Primera Epístola del Apóstol San Pablo a los TESALONICENSES


CAPÍTULO 2
1 Cómo fue llevado y predicado el Evangelio a los tesalonicenses, y cómo fue recibido. 18 Razón por la cual Pablo estuvo ausente de ellos y por qué sentía tantos deseos de verlos de nuevo.


1 PORQUE vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana;
2 pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición.
3 Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño,
4 sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.
5 Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo;
6 ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.
7 Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.
8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.
9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.
10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;
11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,
12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.
13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.
14 Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos,
15 los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres,
16 impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.
17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro;
18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó.
19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?
20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo. 240

1.
Vosotros mismos.
Pablo se extiende ahora en el razonamiento ya comenzado (cap. 1: 5). Otros voluntariamente habían testificado del formidable éxito de la obra de Pablo y sus colaboradores en Tesalónica (ver com. cap. 1: 9); pero el apóstol ahora recurre extensamente a lo que recordaban los mismos tesalonicenses. Cada ministro del Evangelio debe comportarse de tal manera que pueda basarse en el testimonio de sus feligreses si es atacado calumniosamente.
Visita.
Es decir, la visita evangelizadora de Pablo y sus compañeros (cf. Hech. 17: 1-4; 1 Tes. 1: 9). Los conversos de Tesalónica conocían mejor que nadie lo que significó esa visita misionera en sus propias vidas.
Vana.
O "vacía" (ver com. 1 Cor. 15: 10). Los cristianos tesalonicenses eran una prueba inequívoca de la verdad de lo que decía Pablo.
2.
Habiendo antes padecido.
Probablemente sólo unos pocos días después de que Pablo y Silas fueran azotados en Filipos, comenzaron su obra en Tesalónica (ver com. Hech. 17: 1).
Ultrajados.
Muchos de los creyentes sin duda habían presenciado los latigazos de los romanos (cf. Gál. 6: 17). El apóstol sintió profundamente la injusticia del ultraje que sufrieran públicamente al ser azotados, siendo ciudadanos romanos, sin un juicio previo (ver com. Hech. 16: 37).
Tuvimos denuedo.
Gr. parr'siázomai, "hablar con franqueza", "tener valor", "aventurarse a". Después de un castigo tan terrible como el que los evangelistas habían soportado, unos impostores (ver com. vers. 3) no hubieran tenido valor para continuar inmediatamente su obra en un lugar cercano.
En nuestro Dios.
Pablo reconoce que su osadía no era el resultado de un valor natural; provenía de Dios. Los apóstoles estaban predicando "el Evangelio de Dios", y el Señor mismo les había proporcionado el valor necesario para su intrépida proclamación.
Evangelio de Dios.
Es decir, el Evangelio que tiene su origen en Dios.
Gran oposición.
Mejor "en mucho conflicto" (ver com. Fil. 1: 30). Quizá sea una referencia a una lucha interna, como en Col. 2: 1.
3.
Exhortación.
Gr. parákl'sis, "consuelo", "consolación" (ver com. Rom. 12: 8, 15: 4; Fil. 2: 1). Una referencia a la predicación de los evangelistas. El Evangelio presentado por los apóstoles en la forma más atrayente posible produjo consuelo en los gentiles, que habían vivido en un paganismo sin esperanza, y tuvo influencia en sus corazones y en sus mentes.
No procedió de error.
Pablo niega categóricamente las calumniosas acusaciones de sus enemigos, quienes los acusaban de ser ilusos, de estar movidos por motivos siniestros y de usar métodos solapados. El y sus compañeros no eran fanáticos extraviados. Su predicación no provenía de engaños o de doctrinas erróneas. Por el contrario, se basaba en la infalible Palabra de Dios. En su interpretación de esa Palabra eran guiados por el Espíritu de verdad.
Impureza.
Gr. akatharsía, "impureza", vocablo usado comúnmente para referirse a falta de castidad (ver com. Rom. 1: 24). Sin embargo, muchos intérpretes piensan que aquí se usa en sentido figurado: impureza mental, vileza de motivos, es decir, codicia. Pablo y sus compañeros no eran movidos por codicia o voracidad.
