La epístola del Apostol San Pablo a los
1 CORINTIOS
CAPÍTULO 12
1 Los dones espirituales 4 son diversos; 7 pero todos son para provecho, y 8 por eso se reparten equitativamente. 12 Así como los miembros del cuerpo tienden todos 16 al mutuo apoyo, 22 al servicio y 26 al socorro del que está en desventaja; 27 así también nosotros debemos hacer los unos con los otros para fortalecer el cuerpo místico de Cristo: la iglesia.
1 No quiero, hermanos, que ignoréis cerca de los dones espirituales.2 Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.
3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.
4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.
5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde Estaría el olfato?
18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
20 Pero ahora son muchos los miembros pero el cuerpo es uno solo.
21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No, tengo necesidad de vosotros.
22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;
23 y a aquellos del cuerpo que nos ven menos dignos, a éstos vestimos más humildemente; y los que en nosotros son menos, decorosos, se tratan con más decoro.
24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante normal que le faltaba,
25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se ocupen los unos por los otros.
26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.
27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.
28 Y a unos puso Dios en la iglesias primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos Profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? 763
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.
COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA
1.
Ignoréis.
Pablo anhelaba que los corintios no se engañaran acerca de la verdadera naturaleza de los dones espirituales y el uso correcto de los mismos en la iglesia. La necesidad de aclarar este tema sin duda surgió por el hecho de que los corintios hacía poco que se habían separado del paganismo (vers. 2); por esta causa habían estado sin conocer la revelación del verdadero Dios y la influencia del Espíritu Santo. No podían formar opiniones correctas acerca de esas nuevas experiencias, a menos que fueran instruidos cuidadosamente y aceptaran sin titubear esa enseñanza. El poder que antes influía sobre ellos había sido quebrantado cuando aceptaron al Salvador, y el poder de Dios había sido confirmado especialmente en ellos por los dones del Espíritu.
Acerca de.
Este capítulo señala el comienzo de un nuevo tema que continúa hasta el cap. 14. Se trata de los dones espirituales, acerca de los cuales sin duda había mucha incomprensión. También es claro que había algún abuso de los dones, así como una deplorable rivalidad entre los poseedores de varios dones.
Dones espirituales.
La palabra "dones" está añadida, pero es correcto como lo indica claramente el contexto. Esos dones o capacidades le fueron dados a la iglesia en una forma especial cuando Jesús ascendió al cielo (Efe. 4: 8, 11), con el propósito de que la iglesia estuviera unida y en una condición adecuada para agradar al Señor (ver Efe. 4: 12-15). Parece que los creyentes corintios habían preguntado acerca de la magnitud relativa de estos dones del Espíritu, y que algunos de ellos se habían estado jactando de que los dones que tenían eran mayores y más importantes que los concedidos a otros miembros de la iglesia (ver 1 Cor. 12: 18-23). Pablo aprovechó la oportunidad que se le presentó para instruirlos en el tema de la obra del Espíritu en el cuerpo místico de Cristo, su iglesia. El Espíritu Santo de Dios ha estado en la iglesia desde el comienzo (ver HAp 30-31, 43; PP 643-644; PVGM 171-172); por lo tanto, los dones del Espíritu no fueron exclusivos de los tiempos del NT. Esta presencia es evidente por el hecho de que en los tiempos antiguos existieron muchos profetas. La voluntad y el plan de Dios son que su iglesia tenga el poder de los dones hasta el día del fin (Efe. 4: 8, 11-13; HAp 44-45). Todos los dones proceden de Dios; por esta razón no hay motivo válido para que el ser humano se jacte delante de sus prójimos porque ha sido favorecido por el ciclo con dones, pues son para la manifestación del poder de Dios en una forma especial que beneficie a la iglesia en general (ver 1 Cor. 12: 11).
Debe advertirse que los dones del Espíritu no son lo mismo que el "fruto" del Espíritu (Gál. 5: 22- 23). Los primeros incluyen las gracias del poder divino que se dan a algunas personas de la iglesia para el cumplimiento del propósito de Dios a fin de que se realice la perfección de su iglesia. Los frutos del Espíritu son cualidades de carácter que aparecen en los miembros de la iglesia que se entregan completamente a la conducción del Espíritu y son movidos por el atributo supremo del Espíritu, que es el amor (ver 1 Cor. 13: 13; Gál. 5: 22-23; HAp 311; PVGM 47-49; 5T 169; 1JT 516).
2.
Sabéis.
"Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos" (BJ). "Alusión a los fenómenos violentos, desenfrenados, de algunos paganos" (BJ, nota respectiva).
Gentiles.
Gr. éthnos. Se usaba este término para designar a los que no eran judíos, pero también adquirió el significado de "paganos" en el pensamiento cristiano. Este parece ser el significado que tiene aquí. La idea es que los corintios habían sido paganos, adoradores de ídolos, sin conocimiento alguno del Dios verdadero, y que estaban entregados a las supersticiones de los idólatras. Los poderes que los descarriaban eran los de las tinieblas, aquellos malos espíritus que eran representados por los falsos dioses que habían adorado (cap. 10: 20). Si sólo hubiesen comprendido las venta as que habían recibido desde que aceptaron el cristianismo, hubieran apreciado su condición de seguidores de Cristo. Pablo empleó en otros pasajes esta referencia a los que antes habían sido paganos, para estimular a los cristianos a que fueran agradecidos por las misericordias que Dios 764 les había manifestado con el Evangelio (ver Rom. 6: 17; Efe. 2: 11-12; Tito 3: 3).
Llevándoos.
"Os dejabais arrastrar" (BJ, NC). Estas palabras demuestran que no podían dominarse, que un poder superior los arrastraba irresistiblemente al culto de los ídolos. Este poder sin duda actuaba sobre sus pasiones y apetitos, engañándoles para que creyeran que se estaban beneficiando con sus ritos idólatras, cuando en realidad de esa manera estaban siendo destruidos.
Mudos.
Los ídolos a cuyos altares y templos eran llevados -ya fuera para rendir culto, sacrificar o hacer consultas-, son calificados como "mudos", en contraste con el Dios viviente que se ha revelado en su Palabra y que imparte a sus seguidores dones espirituales que los capacitan para hablar en su nombre. El Señor con frecuencia llama la atención a esta mudez de los falsos dioses de los paganos, como un argumento contra la necedad de adorarlos (Sal. 115: 4-5; 135: 15-17; Hab. 2: 18- 19). Por lo tanto, cualquier manifestación sobrenatural o palabra que se oyera, provenía de poderes demoníacos y no de los ídolos o de los dioses representados de esa manera.
3.
Por tanto.
Para que pudieran formarse una opinión correcta en cuanto a la obra del Espíritu Santo sobre el corazón de los hombres, y especialmente en relación con palabras o voces que se afirmaba que procedían del Espíritu, Pablo les dio una regia por la cual podrían distinguir lo falso de lo verdadero.
Anatema.
Gr. anáthema, "consagrado a la destrucción" (ver com. Rom. 9: 3). Aquí se da una regla sencilla para saber si alguien que afirma que está bajo la influencia del Espíritu Santo realmente es dirigido por Dios. El que es inspirado por el Espíritu Santo no dirá que Cristo es anatema (o maldición), o que merece la destrucción. Es inconcebible que un hombre inspirado por el Espíritu Santo jamás pueda hablar rebajando a Jesús, ni mucho menos llamándolo maldito y consagrado a la destrucción. Cualquier afirmación de esta naturaleza es prueba suficiente de que el que la pronuncia -no importa lo que pretenda ser- no puede nunca estar dirigido por el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios dará siempre y en todas las circunstancias la honra a Cristo, y estimulará a cualquiera que está bajo su influencia a amar y a reverenciar el nombre de Cristo (ver 1 Juan 4: 1-3).
Jesús Señor.
Todo el que no reciba la influencia del Espíritu de Dios, no reconoce que Jesús es el divino Hijo de Dios. Esto no excluye la posibilidad de que se pronuncien palabras que parecen reconocer a Cristo como Señor o Salvador, sin estar bajo la influencia del Espíritu Santo, pues esto ha sido hecho como una burla por hombres impíos. La confesión cordial y genuina de que Jesús es el Señor sólo proviene de los labios de alguien que es guiado por el Espíritu (cf. Mat. 16: 16-17). Los que verdaderamente honran el nombre y la obra de Jesús, demuestran que están influidos por el Espíritu Santo. Nadie albergará jamás verdadero aprecio por Cristo, ni amor por su nombre y su obra, a menos que sea inducido por el Espíritu a percibir la naturaleza divina del Salvador. Nadie puede demostrar su amor por el nombre y la obra de Jesús siguiendo las inclinaciones e impulsos de su corazón impío. Siempre que una persona es inducida a acepta a Cristo, lo hace mediante la obra del Espíritu de Dios; y viceversa: el que se siente inclinado a hablar livianamente de Jesús, o a desacreditar su obra en alguna forma, o a enseñar doctrinas contrarias a su Palabra, demuestra al hacerlo que no es guiado por él Espíritu (ver DTG 380). Debe pedirse en oración la presencia del Espíritu Santo, Y apreciarla. Entristecer el Espíritu Santo y alejarlo por negarse a seguir su conducción, es quitar del corazón todo verdadero conocimiento del Salvador. Esto resulta en frialdad, tinieblas, y finalmente en muerte espiritual (ver Efe. 4: 30; DTG 538-539).
4.
Dones.
"Carismas" (BJ, BC). Gr. járisma, literalmente "don de gracia". Se refiere a que a los extraordinarios dones del Espíritu Santo que mora en los individuos y obra de un modo especial en ellos. La diversidad de dones se enumera en los vers. 8-11.
El Espíritu es el mismo.
Los diferentes modos en que actúan los dones son todos creados y regidos por el Espíritu Santo. Estas diversas formas en que se manifiestan los dones son mencionadas en los vers. 8-11. Lo que Pablo destaca ante los corintios al referirse a los diferentes dones, es que todos son producidos por el mismo Espíritu y todos tienen el mismo origen y propósito; por lo tanto, ninguno debe ser despreciado o tenido a menos. Nadie que haya recibido un determinado don del Espíritu debe mirar con desprecio a otro creyente porque no ha sido tan 765 favorecido. La distribución de los dones que hace Dios debe ser aceptada con gratitud, y darse el debido reconocimiento a aquel que obsequia esas facultades; y el que recibe el don no debe sentirse superior en ninguna forma a sus compañeros.
5.
Ministerios.
Gr. diakonía, "ministración", "servicio" (ver Rom. 15: 31), palabra que con frecuencia se traduce como "ministerio" (Hech. 1: 17, 25; 6: 4; 20: 24; 1 Tim. 1: 12) o "servicio" (Rom. 12: 7). Hay diferentes clases de servicios en la iglesia, pero todos son regidos por un solo Señor.
Señor.
En el NT este término generalmente se refiere a Cristo. Es uno de los nombres con el cual lo conocían los discípulos (Juan 20: 25). El propósito de este versículo parece ser el de establecer el hecho de que las diversas formas de ministerio en la iglesia se originaron con Cristo. Debido a esto y a que son necesarias todas las clases de ministraciones, nadie tiene por qué enorgullecerse indebidamente porque es nombrado para una posición de responsabilidad en la iglesia, ni nadie debe sentirse frustrado porque se le ha dado una humilde tarea para desempeñar (cf. Mat. 23: 8; 1 Ped. 5: 2-3).
6.
Operaciones.
Gr. enérg'ma, "funcionamiento", del verbo energéÇ, "trabajar", "estar en acción", "operar". De esta raíz deriva "energía". Enérg'ma aparece en el NT sólo aquí y en el vers. 10. Quizá se refiere a la operación divina que da energía a la iglesia y, tal vez, a toda la naturaleza.
Dios... es el mismo.
Después de haber presentado al Espíritu y al Hijo en los vers. 4-5, Pablo completa su mención de las tres personas de la Deidad, refiriéndose al Padre como el originador y sustentador de todos los múltiples dones y operaciones de las facultades espirituales que él ha proporcionado para el eficaz cumplimiento de la obra de su iglesia. Hay diversidad de "dones", "ministerios" y "operaciones", pero todos proceden de un Dios, de un Señor y de un Espíritu, es decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
7.
A cada uno.
Es decir, a cada cristiano. Parece que, los dones en la iglesia primitiva estaban ampliamente distribuidos -quizá sin excepción- entre los diversos creyentes; Sin embargo, las palabras "a cada uno" podrían sencillamente significar a cada uno a quien se le da un don especial.
Manifestación del Espíritu.
Esto podría entenderse como una manifestación que da el Espíritu o como una manifestación que revela al Espíritu Santo en su verdadera naturaleza y operaciones. El significado no es demasiado diferente. La referencia es a dones espirituales, que eran manifestaciones producidas por el Espíritu, y al mismo tiempo manifestaciones que revelaban el carácter la obra del Espíritu.
Para provecho.
"Para provecho común" (BJ). Es decir, para el bien común o ventaja de la iglesia en conjunto, aunque no se excluye el beneficio personal (cf. cap. 14: 4, 12) Los dones son impartidos de acuerdo con la necesidades de la iglesia en situaciones especiales. En la sabiduría de Dios, la iglesia de Corinto recibió una generosa profusión de dones (cap. 1: 7). Las manifestaciones sobre naturales confirmaban la fe de los primero creyentes, que no tenían la evidencia histórica del poder del cristianismo que hoy podemos comprobar. Tampoco tenían dirigentes preparados o experimentados u hombres peritos en la Palabra de Dios. Las Biblias eran escasas, y sólo tenían el AT. Para compensar lo que faltaba y para hacer frente a la necesidad, fueron conferidos generosamente dones sobrenaturales.
8.
Palabra de sabiduría.
Es decir, expresiones de sabiduría. El que poseía este don no sólo era sabio, también era capaz de explicar su sabiduría a otros. En cuanto a una definición de sabiduría y el contraste entre sabiduría y conocimiento, ver com. Prov. 1: 2.
Palabra de ciencia.
Es decir, expresiones de conocimiento. En términos generales, el conocimiento es la capacidad de aprender hechos, realidades. En relación con el Evangelio, sería su capacidad para captar verdades espirituales y disponerlas en una manera ordenada para presentarlas a otros. Esta comprensión de la verdad proviene del estudio de las Escrituras, o directamente de Dios por inspiración. Por lo tanto, la "palabra de ciencia" es la facultad de hablar acerca de esas verdades, presentándolas ante los oyentes en su debido orden, de modo que convenzan a los que las oyen.
9.
Fe.
Esta fe no es la que poseen todos los cristianos, sino una clase especial de fe que capacita a su poseedor para hacer proezas excepcionales para Dios (ver Mat. 17: 20; 21: 21; 1 Cor. 13: 2).
Dones de sanidades.
Aquí se presentan poderes especiales como los que tenían los apóstoles (Mar. 16: 18; Hech. 3: 2-8; 14: 8-10; etc.) 766 Por supuesto, todos tienen la prerrogativa de pedir la curación de los enfermos y de recibir respuesta a su oración; pero esto debe distinguirse de los "dones de sanidades" que aquí se mencionan. Parece que los que poseían ese don tenían el conocimiento y la dirección de Dios en su obra, y sanaban sólo a aquellos a quienes Dios les indicaba. Poseían, pues, cierto conocimiento del resultado,
10.
Hacer milagros.
Este, como los "dones de sanidades" (ver com. vers. 9), era un don especial que se ejercía bajo la dirección divina. Sin embargo, los que no poseen ese don pueden orar pidiendo la intervención divina, y Dios responderá a sus oraciones, si así lo desea.
Profecía.
Es decir, la facultad de hablar con autoridad de parte de Dios, o en el nombre de Dios, ya sea para predecir acontecimientos futuros o para declarar la voluntad de Dios para el presente (ver Exo. 3: 10, 14: 15, Deut. 18: 15, 18: 9-2 Sam. 23: 2; Mat. 11: 9-10; 2 Ped. 1: 21). La profecía es el medio elegido por Dios para comunicarse con el hombre (ver Núm. 12: 6; Amós 3: 7). La Biblia ha llegado hasta los hombres por medio de este don (ver 2 Tim. 3: 16; 2 Ped. 1: 20-21). Las Escrituras testifican de Jesús, y el don de profecía es apropiadamente llamado "el testimonio de Jesús" (Apoc. 19: 10; cf. Juan 5: 39; Apoc. 12: 17). El don de profecía se manifiesta por medio de visiones, o sueños, o una inspiración especial que llega a la mente (ver Núm. 12: 6; Apoc. 1: 1-3); y entonces el instrumento humano se convierte en el portavoz de Dios (ver 2 Sam. 23: 2; Mat. 3: 3; 2 Ped. 1: 21). Dios tenía el propósito de que este importante don del Espíritu estuviera con su iglesia hasta el fin del tiempo (ver Joel 2: 28-29; Apoc. 12: 17; 19: 10). En realidad, debe ser la señal para identificar a la verdadera iglesia de Dios en los últimos días (Apoc. 12: 17; 19: 10). Esto es muy razonable, porque Dios siempre ha estado usando este medio para revelarse e impartir sus mensajes al mundo desde la caída de Adán.
Discernimiento de espíritus.
Es decir, la capacidad para distinguir entre la inspiración divina y la que es falsificada (ver 1 Juan 4: 1-3; TM 230-231). Cristo advirtió a su iglesia que surgirían falsos profetas, especialmente en los últimos días, y todos deben estar alerta para reconocer y rechazar a esos falsos maestros (ver Mat. 24: 4-5, 11, 23-25). Los apóstoles de la iglesia primitiva poseían la capacidad de poder distinguir los predica dores verdaderos de los falsos y sus maestros (ver Hech. 5: 1-10; 13: 9-11). Este don era necesario en los primeros días de la iglesia, cuando, indudablemente, había muchos que pretendían poseer estos dones. Satanás siempre ha estado listo para falsificar la verdad, y con frecuencia apoya las falsas pretensiones de los fingidores mediante milagros sobrenaturales (2 Tes. 2: 9; Apoc. 13: 13-14).
Géneros de lenguas.
Este don se trata ampliamente en el cap. 14, donde se lo hace contrastar con el don de profecía.
