Primera Epístola Universal de SAN JUAN APÓSTOL

 

CAPÍTULO 3

1 Declaración del gran amor de Dios por nosotros al haces hijos suyos. 3 Por eso debemos guardar sus mandamientos 11 y también amarnos fraternal y mutuamente.
1 MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, Para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
5 Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
6 Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
8 El que practica el pecado es del diablo; porque el peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10 En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano no es de Dios.
11 Porque este es el mensaje que has oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.
12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mando os aborrece.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos, que no ama a su hermano, permanece en muerte.
15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.
16 En esto hemos conocido el amor, que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él;
20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.
21 Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;
22 y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.
23 Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.
24 Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

1.
Mirad.
El apóstol ya ha presentado idea de ser "nacido de Dios" (cap. 2: 29) y explica que este nacimiento se debe a la obra del amor divino. Esto lo induce este amor y la clase de conducta que producir en el creyente. Ahora pide a sus lectores que compartan tos contemplando el incomparable amor del Padre.
Cuál.
Gr. potapós, que originalmente significó "¿de qué país?"; pero que después llegó 667 a significar "¿de qué clase?" o "¿de qué manera?", y que a menudo expresaba asombro (cf. Mat. 8: 27; Mar. 13: 1; Luc. 1: 29). La admiración de Juan no conoce límites al Contemplar la inmensurable altura Y Profundidad y anchura del amor divino.
Amor.
Gr. agáp' (ver com. 1 Cor. 13: 1; cf. com. Mat. 5: 43-44). Sólo se usa 9 veces en los cuatro Evangelios, pero más de 100 veces en el resto del NT. Juan usa agáp' y el verbo afín agapáo "amar", no menos de 46 veces en esta epístola. Se halla tan cautivado por la magnitud del amor divinos que el tema llena su corazón como debe también llenar el de todos los cristianos.
Ha dado.
El pretérito perfecto hace notar que el acto de dar se ha completado pero, continúan sus resultados. Nada puede alterar el hecho de que Dios ha dado su amor a la humanidad en general y a sus hijos espirituales en particular. Los seres humanos pueden responder a ese amor o pueden menospreciarlo; pero Dios, por su parte, lo ha prodigado en forma absoluta sobre su creación.
Padre.
El uso de este nombre familiar naturalmente precede a la mención de los "hijos de Dios".
Llamados.
Este llamado puede no referirse al llamamiento divino en sentido paulino (Rom. 8: 28-30), pero sí es una clara referencia al bondadoso acto de Dios de recibir a los pecadores en su familia y llamarlos sus hijos.
Hijos de Dios.
Ver com. Juan 1: 12. La evidencia textual favorece (cf. P. 10) el añadido de las palabras "y lo somos". Las Palabras adicionales destacan, en armonía con el estilo de Juan (cf. 1 Juan 1: 2), la realidad de la filiación, que no sólo existe en la mente de Dios sino en las vidas de los creyentes.
Por esto.
Lo dicho previamente que Somos hijos de Dios, es la razón por la cual el mundo no reconoce a los cristianos. También se refiere anticipadamente a la afirmación de que el mundo no conoció a Dios.
Mundo.
Aquí se refiere a los que se oponen a Dios (ver com. cap- 2: 15).
Conoce.
Gr.ginsk (ver com. cap. 2: 29). La oración podría parafrasearse así: "El mundo no nos reconoce que nunca ha nido relación personal con Dios". Los amantes del mundo se han negado a conocer al Padre, por lo que es natural que no puedan reconocer a aquellos a quienes Dios llama su hijos, o que no estén dispuestos a hacerlo Cuanto más los hijos de Dios reflejan el carácter divino, más se despierta la ira de los que han rechazado el amor de Dios. Los mundanos tienen múltiples razones para amar a los cristianos debido a la bondad y a la rectitud de sus vidas, pero éstos no deben sorprenderse si son odiados (cf. Mat. 5: 10-12;10: 16-18).
2.
Amados.
Forma muy apropiadas de dirigirse a ellos, pues Juan se está ocupando del amor. Con toda naturalidad usa este término en el resto de la epístola (vers. 21; cap. 4:1, 7,11).
Ahora.
Es ahora, mientras somos imperfectos, mientras aún caemos en el pecado y mientras aún no hemos sido completamente modelados a la semejanza de nuestro Padre, cuando se dice que somos "hijos de Dios" (ver com. Mat. 5: 48). Esto es posible y cierto porque hemos sido aceptados en el Amado y se considera como si ya estuviéramos en el cielo por medio de nuestro Representante (Efe. 1: 5-7; 2: 4-6). La justicia de Cristo ha sido aceptada en lugar de nuestra pecaminosidad (PP 458-459), y estamos delante del Padre revestidos de Cristo en forma tan acabada, que no se nos ve (PVGM 252-254).
Aún.
Semejante cambio aún está en lo futuro (cf. com. 1 Cor. 15: 51-52; Fil. 3: 20-21).
Manifestado.
Cf. com. cap. 2: 28. El apóstol muestra que tiene la certeza de que finalmente habrá perfección de carácter y también corporal.
Cuando él se manifieste.
El texto griego puede traducirse "cuando él aparezca" o "cuando sea manifestado". Teológicamente ambas son aceptables, pues las dos se refieren al mismo evento. CE com. cap. 2:28.
Semejantes a él.
Se refiere al cumplimiento del plan de Dios para el hombre caído: la restauración de la imagen divina. El hombre fue creado a la imagen de Dios (ver com. Gén. 1: 26), pero el pecado destruyó esa semejanza. El propósito de Dios es restaurar esa imagen dándole al hombre la victoria sobre el pecado y sobre toda tentación (ver com. Rom. 8: 29; Col. 3: 10; DTG 28, 355, 767; PVGM 152). La restauración se perfeccionará en el segundo advenimiento (1 Cor. 15: 51-53; Fil.3: 20- 21).
Porque le veremos.
Cuando Jesús estuvo en la tierra, sólo percibieron su Divinidad los que tenían discernimiento espiritual (Mat. 16: 17). La misma condición espiritual existirá en los que vean a Cristo en el último día.
Tal como él es.
