El Primer Libro de Moisés Llamado GÉNESIS

CAPÍTULO 18
1 Abraham hospeda a tres ángeles. 9 Sara es reprochada por reírse de la promesa. 17 Se revela a Abraham la destrucción de Sodoma. 23 Abraham intercede por sus habitantes.

1 DESPUÉS le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día.
2 Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra,
3 y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo.
4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,
5 y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.
6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.
7 Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado , y éste se dio prisa a prepararlo.
8 Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron.
9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.
10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.
11 Y Abraham y Sara eran viejos, de edad 338 avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.
12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?
13 Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?
14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.
15 Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.
16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos.
17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,
18 habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?
19 Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,
21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.
22 Y, se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová.
23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?
24 Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?
25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
26 Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.
27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.
28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
29 Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta.
30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.
31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.
32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.
33 Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar.


1.
Le apareció Jehová.
Esto debe haber ocurrido sólo un corto tiempo después del suceso registrado en el cap. 17, pues ambos acontecimientos tuvieron lugar aproximadamente un año antes del nacimiento de Isaac (ver caps. 17: 21; 18: 10, 14). Para una explicación del "encinar de Mamre", cerca de Hebrón, ver com. de cap. 13: 18.
A través de la narración del capítulo 18, adviértase que al paso que Moisés siempre se refiere al visitante divino de Abrahán como "Jehová", Abrahán siempre se dirige a él como "Señor", 'Adonai (ver com. del vers. 3).
El calor del día.
Esta expresión probablemente se refiere al mediodía (1 Sam. 11: 11), y el "aire del día" (Gén. 3: 8), al atardecer. El término común hebreo para el mediodía es tsohoráyim (cap. 43: 16), una forma dual que significa literalmente el tiempo del "doble", esto es de la luz "máxima". Una expresión poética se refiere al mediodía como literalmente "el día ... perfecto" (Prov. 4: 18), porque entonces el sol ha alcanzado el cenit. Hablamos de "pleno mediodía". En esta ocasión, quizá Abrahán había almorzado y estaba descansando pues cuando llegaron sus visitantes 339 fue necesario que comenzaran los preparativos para su hospedaje.
2.
Tres varones que estaban junto a él.
Así comienza el relato de la sexta aparición del Señor a Abrahán (ver com. de cap. 17: 1). Algunos expositores han pensado que los tres "varones" fueron las tres personas de la Deidad. Esto parece injustificable puesto que se alude a dos de los tres como a ángeles (Gén. 19: 1, 15; Heb. 13: 2) y como a hombres (Gén. 19: 10, 12, 16). Por lo tanto, lo más adecuado es ver en los tres "varones" al Señor y a dos ángeles.
Cuando los vio.
Abrahán no se había dado cuenta todavía de la identidad de ellos. Tan sólo vio a tres forasteros cansados de viajar que buscaban reposo y alimento. Corrió a su encuentro con verdadera cortesía oriental para ofrecerles las comodidades de su casa, inclinándose ante ellos en armonía con la costumbre del Oriente. Esta forma de saludar de ninguna manera indica que Abrahán reconoció a Jehová como uno de los tres. Hizo lo mismo en la presencia de sus vecinos heteos (cap. 23: 7, 12). De la misma forma, Jacob se inclinó ante Esaú (cap. 33: 3), José ante su padre (cap. 48: 12), Salomón ante su madre (1 Rey. 2: 19), y los hijos de los profetas delante de Eliseo (2 Rey. 2: 15).
3.
Señor.
El hecho de que Abrahán dirigiera su invitación a uno de los forasteros ha sido tomado por algunos expositores como una indicación de que ya había reconocido a Jehová como uno de ellos. Es probable que uno de los tres aventajara a los otros en apariencia o que uno se hubiera adelantado como portavoz del grupo, lo cual explicaría por qué Abrahán se dirigió a él. Además, debe notarse que la palabra hebrea aquí traducida "Señor" no es el nombre sagrado Yahvéh sino 'adonai, equivalente a "señor", una forma respetuosa de saludo.
Si ahora he hallado gracia.
Se usaba con frecuencia esta expresión para hablar a alguien de categoría superior, o a alguien que se deseaba honrar particularmente. Esto no implica que Abrahán hubiera reconocido que uno de los hombres era Dios. Labán se dirigió así a Jacob (cap. 30: 27), Jacob a Esaú (caps. 32 : 5; 33: 8, 10, 15), Siquem a Jacob (cap. 34:11), los egipcios a José (cap. 47: 25), y Jacob a José (cap. 47: 29). Muchos otros ejemplos muestran que ésta era una fórmula usual.
No pases.
Con típico encanto y hospitalidad orientales, Abrahán invitó a los forasteros a quedar el tiempo suficiente para recuperar sus fuerzas. Indudablemente Abrahán fue uno de esos que, "sin saberlo, hospedaron ángeles" (Heb. 13: 2). Este caso muestra que Abrahán habitualmente era hospitalario con los forasteros. Aunque esas personas al principio le eran enteramente desconocidas, su saludo fue tan respetuoso como si un mensajero hubiera llegado de antemano para anunciarle la identidad de ellos y su intención de visitarlo. Los que están dispuestos a mostrar bondad hacia los extraños y viajeros, inesperadamente pueden ser favorecidos con la presencia de huéspedes que tienen potestad para impartir bendiciones especiales (Luc. 24:29).
4.
Lavad vuestros pies.
La primera mención que hizo Abrahán de agua para lavar los pies de los cansados viajeros es un factor necesario en la hospitalidad en algunos países orientales hasta el día de hoy. Mientras descansaban debajo de un árbol, les preparó una comida. Después de eso, podían partir en paz y continuar su viaje.
6.
Fue de prisa.
Como un jeque beduino de la actualidad, Abrahán ordenó a su esposa que tomara tres "medidas", se'im (casi 20 litros) de flor de harina y que las cociera. La cocción se hizo sobre piedras calientes. La "mantequilla" era leche cuajada, considerada como un manjar en muchos países orientales aún hoy. El menú presentado en este y los dos versículos siguientes constituyó una comida generosa y satisfaciente. Abrahán les dio lo mejor que tenía.
8.
Comieron.
Los visitantes celestiales de Abrahán realmente comieron el alimento que se les había preparado, así como Cristo lo hizo posteriormente, después de haber resucitado y estando ya glorificado, para probar la realidad de su resurrección (Luc. 24: 21-43). La aceptación, por parte de Cristo y los ángeles, de la hospitalidad de Abrahán, quizá fue para probarle a éste que la visita de ellos a su tienda de Mamre no había sido un sueño o una visión sino una experiencia material.
9.
¿Dónde está Sara?
Abrahán estuvo con ellos y los atendió mientras comían (vers. 8). Habiendo comido, preguntaron por Sara. Una pregunta tal estaba absolutamente en contra de la cortesía oriental; los extranjeros no debían saber el nombre de una esposa ni usarlo. Su conocimiento del nombre de ella 340 probablemente le sugirió a Abrahán que sus huéspedes eran más que hombres y su pregunta implicaba que su visita tenía que ver con Sara. La conversación siguiente aclaró su identidad y, gracias a la promesa que fue repetida entonces, Abrahán reconoció con certeza a Aquel que se le había aparecido cinco veces antes. Esta fue la primera ocasión en la cual Sara personalmente fue testigo de una de las manifestaciones divinas concedidas a su esposo. Abrahán ya sabía y creía (Rom. 4: 19, 20). Por estos hechos y por lo registrado en Gén. 18: 9-15, parece que esta visita tenía el propósito de preparar a Sara para la vicisitud suprema de su vida: el nacimiento de su primero y único hijo.
10.
El tiempo de la vida.
Esto puede indicar un año, como está implicado en Rom. 9: 9 y así se traduce en la LXX o quizá se refiera al período normal del embarazo, nueve meses. En cualquiera de los casos, Sara iba a dar a luz a un niño por ese tiempo.
Sara escuchaba.
Sara estaba detrás de las cortinas de la tienda, tal como ha sido la costumbre de las mujeres árabes desde los tiempos antiguos. Se les prohibía tratar libremente con hombres aun siendo huéspedes, especialmente si eran forasteros. Pero a pesar de eso, cuando se interesan mucho en la conversación, ahora como entonces las mujeres beduinas por regla general se encuentran cerca de la abertura de la tienda, aunque sin ser vistas. Si bien ellas mismas no pueden ser vistas, generalmente oyen cada palabra dicha por los visitantes y los observan de cerca. La mención de su nombre debe haber sorprendido tanto a Sara como a Abrahán. Con qué intensa fascinación y embelesada atención debe haber escuchado el anuncio de que iba a tener un hijo.
11.
Abraham y Sara eran viejos.
Al igual que Abrahán en las revelaciones previas, Sara no podría creer ahora que la promesa formulada jamás pudiera convertirse en realidad. Había oído su reiteración durante 25 años, pero para ella los días se habían prolongado más allá de toda posibilidad de cumplimiento, y una tras otra cada una de las visiones de Abrahán aparentemente habían fracasado. Como resultado de la revelación previa (cap. 17), la duda de Abrahán se había convertido en fe, y en esta ocasión no hay ninguna evidencia de duda de su parte, según lo señala Pablo categóricamente (Rom. 4: 19, 20).
12.
Se rió, pues, Sara.
En ocasión de las revelaciones divinas previas, Abrahán se había reído (ver com. de cap. 17: 17). Ahora se rió Sara, probablemente expresando amargura por su suerte e incredulidad de que las circunstancias cambiaran alguna vez. Mediante una risa medio sarcástica y medio anhelante, dio expresión al pensamiento: "¡Esto es demasiado bueno para ser verdad!" (Ver Eze. 12: 22-28).
Mi señor.
En contraste con las faltas resaltantes de Sara, es digna de elogio su respetuosa sumisión ante Abrahán. Aun hablando consigo misma, se refirió a él como "mi señor", por lo cual la alaba el NT como un ejemplo de virtud cristiana en las esposas (1 Ped. 3: 6).
14.
¿Hay para Dios alguna cosa difícil?
El velo del anonimato fue entonces totalmente puesto a un lado, y el que hablaba se identificó indubitablemente como el Señor. Es interesante notar que aunque esta aparición divina quizá tenía más aplicación para el beneficio de Sara que para el de Abrahán, puesto que él ya conocía y creía, el Señor no se dirigió directamente a Sara antes de que ella le hubiera hablado primero. En vez de hablar a Sara, le preguntó a Abrahán si había alguna cosa demasiado difícil para el Señor. Dios habló así principalmente para corregirla incredulidad de Sara y para fortalecer su fe. Donde fallan la sabiduría y la fuerza humanas y donde la naturaleza, debilitada, no tiene capacidad para actuar, allí Dios todavía tiene amplias posibilidades y hace que las cosas sucedan de acuerdo con los consejos de su propia voluntad divina. En realidad, con frecuencia permite que las circunstancias lleguen a una dificultad insuperable de modo que resalte la impotencia humana en marcado contraste con la omnipotencia divina.
15.
Sara negó.
La negativa de Sara muestra que su risa y observaciones del vers. 12 apenas fueron audibles, y ni siquiera podía pensar que hubieran sido oídas. Entonces ella habló directamente a los forasteros, ya fuera quedando detrás de las cortinas de la tienda o saliendo al aire libre. Fue inducida a negar, temerosa de ofender a los huéspedes y de que se conocieran sus sentimientos secretos. Al darse cuenta de que había sido descubierta, se produjo un momento de confusión del cual procuró escapar por la vía de la falsedad.
Te has reído.
En una manera directa que 341 recuerda la forma en que se había dirigido a los primeros culpables en el Edén, Dios solemne e inequívocamente declaró que la negativa de ella era falsa. El silencio siguiente de Sara es una evidencia de que reconoció su falta, al paso que el haber concebido más tarde a Isaac implica arrepentimiento y perdón.
16.
Los varones se levantaron.
Habiendo descansado y recobrado las fuerzas, los tres visitantes celestiales estuvieron listos para continuar su viaje. Ahora se menciona por primera vez su destino. Si Sodoma y sus ciudades hermanas estuvieron en el valle que ahora forma la parte meridional del mar Muerto (ver com. de cap. 14: 3), quedaban a unos 40 km. de Hebrón: un buen día de viaje. Puesto que los huéspedes de Abrahán habían llegado al mediodía y sin duda pasaron varias horas con él, su partida posiblemente se efectuó ya bien avanzada la tarde.
Abraham iba con ellos.