Engaño.
Gr. dólos (ver com. Rom. 1: 29). Aquí se trata de la forma de trabajar. El mensaje no fue dado en una forma engañosa sino con plena sinceridad. El "verdadero israelita" no tiene engaño en su boca (Juan 1: 47; Apoc. 14: 5).
4.
Aprobados.
Gr. dokimázÇ (ver com. Rom. 2: 18; Fil. 1: 10). Otra flexión de este verbo se ha traducido como "prueba" al fin de este versículo.
Para que se nos confiase.
Los corazones de los apóstoles habían sido juzgados o probados por Dios, y ellos habían sido aprobados o considerados idóneos para que se les confiara la responsabilidad de presentar el mensaje evangélico. Pablo consideraba esa mayordomía como un depósito sagrado, un "tesoro en vasos de barro" (2 Cor. 4: 7). Predicaba consciente de que estaba ocupado con el mensaje de Dios para los hombres, un mensaje para el cual Dios lo había escogido en forma especial (Hech. 9: 15; 2 Cor. 3: 5-6).
No como para agradar a los hombres.
El apóstol estaba tan empeñado en agradar a Dios, que cumplía con su misión prestándole muy poca atención a las opiniones de los hombres (ver 1 Cor. 4: 3-4, Gál. 1: 10). Esto no quiere decir que no tenía en cuenta los sentimientos o prejuicios de los hombres, pues era cuidadoso en no ofender a nadie innecesariamente (ver 1 Cor. 9: 19-23). Su propósito no era agradar a los hombres para ganárselos por engaño, sino que quería tener la 241 aprobación de Dios y atraerlos a su Hacedor.
Prueba nuestros corazones.
Ver com. "aprobados"; cf. com. Rom. 8: 27.
5.
Palabras lisonjeras.
Para probar que su propósito no había sido agradar a los hombres, Pablo recuerda a sus conversos cuán bien sabían ellos que cuando les habían predicado nunca habían recurrido a lisonjas para hacer que el Evangelio fuera aceptable. En las vidas de los tesalonicenses se necesitaba una obra radical de reforma. Las lisonjas habrían fomentado su complacencia propia e impedido ver sus necesidades. Estos apóstoles de Cristo no predicaban cosas halagüeñas como lo hacían los falsos profetas (ver Isa. 30: 10; Eze. 13: 10).
Ni encubrimos.
Gr. prófasis, "pretexto". Ver com. Fil. 1: 18. "Ni con pretextos" (BJ). Los apóstoles no aprovechaban su misión para enriquecerse; al contrario, eran sumamente cuidadosos para no dar ocasión de que se los acusara de avaricia. Pablo podía dar testimonio de que no había codiciado "ni plata ni oro ni vestido de nadie" (Hech. 20: 33; cf. 2 Con 12: 14).
Dios es testigo.
Un solemne y reverente juramento (cf. com. Fil. 1: 8). Pablo podía recurrir a los recuerdos personales de los tesalonicenses como testimonio de que ni él ni sus compañeros los habían lisonjeado; pero en cuanto a sus motivos, sólo podía recurrir a Dios. De ese modo niega con todo énfasis toda acusación de que él y sus compañeros habían trabajado para beneficiarse con ganancias personales.
6.
Ni buscamos gloria.
Pablo no afirma que nunca recibió gloria u honores de los hombres, sino que nunca los había buscado a propósito. Su vida testificaba en forma consecuente la veracidad de su afirmación (cf. Hech. 20: 19; 2 Cor. 4: 5). Ni los gentiles ni los cristianos podían acusarlo con razón de ser un hombre interesado.
Seros carga.
El griego dice "pudiendo ser"; es decir, teniendo la autoridad de imponerse. "Imponer nuestra autoridad" (BJ, BA); "Presentarnos con autoridad" (BC). Como mensajeros y enviados del Rey celestial, los misioneros eran dignos de respeto y sostén, y podrían haber presentado exigencias muy pesadas.
Apóstoles.