Los que vieron a Jesús de 668 Nazaret no contemplaron al Hijo de Dios como es realmente, pues su gloria divina estaba velada por su humanidad (DTG 29). Cuando Cristo venga por segunda vez aparecerá en su gloria (Mat. 25: 31), y los que entonces lo vean contemplarán su verdadero esplendor.
3.
Tiene esta esperanza.
El autor no se refiere a los que vagamente esperan el aparecimiento del Salvador, sino al creyente que con firmeza se aferra a una expectativa claramente definida del regreso de Cristo.
En él.
En Cristo. Juan está escribiendo de la esperanza que se centra en Jesús, y no de la esperanza que anida en el corazón humano.
Se purifica.
Gr. hagnízÇ, "limpiar de contaminación", "purificar". Este vocablo se aplica a la limpieza ceremonial y a la limpieza moral (Juan 11: 55; Hech. 21: 24, 26; 24: 18; Sant. 4: 8; 1Ped. 1: 22). El pecador no puede limpiarse a sí mismo; está vendido a la esclavitud del pecado y para su purificación depende completamente del Salvador (Jer. 17: 9; Juan 3: 3; 15: 4-5; Rom. 8: 7). Pero hay una obra que el pecador debe hacer a favor de sí mismo con la ayuda divina (ver com. Fil. 2: 12-13). Esta obra exige velar y orar con diligencia (Efe. 6: 13-18; Col. 4: 2; Apoc. 3: 3). La lucha principal consiste en mantener la fe en la victoria que Cristo conquistó para nosotros y vivir creyendo que su gracia es suficiente para darnos el dominio sobre cualquier obstáculo (Gál. 2: 20; Fil. 4: 13; CC 47-48; MC 116). Los gnósticos enseñaban que podía albergarse la esperanza cristiana sin tener en cuenta la moral personal; pero Juan refuta este aserto en cuanto a la purificación. Todos los que de veras anhelan ver a Cristo, tendrán que esforzarse para que su vida sea pura.
Así como él es puro.
El cristiano debe esforzarse para ir en busca de la norma de pureza que Cristo alcanzó (cf. com. Fil. 3: 8-15). El ganó la victoria sobre cada obstáculo (ver com. Juan 8: 46; 2Cor. 5: 21; 1Ped. 2: 22), y así hizo posible que todos los seres humanos también puedan vivir vidas victoriosas (ver com. Mat. 1: 21; Rom. 7: 24-25; 8: 1-2; 1 Juan 1: 9).
4.
Todo aquel.
Juan presenta ahora el caso opuesto con suficiente explicación para ampliar su declaración previa y confirmarla: todos los que tienen la esperanza, se purifican a sí mismos; todos los que cometen pecado, también cometen impiedad.
Pecado.
Gr. hamartía, "pecado", "error"; con el sentido de "no dar en el blanco"; afín del verbo hamartán, "errar el blanco", "errar", "equivocarse", "pecar". Es la palabra que se usa en la Biblia para el acto de alejarse de la ley de Dios, de violar la ley moral. Hamartía es específicamente la violación de una ley moral divinamente dada. También puede referirse al principio y al poder que hace que uno peque (ver com. Rom. 5: 12), pero es obvio que Juan se refiere aquí al acto malo en sí.
En griego dice literalmente "el pecado"; sin embargo, no parece que el autor se refiera a algún pecado en particular, ni el contexto identifica "el pecado". Pero el uso del artículo definido sugiere que el autor está hablando de "pecado" para referirse a toda clase de pecados, o sea el pecado que causa la separación entre Dios y el hombre (cf. Isa. 59: 2)
Infringe también la ley.
"Hace anomía". Gr. anomía, "no conformidad con la ley", "ilegalidad", vocablo compuesto de a-, "sin", y nómos "ley" (ver com. Mat. 7: 23; Rom. 6: 19; 2 Tes. 2: 3, 7). El apóstol relaciona anomía con hamartía para destacar la estrecha e inevitable relación entre pecado e ilegalidad [desobediencia]. "Traspasa la ley" (NC); "hace también lo que es contra la ley" (BC). El autor lo hace completamente diáfano con su acostumbrada claridad, repitiéndolo en la siguiente declaración.
Pues el pecado es infracción de la ley.
La sintaxis griega indica que hamartía y anomía son sinónimos y pueden intercambiarse. Todo pecado es ilegalidad (contra el principio de ley); toda ilegalidad es pecado. Juan, con su manera sencilla y penetrante, pone al descubierto el verdadero carácter del pecado. Declara que pecado es no hacer caso de la ley, es decir, de la ley de Dios. En cuanto a las definiciones de "ley", ver com. Prov. 3: 1; Mat. 5: 17; Rom. 2: 12; 3: 19. Dios ordenó leyes para guiar a los hombres, para capacitarlos a fin de que disfrutaran plenamente de la vida, para salvarlos del mal y para guardarlos para el bien (ver com. Exo. 20: 1).
La ley de Dios es un trasunto del carácter divino. Jesús vino para revelar a los hombres el carácter de su Padre, por lo tanto, él es la ley ampliada y demostrada. Si los hombres quieren ajustar su vida en armonía con la ley de Dios, deben contemplar a Jesús e imitar su vida. La ley puede ser resumida brevemente en las siguientes palabras: "ser como Dios" o "ser como Jesús". La transformación 669 del carácter de los hombres de acuerdo con la semejanza divina es el gran propósito del plan de salvación. La ley revela el carácter de Dios y de Cristo; el plan de salvación indica cómo se puede adquirir la gracia que capacita para obtener todas las virtudes.
5.
Sabéis.
Juan recurre de nuevo al conocimiento que tenían sus lectores del plan de salvación (cf. cap. 2:12-14, 20, 27).
Apareció.
Gr. faneróÇ, "revelar", "hacer saber"; en forma pasiva, "hacerse visible", "ser revelado". FaneróÇ se usa en otros pasajes (vers. 2; cap. 2:28) para describir la segunda venida de Cristo; pero aquí se aplica a la encarnación.
Quitar.