De acuerdo con una antigua costumbre de amistad continuada a través de los tiempos del NT (Rom. 15: 24; 1 Cor. 16: 11; Hech. 20: 38; 3 Juan 6), Abrahán acompañó a sus huéspedes durante una corta distancia. Cuando se van los huéspedes, todavía se acostumbra en los países orientales acompañarlos en su camino, y la distancia que se recorre indica el grado de respeto y honra que el anfitrión desea mostrarles. Una antigua tradición afirma que Abrahán fue hasta Cafar-Barucha, un lugar montañoso aproximadamente a unos 7 u 8 km. yendo al este noreste de Hebrón, desde donde se puede ver el mar Muerto. Quizá desde este punto Abrahán y sus huéspedes contemplaron las prósperas ciudades de la llanura.
17.
¿Encubriré yo a Abraham?
Abrahán es llamado en las Escrituras el amigo de Dios (2 Crón. 20: 7; Isa. 41: 8). Puesto que estaba tan encumbrado en el favor divino y en su comunión con Dios, el Altísimo consideró conveniente darle un conocimiento más íntimo de las obras y procedimientos del Eterno. De la misma manera ha confiado mensajes a los profetas. Acerca de éstos Dios dice que comparte su consejo, o "secreto", con ellos (Jer. 23: 18-22; Amós 3: 7). El Señor habla así especialmente cuando se refiere a episodios de castigo que han de caer sobre la tierra.
18.
Una nación grande y fuerte.
Refiriéndose a la primera promesa que le hubiera hecho a Abrahán (cap. 12: 2), Dios explicapor qué es adecuado y propio informarle en cuanto al juicio que estaba por caer sobre las ciudades de la llanura. Teóricamente, por lo menos, toda la tierra pertenecía a Abrahán. Si Dios, participante principal del pacto, tenía el propósito de proceder, afectando a una parte de ella, Abrahán, como socio menor que había demostrado ser digno de confianza, debía ser informado. En realidad era esencial que Abrahán comprendiera y aprobara lo que iba a suceder, puesto que estaban implicados Lot y su familia, algunos de cuyos miembros, como resultado, pronto perderían la vida.
19.
Yo sé.
Podía confiarse en Abrahán. No traicionaría a Dios. ¡Feliz elogio para el anciano patriarca! El leal desempeño de su tarea divinamente señalada requería que compartiera el conocimiento de los propósitos de Dios. La posteridad de Abrahán también debía comprender, a fin de que no compartiera el destino de Sodoma y Gomorra. Iba a ser el deber de Abrahán transmitir a las generaciones futuras lo que sabía de los procedimientos de Dios con la raza humana. La ley moral y ceremonial de Dios también eran parte de la herencia sagrada que había de transmitir a las generaciones venideras. No sólo oró Abrahán con su familia y delante de ella, sino que intercedió por ella como sacerdote, práctica seguida por otros patriarcas y santos hombres de la antigüedad (ver Job 1: 5). Como profeta, instruía a su familia tanto en la teoría como en el ejercicio de la religión, poniendo énfasis en las virtudes prácticas. Enseñaba a su familia no sólo a conocer estas cosas sino también a hacerlas. Siendo esposo, padre y supervisor benévolo, daba una dirección positiva a la vida social y religiosa de su numerosa familia.
Dios podía confiar en Abrahán porque él "mandaría" a su familia, no mediante métodos dictatoriales, sino por un precepto claro y un ejemplo consecuente. En la educación de los hijos, cada palabra, mirada y acto tienen su efecto. En muchos hogares se enseña muy poco por la instrucción o el ejemplo. Los padres son responsables por la sagrada misión de educar a sus hijos y, por lo tanto, debieran combinar la firmeza con el amor como lo hizo Abrahán. Esta tarea de educar a los hijos de la debida manera no puede ser delegada a otro, instructor o maestro, sin que haya el peligro de una grave pérdida. No debe esperarse que 342 la influencia de maestros piadosos tome el lugar de la educación del hogar, sino más bien que la complemente. Cada una tiene su lugar, y es incompleta sin la ayuda de la otra, que debe servir para reforzarla.
20.
El clamor contra Sodoma y Gomorra.
Esto se refiere a la enorme impiedad que prevalecía en las ciudades de la llanura (cap. 13: 13). Se había llegado al límite de la paciencia y tolerancia de Dios. Aunque la conducta de los habitantes de la llanura por mucho tiempo había sido mala, Dios les dio un período de gracia durante el cual él no había quedado sin testigos. La piadosa vida de Lot les daba un ejemplo de cómo deban vivir, pero esto no había ejercido influencia sobre ellos (2 Ped. 2: 7, 8). Su trato previo con Abrahán los había puesto en contacto con el Dios verdadero (Gén. 14: 22). Pero todo fue en vano. Su impiedad era muy grave -literalmente "muy pesada"- y demandaba el castigo del cielo. El mundo de nuestros días casi ha llegado a la misma profundidad de mal (Luc. 17: 28-32; 2JT 63).
21.
Descenderé ahora y veré.
Esto no significa que Dios no estuviera completamente informado de lo que sucedía en Sodoma (cap. 13: 13). Como en el caso de la edificación de la torre de Babel (cap. 11: 5), Dios tuvo en cuenta el concepto humano de la justicia divina haciendo que Abrahán viera con claridad que la decisión de destruir a Sodoma no era arbitraria, sino que estaba basada en la necesidad. Por lo tanto, no existe discrepancia entre el anuncio de Dios de su intento de investigar personalmente lo que sucedía en Sodoma, y la seguridad del juicio que ya estaba implicado en el vers. 17.
22.
Abraham estaba aún.
Dos de los visitantes celestiales de Abrahán lo dejaron y descendieron a la llanura (cap. 19: 1). Sin embargo, el Señor quedó para conversar algo más con Abrahán.
23.
Se acercó Abraham.
Esta expresión parece indicar más que un mero acercamiento físico al Señor. La palabra hebrea traducida "acercó" a veces se usa para indicar el anhelo de la mente y del corazón de ir hacia Dios en contrición y adoración (Exo. 30: 20; Isa. 29: 13; Jer. 30: 21). El mismo pensamiento también se expresa en el NT (Heb. 4: 16; 10: 22; Sant. 4: 8).
¿Destruirás también?
Esta preocupación personal por sus prójimos es uno de los rasgos sublimes del carácter de Abrahán. Su intercesión en favor de ellos es una de varias situaciones similares registradas en las Escrituras (Exo. 32: 11- 32; Job 42: 10; Eze. 14: 14; Dan. 9: 3-19; Luc. 23: 34; Hech. 7: 60). Abrahán no sólo quedó preocupado por la suerte de Lot, sino que también experimentó un profundo sentimiento de compasión hacia los habitantes de Sodoma, con muchos de los cuales había tenido un trato personal en ocasión del rescate de ellos de manos de los reyes de la Mesopotamia. Abrahán debe haber tenido razón al creer que algunos de los habitantes de la llanura habían sido favorablemente influidos por su ministerio anterior en favor de ellos. Aunque obviamente Lot no es olvidado, su nombre nunca se menciona. La compasión de Abrahán probablemente se elevaba e intensificaba al recordar su propia necesidad de la gracia perdonadora en ocasiones previas.
Esta pregunta presupone que Dios, de acuerdo con la resolución registrada en Gén. 18: 17, le había explicado al patriarca su intención de destruir las ciudades de la llanura. El propósito de Abrahán no era simplemente la preservación de cualquier piadoso remanente que podría encontrarse dentro de las ciudades condenadas, sino que se extendiera un período de gracia para toda la población. Sin embargo, comprendiendo que era un hecho decidido que las ricas aunque impías ciudades habrían de ser destruidas, Abrahán procedió con humildad osada preguntando si el Señor había tenido en cuenta la suerte de los justos en la destrucción general de los impíos. Aquí Abrahán recurrió a la bondadosa misericordia de Dios.
25.
El Juez de toda la tierra.
Sólo Dios es el Juez de todos los hombres. Dirigiéndose con tales palabras a Dios, Abrahán mostró que reconocía como Ser Supremo a Aquel ante quien estaba. Ahora recurrió, no a la gracia y al perdón de Dios, sino a su absoluta equidad justiciera. Este principio había sido demostrado por Dios al extender por otros 400 años el tiempo de gracia a los amorreos. Su iniquidad no había llegado "a su colmo" (cap. 15: 16). Cuando Dios consintió en perdonar a Sodoma si tan sólo podían encontrarse diez justos dentro de sus puertas, siguió el mismo principio.
26.
Perdonaré.
Dios aceptó la condición propuesta por Abrahán no como un acto de 343 justicia sino de misericordia. La justicia requería la preservación de los justos, pero sólo la misericordia podía librar a los impíos. Probablemente también la presencia de un grupo de 50 personas justas daría esperanza de la conversión de otros. Dios aceptó los razonamientos de Abrahán y mostró estar dispuesto a conceder misericordia a quienes no la merecían si tan sólo había un grupo de "cincuenta justos".
27.
Polvo y ceniza.
En esta expresión,'afar wa'efer, Abrahán usa dos palabras hebreas similares en el sonido y parecidas en su significado. Ellas revelan la profunda humildad de alma que sentía en la presencia de Dios. Comprendía demasiado bien su humilde origen como humano y el hecho de que estaba destinado a volver a la sustancia de la que había sido tomado (cap. 3: 7, 19).
28.
Quizá.
El patriarca presentó su caso con hábil tacto oriental. Su primer cálculo hipotético del número de sodomitas piadosos fue, a propósito, lo suficientemente alto como para provocar una respuesta favorable. Sin embargo, comprendiendo que ese número probablemente era demasiado alto, otra vez mostró extraordinaria diplomacia. En vez de pedir la salvación de la ciudad sobre la base de 45 personas justas, rechazó el pensamiento de que podría ser destruida por una diferencia de 5. Animado por las continuas respuestas bondadosas de Dios, gradualmente se hizo más audaz disminuyendo el número de personas justas que, en su opinión, serían suficientes para salvar la ciudad.
Abrahán no pidió el perdón incondicional de la ciudad, sino sólo su preservación bajo ciertas condiciones. Sería apresurado especular en cuanto a lo que habría sucedido si hubiese continuado y hubiera reducido el número a menos de 10. Quizá Abrahán pensó que era seguro dejar el número así. Además, ¿acaso no estaban Lot, su esposa y dos hijas en casa, y no se podía contar también con las hijas casadas de Lot y sus familias (cap. 19: 14, 15)? Comenzando con un número que le pareció propicio para conseguir una respuesta favorable, es probable que Abrahán originalmente hubiera tenido el propósito de disminuirlo mientras hubiera habido esperanza de conseguir una respuesta tal. Y la misericordia divina aceptó la intercesión de Abrahán sin vacilaciones.
33.
Abraham volvió.
Todo el que realmente ama a Dios amará también a su prójimo y si es necesario se sacrificará para fomentar el bienestar ajeno. No podemos impedir que los hombres pequen contra Dios, pero podemos interceder por ellos y suplicar con ellos. A Dios le agrada una intercesión tal porque refleja su propio gran corazón de amor. ¡Cuánto consigue con frecuencia la vigorosa oración de un justo! Cuando Abrahán se acercó a Dios con amor y fe, intercediendo humildemente por los pecadores, Dios se le acercó en misericordia concediendo bondadosamente cada pedido. Esto mismo aguarda hoy a los que siguen en las pisadas del padre de los fieles.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-33 PP 133-140
1-7 MeM 198
1-8 2JT 568; PP 133
2, 8 CS 689
17 PP 134
18 PR 273
19 COES 54; Ed 182; FE 286; HAd 163,286; HAp 108; 1JT 28, 77; 2JT 69, 133, 197, 202; 3JT 117, 149, 191, 430; MC 303; MeM 127; PP 136, 138, 140, 62l; 1T 405; 5T 547; 7T 196; 8T 189; Te 257; TM 348
20 Ev 23; PP 134
21, 25, 27 PP 134
32 2JT 321


CAPÍTULO 19
1 Lot hospeda a dos ángeles. 4 Ceguera de los impíos sodomitas. 12 Lot es enviado a las montañas para su protección, 18 En cambio pide autorización para ir a Zoar. 24 Destrucción de Sodoma y Gamorra. 26 La esposa de Lot se convierte en estatua de sal. 30 Lot mora en una caverna. 31 Origen incestuoso de Moab y Amón.
1 LLEGARON, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo,
2 y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que 344 vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche.
3 Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron.
4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo.
5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí,
7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.
8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciera; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.
9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en Juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta.
10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta.
11 Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.
12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar;
13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.
14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantados, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.
15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.
16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.
17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.
18 Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos.
19 He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera.
20 He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida.
21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado.
22 Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar.
23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.
24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;
25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.
26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
27Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová.
28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.
29 Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.
30 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas.
31 Entonces la mayor dijo a la menor: 345 Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra.
32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia.
33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
34 El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia.
35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
36 Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
37 Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy.