El uso de este título demuestra que Pablo consideraba que Silas y Timoteo también eran miembros del apostolado cristiano (cf. com. Rom. 16: 7; 1 Cor. 4: 9).
7.
Tiernos.
Gr. 'pios, "bondadoso", "considerado". Sin embargo, la evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por n'pios, "niño", "menor". Aunque la evidencia externa se incline por n'pios, el sentido concuerda mejor con 'pios.
Nodriza.
El apóstol, dominado por su amante desinterés, se compara con una nodriza que cuida con todo cariño a sus "hijos" aun cuando no sea la verdadera madre, pues les ha dedicado completamente todo su amor. Los evangelistas no eran exigentes con los tesalonicenses, "como teniendo señorío sobre. . . la grey" (1 Ped. 5: 3), sino que se preocupaban mucho por el bienestar de sus conversos.
8.
Tan grande es nuestro afecto.
Gr. homéiromai, "desear ardientemente", "anhelar". Continúa la figura de la nodriza que amamanta. Se ha destacado la ternura (vers. 7); aquí se pone énfasis en el amor. Así como la nodriza o madre está dedicada a impartir afecto hasta el punto de dar su vida por su "hijo", así también los misioneros estaban dispuestos a darse por entero. El apóstol está descubriendo su corazón y manifestando su profunda dedicación a sus primeros conversos de Macedonia.
Entregaros.
Gr. metadídÇmi, "participar", en el sentido de compartir algo con otro.
Evangelio de Dios.
Ver com. vers. 2.
Vidas.
Los conversos de Pablo no podían dudar de su palabra, pues habían sido testigos de la intrepidez de los misioneros, quienes no habían vacilado en poner en peligro hasta sus vidas.
Muy queridos.
Pablo y sus compañeros les habían cobrado un profundo afecto a los nuevos cristianos a medida que trabajaron en favor de ellos y observaron su firme determinación por Cristo frente a una gran oposición. Este sentimiento se acentuó al orar fervientemente por ellos, primero para que aceptaran el mensaje y después para que pudieran permanecer firmes en la verdad.
9.
Os acordáis.
Pablo recurre a lo que conocían personalmente los tesalonicenses de sus labores entre ellos (cf. vers. 1-2).
Trabajo.
Gr. kópos (ver com. cap. 1: 3).
Fatiga.
Gr. mójthos, "labor dura y difícil", penalidades", "angustia". Kópos y mójthos también se usan una tras otra en 2 Cor. 11: 27 y 2 Tes. 3: 8 (ver com. respectivos).
Trabajando.
Gr. ergázomai, "trabajar", generalmente para recibir pago. Pablo se refiere a su trabajo en la fabricación de carpas 242 (ver com. Hech. 18: 3).
De noche y de día.
Pablo tuvo siempre el propósito de sostenerse a sí mismo, pues había decidido proclamar el Evangelio gratuitamente. No quería que nadie tuviera motivo de acusarlo de que predicaba para beneficiarse materialmente. Trabajaba para no ser una carga para su congregación (ver com. 1 Cor. 4: 12; 2 Cor. 11: 9; 1 Tes. 2: 6).
10.
Vosotros sois testigos.
Después de que el apóstol refuta eficientemente las tres principales acusaciones de sus enemigos- (1) que él y sus compañeros eran unos ilusos fanáticos, (2) que sus motivos eran egoístas e impuros, y (3) que su bondad y aparente solicitud eran sólo para encubrir su engaño (vers. 1-9)- recurre de nuevo a lo que ya sabían los tesalonicenses, recordándoles que eran testigos de la conducta de ellos, sus ministros. Conocían mucho más a los misioneros que sus acusadores; por lo tanto no debían ser impresionados por informes calumniosos.
Y Dios también.
Pablo recurre otra vez a Dios (ver com. vers. 5) para justificar sus motivos, los cuales no podían ser vistos por los hombres. Esto significa que cuando la ocasión lo demande, podemos poner a Dios como testigo de la veracidad de lo que decimos, y que siempre debemos vivir de tal manera que legítimamente podamos recurrir al Señor.
