EXODO

CAPÍTULO 4

1 La vara de Moisés se transforma en serpiente. 6 Su mano se llena de lepra. 10 Se resiste a ir. 14 Aarón es designado como su ayudante. 18 Moisés se va de la casa de Jetro. 21 Mensaje de Dios para Faraón. 24 Séfora circuncida a su hijo. 27 Aarón es enviado al encuentro de Moisés. 31 El pueblo le cree.


1ENTONCES Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.
2 Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.
3 El le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella.
4 Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano.
5 Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
6 Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve.
7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne.
8 Si aconteciera que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera.
9 Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra.
10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.
11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?
12 Ahora pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.
13 Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.
14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.
15 Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.
16 Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.
17 Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.
18 Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Vé en paz.
19 Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Vé y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.
20 Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.
21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.
22 Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.
24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.
25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.
26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.
27 Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a 526 Moisés al desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó.
28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado.
29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.
30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo.
31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

COMENTARIO BILBICO ADVENTISTA
1.
Ellos no me creerán.
La pregunta previa de Moisés, después de la promesa de Dios de dirección y protección (cap. 3: 13), había implicado disposición para ir y un deseo de mayor información. Ahora parece que Moisés todavía se oponía mucho a la idea de aceptar la comisión. Se ha procurado defenderlo explicando lo que él quiso decir: "¿Qué sucedería si el pueblo no me creyera ... ?" Pero su declaración es enfática y no puede ser traducida ni explicada en esa forma. Es concebible que, desde que Jacob entró en Egipto más de dos siglos antes, ninguna revelación divina había sido impartida a Israel y, por lo tanto, fácilmente pudo haber surgido la duda en cuanto a la validez de la pretensión de Moisés de haber recibido una comisión divina.
3.
Se hizo una culebra.
Puesto que la fe de Moisés no era todavía lo suficientemente fuerte como para depender de la señal futura prometida (cap. 3: 12), Dios le proporcionó inmediatamente señales por las cuales pudiera demostrar la legitimidad de su misión. Estas tres señales tenían el propósito de convencer a los israelitas de que Dios se había aparecido a Moisés, pero servían al mismo tiempo para fortalecer la fe de Moisés y disipar su temor del fracaso. Esta habría de ser la evidencia de que Dios había llamado a Moisés para ser el dirigente de Israel y lo había dotado con el poder para desempeñar esa responsabilidad.
4.
Por la cola.
Un encantador de serpientes generalmente las toma por el cuello para que no puedan morderlo. Moisés fue instruido a fin de que mostrara su confianza en Dios tomando la culebra por la cola.
6.
Su mano estaba leprosa.
La lepra estaba considerada como absolutamente incurable. Su aparición instantánea y su desaparición eran contrarias a toda experiencia y se aceptarían como una evidencia de poder sobrenatural. Esta señal también puede haber servido como una admonición de que aquel que resistiera o desobedeciera a Moisés sufriría penosos resultados. Al paso que el propósito del primer milagro fue probar que Moisés era el hombre a quien el Señor había llamado para ser el dirigente de su pueblo, el del segundo fue dejar en claro que, como mensajero de Dios, se le concedía el poder necesario para ejecutar la tarea.
8.
La voz de la primera señal.
Dios personificó estas señales como que tuvieran una "voz", pues habían de dar testimonio de él en la persona de su instrumento escogido. De acuerdo con la Escritura, todo tiene una "voz", si tan sólo escuchamos con nuestro corazón: el día, la noche, los cielos, las bestias, las aves del aire, los peces y aun las mismas piedras. Ellos claman en voz alta y levantan su voz proclamando la voluntad de su Hacedor, sea que el hombre escuche o no escuche (Sal. 19: 1-3; Job 12: 7, 8; Hab. 2: 11; Luc. 19: 40).
9.
Las aguas.