Gr. áirÇ (ver com. Juan 1:29). Una referencia al principal propósito de la venida de Cristo: salvar a los hombres de sus pecados (ver com. Mat. 1: 21). Puede considerarse que ese propósito fue cumplido por Cristo (1) quitando los pecados mediante la expiación, o (2) destruyendo el pecado. Ambas interpretaciones son válidas, pues él hizo lo primero para poder cumplir con lo segundo. Al hacerlo, el Salvador quita la desobediencia de la cual el pecado es una expresión, y salva al hombre de la transgresión de la ley de Dios; pero Cristo quitará los pecados únicamente de los que deseen ser liberados del pecado.
Es bien claro dentro del contexto que Cristo apareció para "quitar" el pecado, no para quitar la ley. A los gnósticos les agradaba creer que en el caso particular de ellos, habían sido suprimidas las restricciones de la ley; pero Juan sabía bien que Cristo no había quitado la ley sino la transgresión de ella (cf. com. Mat. 5:17-19; Rom. 3:31).
Nuestros pecados.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la omisión del adjetivo "nuestros". Lo omiten la BJ, BA y NC. De todos modos no se afecta el significado básico, aunque el adjetivo "nuestros" sí añade fuerza al mensaje y muestra que el apóstol no hablaba del pecado en general sino de los pecados del cristiano en particular.
No hay pecado en él.
En Cristo no hay ni el principio del pecado ni el acto del pecado. Juan usa el verbo en presente para destacar que en la vida de Cristo nunca hubo ni habrá pecado, ni en la tierra ni en el cielo. Jesús fue tentado, pero la tentación de por sí no contamina. El hombre es contaminado cuando cede a la tentación. Nuestro Salvador tenía conciencia de las tentaciones que lo acosaban por todos lados (Heb. 4:15), pero ni por un momento permitió que su pensamiento se apartara de la voluntad de su Padre. El pecado lo rodeaba constantemente, lo oprimió durante toda su vida terrenal; sin embargo, no halló respuesta en él (Juan 14:30). Jesús permaneció inmaculado frente al pecado; pero Aquel que fue impecable fue hecho pecado por nosotros (ver com. 2 Cor. 5:21). Fue considerado como transgresor (Isa. 53:12) y tratado como el pecador más vil aunque no por ningún pecado suyo.
6.
Todo aquel que permanece.
Otra de las abarcantes declaraciones de Juan (cf. cap. 2:23; 3:4, 9, 15; 5:1). "Permanece" puede sugerir el deseo y la disposición de quedar en unión con Cristo. El verbo en presente significa continuidad. Esta frase habla de seguir permaneciendo en Cristo.
No peca
O "no continúa pecando" o "no peca habitualmente". El apóstol se refiere al pecado constante, no a errores ocasionales que puede cometer cualquier cristiano (ver com. cap. 2:1). Juan sabe que los cristianos son inducidos a pecar (cap. 1:8, 10), pero también conoce el remedio para tales caídas (cap. 1:9; 2: 1). Aquí habla del estado ideal que alcanza el que constantemente permanece en la presencia protectora del impecable Salvador
Todo aquel que peca.
Es decir, "todo aquel que peca continuamente" (ver com. "todo aquel que permanece"). Juan se refiere al que peca de manera habitual, al que continuamente practica el pecado.
No le ha visto.
El que sigue pecando demuestra que no ha conservado su visión original de Cristo.
Ni le ha conocido.
Ver com. cap. 2:3.
7.
Hijitos.
Ver com. cap. 2: 1.
Engañe.
Gr. plantíÇ, "descarriar" (ver com. Mat. 18: 12). Los gnósticos habían tratado de descarriar a los lectores de Juan (ver p. 643), especialmente respecto a la necesidad de vivir en forma recta. El gnosticismo inducía a la indiferencia frente al pecado y sus normas estaban muy por debajo de las que Juan había bosquejado en el versículo anterior (cap. 3:6).
Hace justicia.
Ver com. cap. 2:29.
El es justo.
Es una indudable referencia a Cristo (cf. com. cap. 2:29), el origen de nuestra justicia (ver com. Jer. 23:6; Rom. 3:22; Fil. 3:9). El que consecuentemente permanece en Cristo poseerá un carácter similar al de él. 670
8
El que practica el pecado.
Ver com. vers. 4.
Del diablo.
Es decir, es hijo o del diablo y hace la voluntad, del diablo (cf. Juan 8: 44).
Desde el principio.
Esta frase podría referirse a (1) el comienzo de la oposición del diablo a Dios; es, decir, desde el comienzo de su pecado, pues él ha estado pecando continuamente, o (2) al momento cuando indujo a Adán y a Eva a pecar; es decir, desde el comienzo del pecado del hombre, pues desde ese tiempo ha estado pecando sin cesar e induciendo a otros a que lo hagan. Ver com. cap. 1:1.
Para esto.
Esta revolución es parte del "propósito eterno" de Dios (ver com. Efe. 3: 11).
Apareció.
Gr. faneróÇ (ver com. vers. 5).Una clara referencia a la encarnación, lo que implica la preexistencia de Cristo como el eterno Hijo de Dios (ver com. Miq. 5: 2; Juan 1: 1-3 t. V, p. 895). Pero el interés de Juan no es establecer aquí la naturaleza de Cristo; se ocupa de explicar el propósito que movió al Hijo de Dios hacerse "carne".
Hijo de Dios.
Esta es la primera vez que Juan usa este título en esta epístola, pero ya ha reconocido previamente la filiación divina de Cristo (cap. 1: 3, 7; 2: 22-24), y continúa haciéndolo (cap. 3: 23; 4.: 9-10, 14), y hará muchas, otras referencias al "Hijo de Dios' (cap. 4: 15; 5: 5, 10, 13, 20). En cuanto a la filiación divina de Cristo, ver com. Mat. 1: 1; Luc. 1:35; Juan 1: 1, 14; Nota Adicional de Juan 1.
Deshacer.
Gr. lúÇ, "desatar", "soltar", "disolver", "destruir". Compárese el significado que tiene en Mat. 5: 19; Juan 2: 19; 5: 18; 7: 23; etc.
Obras del diablo.
Estas "obras", incluyen todo el mal que Satanás ha hecho en el mundo en la creación de Dios, pero esta referencia particular podría ser a los pecados que el diablo a fomentado en la vida de los seres humanos. Cristo vino a liberar a los hombres de la servidumbre del pecado (ver com Mat. 1: 21), con lo que deshizo la obra del maligno.