Interpretación de lenguas.
Se necesitaba un don especial para interpretar los mensajes impartidos (cf. cap. 14: 27-28; Nota Adicional del cap. 14).
11.
Mismo Espíritu.
Todos los dones impartidos a la iglesia provenían del Espíritu Santo, el cual obra en los creyentes y mediante ellos. Puesto que Dios controla la operación de los dones del Espíritu, es correcto concluir que todos deben estar en armonía con el plan supremo para la terminación de su obra en la tierra. El conocimiento de que todos los dones provienen de Dios debe, ser suficiente para impedir cualquier manifestación de orgullo por poseer tales dones.
Cada uno.
Ver com. vers. 7. Todos los que se entregan hoy a Cristo y llegan a ser miembros de su iglesia en la tierra, no importa cuál sea su nacionalidad, su estado económico o social, o sus alcances intelectuales, tienen la seguridad de que el Espíritu Santo los capacitará para cumplir con sus deberes cristianos con un alto grado de efectividad (ver DTG 763).
Como él quiere.
El Espíritu Santo distribuye sus dones a los creyentes de acuerdo con el conocimiento que tiene de sus facultades y de la necesidad de cada individuo. No es una distribución arbitraria, sino que está basada en la comprensión y el conocimiento de Dios. El gran propósito de preparar a la iglesia para que se encuentre con Dios sin mancha, ni culpa cuando Cristo venga por segunda vez es el factor predominante en la distribución de los dones (ver Efe. 4: 12-13; 5: 27; Apoc. 14: 5). Esta afirmación de que los dones son impartidos a cada uno como el Espíritu Santo lo estima más necesario, es un motivo de ánimo para los creyentes, pues asegura que recibirán exactamente la capacidad y la fortaleza que necesitan para que puedan vivir piadosamente y testifiquen con 767 poder, independientemente de las circunstancias en que puedan encontrarse.
En este versículo se revela la personalidad del Espíritu Santo, pues el acto de distribuir los dones a los hombres como el Espíritu lo considera mejor para ellos y para los intereses de la iglesia, revela definidamente que se trata de una persona. Aquí también se comprueba la soberanía del Espíritu porque distribuye los dones enteramente de acuerdo con su voluntad.
12.
El cuerpo es uno.
El cuerpo humano es un organismo, pero está compuesto de muchos miembros y de diversas partes, cada una con su función indispensable. Todas estas partes se unen armoniosamente en un conjunto. Aunque las diferentes partes del cuerpo están separadas y son diferentes en forma, tamaño y funciones, todas son esenciales; pero todas se unen para formar el cuerpo y están bajo el mismo poder que las dirige: la cabeza.
Cristo.
El apóstol presenta a la iglesia como el cuerpo de Cristo, lo que significa que ella es un cuerpo unido, con Cristo como su cabeza (ver 1 Cor. 12: 27; Efe. 1: 22-23; Col. 1: 18-24). Mediante una figura de lenguaje en que una parte representa o se nombra por el todo, Cristo, cabeza de la iglesia, representa a la iglesia entera. Todos los miembros de la iglesia son unidades separadas que tienen cargos diversos y diferentes responsabilidades en la iglesia. Reciben dones de Dios para esas funciones, dones apropiados para sus necesidades individuales; pero todos tienen que responder ante Cristo, y están unidos en él.
13.
Bautizados en un cuerpo.
Este bautismo indudablemente es el que acompaña al bautismo con el agua, en el caso de cada hijo de Dios que realmente ha nacido de nuevo (ver Mat. 3: 11). El bautismo con agua no tiene valor alguno a menos que el que se bautiza haya nacido otra vez mediante el Espíritu Santo (Juan 3: 5-6,8). Por medio de la obra del Espíritu Santo los hombres llegan a ser miembros del cuerpo de Cristo.
Judíos o griegos.
No importa cuál haya sido la condición anterior de la vida de una Persona, o cuál sea su nacionalidad, la entrega a Cristo y el bautismo con su Espíritu eliminan todas las diferencias anteriores entre él y los otros creyentes, pues todos están en el mismo nivel delante de Dios. La nacionalidad no es lo que vale, sino la humilde aceptación de Jesús como Salvador y la buena disposición para permitir que él presida en todo momento.
Esclavos o libres.
O "esclavos y libertos". Comparar con Gál. 3: 28; Col. 3: 11. La idea de diversidad se acentúa por el hecho de que había muchas nacionalidades y clases sociales que formaban el cuerpo de Cristo; sin embargo, y a pesar de la diversidad, había unidad.
De un mismo Espíritu.
La referencia quizá sea a la obra del Espíritu Santo en el momento del bautismo, lo que incluye la concesión de los dones. Algunos comentadores aplican las palabras "se nos dio a beber" a la participación común de la copa en la Cena del Señor, acto mediante el cual los creyentes mostraban que todos pertenecían al mismo cuerpo -la iglesia de Dios- y estaban unidos de corazón. Sin embargo, la flexión verbal que se traduce "dio a beber" es tal que puede referirse a la acción de beber en un tiempo definido del pasado y no a repetidas participaciones en el rito de la Cena del Señor.
14.
Cuerpo.
En los vers. 14-26 Pablo presenta la idea de que la unidad de organización incluye -no excluye- una pluralidad de miembros, y lo ilustra con el cuerpo humano, en el cual cada parte cumple una función necesaria. No se puede prescindir de ninguna parte del cuerpo si se quiere que continúe funcionando eficientemente. Se personifica a los diferentes miembros del cuerpo como si hubieran estado discutiendo este problema en forma muy real.
Un solo miembro.
El cuerpo está compuesto de diversos miembros que tienen muchas funciones que cumplir. En la iglesia debe esperarse una variedad similar, y no puede suponerse que todos los miembros sean iguales, o que algún miembro que Dios ha incluido es inútil. Pero el cuerpo no necesita únicamente una multiplicidad de partes, ni la iglesia requiere forzosamente una multiplicidad de personas. Lo que en ambos casos se necesita es que los miembros se complementen plenamente para que unidos cumplan todas las funciones necesarias para el bien del todo. El cuerpo humano no tiene lugar para miembros inactivos ni necesita a los que no contribuyan para la eficiencia general de todo el organismo. La iglesia necesita miembros consagrados y activos que contribuyan continuamente a la completa realización 768 de la obra de la iglesia en la ganancia de almas para el reino de Dios (ver 1JT 588-589; 2JT 156-157; 3JT 67-69).
15.
No soy del cuerpo.
Ningún miembro del cuerpo puede decir con justicia que no se lo necesita, porque no es una parte del cuerpo que desempeña una función importante en el organismo, y que, por lo tanto, no es una parte esencial del cuerpo. Tampoco ningún miembro del cuerpo simbólico de Cristo puede decir que porque no ocupa cierto puesto, es inútil y no tiene una relación esencial con la iglesia. El miembro más humilde de la iglesia es tan miembro del cuerpo de Cristo como el que posee los más destacados dones (ver Mat. 23: 8-12; Sant. 3: 1; 1 Ped. 5: 3). Cristo ama a todos los miembros. Dio su vida por todos, y hubiera muerto por una sola alma (ver Luc. 15: 4-7-, DTG 446; MB 261).
16.
Oreja.
El argumento es el mismo del vers. 15 (ver comentario respectivo).
17.
Ojo.
Si todos los miembros tuvieran el mismo don o los mismos dones, y todos fueran aptos para el mismo cargo o la misma clase de servicio, se descuidarían importantes fases de la actividad de la iglesia para la proclamación del Evangelio, y la iglesia declinaría en espiritualidad y vigor. Cada parte debe hacer su debida contribución para el bienestar del cuerpo; de lo contrario no se puede mantener una eficiencia máxima.
Olfato.
No hay ningún sentido corporal del cual se pueda prescindir si se quiere disfrutar plenamente de la vida. Quizá algunos consideren que el sentido del olfato es menos importante que el oído o la vista, pero no se necesita mucha reflexión para comprender que una persona que carece del sentido del olfato está expuesta a muchos riesgos que otros evitan porque pueden detectar emanaciones peligrosas mediante el sentido del olfato. Dios no hace cosa alguna para su iglesia que no sea benéfica. Sus planes para ella son siempre buenos (ver Jer. 29: 11; Efe, 5: 27). Todos los diversos dones espirituales que él ha proporcionado para el crecimiento y la edificación de la iglesia tienen una parte importante que realizar, y no se puede prescindir de ninguno sin sufrir una pérdida. Cada miembro debiera ser muy consciente de su gran deuda para con el Señor y someterse tan plenamente a la voluntad divina que se deleita en aceptar cualquier lugar que se le asigne en el servicio de la iglesia.
18.
Dios ha colocado.
Dios en su sabiduría ha destinado diferentes funciones para las diversas partes del cuerpo. El hombre no tiene la autoridad de cambiar esta disposición; depende enteramente de Dios. Así también destinó a diferentes personas en Corinto para que desempeñaran diversas clases de obras. Cada una fue elegida de acuerdo con la sabiduría de Dios y había recibido un don que la capacitaba para desempeñar las responsabilidades colocadas sobre ella (vers. 27-28). Los dones fueron distribuidos por Dios; el hombre no los repartió (ver coro. vers. 11). Al quejarse y poner objeciones por su lugar y su obra en la iglesia, una persona puede estarse rebelando contra Dios.
19.
Si todos fueran un solo miembro.
Algunos en Corinto sin duda manifestaban un espíritu de descontento por la forma como Dios había distribuido los dones. Los que no estaban en cargos destacados en la iglesia parecían estar disgustados porque pensaban que si no eran ministros o maestros no se les daba importancia. Entonces Pablo presentó una ilustración efectiva -la del cuerpo humano- para desvanecer esas falsas ideas, destacando el absurdo que se produciría si todas las partes del cuerpo humano se fusionaran para convertirse en un solo miembro, como, por ejemplo, en ojo u oído.
Cuerpo.
Para que las manos, los pies, los ojos, los oídos, etc., cumplan su debida función, deben estar unidos con el cuerpo. Ninguno puede funcionar- si se destruye esa unión. Si todo el vigor del cuerpo se concentrara en un miembro particular como el ojo, todas las otras partes sufrirían, y el ojo también llegaría a ser inútil. Pablo destaca así: que cualquier interferencia con el plan del Creador para el funcionamiento debido cuerpo, no es benéfica sino perjudicial en sus resultados.
20.
Pero ahora.
Hay paz y felicidad en la aceptación gozosa del plan de Dios para su criaturas y su iglesia.
El cuerpo es uno solo.
Unidad en la diversidad y diversidad en la unidad es la disposición o arreglo que produce los mejores tratados (ver Eze. 1: 28; 10; 2JT 350; OE 504). La mano de Dios lo preside todo, e individualmente los cristianos pueden regocijarse de ser considerados dignos de una parte -aunque sea pequeña- en la grandiosa obra de llevar a una gloriosa terminación el plan de redención. 769
21.
No te necesito.
Este versículo es un reproche para el orgullo de los que se creen mucho mejor dotados que otros. Se les hace ver que su vana fatuidad es la que les hace creer que se puede prescindir de los dones menores. Hay una dependencia mutua en los diversos departamentos de la vida de la iglesia para el debido funcionamiento del conjunto. Los miembros de iglesia mejor dotados dependen de los menos favorecidos y éstos de aquéllos. Por eso no hay lugar para el orgullo ni el descontento en a iglesia. Cada parte del organismo tiene su función peculiar que cumplir, y el daño o atronamiento de una parte afecta la eficiencia de todas las otras. De la misma manera, la contribución del cargo aparentemente más insignificante en la iglesia, es importante para la eficaz operación y el desarrollo armonioso de toda la organización.
Los hermanos deben manifestar simpatía y amor mutuos, en lugar de orgullo y descontento. Los que parecen estar mejor capacitados, deben apreciar a sus hermanos menos favorecidos y hacerles saber que estiman lo que están haciendo a favor de la causa que es amada por todos los miembros del cuerpo de Cristo (ver 5T 279). Recuerden todos los creyentes que el amor y la unidad que se ven entre los cristianos, son los medios que Dios ha dispuesto para informar al mundo que él envió a su Hijo a esta tierra (Juan 17: 21).
22.
Parecen más débiles.
No se sabe a cuáles miembros del cuerpo se está refiriendo Pablo. Quizá sea una alusión a ciertas partes del cuerpo que por su estructura parecen más débiles que otras, y necesitan ser protegidas.
Necesarios.
Una persona puede continuar viviendo si pierde una mano, una pierna, un ojo, una oreja, etc., pero no puede vivir sin el corazón, los pulmones o el cerebro. De modo que aunque estos órganos parecen ser más débiles y necesitan estar cubiertos para su protección, en realidad son de una importancia vital, y por lo tanto más útiles que los miembros aparentemente más fuertes como los brazos y las piernas.
23.
Menos dignos.
Pablo no identifica específicamente a estos miembros. Sin duda son los que normalmente están cubiertos por el vestido. La diferencia entre éstos y los "menos decorosos" parece ser de grado; los segundos se refieren a los órganos sexuales y de excreción. La costumbre es dejar la cara descubierta, sin el adorno de ninguna prenda de vestir, y lo mismo las manos; pero hay ciertas partes del cuerpo que el pudor, la decencia y la dignidad demandan que se cubran. El origen de esta costumbre se encuentra en el relato de la caída del hombre. Antes de la entrada del pecado en la familia humana, nuestros primeros padres estaban cubiertos con un manto de gloria; pero el pecado hizo que ese manto desapareciera, y Adán y Eva procuraron cubrirse al ver su desnudez (Gén. 2: 25; 3: 7, 10-11; PP 25, 40). Dios espera que sus hijos se vistan adecuadamente y que los requisitos del pudor y de la pureza del cristiano se cumplan plena y seguramente.
Más dignamente.
El rostro se deja al descubierto y se considera digno, pero otras partes del cuerpo son vestidas en forma atrayente. Esto parece enseñar que los miembros de iglesia menos favorecidos que otros con dones espirituales, no deben ser despreciados ni tratados como inferiores. Los menos dotados de la iglesia deben ser estimados y tratados con mayor consideración y cuidado, porque son indispensables para el conjunto del cuerpo.
24.
No tienen necesidad.
Es más clara la relación de la primera parte del vers. 24 con el vers. 23 en la traducción de la BJ: "Pues nuestras partes honestos no lo necesitan"; "mientras que los que de suyo son decentes no necesitan de más" (NC). El rostro, las manos, etc., quedan al descubierto, y esto no implica ninguna vergüenza ni deshonra. Los miembros de la iglesia que tienen mejores dones tampoco necesitan de tanta conducción e instrucción espiritual como los que no han sido tan favorecidos con dones.
Dios ordenó el cuerpo.
Gr. sugkeránnumi, "juntar", "unir". Este vocablo se encuentra sólo aquí y en Heb. 4: 2. Aquí puede significar juntar poniendo en orden. "Dios ha formado el cuerpo" (BJ); "Dios concertó el cuerpo" (BC). Dios ha hecho que una parte del cuerpo dependa de otra y sea necesaria para el debido funcionamiento de la otra. Todas funcionan, juntas en unidad armoniosa.
Más abundante honor.
O sea que necesita más atención y cuidado. Una persona debe trabajar para adquirir las ropas indispensables para poder vestir adecuadamente esas partes.
25.
Desavenencia.
Gr. sjísma (ver com. cap. 1: 10). Los diferentes talentos y dones que 770 poseen los diversos miembros de la iglesia, no deben ser motivo para la formación de batidos dentro de la iglesia. No se debe hacer sentir a nadie que no es adecuado o necesario para estar en compañía de otros que tienen lo que podría considerarse como dones superiores. Aquí parece haber una referencia a las divisiones que se habían desarrollado en la iglesia de Corinto (cap. 1: 10-12; 11: 18). Todas las partes del cuerpo humano son necesarias y dependen una de la otra. Ninguna parte debe ser considerada como inútil para el bienestar de todo el cuerpo. Lo mismo sucede en la iglesia. Ningún miembro, no importa cuán débil, ignorante o pequeño sea, debe ser considerado como innecesario o sin valor. Cada uno es en su lugar, y no es correcto pensar que los miembros pertenecen a diferentes cuerpos y que, por lo tanto, no pueden relacionarse entre sí.
Todos se preocupen.
No importa qué parte del cuerpo humano esté afectada por el dolor o la enfermedad, los recursos y las energías de todo el organismo se concentran para aliviar ese dolor y restaurar el miembro lesionado a su estado normal. En el cuerpo espiritual cada miembro también debe interesarse en el bienestar de los otros, sin hacer acepción de personas ni de dones.
26.
Padece.
Cuando se lastima un miembro del cuerpo, padece todo el organismo debido a la relación vital entre el miembro lastimado y el resto del cuerpo. En la iglesia también debe haber una relación viviente tan íntima entre los miembros, que el sufrimiento de uno se comunique a la iglesia entera, y el interés y la ayuda activa de todos se encaucen para aliviar al miembro que padece. Si uno está sufriendo pobreza, por ejemplo, la responsabilidad de la iglesia es aliviar ese sufrimiento atendiendo sus necesidades materiales. Si otro es perseguido por su fe, todo el conjunto de creyentes debe compartir su prueba y acompañarlo para darle toda la ayuda posible (ver Rom. 12: 13, 15-16; Gál. 6: 2; 2JT 493, 499, 507-510). La iglesia es una organización íntimamente entrelazada: debe verse en ella una unidad que se asemeje a la que existe entre los miembros de la Deidad (Juan 17: 21, 23; Rom. 12: 4-5). Cristo se identifica con los suyos, y cuando tino de ellos sufre, él siente el dolor (Mat. 25: 40, 45; Hech. 9: 5). Así como en el cuerpo físico el dolor que se siente por un pinchazo en un dedo se comunica a todo el organismo, de la misma manera el cuerpo espiritual es afectado cuando un dardo envenenado de Satanás atraviesa el corazón de un miembro. Todo el conjunto siente la deshonra por la apostasía del más pequeño de sus miembros.
Honra.