38 La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Benjamín, el cual es padre de los amonitas hasta hoy.
l.
Los dos ángeles.
La presencia del artículo definido "los" -que corresponde literalmente con el hebreo- indica que eran los mismos dos que habían visitado a Abrahán más temprano aquella tarde (ver cap. 18: 22). Aunque no se declara que la llegada de ellos a Sodoma ocurriera el mismo día en que se separaron de Abrahán, eso queda implicado aquí en el vers. 27. La distancia de Hebrón a Sodoma era por lo menos de 40 km., pasaba por territorio montañoso y el viaje llevaría un mínimo de 7 u 8 horas. Puesto que los ángeles dejaron a Abrahán bien avanzada la tarde, con los métodos comunes de viaje no pudieron haber llegado a Sodoma antes de la caída de la noche.
Lot estaba sentado a la puerta.
Lot, que primero fue poniendo sus tiendas hacia Sodoma (cap. 13: 12), en el tiempo transcurrido había construido para sí una casa dentro de sus murallas. En las antiguas ciudades orientales la vida pública se centralizaba en las puertas de las ciudades. Allí había mercado (2 Rey. 7: 1; Neh. 13: 19) y los tribunales estaban allí (Deut. 21: 19; 22: 15; 25: 7; Jos. 20: 4; Rut 4: 1; etc.). David estuvo a la puerta para mostrarse al pueblo (2 Sam. 19: 8); allí se ventilaban los sucesos del día (Sal. 69: 12; Prov. 31: 31) y se hacían anuncios públicos (Prov. 1: 21; 8: 3). No se dice por qué estaba Lot sentado a la puerta. Es seguro que se hallaba a la expectativa de viajeros a quienes prodigar hospitalidad y a quienes pudiera proteger de los sodomitas. La explicación de que había sido promovido al cargo y dignidad de juez, aunque no es una inferencia necesaria de Gén. 19: 9, no es improbable especialmente en vista de su relación con Abrahán, quien una vez había salvado a toda la ciudad de la esclavitud.
Viéndolos Lot, se levantó.
Reconociendo que los hombres eran forasteros, Lot, a semejanza de su tío Abrahán, inmediatamente les ofreció hospitalidad en su propia casa. No solamente los saludó como Abrahán lo había hecho, sino que su ofrecimiento fue expresado en palabras similares a las de su tío (cap. 18: 2-5).
2.
En la calle nos quedaremos.
Los ángeles habían aceptado inmediatamente el ofrecimiento de Abrahán, pero parecían no dispuestos a aceptar el de Lot. Estaban poniendo a prueba la sinceridad de Lot, para comprobar si su invitación era una forma vacía o el deseo ferviente de su corazón. Antiguos registros revelan que los viajeros con frecuencia pasaban noches al aire libre (cap. 28: 11). Si no hubiera sido por la condición moral de los hombres de Sodoma, probablemente no habría resultado penoso para ellos que así lo hicieran, puesto que las ciudades de la llanura estaban en un clima semitropical. La consideración de Lot hacia otros demostró ser el medio de su propia salvación. Manifestó un espíritu que contrastaba muchísimo con el de los hombres de Sodoma (ver Mat. 25: 34-40).
3.
Porfíó con ellos.
Sabiendo que Lot era un hombre justo pero no estando dispuestos a revelar en ese momento su identidad, los ángeles consintieron en recibir albergue bajo su techo hospitalario. Muchos siglos más tarde también Cristo ocultó su identidad en el camino a Emaús, pero accedió finalmente a las instancias de los dos discípulos (Luc. 24: 28 30).
4.
Todo el pueblo.
Esta frase probablemente 346 significa una gran cantidad de hombres, generalmente representantes de todos los grupos sociales (PP 155).
5.
¿Dónde están los varones?
Entonces la impiedad de los hombres de Sodoma quedó claramente demostrada por su proceder (ver caps. 13: 13; 18: 21). Se había propagado rápidamente la noticia de la llegada de los dos forasteros. Los hombres de la ciudad se arremolinaron en torno de la casa de Lot, pretendiendo violar el derecho oriental de hospitalidad a fin de satisfacer sus concupiscencias antinaturales. En cuanto al significado de "conozcamos", ver cap. 4: 1. El término aquí se usa para referirse a la abominable práctica inmoral que Pablo describe en Rom. 1: 27 conocida como sodomía. De acuerdo con la evidencia arqueológica, este pecado castigable con la muerte bajo la ley de Moisés (Lev. 18: 22, 29), prevalecía entre los cananeos. El énfasis de Moisés de que tanto viejos como jóvenes estaban a la puerta de la casa de Lot muestra claramente cuán justificado estaba Dios al destruir esas ciudades (ver Gén. 6: 5, 11).
7.
No hagáis tal maldad.
Lot salió de la casa cerrando cuidadosamente la puerta tras sí para impedir que entrara la turba, y procuró fervientemente disuadir a sus conciudadanos de su mal propósito.
8.
Tengo dos hijas.
Viendo que no había palabras que pudieran cambiar su propósito, hizo una propuesta extrema para salvar a sus visitantes de la deshonra. Su creencia en el solemne deber de la hospitalidad, tan excelsamente considerado entre las naciones orientales, explica, aunque no justifica, su decisión. Al tomar a un forastero bajo su protección y cuidado, estaba obligado a defenderlo aun a costa de su propia vida. Así está considerado todavía en algunos países del Cercano Oriente el deber de la hospitalidad. La conducta de Lot en esta ocasión quizá sólo podría estar justificada, o al menos excusada, teniendo en cuenta la mentalidad oriental respecto a la obligación de un anfitrión hacia sus huéspedes. La pureza de sus dos hijas en una ciudad como Sodoma es una evidencia del gran cuidado con que Lot las había criado, y prueba que la oferta no fue hecha a la ligera. La preocupación natural de los orientales de proteger a sus familiares o parientes del sexo femenino quedó demostrada en una ocasión por los hijos de Jacob (cap. 34). El hecho de que hiciera una propuesta tan temeraria prueba que Lot había agotado todo medio concebible para evitar el mal, y estaba fuera de sí. Conocía muy bien la maldad de sus conciudadanos (2 Ped. 2: 7, 8).
9.
¿Habrá de erigirse en juez?
El intento de Lot de frustrar el mal propósito de ellos sirvió tan sólo para enfurecer a los sodomitas. No toleraban que nadie les dijera lo que debían hacer, especialmente un extranjero. Si Lot había sido nombrado juez, como se ha sugerido (vers. 1), pensaron que ésta era la oportunidad propicia para librarse de él. Parecería por las expresiones de ellos que, ya fuera como juez o ciudadano particular, los había amonestado a que enmendaran sus malos caminos. Por lo tanto, en su ira irrazonable amenazaron tratar a Lot en una forma más terrible que el propósito que tenían para sus huéspedes, si se atrevía a continuar oponiéndose. Tan sólo el poder represor de Dios, quizá junto con la vacilación momentánea de ellos de echar mano de un hombre cuyo correcto ejemplo había despertado un débil sentimiento de respeto en sus mentes degradadas, fue lo que impidió que la turba lo despedazara en el mismo lugar.
11.
Ceguera.
Dios permitió que Lot hiciera un esfuerzo para cambiar los impíos designios de los sodomitas a fin de que pudiera quedar impresionado con el grado de su depravación. Cuando sus esfuerzos extremos resultaron inútiles, actuaron los visitantes celestiales para protegerlo de daño a él, como también a ellos mismos. La palabra hebrea aquí traducida "ceguera" sólo se usa una vez más en el AT (2 Rey. 6: 18-20). En ambos casos significa una forma sobrenatural de ceguera. Quizá no fue total y tal vez implicó sólo una pérdida momentánea de la claridad de la visión que les confundió la mente. El que se fatigaron "buscando la puerta" implica tanto confusión mental como visual. Si hubiesen sido heridos con ceguera total en el sentido usual de la palabra, habría sido raro que hubieran persistido en su mal propósito.
12.
¿Tienes aquí alguno más?
Para entonces Lot debe haber reconocido el carácter sobrenatural de sus visitantes. Era tiempo de que lo informaran del propósito de su misión, y procedieron a enterarlo, mediante el lenguaje más claro posible, de la inminente y completa destrucción de la ciudad. Aunque los hijos casados de Lot aparentemente se 347 habían amoldado a la vida de la gente de Sodoma, los ángeles estuvieron dispuestos a salvarlos por causa de Lot si estaban dispuestos a dejar la ciudad. Aunque habían participado de los pecados de Sodoma, tan sólo su propia elección haría inevitable su destrucción junto con ella.
14.
Salió Lot.
El hecho de que no se mencionen otra vez hijos e hijas no prueba que Lot sólo tenía yernos, ni que esos llamados yernos eran jóvenes comprometidos con las dos hijas que todavía vivían en su hogar. Lot creyó a los ángeles y se esforzó fervientemente por persuadir a sus hijos de que buscaran la salvación dejando la ciudad, pero ellos tan sólo se mofaron de la idea de que Dios la destruiría.
15.
Levántate.
Indudablemente Lot había amonestado a sus hijos durante la noche, y cuando el sol estaba por salir los ángeles celestiales lo instaron a huir sin demora, con su esposa y dos hijas. La frase "que se hallan aquí" implica que Lot tenía otros que no estaban "aquí", si bien no dispuestos a irse.
16.
Deteniéndose él.
Lot y su esposa creyeron pero les resultaba difícil abandonar todas sus posesiones. Lot se detuvo debido a una confusión y a un aturdimiento momentáneo, indeciso en cuanto a lo que debía llevar consigo al huir. Puesto que los ángeles no manifestaron preocupación por las posesiones de Lot, sacaron a los cuatro por la fuerza, "según la misericordia de Jehová para con él". Tal es la debilidad de la naturaleza humana, que aun un buen hombre puede cegarse con el mundo al punto de no poder apartarse de él. Es como quien, estando al aire libre durante una tormenta de nieve, al sentir una somnolencia fatal que va subiendo por sus miembros congelados, se viera tentado a entregarse a lo que sabe que es el sueño de la muerte. Necesita que alguien lo despierte y lo inste a ir a un lugar seguro.
17.
Escapa por tu vida.
Aquel con quien Abrahán había intercedido el día anterior se unió entonces con los ángeles, fuera de las murallas de la ciudad, y añadió una urgencia imperativa a la amonestación de ellos. La necesidad de que Cristo mismo se uniera a los ángeles en su exhortación a Lot, sugiere que él y su esposa estaban aún vacilantes en cuanto a abandonarlo todo. ¿No podría ser pospuesta la destrucción hasta que tuvieran la oportunidad de llevar sus posesiones? Si se les daba tiempo, quizá podrían aún persuadir a otros para que los acompañaran. ¿Por qué tanta premura? Pero Cristo apareció y ordenó: "Escapa por tu vida" (PP 157; cf. caps. 18: 21, 32; 19: 22).
No mires tras ti.
Puesto que apenas había tiempo suficiente para escapar del fuego que descendería tan pronto, no podría permitirse una demora adicional. Si se le hubiera concedido a Lot el tiempo requerido, habría encontrado dificultades cada vez mayores para irse con la fortuna acumulada durante toda una vida. Hasta podría haber decidido quedarse. Su única seguridad residía en una ruptura completa e inmediata con aquellas cosas que ataban su corazón a Sodoma. Así sucede con nosotros hoy día.
Escapa al monte.
La llanura, que una vez había sido tan atrayente por su belleza y fertilidad, se había convertido en el lugar más peligroso de la tierra, y debía ser abandonada. ¡Cuán fatal había sido la decisión de Lot de morar en esa región (cap. 13: 11)! Ahora debía encontrar refugio en los montes (ver Sal. 121: 1). Allí, entre las rocas y hendiduras de las montañas estaría a salvo del lago de fuego en que pronto se transformaría la bella llanura.
18.
No, yo os ruego, señores míos.
En vez de cooperar gozosamente con el plan de Dios para la preservación de su vida, Lot abusó de la gran misericordia de Dios. Refiriéndose a la supuesta imposibilidad de escapar a las montañas, rogó pidiendo permiso para refugiarse en la pequeña ciudad vecina de Bela (cap. 14: 2), llamada después Zoar, "pequeña", en este relato. Todavía no estaba Lot dispuesto a dejar la comodidad y el lujo de la vida ciudadana a cambio de lo que a él le parecía una existencia precaria e incierta.
22.
Zoar.
El hecho de que Lot tuviera que huir de nuevo a una cueva (vers. 30), puede ser tomado como que significa que Zoar también fue destruida posteriormente. La mayor parte de las autoridades en la materia dan por sentado que esa ciudad yace bajo el mar Muerto. Si tal fuera el caso, podría estar cerca de la ciudad llamada Zoara por Eusebio y colocada en el extremo sudeste del mar Muerto en el siglo VI de nuestra era en el mapa mosaico de Medeba (ahora Madeba).
