirituales. Aunque el "arca del pacto" era una pieza real del mobiliario del templo, de todos modos recibía un nombre que tenía importancia religiosa. La sangre del pacto derramada por el Salvador en favor de nosotros también fue una sustancia muy real. De modo que los dos árboles deben ser considerados como árboles verdaderos con propósitos importantes que cumplir; esos propósitos físicos y morales estaban indicados claramente por sus nombres.
10.
Un río.
Se han desplegado muchos esfuerzos de erudición procurando aclarar los vers. 10-14, pero posiblemente nunca se hallará una explicación satisfactoria, porque la superficie de la tierra, después del diluvio, tenía poco parecido con lo que había sido antes. Una catástrofe de tal magnitud como para levantar altísimas cordilleras y formar las vastas áreas oceánicas, difícilmente podría haber dejado sin afectar accidentes geográficos menores, tales como los ríos. Por lo tanto, no podemos esperar identificarlos en la actualidad, a menos que la Inspiración lo hiciera para nosotros (ver PP 95-99).
11.
Pisón.
Pisón, el nombre del primer río, no existe en ninguna fuente que no sea bíblica, y aun en la Biblia misma no se menciona este río en ninguna otra parte. No tienen valor las opiniones de algunos eruditos que identifican este río con el Indo o el Ganges, de la India, el Nilo de Egipto, o con ríos de Anatolia.
Havila, donde hay oro.
En otros textos donde aparece este mismo nombre, se refiere a tiempos postdiluvianos. Esos textos pues no ayudan para ubicar el " Havila" del cap. 2: 11.
12.
Hay allí también bedelio.
Según Plinio, el bedelio era la resina transparente y aromática de un árbol oriundo de Arabia, la India, Persia y Babilonia. No sabemos si éste era el mismo bedelio de los días antediluvianos.
Onice.
Debe ser una de las piedras preciosas o semipreciosas, probablemente de color rojo. Las versiones antiguas difieren en su traducción entre ónix, sardónice, sardio y berilo. De ahí que no sea seguro que la traducción "ónice" sea correcta.
13.
Gihón.
Véase el comentario del vers. 10 y el del vers. 14.
15.
Para que lo labrara y lo guardase.
Habiendo preparado Dios una morada para el hombre, a quien había creado, lo colocó en ese huerto que era su hogar y le encomendó una misión bien definida: "Para que lo labrara y lo guardase". Esta orden nos enseña que la perfección con la cual salió la creación de las manos de las manos de Dios no excluía la necesidad de cultivar, es decir el trabajo humano. El hombre había de usar sus facultades físicas y mentales para conservar el huerto en el mismo estado perfecto en que lo había recibido. El hecho de que el trabajo físico será una característica deleitosa de la tierra nueva (Isa. 65: 21-23) indica que el trabajo no tuvo el propósito de ser una maldición.
La comisión dada a Adán de "guardar" el huerto quizá sea una velada insinuación de que amenazaba el peligro de que le fuera arrebatado si no era vigilante. El verbo "guardar", shamar, significa "custodiar", "vigilar", "preservar", "observar" y "retener firmemente". Ciertamente, parece irrazonable que se le pidiera a Adán que custodiara el huerto contra ataques de animales feroces, como algunos comentadores han interpretado este texto. En la tierra, antes de la caída, no existía enemistad entre los animales mismos ni entre el hombre y las bestias. El temor y la enemistad son los resultados del pecado. Pero otro peligro muy real, la presencia de Satanás, amenazaba con arrebatarle al hombre su dominio sobre la tierra y su posesión del huerto. Por otro lado, "guardar" el huerto quizá sencillamente sea un sinónimo de "labrarlo".
Tenemos la seguridad de que Dios no hace nada que afecte al hombre sin informarle primero en cuanto a las intenciones divinas (Amós 3: 7). Si Dios, que sólo hace lo que es benéfico para el hombre, estimó necesario informarnos de sus propósitos, es seguro que debe haber mantenido informado a Adán del peligro que amenazaba a esta tierra (PP 34, 35).
16.
De todo árbol del huerto.