La salud de un miembro del cuerpo se refleja en el bienestar de todo el organismo. Lo mismo pasa en la iglesia. El honor que recibe uno de sus miembros por los dones especiales que ha recibido es compartido por todos, pues todos se benefician con esos dones especiales.
27.
Vosotros.
El pronombre es enfático en griego. Pablo se estaba dirigiendo a los creyentes corintios, entre los cuales había algunos que habían causado divisiones en la iglesia, otros que no se habían desligado del todo de la idolatría, y otros más que habían caído en inmoralidad (cap. 1: 10-11; 3: 3; 5: 1-2; 8-1). Debían esforzarse por ser miembros firmes y sanos, por hacer debidamente su parte en la obra de la iglesia. Debían ser Fieles y leales a Cristo y mutuamente, y no tener envidia de ninguno de los hermanos.
Cuerpo de Cristo.
Cf. Efe. 1: 22-23; 4: 4, 12, 16; 5: 23, 30; Col. 1: 18, 24; 2: 19; 3: 15. Los miembros de la iglesia deben someterse a la voluntad de Cristo en todo así como todas las partes del cuerpo están dirigidas por la voluntad de la cabeza; y así como todos los miembros del cuerpo mantienen una conexión vital con la cabeza y los unos con los otros, así también los verdaderos creyentes mantienen entre sí la relación de miembros del mismo cuerpo, sometidos todos a la misma cabeza: Cristo.
En particular.
Gr. ek mérous, literalmente "de parte", es decir, "individualmente" o "separadamente". ("Por su parte", BJ, BC.) La idea es que cada miembro individual tiene su; propia responsabilidad de servir a Dios en su propio lugar y de acuerdo con su propia función. Esto se amplía en los vers. 28-31, donde se describen las diversas funciones de los miembros individuales de la iglesia de acuerdo con los diferentes dones impartidos por el Espíritu Santo.
28.
Puso Dios.
En el vers. 11 se presenta al Espíritu Santo dispensando los dones; aquí es Dios. Los miembros de la Divinidad actúan juntos, en unidad.
Primeramente.
Sin duda, primeros sólo en cuanto a tiempo (Mat. 10: 1-8; DTG 257-258) sino también en jerarquía, como cargo más importante de la iglesia. 771
Apóstoles.
Es decir, "enviados". El término no debe limitarse a los doce. También otros fueron llamados apóstoles (ver 1 Cor. 15: 7; Gál. 1: 19). Las iglesias parecen haber estado bajo la jurisdicción general de los apóstoles.
Profetas.
Ver com. vers. 10.
Maestros.
Los dotados de una habilidad especial para exponer las Escrituras. Probablemente son los mismos que tienen "palabra de sabiduría", que saben cómo exponer los misterios del reino de Dios a las mentes inquisitivas (vers. 8). La predicación y la enseñanza están estrechamente relacionadas; el predicador proclama la verdad en una forma que llega al corazón de los oyentes y los impulsa a la acción en favor de lo que han oído; el maestro toma la verdad, la analiza y sintetiza con tal claridad y lógica, que los que escuchan entienden verdaderamente el mensaje. De ese modo pueden dar razón de la esperanza que ha sido implantada n su corazón por el predicador.
Milagros.
El poder para hacer milagros era uno de los dones más espectaculares del Espíritu. Los milagros tuvieron un papel muy definido en el ministerio de Cristo en la tierra, y él dio a sus discípulos el poder de hacerlos (ver Mat. 10: 8; DTG 316-317; PE 188-189). El plan del Señor era que sus seguidores tuvieran poder para hacer milagros a fin de avanzar su obra en la tierra (ver Mar. 16: 15-18; DTG 762). Ver com. 1 Cor. 12: 10.
Sanan.
Ver com. vers. 9.
Ayudan.
Gr. antíl'psis. Vocablo derivado de un verbo que significa literalmente "aferrarse de". En el NT sólo aparece aquí, pero es frecuente en los papiros, con la idea de "ayuda", "socorro". Por lo general se entiende que este don es la habilidad conferida a los que desempeñan la función de diáconos en la iglesia, especialmente cuando ese cargo demanda socorrer a los pobres y enfermos. Esta es una obra a la que quizá no se le dé tanta publicidad como a otros dones, pero es, con todo, una importante fase de la vida de la iglesia. Visitar a los enfermos y prestarles una ayuda verdaderamente benévola y comprensiva, tanto en lo físico como en lo espiritual, es un poderoso medio para que los corazones se vuelvan hacia el Salvador. Sólo los que son guiados por el Espíritu pueden cuidar satisfactoriamente a los pobres y necesitados, aliviando sus necesidades materiales. Este es un ministerio sumamente fructífero (ver Isa. 58: 7; 2JT 257, 519; OE 530-531; MC 105-106).
Administran.
Gr. kubérn'sis, vocablo derivado de un verbo que significa "timonear", actuar como piloto", por lo tanto, "guiar", "gobernar". Kubérn'sis quizá se refiera a los dones de administración dentro de la iglesia.
Lenguas.
Para una definición de este don ver com. cap. 14; Nota Adicional del cap. 14.
29.
¿Son todos apóstoles?
La forma de la pregunta en griego pide una respuesta negativa. Los vers. 29-30 indican que Dios no confiere ningún don específico a todos los creyentes. Todos son concedidos de acuerdo con la necesidad de una situación particular a la que hace frente la iglesia en determinado tiempo y lugar. También debe tenerse en cuenta que los dones no son para la glorificación y el ensalzamiento del hombre, sino para que se cumplan los planes y propósitos de Dios, quien imparte esas facultades a sus hijos como a él le place, y no de acuerdo con las ideas y opiniones de los hombres (cf. vers. 4-5, 11). No todos los creyentes de Corinto fueron hechos idóneos por el Espíritu Santo para cumplir los deberes de algún cargo específico de la iglesia como el de maestro o profeta, sino que el Espíritu Santo distribuyó los dones a los individuos que eligió para ciertos propósitos específicos. Esto debería eliminar de los que recibieron los dones todo orgullo y toda idea de superioridad sobre sus hermanos menos favorecidos.
30.
Dones.
Este versículo continúa el tema del vers. 29 (ver comentario respectivo).
31.
Procurad.
"Aspirad" (BJ, NC); "codiciad" (BC). Gr. zelóo "tener celo por". A los corintios se les amonestó a que continuaran rogando fervientemente al Señor para que derramara su Espíritu sobre ellos y les impartiera los dones más necesarios para la realización de su parte en la obra de Dios. La recepción inicial de tino o varios dones no es necesariamente la concesión final de ellos. Como se enseña en la parábola de los talentos (ver com. Mat. 25: 14-30), la fidelidad en el deber puede hacer aumentar la recepción de dones.
Mejores.
"Mayores"; "superiores" (BJ); "más excelentes" (BC). Los dones espirituales son impartidos por el Espíritu Santo para la edificación de la iglesia, con el propósito de que llegue a un estado de perfección y unidad en Cristo (ver Efe. 4: 12-13). Los que sirven directamente al propósito principal de la 772
iglesia -la predicación del Evangelio- y que contribuyen más a la edificación general (ver 1 Cor. 14: 1), sin duda son considerados como los más importantes.
Un camino aun más excelente.
Es decir, el camino del amor, que se describe en el cap. 13.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
4 CM 240; Ev 77; 3T 446
4-12 HAp 76; TM 26
6 OE 498
7 PVGM 298
8-9 OE 370, 498
8-11 MeM 38; PVGM 262-263
11 CM 240; DTG 763
12 FE 413, 466
12-27 7T 174
13 MC 16
13-21 HAp 255
14-21 2JT 526; MB 127; 4T 128; 5T 279
24-27 HAp 256
26 7T 292
26-27 MB 26
27 2JT 328; 7T 296; 8T 174
28 HAp 75; 3T 446
CAPÍTULO 13
1 Todos los dones, 2, 3 por excelentes que sean, son nada si carecen del amor, 4 de ahí las alabanzas al amor y 13 su superioridad sobre la esperanza y la fe.
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos
10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
1.
Si yo.
Pablo ha enumerado y definido el lugar de los dones del Espíritu en la iglesia (cap. 12). Ahora muestra que la posesión de todos esos dones y otros poderes adicionales no hace de nadie un cristiano a menos que posea el don supremo del amor. Este hermoso poema en prosa ha sido llamado "lo más grande, más intenso y más profundo que jamás escribiera Pablo" (Harnack).
Aquí se presenta la naturaleza del amor, su valor y duración eterna en comparación con los dones transitorios. En este capítulo se continúa tratando el tema comenzado en el cap. 12: los dones espirituales. Pablo ha hecho 773 notar que los diversos dones espirituales fueron conferidos con el fin de hacer progresar la edificación y el bienestar de la iglesia (cap. 12: 4-28). Ahora muestra que la posesión de los dones ya mencionados, aunque es buena, puede ser reemplazada por un don que es de más valor que cualquier virtud descrita previamente, y que ese don está a disposición de todos (cf. Gál. 5: 22).
Lenguas humanas.
Esto podría ser una referencia al poder de expresión de que disponen los oradores más excelentes y mejor dotados de los hombres, o a los muchos y diferentes idiomas que se hablan en las naciones. Si al orador le falta amor, una de las características básicas de Dios, su elocuencia superior o su habilidad para expresarse en idiomas, es tan inútil para la promoción del reino de Dios como los ruidos sin sentido de cualquier trozo de bronce o de un címbalo que retiñe vanamente (ver 1 Juan 4: 8; DTG 13; CS 541, 546).
Angélicas.
Pablo quizá se refiera al don de lenguas, tan apreciado en Corinto (ver com. cap. 14), o al elevado lenguaje de los ángeles. Sin embargo, la superespectacular manifestación del don de lenguas o aun la capacidad de hablar con una lengua angelical, no confiere ningún honor al que recibe ese don, ti¡ es de ningún valor real para él si no está acompañado por el amor. El apóstol quería corregir la errónea evaluación que daban los corintios al don de lenguas y estimularlos a buscar el amor como el don más valioso.
Amor.
Gr. agáp', el "amor" en su sentido más sublime, que reconoce algo de valor en la persona o el objeto amado; amor que se basa en un principio y no en emociones; amor que proviene del respeto por las admirables cualidades del que es amado. Este amor es el que existe entre el Padre y Jesús (ver Juan 15: 10; 17: 26); es el amor redentor de la Divinidad por la humanidad perdida (ver Juan 15: 9; 1 Juan 3: 1; 4: 9, 16); es la cualidad especial que se demuestra en el trato mutuo de los cristianos (ver Juan 13: 34-35; 15: 12-14), y se practica para demostrar la relación del creyente con Dios (ver 1 Juan 2: 5; 4: 12; 5: 3). El amor a Dios se demuestra conformándose a su voluntad; ésta es la prueba del amor (ver 1 Juan 2: 4-5). Ver Nota Adicional del Sal. 36; coro. Mat. 5: 43-44.
La palabra "caridad" (BC, BJ, NC, RVA) no es lo suficientemente abarcante para indicar la amplitud del interés en el bienestar de otros, que se halla en el vocablo ágap'. "Caridad" podría sin duda implicar la idea o concepto que se reduce a una ayuda material. La palabra "amor" es muy superior; debe entenderse teniendo en cuenta todo lo que se dice de ella en este capítulo. Este "amor" (agáp') no debe confundirse con lo que a veces se llama "amor", sentimiento enfermizo y emocional que tiene su centro en el yo y en los deseos egoístas. Pero agáp' enfoca el interés y la preocupación en otros, y produce una conducta correcta.
La iglesia de Corinto había sido muy perturbada por discordias internas que produjeron bandos y antagonismos (cap. 1: 11-12). Algunos se jactaban de sus cualidades y dones superiores (cap. 3: 3-5, 8, 18-19, 21; 4: 67). Este capítulo muestra que la posesión de diversos dones del Espíritu de nada vale si el individuo está desprovisto de amor.
Metal.
"Bronce" (BC, BJ, NC). Gr. jalkós, "bronce" o algo hecho de bronce. Con el complemento "que resuena", quizá se refiera a un gong o a una trompeta. Se describe un instrumento o artefacto que resuena, que aunque hace mucho ruido y da la impresión de ser de gran importancia, no es más que un productor de sonidos.
Retiñe.
Gr. alalázo, vocablo onomatopéyico, formado originalmente para expresar los alaridos de un ejército que entraba en batalla. A partir de este uso original llegó a significar la producción de cualquier tipo de ruido fuerte, como los chillidos o gemidos propios de los lamentos. Alalázo describe aquí el monótono retintín de un címbalo.
2.
Profecía.
El apóstol se refiere ahora al don más importante, aunque quizá menos sensacional: hablar como un mensajero inspirado de Dios que transmite a la iglesia las instrucciones del cielo. La superioridad de este don sobre las lenguas y otros dones espirituales, se destaca en el cap. 14: 1, 39. El profeta, que se encuentra entre Dios y los hombres y revela la voluntad divina a éstos, debe estar dominado por el amor; de lo contrario su mensaje tendrá muy poco efecto sobre los oyentes.
Misterios.
Gr. must'rion (ver com. Mat. 13: 11; Rom. 11: 25). El pecado ha debilitado las facultades de la mente humana; la capacidad del hombre para entender las maravillas de la vida, tanto naturales como espirituales, es muy inferior a la que originalmente Dios quería que tuviera (ver Isa. 6: 9-10; Juan 774 12: 37-40; 2 Cor. 4: 4; 1JT 123-124, 583; 2JT 306). Se necesitan largos e intensos estudios e investigación para que los hombres puedan descubrir los secretos de la naturaleza; pero Adán los entendía fácilmente antes de que pecara (ver PP 31-33). La mente no convertida y dominada por el pecado, no puede comprender las cosas de Dios. El pecado ha producido un cambio completo en la naturaleza espiritual del hombre, por lo cual su proceder es diametralmente opuesto al de su Creador (ver Isa. 55: 8-9). Dios ha creído conveniente revelar a los profetas la forma como actúa su voluntad en favor de los hombres, y aquéllos tienen a su vez la orden de instruir a los demás en cuanto a su relación con Dios y sus prójimos (ver Sal. 25: 14; Amós 3: 7).
Ciencia.
Pablo no se refiere con "ciencia" a la disciplina de ese nombre, sino al don del conocimiento que se describe como "palabra de ciencia" (cap. 12: 8), que significa "expresiones de sabiduría" (ver comentario respectivo; cf. com. cap. 12: 28).
Fe.
Es decir, el don de la fe descrito en cap. 12: 9 (ver comentario respectivo).
Amor.
Ver com. vers. 1.
Nada.
Después de enumerar la posible posesión de los dones de profecía, sabiduría, ciencia y fe, dones espirituales sobresalientes y muy deseables, Pablo enuncia la sencilla afirmación de que todas esas virtudes, por admirables e importantes que sean, son ineficaces sin el amor.
Lo mismo también es cierto de los dones adquiridos, tales como los intelectuales. Satanás tiene gran poder intelectual y un conocimiento que supera en mucho al de los hombres, pero no por eso es alabado (ver 1JT 215; PP 14; 5T 504). La mente que no se ha entregado a Cristo y no es movida por su Espíritu, está bajo el dominio de Satanás, quien obra en ella como le place (ver 5T 515). Por eso resulta evidente que los progresos intelectuales sin el factor de un amor semejante al de Dios, sirven solamente para ayudar a que Satanás logre sus fines, pues no contribuyen en nada al bien espiritual de los hombres (ver 1 Juan 4: 8). Quien posea mucha sabiduría de este mundo, más una comprensión teórica de la relación que debe existir entre el hombre y Dios, pero no tiene un conocimiento personal del amor, aún estará perdido. Sus esfuerzos para hacer el bien a otros serán estériles y se quedará sin alcanzar la gran meta que debería haberse propuesto en la vida: la glorificación de Dios (ver 1 Juan 4: 7-8; DMJ 37).
3.
Repartiese.
Gr. psÇmízÇ, "dar en bocados", "alimentar", "distribuir". En el NT sólo se usa aquí y en Rom. 12: 20. Puede aplicarse aquí a la distribución de bienes a los pobres en porciones pequeñas. Quizá era costumbre en los días de Pablo que los ricos distribuyeran limosnas a los pobres junto a los portones de sus propiedades (ver Luc. 16: 20-21). También es probable que distribuyeran limosnas en porciones pequeñas a muchas personas de modo que hubiera un número mayor de beneficiados para alabar al donante. Se consideraba que dar limosnas era tina gran virtud, y frecuentemente se hacía en forma ostentosa. Jesús reprochó severamente ese deseo de recibir el aplauso popular (ver com. Mat. 6: 1-4). Para destacar la vanidad de esa falsa caridad, Pablo hizo notar que si todo lo que posee un hombre fuera distribuido en forma de limosnas, pero le faltara en la vida el verdadero amor, todo sería hueca hipocresía, sin valor espiritual. Aunque semejante proceder pudiera significar el bien de otros, no podría merecer la aprobación de Dios porque faltarían las cualidades de carácter requeridas.
Para ser quemado.
La evidencia textual (cf. p. 10) se inclina por el texto "para que me glorie" o "me jacte". Con esta variante, el significado del pasaje es: "Aunque repartiera todas mis posesiones para alimentar a los pobres, y aunque entregara mi cuerpo para poder gloriarme, no me serviría de nada". La idea de esta variante es que el martirio que se busca para la glorificación propia no tiene ningún mérito.
En los días de Pablo no se acostumbraba quitar la vida a los hombres por medio de la hoguera. Los métodos comunes eran el apedreamiento, la crucifixión o la decapitación con espada. El que no fuera costumbre quemar a las personas es, juntamente con la evidencia de los manuscritos, razón para pensar que la palabra que usó Pablo fue kaujesomai, "¿me jactara". Algunos siglos más tarde se hizo común el martirio por hoguera. Eso bien pudo haber contribuido a que fuera fácil leer -y copiar- kauthesomai, "me quemara", en este versículo. En todo caso, es claro el pensamiento: el sacrificio más grande de nada vale sin el amor.
Algunos han considerado este pasaje como una profecía de las terribles torturas con fuego 775 que sobrevendrían a la iglesia en el tiempo de Nerón y posteriormente; ven, por lo tanto, una advertencia contra el engaño de que se puedan ganar méritos buscando innecesariamente el máximo martirio de la hoguera.