24.
Azufre y fuego.
El castigo anunciado por los ángeles sobrevino súbita e inesperadamente (ver Luc. 17: 28, 29). Aunque sólo se 348 menciona aquí a Sodoma y a Gomorra, es claro que también fueron destruidas las otras ciudades de la llanura, Adma y Zeboim (Deut. 29: 23; Ose. 11: 8; Jud. 7). Tan sólo fue preservada la pequeña localidad de Bela, o Zoar, y eso sólo por poco tiempo (Gén. 19: 30; PP 164).
Las palabras "azufre y fuego" es un modismo común en hebreo para decir "azufre ardiente". Los milagros, mediante los cuales de tiempo en tiempo Dios ha intervenido en el proceso ordinario de la naturaleza, generalmente han consistido en el empleo desusado de las fuerzas y los elementos naturales existentes. Aun hoy día la región meridional del mar Muerto es rica en asfalto (ver com. de cap. 14: 3, 10). Todavía se escapan gases inflamables de las hendiduras de las rocas de la zona. El asfalto que ha subido a la superficie de la parte sur del mar Muerto le dio el nombre de lago Asfaltites en los tiempos clásicos. Las masas de asfalto que flotan en la superficie con frecuencia tienen un tamaño suficiente como para sostener a varias personas. Asfalto, azufre y otros materiales combustibles han sido extraídos y exportados de esta región durante años. Los árabes circunvecinos usan el asfalto para proteger sus huertos contra las plagas y para propósitos medicinales. No importa cuál haya sido el medio empleado para incendiar las ciudades, fuera de toda duda el holocausto fue milagroso pues la destrucción llegó en el preciso tiempo señalado por Dios.
Durante siglos, el paisaje chamuscado de esta región ha permanecido como un mudo testimonio de la gran catástrofe que convirtió su fértil llanura en un escenario de completa desolación. Moisés se refirió a ella como un ejemplo de aquello en lo que se convertiría la tierra de Israel como resultado de la desobediencia (Deut. 29: 21-24). Los escritores clásicos describen elocuentemente la región sur del mar Muerto como un territorio quemado de terreno escabroso, rocas calcinadas y suelo ceniciento. Mencionan también la ubicación de las ruinas de antiguas ciudades (Diodoro ii. 48. 7-9; Estrabón Geografía xvi. 2. 42-44; Josefo Guerras iv. 8. 4; Tácito Historias v. 6. 7). En los tiempos bíblicos, lo que ahora es el brazo meridional del mar Muerto era tierra seca. En años más recientes el nivel del mar, que no tiene desagüe, ha subido y ha cubierto la mayor parte de la región. Árboles muertos todavía sobresalen en esta zona del mar como una selva fantasmal.
Algunos eruditos han tratado de identificar las ciudades condenadas con ruinas descubiertas en Teleilat el-Gasul, en la orilla norte del mar Muerto. Sin embargo, un cúmulo de evidencias señala la extremidad meridional del mar como la ubicación de la gran catástrofe. Ese terrible acontecimiento se ha perpetuado en las tradiciones de la región hasta el día de hoy. Por ejemplo, se refleja en el nombre arábigo del mar Muerto, Bahar Lut, "lago de Lot", y de la cadena montañosa que bordea la orilla sudoccidental del lago, Jebel Usdum, "monte de Sodoma".
25.
Destruyó las ciudades.
Esta expresión sugiere un terremoto, pero también se usa para describir ciudades destruidas por la acción del enemigo en forma completa hasta dejarlas como a Sodoma y Gomorra (2 Sam. 10: 3; Isa. 13: 19). En el AT se hacen repetidas referencias a esta catástrofe (Deut. 29: 23; Isa. 1: 9; Jer. 49: 18; 50: 40; Amós 4: 11; etc.). Sirven como un ejemplo del castigo final mediante fuego sobre todos los impíos (2 Ped. 2: 6; Jud. 7).
26.
La mujer de Lot miró atrás.
Los ángeles habían sacado a los cuatro de la ciudad condenada y les habían dado instrucciones explícitas en cuanto a lo que debían hacer y lo que debían evitar, si querían salvar la vida. Pero no era suficiente meramente escapar de la ciudad; era necesario continuar cumpliendo con las instrucciones. La mujer de Lot miró atrás hacia la ciudad, donde estaban su hogar y sus posesiones y algunos de sus hijos. En ese momento rehusó renunciar a ellos. Su corazón endurecido ha convertido su recuerdo en una advertencia perpetua para los que quisieran ser salvados, pero están contentos con tomar medidas a medias y parecen haber renunciado al mundo mientras su corazón está todavía en él. Al no soportar hasta el fin, no pueden ser salvados (ver Mat. 24: 13; Fil. 1: 6). Es bueno no olvidar la solemne admonición de nuestro Señor: "Acordaos de la mujer de Lot" (Luc. 17: 32). Una mayor firmeza de parte de Lot en hacer caso a la orden de los ángeles habría significado la salvación de ella (PP 157, 158). Los ángeles la habían forzado a dejar la ciudad, pero no podían salvarla contra su voluntad. Ella era naturalmente una persona irreligiosa, probablemente oriunda de Canaán (PP 172). Eligió morir antes que 349 dejar Sodoma. Lamentamos su suerte; saquemos una enseñanza de su ejemplo.
Estatua de sal.
No se puede decir cuánto tiempo permaneció en forma visible la estatua de sal que contenía su cuerpo. En algunos lugares la orilla sudoccidental del mar Muerto presenta formaciones de rocas de sal, algunas de las cuales más o menos tienen la forma de figuras humanas. Los viajeros han llamado a una u otra de ellas "la mujer de Lot". Pero sería una necedad tratar de identificar así a cualquiera de ellas.
27.
Por la mañana.
Ansioso de conocer el resultado de su intercesión del día anterior, Abrahán volvió al lugar, al noreste de Hebrón, donde se había separado del Señor. Cuán grande debe haber sido su desengaño cuando vio que toda la llanura estaba en llamas y que su humo subía hacia el cielo.
29.
Dios se acordó de Abraham.
Aunque no pudo salvar las ciudades por las cuales Abrahán había intercedido, no obstante el Señor recompensó la oración intercesora de él salvando a aquellos que estuvieron dispuestos a salir. Como aquí se declara, por la intercesión de Abrahán la salvación fue ofrecida a la familia de Lot.
30.
Lot subió de Zoar.
Lleno de pánico, pronto Lot salió de Zoar temeroso de que ella pudiera compartir también la suerte de sus cuatro ciudades hermanas (PP 164).
36.
Concibieron de su padre.
Con este proceder las hijas de Lot revelaron la mala influencia de Sodoma. Habían crecido hasta ser mujeres en una región donde abundaban la embriaguez y toda otra forma de inmoralidad. Por lo tanto, su juicio estaba embotado, y su conciencia adormecida. Lot había podido proteger a sus hijas de que cayeran víctimas de los sodomitas (vers. 8), pero no había tenido el mismo éxito en estampar los principios de rectitud en su corazón. Deben ser más compadecidas que culpadas, pues Lot mismo compartió en su pecado. El fue responsable de las circunstancias que así culminaron, como también lo fue de beber el vino que le presentaron (ver com. de cap. 9: 21). El precio que pagó Lot por estar unos pocos años en Sodoma fue la pérdida de toda su familia. Los viles e idólatras moabitas y amonitas fueron su única posteridad.
37.
Moab.
Antepasado de los moabitas. Probablemente su nombre significa "de mi padre", como lo traduce la LXX. Aunque eran primos de los israelitas, los moabitas siempre fueron sus enemigos. Originalmente habitaron el territorio entre el Arnón y el Zered, al este del mar Muerto. Desde los días de David hasta los de Acab transitoriamente fueron tributarios de sus vecinos occidentales, pero recuperaron su independencia con su rey Mesa (2 Rey. 3: 4, 5), quien extendió su territorio hacia el norte.
38.
Ben-ammi.
El nombre del antepasado de los amonitas probablemente significa "hijo de mi pueblo". Así expresó su madre el hecho de que su padre y madre procedían de una misma familia. En realidad su hijo era su medio hermano, pero sus antepasados eran también los de ella. Los amonitas se volvieron nómadas y vivieron en la parte oriental de la región que está entre el Jaboc y el Arnón. El nombre de su fortaleza, Rabá Amón, se ha perpetuado en el nombre Ammán de la actual capital del reino de Jordania.
Es trágico el relato de Lot y su familia. Una mancha cubre el recuerdo de él para todas las generaciones. Su pecado fue perdonado, pero las malas consecuencias de los años dedicados al placer y a la acumulación de bienes han perdurado por generaciones después de él (PP 164).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-38 PP 152-167
1 CS 690; PP 154
1-3 2JT 569
2 DTG 463; PP 155
3-5, 7, 10, 11 PP 156
13 CV 48; PP 156
14 DTG 588; 2JT 75; PP 157; 4T 110
15, 16 PP 157; 4T 111
16 CS 484
17 2JT 75; 3JT 207; PP 158, 162, 163; TM 453; 8T 36
18, 19 4T 111
19-22 PP 158
23 PP 160
24 CH 110; CRA 71; 3JT 306
24, 25 PP 160
24-28 MJ 417
26 PP 159; 4T 111
30-38 PP 164 350
CAPÍTULO 20
1 Abraham habita en Gerar, 2 niega que Sara sea su esposa, y la pierde. 3 Abimelec es reprochado en sueños a causa de ella. 9 El reprocha a Abraham, 14 le devuelve a Sara 16 y la reprocha. 17 Abimelec es sanado por la oración de Abraham.
1 DE ALLÍ partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.
2 Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.
3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.
4 Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente?
5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.
6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.
7 Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.
8 Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera.
9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo.
10 Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto?
11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.
12 Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer.
13 Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares a donde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.
14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.
15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca.
16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos; así fue vindicada.
17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.
18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.
1.
De allí partió Abraham.
No se da ninguna razón para la salida de Abrahán del encinar de Mamre, que estaba cerca de Hebrón (caps. 13: 18; 14: 13; 18: 1), hacia el sur, el Neguev (ver com. de cap. 13: 1). Parece que Dios guió sus pasos hacia allí, ya fuera para que prosiguiera su vida de peregrino o para que diera testimonio a los habitantes de la región. Además sus rebaños pueden haber necesitado nuevos campos de pastoreo, o algunos cambios políticos quizá perturbaron la paz y seguridad de la región. Si bien es cierto que los primeros aliados de Abrahán en Hebrón, Mamre, Escol y Aner eran amorreos (cap. 14: 13), indudablemente los hititas dominaron la región unos años después (cap. 23: 3). Algunos críticos han declarado que es imposible que los hititas hubieran alcanzado el sur de Palestina en una fecha tan remota como el siglo XIX AC, pero descubrimientos posteriores demostraron que así fue. Algunos quizá llegaron hasta Hebrón y expulsaron a los amorreos. Si así ocurrió, quizá Abrahán fue al Neguev para eludir las condiciones inciertas del período de transición. Cualquiera hubiera sido la razón que lo impulsó hacia el 351 sur, el caso es que allí estableció su hogar y permaneció durante unos 20 años.
Cades y Shur.
Cades-barnea estaba a unos 130 km. al sudoeste de Hebrón, y Shur estaba al oeste de Cades, no muy lejos de Egipto (cap. 16: 7). La palabra "habitó" parece indicar que Abrahán pasó algún tiempo en esta región, una permanencia que debe haber despertado recuerdos sagrados en el corazón de Agar (ver cap. 16: 7-14).
Gerar.
Puesto que la región sur del Neguev era semidesértica, pueden haber resultado inadecuados a veces sus campos de pastoreo. Esta zona tenía unos pocos oasis y posteriormente fue llamada "el desierto de Zin". Yendo otra vez hacia el norte, Abrahán moró transitoriamente en Gerar, un valle muy fértil que está al sur de Gaza. Enormes silos para depositar cereales, del período persa, descubiertos en el gran montículo de Gerar, muestran que era entonces el centro de una zona productora de cereales. Aunque faltan evidencias, la ciudad puede haber sido igualmente importante en tiempos anteriores.
2.
Es mi hermana.
Aun cuando Abrahán vivió en paz y seguridad dondequiera había levantado previamente su tienda en la tierra de Canaán, parece haber desconfiado del rey de Gerar, príncipe filisteo (ver com. de cap. 21: 32). Resulta paradójico encontrar que uno que había derrotado a las fuerzas expedicionarias combinadas de cuatro poderes mesopotámicos, sintiera de pronto un temor mortal ante un solo príncipe de una ciudad. Aún es más extraño descubrir que Abrahán, aquel modelo de fe, recurriera súbitamente al mismo ardid que le había provocado tantas dificultades y tanta ansiedad en Egipto (cap. 12: 10-20). Después de que había presenciado muchas evidencias del poder y de la protección de Dios, otro triste fracaso de su fe, tal como es éste, resulta ciertamente extraño. Habían pasado unos 20 años desde su error anterior, y es posible que el tiempo hubiera borrado la impresión que entonces recibió.