La orden referida en estos versículos presupone que el 237 hombre entendía el lenguaje que hablaba Dios y la distinción entre "podrás" y "no podrás". La orden comienza positivamente, concediendo permiso para comer libremente de todos los árboles del huerto; con la excepción de uno. El derecho a disfrutar sin reserva de todos los otros árboles resalta por la forma idiomática intensiva: "comiendo comerás", 'akol to'kel; aun en toda prohibición divina hay un aspecto positivo.
17.
Árbol de la ciencia del bien y del mal.
Era muy precisa la limitación de esta libertad. El hombre no debía comer del árbol llamado "árbol de la ciencia del bien y del mal". (Ver com. del vers. 9.) Puesto que no ha sido revelado, es inútil especular con la clase de fruto que daba. La misma presencia de este árbol en el huerto indicaba que el hombre era un ser moral libre. No se forzaba el servicio del hombre; podía obedecer o desobedecer. El era quien debía decidir.
El fruto en sí mismo era inofensivo (Ed. 22). Pero la orden explícita de Dios de abstenerse de comerlo, colocaba aparte ese árbol como el objeto de la prueba de la lealtad y obediencia del hombre. Como ser moral, el hombre tenía la ley de Dios escrita en su conciencia. Pero se estableció una prohibición para aclarar los principios de esa ley al aplicarla a una situación específica, haciéndola así una prueba justa de la lealtad del hombre a su Hacedor. Dios era el verdadero dueño de todas las cosas -aun de las que estaban confiadas a Adán- y esto daba a Dios el derecho de reservarse cualquier parte de la creación para sí mismo. No hubiera sido irrazonable que se reservara una gran porción de esta tierra y que hubiera permitido que Adán sólo usara una pequeña parte de ella. Pero no era así: el hombre podía usar libremente de todo lo que estaba en el huerto, excepto un árbol. Evidentemente, el abstenerse de comer del fruto de ese árbol no tenía otro propósito sino el de mostrar claramente su lealtad a Dios.
El día que de él comieres.
La prohibición estaba acompañada de un severo castigo de la transgresión: a saber, la muerte. Algunos han pensado que las palabras que expresan el castigo requerían su ejecución en el mismo día en que se violara la orden. Ven una discrepancia seria entre el anuncio y su cumplimiento. Sin embargo, el anuncio divino "el día que de él comieres, ciertamente morirás" -literalmente, "muriendo, tú morirás"- significa que se pronunciaría la sentencia en el día de la transgresión. El hombre pasaría del estado de inmortalidad condicional al de mortalidad incondicional. Así como antes de su caída Adán podía estar seguro de la inmortalidad -que le era otorgada por el árbol de la vida-, así también, después de esa catástrofe, era segura su mortalidad. Esto es lo que implica la declaración comentada, más que una inmediata muerte física. Dios requería que el hombre hiciera una elección de principios. Debía aceptar la voluntad de Dios y someterse a ella, confiando en que le iría bien como resultado; o bien, si por su propia elección hacía lo contrario, cortaría su relación con Dios y, probablemente, llegaría a ser independiente de él. Pero la separación de la Fuente de la vida, inevitablemente sólo podía traer la muerte. Todavía son válidos estos mismos principios. El castigo y la muerte son los resultados seguros de la libre elección del hombre de dar rienda suelta a la rebelión contra Dios.
18.
Ayuda idónea para él.
Esto es, apropiada para sus necesidades; para complementarlo. Los animales habían sido creados en multitudes o en grupos, pero el hombre fue creado como un individuo solitario. Sin embargo, no era el propósito de Dios que él estuviera solo largo tiempo. Como la soledad sería perjudicial para el bienestar del hombre, Dios le iba a dar una compañera.
19.
Toda bestia del campo.
El pensamiento expresado por varios expositores bíblicos de que Dios realizó varias tentativas infructuosas para proporcionar al hombre una compañera mediante la creación de varios animales, es una falsa interpretación del propósito de esta parte del relato. Lo que Moisés registra no es el tiempo, sino sencillamente el acto de la creación de los animales. La inflexión verbal hebrea traducida "formó" en la VVR puede ser traducida correctamente "había formado", refiriéndose así retrospectivamente a los actos creadores del quinto día y del comienzo del sexto. De ahí que la primera parte del versículo se dé a manera de prefacio de lo que sigue inmediatamente.