De nada me sirve.
Si el que sufre el martirio del fuego carece de las cualidades de carácter representadas por el "amor" (agáp'), no puede tener esperanza de vida eterna y, por lo tanto, lo ha perdido todo. Por esta razón el amor es más precioso y de más valor que los dones del Espíritu que los corintios deseaban tener (vers. 1-2), o que los actos aislados de filantropía o abnegación. Nada puede ocupar el lugar del amor. Dios sólo acepta el servicio motivado por el amor (ver Juan 14: 15, 21, 23; 15: 9-10, 12, 14; 1 Juan 4: 11-12, 16-21; 5: 1-3).
4.
Es sufrido.
En los vers. 4-7 Pablo procede a analizar el amor. Destaca siete excelentes características del amor y ocho actitudes que son completamente extrañas a su naturaleza. En esta apología presenta las características superiores del amor en sus aspectos positivo y negativo. La personificación del amor en estos versículos ensalza la belleza de la descripción, pues Pablo le asigna al amor las características que se encuentran en los que realmente aman. A través del pasaje se ven de vez en cuando vislumbres de las faltas de la iglesia de Corinto, que contrastan directamente con las excelentes cualidades del amor.
La paciencia o longanimidad, en un mundo donde prevalecen la impaciencia y la intolerancia, es un precioso atributo. El amor es magnánimo con las faltas, fracasos y debilidades de otros. Reconoce que todos los seres humanos son falibles, y que, por lo tanto, debe esperarse que haya manifestaciones que revelen los errores que resultan de la naturaleza pecaminosa inherente del hombre. La paciencia es lo opuesto a la precipitación, a las expresiones y los pensamientos apasionados y a la irritabilidad. "Sufrido" describe el estado mental que capacita al hombre para ser pacientemente tranquilo y cuando es oprimido, calumniado y perseguido (ver Efe. 4: 2; Col. 3: 12; 2 Tim. 4: 2; 2 Ped. 3: 15; cf. Mat. 26: 63; 27: 12-14; com. Mat. 5: 10-12). El que es paciente posee uno de los frutos del Espíritu (Gál. 5: 22).
Es benigno.
Gr. jr'stéuomai, "ser gentil", "manifestar bondad", "ser considerado y suave". Describe la naturaleza bondadosa del que es movido por el Espíritu de Dios, que siempre está procurando revelar, por palabras y acciones, una simpatía comprensiva y sensibilidad ante las luchas y dificultades de otros. La idea de la palabra es que en todas las circunstancias de la vida, ya sean ásperas o irritantes, dolorosas o penosas, el amor es suave y gentil. El amor es lo opuesto al odio, el cual se manifiesta con severidad, ira, aspereza, dureza y venganza. El que realmente ama a otro es bondadoso con él, anhela hacerle bien; es gentil y cortés porque no desea herir sus sentimientos, sino que procura ayudarle a ser feliz. (ver 1 Ped. 3: 8).
No tiene envidia.
Gr. z'lóÇ, "ser celoso", ya sea en sentido positivo o negativo. Aquí, en sentido negativo, significa "ser envidioso" o manifestar sentimientos malos o desagradables hacia otros porque tienen alguna ventaja sobre uno. Sentimientos tales producen luchas y divisiones, que son completamente contrarias a las enseñanzas de Jesús, pues él exhortaba a los hombres a que se amaran unos a otros y vivieran unidos (ver Juan 15: 12; 17: 22; 1 Juan 3: 23). La envidia o los celos es, de todos los defectos humanos, uno de los más crueles y despreciables (ver Prov. 27: 4; Cant. 8: 6). Lucifer, el glorioso ángel que tenía el privilegio de ser uno de los querubines protectores que estaban cerca del trono de Dios, fue vencido por la envidia y perdió su elevada dignidad (ver Isa. 14: 12-15; Eze. 28: 14-15). Desde que cayó ha procurado implantar el terrible defecto de la envidia en el corazón de cada ser humano para que todos se pierdan como se perdió él. Sólo el amor puede expulsar los celos. Pero el sentirse contento con lo que el Señor ha permitido que tengamos, no excluye que deseemos fervientemente los mejores dones y anhelemos ardientemente el "camino aun más excelente" del amor que se describe en este capítulo (ver 1 Cor. 12: 31).
No es jactancioso.
Gr. perperéuomai, "ser vanaglorioso", "jactarse". El amor no pregona sus propias alabanzas; es humilde, no trata de ensalzarse. Aquel en cuyo corazón se encuentra el verdadero amor, recuerda la vida y la muerte de Jesús, e instantáneamente rechaza cada pensamiento o sugestión que lo lleve a la justificación propia (ver PE 112-113). El amor que es un don del Espíritu considera cada virtud como procedente de Dios y concedida por él, y por lo tanto, no hay motivo 776 para la vana jactancia porque la posesión de todo don viene de Dios.
No se envanece.
Gr. fusióÇ, "hincharse", "inflarse", metafóricamente "enorgullecerse". FusióÇ deriva fe fúsa, "bufidos". El amor no infla a una persona de vanidad; no produce engreimiento y ensalzamiento propios. Este vocablo indica el estado subjetivo de orgullo y de satisfacción propia que con tanta frecuencia son característicos de los que poseen un conocimiento superior y que son muy capaces (cf. cap. 8: 1). El amor no se complace en la autoestimación, la cual pretende tener los mejores dones, y tiende a la vanagloria. El amor no produce sentimientos de darse importancia, ni busca los halagos de otros por cualquier cosa que se haya logrado (ver 5T 124).
5.
No hace nada indebido.
Gr. asj'monéÇ, "actuar indecorosamente", " comportarse en forma deshonrosa". En la LXX la palabra se usa con el significado de "estar desnudo" (ver Eze. 16: 7, 22; etc.). El amor nunca es descortés, rudo o tosco; nunca se conduce de tal manera que pueda herir la sensibilidad ajena. Cuando Cristo vivió en la tierra siempre tuvo en cuenta los sentimientos de los hombres y procedía con cortesía y corrección para todos (ver OE 127). Cada verdadero seguidor del Señor siempre será cortés y nunca responderá a los impulsos del corazón natural de volver la rudeza y aspereza con descortesía (ver OE 129). El amor siempre va en busca de lo que es correcto y decoroso en todas las relaciones de la vida, pues procura promover la felicidad ajena, y esto necesariamente induce a evitar todo lo que causaría una ofensa o impediría el verdadero gozo .
Aquí puede haber una ilusión a la conducta indebida de algunos de los corintios en el culto público y en relación con los banquetes paganos (ver 1 Cor. 8; 10-12; 11: 4-6, 20-22). Con amor el cristiano renuncia a sus opiniones, deseos y prácticas personales en bien de la tranquilidad, la conveniencia y la felicidad de otros.
El comportamiento correcto del amor impide todo fanatismo y posición extremista que conduzcan a estallidos emotivos desenfrenados y deshonren la causa de Dios. Esta afirmación de que el amor nunca hace nada indebido demuestra que en todo momento está bajo el dominio de la razón, y por lo tanto no puede ser una emoción o sentimiento. Lo que pasa de ser una reacción de las emociones y sentimientos -falsamente llamada amor-, no actúa en forma razonable ni necesariamente tiene en cuenta los sentimientos y la sensibilidad de otros.
Lo suyo.
Lo diametralmente opuesto a la naturaleza del verdadero amor es la búsqueda egoísta de la ventaja, la influencia o el honor de uno mismo como el único propósito de la vida (cf. cap. 10: 24, 33 ). Esta en todas las características del amor la más difícil de entender para el corazón no santificado. El ser humano se interesa en primer lugar en sí mismo y, con frecuencia, ese interés predomina sobre todos los demás; pero la forma de proceder de Cristo, la forma de proceder del amor, pone el yo en último lugar y a los otros primero (ver com. Mat. 5: 43-46; 7: 12). La naturaleza egoísta del hombre es una prueba más de que el pecado a invertido completamente el orden divino en la experiencia de la humanidad, induciendo a los hombres a concentrar sus afectos e intereses en sí mismos (ver Jer. 17: 9; Rom. 7: 14-18, 20; 8: 5-8; Sant. 4: 4; com. Mat. 10: 39). El que está dominado por el amor desinteresado de Dios, se olvida del yo y está completamente dominado por el deseo de hacer la voluntad de Dios. Por eso está dispuesto a dar su vida en amante ministerio a favor de otros (ver Mat. 22: 37-39; Hech. 10: 38; OE 117; SC 138; 3JT 343).
Jesús "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10: 38). Esta afirmación demuestra claramente que nadie puede ser un verdadero cristiano, un verdadero seguidor de Cristo, si sólo vive para sí mismo o si su principal propósito en la vida es favorecer su propios intereses. Cristiano es el que sigue a Cristo; es el que no tiene en cuenta las exigencias del corazón natural de dedicarse a sí mismo, y que está dispuesto a sacrificar su comodidad, su tiempo, su tranquilidad, sus recursos y sus talentos en favor del bienestar de la humanidad.
No se irrita.
El amor no se irrita; nada puede perturbar la ecuanimidad del perfecto amor y producir una manifestación de disgusto, impaciencia o ira (ver Sal. 119: 165; Heb. 12: 3; 1 Ped. 2: 23). Al cristiano que sabe que el yo, el corazón natural, se opone a la voluntad de Dios, pero se ha entregado al Señor y está muerto al pecado, nada puede irritarlo o disgustarlo. Sencillamente entrega todas las cosas en manos de Dios con la seguridad de que, no importa qué suceda, está bajo 777 el cuidado del ojo amante y atento de Aquel que rige todas las cosas para bien del que confíe en él (ver Rom. 6: 11; 8: 28; 1 Ped. 5: 6-7). Uno de los efectos más visibles de la conversión es el notable cambio que se ve en el carácter de una persona que era de disposición irritable, llena de resentimiento y fácil de airarse. Esas personas se tornan amables, bondadosas y tranquilas bajo la influencia del Espíritu Santo. Todos los esfuerzos de Satanás son infructuosos para hacer que se disgusten y den rienda suelta a su antiguo genio violento.
No guarda rencor.
Literalmente "no toma en cuenta el mal" (BJ, BC). El texto griego daba la idea de no tomar en cuenta el mal que ha sido hecho; no computar, achacar o cargar el mal a la cuenta de algún otro. Este es otro bello atributo cristiano del amor. Demuestra que el amor explica de la mejor manera posible el comportamiento de otros. El que está dominado por el amor no es severo, no está dispuesto a encontrar faltas en otros o atribuirles motivos equivocados.
6.
Injusticia.
El amor no se complace en ninguna suerte de injusticia, ya se trate de amigos o enemigos. La injusticia, que es pecado (1 Juan 5: 17), es completamente extraña a la naturaleza divina del amor. Por lo tanto, el que ama no puede no puede complacerse con nada que no esté en armonía con la voluntad de Dios. El amor no se regocija con los defectos de otros ni se alegra porque se haya descubierto que son culpables de algún mal. No se complace malignamente al escuchar la noticia de que alguien se ha equivocado (ver Prov. 10: 12; 11: 13; 17: 9; 1 Ped. 4: 8). El corazón inicuo se alegra cuando un enemigo cae en el pecado, o cuando un adversario comete una falta que lo perjudica; pero no sucede así con el amor, porque éste sigue el camino diametralmente opuesto y procura ayudar al enemigo cuando está en dificultades (ver Prov. 24: 17; 25: 21; Mat. 5: 44; Rom. 12: 20). Los que no están santificado por la verdad son los que se complacen en el mal proceder de otros (ver Rom. 1: 32; 12: 9).
Verdad.
"Verdad" está aquí en contraste con "injusticia", y significa virtud, justicia, bondad. El amor no se complace en las faltas, sino en las virtudes de otros. el amor se interesa en el progreso de la verdad y en la felicidad del hombre. Por eso da gracias cada vez que es apoyada la causa de la verdad (ver Mar. 9: 35-40; Fil. 1: 14-18).
El amor no puede alegrarse con ninguna clase de pecado ni en el castigo que corresponde al pecador, pero si se complace en la liberación del hombre de los grillos del pecado, porque una liberación tal lo pone en armonía con la verdad y lo convierte en candidato para la felicidad del cielo para la cual fue creado (ver Eze. 18: 23, 32; 33: 11; Juan 8: 32; 17: 17; 1 Juan 4: 8; PVGM 233).
7.
Lo sufre.
Gr. stégÇ, "cubrir", "proteger", "resistir", "soportar". "Todo lo excusa" (BJ, NC); "todo lo disimula" (BC). El amor oculta y calla cosas como las faltas de otros, que el egoísmo del corazón natural expondría alegremente. El amor no siente deseo de examinar las debilidades ajenas o de permitir que sean inspeccionadas por alguna otra persona.
Todo lo cree.
Esta frase no significa que el que ama a sus prójimos es crédulo hasta el punto de creer cosas absurdas, sin discriminar entre los cierto y lo falso, quedando así expuesto a creer en una falsedad como si fuera algo cierto. Lo que el amor está dispuesto a hacer es de interpretar la conducta ajena de la mejor manera posible, adjudicando buenos motivos a otros. Esta es la actitud natural del amor porque procura hacer felices a otros. No cree cualquier cosa en perjuicios de ellos a menos que haya una evidencia irrefutable. El amor en relación con Dios cree sin preguntar todo lo que la voluntad divina le revela al hombre. No tiene dudas acerca de la palabra de Dios y de las instrucciones divinas; todo lo acepta y obedece con gratitud.
Lo espera.
No importa cuán oscuras pueden ser las apariencias y cuántos motivos haya para poner en duda la sinceridad de otros, el amor continúa esperando que todo terminará bien, y mantiene esta posición hasta que desaparezca toda posibilidad de que así sea. Esta fe en el prójimo, inspirada por el amor, insta al individuo a ser un defensor de la causa ajena, aun frente a la oposición. El amor se basa en la confianza, y esta confianza descansa finalmente en Dios. Por eso el amor está dispuesto a hacer frente al ridículo, la lucha y el desprecio en defensa de otros, pues confía que a su debido tiempo será enaltecida la verdad.
Lo soporta.
El amor soporta serenamente todas la dificultades, pruebas, persecuciones e injurias de origen humano, y todos los ataques que quizá Dios vea que es conveniente permitir que haga el adversario (ver Job 13: 15). 778 Esta afirmación acerca del amor demuestra la infinita paciencia que posee el que siempre está regido por el amor. Soporta pacientemente el extraño comportamiento de otros, quizá calculado para herirlo o molestarlo, pues ve en sus prójimos almas por las cuales murió Cristo, almas que son descarriadas por Satanás y, por lo tanto, deben ser compadecidas y ayudadas antes que condenadas o tratadas ásperamente. El amor, que es la perfecta expresión de la ley de Dios, obra consecuentemente para el mayor bien posible de otros y, por lo tanto, está preparado para considerar la conducta desfavorable e otros con una paciencia comprensiva y una simpatía inspirada por Dios. (ver Mat. 22: 37-40; Rom. 13: 10; 1 Juan 4: 7, 12, 16, 18, 20-21).
8.
Deja de Ser.
Gr. ekpíptÇ, "caer de su lugar", "menguar", "perecer". "No acaba nunca" (BJ). La evidencia textual (cf. p. 10) establece la variante píptÇ, la forma simple del verbo. El amor genuino no cae como una hoja o una flor (ver San. 1: 11; 1 Ped. 1: 24). Cuando una flor a brindado su fragancia y belleza durante las horas de la luz solar, ha cumplido su propósito; luego, los vientos fríos y las heladas hacen que se marchite y caigan de la planta. No sucede así con el amor. El amor permanece inmutable, emanando su fragancia de fe, esperanza y seguridad a su alrededor, tanto en los días de tirantez y dificultad como cuando todo es brillante y hermoso. Así debe ser, pues el amor es el mismo fundamento de la ley, y la ley de Dios es eterna (ver Sal. 119: 160; Mat. 5: 17-18; Luc. 16: 17). Se pide a cada creyente que cultive este fruto del Espíritu. Puede estar seguro que no habrá ninguna vicisitud en la vida a la cual no sea capaz de hacer frente el amor. Puede dependerse siempre del amor para resolver todos los problemas.
Profecías.
El don de profecía fue dado por Dios para la conducción de la iglesia a través de los siglos (ver Sal. 77: 20; Ose. 12: 13; Apoc. 12: 17; 19: 10). Cuando ya no haya necesidad de esa conducción, es decir, cuando el pueblo de Dios llegue a su hogar celestial, las profecías cesarán.
Se acabarán.
Gr. katargéÇ, "anular", "terminar", usado aquí en la forma pasiva, "ser llevadas a un fin".
Cesarán.
Gr. páuÇ, "detenerse", "cesar".
Lenguas.
Este don, como el de las profecías, que cumplió una función útil en la iglesia primitiva (ver Nota Adicional del cap. 14 ), ya no será necesario.
Ciencia.
Gr. gnÇsis, "conocimiento". No el conocimiento en general, sino el don del conocimiento que capacita a los hombres para explicar clara y lógicamente la verdad a otros (ver com. cap. 12: 8). Pablo establece la superioridad del amor sobre los otros dones espirituales, que fueron útiles en la edificación de la iglesia, pero que no se necesitarán más cuando la iglesia reine triunfante en el reino de gloria.
9.
En parte.
Los dones de ciencia (o "conocimiento") y de profecía proporcionan sólo vislumbres parciales de los inextinguibles tesoros del conocimiento divino. La luz de una vela prácticamente desaparece prácticamente cuando es puesta frente a la luz del sol; así también nuestro limitado conocimiento desaparecerá ante el brillo muy superior del mundo eterno.
10.
Perfecto.
Gr. téleios, "completo", "entero", "maduro". El conocimiento adquirido por los hombres más inteligentes es insignificante en comparación con el vasto océano de conocimiento del universo; por lo tanto, estaba completamente fuera de lugar la jactancia de los corintios (cap. 8: 1-2). Cuando Jesucristo venga otra vez a buscar a los suyos, el esplendor parcial de la mente humana, basado en todo el conocimiento que poseen los hombres, se perderá en la insignificancia ante el brillo superior de la revelación divina de la verdad, así como la luz de las estrellas desaparece cuando aparece el sol matinal.