Abimelec.
El nombre Abimelec, "mi padre el rey", puede haber sido en realidad un título filisteo semejante al de Faraón en Egipto, en vez de un nombre propio. El rey de Gerar, en los días de Isaac, es llamado Abimelec (cap. 26: 8), como también lo es el rey Aquis de Gat en tiempo de David (1 Sam. 21: 10; cf. título del Sal. 34). Aparentemente el gobernante de Gerar había llevado a su harén a todas las mujeres solteras de su dominio que le agradaban. Después de haber transcurrido 25 años, parece extraño que Sara, a la edad de 90 años, todavía fuera tan atrayente como para ser deseada por un príncipe palestino. Es cierto que le quedaban a ella unos 40 años de vida. También es posible que Abimelec hubiera intentado ese casamiento para sellar una alianza con Abrahán. Indudablemente pensó que la presencia de Abrahán era un beneficio para él (ver cap. 20: 15).
3.
En sueños.
Los sueños eran la forma habitual por la cual Dios se revelaba a los paganos, como lo hizo con Faraón (cap. 41:1) y con Nabucodonosor (Dan. 4: 5). Dios daba visiones a los patriarcas y profetas, aunque a veces a ellos también les hablaba en sueños.
Muerto eres.
Literalmente "estás para morir". Abimelec contrajo la enfermedad que había caído sobre su casa (vers. 17).
4.
No se había llegado a ella.
Abimelec fue impedido de deshonrar a Sara, con la enfermedad peculiar que le había sobrevenido, acerca de cuya naturaleza hay poco revelado. Esta declaración fue hecha para evitar la posibilidad de que Isaac, próximo a nacer, pudiera ser considerado como hijo de Abimelec más bien que de Abrahán.
Señor, ¿matarás?
En los tiempos antiguos los sueños eran considerados como de origen divino. Por eso Abimelec creyó que quien se le apareció era un ser divino. La autoridad con la que se le dirigió Aquel que le hablaba, evidentemente era superior aun a la suya propia como rey.
6.
Con integridad de tu corazón.
Sin darse cuenta, Abimelec había hecho un mal a un embajador del Rey celestial. Parecería que este gobernante pagano hubiera sido un hombre de principios, pues su conciencia evidentemente estaba limpia en este asunto. Este hecho indica que los filisteos, en ese tiempo, de ninguna manera eran tan degenerados como los hombres de Sodoma. Quizá podría haberse dicho lo mismo también de otros pueblos de Canaán. Su iniquidad no había llegado "a su colmo" (cap. 15: 16).
7.
Es profeta.
Esta es la primera vez en que aparece el término "profeta", nabi'. Su raíz está en la palabra naba', que significa "proclamar", "dar voces", "declarar". Por lo tanto, tal como se la usa en la Biblia, la palabra "profeta", nabi', describe a uno que proclama mensajes divinos. Esos mensajes pueden relacionarse 352
ANDANZAS DE ABRAHÁN EN EL NEGUEV
353 con el pasado, el presente o el futuro y pueden consistir en descripciones, exhortaciones, instrucciones, consuelo o predicciones. Además el término implica la idea de ser intermediario. La palabra castellana "profeta" procede del griego profétes, una combinación de la preposición pro, o "en lugar de", con el verbo femí, "hablar". El profeta habla en lugar de alguien. Puede hablar al hombre en lugar de Dios, o viceversa. Parece claro por el vers. 7 que se habla aquí de Abrahán como profeta en el último de esos sentidos. Había de orar a Dios en favor de Abimelec.
El hecho de que el término nabi' se use por primera vez aquí, no elimina la creencia de que el espíritu de profecía estaba entre los hombres desde el mismo principio (Gén. 9: 25-27; Hech. 3: 21; Jud. 14, 15). Tampoco tiene valor la observación de que el uso de este término en los libros de Moisés prueba que no pueden ser anteriores al tiempo de Samuel, antes del cual un profeta era llamado "vidente" (1 Sam. 9: 9). Tal como usa Moisés el término, generalmente se aplica a un receptáculo de las revelaciones divinas. Durante el período de los jueces, el término "vidente", ro'eh, parece haberse comenzado a usar y parece haberse mantenido hasta el tiempo de Samuel, cuando lo reemplazó a su vez el vocablo más antiguo.
Orará por ti.
En Sant. 5: 16 se declara con todo énfasis el valor de la oración intercesora. La promesa hecha a Abimelec de que recobraría la salud mediante la intercesión de Abrahán respalda el principio de que un justo puede convertirse en el canal mediante el cual fluyen las bendiciones divinas (Hech. 9: 17, 18). El propósito de Dios es inducir a los que son sensibles a la verdad para que vayan a sus representantes humanos.
8.
Abimelec ... llamó a todos sus siervos.
La palabra hebrea traducida aquí "siervos" incluye a empleados de todas las categorías. Ellos también estaban vitalmente implicados en la situación, y sin duda esperaban de su rey una solución para el problema.
9.
Llamó Abimelec a Abraham.
El reproche anterior formulado por Faraón (cap. 12: 18, 19), ahora fue todavía más justificado. Las palabras de censura de Abimelec deben haber sido humillantes en extremo. El que había sido comisionado para representar -por precepto y por ejemplo al Dios verdadero ante los habitantes de Canaán, ahora merecía el reproche de uno de sus gobernantes paganos. Su falta no sólo había enturbiado la felicidad de su propio hogar sino que también se había convertido en una ocasión de sufrimiento para el pueblo de cuya hospitalidad disfrutaba.
12.
Es mi hermana.
Abrahán defendió su conducta dando por sentado que no había "temor de Dios" en Gerar y que, por lo tanto, su vida estaba en peligro (cap. 12: 4-13). También justificó el subterfugio con la excusa de que Sara era ciertamente "su hermana" - su medio hermana tanto como su esposa. Procuró dar la impresión de que no se había desviado de la letra estricta de la verdad. Pero su falta al no decir toda la verdad, lo convirtió en un engañador. En cuanto al matrimonio entre hermanos y hermanas, ver com. de cap. 4: 17.
13.
En todos los lugares.
No era ésta la primera ocasión en la cual Abrahán había pretendido que Sara era su hermana. Casi parecería que era su práctica usual, pero que hasta entonces Egipto había sido el único lugar donde el ardid produjo dificultad. El haber usado con éxito durante años el mismo engaño, desde aquella amarga experiencia con Faraón, había hecho que Abrahán fuera olvidadizo de su lección de estricta rectitud (ver Ecl. 8: 11). Quizá la relativa facilidad con que Dios lo había rescatado de graves dificultades también tendía a hacerlo menos cuidadoso.
La vida recluida de las mujeres, típica en el Oriente, hizo que fuera relativamente fácil que Abrahán continuara con esa práctica. Puesto que las mujeres pasaban mucho tiempo en las carpas, lejos de miradas curiosas, podían ver más a los hombres de lo que ellos las veían (ver Gén. 18: 9). La relación de Abimelec con ella debe haber sido casual, quizá en un momento de descuido cuando ella estuvo lejos de su hogar, tal vez al sacar agua de un pozo público (ver cap. 34: 1-4). Cualquiera hubiera sido el caso, se aproximaba rápidamente el tiempo del nacimiento del heredero prometido (cap. 21: 1) y Satanás se aprovechó de la debilidad de Abrahán para torcer el plan divino (ver com. de cap. 12: 12-19; cf. Apoc. 12: 1-4).
14.
Abimelec tomó ovejas.
Los obsequios de Abimelec fueron similares a los de Faraón (cap. 12: 16), pero fueron dados con un motivo diferente. Los regalos de Faraón fueron 354 dados "por causa de" Sara como una dote, pero los de Abimelec tenían el propósito de evitar el desagrado de Abrahán por el agravio que había sufrido.
15.
Mi tierra está delante de ti.
Esta oferta aparentemente generosa es precisamente lo opuesto del pedido de Faraón en circunstancias similares (cap. 12: 19, 20). Abimelec procuró que Abrahán entendiera con claridad que no había tenido el propósito de hacer el mal y que quería vivir en paz con este rico príncipe de Mesopotamia. Sabiendo la forma en que Abrahán había rescatado a los hombres de Sodoma algunos años antes, quizá Abimelec también temió sufrir algunas represalias por su conducta.
16.
Mil monedas de plata.
Aunque en el texto hebreo no figura la palabra "monedas" ni la palabra "siclo", evidentemente esta última es el complemento correcto del vocablo "mil". No existían monedas acuñadas en los tiempos anteriores a Persia. Los metales preciosos eran vaciados en moldes de ladrillo y recibían su valor de acuerdo con su peso. Puesto que el peso del siclo variaba mucho en distintas localidades y en tiempos diferentes, es difícil estimar su actual valor monetario. Una pesa de un siclo encontrada en las ruinas de Tell Beit Misrim, en Palestina, pesa 0,402 onzas av., o sea 11,4 g, en tanto que una de Ugarit, Siria, pesa 0,335 onzas, o sea 9,5 g. Por otra parte los siclos egipcios y babilonios varían entre 0,31 y 0,345 onzas, o sea 8,8 a 9,8 g. Si tomamos un siclo de 11,4 g (0,4 onzas) como equivalente a "monedas de plata", mil pesarían 11,4 kg. o 25 libras. Siendo que el poder adquisitivo de la moneda era mucho más alto entonces que ahora, la cifra dada debiera aumentarse considerablemente para representar el verdadero cuadro del valor de ese regalo. Probablemente Abimelec usó con ironía la expresión "tu hermano" como si hubiera estado diciendo: "este 'hermano' tuyo".
El te es como un velo para los ojos.
Es oscuro el significado de esta declaración hebrea. Si se toma literalmente, el "velo" sería para la protección del rostro. Si se toma en sentido figurado, sería un regalo con el propósito de aplacar la mala voluntad. La palabra hebrea traducida "él", que en la VVR se aplica a Abrahán, también podría tener otro significado: puede referirse al regalo. Si la palabra se refiere a Abrahán, Abimelec quiso decir que al hacer eso estaba poniendo a Sara bajo la protección de Abrahán, o que Abrahán debía cuidarla mejor en el futuro. Por otro lado, si se refiere al regalo, Abimelec habría querido significar: "Por favor, acepta mí regalo como una evidencia de tu inocencia, y también como una muestra de mi deseo de hacerte justicia". Tres detalles del contexto implican que esta expresión se refiere al regalo más bien que a Abrahán: (1) Abimelec deseaba la amistad de Abrahán (ver com. de vers. 15). (2) El regalo es el centro de atención en la declaración anterior. (3) El "velo" había de ser una evidencia para los que acompañaran a Sara y para todos los demás de que se había reparado el agravio y que el caso había quedado resuelto.
Los que están contigo.
Quizá esto se refiere a las sirvientas de Sara que tal vez estuvieron con ella durante el incidente. "Para con todos" puede referirse a los otros miembros de la gran casa de Abrahán o podría incluir a todos los que pudieran conocer este incidente. (Véase también el párrafo siguiente.) Asimismo sugiere que el "velo" puede haber tenido, por lo menos en parte, el propósito de ocultar el "rostro" de ella de la vista de los otros miembros de su casa, algo importantísimo entre los orientales.
17.
Dios sanó a Abimelec.
Si no se hubiera efectuado la restitución, el resultado hubiera sido la muerte (vers. 3, 7). La palabra hebrea traducida "siervas" se refiere a las esclavas del harén real. Una palabra diferente se emplea en el vers. 14 para describir a las "siervas" incluidas en el regalo del rey para Abrahán.
18.
Cerrado.
Desde un punto de vista oriental según el cual el tener hijos se estimaba quizá como la mayor de todas las bendiciones, no podía haber una calamidad mayor que la esterilidad. El no tener hijos era un baldón (Gén. 30: 23; Luc. 1: 25; etc.). Además, si las esposas de la familia de Abimelec no iban a tener más hijos, finalmente la familia podría extinguirse. 355

 

 

 

 


CAPÍTULO 3
1 La serpiente engaña a Eva. 6 Vergonzosa caída del ser humano. 9 Dios les pide cuentas. 14 Maldición de la serpiente. 15 La simiente prometida. 16 Castigo de la humanidad. 21 Su primera prenda de vestir. 22 Echados del paraíso.

1 PERO la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.
4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?
12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.
19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.
21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.
23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
1.