Las trajo a Adán.
Adán debía estudiar esos animales y ocuparse en la importante tarea de darles nombres apropiados, para lo cual necesitaba una comprensión de ellos y de sus hábitos. Esto lo capacitaría o, quizá, demostraría que estaba capacitado para gobernarlos. 238 Al mismo tiempo, conocería la vida familiar de que disfrutaban y advertiría su propia falta de compañía. Reconociendo también que Dios lo había creado infinitamente superior a los animales, comprendería que no podía elegir una compañera de entre ellos. Para que la formación de la mujer respondiera plenamente al propósito del Creador, Adán debía percibir que no estaba completo y debía sentir su necesidad de compañía. En otras palabras, que "no" era "bueno" que permaneciera solo.
20.
Puso Adán nombre a toda bestia.
Es evidente que el hombre fue creado con la facultad del habla. Adán empleó esa capacidad para expresar las observaciones hechas en su estudio de los animales. Así comenzó el estudio de las ciencias naturales y al dar nombres a los animales empezó su dominio sobre ellos. En el texto hebreo se menciona primero "los ganados", quizá porque habían de estar más cerca del hombre que otros animales en su relación futura. Las aves, que el hombre ama tanto y de las cuales algunas especies habían de serle utilísimas, reciben el segundo lugar en la enumeración. Es imposible descubrir cuáles fueron esos nombres pues no se sabe qué idioma hablaron Adán y el mundo antediluviano.
No se halló ayuda idónea.
El estudio de Adán de los animales creados le dio un conocimiento considerable, pero no satisfizo su anhelo de compañía con otro ser que fuera su igual. Esto indica la clase de compañerismo que la mujer debía disfrutar con el hombre. Ninguna verdadera compañera se pudo encontrar para Adán entre los seres inferiores a él.
21.
Sueño profundo.
Con el propósito de crear la compañera de Adán de su propio cuerpo, Dios lo hizo caer en un sueño profundo que puede compararse con la inconsciencia producida durante una anestesia. Y ciertamente fue una operación quirúrgica la que realizó Dios en Adán durante su sueño, al sacar una de sus costillas y llenar su lugar con carne. La palabra hebrea tsela', que significa en otras partes de la Biblia "lado", "hoja de puerta", "ala" (de un edificio) y "panel" (del revestimiento de una pared), tiene aquí el significado de "costilla". Esta traducción tradicional, tomada en las Biblias modernas de la LXX y la Vulgata, ha sido confirmada posteriormente por los registros cuneiformes. En el idioma asirio, que estaba íntimamente relacionado con el hebreo, la palabra para costilla era sélu.
22.
Hizo una mujer.
Moisés poseía un ágil dominio del idioma hebreo y sabía cómo usarlo para impresionar a sus lectores. Para describir la actividad creadora de Dios, empleó en la narración del cap. 1 los verbos "crear" (1: 27), "hacer" (1: 26), y "formar" (cap. 2: 7). Ahora añade a esos términos, más o menos sinónimos, el verbo "construir". Cada uno de ellos tiene su matiz propio de significado. La costilla de Adán formó el material básico del cual fue "construida" su compañera. La mujer fue formada para tener una unidad inseparable y compañerismo de toda la vida con el hombre, y la forma en que fue creada sirvió para establecer el verdadero fundamento del estatuto moral del matrimonio. Ella "debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él" (PP 27). El matrimonio es un símbolo de la relación de amor y vida que existe entre el Señor y su iglesia (Efe. 5: 32).
La trajo al hombre.
Dios mismo celebró solemnemente el primer casamiento. Después de hacer a la mujer, la llevó a Adán, que para entonces ya habría despertado de su profundo sueño. Así como Adán fue el "hijo de Dios" (Luc. 3: 38), así también Eva podría ser llamada adecuadamente la hija de Dios; y como padre de ella, Dios la trajo a Adán y se la presentó. Por lo tanto, el pacto matrimonial es adecuadamente llamado el pacto de Dios (Prov. 2: 17), nombre que implica que el Altísimo fue el autor de esa institución sagrada.
23.
Esto es ahora hueso de mis huesos.