Los egipcios adoraban el Nilo como la fuente de la prosperidad nacional. El poder para convertir en sangre el agua vivificadora del Nilo implicaría poder sobre los dioses de Egipto y para desolar la tierra de Egipto. Por esta señal Israel había de aprender a confiar en Dios, al mismo tiempo que, también por ella, Faraón y los egipcios serían después inducidos a temerlo (cap. 7: 15-19). Así Moisés no sólo llegó a ser depositario de la palabra de Dios sino que también fue dotado con su poder. Fue el primer profeta y hacedor de milagros enviado por Dios a su pueblo y así llegó a constituirse en un símbolo de Cristo(Deut. 18: 15; Juan 1:45; Hech. 3: 22).
10.
Nunca he sido hombre de fácil palabra.
En vista de las promesas de Dios para facilitar su misión, parece injustificable que aquel que había sido "poderoso en sus palabras y obras" (Hech. 7: 22) pretendiera tener dificultad para hablar. Su larga ausencia de Egipto y el hecho de que no había hablado el egipcio durante su permanencia en Madián sin duda lo hicieron sentirse descalificado para ir delante de Faraón; pero debiera haber estado listo para confiar en Dios. Se ha sugerido que Moisés temía hablar en hebreo porque 527 había estado viviendo entre los medianitas. Pero ésta no puede haber sido la razón ya que las inscripciones madianitas difieren muy poco del antiguo hebreo. La tradición judía de que Moisés tenía dificultad para pronunciar ciertas letras hebreas tampoco tiene base.
12.
Yo estaré con tu boca.
Dios pacientemente razonó con Moisés como con un amigo. El que había hecho la boca del hombre ciertamente podía impartir la habilidad de hablar con fluidez.
13.
Envía, te ruego.
Cuando fueron refutadas todas las excusas que pudo presentar Moisés, resultaron evidentes sus motivos ocultos. Lo que al principio había parecido ser duda en cuanto a su propia habilidad se reveló ahora como desconfianza en Dios (vers. 19). Rehusó ir por propósitos prácticos. Su corta y casi ruda respuesta ante la comisión divina es aún más enfática en hebreo que en castellano.
14.
Jehová se enojó.
La expresión usada es vigorosa pero probablemente sólo significa que Dios estaba disgustado. Tan sólo castigó a Moisés dividiendo entre los dos hombres la responsabilidad que Moisés iba a llevar solo.
Aarón, levita.
No es claro por qué Dios aquí habló de Aarón como "levita". Algunos han sugerido que había otros del mismo nombre entre los israelitas y que esa designación era necesaria para distinguirlo. Pero no es claro por qué las palabras "tu hermano" no habrían sido suficientes en este caso. Otros han pensado que la designación anticipa la futura consagración de su tribu para el servicio especial de Dios.
El saldrá.
Se ha sugerido que Aarón había hecho planes para visitar a Moisés en Madián a fin de informarle de la muerte del rey de quien había huido (cap. 2: 15, 23). Cualesquiera hubieran sido las circunstancias, Aarón no comenzó su viaje hasta que Dios le ordenó que fuera (cap. 4: 27).
16.
El hablará por ti.
Dios prometió estar con ambos: con Moisés para que pudiera expresar con exactitud lo que Dios le reveló, y con Aarón para que pudiera hablar clara y persuasivamente. Era más honorable la posición de Moisés, aunque la de Aarón le hubiera parecido superior al pueblo.
En lugar de Dios.
En el pasaje del cap. 7: 1 Dios prometió a Moisés que su hermano sería su profeta o portavoz. La inspiración divina habría de descansar sobre Moisés. Aarón aceptaría las palabras de Moisés como palabras de Dios y haría todo lo que Moisés le ordenara.
17.
Tomarás en tu mano esta vara.
A Moisés se le ordenó que no tomara cualquier vara sino la que ya se había transformado en serpiente. El plural "señales" indica las plagas que habrían de caer sobre Egipto, puesto que tan sólo una de las tres señales que hasta entonces se le habían dado habría de ser realizada con la vara.
18.
Iré ahora.