Se acabará.
Gr. katargéÇ, (ver com. vers. 8). No puede haber aquí una insinuación de que el conocimiento de la verdad cesará alguna vez o se acabará. La verdad es eterna, y el conocimiento que tiene el hombre de esa verdad siempre permanecerá. La naturaleza parcial de ese conocimiento es lo que cesará cuando el hombre sea transformado de mortal en inmortal (vers. 12; cf. cap. 8: 2). De igual manera, cuando este mundo llegue a su fin y los hombres mantegan comunión cara a cara con Dios, la profecía habrá servido a su propósito y ya no se necesitará más.
11.
Niño.
El apóstol usa esta ilustración de la diferencia entre las experiencias de la niñez y las de la edad madura, para destacar cuánto dista el conocimiento borroso de las cosas que ahora poseen los hombres de la luz brillante del conocimiento que tendrán en el cielo. 779
Hablaba.
Aquí se comparan los sonidos sin sentido, propios de un niño que está aprendiendo a hablar, con la sabiduría que reemplazará al conocimiento terrenal en el futuro estado inmortal. Cuando uno llega a la madurez, abandona como cosas sin valor las ideas y los conceptos de la niñez que antes nos parecían de tanta importancia. Cuando lleguemos al cielo desecharemos las ideas, los puntos de vista y conceptos que albergamos en esta vida, pero que ahora consideramos como muy importantes y valiosos.
Pensaba.
Se refiere a la actividad mental rudimentaria, propia de la infancia, un tipo de pensamiento que no puede ser considerado como un razonamiento cabal. El pensamiento era estrecho e imperfecto, y el conocimiento escaso. Las cosas que llamaban entonces la atención, perdieron su valor cuando llegó la madurez.
Juzgaba.
Al adulto los pensamientos y razonamientos de la niñez le parecen perfiles, de corto alcance, no convincentes y falsos. Cuando los hijos de Dios estén en el reino de gloria habrá tanta diferencia entre los planes, las opiniones, la comprensión y las facultades de razonamiento terrenales y los del cielo, como la hay ahora entre los de la niñez y los de la madurez.
Dejé.
Gr. katargéÇ (ver com. vers. 8).
12.
Espejo.
Se presenta otra ilustración para mostrar la imperfección aun del mejor conocimiento que se puede adquirir en esta tierra. Los espejos antiguos estaban hechos de metal pulido (ver com. Exo. 38: 8). La imagen que se veía en esos espejos con frecuencia era borrosa y turbia. Nuestro conocimiento de la verdea eterna ahora es oscuro y confuso en comparación con lo que será en el cielo. Nuestra visión ahora está nublada por las debilidades físicas originadas en el pecado. Incluso la percepción mental está menoscabada por hábitos erróneos de vida, de modo que las cosas espirituales sólo se perciben ahora confusamente (ver 3JT 183, 197-198; CRA 24, 396; Te 18; CN 433).
Oscuramente.
Gr. en ainígmati, "en enigma", "en acertijo", como en un rompecabezas donde le faltan piezas, de modo que no se le puede reconstruir debidamente. Así es nuestra visión actual de la verdad espiritual: parcial, oscura, borrosa. Sin embargo, lo que se puede entender es suficiente para proporcionar gozo al creyente fiel, pues le permite ver algo de la belleza del plan que Dios ha preparado para la redención y glorificación del hombre. En el cielo será quitado lo que ha oscurecido la visión y se aclararán las cosas que han dejado perplejos a los hombres; aumentará el conocimiento, y con este aumento se producirá un gozo creciente (3JT 261).
Conoceré.
Es decir, conoceré plenamente, reconoceré, entenderé. La idea de "conocer plenamente" no se halla en el verbo que se traduce antes en este versículo como "conozco".
Como.
Es decir, en la misma forma, pero no necesariamente con el mismo alcance. Cuando hayan pasado todas las imperfecciones de esta vida y se efectúe el notable cambio por el cual el "corruptible" se haya vestido de "incorrupción" y esto "mortal" de "inmortalidad" (cap. 15: 52-54), la visión borrosa será reemplazada por una vista clara, pues se habrá quitado todos los impedimentos que había. Habrá una comunión cara a cara, y el creciente redimido, conforme a su capacidad siempre creciente, sabrá y entenderá plenamente todas las cosas.
Fui conocido.
Es decir, por Dios. El conocimiento que el hombre tiene de Dios en esta vida es parcial, pero el conocimiento que Dios tiene del hombre es completo. El conocimiento más completo que poseerá el hombre en el mundo venidero es comparado con el conocimiento que Dios tiene del hombre en esta vida. Sin embargo, el conocimiento del hombre nunca igualará al de Dios, ni aún se le aproximará. Por eso la conjunción "como" no debe interpretarse como que significa "con el mismo alcance" (ver com. "como"). Las palabras de este versículo a veces han sido usadas para presentar la verdad de que en el reino de gloria los hijos de Dios se reconocerán entre sí (ver DTG 744). Debe recordaras que Pablo no está presentado eso en este mensaje. No hay duda de que habrá ese conocimiento; pero lo que el apóstol explica es que en el mundo venidero se explicarán las perplejidades que ahora nos acosan, y que nuestro conocimiento imperfecto será entonces completo (ver 2JT 311).
13.
Permanecen.
Excepto el amor, todos los asuntos que se han tratado en este capítulo, incluso las profecías, las lenguas y otros dones del Espíritu, dejarán de tener valor o terminarán; pero las tres virtudes básicas de la vida cristiana no dejarán de ser; son permanentes. Por lo tanto, se exhorta al cristiano 780 no a concentrar su atención en ellas.
Esta fe no es el don espiritual conocido como fe (ver com. cap. 12: 9), sino la experiencia descrita en Heb. 11 (cf. com. Rom. 4: 3) la cual debe ser de eterno valor, porque será un elemento esencial de vida armoniosa en la tierra nueva. La esperanza, que es el deseo de algo y la expectativa de obtenerlo, será, por su misma naturaleza, una parte de la vida en el cielo, donde siempre habrá nuevas áreas para que los redimidos de Dios investiguen y nuevos motivos de deleite para que los disfruten (ver 1 Cor. 2: 9; Ed 295-296). Los redimidos no podrán disfrutar en un solo momento de todos los tesoros del cielo, y mientras haya algo que se desee y se espere para el futuro, existirá la esperanza.
El mayor.
Cuando se comprende que de todas las cualidades del carácter, la inspiración usa el amor para describir la misma naturaleza de Dios, es fácil entender por qué dice el apóstol que éste es, por excelencia, el mayor de todos los dones del Espíritu (ver 1 Juan 4: 7-8, 16). El amor como forma de vida es más eficaz, más victorioso, más satisfactorio que la posesión y la práctica de los diversos dones del Espíritu enumerados en el cap. 12 (ver 1 Cor. 12: 31). El amor a Dios y a nuestros prójimos es la expresión máxima de la armonía con Dios (ver Mat. 22: 37-40; 8T 139). El amor manifestado en la vida del creyente es la gran prueba de la sinceridad del cristianismo (ver Isa. 58: 6-8; Mat. 25: 34-40; 2JT 511-518).
Ser cristiano es ser como Cristo, quien "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10: 38). Cristianos son los que, en el espíritu de Jesús, van haciendo bienes a todos los que necesitan su ayuda. Lo hacen sin ningún egoísmo, porque el amor de Dios que está en su corazón hace que les sea imposible proceder de otra manera (ver 2JT 506; MB 53). El amor es el camino "más excelente" porque su expresión práctica es la prueba que decidirá el destino eterno de todos los seres humanos. Aquellos cuya religión es nada más que el cumplimiento externo de formas y ritos, descubrirán que esa religión no es la que Dios acepta (ver 2JT 254). El amor abnegado, que crea unidad entre los creyentes, convencerá al mundo de que Dios ciertamente envió a su Hijo a la tierra para salvar a la humanidad. Este es el método elegido por Dios para que los suyos den testimonio de la verdad del Evangelio (ver Juan 17: 21, 23). Un amor tal, que no tiene ningún deseo de ensalzarse, justificarse o complacerse egoístamente, sino que es dedicado a un ministerio abnegado en favor de los necesitados, es un argumento que los inconversos no pueden contradecir, pues ven en ese ministerio algo incomprensible para su filosofía de la vida. Su corazón se conmueve y su inteligencia responde a la evidencia del poder de la piedad en la vida de quienes están convertidos. De esa manera se demuestra que el amor es la forma máxima de predicar el Evangelio y de promover el reino de Dios.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CMC 33; CH 560; Ev 369; 1JT 274; 2JT 25; 2T 116; 4T 133
1-3 DMJ 35; HAp 256
1-5 5T 168
3 2T 116; 4T 133
3-7 2T 169
4 Ed 110; FE 279; MeM 184, 344; 4T 65; 5T 123
4-5 DTG 503; FE 283; HAp 433
4-7 4T 257; 5T 290
4-8 DMJ 19; Ed 237; HAp 256
5 CW 67; DTG 11, 407; 1JT 377; MeM 86; PE 112; 2T 276, 313; 5T 124; 7T 243
5-7 OE 463
6 FE 279
6-8 5T 169
7 1JT 207, 452; MC 397; 5T 404
11 HAd 103,190; 3T 194
12 CC 115; CS 735; DMJ 27; DTG 744; Ed 293, 296; HAd 492; 2JT 311; MC 371; MeM 12, 364, 377; OE 533; SR 432; 1T 30; 3T 540- 8T 328
13 HAp 257; 1JT 322; MB 36; MM 251 781
CAPÍTULO 14
1 Pablo recomienda el profetizar, 2, 3, 4 prefiriéndolo al don de lenguas. 6 Comparación extraída de los instrumentos musicales. 12 Ambos dones deben usarse para la edificación, y 22 para un fin bueno y verdadero. 26 Cómo debe usarse cada uno, y 27 desaprobación de su abuso. 34 Se prohibe a las mujeres que hablen en la iglesia.
1 SEGUID el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.
2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.
3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.
4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.
6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?
7 Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?
8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?
9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.
10 Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado.
11 Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí.
12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.
13 Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla.
14 Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
15 ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
16 Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho
17 Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.
18 Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros;
19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.
20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.
21 En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.
22 Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.
23 Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿ no dirán que estáis locos?
24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;
25 lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.
26 ¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.
27 Si habla alguno en lengua extraña, sea 782 esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.
28 Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.
29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.
30 Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.
31 Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
32 Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;
33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas la iglesias de los santos,
34 vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley los dice.
35 Y si quieren aprender algo, pregunte en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.
36 ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?
37 Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor
38 Mas el que ignora, ignore.
39 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas;
40 pero hágase todo decentemente y con orden.
1.
Seguid.
Gr. diókÇ, "perseguir"; "buscar". Los corintios fueron instados a emplear todo la diligencia posible para sentir amor y crecer en él. Antes de emprender un análisis del don de lengua, Pablo presenta una exhortación final y urge acerca del camino más excelente que él ensalza y describe tan vívidamente en el cap. 13.
Amor.
Gr. agáp'' (ver com. cap. 13: 1).
Procurad.
Gr. z'lóÇ, "ser celoso por". Ver com. cap. 12: 31, donde aparece el mismo verbo.
Profeticéis.
Para una descripción del don de profecía, ver com. cap. 12: 10. En el cap. 14, Pablo contrasta el dn de profecía con el de lenguas, demostrado que el primero es más amplio beneficio para un número mayor de personas. Los corintios ensalzaban en el don de lenguas por encima del de profecía, sin duda por su naturaleza espectacular. Algunos quizá despreciaban la profecía, como parece haber sido el caso en Tesalónica (1 Tes. 5: 20). Pablo insta a los corintios a seguir el amor que impulsa a los hombres a procurar los dones que pueden beneficiar tanto a otros como a ellos mismos. Los hombres no deben procurar los dones para ensalzarse en alguna forma, sino para poder servir mejor a Dios y ayudar más a la iglesia (ver Hech. 8: 18-22; 19: 13-17).
2.
Lenguas.
En cuanto a los diversos puntos de vista acerca de la naturaleza de estas lenguas, ver la Nota Adicional al fin de este capítulo.
No habla a los hombres.
Ver la Nota Adicional al fin de este capítulo.
Por el Espíritu.
Es decir, bajo la influencia del Espíritu, sin duda, en una forma similar a la de un profeta que está "en el Espíritu" (ver com. Apoc. 1: 10).
Misterios.
En cuanto a una definición de "misterios" ver com. Rom. 11: 25. El Espíritu revelada verdades divinas al que hablaba en lenguas. Sin embargo, la revelación sólo beneficiaba al que hablaba. Los sonidos que emitía no eran inteligibles para los oyentes; en realidad, no eran dirigidos a ellos.
3.
El que profetiza.
Es decir, el que habla bajo la influencia de la inspiración. El profeta hablaba bajo al influencia de la inspiración. El profeta hablaba en un lenguaje conocido por aquellos que lo oían. Sus servicios proporcionaban bendiciones y enseñanzas a la iglesia, mientras que el que hablaba en una lengua extraña sólo se fortalecía a sí mismos (ver. 4).
A los hombres.
Profeta es el que el llamado por Dios para ser el agente mediante el cual se han de revelar a otros los misterios divinos (ver Isa. 6: 9; Jer. 1: 5-7; Joel 1: 1-2; etc.).
Edificación.
Los mensajes de los profetas servían para fortalecer y edificar la experiencia del cristiano en etapas progresivas.
Exhortación.
Gr. parákl'sis, "admonición", "consuelo", "estímulo". La palabra del mismo origen, parákl'tos, es el nombre que se da al Espíritu Santo en Juan 14: 16, 26; 15: 26; 16: 7. en cuanto al significado del nombre, ver com. Juan 14: 16.
Consolación.
Gr. paramuthía, cuyo significado es casi idéntico al de parákl'sis (exhortación).
4.
Lengua extraña.
"Lenguas" ( BC, BJ, NC). Literalmente " en lengua". El adjetivo 783 "extraña" ha sido añadido.
A sí mismo se edifica.
Este don cumplía, por lo tanto, una función útil y tenía su lugar, pero no en asambleas públicas a menos que estuviera presente un intérprete (vers. 5, 19). Debiera notarse que como en ese tiempo había pocos ejemplares de las Escrituras del AT, habría sido más necesario que hubiera relaciones personales de la verdad divina (ver. 4).
Edifica a la iglesia.
El profeta recibe relaciones divinas, pero es sólo el medio por el cual esas revelaciones son impartida a la iglesia para que sea edificada.
5.
Quisira que todos vosotros hablaseis en lenguas.
Para que no fuera acusado de menospreciar indebidamente algún don del Espíritu, Pablo expresó el deseo de que todos los creyentes pudieran hablar en lenguas. Era un don importante, y tenía que desempeñar una parte destacada en la obra de la iglesia. Sin embargo, este don no debía opacar al don de profecía, que era menos espectacular, pero más importante.
Mayor.
El don de profecía, era mayor debido a su valor para la iglesia, y más personas se beneficiaban con él que con el don de lenguas. Los dones del Espíritu debieran ser evaluados de acuerdo con su utilidad más que por su naturaleza espectacular.
A no ser que las interprete.
Es indudable que el que hablaba en lenguas no siempre podía interpretar los misterios que le habían sido revelados. Pablo le aconseja orar para "poder intepretarla" (vers. 13), pero lo amonesta que "si no hay intérprete", "calle en la iglesia" (vers. 27-28).
Edificación.
Ver com. vers. 4.
6.
Hablando en lenguas.
Pablo afirma que hablaba en lenguas más que los corintios (vers. 18).
Revelación.
Gr. apokálupsis, "quitar lo que cubre", "quitar un velo". Aquí se refiere a la acción de Dios al revelar a los hombres lo que no puede ser descubierto por las facultades naturales de la mente.
Con ciencia.
Pablo quizá se refiera al don conocido como "palabra de sabiduría" (ver com. cap. 12: 8).
Con profecía.
Es difícil distinguir entre "profecía" y "revelación", pues el profeta habla por revelación . Pablo quizá esté distinguiendo entre nuevas revelaciones de la verdad y declaraciones inspiradas que adaptan verdades conocidas a aplicaciones específicas. La primera podría referirse al contenido; la segunda, a los medios de presentarlo.
Doctrina.
Gr. didaj', Literalmente "enseñanza". Instruir era la obra de los que recibían en don de ser "maestros" (ver cap. 12: 29).
7.
Flauta.
Gr. aulós, en la LXX, el equivalente del Heb. jalil (ver r. III, p. 40). El instrumento aulós del NT quizá era una sencilla flauta.
Cítara.
Gr. kithára, "lira" o "cítara".
Distinción.
Aun los instrumentos inanimados, si tienen que reproducir el lenguaje de la música, influyendo así en las emociones de sus oyentes, deben hacer una distinción en los sonidos que producen. Deben estar controlados por la leyes reconocidas del tono y el ritmo, y de los intervalos de la escala y la medida; de lo contrario, los sonidos que producen no tienen el efecto deseado.
8.
Trompeta.
Puede verse una descripción de los antiguos cuernos y trompeta en el t. III, pp. 42-43. El lenguaje de la trompeta era inteligible para el ejército; pero si el que la tocaba no daba un sonido claro, podía producirse una confusión, y el ejército no sabía si debía iniciar la batalla o no.
9.
Lengua.
Aquí probablemente se refiere al órgano del habla y no al don puesto en práctica. Este versículo sería una ilustración adicional a lo dicho en los vers. 7-8.
Al aire.
Es decir, sin producir efecto.
10.
Idiomas.
Gr. fÇné, "tono", "sonido", "voz". En el contexto parece preferible la traducción "idiomas". Los idiomas ("lenguas" BJ, BC) se hablan con la intención de hacerse entender por los oyentes. Tienen el propósito de ser útiles y no de hacer ostentación con ellos.
11.
Extranjero.
Gr. bárbaros, "bárbaro". Término usado para referirse a uno que no era griego, o que estaba fuera de la esfera del idioma o la cultura de los griegos. Aquí se usa para persona que habla un idioma extranjero.