Adán, reconociendo en ella la compañera deseada, gozosamente le dio la bienvenida como a su desposada y expresó su gozo en una exclamación poética. Las palabras "esto es ahora" reflejan su agradable sorpresa cuando vio en la mujer el cumplimiento del deseo de su corazón. La repetición triple de "esto" (como está en el hebreo) vívidamente señala a ella sobre quien -con gozoso asombro- descansaba ahora la mirada de él con la intensa emoción del primer amor. Instintivamente, o como resultado de una instrucción divina, reconoció en ella una parte de su propio ser. De allí en adelante debía amarla como a su mismo cuerpo, pues al amarla se ama a sí mismo. El apóstol Pablo hace resaltar esta verdad (Efe. 5: 28). 239
Será llamada Varona.
El nombre que Adán dio a su recién creada compañera refleja la manera de la creación de ella. La palabra hebrea 'ishshah, "mujer", se forma de la palabra 'ish, "hombre", con la terminación femenina. La palabra inglesa "woman" (del anglosajón wife-man [esposa-hombre]) tiene una relación similar con la palabra "man". Lo mismo sucede en otros idiomas.
24.
Dejará el hombre a su padre y a su madre.
Las palabras de este versículo no pueden considerarse como una declaración profética de Adán, sino más bien como las palabras de Dios mismo. Son parte de la declaración hecha por Dios acerca de la ceremonia matrimonial (ver Mat. 19: 4,5; DMJ 57). Estas palabras expresan la más profunda unidad física y espiritual del hombre y la mujer, y presentan la monogamia delante del mundo como la forma de matrimonio establecida por Dios. Estas palabras no recomiendan el abandono de los deberes filiales y del respeto hacia el padre y la madre, sino que principalmente se refieren a que la esposa ha de ser la primera en el afecto del esposo y que su primer deber es para ella. Su amor por ella ha de exceder, aunque ciertamente no debe desalojar el amor debido a sus padres.
Serán una sola carne.
La unión de esposo y esposa se expresa en palabras inconfundibles, existiendo como es en realidad unión de cuerpos, comunidad de intereses y reciprocidad de afectos. Es significativo que Cristo use este mismo pasaje en su vigorosa condenación del divordo (Mat. 19: 5).
25.
Estaban ambos desnudos.
Adán y Eva no necesitaban vestimenta material, pues el Creador los había rodeado con un manto de luz, un manto simbólico de su propio carácter justo que se reflejaba perfectamente en ellos. Cuando la imagen moral del Hacedor se refleje otra vez en sus hijos e hijas terrenales, él volverá para reclamarlos como suyos (ver Apoc. 7: 9; 19: 8; PVGM 52, 294). Este manto blanco de inocencia es el atuendo con el cual serán revestidos los salvados de la tierra cuando entren por los portales del paraíso.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-25 PP 25-33
1 DTG 714
1-3 CS 508; PP 28, 349; PR 134; 9T 212 2 CS 506; MeM 144
2, 3 CS 56; MM 215; PE 217; PP 102; SR 145; 8T 197
3 DMJ 57; DTG 248; 1JT 489, 496
4 PP 103
6 PP 84; SR 66
7 3JT 262; MC 323; PP 40; 2T 300
8 EC 32; HAd 23; MeM 140; PP 27; SR 58; 3T 77
8, 9 Ed 17
8-17 MJ 362
9 Ed 20; HAd 23; 3JT 37; MeM 366; PP 28, 30, 71
15 CM 114; CRA 474; EC 32; Ed 18; FE 314, 327, 419, 512; HAd 23; LS 355; MC 201; MeM 115; PP 28, 31; SR 24; 1T 568; 3T 77; 4T 410
16 3T 50
16, 17 CH 108; Ed 20; 1JT 438; 3T 72
17 CM 14; CMC 69; CS 587; 2JT 122; 3JT 37; MC 355; MJ 73; PE 125, 147; PP 30, 35, 44; SR 24
18 HAd 21; PP 39
18-20 PP 26
19, 20 PP 33
21-23 PP 40
22 HAd 84; 1JT 413
23 DMJ 57
23-25 FE 141; PVGM 294
24 DMJ 57; HAd 21, 310; PP 27
25 PP 26; SR 38 240