Moisés no mencionó a Jetro el verdadero objeto de su viaje por temor de que Jetro rehusara dar permiso a su esposa e hijos para que lo acompañaran, y posiblemente también porque un informe de su regreso a Egipto podría llegar hasta la corte antes de que estuviera listo para presentarse allí, haciendo así más difícil su misión.
19.
Vuélvete.
Mientras Moisés hacía los preparativos para volver a Egipto, el Señor se le apareció por segunda vez para confirmarle que no necesitaba temer por su seguridad personal, siendo que habían muerto Faraón y todos los que procuraban matarlo.
20.
Sus hijos.
Moisés tenía dos hijos (cap. 18:3, 4), Gersón, cuyo nacimiento se menciona en el cap. 2: 22, y Eliezer, que probablemente apenas era un niño. Este último parece haber nacido después del regreso de Moisés al hogar de Jetro, puesto que en el cap. 2:22 se habla sólo de un hijo nacido antes de la manifestación divina en el monte Horeb.
Los puso sobre un asno.
Los antiguos egipcios nunca viajaban montados en animales, aunque con frecuencia describían a los extranjeros -especialmente a los niños y a los nobles- viajando en burros. Estas palabras sugieren que Moisés había renunciado a sus antiguos hábitos egipcios y había adoptado las formas semíticas de vida.
La vara de Dios.
La vara de Moisés (cap. 4: 2) se había convertido en la "vara de Dios" como resultado de los milagros registrados en los vers. 3 y 4.
21.
Todas las maravillas.
Una vez más Dios se le apareció a Moisés, ya fuera antes de que saliese de Madián o en el camino a Egipto. En esta ocasión Dios le impartió a Moisés informaciones concernientes a lo que debía esperar en Egipto. La expresión "todas las maravillas" no se refiere únicamente a las tres señales mencionadas en los vers. 2-9, sino a todos 528 los milagros que habría de realizar en la presencia de Faraón.
Endureceré su corazón.
En la parábola de Cristo del sembrador y la semilla no había diferencia entre la semilla esparcida en una clase de tierra y en las otras, ni tampoco en la forma como fue sembrada. Todo dependía de la recepción dada a la semilla por cada tipo de tierra. De la misma manera, el endurecimiento del corazón de Faraón en ninguna manera fue un acto de Dios, sino más bien una elección deliberada de parte del rey (ver PP 272). Mediante repetidas amonestaciones y despliegue del poder divino, Dios envió luz que tenía el propósito de señalarle a Faraón los errores de su conducta, para suavizar y subyugar su corazón e inducirlo a cooperar con la voluntad divina (DTG 289). Pero cada manifestación sucesiva del poder divino lo dejó más determinado a hacer su propia voluntad. Al rehusar ser corregido, despreció y rechazó la luz hasta que quedó insensible a ella, y la luz finalmente le fue retirada. Fue pues su propia resistencia a la luz lo que endureció su corazón. Aun los paganos reconocieron que fueron Faraón y los mismos egipcios quienes endurecieron su corazón, y no Dios (1 Sam. 6: 6).
Los comentadores han diferido mucho en su comprensión del endurecimiento del corazón de Faraón, aquí atribuido a Dios, Hay en conjunto diez declaraciones tales, En ocho de ellas (Exo. 4: 21; 9: 12;10: 20; 27; 11:10; 14: 4, 8, 17) se usa la palabra jazaq, que significa que Dios haría "firme" el corazón de Faraón de modo que no se conmoviera y cambiaran sus sentimientos hacia Israel. En el pasaje del cap. 7: 3 se usa otra palabra hebrea, qasháh, que implica que el Señor haría "duro" o "insensible" el corazón de Faraón. En el pasaje del cap. 10: 1 se usa una tercera palabra, kabed, la cual significa que Dios había hecho "pesado" el corazón de Faraón, o insensible a la influencia divina, Que las diferentes palabras se usan más o menos indistintamente resulta evidente por el estudio del contexto.