12.
Dones espirituales.
Literalmente "espíritus". Las diferentes manifestaciones del poder espiritual se presenta aquí como espíritus.
Edificación.
No hay nada malo en desear sones espirituales. Dios quiere que sus hijos sean bendecidos de esa manera, pero el gran propósito de todo derramamiento del Espíritu -a saber, la edificación de la iglesia- debe ser la meta deseo de tener dones. 784 No se deben procurar egoístamente los dones para ensalzarse y satisfacer la ambición personal de dominar a nuestros prójimos.
13.
Lengua extraña.
Literalmente "lengua". El adjetivo "extraña" ha sido añadido.
Interpretarla.
Ver com. vers. 5.
14.
Lengua desconocida.
Sólo "lengua".
Mi espíritu ora.
El don de lenguas se manifestaba bajo la influencia del Espíritu. Los misterios divinos se manifestaban "por el Espíritu" (cf. com. vers. 2). Esta experiencia probablemente era similar a la de un profeta "en visión" (ver com. Apoc. 1: 10).
Entendimiento.
Gr. nóus, "mente".
Sin fruto.
Esta frase se ha entendido de dos maneras: (1) La oración no tiene fruto porque no es entendida por los oyentes, y por lo tanto no beneficia. (2) La mente no se emplea en forma consciente -en su forma parcial o total- mientras se utiliza el don, como en el caso de un profeta en visión.
15.
¿Qué, pues?
¿Qué es lo correcto que yo haga? Una forma similar de expresión se encuentra en Rom. 3: 9; 6: 15.
Con el espíritu.
Es decir, en estado de éxtasis (ver com. vers. 2).
También con el entendimiento.
O "con la mente" (BJ, BC, NC). Esta combinación se daría si el que habla una lengua pudiera al mismo tiempo interpretarla (ver coro. vers. 5). La interpretación sería en el idioma de los oyentes.
16.
Simple.
"No iniciado" (BJ). Gr. idiótes, sin conocimiento profesional, inexperto, ignorante". Según el contexto, parece referirse al que es "ignorante" en lo que se refiere al don de lenguas. Si el que puede hablar en lenguas empleara esa facultad en la iglesia sin la correspondiente interpretación, el resto de los presentes no podría tomar parte en el culto. Así quedarían privados de compartir las bendiciones del servicio.
Amén.
Gr. amén, del Heb. 'amen, que significa "firme", "establecido" (ver com. Mat. 5: 18). Cuando la palabra es usada por una congregación al terminar un sermón o una oración, expresa aprobación de lo que se ha dicho (ver 1 Crón. 16: 36; Neh. 5: 13; 8: 6). Una congregación también dice "amén" al terminar una oración, para indicar confianza en que será oída (ver Deut. 27: 15-26; Neh. 8: 6). Se daba mucha importancia a esta práctica. Esto está comprobado por las afirmaciones de algunos de los rabinos. Por ejemplo: "Mayor es el que responde, amén, que el que pronuncia la bendición" (Talmud Berakoth 53b). "Al que responde: 'Amén, bendito sea el gran nombre de él' con toda su fuerza, se le deshecha su sentencia decretada". "Al que responde 'Amén' con toda su fuerza, se le abren las puertas del paraíso" (T. Shabbathi 119b). Si la palabra se usaba sin la debida consideración, era llamada un "Amén 'huérfano'" (T. Berakoth 47a). En la sinagoga era común responder con un "amén", costumbre que fue adoptada por la iglesia cristiana primitiva (ver Justino Mártir, Primera apología 65; Tertuliano, De Spectaculis 25).
17.
Bien.
O "tu acción de gracias es excelente" (BJ). Para que no se pensara que el que alababa a Dios con oración o canto mediante el don especial de lenguas, se presentaba ante Dios en forma inaceptable, Pablo dice claramente que un culto tal es bueno y correcto. No edificaba a la iglesia, pero sí al que así alaba (vers. 4).
18.
Doy gracias a Dios.
Debe reconocerse a Dios como el que prodiga el don de lenguas. Este versículo demuestra que Pablo no empequeñecía ni despreciaba el don de lenguas.
Más que todos vosotros.
Sin embargo, la Biblia no registra ejemplos de que el apóstol empleara ese don.
19.
Iglesia.
Gr.ekkl'sía (ver com. Mat. 18: 17). No se hace referencia al edificio en el que se celebraban las reuniones de los cristianos, sino al conjunto organizado de los creyentes, sin tener en cuenta el lugar en el que pudieran reunirse.
Cinco palabras.
En el NT suele usarse el número "cinco" como un número redondo para significar "pocos". Se habla de cinco pajarillos (Luc. 12: 6), cinco en tina familia (vers. 52), cinco yuntas de bueyes (cap. 14: 19), etc.
Con mi entendimiento.
O "con mi mente" (BJ), es decir, en una forma diferente a la de las "lenguas", a fin de que fuera comprensible para otros.
Enseñar.
Gr. kat'j'Ç, "instruir oralmente", "enseñar con palabras de la boca". De este vocablo deriva "catecismo", que originalmente significaba instrucción oral, como en el caso de los dogmas de la fe. Es mejor dar una breve exhortación en la iglesia, como lo indican las "cinco palabras", si es para edificación, que un largo discurso que no es comprendido por los oyentes, y que no sirve para instruirlos. 785
Lengua desconocida.
Sólo "lengua". El adjetivo es interpretación, aunque correcta.
20.
Hermanos.
Forma habitual en Pablo para exhortar (ver com. cap. 1: 10).
Niños.
Los corintios se gloriaban mucho de su sabiduría (cap. 1: 20; 8: 1-2). Se regocijaban por sus adquisiciones intelectuales, pero se comportaban puerilmente en relación con los dones del Espíritu. Se interesaban más en los dones que eran de una naturaleza espectacular -como el de lenguas- que en los que actuaban en forma más discreta, y que sin embargo eran más eficaces para la iglesia, como el don de la profecía. Con su conducta estaban poniendo a un lado esa inteligencia superior de la que se gloriaban, y descendían al nivel de la niñez porque apreciaban las cosas por su apariencia externa. Hay muchas cosas triviales que ocupan el tiempo y la atención de los cristianos, mientas que excluyen otras dignas de prestarles pensamiento y acción. Muchos asuntos aparentemente muy importantes serán reconocidos como juegos de niños cuando los hombres se enfrenten a las realidades del juicio.
Sed niños.
Gr. n'piázÇ, "ser infantes". Esta palabra indica una condición más infantil que paidíon, la palabra que se traduce como "niños" en la oración inmediata anterior. Sugiere que el cristiano que realmente ha nacido de nuevo no conocerá por experiencia la corrupción moral del mundo. Esa inocencia en cuanto a la "malicia" probablemente es parte de lo que Jesús tenía en cuenta cuando afirmó que el ser como niños es esencial para todos los que quieran entrar en el cielo (ver Mat. 18: 3).
Malicia.
Gr. kakía, "maldad", "impiedad", "depravación", "malignidad". Respecto a esta cualidad, los niñitos pueden ser considerados como los más inocentes. Esta es la actitud que se verá en todos los que están llenos del espíritu de Jesús.
Maduros.
Gr. téleios, "plenamente crecidos", "maduros", "de edad plena". Demostrad con vuestro pensamiento que sois adultos.
21.
Ley.
Gr. nómos. Aquí se refiere evidentemente a todo el AT (ver com. Juan 10: 34).
Está escrito.
La cita es de Isa. 28: 11, pero sólo concuerda lejanamente con el texto hebreo o con la LXX. El pasaje original es una amonestación para Israel debido a su incredulidad y trato despreciativo a los mensajeros de Dios. Parece que preguntaron en son de burla si debían ser tratados como niñitos, por habérseles repetido ruidosamente en los oídos -como se enseñaba a los niñitos- el "línea sobre línea" y el "mandamiento tras mandamiento". Dios contestó mediante el profeta que, debido a que habían despreciado una enseñanza tan sencilla, serían instruidos mediante un pueblo extranjero de idioma diferente. Esta es una referencia a las naciones gentiles, particularmente Asiria y Babilonia, por las cuales los judíos fueron llevados en cautiverio. Los judíos, ya cautivos, sólo oirían un idioma que para ellos sería ininteligible y bárbaro. Sin embargo, parece que al usar Pablo este pasaje del AT, está destacando que así como Dios antiguamente usó otros idiomas con un propósito, así también ahora usa el don de lenguas para cumplir un propósito importante en la era cristiana.
22.
Así que.
Estas palabras unen estrechamente el párrafo que sigue con la observación anterior. Así como Dios antiguamente usó a los asirios y babilonios para convencer a los israelitas incrédulos, así también ahora usa el don de lenguas para convencer a los incrédulos y a los lentos en la fe que el mensaje evangélico tiene el sello del cielo. Un ejemplo de esto podría ser el descenso del Espíritu Santo sobre los que estaban reunidos en la casa de Cornelio (Hech. 10: 24, 44-47).
Señal.
El don de lenguas era una señal para los incrédulos. Esto no significa que en el momento en que se aceptaba la fe el don ya no cumplía una función útil. Dejaba de ser una "señal", pero podía continuar para la edificación del creyente (ver com. vers. 4).
A los creyentes.
La profecía edifica a la iglesia y tiene el propósito de robustecer al conjunto de creyentes (vers. 2-4). Es una señal de la presencia continua de Dios en la iglesia.
23.
Se reúne.
El caso que aquí se presenta es para ilustrar el uso pervertido del don de lenguas. Ese don tenía el propósito de ser una señal para los incrédulos (vers. 22), pero el don tenía el efecto opuesto cuando ocurría, como en el caso de Corinto, en que todos hablaban al mismo tiempo.
Indoctos.
Gr. idiót's (ver com. vers. 16). Aquí la palabra parece referirse a personas que no estaban familiarizadas con el fenómeno del don de lenguas.
Incrédulos.
Los tales podrían ser judíos o paganos. La mención de incrédulos muestra 786 que algunos no cristianos asistían a las reuniones cristianas. Quizá acudían movidos por la curiosidad o por el deseo de conocer algo de la religión cristiana. A semejanza de los "indoctos", tampoco podrían comprender lo que se estaba llevando a cabo.
Locos.
Del verbo griego máinomai, "estar fuera de sí". Esta palabra también aparece en Juan 10: 20; Hech. 12: 15; 26: 24-25. La confusión resultante de la situación mencionada no podía reflejar idea alguna de verdad o santidad a los forasteros o visitantes que pudieran estar presentes. Por el contrario, daría una idea equivocada del cristianismo, creando la impresión de que era una religión de confusión y desatinos.
24.
Todos profetizan.
Aquí se hace contrastar el efecto de una manifestación del don de profecía sobre los creyentes y las personas ignorantes, con el de una manifestación confusa de lenguas. El que profetiza habla en un idioma conocido por la congregación.
Por todos es convencido.
Mejor "convencido de pecado por todos". El Espíritu Santo convence de pecado (ver com. Juan 16: 8); en este caso, mediante los mensajes de los que profetizaban.
25.
Se hace manifiesto.
Ya fuera porque la conciencia se despertaba y el Espíritu Santo revelaba los verdaderos designios y motivos del corazón, o mediante la revelación de acciones secretas acerca de los forasteros presentes en la reunión, revelación hecha por la inspiración del Espíritu Santo. La revelación de los secretos de la vida de la samaritana fue lo que produjo la convicción de que Jesús era un profeta (Juan 4: 19; cf. vers. 29).
Postrándose.
Postura de adoración común en el antiguo Medio Oriente.
Declarando.
Gr. apaggéllÇ, "declarar", "anunciar". Su mensaje es el opuesto del que daban los forasteros que asistían a reuniones donde había una exhibición desordenada de lenguas (vers. 23). La convicción íntima causada por el poderoso testimonio de los que tienen el don de profecía, cuando cada uno presenta clara, lógica y persuasivamente la fase especial de revelación que le impartió el Espíritu, impele al "incrédulo" o "indocto" a confesar su fe en el poder de Dios.
26.
¿Qué hay?
Es decir, ¿cuál es, pues, la deducción que se debe sacar de lo que ha sido dicho? ¿Qué se debe hacer?
Cada uno.
Pablo no quiere decir que cada persona poseía todos los diversos dones aquí enumerados, sino que todos los dones estarían en la iglesia al mismo tiempo, distribuidos entre los diversos miembros de acuerdo con la sabiduría y la voluntad de Dios (ver cap. 12: 6, 11).
Tiene salmo.
Es decir, tiene la capacidad de expresar de una manera extraordinaria uno de los sagrados himnos que se encuentran en el libro de los Salmos. O un creyente podría ser inspirado a componer un himno de alabanza y a cantarlo en la reunión (cf. Exo. 15: 20-21; Juec. 5: 1; Luc. 2: 25-32).
Doctrina.
O "enseñanza" (ver com. vers. 6).
Revelación.
Probablemente sea una referencia a uno que tiene el don de profecía. Es una comunicación que procede de Dios para beneficio de la congregación.
Interpretación.
Ver com. cap. 12: 10; 14: 8.
Edificación.
Cf. vers. 3-5. Ver com. vers. 12.
27.
Lengua extraña.
Literalmente "en lengua".
Uno interprete.
Ver com. cap. 12: 10; 14: 5. Una persona quizá podía interpretar todo lo que era dicho por los que hablaban en lenguas.
28.
Calle.
Esto demuestra que el que recibía el don de lenguas tenía cierto control de la manifestación del don (cf. com. vers. 32).
Para sí mismo.
Es indudable que el propósito principal del don, tal como se manifestaba en Corinto, era la edificación personal (ver Nota Adicional al fin de este capítulo).
29.
Dos o tres.
El consejo para los profetas es similar al que se da a los que recibían el don de lenguas. El propósito del consejo es evitar confusión (cf. vers. 33).
Los demás.
Para la identificación de "los demás", ver com. "juzguen".
Juzguen.
Gr. diakrínÇ, "discriminar", "discernir". Algunos creen que "los demás" se refiere a otros miembros de la iglesia que tenían el don de profecía y también el don de discernimiento, que debían evaluar las expresiones de los profetas que hablaban y determinar si sus mensajes procedían de Dios o eran inspirados por algún otro poder (cf. 1; Tes. 5: 21; 1 Juan 4: 1). Jesús advirtió a la iglesia que habría muchos "falsos profetas" que se levantarían y procurarían engañar a los creyentes, y la iglesia siempre debe estar en guardia contra ellos, especialmente a medida que se acerca el fin (ver Mat. 24: 5, 11, 24; 2: 787 Tes. 2: 9-11). Otros creen que el consejo de Pablo se dirige a los oyentes, cuyo deber era dar una debida aplicación del mensaje a su caso individual.
30.
Fuere revelado.
Dios es el que da la revelación al que está en la congregación. Respetando la nueva revelación, el que hablaba en ese momento debía callarse. Los profetas debían hablar por turno (vers. 31).
Estuviere sentado.
Esto indica que la congregación estaba sentada. El que dirigía a la congregación sin duda estaba de pie (cf. com. Luc. 4: 16).
31.
Profetizar todos.
Si se observaba el orden debido en la reunión, y cada uno se dirigía a la iglesia por turno, sería posible que todos los que se sintieran impulsados a hacerlo presentaran la verdad que les había sido revelada.
Todos sean exhortados.
Los mensajes combinados proporcionarían la debida enseñanza para todos. Un miembro podría recibir ánimo y ayuda escuchando a determinado orador, mientras que otros exhortarían aceptablemente a otros miembros de la congregación, y en esa forma todos serían edificados.
32.
Sujetos a los profetas.
Es evidente que había algunos que pretendían que no podían quedar callados cuando estaban bajo la inspiración del Espíritu Santo. Pablo refuta categóricamente esa pretensión. Los verdaderos profetas dominaban sus pensamientos y podían hablar o permanecer en silencio a voluntad. La inspiración no elimina la individualidad y la libre elección. El ser humano expresa en su propio estilo y pensamientos las verdades que le han sido reveladas (ver CS 7-9).
33.
Confusión.
Dios no es desordenado ni produce desorden, desunión, discordia o confusión. El verdadero culto de Dios no produce desórdenes de ninguna clase. Este versículo presenta un principio general que rige en el cristianismo, y que se deriva de la naturaleza de Dios. El es Dios de paz, y no se debe enseñar que podría complacerse con un culto caracterizado por confusión de ninguna clase (ver Rom. 15: 33; 16: 20, 1 Tes. 5: 23; Heb. 13: 20). El cristianismo tiende a promover el orden (1 Cor. 14: 40). Nadie que es dócil a la conducción del Espíritu Santo estará dispuesto a participar en escenas de desorden y confusión como las que resultarían si varias personas hablaran en lenguas o profetizaran al mismo tiempo. El que rinde culto está dispuesto a expresar su amor y gratitud a Dios en oración y testimonio, pero lo expresa con seriedad, delicadeza y un genuino respeto por el mantenimiento del orden en la casa de Dios, y no con un deseo de interrumpir y perturbar el decoro del culto de Dios.
Todas las iglesias.
Pablo hace notar que el principio de una conducta ordenada en el culto a Dios prevalecía en todas las iglesias y, por lo tanto, debía ser aceptado también en Corinto. Dios es el autor de la paz en todos los lugares, y los que verdaderamente creen en él procuran preservar la paz cuando lo adoran, dominando cualquier deseo de autoensalzamiento mediante una exhibición inoportuna de los dones del Espíritu dados a ellos.
La parte final de este versículo se relaciona con el vers. 34 en la RVR: "Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen". Esto concuerda con la traducción de la BJ, BC y NC. No se puede definir con certeza a cuál declaración se refieren las palabras "como en todas las iglesias de los santos".
34.
Vuestras mujeres callen.
Si la última parte del vers. 33 se relaciona con el vers. 34, corresponde la traducción de la BJ, BC y NC. Ver com. vers. 33. Si así fuera, la orden de que las mujeres callaran no habría sido una restricción únicamente regional debido a alguna circunstancia local, sino un reflejo de una costumbre general de todas las iglesias. Según 1 Tim. 2: 11-12 puede deducirse que la costumbre era general, pues Pablo, sin especificar ninguna iglesia particular, amonesta: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio".