La serpiente.
Con la serpiente aparece una nueva figura en la narración, figura que 241 ejerció una tremenda influencia sobre la historia subsiguiente del mundo. Moisés se aparta de su descripción de las condiciones perfectas del paraíso y va a la historia de la caída, por la cual esta tierra se transformó de un mundo de felicidad, amor y perfección en un mundo de dolor, odio y maldad. Moisés deja sin mencionar el período bienaventurado del Edén, el tiempo pasado en completa felicidad, en el estudio de la historia natural, en el cuidado del huerto como Dios había ordenado y en diaria comunión con el Creador en las horas frescas del atardecer (Gén. 3: 8).
Astuta, más que todos los animales.
La serpiente es presentada como una criatura más astuta que otros animales. La palabra "astuto", 'arum, se usa en la Biblia unas pocas veces para indicar una tendencia desfavorable de carácter (Job 5: 12; 15: 5), con el significado de ser "diestro" o "hábil"; pero generalmente se la usa en el sentido favorable de ser prudente (ver Prov. 12: 16, 23; 13: 16; 14: 8, 15, 18; 22: 3; 27: 12). Este último significado favorable pareciera preferible aquí pues la serpiente era uno de los seres creados que Dios había declarado "bueno", y hasta "bueno en gran manera" (Gén. 1: 25, 31). El mal carácter de las serpientes de hoy es un resultado de la caída y maldición subsiguiente y no una característica de ese animal cuando fue creado.
La objeción de que la serpiente no era un animal verdadero, sino un ser sobrenatural, difícilmente necesita una refutación seria en vista de la declaración explícita de que era, ciertamente, un animal. Sin embargo, todas las Escrituras aclaran ampliamente que la serpiente misma no fue responsable de la caída del hombre sino Satanás (ver Juan 8: 44; 2 Cor. 11: 3, 14; Rom. 16: 20). Con todo, Satanás, en un sentido figurado, ocasionalmente es llamado serpiente porque usó de ella como un medio en su intento de engañar al hombre (ver Apoc. 12: 9; 20: 2).
La caída de Lucifer, que había sido primero entre los ángeles del cielo (Isa. 14: 12, 13; Eze. 28: 13-15), obviamente precedió a la caída del hombre (ver PP 14). Dios, que conversaba diariamente con el hombre en el huerto, no lo había dejado en la ignorancia de los sucesos del cielo, sino lo había enterado de la apostasía de Satanás y de otros ángeles, de cuya venida debía precaverse Adán. Adán y Eva quizá esperaron que Satanás apareciera como un ángel y se sintieron preparados para hacerle frente como a tal para rechazar sus tentaciones. En cambio habló a Eva mediante la serpiente y la tomó por sorpresa. Sin embargo, esto en ninguna manera excusa a nuestra primera madre, aunque es cierto que ella así fue engañada (ver 1 Tim. 2: 14; 2 Cor. 11: 3).
La prueba de nuestros primeros padres se permitió para probar su lealtad y amor. Era esencial para su desarrollo espiritual, para la formación del carácter. Felicidad eterna habría sido el resultado para ellos si hubieran salido indemnes de la prueba. Puesto que Dios no quería que fueran tentados por encima de su capacidad para resistir (1 Cor. 10: 13), no permitió que Satanás se les acercara a la semejanza de Dios y en cualquier otro lugar, sino en ese árbol (1SP 34). Por lo tanto, Satanás vino en la forma de un ser no sólo muy inferior a Dios, sino muy por debajo del hombre mismo. Al permitir que Satanás -usando como medio un mero animal- los persuadiera a quebrantar la orden de Dios, Adán y Eva quedaron doblemente sin excusa.
Dijo a la mujer.
Usando la serpiente como su médium, Satanás halló una oportunidad cuando pudo dirigirse a la mujer que estaba sola. Siempre es más fácil persuadir a un individuo a hacer lo malo cuando se aparta de su medio protector. Si Eva hubiera permanecido con su esposo, su presencia la habría protegido y fuera de duda el relato habría tenido un fin diferente.
Conque Dios os ha dicho.
Satanás se dirigió a ella con una pregunta que parecía inocente pero que estaba llena de astucia. Se ha debatido si esta pregunta debiera traducirse: (1) "¿Ha dicho Dios realmente: no comeréis de cada árbol del huerto?", con el significado: "¿Hay algunos árboles en el huerto de los cuales no podéis comer?" o (2) "No comeréis de ningún árbol del huerto". El hebreo permite ambas traducciones y, por lo tanto, encierra cierta ambigüedad. Satanás tenía el propósito de que sus palabras fueran indefinidas y ambiguas. Su intención era obvia: quería sembrar duda en el corazón de la mujer acerca de la verdadera fraseología y el significado exacto de la orden divina, especialmente acerca de la razón y justicia de una orden tal.
2.
Del fruto... podemos comer.
Evidentemente, 242 Eva entendió la pregunta en el segundo sentido ya mencionado, y en vez de apartarse y huir hacia su esposo, dio muestras de vacilación y duda y se mostró dispuesta a discutir más el tema con la serpiente.
Dios declaró: "El día que de él comieres, ciertamente morirás". Eva cambió esto en: "para que no muráis". En lugar de la plena seguridad de la pena de muerte que seguiría a la transgresión de la orden, declaró la mujer que podría seguir la muerte a un acto tal. Las palabras "para que no" -pen- implican alarma íntima ante el pensamiento de jugar con algo que podría resultar fatal, escondida debajo de una apariencia cínica ante la idea de que tal cosa pudiera ocurrir realmente. La duda y vacilación del lenguaje de Eva, reflejando el de la serpiente, hacen que predomine el temor a la muerte en el motivo de la obediencia antes que un amor inherente hacia su benéfico Creador. Otro síntoma de la duda despertado en cuanto a la justicia absoluta de la orden de Dios es que Eva no mencionó el nombre del árbol que seguramente conocía. Al hablar de ese árbol en términos generales en cuanto a su ubicación como el "que está en medio del huerto", lo colocó casi en la misma clase con los otros árboles de su hogar edénico.
4.
No moriréis.
Si la primera pregunta de Satanás tenía el propósito de despertar la duda -como lo era seguramente-, la declaración que la siguió tenía la apariencia engañosa de una declaración autorizada. Pero dentro de ella, con refinada astucia, se mezclaban la verdad y la mentira. Ese aserto contradecía la orden explícita de Dios con el énfasis máximo que se puede emplear en hebreo, y que se puede traducir: "Positivamente, no moriréis". Satanás desafió la veracidad de la orden de Dios con una mentira desembozada. Por esa razón, Cristo con justicia lo llamó padre de toda mentira (Juan 8: 44).
5.
Serán abiertos vuestros ojos.
Satanás procedió a dar una razón plausible para la prohibición de Dios. Acusó a Dios de: (1) Envidiar la felicidad de sus criaturas. En realidad dijo Satanás: "Creedme, no es por temor de que muráis por el fruto de este árbol por lo que os lo ha prohibido, sino por temor de que os convirtáis en rivales de vuestro mismo Amo". (2) Falsedad. Satanás acusó a Dios de que había mentido cuando dijo que la muerte seguiría al acto de comer del fruto. Los requisitos de Dios fueron colocados en la luz más horrible y censurable. Satanás trató de confundir la mente de Eva mezclando la verdad con la mentira, a fin de que a ella le resultara difícil distinguir entre las palabras de Dios y las suyas. La expresión "el día que comáis de él" sonaba como similar a lo que Dios había hablado (cap. 2: 17), como también la frase "sabiendo el bien y el mal". La promesa "serán abiertos vuestros ojos" implicaba una manifiesta limitación de la vista, que podría ser eliminada siguiendo el consejo de la serpiente.
Seréis como Dios.
Es correcta esta traducción en vez de "dioses", como aparecía en la versión Reina-Valera antes de la revisión de 1960, pues la palabra 'elohim que está en este pasaje también se halla en los vers. 1, 3 y 5 donde se la ha traducido como "Dios". La traducción correcta es: "Seréis como Dios". Esto revela ostensiblemente la naturaleza blasfema de las palabras de Satanás (ver Isa. 14: 12-14) y la plena gravedad de su engaño.
6.
Y vio la mujer.
Después de que se habían despertado en la mujer la duda y la incredulidad en cuanto a la orden de Dios, el árbol le pareció muy diferente. Se menciona tres veces cuán encantador era; incitaba su paladar, sus ojos y su anhelo de aumentar su sabiduría. Mirar el árbol en esa forma, con el deseo de gustar de su fruto, era una concesión a los alicientes de Satanás. En su mente ya era culpable de transgredir la orden divina: "No codiciarás" (Exo. 20: 17). El tomar el fruto y comerlo no fue sino el resultado natural de entrar así en la senda de la transgresión.
Tomó de su fruto.
Habiendo codiciado aquello a lo cual no tenía derecho, la mujer siguió transgrediendo un mandamiento de Dios tras otro. Luego robó la propiedad de Dios violando el octavo mandamiento (Exo. 20: 15). Al comer el fruto prohibido y darlo a su esposo, también transgredió el sexto mandamiento (Exo. 20: 13). También quebrantó el primer mandamiento (Exo. 20: 3) porque en su estima colocó a Satanás antes que a Dios obedeciéndole antes que a su Creador.
Dio también a su marido.
Observando que no murió inmediatamente -lo que parecía confirmar el definido aserto del seductor: "No moriréis"- Eva experimentó una sensación engañosa de júbilo. Quiso que su esposo 243 compartiera ese sentimiento con ella. Esta es la primera vez que el Registro sagrado llama a Adán "su marido". Pero en vez de ser "ayuda idónea" para él, ella se convirtió en el instrumento de su destrucción. La declaración "dio también a su marido" no implica que él había estado con ella todo el tiempo, como mudo espectador de la escena de la tentación. Más bien ella le dio del fruto cuando se reunió con él para que pudiera comer "como ella" y compartir así los supuestos beneficios.
El cual comió.
Antes de comer, debe haberse entablado una conversación entre Adán y su mujer. ¿La seguiría en su senda de pecado y desobediencia, o renunciaría a ella, confiando que Dios, de alguna manera, restauraría su felicidad destruida? El que ella no hubiera muerto por comer el fruto y que ningún daño evidente le hubiera sobrevenido, no engañó a Adán. "Adán no fue engañado sino ... la mujer" (1 Tim. 2: 14). Pero el poder de persuasión de su esposa, unido con su propio amor a ella, lo indujeron a compartir las consecuencias de su caída cualesquiera que fueran. ¡Decisión fatal! En vez de esperar hasta que pudiera tener la oportunidad de tratar todo el trágico asunto con Dios, decidió por sí mismo su suerte. La caída de Adán es tanto más trágica porque no dudó de Dios ni fue engañado como Eva. Procedió ante la segura expectativa de que se convertiría en realidad la terrible amenaza de Dios.
Deplorable como fue la transgresión de Eva y cargada como estuvo de calamidades futuras para la familia humana, su decisión no abarcó necesariamente a la humanidad en el castigo de su transgresión. Fue la elección deliberada de Adán, en la plena comprensión de la orden expresa de Dios -más bien que la elección de ella-, lo que hizo que el pecado y la muerte fueran el destino inevitable de la humanidad. Eva fue engañada; Adán no lo fue (ver Rom. 5: 12, 14; 1 Cor. 15: 21; 1 Tim. 2: 14; 2 Cor. 11: 3). Si Adán hubiera permanecido leal a Dios a pesar de la deslealtad de Eva, la sabiduría divina todavía hubiera resuelto el dilema para él y hubiera evitado el desastre para la familia humana (PP 39).
7.
Fueron abiertos los ojos de ambos.
¡Qué ironía hay en estas palabras que registran el cumplimiento de la ambigua promesa de Satanás! Fueron abiertos los ojos de su intelecto: comprendieron que ya no eran más inocentes. Se abrieron sus ojos físicos: vieron que estaban desnudos.
Se hicieron delantales.
Estando avergonzados en su presencia mutua, procuraron evadir la deshonra de su desnudez. Sus delantales de hojas de higuera eran un triste sustituto de las vestimentas radiantes de inocencia que habían perdido legalmente. La conciencia entró en acción. Que su sentimiento de vergüenza no tenía sus raíces en la sensualidad sino en la conciencia de culpa delante de Dios es evidente porque se ocultaron de él.
La única inscripción antigua que muestra alguna semejanza con el relato de la caída del hombre, como se presenta en la Biblia, es un poema bilingüe sumeroacadio que dice: "La doncella comió aquello que era prohibido, la doncella, la madre de pecado, cometió mal, la madre de pecado tuvo una penosa experiencia" (A. Jeremías, Das Alte Testament im Lichte das alten Orients [El Antiguo Testamento a la luz del antiguo Oriente], pág. 99. Leipzig, 1930).