9.
Todo aquel.
El apóstol usa otra vez esta frase abarcante (cf. com. Juan 3: 16; 1 Juan 3: 4, 6). Lo que dice se aplica a todos los que son nacidos "de Dios".
Nacido de Dios.
No hay duda de que aquí, a diferencia del cap. 2: 29 (ver el comentario respectivo), el autor está hablando de ser nacido del Padre. Juan es el único autor del NT que habla de que somos "engendrados" o "nacidos de Dios" (Juan 1: 13; 1 Juan 4: 7; 5: 1, 4, 18). La forma del verbo griego indica que se está refiriendo a los que han sido nacidos de Dios y continúan siendo sus hijos. Se incluye a cada cristiano que no ha regresado al mundo negando de ese modo al Señor que lo redimió.
No practica el pecado.
O no continúa en el pecado, o no peca habitualmente (ver com. vers. 6; el tiempo del verbo griego es aquí el mismo del vers. 6). Así caracteriza el apóstol a los que han nacido de Dios. Han experimentado el nuevo nacimiento, sus naturalezas han sido cambiadas y se asemejan a su Padre celestial (ver: com. Juan 3: 3-5 :1 Juan 3: 1). Aborrecen el pecado que solían amar y aman la virtud que acostumbraban despreciar (ver com. Rom. 6: 2, 6; 7: 14-15). Estas personas no continúan en la esclavitud de sus antiguos pecados, no cometen habitualmente sus viejos errores. El poder divino les ha dado la victoria sobre esas debilidades, y ese poder está disponible siempre para ayudarles a vencer otras faltas que previamente no habrían reconocido.
La simiente de Dios.
"El divino principio de la vida" (Vincent), que implantado en un pecador da lugar al nacimiento del hombre nuevo y produce el cristiano. Esta "simiente" permanece en el hombre verdaderamente convertido, asegurándole energía espiritual y capacitándolo para tener éxito en resistir el pecado. De ese modo Juan atribuye a Dios el hecho de que un cristiano pueda vivir libre de pecado. El poder divino actúa en su alma, y por esa razón el cristiano no continúa en el pecado.
No puede pecar.
Mejor "no puede seguir pecando" o "no puede pecar habitualmente"; lo cual no significa que el cristiano, no puede cometer un acto incorrecto. Si no pudiera pecar no, habría virtud alguna, en que estuvieran libre de pecado ni tampoco habría ningún Verdadero desarrollo del carácter. Juan ya ha dicho implícitamente que e1 cristiano cometerá errores ocasionales (ver com. cap. 2: 1). El pasaje quiere decir que el que es nacido de Dios y en quien ha morado el poder vivificante de Dios, no puede continuar en su antigua y crónica práctica del pecado. Ahora sigue los puros ideales que han sido implantados en su alma mediante el nuevo nacimiento. 671
10.
En esto.
Juan comienza ahora otra sección de la epístola (vers. 10-18). Suavemente efectúa esta transición hablando de los "hijos de Dios" -es decir, de los que son nacidos de Dios-, aquellos de los que ya se ha ocupado (cap.2: 29 a 3: 9). Ahora muestra que los hijos de Dios sienten amor mutuo, entre tanto que los que son del diablo odian a sus hermanos.
Se manifiestan.
A los hombres, pues Dios no necesita ser informado acerca del carácter de sus propios hijos y conoce a los que no le pertenecen.
Hijos de Dios.
Una referencia a los que han nacido "de Dios" (ver com. vers. 9; cf. com. Juan 1: 12).
Hijosdel diablo.
Ver com vers. 8.
No hace justicia.
Juan presenta el aspecto negativo de la verdad enunciada antes: "Todo el que hace justicia es nacido de él" (ver com. cap. 2: 29). Se expresa la verdad ya en forma positiva, ya en forma negativa. En la conducta no hay un terreno neutral: el que no está haciendo lo correcto, está. actuando mal en la misma proporción y demuestra que "no es de Dios" (es decir, no proviene de Dios) porque, su motivación procede del diablo.
No ama.
Los maestros gnósticos (ver p. 643) creían que eran los escogidos, pero no tenían amor fraternal hacia sus prójimos. Juan muestra que el verdadero cristiano no puede menos que amar a su hermano.
11.
Este es el mensaje.
Ver com. cap. 1:5, donde el autor enuncia su primer mensaje de que trata la naturaleza de Dios. Ahora se ocupa de la naturaleza del cristiano y enseña que esta debe basarse en el amor. Ya ha introducido este tema (cap. 2: 7-1 1), pero ahora lo vuelve a presentar en términos más definidos.
Desde el principio.
Cf. com. cap. 2: 7. Esta frase podría referirse al comienzo de la experiencia cristiana de los lectores, o al comienzo de la predicación del evangelio.
Nos amemos unos a otros.
Este es el mensaje que Juan esta transmitiendo a sus lectores, y es también el "mandamiento nuevo" dado por Cristo a sus seguidores (ver com. Juan 13: 34-35). Su importancia supera toda duda, y la iglesia debe colocarlo en un lugar destacado entre sus normas para que cada miembro pueda comprender que uno de sus primeros deberes cristianos es cultivar y expresar un amor sincero y práctico, por sus hermanos.
12.
Caín.
Esta es la única referencia directa en esta epístola a un episodio del AT Juan presenta a Caín como el ejemplo supremo de falta de amor fraternal. Nótese que no se Pone en duda la historicidad del asesinato cometido por Caín cuando mató a Abel; el apóstol acepta el relato del Génesis como genuino y; analiza las causas del acto de Caín (ver com. Gén. 4: 8-15).,
Del maligno.
Caín demos" que era hijo del diablo, así como un cristiano puede demostrar que es hijo de Dios (cf. com. vers. 10).
Mató.
Gr. sfázÇ, "matar", "asesinar", "degollar" Este verbo aparece en el NT. sólo aquí y en Apocalipsis (cap. 5: 6; 6:4; etc.).
¿Por qué causa?
Con esta pregunta Juan estimula a sus lectores a examinar los motivos que impulsaron a Caín a asesinar a Abel, e introduce una explicación del odio que siente el mundo por los cristianos (vers.13).