Algunos han encontrado difícil de entender esta prohibición, no sólo en términos de nuestros conceptos modernos del lugar de la mujer en la iglesia, sino también debido al lugar y al servicio de las mujeres en la historia de la Biblia (ver Juec. 4: 4; 2 Rey. 22: 14; Luc. 2: 36-37; Hech. 21: 9). Pablo mismo alabó a las mujeres que trabajaban con él en el Evangelio (Fil. 4: 3). No hay duda de que las mujeres desempeñaron un papel definido en la historia de la iglesia. ¿Por qué, pues, había de impedírseles que hablaran en público? La respuesta se encuentra en el vers. 35.
Ley.
Las Escrituras enseñan que a la mujer, 788 debido a su parte en la caída del hombre, Dios ha asignado un lugar de subordinación frente a su esposo (Gén. 3: 6, 16; Efe. 5: 22-24; 1 Tim. 2: 11-12; Tito 2: 5; 1 Ped. 3: 1, 5-6). El cambio de la naturaleza del hombre ocasionado por la entrada del pecado en su vida, terminó con la existencia armoniosa que la pareja había conocido antes. No convenía más que el esposo y la esposa tuvieran igual autoridad en la conducción del hogar, y Dios prefirió colocar sobre el hombre la responsabilidad mayor de tomar las decisiones en su familia y de instruirla (ver PP 41-42).
35.
Pregunten . . . a sus maridos.
Una conducta tal impediría interrupciones fuera de lugar en el servicio del culto, y evitaría la confusión que resulta de ellas.
Indecoroso.
Era "indecoroso" porque las costumbres de los griegos y de los judíos ordenaban que las mujeres se retiraran cuando se discutían los asuntos públicos. La violación de esa costumbre sería considerada como una deshonra y habría sido una vergüenza para la iglesia.
36.
De vosotros.
La iglesia de Corinto no fue la primera sino una de las últimas que Pablo fundó; por lo tanto, no le correspondía a esa iglesia prescribir reglas de conducta para otras iglesias, ni pretender tener derecho a ser diferente de ellas. No estaba sola en la proclamación del Evangelio; por lo tanto, debía dar la debida consideración a los principios de conducta y a las formas de culto que se aceptaban en general. Es evidente que la iglesia de Corinto había adoptado costumbres extrañas, como las de permitir que las mujeres se presentaran en los cultos públicos sin velo (ver com. cap. 11: 5, 16) y que hablaran en la congregación en una forma desconocida en otras iglesias. Los corintios habían permitido que hubiera irregularidades y confusión en la iglesia. Pero no tenían derecho a ser diferentes de otras iglesias en ese sentido, ni tenían ningún derecho a decir a las otras iglesias que también debían tolerar esa confusión y ese desorden. Deberían haber reconocido que su deber era conformarse con las prácticas del conjunto de las iglesias cristianas.
Sólo a vosotros.
La iglesia de Corinto no fue la primera en ser establecida, ni era la única. Dios estaba haciendo surgir iglesias en muchos lugares mediante sus siervos. Si una iglesia tenía derecho de crear costumbres y hábitos peculiares, las otras también lo tenían. Si se aceptaba esa idea, el resultado sería confusión y desorden. Por lo tanto, todas las iglesias debían adoptar el mismo plan general de procedimiento en el culto público, y las costumbres que no se practicaban en otras iglesias no debían haberse practicado en Corinto.
37.
Se cree profeta.
Todo el que pretendiera haber recibido alguno de los dones del Espíritu, pero que se negara a reconocer la enseñanza dada por Pablo como proveniente del Señor, mostraría, al hacerlo, que su inspiración no procedía de lo alto.
Señor.
Pablo no hablaba por su propia autoridad ni en su propio nombre. Hablaba a los corintios en el nombre del Señor y por la inspiración del Espíritu Santo. Al aceptar el consejo del apóstol y obedecer las instrucciones mediante él, mostrarían que estaban dispuestos a ser guiados por el Señor. La fe verdadera siempre demuestra que es genuina por su cuidadosa obediencia a las órdenes de Dios. Además, cualquier profesión de fe que desobedezca los mandatos divinos, rechace la autoridad de las Escrituras y no preste atención a la paz y al orden en la iglesia, demuestra que no es genuina.
38.
El que ignora.
Gr. agnoéÇ, "no reconocer". En efecto, Pablo dice que si alguno no reconocía el hecho de que él era inspirado por Dios, y por lo tanto no recibía sus instrucciones como mandatos de Dios, lo hacía para su propio mal. Pablo había demostrado que su comisión provenía de Dios, y no necesitaba decir nada más en ese sentido. El que rechazaba el consejo que venía mediante el apóstol, sufriría las consecuencias. No había nada más que se pudiera hacer por él; debía responder ante Dios por su rebeldía.
La ignorancia voluntaria de los mandatos de Dios no será una excusa para nadie; sino que significará su perdición final. El Espíritu Santo no continuará abogando para siempre por el que obstinadamente se aferra a sus propias ideas equivocadas y a sus hábitos de vida aun después de que se le ha mostrado el camino correcto (ver Gén. 6: 3; Ose. 4: 17). Una ignorancia tal, obstinada y voluntaria, de los planes de Dios para el mundo ha de ser una actitud característica de cierta clase de personas en los últimos días, y servirá como una señal de la proximidad del fin (ver 2 Ped. 3: 3-5). Es peligroso rechazar la luz que procede de Dios a fin de continuar complaciendo los deseos del corazón natural, el 789 cual siempre está en enemistad contra Dios (ver Rom. 8: 6-8; Gál. 5: 16-17; 1 Juan 1: 15-16).
Ignore.
La evidencia textual (cf. p. 10) favorece el texto "es ignorado", "no es reconocido". Si se sigue esto último, quizá el significado sea que la tal persona no es reconocida por Dios. Una experiencia tal es lo opuesto de lo que se describe en el cap. 8: 3: "Si alguno ama a Dios es conocido por él".
39.
Procurad.
Gr. z'lóÇ, "ser celoso por". "Aspirad al don de la profecía" (BJ, NC). Resumiendo su tema, Pablo reafirma la prioridad dada a la profecía en el vers. 1, donde se refirió al don de profecía como el don espiritual más deseable al cual pudieran aspirar los cristianos. Es sumamente deseable que uno pueda hablar bajo la inspiración del Espíritu Santo para que la iglesia sea edificada.
No impidáis.
No debía ponerse ningún obstáculo a la presencia del don de lenguas. Lo único que se debía evitar era el uso de este don en las reuniones públicas cuando no había un intérprete (ver la Nota Adicional al fin de este capítulo).
40.
Con orden.
Gr. katá táxin, "según categoría", "según distribución". Esta expresión se usaba como término militar, para representar la regularidad y el orden con que se forman las filas de un ejército en una distribución simétrica. Podrían surgir muchas preguntas en cuanto a los métodos y las formas de celebrar el culto en las iglesias, pero el sentido común y la debida reverencia hacia Dios indicarían lo que era adecuado para su culto y evitaría que se cometieran excesos. Todo debía hacerse decorosamente, como conviene en el culto del Creador omnipotente, sin ninguna confusión, ningún ruido innecesario, ni desorden (ver Hab. 2: 20; Ev 231, 461-463; Ed 237; PR 32-34; PP 310; 4T 626).
El cristiano siempre debe estar en guardia contra los males del formalismo en el culto público. Dios no mira las manifestaciones externas y la exhibición de talentos, sino la consagración sincera y amante que se le expresa en oración y alabanza (ver Juan 4: 24; OE 369). La dignidad y la reverencia son esenciales, pero deben inspirarse en una comprensión genuina de la majestad y la grandeza de Dios, y no en la respuesta a los impulsos del corazón natural que busca autoensalzamiento. Para que el culto público dedicado a Dios sea en verdad reverente, debe celebrarse de tal manera que todos los presentes puedan participar con inteligencia en todo lo que se hace. Por lo tanto, el uso de cualquier idioma que los adoradores no entienden, está completamente fuera de lugar, a menos que ese idioma sea interpretado para beneficio de todos.
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 14
Hay dos principales opiniones en cuanto al don de lenguas, tal como se presenta en el cap. 14: (1) Que la manifestación debe ser explicada lo mismo que el fenómeno de las lenguas en el día de Pentecostés (Hech. 2); que el idioma (o idiomas) hablado en Corinto bajo la influencia del don era un idioma extranjero que podía ser fácilmente entendido por un extranjero que hablara esa lengua; que por hablar en la iglesia en idioma extranjero sin haber nadie presente que lo entendiera, los corintios estaban pervirtiendo la función de ese don, y que esa perversión del don fue lo que Pablo reprochó.
(2) Que la manifestación en Corinto fue diferente a la del día de Pentecostés; que el idioma no era uno que hablaban los hombres, y que por eso nadie podía entender a menos que estuviera presente un intérprete que poseyera el don del Espíritu para interpretar ese idioma (1 Cor. 12: 10); que la función del don de lenguas era confirmar la fe de los nuevos conversos (1 Cor. 14: 22; cf. Hech. 10: 44-46; 11: 15) y proporcionar edificación espiritual personal (1 Cor. 14: 4); que lo que Pablo reprochó en 1 Cor. 14 fue el uso de este don en asambleas públicas, pues su principal propósito era la edificación personal, en privado. Otros puntos de vista combinan puntos de estas dos opiniones.
Al considerar esta cuestión es útil enumerar las características del don de lenguas tal como se manifestó en Pentecostés y en Corinto. En cuanto a este don en Pentecostés, ver com. Hech. 2: 4. En esa ocasión fue evidente que el don consistió en la capacidad de hablar lenguas extranjeras, y su propósito fue facilitar la divulgación del Evangelio (HAp 32-33). Un segundo propósito puede verse en el episodio de Pedro en la casa de Cornelio, donde la manifestación del don convenció a Pedro y a los escépticos cristianos 790 de origen judío que estaban con él que Dios aceptaba a los gentiles (ver com. Hech. 10: 46) y, sin duda, también convenció a Cornelio y a los suyos de que la obra de Pedro llevaba el sello del cielo.
En cuanto al don que más tarde se manifestó en Corinto, se destacan las siguientes características: (1) El don es inferior al de profecía (1 Cor. 14: 1). (2) El que habla en lenguas se dirige a Dios y no a los hombres (vers. 2). (3) Nadie entiende al que habla en lenguas (vers. 2). (4) El que habla lo hace "por el Espíritu", es decir, está en éxtasis (1 Cor. 14: 2, 14; cf. com. Apoc. 1: 10). (5) El que habla expresa misterios (1 Cor. 14: 2; para la definición de misterios, ver com. Rom. 11: 25). (6) El que habla se edifica a sí mismo, no a la iglesia (1 Cor. 14: 4). (7) Pablo deseaba que todos tuviesen el don (vers. 5). (8) El que habla debiera orar para poder interpretar de modo que la iglesia sea edificada (vers. 12-13). (9) El entendimiento, o sea la mente, no recibe provecho cuando uno ora en "lenguas", lo que indica que esta experiencia no corresponde a un estado consciente de la mente (vers. 14). (10) El don era una señal para los que no creían (vers. 22). (11) El don debía usarse en la iglesia sólo si estaba presente un intérprete (vers. 27); de lo contrario, el que hablaba sólo debía hablar para sí mismo y para Dios (vers. 28). (12) Se amonestó a los corintios que no impidieran que se hablara en lenguas (vers. 39).
La lista de características del don indica que el apóstol no se está ocupando de un don falsificado. Ha enumerado "géneros de lenguas" entre los dones genuinos del Espíritu (cap. 12: 8-10), y en ninguna parte insinúa que la manifestación descrita en el cap. 14 no es don de Dios; por el contrario, la alaba (cap. 14: 5, 17), y afirma que hablaba "en lenguas" más que los corintios (vers. 18); desea que todos tuvieran el don, e insta a los creyentes a no impedir el uso del don (vers. 39). Su propósito a través de todo el tema es mostrar su debido lugar y papel, y amonestar contra su abuso.
Es evidente que los corintios abusaban del don. Hablaban en lenguas en la iglesia cuando no estaba presente un intérprete y cuando sólo se beneficiaba el que hablaba. Indudablemente varios hablaban al mismo tiempo, mientras otros estaban profetizando, enseñando, etc. Esto producía una confusión general (vers. 26-33, 40).
Los comentadores han debatido mucho si las "lenguas" eran un idioma hablado, un idioma desconocido por los hombres, o sencillamente sonidos inarticulados. Los que creen que el discurso se daba en un idioma desconocido para el que hablaba, pero entendido por los que estaban familiarizados con ese idioma, arguyen, basándose en lo que llaman la analogía de las Escrituras, que el don manifestado en Corinto debe explicarse teniendo en cuenta lo acontecido el día de Pentecostés (Hech. 2) y en otras ocasiones (Hech. 10: 44-46; 11: 15; 19: 6), y que, por lo tanto, es claro que su propósito era habilitar a algunos para predicar el Evangelio en idiomas antes desconocidos para ellos. Explican pasajes como 1 Cor. 14: 2, donde se dice que ninguno de los presentes puede entender, señalando que los que hablan en lenguas se valen de un idioma que un extranjero sí podría entender. Además destacan que es difícil concebir que el Espíritu Santo se manifestara en un idioma desconocido teniendo en cuenta las circunstancias del cap. 14.
Los que sostienen que el fenómeno consistía en sonidos ininteligibles, sin relación con ningún idioma humano, argumentan que esta es la forma más natural de interpretar los diversos pasajes de este tema, y que esta es la conclusión inevitable a que se debe llegar cuando se toman en cuenta todas las características enumeradas. Creen que las ilustraciones de Pablo en los vers. 7- 10 tienen el propósito de mostrar que lo que se escuchaba eran sonidos inarticulados o un idioma que no podía ser comprendido por hombres, a menos que ellos también estuvieran poseídos por el Espíritu y dotados con el don de interpretación (cap. 12: 10).
Cualquiera que sea la posición que se adopte, una cosa es cierta: la manifestación del don en el día de Pentecostés, y los propósitos para los cuales fue dado (Hech. 2), diferían en muchos respectos del don tal como se manifestaba en Corinto. El don en Corinto servía para edificar al que hablaba, y no a otros (1 Cor. 14: 4). Pablo no estimulaba su uso en público a menos que estuviera presente un intérprete (vers. 12-13, 27). No recomendaba su uso en la iglesia (vers. 19,28). El discurso se dirigía a Dios, y no a los hombres (vers. 2, 28). El que hablaba estaba en éxtasis y, por lo tanto, inconsciente (vers. 14). Estás cosas no sucedieron así cuando el don se manifestó en los discípulos el día de Pentecostés. 791 El poder hablar en idiomas extranjeros tenía el propósito evidente de edificar a otros. El don fue conferido para que los discípulos pudieran predicar el Evangelio sin necesidad de un intérprete. Las palabras se dirigían a los hombres, no a Dios, y el que hablaba no estaba en éxtasis, sino que actuaba como quien domina un idioma después de estudiarlo (ver com. Hech. 2).
Debido a ciertos aspectos oscuros en cuanto a la forma exacta en que se manifestaba antiguamente el don de lenguas, le ha sido fácil a Satanás falsificar este don. En el culto pagano era bien conocido y los sonidos incoherentes abundaban. En tiempos posteriores, bajo el disfraz del cristianismo, de vez en cuando también han aparecido diversas manifestaciones de un pretendido don de lenguas. Sin embargo, cuando esas manifestaciones se comparan con las especificaciones bíblicas del don de lenguas, se encuentra que hay algo muy diferente con el don impartido antiguamente por el Espíritu. Por lo tanto, esas manifestaciones deben rechazase como falsas. Pero la existencia de la falsificación no debe inducirnos a pensar con desdén del don genuino. La manifestación correcta del don del cual Pablo trata en 1 Cor. 14 cumplía una función útil. Es cierto que había abusos del don, pero Pablo trataba de corregir los abusos y de dar a la presencia del don su debido lugar y aplicación.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
2 1JT 161, 168
7 1T 231
7-12 CM 186
8 CM 352; CRA 185; CW 170; Ev 92, 163, 291, 381, 499; 3JT 64, 297; FE 407, 483; 5T 719; 6T 61; 8T 168
13-19 CM 186
15 Ev 98, 369-372; 1JT 45, 275; OE 370; 2T 699
32-33 HAp 163
33 HAp 79; SC 93; 7T 284; TM 51
40 Ev 155; 1JT 45; 2JT 395, 435; PE 97; PP 393; 5T 274
CAPÍTULO 16
1 Exhortación para aliviar las necesidades de los hermanos de Jerusalén. 10 Pablo recomienda a Timoteo, 13 y después de algunas admoniciones amistosas 16 concluye su epístola con diversos saludos.
1 EN CUANTO a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.
2 Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.
3 Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.
4 Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.
5 Iré a vosotros, cuando haya pasado por Macedonia, pues por Macedonia tengo que pasar.
6 Y podrá ser que me quede con vosotros, o aun pase el invierno, para que vosotros me encaminéis a donde haya de ir.
7 Porque no quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.
8 Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés
9 porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.
10 Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace obra del Señor así como yo.
11 Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos.
12 Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermano, 809 mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad.
13 Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
14 Todas vuestras cosas sean hechas con amor.
15 Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas en las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.
16 Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.
17 Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia.
18 Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas.
19 Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.
20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.
21 Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano.
22 El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene.
23 La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros.
24 Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.
1.
En cuanto a la ofrenda.
Pablo tenía a su cargo una misión especial en favor de los creyentes necesitados de Jerusalén (cf. 2 Cor. 8 y 9). Años antes había sido el portador de una dádiva especial para los afectados por el hambre en la iglesia de Antioquía (cf. com. Hech. 11: 28-30; 12: 25). Pablo sentía una profunda preocupación por sus hermanos cristianos de origen judío (cf. Gál. 2: 10).