8.
La voz de Jehová Dios.
Las visitas periódicas de Dios, hacia el fin del día, cuando suaves céfiros vespertinos refrescaban el huerto, siempre habían sido una ocasión de deleite para la feliz pareja. Pero el sonido de la aproximación de Dios fue entonces un motivo de alarma. Ambos sintieron que de ninguna manera se atrevían a encontrarse con su Creador. Ni la humildad ni el pudor fueron la razón de su temor, sino un profundo sentimiento de culpabilidad.
9.
¿Dónde estás tú?
Adán, que siempre había dado la bienvenida a la presencia divina, se ocultó ahora. Sin embargo, no podía esconderse de Dios, quien llamó a Adán, no como si ignorase su escondedero, sino para hacerlo confesar. Adán procuró ocultar el pecado detrás de sus consecuencias, su desobediencia detrás de su sentimiento de vergüenza, haciéndole creer a Dios que se había ocultado por la turbación provocada por su desnudez. Su comprensión de los efectos del pecado era más aguda que la del pecado mismo. Aquí, por primera vez, somos testigos de la confusión entre el pecado y el castigo, que caracteriza al hombre o en su estado caído. Se sienten y detestan los resultados del pecado más que el pecado mismo.
12.
La mujer que me diste.
Dios formuló una pregunta que revelaba su conocimiento de la transgresión de Adán y tenía el propósito 244 de despertar dentro de él una convicción de pecado. La respuesta de Adán fue una tortuosa y evasiva excusa por su confusión, lo que significaba una acusación contra Dios. Así había cambiado el carácter de Adán en él corto intervalo desde que entró en la senda de la desobediencia. El hombre que sentía un cariño tan tierno por su mujer como para violar a sabiendas la orden de Dios a fin de que no fuera separado de ella, ahora habla de ella con antipatía fría e insensible como "la mujer que me diste por compañera". Sus palabras recuerdan las de los hijos de Jacob que hablaron a su padre en cuanto a José como "tu hijo" (Gén. 37: 32; cf. Luc. 15: 30). Uno de los amargos frutos del pecado es la dureza de corazón: "sin afecto natural" (Rom. 1: 31). La insinuación de Adán de que Dios era culpable por su triste condición, al estar atado a una criatura tan débil y seductora, se hunde en las mismísimas profundidades de la ingratitud.
13.
La serpiente me engañó.
La mujer también tenía una respuesta lista al acusar a la serpiente de haberla engañado. Ni Adán ni su mujer negaron los hechos sino que procuraron escapar acusando a otro. Tampoco dieron evidencias de contrición. Sin embargo, existe una notable diferencia entre sus confesiones. La mujer protestó que había sido engañada; Adán admitió tácitamente que su acto había sido deliberado, con pleno conocimiento de sus consecuencias.
14.
Maldita serás.
La maldición del pecado descansa no sólo sobre la serpiente sino sobre toda la creación animal, aunque ella había de llevar una maldición mayor que sus congéneres. La serpiente, que antes era la más inteligente y bella de las criaturas, quedó ahora privada de las alas y condenada, de allí en adelante, a arrastrarse sobre el polvo.
No debiera suponerse que los brutos irracionales fueron hechos así objeto de la ira de un Dios vengativo. Esta maldición fue para el beneficio de Adán, como un medio de impresionarlo con las abarcantes consecuencias del pecado. Debe haber provocado intenso sufrimiento a su corazón el contemplar esas criaturas -cuyo protector se esperaba que fuera él- llevando los resultados de su pecado (PP 54). Sobre la serpiente, que se había convertido para siempre en el símbolo del mal, cayó la maldición más pesadamente; no tanto para que sufriera como para que también pudiera ser para el hombre un símbolo de los resultados del pecado. No es de admirarse que la mayoría de los seres humanos sientan repugnancia y temor en la presencia de una serpiente.
Polvo comerás.
El hecho de que las serpientes no comen polvo en realidad ha hecho que algunos comentadores declaren que los antiguos se equivocaron pensando que este animal, que siempre se arrastra sobre el vientre y vive aun en los desiertos donde apenas hay alimento, se alimentaba de polvo. Dicen ellos que este falso concepto influyó en el autor del Génesis para formular la maldición pronunciada sobre la serpiente para que armonizara con esa creencia que tenían en común. Los eruditos conservadores han tratado, con poco éxito, de mostrar que la serpiente come algo de polvo cuando come su alimento. ¿Pero no pasa esto también con muchos animales que toman su alimento del suelo? Desaparece este problema cuando consideramos como figurada la frase "polvo comerás". Fue usada en este sentido por los pueblos antiguos como lo revelan su literatura y cartas recientemente recuperadas. El antiguo mito pagano del descenso de Astarté al infierno habla de gente maldita de la cual "polvo es su comida y arcilla su alimento". Entre las maldiciones pronunciadas contra los enemigos se repite vez tras vez el deseo de que tengan que comer polvo. En el viejo himno de batalla galés, "Marcha de los hombres de Harlech", se lanza una mofa contra los enemigos: "Morderán el polvo". Vista así, la expresión "Polvo comerás todos los días de tu vida", significa sencillamente: "Serás la más maldita de todas las criaturas".
15.
Pondré enemistad.
Aquí el Señor deja de dirigirse a la serpiente literal que habló a Eva, para pronunciar juicio sobre el diablo, la serpiente antigua. Este juicio, expresado en lenguaje profético, siempre ha sido entendido por la iglesia cristiana como una predicción de la venida del Libertador. Aunque esta interpretación es incuestionablemente correcta, puede señalarse que la profecía es también literalmente verdadera: hay una enemistad mortal entre la serpiente y el hombre doquiera se encuentran los dos.
Entre tu simiente y la simiente suya.
Se hace referencia a la lucha secular entre la simiente de Satanás -sus seguidores- (Juan 8: 44; Hech. 13: 10; 1 Juan 3: 10) y la simiente de la mujer. El Señor Jesucristo es llamado la 245 "simiente" por antonomasia (Apoc. 12: 1-5; cf. Gál. 3: 16, 19); fue él quien vino "para deshacer las obras del diablo" (Heb. 2: 14; 1 Juan 3: 8).
Esta te herirá en la cabeza.
"Herirá, shuf. Esta palabra significa "aplastar" o "estar al acecho de alguien". Es evidente que aplastar la cabeza es mucho más grave que aplastar el talón. Como represalia, la serpiente sólo ha podido herir el talón de la simiente de la mujer.
La "simiente" se expresa en singular, indicando que no es una multitud de descendientes de la mujer los que, en conjunto, se ocuparán de aplastar la cabeza de la serpiente, sino más bien que un solo individuo zará eso. Estas observaciones muestran claramente que en este anuncio está condensada la relación del gran conflicto entre Cristo y Satanás, una batalla que comenzó en el cielo (Apoc. 12: 7-9), continuó en la tierra, donde Cristo otra vez derrotó a Satanás (Heb. 2: 14), y terminará finalmente con la destrucción del maligno al fin del milenio (Apoc. 20: 10). Cristo no salió ileso de esta batalla. Las señales de los clavos en sus manos y pies y la cicatriz en su costado serán recordativos eternos de la fiera lucha en la cual la serpiente hirió a la simiente de la mujer (Juan 20: 25; Zac. 13: 6; PE 53).
Este anuncio debe haber producido gran consuelo en los dos desfallecientes transgresores que estaban delante de Dios, de cuyos preceptos se habían apartado. Adán, virrey de Dios en la tierra mientras permaneciera leal, había cedido su autoridad a Satanás al transferir su lealtad de Dios a la serpiente. Que Satanás comprendía plenamente sus usurpados "derechos" sobre esta tierra, obtenidos al ganar la sumisión de Adán, es claro por su afirmación ante Cristo en el monte de la tentación (Luc. 4: 5, 6). Adán empezó a comprender la magnitud de su pérdida: de gobernante de este mundo se había convertido en esclavo de Satanás. Sin embargo, antes de oír el pronunciamiento de su propia sentencia, fue aplicado a su alma quebrantada el bálsamo sanador de la esperanza. De ella, a quien había culpado por su caída, él debía esperar su liberación: la simiente prometida en quien habría poder para vencer al archienemigo de Dios y del hombre.
¡Cuán bondadoso fue Dios! La justicia divina requería castigo para el pecado, pero la misericordia divina ya había hallado una forma para redimir a la raza humana caída: por el sacrificio voluntario del Hijo de Dios (1 Ped. 1: 20; Efe. 3: 11; 2 Tim. 1: 9; Apoc. 13: 8). Dios instituyó el ritual de los sacrificios para proporcionar al hombre una ayuda visual, a fin de que pudiera comprender algo del precio que se debía pagar para expiar su pecado. El cordero inocente tenía que dar su sangre en lugar de la del hombre y su piel para cubrir la desnudez del pecador, a fin de que el hombre pudiera así recordar siempre por medio de los símbolos al Hijo de Dios, que tendría que entregar su vida para expiar la transgresión del hombre y cuya justicia sería lo único suficiente para cubrirlo. No sabemos cuán clara fue la comprensión de Adán del plan de la redención, pero podemos estar seguros de que le fue revelado lo suficiente para asegurarle que el pecado no duraría para siempre, que de la simiente de la mujer nacería el Redentor, que sería recuperado el dominio perdido y que se restauraría la felicidad del Edén. De principio a fin, el Evangelio de salvación es el tema de las Escrituras.
16.
Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces.
En el mismo principio se le había ordenado al hombre: "Fructificad y multiplicaos" (cap. 1: 28). De ahí que los embarazos tenían el propósito de ser una bendición y no una maldición. Pero la entrada del pecado significó que de allí en adelante la preñez sería acompañada por el dolor.
Con dolor.
Ciertamente, los dolores del parto iban a ser tan intensos que en las Escrituras son un símbolo de la más tremenda angustia corporal y mental (Miq. 4: 9, 10; 1 Tes. 5: 3; Juan 16: 21; Apoc. 12: 2).
Tu deseo será para tu marido.
La palabra hebrea shuq, "deseo", significa "ir en pos de algo", "tener un intenso anhelo de una cosa", lo que indica el más fuerte deseo posible por ella. Aunque oprimida por el hombre y torturada por los dolores del parto, la mujer todavía sentiría un intenso deseo por su esposo. Los comentadores están divididos en su opinión en cuanto a si ésta es una parte del castigo. Parece razonable concluir que este "deseo" fue dado para aliviar los dolores del sexo femenino y para unir aún más estrechamente el corazón de esposo y esposa.
El se enseñoreará de ti.
La mujer había quebrantado su relación con el hombre, divinamente señalada. En vez de ser una "ayuda idónea" para él, se había convertido en su 246 seductora. Por eso perdió su condición de igualdad con el hombre; él iba a "enseñorearse" de ella como señor y amo. En las Escrituras, se describe a una esposa como que es "poseída" por su señor. Entre la mayoría de los pueblos que no son cristianos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la degradación y a una esclavitud virtual. Sin embargo, entre los hebreos la condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni esclavitud. El cristianismo ha colocado a la mujer en la misma plataforma que el hombre en lo que atañe a las bendiciones del Evangelio (Gál. 3: 28). Aunque el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios cristianos llevarán al hombre y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que cualquiera de ellos trate de "enseñorearse" del otro (ver Col. 3: 18, 19).
17.
Por cuanto obedeciste.
Por primera vez se usa aquí el sustantivo "Adán" como un sustantivo propio sin el artículo -hecho que no se advierte en la VVR, donde ha'adam, en los caps. 2: 19, 23; 3: 8, 9, se traduce como un nombre personal, aunque el artículo, en cada caso, indica que la palabra se usa en el sentido de "el hombre". Antes de pronunciar sentencia, Dios explicó por qué ésta era necesaria y adecuada. Adán había procedido de acuerdo con los persuasivos argumentos de Eva, poniendo la palabra de ella por encima de la de Dios. Así había retirado de Dios su afecto supremo y lealtad, perdiendo legalmente las bendiciones de la vida y aun la vida misma. Al exaltar su voluntad por encima de la voluntad de Dios, Adán debía aprender que independizarse de Dios no significa colocarse en una esfera más excelsa de existencia sino separarse de la Fuente de la vida. De ahí que la muerte le mostraría la completa falta de valor de su propia naturaleza.
Maldita será la tierra.
Debiera notarse otra vez que Dios no maldijo ni a Adán ni a su esposa. Tan sólo fueron pronunciadas maldiciones sobre la serpiente y la tierra. Pero Dios dijo a Adán: "Maldita será la tierra por tu causa".
Con dolor comerás.