Sus obras eran malas.
En estas palabras tenemos un comentario inspirado de la escena descrita en Gén. 4: 1: 15 Juan ve más allá de los hechos y descubre en el contrasten entre la "obras" o acciones de los dos hermanos. La única falta de Abel fue su rectitud. La humilde obediencia de Abel a las ordenes de Dios, despertó el odio celoso de sus hermanos. La única falta de Abel fue su rectitud. La conciencia de Caín condenaba su conducta, y se vio frente a la disyuntiva de reconocer su pecado o matar a Abel, quien con su conducta hacía su hermano estuviera consiente de su pecaminosidad (PP; 62). Los dirigentes de los judíos también condenaron a Jesús a muerte impulsados por los mismos motivos.
13.
Hermanos mío.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión del pronombre "míos" "hermanos" (BJ, BA, BC, NC). Quizá Juan quiere destacar el hecho de que comparte los sufrimientos de sus lectores debido a la persecución por parte del mundo de que son objeto los hijos de Dios.
No os extrañéis.
Como se registra que los impíos siempre han aborrecido a los justos, los lectores de Juan no tenían razón para sorprenderse 672 prenderse si eran objeto del odio de sus contemporáneos.
Mundo.
Ver com. cap. 2: 15.
Aborrece.
Ver com. Juan 15: 18-25.
14.
Sabemos.
De acuerdo con la mutua afinidad de intereses sugerida en el vers. 13, Juan se incluye a sí mismo con sus lectores y continúa haciéndolo (cf. vers. 16, 18-19, etc.). El cristiano tiene un conocimiento íntimo que no posee el mundano. Ese conocimiento puede fortalecerle y guiarlo en una conducta piadosa consecuente. La naturaleza de ese conocimiento se explica en la siguiente declaración.
Hemos pasado.
Gr. metabáino, "pasar [de un lugar a otro]", 'cambiar", "partir". "Hemos pasado" muestra que Juan se está refiriendo a los que habían pasado a una nueva experiencia y permanecían en su nueva condición, así como los emigrantes se establecen permanentemente en el país que han escogido para vivir.
De muerte a vida.
Literalmente "de la muerte a la vida" (BJ, BC, NC). El artículo definido que va antes de "muerte" y "vida" indica que se trata de dos condiciones que se excluyen mutuamente; en una de éstas se encuentran todos los seres humanos. Por naturaleza todos somos ciudadanos del reino de la muerte (Efe. 2: 1-3); pero el cristiano, como resultado de la dádiva de su Maestro, ha entrado en el reino de la vida eterna (1 Juan 5: 11-12; ver com. cap. 3: 2).
Amamos a los hermanos.
Las expresiones "os améis unos a otros", "amaos unos a otros", "nos amemos unos a otros", son bastante frecuentes en el NT (Juan 13: 34; 1 Ped. 1: 22; 1Juan 3: 11); pero "amemos a los hermanos" sólo aparece aquí, y puede tener una amplia interpretación. Los que han pasado de muerte a vida no restringen su amor al círculo íntimo de sus relaciones, sino que extienden su amor a todos los hermanos en la fe (cf. com. 1 Ped. 2: 17). Esta acción demuestra que han salido del mundo de la muerte y han entrado en el reino de la vida eterna. Ya han comenzado a poner en práctica las virtudes que serán suyas eternamente, aquellas virtudes que son el fundamento del reino de los cielos. Cuán importante es que el cristiano practique la virtud de amar a sus hermanos para que pueda estar en armonía con los principios del reino para el cual se está preparando.
No ama.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la frase "a su hermano". La omiten la BJ, BA, BC y NC. Esta afirmación más general incluye, por supuesto, los que no aman a sus hermanos. La ausencia del amor indica que la persona aún e muerta en el pecado. Esta oración es ejemplo de la costumbre del apóstol de repetir en forma negativa lo que ya ha dicho en forma positiva (cf. com. cap. 1: 5). Si la demostración de amor fraternal es evidencia de la posesión de vida eterna, la falta de amor demuestra que el individuo todavía ha pasado "a vida" sino que permanece en la "muerte" de la que otros ya han sido rescatados.
15
Todo aquel
Cf. com. vers. 9. Juan tan seguro de la corrección de su análisis que puede emplear esta expresión que abarca a todos pues sabe que es totalmente verdadera.
Aborrece
Una comparación con el vers. 14 muestra que "aborrece" equivale a "no ama". La ausencia del amor indica la presencia del aborrecimiento. A los ojos de Dios evidentemente no hay terreno neutral.
Sabéis.
El autor recurre al conocimiento intuitivo de sus lectores. No se necesitaba profundo criterio teológico para saber que un homicida no era un candidato idóneo para la vida eterna. Si se necesitaba prueba bíblica, el Salvador había afirmado que el homicidio se originó en el diablo( Juan 8: 44) y Pablo había escrito que los culpables de homicidio no heredarían el reino de Dios (Gál. 5: 21). Esto no significa que homicidio y el odio sean pecados imperdonables sino que no podemos entrar en la vida mientras continuemos albergando semejantes pecados. Podemos ser limpiados de todo pecado (ver com. 1 Juan 1: 9).
Homicida.
Gr. anthrÇ poktónos, literalmente, "matador de hombre". Este vocablo aparece en el NT sólo aquí y en Juan 8: 44. Juan destaca con firmeza el resultado final del aborrecimiento. Hay otras formas de matar sin, quitarle la vida a una persona mediante violencia física. La calumnia o la difamación pueden desanimarlo hasta el punto de impedir que desarrolle plenamente sus capacidades innatas y de ese modo se destruye parte de la vida a que podría haber llegado. veces el saberse menospreciado por un miembro de iglesia de buen nombre, puede ser, suficiente para que se apague el ardor espiritual de alguien. Así puede alguno perder su 673 fe en Cristo, y ver destruida su vida espiritual.
Permante en él.
La vida eterna permanece en nosotros siempre que Cristo more en lo íntimo de nuestro ser. Él no puede morar en el corazón que está lleno de odio y "el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" (cap. 5: 11-12).
16.
En esto hemos conocido.