Santa.
Gr. hosíÇs, "piadosamente", "de una manera que agrada a Dios". La vida santa de un verdadero cristiano, su actividad pía y reverente hacia su Hacedor, tiene una profunda influencia en la actitud del creyente para con sus prójimos, los hijos de Dios.
Justa.
Gr. dikaíÇs, "con estricta justicia". Este adverbio es afín del adjetivo díkaios (ver com. Mat. 1: 19).
Irreprensiblemente.
Gr. am'ptÇs, "intachablemente". Adverbio afín del adjetivo ámemptos (ver com. cap. 3: 13).
Nos comportamos.
"Fuimos" o "llegamos a ser"; se usa aquí con el sentido de "actuamos" o "nos comportamos".
11.
Sabéis.
Cf. "os acordáis" (ver coro. vers. 9).
Como el padre.
En el vers. 7 Pablo usa la figura de una madre nodriza para describir la actitud tierna y amante de los evangelistas para con sus conversos; ahora emplea la parte que desempeña un padre piadoso en la crianza de un hijo, como una ilustración de la obra infatigable de ellos en la edificación de la experiencia cristiana de los nuevos conversos. Pablo y sus compañeros exhortaban a todos a ser fieles, reanimaban a los desanimados y solemnemente exhortaban y amonestaban a los que daban señales de estarse apartando; pero todo eso se hacía con ternura y amor.
Exhortábamos y consolábamos.
A esto se añade "os encargábamos" (vers. 12). Estos tres verbos describen los tres principales aspectos de la obra de cada ministro cristiano.
12.
Anduvieseis.
Gr. peripatéÇ (ver com. Efe. 2: 2; cf. Col. 1: 10; 1 Juan 1: 6). El propósito de la continua obra de los apóstoles era capacitar a esos nuevos cristianos para que vivieran vidas dignas de los hijos del Padre celestial. Si se vive de otra manera se deshonra a Dios, y hasta se da motivo para que su nombre sea blasfemado por los incrédulos (cf. com. Rom. 2: 24).
Que os llamó.
Mejor "que os llama", o "que continúa llamándoos". En cuanto al significado del llamamiento de Dios, ver com. Rom. 8: 28, 30; 1 Cor. 1: 9; Gál. 1: 6.
Su reino.
En cuanto a la naturaleza de este reino, ver com. Mat. 4: 17; 5: 3; 6: 10, 13; Mar. 3: 14; cf. com. 1 Cor. 6: 9. Pablo se refiere al reino presente de la gracia de Dios. Cuando los cristianos se convierten, son llamados al reino de la gracia de Dios (ver com. Col. 1: 13).
Gloria.
Ver com. Juan 1: 14; Rom. 3: 23. El reino presente de la gracia culminará con el reino eterno de la gloria de Dios, en el cual entrarán los creyentes con gozo, poseyendo realmente esa ciudadanía cuando Jesús vuelva para congregarlos allí (cf. Mat. 24: 31). Pablo amonesta a los tesalonicenses a vivir de acuerdo con las leyes de este glorioso reino (cf. com. Fil. 3: 20).
13.
Damos gracias a Dios.
Cf. com. cap. 1: 2-3. Pablo estaba seguro de la realidad de la fe inicial de sus conversos, y deseaba impresionarlos para que sintieran esa realidad y no fueran tentados a dudar y a dejar su fe.
Recibisteis.
Esta flexión verbal aparece dos veces en este versículo, pero es la traducción de dos verbos diferentes. El primero, paralambánÇ, significa la recepción externa, el escuchar el mensaje; el segundo, déjomai, se refiere a la recepción interior, a la aceptación del mensaje. "Recibir. . . acogisteis" (BJ); "recibido. . . abrazasteis" (BC); "oír.. acogisteis" (NC).
Palabra de Dios.
Pablo no tenía dudas 243 acerca del origen del mensaje que predicaba: sabía que era de Dios. También había enseñado a los tesalonicenses las Sagradas Escrituras (Hech. 17: 2- 3). Se regocijaba porque habían reconocido la autoridad divina de su mensaje, y cita el reconocimiento de ellos como una causa importante para su propio regocijo.