Hay también diez declaraciones que indican que Faraón endureció su propio corazón. En cuatro de ellas (caps. 7: 13, 22; 8: 19; 9: 35) se usa la palabra jazaq, "hacer firme", en cinco (caps. 7: 14; 8: 15, 32; 9: 7, 34) la palabra kabed, "hacer pesado", y en una (cap. 13: 15) la palabra qasháh, "hacer duro". El endurecimiento del corazón de Faraón fue evidente, en primer lugar, porque no prestó atención a la demanda del Señor de que dejara ir a Israel. Su negativa no sólo se expresó durante las plagas que pudieron imitar los magos de Egipto, sino también durante aquéllas que los magos mismos reconocieron que eran "dedo de Dios" (cap. 8: 19). Continuó también después de que cayeron sobre los egipcios y no sobre el pueblo de Israel, la cuarta y la quinta plagas, un hecho del que fue informado el rey (cap. 9: 7). El endurecimiento de su corazón se demostró aún más claramente cuando quebrantó su promesa de dejar salir a Israel bajo la condición de que Moisés y Aarón eliminarían la plaga, y cuando se vio forzado a confesar que había pecado (cap. 9: 27). De modo que cuando se le dijo a Moisés, antes de llegar a Egipto, que el Señor endurecería el corazón de Faraón (cap. 4: 21), Dios se refirió a la continua negativa del rey de obedecerle y dejar salir a los israelitas.
Dios no se complace con el sufrimiento y muerte de los impíos, sino que desea que todos se arrepientan y se salven (Eze. 33: 11; 1 Tim. 2: 4; 2 Ped. 3: 9) y hace que su sol brille sobre los malos y los buenos (Mat. 5: 45). Pero así como el sol afecta los diversos materiales de una manera diferente, de acuerdo con la naturaleza de ellos (derrite la cera y endurece la arcilla, por ejemplo), así también la influencia del Espíritu de Dios sobre los corazones de los hombres produce diferentes efectos de acuerdo con las condiciones del corazón. El pecador arrepentido permite que el Espíritu de Dios lo conduzca a la conversión y a la salvación, pero el impenitente endurece más y más su corazón. La mismísima manifestación de la misericordia de Dios, en el caso de uno, conduce a la salvación y la vida, y en el caso del otro, al juicio y a la muerte; a cada uno de acuerdo con su propia elección.
22.
Israel es mi hijo.
Al declarar que Israel es el primogénito de Dios, Moisés había de usar un lenguaje familiar al rey de Egipto. Cada faraón se consideraba a sí mismo el hijo del dios-sol Amón Ra.
23.
Yo voy a matar a tu hijo.
Para el cumplimiento de esta predicción véase el pasaje del cap. 12: 29. Moisés no pronunció esta amenaza hasta que se habían agotado todos los otros medios de persuasión, cuando supo que se entrevistaba por última vez con el rey (caps. 10: 29; 11: 4, 5; PP 278). Al proceder así, indudablemente llevó a cabo una de las 529 muchas indicaciones especiales recibidas después de su regreso a Egipto (caps. 6: 11; 7: 9, 15, 19, etc.).
24.
En una posada.
Es engañosa la traducción "posada". No había posadas, ni aun caravaneras, en el camino entre Madián y Egipto. La palabra hebrea usada aquí más bien significa "un lugar donde pasar la noche" (cf. Jos. 4: 3, 8; Isa. 10: 29). Se lee en la BJ: "el lugar donde pasaba la noche". El incidente se realizó probablemente cerca de un pozo o abrevadero donde se había detenido la familia por la noche.
Quiso matarlo.
Algunos han pensado que Moisés pasó por una experiencia similar a la de Jacob en Peniel (Gén. 32: 24-32). Otros han sugerido que le sobrevino una súbita y grave enfermedad, que él y Séfora reconocieron como un castigo de Dios por no haber cumplido con sus órdenes. En realidad, un ángel se le apareció a Moisés de una manera amenazadora, como si hubiera intentado matarlo (PP 261).
25.
Séfora tomó un pedernal afilado.
Los cirujanos de Egipto comúnmente usaban cuchillos de piedra. De acuerdo con Jos. 5: 2 también había los instrumentos usuales para realizar el rito de la circuncisión.