Cf. com. cap. 2: 3; 3: 10. Aunque el conocimiento del amor de Dios se recibe como un impacto especial en la conversión, la comprensión de ese amor continúa haciéndose más profunda en el cristiano con el transcurso de los años.
El amor.
No se necesita una descripción más amplia de "el amor", pues el sacrificio de Cristo ha revelado el origen divino de todo verdadero amor.
Puso.
Ver com. Juan 10: 11, 17- 18.
Vida.
Gr. psuj' (ver com. Mat. 10: 28).
Por nosotros.
Cristo reconocido como Rey del universo, puso su vida incomparablemente preciosa por los miserables pecadores. El acto de Dios de dar a su Hijo (Juan 3: 16) continuará enseñándonos más y más a través de la eternidad acerca de las profundidades del amor infinito (MC 371).
Nosotros.
Este pronombre da más énfasis a la expresión en griego.
Debemos.
Gr. oféilÇ (ver com. cap. 2: 6).Los que hemos sido redimidos por el sacrificio del Salvador tenemos la obligación moral de seguir su ejemplo aún hasta el punto de poner nuestra vida.
Por los hermanos.
O "en favor de los hermanos". Juan anima a sus lectores a fomentar el amor que llevará, si fuere necesario, hasta el sacrificio supremo (Juan 13: 37; 15: 13). Cristo había ido aún mucho más lejos, pues aquellos por los cuales él murió no eran entonces 'hermanos" sino sus enemigos (ver com. Rom. 5: 8).
17.
Pero.
Juan deja el tema de morir por los hermanos, y pasa a ocuparse de los sacrificios más pequeños que con frecuencia se demandan de nosotros debido a las necesidades de nuestros hermanos en la fe.
Bienes de este mundo.
Literalmente "los medios de vida del mundo". Gr. bíos, "bienes" (ver com. cap. 2: 16), denota los medios de subsistencia; lo indispensable, no lo superfluo. El hecho de que pertenezcan al mundo no significa que son malos, sino que con al mundo, que no serán llevados a la vida eterna.
Ve.
Gr. theÇreÇ,"Contemplar", "observar", "percibir". Compárese con el uso de esta palabra en Mar. 15: 40; Luc. 23: 35. Lo que el hermano egoísta hace o se niega a hacer es el resultado de un propósito deliberado y no de una inadvertencia. Tiene lo suficiente para cubrir sus propias necesidades, y comprende bien que su hermano en la fe sufre necesidad.
Contra él.
Una descripción del que da la espalda deliberadamente a un hermano necesitado.
Corazón.
Ver com. 2 Cor. 6: 12; Fil. 1: 8 En griego dice literalmente "entrañas" . Las entrañas se consideraban antiguamente como la sede de las emociones más profundas.
¿Cómo?
¡Es imposible decir que el amor de Dios vive en uno que es egoístamente indiferente ante las necesidades de otro! Si el amor está ausente, Cristo está ausente. El cristiano sólo de nombre no tiene vida eterna.
18.
Hijitos.
Gr. tekníon (ver com. cap. 2: 1).
No amemos.
Es posible dar un sentido de continuidad a estas palabras- "no continuemos amando"- como si los lectores de Juan en realidad hubieran estado amando sólo de palabra y necesitaran terminar con esa farsa. Pero es mas probable que el apóstol hubiera estado dando una sencilla exhortación a sus hermanos para que practicaran el verdadero amor y evitaran la hipócrita actitud sugerida por el vers. 17.
De palabra.
No es Perjudicial amar de palabra. Si la persona que es objeto del amor no necesita una ayuda más activa, es laudable el amor expresado mediante palabras bien escogidas; pero Juan reprocha el amor que se limita a palabras cuando se necesita ayuda práctica, de hechos. Cf. Sant. 2: 15-16.
De hecho y en verdad.
Hay quienes practican la bondad sin sentir verdadero amor por aquellos a quienes ayudan. Quizá sólo los mueva un sentimiento de deber o un deseo de ganar las alabanzas de los hombres. Por eso Juan destaca la necesidad de un amor genuino. Nuestros actos de amor deben ser inspirados por un afecto genuino hacia otros, especialmente para los necesitados.
19.
Y en esto conocemos.
Aunque esta frase aparece en varias formas en los MSS, la evidencia textual sugiere (cf. P. 10) el texto como aparece en la RVR. El verbo aparece en el futuro en griego: "en esto sabremos" (BA). A diferencia de construcciones similares en pasajes anteriores (vers. 10, 16; cap.2: 3), 674 "en esto" parece referirse al versículo precedente (vers. 18). El autor quiere decir que cuando se practica el precepto aquí enunciado sentimos esa convicción de la cual él habla. Cuando amamos de hecho y en verdad, estamos seguros de la realidad de nuestra conversión. Entonces nuestros propios frutos nos hacen saber que nuestra profesión de fe es genuina, y las vidas de otros testifican de su sinceridad (Mat. 7: 16-20).
De la verdad.
Compárese con la referencia a "verdad" en el vers. 18. Los que aman de hecho y en verdad son hijos de la verdad.
Aseguraremos.
Gr.péithÇ, "persuadir" o "convencer". La convicción de que somos nacidos de Dios da una confianza que hace que repose el corazón, y nos capacita para ir a Dios a pesar de nuestra pecaminosidad.
Nuestros corazones.
En griego dice "nuestro corazón", entendiéndose un corazón en cada uno. La palabra "corazón" puede significar aquí "conciencia" (cf. com. Mat. 5: 8). "Nuestra conciencia" (BJ).
Delante de él.
Delante de Dios o en la presencia de Dios. Es muy fácil tranquilizar nuestro corazón cuando el examen se hace de acuerdo con las normas humanas; pero es muy diferente encontrarse en la presencia de Dios y aún tener un corazón tranquilo. Pero Juan nos asegura que esto es posible. Mientras más nos acercamos a Dios, más conscientes seremos de nuestras imperfecciones y sentiremos más necesidad de enumerar las muchas razones por las cuales debemos confiar en los méritos de nuestro Salvador (cf. cap. 2: 1-2). Y si amamos a los hermanos de hecho y en verdad, sabemos que somos de la verdad; y como somos de la verdad, podemos estar sin temor delante de nuestro Padre celestial.
20.
Pues si.