Actúa.
Gr. energéÇ (ver com. Fil. 2: 13). Cuando la Palabra es aceptada, lleva a cabo en la vida la obra divinamente dispuesta.
En vosotros los creyentes.
La obra eficaz de la Palabra se efectúa en el cristiano por medio de la fe. La Palabra de Dios sólo es de provecho cuando está "acompañada de fe" en los que la oyen (Heb. 4: 2). El Evangelio es "poder de Dios para salvación a todo aquel que cree" (Rom. 1: 16). Pablo dice en una de sus grandes doxologías que Dios puede hacer por nosotros "mucho más. . . de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros" (Efe. 3: 20). También habla de sus propias experiencias, y dice cuánto lucha al predicar con toda la "potencia" que Dios hace que actúe "poderosamente" dentro de él (Col. 1: 29). El gran poder de la Palabra de Dios estaba obrando, en este caso, en los creyentes de Tesalónica, dándoles paciencia en las pruebas y persecuciones.
14.
Iglesias de Dios.
Esta frase, en plural, sólo se encuentra aquí y en 1 Cor. 11: 16; pero el singular es común en el NT (Hech. 20: 28; etc.).
En Cristo Jesús.
Estas palabras demuestran que Pablo se está refiriendo a las iglesias cristianas de origen judío, y no a las sinagogas de los judíos que pensaban que eran la iglesia de Dios. Las iglesias cristianas formadas por judíos habían sufrido terribles persecuciones a manos de los dirigentes judíos, quienes rechazaron el mensaje evangélico (Hech. 8: 1; 9: 1-2). Los tesalonicenses fueron perseguidos por los gentiles instigados por los judíos (Hech. 17: 5-8). Por lo tanto, las dos comunidades cristianas, una en Palestina y la otra en Macedonia, podían simpatizar mutuamente en sus mismos sufrimientos.
Judea.
No es claro por qué Pablo compara a los tesalonicenses con los cristianos de origen judío. Quizá presenta a las iglesias de Judea como un magnífico ejemplo de fortaleza, o tal vez los judíos perseguidores de Tesalónica le hicieron recordar las condiciones similares que había en Palestina. Cualquiera que sea la razón, revela el aprecio que tenía por los creyentes judíos al catalogarlos como modelos que debían imitar las otras iglesias.
15.
Mataron al Señor Jesús.
La iglesia de Tesalónica era una iglesia gentil, pero muchos de sus miembros habían sido prosélitos judíos (ver com. Hech. 17: 4). Esos miembros estaban acostumbrados a buscar a los dirigentes judíos de su ciudad para obtener instrucción religiosa. Podrían haber pensado que algo andaba mal en la enseñanza de Pablo, pues había provocado la ira de los dirigentes religiosos sobre él y sus seguidores. Pero Pablo muestra que su odio era de esperarse, pues "los judíos... mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas" (1 Tes. 2: 14-15, cf. Mat. 23: 31; Hech. 7: 52). El apóstol hace responsables a los judíos de la muerte de Cristo (cf. com. Hech. 2: 23).
Nos expulsaron.
"Nos han perseguido" (BJ); "nos persiguen" (NC). Estas palabras podrían tener una aplicación local o general. Los judíos habían perseguido a Pablo desde el tiempo de su conversión (ver com. Hech. 9: 23), y continuaron con sus malos propósitos contra él y sus compañeros (ver com. Hech. 13: 45). Específicamente, los mismos judíos que ocasionaron perturbaciones en Tesalónica, persiguieron a Pablo, Silas y Timoteo hasta Berea (ver com. Hech. 17: 13).
No agradan a Dios.
La flexión del verbo denota que los judíos no acostumbraban agradar a Dios. Sentían celo por Dios y pensaban que su cruel fanatismo agradaba al Señor (Juan 16: 2); pero su enemistad contra los cristianos era inspirada por la envidia, y ésta fue la que desató, como en todas partes, la persecución en Tesalónica (Hech. 17: 5; 13: 45). Esta conducta sólo podía causar un profundo desagrado divino.