Cortó el prepucio.
Moisés volvió a Egipto con sus dos hijos (Exo. 4: 20). Evidentemente Gersón, el mayor, había sido circundado de acuerdo con las instrucciones de Dios a Abrahán (Gén. 17: 10-14). Este rito había sido descuidado en el caso de Eliezer, el menor (PP 261). No creyendo en la necesidad de la circuncisión, Séfora había resistido la intención de su esposo de circuncidar a Eliezer en el tiempo señalado. La aparición del ángel puso de manifiesto que su oposición no excusaba a Moisés de la administración del rito. Ahora, cuando la vida de su esposo estaba en peligro, ella sintió la necesidad de llevar a cabo la operación por sí misma.
Esposo de sangre.
Estas palabras son claramente una expresión de reproche. Muestran que Séfora llevó a cabo el rito a regañadientes, no por un deseo de obedecer a Dios sino por necesidad, para salvar la vida de su esposo. Parece que quiso decir que Moisés era un esposo de tan baja ralea, que se necesitaba derramar la sangre de su hijo para cumplir con una costumbre nacional que ella consideraba como bárbara.
26.
Le dejó luego ir.
Dios aceptó el tardío proceder de Séfora y restauró a Moisés.
A causa de la circuncisión.
Cuando el ángel liberó a Moisés, Séfora repitió sus palabras de reproche, añadiendo como explicación literalmente: "A causa de la circuncisión". Puede haber pensado en aquella a la que fue sometido Gersón en Madián y en la de Eliezer.
27.
Ve a recibir a Moisés al desierto.
Esta instrucción para Aarón debe haberle sido dada algún tiempo antes de que Moisés saliera de Madián, pues se encontraron en Horeb, en el corazón de la península del Sinaí (ver com. de cap. 3:1), poco después de que Moisés dejara la casa de su suegro. También es cierto que las instrucciones dadas a Aarón fueron más completas de lo que indica el breve registro del Exodo. Siendo que el desierto se extendía desde el límite de Egipto, a través de la península del Sinaí, y penetraba en Arabia, Dios debe haberle indicado precisamente el camino que debía seguir a fin de encontrarse con su hermano.
29.
Todos los ancianos.
En cuanto a los ancianos, ver com. de cap. 3: 16. Aunque Moisés y Aarón no tenían autoridad para convocar a los que eran cabezas de tribus y familias, esos hombres respondieron a su invitación.
30.
Habló Aarón.
Aarón actuó inmediatamente de acuerdo con los deberes de su oficio como portavoz (vers. 16), declarando a los ancianos que Dios había llamado a su hermano para llevar a cabo su liberación. También Aarón -y no Moisés como lo hubiéramos esperado (vers. 17)- realizó las señales (PP 267). Indudablemente Dios ordenó o aprobó esta delegación de autoridad. En ocasiones posteriores, hallamos que más de una vez Dios le pidió a Aarón que obrara los milagros (caps. 7: 19; 8. 5, 16).
31.
El pueblo creyó.
Esta fue otra evidencia del favor divino. Resalta en marcado contraste con la actitud de indiferencia usual en los israelitas, que con tanta frecuencia "no habían creído a Dios, no habían confiado en su salvación" (Sal. 78: 22). Su anhelo de liberación y esas manifestaciones de poder milagroso lograron una respuesta favorable de los ancianos.
Se inclinaron.
La fe del pueblo y la forma de culto en que se expresó demostraron que la promesa de Dios hecha a los padres todavía vivía en su corazón. Aunque su fe no soportó 530 la prueba siguiente, con todo, como primera expresión de sus sentimientos, dio testimonio de que Israel estaba dispuesto a obedecer el llamamiento de Dios.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-31 PP 258-262
1, 3, 4 PP 259
6-8 PP 259
10 4T 314
10-14 PP 259
14 PP 332
15-17 PP 260
16 CV 102
18 PP 260
19 SR 111
21 PP 273
22, 23 DTG 35; PP 279
24 PP 261
25, 26 PP 261
27-31 PP 262