A los comentadores les ha sido difícil establecer la relación entre los vers. 19 y 20 y explicar el significado del vers. 20. En la paráfrasis que sigue se presenta lo que, según parece, debe ser el significado de los vers. 19 y 20: "Si amamos verdaderamente a nuestro hermano, podemos saber que somos hijos de la verdad, o de Dios. Este conocimiento nos capacitará para permanecer confiadamente en la presencia de Dios, pues aunque nuestro corazón nos condene, aunque todavía seamos pecadores, sabemos que Dios es mayor que nuestro corazón. El conocimiento y la comprensión del Señor sobrepasan en mucho a los nuestros, y él puede percibir nuestra sinceridad y ser compasivo con los errores que cometemos.
Reprende.
Una condenación propia innecesaria ha echado a perder más de una experiencia cristiana. Muchos dependen de su propio discernimiento moral para determinar su condición espiritual, y no comprenden que sus conceptos son un criterio insatisfactorio para decidir el estado de su salud espiritual. Juan está consolando a sus lectores desviando su atención de una concentración morbosa en su propia debilidad y elevando su mente a la contemplación de la altura y la profundidad del amor comprensivo de Dios.
Mayor... es Dios.
La comprensión de la omnisapiencia de Dios puede tener dos efectos: o aterrorizar al corazón culpable, o traer consuelo al pecador arrepentido. El autor procurado a través de todo este capítulo reanimar a sus lectores (vers. 1-3, 5, 9, 11, 16, 18), y es razonable suponer que aquí tiene mismo propósito positivo. Para el verdadero puede ser reconfortante el pensamiento de la omnisapiencia de Dios.
21.
Amados.
Ver com. vers. 2.
No nos reprende.
Es bueno recordar que estas palabras fueron dirigidas a aquellos habían sido enseñados "desde el principio" (cap. 2: 7), cuyos pecados habían sido perdonados (cap. 2: 12), que había conocido al Padre (cap. 2: 13) y sido aceptados como hijos de Dios (cap. 3: 1-2). Lo que hubiera sido una vana confianza propia en el caso de cristianos menos maduros, podría ser, en el caso de los lectores de Juan, nada más que un reconocimiento de la misericordia redentora de Dios hacia ellos.
Confianza.
Gr. parr'sía (ver com. cap. 2: 28). El contexto (cap. 3: 22) muestra que primer lugar se hace referencia a la forma en que nos allegamos a Dios en oración; pero el apóstol también puede tener presente nuestra actitud ante el Juez de toda la tierra. Respecto a la oración, no hay nada de presunción en las peticiones de fe del creyente. Podemos abrir el corazón a Dios en oración como se lo abrimos a un amigo sincero y digno de confianza (CC 92).
En Dios.
El pecador redimido puede como hijo de Dios, llegar tan libremente hasta la presencia del Padre como lo hacia el Salvador (Juan 16: 23).
22.
Y cualquier.
En el vers. 21 Juan ha establecido las condiciones previas cumpla lo expuesto en el vers. 22. El que ora 675 debe tener una conciencia clara, con la consiguiente libertad para llegar a Dios, antes de presentar sus pedidos. Juan luego declara que el creyente cumple otras dos condiciones: (1) guarda los mandamientos de Dios; (2) hace las cosas que agradan a Dios. Cuando el cristiano ha cumplido con estos requisitos, puede pedir el cumplimiento de lo que el apóstol asegura en este versículo. En cuanto a un panorama más completo de las condiciones para que haya respuesta a la oración, ver com. Mat. 7: 7; Luc. 11: 9; Juan 14: 13; 15: 16.
Pidiéremos.
Los lectores de Juan sin duda conocían bien la forma cristiana de orar, y sabían cómo pedir en el nombre de Cristo (ver com. Juan 14: 13).
Recibiremos.
Cada oración que cumple las condiciones aquí expuestas, recibe una rápida respuesta. La aparente demora puede surgir de varias causas: (1) La respuesta a la petición puede ser "no", en este caso quizá no se reciba una respuesta tangible. Nuestra petición puede ser equivocada, y la sabiduría divina ve que lo mejor es no conceder la petición. Pablo tenía "un aguijón" en su carne y aún después de tres fervientes peticiones no fue liberado de él (ver com. 2 Cor. 12: 7-9). (2) La respuesta puede ser "espera", porque aún no estamos preparados para recibir lo que hemos pedido, o porque las circunstancias todavía no son favorables para la respuesta. Daniel tuvo que esperar que fuera vencida la oposición, y luego se le dijo el futuro que quería conocer (Dan. 10: 12-14). Pero en uno u otro caso ha sido hecha la decisión y la acción inmediatamente ha comenzado a asegurar que la respuesta final a nuestras oraciones vendrá en el debido tiempo. (3) A veces la respuesta es un "sí" inmediato. Esto ocurre siempre que se pide ayuda espiritual. Cuando pedimos poder para vencer el pecado, perdón, un corazón limpio, o sabiduría, debemos creer que nuestras oraciones han sido respondidas, y debemos agradecer al Señor por su respuesta. Entonces debemos actuar con la seguridad, de que tenemos el poder que hemos pedido (ver com. Sant. 1: 56; Ed 252).
De él.
Es decir, de Dios.
Guardamos sus mandamientos.
El pecado, que es desobediencia a los mandamientos de Dios (ver com. vers. 4), levanta una barrera entre el hombre y Dios (ver com. Isa. 59: 1-2); impide que las oraciones asciendan al cielo e incapacita al hombre para recibir las respuestas que Dios puede tener preparadas para darle. La obediencia a la voluntad de Dios, que se revela en sus mandamientos, es de suma importancia en lo que atañe a la oración contestada. Esta obediencia es posible por medio del poder divino prometido al hijo de Dios.
Hacemos.
La segunda condición. Debemos hacer algo más que guardar los mandamientos de Dios o evitar transgredir la ley: es necesario que continuemos fielmente haciendo todo lo que es agradable a Dios. Debemos vivir una vida cristiana activa recordando la orden: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (ver com. Mat. 5: 48; Fil. 3: 12-15).
Agradables.