La misma palabra que había sido usada para expresar los sufrimientos relacionados con el parto, ahora se usa para informar a Adán de las dificultades que encontraría al sacar a duras penas un mísero sustento de la tierra maldita. Mientras viviera allí, no tendría esperanza de que se aliviara esto. La expresión "todos los días de tu vida" es la primera indicación de que vendría con seguridad la muerte aunque ese hecho se pospondría por un tiempo.
18.
Espinas y cardos.
Antes de la caída, la tierra producía sólo plantas que eran útiles como alimento o bellas para recrear la vista. Ahora había de producir también "espinas y cardos" (EC 307). El trabajo aumentado, necesario para cultivar la tierra, incrementaría la aflicción de la existencia del hombre. Tenía que aprender, por amarga experiencia, que la vida apartada de Dios, en el mejor de los casos, es dolor y aflicción.
Comerás plantas.
El castigo divino implicaba también un cambio parcial en el régimen alimentario. Es evidente que debemos deducir que los cereales, frutas oleaginosas y otras frutas que recibió el hombre originalmente se redujeron tanto en cantidad y calidad, como resultado de la maldición, que el hombre se vio obligado a recurrir a las plantas para su alimento diario. Este cambio también podría haberse debido, en parte, a la pérdida de ciertos elementos procedentes del árbol de la vida, a un cambio en el clima y quizá, principalmente, a la sentencia del duro trabajo del hombre para ganarse el sustento.
19.
Con el sudor de tu rostro.
Se expresa ahora vívidamente el arduo esfuerzo que había de añadirse a la gravosa vida del hombre. Esto se refiere específicamente al agricultor que debe vivir arrancando de una tierra maldispuesta el alimento para sí mismo y su familia, pero se aplica igualmente para todos los otros oficios. Desde la caída de Adán, todo lo que gane el hombre se puede alcanzar sólo mediante un esfuerzo. Con todo, debiera reconocerse que este castigo fue en realidad una bendición disfrazada para los seres pecadores. Cuando un hombre trabaja, es mucho menos probable que peque que cuando pasa sus días en la ociosidad. El esfuerzo y el trabajo desarrollan el carácter y le enseñan humildad al hombre y cooperación con Dios. Esta es una razón por la que la iglesia cristiana generalmente ha encontrado sus más leales adherentes y sustentadores en la clase trabajadora. El trabajo, aun cuando sea arduo, no debiera ser despreciado, porque "hay una bendición en él".
Hasta que vuelvas a la tierra.
El Señor 247 informó a Adán que la tumba era su destino cierto. Así entendió el hombre que el plan de la redención (vers. 15) no impediría la pérdida de su vida actual, sino que le ofrecía la seguridad de una vida nueva. Con el cambio ocurrido en la naturaleza de Adán y Eva -de inmortalidad condicional a mortalidad- comenzó el cumplimiento de la horrenda predicción: "El día que de él comieres, ciertamente morirás". Dios, obrando con misericordia, concedió al hombre un tiempo de gracia; de lo contrario la muerte habría ocurrido inmediatamente. La justicia divina requería que el hombre muriera, pero la misericordia divina le concedió la oportunidad de vivir.
20.
Llamó Adán el nombre de su mujer, Eva.
Este versículo no es una confusa interpolación introducida en el contexto del relato de la caída y sus consecuencias, tal como sostienen algunos comentadores. En cambio muestra que Adán creía en la promesa concerniente a la "simiente" de la mujer, creencia que se revela en el nombre que dio a su esposa.
Eva, jawwah. Jawwah significa "vida". La LXX traduce esta palabra como zoé. El término jawwah es una antigua forma semítica que también se encuentra en arcaicas inscripciones fenicias; sin embargo ya no se usaba en hebreo en el tiempo cuando se escribió el Pentateuco. Se ha considerado esto como una indicación de que Adán hablaba un antiguo idioma semítico. Si Moisés hubiese usado un equivalente hebreo de su época, habría escrito el nombre de la mujer jayyah, en vez de jawwah; pero al dar el nombre usando una palabra arcaica, revela que su conocimiento se remonta al pasado remoto. La palabra jawwah fue transliterada Eua en Gén. 4:1, en la LXX. De allí viene nuestra palabra "Eva".
Ella era madre.
Adán dio a su esposa el nombre de "la que vive". Lo hizo por fe, porque veía en ella a la "madre de todos los vivientes", en un momento cuando su sentencia de muerte acababa de ser pronunciada. También contempló más allá de la tumba, y vio en la simiente prometida a su mujer a Aquel que devolvería a ellos y a sus descendientes la inmortalidad que habían perdido legalmente ese día. En vez de llamarla con melancolía y desesperación -como podría esperarse debido a las circunstancias- "la madre de todos los sentenciados a muerte", él fijó los ojos por fe en su Juez, y antes de que ella diera a luz su primogénito, la llamó con esperanza "la que vive". Ciertamente, la fe fue para él "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Heb. 11: 1).
21.
Túnicas de pieles.
Antes de expulsar a Adán y a Eva del huerto, Dios les proporcionó vestimentas más durables, adecuadas para el trabajo físico que en adelante sería su ocupación, y como protección contra los cambios de temperatura del ambiente que seguirían a la caída (PP 46). También las pieles eran un recordativo constante de su perdida inocencia, de la muerte como la paga del pecado y del prometido Cordero de Dios quien, por su propia muerte vicaria, quitaría los pecados del mundo. El que había sido comisionado como protector de los animales creados, desgraciadamente ahora se encontró quitando la vida de uno de ellos. Estos debían morir para que él viviese.
El servicio de sacrificios, aunque no se menciona específicamente aquí, fue instituido en ese tiempo (PP 54; cf. DTG 20). El relato de los sacrificios de Caín y Abel, narrado en el capítulo siguiente, muestra que los primeros hijos de Adán y Eva estaban bien familiarizados con ese ritual. Si Dios no hubiera dictado reglamentaciones definidas respecto de los sacrificios, habría sido arbitraria su aprobación de la ofrenda de Abel y su desaprobación de la de Caín. Al no acusar Caín a Dios de parcialidad, ponía en evidencia que tanto él como su hermano sabían lo que era requerido. La universalidad de los sacrificios de animales en los tiempos antiguos señala el origen común de esa práctica.
22.
Como uno de nosotros.
El hombre se había enterado de su castigo y del plan de redención, y se le habían proporcionado vestimentas. Por su desobediencia había conocido la diferencia entre el bien y el mal, al paso que Dios había procurado que obtuviera ese conocimiento mediante su espontánea cooperación con la voluntad divina. La promesa de Satanás de que el hombre llegaría a ser "como Dios" tan sólo se cumplió en que el hombre ahora conocía algo de los resultados del pecado.
Alargue su mano.
Inmediatamente después de la caída fue necesario evitar que el hombre continuara comiendo el fruto del árbol de la vida, para que no se convirtiera en un pecador inmortal (PP 44). Por el pecado, el hombre había caído bajo el poder de la 248 muerte. De manera que el fruto que producía la inmortalidad ahora sólo podía provocarle daño. La inmortalidad experimentada en un estado de pecado, y por lo tanto en una desventura eterna, no era la vida que Dios concibió para el hombre. Negar al hombre acceso a ese árbol vivificador fue tan sólo un acto de misericordia divina que quizá Adán no apreció plenamente en ese tiempo, pero por el cual estará agradecido en el mundo venidero. Allí comerá eternamente del árbol de la vida por tanto tiempo perdido ( Apoc. 22: 2, 14). Al participar de los emblemas del sacrificio de Cristo, tenemos el privilegio de comer por fe del fruto de aquel árbol, y de vislumbrar confiadamente el tiempo cuando podamos arrancar y comer su fruto con todos los redimidos en el paraíso de Dios (MM 366).
24.
Echó, pues, fuera al hombre.
Al expulsar a Adán y a Eva del Edén y al enviarlos a ganarse la vida con el sudor de su frente, Dios realizó lo que debe haber sido para él, tanto como para Adán, un triste deber. Aun después de haber talado las selvas primitivas, siempre habría una lucha perpetua contra malezas, insectos y animales salvajes.
Querubines.
No es claro el origen del sustantivo "querubín", pero la palabra querubín está probablemente relacionada con la palabra asiria karábu, "bendecir" u "orar". La Biblia presenta a los querubines como pertenecientes a la clase de seres que llamamos ángeles, especialmente los que están cerca de Dios y de su trono (Eze. 9: 3; 10: 4; Sal. 99: 1). Por eso las figuras de los querubines habían de estar encima del arca y en las cortinas del tabernáculo (Exo. 25: 18; 26: 1, 31) y más tarde fueron esculpidos en las paredes y puertas del templo (1 Rey. 6: 29, 32, 35).
Una remembranza de seres celestiales que custodian el camino al árbol de la vida quizá se ha conservado en la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés, quien salió en procura de la "hierba de la vida", o inmortalidad. Del lugar donde había de encontrarse la "hierba de la vida", la epopeya informa que "hombres como escorpiones vigilan su portón, cuyo terror es terrible, el contemplarlos es muerte; su pavorosa gloria derriba montañas". Los palacios asirios eran custodiados por grandes colosos alados llamados káribu, medio toros y medio hombres, tal vez una adulteración pagana del registro de los guardianes del paraíso instituidos por Dios, En los templos egipcios se encuentran numerosas representaciones de querubines, criaturas similares a seres humanos, con sus alas extendidas para proteger el sagrario de la deidad.
Una espada encendida.
La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina. Como tal, la Shekinah, gloria de Dios, aparecía entre los dos querubines, uno a cada lado del propiciatorio que cubría el arca del pacto en el lugar santísimo (ver Exo. 25: 22; Isa. 37: 16; DTG 429; PP 360; CS 26). La frase "una espada encendida" es más bien una traducción inexacta del hebreo que dice literalmente "un fulgor de la espada". No había ninguna espada literal que guardara el portón del paraíso. Más bien había lo que parecía ser el centelleante reflejo de luz de una espada "que se revolvía por todos lados" con gran rapidez, haciendo refulgir dardos de luz que irradiaban de un centro intensamente brillante. Además la forma del verbo hebreo, mithhappéketh, traducido en la VVR "se revolvía por todos lados", significa en realidad "dándose vuelta a todos lados". Esta forma verbal se usa exclusivamente para expresar una acción reflexiva intensa y, en este caso, necesariamente significa que la "espada" parecía girar sola sobre sí misma. Esta radiante luz viviente no era sino la gloria de la Shekinah, la manifestación de la presencia divina. Ante ella, durante siglos, los leales a Dios se reunían para adorarle (PP 46, 69-71).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-24 PP 34-47; SR 32-41
1 CS 559, 586; DTG 93; 1JT 123; PP 36; SR 32; 5T 384, 504
1-5 CH 108, 109; CS 610; PP 36; 5T 503
1-8 CM 14; MC 334
2-5 CS 586; SR 33
3 Te 251
3-5 Ed 21
4 CS 588, 594; ECFP 87; Ev 434; 1JT 100, 118, 120, 488; PE 218; PP 83; SR 388; 3T 72
4, 5 CS 618; PP 740; PVGM 92; SR 398
4-6 1JT 497; 1T 565; 3T 455 249
5 CM 275; CS 587, 594; Ed 22; FE 437; 1JT 177; 2JT 307, 335; PR132; SR 395; 5T 625 PP 83; SR 388; 3T 72
5, 6 EC 17
6 CH 108,111, 409; CRA 171; CS 587; DMJ 49; DTG 9 1; Ed 21; Ev 443; FE 446, 471; 1JT 4129 417, 422,427, 511; 2JT 430; 3JT 268; MeM 333, 366; MJ 67, 73; MM 93; OE 274; PE 125, 147, 218; 3T 72, 161, 324; 4T 573; 5T 504; Te 13, 15, 19, 242
7 MC 366; MeM 321; PP 26, 40; PVGM 295, 296
8 CC 15
8-12 PP 41
9-14 SR 39
12, 13 CC 39; 5T 638
13-16 PP 41
15 CS 559, 561; DTG 23, 361 789 891 5321 618; Ed 23; FV 74; HAp 180; 1JT 590, 591; 3JT 430; PE 177; PP 51, 62. 386; PR 502, 505, 517; Te 244, 252
16 1JT 413; PP 42
17 CC 8
17, 18 Ed 97; MC 228; PVGM 272; 8T 256
17-9 Ed 22; PP 31, 43; SR 40
18, 19 FE 13; 3JT 430
19 CM 209; CS 587, 588; FE 314, 326; HAd 23; 2JT 48; PP 511 2T 529
21 PP 46; SR 46
22, 23 TM 130
23 MeM 173; SR 46
23, 24 Ed 22; PE 51, 218
24 CS 565, 589; 2JT 374; MeM 366; PP 44, 46, 70, 71, 126, 148; SR 388; TM 131