Las condiciones económicas y los gravámenes en Palestina eran opresivos para judíos y para cristianos. Se ha calculado que los impuestos combinados -los civiles y los religiosos- alcanzaban al asombroso total de casi el 40 por ciento de los ingresos de una persona. El pueblo no tenía ninguna esperanza de escapar de la pobreza. Además, la iglesia de Jerusalén sufría mucho por las persecuciones.
La mayoría de los creyentes eran pobres, algunos de ellos por haberse hecho cristianos (cf. Hech. 4: 34-35; 6: 1; 8: 1; 11: 28-30). Necesitaban ayuda de sus hermanos más afortunados que vivían en otros lugares (ver Hech. 8: 1; HAp 58). Pablo estaba empeñado en la responsabilidad de solicitar ayuda para ellos de otras iglesias que visitaba, y se dirigió a los corintios para que hicieran su parte; por eso les presentó el ejemplo de sus iglesias hermanas de Acaya y Macedonia (ver Rom. 15: 25-26; 2 Cor. 8: 1-7).
De la manera.
Los creyentes corintios debían aceptar esa obligación así como lo habían hecho los gálatas. La iglesia ha recibido la misión de ayudar a los pobres en todos los siglos, para que sus miembros puedan fomentar la simpatía y el amor y revelar a otros el poder del Evangelio de Jesucristo (ver Luc. 14: 13-14; 2JT 499, 507, 511, 516-518; 4T 619-620; DTG 337-338). Nuestro proceder frente a los miembros menos afortunados de la sociedad es un factor muy importante para determinar nuestro último destino (ver Isa. 58: 6-8; Mat. 25: 34-46; 2JT 255). Jesús mismo dio el ejemplo en esta obra de aliviar las necesidades de la humanidad doliente: empleaba más tiempo en curar a los enfermos que en predicar el Evangelio (ver 3TS 267; DTG 316).
2.
Primer día de la semana.
Ver com. Mat. 28: 1.
Ponga.
La construcción del griego indica que debían hacer esto regularmente cada primer día de la semana.
Aparte.
Gr. par' heautÇ, literalmente "consigo mismo", equivalente a "en su casa". "Reserve en su casa" (BJ); "reserve en su poder" (BC).
Según haya prosperado.
Dar en proporción a cómo uno haya prosperado puede implicar un cuidadoso ajuste de cuentas, tarea que Pablo difícilmente aconsejaría hacer en un día de sagrado reposo.
Este versículo se cita a menudo para apoyar la observancia del domingo; pero cuando se examina esta afirmación en relación con la misión del apóstol en favor de los pobres de Jerusalén, se ve que es una exhortación a una planificación sistemática de parte de los miembros de la iglesia de Corinto para hacer su parte en la ofrenda. No hay nada en el versículo que remotamente sugiera que hay algo de sagrado en el primer día de la semana (ver ET 231; cf. F. D. Nichol, Answers to 810 Objections, pp. 218-219). Si todos los creyentes adoptaran ahora el principio de ser sistemáticos en sus ofrendas, habría abundantes recursos para llevar rápidamente el mensaje de salvación al mundo (ver 1JT 368).
Guardándolo.
Literalmente "atesorándolo", "acumulándolo", quizá en algún recipiente especial o en un lugar seguro de la casa.
Ofrendas.
Gr. logéia, "colecta", "contribución". Pablo pedía que la ofrenda estuviera lista para cuando él llegara.
3.
Por carta.
Literalmente "cartas" (BJ, BC, NC). Hay alguna diferencia de opinión entre los comentadores en cuanto al autor de las "cartas" que aquí menciona Pablo. Esta diferencia se advierte al comparar, por ejemplo, el texto de la BJ con el de la RVR. Cuando me halle ahí, enviaré a los que hayáis considerado dignos, acompañados de cartas, para que lleven a Jerusalén vuestra liberalidad (BJ). Los que sostienen el punto de vista que se refleja en la traducción de la RVR razonan que las cartas fueron escritas por los dirigentes de la iglesia de Corinto, y que por medio de ellas se nombraba y autorizaba a los portadores como representantes de la iglesia. Los que siguen la interpretación que concuerda con la BJ, creen que Pablo se ofreció para escribir cartas de recomendación para los representantes de los hermanos corintios ante los hermanos de la iglesia de Jerusalén; sin embargo, no hay nombres de corintios en la lista de Hech. 20: 4.
4.
Si fuere propio.
Gr. áxios, "digno", "adecuado"; "si vale la pena" (BJ); "si valiere la pena" (BC). Si la cantidad que iba a ser llevada, justificaba su presencia, o si se pensaba que sería mejor que él acompañara a los mensajeros, Pablo estaba dispuesto a viajar a Jerusalén para que no hubiera dudas ni sospechas acerca de la ofrenda enviada por la iglesia de Corinto. Esta es una ilustración del sumo cuidado del apóstol para evitar cualquier motivo de incomprensión u ofensas (cf. Rom. 14: 13, 16, 21; 1 Cor. 8: 9, 13).
5.
Macedonia.
Ver com. Hech. 16: 9.
6.
Con vosotros . . . pase el invierno.
Pablo quería permanecer por un tiempo prolongado en Corinto, y no estar sólo de paso mientras iba a otros lugares (vers. 7); por eso se proponía completar primero su itinerario por Macedonia (vers. 5), y después quería pasar los meses del invierno con la iglesia de Corinto.
Me encaminéis.
Ver com. Hech. 15: 3; cf. cap. 20: 38; 21: 16.
7.
Si el Señor lo permite.
Cf. com. Hech, 18: 21; 1 Cor. 4: 19.
8.
Efeso.
Ver com. Hech. 18: 19.
Pentecostés.
Ver com. Hech. 2: 1.
9.
Abierto.
Pablo se refería a las extraordinarias oportunidades que se le habían presentado en Efeso para la predicación del Evangelio, como la razón por la cual deseaba permanecer allí por algún tiempo en vez de seguir inmediatamente a Macedonia y Corinto (vers. 7-8). Efeso era un importante centro de culto pagano en la provincia romana de Asia; la diosa Diana (o Artemisa) era su principal deidad (ver com. Hech. 19: 24). En esa ciudad, casi completamente entregada a la idolatría, la superstición y los vicios, Dios manifestó su poder mediante Pablo para la conversión de los pecadores y la confusión de los adversarios (ver Hech. 19: 8-12, 18-20).
Adversarios.
Cuando surgió la oposición en Efeso, Pablo no abandonó la ciudad, sino que trabajó aun más fervientemente para la difusión del reino de Dios. Una oposición tal generalmente puede ser considerada como la evidencia de que Satanás está alarmado, pues ve en peligro su dominio sobre las almas de los hombres y una indicación de que está actuando el Espíritu de Dios.
10.
Timoteo.
Uno de los conversos de Pablo y ayudante de él en la obra de Dios (ver com. Hech. 16: 1). Había sido enviado a la iglesia de Corinto para ayudar a los hermanos a resolver sus problemas (ver com. 1 Cor. 4: 17). Pablo procuraba prepararle el camino al solicitar la hospitalidad y la bondad de los corintios para con él, de modo que el joven Timoteo no se viera en aprietos cuando tuviera que instruir a los cristianos influyentes de esa importante iglesia.
11.
Le tenga en poco.
Gr. exouthenéÇ,"no tomar en cuenta", "tratar con menosprecio". "Le menosprecie" (BJ, BC).
Encaminadle.
Esto es, proveerle con lo necesario para el viaje. "Procuradle los medios necesarios" (BJ); "preparada el viaje en paz" (BC).
En paz.
O con la buena voluntad de los corintios. Pablo esperaba que no hubiera puntos de incomprensión entre Timoteo y los creyentes corintios.
Le espero.
Pablo estaba esperando noticias de los asuntos en Corinto (ver com. cap. 4: 17). Fue en Macedonia donde Timoteo sin 811 duda se encontró con Pablo, pues estaba con el apóstol cuando se escribió 2 Corintios (ver com. 2 Cor. 1: 1; cf. HAp 260).
12.
Apolos.
Ver com. Hech. 18: 24; cf. Hech. 19: 1; 1 Cor. 1: 12.
De ninguna manera tuvo voluntad.
Ver com. cap. 1: 12.
13.
Velad.
Es decir, manteneos despiertos, estad vigilantes como los centinelas apostados alrededor del campamento de un ejército están alerta en cada momento ante la menor insinuación de peligro. El hecho de que esta exhortación se encuentre en diversos lugares del NT destaca la necesidad de que el cristiano esté en guardia contra los esfuerzos del enemigo para destruirlo (ver Mat. 24: 42; 25: 13; Mar. 13: 35; Hech. 20: 31; 1 Tes. 5: 5-6). La admonición tenía aquí una aplicación especial ante los peligros peculiares que rodeaban a los creyentes corintios. Debían cuidar que su salvación no fuera puesta en peligro por disensiones, falsas doctrinas, falsos maestros, prácticas falsas y el predominio de la idolatría que los rodeaba.
Estad firmes en la fe.
En cuanto a "fe" como se usa aquí, ver com. Hech. 6: 7. Jesús advirtió que habría muchos falsos maestros y falsos profetas que procurarían desviar a la gente de la pureza del Evangelio y la inducirían a aceptar doctrinas que se originaron con Satanás (Mat. 24: 4-5, 11, 23-24, 26). Se necesita la decidida determinación de aferrarse sin vacilaciones a la genuina Palabra de Dios (ver Isa. 8: 20; Mat. 24: 13; Fil. 1: 27; 4: 1; 1 Tes. 5: 21; Apoc. 2: 10).
Portaos varonilmente.
Ser cristiano exige valor, intrepidez, perseverancia, ánimo, en fin, todas las cualidades de un verdadero hombre. No hay lugar para la cobardía, la timidez o el temor. Un carácter noble sólo es desarrollado por los que se colocan sin reservas bajo el liderazgo del Salvador (ver Efe. 6: 10).
14.
Amor.
Gr. ágap', "amor" como principio (ver com. 1 Cor. 13: 1). En cuanto al verbo agapáÇ, ver com. Mat. 5: 43-44. El amor es la cualidad que todo lo puede, la solución máxima para todos los problemas. El consejo que aquí se da puede ser considerado como el elemento supremo de la enseñanza de Pablo para los creyentes corintios y para todos los cristianos en todo tiempo y lugar. El amor supremo hacia Dios y el amor desinteresado hacia el prójimo aniquilan toda contienda, lucha, orgullo y males afines (ver Prov. 10: 12; Mat. 22: 37-40; Rom. 13: 10). Este atributo básico del carácter de Dios (1 Juan 4: 8) debe estimular a cada hijo de Dios, de modo que su vida sea una demostración del poder del amor y una prueba de la verdad del Evangelio de Jesucristo (cf. Juan 14: 23; 15: 9-10, 12; 1 Juan 3: 14, 18, 23-24; 4: 7-8, 11-12, 16, 18, 20-21; 5: 2).
15.
Familia de Estéfanas.
Familia influyente, cuyos miembros habían sido bautizados por Pablo (cap. 1: 16).
Primicias.
Es decir, eran el principio de una gran cosecha de almas en Acaya.
Acaya.
Provincia compuesta por el Peloponeso y Grecia, al sur de Macedonia. Su capital era Corinto.
16.
Ruego.
Gr. parakaléÇ, "exhortar", "amonestar" (ver com. Juan 14: 16). "Os hago una recomendación, hermanos" (BJ); "os recomiendo, hermanos" (BC); "un ruego voy a haceros, hermanos" (NC).
Os sujetéis.
Es decir, mostrad deferencia y respeto por los que son fieles en el servicio de la iglesia. Su opinión y consejo deben ser considerados como dignos de ser tenidos muy en cuenta. Todos los que ayudan en la gran obra de Dios en la tierra deben ser tratados con respeto y debe dárseles cualquier ayuda que puedan necesitar.
17.
La venida de.
Los tres mensajeros nombrados indudablemente procedían de Corinto. Fortunato y Acaico no son mencionados en ninguna otra parte. Los tres eran los portadores de la carta con las preguntas de los corintios para Pablo (cap. 7: 1), y posiblemente también llevaron la respuesta de Pablo a los corintios, hoy conocida como Primera Corintios.
18.
Confortaron.
La presencia y las palabras de estos enviados de Corinto habían reanimado y consolado a Pablo. Es evidente que le habían dado informaciones acerca de la iglesia de Corinto (vers. 17). Esa información le ayudó a comprender más claramente la situación (ver Prov. 15: 30).
Reconoced.
Es decir, dadles reconocimiento. "Sabed apreciar" (BJ, NC).
19.
Asia.
Ver com. Hech. 2: 9; Nota Adicional de Hech. 16.
Aquila y Priscila.
Ver com. Hech. 18: 2.
Iglesia . . . en su casa.
Los primeros cristianos se reunían en casas de Familia. No hubo templos hasta fines del siglo II.
20.
Todos los hermanos.
Sin duda los creyentes de Efeso. Es evidente que estaban interesados 812 en la iglesia de Corinto y deseaban que sus hermanos supieran de su amor y preocupación por ellos. Este mismo espíritu mueve a todos los que aman al Señor y a su pueblo; se interesan en todos los otros miembros de la gran familia de Dios. Este espíritu de amante compañerismo que prevalece entre los Hijos de Dios es motivo de asombro para los que no conocen el amor de Dios y una evidencia de la verdad del Evangelio (ver Juan 17: 23; 3T 446-447; CC 111).
Osculo.
Forma común de saludo en el Medio Oriente. El ósculo santo era una prueba de afecto cristiano entre los creyentes (cf. Rom. 16: 16; 2 Cor. 13: 12; 1 Tes. 5: 26; 1 Ped. 5: 14). Parece que Pablo deseaba que los creyentes corintios se saludaran mutuamente de esa manera cuando recibieran su carta, como una demostración de haber renovado su unidad y amor cristianos. Esta costumbre, por lo menos como, se ordena en las Constituciones apostólicas (2: 57; 8: 11), era que los hombres saludaran así a los hombres, y las mujeres a las mujeres. De acuerdo con la costumbre de Palestina, el beso se daba en la mejilla, la frente, la barba, las manos o los pies, pero no en los labios.
21.
Propia mano.
Es evidente que Pablo empleaba los servicios de un secretario para escribir sus cartas a las iglesias. Daba autenticidad a la epístola firmándola y expresando sus saludos a los hermanos (cf. Col. 4: 18; 2 Tes. 3: 17). La firma era una prueba de que el contenido de la carta provenía realmente del apóstol, y también era una demostración de su amante consideración por la iglesia. Había sido perturbado por los que habían fraguado cartas que supuestamente eran del apóstol (ver com. 2 Tes. 2: 2). Su firma personal tenía el propósito de frustrar los designios de tales hombres.
22.
Amare.
Gr.filéÇ, "amar con afecto humano". "El que no quiera al Señor"(BJ). "Si alguno no ama al Señor" (BC, NC). Para una comparación con agapáo, ver com. Mat. 5: 43-44. Aquí el significado es: "Si alguno ni aun tiene amor humano por el Señor Jesucristo".
Anatema.
Transliteración del Gr. anáthema, que significa "maldito" o "dedicado a la destrucción". Los que no creen en Cristo ni lo aman, no pueden tener esperanza de salvación. Estos, por su proceder de rechazar el único medio de salvación, eligen la ruina eterna (ver Mar. 16: 16; Juan 12: 48; Hech. 16: 30-32; 1 Juan 5: 11-13; cf. Gál. 1: 8-9).
El Señor viene.
"Maran atha" (BJ, NC); "Marana tha" (BC), transliteración del Gr. marana tha, a su vez una transliteración del arameo maten 'athah, que significa: "nuestro Señor ha venido". También podría dividirse marana' tha, que se traduciría como "nuestro Señor ¡ven!" Sólo aquí aparece esta frase en el NT. La carta a los corintios fue escrita en griego, como lo fueron todas las otras epístolas de Pablo; pero Pablo era bilingüe y le era familiar el arameo, idioma vernáculo de la gente de Palestina. Al aproximarse a la conclusión de su enérgica exhortación a los corintios para que dejaran sus divisiones, falsas doctrinas y prácticas falsas, y se entregaran plenamente al Señor, culmina sus argumentos con esta poderosa proclama acerca de la venida del Señor.
Parece que la expresión "maran-atha" era usada por los creyentes como un saludo en los primeros años de la iglesia (ver Didajé 10: 6). La venida de Jesús debiera ser el tema de la vida de cada cristiano (ver 3JT 13; MM 322; PE 58).
23.
La gracia.
Pablo termina su carta con la bendición acostumbrada (ver Rom. 16: 24; 2 Cor. 13: 14; Gál. 6: 18).
24.
Amor.
¿Qué bendición más hermosa podía seguir a la severa reprensión dirigida a los que rechazan el amor de Dios? Esta epístola, que contiene mucho que podría ser considerado como áspero al ocuparse con franqueza de ciertos abusos que había en la iglesia, termina con una expresión de amor y de interés en el bienestar eterno de los que recibieron la carta.
Amén.
La evidencia textual se inclina por la omisión del "Amén". Antes de la revisión de la RVR en 1960, al terminar el cap. 16 se leía a manera de apéndice y con letra más pequeña: "La primera a los Corintios fue enviada de Filipos con Estéfanas, y Fortunato, y Achaico [Acaico] y Timoteo". Esta nota tampoco aparece en ningún manuscrito antiguo. Su contenido es incorrecto, por lo menos en parte, pues presenta a "Filipos" como el lugar de donde se escribió la epístola cuando en ella se dice que fue escrita en Efeso (cap. 16: 8). La posdata en un manuscrito uncial (P) del siglo IX dice: "desde Efeso" y no desde Filipos. En vista de que la información en cuanto al lugar de donde se escribió está equivocado, se despierta la duda en cuanto a si Estéfanas, Fortunato y Acaico fueron los portadores de la carta a Corinto (ver com. vers. 17). La posdata mencionada fue una 813 adición posterior que no es parte del manuscrito original.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 COES 145; 1JT 378
2 CMC 85-86, 90; COES 146, 156; HAd 333, 354; 1JT 368, 390; IT 191, 206, 325; 3T 411 HAp 232
13 COES 202; Ed 287; 2JT 229- MC 97; MeM 71, 329; MJ 21, OE 133; IT 370; 7T 236 817