El cristiano siempre deseará hacer las cosas que Dios dice que son buenas o apropiadas, y se abstendrá de hacer aquellas cosas que Dios considera dañinas. Esta fue una de las reglas que guiaron la vida del Salvador (Juan 8: 29). Cuando observamos la misma regla en nuestra vida, podemos esperar respuestas más positivas a nuestras oraciones.
23.
Este es su mandamiento.
Juan define ahora en parte "sus mandamientos" (vers. 22), y usa el número, singular porque su definición se refiere a la ley que todo lo abarca: la ley de creer y amar (ver com. Mat. 22: 36-40).
Creamos en el nombre.
En cuanto a esta frase, ver com. Juan 1: 7, 12; Hech. 3: 16; 10: 43. Gr. pisteúÇ, "creer", aparece 9 veces desde ahora en adelante y juega un papel importante en el mensaje que Juan presenta después. Aquí aparece por primera vez en esta epístola. El apóstol lo emplea 90 veces en su Evangelio.
Su Hijo Jesucristo.
En cuanto a la filiación divina de Jesús, ver com. Luc. 1: 35; y en cuanto al calificativo "Jesucristo", ver com. Mat. 1: 1; Fil. 2: 5. Pablo usa el mismo calificativo en Rom. 1: 3; 1 Cor. 1: 9. Juan condensa aquí la esencia de la doctrina cristiana en pocas palabras (cf. com. 1 Juan 1: 3; 5: 20), para que sus lectores puedan captar los elementos indispensables de la creencia cristiana. Creer en la persona descrita en este admirable nombre compuesto ["Jesús" y "Cristo"] es reconocer la divinidad de Jesús, su humanidad, su victoria sobre el pecado y la muerte, y también es reconocer la posibilidad de que conquistemos la misma victoria con los mismos medios que empleó el Salvador y que ha 676 puesto a nuestro alcance.
Nos amemos unos a otros.
Para Juan, así como para su Maestro, los requerimientos de Dios se resumen en la ley del amor (ver com. vers. 11). El amor es el elemento activo que se une a la fe en el nombre de Jesús. La fe debe ir acompañada de obras (Sant. 2: 17).
Como.
O "así como". Juan es consciente en los versículos finales de este capítulo de que está amoldando sus pensamientos a la enseñanza de su Señor (ver com. Juan 13: 34-35). Es necesario que nos amemos mutuamente como Cristo nos dijo que nos amemos (Mat. 22: 39). Cuando los apóstoles ampliaron las enseñanzas del Salvador, dieron más detalles acerca de cómo debemos amarnos mutuamente: con un corazón puro y ferviente, con espíritu bondadoso, en cuanto a honra prefiriendo uno al otro, tiernamente, perdonándonos mutuamente como hemos sido perdonados (Rom. 12: 10; Efe. 4: 32; 1 Ped. 1: 22).
24.
Sus mandamientos.
Es decir, los mandamientos de Dios (ver com. cap. 2: 3). Si guardamos los mandamientos de Dios tenemos confianza en él, recibimos lo que pedimos (cap. 3: 22), y como resultado tenemos íntima comunión con Dios.
Permanece en Dios.
El que guarda los mandamientos de Dios tiene el privilegio de permanecer en él, de morar con él. El profeta Amós lo presenta en forma de pregunta: "¿Andarán dos juntos, si no estuvieron de acuerdo?" (cap. 3: 3). Nadie puede sentirse cómodo con Dios mientras viva quebrantando la expresa voluntad divina; pero el que está dispuesto a cumplir la voluntad de Dios puede permanecer constantemente con el Todopoderoso.
Dios en él.
La permanencia es siempre mutua (cf. Juan 15: 4-5). El que desee permanecer con Dios, puede estar seguro de que Dios siempre ha deseado permanecer con él; pero debe mostrar que está en armonía con el Señor, guardando voluntariamente sus mandamientos.
Y en esto.
Una referencia anticipada al don del Espíritu que se menciona al final del versículo. La presencia del Espíritu en la vida del cristiano es una prueba de que Dios permanece en él, pues Dios habita en el hombre mediante el Espíritu (Rom. 8: 9, 11, 14-16; 1 Cor. 3: 16). Un pensamiento casi idéntico se expresa en 1 Juan 4: 13.
Por el Espíritu.
El apóstol Juan no usa en sus epístolas ni tampoco en el Apocalipsis, la expresión "Espíritu Santo", aunque claramente habla de la tercera persona de la Deidad.
Ha dado.
Mejor "dio" (BJ), pues Juan se está refiriendo al tiempo cuando los creyentes recibieron por primera vez el Espíritu Santo. En Juan 14: 16 se aclara que el Padre da el Espíritu, aunque el Hijo coopera en enviar la tercera persona del trío celestial (cf. Juan 16: 7).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CC 14; CM 322; ECFP 20, 98; Ev 367; FE 179, 198, 481; HAp 269; 2JT 108, 336, 341; LC 16; MC 332; MeM 298; PVGM 149; 1T 284; 4T 124, 296, 563; 5T 439; 8T 289; TM 81 1-2 HAp 435; NB 257; TM 440; 3TS 295 13 Ed 83
2 DMJ 90; DTG 88; Ed 298; 1JT 444; 2JT 168; 3JT 432; PP 49; PR 517; 4T 365
2-3 CM 415; HH 11-12; MJ 44; 1T 705; 4T 357; 5T 85, 431
2-5 FE 385
3 CC 58; HAp 446; 1JT 178; OE 379; PE 108; 4T 360
4 CH 40; CM 161; CS 521, 526, 547; DMJ 46; ECFP 99; Ev 273; HR 50; 1JT 441, 501; 6T 54
4-5 MeM 321; PVGM 253
4-6 HAp 443
4-8 ECFP 88
5-6 HAp 450
5-7 CC 60
6 CS 526
8 DTG 236; MJ 427
9 5T 220
9-24 TM 94
10 3T 59
11 DTG 505; HAp 438
12 PP 62
13 MeM 71; PP 602
14-16 CC 58; HAp 438,456
15 DMJ 51; PP 316
16 DTG 505; HAp 437; 3T 538
17 1JT 58
17-22 2T 161
18 HAp 440; 1T 316, 690; 2T 88, 441, 654, 686; 3T 237
22 DTG 622; PE 73
24 FE 386; HAp 450; PVGM 254 677