Se oponen.
Los judíos se oponían a todos los demás. Si su celo hubiera tenido la base del amor de Dios, también habrían amado a sus semejantes; pero, al contrario, manifestaban un fanatismo exclusivista. Su proceder hizo que muchos escritores paganos afirmaran que los judíos sentían "sólo odio y enemistad" hacia otras naciones (Tácito, Historias v. 5). Pablo se daba cuenta de que ese odio asumía la terrible forma de tratar de impedir que el Evangelio llegara a los que lo deseaban (cf. vers. 16).
16.
Impidiéndonos.
Gr. kÇlúÇ "estorbar", "impedir", "prohibir". Los judíos eran capaces de recorrer "mar y tierra para hacer un prosélito" (Mat. 23: 15), y se alegraban de que 244 los extranjeros aceptaran el judaísmo; pero hacían todo lo posible por impedir que los cristianos divulgaran las buenas nuevas de la salvación mediante Cristo.
Para que éstos se salven.
Pablo estaba convencido de que la predicación apostólica resultaba en la salvación de los que aceptaban su mensaje. Sabía que no hay salvación sino en Jesucristo (Hech. 4: 12), y también sabía por experiencia personal, que cualquier esfuerzo para propagar el Evangelio atraería la ira de los judíos (cf. Hech. 22: 22).
Colman.
Gr. anapl'róÇ, "llenar plenamente", "llenar hasta el borde". Cuando los judíos rechazaron la salvación en Cristo e impidieron que otros se beneficiaran con el sacrificio del Salvador, llenaron "hasta el borde" la medida de sus pecados (cf. com. Mat. 23: 32).
Siempre.
Los pecados de los judíos aumentaron más y más hasta que la medida de su iniquidad estuvo más que completa, porque mataron a los profetas en los días del AT, porque rechazaron y crucificaron al Señor de los judíos y, finalmente, porque persiguieron tenazmente a los seguidores del Salvador.
Vino.
La consumación de la ira de Dios sobre el pueblo escogido aún era algo futuro (70 d. C.); pero Pablo preveía el camino que significarían los judíos, y por eso hablaba con certeza acerca del fin hacia el cual se apresuraban. Según la profecía del AT (ver com. Dan. 9: 24) y la de nuestro Señor (Mat. 23: 37-39; 24: 15-20), así como por la iluminación del Espíritu Santo, el apóstol podía ver la ira de Dios cayendo ya sobre la nación impenitente. Jerusalén no estaba aún destruida, pero se le había retirado la protección de Dios. Pronto la ciudad sería "hollada", los judíos serían esparcidos, y se cumpliría la profecía del Señor (ver com. Luc. 19: 43-44; 21: 24).
La ira.
Es decir, la ira de Dios (ver com. cap. 1: 10).
Hasta el extremo.
O "al fin".
17.
Separados.
Gr. aporfanízÇ, "dejar huérfano"; "lejos como huérfanos de vosotros" (BC). Después de hablar de los judíos (vers. 15-16), el apóstol retoma el pensamiento de que su amor por ellos no decrece. La palabra griega sugiere la íntima relación familiar que había entre Pablo y sus conversos. Cuando las circunstancias los separaban, cada miembro se sentía como huérfano.
Por un poco de tiempo.
Literalmente "por el lapso de una hora". No se sabe cuánto tiempo transcurrió desde que Pablo se separó de ellos (Hech. 17: 10) y el momento cuando escribió esta epístola; pero deben haber transcurrido varios meses.
Procuramos.
Gr. spoudázÇ, "apresurarse", "afanarse", "ser diligente"; "ansiábamos" (BJ); "nos dimos prisa" (BC); "quisimos ardientemente" (NC). Pablo hacía todo lo posible para visitar de nuevo a los tesalonicenses.
Con mucho deseo.
Pablo asegura a los tesalonicenses que había hecho todo lo posible para volver a ellos. Esta afirmación contrarrestaría cualquier pensamiento que sugirieran los adversarios judaicos, en el sentido de que Pablo deliberadamente se alejaba de Tesalónica. En realidad, la violenta expulsión que alejo a los apóstoles de los nuevos creyentes, aumentó mucho su deseo de regresar a Tesalónica.
18.
Yo Pablo ciertamente.
Pablo se distingue ahora de sus colaboradores, a los cuales siempre ha asociado consigo a través de la epístola. Esto correspondía con la exactitud de los hechos, pues Silas y Timoteo se habían quedado en Berea cuando Pablo fue a Atenas (Hech. 17: 14), y Timoteo había visitado a los tesalonicenses por pedido de Pablo (1 Tes. 3: 1-2). Los tres deseaban regresar, pero el apóstol podía afirmar, hablando por sí mismo, que había trazado planes definidos para hacerlo "una y otra vez" (literalmente "y una vez y dos veces"), o sea vez tras vez. Anhelaba verlos.
Satanás.
El Espíritu Santo había guiado a Pablo en sus viajes misioneros. Antes de pasar a Europa en el viaje que lo llevó a Tesalónica, el apóstol había pensado trabajar en la provincia de Asia, o en Bitinia, pero el Espíritu Santo se lo había impedido (Hech. 16: 6-7); pero no fue el Espíritu Santo el que había expulsado a Pablo y a sus compañeros de Tesalónica y se había opuesto a que regresaran. Esa fue, en realidad, la obra de Satanás, el gran adversario.
Nos estorbó.
Gr. egkóptÇ, "interrumpir", "obstaculizar". En una carrera de carros de dos ruedas, un auriga podía impedir el avance de un competidor; en una carretera moderna, un automovilista egoísta a veces impide el avance del vehículo al que se ha adelantado. Satanás había puesto obstáculos en el camino de Pablo y le impedía regresar a Tesalónica. El apóstol no da ninguna indicación 245 en cuanto a la manera como Satanás lo estorbaba. Pero Satanás sólo puede estorbar, no impedir el triunfo final del Evangelio. El Señor impera, y él y su iglesia finalmente triunfarán.
19.
¿Cuál es nuestra esperanza?
El apóstol llega a la razón suprema de su anhelo de estar de nuevo con los creyentes de Tesalónica. Vivía con la esperanza de presentar a sus conversos ante el Señor Jesús como trofeos de su fiel ministerio. Su esperanza no era vana, pues se daba cuenta de la excelente calidad de la vida cristiana de los tesalonicenses (cf. com. cap. 1: 3-4).
Gozo, o corona.
Ver com. Fil. 4: 1; cf. com. 2 Cor. 1: 14.
Me gloríe.
En el día del triunfo Pablo podría presentar a sus conversos con sano orgullo, regocijándose porque el Señor lo había usado para la salvación de ellos. Estos conceptos de Pablo, expresados en esta ocasión, tendrían un doble efecto sobre sus lectores: (1) los convencería de la sinceridad de su amor por ellos y de su deseo de volverlos a visitar; (2) los animaría a permanecer fieles a pesar de la persecución.
Venida.
Gr. parousía (ver com. Mat. 24: 3).
20.
Vosotros sois nuestra gloria.
En el vers. 19 Pablo ha descrito a sus conversos como su "esperanza", "gozo" o "corona"; aquí los presenta como su "gloria" (u "honor"). Esta era una gran alabanza para los tesalonicenses. Estos creyentes no sólo eran el gozo y la corona del apóstol, sino también su orgullo y deleite. Pablo se gloría por la evidencia de la obra del Espíritu de Dios en ellos. El apóstol podía constantemente regocijarse y agradecer (cap. 1: 2) por la fe, amor y esperanza de los tesalonicenses (cap. 1: 3), y además por su fuerte espíritu misionero (cap. 1: 8). El corazón de Pablo estaba en Tesalónica, por encima y a pesar de todas las dificultades.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
3-8 HAp 208
6, 9 HAp 280
10 Ev 458-459
10-13 HAp 208
12 1T 137
13 PVGM 39
19 CM 217; HAd 252; MJ 20
19-20 DMJ 77; Ed 66; HAp 209; OE 534; PE 61